LAS LÁGRIMAS DE LA LUNA,

                             EL CORAZON NEGRO




Número de registro INDAUTOR; 2009-120114035900-14

Género: Novela fantástica, Fantasía oscura - Historia Alternativa
EL CORAZON NEGRO———————————————————————————




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   Al principio fueron los apagones, cientos de ellos por todo el mundo, primero en Europa, luego en

Asia, y ahora en las Américas.

   Luego, esa neblina, blanca y espesa, bajando lentamente desde el cielo como un ángel de la muerte.

   Las noticias en la radio, los periódicos, incluso nuestros líderes y nuestros ejércitos estaban tan

ignorantes como nosotros, pero en lugar de unirnos, lo único que hicimos fue empezar el juego de las

culpas y las acusaciones mientras las armas de las naciones se volvían contra sus vecinos, esperando

una simple orden para iniciar una segunda gran guerra.

   Cuando Irlanda cayó, nadie escuchó su grito de auxilio, y fue solo cuando Inglaterra le siguió,

cuando los hombres detuvieron sus máquinas de guerra, guardando silencio, intentando escuchar,

cualquier cosa. Viendo como la incertidumbre se alzaba como un demonio, infundiendo el terror en sus

corazones y la paranoia en sus mentes.

   Pero al final de nada sirvió, Alemania se lanzó contra Francia justo cuando esta se ahogaba en

un mar de refugiados ingleses, Japón se lanzó contra el Asia y Rusia contra todo el mundo. Todo

mientras el verdadero enemigo se abalanzaba desde el norte, destruyendo todo a su paso, penetrando

nuestros territorios, aprovechando nuestra división.

   Ahora veo que todo fue nuestra culpa, fuimos tan ciegos, siempre, aún desde antes de la invasión,

nos centramos tanto en los gustos y los problemas de la humanidad que olvidamos que el mundo era

más grande que nuestras vidas. Nunca nos dimos cuenta que vivíamos sobre un mundo distinto al

nuestro, explotándolo, agrediéndolo, destruyéndolo

   Muy tarde nos hemos empezado a arrepentir de nuestra sordera a los llantos del mundo, tal vez

ahora solo estamos cosechamos la muerte que hemos llevado a cada rincón del planeta.

   Es posible que sea nuestro merecido, quizá la humanidad merezca la extinción. Pero si eso es

cierto, también nos corresponde a nosotros y solo a nosotros el decidirlo.

                                                                                Winston Thomas H.

                                                                                       Enero 5, 1944

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                              LA COLINA SILENCIOSA



    El cansancio casi acababa con ella. Pero tenía que seguir, tenía que verlo con sus

propios ojos.

    Pudieron haber tomado todo el mundo del hombre, pero, desde el principio y aun

cuando nación tras nación caían ante su poder, algo estaba mal. La nueva era precisaba

la victoria los antiguos y después de ciento veinte mil lunas de preparación el triunfo

era casi palpable.

    Los dos primeros años los ataques sorpresa les dieron la ventaja total, casi la mitad

de las naciones del hombre fueron conquistadas. Pero cada vez, el avance se volvía

más lento, las batallas más largas y pesadas. En Tsaritsyn se vivió la primera derrota en

casi media década de combates y casi de inmediato les siguieron otras por todo el

mundo; El Cairo, Ciudad de México, Tokio, Shanghái.

    Con la recuperación de Estados Unidos se engrosaron los ejércitos del hombre y

con la liberación de Europa se perdió toda posibilidad de revivir las glorias pasadas.

Irlanda fue el último territorio en ser rescatado y con ello la posibilidad de una

invasión humana a la sagrada isla de las manzanas pasaba de ser un pensamiento

absurdo a una temible posibilidad. El desembarco en Brynnwyn puso fin a las dudas.

Pero una vez más se cometió el error, se subestimó al enemigo, ¿o es que acaso un

ataque frontal era realmente una posibilidad nula?, por supuesto que no, de hecho era

lo más lógico del mundo, pero la lógica pierde valor cuando la sobrevaloración propia

crece sin sentido alguno de lo que nos rodea. Y el error ahora era fatal, pues nadie

esperó semejante escenario.




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   Menos aquella madrugada, aquel día, el décimo de la luna 79 de la Nueva Era.



   Durante la noche los reportes de bombardeos masivos y de los lanzamientos de

tropas aerotransportadas al interior del imperio dejaron una sensación de peligro en

todas las costas de Ávalon. Ya casi amanecía cuando se recibió la alerta masiva en las

defensas costeras de Rahannwyn. Pero ella seguía sin creerlo posible. Nunca había

visto a un hombre de frente, pero los había estudiado durante más de diez años y

sostenía con una fe inquebrantable que todos ellos no eran sino animales estúpidos

incapaces de usar la verdadera magia y por ende inferiores a la belleza y poder de su

propia raza. La ciencia humana le parecía ridícula, absurda, solo un compendio infinito

de pruebas y errores, conocimientos incompletos que eran sustituidos indefinidamente

cada año. Como si todo lo que descubrieran fuera un sueño cobarde condenado a

quebrarse con la salida del sol. En cambio la magia era estable, siempre respetuosa de

su pasado y origen, siempre armoniosa con los milenarios dioses de la naturaleza,

siempre en equilibrio y perfeccionamiento. Pero si bien ella creía que la ciencia le

mostraba la debilidad del hombre, sentía verdadero terror con su literatura, su arte, su

historia, su religión, pues veía en ellas algo que consideraba impropio del hombre; un

alma superior a la cualquier criatura, capaz de una inmortal expansión de posibilidades.

   Aquellas ideas penetraron su mente mientras corría desesperadamente a la cima del

acantilado.

   Al llegar ahí sus ojos se llenaron de pavor.

   Quiso gritar, pero de su boca solo salió un pequeño suspiro. Los sonidos del mar

callaron mientras barcos tan enormes como castillos ahogaban el horizonte con

repulsivas e inertes figuras, como si millones de inmensos cadáveres nadaran hacia

Ávalon llevando la muerte consigo. Los cielos quedaron obscurecidos con las siluetas

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de incontables aviones semejantes a grandes aves muertas y cohetes que rugían a

manera de dragones agonizantes.

    Las lágrimas recorrieron sus mejillas hasta llegar al suelo. La realidad ahora le

golpeaba el pecho igual que una daga, a partir de aquel instante el anhelo de la victoria

total quedaría reducido a la nada.

    Solo quedaría el anhelo por sobrevivir.



    El hombre había llegado a Ávalon.



                                              …



    Los cañones abrieron fuego y por toda la costa se levantó el suelo en medio del

fuego. Cientos de cohetes disparados desde los aviones golpearon la gigantesca muralla

que impedía el acceso a la playa al tiempo que los barcos recargaban para un segundo

disparo. Cientos de bombarderos ligeros lograron penetrar el fuego antiaéreo dejando

caer su carga sobre toda figura bajo ellos. A lo largo del muro y desde una

impresionante fortaleza, inmensos rayos de luz y bolas de fuego salían disparadas en

interminables ráfagas hacia los miles de botes que se acercaban a la ahora débil barrera.

Las defensas del continente antiguo eran formidables, pero no suficientes. Los

primeros años de la guerra habían cobrado su precio, la perdida de pertrechos y

guerreros se hacía sentir y ante un enemigo de tal magnitud, el resultado era obvio.

    Dentro de las lanchas de desembarco los soldados aguardaban el combate con

estoicismo. Muchos de ellos eran veteranos, habían peleado por todo el frente

occidental, pero pocos se acostumbran al infierno de la guerra. La tensión los obligaba

a aferrarse a cualquier cosa que les diera fuerza, recuerdos, religión, fotografías sucias e

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ilusiones de alegrías futuras, todas sintiéndose tan reales que casi podía tocarlas y

olerlas, casi del mismo modo con el que podían oler la sal del mar y el vómito del

suelo, tratando de ignorar que lo único seguro para todos ellos era la masacre que se

aproximaba.

   - ¡Treinta segundos! – gritaba un hombre en la popa de la lancha al tiempo que el

joven soldado a su lado se posicionaba detrás de un pequeño cañón de 20 mm.

Complejos diagramas de luz se formaron en el agua seguidos de tremendas

explosiones que hundían a todo barco alrededor. Las demás embarcaciones aceleraron

su avance, no podían hacer nada por aquellos desafortunados y entre más rápido

tomaran la costa, más de ellos sobrevivirían. Sin embargo, aún después de años de

guerra, la magia seguía siendo un arma letal, algo que la mayoría de los hombres se

había grabado ya en la cabeza en letras de sudor y sangre.

   Toda una sección maltrecha del muro occidental cayó cuando una pequeña flota se

estrelló con él. Al instante cientos de barcos hicieron lo mismo a lo largo de toda la

muralla y con el sonido de cadenas chocando con piedras la proa de cada barco cayó al

suelo, formando pequeñas rampas por las que salieron tanques y soldados que se

fundían en un mar sonidos sin forma, de disparos y gritos. Lancetas, hechizos y

metrallas mataban a cuanto soldado tocaban, pero por cada uno que caía otros dos

lograban cubrirse en los niveles más bajos del complejo defensivo y con ellos, minuto

tras minuto, la muerte ampliaba su terreno en aquella sagrada playa.

   La primera línea de defensa había sido aplastada, pero aún quedaban dos líneas más

sin contar con el castillo en lo alto de la playa. Sin embargo solo era cuestión de

tiempo para que todo el complejo sucumbiera.

   Un gran grupo de enormes dragones negros aparecieron de repente, montados con

jinetes de temple frio, atacando sin demora a los aviones de ataque, solo para sucumbir

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en medio de un esfuerzo en vano. Los escuadrones de caza ya se encontraban

presentes para presentarles batalla y los pilotos humanos disparaban a tal ritmo que

convertían el cielo en una pared de plomo y hierro. Los antiguos trataban de mantener

la calma, pero ante cada contraataque los aliados respondían con más fuerza, como si

toda la humanidad estuviera presente para tomar venganza después de siete años de

muerte.

    Enormes puertas se abrían por toda la segunda línea y gigantescas armaduras de

cinco metros de alto salieron como rayos hacia los tanques. Sus enormes espadas

traspasaban a las divisiones blindabas como si fueran de yeso, pero la superioridad

numérica daba al hombre la ventaja. El lodoso suelo temblaba con cada explosión y los

gritos de los soldados lanzados al ataque retumbaban por las grandes construcciones

hechas pedazos. Por donde quiera que se mirara solo se encontraba muerte y

destrucción. Los obscuros muros solo se iluminaban con las columnas de fuego

provenientes de enormes armaduras destrozadas y tanques destruidos. Ávalon, orgullo

de los antiguos por más de diez mil años ahora se ahogaba en un mar de escombros.

    El sonido de rotores casi silenciaba el sonido de los disparos y explosiones al

acercase un centenar de trasbordadores. Fieles descendientes de los primeros autogiros

varios de ellos permanecieron estáticos en el aire asemejando a libélulas verde oscuro

mientras el resto de adentraba a la oscura espesura del bosque por delante.

Deslizándose por largas cuerdas, una gran cantidad de hombres bajaron de los

impresionantes aparatos, todos armados y listos para apoyar el esfuerzo de invasión al

tiempo que los transbordadores abrían fuego hacia las posiciones del enemigo.

    Un solitario soldado, pesadamente armado, bajó del último de los aparatos,

enseñando un rostro joven de una inquietante inexpresión, el cual contrastaba con

unos cansados ojos azules llenos de furia. Tomó una larga metralleta y corrió hacia lo

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que hasta hace poco eran unas hermosas columnas de mármol decoradas con bellos

símbolos élficos mientras todos los demás soldados le brindaban fuego de protección.

   Varios antiguos solo vieron como la gran figura humana cubierta de insignias de

oficial llegaba ante ellos por el flanco izquierdo a gran velocidad al tiempo que

disparaba una ráfaga de su pesada arma, matando al primero de los antiguos que tuvo a

su vista y con una formidable fuerza levantó el cadáver restante para usarlo como

escudo, mientras en medio de una lluvia de balas, eliminaba toda resistencia con una

tétrica rapidez.

   Al caer el último de los defensores aquel hombre aventó su lúgubre protección y

alzando su brazo grito para señalar a sus compatriotas que la zona estaba asegurada.

Pero apenas terminaba de bajar su mano una tremenda explosión lo golpeó por la

espalda, lanzándolo hacia unas ruinas. Un tremendo haz de luz salió de entre el humo

y las cenizas, haciendo trizas a tres de los trasbordadores en un segundo. Un segundo

haz proveniente del mismo lugar salió disparado hacia la barricada provisional donde

se encontraba la mayor cantidad de soldados y con un inmenso estallido, una docena

de cuerpos salió volando por los cielos.

   El soldado se levantó sintiendo un terrible zumbido que recorría sus oídos y un hilo

de sangre que bajaba por su cabeza. Apenas tuvo tiempo de entrar en razón, cuando

logro distinguir el sonido de enormes pisadas detrás de él. Al dar vuelta por completo,

pudo ver con terror una colosal figura brotar del humo que quedaba. Aquella cosa era

una enorme armadura de más de siete metros de altura, bellamente adornada en negro

y dorado, blandiendo una espada colosal, plateada y reluciente. En la parte alta, girando

con una gracia natural, estaba el yelmo, dentro del cual solo se apreciaba el vacío y era

eso precisamente lo que más aterraba a los hombres, la capacidad de uno y solo un

antiguo, encerrado en lo profundo de aquella aberración, para mover tales monstruos.

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     Aquel coloso tomó su gigantesca espada, llena de pequeños rayos que la recorrían

sin cesar y blandiéndola con una facilidad impresionante descargó un tercer haz de luz

que retumbó como un trueno mientras surcaba el aire.

     Cientos de disparos aparecieron de todas direcciones haciendo poco o ningún

efecto sobre el hermoso gigante cuando de pronto una pequeña estela de humo

apareció a la izquierda del brillante titán seguida por una explosión que lo hizo

tambalear, pero nada más. El mismo soldado que hasta hace poco había controlado el

campo de batalla había disparado con un arma anti tanque y ahora la dejaba caer,

humeante e inerte.

     “Mierda” fue la única cosa que pasó por su mente al ver lo inútil de su intento justo

antes de mirar al monstruo metálico alzar su espada para propinarle un golpe mortal,

pero menos de un segundo después, una ráfaga de estallidos golpeaba a la inmensa

armadura, que ahora caía como una gran columna de basura quemada. Al instante, un

par de veloces aviones cruzaron el cielo a manera de ángeles protectores, produciendo

con sus turbinas el sonido más hermoso que cualquiera de los presentes hubiera

escuchado jamás.

     La segunda línea había caído.



     La sacerdotisa Saerwen se encontraba llorando en la sala de meditación al interior

del castillo. Lo que había visto en la cima del acantilado le dejó sin esperanza. Ella

había logrado el título de sacerdotisa a la increíble edad de diecisiete años, cosa

sorprendente para un antiguo. Y todo gracias a una perseverancia e inteligencia sin

precedentes en la historia. Había nacido dentro del seno de la aristocracia élfica, dotada

desde muy pequeña de gran potencial, jamás mostró miedo por nada y aquella actitud

daba confianza a todo aquel que la rodeaba. Su gran capacidad la hizo merecedora de

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puestos importantes dentro de la guardia imperial, cosa que aprovechó para ordenar

las masacres de miembros de la resistencia en Berlín y en Ottawa, así como la

destrucción de zonas civiles e industriales en Jalisco e Hiroshima durante los años de la

gran expansión. Pero siempre a distancia, pues el miedo a la muerte era para ella una

compañera siempre presente, como si ésta la estuviera esperando en cada rincón de un

mundo que se negaba a mostrarse por completo.

   Su fama ahora le pesaba, gracias a ella ahora sería colgada por crímenes contra la

humanidad.

   “Aquellos que nacen para ser inmortales no deben morir, y menos tan jóvenes”

pensaba una y otra vez mientras sujetaba su cabeza con ambas manos. El llanto se

convirtió en pánico cuando le fue informada la imposibilidad de mandar refuerzos

pues toda la línea costera se encontraba bajo ataque. Lo que ella había visto en el risco

era solo la punta de iceberg de una invasión masiva. Con un enorme lamento se dejó

caer al suelo, dejando que sus hermosos cabellos negros le cubrieran la totalidad del

rostro, pero sus suspiros se escuchaban tan claros como los sonidos de las cercanas

explosiones. Una y otra vez trataba de encontrar alguna solución, pero era imposible, si

bien la fortaleza podía soportar los indiscriminados cañonazos, en breve, las hordas

sajonas y romanas lograrían penetrar la tercera línea hasta llegar la fortaleza central.

   Su desesperación llego al límite cuando se encontró a sí misma en una posición fetal

al tiempo que suplicaba a los dioses por una salida… y de pronto su mente se

esclareció, recibiendo la respuesta; los dioses. Según las antiguas tradiciones, los dioses

y sus guardianes podían ser invocados. Ya todo aquello no era sino una leyenda, pero

ya no tenía nada que perder, realmente sentía que la desesperación ya no podía causarle

más estrés que el que tenía en esos momentos y cualquier cosa, por extraña o

improbable que fuera, que pudiera convertir el caos reinante en una victoria valía la

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pena ser intentada.

     Sin más demora corrió hacia el centro de la fortaleza, donde se encontraba un

brillante orbe, fuente de la protección que rodeaba al castillo. Pero al intentar tomarlo

una hermosa fata, cubierta con la sucia armadura del frente, la detuvo.

     - Señora, ¿Qué intenta hacer?, si lo quita todos moriremos –

     - ¡MALDITA SEA, MORIREMOS DE TODAS MANERAS! ¿Acaso crees que

esos malditos simios      mostrarán misericordia por alguno de nosotros?, ¡deja de

molestarme y quítate! esto es nuestra única esperanza – respondió la sacerdotisa al

tiempo que removía el orbe de un pequeño pilar. Un segundo después, toda la

fortificación se sacudió violentamente al recibir de lleno los disparos de los acorazados.

     Aquel castillo servía para la defensa costera, pero no siempre fue así, al principio

fue construido para honrar a Woden, el gran protector de la entrada a Ávalon. Y

Saerwen conocía el lugar donde aún se encontraba el altar.



     Dos hermosos pilares tronaron al caer al suelo mientras un muro de balas

atravesaba el polvo tras la destrucción, los defensores de la fortificación buscaron

protección y devolvieron el ataque con todas sus fuerzas, solo para sentir como toda

su resistencia caía por los suelos al escuchar el sonido de máquinas del hombre

acercándose. Dos tanques modelo Mamut, que deteniéndose, apuntaron cañones de

150 mm hacia el fondo del inmenso corredor que conducía a la entrada principal del

castillo.

     - ¡Fuego! – gritaban al unísono los dos comandantes de tanque segundos antes de

sentir como las bestias mecánicas que montaban retrocedían por la inercia de sus

disparos. Y con el humo apenas disipándose, decenas de soldados corrieron hacia la

improvisada entrada de la fortaleza con sus mentes sumergidas en la violencia reinante

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y sus pensamientos enclaustrados solo en continuar con la matanza.

   - ¡La entrada está limpia capitán! – gritó un sargento con un notorio acento irlandés.

   - ¡Chécala bien Mac Cárthaigh!, ¡no queremos sorpresas! - respondió el soldado

herido mientras se acercaba. El dolor en su cabeza se empezaba a sentir más fuerte

cada minuto, quizás por la disminución de adrenalina en el corto momento de

tranquilidad. Mientras colocaba su mano junto a su cabeza en un reflejo de dolor, su

miraba bajó, hacia aquel suelo manchado en sangre, pero los cadáveres de antiguos

regados por todos lados no le produjeron mi la más mínima perturbación. No era un

psicópata, no disfrutaba con toda esa muerte, pero la maldita guerra casi le había

quitado todo lo que amaba y no iba a permitir que los cabrones que la habían iniciado

se quedaran impunes.

   Sin ningún obstáculo a la vista, los soldados entraron a lo que parecía ser un jardín

interno lleno de hermosas flores y árboles nunca antes vistos por ninguno de los

presentes. Y entre estos, tres líneas de bellos pilares de piedra rodeados por ramas y

vegetación sostenían un techo que producía el brillo de una serena mañana.

   - Niñas, no hay tiempo de contemplar las flores – expuso el capitán en tono severo

– quiero que los ingenieros derriben aquellas puertas – dijo señalando al final del gran

jardín, hacia dos portones de roca grácilmente decorados con plata. – Mac Cárthaigh y

Hill – continuó – llévense a sus hombres por la de la izquierda, yo iré con Gray por la

otra y comuníquense con los barcos para que apunten a otro lado, no nos vayan a

matar los nuestros. Recuerden, busquen una esfera con brillo y destrúyanla a como dé

lugar, es posible que otras compañías ya hayan entrado al castillo por otros lados, así

que tengan cuidado a que le disparan. No intenten tomar prisioneros, no por ahora y

tengan sus señales de humo a la mano, cuando terminemos con esto den la señal a los

aviones para que tiren esta porquería –

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     - ¡Bien infelices, ya oyeron al capitán, muévanse maldita sea! - gritó el sargento, y

acercándose rápido al capitán le dijo – señor acaban de avisar que “el arlequín”

también ha entrado al fuerte –

     El capitán le miró a los ojos y con una mueca nerviosa asintió la cabeza. Ya todos

habían escuchado sobre el arlequín, una especie de lunático con uniforme, con una

tendencia por volar todo en pedazos, sin embrago la razón por la que aún un ejército

como el mexicano siguiera permitiendo la presencia de gente así en sus filas sin castigo

o juicio era sin duda el misterio que rodeaba al hombre.

     Los ingenieros terminaron pronto de colocar las cargas de explosivos y todos se

prepararon para continuar el ataque. Un par de explosiones tumbaron los grandes

portones en medio de pequeñas sacudidas, pero una Infinidad de bolas de fuego

salieron disparadas a velocidad de bala apenas la última de las puertas tocaba el suelo.

Un joven soldado de no más de veinte años tomó un par de granadas y con gran

destreza las lanzó a través de la puerta, corriendo inmediatamente hacia su antigua

posición para agacharse junto a sus compañeros.

     Gritos de terror se retumbaron a través de todo el pasillo, siendo silenciados de

repente por una tremenda explosión.

     Sin perder tiempo, el primer grupo se levantó y se preparó para entrar por el pasaje

izquierdo, siendo Mac Cárthaigh quién se ponía al frente de la tropa – muev… -

empezó a decir, cuando de la nada, una solitaria esfera de fuego se le vino encima.

Todo su cuerpo salió disparado hacia el suelo al tiempo que la luz de la esfera

atravesaba su pecho.

     Todos se quedaron en silencio al verlo desplomarse y quedándose inmóvil sobre un

charco de sangre

     - ¡¡ MAC CÁRTHAIGH, MAC CÁRTHAIGH!! – gritaba uno de los soldados

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esperando en vano obtener una respuesta.

   El rostro del capitán perdió su inmutabilidad y su expresión se volvió una con su

mirada de ira. Su pesado cuerpo se movió con urgencia hacia aquel pasillo asemejando

un enorme toro presto a matar todo frente a él. No tardó ni tres segundos en llegar a

un cuarto maltrecho al final del amplio túnel cuando de entre todas las siluetas se alzó

una, sosteniendo una especie de báculo largo con una luz rojiza que parpadeaba su

punta. El brillo se tornó de pronto más intenso y una corta ráfaga de esferas

llameantes salió directo hacia el capitán, quien por pura suerte lograba echarse al suelo

al tiempo que apuntaba y disparaba directo hacia su atacante.

   Un solo impacto bastó para que la figura soltara su arma y cayera al suelo, de

inmediato el capitán se levantó, todavía apuntando su arma mientras la sostenía con

fuerza, como si esperara alguna respuesta del cadáver que ahora se encontraba frente a

él, pero cuando se acercó lo suficiente pudo distinguir las infantiles facciones en el

rostro de su enemigo.

   El rostro de un niño con hermosos ojos violeta y cabello oscuro le hizo recordar su

propia vida, cuando corría a través de explosiones en medio de un Londres devastado

y cubierto por el fuego, llevando armas y municiones a los soldados y a la resistencia.

Pero incluso en ese entonces, él ya había dejado su infancia hacía mucho tiempo.

    La ira en sus ojos disminuyó y bajando su arma se acercó hacia su obra para

admirar más de cerca lo que ahora se sentía como su último pecado. Su mente empezó

a descargar recuerdos y su pecho se contraía cada vez más, agitándole la respiración.

   “!Un niño¡ ¡he matado a un niño¡” se repetía a sí mismo en su mente, sintiendo

como con cada palabra una daga se le enterraba en el pecho, como se despertaba de un

largo bloqueo mental, dándose cuenta de cómo la guerra lo había automatizado y

como había perdido la capacidad de pensar en la vida como un valor.

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      Sus hombres empezaron a llegar a través del pasillo y vieron con gusto como su

oficial seguía vivo, quedándose quietos y en silencio a su alrededor, esperando, igual

que un grupo de perros fieles, a que esté dijera o hiciera algo.

      Ante la demora uno de los soldados se le acercó y le preguntó - ¿señor, está todo

bien? – y ante la ausencia de respuesta le volvió a preguntar.

      Un ligero empujón hizo reaccionar al capitán, que dándose la vuelta se paró frente a

su hombre y le dijo mientras le tomaba el hombro – estoy bien Gray – pero el cabo

pudo notar algo raro en el rostro de su oficial, como si algo se hubiera roto dentro de

él.

      Aquel cabo le debía mucho al capitán. Aquel era apenas un par de años mayor que

él, y ya le había salvado la vida en más de una ocasión, siempre con la misma expresión

de fuerza. Pero no podía quitarse de la cabeza aquella escena de hace una semana,

durante la celebración por la liberación de las islas británicas, cuando lo vio sentado,

solo y en silencio en un “pub”. Pensó que solo trataba de relajarse con un buen trago

y no quiso molestarle, así que paso de largo, pero notó como las lágrimas bajaban de

unos ojos rojos y cansados mientras murmuraba una y otra vez cosas sin sentido. No

pudo perderle el respeto, tampoco la admiración, pero desde entonces ya no pudo

mirarlo de la misma manera, ya no como aquel súper hombre de piedra. Quizá no

podía tolerar la idea de ver a su superior como alguien débil y por ello una y otra vez

pensaba que solo habían sido los efectos del alcohol los responsables de lo que Gray

no podía dejar de ver como patetismo. Pero al mismo tiempo tampoco sabía porque

no podía tolerar aquella manifestación de humanidad, como si ello fuera sinónimo de

debilidad.

      - Y ustedes señoritas, ¿qué esperan? ¿El recreo? muévanse, que todavía falta mucho

para un descanso – gritó el capitán al resto de sus hombres. Por un segundo, su mirada

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se posó sobre el distante cadáver de Mac Cárthaigh. Había peleado con la mayoría de

los presentes por casi dos años y creía sentir por cada uno de ellos lo que se siente por

un hermano. Sus compañeros eran casi la única familia que le quedaba y no quería

perderlos, por eso, ganar la guerra era lo importante, pues era lo único que podía hacer

para asegurar que sus muertes no hubieran sido en vano y no podía permitirse

lamentaciones, pero al ver a lo que fue Mac Cárthaigh no pudo pensar en algo que no

fuera la imagen de sí mismo en la misma posición que su antiguo compañero. Casi

podía creer que su destino era morir rodeado de todos aquellos que había asesinado.

Su mente volvía a sumirse en la vaguedad y solo al darse cuenta que la muerte de un

enemigo lo estaba afectando más que la muerte de sus propios hombres le hizo

ubicarse por completo en lo que todavía faltaba por hacer.

   - ¿Ya tomaron lo necesario? – preguntó con pena, refiriéndose al sargento caído.

   - Sí, señor – respondió Hill con seriedad.

   El capitán solo asintió con la cabeza y le ordenó a Gray tomar el lugar de Mac

Cárthaigh y continuar con el plan trazado. Todos aceptaron y dejaron en el suelo todo

aquello que no fuera sus armas o munición. Ya se había perdido mucho tiempo y partir

de ahora el avance debería de ser lo más rápido posible. La mitad del grupo continuó

desde donde se encontraban, mientras la otra parte regresó al gran jardín para tomar el

camino del segundo portón.

   Al final de la segunda puerta se encontraron con una larga escalera que subía hasta

un conjunto de cuartos y salas adornadas con la historia del reino de las hadas, pero

ninguno de los soldados prestó atención a algo que consideraban igual a la mierda.

Pero lo que les preocupaba era la falta de una fuerte resistencia en un lugar tan

importante como el centro de la defensa costera de todo Rahannwyn. Por lo que

asumieron de inmediato que alguna emboscada les debía de estar esperando en

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

cualquier momento.

     Al final de una hermosa sala se divisaba una gran entrada cerrada con dos puertas

hechas de un extraño material parecido al hierro, pero más brilloso; una extraña luz,

demasiado limpia y blanca como para ser la del sol salía por los delgados bordes. Al

acercarse más a ella, lograron escuchar una armoniosa voz que cantaba una especie de

himno en la lengua de las hadas. Aquel cántico, sin embargo, se escuchaba demasiado

leve como para que su autor estuviera cerca. Al abrir una de las puertas se encontraron

ante un extenso corredor cubierto totalmente de mosaicos luminosos, el brillo que

producían era casi insoportable, así que decidieron moverse rápidamente, escuchando

en cada paso como aquel extraño salmo se hacía más y más fuerte.

     El brillo se volvía cada vez más intenso cuando de pronto, se encontraron ante una

segunda puerta, más estrecha que la anterior, pero igual de alta.

     - Vamos a necesitar más explosivos – replicó un soldado ante una primera

inspección.

     Pero al acercarse uno de sus compañeros, notó que la puerta, aun cuando parecía

trabada, solo necesitaba un jalón fuerte para abrirse. Sin decir más puso sus manos en

la puerta y empezó a hacer presión, pero de inmediato el capitán lo detuvo.

     - ¿Qué haces estúpido? - le dijo al quitarla las manos de la puerta - ¿qué no ves que

pueden haber elfos esperándonos? –

     Pero menos de un segundo después, las puertas de abrieron de par en par llenando

todo el pasillo con esferas de fuego y flechas resplandecientes. Varios soldados cayeron

muertos en el acto mientras los demás buscaban protección en cualquier lugar. Pero lo

angosto del corredor impedía ocultarse sin poder encontrar alguna posición donde

pudieran responder al ataque y el capitán apenas podía ver como sus hombres se

arrinconaba casi detrás de las puertas abiertas. Los disparos continuaban de forma

18
—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

ininterrumpida, impactando el pasillo hasta llenar todo de pedazos de loza rota y varas

de flechas y saetas incrustadas en cada rincón visible.

   A través de la delgada abertura entre la puerta y la pared, el capitán pudo ver una

área que le pareció familiar, semejante al enorme jardín por el que habían entrado al

castillo, pero aunque las columnas y el techo eran iguales, no parecía haber ninguna

flor alrededor, solo árboles grises y viejos ubicados en círculos desde los cuales

antiguos pesadamente armados continuaban disparando. Pero a pesar del ruido y el

movimiento, pudo ver como el piso de aquella habitación estaba repleto de armaduras

y espadas rotas y viejas, pero lo extraño era su origen, ninguna de ellas se parecía a las

que usaban los antiguos, sino que parecían ser de romanos y vikingos. Como si aquel

lugar fuera el último destino de quienes llegaron antes que ellos, por un instante casi se

podía imaginar los restos de su equipo, cascos y rifles oxidándose y pudriéndose en

aquella habitación, haciendo compañía a los hombres que quizá también quisieron

vengar en épocas antiguas los crímenes de aquellos monstruos.

   Pero fue al subir la mirada cuando se quedó quieto ante una escena parecida a una

antigua misa pagana.

   Decenas de antiguos formaban un círculo alrededor de lo que parecía ser un prisma

tan alto como dos hombres, del cual brotaba una luz tan preciosa que durante un

momento logro tranquilizarlo. De pronto vio como frente al extraño prisma una joven

con un largo cabello negro y compleja túnica blanca levantaba las manos mientras

recitaba el coro que venían escuchando desde hace rato, pero lo que más les llamó la

atención, fue la esfera blanca que sostenía entre sus manos.



   Ella conocía a la perfección todas las leyendas, pero solo el deseo de la victoria y la

imagen de su muerte le pudieron hacer creer en ellas. No podía perder nada

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

intentándolo y si daba resultado la balanza de la guerra podía cambiar a su favor de

manera definitiva. Sostuvo el orbe con ambas manos mientras contemplaba su gran

brillo, ya había terminado de orar a los dioses y ahora solo quedaba decir la invocación.



                              Oh, gran Woden, protector de Ávalon

                                Oh, tu dueño de los vientos gélidos

                       Imploro tu venida, imploro que nos muestres tu poder

                                Que tú olvido se vuelva tu fuerza

                              Que tu ira aplaste a nuestros enemigos

                                        Muéstrate Woden

                                        ¡Muéstrate Odín!



     El orbe en sus manos empezó a brillar con más intensidad que nunca y todo el

suelo alrededor del prisma se agitó de tal manera que largas grietas aparecieron por

todos lados, la respiración de Saerwen aumentó en un ansia de que ocurriera algo

maravilloso, su corazón empezó a latir más rápido y sus ojos se enfocaban en el

prisma. Pero todas sus esperanzas se desmoronaron cuando la sacudida terminó y el

orbe regresó a su estado original. Todo quedó en silencio y solo Saerwen parecía estar

sorprendida. Estuvo a punto de gritar de la desesperación mientras volteaba de un lado

para otro en espera de una respuesta de sus propias soldados cuando un par de

pequeños objetos oscuros salieron de la nada y cayeron exactamente en medio del

circulo de antiguos, justo delante del enorme prisma, solo Saerwen reaccionó con

prontitud y con una carrera abrazó el orbe y se cubrió detrás del gran prisma.

     Dos explosiones siguieron al ínfimo lapso de sorpresa al tiempo que desde un par

de vitrales en la parte alta de la habitación varios cañones de arma aparecieron,

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—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

abriendo fuego contra todo lo que se moviera abajo. Aprovechando el lapso de

distracción, el capitán y sus hombres salieron corriendo del pasillo, abriendo fuego en

el acto, reduciendo la resistencia del castillo, arrinconándola en el terreno más alto.

   Los antiguos restantes tomaron de inmediato posiciones defensivas y respondieron

el ataque. Saerwen, muerta de miedo, trataba de mantener su mente en calma, no

quería repetir el mismo teatro que hizo en la sala de meditación, pero su cuerpo

parecía sucumbir de forma natural ante el peligro. Debía proteger aquella esfera y

tratar de enmendar su error. Si bien la fortaleza ya no contaba con la protección que le

daba la energía del orbe, este aún mantenía sumergidos los muelles que tanto ocupaban

los hombres para poder concretar la invasión.

   Los soldados sintieron un temblor a sus espaldas y vieron con gusto como toda una

sección de aquella estancia caía para permitir la entrada a más de los suyos. Un par de

pistolas eléctricas fueron postradas a lo largo de una gruesa barda de piedra tras los

árboles y sus disparos acabaron con toda resistencia en pocos segundos.

   Un soldado de complexión rolliza corrió hacia el prisma con su rifle en alto.

   - ¡De pie puta! ¡DE PIE! – gritó a la sacerdotisa desde una distancia segura, la cual

se levantó mostrando la luminosa esfera entre sus brazos.

   Con un brusco movimiento el soldado estiró su brazo izquierdo, logrando tomar el

orbe al mismo tiempo que empujaba a la fata. Saerwen logró mantenerse de pie y con

una rápida inclinación puso sus dos manos sobre el brillante objeto mientras trataba de

resistir la fuerza del humano.

   En medio del forcejeo, el soldado pateó a la molesta muchacha, no sin que esta

lograra quitarle su preciosa posesión, pero la fuerza del impacto le impidió sostener el

orbe con la fuerza necesaria y todo mundo pudo observar como la esfera quedaba

reducida a polvo al momento que se estrellaba contra el suelo.

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

     La alegría empezó a vislumbrase en el rostro de todos los invasores al momento

que a lo largo de toda la costa enormes plataformas de piedra surgían desde el fondo

del mar hasta el interior de la playa, claro que algunas lanchas de desembarco se

volcaban mientras las columnas y las rampas brotaban del lecho del mar, pero el

resultado obtenido valía las molestias. La misión había sido cumplida, después de casi

dos horas de lucha, el puerto más importante de Ávalon había sido tomado. Por su

parte, Saerwen fue levantada a la fuerza, se le amarraron las manos y se le empezó a

llevar hasta el interior del castillo.

     Todo parecía acabado, pero de pronto, una luz, tan brillante que no permitía ver

nada más, emergió desde el fondo del enorme prisma momentos antes de que este

explotara con una fuerza tal que todos aquellos dentro de la sala fueron arrojados con

al suelo con facilidad. Una segunda explosión salió desde el interior del suelo,

despedazando el techo de la estancia seguido por un enorme relámpago que partió lo

que quedaba del techo, cayendo justo donde se habían originado las explosiones.

     El destello del rayo pasó rápidamente y una enorme figura se levantó de entre el

cuarteado suelo.

     No parecía ser un antiguo, pero tampoco parecía humano. Su piel no tenía

coloración alguna y a excepción de unas largas barbas plateadas, sus facciones parecían

las de un hombre joven. Un casco del cual salían un par de alas doradas adornaba su

cabeza y a través de este se podía notar que donde debería de estar su ojo izquierdo

solo había un negro agujero por el que emanaba una brisa similar a un viento invernal.

Una pesada armadura hecha de metal y cuero le cubría el cuerpo y sobre ésta,

descansaba una pesada capa, tan larga que llegaba al suelo con facilidad. Sobre sus

hombros dos cuervos, negros como la noche, se posaban en sus hombros, uno de cada

lado, girando sus cabezas con gracia y graznando a la multitud de forma amenazadora.

22
—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

   Todos los soldados quedaron en silencio, no sabían si era miedo o asombro lo que

sentían en ese momento, pero solo se quedaron viendo a aquel ser que se movía

lentamente hacia ellos, dejando una delgada capa de hielo con paso que daba.

   Con una perturbadora tranquilidad aquel extraño levantó su mano hacia quienes lo

miraban y un sonido similar al de un gigantesco trombón surgió de alrededor del

extraño ser al tiempo que todo aquello frente a él se hacía pedazos.

   En medio de la destrucción, uno de los soldados lanzó un grito de horror segundos

antes de empezar a presionar el gatillo de su arma con toda su fuerza, de inmediato

todos sus compañeros hicieron lo mismo. El extraño guerrero retrocedió un poco ante

el ataque, pero las balas no parecían producirle un daño considerable, de hecho, si no

hubiera sido por las pequeñas quejas que se lograban escuchar de entre los impactos de

bala, nadie hubiera creído que se lograba algo con las descargas.

   De repente, el guerrero lanzó un grito horrible, similar al sonido de las sirenas que

anunciaban a los ataques aéreos, y con éste, el impacto psicológico a los hombres fue

inmediato, cada uno de ellos pudo sentir como un sudor frio empezaba a bajar por sus

rostros junto con un terrible escalofrío que recorría sus venas, sin embargo ninguno

de ellos dejó de disparar, el miedo ya no podía detenerlos y menos ahora que habían

logrado capturar la playa.

   Un segundo grito aún más fuerte que el anterior retumbo del extraño ser y de

pronto un viento gélido cayó del cielo a una velocidad impresionante, formando una

pared de hielo entre el guerrero y los ataques de los soldados, haciéndose más y más

sólida con cada segundo, haciendo que las balas rebotaran ante el grueso de la pared. A

través del enorme bloque de hielo se podía ver una silueta sin rostro, inmóvil, tan

distorsionada, que casi se fundía con el grueso hielo frente a ella. El contorno de una

mano empezó a definirse a través del translucido muro y con la fuerza de un cañón

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

naval, miles de cuchillas de hielo fueron lanzadas, destruyendo todo lo que se les

atravesara.

     Los impactos de las cuchillas retumbaban como fuego de morteros y de forma casi

inmediata los sonidos de los disparos fueron remplazados por llantos y gritos de

agonía.

     Una sola lágrima recorrió el rostro de Saerwen mientras sus labios formaban poco a

poco una sonrisa dulce y sincera como la de una niña, contrapuesta a la muerte que la

incitaba. La línea costera aún tenía salvación, el esfuerzo del hombre podía ser

detenido y su victoria les podía ser arrancada. De pronto la formidable figura de un

capitán se levantó de entre los caídos y corrió hacia una de las pistolas eléctricas que

todavía se encontraban sobre las rocas. Woden se movió pesadamente, quedando

frente al capitán y sacando una larga espada hizo un lento moviendo horizontal en

forma de arco.

     Enormes bloque de hielo, afilados como espadas, surgieron de la tierra, siguiendo la

línea trazada por la espada. El capitán escucho un extraño sonido detrás de él y sin

detener su paso dio una pequeña mirada hacia atrás, de inmediato su sangre se heló al

ver una cortina de hielo surgir del suelo y dirigirse hacia él y con un tremendo esfuerzo

acelero su marcha, solo para dar un desesperado salto hacia su objetivo.

     Las pistolas eléctricas eran demasiado pesadas, habían sido diseñadas para

proporcionar alrededor de dos mil disparos por minuto, sacaban su nombre de una

batería eléctrica que hacia girar rápidamente un juego de seis cañones para evitar el

sobre calentamiento. Además las municiones que usaba eran de buen calibre,

aumentando su peso con cada cartucho. Pero, y como si el peso no importara, el

capitán levantó aquella pesada arma y siguió corriendo para evitar ser alcanzado por el

hielo con la esperanza de encontrar una base firme y el tiempo suficiente para usar su

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—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

nueva adquisición. Por su parte Woden volvía a empuñar su espada, pero antes de

lanzar un segundo ataque, una sección de la larga muralla de hielo se desplomó ante el

avance de un Mamut. La pesada torreta del tanque giró hacia Woden y le apuntó con

su cañón al tiempo que el guerrero volvía a levantar su arma, ahora hacia el tanque, y

con un veloz movimiento la dejó caer al suelo al instante que la bestia mecánica hacia

su disparo. Una tremenda explosión hizo temblar el suelo acompañada de una onda

expansiva que salió emitida a la velocidad del sonido, haciendo que el capitán perdiera

el equilibrio aun encontrándose a más de veinte metros del estallido. La espesa nube de

humo empezó a disiparse dejando ver un tanque completamente destruido, como

rebanado a la mitad y cubierto en su totalidad de fuego y humo y directamente en

frente de todo ese desperdicio de material estaba la serena figura de un guerrero;

   Woden se encontraba ileso.

   El capitán se levantó rápidamente y utilizó ese tiempo para posicionarse detrás de

Woden y recargar su arma. Pero el sonido de la recarga alertó a uno de aquellos

sombríos cuervos, quien de inmediato graznó para alertar a su señor. El capitán no

esperó a perder su ventaja y empezó a disparar su pesada arma, pero la descarga

resultó insoportable, con cada tiro sentía como sus brazos se entumían de malestar, sus

dientes estaban tan apretados que de no haber dado un grito de dolor se hubieran

quebrado, sus piernas empezaron a temblar y pudo sentir como las venas de su cuello

se inflamaban. Habían pasado solo cuatro segundos desde el primer disparo, pero cada

uno le parecía como una eternidad.

   Al principio Woden no pareció recibir daño, pero poco a poco se podía notar como

pequeños pedazos parecidos a cristales astillados empezaban a salir de su espalda con

cada disparo. Con un grito de enojo el guerrero dio la vuelta bruscamente al tiempo

que blandía su pesada espada hacia el único hombre, el último soldado que quedaba de

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

pie en toda la colina.

     El capitán solo vio un haz de luz diagonal viajar hasta él a una velocidad tan grande

que le fue imposible esquivar y solo pudo escuchar como las ruinas que se

encontraban detrás de él estallaron al unísono justo antes de sentir un extraño hilo de

sangre que empezaba a deslizarse por su rostro. Un segundo después una enorme

presión se sintió en todo su cuerpo al instante que un dolor increíblemente fuerte le

cruzó desde arriba de su ceja izquierda hasta su mejilla derecha, todo seguido por el

impacto de un golpe invisible.

     En medio de un horrible grito de agonía, el cuello del capitán se dobló hacia su

espalda mientras un enorme chorro de sangre se elevaba desde su cabeza. Todo le

parecía dar vueltas, pero milagrosamente logró mantenerse de pie, solo para terminar

vomitando. Se sentía demasiado mal, su cuerpo ya no reaccionaba como él quería, solo

se balanceaba de un lado a otro en un patético intento por seguir luchando. El dolor le

impedía siquiera abrir los ojos pero con sus manos aún sostenía con fuerza la pistola

eléctrica.

     Con un último esfuerzo logró levantar su arma hacia donde había estado

disparando momentos antes. Pero al apretar el gatillo toda la pistola eléctrica explotó

en sus manos. Con todo su cuerpo hecho pedazos, se dejó caer de rodillas. Todo tipo

de sensación empezó lentamente a desaparecer de su cuerpo y con la perdida de dolor

pudo abrir sus ojos. Hubiera jurado que ambos ojos se encontraban abiertos pero solo

podía ver con el derecho y lo que vio le hizo sentir un vacío en su estómago; un par de

manos maltrechas, llenas de carne muerta y humo.

     En medio del shock pudo sentir vagamente un aire fresco que se enfriaba cada vez

más. Una pesada bota de piel se le apareció en frente y al verla, con un tembloroso y

lento movimiento, alzó su mirada.

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—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

   La expresión de Woden era similar a la de un niño que se sorprende de no haber

matado a un ave después de la primera pedrada, como si todo el dolor que el capitán

padecía no fuera suficiente para satisfacerle.

   Woden alargó su brazo derecho y con una mano tan fría como el hielo tomó al

maltrecho hombre por el cuello. Con una fuerza sobrehumana lo levantó y

apretándolo lentamente veía como aquel humano respiraba con dificultad. Por un

instante, un extraño malestar recorrió el brazo de Woden hasta llegarle al cuerpo,

aquella sensación era muy distinta al dolor ocasionado por las balas, era como si su

propia existencia fuera poco a poco disolviéndose en la nada, como si con cada respiro

un pedazo de su alma le fuera arrancado por la fuerza para nunca más volver. Sin

embargo aquella incomodidad pasó demasiado pronto como para impedirle terminar

su trabajo.

   A pesar de la agonía, el capitán trató de ver con más detalle el rostro de su enemigo.

Su piel era parecida a la piedra de rió, o al hielo que se forma en las ramas de los

árboles de las montañas, pero fue el vació de su mirada lo que le hizo sentir la patética

calma de la derrota, solo él había quedado con vida y ahora estaba a punto de morir en

las manos de un maldito monstruo. El capitán empezaba a creer que no solo era su

final, sino que este ere el merecido por todas las vidas que había tomado. Sin embargo

dos figuras se aparecieron en su mente, una era Mac Cárthaigh, tirado, lleno de sangre

y con los ojos fijos en él, como recriminándole el poco intereses en lo que debió haber

sido una pérdida importante, la otra era una imagen rara; el niño elfo a quien le había

arrebatado toda una vida, a este último casi podía verle en la distancia como

esperándolo. Pero la imagen tomó otra forma, pareciéndose cada vez a él, pero más

joven mostrando o que fue su vida. Entonces recordó que todavía había alguien

esperándolo, alguien que necesitaba de él y se dio cuenta que no importaba todo lo que

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

había hecho o si merecía morir por ello, su deber era continuar con vida aunque fuera

para proteger otra más.

     El lejano sonido de los aviones le hizo volver en sí, decidido a vivir, o por lo

menos, a no morir en vano y con lo poco que le restaba de fuerza tomó una de las

señales de humo de su cinturón y con un increíble esfuerzo logró clavarlo en la cuenca

izquierda de Woden. De inmediato una gran nube de humo verde salió del pequeño

tubo enterrado en la cara del guerrero que en medio de su dolor dejó caer al capitán, el

cual aprovechó el momento para prender otra señal y meterla en el cinturón de

Woden.

     Un poderoso brazo salió de entre el humo directamente hacia el pobre soldado y

con un poderoso golpe lo mando a volar hasta un pequeño grupo de árboles a medio

derribar. Un delgado árbol se quebró al impacto del cuerpo humano lanzado hacia él y

el sonido de la madera partiéndose se confundió con el de los huesos quebrándose.

     Woden se giró con la mirada llena de ira, pero antes que pudiera quitarse la señal de

su ojo una explosión a su lado, tan fuerte que le desprendió su armadura, le hizo gritar

de agonía. Una segunda y una tercera explosión acompañaron a la primera y con cada

una se descubría más un cuerpo que se agrietaba como el cristal. Unos bombarderos

ligeros aparecieron en el cielo, seguidos de escuadrones caza que disparaban hacía el

origen de la señal de humo, arrancaban trozos del cuerpo de Woden con las descargas

de sus cañones, sin que este pudiera hacer algo al respecto.

     Durante medio minuto aquella bestia con forma humana pudo sentir un infierno,

que para desgracia del capitán, terminó tan rápido como empezó. Después de la

tormenta de fuego, Woden, cojeando y sangrando, intentaba acercarse al capitán y si

bien cada paso le producía un terrible dolor, en su mirada claramente se podía

distinguir un odio tan grande como su determinación. Él solo existía para defender a

28
—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

Ávalon, sin embargo realmente quería asesinar con sus propias manos al responsable

de su humillación. Entre más se acercaba al mar de ramas muertas más notaba el

rostro de un humano agonizante, pero aún consiente a pesar de sus heridas. Las

miradas de ambos parecían estar fijas en el otro, pero de pronto una sonrisa apareció

en el rostro del capitán y su mirada quedó llena del gozo de la victoria. Woden se

quedó helado ante esa expresión, por un segundo no comprendió el significado de

aquel gesto pero de inmediato, como si toda la angustia del mundo le cayera encima,

éste le hizo detenerse. No sabía qué hacer, sentía que en cualquier momento algo más

aparecería para provocarle más y más dolor y casi podía sentir la sonrisa de su enemigo

como un arma más, apuntándole.

   Su inquietud se acrecentó cuando se dio cuenta que el soldado no lo estaba viendo

a él, sino a algo más, algo detrás suyo y sintiendo un gran peligro volteó hacia donde

miraba el capitán y notó un avión, un solitario avión volando de manera semejante al

buitre que rodea tranquilamente a un cadáver fresco.

   El capitán sabía de qué clase de maquina se trataba, era un C-47 modificado, de

fabricación soviética, pesado y lento en comparación con los demás aviones, pero en

eso radicaba su fuerza, no había sido modificado para el combate ni para el

bombardeo, sino para despedazar blancos en tierra. Su enorme estructura estaba llena

de un conjunto de tres cañones eléctricos de 30 y uno simple de 60mm, que en

conjunto destrozaban a un objetivo en cuestión de segundos.

   Dentro del enorme avión toda la tripulación preparaban las armas para destruir el

blanco señalado. Ya tenían experiencia con blancos móviles, aunque jamás habían

apuntado a algo tan pequeño, pero sin dudar de su buena puntería abrieron toda su

capacidad de fuego. Todo bajo las miras de los cañones se despedazaba con los

interminables impactos que a diferencia de las bombas, lograron golpear directamente

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

el cuerpo de Woden. Cada uno le reventaba alguna parte del cuerpo, cada uno le

producía más dolor que el anterior, cada uno le acercaba más y más a la impensable

muerte de un inmortal. Incluso el sonido de sus llantos quedaba reducido ante el

estruendo de los disparos, y solo un último grito, lleno de la misma desesperación que

la un niño al perder a su madre, resonó hasta cubrir cada centímetro de la playa.

     - ¡¡MORGANA!! -

     Un último disparo pegó directamente en su pecho, penetrándolo por completo,

haciendo que la agonía lo consumiera por completo cuando su torso se empezó a

fragmentar en miles de pedazos que volaron por el aire en una hermosa nube de

brillantes tonos blancos y azules. Todo el ataque duró menos de diez segundos y ahora

todo escándalo desaparecía dejando solo el sonido de las olas golpeando las ruinas de

una muralla armonizado con las lejanas pisadas de los invasores.

     Gotas de sangre caían al suelo mientras una lastimera figura se acercaba hacia

donde se encontraban los restos de la criatura que casi pudo destruir todos los sueños

de venganza de todas y cada una de las naciones del hombre. El dolor ahora palpitaba

por todos y cada uno de los nervios de aquel único hombre en la cima de la costa, pero

ahora bien valía la pena tratar de soportar el malestar.

     Un gesto de satisfacción apareció en la cara del joven soldado al tiempo que lograba

levantar un poco la cara, disfrutando la fresca brisa marina y dejando relajar los

músculos, tal vez moriría, pero por lo menos podía alegrarse en el tiempo que le

quedaba, a fin de cuentas todo el sufrimiento no había sido en vano. Se había obtenido

la victoria. Pero al bajar la mirada, su expresión se llenó de desconsuelo al darse cuenta

que todos sus hombres habían muerto y ya ni siquiera podía distinguirlos entre la

enorme mancha de sangre y carne muerta en la se había convertido toda la colina, eso

le produjo un dolor más intenso que el de cualquiera de sus heridas. Sentía que ya no

30
—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

podía ni llorarles.

   Cientos de veces se habían jurado a sí mismo no volver a llorar, pero le era

imposible, no podía olvidar los rostros de todos aquellos que lo habían acompañado y

con esto, una vez más quedaba solo. Recordó que alguna vez pensó que con ellos sería

diferente, no eran civiles indefensos, sino veteranos capaces de soportar más de lo que

soportaron su padres y ella… ¡ella!, ella todavía estaba viva y una vez más casi la

olvidada. La había recordado hace apenas tan poco e incluso fue ella su razón para

vivir, pero por alguna razón la realidad de la guerra se la arrancaba de la cabeza.

   De pronto un leve sonido llamó su atención, y casi de inmediato se percató de una

extraña silueta desapareciendo velozmente hacia la lejanía. Sus ojos se llenaron de una

rabia indescriptible cuando distinguió la figura de Saerwen. De todo su cuerpo brotó

sangre al tiempo que desenfundaba un pesado revolver Webley calibre .455. Disparo

tras disparo trataba de mantener su arma lo bastante firme para asegurar su objetivo,

pero le era demasiado difícil y cada segundo que pasaba Saerwen se alejaba más y más.

Con todo el odio del mundo apuntó lo mejor que pudo antes de disparar su última

munición y vio con desesperación su falló, pero de repente una parte del lejano

antiguo se le desprendió de su cuerpo justo al momento de desplomarse, todo antes de

continuar su precipitada carrera casi de manera milagrosa. La maldita había logrado

escapar, pero en eso, varios disparos más salieron por detrás del capitán, todos

dirigidos hacia Saerwen, y todos en vano.

   El capitán trató de recargar su arma, pero todo su cuerpo se derrumbó con fuerza

hacia el suelo mientras un rio de sangre se le escapaba por borbotones de su boca.

Inútilmente intentó levantarse, pero poco a poco su conciencia se desvanecía y toda su

mente se quedó en un negro vacío. Un último recuerdo le cruzó la mente; el rostro de

una joven que le miraban con hermosos ojos azules y encima de ella, un sol tan

                                                                                      31
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radiante que hacía que sus bellos cabellos castaños brillaran como el oro.

     En ese entonces el cielo se veía tan claro y azul.



                                               …



     - ¿Qué demonios pasó aquí? – preguntó un soldado al acercarse al montón de

escombros y pedazos de cuerpos que rodeaba al capitán.

     - Cállate y sigue disparando – respondió con una extraña y suave voz un hombre

que subía lentamente la colina, irguiéndose de tal forma que desarmonizaba el

ambiente de caos a su alrededor, como si se encontrara en un paseo veraniego y no en

las costas del hades. Y con toda la calma del mundo retiraba de su boca una larga

boquilla y la movía ligeramente para quitar la ceniza del cigarrillo en la punta, sus ojos

color sangre se veían aún más tétricos por las cicatrices negras que sobresalían como

líneas por arriba y por debajo de ellos, creando el efecto de maquillaje de circo y

torciendo su boca con disgusto dijo mientras volvía a colocarse la boquilla en la boca –

esa cosa se escapó. Pero por lo menos le volamos un brazo –

     Un suspiro proveniente del maltrecho hombre en el suelo alertó a los presentes,

que con apuró rodearon al capitán – ¡Dios mío, esté sigue vivo! – dijo uno de ellos con

preocupación.

     Con lentitud la mano del capitán se alzó al cielo, como buscando algo, solo para

regresar al suelo un segundo después - hermana – dijo antes de suspirar por última vez.

     El hombre de las cicatrices se quedó mirando al hombre en el suelo por un rato,

fumando lentamente como siempre, al cabo de unos segundos lo movió con el pie,

lentamente al principio y luego aumentando la velocidad, tratando de hacerlo

reaccionar, pero al no ver respuesta se inclinó y se le acercó, alargando su mano y

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—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

metiéndosela en el pecho buscando algo. Los demás soldados miraban en silencio

cuando el hombre de las cicatrices le arrancaba algo del cuello al hombre muerto y

abriendo su mano mostraba una placa de metal con algo inscrito en ella.



   HARKER, WINSTON T.



   Un suspiro, como un leve lamento salió de la nariz del hombre, ahora arrodillado

ante alguien que fue un simple soldado, olvidado a su suerte en el infierno, como él y

como todos aquellos que ahora subían por toda la maldita playa.

   - ¿Compañero Mayor?, ¿Qué hacemos con él? – preguntó un soldado al acercarse al

hombre cicatrizado. Éste solo los miró con ojos somnolientos y les dijo con calma – el

tipo está muerto, no podemos hacer nada. Pero nosotros aún tenemos trabajo que

hacer – y dicho esto se puso de pie, aun mirando el cadáver. Con un suspiro más cerró

sus ojos, para abrirlos justo cuando su cabeza se alzó al cielo. Y en ese momento lo

supo.



   El cielo jamás volvería a ser azul.



                                          II

                             SOLO UNA RECOMPENSA



   “El cielo sigue azul”

   Isaac pensaba mientras levantaba la cabeza con tranquilidad. No era muy

aficionado a meditar, prefería solo vivir sin pensar demasiado en ello; además cada vez

que lo hacía terminaba por recordar su pasado, pero ahora con los nuevos eventos

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

mundiales no podía dejar de pensar sobre el futuro, él, a quien jamás le había

importado la guerra ni nada referente a cualquier cosa fuera de su propia vida.

     Hacía tres meses se había enterado junto con el resto del mundo de la liberación

total del continente europeo y del desembarco de Rahannwyn, con el que se había

dado inicio a la invasión del territorio de los antiguos, pero nunca sintió verdadero

interés por ello. Ahora era diferente, no podía creer los rumores del súper bombardero

estadounidense hasta que fue confirmado oficialmente hacía tan solo tres días. Al

principio lo había leído en uno de tantos periodicuchos británicos alrededor de las

colonias que tanto detestaba, pero al leerlo en uno de nacionalidad rusa sintió que

debía de ser completamente verdad. El Imperio Ruso-mongol de Ungern era

excesivamente cerrado, casi nunca publicaba cosas fuera del interés ruso, además de

ser muy dado a publicar discursos metafísicos y oraciones a dioses extraños, pero

también era muy cuidadoso de informar sobre los avances bélicos o científicos, más

cuando se trataba de alabar proezas extranjeras. Aunque hacía un par de años sus

periódicos también cometieron el error de creer los rumores de la súper arma probada

en la isla Clipperton. Tal vez aquella mentira dio esperanzas a muchos, les permitió

seguir viviendo, pero Isaac siempre supo la verdad, en primera, que solo los débiles e

idiotas ocupan de ilusiones y fantasías para obtener fuerzas y en segunda, que ninguna

bomba podía tener semejante poder destructivo, al final la noticia era evidentemente

falsa, aun cuando fue adornada con fórmulas matemáticas y teorías locas sobre la

posibilidad de una fisión de átomos.

     Pero con la victoria ya como un hecho físicamente alcanzable las noticias se

volvieron más reales, por lo menos la de moda, el B-49 era real. A estas alturas, incluso

en ese rincón perdido, las noticias de guerra llegaban rápido.

     - Gracias - dijo un hombre de baja estatura y robusta complexión, interrumpiendo

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sus pensamientos mientras se acercaba de manera precipitada, aunque revelando cierta

timidez en su rostro -nosotros nunca hubiéramos podido habernos desecho de esta…

bueno, de este problema -

      Isaac volteó hacia el hombre, enseñando una mirada fuerte y de penetrantes ojos

oscuros, mostrando un aire de confianza que, según él, mantenía la profesionalidad del

trabajo. Al cabo de un momento de silencio se levantó tranquilamente, revelando la

cabeza del monstruo que hacía tan solo unos pocos minutos aun escupía fuego sobre

él.

      - Los dragones de este tipo no son tan inteligentes como los de China, o los del este

de Europa, no fue tan difícil – dijo mientras sus ojos parecían brillar ante los rastros de

sangre que brotaban por los enormes agujeros de bala en el cráneo del animal,

lentamente acercó la mano hacia ellos, pero las palabras del hombre parecieron sacarlo

de su extraño trance.

      - ¿E...E…En serio? - preguntó el hombre, con timidez.

      Isaac no respondió, solo se limitó a verle con los ojos y la boca abierta mientras

afirmaba con la cabeza, dando a entender que al menos para él la anterior pregunta

tenía una respuesta obvia.

      - Creo que tiene razón, digo… para alguien de su reputación –

      - En cuanto a mi pago, me gustaría lo más pronto posible – expuso Isaac

extendiendo la mano.

      La expresión del hombre cambió del asombro a una especie de incomodidad.

      - ¿Algún problema señor? – preguntó Isaac con seriedad, mientras que con la otra

mano se acomodaba un par de gafas de tinte azulado.

      - N... n... no, ninguno –

      El hombre sacó un costal de tamaño considerable de una maleta que llevaba

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

consigo y se lo entregó al joven, quien lo tomó de una manera rápida para evitar

incómodos forcejeos con el pequeño sujeto. Mientras caminaba hacia una semioruga,

recargaba su viejo rifle, pensando en lo irónico que fueron para él los tiempos de la

gran crisis; cuando la mitad del mundo se encontraba en medio de la desesperación,

cuando los ataques de los antiguos provenían de todos lados y los ejércitos más

poderosos del hombre se habían reducido a meras guerrillas. Que maravillosos

tiempos aquellos, cuando los refugiados pagaban lo que fuera por encontrar lugares

con al menos un poco de paz y lo hacían sin queja alguna. Si, aquellos eran los tiempos

de gloria, donde se podía cobrar lo que fuera y vivir como rey matando bestias, pero

ya no más, esos tiempos habían acabado ahora que los países ocupados habían

recobrado su libertad y muchas personas trataban de regresar a sus antiguos hogares.

Ya no importaban los campos de refugiados, ni las pequeñas aldeas con sus alcaldes

mediocres, sino el hecho de regresar a la madre patria, fuera cual fuera.

     “Imbéciles, Como si sus casas siguieran ahí” pensó con cierto desprecio.

     Pero su mente siempre volvía a la misma idea; que el cambio era solo superficial,

vano. No importaba quien dominaría el mundo por venir, la Gran Mancomunidad de

Naciones, los rusos, o incluso los Estados Soviéticos, ni adonde se movieran las masas;

lo seguro era que el hombre había recuperado su trono como dueño del mundo, y

volvería a ser el mismo de siempre, poderoso y patético. Como un niño con escopeta.



                                             …



     Las luces del pueblo empezaban a encenderse y las calles se encontraban vacías a

excepción de una pequeña figura que caminaba lentamente al tiempo que miraba como

el perfil de la calle parecía cambiar con el juego de luces y sombras intercalándose.

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   - Creo que ya es hora de cenar – decía una joven para sí, subiendo el tono mientras

continuaba - maldita sea, ¿por qué tuve que perder mi reloj?... no sé qué será peor, eso

o que huelo a cigarro. Si Alice se da cuenta que sigo fumando a escondidas me va a

matar… eso y por llegar tarde - en ese instante, una segunda figura se asomó por la

calle; era un caballero de edad avanzada y vestimenta elegante, que volteaba a ver con

cierto interés la escena de la hermosa joven hablando al viento. Ciertamente no era lo

más extraño que él hubiera visto, pero la jocosidad de la situación ameritaba ser

contemplada.

   Al darse cuenta que estaba siendo observada, la grácil muchacha miró fijamente al

hombre con una curiosa expresión de serenidad, como si estuviera viendo más a un

perro que a un Lord.

   - ¿Qué horas son? – le gritó al caballero.

   El hombre, en lugar de sentirse extrañado o molesto por la falta de formalidad en la

pregunta, la cual rayaba en la grosería, sintió ternura por aquella extraña al ver con más

detenimiento la agraciada figura de cabellos y ojos dorados que le miraban fijamente,

en espera de una respuesta.

   - ¡Son las siete cuarenta y cinco de la noche! – le gritó el hombre con tranquilad y

ciertamente con más formalidad que la recibida.

   - ¡NOO!… ¡ME MUERO! – gritó la joven y dando un brinco dio la media vuelta y

empezó a correr.

   La joven dama empezó una carrera, pero a solo un segundo de comenzarla paró en

seco y casi tropezándose por la inercia de sus movimientos miró de nuevo al caballero

mientras movía la mano, agradeciéndole por la cortesía – ¡muchas gracias abuelo!, ¡le

debo una!– le gritaba mientras el señor sonreía tratando de aguantar una carcajada –

¡no hay de qué señorita!, ¡no hice gran cosa! – replicó el hombre callando por un

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

momento antes de continuar - ¡ya puede empezar a correr! –

     La jovencita le sonrió mostrándose aliviada y de inmediato retomó su precipitada

carrera.

     La sonrisa del caballero se acentuaba, pensando en cómo la vida de las personas

más jóvenes era tan diferente a como había sido la suya, tanto, que algunas personas de

más edad ya empezaban a criticar lo que consideraban la pérdida de valores en la

juventud, pero el anciano consideraba que aquellas actitudes no eran peores que las

que había sufrido la generación posterior a la gran guerra. No, por el contrario, él veía

como la llamada “generación de las ruinas” mostraba cierto grado de responsabilidad a

pesar de mostrar rebeldía por las instituciones que sentían los habían abandonado.

Pero lentamente su sonrisa se desvaneció y sus ojos se tronaron tristes; “ahora ella

tendría su edad” pensaba el hombre al tiempo que apretaba sus puños con fuerza. El

haber pensado en los tiempos pasados le traía a colación recuerdos tristes que se

fundían con el dolor presente. Él había participado en la última guerra, cuando el

enemigo era humano y aún se conservaba la cortesía militar, pero esta guerra era tan

distinta, el ataque sorpresa devastó la totalidad de Europa en solo un año. Y aun

cuando él había logrado escapar, los recuerdos habían escapado consigo, como clavos

en su cabeza. Fue por eso que había decidido nunca volver a Inglaterra, los recuerdos

le atormentaban pero no podría soportar la realidad. Sentía que a su edad ya no sería

posible rehacer su vida, solo le quedaba morir con la mayor calma posible, el dinero no

sería un problema, para su familia nunca lo fue, pero ya no tenía con quien

compartirlo. La muerte de su hija antes de la guerra le infringió un gran dolor, pero en

ese entonces todavía tenía a su nieta, pero cuando ella murió en los primeros días del

ataque sobre Londres solo quedó en él, el odio sobre aquellas malditas criaturas, que a

pesar de su belleza solo le producían repulsión, con toda seguridad sabía que hubiera

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preferido verla crecer en la lejanía de los susodichos valores ingleses que en solo poder

verla en recuerdos cada vez menos definidos, pero siempre igual de punzantes. La

única alegría que podía encontrar eran las noticias de la avanzada aliada, sentía orgullo

al saber que los componentes y el dinero invertidos en los B-47 y en el ala voladora B-

49 habían sido británicos a pesar que los aviones habían sido construidos en suelo

mexicano por una compañía americana.

   Por su parte, él todavía podía poner su grano de arena y poder así disfrutar de una

venganza que sentía más que personal, aun cuando tuviera que juntarse con gente

extraña o necesitara conseguir contactos con aquellos a quienes había matado hace

tantos años. Si, nada de eso tenía relevancia ya, solo la satisfacción de su último deseo

era lo importante. Todavía podía soñar y desear vivir lo suficiente para ver a todo el

maldito imperio de las hadas sumergido en el fuego, mientras los hijos de Frey eran

pisoteados por las botas inglesas.



   El reloj daba las ocho cuando una cansada Elizabeth llegó por fin a su casa.

Apenas había abierto la puerta cuando una joven apareció de repente frente a ella, con

profundos ojos azules, cabello largo y castaño y una figura agraciada que era fácilmente

pasada por alto ante la mirada fría y molesta que presentaba.

   - ¿Dónde carajos estabas? ¿Ya viste la hora que es?- le preguntó.

   - Quise llegar antes pero no me di cuenta que anochecía, y cuando quise ver la hora

me di cuenta que no tenía mi reloj y…¡¡¡¡y!!!!-

   - ¡¿Por qué no tenías tu reloj?! ¡No lo habrás vuelto a perder! ¿O sí? – interrumpió

la joven con tono molesto.

   - Si, pero fue porque… -

   - ¡No lo puedo creer, es el tercero que pierdes!, ¿Qué pasa contigo?, es como si no

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

te tomaras nada en serio ¡Dios!, que voy a hacer contigo, hechas a perder todo lo que

se te pide… –

     Elizabeth no quiso interrumpir, si bien sus oídos y sus piernas ya se habían

acostumbrado a tener que escuchar de pie lo que podían llegar a ser horas y horas de

gritos y regaños y si bien su cerebro ya empezaba a desarrollar una especie de cayo

mental que le impedía llenarse de culpa y remordimiento, aún seguía sintiéndose mal

por todo lo que su hermana le decía, porque sabía que era cierto. Alrededor del pueblo

Elizabeth tenía la fama de ser desobligada, grosera y manualmente torpe, pero era una

fama que ella se había ganado a pulso y no podía negarlo. La vida para ella era como

un juego que la mantenía en un estado de eterno soñar despierto y por más que lo

intentaba no lo podía remediar, esto hacia que siempre tuviera dificultad de

concentrarse en cualquier cosa importante y que se confundiera con facilidad. Aunque

su mente podía perderse durante horas viendo a una oruga subir una pared, cosa que

ya había hecho varias veces. Pero su forma de ser también la convertía en una persona

totalmente honesta, aunque no de una manera virtuosa, si bien era incapaz de mentir

siempre decía la verdad de la forma menos diplomáticamente posible, esto hacia que

nadie dudara de su palabra ni de su buena fe, así que hasta cierto punto no le era tan

difícil conseguir trabajo, lo difícil consistía en mantenerlo.

     Alice notó que los ojos de su hermana se empezaban a ver vidriosos y pudo ver la

forma en que se abrazaba a sí misma tratando de tranquilizarse, con esto sintió como

el enojo que la había invadido desaparecía con rapidez. Ella realmente quería a su

hermana y desde la muerte de su padre tuvieron que depender la una de la otra para

poder resistir las penurias y salir adelante. Nunca fueron de una familia rica, pero la

herencia que les fue dejada no era poca cosa y aunque Alice sabía que sin trabajo su

situación podría volverse pesada, más que nada buscaba que Elizabeth se

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responsabilizara, su hermana menor no era una persona mala e incluso en las peores

situaciones siempre parecía tratar de dar lo mejor de sí, sin embargo nunca lograba

hacer nada bien.

   - De acuerdo, hablaremos de esto mañana, primero vamos a cenar o se van a enfriar

las empanadas – dijo Alice después de un silencio tranquilizador.

   - ¿Empanadas? – preguntó Elizabeth con cierta repugnancia.

   - No me vengas con tus malditas quejas y come de una maldita vez – respondió

Alice con autoridad – pequeña vagabunda apestosa, acabo de tranquilizarme y ya

quieres volverme a hacer enojar –

   Alice no había terminado de hablar cuando Elizabeth empezaba a caminar hacia la

cocina, limpiándose el rostro de manera disimulada mientras una pequeña sonrisa se

formaba en su rostro.

   Pero antes de abandonar completamente el recibidor Elizabeth sintió un jalón y

girándose un poco vio cómo su hermana sujetaba su brazo con fuerza, obligándola a

voltearse por completo. Alice la miraba de manera penetrante, su nariz aspiró de forma

rápida y profunda al tiempo que su hermana se daba cuenta de lo que eso significaba.

   - ¡¿Estuviste fumando?! –



                                            …



   La neblina ya comenzaba a bajar por las montañas cuando en los puestos de

defensa empezaba la rotación de los vigías. El ambiente se sentía pesado y los soldados

no sabían que era mejor, estar a la expectativa de un ataque cada noche o estar en el

frente donde el infierno es tan habitual que se convierte en una horrenda rutina. Un

militar de aspecto sombrío entraba en el cuarto de mando, sus largas manos

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

preparaban su pipa mientras tranquilamente tomaba asiento para escuchar la radio.

     Los minutos pasaron rápido y a más de media hora desde su llegada ningún

comunicado se había recibido, aquello ya no era cosa de preocupación, la mayoría de

las comunicaciones ahora eran más por protocolización que por cuestiones

importantes. Así que su tranquilidad era comprensible. Sin embrago un extraño sentir

de consternación se iba acrecentando con el paso del tiempo.

     - Comuníquense con el bloque A – dijo al fin con un tono sereno.

     Uno de los operadores radiales tomó en seguida el micrófono y haciendo las

conexiones correctas se comunicó con la única línea defensiva frente a ellos. Las

razones de tal silencio radial eran demasiadas, y no todas serian el resultado de

catástrofes, sin embargo aquel hombre sabía que hacer caso a las corazonadas o

preocupaciones irracionales era siempre una de las razones para la supervivencia en el

combate.

     Un vigía bajó corriendo hacia el cuarto de mando, su rostro denotaba desconcierto,

pero recobró la formalidad al saludar a sus superiores.

     - Jackson, ¿Qué hace aquí?, ¿Qué ocurre? – preguntó un capitán a lado suyo.

     - Señor, no hay luces hacia el norte, ni siquiera la de la antena del bloque A –

     - Esto no está bien – pensó el capitán en voz alta, - ¿mayor? – continuó,

dirigiéndose hacia el hombre de la pipa.

     - ¡Comuníquense inmediatamente con el bloque central! - dijo el mayor de forma

determinante – esto no está bien – continuó mientras dejaba la pipa sobre su escritorio

y se dirigía al capitán - esto no está bien – le repitió.

     El escenario fue el mismo; silencio total. De pronto todo tomó una nueva

dimensión dentro de sus cabezas; sintiendo cómo si se encontraran en otro tiempo y

en otro lugar. Como si se ubicaran en la Inglaterra de finales de 1942, cuando se

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habían perdido las comunicaciones con el norte de Irlanda. En ese momento nadie en

el mundo se hubiera imaginado las causas de tal suceso, ni que lo ocurrido ahí seria el

inicio de una guerra que estaba durando casi siete años. Pero lo peor en ese entonces y

ahora, era la incertidumbre. Combatir contra un enemigo siempre es peor cuando no

se le ve y es incluso peor cuando no se le conoce. Y aun cuando al menos ya se tenía

una idea de las cosas que ocultaba el mundo, todavía la mente humana no estaba

preparada para ver aquellos secretos tan seguido.

   Desde la rendición de las tropas élficas en el Asia, los aliados habían decidido

mandar la mayor cantidad de recursos para lo que sería la invasión de Ávalon, pero el

miedo a los ataques aéreos o sorpresa había quedado tan grabado en el corazón de

todo europeo, que hizo que se postraran líneas de defensa a lo largo de regiones de

importancia comercial, política o social. Si bien la mayoría de los ataques fueron

aéreos, nunca se presentaron muchos ataques terrestres en la mayoría de ellas, a lo

mucho, algunas escaramuzas con grupos nómadas, o intentos de saqueo,

principalmente al sur de Persia, pero la situación al norte de India había sido muy

distinta. Cuatro años atrás, una incursión antigua había logrado atravesar Rusia, solo

para cambiar de curso y dirigirse rápidamente al sur en un intento de crear una división

temporal entre los suministros rusos provenientes de Siberia y su frente de combate

en el Cáucaso, esto a fin de permitirle al alto mando élfico concentrar sus fuerzas en

Egipto el tiempo suficiente para conseguir la rendición o la aniquilación del

Europäisches Afrika Korps. La incursión tuvo un éxito sorprende y llegó tan al sur que

penetró el norte de la India con suma facilidad, deteniéndose en la ciudad de Agra,

donde una fuerza conjunta anglo-japonesa pudo contenerles por más de cinco meses

aun cuando escaseaban los pertrechos. De hecho, de no haber sido por que la táctica

élfica fue explotada por el mariscal Zhukov, para lograr crear su propio bloqueo

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

temporal a través de una rápida ofensiva que atravesó de Turquía a los Balcanes, la

India hubiera terminado en manos de Ávalon. Pero después de la retirada antigua, el

uso de las bombas químicas por parte de Japón, provocó un ambiente tenso en los

bosques y las montañas del Asia central, ya que se empezaron a correr rumores de

enormes bestias que huían de las selvas contaminadas hacia los poblados cercanos en

un intento desesperado para encontrar comida o refugio. El mismo mayor llegó a

escuchar de los soldados japoneses y rusos dichos rumores, de enormes monstruos

parecidos a los dragones, pero más grandes y carentes de inteligencia, capaces de matar

a un elefante de un solo mordisco, pero jamás les había creído aun cuando durante las

últimas semanas los rumores provenían de soldados ingleses que salían a patrullar los

bosques.

     Ahora, por alguna razón, aquellas cosas venían a su cabeza, como una especie de

advertencia. Pero sabía que no podía permitirle a su mente el estar divagando,

distraerse provocaba la toma de decisiones equivocadas y en esos momentos no

contaban con los refuerzos suficientes para subsanar errores. Logró calmarse por

completo, guardando silencio y despejando su mente, logrando poner atención en la

calma que reinaba el ambiente, no solo por parte de sus hombres sino también del

bosque. E inmediatamente se percató de la importancia de ello.

     - ¡SAQUEN LOS 88 Y DISPAREN AL BOSQUE! – gritó el mayor con terror en

sus ojos.

     Fuera lo que fuera que estuviese en el bosque, había logrado asustar a todo animal

en las cercanías y el mayor Johnson sabía que no era fácil asustar a muchas de aquellas

bestias.

     Cinco enormes torretas salieron del suelo delante de la enorme muralla provocando

un enorme estruendo al abrir fuego, frente a ellos el bosque volaba hecho pedazos en

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un mar de llamas. El fuerte tuvo un segundo de tranquilidad, solo un segundo, antes

de ver como una gran masa obscura surgía de entre los escombros y se dirigía

directamente hacia ellos. Las torres de ametralladoras disparaban ininterrumpidamente

sin lograr efecto alguno sobre la gran mole que avanzaba como un tren fuera de

control.

   Ninguno de los presentes jamás había visto nada semejante. Aquella criatura media

alrededor de cinco metros de alto y con la excepción de un hocico lleno de dientes,

asemejaba a una enorme ave a medio desplumar, moviendo sus enormes piernas a una

velocidad increíble para sus dimensiones. Parecía que nada pudiera detenerla, derribaba

las torres frente a ella sin detener en lo más mínimo su marcha. El capitán Smith logró

ver como del costado de la bestia goteaba sangre y supo que los primeros disparos de

los cañones si bien no pudieron detenerla si habían logrado herirla.

   - ¡RECARGUEN MALDITA SEA, RECARGUEN! - gritó el capitán con

desesperación. En ese mismo momento, el monstruo derribó el último de los postes

de concreto, golpeando directamente contra una de las torretas, inutilizarla y

hundiéndola en el suelo tras un segundo golpe

   Las demás torretas giraron inmediatamente para dar un segundo tiro, sin embargo,

fue inútil, la enorme bestia ahora embestía contra el muro principal, derrumbándolo en

pocos segundos.

   Johnson cayó al suelo con el primer impacto y quedó paralizado cuando vio una

enorme cabeza cruzar rápidamente el espacio que antes ocupaba el puesto de mando.

Un enorme ojo rojizo, fijo y sin alma cruzó por su campo de visión y pudo sentir el

terror a través de su cuerpo al imaginar los pueblos cercanos a merced de aquel animal.

Pero aquella sensación fue lo último en su vida antes de ver como un pedazo del techo

caía sobre él.

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

     Tras el humo y los escombros un hombre se levantó de manera tambaleante, su

cara llena de sangre impedían distinguirlo pero sus insignias denotaban el rango de un

capitán. Smith movía la cabeza de forma rápida tratando de recobrar el sentido y al

recuperarse, sus ojos se fijaron en los cuerpos de los soldados muertos a su alrededor,

poniendo especial atención en una figura inmóvil que se encontraba bajo un bloque de

concreto.

     - ¿Mayor?... ¿MAYOR? – gritó el capitán sin recibir respuesta.

     Al verse solo, Smith buscó comunicarse con los poblados, pero la radio había

quedado destrozada. Estuvo a punto de caer en la desesperación cuando su mano tocó

la caja metálica que contenía las bengalas. Él sabía que en New Exeter vivían muchos

viejos soldados y que era seguro que las señales fueran bien interpretadas, así que cargó

la pistola con una bengala y la disparó al cielo.

     Sus ojos no dejaban de ver aquella luz, ahora, su última esperanza.



                                              …



     Empezaba la madrugada y en las tabernas las sillas empezaban a escasear y los

tarros sucios empezaban a amontonarse. Las cosechas habían sido buenas y a

producción mejor y junto con las últimas noticias del avance aliado se daba la perfecta

ocasión para celebrar un poco en el pueblo. New Exeter era sin lugar a dudas uno de

los lugares que más había prosperado desde su fundación como una fábrica de

municiones, atrayendo a tantos trabajadores, granjeros y transportistas, que las

personas que vivían ahí comúnmente dudaban en ser repatriadas. Ya no había nada

para ellos en las islas.

     Los cantos de hombres ebrios acompañando a la música, junto con la radio

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—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

sintonizando la BBC de Nueva Londres, producían una jungla de sonidos que no

permitían distinguir las órdenes de los clientes y en medio de esta cacofonía de alegría

la puerta se abrió con lentitud mientras un individuo entraba en el local, una pesada

capucha verde cubría su cabeza y obscurecía su rostro, pero se le llegaba a apreciar un

aspecto cansado y descuidado. Nadie lo había visto jamás en el pueblo, pero con el

crecimiento de los pueblos vecinos era normal ver extraños.

   - Estoy de paso en el pueblo y quisiera saber si hay alguna posada de buena calidad

por aquí – preguntó el forastero al acercarse a la barra.

   - Chamberlain´s es la mejor que puede encontrar, esta dos calles adelante. Pero es

algo cara, así que lleve dinero amigo – respondió un viejo tabernero de alegre

semblante, bastante activo para su edad.

   - El dinero no es problema, al menos por ahora – sonrió el joven mientras hablaba.

   - Entonces que prisa tiene amigo, quédese a celebrar un poco, ¡la victoria ya está

cerca y la cerveza está a mitad de precio! –

   De un solo movimiento el extraño se quitó su capucha y la puso arriba de la barra,

al tiempo que descubría su cuerpo y su rostro.

   No era muy corpulento o musculoso, pero si algo alto. Su apariencia era fría e

inspiraba cierto espanto. Tenía la nariz aguileña, fosas nasales dilatadas, un rostro

rojizo y delgado y unas pestañas muy largas que daban sombra a unos grandes ojos casi

negros y bien abiertos; las cejas negras y tupidas le daban aspecto amenazador. No

llevaba bigote pero mostraba rastros de una barba mal rasurada y sus pómulos

sobresalientes hacían que su rostro pareciera aún más enérgico. Una cerviz de toro le

ceñía la cabeza, de la que brotaban como púas cabellos oscuros mal peinados para

atrás.

   - ¡Amigo!, de veras que se ve cansado, pero nada que un buen trago no pueda curar

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

– dijo el hombre detrás de la barra al notar las ojeras que colgaban debajo de cada uno

de sus ojos.

     - Al diablo, ¿Por qué no?... Deme una cerveza, tanto trabajo amerita un descanso.

¿No creé usted? – dijo al viejo tabernero.

     - ¡Ah!, así se dice. Por cierto, ¿cómo se llama amigo? –

     - Solo llámeme Isaac – respondió el extraño al tomar el tarro con calma.



     Al pasar los minutos, Isaac notó que realmente disfrutaba aquel lugar. No era por

ningún factor físico, pues ciertamente el olor a humanidad concentrada y el excesivo

sonido difícilmente relajan a alguien. No, era algo más, algo social, el contacto

humano, la tranquilidad de estar rodeado de personas y no tener ninguna

responsabilidad ante ellos más que la de reír por cualquier tontería que a los borrachos

se les ocurriera, o la de brindar por la victoria de Inglaterra, fusionando su voz con la

de todos a su alrededor. Una parte de él seguía viendo a sus anfitriones como solo un

montón de asnos u otros animales de granja, imaginándoselos revolcándose en un

lodazal justo antes de ser llevados al matadero, pero por lo menos ahora eran

simpáticos y podía sentirse, o al menos fingir, que era igual a ellos, un cerdo más entre

iguales. Qué diferente hubiera sido el contacto con ellos hace tan solo unos cinco años,

justo antes de que empezara a lucrarse con la muerte.

     De pronto, una hermosa joven entró en la taberna, y aunque en su rostro se

mostraba tranquilidad, todos perdieron la serenidad con solo verla.

     - ¿Alice?, que sorpresa. ¿Que se te ofrece? – le preguntó una de las camareras.

     - ¿No creo que vengas por un trago verdad? – añadió un ebrio.

     - Disculpen, pero hay algo que creo que deberían ver –

     Muchos de los hombres presentes dejaron sus tarros en las mesas y se levantaron

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para averiguar el motivo de la visita. Ellos sabían que Alice era una mujer responsable,

muy diferente de su hermana y que por ningún motivo los hubiera interrumpido por

una pequeñez, menos para hacerles perder el tiempo. Al salir notaron de inmediato

una luz blanca que se caía desde las montañas al norte del pueblo.

   - Una bengala – dijo un anciano – posiblemente haya sido disparada desde el fuerte

que se encuentra a 10 Km. de aquí –

   - Es una señal de ataque, como las que se daban en la guerra de trincheras – Expuso

un caballero al bajar su tarro, sin importarle tirar su contenido, denotando más su

preocupación, como si supiera lo que le esperaba al pueblo.

   - Un ataque, eso es ridículo – refutó una señora – los antiguos ya están muy lejos,

no han vuelto desde que las sacamos del Taj, a lo mejor esa bengala es solo por

entrenamientos o algo así… -

   Pero desde la lejanía, un terrible rugido rompió la tranquilidad de la oscuridad,

callando todo su paso mientras despertaba a todos los habitantes de New Exeter.

   - ¡ALGO CRUZO LAS LINEAS DEFENSIVAS! - gritó de inmediato la mujer que

hasta hace poco se mostraba llena de seguridad – ¡ES UN DRAGON, ES UN

DRAGON! - continuó chillando con terror al tiempo que los murmullos de las

personas se convertían ahora en voces de pánico.

   - No es un dragón – exclamo el extraño joven de taberna.

   Todo mundo calló durante un momento, quizás esperando que aquel desconocido

siguiera diciendo algo, pero no lo hizo, solo se limitó a dase vuelta e irse caminando

hasta un extraño armatoste de metal al final de la calle. La pequeña multitud quedó

extrañada, volviendo a las murmuraciones, solo el sonido de una puerta de metal

cerrándose atrajo de nuevo la atención de la gente hacia el forastero, que ahora

avanzaba hacia ellos cargando una gran funda en su espalda y una maleta en cada

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

mano. Su serena postura infundía un poco de tranquilad, pero no era suficiente como

para disipar los temores.

     - ¿Quién es usted? – preguntó por fin una camarera.

     - Soy Isaac Dreadnought, mata dragones – dijo al soltar el par de pesadas maletas al

suelo.

     - He oído de ese tal Dreadnought, y déjeme decirle, caballero, que no creo que

usted sea él – empezó a decir el respetable tabernero – según se dice, Dreadnought es

un sujeto enorme –

     - Tan enorme como William Wallace, compatriota – respondió Isaac con sarcasmo.

     - Y se dice que viaja en un formidable tanque ruso – intervino un joven después de

pasarse precipitadamente un trago de cerveza.

     - Es en una semioruga y es yanqui – respondió al tiempo que señalaba hacia el viejo

aparato que había visitado hace unos momentos - también dicen que soy guapo y

encantador, pero lo mismo dicen de Zaytsev y déjenme decirles que ninguna mujer lo

consideraría como su primera opción, así que por favor no hagan caso a rumores

estúpidos de gente ignorante. Dense un poco más de dignidad por favor – confesó el

examinado

     La mirada de la gente alrededor suyo seguía siendo de desconfianza, pero Isaac

estaba más que acostumbrado a aquello. De hecho, disfrutaba de los cambios de

actitud que tenían, o tendrían, a la hora de cobrar su dinero.

     - 30,000 libras es la tarifa habitual – explicó Isaac

     - ¡Has de estar pero si bien imbécil! - gritó la camarera - ¿De dónde carajos crees

que vamos a sacar ese dinero? –

     El pequeño gentío empezó a crecer con la gente que salía a la calle para enterarse de

la situación y murmurar entre sí con los que llevaban más tiempo en presencia de lo

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—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

ocurrido. Dentro de lo más comentado estaba la posición de la camarera, pues si bien

era cierta la queja de la mujer, la forma de expresarla no era quizá propia de la ocasión.

Isaac por su parte no se inmutó, sabia por experiencia que responder de la misma

manera no provocaría sino una larga e infructífera discusión que terminaría con burlas

y sarcasmos de su parte, pudiendo pasar a los insultos o en algo peor… – tomen una

decisión rápida, por favor – dijo mientras se quitaba sus lentes para colocarse un par

de goggles como los que usan los tripulantes de tanques.

    - Lo mejor sería llamar a la guardia local para que se hagan cargo de esa cosa – dijo

un anciano tratando de recuperar la calma.

    - Eso no serviría de nada – refutó Alice con severidad – a estas alturas la guardia

local ya debe estar enterada y si no han llegado aún significa que no vendrán, lo mejor

será despertar a todos los conductores y tratar de salir de aquí lo más pronto posible…

–

    - ¡Silencio! – interrumpió el tabernero al tiempo que todos callaron en espera de

algo.

    Por más de cinco segundos los presentes no dijeron nada, solo sus ojos empezaron

a delatar su preocupación cuando entendieron la importancia de la quietud de la

noche. Todo, absolutamente todo estaba en silencio, ningún animal, ninguna brisa,

igual que el segundo de afonía que tienen las sinfónicas antes de iniciar su música, pero

antes que cualquiera pudiera decir algo, el sonido de un árbol golpeando el suelo

atravesó el pueblo de lado a lado seguido por la repentina aparición de cientos de aves

asustadas surcando el cielo a toda velocidad.

    Toda la imagen era impresionante, pero el suspenso que traía consigo empezó por

provocar pequeños shocks entre algunas de las personas.

    - Esta cerca – señaló secamente Isaac.

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     - Tenemos que salir de aquí lo más pronto posible – dijo Alice con tal calma que

pudo impedir, solo un poco, el creciente pánico entre la multitud.

     - No - respondió Isaac - lo mejor será que busquen los refugios subterráneos y se

oculten ahí, todo movimiento extenso solo atraerá a esa cosa directo hacia ustedes –

     Alice vio directo a los ojos de Isaac y asintió con respeto – de acuerdo, pero ¿qué

harás tú? –

     - Iré a las granjas cercanas, esa cosa va a estar buscando comida fácil. El silencio es

solo signo de que esta acechando –

     - ¡Si claro!, lo más seguro es que este vagabundo aproveche nuestra ausencia para

entrar a nuestras casa y robarse nuestras cosas - dijo una señora al resto de la gente al

tiempo que se colocaba junto a la camarera, como si con este simple hecho sus

palabras obtuvieran mayor peso - pero déjeme decirle algo, muchos de nosotros no

somos campesinos ignorantes sino miembros de familias importantes de Inglaterra –

continuó volviéndose hacia Isaac. Aunque esto no fue bien recibido por el general de

la concurrencia.

     - El riesgo existe, usted podría tener razón y yo podría ser un ladrón bastante

astuto, pero aquel rugido fue muy real, así que son ustedes los que deciden que es

mejor, la posibilidad de ser embaucados o la de ser devorados. Lo que me recuerda,

que si optan por mi ayuda, deben pagarla –

     Alice miraba a Isaac con los ojos fijos, sin embargo su mente pensaba en lo

gracioso que es el ser humano, discutir de una manera tan vulgar ante una situación tan

importante era demasiado patético, tanto, que incluso hacía reír. Realmente habían

olvidado todo lo que habían sufrido para lograr sobrevivir, como si los cientos de

miles de familiares muertos hubieran perecido en vano, solo para que los suyos dieran

más importancia a lo material que a su pellejo. Pero si bien esto le producía cierta

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repugnancia por sus conocidos, jamás expondría su punto en circunstancias que

pudieran favorecer al extraño visitante. Favorecer a un materialista externo acosta de

los propios no hubiera sido lo correcto.

   Entonces pensó en su hermana, quizá la única persona en todo el pueblo con la

suficiente integridad para ser salvada. “Gracioso” pensó. Quizá la humildad y la

bondad ocupen un espacio en el cerebro, acosta de la agilidad mental por supuesto.

   - Esta bien, pagaremos por tus servicios. Yo me hago responsable de ello – dijo

Alice, callando al gentío.

   - Y no me hago responsable de los daños ocasionados – respondió Isaac casi de

inmediato.

   Alice entrecerró los ojos - no me estás ayudando- repuso antes de caminar hacia

uno de los camiones estacionados a lo largo de la calle, dejando a todos, salvo a Isaac,

con un gesto de exclamación insonoro.

   El caza dragones asintió con beneplácito y sacando un enorme rifle de su maleta lo

abrió de la pate de abajo para insertarle un pesado cargador mientras los habitantes del

pueblo avanzaban con velocidad hacia sus hogares para recoger lo necesario y

despertar a los pocos residentes de sueño pesado. Los movimientos de la gente eran

sumamente precisos y veloces, todo producto de las trágicas experiencias de

evacuación que habían sufrido millones de civiles alrededor del mundo durante casi

siete años.

   Carretas, autos e incluso camiones militares se llenaron con gente y de una manera

al más puro estilo inglés, con notable sequedad y orden, iniciaron su viaje hacia los

centros de resguardo civil. A la cabeza de la fila de vehículos se encontraba un camión

de dos y media toneladas bastante bien cuidado, que avanzaba velozmente hacia una

hermosa casa más propia de la vieja campiña inglesa que de uno de los nuevos pueblos

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británicos al norte de la India. De manera brusca, el camión se detuvo frente a ella

mientras su conductor se bajaba velozmente.

     - ¡Alice! - gritó uno de los hombres sentados en la parte posterior del camión - ¿A

dónde vas? –

     - ¡Tengo que ir por mi hermana! - respondió Alice sin siquiera voltear. Elizabeth

tenía demasiados defectos, pero su hermana jamás pensó que su sueño de piedra

pondría sus vidas en peligro, durante el tiempo de la evacuación era, de hecho,

reconfortante verla dormir tan plácidamente en las peores condiciones.



     El sonido del mar, junto al ruido de una vieja barcaza armonizando con la

monótona voz del océano, era lo único que se escuchaba y sobre esta, una delicada

silueta extendió su hermosa mano al tiempo que una voz, quizá demasiado bella como

para ser real, entonaba una canción en un lenguaje de tonos casi angelicales, Elizabeth

se encontraba frete a ella, mirando sus alrededores, dándose cuenta que se encontraba

de pie sobre un pequeño borde de piedra. La silueta de un vasto bosque a su espalda y

el mar frente a ella se mezclaban con una tenue neblina produciendo un paisaje de

indescriptible serenidad, pero Elizabeth solo sentía una incomodidad que se iba

incrementando entre más se le acercaba aquella bella mano.

     Elizabeth trató de calmarse lo suficiente para poder ver mejor a quién se le estaba

acercando, pero la niebla le impedía ver con claridad cualquier cosa a excepción de un

penetrante par de increíbles ojos violeta, cuya mirada atravesaba todo obstáculo hasta

ella. El miedo en ella fue creciendo, intentó alejarse, pero entonces notó que su cuerpo

no reaccionaba como ella quería. Antes que sucumbiera a la desesperación, aquella

mano tocó su mentón de una forma tan suave que le provocó una tranquilidad

absoluta, casi de inmediato. La mano se extendió hacia su mejilla izquierda y con un

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suave movimiento descendió hasta su cuello. Ahora, tranquilizada, Elizabeth pudo ver

mejor el rostro de tan misteriosa persona y con extraña sorpresa notó que a excepción

del color de los ojos, era igual al de ella en todo aspecto posible.

   Una leve sonrisa se formó en la boca de su extraña gemela al tiempo que cerraba

sus ojos y formaba un gesto de notable ternura - me estorbas – le dijo con una

pavorosa frialdad al instante que sujetó el cuello de Elizabeth con fuerza, con toda la

intención de matarla.



   Con un rugido seco, Elizabeth se irguió llena de terror. Pensaba en qué demonios

había sido todo eso. Ella nunca soñaba o nunca se acordaba de hacerlo, es decir, las

personas como ella solo caen cual rocas en una cama, pero ahora había sido diferente y

en medio de un mar de lágrimas, tomaba su cabeza entre sus manos, meciéndose

levemente en la cama, tratando de encontrar algún alivio para sus nervios al tiempo

que se decía una y otra vez que estos eran irracionales. Ella sabía que solo había sido

un sueño, increíblemente real, terriblemente real, pero aun así, solo un maldito sueño.

Una y otra vez se repetía eso en la cabeza, refugiándose de la pesadilla en un esquema

de interminables mantras, sin darse cuenta de lo que acontecía afuera en el pueblo.

   - ¡Vaga!, ¡despiértate! - gritó Alice al abrir la puerta de su cuarto, pero al verla

despierta le ordenó que se levantara y aventándole un abrigo verde obscuro, le pidió

que se lo pusiera y que la acompañara hacia el camión de carga enfrente de la casa. En

medio de confusión, Elizabeth solo tuvo tiempo de tomar un hermoso pendiente de

plata que se encontraba en la cómoda de su cuarto al tiempo que se ponía el abrigo. La

emergencia de la situación hacia que todas las peticiones se volvieran órdenes,

impidiéndole a Alice siquiera notar la expresión de terror y angustia de su hermana. En

menos de un minuto desde que Alice entrara a la casa, ella salía corriendo de la misma,

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jalando a otra muchacha de la mano y subiéndola consigo. Con esto, el pesado camión

continuaba su recorrido.



     Isaac corría en busca de un buen lugar para disparar sin ser avistado. Había dejado

la semioruga cerca de la entrada principal del pueblo, su vehículo era bueno, pero hacia

demasiado ruido, más que suficiente como advertir su presencia, lo mejor siempre era

ir a pie y disparar a una distancia considerable, esto aumentaba la dificultad del tiro

pero también incrementaba la seguridad del tirador. Además, en caso de fallar el

primer disparo tendría mayores posibilidades de hacer un segundo o un tercero.

Muchos animales se habían despertado por los rugidos, sin embargo su

comportamiento seguía siendo tranquilo, signo que aún no había ocurrido ningún

ataque, cosa que Isaac tenía muy en mente, pues aquella cosa podría estar en cualquier

lado, aunque no estaría escondida por mucho tiempo, ya que si había sido capaz de

llegar hasta ahí había sido a causa por el hambre, siendo lo más probable que comiera

lo más pronto posible.

     Por fin encontró un pequeño peñasco al extremo sur del complejo de granjas,

detrás de un conjunto de árboles, oculto como lo haría un lobo enorme. Sin perder

tiempo se subió a él haciendo el menor ruido posible y una vez arriba sacó una especia

de mira telescópica bastante robusta y la colocó sobre el enorme rifle PTRS-41, en

cuyo costado se encontraba una inscripción en letras doradas; “Saint George”, fijando

además un par de cables a un pequeño bulto al costado del arma, después se recostó

en la parte superior del peñasco y apuntó su rifle a la espera de cualquier cosa que

pudiera pasarle por enfrente. La expectativa ya no le era ninguna molestia, ya estaba

acostumbrado a ella, además había aprendido que entre más tiempo transcurriera antes

de la acción más oportunidad tenia para memorizar el terreno en caso que sucediera

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cualquier inconveniente que le obligara a escapar con rapidez.

   No pasaron siquiera cinco minutos cuando en la lejanía se vio algo demasiado

grande como para ser un animal de granja, de hecho como para ser cualquier animal

conocido, tenía la altura de una casa y una longitud mayor a la de un vagón de tren, no

se movía a una gran velocidad y eso le hizo pensar a Isaac que ese trabajo seria quizá

demasiado fácil. Él había sido capaz de matar dragones rojos, en incluso un par de

dragones negros, por lo cual estaba orgulloso. Además entre mejor fama tuviera, más

seguridad daba a sus clientes y por lo tanto, más podría cobrarles y a decir verdad eso

era lo importante.

   Pasando uno segundos, aquella cosa ya se encontraba lo bastante cerca como para

que Isaac lo pudiera distinguir mejor. Su vista era buena, pero no superior a la de todo

hombre y ciertamente no era mejor a la de un elfo cualquiera, pero para eso era el

extraño dispositivo que había colocado encima de su rifle, se trataba de un sistema

infra-rojo ZG 1229, mejor conocido como “Vampir”, creado por los alemanes en 1945

y perfeccionado por los franceses en el 47, justo en medio de la urgencia para igualar a

los antiguos en los combates nocturnos. Aquel sistema era un milagro tecnológico,

permitía al usuario poder ver en la obscuridad, capacidad que ni los antiguos poseían.

Por supuesto que no era perfecto, existía cierta estática en la mira, no se podían

distinguir colores y además era un aparato frágil, pero era lo suficientemente funcional

como para poder ver claramente su objetivo a la luz de luna y lo que vio le heló la

sangre.

   Dientes más grandes que los de cualquier dragón, un cuerpo demasiado robusto,

incluso para algo de ese tamaño, piernas largas parecidas a las de un ave, pero tan

gruesas como un par de troncos, brazos diminutos que parecían encogerse aún más en

presencia de una enorme cabeza, alargada en su punta pero musculosa entre más se

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acercaba al cuello, semejante a la de un pitbull sacado del mismo infierno. Aquel

monstruo era una horrenda mezcla de caracteres de reptil, ave y perro, no parecía

como algo que Isaac hubiera matado antes y con el primer vistazo casi pudo sentir que

aquello, fuera lo que fuera, parecía superar sus expectativas. Pero las apariencia podían

engañar, esa cosa no necesariamente debía ser tan temible como parecía, o por lo

menos esto era lo que Isaac se decía a sí mismo, aunque al mismo tiempo casi se

maldecía por haber creído que dos trabajos en dos días era el inicio de una racha de

buena suerte.

     Al acercarse más, la presencia del monstruo ocasionó pánico entre los animales,

provocando que la enorme bestia rugiera con fuerza al darse cuenta que había sido

descubierta. Isaac no lo pensó dos veces y motivado por la presencia de tal sonido,

apretó el gatillo.



     Aquel último rugido había ocurrido demasiado cerca y sin embargo se había

detenido casi de inmediato, como si algo, o alguien, hubieran cerrado la boca de la

bestia. Alice pensó que el mata dragones había cumplido con su misión, sin embargo

no existía una seguridad tal que le hiciera detener el camión y regresar al pueblo.

Llegando a un pequeño camino de concreto que terminaba en una entrada de acero a

las orillas del pueblo, Alice detuvo el vehículo y con firmeza hizo señas a los

conductores detrás de ella y a la gente a bordo de los camiones para que bajaran de

inmediato y entraran al refugio.

     El eco de un tiro cruzó el cielo nocturno antes de ser acompañado por un segundo

y luego un tercero, todo seguido por el rugido más terrible que se hubiera escuchado

en aquella parte del mundo. Parecía que la bestia no solo no estaba muerta, sino que

además estaba realmente encabronada. Sin perder un segundo, Alice tomó a su

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hermana del hombro y la empujó hacia el interior de la puerta de metal firmemente

empotrada en una diminuta ladera. Mientras regresaba a su camión a toda velocidad

sus vecinos le preguntaron qué sucedía, que a donde se dirigía.

   - ¡Tengo que ayudar al cazador, el monstruo sigue vivo! - dijo antes de meter la

reversa de su vehículo y dando un giro fuerte metió el acelerador a fondo, con

dirección a las granjas.



   Isaac corría como si estuviera escapando del mismo diablo en persona. Nunca

pensó que sus disparos terminarían siendo tan inútiles, mientras en su mente se

preguntaba cómo era posible que algo así pudiera existir sin que alguien lo hubiera

visto antes, es decir, aquel animal no solo resistió los disparos de un arma antitanque,

sino que lo había hecho con lo que parecían ser heridas previas. Y ahora, la enorme

bestia detrás de él se encontraba meneando bruscamente la cabeza de un lado a otro

tratando de sacudirse los ríos de sangre que salían de ella y que le impedían ver con

claridad a Isaac. A pesar de esto, la rabia brutal que le invadía le impulsaba igual que el

calor a un tren, haciéndole poner un pie delante del otro, impulsando la enorme masa

animal hacia el cazador.

   Por otro lado, la adrenalina que corría a través de las venas de Isaac le daba las

energías que necesitaba para llegar a su semioruga y en específico, a un arpón ballenero

fijado en la parte posterior de la misma. Pero a solo unos metros de su objetivo, sintió

como uno de sus pies lo traicionaba, haciéndolo caer al suelo y a la humillación. Su

terror pasó a segundo plano mientras su propia misantropía le orillaba a encontrar las

ironías de su propia muerte. Denotando la simpleza y hueca existencia de su vida

entera simplemente dio la vuelta hacia el animal, mostrando una extraña sonrisa y una

mirada fija en la sangre que brillaba a la luz de luna, como si esta le provocara

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fascinación.

     – ¡VEN MALDITA MIERDA!, ¡VEN Y TRATA DE MÁTARME! – le gritó con

desprecio, esperando que el maldito cerdo capitalista que él era, le provocara vómito a

la creatura.

     Una enorme mandíbula, como la de un perro de pelea, se abrió delante de él y

avanzado con rapidez mostraba la obscura muerte dentro. Pero Isaac no cerró sus

ojos, no mostró miedo por la muerte, para nada, lo único que mostraba era aquella

sonrisa casi como de una alegría maniática y una mirada perdida en el rojo que

empapaba el rostro del animal, por un segundo su mente se perdió en una imagen

olvidada y se vio a sí mismo frente a un espejo, con la cara y sus manos llenos de

sangre y su mirada fija en el reflejo de sus ojos. El rojo de la sangre era ya todo lo que

le importaba, quería sentirla, olerla, saborearla, no importaba si al final era la propia.

     De pronto, de entre los arboles un camión de carga se abalanzó hacia las piernas del

monstruo y dando un quiebre brusco de sus llantas, golpeó de costado al enorme

animal, haciendo que el camión quedara volcado en el acto, con la bestia encima de él,

gimiendo con furia en lo que intentaba levantarse.

     El mata dragones vio la escena desde el principio, pero solo cuando la bestia cayó al

suelo, su mente empezó a trabajar a un ritmo normal, obligándole a volver en sí.

Pudiendo ahora apreciar la totalidad del choque, no podía creer lo que estaba viendo,

no solo lo habían arrancado de las manos de un muerte segura, sino que alguien había

sido lo bastante idiota como para haber destrozado un camión en el proceso, aunque

no podía negar que se sentía sorprendido del arrojo de quien hubiera sido el

conductor, quizá incluso llegando al respeto, fuera quien fuera debía tener agua helada

en las venas, o por lo menos estar alcoholizado hasta las orejas. No paso mucho

tiempo para que desde adentro de la cabina del camión destrozado se irguiera una

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figura cubierta de polvo, que en medio de tos y quejas caminó hacia Isaac con torpes

trotes. Para Isaac la sorpresa fue más que grande al reconocer la cara de Alice.

   - Muévete – le dijo Alice al verlo de pie, totalmente quieto y sorprendido – esa cosa

no se quedara en el suelo toda la vida –

   Isaac no pudo evitar sentirse humillado, haber sido salvado por una mujer era quizá

el punto más bajo al que había caído desde que empezó con su trabajo de cazador,

pero tratando de priorizar las cosas que tenía que hacer, puso su machismo de lado y

sin perder tiempo la tomó de la mano y recobrando la postura le dijo – vamos, corre

hacia mi chatarra – señalando la dirección con su carrera.

   - ¿Qué? – respondió Alice en medio de una mezcla de sordera y sorpresa mientras

era conducida con jaloneos hacia un vehículo de color verde oscuro, con una especie

de signo raro pintado en el costado y con un par de cuernos de toro montados en la

parte superior del cofre, como una especie de tributo al mal gusto.

   Isaac dio un rápido vistazo a sus espaldas y se congeló al ver como la bestia

comenzaba a erguirse detrás de ellos, poniendo una pierna delante de la otra con

movimientos pesados, lentos pero firmes, irguiendo la cabeza mientras se escuchaba

como se iba agitando su respiración, poco a poco abría los parpados, fijando los ojos

en los autores de su dolor y del retraso de la satisfacción de su hambre.

   - ¡Con mil demonios! – exclamó Isaac al parecer dividido entre dos opciones, la de

conducir o la de arriesgarse con el arpón, en cualquiera de los dos casos quedaría con

posibilidades de perder.

   Alice notó el dilema de Isaac, viendo como giraba su cabeza hacia una especie de

cañón montado en alto en la parte posterior del vehículo y hacia la cabina este. Pero a

diferencia de él, ella pudo tomar una decisión rápida.

   - Tu dispara, yo conduzco – dijo sin vacilar.

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     Isaac la miró con sorpresa y le dijo con voz quejumbrosa - ¡Olvídalo perra!, ya vi

como manejas y has de estar operada del cerebro si crees que voy a permitir… -

     -¡Cállate de una vez imbécil y haz lo que te digo! – le interrumpió Alice mientras

corría hacia la cabina del pesado vehículo y se subía en ella.

     Entre maldiciones y lamentos internos, Isaac subió por detrás y tomó el mango del

lanzador arpones, en espera de un buen tiro. Ya sabía a qué se enfrentaba y no

permitiría perder la ventaja otra vez.

     - ¡Si realmente quieres conducir!, ¡Hazlo de una maldita vez! - gritó Isaac al ver

como la miserable bestia empezaba a correr hacia él.

     Con el sonido de un poderoso motor, las orugas del aparato comenzaron a moverse

con rapidez, produciendo un fuerte empujón en los dos ocupantes. Isaac tenía que

admitir que de una u otra manera Alice era una buena conductora, no cualquier

persona puede manejar un vehículo militar con aquella maestría y aún menos a la

primera. Después de aquel primer arrancón, el vehículo adelantó velozmente a la bestia

y el mata dragones pudo por fin obtener un buen respiro.

     - ¡Ve más despacio, entre más lejos estemos más me costará darle! - gritó Isaac,

justo antes de ver como la figura del animal aumentaba de tamaño de forma peligrosa,

acercándose cada vez más a la semioruga - ¡VE MÁS RÁPIDO MALDITA, NOS

ESTÁ ALCANZANDO! –

     “Cretino” pensó Alice, pero al ver la demoniaca figura tras ellos tragó saliva y pisó a

fondo el acelerador.

     Un segundo empujón golpeó a los ocupantes, pero al ser más ligero que el primero

Isaac pudo apuntar su arma hacia el hocico de la bestia. Quizá se tardó apuntando más

tiempo del debido, pero ya no estaba seguro de la potencia necesaria para poder matar

al monstruo, así que no quería dejar nada a la fortuna. Trató de mantener la calma,

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—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

esperando el momento justo, pero al entrar en la calle principal del pueblo la bestia

tomo fuerza y con un tremendo empuje, impulsó su pesada cabeza hacia adelante,

mostrando todo el interior de su boca, Isaac supo que era el momento oportuno y

apretando el gatillo con fuerza sintió el culatazo al tiempo que apenas pudo apreciar al

arpón saliendo con fuerza del lanzador.

   Un estallido salió por detrás de la cabeza del animal, haciendo saltar una pequeña

lluvia de sangre al momento en que el disparo hizo impacto en el interior de su boca,

con esto, la bestia paró en seco, tensando un cable que salía del final del arpón y se

sujetaba en la semioruga, forzando a ésta a detenerse también.

   Mientras trataba de mantener el control del vehículo, Alice pisaba el acelerador a

fondo con la esperanza de zafarse de la incómoda unión con el monstruo. Por otro

lado, Isaac trataba de mantener su posición, pero las sacudidas de su propio vehículo le

impedían, además, ver la situación con precisión.

   Finalmente, con un fuerte tirón, Isaac cayó al piso de la semioruga y al levantar los

ojos pudo ver como la bestia se erguía y chillaba de dolor mientras el arpón penetraba

la base de su mandíbula superior. La punta explosiva ya había hecho su trabajo pero

increíblemente la creatura seguía viva, aunque ahora ya mostraba signos de extrema

debilidad, contoneando su cabeza de lado a lado mientras trataba de mantenerse de

pie, pero lo que llamó la atención de Isaac era que por ningún lado se veía la punta del

arpón, aquello solo significaba una cosa, que este se encontraba a medio camino entre

una cabeza y la superficie.

   - ¡Mete la reversa! – le gritó Isaac a la conductora.

   - ¿¡Que!? – respondió Alice en un tono que no se distinguía entre la sordera o el

asombro.

   - ¡QUE TE HECHES PARA ATRÁS MUJER! –

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

     Quizá fue la tensión, o un sentir honesto de confianza hacia Isaac, pero Alice no

tardó siquiera un segundo en poner la reversa y metiendo toda su fuerza en el pie, se

lanzó directamente hacia atrás. Hacia la enorme bestia a sus espaldas. Isaac, al ver a la

semioruga dirigirse hacia la bestia, tomó su rifle y lo apuntó hacia enfrente, en espera

del momento oportuno. Con una gran fuerza el pesado aparato impactaba sobre las

piernas de la enorme creatura al momento que Isaac disparaba dos rápidos tiros hacia

las rodillas del animal. Y en el momento justo, cuando el vehículo pasaba por sobre

una gran mole a medio caer, Isaac saltó hacia los arbustos que se asomaban como

temerosos al lado de una casa.

     Como si todas las energías de su interior le hubieran colapsado de tajo, el

monstruoso animal caía bajo el peso de sus terribles heridas. Justo al momento del

impacto, el arpón golpeo el suelo y con un sonido semejante al romper de una

calabaza, salió por la parte superior de su cabeza, atravesándosela por completa. Los

ojos de la bestia se abrieron de manera tal, que se distinguieron las pequeñas pupilas

agonizantes, solo segundos después, el cable, aun sujeto tanto al arpón como a la

semioruga, jaló a la bestia mientras detenía el retroceso del vehículo. Con un último y

lastimero rugido, la cabeza del monstruo fue arrastrada violentamente hacia atrás justo

cuando Alice detuvo al blindado. La conductora ahora bajaba de la cabina mientras

Isaac se acercaba al animal, por fin, claramente derrotado. Entre llantos como los de

un perrito herido, la enorme creatura era bañada en los riachuelos de su propia sangre,

que le brotaban de todas partes, especialmente de su cabeza.

     Alice se acercó a la bestia, poniendo atención en sus ojos lastimeros, sintiendo

cierta pena por la creatura. Ella se dio cuenta que aquella cosa era simplemente un

animal y solo eso, por supuesto que era en verdad horrible, pero no había forma que se

le pudiera clasificar como culpable de sus actos, al menos no del mismo modo en que

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—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

se juzga a los hombres, al final no era otra cosa, sino un lobo, o un tigre gigantesco.

Mataba, vivía de matar, pero el hambre era una razón muy diferente a las que

utilizaban los antiguos o los hombres para justificar las matanzas que en esos

momentos se llevaban a cabo. Pero al mismo tiempo, ella también sabía que si bien

inocente de su propia naturaleza, algo de ese tamaño era realmente una amenaza para

cualquier poblado. Por otro lado, empezaba a sentir algo de respeto y admiración por

el hombre que ahora se acercaba a la bestia para dar el tiro de gracia, pero no hacia su

persona, para nada, sino más bien hacia el trabajo que había realizado. Tenía que

admitirlo, el cazador había puesto a prueba su fama y de una u otra manera la había

confirmado.

   - Tengo que decir que estuvo bien – dijo Alice con calma.

   - Si te soy honesto, no puedo decir que haya tenido trabajos peores – respondió

Isaac mientras recargaba su rifle - ¿y tú qué?, ¿dónde aprendiste a conducir así? – le

preguntó.

   - Manejo camiones de carga. A veces llevo suministros y municiones a las líneas de

defensa que se encuentran al norte, era eso o ser remachadora. Es por la demanda de

hombres en el frente, ahora no es nada raro que las mujeres hagamos trabajos de ese

tipo –

   Isaac solo la vio a los ojos antes de bajar la cabeza y sentarse a un lado del inmenso

cadáver. Sin hacer nada más, puso sus manos detrás de su cabeza y estirándose dijo

con ironía – todo sea por la gloria de Inglaterra ¿verdad? Dios salve a la reina, ¿no? –

   Pero sin decirle cualquier cosa, Alice se limitó a volver a la semioruga.

   - ¿A dónde crees que vas? – preguntó Isaac con seriedad, sin siquiera voltear a ver a

Alice.

   - Solo voy por los demás, vuelvo en un momento. No te preocupes por tus cosas,

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

no pienso robármelas – respondió Alice en el mismo tono.

     Después que la semioruga desapareciera en la obscuridad, Isaac se quitó los goggles

y los guardó en su bolsillo mientras observaba con más detalle al animal muerto a sus

espaldas, levantó el puño derecho y le dio un golpe cerca de la cabeza, dándose cuenta

de la dureza del cráneo del animal, “con razón” pensó de inmediato. A lo largo de los

años había aprendido bastante sobre los animales y monstruos a los que mataba por

dinero, incluso cosas apenas conocidas o estudiadas por los biólogos y paleontólogos

supuestamente motivados por la búsqueda de conocimiento sobre la nueva gama de

especies del continente antiguo, como por ejemplo, que los dragones a pesar de su

fama de poseer cuerpos duros como el acero y a pesar de su aspecto sólido, en realidad

poseían en la mayoría de los casos, un cuerpo de complexión compacta y de solo

presentar una coraza similar a la de los cocodrilos y ésta, ubicada únicamente en la

parte superior del animal, además de tener huesos huecos, muy similares a los de las

aves, esto, suponía Isaac, para facilitar el vuelo del animal, aunque los dragones

terrestres también presentaban dicha estructura ósea. Por otro lado, todos los tipos de

dragones que conocía, tenían cráneos que presentaban una configuración muy liviana,

con los dientes muy reducidos y casi fusionados al cráneo, esto porque según el

cazador, al tener la habilidad de cocinar la carne de sus presas podían masticarla,

tragarla y digerirla con mayor facilidad, quitándose la necesidad de tener complejos

sistemas digestivos que aumentarían, aunque fuera un poco, su peso. Pero el animal

que acababa de matar era totalmente diferente, en primera sus huesos eran

increíblemente macizos, casi tan duros como una piedra, eso explicaba porque un

arpón ballenero de punta explosiva no había logrado penetrarle el cráneo por

completo, cuando al de a un dragón lo hubiera hecho pedazos, además era obvio que

se trataba de una creatura terrestre y por lo tanto la pérdida de peso tal vez le era

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menos importante que para un animal volador, pero cuando empezó a fijarse más en

los detalles que tenía cerca, observo la enorme cantidad de heridas y cicatrices que

portaba el animal, pero de entre todas ellas, unas en especial le llamaron la atención,

parecían ser una serie de quemaduras en el hocico de la bestia, alineadas de manera

bastante peculiar, casi como si alguien las hubiera hecho con un soplete, pero en este

punto, sentía como la tensión acumulada por la cacería no desparecía con la suficiente

rapidez como para dejarle pensar de una forma relajada, así que mientras empezaba

con un par de ejercicios de respiración, sacaba una pequeña licorera plateada de su

bolsillo, dándole un par de tragos al contenido mientras veía hacia donde se había

dirigido Alice.

   - Idiotas – dijo mientras pensaba en los lugareños que vendrían en poco tiempo, los

cuales por cierto deberían entregarle su dinero.



                                              …



   El refugio era sombrío y algo pequeño para el grueso de las personas ahí reunidas,

las capas de lámina de hierro puestas entre capas de hormigón y alambres, daban al

lugar no solo una estructura de paredes gruesas y complexión maciza, sino además una

buena protección contra la magia, pero sobre todo eso, su mejor cualidad era que

poseía la característica de hacer aterrizar a las personas a la realidad. En un lugar de esa

naturaleza era muy difícil fantasear. Y así estaba Elizabeth, volviendo completamente

en sí, recobrando poco a poco la noción de lo que estaba ocurriendo a su alrededor,

arrinconada, sentada en el suelo, abrazando sus piernas y ocultando la mitad de la cara

detrás de sus rodillas mientras una línea de lágrimas secas pintaba brillo en su cara,

desde sus ojos hasta su cuello. Se preguntaba del porqué de la ausencia de su hermana,

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

no debería de haberla abandonado, pero lo hizo. Si bien ya se había acostumbrado

hasta cierto punto a estar en lugares similares después de meses de reubicaciones y

huidas rápidas, ahora sentía una especie de depresión al verse sola, sin la compañía que

siempre había estado a su lado en todas esas ocasiones. Casi todo el resto del mundo le

era indiferente, pero lo que tenía que ver con Alice era distinto, ella era la única

persona cuyas críticas o halagos realmente le importaban, pues después de todo,

parecía que se le había desarrollo algún tipo de dependencia, ahora, solo al lado de

Alice podía sentirse segura. Movía sus ojos de un lado a otro, tratando de encontrarla,

pero por más que buscaba no la veía por ningún lado, como si solo la hubiera dejado

allí, sentada, olvidada, sin otra cosa que hacer más que el estar pendiente de su regreso,

una parte de su cerebro trataba de calmarla diciéndole que no se preocupara, que Alice

regresaría pronto para juntas volver de nuevo a la casa.

     - ¿Por qué tan sorprendida?, ¿acaso no sabes que a nadie le importas? – le decía una

voz en su interior, una voz muy distinta a la suya y a la vez demasiado propia.

Elizabeth quería evitarlo, pero de alguna manera, aquellas palabras volvían y se

repetían en su cabeza de manera constante, deprimiéndola una y otra vez al tiempo

que trataba de pensar en cualquier otra cosa, pero al darse cuenta que la inactividad

solo le facilitaba a aquellas voces el provocarle tristeza, decidió levantarse y caminar.

     - ¿Alice aún no ha regresado? – preguntó un hombre casi en el otro extremo del

refugio, haciendo que Elizabeth corriera hacia él para escuchar mejor cualquier cosa

que dijeran sobre su hermana.

     - ¿A dónde fue mi hermana? – preguntó Elizabeth al llegar con quien había hecho

la primera pregunta.

     No hubo sorpresa en la ignorancia de la joven, su fama le precedía, pero tampoco

hubo respuesta, quizá por el miedo de expresar la propia ignorancia. Desde atrás, una

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—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

cálida mano tocó el hombro de Elizabeth haciéndola voltear hacia un caballero vestido

con una bata color vino y de aspecto fino, quién la miraba fijamente. A través de sus

bigotes se denotaba una sonrisa sincera y en sus cansados ojos se podía ver la aquella

ternura que solo proviene de los abuelos. Elizabeth tardó solo un instante en

reconocerlo, era el viejo a quien le había preguntado la hora cuando apenas estaba

anocheciendo.

   - Parece pequeña, que tu hermana es la persona más valiente en todo el pueblo – le

dijo con calma al tiempo que elevaba un poco la voz para que todos lo escucharan - no

te preocupes, estoy seguro que volverá pronto – continuó.

   Elizabeth se tranquilizó por aquellas palabras y con una dulce sonrisa dio las

gracias.

   Un par de jóvenes, motivados tal vez por la culpa expuesta, se levantaron con todas

las ganas de salir y hacer algo. Pero al abrir la puerta del refugio se encontraron con la

imagen de un blindado ligero avanzando hacia ellos, seguido por la impresión de ver a

Alice bajar del mismo. Por su parte, ella solo se dignó a verlos sin expresar gusto o

sorpresa alguna y con toda la clama del mundo procedió a entrar al refugio. Una vez

dentro, caminó directo hacia un pequeño peldaño al fondo y con una voz fuerte dio a

conocer que el pueblo era seguro.

   - Al parecer, si era un cazador de dragones después de todo – dijo a la mujer que se

encontraba sentada delante de ella, la misma que hace un par de horas había expresado

sus dudas sobre la identidad de Isaac y sin más que decir bajó del peldaño y dio una

exhalación de alivio, justo antes de volverse a subir al escalón, ahora con una expresión

llena de angustia, girando la cabeza en todas direcciones, buscando la figura de su

hermana.

   - ¿A quién buscas? – le preguntó Elizabeth mientras se le acercaba por detrás,

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

llamando la atención de Alice, quién llena de gusto dio la vuelta para encontrase cara a

cara con hermana. Sus ojos se llenaron de lágrimas, pero su semblante y su voz

permanecieron serios cuando se le acercó y le dijo lo preocupada que estaba y tras un

segundo de mirarse, las dos simplemente se abrazaron.

     Con gestos alegres, la multitud salía a través de la puerta del refugio, subiéndose a

los vehículos, listos para volver a sus casas.

     La salida del sol aún se encontraba lejos cuando las dos hermanas salieron juntas del

refugio. Elizabeth empezaba a recobrar su habitual estado de alegría sin bulla, pero al

mismo tiempo empezó a recordar la angustia que había sufrido al despertar, las

imágenes de pesadilla volvieron a su mente en apariciones rápidas, primero el mar,

luego el bosque, después la figura sobre la barcaza y al final, aquellos ojos violeta, fijos

en ella, clavados en ella, como intentando penetrarle el alma. La respiración de

Elizabeth se agitaba más y más, pero no lo suficiente como para llamar la atención,

lentamente se llevó la mano al cuello, acariciándolo suavemente con sus dedos, de la

misma forma en que lo había hecho aquella mano en su sueño, casi sintiendo una vez

más su calidez y su ternura, las mismas que fueron reemplazadas por una horrible

sensación de frio y terror cuando pareció convertirse en una garra, aferrando sus uñas

a la carne, tratando de estrangularla. El recuerdo se estaba empezando a volver

demasiado real, al punto que sentía como le estaba faltando la respiración, giró la

cabeza bruscamente hacia Alice, pero cuando vio la sonrisa que ésta le presentaba

empezó a calmarse, viendo como las imágenes en su cabeza perdían su fuerza,

quedando ahora solo como malestares que parecían pequeños ante la incomodidad que

sentía su cuerpo por la falta de sueño. Al principio quiso contarle a Alice sobre ellas,

pero decidió que sería mejor guardárselas por un tiempo, al menos hasta que todo

recobrara su curso normal, o hasta que las mismas ya no le produjeran semejante

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—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

tensión. En cualquier caso, pensó ella, solo ocupaba una buena taza de té para relajarse

por completo.

   Una caravana de camiones y otros vehículos se acercaba tranquilamente al pueblo,

donde todo parecía estar tranquilo y con las casas y demás edificios totalmente

intactos, muchos habitantes sintieron que habían hecho el ridículo al salir del pueblo ya

que evidentemente no nada malo había ocurrido allí. Pero esta primera impresión

cambió repentinamente al ir avanzando y encontrarse al horrendo animal muerto,

tirado al costado del camino. Quienes vieron al cadáver se sintieron más que aliviados

de saber que habían optado por la decisión correcta.

   Al ver la gran cantidad de transportes que regresaban al pueblo, moviéndose por el

camino igual que una gigantesca serpiente, Isaac se levantó, mostrándose no solo

digno, sino victorioso, con una macabra sonrisa de éxito recorriendo su boca de lado a

lado y levantando uno de sus pies, lo puso sobre la cabeza de la bestia muerta al

tiempo que sujetaba su inmenso rifle, parecía que la pose de Isaac era más por reflejo o

costumbre que por llamar la atención, aunque esto último también podía ser el motivo

principal ya que la fama le atraía trabajo, sin embargo aquella postura, que en cualquier

otra circunstancia pudiera haber sido fácilmente descrita como ridícula, ahora era digna

de una fotografía y de hecho no paso mucho tiempo para que el viejo tabernero

apareciera con una cámara y tomara un par de fotos, capturando lo que tal vez sería

recordado en todo el pueblo como una “victoria en el frente casero”.

   - ¡Usted realmente es Dreadnought! – le dijo el hombre al bajar la cámara.

   Otro caballero se acercó al cazador y extendiéndole la mano se presentó como el

alcalde de New Exeter, tras lo cual le dio un enorme abrazo. Isaac no pudo disimular

el asco, que por suerte no fue percibido por los presentes, mientras un par de personas

también le abrazaban, algunas más salieron de sus casas con cámaras y otra más salió

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

para darle una botella de vino al cazador y darle una sarta de agradecimientos en

francés. Todo aquello no era raro, la combinación de odio y miedo que había

producido la guerra se equilibraba con las exageraciones que producía cualquier

sentimiento de triunfo o venganza hacia el maldito Ávalon.

     Una semioruga se acercaba serenamente, deteniendo su paso ligero al llegar junto a

Isaac. Alice bajaba con calma mientras Elizabeth se apresuraba para ver a la creatura

muerta, buscando alguna vara con la cual pudiera picarle. Isaac se movió rápidamente

hacia Alice y con un leve movimiento se posicionó entre ésta y su vehículo y Alice,

retirándose pacíficamente, sonrió al pensar en lo infantil que podía ser la actitud del

cazador.

     - Hice el trabajo – dijo Isaac señalando el cadáver – así que quiero mi dinero tal y

como se acordó - continuó al tiempo que ahora extendía su palma hacia la multitud.

     La actitud de toda la gente cambió un poco, si bien no mostraron un gesto de enojo

o incomodidad, este definitivamente ya no era de alegría, todos a excepción del

tabernero, quién por su parte le pidió a Isaac que se quedara un tiempo más, por lo

menos en lo que le preparaba una pequeña celebración en su pub, con cerveza gratis

para él por supuesto. Isaac, con una amabilidad mecánica, respondió al hombre que

esto no podía ser, ya que no acostumbraba a quedarse donde había realizado un

trabajo, aunque en realidad lo hacía como un medio para evitar reclamaciones

indeseables por propiedad destruida.

     Pasando unos minutos de silencio, el alcalde del pueblo se acercó a Isaac con un

maletín de piel y el rostro de Isaac mostró una sonrisa de satisfacción casi de

inmediato, su dinero no solo estaba listo, sino que además le era entregado en una

maravillosa presentación y con la ausencia de quejas, esto daba como resultado que

Isaac empezara a creer que era el mejor de sus trabajos. Dando una mirada de reojo al

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cielo pensó en agradecerle, por primera vez en su vida, al mismo Dios en persona al

tiempo que se reía de cualquier concepto de equilibrio universal. Todo había salido

más que bien, dinero y tranquilidad, sumado a la oferta de conseguir un par de

cervezas gratis. Pero las buenas ironías de la vida siempre ocupan ser precedidas de un

poco de suerte para surtir el efecto desmoralizante que tanto las caracteriza.

   - ¡Espera un momento cazador! - le dijo enérgicamente Alice – te recuerdo que tú

no hiciste el trabajo solo –

   Por un momento los ojos de Isaac se abrieron con espanto, solo para centrase de

inmediato en Alice con notable rencor – ¿cómo? – preguntó con voz áspera.

   - ¿Tú qué crees?, lo acordado fue que se te darían 30,000 libras por matar a esa

cosa, pero yo te ayude, además mi camión salió dañado cuando te salve la vida, así que

creo que soy más que merecedora de recibir la mitad de la paga –

   - ¡Dije desde el principio que no iba a ser responsable de daños colaterales! – refutó

Isaac con una voz que se volvía en exceso agresiva, podía sentir como la ira se le iba

acumulando en su interior su cuello y en como todo su cuerpo se tensaba, pero no era

consciente de como su mano derecha se movía con una extraña lentitud hacia atrás,

pero justo cuando sus dedos empezaban a enrollarse en el mango de una bayoneta que

guardaba en su espalda, sintió como el alcalde se le acercaba por detrás, ansioso de

escuchar la respuesta de Alice mientras abrazaba con fuerza al maletín, indeciso de qué

hacer con él.

   - Nadie te esta cobrado el camión, idiota – respondió Alice con una sonrisilla

maliciosa mientras la gente cerca de ella se sorprendía de escucharla hablar de esa

manera – lo que te estoy diciendo es que mi ayuda fue tan valiosa como la tuya, a la

bestia la matamos los dos, por lo que merezco una parte proporcional del pago –

   La mano de Isaac se seguía tensando y deslizándose por el mango de la bayoneta,

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

apretándola cada vez más con más fuerza, pero antes de sacarla de su funda, el cazador

sintió el temblor de sus brazos, lo que le hizo recuperar la conciencia de sí, al menos lo

suficiente como darse cuenta de lo que estaba haciendo, de inmediato trató de

relajarse, viendo como sus manos seguían temblando por la ira, la cual poco a poco

comenzó a ceder ante el miedo. Con mucho cuidado alejó la mano de la espalda y

alargándola hacia Alice la señaló con furia mientras exclamaba - ¡si no hubiera sido por

mi esa cosa seguiría viva! -

     - Y si no hubiera sido por mí, tú ya estarías muerto. Acaso vas a hacer un escándalo

de esto, ¿o es que el famoso Dreadnought no pose el valor suficiente para aceptar que

necesitó de la ayuda de una hermosa señorita? – indicó Alice de manera rápida y

tranquila, sin notar siquiera como el rostro y la voz de Isaac se volvían tensas, casi

iracundas.

     “Hermosa la tu puta madre” pensaba él.

     - Creo que la señorita Harker tiene razón – dijo el alcalde a Isaac.

     - Cállate imbécil - respondió Isaac con un tono muy bajo, como si estuviera

hablando consigo mismo. Hacia lo mejor que podía, pero la constante avalancha de

voces le irritaba. Bajó las manos y apretó los puños, fijando su mirada en cualquier

cosa que no fueran los rostros de las personas e intentó mantener una postura

calmada, pero Elizabeth, que había dejado de jugar con el cadáver y ahora se

encontraba de pie junto a la multitud, notó como boca del cazador se torcía

ligeramente y el parpado inferior de su ojo izquierdo brincaba erráticamente casi al

ritmo del temblor de sus manos.

     Quizá la falta de luz le impedía a los demás ver lo mismo, Elizabeth creyó ser la

única, pero al ver a su alrededor vio como el tabernero también fijaba sus ojos en la

cara del cazador, mostrándose nervioso, como si algo malo estuviera sucediendo y sin

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—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

perder un segundo más dio un paso largo y se puso delante de Isaac - ¡compañeros,

esto no nos está llevando a ningún lado!, así que ¿por qué no continuamos con lo que

dejamos pendiente y volvemos a la cantina? –

   Por supuesto que el comentario del hombre era recibido con desdén, por decir algo,

algunos lo vieron como un comentario totalmente fuera de lugar, aunque otros

parecieron recibir la propuesta con bastantes ánimos. Sin embargo, al tabernero eso le

importaba un bledo, él solo aprovechó el momento de sorpresa para darse la vuelta y

tomar a Isaac por los hombros – ¡muchacho cálmate! – le dijo en voz baja - ¡el dinero

no es más importante que tu salud! –

   Isaac lo miró con detenimiento, poniéndose claramente más tranquilo, pero

rápidamente se quitó las manos del tabernero de encima, lo cual pareció no molestarle

al hombre y dándose vuelta, abrió la puerta de su vehículo, pero en lugar de subirse,

alargó la mano izquierda, arrojó su rifle al interior y volteando después hacia la

multitud asintió.

   Alice asintió también, en señal de aceptación y sin añadir cualquier otra cosa,

caminó hacia su hermana, la tomó del brazo con suavidad y se la llevó en dirección a

su casa, Elizabeth solo volteó un segundo, centrando su vista en el cazador, nerviosa

por lo que había visto, sintiendo además, curiosidad por aquel extraño hombre, quieto,

de pie, silencioso, totalmente contrastante al ambiente que lo rodeaba, como si fuera

un elemento extraño en una pintura ajena.

   Isaac tomó un poco de aire y dirigiéndose al tabernero bajó los hombros y le dijo

con voz derrotista – creo que si me quedare un rato más - a lo que el ancho señor

respondió con una amplia sonrisa.




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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

                                             III

                                    LA NUEVA PRESA



     Continuaba la noche siguiente y en la taberna, las sillas empezaban a escasear y los

tarros sucios empezaban a amontonarse y en medio de la barra, el joven cazador se

encontraba con un tarro en la mano y una sensación de deja vú en la cabeza. “Malditos

ebrios” pensaba para sus adentros mientras levantaba su cerveza y le daba un enorme

trago seguido de un ruidoso eructo que era silenciado por el océano de voces y risas al

interior del lugar, mientras todo hombre, mujer o niño que se le acercaba, era

ahuyentado por su extrañamente pasiva y diabólica mirada, por lo que era de esperarse

su eterna soledad. Pero a pesar de esto, la cerveza estaba surtiendo su efecto e Isaac

ahora ya se encontraba más tranquilo, casi sereno, pero aún sentía como si vida fuera

un mal intento de novela, del cual quería matar al autor.

     El tabernero, quién terminaba de servir una ronda más a un grupo de feligreses,

aprovechó el breve momento de descanso para acercarse al cazador - ¿Cuánto tiempo

estuviste en el frente hijo? - le preguntó, pero al no recibir respuesta insistió - huiste

del ejercito ¿verdad muchacho? –

     Isaac siguió sin responderle, es más, ni siquiera se dignó a devolverle la mirada.

     - Puedes decírmelo, no andaré con el chisme. ¿Sabes?, cuando era joven deserté una

vez – insistió el tabernero, tratando de sacarle al menos un par de palabras a Isaac.

     - Bien hecho, solo un imbécil pelea por alguien más que no sea él mismo –

respondió Isaac al fin.

     - Dime hijo ¿hace cuánto tiempo que te saliste? –

     Isaac lo miró al fin, esbozando una mirada burlona y le dijo – te equivocas viejo,

jamás he estado en servicio –

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   El tabernero asintió, pero al mismo tiempo se mostraba intrigado. Tal vez el

muchacho mentía, si lo hacía tendría sus razones, eso podía entenderlo, pero el

comportamiento que el cazador había mostrado durante la discusión, era muy común

entre los hombres que habían resultado traumatizados en la guerra, muchos incluso

terminaban suicidándose, esto por supuesto era escondido del conocimiento público

por el ministerio de propaganda, pero un viejo soldado como él reconocía aquellas

cicatrices que solo quedan en la mente de los hombres, como daños que permanecen

grabados de forma permanente en el alma, mutilándola para siempre, cambiando la

manera en se vive y se ve el mundo. Pero, ¿y si no?, que tal si el joven en la barra decía

la verdad y jamás hubiera estado en combate, en ese caso, cuáles serían las razones de

tal comportamiento, “tal vez la guerra no era la única forma de marcar tan

profundamente a un hombre” pensó el tabernero antes de mirarlo una vez más y darse

la vuelta para seguir satisfaciendo la demanda de tragos.

   Isaac continuaba bebiendo, aislado de todo contacto humano, cuando de entre la

multitud una delicada figura de cabellos dorados se le acercó y para su propia sorpresa,

se sentó a su lado. Isaac volteó con la mirada habitual, pero en lugar de ver la también

habitual huida, lo que recibió fue una sonrisa de amabilidad y una exclamación de

admiración.

   - ¡¿Tu eress el cazzador de ddragones?! - le preguntó la joven, esbozando un cierto

acento de ebriedad.

   - Si – respondió Isaac con el mismo tono con el que se dicen maldiciones, con la

esperanza de alejar a la molesta compañía.

   - ¡Guau!, eress grand…ioso. Es decir, yo nunca prodia hacer algo tan genial… es

decir, una vezz intente matar a unaraña, pero me ssaltó a la cara. Y otro día, golpie a

un shivo en la cara, y ezte me empezó a perseguir… – la chica hizo una leve pausa y

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

luego continuó – pero me alcanzzó –

     En medio una inaguantable carcajada, Isaac se quedó asombrado, poca gente le

había dado tanta gracia como aquella joven, en realidad ya había conocido a un sin fin

de idiotas pero la mayoría de ellos carecía de aquella gracia natural, en su lugar

mostraban más bien una especie de idiotez forzada, algo así como el producto de una

desinformación institucionalizada, casi como un diploma de bestialidad por parte de

una buena universidad - ¿cómo te llamas? – le preguntó entre risas.

     - Me shamo Elizzabeth – respondió la joven con un gesto tan bellamente dulce que

hizo que Isaac se abochornara un poco – a mí me gustaría ser tan fuerte como tú, para

poder cazar monstruos y balear a medio mundo, así hubiera podido haber ayudado a

mi padre – continuó con un tono de tristeza.

     Isaac sintió cierta afinidad por su nueva compañía, misma no se permitiría

mostrarla, pues creía que andar enseñando emociones era el tipo de cosas que solo las

mujeres o los maricas hacían, sin embargo no pudo notar como su voz y su semblante

se tornaban más tranquilos, casi amistosos al lado de Elizabeth.

     - ¿Qué le pasó a tu padre? – preguntó.

     - Murió por los ataques sobre Inglaterra, buenos, no por ellos, no directamente,

sino que se quedó cansado y luego murió en un barco, mientras huíamos. Es como si

alguna parte de él se hubiera muerto en las islas y al viajar, lo hubiera hecho con medio

cuerpo. Lo único que me quedó de él fue este colguije de plata. Era de mi madre –

decía mientras tomaba un pequeño objeto brillante con mucho cariño.

     - Parece valioso – señaló Isaac antes de tomar otro trago de su cerveza.

     - Si, mi papá se lo regaló con mucho cariño – respondió Elizabeth antes de bajar la

cabeza y quedarse en silencio mientras Isaac bajaba el tarro, pensando en que aquella

era una respuesta a una pregunta que nadie había hecho.

78
—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

   Las puertas de la taberna se abrieron y entre aplausos y gritos de felicitación, Alice

avanzaba entre la concurrencia. Ella hubiera querido ir a los cuarteles de la guardia

local para averiguar el motivo de su ausencia, pero con su camión destrozado y con la

presencia de varios voluntarios que amablemente se ofrecieron para hacerse cargo del

cometido, ella decidió que ya había tenido demasiada acción para un día, por lo que era

merecedora de un buen descanso. Uno de los presentes le pasó un gran tarro con

cerveza mientras colgaba su abrigo, pero ella lo rechazó amablemente. En ese

momento todos recordaron que Alice no bebía, ni siquiera ante la insistencia de todo

el pueblo, pero ante un ambiente tan jovial decidió pedir un café para unirse al brindis,

tras lo cual se acercó a Isaac.

   - ¿Y? – Isaac le preguntó apenas avanzaba hacia él.

   - Y qué ¿Qué? –

   - ¿Qué harás con mi dinero? – reiteró el caza dragones con cierta energía.

   - Reparar mi camión y el resto se lo devuelvo al pueblo – contestó Alice con calma

antes de darle un sorbo a su café – es mi dinero y hago con él lo que quiero -

   - Vaya, estoy ante una verdadera altruista, entregas tu dinero al pueblo y tu tiempo a

Inglaterra. Hubiera jurado por un momento que eras más inteligente, por lo menos

más que el resto de estos pendejos con los que compartes el aire –

   Alice no respondió nada, ni siquiera se inmutó ante lo dicho, así que Isaac no pudo

determinar si su silencio era por enojo o porque ella simplemente no daba importancia

a lo que él decía.

   Isaac agachó la cabeza y arremedó a Alice antes de terminarse su cerveza, mirándola

fijamente mientras empinaba el tarro, pero sin sentir aquellas ansias que había sentido

hace rato. Paradójicamente, le era más fácil controlarse cuando se encontraba bajo los

efectos del alcohol, quizá por eso procuraba tomarlo con regularidad.

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

     Alice, sin moverse de su lugar, terminó su café y pidió un segundo - ¿y tú, que vas a

hacer ahora?, si me ayudas a reparar el camión te devuelvo parte del dinero, sé que lo

quieres, así que no me vayas a decir que la mecánica no es lo tuyo –

     Isaac no contestó y Alice intuyó que su negativa correspondía a una venganza de

proporciones patéticas, así que sin decir nada más se retiró de la barra y se dirigió hacia

un grupo de hombres que jugaban dados. El cazador por su parte, había logrado

controlar su tensión ante ella, así que en una especie de minúscula celebración dio otro

trago a su cerveza, disfrutando su sabor. Al bajar el tarro volteó a su derecha y vio a la

muchacha de cabellos rubios con la cabeza todavía agachada, aún en silencio. Intrigado

se le acercó un poco, notando de inmediato como un leve sonidillo brotaba de ella con

un ritmo curioso. Al arrimarse un poco más pudo escuchar claramente, a pesar del

ruido del lugar, unos leves ronquidos. La joven se había quedado dormida.

     Isaac sonrió levemente, pensando como aquella muchacha era como una especie de

comedia ambulante, todo lo que hacía poseía gracia y lo mejor del asunto era que

parecía no importarle, de hecho actuaba totalmente libre, como si lo que dijeran o

pensaran los demás le valiera pura basura.

     - Chica rara – le dijo al tocarle el hombro, moviéndola ligeramente - ¡Ilse! –

continuó con un tono más fuerte al ver que la muchacha no despertaba. Pero al ir

aumentando la fuerza del movimiento, Elizabeth abrió los ojos y con un movimiento

brusco levantó la cabeza, girándola hacia todas direcciones, como si buscara algo, pero

al voltear hacia Isaac le sonrió y le saludó antes de volver a agachar la cabeza.

     Isaac, molesto consigo mismo por el fallido intento, repitió el procedimiento

anterior, logrando que Elizabeth despertara de manera muy similar, pero antes que se

pudiera dormir de nuevo la giró hacia él, la tomó por los hombros y le pidió que se

fuera a dormir a su casa. Elizabeth pareció escucharle con atención, con su perpetua

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—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

sonrisa movió la cabeza en signo de aceptación y levantándose entre tumbos caminó

hacia la puerta. Isaac no le despegaba sus ojos, ya que una parte de él realmente

deseaba que llegara con bien a su casa, así que cuando ella desapareció de su campo

visual, Isaac pudo regresar la mirada hacia el frente de la barra, solo para escuchar un

golpe en la ventana del bar y ver, a través de un espejo, la silueta de una joven inmóvil,

recargada en el vidrio.

   Con cierta expectativa de lo que habría de encontrar, Isaac salió de la taberna para

confirmar sus sospechas; Elizabeth era quien, dormida, había golpeado la ventana. El

cazador se acercó a la bella durmiente, moviendo la cabeza en signo de negación y con

un suave movimiento la despertó al tiempo que la recargaba sobre sus hombros.

   - ¿Dónde está tu casa? – le preguntó con suavidad.

   Ella, sin alzar la cabeza, respondió levantando la mano hacia el frente y con esto,

ambos empezaron una caminata que duraría un rato, mientras Isaac sostenía a

Elizabeth y Elizabeth era despertada de vez en cuando para señalarle el camino. Al

llegar a una hermosa casa al lado del camino, Elizabeth indicó que esa era su destino,

por lo que procedieron a entrar, después de que con movimientos lentos y algo torpes

la muchacha pudiera abrir una puerta de madera decorada con bellos arreglos.

   El interior de la casa era bastante elegante, no por la fineza de los arreglos, sino por

la dedicación con la que habían puesto las cosas en su lugar. Todo estaba en orden,

limpio y arreglado. Al subir por la escalera Isaac notó un conjunto de fotografías, una

de ellas mostrando a un caballero vestido de explorador delante de las pirámides de

Egipto, en otra, el mismo hombre acompañado de una hermosa mujer y en las últimas

una imagen familiar, donde si bien la mujer faltaba, se añadían dos niñas, una de las

cuales poseía un parecido extraordinario con Elizabeth, lo cual no era ninguna

sorpresa, la otra niña sin embargo, le produjo a Isaac una extraña sensación de

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

repulsión, que no pudo describir al momento, aun así, el retrato de lo que

evidentemente era un familia feliz le hizo recordar a su propio padre, aquel hombre

tosco y sombrío, tan carente de emociones y amor. Intentó centrarse en cualquier

recuerdo feliz, pero solo pudo recordar a aquella figura hablando sobre un montón de

tonterías, sobre las cuales él no entendía nada, sobre el futuro de Europa y de cómo al

igual que su familia había librado al cristianismo del yugo otomano hace cientos de

años, aquel austríaco pudo haber librado Alemania del jugo rojo. “Pobre loco”

pensaba Isaac sobre su padre, perdido en discursos y libros de revoluciones que nunca

llegaron, al final, el hombre jamás había hecho algo productivo en toda su vida, había

terminado escapando de Alemania, llevándose a su hijo y arriesgando la vida de su

esposa enferma mientras intentaba proteger la propia, para al final, acabar perdiéndola

en medio de la podredumbre y la pestilencia. Ahora, Isaac pensaba en como aquella

actitud de su padre había culminado en la condena de su hijo a una infancia rastrera en

medio de un agujero de mierda. Aunque tal vez aquella vida era la razón por la cual él

había logrado sobrevivir tanto tiempo solo, quizá, si el padre de Ilse la hubiera tratado

de la misma manera, ella hubiera sido capaz de ser alguien más responsable, o por lo

menos, más autosuficiente. Pero no, lo que él tuvo que vivir no era algo que se deseara

al resto de las personas, al menos no ha alguien como ella.

     Con un último despertar Elizabeth señaló una habitación como la suya y

procediendo a entrar, Isaac la depositó boca arriba en lo que suponía debía ser su

cama, después de esto dio la vuelta y miró con más detalle el lugar, viendo como éste

contrarrestaba enormemente con el resto de casa, estaba desordenado, como si un

pequeño huracán hubiera entrado y hubiera dejado todo patas arriba. Un enorme cartel

de guerra se encontraba en la pared frente a él, al lado de un mapa que indicaba los

movimientos de las tropas aliadas en el año, junto a estos, un bello librero de madera

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contenía un notable colección de libros y revista, algunos de ellos, principalmente los

libros, en muy estado, “quizá por la usencia de uso” pensó Isaac viendo la diferencia

con un conjunto de historietas estadounidenses, principalmente del General América y

del Súper Soldado, todas en un estado de desgaste bastante notorio. Todo alrededor

parecía dar cuenta de la extraña personalidad de su nueva amiga. Un solitario ronquido

quebró el silencio e Isaac pensó que sería mejor que se quedara un rato en aquel lugar,

para evitar que a la chica le pasara algo, ya que la ebriedad trae consigo una serie de

posibilidades extrañas. Isaac esperó un rato, pero ante la quietud, decidió tomarse un

momento para recargar energías, bajó las escaleras y al entrar a la cocina tomó un vaso

de la alacena y se dispuso a abrir el refrigerador para servirse cualquier cosa que le

pudiera refrescar. Al recibir el ligero aire frio en la cara se dio cuenta que aquella casa

estaba muy bien equipada, más bien no solo la casa sino el pueblo entero, luz, radios,

refrigeradores, todo en conjunto daban la apariencia de un poblado en muy buen

estado de desarrollo, tanto, que de no ser por el clima, hubiera pensado que se

encontraba en las islas.

   “En menos de siete años” pensaba mientras subía de nuevo. New Exeter no era

más viejo que los demás pueblos llenos de refugiados y sin embargo había alcanzado

mejor desarrollo en el mismo tiempo, al menos, más que las demás villas en las que

había estado, quizá por eso la gente era más celosa de sus pertenecías.

   Al llegar arriba, entró con calma al cuarto de Elizabeth, se acercó al librero para

buscar algo bueno que leer y encontrando un pequeño almanaque, lo tomó junto con

una silla, para luego salir de la habitación y sentarse junto a la puerta y ponerse a leer.



   Ya eran casi las doce de la noche cuando un camión paró en frente de la taberna,

donde adentro, Alice había juntado alrededor de cien libras en los dardos y para ella ya

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

era más que suficiente, no era el dinero el incentivo, sino el mantener su buena

puntería, ya había tenido que disparar antes y no podía asegurar que no lo fuera a hacer

de nuevo. Un hombre de edad madura entró a la taberna con apariencia de cansado y

varios de los presentes lo recibieron amablemente, reconociéndolo como uno más de

los habitantes del pueblo. Alice por su parte tomaba su abrigo, ya era muy tarde y

quería regresar a su casa y dormir un rato, pensaba que su hermana posiblemente

estaría despierta y enojada con ella por no haberla dejado ir al pub, pero habérselo

prohibido era la mejor, Elizabeth no era alguien que supiera tomar. Pero al pasar por el

recién llegado, se esperó un rato más al escuchar sobre las noticias de los desastres

ocurridos en varias aldeas, aparentemente los cuarteles de la guardia local habían sido

arrasados por el vencimiento de una presa cercana, la cual había terminado

destruyendo varios caminos principales e inutilizado las comunicaciones, además, con

la destrucción de los puestos principales de las líneas defensivas A y B muchas bestias

habían atacado los poblados al sur de estas. Con todas aquellas noticias, todo parecía

dar a entender que New Exeter había tenido demasiada suerte, aun cuando

aparentemente, había atendido la visita de la mayor del mayor de los monstruos. Sin

embargo, la magnitud del desastre consistía en la dispersión de los pequeños siniestros,

con lo que la capacidad de respuesta de la guardia quedaba ahora casi suspendida.

Aquel hombre que había entrado a la taberna, era de hecho, el único que había vuelto

del grupo que había salido a averiguar lo ocurrido, el resto se había quedado para

ayudar a los soldados en los caminos o en los cuarteles.

     Ya habían pasado casi un día desde el incidente con la bestia y a pesar de saber

sobre todos los desastres ocurridos en las cercanías, parecía que por el momento no

habría porque preocuparse de la aparición de otra, al menos eso era lo que parecía, “en

todo caso el cazador aún seguía en el pueblo” pensó Alice al ver la semioruga a la

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salida de la taberna, cualquier incidente podría ser resuelto, claro, siempre y cuando se

pagara el precio de otro servicio - ni modo, a caminar - dijo en voz baja al empezar a

avanzar hacia su casa, ya mañana empezaría a reparar su camión. Estuvo caminando

un rato, pensando en el coste total de las reparaciones o si sería mejor comprar un

nuevo vehículo, en todo caso si hacia un trato con los militares podría conseguir uno

barato, siempre y cuando continuara sus servicios con ellos. No odiaba a los militares

pero preferiría tener que trabajar para alguien más, aunque solo con ellos podía

conseguir buen dinero, a menos que aceptara trabajar para los traficantes, pero en ese

caso el riesgo aumentaría enormemente, para ella y para Elizabeth, lo cual no

justificaba el dinero ganado.

   La caminata no fue tan pesada como ella supuso, más bien fue algo bueno, tuvo

tiempo de pensar en sus posibilidades futuras y en cómo conseguir las formas para

viajar de nuevo a Inglaterra. Quizá la vida era mejor en New Exeter, pero ¿por cuánto

tiempo más?, las islas se estaban reconstruyendo rápidamente, absorbiendo los

recursos de las provincias, además el trabajo sobraba en Inglaterra y era bien pagado.

Ella pensaba en futuro, pues si bien la mayoría de los habitantes del pueblo pensaban

seriamente en quedarse, esto era también porque la mayoría de ellos tenían más de

cuarenta años, por otro lado, ella aún era joven, solo tenía veinticuatro años y sabía

que   tarde o temprano Inglaterra se levantaría y con ella una nueva serie de

oportunidades.

   Al llegar a su casa abrió la puerta y de inmediato notó pisadas en el piso. Era común

verlas, ya que su hermana rara vez recordaba limpiarse los zapatos, pero ahora eran

dos pares y los segundos eran de pies mucho más grandes que los de Elizabeth. Trató

de guardar la calma y con dos veloces pasos entró a la cocina sin hacer el menor ruido

posible, no se dio cuenta que la luz de la cocina se encontraba prendida y que un figura

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

salía de la misma al momento que ella entraba.

     Toda la casa quedó cubierta con un grito de terror al instante que Alice se detuvo al

ver a un extraño joven con un cuchillo en el cinturón y un vaso de jugo en la mano.

     - ¿Qué demonios haces aquí? – preguntó Isaac con cierto espanto en su mirada.

     - ¡YO!, ¿TU QUE HACES AQUÍ?, ¿QUIÉN TE DEJO ENTRAR? – gritó Alice al

reconocer con todo el disgusto del mundo al invitado sorpresa.

     - Hice el favor de acompañar a la muchacha que vive aquí – respondió Isaac.

     - Eso es una mentira, Elizabeth no ha dejado la casa desde que regresamos de matar

a la bestia –

     - ¡Ella estaba tomando en la taberna, justo a mi lado, se durmió ahí, así que la ayude

a llegar a casa! ¿Tú, qué?, ¿Quién te crees gritándome de esa forma? – replicó Isaac con

porte altanero, tras lo cual se llevó el vaso a la cara, disfrutando al máximo su bebida

gratis.

     Alice dando una larga inhalación, se tranquilizó lo suficiente para responder.

     - Yo vivo aquí, esta es mi casa, imbécil –

     Un sorbo de jugo bajo por el lugar equivocado haciendo que Isaac tosiera. Su

sorpresa era grande, si solo la rubia de la taberna fuera la dueña de la casa no habría

habido ningún problema, de hecho, hubiera preferido mil veces encontrarse con el

padre resucitado o con la fantasma malpensada de la madre, que encontrarse a quien él

consideraba la persona más molesta del pueblo, y peor, encontrársela bajo una

posición de ventaja.

     - ¿Tu casa? - preguntó con voz sumisa

     - Vete ahora mismo si no quieres que llame a la policía – dijo Alice con una voz tan

firme que hizo pensar en una orden militar.

     – Mira, no quiero más problemas contigo, solo hice lo que creí correcto, además del

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hecho de haber tomado cinco vasos de jugo y usado tu baño, no he hecho nada malo –

terminó Isaac, pero al ver la cara de Alice, desistió de cualquier otro intento por

arreglar la situación y tranquilamente salió de la casa, caminando en dirección a su

vehículo.

   Habían pasado solo un par de minutos cuando recordó que su capucha seguía aún

en la casa y dando media vuelta regresó por donde venía, con la esperanza de ser

recibido lo suficientemente bien para recobrar lo suyo, pero al encontrase con la casa

de frente, bajó su mirada para ver su capucha tirada en el suelo, justo delante de la

puerta.

   No dijo nada y tampoco pensó en nada incorrecto, una parte de él sentía como si

hubiera cometido algún error, pero empezó a reflexionar sobre algo más, por alguna

razón no se había sentido iracundo y no fue por auto control, es más siquiera sintió

una pizca de la ira que normalmente sentía cuando alguien le gritaba, no sabía el

porqué, pero tampoco le importaba saberlo, ahora se sentía tan tranquilo, tanto, que

incluso pensó en llevarse bien con Alice, no porque ella le simpatizara, más bien por

Elizabeth. Había algo en ella.

   Realmente quería volver a verla.



                                            …



   Los gallos empezaban a cantar y en medio de maldiciones hacia ellos, Isaac

despertaba. El interior de la semioruga era muy cómodo, para alguien acostumbrado

dormir ahí, pero lo que Isaac no podía soportar era el sonido de los animales de granja,

por alguna extraña razón.

   Ya había pasado cerca de una semana desde que llegó al pueblo y a la gente del

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lugar le gustaba tenerlo cerca, como si con su presencia las amenazas disminuyeran,

como si las bestias tuvieran miedo de acercarse, ciertamente aquello era un sentir

psicológico, ya que en toda la historia de New Exeter solo había habido un ataque.

     - Un día más – pensaba al levantarse y con un chorro de agua fresca del pozo

cercano, abría bien los ojos. Tomó una larga caja de herramientas y caminando a través

del pueblo llegó a la casa de las hermanas Harker.

     - Llegas temprano – le dijo Alice asomándose por la ventana y sin decirle algo, solo

levantando la mano en forma de saludo, caminó hacia la parte trasera de la casa, hacia

un camión en reparación.

     Pasando una hora, Alice salió por la puerta trasera con un sándwich en un pequeño

plato, lo dejó sobre el capo del camión y le preguntó a Isaac como estaba quedando la

reparación. Isaac se limpió un poco de sudor y le informó que el motor estaba

quedando muy bien. En realidad, el camión había quedado más dañado por fuera que

por dentro, pero Isaac no quería decírselo para recuperar un poco más del dinero, que

sentía le pertenecía. Además, se tomaba su tiempo, no quería terminar demasiado

pronto ya que sentía ganas de ver un poco más a Elizabeth.

     - Algo me dice que vas más lento de lo necesario – dijo Alice en forma suspicaz.

     Isaac no hizo ningún gesto, pero en su interior gritaba de enojo, preguntándose

qué clase de poderes malignos poseía aquella mujer, que parecía poder leerle la mente

de tal forma, que no importaba por donde se defendiera o lo que dijera, nunca poseía

ventaja contra ella en ninguna discusión.

     - Si tal vez. De hecho sí, me estoy tomando mi tiempo para que tu porquería quede

bien – respondió Isaac con una calma exterior que contrastaba fácilmente con su

intranquilo interior y sin añadir algo más continuo trabajando. Por su parte, Alice se

sentía con cierta pena hacia el cazador, Elizabeth le había contado que,

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desobedeciéndola, había ido a la taberna para celebrar junto con todos y que había sido

Isaac, quien amablemente, le había ayudado a llegar sana y salva a la casa, así que a fin

de cuentas el hombre no había hecho nada malo, al contrario, se había comportado de

manera ejemplar. Sin embargo, ni Alice, ni Elizabeth le informaron a Isaac que todo

estaba dicho y que todo malentendido estaba arreglado y como por su parte Isaac

parecía no querer mencionar el asunto de nuevo, Alice utilizaba esa ventaja para evitar

intercambiar insultos y gritos con el cazador.

   Elizabeth salió de pronto de la casa, con su sonrisa particular y dando largos pasos

llegó hasta Isaac y lo saludó. Para ella Isaac era simplemente grandioso, cazaba

dragones, tenía armas increíbles y también leía los comics del Súper Soldado, pero

quizá lo más importante, era que la escuchaba y aunque se reía a carcajadas con lo que

le decía parecía que no era de ella de quien se reía, sino con ella, o al menos eso era lo

que sentía. Él era como el amigo que nunca tuvo, ya que New Exeter casi no poseía

gente de su edad y los pocos que había trabajaban casi todo el día. Por su parte, ella se

encontraba en un constante estado de tensión-relajación, su hermana trabajaba muy

duro y ella, por ayudarle, buscaba trabajo muy a menudo, pero su falta de “habilidad

laboral” la condenaba a perder su trabajo casi de forma automática, lo cual la llevaba a

tener una cantidad enorme de tiempo libre, el cual ocupaba para pintar, dibujar o

simplemente caminar por ahí, fumando, pensando, perdiéndose en sueños y en detalles

insignificantes.

   Los tres estuvieron juntos un rato, Elizabeth hablaba haciendo carcajear a Isaac de

vez en cuando y provocándole vergüenzas a su hermana, hasta que desde la casa, el

sonido de un reloj señalaba las nueve en punto, inmediatamente Alice se disculpó y

regresando a la casa llamó a Elizabeth.

   - Tengo que ir a trabajar, te quedas aquí, pero no me gusta que hables con ese

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sujeto – dijo mientras se ponía un saco verde con su nombre.

     - ¿Trabajar?, pero si tu camión esta hecho m… está inhabilitado -          exclamó

Elizabeth con incertidumbre sobre la respuesta de su hermana.

     - Conseguí que me prestaran otro en la fábrica, por lo menos hasta que el mío se

encuentre en buenas condiciones –

     Después de subir un instante, Alice bajo las escaleras y dando un beso a su hermana

cerró la puerta, solo para volver a abrirla un segundo después – te repito; no estés

hablando con él y no dejes que entre en la casa – le dijo antes de irse, ahora de forma

definitiva.

     Elizabeth estaba algo molesta, su hermana seguía desconfiando de Isaac a pesar que

no había hecho algo malo y lo peor es que la obligaba a desconfiar de él también. Sin

otra cosa que hacer y con cierta molestia, Elizabeth decidió obedecer a su hermana,

después de todo, ella nunca le hubiera deseado algo malo. Prendió la radio y sacando

un caballete del armario se dispuso a pintar, esperando que eso la distrajera un rato,

pero cada pincelada era menos atinada que la anterior y en un intento por encontrar

inspiración, terminó cambiándose de lugar, pasando de cuarto en cuarto, de arriba

abajo y de perspectiva en perspectiva. En menos de dos minutos se encontraba afuera,

con todo lo necesario para poder pintar con tranquilidad y para desobedecer a su

hermana de forma monumental, aunque esto último no había sido de manera

intencional. Atrás de su casa el escenario era muy bello, los árboles, las colinas las

pequeñas granjas en el horizonte y a su lado Isaac, arreglando un auto descompuesto.

     - ¿Qué haces? – le preguntó Isaac.

     - Voy a pintar un rato, me gusta hacerlo, me ayuda a despejar la mente -

     - ¿En serio? – pregunto él con extrañeza, pensando que alguien como ella ya

debería de tener la mente más que despejada.

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   - Sí. Es decir, cuando empiezo a pintar me empiezo a sentir más relajada, siento

como si pudiera esparcir mis pensamientos con cada pincelada y pudiera seleccionar

solo aquellos que me ayudan a relajarme, desechando todos los demás, aquellos que

solo me deprimen o todos aquellos recuerdos tristes – dijo mientras Isaac le miraba,

guardando silencio, concentrándose en cada palabra que salía de su boca - después

empiezo a sentir como si todo tuviera un orden, como si tuviera un sentido y veo

como las cosas que no entiendo se desglosan fácilmente en mi cabeza – terminó

Elizabeth con tal serenidad que al principio Isaac sentía que era otra persona la que

estaba hablando, pero tras mirar a la joven a su lado con mayor detenimiento, empezó

a creer que aquellas palabras eran una nueva parte de ella, su verdadera persona, como

si se revelara su verdadero ser, diferente a aquella parte que utilizaba con tanto

entusiasmo aquella careta de payaso.

   - A mí no me gustan esas cosas de arte, ni pintura ni nada, para mí son puras

mariconadas – respondió Isaac, sintiéndose inmediatamente como un completo idiota

por decir cosas tan burdas y volteando a ver a Elizabeth esperó no haberla

incomodado, pero ella solo le miraba con un gesto amable, como si sus palabras no

hubieran estado para nada fuera de lugar. El cazador le devolvió la sonrisa, como una

forma de pedir disculpas por su insensibilidad y con alivio siguió trabajando, sintiendo

como con cada minuto que pasaba junto a ella se sentía más alegre, más tranquilo y

esto a su vez, le hacía querer pasar más tiempo a su lado. Pensaba en ello mientras la

observaba con más detalle. En realidad no era la mujer más hermosa que hubiera visto,

su rubio cabello brillaba como oro, pero estaba acomodado de tal manera que parecía

más el peinado de un perro rizado, su figura era grácil y esbelta, pero quizá demasiado

delgada pues apenas podía verse algo de busto, además era bastante alta, lo que le daba

el aspecto de un joven flaco, por lo menos a la distancia. Su cara era más atractiva, de

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rasgos finos y adornada con una nariz pequeña y respingada, sus ojos eran casi del

mismo color que el cabello, pero eran grandes y expresivos y su boca era pequeña y de

bellos tintes rojizos, pero al momento de reír, esta se abría tanto que enseñaba por

completo un conjunto de dientes coronados por un par de incisivos superiores grandes

y cuadrados, además, su risa le sonaba igual a la de un retrasado mental. Pero no era su

físico lo que llamaba la atención del cazador, era la manera en que ella se expresaba

hacia el mundo exterior, su forma de ser y sobre todo, la forma en que ella le

tranquilizaba, y en cómo, casi de forma hipnótica, le hacía olvidar su ira. Al principio

vio en ella a una simple y simpática idiota del pueblo, aunque bastante peculiar, pero

entre más la conocía más veía en ella una personalidad amable, sin malicia, llena de

vida y alegría. Y las estupideces que cometía solo servían para aumentar su encanto, la

hacían ver tan real, tan humana. Con todo esto, no recordaba que hubiera sentido algo

así por alguna mujer, por supuesto que había desahogado sus impulsos en cabarets y

distritos de prostitutas, sin embargo este caso era por completo distinto, la mujer a su

lado era diferente a cualquiera que él hubiera conocido, aun así, él no era un hombre

romántico, ni buscaba serlo. Para bien o para mal, su padre había muerto antes de

enseñarle cualquier cosa sobre las mujeres, o por lo menos, no recordaba que lo

hubiera hecho, pero la falta de caballerosidad, a fin de cuentas, era algo que le brotaba

con naturalidad y quizá, junto con el desprecio por la gente, aquello era el único legado

de su padre.

     - ¿Y es difícil cazar dragones? – preguntó Elizabeth después de un momento de

cómodo silencio. Su cabeza no cambiaba de dirección, pero movía los ojos, como un

intento de ver a Isaac sin que este lo notara.

     - Algo, de hecho, en los primeros años estuve a punto de morir muchas veces, pero

entonces comencé a entender algunas cosas y aprendí algunos trucos – respondió Isaac

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sin pensar mucho en la respuesta.

   - ¿Trucos?, ¿Hay trucos?, no sería más fácil solo sacar tu espada y matarlos – volvió

a preguntar Elizabeth.

   - ¡Por Dios!, ¡esa es pura mierda! - respondió él de inmediato, pero azotando la

cabeza en el aire, trago saliva y compuso sus palabras – quiero decir, esas son mentiras,

cuentos para niños… “bobos”, es decir solo un… “bobo” trataría de matar dragones

con una espada o una lanza – respondió Isaac – ya estamos en el siglo XX, si

siguiéramos utilizando esas cosas ya estaríamos todos muertos –

   - ¿Entonces?... –

   - Es una cuestión más técnica, se tiene que buscar un buen lugar y disparar a buena

distancia, entre más lejos del dragón mejor –

   - Entonces eres un francotirador –

   - Lo dices como si fuera algo fácil – refutó Isaac.

   Elizabeth no añadió nada más, solo movió la cabeza, pareciendo comprender el

asunto, quizá su imagen de Isaac cambiaba en cuanto a su forma, pero no en cuanto a

su fondo, después de todo, seguía siendo un matadragones. Ahora, esto no quería

decir que por un momento realmente ella hubiera creído que los caza dragones

mataban a esas bestias usando espadas y armadura, pero las imágenes románticas son

difíciles borrar de la mente.

   - ¿Crees que alguien como yo podría llegar a matar dragones? – preguntó Elizabeth

sin poder aguantarse la curiosidad, sin saber realmente qué tipo de respuesta daría

Isaac. Ciertamente ella no se imaginaba a sí misma como una cazadora, pero tampoco

veía en eso una imposibilidad absoluta.

   Isaac la miró por un segundo sin emitir sonido alguno, su mirada estaba fija y su

rostro no mostraba ninguna expresión, sin embargo en sus ojos se distinguía el trabajo

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

mental de no decir algo ofensivo. Sabía perfectamente que contestar, lo que en realidad

le costaba trabajo era el modo en que debía hacerlo, ya que tenia de medir sus palabras

más de lo que lo había estado haciendo, por lo menos lo suficiente como para

encontrar maldiciones no tan ofensivas, si es que existiera algo así.

     - No… sé – respondió al fin con lentitud - ¿qué tan paciente eres? – le preguntó.

     - ¡Ya!, no me des rodeos y contéstame de una vez – respondió ella de inmediato.

     Isaac volvió a guardar silencio, dudaba sobre aquella respuesta, acaso había sido una

broma o algo así, en cuyo caso era graciosa, o en verdad le estaba contestando sin

pensar en lo que estaba diciendo.

     - Bueno – continuó Isaac sin aclarar lo de la respuesta - ¿sabes disparar? -

     - No – respondió Elizabeth – mi hermana dice que las armas son peligrosas, aunque

creo que lo dice por miedo a que toque alguna – continuó con cierta pena – pero creo

que con un buen maestro cualquiera puede aprender, ¿me enseñarías? –

     - No creo que sea buena idea – respondió Isaac con honestidad. Él sabía por

experiencia que un arma en manos torpes se convierte en una amenaza potencial, tanto

para el usuario como para cualquier cosa que se encontrara delante del cañón.

     - Vamos, si tú me enseñas a disparar, yo te enseño a pintar – dijo Elizabeth,

queriendo demostrar que ella, igual que él, tenía capacidades que no cualquiera posee,

en mayor o menor medida.

     - ¿Y yo para que carajos querría pintar?- respondió Isaac con brusquedad, a lo que

Elizabeth se quedó con la boca abierta, sorprendida de lo que parecía ser un insulto

para lo que ella consideraba una de sus mejores habilidades. Por su lado, Isaac no lo

había hecho con la intención de agredir, por supuesto que no, pero sabía que lo mejor

que podía hacer era mantenerse firme y negarse rotundamente a que a Elizabeth se

expusiera a una posibilidad indeseada, pero una vez más la falta de trato humano le

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impedía expresarse con la suficiente diplomacia. Sin embargo, no podía evitar sentirse,

una vez más, como un completo idiota, por sobre todas las cosas estaba la cuestión de

quién se lo estaba pidiendo, ya que si dentro de todas las posibilidades todo resultaba

bien, lograría acercarse más a Elizabeth.

   Es curioso como el interés romántico de una persona no romántica puede abrirle

un sin número de puertas al desuso del cerebro.

   - Está bien – dijo Isaac al fin - pero primero tú debes enseñarme a pintar –

   Elizabeth dudó por un momento y respondió - ¿Por qué primero no me enseñas tú

a disparar? –

   - Porque deje mis cosas en la semioruga y no quiero estar dando vueltas –

respondió Isaac de inmediato.

   Elizabeth empezó a creer que aquello era una forma de librarse del trato, pero hasta

ese momento él se había comportado muy bien con ella, exceptuando lo del lenguaje y

su falta de tacto, así que pensó que su temor era infundado, además, de una u otra

manera ella se aseguraría de sacarle las lecciones al cazador, así que solo caminó hacia

él, lo tomó de la mano y lo llevó hasta el caballete.

   El corazón de Isaac latía con fuerza, sentía como si todo lo que hubiera hecho en el

pasado no importara, como si sus ambiciones, sus pecados y su dinero quedaran

reducidos a meras cosas sin beneficio o consecuencia. Aquello se sentía como la

cúspide de la vida. Indudablemente, jamás se imaginó a sí mismo en una situación

parecida, pero no le importaba, se sentía feliz y eso era lo que le importaba, se dio

cuenta que tratar de analizar aquella felicidad solo le pondría peros a su disfrute, así

que solo optó por mandar cualquier tipo de reflexión al diablo y dejarse llevar por la

alegría de estar junto a la personita que sujetaba su mano con delicadeza.

   Elizabeth empezaba a explicar las formas de trazos, los tipos de pinceles y en cómo

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

plasmar en el lienzo la profundidad y la perspectiva de forma correcta, se notaba que

sabía mucho de pintura, su historia y su técnica, pero más que nada, la forma en que

esta expresa lo que se encuentra en la mente y el corazón del pintor, pero Isaac apenas

prestaba atención a sus palabras, el solo estaba perdido en sus propios pensamientos,

fijándose en la manera en que ella movía sus brazos y en el brillo de sus labios,

depositando la mirada de sus oscuros ojos en cualquier detalle de su movimiento,

convirtiéndola en el centro de su mundo.

     - Esto te parecerá tonto, pero me siento contenta contigo – dijo Elizabeth después

de hacer una pausa. Isaac no podía creer lo que estaba escuchando, de alguna manera

el destino parecía sonreírle al fin, y sin pedirle algo a cambio. Podía sentir como sus

manos empezaban a ponerse sudorosas, como el pánico empezaba a crecer dentro de

él, impidiéndole decir o pensar cualquier cosa que no fuera la imagen de sí mismo

bailando en un prado de flores, justo como la perfecta imagen de la idiotez. Elizabeth

le gustaba, no solo no podía negarlo, no podía pelear contra ello y evidentemente no

quería hacerlo, por más que un pequeño y sombrío misántropo renegara en su interior.

     - Siempre quise tener un hermano mayor – continuó ella mientras seguía viendo a la

distancia, hablando con su inmortal sonrisa y sus alegres movimientos, denotando la

sinceridad de sus palabras. Quizá se sentía algo tonta compartiendo aquellas cosas con

él, pero Isaac tenía algo que la animaba a hablar con libertad, por alguna razón le

inspiraba confianza, no solo porque él era en parte, algo que ella siempre había querido

ser, alguien totalmente libre, alguien que solo vive bajo sus propias reglas, sino también

porque por algún motivo se sentía segura a su lado, protegida de lo que el mundo

pudiera mandarle, pero ella no se percataba en la forma en que el rostro de Isaac se

transformaba, de meditabundo a uno lleno de sorpresa, mientras todo dentro de él se

derrumbada.

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   Isaac se sentía tan mal, como si un millón de cuchillas le atravesaran la garganta,

justo antes de degollarle. Empezó a maldecir al mundo entero, pasando por su vida, su

suerte, al mismo Dios, a quien se refería después de tantos años como “el cabrón

cósmico”, pero cuando llegó a ella, no pudo continuar, por lo que se maldijo a sí

mismo por segunda vez, culpándose por su propia debilidad. Pero al mismo tiempo,

algo en él despertó; una determinación más fuerte que ninguna otra. Su cerebro ahora

recobraba el dominio de su cuerpo y de inmediato se percató de la situación, en

primera, nunca le había dicho lo que empezaba a sentir por ella y nadie, salvo él, sabía

la verdad de aquellos sentimientos, por otro lado, ella si le había revelado su sentir, con

lo cual comprendió de inmediato la ventaja que poseía. Así que se dio cuenta que no

todo estaba perdido, ahora que sabía que existía suficiente confianza entre los dos,

podría acercársele más y más de manera constante. Isaac sabía que él era una persona

carente de casi todas las virtudes conocidas, pero la paciencia y la tenacidad eran la

excepción, como cazador, las había desarrollado en cantidades más que suficientes.

   “Esto es solo una cacería más” pensó al tiempo que una macabra sonrisa se

formaba en una de sus mejillas; la presa revela su posición mientras el cazador le

espera, oculto, aguantando el momento perfecto para asestar el tiro ideal, la presa cae y

el cazador celebra su triunfo. Pero si bien su cerebro ideaba un éxito futuro, su pecho

se sentía débil, derrotado.

   El amor tiene ese efecto en la gente, de convertir lo que parece poderoso en algo

patético. Pero aun cuando el amor puede llegar a describirse como una patología, nadie

puede negarse a caer en aquella debilidad si con ello se consigue la felicidad.



   El tiempo había pasado rápido, el sol ya se acercaba al horizonte, despidiéndose

lentamente de quienes le observaban. Elizabeth había decidido dejar trabajar al cazador

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

y sin recibir queja se disculpó, cargando el enorme caballete mientras entraba a la casa.

Apenas acababa de meter sus cosas en el armario, escuchó el motor de un camión

apagándose al lado de la casa y en menos de un minuto, Alice entraba con actitud

cansada, sintiendo descanso en el sonido de la radio que su hermana había dejado

encendida por horas.

     Con pesadez hizo para atrás una de las sillas de la cocina y se dejó caer en ella.

Elizabeth apareció de la nada y con una rapidez asombrosa le sirvió un plato de panes

y un vaso de leche a su hermana al tiempo que se alistaba para preparar la cena.

     Alice sabía que su hermana poseía cualidades para todo lo que pareciese un tipo de

arte, pero por desgracia no se encontraban en un lugar donde lo artístico tuviera un

valor real. Por otro lado, una de las cosas que también podía realizar sin ocasionar

problemas era la cocina, incluyendo cada aspecto de la misma, buena presentación,

variedad, buen sabor, tanto así que en varias ocasiones el mismo Macbeth le había

ofrecido trabajo en la taberna, la cual era en realidad lo más parecido a un restaurante

en todo el pueblo, pero Alice se lo había impedido, aun cuando fuera el único trabajo

en el cual ella hubiera podido desempeñarse con habilidad, conocía a su hermana y

sabía que ponerle una cerveza en frente era el preludio de un drama, solo ocupaba

darle un pequeño sorbo para terminar con diez tarros vacíos.

     - Huele bien – dijo Alice al levantar la cabeza.

     A Elizabeth le gustaba cocinar tanto como el recibir cumplidos, así que levanto un

poco la tapa de una cacerola para que un poco del aroma lograra esparcirse con más

facilidad.

     - Perdón por empezar con la comida tan tarde, pero estaba ocupada pintando – dijo

Elizabeth.

     - No hay problema, no estoy tan hambrienta como parezco, además aunque lo

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estuviera, puedo soportar un poco de espera si tú eres la que cocina. No todo mundo

cocina también como tú – respondió Alice

   - Tú con tus empanadas, por ejemplo – respondió Elizabeth con cierta burla en su

voz – por cierto, todavía hay un par en el refrigerador, ¿gustas? –

   Alice respondió con una solitaria risa, sin decir nada más.

   - Entonces, ¿Qué hacemos con ellas? – preguntó Elizabeth ante la respuesta de su

hermana.

   - No sé. Hay que dárselas al cazador, si sigue aquí debe de tener hambre, aunque no

sé por qué, la verdad no creo que se esté esforzando demasiado con las reparaciones,

es muy lento en su trabajo. Si no fuera porque me está saliendo más barato que traer

un mecánico no lo vería ni en foto –

   - ¿Por qué te cae tan mal?, no es una mala persona, me agrada y debería de

agradarte a ti también, le hizo un gran favor al pueblo – dijo Elizabeth defendiendo al

cazador sin importarle demostrar sus simpatías por él.

   - Hizo bien su trabajo, sobre eso no tengo que decir nada malo, aun cuando haya

ocupado mi ayuda no creo que cualquiera haya tenido la capacidad para acabar con

semejante monstruo. Pero hay algo raro en él, algo que no me da confianza, debo de

admitir que durante la discusión que tuvimos por el dinero de la cacería, sentí que iba

golpearme o algo así – expuso Alice, pero después de exhalar con profundidad

continuó - pero, creo que tienes razón cuando dices que no es una mala persona,

aunque no es la mejor que conozco –

   Elizabeth sabia de la habilidad de su hermana para conocer a las personas, tanto,

que hasta ahora no había fallado ni una sola vez en determinar la naturaleza oculta o

pública de las gentes, pero en esta ocasión, sencillamente no podía aceptar aquella

cruda descripción. Alice por su parte, se levantó y sacó las empanadas del refrigerador,

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

llevándolas hacia donde Isaac.

   - Toma – le dijo sin alegría ni ofensa.

   - Gracias – respondió Isaac con calma, una que Alice nunca hubiera esperado de él.

   - ¿Ocurre algo con el camión? –

   - No, no. Todo está bien –

   Entonces, Alice notó en el cazador un expresión extraña, como de cansancio o una

pesadez extrema, como si algo le molestara por dentro, sus ojos estaban fijos en el

camión, pero al mismo tiempo estaban como faltos de aquella fuerza con la que los

había visto la primera vez, su cuerpo se veía relajado, pero no en el buen sentido,

estaba más bien como sumergido en una depresión. Se le quedó mirando un par de

segundos sintiendo una creciente pena por él, además de un asombro, aun con el poco

tiempo que llevaba de conocerle jamás se hubiera imaginado verlo así, tranquilo y

quieto, casi meditabundo, en realidad era difícil describir lo que emanaba de él, parecía

ser una especie de tristeza, aunque con los hombres es difícil hablar de sentimientos

complejos, la mayoría de las veces todo aquello que pareciera ser una emoción

profunda se reduce solo al hambre o al sueño, como si todo el género respondiera no a

la razón o al sentimiento, sino al estadio del estómago.

   - ¿Sabes qué?, estas cosas ya están frías, mejor te las caliento – dijo Alice, sin saber

bien porque lo decía, quizá al verlo tan pasivo, tan pensante, le hizo pensar que no

tenía derecho a juzgarle. No sabía por cuánto tiempo hubiera estado viajando solo, o si

alguien le esperaba en algún sitio, ciertamente eso no significaba que le empezaba a

simpatizar, pero tal vez su hermana tenía razón y lo que ella sentía por el cazador nada

tenía que ver con su verdadero ser. No necesariamente las buenas personas nos

simpatizan. Cuando volvió a entrar a la casa, vio a su hermana servir la comida,

sonriéndole en cuanto le vio, lo cual le hizo pensar que tal vez ella era más parecida al

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—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

cazador de lo que se hubiera imaginado, que si no hubiera sido por tener que proteger

a su hermana y que si ésta no le hubiera demostrado su amor a través de tanta penuria,

tal vez ella sería igual a Isaac, alguien consumido por el trabajo, sin más vida que el

vivir sin sueños para el futuro.



   Durante la noche la neblina había bajado a través de las laderas produciendo una

imagen de inframundo por todo el pueblo. Caminar hasta su vehículo había sido toda

una experiencia de meditación y el ambiente producía la sensación de extra

corporeidad necesaria para una buena reflexión.

   La mañana había sido muy diferente, fría y cruda, dando un perfecto e incómodo

despertar a la maldita realidad. Isaac mostraba los signos de una noche de insomnio,

sus parpados, pesados como rocas, caían suavemente y eran levantados con tremendas

muestras de esfuerzo. Había decidido llegar un poco tarde a lo de la reparación del

camión, ya había hecho lo posible para retrasar el trabajo, pero el aparato ya estaba casi

listo, solo faltaba un nuevo parabrisas, cosa que a él no le competía, quisiera o no.

   La taberna del pueblo abría desde temprano, para todos aquellos trabajadores que

quisieran una buena taza de café antes de la faena. Y arrastrando los pies, Isaac entró,

sentándose en la misma banca de la primera vez, después solo le pidió un café al

tabernero de siempre mientras que con su mano se acomodaba el cabello.

   - Por fin he revelado la foto – le dijo el viejo Macbeth .

   - Bien por usted – respondió Isaac con burla, en lo que alzaba su café señalando

una victoria en lo inútil.

   - Me gustaría que la firmara, pienso ponerla donde todos puedan verla – continuó el

tabernero, pasándole una fotografía de mediado tamaño y una pluma, ambas de

notable calidad. Isaac, que pareció dudar por un segundo, tomó la pluma y firmó la

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

fotografía, inmortalizado un momento de triunfo.

   - ¿Y qué pasó con la cosa que maté? - preguntó Isaac sin mostrar un verdadero

interés - ¿no me diga que lo cocinaron o algo así? – aquello no era en si una broma, ya

que de una u otra manera aun tenia gravado en la mente las cosas de las que refugiados

eran capaces, esto, porque durante los años que estuvo viajando en los peores

momentos de la gran crisis vio como comunidades enteras sobrevivían en condiciones

infrahumanas, hombres y mujeres trataban de construir refugios con desperdicios

mientras comían ratas o demás basura como último recurso alimenticio, todo en

medio de un sentimiento compartido de derrota inminente. De hecho, de no haber

sido por Rommel y sus maquis europeos quizá aquellas escenas hubieran constituido

los últimos actos de la civilización humana.

   - No, algunos militares llegaron y entre todos lo subimos a un camión, creo que se

lo van a llevar para Calcuta, a unos expertos en biología extraña o algo así. Espero que

tengan suerte en descubrir que era esa cosa, porque la verdad aquí nadie sabía que

carajos era. Por cierto, ¿cree usted que haya más de esos allá en la selva? –

   - No lo sé, pero si los hay, espero que me paguen bien a la hora de matarlos –

respondió Isaac con gesto sombrío mientras observaba a Macbeth colocar su foto en

un portarretratos y colgarla en una pared atiborrada de fotografías, algunas viejas y

otras bastante nuevas, aunque la mayoría parecían ser de la gran guerra, pero de todas,

una en particular atrajo su mirada, una donde varios hombres vestidos de beduinos se

mantenían de pie, con un mar de dunas a sus espaldas. Uno de ellos llamó su atención,

uno bajito vestido con túnicas blancas.

   - Me dijeron que posiblemente se va del pueblo esta noche, ¿es cierto?- preguntó el

tabernero con cierta pena. Para él todos eran personas interesantes y rara vez alguien le

disgustaba, pero Isaac era especial, le recordaba su propia vida, de cuando viajaba días

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enteros por las arenas de Persia y si bien sus días de viajero y espía habían terminado,

al ver al cazador sentía que los aventureros aún recorrían el mundo, haciéndolo suyo.

   - Sí, creo que ya hice mucho por aquí – dijo Isaac,

   - Te veo bastante mejor que cuando entraste aquí el primer día. Casi sé lo que me

vas a responder, pero ¿acaso te da gusto dejar el pueblo? -

   - Este lugar es solo un hoyo asqueroso – respondió Isaac de inmediato.

   Macbeth soltó una enorme carcajada, tan grande que hizo vibrar a su prominente

barriga, como si aquella respuesta hubiera sido una broma y no un insulto a todo el

pueblo, y si lo fue, la verdad no le importaba, tampoco la forma horrible de contestar

del cazador, de una u otra manera, el tabernero parecía ser de aquellas personas que

difícilmente se molestaban con quienes le agradaban.

   Isaac le miró con calma, recordando las palabras que la había dicho la noche que

mataron a la bestia, pensó que tal vez no era el único que había tenido problemas en el

pasado y el hecho de haber conocido a una mujer tan especial como Elizabeth, le hacía

sentir que el pasado debía permanecer enterrado, dándole la oportunidad, no de solo

vivir el presente, sino de disfrutarlo. Aun así… - ¿has matado a alguien? – preguntó,

callando al tabernero de forma brusca, rompiendo de repente todo ambiente de

armonía que pudiese haberse generado en aquel lugar.

   Macbeth lo miró fijamente, bajando la mirada un segundo después, haciendo que el

cazador no pudiera descifrar lo que pasaba por su cabeza y tras un momento de

silencio dijo – entonces era eso, ¿querías matar a Alice?, ¿verdad? –

   – No, no. No matarla – respondió Isaac alzando las manos, como tratando de

defenderse de una pregunta acosadora, pero al bajar la mirada, sus manos se tensaron

como si estuviera intentando apretar algún objeto invisible al momento que las miraba

con profundidad y su voz se volvía más tensa - no necesariamente. Solo quería callarla

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– al decir esto, su mirada cambio ligeramente, mostrando cierto temor por la

deducción del cantinero, pero permaneció quieto, esperando que el hombre

continuara. Cuando el silencio se mantuvo por un tiempo más, el cazador aventó unas

monedas a la barra, pagando por lo que en realidad era una bebida gratis, y se levantó

de su asiento.

   - Muchos – le dijo Macbeth antes de que cazador abriera la puerta por completo,

con lo que Isaac se daba la vuelta de nuevo.

   - ¿Disculpa? –

   - Tu pregunta, sobre si he matado. Si, lo he hecho y mucho – continúo Macbeth

con seriedad – de una u otra forma todos lo que tuvimos vidas difíciles terminamos

odiando al mundo, pero no puedes dejar que el odio o la ira terminen consumiéndote

hijo, si se los permites vas a terminar como un cantinero gordo en medio de un hoyo

asqueroso –

   Isaac se mantuvo en silencio por un momento, dejando ver una ligera sonrisa que

crecía poco a poco mientras se hacía evidente que entendía el chiste del viejo, por su

parte, el tabernero volvió a mostrar un rostro amigable, aunque ya no tan jovial, luego

dio la vuelta y se agachó en busca de algo en la parte baja de la barra, después de unos

momentos se alzó y sin moverse de su lugar, levantó algo envuelto en un pañuelo y se

lo arrojó al cazador. Isaac alargó la mano por instinto, agarrando el extraño objeto,

solo para ver en el envoltorio una serie de hermosos patrones del medio oriente, al

mover el pañuelo, descubrió a un cuchillo árabe, dorado, adornado con lo que parecía

ser un conjunto de piedras preciosas, al sacarlo de su funda notó la buena calidad de la

hoja y a una inscripción en ella, T.E.L.

   - ¿Esto para qué es? – preguntó Isaac sin querer sonar mal agradecido.

   - Consérvala muchacho, esa daga perteneció a un gran hombre, alguien que vivió

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las decepciones más grandes de la vida, pero que nunca se dejó vencer por ellas. Esa

daga le salvó la vida, espero que haga lo mismo por ti – le dijo el hombre.

   Isaac sujetó el cuchillo con fuerza, guardándoselo de inmediato en el bolsillo -

gracias, pero no me gustaría que mi vida necesitara ser salvada – contestó Isaac con

verdadero agradecimiento, sintiendo un auténtico aprecio por aquel buen hombre al

tiempo que empezaba a creer que ahora todo podía superarse.



   La caminata hacia la casa de las Harker se sintió corta, quizá demasiado, pero una

vez llegando a su destino, caminó hacia donde se encontraba el camión, deteniéndose

en seco al encontrarse frente a Alice y aún sujeto vestido con un mono color gris

obscuro, algo extrañado se les acercó y notó que estaban poniendo el parabrisas

faltante.

   - ¿Qué pasa aquí? – preguntó Isaac, como si no supiera lo que pasaba.

   - Quería darte la sorpresa – contestó Alice – el camión ya está listo, todo está en su

lugar. Ah y ya tengo tu dinero listo –

   Isaac se mostró complacido, casi alegre, pero en su interior sentía la presión de la

sorpresa, sabía que con eso ya no tendría más oportunidad de ver a Elizabeth y por

supuesto que no podría pedir verla, aquello delataría el interese que sentía por ella. De

pronto empezó a crecer en él cierta tristeza, pues sabía que ahora solo le quedaba

volver a la vieja rutina; la de vagar solo. Pero ahora, a diferencia de antes, estaría bajo el

sentimiento de una soledad que recordaba nunca haber sentido, ya que nunca había

estado ligado a alguna cosa, persona o lugar. Ahora sabía que extrañaría algo, mejor

dicho a alguien, pero aun con todo ese pesar, sentía que todavía no estaba listo para

quedarse en un solo lugar, por un lado quería seguir siendo un cazador, había buen

dinero en ello y el sentimiento de libertad que se ganaba en aquel oficio era en verdad

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

un alimento para su alma, el movimiento constante lo mantenía calmado y el saber que

solo tenía que conocer personas de forma esporádica le servía como terapia para

empezar a desarrollar mejores habilidades sociales, además, también estaban aquellas

“mareas rojas”, las mismas que seguían llamándolo con tanta insistencia, aquellas que

tanto desea ver, oler y sentir, corriendo en cada uno de sus dedos, aquellas mareas que

lo alimentaban con aquel sabor penetrante, cuyas ansias apenas podía saciar con la

caza. Aquel deleite que tanto odiaba y amaba, lo anhelaba cada vez menos, pero la

sensación de adicción seguía en él al tiempo que lo corroía, pues su deleite iba de la

mano con un fuerte sentimiento de repulsión a sí mismo, de un asco profundo por

cada centímetro de su ser.

   Sin embargo, también sabía que en ningún otro sitio encontraría a alguien como

Elizabeth, ante esto, su mente empezó a divagar sobre escenarios posibles, uno de

ellos era volverse sedentario, asentarse en el lugar y convertirse en alguien más de la

comunidad, pero aquello sería imposible, al menos por ahora. El mejor escenario seria

por supuesto que ella lo acompañara en sus viajes, pero aquello era poco más que

sueño imposible, simplemente jamás iba a ocurrir, e Isaac lo sabía, “si tan solo ella

sintiera lo mismo”, pensó.

   Solo le quedaba el volver algún día, después de terminar todo lo que sentía que

debía hacer, regresar y tratar de acercarse más a ella. Pero mientras su mente se distraía

con un sinfín de pensamientos, Alice se le acercó con una bolsa grande, dándosela en

sus manos, Isaac, despertando de su ligero trance, procedió a abrirla. Los billetes se

veían bien, como si estos también lo hubieran estado esperando, pero el dinero no era

suficiente como para animarlo. En esos momentos, lo que hubiera sido el inicio de un

buen día, simplemente se sentía como el final de la historia.

   - ¿Y tu hermana? – preguntó sin poder soportar un momento más, mandando al

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diablo cualquier preocupación.

   - Sigue dormida, anoche se quedó despierta pintando –

   Ambos se quedaron mirándose por unos segundos mientras un silencio incomodo

hacia una presencia cada vez más grande.

   - Creo que es todo – dijo Isaac al fin, extendiéndole la mano.

   - Sí. No puedo decir que fue un placer, pero es posible que algún día te extrañemos

– contestó Alice dándole un fuerte apretón de manos.

   Al dar la vuelta, Isaac empezó el camino de regreso a su vehículo, el último que

daría desde la casa de las Harker, pensaba en que si hubiera sabido la decepción que le

esperaba, mejor hubiera traído su semioruga, así por lo menos no hubiera dado vueltas

en vano. Alice, al ver como se alejaba poco a poco, solo le deseo buena suerte.

   Mientras caminaba, Isaac pensaba en cómo conciliar su vida y sus sueños, cuando

de pronto apareció una perfecta posibilidad, si seguía con el mismo trabajo un par de

años más y mantenía los costos al mínimo, podría juntar el suficiente dinero para

comprar un buen terreno y posiblemente hacer una tienda o algo parecido, de esa

manera podría quedarse cerca de Elizabeth y si bien con esto se convertiría en otro

pueblerino idiota más, al menos seguiría siendo su propio jefe, de esa forma podría

mantener la libertad que tanto le gustaba.

   - Al menos podre dispararle a las ratas – se dijo al mismo tiempo que se daba

cuenta que eso no era sino otro sueño tonto, no importaba a donde fuera o por cuánto

tiempo se quedar allí, él seguiría siendo el mismo y mientras no pudiera encontrar la

forma de asegurar el completo control de su persona, no podría arriesgarse a repetir

aquella pesadilla de hace diez años.

   Llegando a su blindado, bajó sus cosas y acomodando un estuche con el rifle

adentro, recordó que le había prometido a Elizabeth enseñarle a disparar. “Al diablo

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

con todo” pensaba al cerrar la puerta y encender su vehículo, al final, solo había

terminado sintiéndose mal, peor de lo que se había sentido en mucho tiempo, había

encontrado algo a lo que quería, a lo que anhelaba aferrarse, solo para ver como la

realidad le arrancaba todas las posibilidades de ello. Encendió el vehículo y miró por el

retrovisor, solo para quedarse fijo ante el reflejo de su propia cara y en específico, de

sus ojos, notando como estos se mostraban tristes y débiles y ahora, para colmo de

males, creía que toda aquella experiencia no solo lo fatigaba al quitarle algo que había

empezado a desear, sino que había terminado convirtiéndolo en alguien más

vulnerable, más débil, más patético que la persona que había llegado a New Exeter.

   Con un último reojo al retrovisor se dispuso a largarse de ahí lo más pronto posible,

pero de pronto, a través del espejo, pudo ver una distante y familiar figura corriendo

hacia él, para su sorpresa se trataba de ella, a quién tanto había deseado ver y sin

pensarlo dos veces, Isaac apagó el motor y con movimientos rápidos, bajó del mismo,

en espera de lo que el destino le guardaba.

   Cuando Elizabeth llegó hasta él, se encontraba cansada, respirando agitadamente

mientras se sostenía en sus propias rodillas, un objeto de buen tamaño se asomaba por

debajo de su brazo, pero éste siquiera llamó la atención de Isaac, para él, lo único que

importaba era el verla una vez más.

   Pasando alrededor de un minuto, Elizabeth recuperó la suficiente fuerza para

ponerse derecha y tomando lo que tenía bajo el brazo, se lo dio a Isaac con una

sonrisa.

   - ¿Qué mierdas es esto? – preguntó Isaac.

   Elizabeth lo movió hacia ella y quitándole una tela que tenía como envoltura, se dio

la media vuelta para enseñarle una hermosa pintura. En ella estaba la vista desde una

habitación, de la cual, a través de una ventana, se podía ver por un lado unas lejanas

108
—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

colinas y por el otro la chimenea de una fábrica, junto a la ventana estaba un hermoso

florero sobre un escritorio, en el que se encontraban un par de libros y junto a estos,

un pendiente de plata, igual al Elizabeth le había mostrado la primera vez que se

conocieron.

   - Es lo que se ve desde mi habitación, quiero dártelo para que recuerdes al pueblo –

dijo Elizabeth con una sonrisa que no pudo disimular cierta tristeza.

   Isaac no supo cómo reaccionar, sentía que tenía que dar las gracias, pero no por la

pintura, ya que en principio el pueblo significaba nada para él, aun así, mostró una gran

sonrisa, que resultaba extraña en su cara, por su poca naturalidad – gracias, pero no

tenías por qué, volveré pronto – le dijo, convenciéndose a sí mismo de aquellas

palabras. Y por supuesto que quería hacerlo, ahora que había recuperado las

esperanzas, nacía en él la necesidad de cumplir aquella afirmación, costara lo que

costara.

   - ¿De veras? – exclamó Elizabeth con alegría.

   - Claro, me dan bebidas gratis en el pub y aún me deben una noche gratis en

Chamberlain´s. Eso y que no te he enseñado a disparar – respondió Isaac, dándose

cuenta de la facilidad en que se había convertido charlar con ella.

   - Creo que le quieren cambiar el nombre a W.C.´s, pero no sé si eso me lo dijeron

de broma…espera… ¡¿de veras me vas a enseñar a disparar?! – preguntó Elizabeth con

entusiasmo.

   - Solo espérame – contestó el cazador al tomar la pintura con mucho cuidado, justo

antes de arrojarla al interior de la cabina con una inapropiada brusquedad, volteándose

hacia Elizabeth para darle la mano, despidiéndose de ella, pero no de forma

permanente.

   Él se aseguraría que no.

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                                           IV

                               A LA BOCA DEL LOBO



   Un largo peregrinaje se asomaba por el inicio de la enorme calzada, igual a una

serpiente de armaduras sucias y dañadas, casi como una parodia de aquellas glorias de

hacia tan solo pocos años. Los rostros que desfilaban ya no mostraban aquel fulgor de

fuerza y determinación, sino la sobriedad del miedo, pero no a la incertidumbre, al

contrario, sino a un futuro que ya se podía casi palpar como oscuro. Algunas pocas

caras parecían todavía brillar, no por la esperanza, ésta ya se había perdido, sino por la

inexperiencia de saber lo que era el hoyo de la guerra, aquel caldo de caos y

desesperación que solo se logra tragar a cambio del alma.

   Unas cuantas personas se mantenían a los lados de la fila de guerreros, quietas,

como simples pilares demacrados, todas ellas levantaban las manos, no para pedir, sino

para ofrecer comida y bebida a aquellos que todavía simbolizaban un poder roto, casi

inútil, pero al final, suyo. Ávalon se encontraba en sus manos y por ellos valía la pena

sacrificar parte de sus raciones de comida. Ellos eran sus hijos e hijas, sus padres y

madres, sus ancestros, sus descendientes, sus familias. Todos sabían que muchos no

volverían, pero si se quedaban sin hacer algo lo más seguro es que todo se perdería.

Los hombres avanzaban por el sur y por el este, moviéndose como lobos, devorando

ciudad tras ciudad, quemándola con sus aves y sus bestias de hierro, escupiendo sus

flechas de fuego con sus extrañas armas, superando la fuerza de Ávalon con sus

números superiores, como si una hermosa ave fuera devorada por miles de voraces

hormigas.

   Los veteranos ya sabían a lo que se enfrentaban y eran ellos quienes más lograban

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—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

ver la importancia de su sacrificio. Si el hombre seguía con su marcha de destrucción,

todo lo que se había forjado por ciento cincuenta mil lunas desaparecería en semanas.

    Al fondo, un solitario castillo se levantaba de entre los escombros y aunque solo

parcialmente, sus cicatrices eran menores que las de las torres a su alrededor. En sus

puertas, una serie de caballeros se movían de un lado a otro, cargando piezas de

enormes armaduras, aunque la mayoría eran levitadas. Sus cotas y arneses no se

parecían a las de aquellos de la columna en movimiento, sino que se mantenían

brillantes, impecables, como si aquellos guardias se encontraran en un plano diferente

de realidad, ignorando por completo la terrible situación que los circundaba, al mismo

tiempo que eran ignorados por una solitaria figura que se dirigía al castillo. Enorme,

pesada, muy distinta a todas las delgadas y gráciles siluetas en su entorno, vestía con un

largo y grueso abrigo negro que casi duplicaba el ya de por si impresionante tamaño de

su portador, un cabello largo y negro le cubría la cara, aunque con cierta elegancia. Sus

pasos, a pesar de sentirse pesados, eran rápidos y coordinados, con mucha gracia y su

porte poseía un garbo impactante, tanto, que el primer guardia que lo vio acercarse dio

un paso para atrás, asustado por su presencia.

   - Vine a ver al Gran Velador de la ciudad – dijo con una voz demasiado grave, fría y

leve, pero también potente.

   El guardia se hizo a un lado, reconociendo de inmediato al invitado. Sin más, el

enorme guerrero cerró su puño y se lo llevó al pecho en señal de respeto y saludo, tras

lo cual avanzó al interior del castillo, donde una serie de jardines aún se mantenían

verdes, con hermosas enredaderas cubriendo cada pilar del interior y en medio,

adornando el centro del lugar, un bello robre, enorme como un obelisco. El guerrero

se asqueó, sintiendo las ganas de azotar al primero de la orden que se le presentara. Se

preguntaba, aun cuando sabía bien la respuesta, como era posible mantener aquella

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

coreografía de engaño por sobre el bienestar de su pueblo, el último Merlín se habían

mostrado más leal y comprometido con su gente y aunque no se le podía excusar por

los errores que ahora resentían, era la orden y su camarilla de asesinos quienes debían

de ser considerados los únicos culpables del presente estadio de cosas. Él siempre los

odió, no podía entender aquel afán de cambiar su supuesto destino, como si este ya

estuviera escrito en piedra y si así lo fuera, realmente no hubiera tenido sentido iniciar

todo eso. Al final todo terminaría igual.

   Un solitario joven se apareció caminando hacia él, mostrando un hermoso peto,

negro y brillante, con grabados en plata, despreocupado, como si nada fuera de sí

mismo importara o como si aquella fortaleza de mentiras fuera el mundo real, o una

impenetrable fortaleza a la verdad. El enorme guerrero mantuvo su paso, ni se

adelantó, ni se detuvo. Solo continúo igual, pero al llegar a la misma altura del joven,

dio un leve giro de su cadera, y levantando el brazo se giró hacia el otro lado, azotando

su antebrazo en la cara del joven, tirándolo al suelo en medio de un grito que más que

de dolor era de sorpresa. El guerrero siguió caminando sin mostrar satisfacción o

disgusto, no se detuvo a ver como el joven se llevaba las manos a la cara o si alguien

más lo había visto, no le importaba, eso sería darle valor a algo que no lo merecía. Al

final de la glorieta, se encontró delante de una enorme puerta metálica, rodeada de una

corona de piedra, adornada con hermosos poemas grabados. La miró un rato, tratando

de apreciar algo en esta, pero por más que lo intentaba, no podía sentir aquella paz que

tanto le había inundado la primera vez que estuvo frente a ella, como si la belleza que

había visto entonces se hubiera esfumado, quedado solo una carcasa sin valor, sin vida,

sin un significado real. Por un instante quiso regresarse, pero sabía lo que perdería si se

retiraba, así que tomó un respiro y de forma pausada dijo su nombre a la puerta.

   Por un segundo nada pasó, pero de pronto, la pared hizo un fuerte crujido y

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—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

lentamente se abrió la enorme puerta. Adentro, solo una escalinata de mármol hizo su

presencia, subiendo hacia lo que parecía ser un piso en lo alto de la torre y el gran

guerrero puso un pie delante de otro, siguiendo el camino que esta mostraba.



   El pergamino era hermoso, bellamente decorado con grabados de los tiempos

arcanos y en esos días de miseria, nada era mejor que la ilusión del bienestar, pasado o

futuro, real o ficticio. Con lentitud subía y bajada el papiro, gozando con los

movimientos del grabado, en el suave baile del aire y en el danzar de las olas que estos

representaban. Cugedhion se sentía orgulloso de su colección, más bien la de su

familia, pues cada uno de los pergaminos, tanto de arte como de magia, habían sido

realizados por algún miembro de su familia aún desde antes del pacto con la Atlántida,

de cuando los hielos aún gobernaban el norte del mundo. Pero un conjunto de pisadas

le hizo salir de su meditación y poniendo el pergamino sobre una enorme mesa de

tonos metálicos se puso de pie, viendo de frente a la puerta, esperando que se abriera.

   De forma rápida, aunque no precipitada, la puerta se abrió en su totalidad, dejando

ver la enorme figura del guerrero de abrigo negro.

   - Erlos, que alegría verte de nuevo – exclamó Cugedhion mientras se acercaba al

guerrero – han pasado muchas lunas –

   - Sin duda amigo mío, malas lunas. Y muchas – respondió el guerrero, con cierta

tristeza en su voz. Quería mucho a Cugedhion, no había sido su único amigo, pero

ahora era el único que quedaba con vida, pero su relación se había deteriorado con el

tiempo. Cugedhion se había unido a la orden casi al momento de su fundación,

mientras que él se había convertido en uno de sus más grandes opositores, pero sabía

que su amigo era bueno, eso no había cambiado, aun cuando la orden poseía el efecto

de pervertir a las personas. Sin embargo, Cugedhion también parecía tan ciego a la

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

realidad de la orden, siempre negando lo que cualquiera veía como una locura en masa.

   - Y todo parece que se pondrá peor – respondió Cugedhion con la misma tristeza.

   Erlos no dijo nada, no creía que la perspectiva de su amigo hubiera cambiado,

incluso con el avance de la guerra, así que realmente dudaba a lo que se refería.

   - La situación empieza a derrumbarse – continuó Cugedhion – estamos...

simplemente estamos contra la pared. Los hunos están tomando el este de una manera

demasiado rápida y los sajones, vikingos y romanos se encuentran en el sur. Avanzan

más lento, pero se detienen a hurgar nuestras cosas, eso es lo que me preocupa. Es una

pena que ya no peleemos contra los galos o los pintados, al menos ellos tenían mejor

sentido del honor guerrero –

   Erlos se llevó la mano a la boca y tosiendo disimuladamente le dio a entender a

Cugedhion que no estaba allí para escuchar lo que todos, a pesar de la prohibición

contra murmuraciones, sabían. Cugedhion entendió de inmediato lo que Erlos trataba

de decirle y buscando respaldo en una hermosa silla, que parecía ser de piedra aunque

ligera y delgada, le dijo – supongo que leíste mi carta –

   - ¿Lo que decía en ella es cierto?, y si lo es, tu decisión entonces tiene el respaldo de

la orden –

   Cugedhion lo miró fijamente - ¿cuándo te he mentido?, lo que te dije en ella es

cierto. Sin importar las circunstancias futuras, tu familia será transportada sana y salva

al norte, quizá hasta Lastrnnwyn si es necesario –

   Erlos no se movió, y su rostro no cambió, pero sus ojos mostraron un profundo

brillo de alegría, como si la esperanza en su ser apareciera después de una eternidad de

oscuro desconsuelo. Después de un rato de contemplación mutua, Erlos le sonrió con

sinceridad, sin embargo, Cugedhion se mostraba más seco - por desgracia este favor

tiene un precio – le dijo.

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—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

   - Eso no importa. Cuando lo acepté supe de inmediato que mi vida podría verse

sumergida en el peor pozo de la guerra – respondió Erlos con calma, sabiendo muy

bien que lo que Cugedhion llamaba favor, no era sino un trueque de vidas.

   - Los dices con mucha calma amigo mío –

   - He visto más cosas que tú y he aprendido que la calma es un arma poderosa –

   - Siempre fuiste el más sabio de los dos, aun cuando solo sea un joven impertinente

– le dijo Cugedhion en forma de una suave burla, aunque no tan fuerte como para

romper la tensión que todavía sentía por dentro. De una u otra manera, estaba

traicionando a su mejor amigo, su mejor discípulo. Cugedhion se dio la media vuelta

para evitar ver la cara de Erlos, como un último recurso para adquirir la fuerza

necesaria para enterrar la daga en la espalda de éste – se te mandara al sur, al bosque

“Ar Duen”, al mando de una pequeña unidad –

   - ¿Al frente? y con pocos guerreros. Sabía que la orden había evitado matarme por

la utilidad que me podían encontrar. Pero desperdiciarme de esa forma no tiene

sentido – replicó Erlos, sin tratar de vanagloriarse, solo decía lo que a fin de cuentas

era la verdad.

   - Si, al frente, pero deberás guardar posición hasta que comience una ofensiva –

respondió Cugedhion.

   - Entonces no seré el único allí, ¿Cuántas divisiones serán mandadas? –

   El velador negó con la cabeza lentamente – no tengo idea, esa información no nos

ha sido revelada aún –

   - ¿Y cuál será mi contribución en eso?, si existe ya un plan de ataque no soy tan

necesario ¿verdad? -

   - Tu deber consistirá en destruir a los manípulos de los hombres que se han

asentado en las ciudades al sur de la gran raíz, principalmente uno que lleva la bandera

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de “Éireann hasta el fin de los tiempos” –

   - ¿Pintados? – preguntó Erlos.

   - Romanos del águila roja, aunque en realidad desconozco la razón de porque

habrán elegido aquella insignia. Pero no son los únicos, hay muchas unidades que

además están fungiendo como la punta de lanza de la avanzada del sur - respondió el

velador aún sin darle la cara.

   Erlos supo que la forma de actuar de su antiguo mentor, era la única forma en que

éste podía mostrar su vergüenza y el miedo que sentía de no volver a verlo jamás.

Quizá esa era el único defecto de Cugedhion, la incapacidad de poder ver sus errores

aun cuando los enfrentaba, pero sin poder reprocharle aquella actitud, solo se dio la

media vuelta - no te das cuenta que su sueño se ha convertido en nuestra pesadilla – le

dijo al acercarse a la puerta.

   - Debemos mantener las esperanzas. Aún creo que tenemos la fuerza necesaria para

dar un giro favorable a toda esta situación – respondió Cugedhion – además, mientras

ella siga al mando, esto no podrá terminar tan fácilmente –

   - ¿Ese es tu consuelo? – respondió Erlos al abrir la puerta, pero antes de salir por la

ella, Cugedhion se dio la vuelta y le pidió que le mirara – por favor cuídate, esto no

será como las demás batallas que has tenido, por lo que sé, hay gente en ese lugar que

es peor que Skorzeny – dijo refiriéndose a aquél a quien los elfos habían llamado “el

fantasma de Europa”, siendo éste el único hombre, junto con Maskelyne, que había

logrado engañar a los ejércitos antiguos, por lo menos en Europa y África.

   - Sé a lo que me enfrento, los hombres no pueden sorprenderme – respondió Erlos,

pero antes que pudiera continuar, Cugedhion levantó un poco la voz, lo suficiente para

que su susurro atravesara la habitación – entre Londinium y Viroconium se perdió

todo. ¿O es que lo haz olvidado? -

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—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

   Erlos se detuvo en el acto, pero solo por un instante y sin responderle a su amigo,

siguió su paso, saliendo serenamente de la habitación, caminando el largo pasillo hasta

las escaleras de mármol, colocando su mano en la pared, moviéndola con cada paso

que daba hacia la salida. Saerwen aún trataba de engañar a todos a su alrededor, igual

que el último Merlín, aunque no contaba con el carisma de éste. De cualquier forma ya

no lograba tergiversar la realidad de los demás tan fácilmente, solo la de ella, aunque

esto no significaba un alivio en sí.

   De entre una nube de escombros, un par de jovencitas, ambas vestidas con piezas

sueltas de armaduras, salieron corriendo de una vieja torre a medio derrumbar hacia

uno de los tantos muros que se habían improvisado a lo largo de la ciudad, puestos allí

para evitar, aunque fuera de manera incipiente, la avanzada de los hombres hacia la

Annwyn, la gran capital. Al verlas, Erlos se daba cuenta en realidad de lo afortunado

que había sido al haber aceptado la oferta de reinserción en los cuerpos de guerreros,

de lo contrario, su esposa e hijo aún seguirían atascados en lo que en definitiva, ya era

el centro del infierno. Aunque al mismo tiempo se preguntaba por cuánto tiempo

soportarían los suyos aquellas condiciones. Había sido bendecido, tardíamente, pero

afortunado al final. Con más de veintitrés mil lunas, había sido en otros tiempos

considerado un joven, pero ahora, en aquellos días de insensatez, era uno de los pocos

elfos de edad envidiable. Y aun así, la existencia le parecía demasiado corta. Durante la

mayor parte de su vida, nunca conoció la verdadera felicidad sino hacia tan solo ciento

ochenta lunas, cuando conoció a la nieta del que había sido alguna vez su superior. Su

segundo amor. Ella tan solo tenía seiscientas lunas, pero a veces parecía aún más

madura que él, aunque la mayor parte del tiempo solía reír y contar historias llenas de

humor y alegría. Después de conocerse poco tiempo, ninguno dudo en entregar su

vida al otro, en compartirla por la eternidad, para su gente era extraño ver una relación

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tan fuerte surgida tan rápido, pero no les importó cualquier percepción ajena, menos

con la llegada de su hijo. Un pequeño trozo de cielo que llegó a solo nueve lunas de

haberse unido con ella. Lo veía en cada rincón, todo se lo recordaba, y aun cuando no

siempre podía pasar tiempo con él, tenía memorizado cada uno de sus rasgos, sus

cabellos, dorados como los de su madre, sus ojos, fuertes como los suyos. Y si aquello

era su razón para vivir, su motivo para volver al campo de batalla, con gusto aceptaría

todo eso como su excusa para soportar el contacto con aquellos a quienes tanto había

atacado públicamente.

   No había marcha atrás, si Nuevo Orden era la única forma de conseguir la

protección de lo que más amaba en el mundo, no le importaba venderles su alma.

   Mientras pensaba en esto, un enorme dragón negro se le acercó y bajando la cabeza

cerca de él, mostró una hermosa silla de montar arriba de sus hombros. Con pesados

pasos puso sus botas sobre el brazo de la creatura y sentándose, sereno y digno como

un rey ante los suyos, le susurró a la creatura que emprendiera la marcha.

   Piedra tras piedra era colocada en cada rincón que pareciera demasiado débil,

arqueros subían por las torres, esperando a cualquier cosa que se les presentara en su

campo de visión, todo mientras tumultos de personas se movían en enormes líneas

mal formadas hacia el norte de la ciudad. Lo que antes fue verde, ahora se veía gris, lo

que antes resplandecía bajo el cielo nocturno, ahora se mimetizaba con el negro de las

noches sin luna. Lo que antes fue la gran plaza pública, la enorme biblioteca de los

siglos, el bosque milenario, incluso el segundo castillo de Auberon, ahora era solo un

interminable mar de escombros, despojado de cualquier cosa que pudiera haber sido

belleza. Y encima de aquel sombrío paraje, un solitario dragón oscuro volaba

lentamente hacia el sur, con su jinete quieto, firme, con los ojos sostenidos en el

horizonte.

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   El día era triste, como lo eran la mayoría en aquellos tiempos. No sabía que esperar

del futuro y su pasado aunque largo y lleno de recuerdos, no le servía para nada, al

menos así lo creía él. Había conocido hombres antes, algunos valientes, algunos

cobardes, pero la mayoría insignificantes. Sin embargo, los “pintados” habían sido

como sus hermanos, naturales, libres, adoradores de la magia, ¿acaso ellos también

terminarían igual?, vencidos, derrotados, borrados de la faz de la tierra por sus

enemigos. Si los hombres se comportaban como los celtas, a ellos les esperarían siglos

de vasallaje, aunque de cohorte no tan dura, pero eso sería casi imposible. Los

hombres del Este no eran sino hunos, salvajes y despiadados, los del norte de Europa

o América eran sajones y vikingos, salvajes, ignorantes y asesinos, quizá los godos eran

mejores pero sus números eran reducidos, pero por encima de todos ellos estaban los

romanos, los peores de todos, dispersos por el mundo a través de los años, eludiendo

su extinción al crear nuevos imperios con cada conquista, algunos débiles, otros

poderosos, pero todos provenientes de la misma Roma imperial que tanto había

azotado al mundo con su despotismo y crueldad. Sí, los hijos del águila romana aún

conservaban su naturaleza, la misma que había acabado con la hermandad de elfos y

humanos en toda Europa, la misma que permitió llevar a cada rincón del mundo la

primera y verdadera cultura humana.

   Al ver el horizonte, pudo ver las sombras de su pasado, tan claras que casi podía

sentirlas hablando, susurrándole sus logros y pecados, pero dos figuras le miraron más

profundamente que cualquier otra, la primera, con sus largos cabellos rojizos y alta

figura, fuerte de brazos, fuerte de piernas y fuerte de mirada. Su sonrisa, tierna y

madura, soportando unos ojos tristes, cansados de no poder cumplir la promesa que se

habían hecho. Aún la recordaba, su primer amor, su primer pecado. La segunda figura

era muy distinta, lejana y sombría, de silueta y tamaño ligero, pero más poderosa que

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cualquiera que hubiera visto antes o después, con ojos oscuros, poderosos y crueles,

fijos en él, igual que los del león al ver a su presa y una boca delgada, fuertemente

cerrada, como para evitar que hasta el más mínimo suspiro se le escapara, todo

cubierto con una armadura color ocre y una capa tan roja que la hacía parecer vestirse

con sangre.

   Esa última silueta era sin duda lo único que podía volver a esperar. Entre los

hombres aun había muchos así y seguramente estarían allí de nuevo, silenciosos y

poderosos, esperando, intrigando sus próximos golpes. Por supuesto que ellos se

habían vuelto más fuertes, más que desde la firma del pacto al final de la era de los

grandes hielos, pero los hombres también se habían fortalecido y más que ellos. Ya no

podía hacer nada más, llorar o lamentarse sería absurdo, quejarse o resistirse, inútil, lo

que quedaba por hacer era enfrentar el destino con todo su ser, aun cuando tuviera

que asumir la responsabilidad de otros, con los pecados de aquellos quienes ya se les

veía como los únicos culpables. Una solitaria lagrima salió por uno de sus ojos,

desvaneciéndose rápidamente por el frio aire que soplaba a su marcha, pero apenas la

notó, la razón de la misma también desapareció, simplemente no había tiempo para

perderse en cualquier cosa que no fuera su misión. Levantó su lanza y apretando con

fuerza la rienda de su dragón, se lanzó al infierno con gesto estoico y corazón frio.

   Solo esperando volver a ver la razón de su existencia. Y esperando que ellos

también pudieran volver a verlo.



      En tierra, Cugedhion lo veía partir, deseándole algo más que solo buena suerte,

para él y para su causa. Elros siempre fue uno de los mejores guerreros que jamás

hubiera visto, pero su único defecto era pensar como un anciano, con demasiada

calma. Aunque también fue su edad y su posición, lo único que lo salvó de un

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enfrentamiento severo con la orden. Aun cuando se la pasaba atacándola

públicamente. En aquellos tiempos, incluso Saerwen era más sabia, menos impulsiva

que ahora cuando todo lo que alguna vez ayudó a crear se encontraba derrumbándose.

   - ¡Velador! - gritó un guerrero mientras se acercaba rápidamente.

   - Almog, ¿Qué sucede? – preguntó Cugedhion con calma. A esas alturas, las malas

noticias ya no eran extrañas y ya de nada servía preocuparse o incluso, ocuparse de

ellas.

   - Los hombres han encontrado el último pergamino – respondió el guerrero en

medio de la agitación.

   - ¿Qué pergamino? ¿De qué estás hablando? – respondió el Velador con enfado,

molesto por no poder entender bien la voz del guerrero entre sus respiraciones

frenéticas.

   - ¡El pergamino!, ¡el sello para invocar a la primera! –

   Cugedhion abrió la boca, pero de ella no salió nada más que una extraña aspiración

de asombro, de inmediato recobró la postura mientras pensaba las cosas de forma más

detenida. Por más que los hombres hayan estudiado o por más que conocieran la

naturaleza de su último trofeo, era casi imposible que lograran realizar el ritual de

invocación o que siquiera conocieran el sitio correcto para hacerlo. Cugedhion dio la

media vuelta y dirigiéndose al establo de bestias, se montó en un animal parecido a un

dragón, pero sin cuernos y sin las enormes púas que tanto adornan a aquellos animales.

   - ¿Señor?, ¿A dónde va?, todavía… - añadió el guerrero mientras le veía emprender

el vuelo.

   - Lo más seguro es que “el Paladín del Imperio” haya ordenado una junta de

emergencia – interrumpió Cugedhion - ¿no es cierto? –

   El guerrero se quedó en silencio, quieto, tratando de organizar sus palabras hasta

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

que con un simple movimiento de cabeza, asintió.

   - Solo voy al castillo del Alberich, quiero llegar temprano, antes que cualquiera de

los demás veladores – y sin decir algo más, dio un hermoso silbido y su bestia levantó

las alas, empezando un vuelo que más parecía un baile en el cielo. Sabía que la ciudad

quedaba desolada, con su mejor guerrero dirigiéndose a lo que pudiera ser su muerte y

el único velador del lugar en fila a una reunión vana, llena más de protocolos que de

decisiones. Pero no le quedaba más remedio, solo el rezar porque la joven que ahora

controlaba sus destinos mostrara una última vez aquella voluntad e inspiración que les

hicieron, por un breve respiro en el tiempo, los dueños de sus destinos.



                                            …



   El castillo ya no poseía la belleza que alguna vez adornó a cada rincón, a cada

columna y a cada puerta. Ya no brillaban los marcos de la ventanas, y ya no se podía

ver la forma en que el verdor de los árboles de fundía con los tonos pétreos de las

paredes. Lo único que quedaba ahora era una enorme construcción, todavía

imponente, pero más parecida a una inmensa montaña de piedras colocadas casi al

azar, solo encima la una de la otra. Auberon, el gran y único Alberich del imperio aún

se encontraba allí, enfermo por la destrucción de su tierra, incapaz ahora, incluso para

levantar sus brazos, aunque no hubiera servido de algo. Desde tiempos inmemorables,

cuando las siete raíces de Ávalon formaron el imperio, el Merlín y el Alberich se

habían repartido la responsabilidad de guiar al pueblo de las hadas, aun cuando la

mayor parte del poder recaía en el primero, sin embargo, el último Merlín había sido

asesinado por supuestos traidores y la falta de tiempo no habían permitido la elección

de uno nuevo, por lo que Saerwen se había proclamado la tercer Paladín del imperio,

122
—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

uniendo las funciones de un Merlín con las potestades de un sustituto del rey.

   Cugedhion recordaba sus pasos por la orden mientras más se acercaba al castillo

imperial, viendo como éste reflejaba la realidad del nuevo imperio que la orden había

creado. Algunos de sus integrantes aún creían en el liderazgo de la orden, en su nuevo

Paladín, otros como él, veían solo una autoridad formal, carente de toda capacidad de

convencimiento o motivación, pero nadie otorgaba ya ambas capacidades al régimen

imperial. Mientras giraba su cabeza a todas direcciones, tratando de encontrar

cualquier rasgo de vitalidad en aquella fortaleza de roca sin alma, su bestia descendió

sobre lo que alguna vez fue un hermoso piso de lozas, ahora rotas todas y cada una de

ellas. Sin perder un segundo de tiempo, Cugedhion bajó de su silla con un salto y

corrió hacia el interior del castillo, solo para encontrarse con una comitiva de

guerreros, todos pertenecientes a la nueva élite de la guardia imperial. Vestidos de pies

a cabeza con imponentes armaduras plateadas, todas adornadas con bellos arreglos e

intrincados diseños, pesados yelmos que les cubrían casi la mitad de la cara y en

algunos casos, la cabeza entera y enormes lanzas que complementaban a magnificas

espadas, todas enfundadas. La nueva guardia parecía en verdad poderosa, casi

invencible, pero a la vez se denotaba a la vista como inexperta, ya que era compuesta

por integrantes de una élite que en un principio significó la grandeza del imperio, pero

que ahora era solo un montón de ornatos de plata y oro, elfos y hadas educados desde

su nacimiento en proezas guerreras o religiosas que raramente lograban llevar a cabo.

Cugedhion los veía sin mostrar lo patético que los sentía. Todos ellos eran los

primeros en haberse jactado de las primeras victorias, sintiéndose como los autores de

las mismas, cuando los verdaderos guerreros pertenecían a la casta gremial o a la

campesina, quienes de hecho aún seguían luchando en el frente, muriendo solo para

que la basura que lo recibía en el castillo siguiera gozando de sus fantasías. Deteniendo

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

su paso, se quedó quieto ante ellos, cerrando su puño y llevándose hacia su pecho

mientras se erguía. Uno de los guardias se le acercó y con un tono despótico le pidió

que se le presentara.

   - Soy Cugedhion de la Nueva Orden, hijo de Algrim de la Orden del Dragón

Blanco – respondió, tratando de soportar la indignación.

   El guardia se mostró sorprendido y avergonzado y dando un giro, se quitó de su

paso y ordenó con voz potente que abrieran las puertas.

   El interior sorprendió a Cugedhion más que el exterior, a diferencia de su propia

torre, donde aún se podían ver aquellos arreglos de los tiempos de gloria, el interior del

castillo imperial armonizaba perfectamente con su lúgubre exterior, la gran escalinata

se encontraba compuesta por enormes trozos de mármol agrietado y las paredes se

encontraban atiborradas con enormes armazones de metal y postes de madera, todo

sostenido por una red de cables y cuerdas, el panorama era en sí un enorme

rompecabezas, la parte superior parecía apenas estarse construyendo, las paredes y

columnas parecían una selva de telarañas oscuras y el piso, lleno de costales de arena y

paja, parecía como un viejo almacén, o una simple granja abandonada. Solo las

pinturas en las paredes y las molduras del pasamano seguían relativamente intactas,

aunque cubiertas con demasiado polvo. Ante tal espacio, se olvidó de la prisa con la

que tanto había llegado, deteniéndose en medio del salón para verlo en todo su estado.

Al dar la vuelta, vio la ciudad a la distancia, oscura, derrumbada, solo el humo

ocasional que sobresalía de los techos dejaba ver que aún existía actividad en ella,

aunque Cugedhion pensaba que aquello bien podía ser solo los residuos de los

incendios que provocaban los ataques aéreos del hombre. ¿Cómo había podido pasar

por alto la condición de la ciudad?, acaso el castillo poseía aún aquel magnetismo, en

ese caso, tal vez era algo bueno, de esa forma los hombres concentrarían la mayoría

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—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

parte de sus ataques en este y no en el resto de la ciudad.

   Un elfo entró por otra de las puertas, llevaba los adornos propios de un capitán de

guardia y al verlo, Cugedhion volvió en sí, preocupado por ni siquiera saber el tiempo

que había perdido en contemplar la ruina en la que se había convertido la capital. Sin

perder más tiempo subió la escalinata, llegando a donde estaba todavía el gran salón

del consejo, desde hacía varias lunas vacío, ya que la existencia del castillo como blanco

primario de los hombres había obligado al consejo a trasladarse al norte, lejos de los

ataques, pero al final, eso era solo un gesto vano, desde el triunfo de la orden, el

consejo solo había servido como un eco de los deseos del último Merlín, y ahora, del

tercer Paladín. Al final de aquel salón, en la pared del fondo, el estandarte imperial aún

se mantenía inmaculado, casi luminosos, como una isla de luz en medio de un océano

demacrado y gris. Una mano se levantó a lo lejos, saludándolo, invitándolo a

acercársele y caminar hacia ella, y al hacerlo vio con gusto la cara conocida de un joven

de cabellos grises y ojos azules.

   - Voronwë, es bueno ver que aún estas con vida – le dijo Cugedhion con gusto.

   - Me he mantenido lo más lejos posible del frente –

   - Muchos te llamarían cobarde –

   - Preferiría el término de oportunista, aunque la verdad no me importa, mi madre

cada día se siente peor y mi hermana no puede hacer mucho en su condición –

respondió Voronwë con una extraña calma.

   - Creí que la orden le conseguía buenos sacerdotes de curación a los suyos, ¿acaso

no te han ayudado como se debe? – le preguntó Cugedhion al joven, que si bien no

había sido jamás uno de sus mejores aprendices, si era uno de los que más estimaba,

no por sus habilidades de combate, las cuales eran bastante mediocres para un elfo,

sino por la extraña e increíble capacidad que tenía para mantenerse siempre sereno,

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

tratando de ver lo bueno de la vida. Eso lo había sacado de su padre, el cual había sido

un elfo gris, quién también le había legado aquella melena platinada, además de una

serie de problemas por el origen, pero la familia de su madre pertenecía a una de las

élites de la ciudad, por lo que pasaron por alto su ascendencia cuando pidió entrar a la

orden.

   - Si, lo han hecho, pero un sacerdote no puede hacer mucho por un brazo faltante y

aunque pudiera… - respondió el joven, aun conservando su serena mirada.

   - Pesadillas, ¿no es cierto? – preguntó Cugedhion.

   Voronwë bajó la cabeza y asintió con pesar, pero de inmediato la levantó,

mostrando un gesto lleno de esperanza y de gusto por platicar de nuevo con su viejo

maestro. Pero Cugedhion no le devolvió el gesto, sino que se mostraba aún más

preocupado y alargando su mano la puso sobre su hombro – por favor, toma a tu

madre y a tu hermana y has todo lo posible por ir al norte, los espíritus del tiempo me

han hablado en mis sueños y he visto a la gran ciudad de la niebla cubierta por el fuego

y a todas las banderas del hombre ondeando en lo alto del castillo – le dijo.

   - Pero… ¿eso cuando sucederá? – preguntó Voronwë.

   - En seis lunas, tal vez más, tal vez menos – le respondió su maestro.

   - ¿Usted lo sabía?, ¿desde hace cuánto tiempo? –

   - Toda la última luna he estado teniendo visiones, al principio supuse que solo eran

pesadillas, como las de tu hermana, como las de muchos otros. Pero ahora creo que

son imágenes del destino –

   - ¿No se las ha dicho al alto consejo? –

   - Crees que no lo saben – le replicó Cugedhion con una desganada desesperación -

si yo le he visto, con más razón lo ha visto el Paladín –

   - Pero… si los hombres vienen, no abra mucha diferencia con irme al norte, tarde o

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—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

temprano también llegaran allí – reclamó el joven, incrédulo de las palabras de

Cugedhion, aunque también renuente a pasarlas por alto.

   - Cuando terminen con la ciudad, la guerra habrá acabado – le explicó Cugedhion –

en el norte no hay nada, dudo que les interese -

   - ¿Y eso cambiará la actitud de los hombres? -

   - No – respondió Cugedhion con sequedad – pero ellos están tan cansados como

nosotros, así que también creo que dejaran sus armas de lado. Seguirán buscando

venganza, pero su sed de muerte se apagara por un momento – y diciendo esto,

Cugedhion apretó el hombro del joven con dulzura y siguió su camino.

   - Ella no está allí – le dijo Voronwë, impidiéndole continuar.

   - ¿Disculpa? –

   - El salón interno del gran consejo se encuentra vacío. El Paladín ha ordenado que

todas las juntas se realicen en el salón de meditación –

   Cugedhion supo de inmediato que eso era lo más lógico, el salón del gran consejo

se encontraba protegido por una magia muy poderosa, pero desde que los hombres

habían empezado a poner puntas de hierro a sus lanzas y rocas de fuego, lo único que

cubría a aquella estancia era una cúpula de cristal con marco de plata, lo más seguro era

que ya ni siquiera se encontrara en condiciones para una junta, por otro lado, el salón

de meditación era grueso y estaba localizado en las partes bajas del castillo. Voronwë

esperó a que Cugedhion se adelantara un poco y sujetándolo del hombro, lo acompaño

hasta la entrada de los niveles más bajos.



   Pasaron los minutos y el par de elfos aún no llegaban hasta su destino, el nuevo

corazón del imperio. El castillo en sí, era enorme, diseñado a finales de la última era de

la luna para albergar a toda la población de la zona, de hecho, en aquellos días, el

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

castillo era la capital en sí y durante todo ese tiempo, jamás se le habían hecho

modificaciones, ni reparaciones, toda la estructura era originaria de sus primeros días,

pero jamás fue diseñada para soportar la clase de guerra que estaba viviendo, aunque

los cimientos para tal construcción eran más que suficientes para soportar con relativa

tranquilidad los castigos a los que era sometido el mundo de la superficie. Después de

un tiempo, Cugedhion vio una enorme puerta al final de un largo pasillo, adornada con

el relieve de un gigantesco árbol blanco, con detalles más pronunciados en las raíces

del mismo, dando a entender que aquella era la entrada a los niveles más bajos.

Rodeando el portón estaban un par de pilares tan altos como tres pisos y los pies de

estos, dos guardias de la élite, pero muy distintos a aquellos que vio cuando había

llegado al castillo. Estos eran guardias de verdad, veteranos originarios de cientos de

batallas a lo largo de innumerables lunas. No les prestó atención, en cualquier caso

pensaba que eran peores que los novatos de los niveles más superiores, al menos ellos

creían estar cooperando con la guerra, mientras que estos, quienes podían realmente

aliviar el dolor de al menos un guerrero común, se mantenían encerrados allí, solo

alimentando el patético sentimiento de seguridad del Paladín. Voronwë se adelantó un

poco, gritando el nombre del velador a la puerta, la cual solo se abriría al escuchar el

nombre de quienes deberían atravesarla.

   Muy lentamente, la puerta comenzó a abrirse, revelando su interior, con lo que

Cugedhion, al acercarse y tomando a Voronwë del brazo, entró.

   - Pero señor, yo no fui invitado – replicó el joven.

   - Si vienes conmigo la puerta te dejara pasar – le explicó el velador.

   El pasillo al principio se parecía mucho al que habían estado recorriendo, pero las

paredes empezaban a mostrar diferencias, por ejemplo, que las luces tomaban más

fuerza entre más avanzaban y que las paredes y columnas se encontraban en mejores

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—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

condiciones que en cualquier parte del resto del castillo, por lo menos, en las que ellos

habían estado. Poco a poco se iba revelando mejor el lugar donde se encontraba, en

una sala blanca, similar a aquellas pinturas que representaban la morada de los dioses,

Cugedhion nunca había estado en aquel lugar, por lo que no podía saber si aquello

había sido construido así desde el principio o si había sido el deseo de la orden el haber

arreglado el lugar con aquellas especificaciones, aunque al ver mejor aquel lugar,

comenzó a creer que la segunda opción era la más probable, poco a poco se empezó a

llenar de cierta indignación, pero lo que le molestaba en realidad, era la forma en que

Saerwen trataba a la gente, ella siempre presumía de tener un sentido muy alto de la

estética, pero en realidad su concepción de la belleza llegaba a niveles molestos de

exageración, él estaba seguro que todo el paseo había sido diseñado para que

cualquiera que hubiera sido llamado, estuviera obligado a tener que recorrer todo el

complejo para, según ella, ver la belleza en la se rodeaba. “Eso lo esperaría de un

hombre, incluso de un enano”, pensaba él mientras recordaba las horribles

construcciones del hombre, todas diseñadas para verse a lo lejos y dar absurdas ideas

de grandeza, claro que algunas de ellas le llegaron a gustar, como el bello arco que los

romanos de Galia le habían construido a uno de sus líderes, a un pequeño César de

porte bravo y ojos indomables, pero la mayoría le parecían carentes de toda gracia,

como el horrible armatoste mecánico que se encontraba en la antigua isla de los

pintados, o la horrible torre de hierro en las tierras galas, oscura y sin vida, como si

algún demonio enorme hubiera dejado una pieza de ajedrez en medio de los verdes

campos de la naturaleza.

   - Gran Velador Cugedhion, supongo – dijo una fata, vestida con los ropajes de una

sacerdotisa del templo – por favor sígame, el Paladín la espera –

   - Creí que todos los sacerdotes se habían marchado al norte, junto con los grandes

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

consejeros y el consejo mismo – le dijo Cugedhion, queriendo saber la razón de aquella

presencia, aunque también lo hacía con tono de incidía, buscando molestarla.

   Ella se rió un poco, sintiendo gracia en lo que el velador le decía, o realmente creía

que todos los cuidadores del templo serían tan cobardes como los ancianos del

consejo, claro que algunos se quedaban por que sentían mayor protección en el

interior del castillo que en las tierras de Lastrnnwyn, pero ella era una sacerdotisa

completa, sabia más que a la perfección la mayoría de los hechizos de curación y allí

podría servir de algo, por lo menos más que para solo legitimar el poder de la orden a

distancia – me gusta estar aquí, gran señor – respondió ella con ironía.

   El velador no le contestó nada, de hecho no había entendido bien su respuesta, por

un lado sabía que ella decía más que lo que sus palabras expresaban, pero para él,

siempre le fue más fácil entender mapas y formaciones de guerra que a las mujeres de

su raza, aunque era posible que aquella condición fuera una generalidad en todas las

especies, quizá incluso en los hombres, donde las mujeres parecían mantenerse en la

raya de toda actividad política o religiosa, aunque tal vez no por gusto. Giró la cabeza

para ver a su acompañante, pero Voronwë parecía tan desconcertado como él.

   La fata levantó su mano y le indicó al velador por donde debería de continuar,

apuntando hacia otro pasillo, uno mucho más pequeño que el anterior y sin descifrar

todavía los pequeños secretos de su guía, Cugedhion y su joven acompañante,

continuaron su ya fastidiosa caminata, aunque parecía que por fin llegarían a su

destino, pues apenas se internaron en el pasillo escucharon las pisadas de la gente y lo

que parecía ser una innumerable cantidad de voces, todas hablando al mismo tiempo.

Un caballero, vestido con la armadura de general, salió cuando ellos estaban por entrar

por una lujosa puerta de plata.

   - Gran Velador Cugedhion, es por aquí – le dijo.

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—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

   El velador se mostró algo desorientado, dándose apenas cuenta que el pasillo por

en el que se encontraba era solo parte de un largo complejo de pasajes y habitaciones,

pero sin mostrar su sorpresa, caminó hacia donde lo estaban llamando. Al dar la vuelta

en la esquina se encontró dentro de una habitación enorme, acondicionada para tener

varios sub pisos. Todo el lugar se encontraba atestado de gente, guerreros de toda

clase, desde los caballeros comunes hasta los generales, de guardias de ciudad, hasta la

élite de la guardia imperial y todos en movimiento, hablando y discutiendo igual que

un patio de recreo, haciendo evidente que el Paladín aún no se había presentado.

   - Eres uno de los primeros veladores que llega, aunque por fin te han ganado en ser

el primero, gran Cugedhion – le dijo una voz a su espalda y al dar la vuelta, el velador

pudo ver al general que los había guiado. De primer momento no pudo recocerlo y no

por el yelmo que traía puesto, sino más bien por la cantidad de suciedad en su cara y

armadura así como por todas las cosas que llevaba encima, bolsas, fundas y paquetes

de cristales y rollos, todas abultando lo que parecía ser una figura delgada, pero

después de unos segundo, la brillante sonrisa del general le abrió la memoria como por

arte de magia.

   - ¿Authiel?, ¿eres tú? – preguntó Cugedhion con sorpresa.

   El general se quitó el yelmo y mostrando unas lindas facciones a través de las

manchas de sudor y suciedad le dijo – que ya no me reconoces, ¿has olvidado a tu

querida sobrina? –

   - ¡Muchacha!, por Frey que has cambiado, pareces más un elfo que la linda fata que

conocía – exclamó Cugedhion lleno de alegría, viendo como su sobrina aún

conservaba los rasgos femeninos de su madre, pero con un cuerpo que parecía el de un

caballero, alto y fuerte, por lo menos en comparación con el propio.

   - Es la armadura y todo esto que llevo alrededor. Lo único que tengo de mi padre es

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

la estatura – respondió Authiel con alegría.

   - Veo que ahora eres general, es bueno ver que los cuerpos de guerreros aún

mantienen a gente útil en ellos, es una pena que la guardia no piense igual – le explicó

Cugedhion – pero dime ¿cuánto tiempo llevas aquí? –

   - Todo el día, pero no me he aburrido demasiado, los rumores y comentarios me

mantienen ocupada. Sin embargo – Authiel hizo una pausa antes de continuar, viendo

a todos lados para asegurarse que nadie la estuviera viendo o escuchando - ¿es cierto

que se planea una ofensiva hacia el sur? –

   Cugedhion asintió en silencio.

   - ¿Cuándo se decidió eso?, ¡nunca se le informó a los cuerpos de guerreros…! -

gimió Authiel elevando la voz. El velador la tomó de los hombros y le indicó que

bajara el tono, con lo que ella continuó – mis guerreros se están muriendo por

millones en el sureste, los hunos están más cerca que nunca de Annwyn y ¡ahora me

salen con esto!, llevo lunas pidiéndole refuerzos y durante todo ese tiempo solo me

dicen que no hay reservas – la fata apretó su yelmo con fuerza, solo para azotarlo en el

suelo en medio del silencio de asombro que había producido en todos los presentes. El

velador los miró de forma incriminatoria y esperando a que todo mundo regresara a lo

suyo, miró a alta joven con cariño.

   - Debes bajar la voz, no es prudente que te escuchen ese tipo de comentarios –

   - ¡Pero lo que digo es cierto! – refutó ella con energía.

   - Por eso mismo no debes de hacerlo –

   Ella apretó sus labios a la vez que sus ojos comenzaban a mostrar los deseos de

llorar ante una terrible impotencia. Por fin le era evidente todo, el alto mando no

estaba tomando decisiones precipitadas, sino que planificaba todo en un contexto

oscuro. Los cuerpos de guerra estaban divididos en dos parte, una era los cuerpos de

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guerreros, integrados por gente proveniente de todas las raíces y de todos los estatus,

siempre y cuando supieran pelear y la otra, era la guardia imperial, la cual estaba

compuesta únicamente por personas pertenecientes a las élites de la orden, que a su

vez estaba compuestas por fanáticos pomposos, carentes de todo sentido de

responsabilidad civil. Y ella ya no podía soportarlo, los guerreros, salvo casos

excepcionales, habían sido los responsables de todas las victorias importantes a lo

largo de la guerra, mientras la guardia solo se encargaba de disfrutar dichas victorias al

mismo tiempo que llevaban a cabo los sometimientos de remanentes humanos, pero lo

peor era que el alto mando trataba a la guardia por sobre los guerreros y que las

decisiones de su movilización no eran compartidas por los jefes guerreros, eso daba

como resultado un mando altamente ineficiente, pues no se mantenía unidad con

respecto a los cuerpos de guerra. Pero no podía hacer nada, su tío decía la verdad – es

horrible ¿verdad? - dijo con pesimismo – hoy día es más peligroso hablar que pelear –

   Cugedhion la miró con la misma tristeza en sus ojos, compartía su dolor, pero

estaba en condiciones aún peores que ella. Él era parte de la orden, por lo que si bien

podía conseguir beneficios, también estaba más atado que muchos con respecto al alto

mando, en otras palabras, su vida pertenecía a la orden y por lo tanto, al Paladín.

   Antes que le pudiera decir cualquier cosa, una puerta al fondo de la enorme

habitación se abrió de forma sonora y todo el mundo se quedó callado cuando una

pequeña corte de guardias avanzó en dos columnas, deteniéndose frente al

conglomerado de gente, con el puño cerrado se golpearon el pecho, dejando su brazo

en aquella posición.

   De inmediato, todos los presentes hicieron lo mismo, se llevaron los puños al

pecho, manteniéndose erguidos y callados ante la pequeña figura que salía de la puerta.

   El tercer Paladín del imperio.

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————



                                           V

                           EL CORAZON DEL IMPERIO



   Sus ojos azules se veían cansados, aun en la distancia y su paso era lento, sin gracia

ni presencia, ella solo los miró, girando la cabeza con lentitud, como tratando de verlos

a todos como parte de una sola panorámica, no como un conjunto de individuos y sin

regresar la cortesía del saludo siguió caminado hacia el centro de la habitación. Todos

los presentes bajaron sus brazos, pero nadie regresó a sus actividades previas, solo

siguieron de pie y en silencio, esperando que ella dijera o hiciera algo. Aunque las tres

personas que seguían más cercanas a la entrada se miraban entre sí, sorprendidas de

aquella actitud. Ni siquiera Authiel, quien ya llevaba tiempo en aquel lugar, había sido

testigo de la peculiar forma en que Saerwen respondía o trataba a los suyos, pero

Cugedhion era quien se sentía más insultado, quizá hasta humillado. Había sido

velador por mucho más tiempo que lo que ella tenía de vida y sentía que aunque

tuviera un cargo demasiado importante, eso no le daba derecho para comportarse de

aquella manera, o es que había olvidado que los cargos más altos no confieren sino una

mayor responsabilidad. Ni siquiera el gran Auberon se comportaba de esa forma,

siendo él, el único Alberich, así como tampoco lo había hecho el último Merlín, quien

al haber sido elegido por el consejo y por el pueblo, tenía más derecho que ella para

mandar. Pero al final, ¿qué podía hacer?, ¿regañarla?, ¿o solo tragarse su propia

dignidad?, por más que le molestara, le segunda opción era la más sensato y sin quitarle

sus ojos de encima, caminó hacia ella.

   - Ah, Cugedhion – le dijo ella al verlo – es bueno ver que pudo venir –

   - Se me ordenó que viniera, así que lo hice gran Paladín – respondió él de forma

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—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

mecánica. Evitando cualquier tono en cualquier modo.

   - Bien – respondió Saerwen sin bajar la cabeza, pero al mismo tiempo rehuyéndole

la mirada, enfocándola sobre algo encima de la cabeza del velador. Cugedhion se dio la

vuelta de inmediato, hacia donde el Paladín ponía los ojos, pero solo vio el estandarte

imperial en una pared y al regresar la mirada vio como Saerwen seguía igual, pero el

velador no podía entender del todo aquel gesto. No podía saber si ella miraba aquella

insignia para adquirir valor, para poder hablar llena de energías de nuevo, o porque en

verdad aún sentía devoción por su causa, pero ella no le dio el tiempo para que pudiera

averiguarlo, sin más, se dirigió hacia el tumulto de presentes y empezó a saludar a los

primeros de cada fila.



   Durante dos horas, Cugedhion y sus acompañantes estuvieron de pie, inactivos,

solo escuchando un sinfín de propuestas de movimientos que en su mayoría

resultaban, o atrevidos o simplemente inútiles, ya fuera por la irrealidad de los mismos

o por buscar oportunidades imposibles. Lo único que valía la pena ver era la cantidad

de gente que llegaba cada cierto tiempo, la mayoría eran capitanes, pero también

llegaban generales, veladores y caballeros de la orden. Al llegar a la tercera hora,

Saerwen levantó la cabeza y viendo que la comitiva que había mandado a traer se

encontraba presente, por menos en su mayoría, levantó la mano y dijo – es hora de

empezar con la reunión, me retirare al salón interior y quiero que vengan conmigo solo

los generales, capitanes y los veladores –

   Todos se quedaron callados, sorprendidos de aquellas palabras. Al Paladín se le

conocía por siempre dar mayor prioridad a los caballeros de la orden, o a la guardia

élite y dejar siempre de lado a los demás cuerpos del imperio, como si estos fueran

solo grupos auxiliares.

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

   Saerwen dio un leve vistazo a las caras que tenía frente a ella y mostrando cierto

gusto en sus expresiones empezó a caminar hacia la pequeña puerta a sus espaldas.

Todos se quedaron inmóviles un rato más, siendo Cugedhion el único en animarse en

seguirla, pidiendo primero a Voronwë que lo esperara hasta que saliera. Al verlo

moverse, todos los demás lo siguieron como si fueran los miembros de una manada.

Al entrar por la puerta, Cugedhion se sintió de inmediato en otro mundo al verse en

una habitación oscura, completamente circular, rodeada por varias luces a manera de

velas y con un techo increíblemente alto, el lugar no le inspiraba confianza, parecía

como un sitio sagrado, pero el lugar en sí, no se sentía sagrado. En medio de la

habitación se encontraba Saerwen, quieta, viéndolos fijamente.

   - Por favor, siéntense – les dijo al señalar un conjunto de sillas de piedra alrededor

de ella.

   Uno a uno, todos se sentaron, todos a excepción de Cugedhion, quien mantenía

todavía cierta aversión por el lugar, aunque más por la anfitriona.

   - Gran Velador Cugedhion, por favor – le dijo un general – algunos venimos de

muy lejos y no nos gusta estar perdiendo tiempo -

   Cugedhion lo miró con cierto enfado, pero haciéndole caso, tomó asiento, aunque

siguió poniendo más atención en los detalles del lugar que en sus compañeros. Al girar

la cabeza hacia abajo, se quedó mirando un extraño símbolo, muy diferente al símbolo

del imperio; dos círculos negros, uno dentro del otro y una combinación de cuatro

cruces gamadas en ellos, formando una especie de rueda extraña. “Esto es un símbolo

del hombre” pensó, pero su mirada cometió el descuido de subir, quedándose fija en

los ojos de Saerwen, quien lo veía fijamente con aquellos ojos azules, penetrantes

como los de un lobo hambriento. Cugedhion empezó a sentirse temeroso, como si

aquella fata pudiera leerle el corazón, como si supiera lo que él pensaba y sentía de ella,

136
—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

trató de mantenerse confiado, pero descubrió que le era más difícil de lo que hubiera

deseado, solo pudo cerrar los ojos y esperar que cuando los abriera, ella estuviera

viendo a otro lado, pero cuando lo hizo, ella seguía mirándolo. Por un instante pudo

ver un extraño fulgor saliendo de sus ojos, pero al instante perdió el miedo, al menos

lo suficiente como para verlo mejor, Saerwen entonces giró la cabeza hacia el otro

extremo del círculo, pasándola rápidamente por todo el lugar, asegurándose que

estuvieran todos los que debían de estar.

   - ¿Por qué los he llamado?, no es eso lo que se preguntan – les dijo y cuando todos

esperaban la respuesta, ella se mantuvo en silencio, como si quisiera torturarlos con la

espera, o flagelarlos con una respuesta no grata.

   - Gran Paladín, por favor, díganos la razón – preguntó Authiel, hablando por todos

los presentes.

   Saerwen levantó la cabeza y después de guardar silencio un rato más, empezó a

hablar como si se estuviera dirigiendo a ella misma, como si la rotonda de presentes no

estuvieran más vivos que un retrato – el nuevo mundo que he buscado se ve cada día

más distante, más lejano y pareciera que se ha vuelto inalcanzable, o quizá nunca

existió la oportunidad de crearlo. A estas alturas es lo único que invade la mente del

Imperio, mi mente y la de todos los que conozco… -

   - Gran Paladín – interrumpió Cugedhion con energía - ¿a qué hemos venido? –

   - ¡A CONSEGUIR LA VICTORIA! - le gritó Saerwen al bajar la cabeza con

brusquedad – el triunfo de nuestro pueblo no está perdido, es solo que ustedes no lo

ven. El humo de las bestias de hierro han opacado su visión, pero no la mía, ¡no la mía!

– y al decir esto, volvió a quedarse en silencio, como si toda la energía se la hubiera

acabado con aquellas palabras.

   - Los aliados se mueven desde el sur y el este con suma velocidad, es posible que el

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

invierno los haga más lentos, pero falta un cuarto de luna para que empiece y es

probable que ya hayan entrado en los límites de la primera raíz para ese entonces –

replicó un general.

   - No hay forma de pararlos, en tierra aún tenemos oportunidad de ganarles, pero

cada día muestran nuevas armas y en mayores cantidades. Además tienen los cielos

repletos de aves de hierro y sin el dominio de los cielos no podemos recuperar los

territorios perdidos – expuso otro.

   - Entonces ¿qué? ¿Rendirnos? - dijo un velador al levantarse con fuerza – tengo

doscientos mil habitantes en mis tierras y no se los pienso dejar a esas bestias –

   - ¡¿Vas a sacrificarlos?! ¡¿Para ti es mejor que se mueran en combate que garantizar

sus vidas con una rendición?! - gritó Cugedhion – los campesinos o gremiales sin

preparación no tienen la menor oportunidad contra los hombres, ¡morirían en

minutos! –

   - ¡No voy a rendirme! – le contestó el otro velador con el mismo tono.

   - Nadie se rendirá – exclamó Saerwen con voz calma, dejando una vez más en un

completo silencio a toda la habitación.

   - Pero ya no tenemos capacidad para organizar ningún ataque – replicó Authiel –

mis guerreros se encuentran muy cansados y ya no contamos con la cantidad suficiente

de elementos para avanzar –

   - No lo harán general – respondió Saerwen.

   - ¿Es ese el plan?, ¿quedarnos quietecitos? – preguntó Cugedhion.

   Saerwen lo miró con enfado y caminando hacia él le dijo – ustedes, los veladores,

no se moverán de sus ciudades y en cuanto a los generales se les ordena mantener las

guarniciones más cercanas a las que se encuentren, si dos o más ejércitos terminan

juntándose mejor –

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—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

   - ¿Y entregar más territorios a los hombres? – exclamó un general de tal forma que

pareció como si lo hubieran herido.

   - Usted mismo acaba de decir que es imposible recuperar los territorios perdidos.

Lo repetiré una vez más, ustedes se convertirán en el último escudo del imperio –

   - Un escudo, ¿y la lanza?, supongo que solo la arrojamos sin pensar en ella – le dijo

Cugedhion a todos los presentes.

   - ¿A qué se refiere Gran Velador? – preguntó Authiel, quien trataba de ver a su tío

dentro de su cargo, no como parte de la familia, por lo menos dentro los asuntos

formales.

   - Hace tan solo poco tiempo se me ordenó mandar a Erlos, de la Orden de la Luna

Negra, a territorio aliado – respondió el capitán - ¿o es que leí mal las indicaciones? –

   - ¡¿Erlos, el negro?! – gritaron sorprendidos algunos de los presentes, pues veía eso

casi casi imposible. Desde que Erlos había atacado a la orden en una sesión del

consejo, se le había prohibido participar activamente en cualquier actividad de los

cuerpos guerreros, así como también de la guardia, aunque esta última era menos que

basura para él.

   - Te gusta adelantar las cosas Cugedhion, ese es tu problema – le respondió

Saerwen, aumentando el tono entre más hablaba, sacando toda la tensión que se

empezaba a concentrar en su interior – me tratas sin respeto, como si fuera aún aquella

sacerdotisa, pero olvidas que ahora yo soy la protectora suprema del Imperio –

   - Gran Paladín – replico él – no busco molestarla, solo quiero quedar sin duda con

respecto a lo que usted ha decidido hacer con nosotros. Quiero conocer su plan. Eso

es todo –

   Ella pareció aceptar la explicación del velador y caminando hacia atrás, se alejó de

él, quedándose una vez más en medio de todos – ustedes serán el escudo del imperio,

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

pero como explicó antes de tiempo el velador, aún tendremos la lanza –

   - Pero los guerreros van a estar defendiendo las torres y ciudades – expuso un

capitán.

   - Los caballeros de la orden y la guardia imperial serán la nueva lanza del imperio –

respondió Saerwen.

   - ¡Pero ellos no tienen la fuerza para…! –

   - Erlos y sus caballeros estarán allí para apoyarlos – interrumpió ella.

   - Pero… -

   - ¡SOLO NECESITO UN ÚLTIMO ATAQUE! - gritó el Paladín- ¡ya saben que

hacer!, váyanse y cumplan con su deber – dijo antes de darse la vuelta y quedarse en

silencio, mirando un asiento vacío. Todos entendieron que sería imposible tratar de

contradecirla, en ese aspecto era igual al último Merlín, aunque éste todavía permitía la

exposición de alternativas, aunque fuera solo para refutarlas.

   Uno a uno, todos salieron de la habitación totalmente cambiados, si al entrar

algunos mostraban ciertas esperanzas, ahora todos salían derrotados. El último Merlín

había sido asesinado y si bien algunos pensaban en repetir el acto, ya no lo veían como

una buena posibilidad, según se decía, fue la misma orden quien lo había asesinado, y

todo porque él había pensado en reducirle poder a ésta y darle más peso a un consejo

guerrero, pero ahora, Saerwen manejaba tanto al consejo como a la orden, la cual

mantenía a todo el imperio vigilado. Matarla ya no era la solución, al hacerlo podrían

acentuar las divisiones internas, lo cual era una excelente oportunidad para los aliados y

era seguro que no la desaprovecharían. Era cierto que las decisiones de Saerwen

estaban deteriorando todas las oportunidades que tenían para sobrevivir, habían roto

ya cualquier nexo con los enanos y según se decía, los elfos grises ya habían empezado

a unirse a los hombres, pero el imperio no podía permitirse cometer cualquier acto que

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—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

lo debilitara aunque fuera un poco. Solo se mantenía por su propia unidad.

   Cugedhion fue el último en salir, dándole una última ojeada a la sala, evitando

mirarla a ella. Al cerrar la puerta, miró a Authiel, quien se le acercó con una mirada

llena de preocupación.

   - ¿Qué significa todo esto? – le preguntó ella.

   - No lo sé – le respondió – sé que ella no nos considera indispensables, al menos

con respecto a la guardia imperial, pero en ese caso hubiera sido mejor mandarnos a

nosotros como la punta de lanza. A menos que lo que busque sea tan importante que

cree que nosotros lo echaríamos a perder –

   - ¿Crees que sea a Aranhil lo que busque? – preguntó ella.

   Él la miró un instante antes de responderle con cierta burla – mi niña, no creo que

sea por él. Realmente dudo que esos rumores hayan sido ciertos, las personas como

ella son incapaces de sentir amor real por cualquiera fuera de sí mismas –

   - No lo creo, ¿no viste como miraba la silla?, era la misma que él siempre ocupaba.

La verdad, creo que se ha convertido en alguien perdido entre sus sueños y sus

pesadillas, pero también creo que aún busca alguien en quien aferrarse –

   Cugedhion recordó lo poco que entendía a las fatas y por momentos olvidada que

Saerwen también lo era. Quizá era por su cargo, o por el asco que sentía por ella, que

siempre la veía como una especie de enferma, con solo pensar en su cara recordaba

aquellas antiguas leyendas donde se decía que el hombre había nacido inmortal, pero

que se había condenado a morir al volver su corazón negro y su mente enferma. El

problema era que Saerwen no moriría sola, de poder hacerlo, se llevaría a todo el

imperio con ella. Sus pensamientos lo distrajeron lo suficiente como para sorprenderse

cuando una mano lo sujetó del brazo, haciéndolo girar con estrepito.

   - Señor, creo que es mejor retirarnos – le dijo Voronwë.

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

   - Sí, creo que sí – le respondió mientras sujetaba su hombro.



   Ella seguía viendo el asiento, tratando de imaginarlo de nuevo, su sonrisa, su voz.

Pero por más que lo intentaba no podía. Era como si al irse, toda imagen suya, todo

recuerdo suyo también se hubiera escapado. Por un instante quiso terminar con su

vida, estaba segura que lo hombres ya había acabado con la de él, así que la única

forma de poder verlo de nuevo era en el gran salón blanco, donde los espíritus de la

Gaia se reunían cuando sus vidas se habían extinto, allí podrían estar en paz hasta el

final de los tiempos. Tomó una pequeña daga entre sus manos y apretándola con todas

su fuerza la subió hacia su garganta muy lentamente, descubriendo como sus manos

temblaban ante su incapacidad, ante su debilidad.

      - ¡No! – dijo con firmeza antes de bajar la daga y dejarla caer en el suelo, justo al

momento en que la puerta se abría y un caballero de la orden entraba por ella.

   - Gran Paladín, ¿hago entrar a los caballeros? – preguntó.

   - No, solo a Ortherion y a Dramorion, los demás que esperen –

   - Si Gran Paladín – respondió antes de cerrar la puerta, solo para abrirla casi un

segundo después.

   Un par de guardias entraron por la puerta, ambos vestidos con armaduras negras,

casi sin brillo y adornadas con caracteres élficos en plata que formaban un antiguo

cántico.



                               El canto del árbol resuena en el campo

                                 Donde solo yo escucho tu nombre

                                 He orado por ti, he llorado por ti

                                   Pero no he hecho nada por ti

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                                     Solo tú sabes lo que siento

                                     Solo tú sabes de mi dolor

                              Perdóname, desde tu tumba, perdóname



   - ¿Nos ha llamado Gran Paladín? – dijeron al unisonó al tiempo que se arrodillaban

ante ella. Quién solo se dignó a mirarlos, sin regresarles el saludo.

   - He ordenado una ofensiva masiva al norte de Rahannwyn, en el bosque de “Ar

Duen” donde los romanos y sajones han formado una avanzada, quiero que tú,

Ortherion el conquistador, hijo de Turin, me asegures la recuperación del pergamino

del sueño del rey – le dijo a uno de los presentes.

   – Si gran paladín, lo haré – respondió lleno de confianza.

   - ¿Y yo que haré gran paladín? – preguntó el otro caballero.

   - Dramorion el explosivo, tú iras a las tierras de Ganges – respondió ella.

   - ¡Pero eso es en las tierras del hombre! - dijo él, levantando la cabeza con temor -

¿Qué puede haber allá que sea tan importante? –

   Saerwen sonrió con dulzura, mostrando un gesto que ninguno de los caballeros

había visto, ni esperaban ver de ella y acercándosele a Dramorion le pidió que se

pusieran de pie. Él lo hizo de inmediato, mostrando sus enormes proporciones en

comparación con su Paladín, mostrando también su nerviosismo, pues no sabía que

esperar de aquella sonrisa.

   Pero ella solo lo tomó de la mano y mostrando todavía aquella sonrisa le dijo – la

llave de la victoria del Imperio –

   El caballero asintió con respeto, lleno de confianza en aquellas palabras– partiré de

inmediato Gran Paladín –

   - No es necesario Dramorion, lo que esperamos estará listo en algunos días –

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

   Los dos caballeros se miraron tan llenos de duda como de incomodidad por no

poderse sentir con la suficiente confianza de preguntar sobre aquella afirmación. Pero

Saerwen no esperó a que ellos tomaran la iniciativa y sentándose en una las sillas de

piedra los miraba con aquella ternura casi maternal – se me ha permitido ver, por eso,

pido que no duden de mi palabra –

   - No he dudado, ni dudaré, mi Paladín – respondió Ortherion al llevarse el puño al

pecho, pero su compañero seguía mostrando sus dudas. Pero mirando a Saerwen

repitió las señas de Ortherion, sin decir nada más.

   Ella empezó a desdibujar su sonrisa, pero no dijo nada, solo esperaba con paciencia

a que él dijera algo. Sentía su duda con respecto a lo que había dicho, pero no sentía

duda con respecto a su lealtad por ella ni por la orden. Pero se mostraba indeciso en

expresar sus vacilaciones, así como también en mostrar su determinación.

   - ¿Dramorion? – preguntó ella con seriedad.

   Él bajó la cabeza de inmediato y con voz decidida, pero baja, respondió – tampoco

me invade la duda mi Paladín –

   - Bien - respondió ella antes de darse la vuelta e indicar con su mano que se

retiraran, ellos obedecieron en el acto, caminando con pasos rápidos pero silenciosos,

dejando al Paladín solo, con sus pensamientos como única compañía.



   - ¿Qué fue eso? – preguntó Ortherion a su compañero.

   - ¿A qué te refieres? –

   - Tu silencio. A eso me refiero –

   Dramorion desvió la mirada del otro caballero, pero cuando este lo sujetó con

fuerza del brazo, no tuvo más remedio que voltear y responderle – lo que dije fue

cierto, pero… -

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—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

   - Pero ¿qué? –

   - Solo los dioses otorgan el don del augurio y ella jamás lo había poseído antes –

   Ortherion soltó el brazo de su compañero y adelgazando su voz le contestó – eso

no lo sabemos –

   - ¿Crees que ella haya visto todo esto desde el principio? – preguntó Dramorion

buscando una respuesta en su compañero, pero este movió la cabeza de lado a lado,

sin negar o analizar la situación.

   - No lo sé – respondió con calma.

   Dramorion sonrió con enojo – ves como todos dudan – le dijo.

   - Dudo del modo que toma su fuerza, no de sí la tiene o no – respondió Ortherion

de la misma forma – somos caballeros de la Nueva Orden, juramos lealtad tanto al

Merlín como al Paladín, eso jamás debe ponerse en tela de juicio –

   Dramorion lo miró por un instante, antes de empezar a caminar al tiempo que sus

labios mostraban una sonrisa de burla – dudar es dudar, lo que digas no cambia ese

hecho – le dijo al darse una ligera vuelta, dejando a Ortherion con media bufada en las

narices antes de desaparecer de la habitación.



                                           VI

                                VALORES SUBJETIVOS



   El camino era un asco, lleno de barro y arboles a medio tirar y la noche era aún

peor, con todo el cielo nublado, tirando aquella brizna que solo sirve para acentuar el

frio nocturno. Y con la poca luz que salía de los faros se podía apreciar realmente la

fuerza con la que el agua de la presa se había liberado, arrasando todo a su paso. Isaac



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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

pensaba en lo afortunado que era, de haber seguido de largo en lugar de haberse

quedado esa noche en New Exeter le hubiera tocado la peor parte del desastre.

   Ya había estado conduciendo toda la noche y empezaba a sentir los estragos de

todos los descansos que había dejado incompletos. Se había estado dirigiendo al oeste,

pero la verdad, no sabía bien donde estaba, algunos caminos habían sido borrados y

otros estaban en tan mal estado que eran irreconocibles, sin embargo un conjunto de

luces se asomaban a la distancia, anunciándose como el único rastro de civilización en

kilómetros a la redonda y sin tener un lugar a donde llegar, Isaac optó por dirigirse

hacia ellas.

   Al acercarse más se vio al final de una larga cola de vehículos que se amontonaban

unos contra otros, todos esperando su turno para avanzar. Parecía que la destrucción

había dejado su cuota de damnificados y ahora todos ellos buscaban refugio en los

campos militares, aquello en era realidad una buena oportunidad para Isaac, por

supuesto que no ocupaba refugio y sus provisiones eran suficientes, pero había

aprendido que siempre que se presentaba la ocasión de comerciar o reabastecerse, ésta

debía de tomarse sin duda y quizá lo más importante, por fin tendría un descanso

cómodo, claro que bien pudo quedarse en la selva, o incluso quedarse al lado de la

carretera, ya lo había hecho muchas veces, pero siempre había que mantener un ojo

abierto, lo mejor en todo caso, era quedarse en los pueblos, por otro lado quedarse

junto o en los campos militares daba más seguridad, pero entonces se debía de tratar

con los soldados, cosa que detestaba.

   Al avanzar la fila, notó la cantidad de soldados que estaban en la caseta, todos

fuertemente armados, moviéndose de un lado para otro, como si estuvieran esperando

algo, o mejor dicho como si no supieran que esperar de los recién llegados, al llegar su

turno, un grupo de soldados rodeo la semioruga con cierta sorpresa en sus rostros,

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—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

aquello era un vehículo militar y definitivamente no era británico, de hecho, no había

ningún tipo de insignia o marca que indicara la procedencia del mismo, a excepción de

un extraño dibujo de dos rifles en equis debajo del cráneo de un animal, pero lo más

importante era que esa cosa no tenía que estar haciendo algo por aquellos rumbos.

   El encargado de la caseta se acercó con cierta precaución hasta Isaac y le pidió que

se identificara, pero sin responder algo Isaac solo se limitó a sacar una pequeña cartera

verde y abrirla frente al soldado, dentro estaban dos tarjetas, la primera era un permiso

real para la portación de armas de fuego, la segunda era una credencial diplomática por

parte del gobierno francés. Ambas eran reales, las había conseguido al mismo tiempo

al salvarle la vida a un “traficante de influencias” ingles, justo cuando se había iniciado

el ataque sobre Agra, el mismo día en que los antiguos lanzaban su última ofensiva

masiva en el norte de África, en un intento de sitiar el Cairo y tomar control del canal

de Suez. Al recordar todo, se dio cuenta de la cantidad de suerte que había tenido para

haber logrado sobrevivir, en aquellos días aún no poseía los recursos con lo que ahora

contaba, pensaba que quizá todo había sido cuestión de suerte, o quizá, simplemente

había sido el momento oportuno para los hombres, de cualquier forma y como si

hubieran sido reflejos, Montgomery y Rommel habían tenido la misma cantidad de

pertrechos que él, comparativamente hablando y también terminaron convirtiendo

todo el asunto en un victoria, la segunda sobre Ávalon, y en la base de lo que sería la

liberación de Europa. Por supuesto que su victoria personal no había significado nada

para alguien fuera de un par de corruptos, él incluido, ¿pero que importaba?, al final es

uno mismo quien debe velar por su propia seguridad, después de todo, la amistad y la

caridad eran mitos que Isaac había aprendido a despreciar desde su infancia, aunque

ahora se daba cuenta que hace tan solo un par de semanas también hubiera colocado la

palabra amor en la misma categoría, pero ahora ya no quería estar tan seguro.

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

   El joven soldado no supo cómo reaccionar, al principio volteó a todos lados, como

buscando a alguien que le dijera que hacer, pero al ver que la fila continuaba detrás de

la semioruga y que las credenciales que le mostraban parecían, o eran reales, tuvo que

permitir el paso del extraño, moviendo su brazo con la señal de avanzar.

   Isaac volteó a ver al soldado – “mercy” – le dijo al pasarle de largo, mientras seguía

las indicaciones hacia un largo prado al lado de un camino de concreto, al acercarse vio

una serie de vehículos estacionados cerca de la esquina del campo y haciendo lo mismo

se estacionó junto a ellos, aunque guardando su distancia, prefiriendo quedarse más

cerca de un bloque de barracas.

   Un uniformado que pasó a su lado pareció reconocerle y con disimulo lo miró con

desprecio, a Isaac esto no le importaba, que algunos militares lo consideraran como un

oportunista, o incluso como un desertor, le era la menor de sus preocupaciones,

siempre y cuando no se metieran con él. La verdad era que al alto mando le convenía

tener alguien por ahí matando dragones y otras cosas, de esa manera el ejército podía

centrase mejor en la guerra, él era, a fin de cuentas, un mal necesario.

   - ¿Tu que me ves? – le dijo al soldado mientras se acomodaba sus lentes con el

dedo de en medio levantado.

   El soldado solo dio media vuelta y siguió su camino, ignorando las risas del

cazador.

   Isaac por su parte, se subió a la parte trasera de su blindado para sacar una tienda, si

bien dormir en el interior de su vehículo le era más cómodo, también estaba ya harto

de la rutina, además así podría sentir un poco de aire, aunque esperaba que la brizna no

le impidiera cerrar los ojos, pero apenas se acostó, estos se cerraron casi de inmediato,

haciéndole caer en el reino del sueño.




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   En la mañana siguiente se despertó temprano, lleno de la energía que tanto le había

faltado por días enteros y se levantó rápidamente para ser el primero en la fila de

alimento, por supuesto que su porte despótico contrastaba enormemente con los

cansados damnificados, pero esto le permitía tener a cualquier extraño a raya. Con su

plato en mano, Isaac volteaba a ver a todos los que pasaban con caras tristes y de

pronto se preguntó del porque estaría toda esa gente siendo transportada la noche

anterior, si la presa había sido destruida hacia más de una semana, eso no tenía sentido.

Aquello le intrigaba un poco, no lo suficiente como para tomarse la molestia de

preguntarle a un soldado, pero para pasar el rato, decidió preguntarles a los exhaustos

viajeros, aún si corría el riesgo de no conseguir buena información. Sin más, vio a un

grupo de jóvenes que charlaban entre sí, tranquilos, incluso bromeando, como si nada

malo hubiera ocurrido en algún lugar y decidió dirigirse ellos cuando de pronto un par

de autos militares pasaron a gran velocidad distrayéndolo un momento antes de

continuar su camino.

   - Oigan, ¿ustedes saben por qué tanto tumulto? – preguntó al llegar junto a ellos.

   - ¿Qué no sabes nada de los ataques? – le respondieron con cierto asombro, como

si todo el mundo, excepto él, supiera lo que ocurría – ya van muchas villas donde se les

ha visto –

   - ¿A quiénes? – preguntó Isaac con una curiosidad ya motivada.

   - Nadie lo sabe bien, pero yo escuche de algunos soldados, que se trataban de

separatistas indios – respondió uno de los hombres.

   - No pueden ser los indios, desde que el gobierno firmó con la India las cartas de

gobierno conjunto y soberanía compartida ya no andan haciendo escándalos, ni ellos ni

los musulmanes. No ves que ya ni siquiera ese Gandhi anda haciendo sus marchas ni

nada. Te digo que no son los indios, yo estoy seguro que se tratan de espías antiguos,

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

vi a uno sacando fuego con la mano – respondió otro de los presentes, tratando de

callar a su compañero.

   Isaac dio la media vuelta en lo que los hombre se empezaban a pelear y a callarse el

uno al otro, pensó que tal vez alguno más de los civiles presentes sabría algo, pero

después de un rato preguntando solo recibió respuestas increíblemente variadas, las

cuales iban desde bandidos o hasta conspiraciones contra el primer ministro o la reina

por parte de comandos rusos. Todo ello le parecía una sarta de tonterías, por lo que

arrepintiéndose por su estupidez, decidió dejar todo por la paz, de cualquier forma no

existía una buena probabilidad de obtener buena información, además, fuera lo que

fuera lo que le estaba sucediendo a los poblados, no le competía. Pero al regresar a la

cabina de su vehículo, vio la pintura de Elizabeth y comenzó a preocuparse por ella,

pensando como tal vez New Exeter podía ser la siguiente en ser atacada, con esto, la

curiosidad sobre los ataques volvió hacia él, así que se decidió por obtener información

útil a como diera lugar, se quitó los lentes y la capucha para no ser identificado con

tanta facilidad y salió del vehículo por segunda vez, dirigiéndose hacia los soldados ya

que pensaba solo ellos podrían darle la certidumbre que buscaba.

   - Disculpen – dijo con una amabilidad tan falsa como bien fingida – hace rato vi a

unos autos salir con mucha prisa, ¿acaso ocurrió algo? –

   Los soldados lo voltearon a ver, serenos, casi amables, signos de que no lo habían

reconocido y le respondieron con calma.

   - Han atrapado a uno de los que estaban atacando las villas, se cree que es el jefe del

grupo, lo va a traer aquí para interrogarlo, eso es todo lo que podemos decirle por el

momento –

   - Gracias – dijo Isaac y dándose la media vuelta continúo sin ser escuchado -

imbéciles -

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   No había pasado más de diez minutos cuando un pequeño convoy de vehículos

militares se dejó ver en el horizonte, dirigiéndose hacia el campo con impresionante

velocidad. Aparentemente tenían prisa por llegar al cuartel y empezar en serio con los

interrogatorios lo más pronto posible. Los ingleses no tenían la misma fama que los

rusos o los japoneses en cuestiones de obtención de información, pero eso no quería

decir que no tuvieran sus propios métodos de consulta.

   Al cruzar la caseta de entrada, todas las víctimas se acercaron para ver con mayor

claridad al responsable de los ataques, tomando en cuenta que la marea de

desinformación que se había producido provocaba aún más incertidumbre con

respecto a la apariencia del mismo. Pero todos los civiles quedaron sorprendidos

cuando al pasar un par de jeeps y aparecer un camión totalmente descubierto en su

parte posterior, se dejó ver a un hombre simple y delgado, de tez blanca y cabello

oscuro de peinado ridículo, vestido totalmente de negro y cuyos ojos cansados se

levantaban para mirar a la multitud a través de unos lentes de armazón fino. Parecía

saludarlos con una sonrisa burlona formada en su boca seca, y su nariz grande y

puntiaguda, parecía arquearse con aquella extraña sonrisa, la cual también hacia

sobresalir sus huesudos pómulos.

   Cuando el camión entró en una pequeña bodega todos los presentes se pusieron

inmediatamente a discutir entre ellos, algunos aseguraban que aquel personaje no

podía ser la misma persona que habían visto, pero otros juraban que había más de una

persona implicada, mientras tanto, Isaac pensaba en lo extraño de aquel sujeto,

ciertamente no era indio, ni tenía la fachada de militar de algún país, aunque lo

segundo no era más que una simple opinión, pero lo más extraño era que a pesar de

haber sido alguien que se había estado ocultando por varios días en el interior de la

selva, se veía bastante pulcro, eso implicaba que en algún lado tendría que haber tenido

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

algún refugio, aunque también existía la posibilidad de que simplemente se hubiera

alojado en alguna posada. Sin embargo, lo que más le había inquietado eran aquellos

ojos, claros, grisáceos en extremo, casi blancos y no pudo evitar sentir que anunciaban

algo malo.

   Después del transporte del sospechoso, el resto de la mañana transcurrió sin nada

de importancia, por lo que Isaac aprovechó la tranquilidad para conseguir alimentos y

reabastecerse de municiones con algunos de los encargados de los depósitos, él sabía

que nunca faltaban aquellos, que aunque usaran uniforme, no dejaban de ser unos

oportunistas igual que él, ya que la ambición era un incentivo más poderoso que el

deber y con los salarios tan bajos que recibían los soldados en las colonias, ni siquiera

había que buscar mucho para encontrar al hombre indicado. Además ahora se

encontraba en una circunstancia favorable, la inundación había provocado la

movilización de suministros a otros campos en medio de un ambiente de prisas y con

la presencia de preocupaciones de mayor índole, era seguro que aún no se habían

llevado a cabo los inventarios adecuados.



   - Una no es ninguna – dijo un soldado al recibir un pequeño fajo de billetes por

parte de Isaac.

   - Y dos son una – respondió Isaac.

   - Y como una no es ninguna – contestaron los dos casi al unisonó, riéndose justo

antes de meterse en uno de los depósitos para sacar una caja cada uno y subirla con

rapidez en la parte trasera de la semioruga del cazador, junto a un paquete de

explosivos de poca densidad.

   - ¿Y qué pasó con el loco que trajeron en la mañana? – preguntó Isaac mientras

acomodaba sus nuevos “artículos de oficina”.

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—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

   - Lo tienen en un pequeño cuarto haciéndole preguntas, pero parece que no quiere

hablar, lo único que hemos podido averiguar es que se llama Edward Salem y que

estuvo presente cuando sucedieron los ataques, aunque yo no sé si en realidad sea o no

el líder del grupo –

   - ¿Entonces hay más de uno? –

   - Eso parece – respondió el soldado.

   Isaac pensó por un momento y luego preguntó – ¿Salem?... jamás había escuchado

ese nombre –

   - Según algunos archivos se trata de un estudiante de literatura de Oxford o

Cambridge, la verdad no recuerdo, pero sé que se le declaró desaparecido después de

la evacuación a Francia -

   - A mí me puso nervioso, tiene cara de loco – expuso Isaac.

   El soldado volteó a ver a todas direcciones, cerciorándose que nadie le estuviera

viendo y acercándose a Isaac continuó - te voy a decir algo, este no es el único caso

raro desde que se cayó la presa, en New Exeter apareció una especie de súper

monstruo, según los reportes forenses se dice que se trataba de un dinosaurio o algo

así, eso y que en New Delhi han estado ocurriendo muchos incendios, como si todo

los males hubieran escapado junto con el agua, creo que el mundo se ha vuelto loco –

   - El mundo siempre ha estado loco – contestó Isaac con pesimismo.

   Una vez que todo estuvo en su nuevo lugar, Isaac le dio la mano a su nuevo

contacto y éste se retiró, alejándose rápidamente de la semioruga. Ya en compañía de

su soledad, Isaac trató de relajarse, tomó el cuadro que le había hecho Elizabeth,

viendo cada pincelada con más detalle, dándose cuenta que si bien no era una pieza de

museo, era una de las mejores pinturas que hubiera visto, aunque cabría decir que no

había visto muchas en su vida. Los detalles eran tales, que el pendiente mismo parecía

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

poseer el brillo del original y en la ventalla se podían distinguir los reflejos que se

producen ante el cristal. Era una verdadera pena, quería colocar la pintura en un buen

lugar, pero en un vehículo militar no había espacio para ese tipo de lujos. Sin una

mejor opción decidió colocarla en el techo de la cabina, así por lo menos la vería cada

vez que quisiera, cuando se levantara y cuando se fuera a dormir.

   Isaac salió del vehículo, dando una rápida inspección a su alrededor, tratando de

pensar o de recordar que otra cosa podría hacer estando allí, pero al ver cómo la tarde

transcurría con la misma calma que el resto de la mañana, pensó que ya había hecho

todo lo que tenía que hacer en aquel lugar y que ya sería tiempo de marcharse, recogió

todo lo que tuviera fuera de lugar y subió a la cabina de su blindado, cuando de

repente, le llegó un olor a quemado, lo que lo hizo voltear de manera automática y al

mirar a la distancia pudo ver el humo saliendo de una barraca momentos antes de que

las sirenas del complejo empezaran a sonar.

   Varios camiones pasaron rápidamente frente a él, llevando mangueras y tropas. En

solo segundos la tranquilidad de la tarde daba paso a un ligero averno.

   Todas las bocinas del lugar empezaron a dar información e indicaciones a todos los

que se encontraran dentro de la base. El prisionero había escapado y a todos los civiles

que se encontraran en el área se les pedía que guardaran la calma y que dadas las

circunstancias, no se les permitiría salir hasta haber verificado el paradero del

sospechoso.

   - ¡Maldita sea! – gritó Isaac golpeando el volante antes de apagar el motor del

vehículo, se bajó de mala gana, insultado su suerte, ahora se tendría que quedar en

aquel lugar por tiempo indefinido, justo cuando había decidido largarse, de haberse

decidió cinco minutos antes ya estuviera lo bastante lejos como para que todo aquel

asunto le volviera a importar nada.

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—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA




   Ya habían pasado más de tres horas y no existían rastros del sospechoso, todos

creían que seguía dentro de la base pues ninguno de los vigías había visto nada fuera

de las cercas, aunque existía la posibilidad de que ya se encontrara en la selva, pero la

duda era demasiada y con ella, el comandante de la base solo pudo autorizar la salida

de no más de veinte hombres para que buscaran por los alrededores, el resto buscarían

dentro del perímetro. Cada edificio era revisado, cada salida y cada esquina se

encontraba bajo vigilancia, pero parecía que al prisionero se lo había tragado la tierra,

ahora solo quedaba revisar donde se encontraban los civiles.

   Casi llegando la noche, un grupo soldados se apareció por las cuatro esquinas del

improvisado campo de damnificados y solo el oficial a cargo de la revisión se presentó

ante los civiles antes que sus hombres empezaran a buscar en cada casa de campaña,

cada auto y cada baúl. Al llegar con Isaac, la expresión de varios de los hombres

cambió de una de cansancio a una de repulsión, a lo que el cazador respondió con

indiferencia, realmente no le importaba el sentir de aquellas personas, solo se retiró lo

suficiente para dejar a los soldados hacer su trabajo, pero para su desgracia la revisión

fue exhaustiva, como si aquellos hombres hubieran tomado de pretexto la desaparición

del prisionero para hacer un inventario de todo lo que Isaac pudiera poseer. El cazador

aparentaba serenidad, sin embargo, se sentía preocupado de que uno de los soldados

revisara la parte trasera y que las cajas que había comprado en la mañana se le

presentara como un problema, no le importaba la posibilidad de que fuera acusado de

traficante, o de posible separatista, sus credenciales le otorgaban la suficiente

protección contra ese tipo de acusaciones, pero los soldados del Gran Commonwealth

tenían la costumbre de retener cualquier arma de uso militar fabricada por ellos, bajo el

pretexto de la guerra. Claro que su rifle era ruso, pero sus escuadras, cartuchos y

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

explosivos eran estadounidenses y como estos estaban ya bajo la administración

conjunta de la Gran Bretaña, Inglaterra tenia dominio sobre toda mercancía que

procediera de los Estados Unidos y eso le significaría a Isaac la perdida de dinero.

   El tiempo pasaba y cada vez más los soldados buscaban lo que pudieran y por

donde pudieran, tratando de encontrarle algo que le provocara problemas, el

nerviosismo en el interior de Isaac empezaba a crecer, pero seguía mostrándose

tranquilo, por lo menos hasta que uno de los hombres le gritó algo a su superior, un

capitán que se acercó rápidamente hacia el soldado, quien sostenía una caja metálica

que de inmediato fue reconocida por Isaac, “todo menos eso” pensó mientras el oficial

la tomaba y la abría. Adentro, brillando como un oscuro tesoro, se encontraba una

pistola Welrod, la cual era revisada con cuidado al tiempo que Isaac perdía cualquier

rastro de serenidad.

      Esa arma era considerada un secreto militar y cualquier civil que la poseyera seria

inmediatamente arrestado, sin embargo, las identificaciones que portaba, las mismas

que tanta protección le habían dado, ahora se podrían tornar en su contra, una de ellas

le reconocía como auxiliar del gobierno francés ante la Sociedad de Naciones y debido

a que muchos diplomáticos y representantes aún se encontraban dispersos alrededor

de todo el mundo, era casi imposible descubrir si era o no verdad, pero ahora no tenía

escapatoria, si decía que era un simple ciudadano inglés sin ningún tipo de relaciones

con el gobierno francés le arrestarían por la Welrod y por falsificación de documentos,

pero por otro lado, si se consideraba cierta la credencial diplomática podrían acusarlo

de espionaje y posesión de material de guerra clasificado, lo cual era todavía peor.

Hace tan solo un par de años atrás, el asunto hubiera sido más fácil, en ese entonces,

aun cuando se estaba saliendo de la gran crisis, los países estaban más dispuestos a

compartir secretos y ayuda civil o militar, pero con la llegada de la victoria también se

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empezaba a incrementar la paranoia internacional y todos los lazos de hermandad

entre las naciones rápidamente estaban siendo sustituidos por los recelos de poder.

   El oficial con la caja, corrió inmediatamente hacia Isaac, esperando alguna reacción

suya, pero ante la impavidez que mostraba el cazador se dirigió de nuevo hacia sus

hombres, ordenándoles que lo arrestaran. Isaac supo lo que debía de hacer, si bien ser

acusado de espionaje era peor que cualquier otra opción, también era cierto que sería

un cargo más difícil de probar, además de constituir un proceso largo y cansado para

sus acusadores, así que sin titubear sacó su cartera verde, se acercó al oficial y

poniéndosela en su cara afirmó ser representante diplomático y estar protegido por el

gobierno francés y que por lo mismo no podría ser agredido por ninguna autoridad

militar hasta que se demostraran los cargos en su contra.

   - E incluso si se demuestra que soy culpable de algo se deberá informar de

inmediato a mi país – terminó Isaac con energía.

   Los soldados no supieron que hacer por un momento, pero el oficial, sin inmutarse

siquiera un poco, sujetó por el hombro a Isaac y dándole vuelta lo esposó, después

ordenó a un policía militar que se lo llevara detenido y al resto de sus hombres que

siguieran buscando al presunto responsable de los ataques.



   El agua sabía realmente mal, con ese sabor característico de los sistemas de

purificación, Isaac hubiera preferido arriesgarse a contraer alguna enfermedad que a

tener que estar tomando aquella porquería, pero ya llevaba un buen rato en aquel

cuarto sin ventanas y sin relojes, solo con una mesa metálica y un par de sillas en sus

extremos, una frente a la otra, todo bajo una lámpara de tonos amarillentos y todo

sumergido ante un insoportable calor que hacía más que bienvenida a cualquier fuente

de líquidos.

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

   Pensó que en ese lugar se llevaba a cabo los interrogatorios, pero fue el largo

tiempo de espera, que tanto utilizan los interrogadores para aumentar la tensión, lo que

le confirmó sus sospechas. Fuera de eso, el cuarto se encontraba bastante limpio y en

condiciones bastante buenas, como recién hecho, excepto por una pequeña y casi

imperceptible grieta en la pared posterior, bastante fina pero muy larga, abriéndose

desde el piso hasta la mitad de la pared, por un instante Isaac vio algo salir de ella, una

línea tenue y blancuzca, al acercarse más vio un rastro de humo que se elevaba por

toda la grieta, pero justo cuando alargó la mano hacia la misma, la puerta provocó un

chirrido increíblemente molesto al momento de abrirse, obligando a Isaac a volverse,

a mirar al hombre que entraba al cuarto, un viejo oficial de aspecto siniestro que ahora

se sentaba justo delante de él y quien sin decir nada, buscó en sus bolsillos un paquete

de cigarrillos y con movimientos sumamente lentos sacó uno para prenderlo mientras

un par de delgados labios lo sujetaban, después de darle el golpe un par de veces lo

apagó y se quedó mirando a Isaac fijamente, notando como los ojos del cazador

mostraban enojo e intranquilidad, pero no miedo.

   - ¿Sabes porque estás aquí? – preguntó al fin el oficial.

   - La verdad no lo sé – respondió Isaac con brusquedad.

   - ¿En serio no lo sabes? – insistió el hombre con burla.

   - No he hecho nada que se pueda considerar motivo de arresto, así que si fuera tan

amable de explicarme la razón de mi estancia en este lugar se lo agradecería

profundamente – respondió Isaac ahora con tranquilidad, casi como se tratara de otra

persona, sin embargo en su voz se lograba colar un tono desafiante.

   - La razón. Bueno, tengo una barraca totalmente quemada, varios archivos

posiblemente robados y un par de tipos extraños que llegan casi el mismo día, uno

siendo sospechoso dirigir ataques a centros civiles y militares, y el otro montado en un

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—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

carrito de combate lleno de suministros ingleses y armas clasificadas – contestó el

oficial con tono severo.

   - Las armas son yanquis, no inglesas – expuso Isaac.

   - En estos tiempos es lo mismo, esos malditos granjeros le deben millones a la

corona como para seguir creyendo que son un país aparte, pero el punto es que tú

tenías semejante arsenal -

   - Yo no creo que eso sea razón suficiente para tenerme aquí, además mi país… -

   - ¡Escucha estúpido, tu y yo sabemos que mis bolas son más representantes de

Francia que tú! - interrumpió el oficial mientras señalaba a Isaac con fuerza - así que

no empieces con tus malditas mentiras, porque nadie aquí te las va creer, ¿entendiste?,

lo que quiero es que me digas que relación tienes con ese tal Salem –

   Isaac bajó la cabeza, tratando de huir de la mirada del oficial, no por miedo, menos

por vergüenza, sino por la sensación de ira que crecía en él, pero ahora se sentía

diferente que cuando discutió con Alice por el maletín de dinero, ahora podía tratar de

controlarse, quizá era aquella mujer un detonante para su furia. Sin embargo, el control

que creía empezaba a tener no era lo suficientemente bueno como para tranquilizarlo

del todo, pues sus manos no dejaban de temblar, así que dejando de prestarle atención

al hombre que tenía enfrente solo deseaba distraerse lo suficiente como para que

cualquier palabra, gesto o sonido que le irritara simplemente fuera pasada por alto.

   - ¡Te estoy hablando pendejo!, ¡o me respondes o te rompo el hocico!, ¿entiendes? –

gritó el oficial e Isaac empezó a sentir como las ganas de romperle el cráneo

aumentaban, pero para su suerte no tan rápido como hubiera esperado, y eso le

ayudaba a mantener la calma.

   Ante el silencio del cazador, el oficial azotó su mano en la mesa y lo insultó una

tercera vez, pero antes que Isaac pudiera decir cualquier cosa, la puerta se abrió de

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nuevo y un hombre joven, de figura delgada, caminó hacia el oficial con una mirada

concentrada en un par de hojas que ahora le entregaba. El enojo en la mirada del

oficial, acrecentado un instante por la interrupción del interrogatorio, fue

disminuyendo a medida que sus ojos recorrían las misteriosas páginas, de vez en

cuando miraba a Isaac por un segundo o dos solo para regresar al documento y seguir

leyendo, al cabo de cinco minutos de lectura, el oficial puso las hojas en la mesa y con

desconsiento en su voz dijo – ¡Me llevan todos los diablos!, parece que las credenciales

son auténticas, el permiso y la identificación, aunque faltaría verificar esta con el

gobierno francés - aquello no era una disculpa en la forma, pero el tono ciertamente

mostraba un dejo de pena.

   - Pero en cuanto al nombre, no hay ninguna concordancia única en los reportes;

Isaac Eduard Dreadnought, doctor profesor Jacques Man Morshtock, capitán C. M.

Rasputín, Wolfgang Hitler todos ellos parecen concordar con su descripción –

continuó el oficial, callando inmediatamente después, como si quisiera escuchar lo que

Isaac tuviera que decir.

   Ante la nueva actitud del hombre, Isaac se sintió totalmente relajado, incluso rió

para sus adentros, ya que inclusive le habían empezado a hablar de usted – parece que

los viajeros compramos la ropa en las mismas tiendas – respondió al fin.

   Ambos soldados voltearon a verse, ya no sabían a quién tenían enfrente, espía,

terrorista o mata dragones, pero el punto era que no podían culparlo de algo. Europa

estaba reconstruyéndose rápidamente, pero bajo la fachada de edificios nuevos y

ofertas de trabajo, se encontraba un desastre de vacíos burocráticos y aun cuando se

pudieran contactar con las autoridades francesas, o con la sede de la sociedad de

naciones en Estambul, no existían posibilidades reales de probar conexiones de




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—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

espionaje, además, lo más probable era que hubiera conseguido el arma en el mercado

negro, en cuyo caso no le podían arrestar solo denunciar por corrupción.

   Sin nada más que decir, el oficial se levantó y con un movimiento de la mano pidió

a Isaac que saliera, la tranquilidad del caza dragones irritaba al oficial, pero no había

nada que éste pudiera hacer en su contra. Isaac solo se limitó a caminar, quería

provocar al hombre pero no era un idiota y sabía que con la suerte no se jugaba,

cualquier insulto o agresión innecesaria podrían provocar que sus nuevos amigos

fueran motivados a contactar con todas y cada una de las autoridades de Francia, sin

importar el tiempo o el desgaste, eso o que simplemente lo agarraran a golpes, lo cual

sería más probable, pero más importante, no quería jugar con su propia paciencia, ya

no estaba de humor para forzarse a calmarse y solo quería un poco de tranquilidad.

   - Infeliz – dijo el oficial al ver como Isaac se alejaba.

   Casi al final del pasillo, Isaac fue tranquilamente detenido por un par de soldados,

quienes lo guiaron hacia un cuarto en el que se encontraban todas sus cosas,

acomodadas de forma bastante descuidada, el cazador, molesto, volteó hacia quienes

lo habían conducido, los cuales se mostraron nerviosos ante su mirada. Unos instantes

después, apareció el mismo hombre que le había presentado la información al oficial

en la sala de interrogatorios. Su cara, a diferencia que la de los demás uniformados, era

como una escultura de piedra, fría y carente de cualquier cosa que se pudiera llamar

expresión - el coronel le informa que todo lo que se encuentra aquí es suyo y puede

llevárselo cuando guste, pero que el armamento clasificado se queda aquí bajo la ley de

protección de secretos de guerra – le dijo a Isaac mientras le entregaba un registro con

el inventario de todo lo que se había retirado de la semioruga, con enfado, Isaac le

arrebató la lista, asegurándose que todo lo que estuviera inscrito en ella se encontrara

también frente a él, verificando que no se hubiera perdido nada.

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   Solo el sonido de las manecillas de un reloj hacía eco constante en la habitación,

mientras, el par de soldados cerca de la puerta se veían el uno al otro de vez en

cuando, guardando silencio total. Todo siguió así por un cuarto de hora hasta que

Isaac, bajando el registro, se acercó al uniformado cerca de él y le informó que todo se

encontraba en orden, inmediatamente este le ordenó al par de escoltas a que ayudaran

al cazador a regresar todo a su lugar, quienes con queja silenciosa comenzaron a cargar

las cosas, saliendo por una puerta doble al final del pasillo, moviéndose hacia la

semioruga. Isaac, tomando ventaja de la situación solo cargaba la pintura de Elizabeth

la cual colocó firmemente donde había decido que sería su lugar. El proceso de entrar

y salir cargando cajas, paquetes y armas, se repitió varias veces hasta llegar a un punto

en el que se tardaban más en acomodar todo como se encontraba antes, que en ir por

más cosas.

   Solo un par de horas habían transcurrido desde el arresto y aun cuando la noche era

joven, Isaac se sentía cansado, como si hubiera terminando una jornada difícil. Apenas

notó el movimiento al interior de la base y a los soldados corriendo como

desquiciados, hasta que un solitario disparo se anunció en la distancia.

   Todo cansancio que pudo haber habido se desvaneció casi de forma instantánea y

dominado por una curiosidad riesgosa, corrió hacia donde se había escuchado la

descarga, pero al llegar a una esquina vio como una figura obscura se movía

rápidamente hacia él, tumbándolo en el acto, pero Isaac, acostumbrado al dolor, se dio

la vuelta rápidamente en el suelo, viendo como la figura que lo había empujado seguía

avanzando a una velocidad extrañamente veloz ya que sus piernas parecían no tocar el

suelo, solo hacían movimiento lánguidos que contrastaban con la aceleración que

producían, cuando Isaac pudo notar que la silueta se dirigía hacia su semioruga, se

levantó e inmediatamente comenzó una decidida carrera hacia la cabina de su vehículo,

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a la protección de los suyo. Casi sintió una leve desesperación al ver como el

misterioso corredor se le adelantaba cada vez más, pero al ver como éste se movía de

un lado al otro, como tratando de hacer funcionar el blindado, Isaac tomó fuerza y con

un último esfuerzo saltó con los brazos extendidos hacia él.

   Un enorme empujón por parte de Isaac tumbó al misterioso sujeto, poniéndolo de

espalda al asiento mientras el cazador ponía sus manos alrededor de su cuello, sin

percibir como aumentaba la fuerza en sus brazos al punto de empezar a estrangularlo.

   - ¿Quién te crees maldito? - le gritó Isaac mientras sus ojos trataban de ver a través

de la obscuridad y del movimiento.

   Un destello de luz, proveniente de uno de los reflectores de la base que se movían

frenéticamente en todas direcciones, alcanzó a la semioruga lo suficiente como para

alumbrar el interior de ésta, dejando ver la cara del hombre bajo Isaac.

   - ¿Salem? – dijo al distinguir las facciones del ladrón.

   Pero los ojos del hombre de negro parecían absortos en cualquier cosa que no fuera

el cazador, girando de forma errática, como perdidos y confundidos en la búsqueda de

un horizonte ficticio, abriéndose casi de forma increíble - ¡la llave! – dijo antes que sus

ojos se quedaran quietos, posándose en dirección a Isaac, dejando todo su cuerpo

totalmente quieto, como si hubiera muerto de repente, solo sus labios daban indicio

que aún existía vida en su interior al abrirse lentamente – ¡te encontré! – dijo con una

voz de ultratumba al tiempo que abría más los ojos y afinaba una mirada sumamente

extraña, provocándole una terrible sensación de escalofrió al cazador, quien por la

sorpresa, aflojó las manos lo suficiente para que Salem pudiera quitárselas de su cuello

con un rápido movimiento, justo antes de poner sus manos sobre la cabeza del

cazador al tiempo que empezaba a recitar una extraña frase, una especia de oración

corta.

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

   Un tremendo empujón lanzó de inmediato al cazador, despidiéndolo de la cabina a

gran velocidad y haciéndolo chocar con un montón de botes vacíos, dejándolo tirado,

casi inmóvil, con solo su cabeza moviéndose de lado a lado, armonizando con aquel

ritmo sus gemidos de dolor. Tosiendo, sangrando y sintiendo como su cabeza

palpitaba de sufrimiento, el cazador escuchó las risas de Salem mientras se acercaba.

   - No te preocupes por el dolor, pronto dejaras de sentirlo – le dijo Salem mientras

se detenía a un par de metros de distancia.

   Isaac levantó la mirada, viendo como de su espalda, Salem sacaba algo pequeño y

brilloso, un tipo de guante metálico, el cual se tornaba rojizo al momento que lo

levantaba y lo dirigía hacia él. Un halo de algo que parecía ser fuego se formaba

alrededor del guante cuando de repente, una bala cruzó el aire e impactó en la mano de

Salem, haciendo que la bajara de golpe mientras daba un grito de dolor, y de inmediato

fijó sus ojos en los soldados que corrían hacia su posición, armados y listos para

detenerlo una vez más, pero antes de que estos pudieran acercarse lo suficiente, Salem,

casi como volando, dio un sorprendente salto, esquivando los siguientes disparos y

cayendo sobre la semioruga se movió tan rápido, que Isaac solo pudo distinguir una

mancha obscura y translucida desapareciendo a lo lejos.

   Al llegar los soldados hacia donde había estado Salem, notaron la presencia de

Isaac, tirado junto a los botes metálicos, mostrando una cara de dolor y espanto

mientras que él, por su parte, trataba de entender, de racionalizar lo ocurrido, por

alguna razón había sido fácilmente lanzado a los cielos por alguien que difícilmente

lograba llegar a su peso, alguien que además se movía de forma increíble, casi mágica y

se dio cuenta, que de alguna manera aquel individuo era una especie de mago, uno de

los pocos que habían logrado sobrevivir a los arrestos y ejecuciones que la Interpol ya




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había empezado a realizar aun durante la gran crisis, pero mientras pensaba en esto, un

par de soldados le ayudaban a levantarse, preguntándole sobre lo ocurrido.

   - Intente detenerlo cuando vi que estaba robándose mi vehículo, pero de alguna

forma logró empujarme – respondía Isaac mientras ponía su mano sobre su cabeza y

movía sus dedos en un intento de apaciguar el dolor. Los presentes inmediatamente

continuaron la persecución, todos a excepción de un teniente que se quedó en el lugar

mientras llegaba un médico.



   - ¿No recuerda algo más? – le preguntó el doctor después que Isaac contara una vez

más sobre lo ocurrido.

   - No, nada – contestó Isaac, aunque recordaba con claridad cada aspecto de aquel

hombre, sus facciones, el extraño guante que había utilizado y sobre todo sus palabras,

pero no quería que nadie supiera lo había escuchado. El saber que alguien como Salem

lo buscaba, le producía en primera instancia, duda sobre las razones por la cuales

querría encontrarlo y en segunda y más importante, una horrible incertidumbre sobre

cuál sería su suerte si volvían a verse. Sobre lo primero había una brecha enorme de

intriga, no había nada en sus recuerdos que le hiciera recordar a alguien como Salem en

lo más mínimo, pero eso no indicaba que no tuviera algo que ver con él. Por años

estuvo huyendo de su pasado, pero siempre volvía a encontrase con las consecuencias

de sus errores, teniendo durante años, que sufrir constantemente por ellas, con sudor y

sangre, y a pesar que hacía ya bastante tiempo desde que no volvía a sus viejas manías,

lo que había hecho en sus peores años, terminó no solo por marcarlo a él para

siempre, sino también por dejar marca en muchas personas, de las cuales Salem podía

ser una de ellas. Desde que había empezado en el oficio de matar bestias, creyó que

había escapado bastante de lo peor de su viejo historial y si bien no existía posibilidad

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

de pagar sus cuentas ni siquiera en un sentido mínimo, por primera vez en su vida

había logrado adquirir la tranquilidad suficiente como para pensar en un futuro. Pero

lo que en realidad le preocupaba, era no saber lo que Salem era capaz de hacer y este

pensamiento asaltaba su mente al punto de mantenerlo constantemente asustado, pero

sin mostrar su miedo, Isaac preguntó si podía quedarse un rato más en lo que se le

quitaba el malestar, a lo cual recibió el consentimiento del teniente que se encontraba

cerca.

   Al ver que se le aceptaba su propuesta, se dispuso a descansar, así como también a

no decir nada que hiciera que los militares volvieran a sospechar de él, ahora no le

convenía andarlos molestando ya que podría utilizarlos como ojos y armas extras, todo

en aras de garantizarse una mejor protección. Rara vez confiaba en terceros y menos

aún para cuestiones que afectara su vida, pero por más que quisiera negarlo sentía

miedo y bajo aquellas circunstancias todo apoyo era más que bienvenido.



   El sol se empezaba a asomar por el horizonte y aún con la neblina, sus rayos

lograban llegar hasta su cara. Toda la noche la había pasado en vela, envuelto en un

conjunto de mantas y capucha que le cubrían todo, a excepción de los ojos hacia

arriba. Él se mantenía quieto, solo girando sus ojos hacia cualquier cosa que le

pareciera extraña, mientras, en lo oculto, sujetaba un par de escuadras con fuerza,

como si se aferrara a la vida misma. Durante toda la noche solo había visto uno que

otro militar moviéndose de una dirección a otra, nada fuera de lo ordinario. Parecía

que Salem había escapado de la base, pero sabía que no sería la última vez que lo vería,

había encontrado lo que estaba buscando, pero ahora su presa estaba alerta, lista para

prestar resistencia y ya no cometería el error de la última vez, ya no lo dejaría vivir.




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   Cuando la neblina empezó a disiparse, los rayos del sol le permitieron ver con más

claridad el panorama de tranquilidad que reinaba en la base, como si todo lo ocurrido

el día y la noche anteriores, no hubieran sido más reales que una película que había

sido proyectada en la pared, pero para Isaac, las consecuencias del insomnio se

hicieron más reales cuando se bajó de la semioruga y se dirigió hacia donde servían la

comida. Envuelto en su pesada capucha, aún mantenía las manos alrededor de los

mangos de sus pistolas, listo para sacarlas en cualquier momento.

   - Mira, creo que ese sujeto es la “caperucita roja” – le dijo un hombre a su amigo al

reconocer a Isaac mientras pasaba de largo, haciendo que éste volteara de inmediato,

mostrando una mirada fuerte, llena de cansancio y desprecio, el hombre que había

hablado ahora se daba la media vuelta, tratando de pasar desapercibido mientras Isaac

le seguía viendo, esperando cualquier otra reacción de su parte, pero al no recibir una

de respuesta, continuó su marcha hacia el alimento gratis. Odiaba aquel apodo con

cada fibra de su cuerpo, irónicamente se lo había puesto una persona al haberse

quedado sorprendida por su trabajo, una tarde hacia dos años, cuando después de una

cacería toda su capucha había quedado salpicada con la sangre roja brillante de un

dragón. Pero ni ese entonces, ni ahora, podía hacer algo más allá de enojarse cada vez

que escuchaba esas palabras.

   De pronto, la misma risa maldita que había escuchado la noche anterior, se alzó de

entre los tumultos de la gente y al oírla, Isaac volteó hacia ella mientras sus ojos se

abrían de terror y el sudor empezaba a bajar por toda su cara, de manera frenética sus

ojos se empezaron a mover en todas direcciones, tratando desesperadamente de ver a

Salem, pero terminaron en un hombre joven que se reía con sus amigos mientras

tomaba su sopa. Isaac estaba quieto, tratando de rehacer una expresión serena que

engañara a si mismo más que a cualquier otra persona. El cansancio lo estaba

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

afectando, jugándole bromas a sus sentidos, trató una vez más de recuperar la postura

y con la mayor calma con la que pudo, soltó los mangos de sus armas, dejando caer sus

brazos. Parecía que Salem realmente había desaparecido.



   La sopa estaba caliente y cada sorbo que daba le tranquilizaba un poco más. Ya

pasaban de las diez y no había ningún rastro de que quisieran atacarlo nuevamente. Al

caminar de regreso a la semioruga, Isaac se quedó viendo a la caseta que protegía la

salida de la base, sabía que ya no tenía excusas, que pronto tendría que salir de ahí y

volver a su estilo viajero, pero ahora ya no estaba tan seguro de su suerte, las ideas se

amontonaban en su cabeza, algunas le decían que podía alargar su estancia, otras le

aconsejaban escapar lo más lejos y rápido posible, y otras se erguían como frágiles

pilares de yeso, levantando un optimismo basado en su habilidad, pero al final, todas le

recordaban el miedo que sentía y que lo distraía de tal forma, que ni siquiera se dio

cuenta que se había terminado la sopa hasta que vio su distorsionado reflejo en el

fondo del plato. La tensión ahora disminuía un poco y a su cuerpo le llegaba un punto

de relajación indeseable, de comodidad forzada, pero su mente hacia esfuerzos

increíbles para evitar cualquier descanso que pudiera conducirlo al sueño. Ya un poco

harto de su situación, Isaac encendió una pequeña radio que se encontraba en la parte

baja del vehículo y sacando una pequeña antena se estuvo un rato ajustando la

frecuencia, se disponía a escuchar cualquier cosa que los militares pudieran decirse,

normalmente utilizaba ese sistema para escuchar en donde había problemas con

posibles presas, pero de vez en cuando las transmisiones militares se cruzaban y ahora

con la situación actual, lo más probable es que si encontraran a Salem informarían de

ello, estaba cerca de una antena de radio en un campo de tamaño considerable, si los

militares daban algún comunicado, él lo estaría escuchando.

168
—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

   Después de un momento de estática seguido por comunicaciones de poco interés,

Isaac escuchó lo que estaba esperando.

   - Salem fue visto en la intersección de las rutas ferroviarias de Logan y North

Scotchville –

   Toda la tensión que Isaac había estado acumulando por la noche cayó al suelo

hecha pedazos, por alguna razón todo el peligro que le representaba aquel sujeto se

alejaba de manera misteriosa, por alguna razón Salem había desistido en terminar con

su objetivo, por supuesto que todavía era posible que regresara para terminar el

trabajo, pero por lo pronto, esto le daba la posibilidad de largarse y perderse un

tiempo. Con una gran felicidad, Isaac sujetó su cabeza y echándola para atrás dio un

gran suspiro de tranquilidad mientras la presión de su pecho disminuía y casi podía ver

como el miedo se alejaba junto con quien buscaba ser su verdugo, su mente se relajó lo

suficiente, dejándole determinar que por la posición donde se le había visto por última

vez y el tiempo transcurrido, que si Salem decidía regresar, le tomaría al menos cinco

horas, siempre y cuando siguiera yendo a pie.

   Sin perder su nueva confianza, Isaac se acostó en el asiento con la intención de

relajarse un instante antes de partir nuevamente hacia el oeste, alejándose aún más, por

fin todo parecía girar en buena dirección y la vista del cuadro de Elizabeth arriba de él

le animaba, le hacía creer en que todo mejoraría, no importaba que un loco lo quisiera

muerto por motivos extraños. Su mente ahora jugaba con sus pensamientos, sus

fantasías y sus recuerdos, pensando en la situación de anoche y en como ahora él se

encontraba en la misma posición que Salem cuando estaba siendo ahorcado, trató de

imaginarse a sí mismo, de ver su propio rostro frente a frente y por simple inercia se

quedó viendo una vez más la pintura del pueblo al que prometió volver, observando

las pinceladas y algo que no había visto antes, lo que parecía ser la firma de Elizabeth,

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

un extraño garabato que asemejaba la figura de una mariposa y a su lado, lo que

parecía ser el título de la obra; vista de New Exeter.

   Su cuerpo se entumeció de la manera más horrible y sus ojos se abrieron al tiempo

que sus pulmones arrastraban el aire con frenética lentitud, mientras se daba cuenta de

lo estúpido que había sido, de cómo su propio egocentrismo le había cegado de una

manera tan peligrosa; no había sido su rostro lo que Salem había mirado con tanta

alegría enfermiza, sino la pintura, algo en ella, era por eso que se dirigía hacia el este,

había leído las letras en la pintura y ahora se dirigía a New Exeter, hacia Elizabeth.

   Sin pensar en nada más, se levantó y tomó el volante con fuerza, encendió el motor

de su vehículo y con decidida desesperación pisó el acelerador a fondo.

   Los guardias en la puerta apenas lograron quitarse antes de ver como una

semioruga se abalanzaba sobre la salida sin ningún titubeo, destrozando todo lo que

tuviera de frente, detrás de ella un par de jeeps cruzaron la reja, avanzando lo bastante

rápido como para que Isaac viera como sus imágenes crecían rápidamente en el

retrovisor, pero le importaba un verdadero carajo lo que le hicieran, ya ni siquiera el

miedo de lo que pudiera pasarle a él mismo le importaba ahora, que Salem fuera un

hechicero o que el ejército le viniera pisando los talones, en esos momentos todo

aquello le perecía tan insignificante, tan poco relevante, lo único importante era llegar a

New Exeter lo más pronto posible. Antes que Salem.




                                              VII

                                       MENTE FRÍA




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—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

   Los jeeps habían desaparecido en la distancia, pero eso no indicaba que lo hubieran

dejado de perseguir, seguramente el comandante de la base se encontraba

maldiciéndolo y ordenando que lo capturaran, además lo más probable era que se

hubiera comunicado con las guarniciones cercanas, porque estaba seguro que en la

mente del comandante, su huida y la de Salem, en tiempos similares y hacia la misma

dirección era cualquier cosa menos una coincidencia, Isaac pensaba en esto al tiempo

que se daba cuenta de que quizá eso podría ser una ventaja a su favor, la presencia de

soldados podría reducir el riesgo para New Exeter, no, al demonio el pueblo, a él solo

le interesaba la pequeña mujer de risos dorados, la joven que había nublado toda su ira,

la que lo había hecho sentirse como un verdadero ser humano de nuevo.

   Casi una hora después que iniciara su desesperada carrera, Isaac logró observar un

par de enormes troncos en medio del camino, puestos ahí seguramente por los

militares, pero sin perder la aceleración, Isaac metió toda la semioruga en la maleza

adyacente, después de todo, el vehículo que usaba estaba hecho para situaciones de

aquella calaña.



                                            …



   El pueblo se encontraba demasiado tranquilo para su gusto, sin ruidos, sin

accidentes, sin aquellas travesuras infantiles que producen alegría para todos excepto

para la víctima. Ya había habido infinidad de días así, pero después de haber conocido

al cazador ahora eran más aburridos. Sin nada que hacer, Elizabeth buscó entre el

librero algo que le produjera interés, por lo menos en lo que le llegaba la inspiración

correcta para pintar algo, en eso, un solitario pajarillo llegó volando a su ventana,

cantando y brincando con alegría y ella, tras un segundo de verlo, alargó su mano hacia

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

él, estirando su dedo índice, apuntando un imaginario rifle y disparándolo al tiempo

que imitaba de forma burda el sonido de la bala rozando el viento, imaginado al

pequeño pájaro volar en pedazos y caer al suelo, recordando las lecciones de tiro que

habían quedado pendientes. Pero después de aquel pensamiento, regresó al librero y

mientras sus dedos pasaban por los libros y sus ojos se fijaban en los títulos de los

mismos, notó un espacio vacío, pequeño, pero no lo suficiente como para pasar

desapercibido, sin saber lo que faltaba evitó darle importancia, la lectura no era lo

suyo, pero por el momento no quería escuchar la radio, al final tomó un libro de

historia antigua que había pertenecido a su padre. Con lentitud abrió la portada y

encontró uno de tantos tréboles de cuatro hojas que su padre siempre buscaba en sus

tiempos libres, un leve suspiro de tristeza salió de Elizabeth, extrañar a su padre no era

peor que olvidarlo, sin embargo lo segundo parecía inevitable al pasar de los años, la

imagen de su madre por otro lado nunca le produjo melancolía ya que no se puede

extrañar lo que nunca se conoció, ella había muerto al año de su nacimiento, debilitada

por el parto que había traído a su segunda hija al mundo. Nunca se sintió culpable por

ello y ni su padre ni su hermana la acusaron de algo, toda su vida recibió el cariño

suficiente para compensar la pérdida, sin embargo, de vez en cuando veía a Alice

sentada en la chimenea, observando una vieja fotografía, de ella y su madre y a veces

sentía culpa por haberle quitado algo tan importante a su hermana.

   Mientras pasaba las hojas del libro, su mirada era desviada de vez en cuando para

ver las imágenes de los descubrimientos arqueológicos o de las recreaciones de la vida

de los antiguos egipcios, babilonios, griegos, chinos o mayas, algunas de esas escenas

no le eran totalmente desconocidas, ya un par de veces había acompañado a su padre a

sus expediciones, la última vez habían ido a Egipto, solo para terminar jugando en el

desierto mientras él examinaba lo que se suponía era la imagen en roca de una especie

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—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

de pluma, adornada con lo que parecía ser un símbolo similar a los naipes, al menos así

lo pensó ella, aquel jeroglífico era supuestamente el símbolo de un extraño objeto que

había llegado del cielo, otorgándole grandes poderes al portador del mismo, claro que

aquello sonaba raro, pero no era extraño que los antiguos pueblos otorgaran

explicaciones divinas o mágicas a eventos hoy día conocidos, al menos así se pensaba

antes de la invasión a Irlanda. La llegada de los antiguos cambio todo y tan rápido

como de la noche a la mañana, hablar de hadas y elfos había pasado de ser pláticas

infantiles a temas que traían consigo temor y llanto, hablar de magia ya no podía ser

considerado como un tópico trivial, sino como tema de importancia militar o incluso

un pretexto de arresto y eso era lo curioso, todo aquello pareció conjugarse de una

forma bastante peculiar, su padre, uno de los mayores eruditos en mitología céltica y

folclor escandinavo, había sido reclutado a la fuerza por los militares cuando se

perdieron las comunicaciones con Escocia, solo unos días después de haber llegado de

Egipto, de no haber sido interrumpido por el ejército tal vez hubieran tenido más

tiempo para salir de las islas y así, tal vez él no se hubiera desgastado tanto y tal vez

seguiría vivo. Estas cosas pasaban por la mente de Elizabeth pero ya no tenían el

impacto de antes, era raro, ella se sentía a veces tan alegre, pero en ocasiones cambiaba

a una actitud melancólica con demasiada brusquedad, no podía evitarlo, era como si

tuviera dos caras turnándose la una a la otra constantemente, impidiendo que

cualquiera de ellas se afianzara con fuerza, pero a pesar de esa constancia, nunca

prestaba atención a esa sensación, solo se dejaba llevar, eso le era más fácil, así no se

preocupaba de la alegría perdida o de olvidar las razones de su tristeza.



   A medio libro de aburrimiento, su cabeza ya solo se mantenía erguida por la acción

de sus manos como soporte, sus ojos ya se empezaban a quedar fijos en el atardecer y

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

su mente pedía algo que la despertara, que trajera algo de diversión al menos en lo que

terminaba el día. Cuando de pronto, la casa entera se sacudió y las manos de Elizabeth

dejaron de sostener la cabeza, la que acabó golpeando la mesa de forma súbita. Ya sin

sueño y pidiendo no lamentarse de su petición, abrió la ventana y se asomó por ella,

solo para ver una columna de humo saliendo de la fábrica justo cuando una segunda

sacudida acompaño a una fuerte explosión que sacó humo por toda la estructura.

   Completamente asustada, Elizabeth vio como los trabajadores salían corriendo del

infierno producido, pero su escape se volvía inútil cuando por alguna razón el fuego

apareció en las casas alrededor de la fábrica, parecía que todo el pueblo seria

consumido por las llamas. La gente salía de sus casas en medio de gritos de terror

mientras algunos hombres pudieron sacar un par de mangueras y apuntándolas lo

mejor que pudieron, trataban de apaciguar el fuego.

   El temor quiso invadirla, paralizarla, pero sorprendentemente recuperó el control

de sí misma y se calmó lo suficiente como para salir de la casa y tratar de ayudar a todo

aquel que le fuera posible, corrió hasta la entrada de la fábrica, donde algunas personas

trataban de sacar otra manguera, cuando por pura casualidad vio el camión de su

hermana estacionado junto a otros vehículos. Un grupo de hombres aparecieron de la

nada y corrieron hacia el interior de la fábrica, llevando extintores y hachas, Elizabeth

entonces comprendió lo que pasaba, todavía había personas dentro y su hermana era

una de ellas. Su mente se quedó totalmente en blanco, pero sus piernas no tardaron un

segundo en moverse y llevarla a toda velocidad al interior del edificio.

   En solo pocos minutos comprendió la dificultad de la misión que se había

propuesto, la fábrica era enorme y si bien eso se apreciaba desde afuera, el estar en el

interior de la misma producía la sensación de estar atrapado en un laberinto de fierros




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doblados y escombros por todos lados, jamás había entrado en ella y ahora se

lamentaba por la falta de interés en la mayor fuente de prosperidad del pueblo.

   - ¡¡ALICE, ALICE!! – gritaba con todas sus fuerzas en espera de una respuesta,

pero cuarto tras cuarto, sección tras sección, el único sonido reinante era el de las

llamas saciándose con la destrucción producida. Algunas áreas se encontraban repletas

de un humo grueso, pero aun cuando el mismo le quemara los ojos y le rasgara la

garganta no la detenían en su pesada búsqueda. Cada minuto que pasaba la iba

desgastando más y más, sus ojos antes listos a cualquier detalle ahora estaban nublados

por el lagrimeo, tanto, que a los cinco minutos de iniciada su empresa no podía

distinguir cosas que no fueran luces y sombras. Un extraño sonido pareció asomarse

de entre la nada, como un leve silbido, subiendo de tono cada vez más, produciendo

algo semejante a una dulce voz. En un principio Elizabeth pensó que se trataba de

voces lejanas, pero se percató que se iba haciendo más clara, como si se estuviera

acercando - eres débil – dijo finalmente aquel susurro, repitiéndose una y otra vez,

cada vez más con una desmoralizadora claridad – eres débil –

   Las lágrimas en los ojos de Elizabeth ya no eran solo efectos del humo, ahora se

sentía tan desamparada, tan inútil, no había buscado ser un héroe solo quería ayudar a

su hermana y sentía como se le desplomaba el mundo al haber fallado miserablemente.

   - ¡¡AQUÍ!! – gritaron extrañas voces, desesperadas y lejanas, llegando a los oídos de

Elizabeth con una potencia que contradecía su distancia. Entonces, sus ojos se

abrieron con fuerza, su mente le decía que no podía darse por vencida, que aquello no

era lo peor por lo que había pasado y por ende no la podía vencer.

   Tos tras tos salían de la boca de Elizabeth, pero aun cuando su pecho sentía una

presión en aumento su voluntad la obligó a ponerse de pie y continuar. Los gritos se

escucharon una vez más, señalando hacia donde se encontraba su fuente, atrayendo a

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

todo aquel que se encontrara a su alrededor. Paso tras paso, sus fuerzas seguían

constantes, no iba permitirse dejarse caer como hace tan solo unos momentos.

Cuando llegó hasta unas escaleras, se aferró a ellas utilizando el pasamano como un

largo bastón, el hierro estaba caliente y su temperatura subía a medida que Elizabeth

ascendía, sin embargo al llegar al siguiente piso se encontró en un largo pasillo de

ladrillos, libre del fuego y el humo que tanto la habían asfixiado, pero el dulce receso

solo duro un instante antes de escuchar una vez más los gritos de auxilio que le daban

fuerza. Sus delgadas piernas adquirieron la potencia para hacerla correr hasta una

puerta de madera, obstruida por una pesada tubería de agua rota, posiblemente por la

primera explosión y tras un grueso vidrio Elizabeth pudo notar las siluetas de personas

moviéndose, golpeando la puerta con energía.

   - ¡Aquí estoy! – grito Elizabeth y corriendo hasta la tubería la sujeto con toda su

fuerza tratando de moverla en vano, un segundo intento reveló la imposibilidad para

una sola persona de remover el estorbo. Sintiendo como la presión la apresuraba,

Elizabeth miraba para todos lados en busca de algo que pudiera servirle para

desbloquear la salida y con satisfacción vio un hacha tras un vidrio cuarteado, corrió

hacia ella, pateó el vidrio en su parte superior y una vez roto sacó el hacha sin hacerle

caso a las cortadas que el remante de vidrio le hacían a sus delicadas manos, pero al

regresar a la puerta, pudo ver mejor el grueso de la tubería, dándose cuenta que ella no

lograría romperla.

   El vidrio de la puerta se rompió tras un par de golpes desde adentro, dejando ver

los rostros de varias personas, de inmediato, Elizabeth se acercó con la esperanza de

ver a su hermana y una enorme sonrisa apareció en su cara cuando Alice se asomó al

mismo tiempo. Alice no podía creer lo que estaba viendo, su hermana no solo había

ido con el objeto de ayudarla, sino que efectivamente lo estaba haciendo.

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   - No te preocupes – dijo Elizabeth llena de confianza – voy a sacarte de ahí – y

tomando el mango del hacha dio un golpe con todas sus fuerzas en el tubo,

produciendo solo un horrendo sonido.

   - ¡No hagas eso!, que no ves que el tubo es muy grueso. Pásame el hacha, rápido –

dijo Alice ante el intento de su hermana.

   - ¿Qué vas a hacer? –

   - Voy a golpear la puerta desde adentro, si la quitamos no importa que el tubo esté

ahí –

   Rápidamente Elizabeth pasó el hacha y haciéndose para atrás vio como la puerta se

movía al recibir los hachazos, al final, con menos de seis golpes, la puerta era removida

de su lugar, dando el suficiente espacio para que todos aquellos adentro pudieran salir

por sobre o debajo del tubo del agua. En total cinco personas, más Alice, logaron salir

sanas y salvas.

   Elizabeth no pudo esperarse y corriendo hacia su hermana le dio un tremendo

abrazo de alegría.

   - Gracias – le dijo Alice al regresarle el gesto.

   Todos se dispusieron de inmediato en salir de ahí, pero al regresar por donde

Elizabeth había llegado, se encontraron con que el mismísimo infierno se erguía como

el escenario reinante, todo lo que se podía apreciar eran llamas y humo, Alice volteó a

ver a su hermana con sorpresa, pensando en cómo era posible que ella hubiera logrado

atravesar semejante escena, pero viendo la imposibilidad de un regreso seguro por

aquella ruta, los presentes empezaron a ceder ante el pánico mientras sus ojos no

podían dejar de ver lo que tanto les asustaba, aterrándolos aún más.

   -Vamos - gritó Alice al ver el círculo vicioso que se estaba formando

   - ¿Vamos?, ¿por dónde? – preguntó con asombro un caballero de facciones indias.

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

   - Solo hay una ruta de salida. No tenemos otra opción que tomarla antes que todo

el edificio colapse – respondió Alice con firmeza mientras tomaba las manos de su

hermana y comenzaba a caminar junto con ella. Aquel gesto de seguridad alimento la

confianza de todos y con pasos aún temerosos empezaron a seguir a las hermanas.

   Un par de pisadas se escucharon frente al grupo que avanzaba entre el humo y bajo

la creencia de encontrar a un nuevo sobreviviente, o guía, todos apresuraron el paso.

Una silueta apareció de repente, no solo se encontraba entre las llamas, sino que estas

parecían brotarle de los costados. Poco a poco se definió la figura de un hombre

totalmente vestido de negro, su blanco rosto contrastaba además con su cabellera

negra pero hacia desvanecer el color de sus ojos grisáceos, su extraña mirada estaba

concentrada en el grupo y una macabra sonrisa se formó en su delgado rostro al

detenerse frente a ellos.

   - ¿Quién lo diría?, primero ese vago en la base Williams y ahora ustedes, parece ser

que la gente ya no es tan fácil de matar como antes – dijo al levantar su mano hacia

ellos.



   La gente ya había controlado el fuego en distintos lugares, pero la fábrica y sus

alrededores seguían estando en su mayoría bajo las llamas, como si el interior de la

misma se negara a ayudar en los esfuerzos de los habitantes. Pero todo mundo seguía

tan ocupado tratando de evitar que el siniestro siguiera devorando sus propiedades,

que no notaron cuando una semioruga pasó por la calle principal a toda velocidad. Al

llegar a la casa que tanto le vio durante una semana, Isaac puso toda su fuerza en el

freno de su pesado aparato, haciendo que las orugas de este rechinaran horriblemente

antes de pararse por completo, con rapidez, Isaac bajó del vehículo y corrió hacia la

casa, pero al llegar hasta la puerta y verla sin seguro sintió un lapso de pánico.

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   - ¡Ilse! – gritó al abrir la puerta, cuando no recibió respuesta subió rápidamente por

las escaleras y entrando en la habitación de Elizabeth su mirada quedó fija en el

pendiente que ella tanto protegía, de inmediato Isaac pensó en la peor de las

posibilidades, para que aquel colguije estuviera solo, algo tuvo que haberle sucedido a

Elizabeth.

   Con el pendiente en sus manos Isaac bajó las escalera de forma precipitada, sin

reparar un segundo al momento de casi caerse y sin prestar atención a los cuadros que

tiraba de la pared, al salir vio como el humo de la fábrica se licuaba con la obscuridad

creciente de la noche, donde ahora, solo las llamas daban luz al pueblo. Lleno de

desesperación buscó por los alrededores a Elizabeth o a su hermana, pero ante el

ajetreo de la población y la confusión de sus ojos, se agravaron sus preocupaciones, a

donde mirara solo había anarquía de movimientos. Casi hundiéndose en un shock

notó que de su mano se desprendía una extraña luminiscencia, creyó estar cayendo en

la locura, pero al abrir su mano pudo ver una extraña luz azulada que salía del

pendiente, poco a poco la luz se volvió más blanca hasta llegar a un punto en el que,

por un segundo, pareció brillar tanto como el sol, justo antes de lanzar un haz de luz

directo a la fábrica. En medio de su desconcierto, Isaac dio la vuelta solo para notar

como la línea de luz se mantenía constante, en dirección de algún punto en específico,

como una especie de brújula señalando hacia el mismo lugar y sin ningún otra forma

de apaciguar su preocupación decidió ir hacia donde llegara la luz, con la esperanza de

encontrarse con Elizabeth.



   Otro más de sus compañeros caía carbonizado, destrozando su ropa y carne con el

impacto, ya solo quedaban tres de ellos, incluyendo a Alice y a su hermana, pero el

horror en sus caras solo parecía aumentar las ganas de su atacante de quemarlos a

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todos. Una marea de llamas salió disparada de la mano del extraño hombre pero los

tres sobrevivientes restantes se movieron rápidamente esquivando el ataque.

   El humo ya les estaba provocando mareo, respirar cada vez les era más difícil y el

calor del aire hacia mucho que era insoportable, pero a pesar de la distorsión, Alice

pudo ver como los ojos de aquel sujeto se mantenían fijos en ellos, parecía que en

cualquier momento podía terminar con su angustia pero por algún motivo prefería

disfrutar la forma en que sus víctimas alargaban sus vidas, como si todo eso fuera solo

un juego para él. Cuando el manipulador de las flamas volvió a levantar su mano hacia

ellos, Alice se preparó para dar un salto una vez más, pero cuando quiso mover a su

hermana notó que esta se sentía más pesada, resistiéndose a su movimiento. Al verla,

vio como sus ojos se encontraban cerrados y su cuerpo inmóvil, solo una respiración

lenta le hizo ver que seguía con vida.

   - Hay que detenerlo – dijo el hombre a su lado.

   - ¿Qué hacemos?, no hay nada que podamos hacer – respondió Alice con angustia

en su voz, su buen juicio nunca la había abandonado, aun en aquellos días cuando

debía permanecer casi en vela día tras día cuidando a su hermana y a su padre enfermo,

pero esta situación era más de lo que hubiera podido manejar, su cuerpo se encontraba

en condiciones extremas y su mente se ahogaba en la idea de ver morir a su hermana

mientras una especie de hombre demonio disfrutaba con su agonía.

   Con fuerza, el caballero al lado de Alice tomó un ladrillo y lo lanzó hacia el extraño

hombre de las llamas, quien sorprendido, se movió rápidamente para esquivarlo,

dando una pequeña oportunidad a Alice y su acompañante, que de inmediato

sostuvieron a Elizabeth por los brazos y corrieron al final del amplio pasillo,

desapareciendo del alcance de su enemigo, por lo menos un rato, pero su

preocupación estaba lejos de terminar, ellos se iban sintiendo cada vez peor, más

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cansados, pero aquel sujeto parecía no solo no ser afectado por las condiciones en las

que se encontraba la fábrica, sino que algo en él parecía animarse ante el infierno que

los rodeaba.

   Después de varios obstáculos llegaron a la parte baja del complejo, a una larga

bodega llena de suministros para los camiones, donde solo la presencia de las llamas en

una de las paredes, evidenciaba el siniestro en el resto del edificio. Una amplia puerta

de metal cerrada al final de la gran habitación se anunciaba como la salvación para los

tres afortunados sobrevivientes, que suficientemente libres de humo corrieron hacia

ella.

   - ¡No! – gimió Alice al ver como la puerta se encontraba cerrada, con desesperación

la empezó a agitar con fuerza, deseando no haber perdido el hacha, aun cuando sabía

que esta no hubiera servido de mucho. Ya sin opciones, se dejó caer sobre sus rodillas,

sucumbiendo ante la derrota. Le había fallado a su hermana, había convertido todo su

esfuerzo en una muerte horrible, pero sacándola de su silencioso llanto, un familiar

sonido hizo su entrada desde las escaleras y pisada tras pisada el extraño hombre

vestido de negro apareció frente a ellos.

   El hombre que acompañaba a las hermanas se puso delante de ellas con los brazos

abiertos, Alice sabía que aquello era solo un inútil intento por protegerlas, pero ya nada

se podía hacer, al menos aquella se veía como una forma digna de morir.

   Un fuerte golpe impactó la puerta, seguido por un segundo y un tercero, de pronto

todos los presentes miraron como una triada de abolladuras sobresalían de ella, un

cuarto impacto voló la cerradura y uno quinto la abrió de par en par, haciendo que una

de las secciones de la puerta chocara contra los tres sobrevivientes, que con la vista

bloqueada, solo pudieron ver entrar una figura cubierta con una capucha obscura.



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   Isaac sostenía una Colt .45 en cada mano, listas para matar a todo aquel que tuviera

enfrente, mientras un par de gotas de sudor le recorrían de la cabeza hasta el cuello, no

por el calor que pudiera haber en ese lugar, sino por el miedo de ver una vez más, los

ojos sin alma de Salem.

   - Te ves bien, ¿también te sientes bien? – preguntó Salem sin perder su porte

confiado, como si la presencia de Isaac no significara ninguna amenaza para él ni

ningún cambio para sus planes, sin embargo, Isaac pudo notar como las piernas de

Salem habían dado un leve movimiento hacia atrás, preparándolo para una huida.

   Sin dar respuesta, Isaac apretó los gatillos justo en el momento que Salem daba un

gran salto hacia su izquierda, protegiéndose entre el conjunto de refacciones y estantes

de metal, una segunda ráfaga golpeó donde parecía asomarse la cabeza del brujo y una

tercera pasó cerca de su pierna al seguirle el movimiento.

   “¿El cazador?” pensó Alice mientras trataba de confirmar sus sospechas y al ver

mejor la cara de su salvador una nueva esperanza renació en el interior de su pecho –

¡Isaac! – gritó con entusiasmo al momento que el cazador la volteaba a ver

rápidamente, justo antes de regresar la mirada hacia el frente. Un movimiento lejano le

hizo disparar una vez más antes de caminar hacia atrás y ordenarle a los sobrevivientes

que salieran de la habitación, todos le obedecieron inmediatamente, lo hubieran hecho

con cualquiera que hubiera llegado con aquellas nuevas ilusiones de rescate.

   Pero no dieron ni dos pasos, cuando Salem salió de su escondite y se posicionó

justo en la única ruta de salida con tal velocidad que pareció haberse solo formado de

la nada, con un rápido movimiento sujetó las manos de Isaac y recitando aquella

extraña frase, la misma que había dicho en la base, lanzó los brazos del cazador hacia

atrás, haciéndole perder sus armas.




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—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

   Con un segundo movimiento, puso sus manos justo delante del abdomen del

cazador, pero no se dio cuenta como Isaac giraba su cadera bruscamente para poner su

mano izquierda sobre una de las vistas de la puerta, cerrándola inmediatamente con un

fuerte movimiento. El golpe de la puerta desvió las manos de Salem hacia una de las

paredes, produciendo grietas en la misma, con esto, la expresión de Salem se llenó de

ira, el cazador ya había escapado de su muerte dos veces y no iba a permitirle una

tercera, pero cuando dirigió la mirada hacia Isaac, vio con ridícula sorpresa como el

cazador sujetaba una vez más la puerta que había rebotado en sus brazos y cerrándola

con más fuerza lo golpeó en la cara. Los lentes de Salem caían rotos mientras su

mirada había perdido el foco, el dolor le recorría todas sus facciones y la sangre salía de

su nariz, ante esto solo pudo encorvarse de dolor, cuando de pronto un tercer y último

golpe le impactó de lleno en una cabeza a medio agachar, tumbándolo y dejándolo

dando vueltas en el piso, en un estado semiconsciente de dolor.

   Tirado, sangrando, débil, a merced de cualquiera, así estaba Salem ahora, Isaac

podía verlo, acercándose con lentitud, casi saboreando… pero ¿qué?, ¿la victoria?, no,

¿la venganza?, tampoco, solo el simple hecho de que alguien a quien despreciaba iba

ser por fin retirado de su existencia, solo eso, saborear la simple calma después de

eliminar un problema. Se acercó más, quedándose de pie justo al lado de Salem,

levantó su pierna y la dejó caer sobre la espalda del brujo que empezaba a levantarse, el

cual se desplomó en el suelo, quedándose tendido, Isaac levantó de nuevo su pie y lo

dejó caer por segunda vez, ahora sobre la cabeza de Salem, el sonido del golpe fue

horrible, más cuando se mezcló con la agonía del hechicero, Isaac ahora se disponía a

terminar el trabajo, lentamente sacó una bayoneta de su funda, sujetándola con fuerza,

centrando su mirada en el cuello del hombre bajo su pie, deleitándose en su

sufrimiento, en la sangre que salía de su cara, fascinándole, hipnotizándole, llamándole,

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

casi ordenándole que sacara más. Alargó la mano empuñando su arma, pero antes que

pudiera enterrarla, la mano de Alice le sujetó el brazo – ¡vámonos, la fábrica está a

punto de explotar! – le gritó.

   La reacción de Isaac fue instantánea, retrajo su brazo y lo lanzó con fuerza,

empujando a Alice, Salem había cometido el error de haberse metido con él y no iba a

dejar que aquel maldito brujo viviera un segundo más. Alice hizo un segundo intento,

sujetó su brazo con ambas manos y le gritó con más fuerza - ¡ESTO ESTA APUNTO

DE EXPLOTAR! –

   El sonido de las llamas empezó a ganar terreno, haciendo que Isaac girara su cabeza

en todas direcciones, como si apenas estuviera enterándose de lo sucedido y tras un

segundo de desconcierto se volvió para mirar a Alice y preguntarle asustado -

¿explotar? –

   - ¡Es una fábrica de municiones! ¡En cualquier momento el fuego las hará explotar a

todas y todos moriremos si no salimos de aquí! – le respondió Alice.

   Isaac volvió a mirar todos lados con sorpresa, como esperando que sucediera algo,

pero definitivamente no deseándolo. Con mirada tensa, quitó su pie de la cabeza del

brujo, se dio la media vuelta y empujó a cada uno de los sobrevivientes, señalándoles el

camino que había tomado para entrar, esperando que la ruta estuviera al menos igual

que cuando la vio por última vez.

   - No puedes quedarte aquí, este sujeto no lo vale – le dijo Alice

   Isaac no podía creer que ella, quien tanto enojo le había producido, ahora se

preocupaba por su seguridad – al diablo con él, voy por mis pistolas – respondió Isaac

con prisa en el momento que regresaba al interior de la bodega, había decido no matar

a Salem, al menos no de forma directa, solo se aseguraría de dejarlo lo suficientemente

quieto como para recibir de lleno la explosión, por su parte, Alice, Elizabeth y el

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—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

hombre que las acompañaba corrieron sin esperar que Isaac volviera a aparecer,

confiando en que todo resultaría bien para él.

   Salem recobraba el control de su cuerpo poco a poco, escupiendo sangre y un trozo

de diente se dio la vuelta, poniendo sus manos contra el suelo, tratando de

incorporarse lentamente, no podía creer lo estúpido que había sido, más cuando tenía

que reconocer que el cazador definitivamente no era alguien fácil de matar. Un

constante riachuelo de sangre caía desde su nariz, sus manos temblaban por el dolor y

su mirada apenas recobraba el foco cuando vio las botas del cazador moverse

rápidamente hacia él, deteniéndose a pocos centímetros de su presencia, con sorpresa,

Salem volteó hacia arriba solo para ver la cara de Isaac justo antes de sentir una fuerte

patada en la cara, obscureciéndose todo, solo dejando escuchar las pisadas que se

alejaban y sentir el calor creciente de la habitación contigua.

    Manteniendo una velocidad endemoniada, Alice y sus compañeros de infierno

lograron salir por una de las puertas de mantenimiento, el aire se encontraba lleno de

cenizas y estaba extremadamente caliente, pero era mil veces mejor que estar en el

interior de aquella agonizante estructura, condenada a explotar, sin perder más tiempo,

siguieron avanzando hacia donde no llegaban la marea de llamas y se dejaron caer

sobre el montón de adoquines que adornaban la calle. Elizabeth aún no habría los

ojos, pero su respiración se hacía menos forzada y con alegría, Alice lo iba notando.

Por un instante todo pareció estar arreglado, pero se dieron cuenta que habían

olvidado por completo a Isaac, quien seguía dentro del edificio, pero su preocupación

desapareció al ver como de la puerta salía una figura a gran velocidad, estrellándose en

el barandal que rodeaba una parte de la salida, casi cayéndose. La silueta del cazador se

hizo más definida a medida que se acercaba a ellos, agitado, lleno de sudor y con una



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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

pistola en cada mano, poco a poco redujo su marcha, deteniéndose delante de ellos y

respirando de forma agitada, tratando de calmarse.

   Alice se mostraba contenta, no le importaba la idea de tener que pagar de nuevo

por los servicios de Isaac, esta vez realmente se lo merecía.

   - ¿Qué pasó con ese sujeto, el de las llamas? – preguntó el hombre al lado de

Elizabeth, esperando recibir una buena respuesta, cuando de pronto una tremenda

explosión los lanzó a todos al suelo.

   Todos giraron o se levantaron para ver la destrucción del lugar y como de entre las

columnas de humo que se levantaban, solo podía distinguirse una chimenea inclinada

mientras todo lo demás, lo que alguna vez fuese el símbolo de progreso y bienestar de

New Exeter, se encontraba hecho pedazos.

   - Creo que está muerto – respondió Isaac con beneplácito y tras un instante de

quietud su cabeza se movió repentinamente, como si hubiera recordado algo, metió su

mano en el bolsillo de su capucha y sacándola la estiró hacia Alice – esto es de tu

hermana ¿verdad? – le dijo al enseñarle el hermoso pendiente de plata que

misteriosamente lo había guiado hacia ellas.

   Alice le sonrió y tomándolo le dio las gracias, ella sabía que Elizabeth nunca hacia

nada sin primero tomar su pendiente, iba y hacia todo con él, así que el que la hubiera

estado buscando e intentando rescatar sin su colguije, demostraba el amor que le tenía

a ella, bueno, al menos demostraba que tenía un conjunto de prioridades bien

establecidas. Por otro lado, se preguntaba cómo era posible que Isaac lo tuviera, estaba

casi segura que había entrado a la casa, pero eso realmente no le importaba, de

cualquier forma ellas le debían la vida y eso era lo único que importaba por ahora.

Alice levantó a su hermana y le colocó el pendiente, a lo que Elizabeth respondió con

un sonoro ronquido, al parecer el cansancio le había ganado.

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                                         VIII

                                UNIÓN DE RIESGO



   Los hombres del pueblo seguían corriendo de un lado para el otro, si bien el fuego

como un todo ya estaba menguando, aún quedaban algunas llamas que buscaban

seguirse propagando. Cansados y adoloridos, los sobrevivientes de la fábrica se

movieron lentamente hacia la calle, Isaac sentía que ellos ya no eran necesarios para

salvar al pueblo, estaba además, agradecido por eso ya que no se sentía con la fuerza

necesaria para hacer más acciones de tipo heroico y menos si debían ser gratis.

   Entre Alice e Isaac cargaron a Elizabeth hasta su casa y con alegre cansancio la

llevaron hacia una entrada de arco a la derecha de la entrada principal, para finalmente

dejarla descansando en el cómodo sillón de una pequeña sala. Isaac buscó otro asiento

que se viera igual de cómodo y se sentó un rato, estirando el cuello y dejando caer su

cabeza hacia atrás, sobre el respaldo del asiento. Por su parte, Alice solo aclaraba su

garganta, ahora que estaban calmados podía prestar atención a las incomodas

repercusiones de haber estado en una maldita hoguera.

   - ¿No tienes hambre? – preguntó Isaac.

   - Creo que deberíamos salir y ayudar con el incendio – respondió Alice mientras

observaba por la ventana.

   - ¿Para qué?, el fuego ya está controlado, además ya no hay muchas cosas que salvar

y supongo que sin la fábrica le economía del pueblo se va a ir directo al demonio – dijo

mientras mantenía su cabeza pegada al respaldo del asiento y después de un rato de

silencio continuó - estoy cansado, sé que tú también –

   - Arthur si está ayudando – expuso Alice.

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

   - Arthur es un pendejo – añadió Isaac.

   - ¿Qué dijiste? -

   - Pregunte qué ¿quién es ese? – respondió él.

   - El hombre que estaba con nosotras cuando llegaste, era uno de los dueños de la

fábrica –

   - Por eso mismo está ayudando, es solo un maldito burgués que quiere salvar lo

suyo, nosotros le ayudamos y no tenemos que sentirnos mal por no seguir

cooperando. Ya hicimos más que suficiente – respondió Isaac con serenidad y

continuó mientras se levantaba y caminaba hacia la cocina – me empezó un hambre

enorme, ¿hay algo que pueda comer?, digo, si no te importa que coma aquí –

   La mirada de Alice volvía a tomar aquella forma que tanto recordaba Isaac, el

agradecimiento no pareció desaparecer pero de eso a aceptar la forma en que el

cazador se expresaba y comportaba había un abismo de distancia. Sin embargo, Alice

tuvo que aceptar algunos de los puntos que Isaac exponía, por más que deseara ayudar

su cuerpo no le obedecería como era debido, quizá terminaría estorbando más que

ayudando, así que consintiendo, para su desgracia de buena gana, con lo dicho por

Isaac, lo acompaño a la cocina. Al estar frente a las escaleras vio un conjunto de

retratos tirados en el suelo y en los escalones, pensó que quizá se habían caído con la

explosión o que tal vez habían sido tumbadas por el cazador, en silencio los tomó uno

por uno, apilándolos en una mesa, con la intensión de colgarlos después, pero uno de

ellos tenía el marco roto, la foto de uno de los viajes de su padre, el primero en que

ellas lo habían acompañado, llena de nostalgia la tomó y la contempló un rato,

tratando de recordar detalles de su padre, pero las escenas le parecían borrosas, algunas

veces extrañas, sabía que Elizabeth se la había pasado bien, pero no podía imaginársela

en aquel lugar, tampoco recordaba muchas cosas que sabía que ella misma había

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hecho. Lentamente pasó sus dedos por la imagen de su padre y poco a poco empezó a

recordar la voz del hombre, grave pero tranquila, siempre amorosa, sus ojos se

empezaron a humedecer, pero el sonido del refrigerador cerrándose con fuerza la sacó

de su débil trance, se guardó la fotografía en el bolsillo y bajó por las escaleras,

encontrándose con que el cazador había comenzado su cena sin ella.



   Sorbo tras sorbo iba perdiendo el gusto a cenizas, además la frialdad del jugo le

devolvía el ánimo. El aroma de lo que fuera que estuviera en la cacerola era delicioso,

aunque tal vez solo por el efecto del hambre. Tras unos minutos, un par de platos bien

servidos hacían gala frente a un par de hambrientos comensales, uno de ellos,

sirviéndose su segunda ronda.

   - Dios, nunca creí que me gustaría tanto la comida inglesa – dijo Isaac después de la

primera gran bocanada, tragando rápido para no hacer esperar a la segunda.

   - Deberías de comer más despacio – le dijo Alice – no es bueno comer tan deprisa -

   - Ocúpate de lo tuyo – respondió Isaac, pero de inmediato, al ver que su respuesta

había sido demasiado agresiva trató de retractarse -deberías de verme comer en el

campo, donde no hay tiempo para buenos modales – añadió tratando de lograr mayor

simpatía con su compañera de mesa – y ¿por qué tan tranquila de tenerme en tu casa?,

creí que no querías que volviera a poner un pie en ella – continuó diciendo al ver la

expresión sin humor de Alice.

   - Elizabeth me contó todo, de cómo tú la trajiste y la cuidaste. Además, sé que te

metiste una segunda vez y sacaste el pendiente de mi hermana, pero nos salvaste de

morir en la fábrica y estoy más que agradecida contigo por eso – explicó Alice mientras

comía.



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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

      - Supongo que situaciones desesperadas ameritan recompensas desesperadas – dijo

el cazador mientras mostraba una ligera sonrisa a Alice.

   Alice lo miró y con el mismo tipo de sonrisa le dijo – supones bien –

   Isaac inclinó la cabeza un poco, tanto por la fatiga como por un gesto de confianza

– además, creo que también tienes un poco de culpa, no debiste haber dejado que tu

hermana fuera a un pub. No sabe beber –

   Alice lo miró seriamente y le dijo – yo le dije que no fuera y se lo remarqué varias

veces –

      - ¿Entonces por qué no le dijiste que se regresara? – preguntó Isaac extrañado.

   - No la vi – respondió Alice de inmediato – de haberla visto me la hubiera llevado

en el acto -

   Isaac la miró con cierta sospecha y acercándose le dijo – yo estaba hablando con

ella cuando entraste, estaba a mi lado –

   Alice levantó un poco la cabeza mientras trataba de recordar aquel día, pero cuando

las imágenes vinieron a su cabeza, Elizabeth no se encontraba en ellas, ciertamente su

memoria no era sobrehumana, pero estaba segura de no haber visto a nadie al lado de

Isaac y recordaba esto porque había pensado en sentarse al lado del cazador antes de

optar por evitarlo.

   Isaac la miraba en silencio, era obvio que trataba de recordar algo de ese día, así que

para ayudarle le dijo – sí, parecía que se había tomado varias cerveza cuando llegó

conmigo, después empezó a hablar de un montón de cosas y se quedó dormida –

   - No, pero quizá la pasé por alto cuando trataba de ignorarte – respondió Alice

dejando el tema de lado, era posible que al estar agachada el brillo de la barra se

hubiera confundido con el tono de su cabello, haciendo que Elizabeth desapareciera si

se le veía de reojo, al menos eso sonaba como lo más posible.

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—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

   El cazador se rio ligeramente – lo sabía – dijo al darle otro sorbo al jugo.



   Afuera, los gritos poco a poco se iban silenciando y las luces de las llamas

desaparecerían dando paso a la vista de restos chamuscados. Adentro, la calma de no

tener que pelear con Alice era lo mejor de la noche y con la poca confianza

desarrollada, Isaac preguntó por la ubicación del baño. Al dirigirse a éste, pudo notar

lo cerca que habían estado de haberse quedado sin un hogar, la casa donde se

encontraba desprendía cierta tranquilidad, además las paredes limpias y los pisos

brillantes le hacían sentir la pena de ser un nómada. Sin tardarse más de dos minutos,

Isaac salía del baño con fuertes deseos de dormir, supo que pedir posada en aquel

lugar sería algo demasiado riesgoso así que pensó en regresar y dormir en su

semioruga, pero pronto recordó que los militares debían estar buscándolo y tomando

en cuenta el tiempo que llevaba en ese lugar sabía que llegarían en cualquier momento.

   “Maldita sea, no ahora, estoy cansado” pensaba mientras se dirigía de nuevo a la

cocina, no quería tener que desvelarse más, su cuerpo ya le exigía descanso, pero sabía

que no era posible. Tendría que salir lo más pronto de ese lugar o corría el riego de

pasar varios días, semanas o incluso meses bajo las presiones de pesados

interrogatorios.

   Su mirada era de sumo pesar al entrar en la cocina, ojos tristes enmarcados por una

expresión de extremo cansancio, Alice volteó a mirarle y pareció comprender lo

sucedido - ¿ya te vas? – le preguntó con suavidad, buscando no agredirlo en ninguna

forma posible.

   Isaac solo asintió con la cabeza. Los ojos de Alice se tornaron comprensivos y

levantándose de su asiento, caminó hacia él con una caja en sus manos – son sobras

calentadas, sé que no es mucho, pero espero que te gusten – le dijo al entregársela.

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   Isaac sonrió al momento de tomarla, aunque lo más seguro era que sin un hambre

similar a la que lo estuvo invadiendo hace casi una hora, la comida de Alice no le sabría

tan bien. Por un instante quiso decírselo, pero creyó que sería grosero o por lo menos

fuera de lugar y lo último que quería era volver a quedar en malos términos con ella.

No quería volver a caer en las mismas ansias que lo habían invadido la primera vez que

la conoció, las que lo pudieron haber llevado a un escenario completamente distinto al

que ahora medio disfrutaba.

   En silencio, los dos caminaron hasta la puerta.

   - No le digas que vine, inventa algo de cómo salieron de la fábrica – dijo Isaac al

quedarse un momento inmóvil, con la mirada fija hacia la sala donde se encontraba

Elizabeth. A esas alturas creía que Alice tendría idea de lo que él sentía por su

hermana, nada podía hacer para evitarlo, pero ella tampoco podía hacer algo al

respecto.

   - Te extraña, aun cuando solo te haya conocido por una semana – respondió Alice

con voz baja y acercándose a Isaac continuó con un tomo más suave – por favor,

regresa algún día –

   Isaac no pudo decir nada más, por el momento le sería imposible regresar y quizá

podrían pasar años antes que todo se calmara lo suficiente como para volver con total

seguridad. Al tomar la perilla, sus ojos se enfocaron en una delgada grieta que se

asomaba al lado de la puerta, demasiado delgada como para no haber sido producto de

la explosión pero su mete se mantenía intranquila, sentía como si la hubiera visto

antes. Entonces sus ojos se abrieron y sus manos empezaban a temblar casi de manera

imperceptible para cualquier testigo, tanto, que solo él podía sentir los pequeños saltos

que hacia su muñeca cuando vio un pequeño rastro de humo salir de la grieta, igual al

que vio en la sala de interrogatorios. La boca se le secó en segundos – Salem está aquí

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– dijo con voz tímida. En seguida volteó a ver a Alice con miedo en sus ojos, justo

antes que ella notara el creciente olor a quemado proveniente de la sala.

   El temor les impidió moverse con rapidez, pero paso tras paso entraron a la

obscura sala. Sus miradas se giraron hacia Elizabeth, quien dormía plácidamente en el

sillón del fondo y detrás de ella pudieron observar una silueta obscura poniendo

lentamente sus manos sobre el respaldo del sillón, asomando su cabeza hacia su bella

ocupante.

   - Pensar que hace tan solo una semana estuve tan cerca de este lugar – dijo la silueta

con voz macabra, como si su garganta se encontrara aún llena de ceniza.

   Isaac rápidamente sacó una pistola de una sobaquera pero Salem encendió su mano

y la acercó a Elizabeth – adelante cazador, veamos quien es más rápido – dijo en voz

baja. Por su parte Isaac no podía arriesgar la vida de Elizabeth en ese tiro, pero no

podía quedarse solo viendo, sabía que Salem sería capaz de matarlos a todos en

cualquier momento.

   - ¿Qué quieres Salem? – preguntó Isaac sin bajar la pistola.

   - Creí que ya lo habías descubierto. Bueno, al menos al verte aquí eso fue lo que

pensé – contestó Salem mientras su otra mano se acercaba al cuello de Elizabeth y con

delicadeza sujetaba el pendiente de plata, levantándolo hacia Isaac – la vi en la pintura,

casi brillando, como llamándome. Era increíble, casi imposible, no podía ser solo una

coincidencia. Después de estarla buscando por años, es ella la que se me presenta… –

   - Así que tu trajiste a la bestia aquí, ¿verdad?, mientras alguien más destruía la presa

y se aseguraba de destruir los caminos, ¡¿tanto mierda solo por esa porquería?! –

interrumpió Isaac con enojo, recordando las marcas que había visto en la cabeza del

monstruo el primer día que había llegado al pueblo.



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   - Solo sabíamos que estaba por aquí, la energía que despide no se emite de forma

tan continua como nos gustaría, pero sabemos que reacciona ante el peligro, por eso

tuvimos que empezar algunos ataques –

   Los dientes de Isaac rechinaron mientras su boca se abría un poco, estaba al borde

de un ataque de ira y todo por no poder entender la serenidad del asesino - ¿¡y para

qué chingados ocupas esa mierda!? ¡RESPONDEME! – gritó mientras apretaba el

mango de su arma con ambas manos, temblando casi al ritmo en que una gota de

sudor frio bajaba por su frente.

   - Cálmate, te ves ridículo. En primera tú no tienes idea de lo que es esto. Esto, esto

es la llave para un poder superior – respondió Salem mientras concentraba todo su

campo visual en lo que sujetaba con sus manos, como si aquella cosa fuera el centro de

todo su ser, de toda su existencia.

   El cazador se maldecía una y otra vez, pudo haber matado a este sujeto allá en la

fábrica, pero prefirió haber contentado a la hermana de quien ahora estaba en peligro,

de haber cedido ante el gusto por la sangre, ahora estarían totalmente a salvo.

   - Dispara ahora – dijo Alice con voz baja.

   Isaac no podía creer lo que estaba escuchando, ¿acaso no le importaba poner en

peligro la vida de su hermana?, ella, quien había permitido que el maldito de Salem

hubiera tenido una segunda oportunidad, o era acaso que lo único que le importaba era

su propia vida y sus estúpidos valores. Primero le obligó, de una u otra manera, a no

matar a un hombre miserable ¿y ahora sacrificaría la vida de su única familia para

asegurar la propia?

   - La matará de todos modos, ahora esta distraído – continuó Alice – confía en mí

por favor, si no hacemos algo la matará de todos modos –




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   Su cara se tornaba pálida, no sabía qué hacer. Sus manos empezaban a temblar un

poco más y su boca se sentía llena de arena. La solitaria gota de sudor llegó hasta su

barbilla y rápidamente se resbaló hasta el suelo. Tratando de mantener cierta calma

volteó a ver a Alice, solo un instante antes de regresar la mirada, pero con solo eso

momento entendió sus palabras. Notó que ella se encontraba en las mismas

circunstancias, su voz se mantenía serena, pero su rostro reflejaba tensión pura, toda

su piel había perdido su color y sus ojos temblaban casi como si fuera a desmayarse en

cualquier momento. Isaac supo entonces que no era el único que se preocupaba por

Elizabeth, pero a diferencia de él, su hermana estaba tratando de encontrar la manera

de salvarla, ella trataba de ver las opciones, no solo el problema.

   Isaac tomó aire, tensó sus brazos lo mejor que pudo para evitar el movimiento y

justo cuando el rostro de Salem se levantó hacia ellos, apretó el gatillo. Un solitario

disparo pasó cerca de la cara de Salem, en ese instante, Alice corrió hacia Elizabeth y

tomándola con fuerza la jaló hacia ella. Soportando milagrosamente el jalón, la cadena

del colguije se soltó de la mano de Salem, alejándose junto con Elizabeth.

   La fuerza del impacto despertó a Elizabeth, solo para ver como su hermana la

sujetaba de los hombros y la empujaba a la puerta al instante que impactaba su cuerpo

contra ésta y la abría con fuerza.

   Salem permanecía tirado en el suelo, rodeado por la obscuridad de la habitación,

pero el balbuceo que salía de su boca mostraba que no estaba muerto. Isaac no disparó

una segunda vez, solo se quedó quieto, respirando con agitación, tratando de recobrar

la calma. Escenas de sangre y gente muerta pasaron en flashes en su cabeza, y con cada

una sus dedos y manos daban un espasmo muscular, pero el gatillo seguía sin apretarse

de nuevo, jamás en su vida le había apuntado a alguien que significara algo para él y

justo por esa razón ahora no sabía cómo reaccionar, se había quedado congelado,

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

repitiendo en su mente la imagen de haber tenido a Elizabeth del otro lado del cañón.

Poco a poco recobraba la noción de lo sucedido, vio como Alice había salvado a su

hermana y como Salem se desplomaba en el suelo y ahora notaba como la habitación

se iluminaba lentamente en tonos rojizos. Sus oídos ponían atención en los balbuceos

de Salem y lleno de terror se dio cuenta que estaba hablando de la misma manera que

cuando empujaba objetos con sus manos. Salem estaba recitando conjuros.

   Isaac se le acercó, con la pistola siempre por delante, pero antes que pudiera

efectuar un segundo tiro, una incandescente ola de fuego surgió de Salem e hizo que

Isaac diera un salto hacia atrás para evitar ser chamuscado. Una segunda ola logró

golpearlo de la cintura para abajo, haciendo que soltara la pistola mientras intentaba

apagar su capucha, pero ante la imposibilidad de hacerlo decidió quitársela

rápidamente, acto seguido, sacó un revólver de cañón largo Magnum .357 de una

funda en su cintura, pero cuando lo alzó hacia Salem, este ya se encontraba de pie, con

los ojos encolerizados rodeados de fuego.

   - ¡YA ME TIENES HARTO MATA DRAGONES! – gritó Salem mientras

caminaba hacia Isaac, expandiendo más las llamas por la sala con cada paso que daba.

Sin repetir la impavidez que mostró cuando Elizabeth corría peligro, Isaac apuntó su

revólver directo a la cabeza de Salem, solo para ver como la figura de éste se movía tan

rápido hacia él que le hizo perder el foco y antes de que pudiera hacer un disparo pudo

sentir como una mano se posaba sobre su pecho, seguido por una conocida y

descomunal energía que lo empujó con fuerza hacia la ventana que tenía detrás.

   Afuera, Alice y Elizabeth vieron con horror como Isaac era lanzado a través de la

ventana de su casa mientras Salem reía en su interior, gestando un nuevo infierno.

Increíblemente Isaac recuperó la postura, levantándose mientras sujetaba su pecho con




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fuerza, un hilo de sangre bajaba de su boca y sus oídos retumbaban, pero aun así logró

mantener un movimiento constante y con notable esfuerzo corrió hacia la semioruga.

   - ¡Rápido, súbanse! – les gritó a las hermanas Harker al verlas quietas y asustadas de

pie junto al vehículo.

   Volviendo en sí, Alice tomó a Elizabeth y con un fuerte empujón la metió al

interior de la cabina, justo antes de subirse ella misma. Isaac subió de último, cerrando

la puerta con fuerza y encendiendo la semioruga pisó el acelerador con tal fuerza que

se escuchó el golpe del metal contra el metal. Un grupo de personas que se movían

con una manguera se hizo de lado para evitar ser atropellados por el desesperado

conductor, algunos lograron distinguir al vehículo, sorprendiéndose de ver una vez

más al cazador, pero su sorpresa se transformó en el más puro horror cuando al

voltear, algunos de ellos vieron una marea de fuego avanzando detrás de una figura

sonriente, con ojos blanquecinos llenos de locura. En solo un instante todo el pueblo

quedó sumergido de nuevo bajo un mar de llamas.

   A través del espejo, Elizabeth vio como todo lo que se había convertido en su

hogar era arrasado por las llamas y su boca se abrió por completo mientras las lágrimas

se acumulaban en sus ojos, dejando salir todo su llanto en medio de un grito de dolor.

   - ¡¿QUIÉN DEMONIOS ES ESE?! – gritó Alice en medio de un horror que ya se

sentía perpetuo.

   - ¡ES EL DIABLO! – respondió Isaac sin quitar la vista del camino. Por alguna

razón Salem se había vuelto más fuerte y definitivamente no se iba a quedar para ver

cuál sería el límite de sus nuevas energías.



   El camino se encontraba en pésimas condiciones, pero aun así nada parecía detener

a la semioruga que avanzaba como un caballo desbocado. Nadie en el interior de la

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

cabina había tomado el tiempo que llevaban dentro, Alice e Isaac llevaban relojes pero

por el momento no pensaban en ello. Sus cuerpos y mentes se hallaban confusos; todo

parecía haber ocurrido en un solo segundo, pero trascurrido hacia tanto tiempo que les

parecía imposible recordar cada detalle con precisión, por otro lado, cada instante que

pasaba, cada segundo presente les era tan largo y pesado como las horas del atardecer.

   Elizabeth se encontraba en silencio, como si el tremendo gritó de dolor que había

lanzado le hubiera sacado todo de adentro, toda palabra y todo suspiro, sus ojos rojos

llenos de lágrimas eran la única evidencia de su desesperación interior. Alice tragaba

saliva mientras cerraba sus ojos en un esfuerzo de concentrase, de evitar perder la

conciencia de la realidad, e Isaac, sujetando el volante como si este fuera su alma

queriéndosele escapar, se empapaba en sudor frio, quería despegarse un rato de la

realidad, pero parecía como si una súper conciencia de lo sucedido le impidiera ver o

sentir otra cosa que no fuera el saber la prisa que tenia por salvar su vida. Sus vidas.

   El fuego que consumía al pueblo iluminaba la noche en hermosos tonos que

desgarraban la paz de quien los estuviera viendo y a través de los espejos de la cabina

se podía observar el horizonte brillante, como un adorno del fin del mundo. Tras unos

minutos de manejo nada parecía calmarse, dentro de la semioruga todos sentía como si

el peligro estuviera todavía justo detrás suyo, aun cuando Salem se les hubiera perdido

de vista.

   Alice empezó a voltear a todos lados, esperando ver algo, cualquier cosa que le

redujera la tensión, y tras unos instantes de auscultación giró hacia Isaac y llena de

nerviosismo preguntó - ¿lo perdimos? –

   - ¡Aún no! – gritó alguien arriba del vehículo, justo antes de que sus ocupantes

pudieran ver las manos y la cabeza sonriente de Salem asomarse desde la parte alta del

parabrisas.

198
—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

   Isaac y Alice pudieron sentir como su respiración se detenía y como sus corazones

daban un brinco tan fuerte que casi parecía pegarles en la base del cuello. Isaac pisó los

frenos al mismo tiempo que giraba bruscamente el volante hacia la izquierda, de

inmediato, el pesado vehículo dio un giro tan cerrado que sin titubeo se lanzó con toda

fuerza de costado, quedándose quieto por un instante antes de caer sobre su lado

derecho y empezar a girar sobre él mismo igual que un animal desquiciado. Dentro de

la cabina, el mundo parecía despedazarse rápidamente y hacer mezclar el daño físico de

los cuerpos chocando contra todo con el desgaste mental producido por la

desesperación y la falta de descanso.

   Un último golpe puso fin a los giros del vehículo. En la cabina, Isaac trataba de

soportar el dolor, al menos lo suficiente como para salir rápidamente por la ventana de

su aparato y para percatarse de todo el cuadro de destrucción del que era parte. La

semioruga había caído cuesta abajo de una pequeña ladera y ahora se encontraba de

cabeza, reclinada sobre un árbol que había impedido que continuaran las horribles

vueltas. Con la cabeza girándole por dentro, logró ponerse de pie, pero dando dos

pasos mal trechos cayó sobre sus manos y cediendo ante todo intento por soportar los

mareos terminó vomitando. Desde el camino que se encontraba arriba, Salem bajaba

lentamente, sus pasos eran firmes, pero lentos, sus ropas se encontraban intactas y solo

los moretones en su rostro enseñaban su falta de inmunidad - parece que por fin todo

acabara con paz, con la calma con la que debió de haber terminado hace tiempo – dijo

al acercarse más y tras una pausa continuó - ¿acaso tenías que alargar tu agonía?,

supongo que fue mala suerte, si Williams hubiera estado bajo una línea de vida todo

hubiera acabado más pronto –

   El pequeño discurso de Salem dio un poco de tiempo al cazador para recuperar la

postura mientras, sin llamar la atención, buscaba un arma en su cinturón. Sus manos

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

sintieron un mango y tomándolo con fuerza dirigió su mirada hacia Salem, quien ahora

le estaba viendo con una expresión llena de seguridad, pero fueron sus piernas lo que

llamaron su atención; se encontraban un poco encorvadas, tensas, como en espera de

algo.

   Con sus fuerzas de reserva, Isaac se levantó al tiempo que sacaba algo de su funda,

alargando su mano hacia un Salem que previendo el movimiento del cazador dio un

movimiento rápido hasta posicionarse detrás de él. Todo en menos de un segundo.

   - ¿Eso es todo? – preguntaba Salem con desprecio antes de percatarse de cómo el

cazador movía rápidamente sus brazos hacia atrás mientras se lanzaba de espaldas. De

entre la oscuridad Salem distinguió el brillo de un cuchillo saliendo debajo de la axila

de Isaac justo antes de sentir el frio metal penetrando en su abdomen y acercándosele

a las costillas. En medio de la luz de la luna, un solitario chorro de sangre surgió de la

boca Salem, manchando el hombro de Isaac.

   Con un movimiento brusco, el cazador dio un giro en sí mismo, sin dejar de tocar

el mango del cuchillo y cuando ambos quedaron de frente, volvió a sujetar con fuerza

la empuñadura y subió el cuchillo lo más posible antes de sacarlo con fuerza. Una

cortina de sangre salió disparada hacia el suelo y con lentitud Salem se llevaba sus

manos hacia la enorme herida, viendo como ambas eran teñidas de rojo en segundos,

con esto, empezó a sentir como la vida se le empezaba a escapar, rápida y

dolorosamente.

   Isaac vio como Salem se movía cada vez con más dificultad, hasta que al final solo

pudo quedar de pie al recargarse en el costado del vehículo, su mirada estaba perdida,

por alguna razón lograba mantenerse consiente, pero era obvio que ya no lo estaría por

mucho tiempo. A esas alturas su ropa negra brillaba por la cantidad de sangre en la que

estaba empapado y solo sus ojos quedaba como algo lo suficientemente claro como

200
—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

para seguir notándose en la oscuridad reinante. Del otro lado de la semioruga Alice y

Elizabeth habían logrado salir con el suficiente tiempo como para ver como el verdugo

de New Exeter agonizaba en silencio, en medio de una escena que desgarraba el

corazón de la menor de las hermanas.

   Lentamente Salem volteaba a verlas mientras ellas caminaban hacia Isaac,

manteniendo la distancia con el moribundo, viendo como sus ojos se fijaban en cada

uno de sus pasos, como si quisiera todavía acercárseles y hacerles más daño. Al llegar a

Isaac los ojos de Salem se empezaron a llenar de rabia – ¿acaso crees que todo esto ha

acabado?, no tienes ni idea de quienes están buscando la llave – dijo de forma pausada.

   - ¿Por qué no solo te mueres? – respondió Isaac con desprecio, centrando su

mirada en la sangre, alegrándose con el sufrimiento del pobre diablo frente a él,

disfrutando mientras la muerte le abrazaba cada vez con más fuerza, si bien eso no era

suficiente como para justificar todo el esfuerzo y aún menos el sufrimiento, era mil

veces mejor que el simplemente haberlo matado en la fábrica, allí solo le habría visto

dar un grito y quedar en silencio de forma inmediata, pero aquí podía ver y escuchar

por más tiempo su agonía y su debilidad, aunque el ansia de verlo morir, de verlo dejar

de respirar, de verlo desplomarse sin vida, ganaba rápidamente terreno a cualquier otro

deseo. Realmente quería muerto a Salem y ya se estaba aburriendo de verlo tardarse

demasiado, quería lanzársele, quería enterrarle el cuchillo una y otra vez, empaparse

con su sangre y ver su rostro de dolor al momento de introducirle el frio filo en el

cuello, pero sus piernas apenas podían mantenerlo en pie y sus brazos, lánguidos y

cansados, colgaban a sus costados, solo meciéndose por el ansia de la muerte.

   La respiración de Salem se aceleraba y sus manos empezaron a brillar poco a poco,

llevando lentamente el destello por todo su cuerpo, sus ojos dementes se fijaron en el

rostro de Isaac - ¡NO TIENES NI IDEA DE CON QUIENES TE HAS METIDO!

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

– gritó mientras el fulgor alrededor de su cuerpo se incrementaba, produciendo fuego

alrededor de él, expandiéndolo hasta cubrir toda la semioruga.

   - ¡Mierda! – gritó Isaac justo antes de tomar los brazos de ambas hermanas y jalarlas

para empezar una carrera mientras el miedo le hacía olvidar el dolor de su cuerpo y la

tensión parecía comerse todo el cansancio.

   - ¿Qué está pasando? – preguntó Elizabeth ante la emergencia.

   - ¡Hay una caja de explosivos en la parte trasera de la oruga, si el fuego llega hasta

ella estamos muertos! – respondió Isaac sin detenerse, sin siquiera voltear para ver

como el fuego se expandía por el vehículo.

   Salem ya sentía como toda su vida se le consumía, pero con un último esfuerzo,

logró levantar su mano hacia quienes huían, concentrando toda su magia en una

gloriosa despedida. Su mano destellaba con más fuerza de la que jamás hubiera visto,

como si las líneas de vida le entregaran todo su poder a cambio de su corta vida. Sus

ojos se abrieron más y sus manos temblaban de emoción ante la realización de su

venganza, por un instante todo dolor y agonía desaparecieron de su cuerpo,

haciéndolo concentrarse en su objetivo. Una última frase salió de su boca, pero antes

de terminarla sus oídos quedaron sordos y su visión se vio ahogada en una luz

cegadora justo en el instante en que su cuerpo se hacía pedazos ante la explosión de

todo el vehículo a sus espaldas.

   En el mismo momento de escuchar la explosión, los tres corredores cayeron al

suelo, viendo como un pedazo del vehículo pasaba girando a su lado, mostrando una

brillante cobertura de fuego. De inmediato, Isaac se levantó, llenando sus ojos de

asombro e ira; su semioruga, su cuasi hogar por más de cinco años, sus armas sus

billetes todo eso habían desaparecido en un mar de fuego – mis cosas – decía en voz

lastimera mientras caminaba lentamente de regreso. Tras una pausa sintió un leve

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—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

malestar que rápidamente se elevó a tal punto que le hizo vomitar de nuevo, pero poco

a poco se le desvanecía lo suficiente como para recobrar la maltrecha postura. Su

mirada estaba llena de enojo al regresar hacia sus dos acompañantes – espero que estés

contenta – le dijo a Alice al acercarse – gracias a ustedes me quedé sin cosas –

   Alice quedó perpleja ante la acusación del cazador, quedó en un silencio total antes

que sus dientes empezaran a rechinar con furia y dando un grito como desquiciada

respondió con fuerza - ¿CÓMO TE ATREVES MALDITO IMBÉCIL?, ¡POR SI NO

LO HAS NOTADO, NOSOTRAS TAMBIÉN NOS HEMOS QUEDADO SIN

NADA, NI SIQUIERA TENEMOS UN PUEBLO AL CUAL REGRESAR! –

   - ¡A MÍ QUE CHINGADOS ME IMPORTA TU VIDA MALDITA

ESTÚPIDA!, ¡ES POR USTEDES QUE AHORA ESTOY EN MEDIO DE LA

NADA Y SIN NADA EN QUE LARGARME! – gritó Isaac mientras movía la

cabeza y se acercaba a Alice apuntándola con un dedo.

   Con un rápido movimiento, Alice se quitó el dedo de Isaac de encima, solo para ver

como éste se le quedaba viendo como si siguiera culpándola de su situación. Alice se

encontraba en un estado casi postraumático y aun así estaba a punto de explotar, de

decirle a Isaac que se fuera al demonio junto con todas sus cosas.

   Una pequeña parte de Isaac sabía lo que habían perdido las hermanas, que sus vidas

ya no volverían a ser iguales, pero por alguna razón desquitaba su coraje en Alice.

Estaba iracundo, quizá porque no había podido ver la cara de Salem al momento de

morir, o por no saber qué hacer en aquel momento, pero su cuerpo estaba demasiado

agitado como para poder controlarlo, incluso sentía como sus venas se tensaban y sus

nervios parecían saltar dentro de si

   - ¡YA CÁLLENSE! - gritó Elizabeth al no poder soportar más la situación, con tal

enojo, que hizo que ambos quedaran sorprendidos en un silencio total, viéndola

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

fijamente - ¡ACASO NO VEN QUE LOS TRES ESTAMOS JODIDOS! - continuó -

¿NO SE DAN CUENTA QUE HEMOS PERDIDO TODO?, ¡TODO EL

PUEBLO ESTÁ DESTRUIDO!, ¡Y TODOS ESTÁN MUERTOS! ¡MUERTOS! –

gritó antes de caerse al suelo y empezar a llorar desconsolada.

   Alice no pudo soportar la escena y corriendo hacia ella la abrazó con todas sus

fuerzas – aún me tienes a mí, yo no te abandonare – le dijo de la manera más amorosa

posible. Elizabeth rodeó a su hermana con sus brazos, sujetándola como si quisiera

aferrarse a ella para siempre.

   Isaac empezaba a sentir remordimiento, se sentía peor con ver así a Elizabeth que

de haber visto la destrucción de toda New Exeter, lo segundo ni le importaba. Con

una especia de hueco en el estómago trató de calmarse dando unos cuanto pasos y al

ver la columna de humo que salía de su viejo vehículo creyó ver la mano de Salem

siendo consumida por el fuego, aunque aquella visión bien podría ser más un producto

de la sugestión. Su pensamiento era ligeramente sacudido con imágenes que se le

habían quedado grabadas en la memoria, sobre todo lo que había vivido esa misma

noche, la urgencia por llegar al pueblo, el posible inicio de una tolerancia amistosa con

Alice, y Salem, sus ojos de locura, su presencia y sus palabras, con esto último Isaac

empezaba a sentirse más nervioso, recordando aquella última frase del brujo,

repitiéndola en su cabeza palabra por palabra, letra por letra y de pronto volvió a sentir

como la sangre se le helaba. Dio un trago de saliva y trató de ordenar sus

pensamientos antes de decir con firmeza - tenemos que largarnos ahora –

   Por un momento las hermanas parecieron no haberle escuchado y al menos ese era

el caso de Elizabeth, pero Alice, aun de espaldas, mostró en cambio a una actitud más

tensa. Después de unos segundo Alice se puso de pie, levantando a su hermana entre

sus brazos y al dar vuelta, sus ojos expresaron el sentimiento de coraje propio para la

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—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

ocasión, realmente pocas personas podrían haber aceptado recibir órdenes de quien les

acaba de insultar - ¿disculpa? – dijo sin cambiar de expresión.

   - Salem dijo que había más como él, ¡y no quiero quedarme aquí para esperarlos! –

contestó Isaac con preocupación y temor en sus ojos.

   La expresión de Alice cambió de inmediato, girando la cabeza a todos lados como

si tratara de relajarse con esa rutina, sus ojos se fijaban en cualquier cosa que tuvieran

en frente, tratando en vano de enfocarse en una sola cosa a la vez - ¿y a dónde diablos

vamos a ir? – preguntó finalmente.

   - Al sur, a New Liverpool, ahí encontraremos un lugar donde quedarnos y luego

nos largaremos de la India -

   - Espera un momento – dijo Alice - no nos vamos a ir del país así como así, es

decir, teníamos planeado regresar a Inglaterra pero ahora no tengo dinero ni cosas que

vender, no podría costear un viaje, además no pienso llevar a mi hermana a quien sabe

dónde a bordo de un carguero apestoso -

   - ¡¿ENTONCES QUÉ?! – gritó Isaac lleno de furia, alzando los brazos al cielo – ¡se

van a quedar aquí y esperar que algún otro maldito brujo de mierda venga por

ustedes!, ¡yo no pienso morir aquí y menos por ti! – continuó al momento de acercarse

a Alice y gritarle casi en la cara. Alice, harta ya hasta el cansancio de la forma en que

Isaac explotaba, solo esperó dos segundos antes de lanzarle una cachetada, pero

después del impacto, el cazador lejos de calmarse, le miró con una expresión

totalmente diferente a cualquiera que ella hubiera visto antes. Sus ojos estaban fijos en

ella y su parpado inferior izquierdo empezaba a temblar rápida y ligeramente, ante esto,

Alice dio un paso hacia atrás, pero antes que pudiera dar un segundo, el cazador alargó

los brazos, sujetándole la cabeza con fuerza, casi enterrándole los dedos. Alice no

gritó, no respondió, no reaccionó, solo permaneció quieta, congelada por la sorpresa y

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

el miedo ante la mirada de Isaac. Los ojos del cazador, fijos en los suyos, la detenían,

casi hipnotizándola, sus uñas casi penetraban su carne y su rostro parecía perder sus

rasgos, como si dejara de ser un hombre y se volviera una clase de animal.

   - Perra estúpida – le dijo Isaac al acercársele mientras apretaba con más fuerza la

cabeza de Alice, como si quisiera reventársela, pero antes que pudiera hacer o decir

algo más, sintió un golpe seco en la cabeza y girando vio como Elizabeth se le lanzaba

para sujetarle el brazo derecho en un intento para hacerlo a soltar a su hermana, su

fuerza física era ridícula, para nada la necesaria para siquiera lastimarle, pero fue la cara

de odio y desprecio que ahora le mostraba las que le hicieron soltar la cabeza de Alice,

haciéndole retroceder lleno de miedo, no por Elizabeth, menos por su hermana, sino

porque por segunda vez había estado a punto de cometer algo de lo que terminaría por

arrepentirse el resto de su vida. Miró a todas direcciones, como si en realidad hubiera

efectuado el crimen, asustado de que alguien más lo hubiera visto y después bajó la

mirada, tratando de calmarse, recordó la muerte de Salem paso por paso en un intento

por pensar en algo bueno, en algo que lo calmara, pero al subir la mirada vio la forma

en que la miraban las hermanas, Alice estaba aterrada, pálida, aún más que cuando vio

a Salem, por su parte, Elizabeth lloraba, pero sus ojos estaban llenos de repulsión.

   - Cálmate, solo la asuste – dijo Isaac, mintiendo en sus palabras y el modo en que

las decía con una tranquilad forzada, como si lo que dijera fuera cierto, tratando de

calmar un poco la situación y a sí mismo – sé que no estuvo bien hacerlo, pero estoy

tenso y cansado, no quise… -

   - ¡¿Quién te crees?! - interrumpió Elizabeth mientras abrazaba con más fuerza a su

hermana - ¡¿qué demonios intentabas hacer?! –

   Isaac empezó a sentir como toda su persona colapsaba ante la presión, lo peor era

que había disfrutado el haber callado a Alice, el haberla tenido en sus manos, el haberla

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—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

podido incluso matar, pero precisamente eso también era lo que lo aterraba. ¿Por qué?,

¿por qué le pasaba esto?, su padre, su abuelo, todos los que le precedieron, todos

habían sido como él, todos habían sido maldecidos desde el momento de su

nacimiento por aquella horrible necesidad, la que se había convertido en el verdadero

sello su familia.

   Alice aún respiraba con agitación, apenas comprendía la totalidad de la situación, el

cazador había pasado de un comportamiento molesto pero normal, a una especie de

locura canalizada. Trataba con fuerzas de concentrarse, de recuperar la serenidad y

empezar a pensar en todo con calma, quería llorar, pero no se permitiría el hacerlo, una

vez más intentó buscar algo en lo que pudiera enfocarse y lo encontró en los restos de

la semioruga, tragó aire y dijo con la mayor tranquilidad que pudo, lenta y

pausadamente – él tiene razón, tenemos que salir de aquí – tenía que aceptarlo, Isaac

tenía razón en cuanto al peligro que significaba las palabras de Salem, sus amigos,

seguidores, fanes, o lo que fueran, irían tras de ellos ya que lo que buscaba el brujo

también lo seguirían buscando ellos y mantenerse juntos era la mejor posibilidad para

sobrevivir, aunque tal vez no para ella. Había visto la verdadera cara de Isaac y había

sentido parte de la furia que vivía en él, pero también había visto la forma en que

miraba a su hermana, ya se había dado cuenta antes, no era estúpida, ya había

sospechado de la existencia de algún sentimiento por parte suya y al ver como el

cazador había retrocedido ante la mirada de Elizabeth, lo comprendió, Isaac no era

sino una bestia con forma humana, pero una bestia incapaz de lastimar a Elizabeth y

por lo mismo no importaba que la seguridad de su hermana se mantuviera a costa de la

suya, eso era un riesgo que estaba dispuesta a tomar - cuanto se dé a conocer lo que

sucedió aquí, los amigos de Salem sabrán a donde llegar – continuó.



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   Elizabeth la miró sorprendida, la forma en que hablaba parecía mostrar poca

importancia al hecho que el cazador la había lastimado, pero no supo que responder,

las palabras de Alice decían la verdad, además correr el riesgo de emprender un viaje

con todo y sus pesares era mejor que asegurar un segundo encuentro con alguien

como Salem. Ante el silencio, Isaac volteó hacia Alice, su cara estaba firme, pero sus

ojos eran los de un perro asustado, ella le devolvió la mirada, pero no el gesto, al

contrario, lo miraba con asco, totalmente decepcionada de él como ser humano.

   El silencio se mantuvo por más de un minuto, cada uno de los presentes seguían de

vez en cuando las posturas de los otros, como si trataran de hacerlos reaccionar, pero

en realidad, cada uno solo estaba absorto en sus pensamientos, los demás eran para

ellos solo como espectadores de sus propias vidas, en esos momentos, ninguno en

realidad esperaba nada de alguien, ni de ellos mismos. Isaac fue el primero en moverse,

se dio la vuelta y caminó de regreso a lo que quedaba de la semioruga. Al llegar a ésta,

buscó rápidamente cualquier cosa que hubiera sobrevivido a la explosión. La

reducción del fuego y el humo le permitieron ver lo que parecía ser un enorme

cuadrado oscuro lleno de mugre y al acercarse más para confirmar, sus ojos se llenaron

de gusto al distinguir su maleta de armas, casi en buen estado. Sin dudarlo un segundo,

Isaac se arriesgó a recibir daño de las pocas flamas que aún ondeaban a lo largo del

vehículo destruido y moviéndose lo más rápido que pudo se agachó para tomarla y

alejarse rápidamente de ahí. En silencio abrió la maleta y sacando su rifle lo revisó,

checando que por lo pronto, todo pareciera estar bien, además, haber encontrado un

par de escuadras en buen estado se convertía en una placentera bonificación.

   “Al menos tenemos algo” se dijo mientras sacaba las pistolas de la maleta. Al

acomodárselas en las fundas se quedó mirando el cuchillo que le había ayudado a

matar a Salem, el mismo que el viejo cantinero le había regalado. Con un sentimiento

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de tristeza se lo aseguró al cinturón. Aquel hombre parecía entender lo que sentía,

quizá él también lo había vivido y en ese caso lo habría superado, ahora deseaba haber

pasado un poco más de tiempo con él, tal vez le hubiera servido de algo. Mientras

seguía pensando en esto, regresó con Alice y su hermana.

   Alice se sentó en el pasto, esperando que el cazador regresara, pero Elizabeth

estaba confundida, había perdido el hilo de la realidad, comprendía la postura de su

hermana, pero no entendía la calma de esta, ella se encontraba llorando, casi al borde

de caer desmayada, pero Alice estaba a su lado, sentada, tranquila, como si nada malo

hubiera sucedido y el cazador, el mismo a quien tanto había extrañado y deseaba

volver a ver, ahora se mostraba como una figura horrible, al punto que cuando éste se

acercó más, pudo distinguir como aquellos rasgos, los cuales al principio ella creía que

denotaban fuerza, ahora le parecían las facciones de un monstruo.

   - ¿Nos vamos? – preguntó Isaac.

   Alice no respondió, solo se levantó con lentitud, sujetó a su hermana con suavidad

y la empujó con calma, de esta manera los tres empezaron a caminar hacia el risco por

el que había caído la semioruga. Al llegar a una elevación empinada, Isaac subió

primero y alargó la mano para ayudar a Elizabeth, pero ante esto, la joven retrocedió

con asco – no me toques – le dijo.

   Isaac sintió como todo cambiaba, antes no podía verla, pero aun con la distancia

geográfica estaba más cerca de ella de lo que estaría de ahora en adelante, la brecha

entre ambos se había hecho más grande, ella simplemente había visto una parte de su

verdadero ser, le había visto a través de la máscara de humanidad que débilmente

mostraba y de forma natural se había alejado de él. Aquello era comprensible, era la

forma noble, casi pura lo que le había llamado la atención de ella, lo que le había

cautivado y aquella naturaleza sencillamente era incompatible con la suya. Ahora

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

estaban los tres atados a un destino único, no se separarían por un tiempo, pero sus

corazones, sus mentes y sus sueños ahora se mantendrían más distanciados que nunca,

todos lo sabían, pero Isaac era el único que lo lamentaba, sintió un temblor en su boca,

creyó que empezaría a llorar, pero sus ojos apenas lagrimearon un solo segundo antes

de secarse de nuevo.

   Alguien dijo una vez que los hombres se vuelven monstruos solo cuando sus

lágrimas se secan para siempre, Isaac había escuchado esas palabras, pero nunca creyó

que estas le serían más dolorosas que una daga en el pecho.



                                            IX

                       EL PRIMER VUELO DE LA MARIPOSA



   - ¿Hace cuánto tiempo que paso esto? – preguntó el mayor McDowell con enojo y

terror, al ver lo que por más de cinco años se había considerado el símbolo de la

perseverancia británica en toda la India.

   - Más o menos como hace dos horas señor – respondía un capitán mientras leía un

par de reportes preliminares de lo ocurrido, sin mostrar signos de alguna preocupación

o asombro en su rostro – la evidencia recolectada indica que el incendio empezó en

varios lugares de forma casi simultánea, solo hay un par de construcciones en un

considerable buen estado, una cantina, parte de las instalaciones de la fábrica, lo cual es

raro y la casa de un tal Lord Hopkins, quien además no se encontraba al momento del

siniestro, el recuento de sobrevivientes no llega siquiera a quince -

   El rostro del mayor palideció ante los datos de la tragedia, nunca esperó ver esa

clase de desastres otra vez y menos fuera de Europa. Poco a poco su respiración se iba

poniendo más tensa en un intento para evitar explotar de coraje. El capitán por su

210
—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

parte, notó la actitud de su superior y con la misma calma que había mostrado trató de

llamarle la atención de la mejor forma posible – señor, creo que debe calmarse, aún

hay que darle la información al coronel –

   La mirada del mayor se tensó aún más, solo por un momento, antes de relajarse de

forma casi mágica. Ambos oficiales, así todos los hombres y mujeres que trabajaban en

la base Williams, sabían que el coronel era la persona más intratable e irritable del

mundo, incapaz de escuchar o entender razones por parte de cualquier otro ser

humano, solo los informes u órdenes escritas parecían entrar directamente su cerebro

y hacerle razonar.

   - Hay que hacer el informe Kowalsky – dijo el mayor ya con aire de tranquilidad.

   - En eso estoy señor – respondió inmediatamente el capitán.

   Mientras el capitán se retiraba, el mayor movía la cabeza en todas direcciones, como

si esperaba que algo cambiara en cualquier momento, como saliendo de las ruinas o

cayendo del cielo. Pero después de un rato de silencio, se quitó la gorra y lentamente

empezó a caminar hacia la cantina que estaba todavía de pie, rodeada de

construcciones casi desplomadas, casi como un solitario monumento al vicio.

   Pasando alrededor de unos quince minutos, Kowalsky entraba al pub, buscando a

su superior y al verlo sentado frente a la barra caminó directamente hacia él con

informe en mano.

   - ¿Señor, se encuentra bien? – le preguntó al verlo totalmente quieto, sosteniendo

un vaso en la mano mientras veía fijamente las fotografías en la pared, pasando sus

ojos de lado a lado, buscando cualquier detalle en cada una de ellas.

   - Sabias que yo conocí al mismo Thomas Edward Lawrence en persona – dijo el

mayor y continuó sin esperar respuesta – era un gran hombre, no me refiero a la

estatura, en eso era más pequeño que el mismo Führer. No, me refiero a la energía que

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

tenía, a la forma de hacer que cualquier percance pareciera una prueba más a desafiar.

Hijo, no tienes idea del tiempo que he vivido entre escombros –

   El capitán se mantenía callado, justo detrás del mayor. Él, a diferencia de su

superior, mantenía la calma en toda circunstancia, como el perfecto oficial, estoico y

eficiente, siempre al servicio del alto mando y nunca comprensivo con los niveles

inferiores, sin embargo, por dentro, la historia era otra, odiaba perder el tiempo por

cuestiones sin sentido o cosas sin valor como el sentimentalismo, fuese cual fuese la

intensidad o el origen del mismo, de hecho, para él el mayor no era sino un hombre

débil, siempre cambiante de ánimos, voluble y poco consistente, por lo que en más de

una ocasión había intentado superarle de puesto, pero por algunas razones el mando

superior no lo consideraba lo suficientemente bueno para ello.

   - La guerra de trincheras fue un asco tras otro. Por cuatro años me estuve

cubriendo de lodo y cadáveres por todo el maldito frente occidental, tratando de llegar

a Alemania y darle unas patadas al káiser ¿y después qué?, ¿eh?, te lo voy a decir, me

mandaron por más de un año al frente americano para ayudar a los yanquis a sacar a

Obregón y a sus malditos perros irlandeses de Dallas. Hijo, yo solo he servido para

matar. Pero Lawrence era completamente diferente, él también estaba hasta el cuello

en la inmundicia y la muerte, pero a diferencia de mí, él tenía sueños, él estaba en la

guerra por algo, algo más grande que él. El ejército nos destrozó a los dos Kowalsky, a

mí, a mí me convirtieron en un perro, pero a Lawrence lo mataron porque buscaba

cumplir sus ideales. No me importa que alguien me escuche, sé que lo mataron los

nuestros, nadie me va a convencer que murió por un maldito accidente de moto, eso

es ridículo. Lo mataron, yo lo sé, supe lo del auto negro –

   - Señor, creo que ya bebió suficiente – dijo el capitán ya sin poder resistir un

segundo más, apenas entendía lo que decía el mayor y no era por la profundidad de sus

212
—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

palabras, o la falta de esta, sino porque las mismas le importaban poco menos que

nada.

   McDowell permaneció en silencio, se logró escuchar un ligero suspiro salir de su

boca, pero el resto del cuerpo permanecía en total quietud – pareciera que tú no tienes

alma hijo – dijo al fin, antes de levantar el vaso y terminarse el contenido de un solo

sorbo.

   - Señor, si me permite debo decirle que encontraron el vehículo de Dreadnought –

   - ¿Dónde? – respondió inmediatamente el mayor mientras se levantaba del asiento.

   - Lo encontraron a unas nueve millas de aquí, estaba totalmente destruido pero

pudimos identificarlo con algunos pedazos de documentos que se encontraron.

Además el número de serie concuerda con el del vehículo de Dreadnought –

   - ¿Algo más? –

   - Un cuerpo, mejor dicho, partes de un cuerpo. Creo que el muerto se encontraba

junto al vehículo al momento de la explosión. Aún no se ha podido identificar con

precisión, pero es posible que se trate de Salem, aunque… – el capitán calló al ver que

el interés del mayor por el reporte, había cedido de nuevo ante las fotografías de la

pared - ¿Señor? – preguntó al fin.

   - Mira nada más Kowalsky – respondió el mayor al señalar una de la fotografías,

justo antes de acercarse y tomarla de la pared – parece que encontramos algo

interesante –

   - ¿Señor? –

   - Dreadnought está en esta foto – dijo McDowell mientras mostraba a su capitán

una fotografía firmada del cazador junto a la cabeza de un monstruo.



                                           …

                                                                                   213
EL CORAZON NEGRO———————————————————————————



   Una colección de pinturas se asomaba por el rincón más lejano visible, justo al lado

de un armario abierto lleno de ropa civil y militar. Un conjunto de postales, cuchillos y

cinturones se amontonaban en la repisa donde un hombre obeso comía de una lata de

conservas del ejército, a la izquierda, una enorme columna de latas tapaba la única

ventana del cuarto. La tienda parecía tener de todo, aunque nada en la mejor

condición. Elizabeth fue la primera en entrar, dando solo unos pasos antes de dar un

ligero salto hacia un sillón marrón lleno de polvo. Sus pies estaban destrozados, sus

parpados como entumidos y sus manos frías, sin sensación alguna de los dedos,

inmediatamente después entró Alice, dirigiéndose hacia su hermana, haciéndola a un

lado para poder sentarse ella también,        Isaac entraba en tercero, dirigiéndose

directamente al mostrador.

   El hombre gordo bajó el tenedor y sin moverse de su lugar les preguntó con

brusquedad que buscaban, al tiempo que les informaba a las hermanas que los muebles

en la tienda estaban a la venta y que por lo mismo no se permitía sentarse en ellos,

pero ellas hicieron caso omiso de sus quejas, estaban muy cansadas y para nada iban a

perder una oportunidad para relajarse, si bien el sillón estaba duro y sucio, para las

hermanas, en sus condiciones actuales, era casi como la más cómodas de las camas.

Por su parte, Isaac se paraba frente al hombre e inclinándose hacia él le preguntó en

voz baja - ¿aquí dan crédito? –

   El hombre gordo le miró por un momento, dudando, pero al ver la seriedad del

cazador respondió - depende, ¿Quién los manda? –

   - Conozco a Sadler – respondió Isaac.

   El hombre calló un rato y examinando a Isaac una segunda vez se le acercó - ¿eres

Jacques? – le preguntó, a lo que Isaac asintió levemente. El vendedor levantó su cabeza

214
—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

- Lo siento muchacho, pero a Sadler lo arrestaron hace dos días, así que cualquier

cuenta que manejes con él está congelada hasta que lo suelten –

   - ¡Por Dios! – dijo Isaac mientras descargaba su puño en la vitrina.

   - ¡Oye!, se prohíbe golpear la vitrina, la última vez hubo lluvia de cristales, con

muchas bajas y heridos -

   Isaac mantuvo la mirada hacia el suelo, pero después de unos segundos sin decir

algo, levantó su mano izquierda y mostrando una larga maleta la puso frente al

vendedor – al menos podrías aceptarme un trueque –

   El vendedor no respondió, ni siquiera volteó a mirar a Isaac, solo se limitó a

extender sus grasosas manos y abriendo la maleta sacó el rifle de su interior.

   - ¿Qué es esto?, ¿un PTRS-41? - preguntó, aún sin mirar al cazador - ¿Qué quieres

por ella? – continuó.

   - Necesitamos algo en que movernos más rápido –

   - ¿Qué carajos está pasando ahí? – gritó Alice mostrándose completamente

impaciente, porque aun cuando la imagen de las manos del cazador en su cabeza

seguía muy latente, también era cierto que el cansancio la volvía agresiva y por más que

quisiera, no podía evitarlo.

   Isaac aspiró con fuerza y volteándose con languidez le gritó mientras abría las

manos con tensión – ¡cállate, estoy tratando de conseguir un auto! -

   - ¡Un auto!, ¡JA! Por esto solo puedo darte una moto muchacho – respondió el

vendedor de inmediato.

   - ¡Pero tiene un sistema de Vampyr!, ¡maldita sea!, ¡esa cosa vale más que el mismo

rifle! –

   - ¿Y?, aún con eso no alcanzas para más, aunque tal vez te pueda añadir un par de

sombreros –

                                                                                    215
EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

   Entendiendo su situación, Isaac buscó entre sus cosas cualquier objeto de valor, lo

que fuera. Vio sus armas, pero pensó que aun cuando con ellas alcanzara el monto

necesario no sería muy inteligente quedarse sin protección, aunque bien podría dar

una. Mientras sus manos se movían por todo, tratando de encontrar alguna cosa que

pudiera dar, su cuerpo se topó con la daga que lo había ayudado a matar a Salem,

realmente no hubiera querido deshacerse de ella, pero no estaba en posición de dar

prioridad a lo sentimental, así que solo la sacó de su cinturón y se la arrojó al

vendedor.

   - ¿Y con esto? – preguntó Isaac.

   El hombre, que al principio pareció no mostrar mucho interés, bajó la cabeza hacia

el objeto que le había entregado el cazador y con los ojos tan abiertos como un portón

de iglesia le empezó vuelta tras vuelta al cuchillo.

   - Dios, ¿esta cosa es de verdad?, ¿dónde la conseguiste? –

   - Eso no importa, pero supongo que ahora alcanzamos el precio del auto, ¿no? –

respondió Isaac.

   El vendedor pareció darse cuenta que su emoción lo había delatado y con disimulo

levantó la cabeza, mirando con cierta sorpresa al cazador mientras éste solo esbozaba

una simple sonrisa.



                                              …



   - Esta es la conexión – exclamó el coronel con cierta emoción mientras sus manos

sostenían la fotografía del cazador.

   Los hombres a su alrededor solo se miraban los unos a los otros, esperando que su

superior continuara, solo el mayor McDowell se mantenía con la vista fija en la

216
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fotografía, pensando en la sucesión de eventos y después de un rápido tragado de

saliva dijo – Señor, creo que podría ser solo una coincidencia –

   El coronel bajó las manos y volteó a ver al mayor con una mirada que combinaba la

incredulidad con el enojo, pero no dijo nada, solo ladeó la cabeza un poco, como

dando a entender que quería seguir escuchando lo que el mayor tuviera que decir.

   - Vera señor – continuó el mayor – según los pocos testigos, Dreadnought llegó al

pueblo entre media y una hora antes del amanecer, justo antes de los ataques a los

bloques de defensa A y B, así que por la distancia y el tiempo es imposible que hubiera

podido estar presente en los desastres de la línea de defensa. Por otro lado, sabemos

que el cazador estuvo alrededor de una semana en el pueblo, sin comunicarse con

alguien de afuera, por lo que dudo de una relación de complicidad con Salem. Además

Dreadnought fue atacado por Salem en la base Williams –

   - ¿Y eso qué?, pudo haber sido todo una charada ¡por Dios! – respondió uno de los

hombres en el círculo de oficiales.

   - Creo que Smith tiene razón George. Dos hombres aparecen en un lugar, el cual es

atacado, solo para encontrarse dirigiéndose al mismo lugar al mismo tiempo, justo

antes de que éste explote. Además tú me entregaste la fotografía, ¿o es que acaso te vas

a contradecir? - respondió el coronel.

    - Creo que el cazador estaba enterado de algo importante, pero de eso, a ser el

autor de lo que paso aquí… es decir, me refiero a que tratemos de pensar con más

lógica, no solo a buscar culpables. Dreadnought se regresó a New Exeter después de

Salem, horas después. Además su vehículo se encontró destruido y con los restos de

un hombre desconocido, el cual suponemos puede ser Salem, aunque bien pudiera ser

alguien más – el mayor hizo una pausa en lo que tragaba saliva y movía sus brazos

tratando de organizar sus ideas, pero después de un rato empezó a detener la mayoría

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

de sus movimientos y continuó - no, si me preguntan, estoy casi seguro de dos cosas,

la primera, Dreadnought es directamente inocente de la destrucción de New Exeter

pero tiene conocimiento de lo que paso aquí y la segunda, es que ahora está huyendo,

eso claro siempre y cuando el cadáver que se encontró junto a su semioruga no sea el

suyo -

   - Entonces, supongamos que lo que dices es cierto, ¿Qué propones que hagamos? –

preguntó el coronel.

   McDowell miró de manera rápida a cada uno los presentes, pero notó como la

mirada de todos denotaba sus dudas, tanto de sus palabras como de lo que hubieran

estando pensando antes, todos menos la de Kowalsky, quien miraba fijamente a

McDowell, como burlándose, no de su planteamiento, sino de algo más, como si

hubiera una inutilidad intrínseca en cualquier propuesta que dijera.

   - Deberíamos de mandar gente vestida de civil en busca de Dreadnought, que en

caso de encontrarlo habrían de avisarnos de inmediato para asegurar su captura, si lo

agarramos podemos sacarle información o utilizarlo de carnada para atraer a quienes

quieran matarlo o secuestrarlo, que en cualquier caso es muy probable que tengan

relación con Salem. Los demás tenemos que dividirnos, entre los que tienen que

regresar a Williams, los que tienen que ayudar aquí y a los que les toca rotar con la

ayuda a las líneas de defensa – terminó McDowell, dirigiéndose solo al coronel,

tratando de conseguir su apoyo, y a Kowalsky, para ver su reacción hacia su propuesta.

   - Si, es posible – respondió el coronel – mandar solo unos pocos no nos adelgazaría

mucho -

   - ¿Quiénes serían los elegidos señor? – preguntó Kowalsky al mayor.

   - Eso te lo dejo a ti hijo. Creo que deberías ser tu quien se encargue de la misión de

búsqueda –

218
—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

   Kowalsky quedó en silencio, por primera vez era el mayor quien le había dejado la

mente en blanco, solo con ráfagas fugaces de pensamiento sin claridad. Rápidamente

logró ubicar sus pensamientos sin poder esclarecer la razón de tal designación, ¿era por

venganza? O el mayor por fin había llegado al límite de soportar los delirios de

superioridad por parte de su subordinado, dando por fin un mensaje que le recordara

para quien trabajaba, aunque también podía ser una prueba para poner de manifiesto

sus capacidades, de cualquier forma, tenía que reconocerlo, había subestimado al viejo

y ahora estaba bajo su merced.

   - ¿Entendido capitán? – preguntó el mayor, fijando la mirada en Kowalsky,

penetrándole su mente, como buscando impedirle cualquier concentración o intento

de priorizar cualquiera de las causas de su elección.

   - Si señor – respondió Kowalsky con tono bajo, casi mostrando de sobremanera

una derrota que tal vez solo existía en su mente. Sin embargo, lo real era que ahora

estaba a prueba directa y que su juez y posible verdugo era el mayor.

   El mayor McDowell entonces volvió la mirada al coronel, poniendo atención en

toda palabra que saliera de su boca, solo al final de la reunión se acercó a Kowalsky y

en tono paternal le dijo - vamos a ver si tienes la fuerza para sobrevivir fuera del

capullo muchacho -



                                             …



   El auto era un kubelwagen tipo 82 color caqui, sencillo y eficiente. Diseñado por

Ferdinand Porsche hacia casi diez años para la guerra que el viejo Von Seeckt ya

preparaba contra toda Europa. Con un motor refrigerado por aire, era particularmente

efectivo en las llanuras de la India, lugar que recordaba un poco al norte del África,

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

donde el agua también era escasa para los radiadores, cosa que no había impedido un

avance rápido de las tropas del “cuerpo africano europeo” del general Rommel, ni le

impediría a tres solitarios viajeros salir de la India.

   Isaac caminaba de un lado hacia otro, buscando desperfectos o cualquier otro

detalle que pudiera convertirse en un problema en el corto o largo plazo, por su parte,

Alice, sin preguntar algo, abrió la pequeña puerta del vehículo y se sentó en la parte del

copiloto, inclinado su cuerpo para reposar la cabeza en el respaldo.

   - Creo que esto es mejor que nada – dijo Isaac.

   - Podría conseguirte un modelo 276, pero creo que no te serviría de mucho sin la

munición. Además parece que lo que quieren es mantener un perfil bajo, ¿no es así? -

   Isaac volteó a mirar a Alice, quien solo se limitó a asentir con lentitud

despreocupada, porque aunque el cazador no ocupaba, ni buscaba la aprobación de

alguien para tomar sus decisiones, sí sentía que tenía que estar en correspondencia de

aceptación con quién fuera a viajar con él, la culpa que aun sentía lo obligaba a hacerlo.

Mientras los dos hombres discutían los términos del trato, nadie notó la ahora tétrica

figura de Elizabeth, moviéndose en las cercanías, aun mostrando un par de líneas

luminosas que salían de sus ojos, bajando por toda su cara, recordando los momentos

pasados de llanto y remarcando el cansancio presente. Con movimientos lentos, hacia

avanzar un pie delante del otro siguiendo una línea imaginaria que llevaba desde la

puerta trasera de la tienda, hacia donde media docena de jeeps y otros autos estaba

estacionados en espacios relativamente reducidos. Su cabeza se mantenía baja, pero sus

ojos se movían en todas direcciones, siguiendo una inercia sin motivo real, cuando de

pronto se quedó mirando una pieza de gis que pareció alzarse de entre las rocas, como

saludándola. Elizabeth no lo pensó dos veces, es más, siquiera lo pensó, solo tomó




220
—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

aquella varita blanca sin preguntarse de donde había salido y sujetándola con fuerza

entre sus delicados dedos se acercó al tipo 82.

   - De acuerdo, esto está bien. Solo faltaría la ropa que te encargue – dijo Isaac al

vendedor.

    - Claro. La dejé en la repisa, junto a mi nuevo rifle – respondió el vendedor y sin

decir nada más, trotó hacia el interior de la tienda y saliendo con una bola de ropaje sin

forma se la entregó al cazador, quien negándose a recibirla le obligó a solo aventarla al

interior del auto.

   Sin más que decir, Isaac se subió a su nuevo vehículo, encendió el motor y metió la

reversa, pero justo antes de pisar el acelerador vio con susto como Elizabeth se

encontraba justo detrás del tipo 82, inclinada, quieta, con los ojos fijos en la parte

posterior del carro. Con un rápido movimiento hizo sonar el claxon y sacó a Elizabeth

de su trance con tal brusquedad, que la pobre dio un gritito de terror antes de ver a

Isaac con cara molesta asomándose desde el interior del vehículo, justo antes de

bajarse del mismo y acercársele.

   - ¿Qué esperas?, sube – le dijo con tono seco, fijando sus obscuros ojos en los de

ella, tratando de ver su reacción.

   De inmediato Elizabeth se levantó, seria, pero con los ojos tristes, no podía evitar

sentir cierta pena por su situación, el cazador había sido alguien que le había agradado

demasiado y ahora no podía ni verle sin sentir odio, se sentía tan estúpida. Su hermana

le había advertido hablar con él, pero ella no la había escuchado, prefirió hacerle caso a

su curiosidad infantil. Con cierta rapidez rodeó el auto y de un brinco saltó por encima

de la puerta trasera derecha, directo al asiento de atrás del kubelwagen, todo esto

mientras Isaac le seguía, dándose cuenta como ella evitaba mirarle a los ojos, dio un

leve suspiro, se acomodó los lentes para ocultar sus ojeras y subiéndose al auto, dirigió

                                                                                      221
EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

su nueva adquisición por una pequeña vereda entre unos arbustos, hacia un pequeño

camino de tierra que pasaba por enfrente de la tienda, justo donde un solitario letrero

en inglés, árabe, urdú e hindi señalaba la dirección hacia su nuevo destino; New Delhi,

la anterior capital de la India antes que el gobierno inglés decidiera regresarla una vez

más a Calcuta, cuando las incursiones aéreas de los antiguos todavía ahogaba el norte

de Persia en un mar de llamas. Aquella ciudad también era conocida por otra razón,

por todos los alrededores no existía ningún otro lugar donde se pudiera encontrar

semejante aglomeración de pobres diablos, pordioseros y asesinos, eso la convertía en

uno de los peores hoyos del mundo, explotada y brutalizada por los británicos desde la

derrota mogola, el antiguo paraíso se había convertido por más de dos siglos en una

zona libre para cualquier negocio, lícito o ilícito.

   Con duda sobre su futuro y el de sus acompañantes, Isaac miró el letrero un

segundo, sellando su destino, que por peor infierno que fuera, seguía siendo la vía más

rápida para llegar a New Liverpool. Apretó sus manos en el volante y fijó su camino

hacia el sur, acelerando lenta pero decididamente un vehículo pequeño pero de porte

digno, casi espartano, esto, de no ser por la parte de atrás, donde se asomaba el dibujo

en gis de una mariposa.



                                              X

                           UN GRITO EN LA OSCURIDAD



   La noche era silenciosa, como muchas antes de la guerra, pero como casi ninguna

desde que las orugas de los tanques habían dado paso a las de las máquinas de

construcción. Lyon era una de las ciudades con mayor recuperación de todo el mundo,

y por la importancia que había jugado durante la recuperación de Europa, ahora se

222
—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

había convertido en el centro burocrático y capital no oficial de todo el continente, sin

embargo, aún después de dos años de trabajo intenso, la mitad de la ciudad todavía

parecía estar en zona de guerra. Un solitario automóvil negro se movía rápidamente,

como mostrando una alta preocupación por llegar a su destino, en segundos se detuvo

frente a una construcción parecida a un hotel, excepto por el tono grisáceo y lúgubre

de su fachada. Contrastando su apresurada carrera, la puerta trasera del auto se abría

con toda la calma del mundo, dejando ver a un caballero de ropa negra que salía con

serenidad, sus ojos azules y somnolientos se veían aún más pequeños en comparación

con su larga nariz, su boca, como una línea pálida, enseñaba un extraño gesto que no

podía ser otra cosa sino una sonrisa y sus manos, rodeadas de finos guantes de piel,

caían por sus costados como simples cuerdas, sin señal de vida en ellas hasta que

levantándose con lentitud, se acercaron al cuello para acomodar una corbata color vino

antes de dejarse caer de nuevo a su posición anterior. Después de un rato de silencio,

en que aquel caballero contemplaba el edificio de lado a lado de la misma forma en que

un rey observa su castillo, éste dio un leve giro en sí mismo y orientándose hacia su

auto se inclinó para sacar una delgada pila de carpetas.

   - ¡Señor! - gritaba un hombre al momento de salir por la puerta principal del edificio

– tenemos un comunicado de India -

   El caballero del auto solo se limitó a levantarse con aire distinguido mientras

clavaba sus ojos en los del mensajero y movía ligeramente su boca para indicar un

gesto de desprecio y sin decir algo, pasó rápidamente su mano derecha por el costado

de su cabello y se dirigió al interior de la estructura,

   - Pero señor, el comunicado lo envía De Aragón – replicó aquel hombre mientras le

seguía igual que un perro faldero.



                                                                                     223
EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

   De repente, el caballero de negro apresuró su paso, como si aquel aviso detonara

una alerta dentro de su cuerpo y con saltos casi atléticos se adentró en la primera

puerta a su alcance.

   - Comuníquenme con In002 rápido – dijo con un claro acento alemán

inmediatamente después de levantar el auricular de un teléfono, callando un leve

momento antes que sus ojos se llenaran de un fulgor casi diabólico y las venas de su

cuello se marcaran - ¡maldita sea, está hablando Heydrich!, ¡REINHARD

HEYDRICH! -



                                           …



   Un pequeño auto aparecía en la distancia, mezclando su color con el del terreno

mientras se acercaba más y más y el rastro de polvo detrás de él se iba haciendo más

grande. Su conductor mostraba una mirada fuerte, con sus ojos fijos en el horizonte,

solo levantándolos de vez en cuando para mirar por el retrovisor a la joven durmiente,

que tranquilamente roncaba en el asiento trasero del auto. Por el otro lado, la

compañía en el asiento del copiloto, si bien no era menos placentera, si se mostraba

más silenciosa.

   Después de unos minutos, Isaac por fin pudo divisar el cúmulo de luces que

anunciaban a New Delhi, el primer y último lugar en el que deseaba estar. Con un

rápido reojo vio como el rostro de Alice se mostraba cada vez más preocupado y por

desgracia, se dio cuenta que por dentro, él empezaba a sentirse de la misma forma,

porque aunque jamás había tenido que interesarse o proteger a alguien más allá de sí

mismo, la realidad era que la seguridad por su propia persona era lo que lo tenía más

nervioso, lo cual no era nada raro después de pasar más de diez años ocupándose solo

224
—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

en su persona. Pero no era su vida en si lo que quería conservar, sino más bien su

postura, su integridad, ¿cómo podía decirles que no era la primera vez que había

estado en aquel abismo?, solo de recordar las cosas que habían sucedido en aquel lugar

se aterraban y de inmediato sus ojos se centraron en la cabeza de Elizabeth al tiempo

que una solitaria gota de sudor bajaba por su cabeza, ¿qué pasaría si ella, a quien tanto

quería volver a acercase, le viera tal y como era su verdadero ser?, ella había visto una

parte, solo una parte, nada en comparación con la verdadera persona que trataba de

contener en su interior, pero no, aún con sus altibajos, había cambiado bastante, por lo

menos lo suficiente como para hacerse pasar por un ser humano la mayor parte del

tiempo, pero ¿por cuánto tiempo más?, ya dos veces estuvo a punto de zacear aquella

maldita sed y las dos, con Alice y ella a su lado, como si el destino le preparara una

tercera y tal vez la definitiva. Por un instante su mente recordó lo bien que se sentía la

calidez de la sangre en sus manos, la sensación de poder sobre alguien más, aquel

gusto, casi como el agua fría para la garganta de un sediento, por siete años lo había

olvidado, pero ahora volvía.

   Su boca se entumió, sus ojos también, ¿cómo podía pensar en eso?, su pasado era

eso, algo superado, algo ocurrido en una especia de vida anterior, algo que ya se había

convertido en solo una pesadilla lejana y absurda, como una imagen ficticia producto

de alguna lectura de su infancia, si bien se había desquiciado, todavía no perdía por

completo el control, todavía podía moderarse, sabía que podía.

   Alice miraba las luces de forma casi hipnótica, viendo como algunas de ellas

parpadeaban tan erráticamente como el vuelo de los insectos a su alrededor. La

suciedad de la casas y el camino que se le presentaban, más la extensión de la ciudad

que ahora les recibía, le hacía pensar en la desgracia de su situación y que aquello no



                                                                                      225
EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

era sino la antesala de la miseria, igual que si infierno mismo se levantara con los

brazos abiertos para darles la bienvenida con toda su horrible inmensidad.

   - El nido del diablo – dijo Alice

   Isaac la escuchó perfectamente, sintiendo como la piel de sus brazos se le erizaba.

Pero no se atrevió a añadir algo más, tal vez por la vergüenza que sentía con ella,

reconocía su daño y más que nada quería resarcirlo.

   De pronto, desde la parte posterior del vehículo un par de manos se sujetaban de

los asientos delanteros para dar impulso a Elizabeth, que se inclinaba hacia el frente

para ver mejor la ciudad, su aspecto despeinado combinaba con una mirada

entrecerrada a la vez que daba un profundo bostezo - ¿Dónde estamos? – preguntó sin

consternación alguna.

   - New Delhi – respondió Isaac de inmediato.

   - Pero, solo estaremos aquí un momento. Es más, solo vamos a tomar la carretera

hacia New Liverpool y ya – dijo Alice en un intento de quitarle a su hermana cualquier

posibilidad de tensión al tiempo que intentaba tranquilizarse a ella misma, aunque lo

segundo no le fue más fácil al ver el silencio de Elizabeth.

   - Tal vez tengamos que quedarnos más de un rato – expuso Isaac mientras evitaba

fijarse en la expresión de Elizabeth.

   Alice se quedó mirando al cazador de forma acusadora, tratando de hacer que este

cambiara de opinión, o ¿acaso no sabía hacia donde se dirigían?, tal vez solo quería

asustarlas, no, ya sabía la clase de persona que era y sabía que aquellas palabras no era

una broma, de hecho, ahora dudaba que hubiera algo de humor en él. La piel se le

puso de gallina al tiempo que una horrible sensación de escalofrió subía por su cuello,

su respiración empezó a agitarse, pero ante lo que se sentía como un ataque de pánico,

logró mantener la calma, al menos lo necesario para no llamar la atención de los demás

226
—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

pasajeros. Pero se dio cuenta que si Isaac volvía a internar cualquier cosa con ella no

ocuparía de un lugar como Delhi para hacerlo, bien podría atacarla en cualquier lugar,

así que lo que él decía tenía que ver con descansar, tenía que ser eso. Miró a Elizabeth

y recordó que había decidido asegurarle un futuro y el perro a su lado, se decía una y

otra vez, era el mejor seguro de vida. Aun así, seguía esperando que la posibilidad que

exponía Isaac fuera una broma de mal gusto y no una horrible afirmación.

   - ¿Cómo? – pregunto Elizabeth asustada.

   - New Liverpool aún se encuentra muy lejos y aquí podríamos reabastecernos para

el viaje – respondió Isaac con la mirada fija en el camino, aunque después de dar una

rápida mirada a Alice continuó – no creas que me gusta la idea de estar en este lugar,

pero me han dicho dé lugares relativamente decentes para pasar una noche o dos -

   - ¿Ya has estado aquí antes? – preguntó Alice con cautela, si bien aún en la tienda

logró mostrar confianza, incluso desafío ante la figura del cazador, al tenerlo tan cerca

ya no se sentía con el suficiente valor como para poder repetir el tono.

   La garganta de Isaac se sintió tan seca que incluso con todas sus fuerzas solo pudo

juntar un miserable trago de saliva para humedecerla. Pero mientras sentía como la

presión le carcomía por dentro, su porte no mostró consternación, solo sus parpados

se abrieron ligeramente al momento de responder.

   - No – dijo con voz baja.



   Las calles estaban saturadas de imágenes deprimentes, niños golpeándose, ancianos

a medio morir tirados en las calles, perros famélicos y buitres aún distinguibles en el

cielo a medio obscurecer.

   - Este lugar es horrible – chilló Elizabeth al ver por la ventana.



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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

   “Horrible lo que la maldita Inglaterra le hizo a estos lugares, arrinconándolos en la

miseria, orillando a la gente a vivir como animales” pensó Isaac, pero la cara que

aparecía en su mente era la de su padre, como si en él viera la razón misma de su

desgracia, como si este fuera un símbolo de Inglaterra y él un reflejo de la India, una

tierra a la que no amaba, pero de la que ya se sentía parte.

   El kubelwagen dio un giro cerrado en una glorieta de abobe y aumentando la

velocidad se dirigió hacia lo que parecía ser una vía que llevaba al centro de la ciudad,

mientras sus ocupantes no daban cuenta que por la ventana de un edificio cercano, un

hombre mayor de tez obscura y turbante azul los observaba mientras tipiaba un

telégrafo. Lentamente aquel hombre se levantó y caminó hacia un pequeño buro de

madera junto a su cama y abriéndolo sacó un teléfono y una pequeña agenda de cuero

azulado con unas letras en su portada; INTERPOL.

   Isaac manejaba tanto con velocidad como precaución, sabía que si iba muy lento

inmediatamente denotaría que eran forasteros, pero si conducía sin cautela corría el

riesgo de golpear a uno de los tantos hombres o animales que se amontonaban de

forma irregular en las calles. Por su lado, Elizabeth se sorprendía de lo que veía, todo

era tan diferente de New Exeter, era mucho más grande y más iluminado y las calles

parecían estar sumergidas en un caos constante, pero las vestimentas y las caras no le

eran para nada familiares, ni siquiera en sus rasgos, se sentía como si se encontrara en

un país diferente, como si las zonas inglesas se hubieran construido lo más lejos

posible de los centros hindúes, como si todo hubiera sido decidido así para crear una

especie de muro invisible entre pueblos, casi de la misma forma en que los elfos se

había asentado en Europa y Norteamérica, construyendo enormes castillos y

ciudadelas en los bosques y dejando a las ciudades humanas en las peores condiciones

posibles, solo ocupándolas como almacenes de esclavos y materiales de segunda mano.

228
—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

Durante años, las historias de los que lograron escapar le llenaban de horror, pero

ahora se sorprendía de que la gente le hiciera lo mismo a su propia raza, pensaba en

cómo era posible que la humanidad condenara la forma en la que había sido tratada,

exigiendo además, venganza por ello y al mismo tiempo justificara de la manera más

hipócrita las condiciones en que se auto flagelaba. Pensaba que tal vez los antiguos no

hacían ese tipo de cosas con los suyos, tal vez habían cometido crímenes horribles

contra la humanidad pero no contra ellos mismos, su mente empezó a dar vueltas

sobre los mismos temas una y otra vez, como si aquella repetición le mostrara detalles

que había pasado por alto las veces anteriores, o quizá solo los olvidaba antes de verlos

otra vez, encerrándose en un círculo de pensamientos que le impedía ver su propia

realidad, como si pensar en una realidad lejana le sirviera mejor como escape que la

más radical de las imaginaciones. Pero cuando su mente estaba por dar otra vuelta y

sus pensamientos se empezaban a profundizar, el tipo 82 se detuvo de pronto frente a

un edificio, en el que ondeaba una pequeña bandera francesa.

   - ¿Qué es este lugar? – preguntó Alice.

   - No te preocupes, este lugar lo conozco por recomendaciones de algunos clientes.

Aquí se hospedan traficantes y mafiosos, pero es uno de los lugares más seguros en

esta ciudad, todo mundo ahí dentro se cuida de no llamar la atención de los otros –

   Sin más preguntas, Alice alargó su mano hacia los asientos de atrás y tomando el

primer abrigo que encontró se bajó del auto al mismo tiempo que Isaac. Aunque antes

de avanzar un solo paso, un hombre vestido de blanco y gesto servil se les acercó

velozmente.

   - Disculpe Monsieur pero no le está permitido estacionarse en frente –

   - Vengo por parte de Sadler – respondió Isaac.



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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

   El hombre sonrió de repente y haciendo una sencilla caravana mostró la entrada a

los viajeros. Elizabeth salió por la puerta trasera, siguiendo el rumbo que había

recorrido Isaac pero manteniéndose lejos de él, dirigiéndose hacia el interior de lo

parecía ser un hostal de alguna clase, por su parte Alice aún observaba el edificio desde

afuera y se daba cuenta que, de hecho, tenía pinta de ser un lugar corriente, aunque

también parecía ser relativamente grande, la fachada era de un estilo bastante simplista

y la construcción en sí, se mantenía en bastante mal estado, más si es que se trataba de

una obra nueva. Pero sintiéndose un poco menos tensa dio un paso justo antes de

sentir que alguien la observaba, de forma instintiva volteó hacia una de las ventanas del

edificio y vio a un hombre de lentes con los ojos fijos en ella, vestía un traje color

beige claro y aunque la distancia y la iluminación no ayudaba a distinguir con precisión

los detalles, parecía tener el cabello y los ojos claros, su porte no era amenazador y

parecía que le estaba sonriendo con amistad, pero había algo inquietante en la forma

en que la miraba. Lentamente y sin perderlo de vista, Alice ingresó al edificio, solo para

desconcertarse del interior del mismo, con un juego de pequeñas columnas a cada lado

de una bella escalinata, paredes y cuadros de bellos paisajes en buen estado y todo bajo

un sencillo pero elegante diseño francés, todo parecía pertenecer a una realidad

diferente del bullicio exterior. Mientras contemplaba el paisaje, caminó hacia Isaac

cuando éste dio media vuelta y se le quedó mirando.

   Alice se mostró algo tensa con la mirada del cazador, pero tratando de mantener la

calma y motivada por la curiosidad se le acercó y le preguntó - ¿Quién carajos es ese

Sadler?, ya lo has mencionado al menos un par de veces –

   - No es nadie – respondió Isaac con voz baja, tratando de no llamar la atención de

cualquiera que pudiera estar escuchando. Alice puso una cara de desconcierto,




230
—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

esperando que el cazador terminara con la explicación, a lo que el Isaac, entendiendo el

mensaje, continuó – Sadler es un nombre código. Se refiere a una red de traficantes –

   - Recuerdo escuchar que al que nos vendió el auto, que Sadler estaba en la cárcel –

   - Eso significa que se encuentran reduciendo actividades, para evitar

investigaciones, en cuyo caso clientes como yo quedamos con menos posibilidades de

obtener crédito o mercancías –

   Alice asintió en silencio, dándose cuenta que desde el principio, el cazador se

mantenía tras una red de mentiras, viajaba de un lado a otro tal vez con identidades

falsas, parecía conocer gente y lugares del bajo mundo y su comportamiento actual

solo ocultaba sus personalidad real, por un momento empezó a arrepentirse de la

decisión de mantenerse juntos, sin embargo, también era evidente que Isaac se

mostraba diferente, sus respuestas eran más cortadas, pero su voz se había vuelto

sumisa, incluso con un tono lastimero, quizá se sentía mal por cómo se había

comportado, pero aquella posibilidad era remota, al menos ella lo sentía así, pero de

una u otra forma, el cazador ya no se movía ni respondía con el mismo brío, algo había

ocurrido en él, algo le había afectado profundamente.

   Por su parte, lejos de sus compañeros, Elizabeth, como en un mundo aparte, subía

por las escaleras sin perder un segundo, tenía curiosidad por ver qué otras cosas se

hallaban en aquel lugar, su nueva energía ciertamente contrastaba su anterior estado

meditabundo pero apenas pisaba el último escalón se detuvo en seco, congelándose en

el acto al casi chocar con un caballero de traje claro que bajaba lentamente desde el

tercer piso.

   - Oh, discúlpeme por favor señorita – dijo el hombre mientras se acomodaba sus

lentes y mostrando una sonrisa de oreja a oreja se dirigió hacia el final del pasillo,



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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

acercándose al extremo derecho para entrar en una puerta después de despedirse de

ella con una seña y de desearle buenas noches.

   Elizabeth seguía en su estado semi catatónico. No había ninguna seña particular en

aquel hombre, de hecho su cara era amigable y su forma de hablar bastante agradable,

no obstante algo en él le había provocado una horrible sensación, como si aquella

persona le hubiera agredido de alguna manera. Con un ligero movimiento de su pie

izquierdo se disponía a bajar de inmediato, cuando de repente, una mano surgió desde

atrás y sujetó su hombro, provocándole tal susto, que la hizo saltar hacia enfrente,

dando una vuelta y manteniéndose un segundo en una extraña posición antes de dar

un horrible sentón en el suelo, el dolor del golpe la hizo cerrar los ojos y al abrirlos vio

a su hermana y al cazador sorprendidos por su mal intento de acrobacia.

   - ¿Qué carajos te pasa? – preguntó Isaac al tiempo que se le acercaba y le extendía la

mano para ayudarla a levantarse, pero ella se mantuvo en el suelo, dándole a entenderle

que no buscaba, ni quería su ayuda, Isaac mantuvo la mano extendida por un

momento antes de erguirse y desviar la mirada al final del pasillo, cuando ella se

levantó iba a preguntarle una vez más lo que había sucedido, pero al verle la cara y

observar en sus ojos una extraña sensación de desconcierto y temor, prefirió

permanecer en silencio, optando por hacerse a un lado y dejar que Alice se le acercara,

quien sujetándola del brazo, la condujo hacia una puerta casi al final del pasillo.

      - ¿Qué es esto?, ¿A dónde vamos? – preguntó Elizabeth con una voz apagada pero

asustada, casi chillona.

   - A tu cuarto -

   - ¿Mi cuarto?, ¿vamos a quedarnos aquí? – preguntó con un tono que tomaba más

fuerza y preocupación.




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   - Claro, que esperabas, ¿Qué durmiéramos en el pasillo?, ¿o en el auto? - respondió

Alice, intentando bromear para calmar a su hermana, pero el tono de su voz no

producía ninguna gracia, de hecho se mostraba un más preocupado que el de

Elizabeth.

   - Entonces, ¿vamos a pasar toda la noche aquí? –

   - ¿Vamos?, no. Tu hermana y tu van a pasar toda la noche en este cuarto, yo me

quedare en el de al lado. No hay por qué preocuparse, ya dije que el lugar es seguro,

solo no hables con alguien más, aquí hay gente rara y es mejor no entablar contacto

con cualquiera ¿Entiendes? – respondió Isaac haciendo énfasis en la última parte.

   - Entonces, este lugar es malo – le respondió Elizabeth, tan preocupada, que olvidó

por un momento el creciente desprecio que sentía por Isaac.

   - Es mejor que estar afuera en la noche – le dijo Alice, tanto para tratar de calmarla

como para también relajarse ella misma. Se sentía algo extraña en aquel lugar y

recordar al hombre de la ventana no le estaba ayudando a calmarse, pero al ver las

luces de la calle a través de la delgada rendija de la ventana de frente, pudo confirmar

su afirmación. Ahora estaban en New Delhi y era preferible quedarse en aquel lugar,

que por lo menos estaba bastante limpio y ordenado. Al menos eso pensaba antes de

abrir su habitación y encontrase con la desilusión de estar frente a un pequeño

cuartucho de dos camas, todo en condiciones si bien no asquerosas si bastante

contrastantes al moderado lujo del pasillo exterior. En un reflejo de queja, giró la

cabeza hacia Isaac intentando incomodarle lo más posible con la mirada.

   - No iba a gastar el poco crédito que conseguí en una habitación de lujo. Aunque la

verdad a mí que carajos me importa si no le encuentras el gusto, de todos modos no

puedes hacer algo al respecto – respondió Isaac sin siquiera mirarla.

   - Esta habitación ni siquiera tiene ventanas – denotó Alice.

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

   - Mejor, así no tendrás que ver la calle. Y quien quiera que se encuentre afuera no

podrá verte a ti, ni a tu hermana. No llamaran la atención – expuso Isaac antes de

tomar uno de los abrigos, el de color negro y salir por la puerta, dando un rápido salto

y entrar rápidamente al último cuarto del pasillo, cerrando la puerta con brusquedad.

Su habitación era sin lugar a dudas mejor en todo sentido a la de sus compañeras de

viaje, era en principio bastante más grande, tenía paredes en buenas condiciones, sin

manchas de humedad, ni el olor de las mismas, la alfombra parecía estar en buenas

condiciones y la cama era matrimonial, además de contar con una ventana la cual

ofrecía la opción de refrescar el maldito calor Indio, el cual se negaba a ceder incluso

con la cercanía del invierno.

   Isaac se sentía en la gloria, por fin dejaría de dormir en un espacio diseñado para

dos personas sentadas. Ciertamente un dejo de arrepentimiento se gestaba en su

interior, pero al mismo tiempo se excusaba a sí mismo. Que otra cosa podía hacer sino

darles el cuarto con dos camas mientras él ocupaba la de una, no había nada malo en

eso, era cuestión de “lógica”. “Tú sabes que eso es pura mierda, bien pudiste darles

este cuarto” le decía un lado de su cerebro, pero Isaac estaba acostumbrado a actuar

más acorde en cuanto a sus deseos y para él, la oferta de convertirse en un caballero

era igual a la oportunidad de trabajar gratis. “Además, si voy a tener que andarlas

protegiendo, entonces debo ser yo quien se encuentre en la mejores condiciones

posibles. ¿O acaso ellas serán las que manejen, o disparen? Claro que esa Alice pudo

ayudarme con el trabajo de New Exeter, pero esperar a que eso se repita sería una

ridiculez. Ninguna mujer va a salvarme de nuevo” le decía la otra mitad de su cabeza,

la parte que más estaba acostumbrado a escuchar, la parte que siempre le recordaba

que la vida no era sino una asquerosa lucha por la supervivencia, en la que cada

persona debía velar, única y exclusivamente por su propio bienestar, que al final,

234
—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

queramos o no, todos nos encontrábamos solos y que la amistad y el amor no eran

sino palabras bobas que los homosexuales y mariquitas habían inventado para vender

sus porquerías en navidad. Aquellos pensamientos no lo perturbaban, ni mucho menos

lo molestaban, le eran demasiado habituales en su cabeza como para que le impidieran

un relajado descanso mientras se recostaba en la cama, aunque una vez que su cuerpo

empezó a disfrutar el reposo, su mente más y más se sumergía en sus preocupaciones,

su verdaderas preocupaciones, en el tratar de analizar la situación en la que ahora

estaba atascado. Mientras tuviera el tiempo de hacerlo debía hacerlo, quién sabe qué

cosa pudiera surgir en cualquier momento. Sin embargo, su mente regresaba a los

pensamientos negativos, sobre el infortunio que significaba tener que estar al

pendiente de un par de mujeres que a la larga le servirían para nada.

   - ¿Que acaso olvidas que sientes algo por Ilse? - se dijo a sí mismo con voz de

mando, casi como dándose una orden. Era cierto que jamás había tenido esa clase se

sensaciones al estar cerca de una mujer y cuando estaba junto a ella solo podía desear

estar aún más tiempo con ella, quizá lo que quería era perder la hombría por ella y

volverse un mísera oveja a su merced.

   “Ser un esclavo feliz, o un libre infeliz”.



   La risa de Salem crecía junto con el mar de llamas que rodeaba al brujo, pero Isaac

no tenía miedo, al contrario, quería acercársele mientras apuntaba la escopeta que

sostenía con fuerza en sus manos. Tiro tras tiro Salem era arrancado de las manos de la

vida al tiempo que se desplomaba en un charco de su propia sangre.

   - ¡Ríete ahora pendejo! - gritaba Isaac justo antes de ponerse arriba de Salem, justo

antes de sujetar la escopeta como si fuera un garrote y dejársela caer con todas sus



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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

fuerzas en la cabeza mientras le gritaba tan fuerte, que sentía como se le desgarraba la

garganta - ¡QUE TE RÍAS MALDITO PENDEJO!, ¡RÍETE! –



   Unas gotas de sangre cayeron al suelo al tiempo que el pequeño buro junto a la

cama salía disparado hacia la puerta y con un grito de dolor Isaac retraía su puño

derecho hacia su pecho mientras lo sujetaba con fuerza en un intento instintivo de

mitigar el dolor. De inmediato Isaac se levantó y corrió hacia el baño de la habitación,

lavándose la mano y mirándose fijamente su reflejo.

   - Solo cálmate – se dijo mientras bajaba la cabeza y subía las manos para darse un

pequeño remojón en el rostro, pero al alzarse de nuevo, vio como una solitaria gota

con un ligero tinte rojo se deslizaba por su cara, volviéndose más obscura con cada

centímetro ganado, con la mirada fija en la gota sus ojos se llenaron de asco, sus

dientes se expusieron mientras rechinaban unos con otros al tiempo que con su puño,

aún teñido de sangre, daba un violento golpe al espejo, dejándolo cuarteado y cubierto

de rojo. Sin más, envolvió su mano con una pequeña toalla al lado del espejo

destrozado, caminó de regreso a la cama casi como en cámara lenta y se sentó en ella.

Su rostro había cambiado una vez más, sus ojos parecían carecer de brillo y su aspecto

pálido le hacía lucir demacrado. La ciudad era la única explicación, el volver a ella le

sacaba lo peor de sí. Creyó que podía controlarlo, pero fue demasiado estúpido al

volver. No se dio cuenta que la razón de su éxito no provenía de su fuerza, sino en el

haber dejado a la bestia encerrada, encarcelada en un lugar del que no podría escapar

jamás, a menos que el carcelero volviera por ella. Las pequeñas rabietas de New Exeter

eran nada comparado a su pasado en Delhi, allí, su verdadera cara le había estado

esperando, le aguardaba y solo ocupaba un momento de debilidad para volver a

mostrarse.

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—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

   Tenía que salir de ahí. Tenía que huir de nuevo, no le importaba que aquello

pudiera ser su verdadero ser, tenía que largarse lo más pronto posible. Debía huir de sí

mismo. Pero al levantar la mirada, vio las luces de la ciudad, fijas y parpadeantes en un

fondo casi negro, igual que estrellas en la tierra, en esos momentos pensó que lo

mismo pasaba con la vida, al verla de lejos, sin prestar atención a los detalles, parece

tan hermosa, tan tranquila, pero al acercarse y verla mejor, uno empieza a percibir toda

la suciedad y porquería en la que se hunde. Pensó que quizá los problemas deberían de

abordarse de la misma manera, desde una distancia prudente, evitando quedar tan

cerca de ellos, que terminaran impidiéndole ver cualquier otra cosa, tal vez lo que

debería de hacer era mantener su preocupación en un segundo plano y pensar más en

el viaje, en llegar a New Liverpool sanos y salvos – suena tan fácil – dijo antes de

cerrar los ojos y desearse buenas noches.



   Un pequeño, rápido y constante golpeteo, similar al sonido de una máquina de

escribir, llenaba la habitación entera, creando un tipo de armonía de fondo dedicada a

un solo espectador, sentado en un escritorio al fondo del cuarto. Solitario,

manteniendo su cabeza en las sombras, fijando su vista en el conjunto de papeles que

movía de vez en cuando con sus largas manos. Pero la concentración del hombre

desapareció con solo dos golpes en la puerta.

   - Monsieur, tiene una visita en la recepción – dijo una voz detrás de la puerta.

   Bajando las manos, el hombre permaneció callado, todavía sentado.

   - Monsieur, parece ser importante – insistió la voz. Pero sin recibir respuesta.

   Solo cuando el golpeteo mecánico paró en seco, el misterioso hombre se levantó y

caminó hacia lo que en realidad parecía una máquina de escribir, arrancando un gran



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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

pedazo de hoja y guardándoselo en el saco después de darle una rápida hojeada, luego

abrió la puerta justo cuando el mozo estaba punto de tocar por tercera vez.

   - Disculpe, estaba en el baño – dijo el hombre mientras se acomodaba el cuello del

saco y con trote ligero, empezó a bajar por las escaleras.

   Al llegar al vestíbulo quedó cara a cara con un hombre alto, de mirada taciturna,

piel oscura y un turbante azul que no hacía juego con sus vestimentas blancas, aunque

el grueso y canoso bigote que decoraba su cara, fácilmente desviaba la mirada de sus

ropas. Al acercársele sacó la hoja doblada del interior de su traje y se la entregó con

cordialidad.

   - ¿Algo que informar? – preguntó el hombre de traje.

   - Solo que han visto al tal “ajenjo” rondando por las cercanías, ¿cree que tengamos

problemas con él? – respondió

   El hombre de traje, meditó un poco, dando algunos pasos de forma errática, solo

después de quitarse los lentes y limpiarlos, pareció definir su respuesta – es curioso

tener a más de un objetivo en el mismo lugar y en el mismo tiempo. Supongo que es

cosa de suerte –

   - ¿Dos? – preguntó el hombre moreno.

   - Hay un hombre aquí que cuadra con la descripción de “la caperucita roja”, el

mismo que salió vivo del incidente de New Exeter, lo viste llegar en el tipo 82 –

respondió el hombre del traje – ya le avise a Heydrich –

   - ¿Entonces si era él? –

   - No dudes de tu buen ojo mi amigo – respondió el hombre de traje.

   El hombre del turbante dio un rápido vistazo a la hoja de papel y se la guardó de

inmediato en la funda de su cinturón antes de dar media vuelta y caminar hacia a




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puerta - por cierto De Aragón, ¿desde cuándo empezaste a creer en la suerte? –

preguntó antes de salir por completo.

   - Desde que los cerdos empezaron a volar – respondió el hombre del traje con una

sonrisa.



                                           XI

                              LA MESA DEL DOCTOR



   - No quiero imaginármelo, ¡no quiero! - dijo un guerrero, mostrando su reluciente

armadura mientras se levantaba - ¿cómo puedes siquiera considerarlo? –

   Aranhil levantó la cabeza y con frialdad lo miró detenidamente, molesto - siéntese –

le respondió. Y aquellas palabras produjeron un horrible silencio en todo el lugar al

tiempo que todos les miraban, en espera del inicio de una confrontación que no

deseaban ver, como si aquellas personas fueran ahora los protagonistas de una

tragedia. Ante esto, la persona de pie no pudo continuar y agachando la cabeza volvió

a tomar asiento.

   - La situación es imperante, la guerra, sin importar lo que digan los reportes

públicos o los concilios comunales, será más larga y difícil de lo que se había

planeado… y es hora de enfrentar la realidad de la situación, no podemos esperar más

tiempo para empezar nuestro destino –

   - Pero ellos se mantienen a la raya de todo, no se meten con… -

   - ¡Nos estorban! – gritó Aranhil, sacudiendo la cabeza y moviendo sus largos

cabellos dorados.

   Las manos del guerrero empezaron a temblar y su boca empezó a sentir un sabor

amargo, casi seco, lentamente sus ojos se llenaron del brillo que anticipa las lágrimas y

                                                                                     239
EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

bajando la cabeza dijo, casi susurrante – me gustaría verte en el mismo infierno que

estas creando –



                                            …



   En medio de un pánico, Aranhil levantó la cabeza llena de sudor, jadeando una y

otra vez, demostrando el pavor que por tantas noches le azotaba, aun cuando éste ya

se hubiera convertido en su única compañía. Lentamente empezó a recobrar la calma,

girando la cabeza de lado a lado, fijándose en los detalles del cuarto que ya se tenía

memorizado, su única vista en lunas. No quería, por ningún motivo, darles a aquellos

animales la oportunidad, el gusto de verlo mentalmente acabado, pero cada día se le

hacía más y más duro poder cumplir con aquella condición.

   Pero eso era ya lo único que le quedaba, escapar ya le era imposible.

   Sumergido entre sus pensamientos, poco a poco comenzó a notar el sonido de las

horribles cacofonías humanas, sonidos burdos, carentes de una bella entonación o

ritmo, peor que ladridos. Claro que las entendía, aún antes de que lo capturaran en lo

que había sido su primer y única presencia en el frente, ya que había estudiado todas y

cada una de las principales lenguas del hombre por años, pero jamás les encontró algo

que pudiera llegar a gustarle, más bien, él creía que aquella variedad solo demostraba la

falta de coherencia y orden que poseía el hombre como raza. Pero antes que pudiera

seguir perdiéndose en los mismos pensamientos de siempre, la puerta de su celda se

abrió ocasionando un horrible crujido que duró solo al principio, como si aquella

habitación no se hubiera abierto en mucho tiempo. Una silueta sin rostro empezó a

caminar hacia él, mostrando cada vez más una simpática sonrisa. Aranhil sintió como

el miedo empezaba a congelar su cuerpo, por un instante casi pudo sentir la

240
—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

respiración de aquella pequeña persona, así como sus ojos negros, fijándose en cada

gota de sangre que brotaba de las cortadas que le hacía. A través del movimiento de

una bata blanca, una mano se extendió hacia él y antes que pudiera darse cuenta

levantó los brazos, pero solo para abrazarse a sí mismo.

   - ¡Nein! – gritó en medio de un pánico seco.

   - ¡Reaccione! – le gritó la silueta mientras empezaban a tomar forma los rasgos de

un hombre de piel apiñonada y de una espesa barba grisácea – recuerde dónde estás –

   Aranhil le miró con sorpresa, regresando después la mirada al suelo, sintiéndose

derrotado por haber tirado en un solo segundo, todo aquel castillo de cartas que era la

confianza en su propia cordura – Dr. Rangel, veo que se ha tomado la molestia de

visitarme, ¿a qué debo el placer? –

   El hombre de pie lo miró sin decir nada y tras una leve pausa le dijo – creo que

deberíamos subir la dosis –

   - Estoy bien – le respondió Aranhil casi como una queja.

   - No estoy tan seguro, parece que aún sueña con eso. Aún lo ve ¿verdad? –

   Aranhil apretó las manos en sus hombros – no quiero hacerlo, pero no puedo

evitarlo. Sus manos es lo que más recuerdo, la forma en la que se movían al seleccionar

a sus víctimas, a los niños. Casi siempre gemelos –

   - Todos hemos sufrido con esta situación, no lo olvides, jamás lo olvides – le

interrumpió Rangel con severidad. Personalmente no tenía nada contra aquel

individuo, era uno de los mejores prisioneros con los que había tratado, inteligente,

calmado, lleno de información importante, como médico casi podía sentir pena por él,

pero como soldado, no podía sino mantener vivo el desprecio que sentía por cada uno

de ellos, aun cuando lo hiciera de forma pasiva.



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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

   El elfo recordó que no podía jugar a la víctima, ni siquiera cuando realmente se

sentía de aquella manera. Y aun cuando estaban llenos de aspectos y características que

él no podía sino catalogar como inferiores, los hombres habían mostrado una

inteligencia demasiado compleja, incluso confusa para él, pero su astucia era lo que

más le impresionaba. Los primeros días había creído que en base a la cantidad de

información que les daba, podía conseguir de ellos cierto favoritismo, pero mientras

más pasaban los días más se daba cuenta que los hombres eran quienes estaban

jugando con él, utilizándolo como herramienta clave en el juego de encontrar los sitios

más importantes de almacenamiento de estudios mágicos o para encontrar a quienes

fueron sus antiguos colaboradores.

   - Pero no vine para dialogar sobre sus pesares, no ahora, sino para seguir nuestra

conversación sobre la esencia mágica – expuso el doctor.

   - Creí que eso ya no era importante, que sus superiores ya lo consideraban como

una blasfemia o algo así – respondió Aranhil.

   - Algunos sí, no todos pueden entender razones – respondió Rangel – pero todos

están de acuerdo en que aquella información puede ser valiosa para todos, incluso para

usted – terminó diciendo con un tono sugestivo, invitándolo a comprender que la

situación en la que se encontraba podía mejorar aunque fuera un poco, esto siempre y

cuando les siguiera dando lo que querían.

   El elfo mantuvo la mirada en el suelo, tratando en vano de no expresar su

melancolía, su desgaste físico y mental, su desesperación por encontrarle sentido y

control una vez más a su vida. Pero el doctor solo se llevó la mano cerrada a la boca y

fingiendo una leve tos, mostró su impaciencia. El tiempo es oro, más para los

hombres, que a diferencia de los antiguos no pueden acceder a la inmortalidad solo




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quedándose sin hacer algo y en el caso de los hombres mayores, el apuro aumenta

cuando aún existe trabajo por hacer.

   Ante la tácita y fuerte presión, Aranhil dio una larga aspiración en un intento por

encontrar la calma de espíritu que su cuerpo tanto le exigía - la magia funciona en base

a las esencias y energías existentes – dijo al fin, aumentando lentamente el tono de su

voz - por lo que la presencia de las mismas, conjugado con la energía y voluntad

interna de quien realice el hechizo, determinará la potencia de éste. Eso es bastante

lógico – explicó y luego de tomar un sorbo de agua de un vaso sobre una mesita,

continuó – pero que diría si le dijera que el detonante de un hechizo, es decir, el ignitor

de la reacción en cadena, la energía canalizada por la voluntad del recitante, fuera de

antemano atraída hacia el objetivo, o hacia algo a su alrededor –

   Rangel no pudo evitar mostrarse complacido, de una u otra manera extrañaba dar

clases allá en la Universidad de Hidalgo y la forma en que hablaba el antiguo le

recordaba a algunos de sus mejores estudiantes, los cuales por cierto, llegaban a ser

igual de petulantes que un elfo - suena como un científico, ¿acaso ha leído ciencia

humana?, creí que con su experiencia habría encontrado aversión por todo concepto

de conocimiento humano – preguntó Rangel mientras mantenía la mirada en el

pequeño taburete que se encontraba en frente, donde se encontraban varios libros,

principalmente de medicina y filosofía, entregados a Aranhil con el fin de que mejorara

su manejo del idioma y tal vez para molestarlo con el amargo gusto de la visión del

vencedor, como una forma de hacerle ver, de recordarle constantemente, que el

mundo al que había querido aniquilar ahora era el dueño de su vida.

   - Si, la he leído – respondió el elfo – y la verdad tengo que decir que me parece

bastante interesante, sobre todo de la forma en que ustedes la usan. Nosotros estamos

siempre bajo el perfeccionamiento del mismo, como dirían ustedes, paradigma. Lo

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

hemos estado por milenios. Pero ustedes dicen una cosa, defendiéndola como una

verdad incorruptible, pero solo por un tiempo, luego llega alguien más y dice algo que

se contrapone a aquella verdad y de pronto todos empiezan a defender el nuevo

concepto. Es como repetir de manera indeterminable un ciclo ridículo. Me perece

enfermizo –

   - Vaya – expuso Rangel – en serio que aprende rápido, algunos tardan años en

comprender aquel bello absurdo –

   - ¿Bello?, ¡¿qué demonios podría haber de bello en el caos?! ¡¿Acaso gozan con este

estado de cosas?! ¿O es que ignoran la propia futilidad de sus logros? – respondió

Aranhil con cierto desprecio. Desde que había empezado a leer aquellos libros, una y

otra vez se preguntaba sobre las motivaciones de los hombres. Por instantes parecían

tan sugestionados de sus propias estupideces, pero al mismo tiempo las cuestionaban

con la misma fuerza, como si en verdad estuvieran convencidos de que todo lo que

saliera de sus mentes no fuera sino mentiras.

   - Es por nuestra mortalidad, simple y llanamente – respondió Rangel sin titubeos,

como si ya se hubiera encontrado con ese tipo de planteamientos antes.

   El elfo lo miró con sorpresa, más por la forma tranquila y serena en que se

mostraba el doctor con aquella afirmación, que por la respuesta en sí - ¿cómo es eso? –

preguntó con curiosidad.

   - Es fácil, uno pensaría de primera impresión que nosotros, al ser mortales, nos

obsesionaríamos con la perpetuación del modo de vida que conocimos, de hecho,

algunos lo hacen y que ustedes, al poseer la potencialidad de una vida terrenal

inmortal, mantendrían sus ansias de evolución constantes para sacarle mayor provecho

a la eternidad, pero la realidad es totalmente contraria –




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    Aranhil estaba molesto, pero al mismo tiempo se quedó intrigado. Ya había sentido

algo similar antes, en las antiguas discusiones que había tendido con su maestro, donde

hablaban sobre la naturaleza de la voluntad y cuando él todavía rechazaba el principio

de creación y destrucción.

    – Lo que usted doctor, quiere decir – dijo – es que el hombre, cuando empieza a

vivir, se da cuenta de su propia muerte y por esa misma razón vive con más intensidad

–

    - Respóndame, cuando un elfo no es asesinado, o no fallece por un accidente,

¿Cómo muere? – preguntó Rangel, no por duda, sino como una forma dinámica de

corroborar su posición. La explicación de una teoría siempre cobra mayor fuerza

cuando se hace a través de la participación de a quienes se les está exponiendo, en cuyo

caso, si se confirma se hará de una forma más rápida y si se refuta, la discusión

producida ocupara menos tiempo para la introducción del tema.

    - Solo acepta su muerte – respondió Aranhil sin pensar demasiado.

    - Es decir, que lo que en realidad lo mata, es la depresión de saber que su vida se

vuelve vacía. Cuando un elfo ve la muerte lo único que ve es el recuerdo de una vida

sin trascendencia en el mundo y esto, porque su vida entera se la pasó solo repitiendo y

defendiendo de lo que le dijeron que era la única forma de vida. La verdad, su raza

posee una estremecedora incapacidad para la innovación –

    - ¿Cómo saben ustedes que lo que niegan ahora es mentira? –

    - ¿Y cómo aseguran ustedes que lo que han defendido por milenios es verdad?

Nosotros simplemente superamos los paradigmas porque ya no nos parecen

adecuados, porque son destruidos bajo nuevos enfoques más evolucionados, más

útiles. Tal vez la magia sea un pilar de conocimiento, pero la ciencia, aun con todo sus

errores, no tiene límites, y precisamente allí radica su fuerza y su superioridad, en su

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

capacidad de renovarse una y otra vez de forma indefinida. Lo que la magia explica

ahora no es superior a lo que explicaba hace mil años, y claro que es posible que la

ciencia aún se encuentre en un nivel más bajo de explicación que esta, pero ¿Por

cuánto tiempo más? La magia está estancada, esa es su naturaleza. La ciencia no –

   Aranhil bufó casi en silencio, no podía entender la capacidad de aquel hombre para

analizar las cosas, inclusive su propia mente, claro que físicamente él lucia más joven,

pero con cien años de edad era fácilmente el doble de viejo que su compañía. Sin

embargo, la forma en que el doctor platicaba parecía demostrar una mayor experiencia,

aunque tal vez era solamente una muestra más de la capacidad humana para

distorsionar la percepción del mundo. Ya lo decía el libro de los siglos; "de entre todo

lo existente, solo el hombre puede ver luz en la oscuridad y oscuridad en la luz, y decir

que lo que sus ojos ven y su corazón siente, son ilusiones, así como volver las ilusiones

realidad al tiempo que las alcanza, o se pierde en ellas". Aranhil giró la cabeza

lentamente y viendo directamente a la cara del doctor le dijo – supongo que conoce

nuestra literatura –

   - También su historia, su filosofía y los principios sobre los cuales se fundamenta su

magia, como si esta fuera la razón de su existencia misma. Y debo decir que he

encontrado bases para varios esquemas que he estado desarrollando, por ejemplo, que

los elfos solo tratan de cambiar las cosas cuando sienten que la vida pierde sentido,

principalmente cuando sienten que son viejos. Esto es una diferencia brutal con

nosotros, quienes tratamos de cambiar las cosas cuando pensamos que la vida empieza

a tener significado –

   El elfo apretó sus manos y lanzó una acusación hacia el doctor - ¡Eso es absurdo¡,

¡la Orden trataba de crear algo nuevo¡, ¡algo mejor¡ -




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   - Pero solo en base a los viejos ideales ¿no es cierto? - interrumpió el doctor de

forma tajante – es imposible comparar su ridículo esquema de renovación con nuestra

revolución, por ejemplo. Sí, quizá ambos esquemas terminaron en gobiernos similares,

debo decirlo – dijo con ironía - pero el fondo, la ideología sobre la cual se manejan es

muy distinta, ustedes buscaron traer el viejo ideal del guerrero elfo, darle vida de nuevo

al sentir que las decisiones de sus líderes estaban destruyendo aquel ideal, mientras

nosotros buscamos crear a un hombre nuevo, libre de las ataduras de la explotación y

el misticismo. Renovar todo, crear una nueva sociedad –

   - ¡Ja! - rió Aranhil con desprecio – no existe el “hombre nuevo”. Usted ha leído y

comprendido parte de nuestra naturaleza al revisar nuestra historia, pero parece que

ignora la de su raza. Los hombres son siempre los mismos, la naturaleza esencial de

ustedes es siempre igual, quizá solo cambian un poco con respectos a sus tribus, pero

de entre todas ellas, ustedes los romanos son los peores. Necios y corruptos,

convencidos de poseer una superioridad intrínseca mientras se revuelcan en la

porquería de sus vicios –

   Rangel buscó una silla en donde sentarse y una vez acomodado, esperó a que

Aranhil lo mirara para empezar a reírse en su cara. Quería ver su reacción, la forma en

que entendería lo que él estaba haciendo, aunque también reía por las conclusiones

idiotas del elfo – ya había dicho que los resultados son otra cosa, yo estoy hablando del

motivo, de la razón de ser que busca nuestra gente para dirigir sus acciones… -

   Pero antes que pudiera continuar, un oficial entró a la habitación y quedándose de

pie junto a la puerta, se mantuvo en silencio. Rangel, al verlo, no dijo nada, pero se

irguió de inmediato, como mostrando respeto – le presento al mayor Moisés Arriola

Levi, el nuevo integrante de la dirección de investigación y desarrollo - dijo mostrando

una enorme formalidad.

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

   - Creo que más que integrante, lo correcto sería decir co-comandante ¿no? – dijo el

mayor con cierta burla mientras daba un paso adentro de la habitación.

   - Bueno, creo que esos son tecnicismos, la verdad, espero que sea usted quien tenga

que informar de todo al mando supremo – añadió el doctor.

   Después que ambos hombres se intercambiaron una leve sonrisa, el mayor miró al

elfo sentado en la cama, encorvado, ocultando la mitad de la cara entre sus manos y sin

dejar de mirarlo se dirigió al doctor – discúlpeme por llegar tarde doctor, espero que

no hayan ya abarcado mucho –

   - Descuide mayor, apenas estábamos por empezar los temas importantes –

respondió Rangel al tiempo que sacaba un folder de una vieja carpeta negra.

   El elfo aún mantenía la cabeza baja, pero de forma disimulada, miraba cada

movimiento del doctor, tratando de adivinar cuales serían los siguientes puntos que en

los que le tocaría participar, todo, mientras su mente aún se mantenía inquieta con las

palabras del doctor, claro que había cosas interesantes en aquellas afirmaciones y

aunque le parecían, la mayoría de ellas, solo discursos tendenciosos, tuvo que

reconocer que lo que aquel hombre decía poseía, en mayor o en menor medida, cierta

verdad. Y eso era lo que más empezaba a molestarlo, ya que eso era lo que hacía sentir

que confirmaba su teoría. A pesar de sus canas, sus manos arrugadas y sus ojos

cansados, aquel hombre solo tenía a lo mucho cincuenta años, edad en la que la

mayoría de los de su raza eran férreos defensores de los textos sagrados, claro que con

aquellos años un hombre es comparativamente mayor, pero un antiguo es considerado

apenas un joven. De hecho el mismo Nuevo Orden había sido fundado con el apoyo

de las masas jóvenes, obsesionadas hasta el fanatismo con la conservación de lo

establecido, más que con el soporte de los viejos concejales, quienes buscaban una

renovación de los rituales. Quizá era cierto, el hombre vive, mientras el elfo solo existe.

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   Mientras Aranhil empezaba a desconectarse a su propio mundo, el doctor alargó su

mano hacia él y le dijo - creo que nos estamos desviamos del tema principal, sé que fue

por mi culpa, por lo que le pido perdón. Pero por favor, continúe con lo que estaba

diciendo, antes de que lo interrumpiera – pero al ver como el elfo parecía absorto en

su mundo, se levantó un poco de la silla, e inclinándose hacia él, lo tocó con el filo del

folder, esperando despertarlo de su trance.

   Aranhil reaccionó sorprendido, como si lo hubieran sacado a la fuerza de un sueño

profundo – si… si…. – respondió rápidamente pero al darse cuenta que había perdido

el hilo de la conversación miró hacia los hombres, intercalando su mirada en uno a la

vez - ¿en que estaba? – preguntó al fin, sin poder disimular su propia vergüenza.

   - Sí, claro – respondió Rangel. Sabía que Aranhil era como el antiguo promedio,

inteligente, rápido de mente y sorprendentemente racional, sin embargo, sus mentes

eran como las piezas de diamante, duras, casi irrompibles, pero una vez que se

sobrepasa el límite de resistencia, simplemente se quebraban sin esperanzas de

volverse a juntar. Aranhil había estado por meses bajo la atención personal del mismo

Mengele, quien se había convertido en uno de los mejores investigadores de la biología

del continente antiguo, aunque también era famoso por sus procedimientos

inmisericordes y experimentos brutales, así que no era sorpresa que el elfo mostrara

una mente confundida, desesperanzada en el caos del miedo que le habían obligado a

sentir, que le habían grabado en la cabeza para siempre. En lo personal, respetaba los

resultados de Mengele, pero no podía dejar de sentir asco en su metodología, al punto

que siempre estaba renuente de considerarlo un verdadero médico, lo único que le

producía más repulsión era el hecho que las Naciones Unidas apoyaran sus

experimentos, de haberlos hecho con un humano ya lo estarían poniendo en el

cadalso. Aunque por el otro lado, algunos antiguos eran más que merecedores de los

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

tratamientos de aquel hombre – me estaba diciendo sobre el detonante de un hechizo,

sobre una especie de reacción mágica en cadena, como si la energía que surge del

hechicero fuera de antemano atraída hacia su objetivo –

   - Cierto – respondió Aranhil con cierta alegría - como iba diciendo, la magia puede

ser atraída hacia un objeto, incluso si este carece de la capacidad de canalizarla por sí

mismo, esto quiere decir, por ejemplo, que un individuo de naturaleza no mágica

puede atraer la magia, pero sin poder usarla –

   - Si eso es cierto, también quiere decir que lo contrario puede ser posible –

   - Es una posibilidad – respondió Aranhil con seriedad.

   - Yo creo que es más que una posibilidad, he estado leyendo varias traducciones de

sus textos mágicos, los cuales no puedo decir que entendí a la perfección. Pero con

ayuda de sus propias anotaciones he podido determinar una clasificación sobre el

fenómeno del que está hablando –

   - ¿Mis anotaciones? – preguntó Aranhil lleno de sorpresa, ya que no recordaba

haber escrito algo desde su estancia como prisionero de los hombres.

   - ¿No recuerda sus notas durante el tiempo que estuvo como encargado de los

territorios ocupado del Rin? – le contestó Rangel.

   "No puede ser" pensó Aranhil con cierto temor. La mayoría de lo que había escrito

en aquellos años había sido solo una especie de bitácora de actividades, pero unas

cuantas páginas estaban repletas de par de resúmenes, que había realizado sobre una

serie de explicaciones que los sabios habían hecho durante los estudios de los textos

mágicos, así como de sus propias observaciones en el campo de batalla y de los

secretos que había descubierto en los conjuntos de antiguos altares germánicos. Pero

todo eso creyó haberlo perdido durante la batalla de Berlín y esperaba que se hubieran

destruido, aunque por ese entonces aún creía que los hombres eran demasiado

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estúpidos, solo idiotas con suerte. Sin darse cuenta, sus manos empezaron a ponerse

sudorosas mientras oraba porque no todas las páginas hubieran sido descubiertas, pero

al ver la cara del doctor, se dio cuenta que sus esperanzas eran en vano.

   - Algunas páginas aún están por ser traducidas, la caligrafía de las mismas es atroz,

quizá por ser escritas en medio de un ataque, aunque algunas de las que se pueden leer

me parecieron bastante importantes para el estudio que estamos realizando –

   El elfo rió con ganas, quizá como un último consuelo, tal vez porque así sentía que

al menos tendría algún tiempo antes que los hombres descubrieran los secretos que

había revelado. Pero el doctor se mostró confundido y se mantuvo en silencio hasta

que todo rastro de risas desapareciera de Aranhil.

   - ¿Se siente bien? – le preguntó cuándo lo vio entrar en calma.

   - No lo recuerdo – respondió Aranhil mientras se llevaba las manos a la cabeza,

sujetándola con fuerza, tratando de exprimirle cualquier recuerdo, cualquier

pensamiento coherente - simplemente no lo recuerdo –

   El mayor se acercó al doctor – sigue mostrando comportamiento errático, sería

mejor drogarlo – le susurró al oído.

   - Recuerda que no siempre funciona, los antiguos no parecen compartir toda

nuestra química. Aún estamos descubriendo el porqué de su resistencia a los

patógenos y a algunos tipos de venenos – respondió Rangel mientras ojeaba su

carpeta, más por repetición que por buscar algo dentro de ella.

   - Entonces solo nos quedamos esperando que mágicamente recuerde todo. Cada

vez está peor – refutó el mayor, aumentando el tono.

   Rangel miró al mayor y le asintió de manera cortés, claro que entendía a la

perfección su postura, pero de ninguna manera consideraba en volver a las viejas

prácticas de interrogación. Aquellas eran definitivamente la razón de la aparente

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

condición degenerativa que padecía Aranhil. Él prefería arriesgarse con la psicología y

la buena terapia, aunque estas mostraba un avance muy escaso, pero de cualquier

modo, parecía hacerle menos daño que cualquier otro método – ¿seguro que no lo

recuerda? – insistió a pesar que sabía que sería un esfuerzo inútil.

   Sin contestar a la pregunta, Aranhil se dio cuenta que aún podía lograr algo con la

información que los hombres tenían, ya sabía que mentirles era riesgoso, pero

contarles todo sería un error aun mayor, seria asegurar la condena de todo el Imperio,

o lo que quedaba de él. No, lo mejor sería decirles la verdad, aunque de forma parcial.

Claro que les daría cosas útiles, información que pudieran utilizar, pero que al mismo

tiempo los mantuviera alejados de los verdaderos secretos importantes. Pero en ese

momento se dio cuenta que existía otra opción, una que aseguraría, no la victoria del

Imperio, esa ya era casi un sueño de antaño, sino las bases del resurgimiento de la

grandeza de su pueblo, de un nuevo Ávalon. Después de una larga pausa y antes que

los hombres se mostraran agresivos con él, continuó - si bien la magia posee efectos en

cualquier sistema físico y químico conocido, en realidad no siempre les afecta de

manera directa, muchas veces lo que hace es alterar el objeto por el efecto de haber

influido en el medio que le rodea –

   Rangel se mostró un poco satisfecho con la renovaba participación del elfo y

continuando lo que éste estaba diciendo, añadió –es cierto, por eso he empezado a

dividir a los seres en base a la forma en que reaccionan al flujo de energías, sobre las

cuales la magia se mueve, y por la forma en que afectan dicho flujo. En un primer

orden encontramos a las creaturas cuya naturaleza es en sí, mágica –

   - ¿Su naturaleza? - preguntó el mayor – no es acaso la magia algo sobrenatural, algo

que altera el orden de las cosas –




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   - ¡Solo para ustedes! – se dijo Aranhil a sí mismo. Pero su comentario fue percibido

por el mayor, quien considerando aquello como un insulto, bufó de disgusto.

   - Bueno, solo estoy considerando las razones de ser de cada creatura – respondió el

doctor – y cuando digo esto, quiero decir que me refiero a los seres que no solo surgen

de aquel flujo mágico, por llamarlo de alguna manera, sino que además su vida y

esencia dependen del mismo, por esta misma causa, son las creaturas que pueden

manejar el flujo de la forma más eficiente, porque en realidad es como si solo

movieran una parte de ellos mismos. Lo que se encuentre en este orden también posee

la mayor capacidad para atraer los movimientos del flujo, ya que para sobrevivir se

deben de mantener inmersos en las energías mágicas. La mayoría de los seres en este

orden deberían ser, de hecho, incorpóreos o presentar una composición física

demasiada hetera, y la diferencia entre los seres de este nivel radicaría en la presencia o

no de una voluntad consiente, de un raciocinio avanzado –

   - ¿Te refieres a esas cosas a las que nos hemos estado enfrentando desde el

incidente del día D? – preguntó el mayor.

   - Ah sí, ellos. Es posible, me parecen que ustedes los llaman dioses, ¿no es cierto? –

respondió Rangel mientras miraba a Aranhil en busca de una respuesta de su parte,

pero ante una nueva ola de comportamiento distante del elfo, se limitó a continuar - en

un segundo plano, tenemos seres que si bien no poseen una necesidad total a la magia,

si tiene una dependencia funcional a la misma, es decir, que para poder mantener

niveles óptimos de funcionalidad, ocupan alimentarse continuamente del flujo, aquí

encontramos además una subdivisión, la cual depende de la capacidad que posean los

seres en este nivel para atraer la magia, ya que algunos carecen de esa capacidad por lo

que presentan desplazamientos de tipo migratorio. En un tercer rublo, están los entes

que si bien no dependen de la magia para sobrevivir, si la pueden canalizar, aquí se

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

deben subdividir, entre quienes pueden atraerla de forma natural, como los antiguos o

algunos humanos, y entre quienes solo pueden canalizar parte del flujo presente, como

en el caso de la mayoría de los hechiceros humanos. En un cuarto orden se encuentran

la mayoría de los hombres, los animales, plantas y los elfos grises, los cuales son

formas de vida independientes al flujo, por lo que no dependen del mismo para

sobrevivir, funcionar o desarrollarse y la subdivisión en este nivel se basaría en la

capacidad, en este caso involuntaria, para atraer la magia y ser por lo tanto, afectada

por ella –

   Aranhil se giró hacia el doctor y enseñando sus dientes le alzó la voz - ¡solo los

hombres podrían considerar semejantes blasfemia! – pero antes que pudiera continuar,

el mayor sacó la pistola de su funda y acercándosele le metió un golpe en la parte

superior de la cabeza, tirándolo al suelo.

   - ¡Cálmate Moi! – le gritó Rangel antes que el mayor soltara el segundo golpe.

   - ¡Es este estúpido!, cuando se le pide que hable se niega, o dura horas tratando de

ordenar esa chingada cabeza. ¡Solo habla cuando se le da la chingada gana! – respondió

el mayor al tiempo que se retiraba a la puerta, quedándose en el borde de esta.

   El doctor lo miró por un momento, por una parte entendía la reacción del mayor,

era más que justificable para un hombre que había estado en medio de la guerra. Pero

en aquel lugar no se podía tratar a los prisioneros de aquella manera, al menos no

mientras tuvieran información que pudiera se valiosa, por más poca que fuera. Sin

decirle algo más, se volteó con elfo, el cual se agarraba la cabeza con fuerza, y le dijo

con voz calma – por favor, disculpe la reacción del mayor, pero debe de entender que

por momentos su forma de dirigirse a nosotros no es la aceptable –

   Aranhil sentía como la ira le carcomía por dentro, pero era una ira dirigida

principalmente hacia él mismo, ¿cómo pudo el gran "lobo gris" acabar tan bajo?,

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¿acaso no había sido criado para siempre mostrarse digno?, ¿acaso su raza no era la

más fuerte mental, física y espiritualmente?, pero todas esas preguntas tenían su

respuesta. Aún después de haber visto la realidad del mundo y la naturaleza de la

guerra, nada se comparaba con las horribles risas de aquel pequeño hombre,

tarareando su infernal música mientras movía su escalpelo por la piel de su pierna. Una

sola lágrima bajó por su rostro, la primera en días, como un símbolo innegable de una

voluntad abatida. Vencida.

   Rangel vio aquella gota brillante caer por la cara de Aranhil, pero no le importó, una

cosa era mantener cierta consideración con los prisioneros, pero otra muy distinta era

considerarlos merecedores de ella. Así que solo se limitó a acomodarse los lentes y

continuar - al borde de este nivel, encontramos a los dragones, ya que todas las

especies conocidas son inmunes a los efectos directos del flujo, pero no lo repelen…-

   - Entonces, ¿esa es la característica principal del siguiente orden? – preguntó el

mayor.

   El doctor mostró una enorme sonrisa al mismo tiempo que Aranhil se volteaba

hacia ellos con el rostro lleno de terror.

   – Precisamente – respondió el doctor - según lo que he leído, la existencia de un

quinto orden consistiría en todo aquel ser que además de no depender del flujo y de

ser inmune a él, lo mantendría alejado, impidiéndole además influir en su entorno

próximo –

   - ¿Un repelente de magia? – respondió mayor en tono de burla, pero la forma en

que lo miraban tanto el doctor como el elfo, denotaba la atención que el tema había

despertado. Si lo que decían las notas de Aranhil era cierto, habría alguna forma de

asegurar los experimentos futuros en las especies que, hasta el momento, se habían

convertido en las espinas de los laboratorios, y eso solo para empezar.

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   - Que te lo diga él – respondió el doctor, refiriéndose al elfo en el suelo.

   Aranhil empezó a girar sus ojos de forma desesperada, hasta que se detuvo en la

mirada del doctor, quien lo miraba con una serenidad penetrante, aun cuando en su

gesto se percibía cierta contradicción. Como si aún no estuviera totalmente

convencido de sus palabras y buscara algo que pudiera verificarlas. Por un momento

dudó sobre lo que pasaba por la mente del doctor, los hombres, de entre todas las

creaturas, poseen la mayor flexibilidad de pensamiento, pueden pensar miles de cosas a

la vez y concentrarse en varias realidades y por lo mismo, actuar de formas

increíblemente contradictorias, y lo peor, era que parecían poder utilizar aquella

característica a voluntad.

   – Si, dicho de una manera simple, si – respondió Aranhil, con una voz seca, carente

completamente de vida.

   - ¿Qué tan teórica es tu clasificación? - preguntó el mayor, ignorando por completo

la presencia del elfo – bueno, te pregunto en caso que sea tuya y no solo una mera

traducción lo que estás diciendo –

   - Mitad y mitad – contesto el doctor -          un 50% se basa en la capacidad o

características individuales de cada ser, sin quitar que en muchos casos, son géneros o

especies enteras las que presentan dichas características, eso lo saqué yo en base a la

observación. Lo que no es mío, son las nociones de flujo mágico de la cual se

desprende todo lo que he dicho, aunque falta traducir una gran parte del texto. En

todo caso, lo importante sería realizar algunas pruebas –

   El mayor pareció sobresaltado y de inmediato dijo - ¿pruebas?, esa palabra no me

dice mucho, ¿de qué tipo de pruebas estás hablando exactamente?, ¿encuestas?,

¿muestreos?, ¿o utilizas la palabra del mismo modo en que la usa Mengele? Porque

sabes que aquí no tenemos el equipo necesario para ese tipo de cosas –

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   El elfo pareció estremecerse un poco, girando su cabeza hacia el suelo, tratando de

pensar en cualquier otra cosa, no necesariamente en algo feliz, solo en algo diferente.

Pero su esfuerzo era en vano, poco a poco la imagen de aquel doctor se iba formando

en su mente, volviéndose tan real que casi sentía como desplegaba un par de alas

negras sobre él, casi como un ángel de la muerte.

   - Mengele – respondió Rangel con un suspiro – por él estas así ¿no es cierto? – le

preguntó a Aranhil y sin esperar respuesta se dirigió de nuevo hacia el mayor – no, no

soy capaz de realizar los mismos métodos que él, lo intenté pero no pude, solo lo hice

con animales y tejidos, nunca con prisioneros o seres consientes, la verdad, no sería

capaz de ir a una iglesia después de eso - terminó con ironía.

   - Es fácil dejar de creer en los dioses, solo se ocupa ver al mundo tal y como es –

respondió Aranhil.

   - Bien, entonces, si solo se ocupan pruebas para confirmar esa clasificación, ¿dónde

está la razón de esta visita? – preguntó el mayor, mostrándose cada vez más

impaciente.

   - El primer y el quinto nivel – respondió el doctor.

   - ¿Qué? –

   - El primer y el quinto nivel –

   - ¿Por qué?, ¿Qué tienen? –

   - Porque no hay sujetos de estudio, ni casos reales conocidos, los mal llamados

“dioses” con los que se han encontrado los ejércitos humanos, son más

probablemente seres pertenecientes al segundo orden, ya que cuando pierden contacto

con el flujo de magia, no dejan de existir, solo se debilitan, incluso muestran sus

formas originales – explicó el doctor.

   - ¿Por qué no lo dijiste antes? – preguntó el mayor.

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

   - Quería ver la reacción de nuestro amigo – respondió el doctor con una extraña

sonrisa.

   El mayor dio la media vuelta, solo para dar un giro y regresar a su antigua posición

- ¡perfecto!, eso está claro, pero lo que me mantiene intrigado son tus fuentes.

Mencionas que no hay casos reales, pero las notas del elfo deben de mencionar casos,

o algo parecido, como leyendas o mitos –

   - Los textos más antiguos hablan de la esencia creadora… – interrumpió Aranhil,

levantando la cara.

   - ¡¿De qué demonios estás hablando?! ¡¿Qué tiene que ver eso con esta maldita

mierda?! – preguntó el mayor, casi exasperado, pero el doctor levantó la mano en señal

de paciencia

   - Creí que los antiguos rechazaban el concepto de creación universal – dijo para

conocer la posición de Aranhil.

   El elfo se movió lentamente y se sentó en el suelo - en realidad, empezó a ser

rechazada de manera oficial cuando Nuevo Orden asumió el control, antes de eso, era

considera dentro de las discusiones religiosas, pero era evitada porque contrariaba a las

percepciones de los textos sagrados. Aunque los mismos afirman que solo la

conciencia universal es eterna, no todo lo existente –

   - ¿Dios? – inquirió el mayor.

   - Así de simple le llaman ustedes, nosotros la consideramos tan basta, tan hetera,

tan misteriosa, que nunca nos atrevimos a nombrarla, claro que tenemos deidades,

pero estas actúan más como fuerza naturales que como verdaderos dioses, dentro de lo

que sé que significa el término para ustedes. Sin embargo, ustedes no solo se han

atrevido a nombrar dicha conciencia, sino que aseguran haberla conocido, platicado

con ella, incluso servirle – explicó el elfo, llevándose la mano a la cabeza mientras

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—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

empezaba a reírse - eso me intriga, porque al mismo tiempo muchos de ustedes la

niegan, y solo por no haberla visto, ¡que idiotez!, ¡sería como negar al sonido! –

   - Disculpe mi intromisión, mi señor elfo – interrumpió el mayor con sarcasmo -

pero aunque me encanta, mejor dicho, me fascina escuchar platicas filosóficas, me

temo que estamos perdiendo el tiempo una vez más, sé que las mentes brillantes no

pueden concentrarse en un solo tema, pero yo, al ser un mero mortal, tengo

prioridades más prácticas. Y eso lo digo también por usted mi buen doctor –

   - No soy tan brillante como dices Moisés – respondió Rangel.

   - Por favor Rangel, te fascina que te besen el culo –

   El doctor soltó una pequeña carcajada mientras asentía ligeramente, ¿para qué negar

algo que era demasiado evidente?, mejor era disfrutar su vanidad, después de todo

siempre es mejor ser un sinvergüenza que un hipócrita.

   Aranhil vio todo en silencio, pero como si nada hubiera pasado y de la manera más

concisa que podía, obedeciendo de manera inconsciente las reglas de etiqueta de su

gente, continuó – los textos antiguos, donde se menciona la conciencia creadora,

también mencionan la existencia de seres cuyo habitad es el flujo de magia, del cual se

nutren y al cual regulan, pero ahora creo que son solo leyendas –

   - Como dije antes, no hay casos reales registrados – expuso el doctor,

complementando las palabras del elfo.

   - ¿Y en cuanto al quinto orden? – preguntó el mayor, mostrándose una vez más

interesado en el tema, aunque quizá, solo como consecuencia de la condescendencia

que surge después de un disgusto.

   - Según algunas leyendas, principalmente en los relatos poéticos de las guerras

arcanas, se menciona la existencia de hombres que de manera casi demoniaca, se

mantenían de pie ante los hechizos de los más grandes sabios y merlines, a los que

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

dejaban débiles con solo mirarlos. Se les conocía como “los Señores del hierro” –

respondió el elfo de manera mecánica, casi automática al tiempo que la cara del doctor

empezaba a mostrar una extraña mezcla de gusto y pesar. Ya lo había visto antes con

otros prisioneros, todos antiguos, los cuales después de años o meses de tortura

continua, parecían sufrir lapsos auto inducidos de trance, en los cuales respondían a

cualquier pregunta que se les hiciera, casi como si estuviesen bajo el efecto de los

fármacos, aunque al final, siempre mostraban un colapso mental, como una especie de

depresión degenerativa, la cual parecía ser incurable.

   - ¿Quizá estén relacionados con las leyendas humanas, donde se dice que el hierro

forjado aleja a los hechizos? – señaló el mayor, dirigiéndose al doctor.

   - ¡Va!, eso no es leyenda, se comprobó al inicio de la resistencia europea. El hierro

mantiene su forma, resistencia y temperatura ante los hechizos de cualquier tipo,

además de impedir su paso, casi como el plomo con la radicación. Lo interesante aquí,

es la existencia de gente con dichas capacidades, supongo que en una sociedad humana

promedio, y más en la moderna, es casi imposible y de hecho inútil, encontrar

personas con las características que mencionan esas leyendas, ya que somos sociedades

no mágicas. Si los señores del hierro existen, no se les puede distinguir hasta que

ocurren sucesos como esta guerra – comentó el doctor

   - Es como encontrar alguien que pueda vivir en el sol sin poder llegar al mismo

¿no? – añadió el mayor, viendo como Rangel se mantenía en silencio, frotándose la

barba con la mano, concentrándose en algo.

   El doctor se encontraba navegando en su mente, trataba de recordar algo que su

cerebro le decía haber visto antes, algo que era importante. Pero no lograba

visualizarlo con claridad.




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   - ¿Qué pasaría entonces, si alguien del quinto orden y algo del primero se

encuentran? - preguntó el mayor al aire, esperando que cualquiera de sus dos

compañeros respondiera.

   - Eso es obvio ¿no? - respondió el doctor.

   - El ser del primer orden seria sencillamente aniquilado en el acto, y el del quinto

orden tal vez ni siquiera lo note – añadió Aranhil.

   Rangel se dio la vuelta y salió del cuarto sin decir algo más. El mayor le vio y de

inmediato trató de seguirle, pero justo antes de salir, regresó su mirada a Aranhil,

examinándolo de lado a lado, viendo como empezaba a menear la cabeza de arriba

abajo, golpeándola ligeramente contra la pared de vez en cuando. La mano del mayor

empezó a subir hasta su cinturón, quedándose quieta sobre la funda de su pistola,

golpeteándola ligeramente con su dedo, deseando tener el permiso de acabar con la

patética cosa a la que miraba con desprecio, pero se dio cuenta que aquello solo era

cuestión de tiempo, cada día les era más inútil y no faltaría mucho para que el

Directorio de Defensa ordenara una nueva purga de prisioneros. Así que solo sonrió

un poco y cerrando la puerta con brusquedad, corrió en dirección hacia el doctor.

   - Rangel, ¿qué te pasa? - le preguntó al alcanzarle – solo saliste del cuarto así como

así, normalmente te despides del elfo –

   - Ya no importa mucho, su mente se ha vuelto demasiado caótica, ya ni siquiera se

acuerda de ti, cada vez tengo que volver presentarte – respondió Rangel sin detener su

paso.

   - ¿Es por lo que le hizo Mengele? – preguntó el mayor.

   - Seguro, recuerda lo que pasó con el "sabueso blanco", simplemente terminó

catatónica, y en solo un mes – respondió el doctor sin mucho interés por el tema –

pero lo que dijo tiene sentido. Sé que lo tiene –

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

   - ¿Qué? –

   - Gente, gente que repele la magia, sé que he escuchado de casos así – contestó

Rangel justo antes de detenerse en seco y dar la media vuelta - ¡por supuesto! - le dijo

al mayor al instante que le ponía sus manos en sus hombros - ¡encuéntrame en los

archivos! –

   El mayor lo miró con poca sorpresa, no supo que decir, el doctor era un hombre

meditabundo, tanto, que incluso parecía grosero al nunca mirar a la gente mientras esta

le hablaba, pero ahora estaba demasiado efusivo, más que nunca. Pero antes de que

pudiera preguntarle la razón, solo vio como Rangel se alejaba corriendo.



   El mayor entró en una hermosa sala, soportada en medio por una única columna,

decorada de arriba a abajo con relieves en roca de enredaderas y signos desconocidos

para él. El resto de la habitación estaba compuesta por lo que parecía ser una especie

de bosque artificial, donde los árboles y ramas habían sido manipulados para haberlos

hecho crecer alrededor de moldes invisibles de paredes, puertas y pasillos. Aquella

enorme sala había sido ocupada por los anteriores dueños como una biblioteca y

aunque aún mantenía una enorme colección de papiros y libros élficos, la mayor parte

de los estantes, repisas y cajones, ahora se mantenían vacíos, y la mayor parte de los

documentos que se encontraba allí, pertenecían a archivos militares y documentos

médicos, los cuales eran en su mayoría para uso del doctor. Sin embargo, aún con

todos los espacios desocupados, el lugar se sentía repleto, como un enorme laberinto

de ramas y troncos alrededor de galerías huecas y adornos inútiles. El mayor se sentía

raro en aquel lugar, por lapsos creía estar perdido en algún bosque, pero las losas de

piedra en el suelo y la hermosa cúpula en el techo lo devolvían a las entrañas de aquel

castillo casi derrumbado. En general, no le gustaba ese lugar, prefería rondar las zonas

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de investigación o incluso las celdas, ya que todo eso había sido reconstruido con base

a estándares humanos y para él, poseían la estética correcta, simple, llana, dura, tal y

como debían de ser los dominios de un militar. En lugares así se sentía seguro,

indivisible, lejos de los reproches de una madre religiosa y de un padre comunista, allí

solo estaba rodeado de gente cuyo único interés en él, recaía en su trabajo, no en sus

orígenes ni en su ideología, eso era lo bueno de su patria, un lugar donde uno podía

alcanza su libertad por propio esfuerzo, irónicamente, lo contrario al ideal

revolucionario. Tras un par de vueltas, vio por fin al doctor, sentado en una mesa,

rodeado de papeles y carpetas a las que movía de forma veloz y errática, apenas

leyéndolas, pero al ver al mayor, se detuvo y se irguió, invitándolo amablemente que se

sentara en frente.

   - ¿Qué es todo esto Rangel? – le preguntó al tomar asiento.

   El doctor le miró de manera alegre y de inmediato le pasó una simple hoja. El

mayor la tomó, pero sus ojos seguían en el doctor, el cual le pidió que la leyera, pero

tras unos momentos de lectura rápida no encontró algo que pudiera ser importante,

por lo que volviendo la mirada a Rangel, mostró su ignorancia.

   - ¿Recuerdas el incidente en la colina?, durante el día D – le preguntó Rangel.

   - Si, un gran número de soldados ingleses fueron asesinados por una especie de

súper guerrero místico, o algo así, ¿pero qué tiene que ver eso, con esto? - respondió el

mayor levantando la hoja – esto es un reporte forense –

   - Si, de uno de los muertos ese día. Un capitán de los cuerpos aerotransportados –

   - Sí, ¿y? –

   - ¿La leíste bien?, no te das cuenta de su importancia –

   - La verdad doctor, no encuentro nada especial en esto – replicó el mayor.



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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

    - Bien, y que te parecen estos – respondió Rangel al pasarle una carpeta repleta de

hojas, todas de reportes forenses de distintas personas muertas ese día.

    Al principio, el mayor se mostró renuente a leer todo eso, pero la mirada de

invitación que el doctor le mostraba, le dio a entender que no le diría nada hasta que lo

hiciera. Eso era lo malo del doctor, aún se sentía como en una escuela, tratando a sus

compañeros como simples alumnos, a veces resultaba simpático, ayudaba a mantener

ocupada la mente, pero cuando se trataban de cuestiones médicas, solo él mantenía el

dominio de los temas. Después de una inspección rápida, el mayor empezó a notar un

patrón interesante y poco a poco comenzó a leer con más detalle, tratando de

encontrar más correlaciones importantes – ¡Por Dios!, a todos se les encontró rastros

de congelamiento en piel y algunos órganos internos –

    - A todos menos a uno, el primero que te di – añadió Rangel con gusto.

    - Pero también murió –

    - Y en el mismo lugar – añadió Rangel - pero no por efectos de algún hechizo, sino

por contusiones; costillas rotas, ruptura de órganos internos, pérdida masiva de sangre

–

    - ¿Crees que de alguna forma era invulnerable a los hechizos? – preguntó el mayor.

    - Si, si lo creo. De hecho estoy seguro que estos documentos sirven de prueba para

ello –

    - No lo sé – replicó el mayor - las cicatrices de la cara, parecen cortes de algún tipo,

bastantes finos. Dudo que realmente haya tenido una "capacidad especial" –

    - Si, pero según otros reportes, el ser que hizo esas cortadas pudo partir un tanque

con un solo movimiento de su espada, pero no pudo cortar a este hombre. Algo en él

impidió que la potencia del corte tuviera el mismo efecto – señaló el doctor.

    El mayor levantó la primera hoja y dijo entre risas - pues no le sirvió de mucho –

264
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    - Ciertamente alguien del quinto nivel no sería invencible, pero con el

entrenamiento adecuado, representaría una ventaja increíble para cualquier ejército, y

no solo en esta guerra –

    - Pero ¿para qué?, los antiguos están perdiendo y sin necesidad de tener súper gente

–

    El doctor se mostró impresionado por la falta de visión de su amigo - ¿acaso crees

que la magia va a dejar de usarse para fines bélicos cuando todo esto acabe?, tu eres

militar, debes de darte cuenta de las ventajas bélicas de las brujas y hechiceros –

    El mayor bajó la hoja y miró al doctor mientras su cara se llenaba de emoción,

como si entendiera por completo lo que aquello significaba.

    – Los Señores del hierro son reales – explicó Rangel.

    – Y por el momento solo nosotros lo sabemos – continuó el mayor entre risas.

    Rangel lo miró con una extraña sonrisa y le dijo – no, el Jefe ya lo sabe también, ya

le envié el comunicado –

    El mayor pareció asombrado por la noticia, sorprendido por la rapidez con la que el

doctor trabajaba.

    El doctor soltó una carcajada y se reclinó en el asiento mientras miraba a su

compañero de forma amistosa pero burlona- a veces caminas muy lento Moisés – le

dijo.



                                           XII

                            MUROS INFRANQUEABLES



    “Otro cafecito no hará daño” pensaba un pequeño sujeto mientras le hacía señas a

su camarero, indicándole que quería una probada más de aquel sabor fuerte y

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

concentrado del café turco. El ambiente era calmo y sereno, con pocas personas

alrededor, tal y como le gustaba, tal vez no era el mejor café de la ciudad, pero para su

gusto conscientemente corriente era más que suficiente. La segunda taza llegó al

mismo tiempo que se abrían las puertas del restaurante, si así se le podía llamar a aquel

lugar, y un hombre alto vestido totalmente de negro se dirigía hacia la persona que

admiraba con ojos verdes el negro contenido de su pequeña taza. Vestido con un saco

militar verde y un ghutra blanco sostenido con un agal de color dorado y negro,

aquella persona asemejaba, tanto por la vestimenta como por el porte, a un jefe

guerrero de los desiertos de arabia.

   - El “hada verde” supongo. Un gusto conocerle en persona, por su parte puede

llamarme Rudolf – dijo el hombre de negro mientras tomaba asiento y pedía un café.

   - Mi nombre es Philippe y me gusta más ser llamado de esa forma. Si usted quiere

hacer referencia a mi fama, entonces preferiría el sobrenombre de “absente”. Es menos

ridículo – respondió el joven del ghutra, mirando fijamente a su nueva compañía

mientras daba un sorbo de su café.

   - ¿Ajenjo?, por favor, de veras le gusta ese nombre. Me refiero a que como puede

usted andar por ahí bajo la definición de tan sucia bebida. Su otro alias si es algo raro,

pero al menos tiene cierto velo de misticismo, tiene más elegancia – expuso el

caballero de negro, pero al ver cierto fastidio en la cara de Philippe cambió

inmediatamente de tópico – los demás han encontrado la llave y lo hemos traído hasta

aquí, para que sea usted quien tenga el honor de entregárnosla –

   - Bien – contestó Philippe bajando la cabeza - ¿de cuánto es la paga? –

   - ¿Paga? - preguntó el hombre con tono de sorpresa, como si aquella pregunta

estuviese totalmente fuera de lugar – no actúe como si esto fuera un trabajo más, esto




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es vital para el renacimiento del mundo y usted lo sabe – replicó Rudolf, tratando de

sacarle cierta motivación a su compañero de mesa.

   - Rudolf, no me gusta el trabajo de caridad y en cuanto a sus creencias, ya has de

saber que no las comparto -

   - No quería llegar a esto, pero recuerde que usted es nuestro aliado en esta

empresa, le guste o no. Su única paga será el que nadie se entere de quién es usted en

realidad y eso incluye a sus hombres – respondió Rudolf con cierta pena.

   El rostro de Philippe cambió por completo, su ceño se frunció con rabia y su nariz

se arrugó junto con una leve torsión de su labio superior. Su postura ahora parecía la

de un perro furioso, pero atado y él se sabía igual de impotente.

   - Lo que si podemos darle es información valiosa. Nos enteramos que un tal capitán

Kowalsky, del ejército británico, está buscando a un sujeto de nombre Dreadnought, y

gracias a una interferencia de nuestra parte ahora sabe exactamente dónde encontrarlo,

y usted también. Dreadnought se encuentra en el hostal del viejo Renald, me parece

que usted conoce el lugar –

   - ¿Estoy aquí para conseguirte un pendiente o para conseguir una cita con ese tal

Dreadnought? ¿Eh?, ¿qué tiene que ver ese tipo con lo que tengo que hacer? –

preguntó Philippe con impaciencia.

   - Calma, aún no acabo. En el hostal también está lo que parece ser un agente de la

Interpol… -

   - ¡Mierda!, ¿qué carajos supones que haga con él también? –

   - No me interrumpa por favor, le dije que todavía no acababa. La cuestión no es

Dreadnought en sí, sino quien viaja con él. Una muchacha, y es ella quien tiene el

pendiente de plata. Sin embargo, como no tenemos fotos o testigos directos de cómo

es ella, tendrá que guiarse en su acompañante. Donde esté Dreadnought es seguro que

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

estará ella y por lo tanto, la llave – y diciendo esto, sacó una fotografía de su saco y la

arrojó en la mesa, justo delante de Philippe.

   Philippe tomó a fotografía y la revisó con calma, examinando los rasgos de

Dreadnought. Había tenido muchos trabajos, algunos muy difíciles, pero la mirada del

hombre en la fotografía le provocaba una sensación de peligro que nunca había

sentido antes, o al menos una que no recordaba, sin embargo tenía mucho que perder

en caso de fallar en este trabajo, por lo que un sentimiento de incomodidad no era

causa mayor para impedirle realizar su misión.

   - ¿Y Kowalsky?, ¿y el tipo de la Interpol? ¿Qué con ellos? –

   - Bueno, creí que alguien con su capacidad podría fácilmente sacar ventaja de una

pequeña escaramuza entre ellos para acercarse al objetivo, aunque esto es solo una

sugerencia, usted haga lo que crea necesario. Además no serán difíciles de quitar del

camino, en todo caso ninguno de ellos es peligroso –

   - Entonces, ¿Por qué no se encargan ustedes del asunto? – preguntó Philippe.

   - Recuerde que tenemos que mantener un perfil bajo, de por sí ya tenemos

bastantes problemas con la Okhrana de von Sternberg como para echarnos más

enemigos, los mismos que de hecho usted ya tiene – expuso Rudolf

   - Raro, hubiera jurado que alguien tan loco como Ungern estaría más que dispuesto

a recibirlos con los brazos abiertos – dijo Philippe con acento burlón.

   Rudolf pareció tomarse el comentario de Philippe como un insulto, pues se irguió

de repente y golpeó la mesa con furia – Ungern es un indigno, un untermenshen, un

caucásico inferior y nada más. Sus supuestos caballeros teutones nada tienen que ver

con la verdadera tradición del verdadero orgullo germánico ¡Ungern es un traidor a su

propia sangre! Traicionó la verdadera fuerza de sus antepasados por un montón de

locuras asiáticas… –

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   - Cálmate no hagas una escena, no eres el único que odia al barón loco, pero no

tienes que estarlo gritando – respondió Philippe en un intento de bajarle el sonido a su

compañía.

   Rudolf pareció entender el mensaje de llamado “ajenjo”, bajó la cabeza en señal de

calma y haciendo más taciturna su voz, continuó - además Dreadnought ya mató a uno

de nuestros hermanos –

   - ¿Mató?, dijiste que ninguno de ellos era peligroso – replicó Philippe.

   Rudolf levantó la cabeza, mostrando una enorme sonrisa - para usted no lo serán.

Sabe que nuestros procedimientos son muy diferentes de los suyos, y como los

nuestros han fallado… bueno es obvio que intentaríamos nuevos enfoques –

   - ¿Cuánto tiempo tengo para esto? –

   - Tiene exactamente veinticuatro horas, al terminar ese tiempo le estaremos

esperando en el lugar acordado, pero como sugerencia personal, le recomiendo que se

lo tome con calma, espere a que amanezca y que se presente Kowalsky – respondió el

caballero de negro, levantando sus espesas cejas y dejando ver un par de ojos azules de

aspecto melancólico – por lo pronto termínese su café – dijo al tiempo que daba un

largo vistazo al lugar en el que se encontraban - sabe, este lugar me recuerda mi

infancia en Alejandría, que ciudad tan bella, aún la extraño, por supuesto no tanto

como a Múnich, pero… – tomó una pausa para suspirar y continuó – supongo que a

cada lugar que visito le encuentro algo bello para recordar – y diciendo esto, se levantó

y extendió la mano en espera de recibir el mismo gesto de Philippe, pero ante la

indiferencia de este, Rudolf se limitó a dar una sonrisa incomoda antes de salir por la

puerta, siguiendo los pasos por los que había entrado, pero justo antes de dar el último

paso hacia la salida dio una media vuelta y le gritó a Philippe en tono alegre – y si todo



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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

sale como hemos planeado, su linaje ya nunca más será cuestión de vergüenza, sino de

orgullo -

   Por su parte, Philippe lo miraba, observando cada aspecto en él, su forma de

caminar, su velocidad, la forma en que empujaba las puertas estilo cantina, pensando

como todo en él le molestaba. Tenía que admitir que era más simpático que la mayoría

de sus compañeros, pero no lo suficiente como para soportarlo más de diez minutos, y

las cosas que decía y en las que creía, por Dios que era puras estupideces. Aunque hace

tan solo siete años cualquiera que hubiera creído en la existencia de dragones y hadas

hubiera sido considerado un pobre loco, así que quizá Rudolf y sus amigos de negro

tenían razón. En cualquier caso, eso era secundario, el llamado “sol negro” era ahora

dueño de su vida y él era únicamente un perro a su merced, no podía sino agachar la

cabeza y mover la cola cuando le hablaran.



   Afuera del local, Rudolf caminaba con confianza, casi seguro de la victoria final, del

nacimiento de un nuevo mundo. Philippe les sería bastante útil y en lo personal le

simpatizaba, es más, casi envidiaba su ascendencia, su libertad, al tiempo que sentía

pena que en un mundo tan enfermo y débil, se despreciaran las mayores virtudes de la

sangre.



                                             …



   El tumulto en las calles siempre era continuo, incluso de noche, pero en la mañana

parecía agarrar la fuerza suficiente como para despertar e irritar a Isaac de

sobremanera, aunque aún permanecía tirado en la cama, boca arriba, viendo como las

aspas del ventilador giraban con lentitud. El dolor de su mano aún se sentía, pero las

270
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extrañas sensaciones que lo habían asaltado la noche anterior habían dejado en él un

efecto tal, que empequeñecían cualquier otro malestar físico.

   El sonido de las manecillas de un reloj en la pared parecía aumentar la intensidad de

su molestia, fastidiándolo cada segundo. Isaac se dio cuenta que tarde o temprano

debería levantarse, pero fue la posibilidad de largarse de aquella maldita ciudad, lo que

le introdujo una energía tan arrolladora que hizo que sus movimientos se asemejaran a

los de una persona alegre de empezar cada mañana. Lo primero tendría que ser, por

supuesto, tomar un baño, el aroma a sudor y cierto olor a vómito ya eran suficientes,

incluso para él. El agua de la regadera había sido demasiado fría para su gusto, pero era

mejor que los rápidos y no siempre tan efectivos baños de esponja que se tenía que dar

mientras andaba de errante, pero lo verdaderamente difícil, era el tener que ponerse la

misma ropa apestosa que había traído puesta desde aquella noche de pesadilla.

   Justo antes de ponerse sus botas sacó un par de pistolas calibre 45, solo para

colocarlas de nuevo junto a sus tobillos, ya que no era conveniente viajar desarmado,

pero tampoco el andar caminando con las armas de afuera y menos con la pérdida de

sus credenciales diplomáticas. Solo quedaba ponerse el abrigo que le ayudaría a

soportar la ligeramente fría mañana, pero apenas lo tomó, notó de inmediato la talla

pequeña del mismo – una más – se dijo como maldiciendo la sumatoria de su malas

suertes. Antes de cualquier otra cosa, un trió de golpes en la puerta de la habitación le

hicieron darse vuelta y quedar en silencio, solo una nueva serie de golpes le hizo

avanzar y abrir la puerta.

   Con una cara de sorpresa total, vio a Elizabeth, de pie, frente a él, con su cabello sin

forma y sus ojos medio cerrados, en definitiva la muchacha aún estaba entre una

batalla campal entre el reino de los sueños y el crudo despertar.

   - ¿Se te ofrece algo? – preguntó Isaac.

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

   Elizabeth le miró con detenimiento, aparentando buscar algo en la cara del cazador,

pero al abrir la boca, ésta empezó a crecer lentamente hasta que un largo y profundo

bostezo salió de ella, tras lo cual Elizabeth quedó de nuevo en silencio. Isaac imitó su

silencio, pero porque no sabía que decir, era como si ella se esforzara de manera

sobrehumana en ser un chiste tan bien contado que de hecho absorbía todo a su

alrededor, incluyendo a las personas, en la trama de su comedia personal y sabiendo

que no podría jamás contra aquel misterioso poder solo le quedó el hacerse a un lado y

espera a que Elizabeth entrara. De inmediato, y con un paso ridículamente rápido,

Elizabeth entró a la habitación y se dirigió al baño, cerrando la puerta del mismo con

fuerza y abriendo la llave de la regadera. Isaac estaba atónito ante lo fugaz del suceso,

girando la cabeza de lado a lado buscando a alguien que lo estuviera observando, pero

volviendo a actuar como si nada hubiera pasado, se limitó a salir de la habitación. Lo

más increíble de todo, pensaba Isaac, era la facilidad que tenía aquella linda personita

de hacer que todo pareciera tan absurdamente sencillo y alegre, quizá era eso lo que

tanto le atraía de ella. Fuera cual fuera la razón, Elizabeth había logrado que toda la

frustración que lo había sofocado hace tan solo unas cuantas horas atrás, se hubiera

esfumado como por arte de magia, sin embargo, la alegría se presentaba de forma

agridulce, ella seguía sin hablarle de la misma forma que lo había hecho cuando la

conoció. Por más de una semana, la relación con ella había cambiado bastante, si bien

al principio se logró una base de simpatía y amistad por parte de ambos, ahora solo

existía una tolerancia difícil, donde solo una de las partes sufría en silencio, el dolor del

silencio. No la culpaba, como podría hacerlo, ella vio como había intentado matar a su

hermana y aun cuando no hubiera percibido la intención, el solo haber intentado

lastimar a su única familia era escusa suficiente como para no volverle a hablar jamás.




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   Pero la persona que ahora veía le provocaba sentimientos muy diferentes. Con la

mitad de su cuerpo aún dentro de la habitación, Alice movía la cabeza de un lado a

otro buscando a su hermana.

   - Está en mi habitación - le dijo Isaac mientras caminaba hacia las escaleras,

intentando no verla directamente, sin darse cuenta como la vergüenza aún lo mantenía

en un cierto estado de sumisión con ella, quizá realmente estaba arrepentido, tal vez,

incluso deseaba volver a tener aquella relación tranquila con ella, la cual, si bien era

muy diferente que la que deseaba con Elizabeth, era ya igual de imposible. Elizabeth le

hacía sentirse feliz, bobo y ridículo hasta el abismo mismo del patetismo, pero feliz a

fin de cuentas, con Alice era otra cosa, le irritaba, pero en los pocos momentos en que

logró conversar con ella, se sintió como una persona normal, ni mejor ni peor que el

resto, solo un hombre más, además, le gustara o no, ella era más inteligente que su

hermana, por lo que su charla era, aunque menos divertida, más interesante.

   Al oír esto, Alice volteó a mirarlo con una mirada acusadora al momento que Isaac,

bajando la guardia, la miraba también.

   - Deja de hacer eso, ya me está empezando a molestar – replicó Isaac al momento

que pensaba que, por otro lado, era mejor mantener a Alice a raya, jugar con su miedo,

ahuyentar cualquier posibilidad de una plática compleja, y así, evitarle pasar de nuevo

por otra situación como la de la carretera.

   - ¿Qué cosa?- preguntó Alice, sin darse cuenta como su cuerpo se empezaba a

tensar.

   - Mirarme de esa manera, ya van como cuatro o cinco veces que lo haces. Solo te

quedas callada y te me quedas mirando de esa forma, como esperando que te explique

las cosas o te pida disculpas –



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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

   - ¿Por qué mi hermana esta en tu habitación? – preguntó Alice dando un ligero

retroceso al tiempo que sus manos apretaban la puerta con fuerza, esperando cualquier

reacción por parte del cazador para cerrarla de inmediato, pero ante un casi

imperceptible resbalón de su mano izquierda, notó por fin la tensión de su cuerpo y se

percató de cómo perdía la capacidad para mantenerse tranquila. En momentos se

mostraba tan fuerte, pero ya no podía ver a Isaac o hablar con él igual que antes. Tenía

que admitirlo, el cazador la aterraba, y no podía predecir el momento en que volvería a

estallar.

   Isaac notó el cambio de porte de Alice, pero comprendiendo su sentir, le respondió

con una amabilidad mecánica, fría y calma – solo se metió al momento en que yo me

salí, creo que ahora se está dando un baño – ahora se daba cuenta que mantenerla

temerosa no serviría, de una u otra forma ella le seguiría hablando, era imposible

evitarlo, quizá era él quien debía mantenerse pasivo y retraído, o al menos, hacer el

intento.

   Alice lo miró con calma, su boca se contrajo un poco y su cabeza se movía como

asintiendo ligeramente una y otra vez, y si bien Isaac no pudo definir lo que la pasaba

por su mente, si pudo intuir que cualquier mal entendido o falsa acusación sobre él

perdía fuerza, pero antes de continuar su marcha, vio como la ceja de Alice se

levantaba y su cabeza se detenía a la vez que su voz de mostraba fuerte y denunciante.

   - ¿Tu cuarto tiene baño? –



   El sol seguía su lenta caminata por el cielo, y en la tierra, cada minuto parecía como

otro clavo en la tumba de la paciencia de Isaac. La habitación en la que estaba ahora, le

deprimía al punto de sentir que estaba obligado a pedirle perdón a las Harker por




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—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

haberlas hecho dormir allí. Aunque lo más probable era que aquel sentimiento

desapareciera tan rápido como se originó, para esto solo ocuparía salir de aquel cuarto.

   Por su parte, Alice se encontraba en lo más parecido al cielo que podía ofrecer

aquella ciudad, disfrutando la vista que ofrecía la ventana mientras esperaba su turno

para utilizar el baño, y era precisamente eso lo único que la incomodaba, el sufrir la

ironía de por primera vez ser la última en levantarse y el tener que ver como su

hermana hacía de la ducha su dominio milenario. A solo unos segundos de azotar la

puerta del baño para apresurar a su hermana, esta se abría, dejando escapar una pared

de vapor, que le golpeaba de lleno el rostro al minuto que salía una Elizabeth llena de

alegría y vida, la cual caminaba a la cama distendida sin prestar atención a su hermana y

tomando el abrigo que se encontraba allí se lo puso tras examinarlo un mero segundo.

   - ¿Ya tan rápido? – preguntó Alice, con sarcasmo.

   Elizabeth dio un grito de horror a la vez que contraía sus brazos en un gesto de

sorpresa pura - ¡por Dios Alice!, ¡me asustaste! – dijo al ver a su hermana, de pie,

quieta como estatua.

   - No, por favor, regrésate al baño y quédate ahí todo el día – continuó Alice con el

mismo tono.

   - No, está bien. Ya terminé – respondió Elizabeth sin comprender el reproche de su

hermana.

   Al ver la reacción de Elizabeth, Alice solo bajó la cabeza y se metió al baño, deseosa

de limpiarse un poco la suciedad del cuerpo y las preocupaciones de la cabeza.

   Elizabeth, por su cuenta, al verse sola en la habitación, decidió recostarse un poco

en la cama, la cual ahora podía apreciar mejor, viendo cómo a diferencia de catre

apestoso en el cual estuvo durmiendo toda la noche, esta era bastante cómoda, limpia

y suave. Un ligero olor a vómito llego a su nariz, pero creyó que se trataba de uno de

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

los tantos aromas que lograba filtrase desde la calle, sin embargo, levantó su brazo y se

cubrió la cara con la manga del saco, prefiriendo soportar el calor, que aquel ligero mal

olor. Lentamente fue cerrando los ojos, perdiendo la conciencia poco a poco, pero

antes que pudiera realizar su pequeña siesta, se levantó de repente, sintiendo cierta

ansiedad como si alguien la estuviese mirando - da la vuelta – le dijo un voz salida de la

nada, casi como proveniente de un susurro en el viento y sin saber qué hacer, empezó

a mirar a todos lados, por un instante se quedó concentrada en el buró junto a la cama,

más específicamente, en el golpe que tenía a un costado y en las manchas oscuras que

lo rodeaban, lentamente se acercó un poco, viendo unas gotas secas en la alfombra,

pero la voz volvió a presentársele - sigue buscando – le dijo justo cuando ella levantó

la mirada, quedándose frente a la ventana, caminando lentamente hacia ella, se quedó

de pie, en completo silencio, esperando ver algo en específico, pero afuera todo era

una anarquía de movimientos y personas, una enorme masa de tumulto que le impedía

enfocarse en una sola cosa a la vez, pero cuando estaba a punto de dar la media vuelta,

una figura, diminuta a la distancia, le llamó la atención, una persona de paso ligero y

armonioso, que caminaba a un ritmo distinto a todos los demás, despreocupado, con

las manos en los bolsillos y la cabeza en alto, no le podía ver bien el rostro por la

sombra del pañuelo blanco con el que se cubría la cabeza, pero daba le impresión de

estar silbando. Le siguió con la mirada por aproximadamente medio minuto antes de

ver como se detenía en el edificio de enfrente, recargándose en la pared, tranquilo y

alegre, sacando un reloj de bolsillo del interior de su chaqueta verde, examinándolo

con calma mientras se le agrandaba la sonrisa al ver el horizonte.

   Con una curiosa sonrisa en la boca, Elizabeth se dio por fin la vuelta sin ver el par

de jeeps británicos que se acercaban al edificio. Salió de la habitación, gustosa de ver

como aún existía la felicidad en el mundo, incluso el pasillo le resultaba diferente a

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como lo había visto a noche anterior, ahora lo veía iluminado y alegre, acorde a su

propia alegría, una alegría que dio un leve retroceso ante al asco, al ver la expresión de

fastidio de Isaac mientras salía de la habitación de al lado.

   Isaac le miró y de inmediato su rostro tomó otra forma, más tranquila y amigable,

aunque seguía conservando cierta tensión en la mirada – no me gusta estar en este

lugar – le dijo con voz baja.

   - Bueno, en ese caso, ¿Por qué no te largas? – le respondió ella con desprecio.

   Isaac abrió los ojos, sintiendo una sacudida en todo su cuerpo, deseaba que la le

volviera a dirigir la palabra, pero no de esa manera - no, lo mejor será esperar a tu

hermana y largarnos de aquí todos juntos - respondió con sequedad al tiempo que se

dirigía las escaleras.

   Elizabeth le miraba con tristeza, lo odiaba por lo que la había hecho a su hermana,

pero lo odiaba más por haberla decepcionado, por haberle destruido su ilusión, por un

lado sabía que lo que le había hecho a Alice era algo mucho peor que cualquier sueño

roto, pero a medida que pasaba el tiempo, no podía evitar sentirse más mal por lo que

le pasaba a ella, después de todo, Alice parecía no mostrarse tan enfadada con el

cazador por lo que le había hecho, aunque eso era un pretexto para darle prioridad a su

propio dolor. El cazador ya no sería para ella nada más que un pobre diablo, alguien

sin valor, y precisamente eso era lo que la molestaba, porque una parte de ella aún

quería acercársele, escucharle, y sobre todo hablarle.

   Elizabeth no insistió más, lo mejor sería dejar de darle vueltas al asunto y

concentrase solo en mantener la misma postura, la del desprecio, la de la distancia,

física, y emocional, pero al ver la figura del cazador desapareciendo en las escaleras, no

pudo soportarlo, debía escucharle, quería saber que estaba mal en él, quería saber por



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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

qué la había desilusionado, y sobre todo, quería decirle lo que ahora sentía por él,

hacerlo sufrir como ella había sufrido.

   Isaac se sentía peor, aún más que en la noche, posiblemente porque ahora se

encontraba despierto y más consiente de sí mismo que antes, probablemente, el

descanso le había despertado el cerebro de una forma que había ya olvidado. Apretó

sus puños, maldiciéndose por haber tenido esperanzas en algo. El dinero, la fama, todo

eso era vano, siempre lo fue, pero lo mantenían alienado, lejos de cualquier

responsabilidad, conciencia o contacto con alguien más. Ahora ya ni sabía que odiaba

más, la esperanza, o el haberla perdido. Al bajar el último escalón vio como una

pequeña rata se movía rápidamente junto a la pared, corriendo graciosamente antes de

detenerse en seco, levantando la cabeza y moviéndola de un lado a otro, sin percatarse

de la presencia de Isaac, quien la miraba con calma mientras sacaba una pequeña daga

de su bolsillo y colocaba su pie izquierdo delante de su cuerpo con delicadeza, tratando

de no hacer ruido, sin más, solo alargó su brazo con fuerza y lanzó la daga hacia el

pequeño animal, atravesándolo de lado a lado y clavándolo justo en la parte donde la

pared se une con el piso, no era muy bueno lanzando cuchillos, pero de vez en cuando

tenía suerte. La rata gemía de dolor, produciendo chillidos demasiado fuertes para una

creatura tan pequeña, Isaac se le acercó con calma, disfrutando cada sonido al tiempo

que ponía su pie derecho sobre ella, solo para dejarle caer todo su peso, en ese instante

sentía como su cuerpo se llenaba de una ligera alegría, justo lo que necesitaba. Al ver la

sangre saliendo de su bota, se sintió contento, así de simple, no tenía por qué analizar

sus sentimientos, ¿para qué hacerlo?, realmente no había utilidad en ello, así que

ignorando sus pensamientos, se agachó lentamente, y sin quitar el pie del pequeño

cadáver, sujetó la daga y la retiró con fuerza.




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   - ¿Por qué lo haces? – le preguntó Elizabeth horrorizada, más por el cúmulo de

desprecio que sentía, que por la rata muerta.

   Isaac se levantó y se dio la vuelta, centrando su mirada en la dulce cara frente a él.

Se quedó quieto, no sabía que responderle, ¿qué podía decirle?, que simplemente no le

gustaban las ratas, aquello era cierto, pero no era estúpido, sabía que el animal muerto

en su zapato no era la razón de aquella pregunta, sino otra cosa, algo más importante,

algo que ahora ella estaba sacando de una sola vez, resumiéndolo todo en una

cuestión, sencilla y corta, pero más penetrante que la daga que sujetaba en su mano.

De un rápido reojo, Isaac vio la punta del arma que sostenía, viendo la mancha roja

oscura que la adornaba al final, y sintió como si aquella sangre fuera suya, goteando en

el extremo de la voz de Elizabeth mientras su cuerpo era atravesado por ella.



   Elizabeth lo miraba con un par de ojos fríos, algo que Isaac jamás pensó ver en ella,

pero ante aquella escena de juicio, ninguno de los dos continuó, no hubo reacción

alguna. Ambos estaban en una especie de limbo, en un estado de conciencia tan

cerrado que el resto del mundo solo era percibido a través de una sucesión de

imágenes y sonidos en cámara lenta, de gente moviéndose en todas direcciones, de

aves trinando, de un pequeño convoy deteniéndose frente al edificio, de un grupo de

soldados subiendo los escalones hacia la entrada principal y de un oficial de lentes

parándose delante de ellos, gritándoles. Todo era visto con sumo detalle, incluso sus

mentes empezaban a comprender la urgencia de la situación, pero aún se mantenían

demasiado abotargadas, sumidas en sus mundos propios, impidiéndoles responder de

la manera correcta y con la prontitud necesaria. Todo se sentía tan real, pero a la vez

tan ajeno a ellos, como si pertenecieran a un contexto de categoría más baja y fue solo



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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

cuando vieron un enorme camión salir de la nada y dirigirse directo hacia ellos, sus

cuerpos y mentes lograron sincronizarse con la realidad que les rodeaba.

   Isaac fue el primero en reaccionar, sujetó a Elizabeth con fuerza e instintivamente

la cubrió con su cuerpo mientras la empujaba con fuerza al fondo del pasillo principal,

hacia lo que parecía ser la ruta a una salida trasera justo al instante cuando el camión se

estrellaba de lleno en la entrada del hostal, llevándose consigo a uno de los jeeps. El

grueso de los soldados apenas se recuperaban cuando de entre las ruinas del desastre,

un cúmulo de figuras salían de todos lados y habrían fuego a todas direcciones,

gritando todos al unisonó - ¡muerte a los perros ingleses!, ¡muerte a Inglaterra!,

¡libertad a la India! – todo, mientras un solitario individuo de ghutra blanco salía por la

parte trasera del camión y corría hacia la parte trasera del edifico, pensando en que

diría Jung sobre la percepción de falta de sincronización en actos que eran

deliberadamente causales.



   Alice había durado un buen rato frente al espejo y apenas había empezado a

desvestirse, cuando el edifico se sacudió con violencia, seguido por una serie de

disparos que resonaron por todo el lugar. De forma automática, salió de la habitación y

se tiró al suelo, como si la amenaza se hubiera originado en el baño. El tiempo se

transformaba en cuanto a su paso, lapsos que parecían eternos era solo segundos,

mientras los ruidos de la calle se transformaban en gritos de horror o de apoyo, según

fuera el caso, y el techo y las paredes se sacudían ahora de formas esporádicas y ligeras,

como si los disparos le causaran dolor a la estructura misma. Armándose de valor Alice

dio un salto hacia la puerta de la habitación, pero al salir se encontró cara a cara con el

hombre de traje claro que tanto le había llamado la atención la noche anterior. El

hombre, por su lado, le miró con sorpresa, acercándosele a ella mientras de su saco

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sacaba una enorme "red 9". Alice se congeló por el miedo, al recordar la mirada de

locura que brotaba de los ojos de Isaac aquella noche, cuando su vida pendió de hilo

una y otra vez, tanto que ni siquiera reaccionó cuando el hombre la sujetó el brazo y la

empujó a la pared - tenemos que salir de aquí – le dijo con increíble calma.

   Alice empezaba a moverse de nuevo, cuando un soldado que subía por las escaleras

les apuntaba con su rifle y empezaba a disparar de forma errática. El hombre de la

Máuser, disparó apenas se dio cuenta y tras una serie de tiros mató al soldado, pero al

ver como algunos de los compañeros de este empezaban a subir por el mismo lugar,

tomó a Alice con más fuerza y la jaló al final del pasillo, hacia su cuarto. En menos de

un segundo, cruzaron todo la habitación, pero Alice logró ver como todo el lugar

parecía un pequeño centro de comunicaciones, casi como los de las películas, había un

par de radios en cada lado, una serie de mapas, principalmente de la India y un

escritorio lleno de papeles al fondo, justo al lado de una puerta metálica a la que se

dirigían. El hombre de traje claro abrió la puerta de una patada y empujó a Alice hacia

adentro mientras el daba un giro y se agachaba detrás del escritorio, tomando una

pequeña caja, casi escondida y sacando una botella de alcohol, la cual tenía pegada un

parche con ácido sulfúrico, después, la arrojó con fuerza hacia el centro de la

habitación justo antes de casi aventarse al interior de la puerta a sus espaldas.

   Del otro lado de la puerta, había una larga escalera de metal que bajaba hacia un

abismo de obscura incertidumbre, pero con la presión que el hombre de traje le

imponía a cada segundo, Alice no tuvo más remedio que bajar hacia lo desconocido.

Después de pocos segundos llegaron hacia lo que parecía ser una pequeña bodega

subterránea, pero la contemplación del lugar fue breve, ya que justo arriba de una serie

de escalones, una puerta doble se abrió dejando ver un hombre de turbante azul.



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   - Federico, ¡por aquí! – gritaba el hombre del turbante mientras le hacía señas al

hombre de traje, quien acercándosele, sujetó a Alice del brazo mientras la hacía subir

por los escalones y la sacaba a lo que parecía ser un pequeño callejón.

   Alice no entendía bien lo que estaba sucediendo, solo sabía que aquel hombre, por

alguna razón, la estaba sacando de lo que parecía ser una zona de guerra. Sin oponerse

al constante jaloneo, siguió al caballero de la Máuser, el cual era guiado a su vez por el

hombre del turbante hacia un automóvil Citroën 2 CV. Con un rápido empujón,

encarreró a Alice hacia el asiento del copiloto mientras él corría hacia la parte trasera

del vehículo. El hombre del turbante dio un salto y deslizándose por sobre el cofre del

auto hasta llegar al otro lado, abrió el vehículo y lo arrancó aún con las puertas

abiertas.

   El automóvil salió disparado hacia una calle repleta de gente corriendo y gritando

hacia todas direcciones, algunos fueron golpeados por el vehículo, pero este no detuvo

su marcha mientras se alejaba de lo que era la parte trasera del hostal, el cual ahora

empezaba a convertirse en un mar de llamas.

   - ¿Qué demonios está pasando?, ¿Quiénes eran esos? – preguntó Federico, el cual

parecía ser el nombre del misterioso caballero de traje claro.

   - Parece que un grupo de rebeldes indios atacaron a un grupo de soldados

británicos que llegaban al hostal – respondió el hombre del turbante - ¿y tú?, ¿qué

hiciste con los archivos? –

   - Quemé todo, no te preocupes por eso -

   Alice aún se encontraba agitada, respirando como nunca en su vida al tiempo que

examinaba al par de hombres que hablaban entre sí en español, pensando que tal vez

no había sido buena idea en seguirles sin resistencia, pero también pensó que si fueran

los compañeros del sujeto de New Exeter, ella ya estaría muerta. Miró por el espejo

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retrovisor el humo que salía del edificio y pisando el freno del auto, aun cuando este

estaba casi debajo del pie del conductor, lo detuvo en seco. Los otros dos ocupantes,

completamente sorprendidos vieron como Alice abría la puerta solo para correr hacia

el caos del que habían huido. Sin esperar un segundo más, Federico se lanzó fuera del

auto, corriendo de tras de Alice, sujetándola mientras trataba de calmarla - ¿qué

demonios te pasa? – le preguntó en medio del forcejeo.

   - ¡MI HERMANA!, ¡MI HERMANA ESTA AHÍ ADENTRO! – gritó Alice, justo

antes de ver como una sección del edificio era arrojada a todas direcciones a causa de

una tremenda explosión en su interior.

   - ¡Dios!, ¡los indios deben de haber llevado explosivos consigo! – gritó Federico al

tiempo que soltaba a Alice, pero ella ya no gritaba, ni se estremecía, solo se dejó caer

sobre sus rodillas con la misma intensidad con la que las lágrimas de sus ojos bajaban

por su rostro. Ahora estaba en shock.



   El estallido había sido demasiado fuerte, les había arrojado al suelo y hacia que sus

oídos zumbaran horriblemente al momento de levantarse, para seguir buscando la

forma de alejarse de ahí. Habían tenido suerte, salieron de aquella masacre justo antes

de que toda la construcción empezara a quemarse, pero no lo bastantemente pronto

como para evitar la onda expansiva. Isaac estaba en mejores condiciones que

Elizabeth, al menos eso parecía, aun cuando se le notaba cierta cojera del lado

izquierdo. Sin embargo, estaba desorientado, creía recordar el lugar donde había

estacionado el tipo 82, pero lo que el humo dejaba ver de las calles, lucía muy diferente

de lo que recordaba de la noche anterior. Su brazo sujetaba fuertemente la cintura de

Elizabeth – estas herida, déjame ayudarte – le dijo mientras trataba de levantarla y

colocaba su brazo izquierdo entrono a su cuello, pero ella retiró su brazo y dándole un

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leve empujón lo colocó en frente de ella al tiempo que lentamente abría la boca, pero

en vez de decir algo, solo la movía, entrecerrándola y abriéndola una y otra vez

mientras ponía su mano junto al oído. Parecía que se había quedado sorda por la

explosión, además de mostrarse tan desorientada como el cazador, pero aun así, no

parecía querer tener contacto con este.

   Un disparo salió de la nada y chocó contra la pierna izquierda de Isaac, haciéndole

dar una serie de pasos como entre tropiezos, antes que el dolor le obligara a caer entre

gritos y maldiciones. Elizabeth, totalmente descubierta, se dio la vuelta, viendo como

el tirador seguía apuntando su arma mientras se les acercaba con rapidez, pero a solo

tres pasos de ella, Isaac logró levantarse casi de milagro, sus ojos obscuros ahora

parecían tener un halo endemoniados alrededor y sus dientes crujían con fuerza.

Inmediatamente se posicionó frente a Elizabeth, tratando de cubrirla, al tiempo que

levantaba rápidamente una escuadra que recién había sacado de su bota al estar tirado.

Pero antes de poder cobrarse la herida, el atacante disparó una segunda vez y le hirió

en el hombro derecho, obligándole a tirar su arma mientras se cubría la herida con su

mano izquierda.

   El tirador dio los últimos pasos con más calma, levantando ligeramente su arma y

golpeando a Isaac con fuerza, todo frente a una Elizabeth que solo reaccionaba lo

suficiente para dar un grito ahogado, el cual se callaba tan rápido como el sujeto frente

a ella la empujaba y le abría el saco en busca de algo, solo con un segundo forcejeo

logró abrirle la camisa, descubriendo al pequeño colguije de plata que se anunciaba

ahora como un tesoro. Sin esperar un segundo más, el extraño sujetó el pendiente,

jalándolo con fuerza, esperando la ruptura de la cadena, pero en un fastidioso giro de

suerte, la cadena soportó el jalón. Un segundo y tercer intento con mayor fuerza solo

provocaron daño en el cuello de Elizabeth, la cual entre lágrimas e insultos, empezaba

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a presentar resistencia mientras sujetando el medallón con una mano, trataba de

golpear a su agresor. La escena ya no parecía una ataque, sino una especie de pelea

infantil, donde los contendientes solo buscan arrebatarse un juguete o un chocolate,

pero cuando el hombre sintió como la mano de Elizabeth tomaba el pañuelo con el

que se cubría la cabeza, creció en él la desesperación por detener el forcejo, y dándose

cuenta que no le quedaba más remedio, la golpeó de la misma forma en que lo había

hecho con Dreadnought, silenciándola en el acto. Elizabeth solo pudo mirarle

sorprendida justo antes de desplomarse sobre su peso. Una vez noqueada el extraño la

recargó sobre su espalda, listo para llevársela consigo, aunque medio arrastrándola. En

todo caso aquello le parecía mejor que arrastrar un cadáver.

   - ¡Philippe!, ¡¿Qué demonios esperas?! – gritó un hombre alto y atlético con un

paliacate rojo en la cabeza.

   - ¡Cállate y ven a ayudarme Antón! – respondió el sujeto que cargaba a Elizabeth

igual que a un bulto cualquiera.

   Antón obedeció de inmediato, corriendo y colocándose detrás de su compañero,

sujetando a Elizabeth entre sus brazos, cuando de pronto una mano se alargó y le

sujetó con fuerza el tobillo. Antón se espantó a la vez que giraba la cabeza hacia atrás y

hacía abajo, viendo como un sujeto herido usaba todas sus fuerzas para detenerlo.

    - Quieto perro – le dijo Antón antes de darle una patada en la cara y comenzar la

carrera.

   Un par de siluetas desaparecían entre el polvo y la ceniza que todavía dominaban la

calle, al tiempo que los gritos empezaban a convertirse en los sonidos dominantes

ahora que los disparos iban silenciándose y las personas por fin empezaban a desechar

el frenesí y el terror que hace tan poco habían dominado sus vidas. Entre la poca

quietud que empezaba a surgir, un par de manos se movían lentamente, aferrándose

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con fuerza a cualquier cosa que se encontrara a su alcance, arrastrando por el suelo la

figura ensangrentada de un hombre, hacia lo que en medio de la nada, parecía ser un

pequeño automóvil color caqui.



                                           …



   - Ha estado muy silenciosa, es posible que el trauma haya sido muy fuerte para ella

– dijo el conductor refiriéndose a Alice, ahora en el asiento trasero del automóvil,

mientras se quitaba el turbante de la cabeza de un solo movimiento.

   - Por ahora hay que dejarla descansar, ya nos ocuparemos de ella cuando lleguemos

y descansemos un poco – respondió su copiloto y añadió – lo que me preocupa es lo

del ataque -

      - Te digo que lo más seguro es que hayan sido solo uno de tantos grupos anti

británicos. Cada vez hay menos, pero se han vuelto más extremistas este último año -

   - Analiza lo que estás diciendo, no te parece raro que supieran exactamente cuando

y donde atacar, me refiero a que llegaron justo después que los británicos. Es como si

ya los hubieran estado esperando – replicó Federico.

   - Ellos también tienen sistemas de información… -

   - De acuerdo, eso es posible, pero aun así no estoy del todo convencido. Me refiero

a que atacaran a un pequeño grupo de soldados ingleses, ese es un blanco poco

significativo. Lo importante, mejor dicho, lo que me intriga es que atacaron el lugar

donde se encontraban las únicas tres personas que lograron salir de New Exeter, dos

de ellas, ahora tal vez muertas -

   - ¿Crees que tenga que ver con lo de “el sol negro”? – preguntó el conductor.




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   Federico le miró como si la pregunta fuera absurda, fijando sus ojos mientras

bajaba la cabeza ligeramente - obvio – le dijo pasando un rato.



   El recorrido fue largo, más de tres horas por un camino de tierra en medio de la

nada, en total silencio, como si los dos hombres de adelante tuvieran muy poco en

común además del trabajo, sin embargo nadie pareció estar molesto, en especial Alice,

que de no ser porque mantenía los ojos abiertos, hubiera parecido estar sumergida en

el más profundo de los sueños.

   Al final, llegaron al pie de una pequeña ladera dando vuelta en lo que parecía ser

una antigua pared de origen mogol, ahora en ruinas y aunque el camino ya no era de

tierra, sino de un conjunto de lozas, estas se encontraban en un estado bastante malo,

salteándose de vez en cuando y algunas rompiéndose por el peso del auto sobre ellas,

porque aun cuando habían sido diseñadas para soportar el peso de un elefante, nunca

pudieron contra el peso del tiempo.

   Al final del camino, detrás de un conjunto de árboles secos, casi blancos, una serie

de luces se asomaban tímidamente, alumbrando pobre y esporádicamente la penumbra

que prevalecía a su alrededor. Cuando el auto se acercó lo suficiente, se notó la fuente

de las mismas, una mansión, de estilo totalmente europeo, tan bella como maltratada,

olvidada por su señor como si hubiera sido otorgada a la India como parte de una

ofrenda personal. El auto dio una pequeña vuelta y se detuvo paralelo a la puerta

principal del edificio, un segundo después, el par de hombres bajaban de este y

caminando hacia le entrada, dieron una serie de golpes. La puerta se abrió de par en

par, en medio de un rechinido suave, casi armonioso. Un par de hombres, ambos

vestidos con gabardinas, salieron y se colocaron frente al par de caballeros que acababa



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de bajar del auto, pero al reconocerlos dieron un giro y colocándose igual que un par

de columnas se mantuvieron inmóviles.

   - Hay una joven en la parte trasera del auto, por favor llévenla lo más pronto

posible a mi oficina – dijo Federico antes de entrar por la puerta con cierto aire

déspota.



   El lugar era fresco, sin mucha humedad y la iluminación tenue y tranquilizadora, en

sí, en lugar parecía estar diseñado para calmar a la gente, como para asegurar que nadie

se desquiciara por el tener que estar demasiado tiempo allí. Todo estaba adornado de

bellos relieves y las ventanas mostraban patrones sencillos y simétricos, pero todo se

veía sucio, no tanto como el exterior, pero demasiado si se tomaba en cuenta los

detalles del interior.

   Alice se encontraba en un cuarto relativamente grande y de aspecto romano, de

fachada oscura, con pisos marmolados y columnas de piedra alrededor de hermosas

puertas de madera, como si todo aquello hubiera sido construido en el interior de una

montaña. La habitación entera, a pesar de la fina capa de polvo que la cubría, era por

decir poco, elegante, lo único que se mostraba fuera de la armonía del lugar, era una

enorme bandera en una de las paredes, la que le quedaba de frente de ella, donde había

una imagen de un globo terráqueo rodeado por ramas de olivo y atravesado por una

espada. Alice sabía que había visto aquel símbolo en alguna parte, aunque no

recordaba donde, y la ausencia de letras no le ayudaba, parecía que esto último había

sido hecho con el único propósito de intrigarla. Pero al final, incluso eso le parecía sin

importancia, si bien ya se estaba recuperando del shock, empezaba a surgir en ella una

especie de depresión profunda, haciéndole ver que ya todo en el mundo había perdido

su valor y que hiciera lo que hiciera nada cambiaria, así que para que luchar o resistirse,

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lo mejor era simplemente dejarse llevar por todo lo que sucediera ahora. Apenas podía

generar cualquier pensamiento profundo en su mente.

   De una de las puertas salió Federico con un plato en la mano y un aspecto

totalmente renovado, peinado y con un traje nuevo e impecable, aunque exactamente

igual al que le había visto antes. Al verla, se le acercó con paso firme y bajando el plato

le mostró un par de rebanadas de pan tostado – come, te hará bien – le dijo.

   - Gracias, pero lo que tengo es sed – respondió Alice, quien a pesar de su estado,

hablaba con normalidad, aunque presentaba un aspecto en extremo pálido, además de

una boca reseca que temblaba continuamente.

   - Hazme caso, mi madre decía que después de un buen susto, lo mejor era comer

algo seco, al agua no es buena – explicó Federico y al ver como Alice seguía su

consejo, continuó – por favor sígueme, tengo que hablar contigo –

   Alice lo siguió sin queja, como una oveja sin alma y apenas entraba a la habitación

buscó el asiento más cercano y se sentó, imitando la posición que había lucido en la

estancia anterior.

   - El recuento de daños allá en Delhi – le dijo Federico mientras tomaba un folder y

se lo daba en las manos, pero viendo como ella apenas lo miraba, decidió continuar

explicando el punto al que quería llegar – con todo los registros de lo dañado o

destruido, no hay reportes de ningún kubelwagen tipo 82, color caqui, que se haya

encontrado después del incidente –

   Alice pareció entender un poco el significado de lo que quería decir Federico, pero

al mismo tiempo, su rostro revelaba que su mente aún trabajaba en amarrar todos los

cabos para darle forma y sentido a lo que les estaban diciendo.

   Al ver esto Federico prosiguió - me parece que ustedes llegaron a ese hostal en un

automóvil que responde a dicha descripción ¿no es así?, en todo caso, si bien esto se

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

trata de un reporte preliminar, tampoco se han identificado los cuerpos de con quienes

viajabas –

   De un brinco, Alice se levantó de su asiento, su cara era ahora totalmente diferente,

llena de vida, pero lo más importante, de esperanza - ¡¿ella está viva?! – preguntó

entusiasmada.

   Federico quiso tranquilizarla, pero creyó que lo mejor era mantener cierto grado de

objetividad, el suficiente por supuesto, para no esperanzarla demasiado – no estamos

cien por ciento seguros, pero creo que es muy probable que tus compañeros hayan

logrado escapar en buen estado. En ese caso, si aún no se les ha podido localizar, es tal

vez porque se han estado moviendo a través de las rutas rurales –

   Mientras volvía a sentarse, la mente Alice ya no consideraba las posibilidades en

contra, solo se aferraba a la esperanza y a las evidencias circunstanciales como si fueran

verdades incuestionables, y si alguna parte de ella le recomendaba no animarla

demasiado, esta era inmediatamente callada por la alegría de su corazón. Esto, por otro

lado, le permitió a su cerebro empezar a evaluar su propia situación, ya que si su

hermana estaba viva, solo podría volver a verla saliendo de aquel lugar.

      - ¿Dónde estoy? – preguntó por fin.

   Federico se mostró motivado, había conseguido lo que buscaba, por lo menos a

corto plazo y ahora podría empezar con lo que más le gustaba de su trabajo, recopilar

información.

   - Veo que ya te sientes más animada, eso es bueno. Aunque me pesa decirte y creo

que es conveniente que lo sepas de una vez, que existe la posibilidad de que pases un

buen rato aquí con nosotros. Pero no te preocupes, podemos ser buenas compañías –

   - ¿Dónde estoy?, y ¿quién eres tú? – reiteró ella.




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   - Disculpa mis modales, es que me gusta mucho hablar y por alguna razón tengo la

manía de desviarme del tema, así que si en algún momento me empiezo a extender o a

aburrirte, por favor házmelo saber. Mi nombre es Federico De Aragón y Castilla, un

humilde funcionario atorado en este rincón alejado del mundo, aunque algunas partes

de estos lugares me recuerdan a mi bello Chihuahua –

   - ¿Federico? – preguntó ella, justo antes de ver la bandera que se encontraba en el

fondo de la habitación, detrás del escritorio, adornada por un par de luces que salían

de la parte baja de una repisa, casi como si aquello fuera una especie de altar, el culto

de una religión civil, donde la profundidad del rojo de la tela resaltaba la silueta de un

águila dorada con las alas abiertas, que formando un semicírculo del cual salía los

extremos de una corona de olivo, rodeaban el símbolo de aquella nueva corriente que

durante un tiempo se anunció como el peligro del mundo; la hoz y el martillo,

serenamente cruzados debajo de la estrella roja. La luz de la revolución obrera.

   – Por Dios, ¡eres un soviético! – exclamó ella con preocupación. Ella había nacido

después del inicio de la llamada revolución mexicana, pero en su infancia, había llegado

a leer sobre cómo aquel país había terminado sumido en una guerra terrible, en la cual

más de dos millón de personas habían muerto de forma horrible y donde el gobierno

democrático había sido destituido por un conjunto de hombres locos y desalmados,

motivados por las ideas y discursos de los inmigrantes rusos que había logrado escapar

del Barón sangriento. También había escuchado sobre la forma en que el famoso “Jefe

Máximo”, de quien se decía, había llegado al poder por medio del asesinato y la

traición, planeaba ya desde los veintes, despojar a Inglaterra de su petróleo, así como

de prepararse junto con Seeckt, al inicio de una segunda gran guerra. Por supuesto que

aunque todas aquellas noticias y rumores le impactaban, nunca los creyó importantes,

ni siquiera los reportes de ejecuciones en masa, o de las torturas a las que eran

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

sometidas las personas, en lo que ahora se denominaba en conjunto con centro

América; los Estados Socialistas Soviéticos Unidos.

   Posiblemente había sido por culpa de la impresión, pero Alice se levantó después

de haber terminado de hablar y se le quedó mirando a Federico, como si esperara de

él, las barbaries que se le adjudicaban al mismo Partido Revolucionario, pero él la

siguió mirando de la misma forma en que lo había estado haciendo, aunque ahora

mostraba con más profundidad una sonrisa alegre.

   - Bueno, en realidad les llegamos decir “sovietos” de vez en cuando, quizá por la

costumbre de castellanizar a lo bestia todo término extranjero, aunque ya es menos

frecuente – respondió el hombre mientras daba la vuelta y caminaba hacia su escritorio

- ¿pero acaso hay algún problema con que yo sea uno? – continuó al sentarse.

   Alice no respondió, solo se mantuvo en silencio, esperando que Federico

continuara o algo.

   - Ya sé que te pasa, te tragaste toda esa propaganda que mostraban en tu país,

donde nos pintan como unos indios salvajes destructores de iglesias, o como un

montón brutos asesinos de extranjeros – dijo el hombre - no esperaba que los ingleses

fueran tan ignorantes como esos estadounidenses. Miserables grajeros, creyéndose

todavía el centro del mundo aun cuando su país está totalmente en ruinas. Pero bueno,

qué se puede esperar de un pueblo que prefiere invertir su dinero en películas, cuando

todas sus demás industrias, patentes, incluso sus gobernantes, son comprados lenta y

meticulosamente por los demás países -

   - Los americanos serán ignorantes, pero fueron sus barcos y sus provisiones los que

nos permitieron salir con vida de Inglaterra y de Europa, o es que acaso no fueron los

yanquis, quienes los salvaron a ustedes al mover sus tropas y fabricas al sur – replicó

Alice en tono severo. Tal vez en otras circunstancias no estaría defendiendo a los

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americanos, ya que si bien, su ayuda en los primeros meses de la invasión fue de vital

importancia para millones de personas, por el otro lado, fueron los mismos soldados

estadounidenses quienes terminaron saqueando medio territorio británico con la

excusa de estar haciendo un reconocimiento del terreno.

   - Eso lo hicieron para endeudar a Europa y de paso a nosotros, olvidas que al

mismo tiempo que mandaban tropas, también forzaron a los gobiernos europeos a

firmar tratados comerciales, pero jamás creyeron que su territorio sería el siguiente en

la lista de los antiguos. Es gracioso ¿sabes?, a diferencia de ellos, nuestra larga historia

de miseria y guerra nos preparó lo suficiente como para sobrevivir otra invasión. En lo

particular, encuentro eso más que irónico, como una justicia poética -

   - Entonces, cuando los Estados Soviéticos decidieron vender petróleo barato al

hemisferio sur, a cambio de permitirles poner industrias ¿no era también una táctica de

dominio regional con base a un dominio económico? –

   - Por supuesto que no – respondió el hombre sin dudarlo un segundo – eso era

para asegurar rutas y emplazamientos militares en otros países en caso de una segunda

guerra contra Inglaterra. Caray, solo los sajones podrían reducir todo tipo de poderío

nacional a una ridícula tipología de economía especulativa. Es más, de no haber sido

porque Von Seeckt parecía preparar ya una ofensiva contra toda Europa, el

“bendecido rey” no hubiera dudado en mandarnos media flota con todas las ganas de

borrarnos del mapa. Además, fueron ustedes quienes intentaron boicotearnos. De no

haber corrido con suerte, habríamos terminado como España, sumida en la deuda y

gobernada por un parlamento pusilánime, que no es sino un mero títere inglés, aunque

dudo que el perro fascista de Ungern hubiera sido un mejor gobernante. Hasta me da

pena pensar que por entonces ustedes y nosotros nos hubiéramos juntado para sacarlo

de allí -

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   - Entonces teníamos un enemigo en común – añadió Alice, tratando de enfatizar

que el pasado común de dos naciones, no justificaría la alianza presente de dos

personas.

   - ¡Uno!, teníamos varios. Aunque lo más seguro es que ni te hayas enterado de las

guerrillas en Italia, justo antes de que Mussolini se convirtiera en el mecenas de la

resistencia europea, o en el intento conjunto que hicimos con ustedes para fracturar a

las organizaciones fascistas en la Argentina. Estoy de acuerdo en que en ese entonces,

ambas naciones tuvimos que forzarnos mutuamente a trabajar juntos, pero ahora, tú y

yo estamos en una situación similar, tenemos algo que queremos quitarnos del camino.

Un enemigo en común – respondió Federico, sacando un segundo archivo de un cajón

y aventándoselo a Alice, continuó - a los mexicanos nos interesa la creación de una

potencia mundial, como a cualquier país medianamente ambicioso, pero a diferencia

de ustedes, nos preocupa más hacerlo hacia adentro y desde adentro, no a través de la

invasión, ésta, a la larga, debilita solo al invasor por que lo hace dependiente de quienes

ha conquistado. Si bien el “espacio vital”, es la necesidad básica que mueve a los

pueblos, nosotros tenemos suficiente, quizá por eso los antiguos empezaron esta

guerra, supongo que ocupaban terrenos-

   - ¿Es por eso que se la pasan destruyendo todo lo que encuentran? - preguntó Alice

con ironía - ¿así quieren ganar y conservar su “espacio vital”?, eso es una locura, me

refiero a que ni siquiera en la gran guerra se hacían las brutalidades que ellos hacen.

Además, pareciera que los estas excusando, ¿cómo puede alguien justificar semejantes

actos? -

   - Lo dices como si nosotros fuéramos diferentes a ellos, y hablo de la humanidad en

general. No creo que ellos sean los demonios malvados que anuncian en los carteles, y

por supuesto que nosotros no somos los salvadores de la vida y la rectitud –

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   - ¡Pero atacar ciudades enteras, llenas de gente inocente! – interrumpió ella.

   - ¡Por favor! Todos hacen eso. No olvides que el primer bombardeo británico a

Ávalon, fue a Brynnwyn, una isla repleta de civiles, con casi ningún blanco militar. La

guerra de terror es una estrategia efectiva, además, no estamos aquí para hablar de eso,

por favor, lee lo que te acabo de entregar, en lo personal, me gusta pasar el tiempo

charlando con cualquiera, pero en estos momentos, para mi desgracia, el tiempo

apremia, además, de cualquier forma, los ingleses no tienen la calidad moral para

juzgarnos –

   - ¿Qué quieres decir? – preguntó Alice mostrándose ofendida, ya que lo importante

en aquella afirmación, era quien lo decía. Tal vez era cierto que la propaganda era

tendenciosa, negarlo sería una necedad, pero aunque los estereotipos reducen la verdad

de forma absurda, rara vez mienten. Los soviéticos habían sido los más grandes

patrocinadores de guerrillas en el mundo anterior a la gran crisis y a diferencia de lo

que aseguraba Federico, durante la guerra habían convertido al Caribe y a la mitad de

América del sur en su dominio particular. En el norte, Estados Unidos y Canadá

habían logrado mantenerse relativamente a salvo de su influencia, y esto, solo porque

Inglaterra se había convertido de nuevo en su señor, y en el sur, solo Brasil, gracias la

gran cantidad de capital japonés, y Argentina, aunque esta última estaba aún peor,

oprimida bajo un régimen excesivamente nacionalista y racista. Además, eran los

principales proveedores en Europa y Asia, de armas y doctrina anti anglosajona. Por

supuesto que el dominio mundial de los Estados Soviéticos era nada si se comparaba

con el de Inglaterra, y esto, por la ausencia de colonias a las cuales explotar, pero al

haber mantenido su territorio durante la invasión, a diferencia del Reino Unido, habían

asegurado una base industrial más estable que la de las islas, además que habían

terminado con los problemas civiles que en esos momentos estaban abrumando

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demasiado al imperio inglés. Era claro que el mundo estaba por cambiar y que se

crearía un mapa dominado por nuevas potencias, las cuales, después de la derrota de

los antiguos, terminarían por volverse la una contra la otra. Y el hombre en el

escritorio parecía aterrizar ese sentimiento, no solo había puesto atención en ella y en

su hermana, sino que además parecía querer utilizar todo a su favor, la información, e

incluso a su invitada, como meros instrumentos en planes desconocidos. Sin embargo,

con Isaac había decidido velar primero por su hermana y con Federico, debería de

volver a realizar aquel juramento, los soviéticos eran despiadados, se les conocía por

no tomar prisioneros, pero podía utilizarlos como parecía que ellos buscaban utilizarla

a ella, por lo menos le serían más útiles que Isaac, aunque eso no aseguraba que le

empezaran a simpatizar, ni ellos, ni sus estúpidos y ridículos reproches supuestamente

antiimperialistas.

   - Quiero decir que Inglaterra ha empobrecido a la mitad del mundo sin dar nada a

cambio. Defienden el principio de democracia al mismo tiempo que esclavizan el Asia

y el África en busca de materiales y trabajadores baratos, tratando a la gente como

mera mercancía, justo como los elfos – respondió Federico mientras con sus dedos

hacia girar lentamente un globo terráqueo frente a él.

   - ¿Acaso dices que nosotros somos iguales a los antiguos? – Alice replicó llena de

asco. Pero su mente pareció ponerse del lado del hombre que hablaba frente a ella

igual que un catedrático, al recordar imágenes sobrepuestas de todo lo que había visto

en los últimos días, de la prosperidad de New Exeter contrapuesta a la miseria de New

Delhi, de los rostros ingleses rosados y sonrientes contrastados a las caras demacradas

de los hindúes. Esto hacía que creciera en ella una culpa extraña al saberse como uno

de tantos millones de refugiados, que de manera directa o indirecta habían sobrevivido

a costa de parasitar a la mitad del mundo.

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   - Cálmate, no te equivoques. Lo que quiero decir es que ni los elfos son mejores a

nosotros ni nosotros a ellos. La moral no tiene nada que ver con la victoria, si los

ingleses logran esclavizar a medio mundo mientras los elfos fracasaron en el intento, es

porque ustedes han sido fuertes. No debe haber vergüenza en ello, lo que si critico es

la hipocresía sajona, suya y de los gringos – explicó Federico, pero cuando pareció que

iba a continuar, un hombre vestido con un pantalón negro y camisa sudada entró al

cuarto y le avisó que todo estaba listo. Federico mostró cierto desagrado, en lo

personal le hubiera gustado continuar, aunque también agradecía la interrupción – ¡por

Dios! parece que hemos pasando mucho tiempo hablando de cosas sin sentido ¿no te

parece?, al menos esto nos sirve para cambiar de tópico y volver a los temas de

interés, como el de hacerte notar que sigues sin leer lo que te pasé –

   - Sería mejor si primero me dijeras que estoy haciendo aquí – replicó ella, aunque

creía ya tenía una idea sobre lo que quería Federico. De alguna forma, su hermana y lo

que les sucedió en New Exeter estaba conectado, y quizá ella también tenía algo que

ver, más que en el solo haber sido una desafortunada espectadora.

   Federico solo se le quedó mirando y después de dar un suspiro le hizo señas, como

si moviera unas páginas imaginarias, invitándola a que de una vez por todas se pusiera

a leer la carpeta en sus manos. Ella entendió que las respuestas a sus preguntas estaban

en aquellas hojas, pero aunque no eran muchas, no estaba con mucho humor de

leerlas, así que con cierto fastidio abrió la carpeta y de inmediato sus ojos se centraron

en un par de palabras que parecían sobresalir de la página; NEW EXETER, al

instante, otra serie de letras saltó hacia su mirada; INCENDIO, BRUJO,

SOBREVIVIENTES, SOL NEGRO. Todo en la hoja se refería a aquella noche de

horror, pero lo sorprendente era el detalle con el que se describían horas, lugares y



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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

secuencias, y aunque estas últimas eran más una reconstrucción de posibilidades, eran

demasiado precisas.

   - Sé de su terrible encuentro con Salem. Sé que salieron de New Exeter justo antes

de que esta fuera carbonizada. Sé que compraron un kubelwagen tipo 82 en una tienda

que posee conexiones con los traficantes de armas, e intuyo que se dirigían a New

Liverpool cuando sucedió lo de ésta mañana, ¿estoy en lo correcto? – dijo Federico

con voz fría, metódica, más como solo completando sonidos que expresando ideas.

   Alice quedó atónita, por alguna razón aquel hombre parecía tener más información

de la hubiera esperado, casi como si los hubiera estado siguiendo desde aquella noche -

¿quién eres? – preguntó con cierto temor de la respuesta.

   - Ya te lo dije, o acaso crees que es estoy utilizando un alias, mi nombre es real, no

tendría por qué mentirte en eso, en cuanto mi nacionalidad, bueno, eso era obvio, ya lo

descubriste. Con respecto a mi trabajo, creo que tampoco tendría por qué engañarte –

respondió mientras se levantaba de su asiento y caminaba hacia una mesa en el centro

de la habitación, sirviéndose una taza de café, dándole unos sorbos a la vez que miraba

a Alice y le sonreía casi como si estuviera hablando con una vieja conocida – pero sería

mejor que te lo mostrara – y al decir esto caminó hacia la puerta y la invitó a salir.

   Ella dudó por un segundo, pero ante la imposibilidad que tenia de resistirse y

motivada por una curiosidad resignada, decidió ir hacia donde el hombre la llevara, no

podía hacer nada más en aquel lugar. Tras pasar por la hermosa sala en la que había

esperado al principio, empezó a notar la falta de personas que parecía haber en todo el

lugar, ya había visto un par de hombres, pero parecían como salir de la nada. Al pasar

por una serie de pasillos, los cuales, si bien eran más sencillos y menos elegantes que la

sala de mármol, si se encontraban en condiciones más limpias, se detuvieron frente a

una puerta de madera, sencilla, con nada de especial más que una placa de metal, vieja

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y rota, donde solo podía verse un león y una serpiente. Sin decir algo, Federico la

abrió, esperando que ella pasara primero, pero ante la quietud de Alice, él terminó

tomando la iniciativa, caminando hasta el final del cuarto. Al entrar Alice, lo primero

que vio fue un enorme ropero de madera, firmemente colocado en la pared y nada

más. El lugar entero, salvo por el mueble y el hombre a su lado, estaba completamente

vacío.

   - ¿Qué es eso? – preguntó desorientada.

   - Esto – respondió Federico mientras apretaba un pequeño botón oculto en la

pared, al instante que todo el ropero se abría como si fuera una gruesa puerta – es solo

una puerta –

   El piso vibraba, no fuerte, pero sí de manera constante a medida que el pesado

mueble giraba lentamente, revelando un sencillo pasillo de madera, donde al final de

éste, apenas podía distinguirse una extraña silueta cubierta por el sonido de miles de

pequeños golpeteos. Alice empezó a caminar por aquel pasaje, manteniendo su porte

derecho, mostrándose segura mientras se movía de forma lenta pero decidida, después

de los primeros pasos, se dio cuenta que el pasillo era más largo de lo que había

parecido en un primer instante y al llegar a lo que parecía ser el final del camino, trató

de acercarse a una extraña sombra en medio de la habitación, pero antes que pudiera

enfocar mejor, una serie de focos se prendieron de repente revelándole un par de

enormes dientes. Ante la sorpresa, Alice dio un salto para atrás, chocando con el

pecho de Federico, al girarse vio como éste tenía sus dedos en un interruptor de luz y

al dar de nuevo la media vuelta, pudo ver, ahora a detalle, la figura de un castor

disecado, bastante grande y bastante bien hecho, semi erguido, con las patas delanteras

despegadas de un pequeño pilar de madera, sus ojos negros, muy brillantes como para



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ser los de un animal vivo y su boca, ligeramente arqueada, como saludándola con una

sonrisa

   - ¿Qué demonios es esto? – preguntó ella aún sobresaltada, aunque también con

enojo.

   - Es un castor – respondió Federico con simpleza.

   Ella se dio la vuelta y lo miró fijamente, frunciendo el ceño y abriendo los parpados

– eso ya lo sé, lo que quiero saber es que hace ahí –

   - Ya estaba ahí cuando encontramos éste lugar, lo dejamos porque nos divierte ver

la reacción de la gente cuando lo ve, además parece como si estuviera allí para saludar a

los visitantes, pero lo mejor sería continuar – le dijo antes de sujetarla del hombro y

dirigirla hacia otro pasillo, uno que se encontraba de forma perpendicular al que habían

entrado. Al dar solo un par de pasos, se encontraron ante un escenario completamente

distinto al resto de la mansión, varias mesas llenas de radios y telégrafos, todos

funcionando al mismo tiempo, sumergiendo al caótico movimiento de personas en un

sinfín de sonidos mecánicos y ruidos ininterrumpidos de pisadas. Gente, toda la que

fácilmente hubiera cabido alrededor del edificio, estaba concentrada en un cuarto que

se sentía demasiado pequeño ante tal aglomeración. Cuando entraron nadie les prestó

atención, solo continuaron con su tranquilo ajetreo, Federico la empujó con suavidad y

la dirigió hacia una tarima en la parte posterior de la habitación.

   - ¿Te gusta? – preguntó Federico al abrirse de brazos, como queriendo abarcar la

totalidad del lugar, pero ella no respondió, aunque sí miraba con asombro todo el

lugar, poniendo énfasis en un enorme mapa de la India, donde una serie de puntos

marcados con rojo pasaban desde New Exeter hasta New Delhi, por supuesto que

había más lugares marcados, pero estos no le importaban.

   - ¿Qué es todo esto? - preguntó ella - ¿dónde estoy? –

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   Él la miró y con una enorme sonrisa le dijo – este, es el mundo mágico detrás del

ropero -

   El mismo escudo que había visto en la sala de piso de mármol, ahora aparecía por

segunda vez, grabado en cada columna de la habitación, pero ahora, por fin se le

revelaba a Alice su significado. Se dio cuenta de lo tonta que era, durante todo este

tiempo había tenido la respuesta en sus natrices, aunque el haber resuelto el enigma no

era un gusto en sí. Ahora se daba cuenta de la magnitud de la situación y que todo el

asunto parecía ir mucho más allá de los soviéticos. Ahora se encontraba en la esencia

misma de la guerra.

   - La Interpol – dijo ella con los ojos bien abiertos.

   - Así es, por mi parte y la de muchos aquí, somos del servicio de inteligencia

soviético, pero en estos momentos estamos trabajando de manera conjunta con la

Interpol -

   - Eso quieres decir que trabajas para “el verdugo”…– respondió Alice con

preocupación y desprecio.

   - Ah sí, Heydrich. Veo que eres tan lista como hermosa. Pero no, no trabajo para él.

Sino con él. Además, ¿Por qué tanto enfado?, ¿acaso te hizo algo?, porque dudo que lo

conozcas en persona - interrumpió Federico sin mostrar inconveniente.

   - Heydrich es un monstruo… mando matar a millones de personas solo por ser

sospechosas de brujería, sin juicio ni nada –

   - Veo que eres rara. Primero condenas a los antiguos por atacar ciudades y ahora a

los humanos por sacarle provecho a alguien como Heydrich – respondió Federico,

aunque para no volver a caer en una nueva serie de debates continuó de inmediato –

por supuesto que el hombre es un maldito, además de que es un perro manipulador,



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pero eso no le niega que es en verdad eficiente y sin él, tendríamos más problemas en

casa que en el frente –

   - Eso no cambia en nada las cosas – empezó ella – primero descubro que eres un

maldito rojo y ahora vienes con que estas con Heydrich, acaso es esta la forma en que

quieres convencerme de ayudarte, ¡mostrándome la clase de escoria con la trabajas! –

dijo casi en medio de un grito, haciendo que toda la sala se detuviera en el acto y que

todos los presentes se le quedaran mirando sorprendidos.

   Federico quitó la sonrisa de cara y con una simple mirada indicó a todos seguir con

lo suyo – escucha – le dijo – no me importa en qué concepto nos tengas, pero en lo

personal me gustaría que pudiéramos trabajar bien. Ambos podemos obtener

beneficios del otro, todas las personas inteligentes lo hacen, simplemente aprenden a

trabajar sin que sus sentimientos o creencias los molesten. Si un compañero como

Anielewicz puede soportar a un puerco racista como Heydrich, entonces creo que tú y

yo, estamos en mejores posibilidades –

   - ¿En eso resumes todo?, utilidad, veo que eres más capitalista de lo que dices.

Acepté arriesgar mi vida con una bestia, pero porque su propia irracionalidad le hacía

menos malvado, ustedes son diferentes. Con ustedes no hay garantía de un acuerdo

real, o me dirás que realmente me aseguran la protección de mi hermana y la mía,

¿acaso nos llevaran sanas y salvas cuando todo esto termine? –

   - Tienes idea de lo que estás hablando, o solo estas conjeturando cosas, eres muy

lista, pero tu mente se aferra a la primera idea que se le presenta. En verdad dudo

mucho que conozcas la magnitud del problema… -

   - ¡Eso no me importa! – gritó ella, provocando la misma reacción del personal que

hace rato, lo que Federico arregló con una segunda mirada – el punto es que yo no

sería sino una herramienta, de una forma u otra… -

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    - Es mejor tenernos de tu lado, que en tu contra, ¿no lo crees? – le interrumpió

Federico con brusquedad.

    Alice calló en seco, dándose cuenta que no podía hacer nada en sus condiciones. Ya

había pensado en las ventajas de tener más gente a su alrededor, la seguridad

aumentaba, para ella y para Elizabeth, pero no podía evitar su comportamiento. La

Interpol cambiaba todo el panorama. La organización había empezado como un

sistema de coordinación de entidades policiales en el mundo, pero durante la gran

crisis sirvió como un aparato de espionaje, primero en Europa y luego en otros

continentes. En la actualidad, mientras las Naciones Unidas mantenían los esfuerzos

coordinados de los Aliados en el frente, la Interpol mantenía la seguridad en los

territorios libres, pero todo, acosta de brutales ejecuciones y de violaciones a los

derechos de las personas. ¿Realmente valdría la pena trabajar con ellos?, pensaba Alice,

¿o los beneficios a corto plazo no serían los suficientes como para justificar todo eso?

Ante el dilema, bajó la cabeza, y abrazándose a ella misma, asintió en silencio.

    Federico suspiró y tras acompañarla en su quietud un rato, le dijo - dime ¿has

escuchado sobre las sociedades esotéricas y aquelarres de brujas y hechiceros que se

estuvieron realizando en Europa, durante la década de los treinta y principios de 1940?

-

    Alice asintió – todo mundo ha escuchado de eso, pero creí que solo habían sido

cuentos fabricados para condenar a los colaboracionistas, así como también a todo

aquel se opusiera a los nuevos señores feudales de Europa oriental -

    – Por desgracia, en parte tienes razón, pero eso no quiere decir que todo haya sido

mentira. Las sociedades fueron reales, de hecho, las centrales de inteligencia de varios

países ya conocían centros de reunión, líderes, ritos, absolutamente todo de aquellas

asociaciones, incluso antes de la guerra, pero solo hasta después de la invasión antigua,

                                                                                     303
EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

se consideró que las mismas representaban un peligro hacía los diferentes estados y

organizaciones internacionales. Así que cuando se empezó con la liberación de Europa

también se dio inicio a la cacería de brujas, literalmente hablando. La prioridad era

eliminar rápida y eficientemente la mayor cantidad de posibles amenazas a las nuevas

administraciones aliadas en el continente, es por eso que no se ocuparon juicios, solo

hoyos en la tierra – la naturalidad don la que hablaba Federico, hacía que Alice se

llenara más y más de asco, al punto que estuvo cerca de mandarlo al demonio, pero se

repetía a si misma que, aún a su pesar, aquel hombre era quizá el boleto más seguro

para ver de nuevo a su hermana - lo único que es mentira es que todos los grupos y

todos los brujos fueron ejecutados, muchos escaparon. Los hemos estado cazando

desde entonces, pero como se han reducido en número y han aprendido a mantener

un perfil bajo, bueno, se nos ha hecho cada vez más difícil encontrarlos –

   - ¿Y eso me afecta por…? – preguntó Aluce, no por ignorancia, sino para

comprender mejor el papel que ejecutaría de ahora en adelante.

   - Por Salem. Después de varios meses por fin encontramos rastros de actividad del

sol negro y ustedes parecen ser los blancos que buscan, la razón, eso no lo sé con

exactitud. Al principio decidimos solo seguirles, pero después de esto, lo mejor sería

hacernos cargo de su seguridad –

   - Entonces soy solamente una carnada –

   - Precisamente – respondió él con brutal sinceridad – pero eso no tiene nada de

malo, de hecho garantizas tu seguridad y que ¿no era eso lo que querías? –

   - ¿Y mi hermana? –

   - Esa es la cuestión. No estamos seguros de a quién quieren, aunque lo más seguro

es que no seas tú, lo que nos deja a tu hermana y a Drachesohn -

   - ¿Dreadnought? –

304
—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

   Federico torció la boca con pesar y hablándole con suavidad le dijo - odio decírtelo,

pero no existe nadie que se llame así. Su verdadero nombre es Drachesohn, Vlad

Draculea Drachesohn, nacido en Baviera en enero de 1923, es hijo de Helmut

Drachesohn, miembro del Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei hasta su disolución

en 1924, este fue acusado de asesinato en primer grado en 1927 y huyó a la india con

su hijo. Eso no es de extrañar, después del fallido golpe de estado, en el que murió el

líder del partido, varios de sus miembros fueron perseguidos por toda Alemania

después de cometer actos de violencia extrema, principalmente contra comunidades

judías, empresas extranjeras y miembros de los partidos conservadores, por lo que

terminaron refugiándose en el exterior, primordialmente en Argentina, Italia o Rusia –

le dijo Federico, tanto como para practicar su memoria como para ganar más a

confianza de Alice, esto último le sería vital si todo salía como se había planeado – por

desgracia, el hijo salió aún peor –

   - ¿Qué quieres decir? – preguntó ella.

   - Vlad D. Drachesohn, es acusado de homicidio múltiple. A los diez años, torturó y

mató a una familia musulmana en New Delhi, además de cometer varios asesinatos

durante los siguientes siete años, aunque nunca se le pudo demostrar su participación

en dichos crímenes. Tuvo suerte, de haber matado a un europeo, ahora tendría a

medio mundo encima -

   Todo tomó un horrible sentido en la cabeza de Alice, la forma en que él la había

mirado aquella noche, su manera de ver a la gente, incluso la forma en que había

intentado matar a Salem en la fábrica. Su nombre, sus contactos, todo. Isaac no era

solo alguien agresivo, o un oportunista, ni siquiera una bestia, como ella había creído,

era peor, era un homicida y su hermana estaba con él. Llegó a pensar que él sentía algo

por ella, y que eso le impediría hacerle daño, pero esta revelación cambiaba todo.

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

Heydrich, la Interpol, los soviéticos, todos también eran unos asesinos, pero por

cuestiones de poder o política, incluso, por la guerra, pero no por necesidad. No como

Isaac.

   - Tengo que encontrarla. A Elizabeth, ¡tengo que encontrarla! – dijo en voz alta

mientras se maldecía una y otra vez por haber sido tan ciega y estúpida, creyó que

había hecho lo correcto, aún a costa de su vida, pero al final había ocurrido lo

contrario, ella había logrado mantenerse a salvo y había condenado a su hermana a una

suerte horrible, a morir a manos de los brujos, o morir a manos de quien se suponía

debía protegerla.

   - Por eso estas aquí – le dijo Federico al tiempo que ponía sus manos en sus

hombros con suavidad, tranquilizándola con su voz – ayúdanos a encontrar a esos

malditos, ayúdanos a encontrar a tu hermana y te prometo que todo resultara bien para

todos –

   Alice bajó los brazos en medio de un llanto silencioso, sintiendo como la culpa

invadía cada pedazo de su cuerpo y cada respiro de su alma. Ante el rio de lágrimas

que crecía a cada instante, se llevó las manos a los ojos, en un intento vano por tratar

de detener el lloriqueo. Federico se dio la vuelta y tomando un asiento lo puso al lado

de Alice, tomándola con una delicadeza más propia de un padre y la ayudó a sentarse.

Lentamente abrió la boca, solo para cerrarla de inmediato, pensó que sería más

conveniente no añadir nada, eso podría afligirla más, y la necesitaba entera, y pronto.

Sin decir algo más, se irguió y dando la vuelta miró a todos lados, fijándose que todos

estuvieran trabajando, evitando poner atención en lo que no les incumbía, pero antes

de dar el primer paso sintió como una mano le jalaba la manga del saco




306
—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

   - Te ayudaré en todo lo que pueda, solo ayúdame tú a salvar a mi hermana – le dijo

Alice al verle a los ojos, mientras mostraba una expresión llena tanto de desesperación

como de determinación, una combinación peligrosa a la hora de tomar decisiones.

   - Te prometo que recuperemos a tu hermana sana y salva. Por ahora, solo descansa

– le dijo antes de bajar de la tarima y dirigirse a la salida. Alice le vio partir, sereno y

confiado, y espero no estar cometiendo el mismo error que había cometido con el

cazador, al cambiar una bestia por otra, sin embrago también se repetía a si misma que

debía tener confianza, no le quedaba otra cosa. Pensaba mientras oraba, por primera

vez en años, poniendo atención solo a sus pensamientos, viendo como Federico se

alejaba más y más, sin poder ver la sonrisa de satisfacción que recorría su rostro, ni sus

sombríos ojos brillando con tintes oscuros. Pero de nada hubiera servido, el pacto

podía haber sido solo verbal, pero ya estaba sellado.



                                           XIII

                                 LOCURA DE AMOR



   La luz del sol iba decreciendo al tiempo que las pocas luces eléctricas se empezaban

a encender por toda la ciudad, que por ahora permanecía muy en calma, esto, a causa

de los ataques ocurridos en la mañana, donde murieron cinco soldados ingleses y otros

seis resultaron heridos, entre ellos el capitán del grupo, esto sin contar el número de

muertos y heridos entre los no británicos, pero de cualquier forma los últimos no

serían sino números de poca importancia para el gobierno Inglés, que aún controlaba a

la India como un títere a pesar de los acuerdos de soberanía conjunta firmados en el

48. Pero el verdadero problema para la población de New Delhi sería más palpable e

inmediato que cualquier acuerdo político. Las represalias británicas no tardarían en

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

suceder, porque si bien la mayor parte de la tarde, las autoridades del gran

Commonwealth solo se habían limitado a cercar y controlar a la población cercana al

área del ataque, todo mundo sabía que en cualquier momento, se determinarían las

identidades de los responsables del mismo y con ello, las redadas, los arrestos y las

ejecuciones serían los siguientes movimientos del gobierno marioneta de su majestad.

   Pero en los lugares más marginados de la ciudad, la realidad era más constante,

siempre girando entre la miseria y la subsistencia, una franja de vida donde los

intereses del mundo exterior importaban muy poco y donde las amenazas de muerte

tenían un efecto casi nulo en la mayoría de la población.

   - Sirve más infeliz – le gritaban los hombres de un cantina, a un pobre muchacho

con un parche en el ojo, quien tímidamente se les acercaba sosteniendo los tarros de

cerveza.

   - Hay, pobrecito, no tienes un ojo – se burlaba uno de ellos - ¿dónde lo perdiste?,

¿en una apuesta? –

   - Era minero – respondió el joven camarero.

   - No, lo que pasa es que eras pendejo – respondió otro de los presentes haciendo

reír a todos sus compañeros, a todos menos a un solitario hombre, sentado en una

esquina oscura, casi apartado del resto de los suyos.

   - Vamos anímate Antón – le dijo uno de los hombres, el más cercano a él.

   - No me parece gracioso lo que le hacen el pobre muchacho, o es que ya olvidaron

como estábamos muchos de nosotros antes de unirse al grupo - respondió Antón,

haciéndolos callar de inmediato, no necesariamente arrepentidos pero si respetuosos

de las palabras que venían de quien parecía ser su jefe.

   - ¿Por qué no te fuiste con Philippe?, así hubieras estado menos tenso – preguntó

uno de los presentes.

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—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

   - Él no quería que nadie lo acompañara. Cree que es mejor que nosotros no

tengamos contacto directo con esos sujetos –

   - ¿Y por qué se llevó entonces a la muchacha esa? –

   - Fácil – respondió Antón – no quiere dejar a semejante señorita rodeada de un

montón de animales como nosotros –

   Todos empezaron a gritar y a quejarse de las afirmaciones de Antón, convirtiendo

el lugar en una sala de gritos sin forma ni coherencia, aunque graciosamente, era el

mismo Antón el único en quedar fuera del griterío y el debate. Todos sabían que

después de Philippe no había alguien a quien se le pudiera llamar un segundo al

mando, sin embargo Antón funcionaba como una especie de hermano mayor para los

presentes, aunque también podía fácilmente tomar el cargo de un brutal defensor del

orden cuando las cosas se indisciplinaran demasiado y con esto se entendía a algo más

que solo aullidos en una cantina.

   Al otro extremo del lugar, varios parroquianos se encontraban arrinconados, casi

aplastados unos con otros, temerosos de molestar a quienes parecían ser asaltantes o

asesinos, ya que la experiencia de tratar gente de esa calaña les había enseñado que

mientras se mantuvieran invisibles a sus ojos nada malo resultaría, el único que se

atrevía a verlos era un pobre anciano de ropas y aspecto demacrado, de barba larga y

sucia, tal vez los miraba por estar confundido por el sonido y la poca luz que brotaba

del nido de ladrones más que por una actitud de temeridad, sin embargo, a través de su

turbante roído y sus cejas pobladas, se podían percibir un par de penetrantes ojos

grises, fijos y sin brillo alguno de bondad, casi como los ojos de un demonio. El

anciano se levantó después de un rato, acomodándose una manta sucia que parecía

usar de abrigo y cojeando de forma graciosa, salió del lugar mientras susurraba lo que

parecían ser maldiciones e improperios. Antón era el único que se fijó en él,

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

devolviéndole la mirada, aunque de forma más discreta, sentía que había algo

inquietante en el viejo, aunque tal vez era solo por el efecto de los tragos, ya que si

bien conservaba buena postura ya sentía un leve mareo y un casi imperceptible

cabeceo, sin embargo siguió bebiendo por un rato más, disfrutando el que ya habían

terminado con éxito un trabajo más, del cual, ya tenían la mitad del dinero prometido y

Philippe regresaría pronto con el resto, además el golpe estuvo tan bien orquestado

que los británicos estarían desquiciados, culpando a los grupos de liberación indios y

en todo caso tendrían el tiempo suficiente para salir de los territorios ingleses y

disfrutar un año sabático en una de esas regiones de pronta recuperación y

relativamente poca opresión, como la Europa occidental, o los dominios coreanos del

Japón.

   Minuto a minuto, se iban tomando trago tras trago de bebidas embriagantes

mientras la mesa principal de los mercenarios, mutaba con salidas y entradas de

hombres borrachos, hasta que llegó el turno de Antón de despegarse de su asiento,

quien con calma y poco tumbos, salió por la puerta trasera del lugar para desahogar su

vejiga y volver a la felicidad del nido, pero al salir notó la oscuridad que llega a reinar

en la tierra cuando una sola nubecita osa cubrir la luna, y ante tal negrura sintió una

leve incomodidad, como si la misma penumbra lo amenazara, o como si le diera vida

una vez más al temor olvidado de aquellos meses, cuando tuvo que estar

sobreviviendo entre asesinos y prostitutas mientras trataba de salir de Francia a como

dé lugar, solo para darse cuenta que el medio de escape se había convertido en su

medio de vida. Con esto, sintió un extraño remordimiento por los rostros de gente que

jamás conoció y que solo vio morir, pero un trabajo es precisamente eso y nada más.

Jamás mató o hizo algo malo por razones personales, jamás buscó venganza, pero por

otro lado, jamás buscaría el perdón del Dios que había olvidado o de una sociedad que

310
—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

lo había olvidado a él. El único sentimiento que pensaba valía la pena sentir, era la

entrega por el hombre que le había salvado la vida, dándole una segunda oportunidad

de disfrutarla.

   “Al final, no soy culpable, ni soy asesino, solo soy una herramienta a la disposición

de los verdaderos asesinos” pensó mientras desahogaba su cuerpo y se subía los

pantalones. Pero al dar el primer paso de regreso con sus compañeros, se le vino un

terrible mareo, perdió el equilibrio de manera inmediata y se dio un sólido golpe en el

suelo, sintiéndose completamente mal, trató de recargarse en cualquier cosa que

tuviera al alcance y por suerte encontró algo metálico a su lado que le sirvió de

soporte, algo que tomó una forma más conocida cuando la luz de la luna logró

despegarse de su obstáculo en el cielo nocturno, con un pequeño tamaño y un

estacionando terrible se revelaba un pequeño automóvil caqui, ladeándose igual que un

perro pidiendo perdón.

   - Que auto tan feo – dijo al verlo con más detalle, pero de inmediato, empezó a

sentir aquel extraño mareo de nuevo. Se acercó al pequeño automóvil, sentándose en

él por un momento, tratando de recobrarse lo suficiente para volver a entrar, pero solo

logró levantar la cabeza lo suficiente para ver una extraña figura que salía de las

sombras y se le acercaba de manera amenazante, cada vez más rápido. Lleno de un

temor irracional trató de buscar su pistola, pero con cada movimiento, por más ligero

que fuera, se sentía peor y apenas pudo tomar el mango cuando sintió un fuerte

impacto en la parte posterior de la cabeza, haciéndolo caer por segunda vez. Todo

rastro de conciencia se le desvanecía de inmediato, sus miembros perdieron sus fuerzas

y sus ojos ya no podían enfocar nada con precisión. Solo logró escuchar al hombre

ante él, quien le hablaba con voz fúnebre.

   - Quieto perro –

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   - Despierta –

   Escuchó Antón antes de abrir rápidamente los ojos y empezar a girar la cabeza de

forma frenética, solo para darse cuenta que estaba en un lugar diferente a la cantina, o

a la calle detrás de ella. Trató de moverse, pero con terror se dio cuenta que se

encontraba con las piernas amarradas a un poste y sus manos, detrás del mismo, atadas

entre ellas. El miedo lo despertaba ahora por completo, dejándolo soportar el malestar

que todavía lo invadía y haciéndolo lo bastante consiente como para poder distinguir

detalles y figuras con relativa precisión.

   Intentó seguir forcejeando, pero unos pasos detrás de él le hicieron detenerse y

poner atención en lo que sucedía a su alrededor, una sombra en la pared le confirmó

que no se encontraba solo, pero se dio cuenta que tal vez aquello era peor.

   - ¡¿Quién está ahí?! – le gritó a quien fuera la persona a sus espaldas, pero al no

recibir respuesta volvió a insistir con más fuerza una segunda vez y al cabo de unos

segundos volvió a preguntar una tercera al tiempo que entraba en un estado de

completa desesperación, de inmediato, la cara de un anciano se le asomó desde atrás

del poste.

   - No me grites, o me voy a poner molesto – le dijo el viejo, con voz de mando.

   - ¡Vete al demonio maldito anciano de mierda! - respondió Antón lleno de ira -

¿quién mierdas eres…? - pero antes de terminar, soltó un horrible grito de dolor al

sentir como un objeto puntiagudo y delgado, se le enterraba en las manos.

   - Te dije que no me gritaras – le dijo el anciano mientras se quitaba el turbante,

luego el manto, luego la barba y las cejas y al final, el color de piel, revelando el rostro

de Isaac, ahora demacrado y pálido por la pérdida de sangre y la falta de descanso,

pero principalmente por las horas de angustia que, para desgracia de Antón,

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—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

terminaron por carcomerle cualquier rastro de paciencia o autocontrol. Caminando

lentamente se puso frente a Antón, cojeando todo el camino, demostrando que al

menos algo en él parecía no ser parte de un disfraz. Al avanzar un poco más, se le

pudo ver como su rostro se movía de forma extraña, temblando erráticamente como si

tuviera frio al mismo tiempo que parecía estar cubierto de sudor, pero sus ojos grises

no se movían, sino que se mantenían fijos en el joven del poste.

   - Drea… Dre… ¿Dreadnought? – dijo Antón, tartamudeando y totalmente

sorprendido de verlo, recordando la cara en la fotografía que Philippe les había

entregado. Pero también recordando, que durante el ataque al hostal, había decidido

no matarlo, viendo al mismo tiempo como la maldita ironía había convertido a la única

persona a la que había perdonado la vida, en el vocero de aquellos a quienes había

silenciado para siempre.

   - Veo que me conoces, eso quiere decir que el que nos atacaran y el que se llevaran

a Elizabeth fueron actos deliberados y planificados ¿no es cierto? – respondió Isaac.

   Antón permaneció callado por un momento, resistiéndose a caer en un shock, pero

ante la negativa de una respuesta, Isaac sacó un picahielos y se lo clavó en la pierna

izquierda, hundiéndolo y moviéndolo solo para provocarle el mayor dolor posible.

   - Ahora habla y dime todo lo que quiero saber – le dijo, justo antes de sacarle la

punta metálica, provocándole un momento de sufrimiento antes de una ligera

liberación de tensión – tu jefe, ¿A dónde se fue?, y ¿dónde está ella? –

   Pero Antón seguía sin contestar, por ningún motivo traicionaría a Philippe, además

debía de ganar el tiempo suficiente para que sus compañeros notaran su ausencia y

fueran a auxiliarle, confiaba en ellos, ya que aun estando ebrios seguían siendo

peligrosos.



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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

   - Sigues sin hablar, ¿Por qué?, ¿acaso crees que va a venir alguien a rescatarte? – la

mirada de Antón se llenó de espanto ante las palabras de Isaac, pero este solo

continuaba - ¿por qué crees que de pronto te sentiste tan mal?, fue por la bebida, la

misma que noté que tomabas muy poco. A diferencia de tus demás compañeros. Le

pagué al muchacho del parche para que les pusiera un somnífero, era de mala calidad,

pero sirvió bien. En estos momentos tus compañeros ya deben estar muertos, no por

la sustancia, sino por todos los ladrones y mendigos que supongo ya han aprovechado

la oportunidad, recuerda que es más fácil robarle a alguien que ya ésta muerto –

   De los ojos de Antón empezaron a bajar una serie de lágrimas, aunque Isaac no

pudo distinguir si estas eran por el dolor que sentía, por el destino de sus compañeros,

o por la desesperación sobre su propio futuro, pero a fin de cuentas eso era lo que

menos le importaba – si te estoy diciendo esto, es para que te des cuenta que tu vida

ahora depende única y exclusivamente de mí, solo de mí, así que te conviene

complacerme, ¿dónde está ella? – volvió a insistir.

   - No te lo voy a decir – respondió Antón, fijando su mirada al suelo, lejos de los

ojos de su torturador. Por su parte, Isaac estaba llegando a un punto de insoportable

impaciencia, sentía ya el impulso por azotarle un machete en la cabeza, pero sabía que

sin la información necesaria no podría rescatar a Elizabeth. Así que decidió quedarse

en un punto intermedio, y empuñando el picahielos se lo enterró a Antón una vez más,

ahora en el hombro derecho, como reflejando sus propias heridas.



   Los gritos de agonía siguieron por media hora mientras Isaac intercalaba

instrumentos y partes del cuerpo de Antón, pasando de instrumentos punzantes a

cortantes, de fósforos a pinzas y de martillos a serruchos, todo con una horrible

precisión, con el único objetivo de provocar dolor mientras dejaba un daño

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lejanamente letal, como si el cazador hubiera hecho todo aquello muchas veces y le

hubiera encontrado el arte.

   - Si no me respondes, puedo asegurarte que empezaré a ponerme creativo, voy a

hacerte muchas cosas, excepto matarte, y puedo asegurarte que serán cosas que no te

van a gustar ¿Dónde está ella? –

   - ¿La amas? – preguntó Antón con una voz casi irreconocible.

   - ¿Dónde esté ella? –

   - ¿La amas? – insistió Antón.

   Isaac calló, aumentando el ritmo de su respiración, fijándose en el desperdicio de

carne que ahora estaba frente a él – sí. Si la amo. Quizá apenas la conozca, pero la amo

lo suficiente como para salvarle la vida aun si tengo que arriesgar mi humanidad -

   Antón levantó la mirada y dijo – entonces sabes que no se puede traicionar a la

persona que amas –

   Al escuchar esto, cualquier rastro de humanidad que pudiera haber surgido en el

rostro de Isaac se desvaneció en el aire, y por primera vez desde que la brutal escena

de tortura había comenzado, una sonrisa apareció en el rostro del cazador, seguida por

una carcajada macabra - ¡mira nada más!, ¡ahora resulta que eres marica!, ¡eres un

maldito asesino y también un puto marica! -

   Antón empezaba a sentir mayor temor que él hubiera recordado en su vida.

Empezó a llorar una vez más, orinándose en sus pantalones cuando vio como Isaac

levantaba las pinzas que tenía en sus manos y se le acercaba poco a poco mientras su

cojeo le hacía lucir más diabólico - veamos qué dirá tu novio cuando te vea sin dientes

– le dijo Isaac al acercarle las pinzas a la cara.

   - ¡No!, ¡no!, ¡por favor Dreadnought!, ¡por amor de Dios ya no sigas! – gemía

Antón, tanto a Isaac como al Dios al que había negado.

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   - Dreadnought no existe, pendejo, nunca existió, ni siquiera es un apellido real, es el

nombre de un puto acorazado de la gran guerra. Él que está frente a ti, no es otro sino

uno de los hijos del diablo – respondió Isaac antes de empezar a apretar las pinzas en

el primer diente a su alcance, pero antes de continuar, pareció recobrar un leve esbozo

de calma y retrocediendo un poco, tiró las pinzas al suelo. Antón, totalmente

empapado de sudor lo veía alejarse con porte sereno, pero aun esbozando aquella

sonrisa macabra.

   - ¿Sabes?, me estoy empezando a dar cuenta que esto no va a ninguna parte, así que

mejor te digo que vamos a hacer. Primero te arrancare las uñas que faltan, luego te

arrancare los dientes y posiblemente los otros dedos, pero todo eso será solo para

perder el tiempo, solo mientras esperó a que regrese tu amorcito – dijo Isaac, dándose

cuenta que seguir con la tortura física solo era una pérdida de tiempo – y en cuanto ti,

te puedo asegurar que te dejaré vivo el tiempo suficiente, para ver como destazo a tu

jefe con la mayor lentitud posible. A menos que hables de una maldita vez –

   En este punto, Antón no pudo resistir más, simplemente la idea de ver a Philippe

en las mismas condiciones que él, de tener que verlo ahogarse en su propia sangre

mientras rogaba por la muerte, había sido demasiado. No, simplemente no pudo

resistirse más. Levantó la mirada lo más que pudo, dejando ver, a través del sudor, un

rostro lleno de angustia y desesperación, totalmente desmoralizado y a merced de su

captor, sus ojos llenos de sangre se pusieron en contacto directo con los de Isaac,

quien había retirado su sonrisa.

   - Te diré lo que quieras, pero deja en paz a Philippe, por favor déjalo en paz – dijo

Antón, desesperado por escuchar la respuesta de Isaac.

   - Entonces habla, ¿dónde está ella? – respondió Isaac con una voz ahora tranquila,

casi dulce.

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—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

   Antón reunió todas sus fuerza y trató de responder con la mayor claridad posible -

Philippe se la llevó a una subestación de energía, que se encuentra a veinte kilómetros

al sur de la ciudad –

   - Se más específico, ¿cómo llego ahí? –

   - Por la carretera a New Liverpool. Hay un camino de tierra, que empieza como a

tres kilómetros de terminada la ciudad, al lado de unas columnas en ruinas… –

   - Si, ya lo recuerdo, crecí en esta maldita ciudad, se dónde está ese camino – le

interrumpió Isaac antes de acercársele y meterle la mano en el bolsillo derecho de su

pantalón, sacándole un par de llaves y enseñándoselas en la cara – solo estaba

buscando esto, no vayas a creer otra cosa, pervertido de mierda – después se dio la

media vuelta y caminó hacia una esquina oscura, moviendo cosas, buscando algo.

Después de un minuto se volvió hacia Antón, cargando una vieja hacha.

   - ¡¿Qué vas a hacer?! – le gimió Antón.

   - ¿Tu qué crees? – respondió Isaac con frialdad.

   - ¡Te dije todo lo que querías saber!, ¡Por déjame en paz! – gritó Antón lleno de

desesperación.

   Isaac se detuvo a medio metro de él, mirándolo profundamente con su rostro lleno

de una expresión de odio - eso no fue parte del trato, imbécil – le dijo justo antes de

levantar el hacha y dejarla caer en medio de unos pobres ojos llenos de impotencia.



                                         XIV

                        CUANDO RESUENA LA CAMPANA



   Una sacudida fue más suficiente para despertar a la joven que estaba roncando en la

parte de atrás de un oscuro automóvil Volkswagen tipo 1, mientras, adelante, el

                                                                                      317
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conductor miraba como sus ojos dorados se abrían, lentamente al principio, y de

manera brusca la final.

   Elizabeth estaba asustada, pero más que nada, confundida. No sabía dónde estaba,

no reconocía nada a su alrededor, ni el auto ni el paisaje y viendo al frente, ni siquiera

al conductor. Quiso moverse pero sus manos y pies se encontraban atados, sin

embargo y de forma sorprende, no se dejó llevar por la desesperación, sino que

empezó a sentirse enojada e incómoda por la picazón que le provocaban las cuerdas.

Con esfuerzo levantó las piernas y doblándolas un poco, descargó su fuerza en forma

de una patada al respaldo del conductor.

   - ¿QUÉ DEMONIOS TE PASA? – le gritó el conductor después de casi darse un

golpe con el volante, justo antes de recibir una segunda sacudida por parte de la

molesta pasajera.

   - ¿Quién eres tú?, ¿y dónde estoy? – preguntó Elizabeth con enfado, mientras

lograba incorporarse lo suficiente para poder sentarse con propiedad y acercar la

cabeza al joven chófer, que ahora detenía el auto.

   - ¡No vuelvas a hacer eso!, ¡podrías matarnos! – le replicó el conductor, tratando de

recobrar la respiración después del susto.

   Elizabeth no escuchaba sus quejas, solo lo miraba con el ceño fruncido y los labios

apretados, su típica cara de enojo, que de hecho resultaba ser más un gesto jocoso, que

una verdadera señal de amenaza.

   - ¿Quién eres? – volvió a preguntar.

   El conductor pareció dudar un poco antes de voltearse y empezar a manejar de

nuevo, ignorando las preguntas de Elizabeth, pero la muchacha no se rindió tan

fácilmente, se reclinó en el asiento y levantando los pies una vez más, le dijo – si no




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quieres que te vuelva a patear será mejor que me respondas - pero ante la rotunda

negativa continuó – a la una… -

   - Mi nombre no importa, de cualquier forma pronto pasaras a ser problema de otro

– respondió el joven al volante.

   - A las dos… -

   El conductor seguía sin responder.

   - Y a las… -

   - ¡Me llamo Philippe Thule!, ¡¿de acuerdo?! Bien, ya te dije mi nombre, así que ya

cálmate –

   - ¿A dónde me llevas? – preguntó Elizabeth, pero Philippe volvía a su silencio

habitual.

   - A la una…- empezó Elizabeth por segunda vez, creyendo que tendría que repetir

lo mismo una y otra vez hasta que le respondieran todas sus dudas. Pero esta vez,

Philippe detuvo el auto y bajándose de este, hizo su asiento hacia adelante, tomando a

Elizabeth por el abrigo y jalándola hacia él con fuerza.

   - ¡Te vas a estar quieta! ¡¿O qué?! – le gritó en la cara.

   Pero Elizabeth, en lugar de mostrarse asustada simplemente hizo la cabeza un poco

hacia atrás y empujándola con rapidez, le metió un inesperado cabezazo a Philippe,

quien de inmediato la soltó para llevarse las manos a la cabeza.

   - ¡¿Qué demonios te pasa?! ¡¿Qué estás loca?! ¡¿O qué?! – le gritó Philippe, tan

pronto recobraba la noción. Pero cuando bajó las manos, vio a Elizabeth sentada en el

suelo, moviendo la cabeza de un lado a otro mientras apretaba los parpados y abría y

cerraba la boca, en un claro gesto de dolor. Philippe no supo que decir, estaba ante la

persona más extraña que jamás hubiera conocido, ella era como una mezcla de rareza e

infantilismo, pero también de una especie de tenacidad fastidiosa que claramente

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

constataban con un tipo de belleza que anunciaba dulzura. Pero aun cuando le hubiera

sido más fácil, el solo matarla, no hubiera podido hacerlo, no a una mujer, y menos a

una que tenía semejante cara de ángel. Por otro lado, era seguro que algunos de sus

hombres fácilmente lo hubiera podido hacer, pero de todas maneras, él seguiría

teniendo la culpa por haberlo permitido. Pero a fin de cuentas, no le importaba

mantener cierto tipo de debilidad por las mujeres, después de todo, sus compañeros le

seguían por su eficiencia en el trabajo y por respeto a sus capacidades de mando, aun

cuando al mismo tiempo lo consideraban el más blando del grupo. Además, todos en

el equipo tenían sus defectos y el suyo no era ni el peor, ni el más criticado, en ese

rubro estaba Antón y sus gustos, aunque nadie se atreviera a juzgarlo en su cara.

   Dándose cuenta del tiempo que estaba perdiendo, levantó a Elizabeth por el cuello

de su saco y zarandeándola un poco trató de hacerla reaccionar. Poco a poco Elizabeth

empezaba a recobrar la compostura y con ella, el tener que darse cuenta de la estupidez

que había realizado, es decir, nunca creyó que le saldría tan mal su intento de rudeza.

   - ¡¿Qué demonios te pasa?! ¡¿Qué eres estúpida o qué?! – le gritó al tiempo que

Elizabeth abría y cerraba los ojos con rapidez, tratando de dejar de ver los pequeños

destellos que nublaban su vista, pero el resto de su cuerpo ya encontraba la suficiente

coordinación como para retomar la patética resistencia y dando una fuerte sacudida,

logró quitarse las manos de Philippe, el cual, sorprendió por segunda vez, dio un paso

hacia tras para evitar un segundo cabezazo, pero en lugar de eso, ella se encorvó un

poco antes de dar un extraño saltito y caer con todo su peso en el pie de Philippe. Con

un gritó agudo, Philippe levantó el pie y lo agarró con ambas manos, apretándolo con

fuerza, como si aquello pudiera disminuirle el dolor, aunque recuperándose con

rapidez, pudo enfocarse en la joven mujer que se había convertido en un molestia, solo




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para ver como esta se alejaba de forma ridícula, dando salto tras salto con pésimo

ritmo aunque con sorprendente velocidad.

   Sin perder tiempo, Philippe se lanzó contra Elizabeth, dando un salto largo,

abalanzándosele y tirándola en el acto. Elizabeth azotaba en suelo con fuerza, justo

antes que un par de lágrimas salieran de sus ojos, pero en vez de empezar un lloriqueo,

se dio la vuelta y lanzando la cabeza hacia su atacante, le mordió la mano derecha.

Ante esto, Philippe dio un gemido y apretando el puño logró soltarse de Elizabeth,

solo para regresar la mano con velocidad y estrellársela en la cara. Era la segunda vez

que la golpeaba, y lo había odiado tanto como la primera, pero Elizabeth no le había

dejado otra opción, y eso había sido culpa de ella, o que acaso le era tan difícil

mantenerse tranquila, el sol negro solo buscaba el colguije, así que lo más seguro es

que a ella la dejaran en paz, muy probablemente en buenas condiciones, esto siempre y

cuando no siguiera comportándose como una lunática. En todo caso, él se aseguraría

de su bienestar, no le costaba nada, además no le gustaba la idea de verla muerta, aun

cuando tenía las marcas de sus dientes en su mano, pensó que en otras circunstancias,

él hubiera hecho lo mismo. Quizá era la edad que parecía tener, o por los rasgos

delicados que él tanto odiaba en sí mismo, pero algo en ella le recordaba su propia

vida, y más que nada le hacía pensar que su propia situación era similar a la de ella,

siendo prisionero de alguien más, y con las mismas posibilidades de huida. Ahora, por

lo menos volvía a ser tierna, silenciosa, como durmiendo serenamente, al menos eso

parecería de no ser por un horrible moretón en la mejilla izquierda, y aun sintiéndose

mal por habérselo hecho, la cargó con brusquedad y la colocó de nuevo en el asiento

trasero del vehículo, justo antes de subirse de nuevo y ver el oscuro horizonte,

pesando como aquella tonalidad armonizaba con lo que creía era su destino incierto.

Sin más, encendió el auto lleno de un sentimiento de vacío en el estómago, parte por la

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

culpa de golpear a una mujer y parte por saber que pronto estaría en el mismísimo

nido de la locura.



                                           …



   Rastro tras rastro, olfateada tras olfateada, todo parecía vacío e inútil para un

pequeño y famélico perro que buscaba cualquier cosa para satisfacer su hambre. Tanta

era su concentración, que no notó el par de luces que se le acercaban con gran

velocidad, hasta apenas un par de metros antes de encontrase cara a cara con un

enorme camión, levantando su pequeña cara solo para sentir de lleno un horrible golpe

en todo su cuerpo.

   El golpe había sonado simplemente fantástico, como una fruta de cascara gruesa

rompiéndose tras un fuerte golpe y con las energías aún más desbordadas, el cazador

pisaba el acelerado hasta el fondo. Aquel vehículo era lo mejor que hubiera podido

encontrar, no solo el peso y la potencia del mismo le recordaba la sensación que sentía

al conducir su semioruga, sino que la parte trasera se encontraba repleta de armas,

ropas y explosivos, lo necesario para empezar una pequeña guerra, o para terminar una

gran venganza. Lo que se le presentara primero. Su mente recorría una y otra vez las

escenas posibles con las que se encontraría, pero todas terminaban igual, con él, en

medio de una laguna de sangre y gente muerta, con esto, sus ojos se abrían llenos de

ansia mientras empezaba a bufar lleno de ira y emoción, y sus labios pasaban de una

macabra mueca de alegría, a un gesto de absoluta ira. La bestia había sido

completamente desatada, y no se iba a detener hasta que lograra matar a todos y cada

uno de quienes habían osado perturbarla.




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                                            …



   Sin la constate amenaza de una violenta interrupción, la última parte del trayecto

había sido más tranquila, aunque eso no quitaba que Philippe se diera vuelta de vez en

cuando, para revisar que todo siguiera en orden en la parte de atrás. A la distancia, una

enorme silueta empezaba a definirse levemente de entre las sombras, aquello era una

subestación inaugurada un día antes del martes negro, el inicio oficial de la crisis

económica de 1931, cuando todavía el mundo consideraba de forma infantil, que una

caída de las bolsas, por más importantes que fueran, era algo tan grande e impactante

como para ser definido con la palabra “crisis”, cuando ahora el significado de la misma

palabra había cambiado, o tal vez, había recobrado su verdadera acepción; “la gran

crisis financiera” era ya solo un término con el que se referían aquellos quienes

trataban de abrir posibles mercados entre los países beligerantes, humanos o no. Pero

para el resto de la población, “la crisis” se refería a una de las peores etapas de sus

vidas, un tiempo en el que todo se perdía, desde posesiones, hasta familiares y amigos,

y todo de forma tan horriblemente caótica y veloz, que parecía que todo el mundo se

desgarraba. Tal vez hubiera alguien en el mundo, en alguna parte olvidada del globo,

que no hubiera sentido aquellas pesadillas en carne y hueso, pero ese no era su caso, él

había estado en el epicentro de la invasión; Europa, el continente con mayor

porcentaje de bajas, la perla misma de la conquista antigua, y la primera parte del

mundo desgarrado que ahora volvía a sentirse completo de nuevo. Rusia poseía un

muy buen crecimiento, pero en materia de desarrollo, seguía siendo uno de los países

más atrasados del mundo, y las Américas por su parte, invertían muy poco en muchos

rublos, desde los gastos que eran para calmar las tensiones sociales como películas,

canciones y drogas, como en Estados Unidos, o en investigaciones locas de patentes

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europeas, principalmente en Argentina, y en un punto extraño, los Estados Soviéticos,

como uno de los principales soportes de la guerra, produciendo la mayor cantidad de

armas y municiones a nivel mundial, satisfaciendo tanto a los ejércitos y a las

resistencias, así como a los grupos terroristas, alimentándose de la división del mundo,

intentando levantarse como un imperio mundial en medio del caos que fomentaba.

Quizá los que mejor utilizaban su potencial eran los japoneses, ya desde el 38 se habían

convertido en la única nación asiática que podía rivalizar con los europeos, y desde

entonces, empezaron la expansión de sus modelos culturales alrededor de los países

vecinos. Claro que le parecían extraños, eran como maquinas, pero hechos así de

forma voluntaria a través de una disciplina y una voluntad demasiado férrea,

insoportable para cualquier occidental. En cualquier caso, Europa, su Europa, seguía

siendo en él, el sueño dorado y pronto tendría le suficiente dinero como para volver y

empezar una nueva vida, una digna y honesta, aunque también creía que ese era ya un

sueño imposible, sin embargo, le servía como una excusa para seguir viviendo, así

como para soportar la deprimente forma de vida de la cual se alimentaba.

   Él, en cuyas venas corría la sangre de reyes, se había degradado a vivir como las

ratas.

   Un par de luces se encendieron de repente, girando de manera brusca y

concentrándose en el pequeño automóvil que se acercaba al tiempo que las puertas se

abrían de par en par, como ansiosas de recibir visitantes después de tanto tiempo de

evidente abandono. Tras unos instantes, el Volkswagen entraba de manera tranquila,

deteniéndose a pocos metros de una extraña pared de personas, todas, vestidas de

negro y cubiertas con largos mantos que les tapaban las caras. Al unisonó sonrieron

cuando vieron a Philippe bajarse del auto y cargar a Elizabeth.




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   - ¡Muy bien!, ¡muy bien! – dijo un hombre alto que se le acercaba con claro

entusiasmo, y quitándose la capucha descubrió el rostro alegre de Rudolf.

   Philippe lo miró a la cara, pero siguió avanzando sin detenerse, no quería pasar

siquiera un minuto escuchándolo de nuevo. Una vez había sido más que suficiente

pare él, aunque lo peor sería el tener que estar de frente a quien ahora se le presentaba

a lo lejos, esperándolo igual que la trampa al oso; Erwin Torre. Con cabellos blancos y

rostro robusto, de pie, erguido como un árbol, impávido, sin gesto alguno y con un par

de ojos azul celeste fijos en cada uno de sus movimientos, Philippe se sentía nervioso

ante él, como si aquel hombre pudiera leerle la mente, o arrancarle el corazón con sus

ojos, pero mantuvo el paso, incluso se mostró calmado, casi digno, por lo menos más

que todos los extraños monjes a su alrededor. Con un último paso quedó junto a

Torre, de pie, en el filo de la entrada a las instalaciones, su figura se veía diminuta

comparada con la persona de negro, aún más por su ligero encorvamiento pues se

encontraba sujetando a Elizabeth por el brazo y la cadera.

   Tras un instante de silencio, Torre se dio la media vuelta y con pasos largos entró

en el largo pasillo que estaba a sus espaldas, seguido por sus hombres, casi como si

estos fueran solo ovejas, o perros tras su dueño. Philippe se quedó quieto y en silencio,

ya había visto antes a Torre, y sabía que aquel no era su verdadero hombre, solo el que

usaba ante él, aunque en realidad casi no habían compartido muchas palabras. Decidió

esperar un poco antes de seguirles, pero antes de dar su primer paso, sintió un ligero

golpe en su hombro al tiempo que vio como Rudolf levantaba el otro brazo de

Elizabeth y la ayudaba a cargarla. Philippe le aceptó la ayuda, creyó que era lo mínimo

que merecía después de todo aquel cansancio, aunque al mismo tiempo aceptaba que

Rudolf, tal vez era menos molesto de lo que había pensado, al menos por ahora,

mientras se mantenía callado.

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

   - Sabia que podías lograrlo, en realidad estamos muy agradecidos con lo que has

hecho… – le dijo Rufolf a un Philippe, que lamentaba profundamente tener que

empezar a escuchar aquel parloteo.



   Después de un lento caminar, que se sintió aún más largo por la incesante platica de

Rudolf, los dos hombres llegaron ante un salón impresionante, rodeado de un

conjunto de pisos abiertos, los cuales formaban un enorme cuadrado en el centro,

donde una especie de enorme campana negra se erguía como un monumento extraño.

Alrededor de esta, un conjunto de hombres, todos vestidos con batas blancas, la

revisaban constantemente y de forma tan meticulosa que apenas notaron cuando Torre

y su sequito hicieron su aparición. Philippe, por otro lado, estaba sorprendido, por

afuera, toda la estructura parecía estar en pésimas condiciones, pero por dentro, todo,

o al menos esa parte de las instalaciones, parecía nueva, casi reluciente, como si aquel

lugar no hubiera sido abandonado durante los años de la crisis económica, es más, era

como si ésta jamás la hubiera azotado, como si simplemente la hubiera pasado por

alto. Al avanzar un poco más, vio a otra persona, una que no armonizaba con lo que

parecía el ritual de adoración de los científicos por la industria, o la marcha de

peregrinación de los monjes de Torre; era un hombre alto y de edad avanzada, vestido

con ropas sumamente elegantes, esmoquin negro, abrigo largo y un reluciente

sombrero de copa, sosteniéndose en un bastón de cabeza plateada mientras

contemplaba el ir y venir de los hombres de bata, con un garbo lleno de orgullo.

   - Lord Hopkins, usted que siempre anda tan bien vestido, ahora decidió arreglarse

aún más, ¿por qué tanta pompa? – le dijo Torre con gentileza al acercársele.




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   - Quise estar presentable para cuando la hagan funcionar. Debo de admitir, que no

recuerdo haberme sentido así de emocionado que desde que era un niño – respondió

el caballero de esmoquin.

   - No hay nada raro en eso, todos nos sentimos así en estos momentos - le

respondió Torre, pero el Lord apenas lo escuchaba, él solo seguía concentrado en lo

que estaba seguro, significaba el fruto de su inversión, la forma de su venganza, la

última arma de guerra. Diseñada a partir de los miles de planos y teorías alemanas

sobre levitación, construida a través de miles de gastos en personal y material, todo,

consagrándose a un único fin, algo que la sociedad del sol negro compartía con él, algo

que le habían jurado conseguir; un mundo como el de antes. La venganza y la

esperanza, el odio y la ilusión llenaban su corazón y mente mientras recorría cada

milímetro del aparato con sus ojos, saciándose en lo único que le quedaba, pero al girar

un poco la cabeza, dio un salto de sorpresa al ver al par de hombres al lado de la joven

desmayada, mientras sus ojos oprimían las arrugas a su alrededor al momento de

abrirse, de inmediato, soltó el bastón y empujando a Torre, dio unos pasos

inesperadamente rápidos para alguien de su edad, hasta llegar hacia Elizabeth.

   - ¡Por la Virgen María!, ¿Qué demonios pasó aquí?, ¡¿Qué hace ella aquí?! – le

preguntó lleno de indignación a Philippe mientras lo sujetaba del saco con fuerza.

   - ¡Suéltame viejo! – le gritó Philippe al quitárselo de un movimiento. El viejo, sin

seguirle replicando, se dio la media vuelta, y mirando directamente a Torre le gritó -

¿qué se supone que está pasando aquí?, quiero una explicación y de inmediato –

aquello realmente era una sorpresa para él, por supuesto que había escuchado de la

desgracia que había sacudido a New Exeter, por lo que suponía que aquella jovencita

ya estaría muerta. Ciertamente aquello le había afectado, no tanto como para quietarle

el sueño, o distraerlo de sus planes, pero al verla en ese lugar y en esas condiciones, sus

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reproches internos estallaron por dentro. Se suponía que el sol negro traería “la llave”,

un supuesto artefacto arcano que serviría como fuente de energía para “la campana”, la

cual había sido construida gracias a una millonaria inversión de su parte, pero en lugar

de cumplir con su parte, Torre y los suyos no habían hecho sino llevar al reflejo de lo

que él sentía, era una imagen de lo que hubiera sido su nieta.

   - ¿Explicación? - le contestó Torre con extrañeza – pero si ahí está la llave, ¿acaso

no fue eso lo que acordamos? –

   - ¡La llave!, ¡ella! – respondió Hopkins, aterrándose con solo decirlo, llenando su

mente de escenas de horribles posibilidades.

   Torre se le quedó mirando y acercándosele con calma lo tomó del hombro y le

señaló a la muchacha – Lord Hopkins, ¿en qué concepto nos tiene?, por supuesto que

no, la llave está en el cuello de la señorita. Es aquel pendiente de plata –

   La mirada de Hopkins se calmó de repente, y dando un ligero suspiro dejó salir

toda la tensión, a excepción de un último rastro de preocupación que volvió a salir en

forma de una última pregunta - ¿y ella?, ¿qué pasara con ella? –

   Torre giró la cabeza y miró a Rudolf fijamente, como acusándolo de algo que él

tampoco sabía bien, como tratando de encontrar una respuesta inmediata. Rudolf,

asustado, levantó la cabeza e inclinándola un poco, fijo sus ojos en Philippe.

   - No fue mi culpa, por más que lo intente, no pude quitárselo. Era como estuviese

pegada a ella – respondió Philippe mientras veía fijamente a Torre, tratando de

mostrarle lo poco de la dignidad que su maldita sociedad aún no había podido

arrebatarle. Pero Torre se acercó a la joven, moviéndose como si no escuchara las

palabras de Philippe, y tomando el pendiente, lo miró con cuidado. Sus ojos azules se

abrieron tanto como dos limones, al tiempo que su boca se quedaba entre abierta, en

suma, toda su cara ahora mostraba la expresión de cualquier retrasado.

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   - ¡Por todos los dioses!, ¡esto es mejor de lo que pensé! – decía Torre una y otra vez

en voz baja, casi repitiendo aquella frase como una especie de oración.

   - ¿Entonces qué va a pasar con ella? – dijo Lord Hopkins, interrumpiendo el trance

de Torre, pero ante el silencio de este, le sujetó el hombro con firmeza.

   De inmediato, Torre se dio la vuelta, su rostro ahora mostraba la serenidad habitual

y mostrando una leve sonrisa le contestó – ella estará bien, solo le quitaremos la llave y

la dejaremos donde debe de estar –

   - ¿Pues qué espera?, ¡quítesela! – insistió Hopkins.

   - Por desgracia no es tan fácil, parece que el joven “ajenjo” tiene razón, el colguije

presenta una especie de conjuro de enlace, lo que impide a cualquiera retirarlo de

donde este ha decidido quedarse – respondió Torre, pero antes que el viejo pudiera

añadir algo, continuó – pero no hay de qué preocuparse, hemos traído expertos en el

tema, en pocos minutos tendremos la llave a nuestra completa disposición –

   Lord Hopkins se mostró un poco incrédulo ante la confianza que mostraba su

supuesto asociado, desde el principio desconfió de ellos, pero entre más pasaba el

tiempo, más se daba cuenta que el sol negro mantenía sus secretos en el más férreo

recelo, y a pesar de que él se había convertido en el mecenas de la organización, aún lo

trataban como a un extraño, como a alguien a quien se le debía de mantener en el

misterio. ¿Acaso no eran socios?, no, claro que no, nunca lo fueron, sin embargo, un

hombre de su experiencia, sabía que en las negociaciones importantes siempre se

guardan reservas entre las partes, cuidándose la una de la otra, porque como se dice,

entre dos asociados, siempre sobra uno. Por su parte, a él lo que le molestaba era que

lo trataran como a un idiota, aunque sabía sacarle provecho a eso, así que mientras

ellos parecían exprimirle cada centavo, él los había investigado. Sabía que el verdadero

nombre de Torre era Adam Alfred Rudolf Glauer, un alemán nacido en Turquía,

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fundador de varias órdenes y grupos esotéricos, de los cuales solo este quedaba. Al

final, no era sino solo un loco con suerte, aunque no se podía negar las supuestas

capacidades mágicas del hombre, en aquellos tiempos, ya no se podía estar seguro de

que aquellas afirmaciones fueran solamente tonterías o locuras, sin embargo, él

también tenía ases bajo la manga, los científicos que había contratado también tenían

entrenamiento en tiro, y todos, como buenos ingleses, eran más que buenos en ello,

además, las pistolas que usaban poseían los interiores de alfileres de hierro, los mismos

que utilizaba el ejército contra la hechicería antigua, así que de una u otra forma, podría

resolver los problemas que pudieran surgir con sus disque amigos - ¿expertos? -

preguntó con curiosidad – creí que ustedes eran los más expertos en el tema –

   - Aún hay mucho que desconocemos del mundo mi querido Lord Hopkins, de lo

contrario no hubiese fundado la orden – respondió Torre de forma inmediata.

   Hopkins rió un poco, como si aquello hubiera sido un buen chiste, aunque dando

un leve reojo, miró a uno de los hombre de bata, el cual le respondió con un leve

asentir – bueno, me informan que el aparto no tiene ningún cable suelto, así que por

mi parte, todo está completo. Solo faltaría la suya, mi querido señor Torre – dijo con

complacencia.

   Torre asintió y regresando la mirada a Rudolf, le ordenó que llevara a la joven a la

sala de ceremonia, una parte de Hopkins quiso oponerse a eso, pero creyendo que

aquello solo provocaría tensiones, se mantuvo callado, esperando que las palabras que

le había dicho Torre fueran ciertas, esperando que en verdad nada malo le sucediera a

la pequeña joven de risos dorados. Con esto, un enorme sentimiento de culpa empezó

a crecer rápidamente en su pecho, ¿realmente sería capaz de poner en peligro a una

persona inocente solo por su venganza?, aquella joven había sido lo único que había

logrado hacerle sentir alegría en años, aunque hubiera sido solo por unos momentos,

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casi como si su nieta hubiera regresado de entre los muertos solo para sacarle una

última sonrisa a su abuelo, para al final, ser entregada a las manos de un montón de

miserable.

   - Le digo que todo estará bien – le dijo Torre mientras lo tomaba del hombro. Lo

que Hopkins entendió de inmediato como una advertencia, de la capacidad de aquel

hombre de leer las emociones ajenas, así que rápidamente se dio la vuelta y

recuperando el porte, se tragó toda su preocupación y culpa y regresó caminando por

su bastón.

   - Unos minutos más y todo volverá a como era antes – dijo mientras se levantaba y

miraba de nuevo la obra de su vida.

   - Todo volverá a ser como debió de haber sido desde un principio – complemento

Torre, viendo el artefacto en forma de campana, como si acompañara a Hopkins en

sus pensamientos y deseos – como debió haber sido – repitió en un suspiro lleno de

una pasiva emoción, leve, como invocando un sueño.



   - ¿Qué demonios fue todo eso? – le preguntó Philippe a Rudolf mientras

caminaban hacia un conjunto de corredores, todos dirigidos hacia lo que parecía ser

una especie de cafetería, aunque adornada con velas y cortinas oscuras, casi como si

fuera un templo, donde en la parte superior, un enorme símbolo circular, en el que se

encontraban un conjunto de líneas rectas, como si aquello fuese el dibujo de una

rueda, colgaba en una enorme bandera.

   Rudolf giró la cabeza y le miró fijamente, pero no le respondió, tal vez porque no

sabía bien lo que estaba sucediendo, o quizá tenía miedo de contarlo, a esto, Philippe

dejó de insistir, prefirió concentrarse en lo último que quedaba de su trabajo, pensando

solo en lo poco que le faltaba para largarse de ahí. Tras unos cuantos pasos, llegaron

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hasta una especie de altar central, en el que recostaron a Elizabeth, la cual empezaba a

moverse ligeramente, como si estuviera en su cama, soñando plácidamente con

cualquiera de las cosas con las que pudiera soñar semejante ángel de oro. Philippe posó

sus ojos en ella y en sus leves movimientos. En un principio, sentía curiosidad de saber

por qué Torre había reaccionado así cuando la vio, claro que se había centrado en el

colguije, la supuesta llave hacia un poder más grande, o algo así, pero por un segundo

la miró a ella como si se tratara del premio mayor. Quizá solo eran las manías de un

viejo pervertido, una de las cosas que empezaban a creer que eran comunes entre los

alemanes, pero quisiera o no, sabía que Elizabeth no era sino una pobre inocente, la

cual no tendría por qué estar en aquel lugar, y menos con aquellos hombres. Un poco

de culpa empezó a subírsele hasta más allá del pecho, clavándosele con más fuerza a

medida que avanzaba por su garganta, pero en ese momento, mientras desviaba la

mirada en un intento por huir de la culpa, se quedó mirando una enorme lienzo, en el

que una especie de círculo gamado aparecía en el centro, justo detrás de la imagen de

una espada parecida a las romanas, pero lo que le sorprendió eran las palabras que

aparecían abajo; Thule-Gesellschaft.

   - ¿Thule? - se dijo a sí mismo, pero Rudolf, al escucharle, se le acercó y sujetándolo

del hombro le dijo – la patria original de los arios, la isla del norte del cual proviene

toda nuestra raza, el hombre superior –

      Philippe lo miró con cierta sorpresa, ya que no se esperaba ningún tipo de

respuesta – ¿Gesellschaft?, ¿Quién es ese? – le preguntó.

   Rudolf se mostró extrañado, pero de inmediato se dio cuenta de lo tonto que sería

suponer que todo mundo hablaría alemán, por lo que se limitó a traducir la expresión

– ahí dice; sociedad Thule, mi amigo –




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   - Thule – repitió un Philippe desconcertado, evidentemente no sabía nada de

alemán, pero si sabía que por alguna razón, su apellido aparecía en aquella lona como

si perteneciera a alguna marca. Durante mucho tiempo se le dijo que sus ancestros

poseían sangre de las mejores casas de Francia, y el resto de Europa, aquello siempre le

gustó, principalmente de niño, pero al ver aquella palabra, allí, y de esa forma, no pudo

pensar que se trataba solo de una coincidencia. La guerra, los antiguos, el sol negro, su

apellido, su secreto, todo tenía que encajar de alguna manera – no puede ser una

coincidencia – se dijo.

   - Las coincidencias no existen – le dijo Rudolf – es más, quizá Thule sea Ávalon, tal

vez los arios solo somos antiguos perdidos, elfos que solo desean volver a su tierra,

olvidados en un mundo gobernado por creaturas inferiores, las cuales han deteriorado

nuestra sangre al punto de casi haber destruido nuestra verdadera naturaleza –

   Philippe escuchaba cada palabra, pero no podía comprenderlas en su totalidad, no

por su significado, sino por el momento, de alguna manera su mente aún permanecía

concentrada en las palabras del lienzo, como si aquella frase le hipnotizara de algún

modo, sin embargo, su cuello se giró con lentitud y con un gesto de completa

confusión miro a Rudolf, quien le sonreía amistosamente.

   - No te preocupes, pronto volveremos a nuestro verdadero hogar, pronto todo

volverá a ser como era antes, como debería haber sido – le dijo sin quitar la alegría de

su rostro.

   De inmediato Philippe se dio cuenta de todo, y lleno de una horrible sorpresa se

quitó la mano de Rudolf de encima y dando un paso hacia atrás, se giró rápidamente,

en un claro intento por corriendo de ahí. Rudolf, por su parte, comprendió demasiado

tarde su estupidez, sin querer, había dejado que las simpatías que sentía por Philippe le

hubieran aflojado la lengua y en un intento por arreglar todo, alargó su mano y

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

sujetándolo con fuerza del brazo, le dijo – no, espera, creo que no me entendiste – sin

embargo, Philippe ya se había encarrerado lo suficiente como soltarse con facilidad, y

sin perder un segundo de tiempo, se lanzó corriendo hacia el pasillo por el que había

entrado.

   Adentro de su mente, las ideas danzaban erráticas, chocando unas con otras en un

caótico intento por organizarse, por tratar de comprender la situación, pero con cada

paso, con cada respiro, todo lo que se había logrado enlazar, era rápidamente sacudido.

Por alguna razón se sentía como si encontrara en un lugar conocido, corriendo entre

calles sucias, bajo un cielo nocturno gobernado por el humo y las ráfagas de millones

de balas surcando el cielo. Rostros sin vida amontonados en cada ventana, en cada

pilar destruido, en cada pared derrumbada, y las pisadas, si, las pisadas eran lo más

aterrador de todo, siempre avanzando en un ritmo indetenible, haciéndose más fuertes

cada vez. Todo cambiaba a su alrededor, los recuerdos sustituían al presente mientras

aceleraba la carrera hacia lo que parecía ser un destino imaginario. Por un instante

pareció recobrar el sentido de donde se encontraba, pero solo para caer más en la

desesperación al verse perdido, de inmediato, los recuerdos, aquellas escenas de

muerte y destrucción le alcanzaron de nuevo, empujándolo, obligándolo a correr otra

vez, a tratar de perderse una vez más de la realidad, cuando la vio, una inmensa mano

metálica, brillante, saliendo de la nada, rompiendo todo a su alrededor, lanzándose

contra él.

   El golpe había sido muy fuerte, casi tanto como la sorpresa de haberse encontrado

contra un obstáculo salido de la nada. Philippe trataba de ponerse de pie, pero entre

jadeos, giraba la cabeza de forma frenética, buscando la inmensa mano que lo había

atacado, pero lo único que pudo ver, fue un conjunto de siluetas a su alrededor, todas

rodeadas a su vez, por las frías paredes del lugar, pero ninguna mano, ningún cielo en

334
—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

llamas, ningún cadáver, nada. Lentamente, su jadeo empezó a ceder ante el despertar a

la realidad, y aunque su miedo seguía latente, logró obtener la suficiente calma como

para intentar levantarse, aunque al primer esfuerzo, pudo escuchar los horribles

sonidos que aún le despertaban en sus pesadillas, melodiosos, como susurros de sirena;

voces en lengua élfica.

   Sus parpados casi se entumecieron en el acto, al igual que sus manos, fundiéndose

con el frio del lugar y ahora, todo su cuerpo se volvía tan inmóvil como una estatua de

granito, solo sus ojos se mantenía en movimiento, girando, posándose en cada una de

las figuras que se encorvaban ante él, una de ellas movió su mano, y tras desprender

una especie de resplandor, sacó una reluciente espada y la colocó tan cerca de él, que la

punta se veía demasiado borrosa, como un manchón irreconocible.

   - ¡ALTO! - gritó alguien al final del pasillo, corriendo de forma precipitada,

colocándose justo al lado de Philippe y levantándolo con cuidado, manteniéndolo lejos

de la punta de la espada – él es uno de los nuestros –

   Aún con la garganta seca del susto, Philippe giró para ver la cara de Rudolf, sereno,

aunque en sus ojos se percibía cierto nivel de miedo, pero de inmediato, la giró de

nuevo, viendo las caras de quienes estaban enfrente de ellos, quietos, con aquellos ojos

claros, fijos, como animales de presa, todos con caras pálidas y rostros inexpresivos.

   - Hess, supongo. Es un placer verle, veo que ya se ha desocupado de sus asuntos en

Persia – habló uno de ellos, un elfo alto, de cabello negro y ojos grises, su cara, su

porte, incluso su voz parecía emular la idea de un enorme lobo al mismo tiempo que

se mostraba distante, como renuente a cualquier contacto con un hombre.

   - ¿Uno de los nuestros? – preguntó otro elfo, el mismo con el que había chocado

Philippe.



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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

   Ante esto, Hess movió su brazo y con un rápido movimiento retiró el ghutra de la

cabeza de Philippe, pero antes que este pudiera siquiera reaccionar, el elfo se le acercó

con cuidado, observando el par de orejas puntiagudas que sobresalían de los cabellos

del joven asustado. Al retirarse un poco, miró a Rudolf por un instante, pero

volviéndose a Philippe le dijo unas palabras en idioma antiguo. Ante el silencio del

joven, volvió a preguntar, pero al ver como se quedaba sin respuestas, se le acercó una

vez más y le pregunto en inglés - ¿quién eres muchacho? –

   Philippe no respondió, se quedó helado, perdido ante la fría mirada del elfo. Rudolf

no supo que contestar, la pregunta no estaba dirigida a él, y sabía por experiencia, que

los antiguos no toleraban respuestas que pertenecieran a terceras personas, así que solo

se acercó por la espalda, y con un ligero movimiento de hombro, empujó a Philippe.

Pero este permaneció en silencio. Un segundo empujón pareció despertarlo, pero la

reacción que provocó no fue la esperada. Con pasos temblorosos, Philippe se dirigió

hacia la pared, solo para quedarse quieto un segundo y regresarse corriendo por donde

había venido.

   - Linda forma de entretenernos, Hess – le dijo el enorme elfo a Rudolf mientras

veía la silueta del joven perderse en una esquina. Rudolf no lo escuchó, solo pensaba

en que todo aquello era sin duda su culpa, muchos de sus compañeros, incluso el gran

maestro le había advertido de su impulsividad, y sobre todo, de su incapacidad para

mantener secretos, y él sabía que no pasaría mucho tiempo antes que todo eso le

provocara verdaderos problemas.

   - Señor Dramorion, créame, ese joven es de confianza, fue él quien nos trajo la

llave, pero en todo caso debo disculparme por su actitud – replicó Hess al elfo,

tratando de dejar las cosas en claro. Los elfos, en su mayoría, siempre eran precavidos,

y ver gente desconocida no ayudaba a mantener las cosas en un estado apacible.

336
—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

    Dramorion puso su puño sobre su pecho y dando una ligera inclinación le dijo a

Rudolf – para nada amigo Hess, nosotros debemos de disculparnos por llegar tan de

repente –

    Rudolf sonrío, sintiéndose aliviado que todo se hubiera resulto sin mayores

complicaciones, había escuchado que los caballeros eran personas difíciles de tratar, sin

embargo cuando se encontraban tranquilos eran bastantes condescendientes. Pero

cuando parecía calmarse, miró al pasillo por donde había llegado, por donde Philippe

se había ido y como volviendo a su agitación, se despidió de Dramorion y corrió hacia

Philippe, con la idea de alcanzarlo de nuevo.

    Los elfos lo vieron correr sin decir nada, aunque todos pensaban en lo absurdo de

la figura humana. Hess era alto, del tamaño de un elfo bajo, pero carente de su gracia.

En comparación con ellos, era solo un barril muy grande.

    - ¿El joven? – preguntó un elfo.

    - Es probable que se trate de uno de esos desertores, o hijo de uno – contestó

Dramorion, refiriéndose a aquellos elfos que habían salido de Ávalon para emigrar a

las tierras del hombre, aunque si bien durante miles de años la migración no había sido

desconocida, desde el ascenso de la orden, había aumentado.

    - Era uno de esos creyentes de Erutulcien, el hijo de Dios, el crucificado. Vi una

cruz dorada colgando de su cuello – replicó otro elfo, uno alto de semblante sombrío y

ropajes largos que cubrían casi todo su cuerpo.

    - No - respondió otro – noté algunos rastros de vello facial rasurado. Es un

semihombre. Y por cómo nos vio, dudo que haya sabido del imperio antes de la guerra

–

    Dramorion bufó un poco. Era solo un presentimiento, pero sentía que todo

terminaría mal. Los Thule eran solamente humanos, creyentes de una falacia en la que

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

los hombres y los elfos pertenecían a una sola raza, los llamados “hipérboles”. Claro

que hubo hombres en Ávalon, de hecho, todavía los había, pero ellos nunca habían

pertenecido a su pueblo. Pero que importaba si lo que creyera Thule era cierto o no,

después de todo, una vez que consiguieran la llave, dejarían de serles útiles. Quizá les

perdonaría la vida. Después de todo, nunca se sabe cuándo se pueden llegar a necesitar

más esclavos.



   Todo había sido planeado, el sol negro, no, la sociedad de Thule y los antiguos

habían estado trabajando juntos, quien sabe desde hace cuánto tiempo, de alguna

forma habían evitado a la inteligencia aliada. Y él los había ayudado. Eso era lo peor de

todo, podía aguantar haberse convertido en un perro, pero esto ya se había convertido

en algo demasiado grande como para soportar, no lo podía saber, no conocía sus

planes a detalle, pero sentía como si su aportación en los designios de la sociedad

Thule no hubiera sido poca cosa, y era posible que por su culpa, algo terrible sucediera.

   Philippe corría como loco y con cada paso que daba, le costaba más trabajo para

mantenerse fijo, sin caerse, pero no podía darse el lujo de detener la carrera. Sabía que

tenía que hacer algo para resarcir su error, aun cuando el peso de su secreto amenazara

con destruirlo. De niño, jamás creyó que lo que entonces consideraba como un simple

rasgo gracioso, se convertiría en un sello de muerte, ¿por qué tuvo que nacer con

aquella característica?, ¿acaso su familia era antigua?, por supuesto que no, todos los

varones de su familia habían nacido con aquellas orejas, y todos, siempre fueron desde

tiempos remotos, nada más que simples humanos. Solo humanos. Eso era un hecho.

Pero, ¿acaso importaba?, si la gente lo veía con eso, simplemente lo matarían, sin la

más mínima oportunidad de poder exponer la verdad, por supuesto que hubiera sido

todo más fácil si se hubiera cortado las orejas, pero entonces como podía llamarse a sí

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mismo un Thule. Quizá el apellido era lo único que quedaba, de lo que una vez fue

una poderosa dinastía, pero no era por eso que se mantenía completo, sino por una

extraña sensación, solo eso le mantenía el recuerdo de su familia, tal vez era una

estupidez, pero no podía explicarlo, no quería hacerlo, solo quería mantener vivo

cualquier recuerdo de ellos.

   Después de varios pasos mal dados, se dio cuenta que había regresado al mismo

lugar que había identificado como un comedor, a donde la bandera de la sociedad de

Thule le había hecho empezar su extraña carrera, por un momento empezó a agitarse

al verse de nuevo en el punto de partida, pero al ver a Elizabeth en el fondo, quieta,

aún dormida, ignorante de todo lo que pasaba a su alrededor, por un instante tuvo

envidia de ella, de su lejanía por los problemas que azotaba su cabeza, pero al mismo

tiempo creció en él un sentimiento diferente, una responsabilidad con respecto al

mundo. Si los antiguos querían el medallón que portaba aquella figura de rizos

dorados, él se aseguraría que no la obtuvieran. ¿Qué importaban ahora sus recuerdos?,

¿qué valor tendría su vida?, ¿cómo podría considerarse a sí mismo como un hombre si

no hacía algo al respecto de su suerte?, una vez más pensó en lo infantil de su postura,

de cómo aquel valor bien podría ser solo un berrinche voluntarioso, pero la verdad, él

sentía que al final de cuentas, solo importaba el resultado. Si podía arrebatarles a los

antiguos su supuesta carta de triunfo, si lograba salvar a aquella joven, y si podía

vengarse, valía la pena arriesgarse. Decidido, se acercó a ella y levantándola con fuerza,

notó como parecía sentirse más ligera que las otras veces, sin embargo pensó que

aquello no podía ser sino algo bueno y sin sobre analizarlo demasiado, solo empezó a

trotar hasta lo que parecía ser salida, manteniendo su frente en alto y la férrea

esperanza de no equivocar el camino otra vez.



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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

    - Esos ingleses tardan mucho en activar “die glocke”. Supuestamente era científicos

de calidad – dijo un hombre en una de las puertas del complejo mientras encendía un

cigarrillo.

    - Solo buscan asegurar que todo esté bien hecho, como nosotros, Ulrich, buscan la

perfección de los detalles – respondió su compañero.

    - ¿Cómo nos camparas con ellos?, esos sajones solo se tardan porque tiene una

noción del protocolo demasiado absurda, son simples marionetas de sus horarios

ridículos –

    - ¡Ulrich, ya supera la gran guerra! – le respondió su compañero con cierto reproche

– si sigues viendo todo eso como un asunto personal vas a terminar loco –

    Ulrich giró la cabeza y se le quedó mirando con desdén - ¿acaso olvidas las palabras

del Führer?, ese laxismo moral no es sino el camino al relativismo Weber, no lo olvides

–

    Su compañero se le acercó y colocando una pesada mano sobre su hombro, apretó

la carne de Ulrich y le dijo – niño, no olvides que yo estuve en aquellas malditas

trincheras por más de cinco años, tres en Europa, y dos en México, así que empieza a

darte cuenta de lo que dices. Si yo puedo ver más allá de mis propias experiencias, no

dejes que lo que apenas conoces por los libros, terminé por consumirte. El Führer lo

sabía, pero no lo practicaba – ante esto último, Ulrich lo miró con acusación, pero

intuyendo esto, Weber se dio la vuelta y concluyó – aunque eso no le quitaba que era

un gran hombre – ciertamente lo creía, pero no se dejaba cegar como la mayoría de los

miembros del partido a los que conoció. Aquellos no podían imaginarse el

nacionalsocialismo sin la figura de “Adi”, claro que era una persona simpática, al

menos en el tiempo que lo había tratado, pero reducir todo aquel movimiento a una

sola persona, aun cuando se trataba de su fundador y máximo pensador, no era una

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estrategia conveniente. Al final se demostró su punto, sin el Führer, todo el partido

cayó en la anarquía al cabo de un año. Quizá fue para bien, en el tiempo que había

estado en México, había conocido al mismo secretario general, un hombre llamado

Madero, alguien que como “Adi”, parecía tener la capacidad para empezar grandes

proyectos, pero no para consagrarlos. De haber seguido todo por el mismo cauce, tal

vez Alemania no se encontraría con aquella promesa de resurgimiento, así que quizá, el

fin del partido había sido para bien, “al menos muchos compañeros lograron llegar al

gobierno”, pensó mientras volvía a colocarse en su puesto.

   “Maldito débil”, pensaba Ulrich, viendo a su compañero de ronda, poniendo sumo

interés en la forma en la que agachaba la cabeza al quedarse completamente quieto,

como un perro sumiso a su destino. Aún dudaba de cómo el partido pudo haber

estado lleno de semejantes inútiles, miembros de la vieja guardia prusiana,

reaccionarios   natos    ante   los   principios    revolucionarios    de   la   izquierda

nacionalsocialista. Para él, era más que una pena la muerte del Führer, sin su liderazgo,

Alemania estaría condenada a una esclavitud de servicio a los especuladores judíos y a

las compañías inglesas, condenada a una fachada de crecimiento económico que solo

disfrazaba la pérdida de los valores alemanes. Al final, se decía, el capitalismo voraz del

imperio inglés, terminaría por consumir todo rasgo de desarrollo. De Europa, solo

Italia había escapado del servicio a su majestad, y era una lástima que Alemania no

hubiera podido seguir su ejemplo. Pero mientras Ulrich mantenía la cabeza en su

mundo, su compañero alzó el brazo y en medio de un gritó de advertencia, lanzaba un

hechizo hacia le enorme mole que se le venía encima.

   Solo cuando lo tuvieron a pocos metros, el joven pudo despertar ante lo

inesperado, pero para ese entonces, su compañero salía disparado hacia la reja de

metal, solo para ser impactado entre ésta y la defensa de un enorme camión, que, sin

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detener su velocidad, arrasó el portón de metal hasta detenerse en el interior del

complejo, arrastrando las llantas con un horrible chirrido. Ulrich se quedó anonadado,

no supo qué hacer, en un instante estaba platicando con el viejo reaccionario que tanto

llegaba a detestar y ahora estaba frente a una escena de desastre, ante una situación

para la cual no estaba preparado. Rápidamente su sistema empezó a ordenar sus

movimientos, pero su cuerpo reaccionaba lentamente a los comandos de su mente,

poco a poco, comenzó a levantar su mano, concentrando en ella el primer hechizo que

recordaba, pero un solitario disparo salió de la cabina del camión y antes que pudiera

maldecir su suerte, su cabeza era perforada por una serie de perdigones, lanzándose

ligeramente hacia atrás, solo para desplomarse junto con el resto del cuerpo, en

silencio.

   La puerta se abrió con una patada, y una figura bajaba de la cabina con sumo

cuidado, haciendo sonidos metálicos mientras movía su inusual silueta, abultada en una

cintura llena de armas, sujetando con fuerza una pesada escopeta, caminaba con un

paso extraño hacia la única puerta iluminada que se podía ver entre la oscuridad del

lugar. Lentamente se empezaban a distinguir sus facciones a través de la poca luz, un

par de pupilas grises brillaban mientras eran adornadas por una corona de venas rojas,

casi palpitantes, saliendo como raíces de sangre de ojeras oscuras. Su boca, se movía de

forma frenética, como temblando, tal vez por el frio de la noche, o quizá por estar

maldiciendo en voz baja, repitiendo un mantra de preparación, como una oración para

abrir las puertas del infierno.



   Vlad había llegado.




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                                           XV

                           EL ROSTRO DE MI ENEMIGO



   Alice no sabía que más decir, ya les había contado todo lo que ella recordaba, pero

sabía que aún quedaban detalles que su mente omitía, quizá para protegerla a si misma

de malos recuerdos, pero la importancia de cada fragmento, por más pequeño que

fuera, era vital. Las luces parpadeaban de vez en cuando, pero en sí, nada en la

habitación le parecía molesto, el mueble era cómodo, y el café era bueno, el café

mexicano siempre lo era, pero aún con todo, se sentía incomoda, como fuera de lugar,

pensaba en que no les estaba ayudando mucho a sus nuevos amigos y que en cualquier

momento utilizarían otro tipo de tácticas para sacarle información, eso, o que darían

por terminado su trato por no encontrarle ya nada de utilidad, pero por el momento

todos se mostraban tranquilos.

   - Es difícil recordar cada detalle – le dijo Federico mientras se sentaba junto a ella y

le daba un sorbo a su café – creo que lo mejor sería que descansaras, en la mañana

podríamos seguir hablando –

   - Estoy bien – le contestó Alice.

   - Creo que tu mente está cansada. Hazme caso – le respondió al tiempo que ponía

su mano sobre la de ella. Alice sintió que aquello ya era un gesto exagerado, como si

buscaran ganarse su confianza de una forma demasiado plástica, aunque, por el mismo

lado, no sintió hipocresía por parte de Federico, de una y otra forma, él se había

mostrado bastante honesto, si bien utilitarista, e incluso ventajoso, honesto a fin de

cuentas.

   Sin decir algo, Alice solo asintió y después de que le trajeron un par de sabanas, las

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tomó y se recostó en el sofá, cerrando sus ojos en un intento de conciliar el sueño.

   Federico tomó la grabadora y ordenándole al guardia que se retirara, lo acompañó a

la salida, cerrando la puerta con cuidado de no hacer mucho ruido.



   Los grillos cantaban constantemente, llenado la noche con su peculiar bullicio de

sonidos, y la luz de la luna entraba por una abertura en las cortinas, iluminando lo que

parecía un archivero al lado de una planta de sombra. Entre movimientos, Alice se dio

cuenta que dormir no le sería tan fácil, aún sentía todo aquel peso en su pecho, pero su

cabeza aún daba vueltas entre escenas salteadas de sucesos que parecían fantasías.

Después de un par de giros más, se dio por vencida, si tenía que pasar toda aquella

noche en vela, lo mejor sería hacer algo, caminó hacia la lámpara y la prendió, viendo

hacia todos lados, esperando encontrar algo que la distrajera, o la cansara. Después de

un par de segundos inspeccionando, su vista se posó en una mesa llena de papeles y

sin encontrar algo mejor se acercó a ella, esperando ver algo de su agrado, pero tras un

instante de revisión se llenó de decepción al ver hoja tras hoja de escritos, todos en

español, pero a un momento de rendirse, abrió un archivo grueso, y con sorpresa vio

como todo estaba escrito en inglés. Después de un momento de hojear todo el

paquete, se dio cuenta que lo que tenía en sus manos era una especie de traducción de

documentos antiguos, los cuales, estaban también siendo traducidos al español, y tras

pasar unos conjuntos de páginas, empezó a poner más atención en lo que estaba

escrito en ellas.



   Prisionera AVL912647… de los diarios… trasladada al campo de prisioneros nivel

A en la Habana… información contenida… a los encargados permitentes se les

concedió luz verde para el proceso de interrogación… texto completo… 257

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páginas… revisión por parte del comando aliado supremo en coordinación con las

Naciones Unidas, bajo el número de folio 22455…



   Aquello parecía ser un diario, y de un antiguo. No sabía que el comando aliado se

pusiera a recopilar ese tipo de cosas, pero en realidad eso no le parecía fuera de lo

común, claro que no se imaginaba a Rommel leyendo semejantes cosas, pero

definitivamente a alguien como Federico sí. Después de pasar hoja tras hoja de lo que

parecía ser un conjunto de descripciones y detalles de órdenes, pareció encontrarse con

lo que era el diario en sí, sin darse cuenta como el poco cansancio se empezaba a

desvanecer de su cuerpo sustituyéndose por una creciente curiosidad.



   Veinticinco de la luna 119620 (15 de abril de 1912)



   “¿De 119620?” pensó, acaso los antiguos contaban el tiempo de una manera

distinta a la humana, realmente aquello no era en sí sorprendente, ellos eran una

cultura distinta, incluso una especie diferente, pero considerar un número tan grande

de unidades refería a una cronología muy antigua, en todo caso se podía deducir que

ellos poseería una civilización demasiado arcana. Los humanos empezaron la historia

alrededor del siglo IL antes de Cristo, eso significaba que los antiguos reconocían su

era actual en un periodo más largo que los hombres, además, que la cronología

humana actual se basaba en el nacimiento de Cristo. Tal vez, a diferencia de lo

hombres, los elfos no habían tenido diferentes sistemas de medición de su tiempo y

desde el principio se habían mantenido en una cuenta única. Alice ya no sabía que era

más sorprendente, poseer eras largas, o una única unidad histórica, en cualquiera de los

dos casos, los antiguos demostraban ser muy diferentes de los hombres.

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   Veinticinco de la luna 119620 (15 de abril de 1912)



   Todo ha mejorado, nos sentimos mejor cada día que pasa, padre se ha reunido con el consejo y me

han aceptado en el salón de instrucción. Ni yo puedo creer lo feliz que estoy, al fin podré salir de

Brynnwyn, no es que no me guste la isla, pero desde hace mucho tiempo que quiero ver el continente

con mis propios ojos. Por la luna misma que estoy emocionada.

   Sé que aún soy muy joven, pero oportunidades como esta son muy importantes como para dejarlas

pasar de largo. Todos siempre me han visto como alguien demasiado eufórica, a veces yo misma pienso

que soy demasiado alegre para mi gente, pero dudo que sea la única.

   Padre siempre ha dicho que nunca hay que confundir el vivir mucho con el vivir bien. A veces

pienso que solo lo dice porque él no es tan viejo como la mayoría en la isla, y de hecho me he enterado

que él era mucho peor que yo.



   Diez de la luna 119626 (20 de septiembre de 1912)



   Las pruebas han sido duras, pero no me voy a dejar ganar, he soñado con esto casi toda mi vida y

no me voy a dar por vencida. Este año han aceptado a muchos, y las pruebas han sido bastante

tendenciosas, todas fueron sobre guerra, como si quisieran que todos fuéramos guerreros. No tiene

sentido, hace siglos que no hemos tenido problemas, ni con los enanos, ni siquiera con los orcos, son tan

asquerosos, comedores de cadáveres. Aunque en lo personal, creo que los peores son los elfos de bosque,

claro que son más limpios que todo aquel relleno con el que vivimos, pero su supuesta cercanía con

nosotros es lo que me molesta de ellos.

   ¿Cómo pueden decir que nos parecemos?, ellos ni siquiera tienen ciudades, solo se mueven de aquí

para allá en sus caravanas llenas de mugre.

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   No, me equivoco, lo peor son ellos, “los devoradores”, hace mucho que decidimos que lo mejor sería

separar nuestras existencias, nosotros en el centro del mundo, ellos en la periferia. Sin embargo, según

he leído, algunos sabios consideraron que fue mala decisión, ellos nos han olvidado y han empezado a

desgastar al mundo.

   ¿Y qué?, aun cuando nos hubiéramos mantenido en contacto, ellos hubieran seguido siendo unos

parásitos, solo saben vivir a costa de la muerte. Toda su civilización se centra en el fuego, viven del sol

mientras huyen de la luna.

   La noticia de su “súper barco” no ha interesado demasiado, pero es satisfactorio saber que sin

nuestra ayuda muchos de ellos hubieran sufrido una muerte bastante cruel en el agua helada. La

cuestión importante está en si estuvo bien nuestra intromisión en su mundo. Sabemos que ellos ni

cuenta se dieron de nuestra presencia, pero algunos sabios discuten sobre nuestro papel en la Gaia,

dicen que debemos darnos a conocer y una vez más tener contacto con ellos y que la mejor manera de

hacerlo es lenta y amigablemente.

   A mí no me parece buena idea, lo mejor es mantenernos aparte, si ellos no nos molestan con sus

tonterías, nosotros no debemos presentarnos. Creo que me preocupo demasiado por cuestiones sin

sentido, lo más importante ahora son las pruebas y pensar en otras cosas no traerá nada bueno. Pero

desde que empezamos a ver la historia del mundo, y de cómo el pacto fue firmado, me es difícil

concentrarme en algo más.



   Aunque cuando lo veo me siento en un mundo diferente. Me gusta tanto su sonrisa.



   Diecinueve de la luna 119630 (25 de enero de 1913)



   Me siento feliz, he recibido felicitaciones por parte de los instructores, me han dicho que poseo

talento y que podré acceder a los siguientes dos niveles de la gran biblioteca. Aunque este día no han

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

permitido entradas, parece que el consejo se ha reunido en la misma para meditar el (libro de los

siglos). Cada año lo hace en Annwyn, pero parece que ahora buscaron cambiar de ambiente. Algunos

creemos que en una falta de respeto a las tradiciones.



   Trece de la luna 119635 (17 de julio de 1913)



   Me siento exhausta, pareciera que nos están entrenando para una guerra o algo así, este año han

sido muy severos. Por poco pierdo el acceso a la biblioteca, y ya es la segunda vez que me pasa.

   Me enteré que el consejo mismo ha solicitado la presencia del maestro para una audiencia, para

amonestarlo por el tipo de entrenamientos a los que nos ha sometido.

   Qué bueno, así tendremos unos días de tranquilidad, por lo menos algo bueno ha salido de esto.



   En este punto Alice notaba la forma en que parecía cambiar la percepción que tenía

sobre los antiguos, por momentos parecía solo estar leyendo un simple diario, como el

de cualquier persona, y hoja tras hoja no percibía nada importante, de hecho ya

empezaba a aburrirse de nuevo, pero al dar vuelta a un par que parecían insignificante,

vio una anotación marcada con un par de letras más oscuras que el resto;



   G.W, “gran guerra”



   Diez de la luna 119649 (1 de agosto de 1914)



   Hoy llamaron a todo el salón a un anuncio que, según ellos, era importante, aunque ni a mí, ni a

mis compañeros nos lo pareció, al menos en un principio.




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   ¿Cómo podríamos considerarlo así?, parece que ellos han empezado una serie de combates entre sí,

según el gran concejal, esto podría detonar en una especie de guerra masiva en sus tribus, al principio

no lo creí, pero las palabras del concejal tuvieron mucho sentido, al menos así me parecieron, aunque

siempre he dicho que él posee mucha preparación.

   Como es posible que se le haya dado el mundo a semejantes brutos. Por lo que he escuchado, todo

esto empezó por haber matado a un noble, es que no pueden ni respetar a sus líderes, o caso son sus

líderes quienes no pueden respetar la ley. La ley hace al imperio, todos lo saben, todas las creaturas

inteligentes lo aceptan, incluso las más primitivas.

   Y ahora, a causa de toda esa guerra tribal ridícula, se ha anunciado que se han suspendido las

excursiones de meditación.

   ¿Por qué?, pregunto yo, acaso nuestros hechizos no nos ha protegido por milenios contra sus ojos,

incluso contra su presencia. Somos los hijos de la luna, los primogénitos de la naturaleza, nuestra raza

ya existía, ya escribía grandes obras de hechicería, ya danzaba y adoraba a los dioses cuando ellos

apenas se erguían de entre las bestias

   Decir maldiciones es malo, así que solo las pienso.



   Diez de la luna 119650 (30 de agosto de 1916)



   Ya llevan más de dos años matándose unos a otros, y hoy han anunciado que han llevado los

combates a (las grandes planicies entre los mares) pareciera que quieren llevar a todo lo que conocen a

la destrucción. Últimamente he estado leyendo sobre ellos en mis tiempos libres, y me he dado cuenta

que son tan contrastantes, crean y destruyen bajo los mismos pretextos.

   Me sorprende.

   Como pudieron llegar tan lejos siendo tan débiles, tan frágiles y enfermizos. Tan inferiores. Incluso

sus lenguas me parecen graciosas, tan carentes de armonía, y su música es tan estridente. Sus bailes

                                                                                                   349
EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

solo consisten en movimientos erráticos, como los temblores de los animales agonizantes. Son sucios,

como todos los simios, roban, mienten, viven solo por deseos sin perspectiva. Claro que no se nos

permite llamarlos así, supuestamente ellos también tiene el aliento del alma, pero al verlos no puedo

dejar de pensar que no son sino monos rasurados. Simplemente se comportan de forma más compleja.

   Aunque debo de admitir que quedé algo fascinada con la piedra que utilizan para mandarse

sonidos, Erín la consiguió de un mercader, el cual, según ella, lo consiguió de un barco que se hundía.

Al principio creí que los símbolos en ella eran solo decorativos, pero al mandarle algo de energía,

empezaron a brillar. Justo cuando una extraña voz empezó a salir de una especie de telaraña oscura.

   Es increíble lo que pueden lograr sin magia.

   El alto consejo se ha reunido en torno a Auberon mismo, parece que quieren decidir qué hacer, su

guerra ha empezado a afectar a las líneas de vida, y a la misma Gaia, y ya han empezado a quemar

más del agua sucia.

   No quisiera que nuestra gente tuviera que lidiar con ellos, cada vez que tenemos contacto suceden

problemas.

      Desde siempre.

   Son demasiado salvajes. Como cualquier simio.



   Cinco de la luna 119714 (28 de octubre de 1919)



   Parece que su guerra ha acabado en la mitad de sus territorios, incluso aquellas batallas que se

libraban en los territorios nevados, aunque se dice, que estas nada tenían que ver con las demás, sino

que eran batallas surgidas en el seno de una sola tribu. “Guerra civil”, que concepto tan estúpido,

ninguna guerra se lleva a cabo con civiles, todo aquel que entra en ella, se conviene de inmediato en un

guerrero, sin importar el estatus que otorgan sus líderes.




350
—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

   “Soldado” es otro concepto ridículo, como es que pueden formar cuerpos militares basados solo en la

utilidad práctica y en la “ciencia” de la guerra, sin poner siquiera un énfasis en la tradición o cultivo

del honor.

   Pero la palabra que más detesto es “revolución”, cambio, innovación, mejora, todo eso no puede ser

sino una idea enfermiza, producto de una mente comunal degenerada. De un conjunto de animales que

sueñan con ser una sociedad, engañándose repetidamente, tratando de convencerse a sí mismos que

poseen algo a lo que pueden llamar cultura.

   Rebeldes a su propia naturaleza, algunos de ellos que afirman la inexistencia de todo lo que no se

puede ver, sentir o escuchar. Ridículos, solo entre ellos podría gestarse tal negligencia y tal

contraposición de ideas; combinar bajo la misma bandera la libertad y la esclavitud. La hoz y el

martillo, y el grillete. Lo peor es que aquellas ideas, si es que se les puede llamar así, se han empezado

a dispersar. El cáncer se ha expandido una vez más entre sus tribus.

   Aunque quizá el cáncer no son sus ideas, sino ellos mismos.

   Lo que me sorprende, es cuanta importancia han adquirido sus vidas para las nuestras, los

mayores dicen que antes no era nada común estar tan a la expectativa de lo que hicieran, pero con su

dominios creciendo sobre los de la naturaleza, las cosas han cambiado. Su maldad es ahora el eje

central de nuestras vidas. De una y otra forma, siempre terminamos hablando de ellos, como si nos

acecharan desde las sombras, esperando el momento para devorarnos.

   Por cuánto tiempo más podremos mantenernos ocultos, ellos siguen expandiéndose.

   Pero seguir pensando en eso no hace más que entristecerme. No todo es malo, perece ser que por fin

se podrán llevar a cabo las peregrinaciones que se tenían programadas.

   Eso es una buena noticia, lo suficiente como para animar a cualquiera.

   Hace casi cuatro años que no nos hemos dirigido a las (piedras del sueño) para meditar en paz.

Los entrenamientos y lecciones se han suspendido una semana para que podamos meditar como es

debido, además hay que prepararnos para la (fiesta de los espíritus).

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————



   Once de la luna 119714 (3 de noviembre de 1919)



   Todo se veía tan triste, los árboles se lamentaban, los animales se mostraban tan asustados y los

cielos lloraban de tristeza. Con su maldita guerra han destruido la salud del mundo. Acaso han

olvidado que la naturaleza está viva. No, por supuesto que no, he leído sus libros, incluso su maldita

ciencia les revela algunas verdades, lo que pasa es que no quieren aceptarlas. Oyen pero no escuchan, ni

siquiera a ellos mismos.

   A padre no le gustan estos comentarios, él conoció a varios de ellos hace algún tiempo. Dice que

nunca hay que subestimar sus deseos de hacer lo correcto. Que hay que tenerles paciencia, que son como

niños a los que hay que enseñar.

   Si padre estuviera aquí, no seguiría pensando igual, todo ha quedado manchado por su maldad y

su odio, incluso el santuario se veía tan sucio, tan falto de su belleza.

   Según padre, se suponía que debían ser los guardianes, pero se han convertidos en los portadores de

la muerte. Y justo cuando empezábamos a pensar en otra cosa, su maldad nos vuelve a encerrar la

mente.

   Tal vez es lo que quieren, volvernos locos.



   Alice se dio cuenta que leer todo el documento le sería imposible, menos en una

noche, pero rápidamente notó como las partes más interesantes del texto venían

previamente marcadas, seguramente por quien lo había leído antes. Sin embargo, no

pudo dejar de notar como entre más avanzaba el diario, más se amontonaban aquellas

marcas, como si entre más avanzaba la vida de aquella persona, más se le iba

concentrando en lo que terminaría siendo la guerra.




352
—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

   La guerra. Ellos la empezaron, pero jamás se supo el por qué, y si bien sabía que lo

que tenía en sus manos no era sino una percepción personal, su padre le había

enseñado que la historia es a fin de cuentas, solo una recopilación de percepciones

personales, donde cada autor pone su visión, su sentir, sus pensamientos de cada

acontecimiento que vivió, o le fue contado.

   La historia es solo una larga lista de opiniones, todas personales, pues la diferencia

entre las que son válidas y las que no son aceptadas como tal, radica solo en el

conjunto de personas que fungen como editores de cada versión de la misma. Acaso

no sería distinta la percepción del diario en manos de otro antiguo, o si estos

estuvieran ganando, no serían los periódicos, libros y diarios humanos un conjunto de

pies de páginas para la nueva versión de la historia escrita por los antiguos.

   Con este último pensamiento, sus dedos empezaron a moverse de nuevo entre las

páginas, al minuto que sus ojos se enfocaban en las palabras que iban apareciendo

frente a ella.



   Veintidós de la luna 119720 (10 de mayo de 1920)



   Todo se ha llenado de alegría porque han acabado sus batallas y no podía ser un mejor día, el día

de la celebración de (diosa madre). Y para celebrar esta fecha se han elegido dos nuevas sacerdotisas.

Yo espero también, algún día, estar en su lugar.

   Ambas parecían bastante aptas, pero nos han pedido que oremos por el futuro, que pidamos por

ellos, para que aprendan de su error y no vuelvan a causar semejante masacre.

   Yo no lo haré, no deseo desperdiciar mi tiempo, ellos son los causantes de la condición actual del

mundo. Lo que si espero y pido, es que no vuelvan a cometer sus tonterías.



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    Veintiuno de la luna 119763 (30 de octubre de 1923)



    El mundo ha quedado peor de lo habíamos pensado, los mares se encuentran llenos de muerte, y el

cielo sigue triste.

    Y al parecer no han aprendido nada, ni siquiera con la peste que ellos mismo desataron al

desequilibrar la Gaia, ni aun cuando con ésta murieron más de los que ellos mismos mataron con su

guerra. Esos años, debo de admitir, llegue a sentir pena por ellos, sentía que todo era un desastre no

provocado directamente por ellos, y que por lo mismo se les abrirían sus ojos, que milagrosamente seria

curados de su miopía.

    Pronto perdí la esperanza. Recuerdo cuando padre me contó de la serpiente de hierro, una horrible

oruga de metal construida por ellos, que funcionaba quemando carbón. Siempre lo he dicho, solo

existen para quemar.

    Y lo peor aún falta, hemos escuchado las noticias de tensiones entre ellos y siento miedo que

comiencen otra guerra.

    Se dice que algunos caballeros y constructores han formado una nueva orden con el nombre de

(Nuevo Orden) parece que quieren forzar al consejo para evitar nuestra negativa a interferir en los

asuntos del mundo exterior.

    Mi padre dice que los caballeros están locos, que nosotros pertenecemos a la naturaleza y a

diferencia de ellos, no podemos alterar nuestro propio destino. Es como si padre dijera que nuestro

futuro fuese morir bajo sus errores, junto con el resto de la naturaleza y que debemos solo mantener la

cabeza baja en espera de ese final.

    Si ese es el caso, reniego de mi padre y reniego de nuestro destino.

    Se nos ha informado que entre ellos hay grupos que buscan producir más muerte, algunos los han

visto en desfiles, caminando con signos solares negros en banderas color sangre, mientras un pequeño

orador les gritaba locuras, llamando a toda su tribu a recobrar su dignidad y honor a costa de la vida

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—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

ajena. Y sé que aquellas muestras de locura no son las únicas, Roma, la vieja asesina de los niños de

la luna, fue la primera, vistiéndose de negro, levantando sus banderas de guerra, eligiendo a su nuevo

César en medio de vítores de alegría. Aunque la escena me pareció más que graciosa, aquel hombre

parecía un simio enojado, gesticulando con fuerza, hablando de forma ronca y pausada, casi igual que

un perro grande ladrando, de pie, sin ritmo, al son de movimientos ridículos de sus brazos.

   Pero no puedo negar que, por un momento, vi nuestra situación reflejaba en ellos, desesperados por

nuestra condición, quizá tomando una decisión equivocada que creemos correcta.



   Nueve de la luna 119799 (15 de septiembre de 1926)



   Hoy estuve escuchando a un caballero del (Nuevo Orden) en el centro de la plaza, sus palabras

entraron en lo más profundo de mi pecho. Tenía tanta razón, ellos están matando al mundo, lenta

pero decididamente.

   No podemos permitir que nos destruyan con sus malditos errores.

   He decidido entrar a la orden, porque es mi deber defender la naturaleza y protegerla de ellos.

   Padre se ha molestado mucho conmigo, dice que esto me convertirá en una asesina. Padre se

equivoca, la orden enseña a tener fuerza pero también sabiduría y paciencia, en caso de otra guerra,

nosotros solo los detendremos, no los exterminaremos.

   No somos como ellos.



   Trece de la luna 119801 (17 de noviembre de 1926)



   La primera presentación pública de la orden en el consejo fue un éxito, filas enteras de apoyo

desfilaron por toda la gran ciudad con perfecta sincronía y precisión, el consejo tuvo al fin que

comprender nuestra fuerza, nuestra presencia. El mismo Auberon, Alberich de nuestro pueblo durante

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

milenios ha callado sus débiles comentarios. Y el nuevo Merlín ha entrado triunfante, llevando

nuestras voces, las voces de todo Ávalon, hasta el centro mismo de nuestra tierra.

    Nuevo Orden traerá paz al mundo, nosotros seremos ahora los nuevos guardianes y ellos serán

reducidos a lo que son, simples animales, que bajo nuestro cuidado podrán disfrutar de una felicidad y

tranquilidad duradera.

    El tan necesitado cambio por fin llegó, ya no viviremos con miedo de nuestro destino, por fin

tendremos la fuerza para enfrentarlo, para cambiarlo, para decidir por nosotros mismos lo que deberá

de ser nuestro futuro.

    Ya casi no pienso en el pasado, ya ni siquiera en Artus, a veces me preguntó si estaré tomando el

camino correcto, me refiero a mi vida. Solo pienso en el futuro, lo que deberá ser y creo que realmente

será, pero olvidar el pasado no ha sido fácil. Aún le veo, mirándome con sus ojos tristes, ya no

regañándome, sino tratando de alejarme de la orden, igual que mi padre.

    Las decisiones de la vida son difíciles, cada vez que se toma una, deben de dejarse una infinidad de

cosas atrás, arrinconadas, condenadas a convertirse en recuerdo que volverán a la mente solo en los

mejores, o peores momentos de la noche, sueños o pesadillas, solo eso.

    Solo eso.

    Esos ojos, viéndome como si me estuviera embarcando en un viaje del cual no regresaría jamás.



    ¿Por qué?



    Por el momento, ya ni siquiera puedo recordar su sonrisa, solo recuerdo que me hacía sentir tan

feliz.



    Veinte de la luna 119807 (20 de mayo de 1927)




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—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

    La situación en el mundo exterior ha empezado a empeorar, sus estúpidas divisiones han

empezado a armar una tribu en contra de la otra. No puedo negar que aquello siempre me ha

sorprendido de ellos. Pareciera que supieran que su existencia no es sino perjudicial para el mundo y se

esforzaran de todo corazón en aniquilar a todo su raza.

    Eso no me molestaría bajo otras condiciones, el problema es como lo hacen ahora. Durante siglos,

sus masacres solo producían un montón de cadáveres, que a la larga, servían para el equilibrio de la

tierra, por lo menos. Que daño podían causarle al mundo, primero con sus piedras, luego con sus

espadas y lanzas, y al final, con sus dardos de hollín o sus bestias de metal escupidoras de fuego.

    Pero lo que nos afecta es su consumo, su hambre insaciable por los recursos del mundo, utilizan el

agua sucia para darle vida a sus abominaciones, sin darse cuenta del veneno que liberan. Aquello es

como una parte de la sangre de la Gaia, su sistema interno de limpieza, pero ellos la queman, y

liberan todo el veneno en el aire con demasiada rapidez, no podemos permitirles eso, si solo les afectara

a ellos, no sería problema, pero el punto es lo que nos hacen a nosotros, a la Gaia.

    Murieron millones de ellos, pero la cantidad de seres naturales que mataron en su idiotez rebaza el

límite.

    El consejo no pierde la esperanza en ellos. ¡Qué digo esperanza!, es su propia debilidad lo que les

impide actuar, de no ser porque los radicales del mundo exterior han sido detenidos por sus propias

tribus, en estos momentos ya estarían matándose unos a otros en otro de sus homicidios mundiales.

    Es decir, que valor poseen sus vidas, si ellos mismos las condenan. La mitad de su mundo se

esclaviza en ideas falsas de libertad, encadenándose a una existencia reducida al consumo de artesanías

sin valor real, al mismo tiempo que la otra mitad se mata por la idea de un orden y progreso que

aniquila todo valor real de la vida misma, del pensamiento mismo.

    En cualquier momento empezaran otra matanza, solo es cuestión de tiempo. Lo sé.



    Cinco de la luna 119810 (2 de agosto de 1927)

                                                                                                      357
EL CORAZON NEGRO———————————————————————————



   El Merlín ha sido acusado de incitar a la muerte. Acaso los idiotas del consejo no se dan cuenta

que poner el imperio bajo estado de alerta no es sino una medida de precaución.

   Ahora quieren llevar al Merlín a juicio. Y ¿por qué?, solo por hablar a favor de la supervivencia

de su propia gente, solo por defender los principios más elementales de nuestra existencia.

   Claro que los defensores del consejo argumentan la importancia del respeto a nuestro pacto de paz,

a aquel maldito pergamino de vergüenza. Es cierto que el Merlín ha hablado con una fuerza excesiva,

pero el tono de sus palabras es definitivamente superado por la verdad de éstas.

   Además, creo que el estado de alerta nos prepara para la horrible verdad que se aproxima; la

posible destrucción de nuestro pueblo. No nos quedaremos quietos mientras ellos arman sus malditas

bestias de destrucción masiva.

   No podemos permitir eso.



   Dieciséis de la luna 119815 (8 de enero de 1928)



   Las audiencias y los juicios han terminado. Como perteneciente a la orden, debo sentir felicidad,

pero me doy cuenta que las cosas han cambiado desde entonces. Se ha impedido el acceso a la orden.

Eso puedo entenderlo de las órdenes más antiguas, aquellas que se fundaron sobre cuestiones de estatus

o consanguineidad. Pero esta orden se suponía iba a sr distinta diferente. Además acaban de meter

iniciativas de expansión al mundo exterior.

   Quiero que sean solo pensamientos míos, pero pareciera que hemos perdido el control de nuestro

nuevo destino. Realmente estaremos tomando la decisión correcta, y si es así, la llevaremos bien a la

práctica.

   Es tan difícil lograr a cabo un sueño sin que este muera o se corrompa.




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—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

   Claro que siempre he estado a favor de la defensa del imperio, pero empezar un ataque es una

cuestión diferente,

   Quizá Artus ya previa todo esto, es posible que tuviera las mismas facultades que hicieron famoso

a su abuelo, uno de los grandes augures de Ávalon. O quizá sea yo la que he cambiado, quizá el viaje

a los territorios internos me ha dado una nueva perspectiva, quizá el pasar aquel invierno con los elfos

del bosque me mostró lo que realmente es nuestra naturaleza.

   Tal vez, tal vez no. Es posible que todo sea una muestra de debilidad de mi parte, como una

especie de parasito mental, un gusano que se alimenta de mi fuerza y mi seguridad, devorando todo

rastro de certeza de mi cuerpo.

   Ya no sé qué pensar, intenté contactarme con Artus, pero pareciera que la tierra se lo hubiera

tragado. También pasó por mi mente hablar con padre, pero no quiero terminar sentada, escuchando

sus largos sermones. Aún no estoy tan desesperada.



   Seis de la luna 119881 (30 de abril de 1933)



   Esto es inaudito, la figura del Merlín jamás se había atrevido a alzarse sobre la figura del rey.

Pero porque me enojo tanto, hace varias lunas yo también estaría contenta con la noticia, celebrando

con los ordenados.

   Las cosas han cambiado demasiado, y demasiado pronto. Los ritos de iniciación se han vuelto a

realizar, pero la gente que aceptan ahora es distinta a lo que fue hace años. Sus ojos parecen los de

bestias ansiosas de sangre.

   Por un momento sentí como si estuviera frente a un grupo de ellos.

   Pido a la diosa madre nos impida perder nuestra cordura.



   Diecisiete de la luna 119932 (25 de junio de 1937)

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————



   Mi retiro temporal de la orden me ha llevado a pensar sobre nuestras vidas. Creo que nos hemos

convertido en lo que odiamos. Aún creo en los primeros ideales de la orden, aún creo en los principios

del Merlín. Pero todo lo demás son sueños de ambición.

   La toma de ciudades de enanos, hace un año se convirtió en la expresión de una locura que no

tendrá marcha atrás.

   Lo peor fue la elección de las sacerdotisas. Nuevo Orden se ha vuelto demasiado poderoso, casi al

punto de poder manipular al consejo, ha convertido la ceremonia en una proclama más de odio y ansias

de expansión, las nuevas sacerdotisas reflejan ese sentimiento de locura, incluso una joven de tan solo

doscientos cuatro lunas, mostraba en sus ojos un frio helado que paralizó cada musculo del cuerpo.

   Nunca creí que podría ver aquella expresión de maldad en alguien de nuestro pueblo.

   Por supuesto que advertí al consejo sobre la elección de aquellas candidatas, y por supuesto que lo

hice con precaución, solo dije que no sería conveniente elegirlas tan jóvenes, pero creo que mis

intenciones fueron descubiertas, no por todos, pero si por ella.

   Saerwen. Sus ojos penetran como dagas.



   Veinte de la luna 119993 (3 de junio de 1942)



   Solo estamos a menos de una década lunar del inicio de la nueva era. Y todo en mi ha muerto. Fui

tan ciega, tan ingenua. Todo fue mi culpa.

   La orden debe volver a lo que era antes, el Merlín no debe seguir siendo aconsejado por aquellos

locos. Él aún tiene la fuerza y la sabiduría para realizar el sueño en el que fue fundada la orden.

   Las presiones en el mundo exterior siguen creciendo cada día, y el temor de que ellos sigan creando

sus máquinas de muerte es usado por el nuevo consejo para asustarnos más y más.




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—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

   Se aproxima una guerra.



   Diez de la primera luna de la Nueva Era (17 de diciembre de 1942)



   ¿Cómo empezar?, ¿Qué decir?, mi cabeza no puede organizar ideas de una forma adecuada. Estoy

tan sorprendida como la mayoría de los que conozco, claro que sospechaba de algo grande, quizá no

dijeron nada, pero fue eso lo que me puso en alerta.

   Ha empezado la nueva era y lo hemos celebrado con el inicio de una masacre.

    Se han sacado grandes anuncios informando las razones de los ataques. Son pocos los que dudan

del resultado de tal incursión en el mundo exterior. Yo solo espero lo mejor para mi pueblo. Pero temo

por nuestro destino.

   Según sé, nadie en el mundo exterior tiene idea de lo que está sucediendo.

   Eso es bueno, al menos en el sentido práctico. Si todo se mantiene así el tiempo preciso, podremos

avanzar de forma ininterrumpidamente rápida.

   No puedo negar que deseo aquello. Pero mi corazón duda.

   Una vez más soñé con los ojos de Artus. Los Dioses lo protejan, esté donde esté.



   Veinte de la luna 3 de la Nueva Era (25 de marzo de 1943)



   La primera de sus tribus ha caído, la que ocupaba las antiguas zonas de meditación, al menos sus

señores feudales. Esto se ha convertido en todo un triunfo simbólico. Una peregrinación, más grande de

lo que se haya tenido registro se ha movilizado a las antiguas islas.

   Espero que esto sea un signo de buena fortuna.

   Sin embargo también he escuchado de rumores de resistencia en la isla, parece que no son sus

cuerpos guerreros con los que nos estamos enfrentando, o estos se han refugiado en sus ciudades.

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

   No puedo dejar de verlos como ratas, ocultándose entre los escombros, desesperados, esperando la

oportunidad para mordisquear nuestros pies cuando estemos dormidos. Hoy vi a un guerrero, tomando

el té en un claro del bosque, me dijo que el frente era extraño, fuera de orden y la disciplina con la que

se habían luchado las grandes batalles arcanas. Parecía algo perturbado, pero al mismo tiempo

hablaba con mucha energía y mucho entusiasmo.

   Sin embargo, su descripción de las bestias metálicas del hombre fue lo que más me ha tenido

ocupada, al parecer se mueven de maneras más rápidas de lo que habíamos esperado, y sus aves de

humo son más difíciles de tumbar.

   A todo, el ambiente general sigue igual, lleno de auges de victoria.



   Curioso, acabo de leer lo que escribí, y me parece tan vacío, casi como una noticia. Siento que poco

a poco se va apagando el brío de mi alma, siento que si mi “yo” de hace treinta años me viera ahora,

no me reconocería, tal vez, incluso, sentiría aversión por mí.

   Ya he perdido mi alegría. Los que me rodean se deprimen conmigo.

   Tengo miedo que me tachen de derrotista, pero eso no tendría sentido, solo digo lo que siento, y

siento lo que veo como una posibilidad, trato de ver la realidad, nada más.

   Solo eso.



   Veintiuno de la luna 3 de la Nueva Era (26 de marzo de 1943)



   El consejo y la sala de guerra han dado a conocer las decisiones tomadas. Seguirán con la

expansión del imperio.

   No lo puedo creer, esto ya fue suficiente, hemos recuperado los santuarios, ya no hay necesidad de

seguir avanzando. Ellos han de saber ahora quiénes somos y lo que buscamos. Ya dimos a conocer




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nuestra fuerza, y por los Dioses que los hemos vencimos, a todos ellos, a todo un ejército, a toda la isla

en solo cuatro lunas.

   Cuatro lunas.

   Se debe declarar la paz antes que se produzca una reacción en nuestra contra. Cometí el error de

decir lo que sentía en una de las sesiones del consejo, me insultaron y abuchearon, culpándome de

traidora y débil, solo el historial que poseo en la orden me ha salvado de agresiones más grandes. Pero

no puedo dejar de pensar en mi propia seguridad.



   Quince de la luna 15 de la Nueva Era (9 de marzo de 1944)



   Más de doce lunas de guerra, un año, y aún seguimos en esto.

   Sus ejércitos se muestran demasiado débiles, se mueven con demasiada lentitud, con tanta falta de

disciplina, con tanta falta de voluntad, tanto, que ahora uno de sus “continentes”, se encuentra casi

bajo nuestro dominio.

   La Iberia y las Galias ya han caído por completo, la tierra del Rin también, solo queda Roma.

   Al menos es lo que informa el consejo, sin embargo los reportes muestran una desaceleración de

nuestros avances. En estos días, he empezado a recordar tanto de las lecciones de guerra que tanto me

cansaban en el salón de instrucción, veo los reportes y casi puedo sentir el movimiento de tropas en un

tablero, como piezas que se mueven contra el enemigo.

   Pero los rumores de resistencia siguen aumentando. Sus ejércitos son derrotados, pero su población

empieza a mostrarse demasiado violenta, al menos en algunos lugares.



   Nueve de la luna 18 de la Nueva Era (30 de mayo de 1944)




                                                                                                     363
EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

   Han aceptado mi solicitud a los cuerpos de guerreros, quizá mis quejas sociales han sido olvidadas,

o quizá la urgencia de nuevos elementos es un signo de debilidad del imperio. O tal vez la situación en

el frente es tan terrible que saben que se desharán de mí en poco tiempo.

   Quizá me dan la oportunidad de morir en medio de la gloria, dándome el cuchillo, esperando que

sea yo quien lo entierre en mi propio cuello.

   Ya he empezado a perder la esperanza en las decisiones de la orden, pero aún amo al imperio, aún

siento una responsabilidad con él, ¿Cómo podría quejarme de lo que sucede si no lo amara?,

simplemente no podría, no me atrevería. Quiero tratar de mejorar la situación y creo que al estar en el

frente podría evitar que se llevaran prácticas indebidas.

   O por lo menos recibiré un poco del mal que ayude a causar.

   No me merecería otra cosa.



   Dos de la luna 19 de la Nueva Era (22 de junio de 1944)



   Esto es demasiado, apenas llevo una luna aquí y ya siento como el sueño se ha convertido en una

especie de ilusión, ya no puedo cerrar los ojos con calma, apenas lo hago, empiezo a sentir como uno de

ellos se me acerca.

   En el tiempo que he permanecido aquí, todo ha sido un infierno tras otro.

      Salen por todos lados, de las casas, de las torres, de los matorrales. Han convertido sus ciudades

en enormes barricadas. Cada edificio, cada habitación, cada ventana presenta resistencia. Los rumores

son apenas unos cuentos sin gracia comparados con la realidad de todo esto.

   A veces siento que no podré aguantar un segundo más.

   Ayer intente matarme. Por un momento ansié tanto la muerte.

   No soy la única, cada rostro que miro presenta el mismo gesto que yo.




364
—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

   Los hombres no han sido fáciles de socavar, sus ejércitos fueron derrotados en este continente, pero

cada tribu se han hecho una resistencia, niños, mujeres y ancianos siguen peleando. Las peores son las

del Este.



   Veintidós, luna 20 N E (10 de agosto de 1944)



   Rommel, Rommel, Rommel, es lo único de lo que se habla aquí. Los hombres han empezado a

llamarlo el Führer, “el guía”, “el guerrero supremo” o algo por el estilo. Así de fuerte se ha vuelto el

maldito.

   Odio a ese simio.

   Odio a todo su mundo.

   Odio a mi propia gente por iniciar todo esto.

   Me odio a mí misma por entrar a este maldito infierno.

   En que me he convertido, ya nada tiene sentido. No importa cuánto le hagamos retroceder, no

importa cuántas de sus bestias inutilicemos, él nos sigue deteniendo, haciendo nuestro avance más y

más lento. Ayer logró destruir cerca de 6 (armaduras).

   ¿Por qué se hacen esto?, Ya deberían de haber entendido nuestra superioridad.

   ¿Por qué siguen peleando?

   Nada tiene sentido. Debo terminar con esto, mi vida ya dejó de tener sentido, de tener importancia.



   Odio, odio, odio



    Catorce, luna 21 N E (1 de septiembre de 1944)




                                                                                                   365
EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

   Se abrieron frentes en demasiados lugares. ¿Por qué la sala de guerra es tan estúpida?, abren otro

frente cada vez que somos detenidos en uno.

   El consejo ha empezado a castigar los rumores, pero estos siguen llegando. Las tribus de la (las

grandes planicies entre los mares) se han replegado a las tierras de “el fénix”, el “águila roja”.

   Y aquí, la situación no mejora, al parecer, al sur, la tribu de (las cruces rojas) ha traído refuerzos

de sus dominios al otro lado mundo.



   Veintiocho, luna 24 (13 de diciembre de 1944)



   Para continuar con las “grandiosas victorias”, los mandos de las siete raíces de Ávalon pasaran a

ser un mando unificado en la capital.

   Además, Saerwen ha sido nombrada auxiliar del Merlín.

   No sé qué decir, si maldiciones o llantos de desesperación, todo menos oraciones, los Dioses nos han

abandonado. Nos han dejado solos a nuestra merced. ¿Dónde está su misericordia?, ¿acaso Frey nos

ha olvidado?, maldito estúpido. Malditos Dioses, girando, bailando en las líneas de vida. Burlándose

de nosotros.

   Cada día estamos peor.



   Ocho, luna 30 de la Nueva Era (19 de mayo de 1945)



   Creímos obtener por fin una victoria cuando logramos sacar a Rommel del continente, pero solo

para enterarnos que asumió el mando unificado de las fuerzas de todas las tribus de Europa en el

(continente negro). No me importa que se haya prohibido el uso de su nombre, todos aquí pensamos en

él cuando nos enfrentamos a los hombres.

   Y sé que no es el único, Montgomery se le ha unido.

366
—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

   También los nombres de Patton y Obregón en (las grandes planicies entre los mares).

   Y Zhúkov en (la tierra del Volga).

   Cada vez son más fuertes, aprenden demasiado rápido de nuestras fallas y su pragmatismo es

increíble, he visto como utilizan perros para llevar explosivos, colocan cañones en lugares casi

imposibles, dejan ciudades llenas de (fuegos durmientes). Convierten nuestra estancia en cualquiera de

sus tierras en un verdadero infierno.

   Ya no quiero seguir aquí.



   Quiero salir. Pido a los Dioses que me saquen… lo pido cada día...



   Diez de la luna 31 de la Nueva Era (19 de junio de 1945)



   Estoy sorprendida.

   Todos lo estamos.

   Los hombres lograron llegar a nuestras tierras, lograron “bombardear” los templos en Brynnwyn y

los salones de herrería al sur de Rahannwyn.

   Están a la ofensiva, ahora ya están atacando.

   No he recibido noticias de mi padre, pero dentro de mí sé que no lo volveré a ver. Le fallé, me fallé.

Culpo a los hombres, pero también culpo a mi gente.

   Me culpo.

   Los avisos del consejo afirman que aquello fue solo una pequeña incursión por parte de los

hombres, con daños mínimos a territorio imperial. Tal vez lo sea, pero el rostro del Merlín mostraba

algo más que enojo, estoy segura de haber visto un poco de miedo en él.

   No me sorprende. Yo siento lo mismo.



                                                                                                    367
EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

   Dieciséis de la luna 33 de la Nueva Era (23 de agosto de 1945)



   Hemos detenido un carguero que se dirigía a (continente negro), no tenía refugiados, no tenía

soldados, no tenía suministros ni nada. Solo había cientos de comunicados, miles de hojas con diseños e

instrucciones codificadas.

   Hay intranquilidad en el ambiente. Parece que ellos siguen maquinando sus planes, lenta y

decididamente contra nosotros. Simplemente no se dan por vencidos.

   No lo harán.

   Me puse en contacto con otros miembros de la orden alrededor de los frentes, mandaremos una

petición al consejo para arreglar los términos de una negociación de paz.

   Aún seguimos teniendo ventaja, pero me temo que esta no durara por mucho.



   Todo se ve tan mal, pero me siento mejor, todos nos sentimos mejor. Han mandado sacerdotisas

para aliviarnos con hechizos de curación. También han empezado a hablar sobre las ventajas que

representa cada territorio ganado y sobre lo que significa el Nuevo Orden para nosotros, para el

mundo entero. Asentimos a todo lo que nos dicen, pero solo en apariencia.

   Claro que nos han levantado un poco moral, pero no lo suficiente.

   Al menos aquí pueden esperar algo de nuestra poca voluntad. En el Este todo está peor, el pasado

invierno nos permitió un avance sostenido, pero los hombres de aquellas tierras parecen temer más a

sus señores feudales que a nosotros. Hemos escuchado de un hombre terrible, de un supuesto sacerdote

que disciplina a los capitanes y generales que no obedecen los órdenes del “barón sangriento”; Soselo

Koba, nuestras fuerzas en el este lo llaman “el que fue hecho de acero”. ¿Qué clase de dioses

permitirían tener sacerdotes así?

   Pero que digo, los nuestros permiten a Saerwen.

   Al menos Ungern tiene la excusa de estar loco, dudo que exista verdadera maldad en él.

368
—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

   Tal vez la “sacerdotisa de sangre” también este loca, pero entonces pienso en los resultados,

¿realmente cambia en algo el hecho que nuestros dirigentes sean locos y no malvados?, por supuesto que

no, el resultado sería el mismo.

   En ese caso la locura también sería un pecado, una falta. No del loco, sino de quienes no ven su

enfermedad. Quienes hacen eso, quienes lo permiten, son los verdaderos culpables.

   La orden permitiría que se escucharan todas las opiniones, no solo las de los sabios, pero ahora

solo se pueden escuchar los discursos de los locos.

   Todas las voces racionales han callado.

   Y si me escuchan, ¿acaso eso significa que también me he vuelto loca?, tal vez, a veces lo deseo, me

quitaría un peso de encima.



   Doce de la luna 35 de la Nueva Era (17 de octubre de 1945)



   Los rumores eran ciertos, los hombres han mejorado sus (aves de humo), ya muchos de nuestros

guerreros han muerto en los cielos. Nuestros escribas han descifrado ya parte de los comunicados y

planos. La coincidencia con lo visto por los jinetes es sorprendente.

   Esas cosas ya no tienen aquellos bigotes giratorios, sino que parecen impulsarse con la fuerza del

viento mismo, he visto hechizos similares, pero no mantienen la misma fuerza por el mismo tiempo.

   ¿Qué los impulsa a desarrollarse de esa manera?, antes de la primera luna de la Vieja Era,

usaban magia, inferior, casi incipiente, pero magia al fin. Después la rechazaron por seguir nociones

extrañas, “estudios naturales”. Ridículo.

   Ridículo, al menos así lo pensaba antes. Sus metales siguen siendo inferiores a la magia, pero cada

una de sus bestias ocupa menos dedicación que nuestras armaduras. Eso es un punto a su favor en

cuanto a este tipo de guerra.



                                                                                                  369
EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

   Quizá ocupen dos o tres “sagittarii” de metal para tirar a una armadura, la cual puede destruir

fácilmente a diez de sus “tortugas”, pero cada día traen más, las duplican en una forma horrible. Por

cada una que destruimos, dos la remplazan al día siguiente.

   Y lo peor aún está por venir.

   Extraño, casi me siento como un augur vaticinando el futuro, pero no hay nada de adivinación en

esto, es más que obvio. Los he visto correr, pero ya no lo hacen como antes, ya no huyen despavoridos,

sino que ahora parecen jugar con nuestra voluntad, nos dejan entrar demasiado a sus territorios solo

para adelgazar nuestras formaciones, y en más de una ocasión caemos en la trampa.

   Sé que traman algo, sus bayonetas disparan dardos con trozos de hierro adentro. Los campos de

protección han empezado a ser inútiles, pero lo que me preocupa no es eso. ¿Qué esperan?, sé que eso

no es todo lo que tienen.

   Sé que planean algo.

   Lo sé.

   Y nosotros seguimos cayendo, nunca tomamos la precaución de mandar los papiros por medios

seguros, creímos que ellos no podían leerlos, al menos nadie aquí ya lo siente de eso modo, pero los

estúpidos del consejo aún creen que nuestras preocupaciones son vanas. ¿Cómo pueden ignorar los

hechos?, ¿Cómo pueden creer que la perdida de papiros y los nuevos movimientos del hombres son

coincidencias?



   El libro de los siglos advierte sobre la astucia del hombre.

   También nos advierte del riesgo del orgullo. Pareciera que hemos olvidado como leer.



   Seis de la luna 37 de la Nueva Era (10 de diciembre de 1945)




370
—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

    Una maquina pensante, todo este tiempo estuvimos siendo burlados por una maquina pensante.

Como es posible que pudieran crear semejante abominación, pero lo peor es la utilidad que le dan.

    Con ella, pudieron saber en solo minutos, todos nuestros movimientos en el continente “africano”,

hemos mandado la información al consejo y a la sala de guerra, pero parece que subestiman la

importancia de sus máquinas.

    Nada les cuesta a esos malditos necios venir al frente y ver con sus propios ojos las situaciones

infernales que vivimos aquí.

    Primero sus (aves de humo), luego su (mente metálica), que sigue, realmente no quiero creer los

rumores de la explosión en “Clipperton”, pero…



    No sé qué pensar ya.



    Todo empeora cada año. Y sin embrago, se dieron las ordenes de una avanzado total por

“Egipto”, pereciera que se han decidido por dejar los ataques y empezar una invasión a gran escala.

Tengo miedo, creo que es un decreto demasiado riesgoso. El César de Roma sigue aun dando órdenes

desde la “isla de las sirenas”, primero deberíamos ir por él, antes que empezar a perseguir zorros en el

desierto.



    28, luna 37 (1 de enero de 1946)



    Yo maté a mi padre.



    Diecinueve, luna 39 N E (20 de febrero de 1946)




                                                                                                    371
EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

    Lo sabía, lo sabía, pudimos entrar en las costas de África con facilidad, pudimos llegar al corazón

mismo de su nueva capital, y todo para ser detenidos en seco. Ya no es como antes, las viejas tácticas

ya no funcionan.

    En una sola semana perdimos más guerreros que en la última luna.

    ¿Qué pasó con el plan?, se nos dijo que se cortarían las fuerzas del Este para que pudiéramos

concentrarnos aquí, que eso nos facilitaría el trabajo. Pero llegó el día. “Tsaritsyn”, la ciudad del

César del Volga, pudo sobrevivir, y pusieron nuestra estrategia en nuestra contra, entraron por todo el

territorio del “Magno”, nos dividieron como se supone que ellos quedarían divididos.

    No he podido escribir en mucho tiempo, fui herida en “el Cairo” y todo ese tiempo no quise

arriesgarme a dictarle a alguien.

    Han empezado a arrestar a quienes hablan con la verdad, acusándolos de traidores. Ya he

recibido visitas de rangos altos de la orden, y me han dicho que no puedo hablar de los rumores del

frente.

    Rumores, mentiras, eso es para ellos el sufrimiento de su pueblo en el frente.

    No sé cuánto tiempo podré durar aquí, nos han empezado a rodear, por todos lados escuchó las

noticas de la guerra, la incursión ha sido todo un desastre.



    Oigo que gritan mi nombre pero…



    29, luna 41(30 de abril de 1946)



    Por fin pude hablar ante un emisario del consejo. Perdí mi tiempo.



    2, luna 42 (02 de mayo de 1946)




372
—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

   El Cairo



   25, luna 42 (25 de mayo de 1946)



   Hombres ante el consejo. Los rumores son fuertes, y si son verdad no sabría qué pensar. Acaso mi

voz y la de cientos como yo, ha sido escuchada, habrán empezado negociaciones de paz, o acaso los

hombres se han dividido.

   Estuve horas tratando de encontrar respuestas en los registros, pero la mayoría de ellos han sido

trasladados a la biblioteca del salón de guerra.

   ¿Qué ocultan?

   ¿Acaso temen decir la verdad a su propio pueblo?

   Mentira, tras mentira.



   Creí que no estaba en nuestra naturaleza mentir. Al menos ya no después de perder el “África”.

La situación aquí es tensa. No sabemos que esperar, las tribus del Este regresaron por donde

vinieron.

   Sé que volverán, pero ¿cuándo? y ¿dónde?



   18, luna 43 (17 de junio de 1946)



   Esto es el preludio del fin, aún no hemos sido derrotados, pero sé que esto no puede durar ya más

tiempo. Toda ventaja que hubiéramos tenido ha desaparecido.

   Ahora la muerte regresara por donde vino.

   Los del Este se juntaron con las fuerzas de Europa al norte del África. Entraron por el sur, y por

el oeste. Nos tienen rodeados. El imperio nos ha exigido aguantar, nos dicen que mandaran más

                                                                                                373
EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

fuerzas, pero todos sabemos que eso es una mentira. El frente “América” se ha perdido también, las

fuerzas del “águila roja” avanzan hacia el centro.

   (El sol rojo) también avanza hacia el norte. Ya han tomado todo el territorio de los Qin.



   27, luna 48 (20 de noviembre de 1946)



   Ya son más de cien las ciudades destruidas. Sus “aviones” caen, pero no más rápido que nuestras

fuerzas. Ya no podemos más, hemos querido abarcar una ambición demasiado grande.

   Todos moriremos.

   Moriremos bajo sus “botas”.



   29, luna 48 (22 de noviembre de 1946)



   Logre salir de Europa, pero de todos (…) solo yo fui invitada. La orden no debe de saberlo. El

Merlín debe de ser removido de su cargo. Su sola presencia limita nuestras posibilidades. Sé que es un

riesgo escribir esto, pero en caso de fallar, necesitamos dejar la mayor cantidad de evidencia posible.

Para que nuestra verdad dure.

   No importara si la orden lo lee o no, si fallamos no ocuparan ninguna prueba para acabar con mi

vida.

   Morir seria también un alivio. Me mostraron imágenes de los campos. Supe cuando estaba en

“Europa”, que los hombres arrestaban a sus brujos y los mandaban a zonas especiales, los rumores

decían que los mataban, que los exterminaban sistemáticamente para evitar un levantamiento interno.

   Siempre tuvieron miedo de la magia, negándola como si fuera una aberración. ¡Aberración lo que

ellos hacen!




374
—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

   Pero nosotros ya no podemos decir que somos mejores. Algunos lograron escapar, llegaron con

nosotros. El consejo les permitió vivir, solo para utilizarlos.



   Hoy vi la otra realidad de nuestra causa, imágenes de asesinato. Imágenes de miles, tal vez cientos

de miles de cadáveres, elfos grises y elfos del eclipse, enanos, dragones y disidentes, humanos

provenientes de todas las tribus del mundo exterior y de las pocas del mundo oculto. Es acaso esta la

base de nuestro nuevo destino. Si lo es, ahora ya es tarde para evitarlo, seremos recordados como

asesinos.

   Sé que el Merlín no conoce su existencia, solo algunos dentro de la orden lo saben. Y muchos ya se

han arrepentido.

   Nos han usado desde el principio, tal vez, también al Merlín, cubriéndose bajo su imagen para

cometer sus crímenes. Pero eso no lo convierte en un inocente, si desconoce la verdad, entonces también

es culpa suya.

   Él sigue siendo un obstáculo. Ya no nos escucha.



   26, luna 54 (16 de mayo de 1947)



   Los aviones han tirado cajas con armas y alimentos.

   Acaso la humanidad conoce nuestras divisiones, o nuestros aliados piensan en traicionarnos. A

estas alturas todo escenario es posible. El consejo ha informado que el suceso fue debido a una

confusión de los hombres. Ya hay burlas públicas hacia la “ineptitud de la mente animal”.

   Pero hoy, un niño pasó por mi ventana, jugando con un casco. Se juntó con otros para jugar a la

guerra, cuando vi claramente cómo se levantó y dijo que él era “Rommel, el invencible”.



   Su ineptitud está logrando más cosas que nuestra sabiduría.

                                                                                                  375
EL CORAZON NEGRO———————————————————————————



    16, luna 57 (2 de agosto de 1947)



    Los grandes castillos han sido rodeados, ya no pueden regresar a Ávalon, si son destruidos,

perderemos toda nuestra capacidad ofensiva.



    17, luna 59 (1 de octubre de 1947)



    El Valhöll ha sido destruido, y no importa cuánto intenten convertir esto en un símbolo de

resistencia contra las hordas hambrientas del hombre. Esto implica un revés total para el imperio.

    Ya todos lo sabemos, ya nos han pedido movernos hacia el interior de la isla, ya han empezado a

construir ciudades subterráneas como las de los enanos, y en el peor de los casos, se han ocupado las de

ellos.

    No falta mucho para que los demás habitantes del mundo interno se pongan en nuestra contra.

Aunque dudo que apoyen al hombre.

    Eso nos daría un tiempo para poder organizarnos mejor. Hace mucho que perdí la fe en la orden,

en el Alberich, en el Merlín. Incluso en los dioses.

    Pero aún me preocupo por mi gente. Simplemente no importa que los hombres pudieran estar en lo

correcto, jamás me pondría de su lado en contra del imperio. No podría.

    Vi lo que hacen con sus prisioneros, y sé que las tribus del Este y las de “América” son las peores.

No quiero terminar como otro “trofeo de guerra”.

    Ese miedo me domina más que el “patriotismo” que digo defender, es verdad que me amo más a

mí misma que a mi pueblo. No puedo negarlo.



    28, luna 82 (20 de septiembre de 1949)

376
—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA




   Más de tres lunas desde que los hombres llegaron a Ávalon. Una parte de mí se encuentra llena de

alegría. Ahora lo veo todo de manera diferente, la orden estuvo llena de dementes desde el principio,

por mi parte no puedo negar mi participación, fui responsable de la creación de un monstruo.

    Estuve dentro de quienes lograron matar al Merlín, creímos que con eso la guerra adquiriría un

escenario de negociaciones más que de combates. Pero la muerte del Merlín solo acrecentó el radicalismo

de nuestro pueblo. Saerwen ha tomado el mando de nuestros cuerpos guerreros, ha usurpado el poder

del consejo y se ha nombrado “Paladín del imperio”. El Merlín estaba siendo engañado, incluso la

orden solo servía como plataforma pública para un puñado de asesinos.

   Ahora, con la muerte del Merlín solo ha quedado un pueblo que debe de responsabilizarse de sus

acciones.

   Ahora estamos bajo el mando de un amoral, de alguien a quien no le importa sino su propia

visión retorcida de un mundo perfecto. Esa miserable es más enemiga de nuestro pueblo que los

hombres.

   Si todo sigue así, definitivamente habrá un mundo perfecto, sin gente de ninguna raza, sin

pecadores, sin pecado. Solo la tranquilidad de inmensos cementerios.

   Irónico.



   Tuve que huir de la capital. Me están cazando como un animal y si encuentran estos documentos

ya no habrá duda sobre mi participación. Habré muerto sin poder haber reparado mis pecados.



   No sé por cuánto tiempo estuve caminando, escondiéndome entre las filas de refugiados. Cada

hombre nos veía de maneras diferentes, algunos mostraban ojos llenos de odio, un odio que por

desgracia estaba acostumbrada a ver en mi propia gente. Otros, sin embargo, me veían de formas



                                                                                                  377
EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

extrañas, como si no fuera alguien, o algo. Un par de ellos se acercaron a mí y me coquetearon, no

pude entender a la perfección su lengua, pero aquel comportamiento me dejó tan extrañada.

   Sin embargo, pareció que nadie me reconoció, para ellos soy solo una figura más dentro de un

interminable mar de vergüenza, un derrotado más. La fama del “sabueso blanco” ha terminado.

   Logré quedarme en un pueblo ocupado por una tribu distinta de hombres, la de (las trece franjas).

Aún sin su estandarte es fácil reconocerles, no son solo sus uniformes y símbolos los que los distinguen,

sino la forma en que se comportan en lo que antes fueron los salones de banquetes, comportándose de

forma sucia, aullando, quedándose ebrios, tan carentes del poco orden que pude ver en las tribus de

“Europa”.

      Al parecer la zona estaba ocupada por las tribus de la (las grandes planicies entre los mares).

   La mañana siguiente logré moverme más al sur, si bien ya estaba en territorio de hombres, no

estaba segura que la orden me hubiera dejado de seguir. Aún ahora temo por mi vida.

   Fue sorprendente lo que vi, una serie de enormes maquinas estaban moviéndose en línea, hacia el

norte, por la cantidad que vi de ellas, supe que no se habían encontrado con una fuerte resistencia. Las

seguí por unos días, hasta que me encontré ante un conjunto de gritos de la tribu de (el águila roja), la

cual parecía celebrar algo ese día. Intente acercarme sin ser vista, pero no sirvió de mucho, de inmediato

me descubrieron y me llevaron con un hombre de apariencia horrenda. Su rostro estaba cubierto

enteramente por vendajes, pero lo que se podía ver a través de ellos era una cara sin piel, con sus

dientes asomándose de forma permanente, fijos en una encías de carne viva, rojas como la sangre.

   Con manos llenas de llagas, me sujetó con fuerza y con una voz seca me empezó a hacer preguntas

en su idioma. Yo solo supe responderle en la antigua lengua de Roma, la última de sus tribus que

logró entrar sin permiso a Ávalon. Al principio se mostraron agresivos, pero después de escuchar las

palabras de alguien detrás de una tienda, parecieron cambiar de actitud. Además, pareció que me

entendieron lo suficiente como para darle importancia a lo que poseía entre mis manos. Estuve un día

con ellos antes que unos de sus insectos metálicos bajara entre un claro y me llevaran al sur, hacia un

378
—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

puesto de mando que habían hecho en las costas de Rahannwyn, justo en el castillo que servía como

santuario a Woden, el protector de la entrada a Ávalon.

    He estado siendo interrogada varias veces. Sus modos son brutales, y nunca creí que preferiría eso a

estar con mis semejantes.



    10 de octubre de 1949



    Creí que estrían mejor organizados, pero cada tribu que conozco se muestra hostil con las otras,

parecía que no confían en ellos.

    Es curioso, apenas empiezo a notar el estado del castillo, parece como si un enorme terremoto

hubiera azotado la costa. Por fin entiendo la razón, la causa de nuestra derrota. Ellos son como

langostas, simplemente no puedes vencer sus números. Hubiera sido mejor haberlos puesto uno contra

el otro, aunque a la larga todo hubiera acabado igual. Son demasiado corruptos como para creer que se

tragarían nuestra amistad.

    Ya no sé en que confiar, estoy sola. Ellos no me dejan tranquila, me interrogan una y otra vez,

aun cuando ya les he dicho todo.

    ¿Qué quieren?, ya les he dado incluso la historia de mi vida. Ya no puedo soportarlo, mi gente me

matará, de eso no hay duda. Pero los hombres también lo harán, solo me dejan viva para que pueda

servirles de algo. Pero ¿qué?, ya que utilidad puedo tener para ellos.

    Solo juegan conmigo.



    Solo somos juguetes de los Dioses. Todos y cada uno de nosotros, pero hoy conocí a uno de los que

juegan a ser el titiritero.



    11 de noviembre de 1949

                                                                                                   379
EL CORAZON NEGRO———————————————————————————



   Pequeño, pelo negro y ojos penetrantes. Habla tan calmado que uno apenas puede imaginar de lo

que es capaz.

   Te da palmaditas en la cabeza mientras te corta.



   Te corta, pero te da dulces… se siente bien.



   20nov dos cero, nov



   Picor… comezón… sueño.

   Mucho sueño.



   Dos cero, nov



   Esta era el final, la última anotación de un conjunto de páginas que iban perdiendo

la coherencia al tiempo que terminaba el documento. Pero todo parecía tan distinto a

lo que hubiera creído en un principio, jamás se había imaginado ver a un antiguo con

esos ojos, se sentía tan humano, tan real, y al mismo tiempo tan extraño y lejano. Alice

sostenía el archivo con sus manos, pero ya no lo leía, sus ojos ya no estaba fijos en algo

en específico, su mirada solo levitaba en un punto imaginario al azar.

   - ¿Qué te pareció? – le preguntó Federico.

   Al instante, Alice se dio la vuelta, completamente asustada, apretando el documento

contra su pecho con fuerza.

   - ¿Te asuste?, perdóname, no quería hacerlo – le dijo al tiempo que se le acercaba

con un tono de disculpa, aunque sus labios mostraban un tinte de gusto, como si

380
—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

hubiera disfrutado de aquello, igual que si hubiera sido una broma.

    - ¿Qué haces aquí? – le preguntó ella antes de darse la vuelta y poner de nuevo el

documento donde lo había encontrado.

    - Supuse que estarías despierta, ya que cuando pase hace dos horas vi la luz apagada

y hace rato la vi prendida –

    - ¿Tú no tienes sueño?, ¿acaso los rojos no duermen? – preguntó ella con cierta

ironía, quizá porque estaba molesta por el susto. Probablemente porque había

empezado a sentir de nuevo aquel cansancio sin sueño, el mismo que la había obligado

a levantarse hace una hora.

    - Normalmente me duermo hasta las cinco de la mañana, es una mala costumbre

que tengo. Desde chico – respondió Federico con una increíble naturalidad.

    Alice le escuchaba, pero ahora volvía a concentrarse en el diario que acababa de

leer, la última anotación era del año pasado, y después nada. Además, ahora se

preguntaba contra quien estaban peleando, realmente eran todos los antiguos aquella

especie de masa malvada, de individuos uniformes, como los presentaba la

propaganda, o ellos mismos eran víctimas de alguien más, gente aprisionada por

quienes debían de dirigirles. De protegerlos. En ese caso serían iguales a los rusos o

soviéticos, quienes tampoco parecían ser como los había imaginado. Después de una

leve exhalación volvió a darse la vuelta y con calma le preguntó a Federico - sus lunas,

¿son meses para nosotros? –

    - Algo así – contesto él de inmediato – al parecer utilizan el calendario lunar,

además, creen que Ávalon es el centro del mundo y que la tierra es el centro del

universo, por lo que “una luna” es el tiempo que tarda la luna en darle una vuelta a la

tierra. Pero la conversión no es perfecta, es posible que algunas fechas estén erradas…

–

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

   - ¿Qué pasó con ella? –

   - Las Naciones Unidas se la llevaron, como parte de un intercambio de prisioneros.

La verdad, no sé lo que le sucedió después de la última anotación, lo siento –

   - ¿Sentir? - respondió ella – yo ya no puedo sentir lo mismo. Me era más fácil ver

todo en blanco y negro, creo que a todos nos es más fácil de esa manera. Sé que es

una forma simplista de ver al mundo, pero era más fácil –

   - Nuestro enemigo tiene rostro, no lo olvides. Si se tiene eso en mente, será más

fácil tratar con ellos cuando se rindan –

   - ¿Qué sientes tú de todo esto? – le preguntó ella mientras lo veía caminar hacia el

escritorio y tomar los diarios.

   - Es una pena, los diarios originales presentan un tipo de escritura más compleja, un

lenguaje más poético y melodioso, lo que leíste fue una traducción burda, como las

palabras de un escritor mediocre – expuso él.

   - No me refiero a eso – replicó ella – es decir, cuando lees algo así, recuerdas los

tiempos en los que vives. Hasta este momento, había estado más preocupada por lo

que pasaba a mí alrededor, en el presente, que casi he olvidado las angustias que tanto

me había agobiado por años. Me encerré en mi vida, y olvidé lo que sucedía fuera de

ella, la guerra misma se había convertido solo en una especie de conjunto de filmes y

noticias, sabía que eran reales, incluso las sentía importantes, pero por alguna razón ya

no las podía ver como parte de mi propia realidad, ya no las sentía propias. No quiero

sonar mal, pero mientras leía esto, por un momento olvide mis preocupaciones,

incluso a mi hermana –

   - Durante un tiempo estuve pidiendo al alto mando que pusiera parte de la

traducción de diario a manos de los soldados u oficiales en el frente, pero rechazaron

la propuesta –

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   Alice lo miró, esperando que continuara, aun cuando ella ya intuía la razón de ello.

Como ya había dicho, a todos les era más fácil ver la realidad en tonos de blanco y

negro, y en una guerra, no hay cabida a nada que atente contra lo práctico, contra la

victoria final.

   - Eso hubiera provocado posibles problemas en el desempeño de los soldados –

continuó él – ahora solo importa una cosa con respecto a esto, que los antiguos, aun

cuando tengan causas, aun cuando sientan que todo esto es provocado por un móvil

justificable, siguen siendo el enemigo -

    Ella caminó de regreso al sofá y se sentó con calma, pensando en todo aquello que

pasaba lejos de aquel cuarto, en el continente antiguo, donde miles de personas,

hombres y creaturas mágicas morían cada día, cada minuto, incluso cada segundo.

   - Es bueno que hayas visto el diario – le dijo él – de esa forma se aumenta el criterio

de esto, de lo que estamos haciendo, de lo que estamos buscando –

   - ¿Qué buscas tú? – le preguntó ella.

   - Los E.S.S.U. se han propuesto la misión de erradicar todo rastro de misticismo y

tiranía del mundo…-

   - No te pregunté eso – le interrumpió Alice – te estoy preguntando sobre lo que tú

quieres de todo esto. Ya no creo que seas uno de esos asesinos comunistas de los

periódicos, pero… - calló sin terminar su frase, porque su mente aún seguía nadando

entre ideas salteadas. Por un lado, podía ver a Federico ya como una persona, incluso,

quizá como una buena persona, pero aún veía en él, un rastro de misterio que seguía

sin darle confianza.

   Federico la miraba en silencio, tratando de encontrar la mejor respuesta para una

situación así, aun cuando eso implicara no decir la verdad, al menos por ahora – todos

hemos sufrido con esto, algunos más que otros. En ese aspecto tal vez soy afortunado,

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

yo perdí a mis seres queridos antes de la invasión, lo único que me ayudó a superarlo

fue el servir al nuevo estado que formamos los trabajadores. Supongo que eso es todo,

yo simplemente busco servir a mi país, sean cuales fueran las decisiones que éste tome

–

    Ella suspiró un par de veces antes de recostarse en el sofá, tratando de encontrar el

sueño que tanto se le había escapado, esperando encontrarlo en el siguiente parpadeo

– somos iguales ¿verdad? –

    Él sonrió un poco, y poniendo el diario sobre el escritorio con mucho cuidado, se

acercó al sillón al lado del sofá y se sentó en él, reposando su cabeza en el respaldo

    – Sí, yo también pensé en las cosas en las que me parezco a ella – le dijo.



                                           XVI

                               LA BELLEZA DEL CAOS



    - ¿Por qué tardan tanto caballeros?, creí que ya estaba todo listo – replicó con

seriedad el viejo lord Hopkins al conjunto de hombres de bata que rodeaban a “la

campana”.

    - Solo estamos ajustando algunos detalles señor – respondió uno de ellos.

    - Llevan haciendo eso por horas – expuso Hopkins.

    - Aún no se han probado todos los sistemas señor, este tipo de tecnología es nuevo

para cualquiera. No sabemos qué clase de problemas podrían surgir con ella –

respondió uno de los técnicos en una tarima de metal.

    - Además, el diseño mismo del aparato es muy vago, menciona más nociones que

parecen esotéricas que parámetros técnicos – añadió el hombre a su lado.

    Lord Hopkins entendía a la perfección la situación por la que estaba pasando su

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—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

equipo, sabía que aquellas notas no eran sino un conjunto de suposiciones raras, casi

teóricas, aunque, a diferencia de ellos, también sabía de las pruebas secretas que se

habían realizado un par de años atrás, en Polonia, por lo que no dudaba tanto de las

propiedades de aquel aparato, de otra manera, no hubiera invertido en él.

   El viejo asentía, imaginado lo que sería su futuro cercano, su último deleite, pero la

cara de su nieta se le aparecía constantemente en su mente, desviándolo de sus sueños

de justicia, pero poco a poco aquellos rasgos eran sustituidos por otros bastantes

similares; los de Elizabeth. Una incomodidad empezó a gestarse dentro de Lord

Hopkins, si bien había aceptado la palabra de Torre con respecto a la seguridad de la

jovencita, solo lo había hecho por razones de practicidad, no porque realmente

confiara en aquella persona, que en más de una ocasión se había descubierto como un

mero charlatán.

   Poco a poco su mente empezaba a cuestionar sus razones, así como sus acciones,

¿realmente valía la pena arriesgar a esa jovencita solo por sus deseos?, la victoria aliada

ya era como un hecho seguro, Churchill, el Primer Lord del Almirantazgo había

prometido que llegaría junto con la primavera. Aunque era posible que exagerara un

poco. Además, su aporte pudiera ser poco más que insignificante, a pesar de las

fortunas que había gastado en el mismo. El viejo empezó a ponerse tenso, una

pequeña voz en su interior lo acusaba de miserable, de un mero instrumentalista, ya no

sabía qué hacer, así que optó por mantenerse callado, inmutable, tal y como lo hacía

ante las acusaciones de maltrato a las que lo sometían sus empleados, pero ahora era

distinto, sentía que se lo estaba haciendo a aquella a quien tanto había amado. Con un

movimiento brusco estiró sus brazos al suelo, al tiempo que lanzaba un grito al aire y

lanzaba su bastón con fuerza, no podía permitirse flaquear ahora, si a ella le pasaba

algo, que pena, ella no era su nieta, esta estaba muerta y nada de lo que hiciera la

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

devolvería a la vida, solo podía vengarse en su nombre, costara lo que costara. Ya lo

había decidido, y poco faltaba para cumplirlo.

   Los hombres de bata blanca, miraban fijamente a su patrón, pero uno de ellos se

diferenciaba del resto, uno que parecía no estar sorprendido por la repentina explosión

del viejo. Solo lo miró de la misma forma en que se ve un perro ladrando a la distancia,

y sin ponerle mucha atención, continuó trabajando.

   - ¿Cómo vas con eso Manuel? – le preguntó un hombre de blanco a su espalda.

   - El cableado es una maldita telaraña. No estoy acostumbrado a trabajar en cosas

tan complicadas – respondió el hombre de bata, dándose la vuelta, mostrando una

expresión de humor en un rostro que más parecería de un boxeador que de un

ingeniero.

   - Todos estamos igual, estos malditos diseños alemanes son puras estupideces. De

todos los que he visto, solo un puñado realmente han servido, aun no puedo entender

el por qué el presidente esta tan obsesionado con este tipo de cosas –

   Steiner se rio un poco – por lo menos sacamos al Pulqui ¿no?, además no estés

hablando de esas cosas aquí, podrían escucharte – dijo mientras se secaba la frente con

su pañuelo. Su compañero solo levantó sus hombros ligeramente, y Steiner rio aún

más, sorprendido por la extraña actitud. A él, en sí, no le importaba mucho, pero

estaban rodeados por gente que les vigilaba constantemente, y sabía que cualquier

comportamiento sospechoso, podría provocar malos ratos. De cualquier forma, habían

logrado convencer al viejo de quienes decían ser, y al parecer no llamaban mucho la

atención de la sociedad Thule, pero en el tiempo que llevaba allí, habían escuchado de

una comitiva muy importante, la cual despertaba su interés. Lo importante, y lo sabían,

era que pronto llegaría su momento, y él lo esperaba particularmente con ansias.

   - Maltés vete por un refresco ¿quieres? – le dijo Steiner a su compañero. Maltés se

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quedó quieto, como ignorándolo al principio, pero sin decir nada se le acercó.

   - ¿De qué sabor? – le preguntó después de un momento de silencio.

   - No sé, solo tengo sed. Me siento con mucho calor – contestó Steiner dándose la

vuelta, metiendo las manos de nuevo en la pequeña abertura en la que había estado

trabajando. Su compañero puso las manos en su cabeza, estirándose levemente, rio un

poco y se fue silbando hacia el pasillo que conducía a las habitaciones improvisadas de

los ingenieros.



   Sus esperanzas había parecido en vano, por más que trataba de encontrar puntos de

referencia, todo parecía nuevo, al menos en el sentido que jamás lo había visto antes.

Philippe respiraba aún con agitación, pero no por tener que moverse con el peso extra

de Elizabeth, sino por el miedo que parecía estarse apoderando de él. No solo debía

salir de aquel lugar, sino que tenía que hacerlo sin que lo descubrieran, pero eso se

presentaba como lo más difícil de todo, quizá no había demasiados hombres en aquel

enorme lugar, pero no sabía en qué lugar podría encontrarse con algún guardia, o peor,

con otro elfo.

   Una serie de pisadas se oyeron a lo lejos, muy espaciadas la una de la otra, algo

leves, pero bastante claras, y él, sintiéndose desesperado, giró la cabeza en todas

direcciones, buscando una ruta por la cual moverse, pero lo único que pudo ver era

una pequeña puerta de metal a su lado. Sin otra opción trató de abrirla, pero al

encontrarla cerrada empezó a sentirse al límite del colapso. Después de un par de

segundos supo lo único que le quedaba por hacer, el extremo del pasillo estaba muy

lejos, por lo que aun corriendo, seria visto en seguida por quien se acercaba, así que

tenía que quedarse y enfrentar a quien fuera que se le apareciera. Lentamente sacó la

pistola que portaba en su espalda, una vieja escuadra calibre 45, la M1911, diseñada

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

para los soldados americanos después de las experiencias en la guerra en Filipinas y

aunque se seguía fabricando en toneladas, la que él poseía era casi una reliquia de la

guerra de trincheras, al sujetarlo con fuerza, se dio cuenta como su mano temblaba con

avidez, pero ¿por qué?, él se había encontrado en situaciones similares, y si bien era

difícil acostumbrase a ellas, ya tampoco le afectaban de la misma forma en que lo

habían hecho las primeras veces, pero ahora estaba extrañamente alterado, y su mente

no lograba calmarse, mientras le repetía una y otra vez en lo que se había metido. Esto

no era lo que él había supuesto, no era solo un trabajo más para algún rico en busca de

algún tesoro estúpido, o el asesinato de algún mafioso, no, ahora estaba en medio de

una maldita conspiración. Y lo peor había sido descubrir, que a pesar de todos esos

años viviendo como un simple pirata, aún seguía siendo solo un niño llorón, sin la

fuerza necesaria para sobrevivir por su cuenta. Su boca se movía incesantemente, sin

emitir sonido alguno, aunque él podía escuchar claramente como recitaba una y otra

vez los nombres de sus compañeros, llamándolos, deseando que estuvieran a su lado.

   Un par de gotas de sudor frio cayeron al suelo, y otras a la pistola que aún mantenía

apuntando hacia abajo, otro tipo de gota les hizo compañía, una de sangre,

proveniente del labio que se mordía para recuperar el control de sí mismo. Pero en

vano. Inconscientemente abrazó el cuerpo de Elizabeth con fuerza, como si buscara

refugio de su dolor en los recuerdos de su madre, aferrándose a ellos. También en

vano. Las pisadas empezaron a escucharse más cercanas, pero mantenían su lenta

secuencia, y cuando parecía que nada podía sacar a Philippe de aquella situación, un

rápido y potente fulgor salió del pecho de Elizabeth, como una poderosa chispa que se

apagaba tan pronto como se había iniciado. Philippe soltó a la muchacha al tiempo que

retiraba la vista, cegado, pero al recobrar un poco de visión, pudo ver como la puerta

de metal ahora se encontraba abierta, como por arte de magia. Él no se ocupó en

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averiguar lo sucedido, lo único que le importaba era que había encontrado su ruta de

escape y sin detenerse un solo segundo más, tomó a Elizabeth y empujándola delante

de él, la metió al cuarto, cerrándolo de inmediato.

   Una serie de ventanas sucias conectaba lo sucedido en el pasillo, con el interior del

cuarto en el que un joven oraba en silencio mientras sujetaba la figura durmiente de

una joven, serena, ajena al pesar de su compañero. El cuarto estaba totalmente oscuro,

y la poca luz del pasillo de afuera no era lo suficientemente fuerte como para definir las

inertes siluetas que se encontraban adentro, pero si para mostrar como una espectral

figura se movía lentamente por el pasadizo. La sombra que se proyectaba desde afuera

parecía distorsionada al pasar entre los contornos de la habitación, pero Philippe casi la

podía ver como un ente vivo más que como el reflejo de algo afuera. Poco a poco, los

sonidos de metal se escuchaban armonizando junto con las lentas pisadas que

atormentaban a Philippe, y un leve sonido logró penetrar la puerta junto ellos, áspero,

lúgubre, casi como un gruñido. Philippe se empezó a calmar, sintiéndose seguro en

aquel lugar, pero su respiración se mantenía agitada, produciendo un sonido, quizá

demasiado alto para su gusto, sin poder controlar su respiración, sujetó su manga con

la boca, tratando de reducir el volumen, pero al ver como la silueta se detenía justo

detrás de la ventana más cercana a la puerta, su respiración se empezó a agitar más y

más.

   Con un golpe seco, la figura pareció chocar contra la ventana, quedándose inmóvil.

Philippe trató de pegarse lo más que pudo a la puerta, queriendo casi fusionarse con

ella, pero sus ojos, como moviéndose por sí mismos, giraron hacia la figura en la

ventana. Un hombre miraba a través de la poca luz que podía pasarse a la habitación,

viendo hacia todos lados con un par de ojos penetrantes, su respiración empañaba la

ventana de forma notable, como si aquella persona se encontrara bufando con fuerza.

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Philippe no vio nada que pudiera ser de otro mundo, aquel era solo un hombre, pero

al verle mejor, sintió como se le helaba la sangre, quien estaba en la ventana no era

otro sino Dreadnought, justo como si hubiera salido del infierno solo para buscarlo.

   Pero la cara del cazador ya no era como antes, sus facciones eran las mismas, pero

por alguna razón parecía ser otra persona, su piel había perdido color, casi se veía

grisácea, y sus ojos, fijos como los de un animal, eran excesivamente claros, pero entre

más lo miraba más se daba cuenta que ahora casi ni parecía una persona como tal,

como si todo rasgo humano que hubiera existido antes, le hubiera sido arrancado de

tajo, dejando solo una especie de molde vacío, sobre el cual, se hubiera colocado una

careta, casi como si un demonio estuviera mirando el mundo a través de una máscara

de hombre.

   El sudor de Philippe le había empapado la camisa, aumentando aquel sentir helado

del cuerpo mientras Dreadnought permanecía en la ventana. Cada segundo, su

corazón parecía salírsele del pecho, y su cuerpo ceder ante un colapso seguro, pero

antes que perdiera la razón, el cazador se retiró de la ventana y siguió su camino,

dando paso tras paso con una enloquecedora lentitud. Una eternidad pareció pasar

hasta que las pisadas dejaron de escucharse, pero para Philippe, estar bajó esa

expectativa era como un edén. Con sus manos, aún temblorosas, pudo sujetar su cara,

apretándola como si con esto recuperara el habla, lentamente se puso de pie, solo para

ver como su camisa parecía haberse dejado en medio de una lluvia fría, y ver como el

terror había mojado también sus pantalones. Con todo el esfuerzo del mundo miró a

través de la ventana, para ver con alegría como todo volvía a verse sereno, con esto, se

dejó caer al suelo, respirando agitadamente y sollozando, pero no de miedo, sino con

una especie de alegría amarga. Por fin se sentía a salvo.




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   Hess estaba en medio del cuarto, viendo fijamente a la mesa donde habían puesto a

Elizabeth, ahora vacía. Sus manos se cerraron con tal fuerza, que sus nudillos y dedos

empezaba a perder su color. Él sabía que lo más seguro era que Philippe, se hubiera

llevado a la joven, y más importante aún, al medallón, la llave, pero por increíble que

pareciera, no lo culpaba a él, sino a sí mismo por haber sido un estúpido y haberle

permitido a un extraño, entrar hasta el corazón de lo que se convertiría en el origen del

nuevo mundo. Supo que ya no habría marcha atrás, lo importante era la llave, y si tenía

que matar a uno de los pocos que según él, eran dignos, no dudaría en hacerlo, sabía

que cualquiera que se pusiera contra el destino que les aguardaba, debía de ser

eliminado. Entonces recordó a Drachesohn, su viejo compañero del partido, a quien

había acusado de cruel y asesino, y quien a su vez lo había acusado a él de débil e

ingenuo, jamás creyó que llegaría el día en que desearía ser como él, inmisericorde, casi

fanático de la muerte y la destrucción, el perro favorito de Hitler.

   Pero a pesar de todo, el gran maestro no aceptaría explicaciones, y toda la culpa

recaería únicamente en Hess, y él entendía que ya no se podía hacer otra cosa que

aceptar su responsabilidad. Ya había ocurrido antes, cuando se atrevió a defender a su

buen amigo Haushofer, cuando el matrimonio que tenía con una judía había

ocasionado que los miembros de la sociedad se pusieran en su contra, pero en aquel

entonces aún contaba con la protección de Adolf, cuya voluntad poseía mayor fuerza

que todo los maestros juntos, incluso la del gran maestro. Pero ahora era diferente, sin

Karl, ya no tenía aquel apoyo moral, y sin el Führer, ya no tendría aquella valiosa

protección. Lamentarse no servía de nada, ni para evitar el presente, ni para volver al

pasado, tenía que afrontar la realidad, no tenía otra opción. Su mentón se alzó mientras

se alistaba a cumplir su tarea, sabía que sus habilidades mágicas eran deficientes, pero

contaba con algo más simple y quizá más efectivo, con pasos pesados caminó hacia

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una pequeña cómoda en un rincón oscuro, casi imperceptible a simple vista, la abrió y

sin buscar mucho sacó una Walther P38, cargada y lista, de forma instintiva la alzó,

apuntando hacia un blanco imaginario, recordando el cómo se debía de disparar, cerró

levemente su ojos izquierdo y se imaginó un disparo. Con un suspiro, dejó caer su

brazo, con la pistola en mano, su rostro se endureció y sus gruesas cejas oscurecieron

aún más sus ojos, y con ellos, todo su rostro.



   Con unas cuantas bocanadas de un cigarro, aquel solitario hombre se sentía más

tranquilo, a algunos de sus compañeros les molestaba fumar con calor, pero para él, no

había nada mejor que el simple hecho de fumar, en cualquier situación y con cualquier

compañía, incluso si ésta era solo en constante ruido del generador. Pero aquel gusto

no era lo más extraño en cuanto a sus compañeros, él parecía ser el único que pensaba

constantemente en su vida presente más que en la promesa del nuevo mundo perfecto,

claro que también creía en él, y lo esperaba con ansias, pero eso no le quitaba que

gozara de su vida actual, con su esposa e hijos, a los cuales habían empezado a extrañar

desde el primer día en que se retiró de su lado. Otro golpe salió por su boca mientras

disfrutaba el constante zumbido de las maquinas a su alrededor, cuando un golpeteo

metálico se escuchó a su espaldas, de inmediato levantó su arma al instante en que se

daba la vuelta, solo para ver nada. Un suspiro de sorpresa salió de su boca. Tenía que

aceptarlo, estaba nervioso. “Tal vez fue solo una rata, hay demasiadas en este lugar”

pensó al momento de regresar a su antigua posición, pero al darse la vuelta, un brillo

salió de la nada y se le estrelló en la cabeza, oscureciéndole todo al momento de

escuchar levemente un golpe.



   Un guardia caía con la cabeza reventada, en silencio, como debía de ser, y el

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instante mismo del golpe había sido una satisfacción en sí, por lo menos hasta que

encontrara al enano cabrón que se había llevado a Elizabeth. No quería perder tiempo,

pero la sangre que lograba brotar a través del hacha atorado en la cabeza del hombre a

sus pies, lo hipnotizaba, para él, era como la más dulce agua de manantial que un

sediento podía beber. ¿Cómo pudo haber sido tan necio?, ¿Cómo había podido

rechazar aquella necesidad tan poderosa?, aquel disfrute, aquel deleite. Al ver como la

mancha oscura crecía en el piso, Vlad se daba cuenta de aquel gozo interno en el que

se encontraba, no tanto por la sangre en sí, sino por sentirse una vez más dentro de su

propia carne, Isaac solo había sido una actuación, necesaria para vivir una mentira que

al final el mismo terminó por creerse, pero siempre supo que dentro de aquella fachada

de “mata ratas”, su verdadero rostro gritaba por ser libre. Su mano se alargó hacia el

mango del hacha y con un solo movimiento, la sacó de la cabeza del muerto. Ahora

podía verlo, podía sentir como aquellos temblores ridículos habían desaparecido.

Ahora estaba completo, pero no como antes. Elizabeth seguía moviéndose por su

cabeza, su risa, su voz, su cara, y aun sabiendo que ella lo despreciaría, debía de

salvarla. La misma idea de volver a verla, aunque fuera solo por un momento, la idea

de asegurar que aquella figurita blanco y oro tuviera una vida, era más que suficiente

como para alegrarlo, quizá más que en el haberse despertado de lleno.

   Con una sacudida, el hacha quedó lo bastante seca como para volver a guardarla,

aunque en realidad no le molestaba ensuciarse un poco, al contrario, en cierta forma,

quería sentir la sangre llegando a su cuerpo, manchando su ropa, llenado su mente

como una maldita droga. Antes de darse la vuelta, vio el cadáver una vez más, dándose

cuenta de la forma que aquellos sujetos le recordaban a Salem, tras una patada al

cuerpo, se aprestó a salir, pero unos pequeños bultos le llamaron la atención,

lentamente se inclinó y tomando el cinturón del muerto, le retiró una especie de mazos

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al tiempo que su cara se adornaba con una leve sonrisa.



   - ¿Qué significa todo esto señor Glauer? – preguntó Dramorion, que aunque

permanecía serio, y aunque su voz no mostraba enojo, algo en su porte indicaba una

especie de ira pasiva.

   Torre miraba la mesa vacía, el lugar donde se suponía que debía de estar la joven

con el medallón, pero además de que faltaba ella, también faltaba Hess, o era que acaso

ese pobre imbécil se la había llevado a otro lado, Torre consideraba esa opción

ridícula, pero también conocía la poca capacidad de Hess para hacer cualquier cosa

bien.

   - ¿Y bien? – insistió Dramorion.

   - Ella debería estar aquí, yo mismo lo ordené – contestó Torre. El elfo se volteó

hacia él, en silencio, esperando que continuara con su explicación, pero Torre no lo

hizo, en vez de eso, se dio la media vuelta y salió de la habitación como si nada hubiera

pasado.

   Los antiguos lo veían retirarse serenamente. Dramorion ya se estaba cansando de

aquella actitud, los hombres de Thule eran demasiado prepotentes, se creían

merecedores de virtudes y recompensan de las cuales no eran ni remotamente dignos,

pero lo peor era que los trataban como si fueran iguales. Aquel derecho no lo podían

tener ni los más grandes héroes del hombre, aquellos que peleaban en el frente.

   - Señor, no se deben confiar en los traidores, ni siquiera cuando trabajan para uno –

le dijo uno de los caballeros a Dramorion.

   - El mismo Gran Paladín nos ha encargado esta misión – expuso Dramorion – no

importa que nos tengamos que quedar en este lugar por días, semanas, o lunas, o que

tengamos que hacer tratos con estas bestias, tenemos que regresar con la llave – y

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callándose de pronto, salió de la habitación en dirección hacia donde se había ido

Torre. No le importaba caer en el juego de aquel hombre, tampoco el tener que

alimentarle el orgullo, él estaba dispuesto a hacer cualquier cosa para asegurar lo que le

había sido encomendado. A los pocos pasos lo alcanzó, viéndolo moverse de un lado a

otro en un pasillo sin salida, en su rostro ahora se percibía la preocupación, y en sus

pasos, la impotencia. En ese momento Dramorion entendió lo sucedido, la llave si

había sido traída a aquel lugar, aunque no podía sentirla, pero Torre había perdido el

control de la situación y era por lo tanto, un estorbo. Sin dudarlo, se le acercó, y

sacando una daga de un delgado resplandor de su guante, se la enterró en el cuello.

   Un grito de dolor salió disparado a todo rincón dentro del complejo, llenando cada

espacio, cada habitación y cada oído en las cercanías. Torre ahora se desplomaba en el

suelo, mirando fijamente a Dramorion, preguntándole con la mirada, la razón de su

muerte mientras sus ojos se llenaban de terror y confusión. Él creyó que al cerrarse el

intercambio, ellos recibirían su lugar en el mundo nuevo, pero ahora, mientras todo a

su alrededor se volvía borroso, y el terrible dolor de su cuello se desvanecía, se daba

cuenta de quienes eran en realidad lo ganadores del acuerdo. Los antiguos nunca

tuvieron la intención de negociar, solo la de robar.

   - La llave, no la siento – dijo Dramorion.

   - Creí haberla sentido hace un rato, pero estas malditas corrientes eléctricas me

mantienen confundido. No puedo detectarla – respondió el antiguo más retirado del

grupo, el que se mantenía más cubierto.

   - Primero debemos de apagar sus luces – dijo Dramorion, y al ver el cuerpo de

Torre, miró hacia atrás – Calanon encárgate de esto –

   Un elfo de cabello largo y cola de caballo, se adelantó a su señor, poniendo sus

manos sobre el cadáver de Torre, el cual se mantenía con la misma expresión de

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horrible decepción. Y diciendo un hechizo en élfico, una luz empezó a brillar, tras lo

cual su señor asintió mientras sus demás acompañantes se mantenían serenos.



   - ¿Qué demonios fue eso? – preguntó Lord Hopkins ante el horrible grito que había

llegado a sus oídos. Los técnicos e ingenieros también se detuvieron, todos excepto

Steiner, quien bajando de la tarima de metal con un solo brinco, salió de la habitación,

corriendo hacia donde había mandado a su amigo. Encontrándose con que Maltés ya

se encontraba a medio del pasillo, cargando una maleta metálica de aspecto pesado.

   - ¿Qué pasó? – le preguntó Maltés al tenerlo más cerca.

   - ¿Escuchaste el grito? – preguntó Steiner.

   - Creí escuchar algo, pero no estaba seguro de que era –

   - Esto está a punto de hervir – dijo Steiner mientras buscaba algo en el interior de

su bata - ¿los hombre están listos? –

   Maltés abrió el maletín, sacando varias piezas de metal, que rápidamente armó en

una Avtomat Romanov modelo 1947, un arma secreta que el imperio ruso-mongol

solo habían compartido con sus aliados italianos. Steiner tomó el arma, y sacando por

fin un cargador de su espalda, se alistó para el trabajo. Maltés armó rápidamente un

segundo fusil, y ambos hombres se quitaron las batas blancas, revelando una banda de

roja en el brazo, en medio de la cual un símbolo solar negro se encontraba inclinado

sobre un círculo blanco.

   - ¿Empezamos? – preguntó Maltés a su compañero.

   - Ya casi – respondió Steiner – primero ve por los hombres, júntalos y espérame en

el pasillo con ellos, yo me esconderé detrás de las escaleras que dan a “la campana” –

   - ¿Por qué tanta espera? –

   - Idiota – le respondió Steiner en tono de burla –tenemos que esperar a que Torre y

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sus principales cerdos estén en la habitación –

   Maltés sonrió, y levantando su brazo le dijo – ¡Salve Perón! – después corrió por

donde había venido. Al cabo de unos segundos, se encontró en medio de unas tiendas

de campaña, donde un hombre de mono azul se fumaba un cigarro, pero al verle, lo

soltó y poniéndose firme hizo el saludo romano - ¡Salve Perón! – gritó justo antes que

varios hombres salieran de las tiendas e hicieran lo mismo.

   - Ya es hora – dijo Maltés.



   Philippe salió del cuarto con precaución, incluso aun después de haber pasado

varios minutos sin escuchar nada en el pasillo, muy lentamente sacó a Elizabeth,

colocando su brazo por encima de sus hombros. Con cada paso que daba, volvía a

encontrar un poco de la confianza que tanto necesitaba, y al llegar al final del pasillo,

ya se sentía lo suficientemente bien como para soportar lo que quedaba de aquella

sensación de pánico. Al final de túnel, vio con gusto un ligero resplandor al final, el

cual parecía provenir de la luz de la luna que se filtraba por alguna puerta mal cerrada,

quiso tomarse las cosas con calma, pues no quería emocionarse demasiado, pero no

podía evitar sentir una alegría que lo empezaba a invadir desde adentro, y sin darse

cuenta, comenzó a acelerar su paso, sin ver como la cabeza de la joven se sacudía de

lado a lado con fuerza. Al llegar al final, puso sus manos en lo que efectivamente era

una puerta, una salida. Un aire silbante entraba por los contornos de la misma como

un canto melódico que anunciaba la libertad, Philippe, al escucharlo, empezó a llorar

de felicidad, pero al intentar abrirla, sus lágrimas se volvieron un llanto de horror.

   La puerta estaba cerrada, la manija había sido arrancada y el conjunto en sí, estaba

atrancado por una vara de metal. Dreadnought se había asegurado que nadie pudiera

salir por aquella puerta, y le había negado su oportunidad de escape, solo dejándole la

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opción de volver por donde había venido, en busca de alguna otra salida, una que

Dreadnought no hubiera encontrado primero. Philippe levantó la mano con la pistola

y la azotó un par de veces en la puerta, pero aunque esta se movía levemente, era

obvio que no se abriría con eso. Pensó en dispararle, pero se dio cuenta que tal vez

tendría que utilizar las balas en algo más importante. Sin otra opción, sujetó a

Elizabeth con fuerza y regresó a través del pasillo, con los ánimos por el suelo.



   Lord Hopkins se había quedado en silencio, y ante la ausencia de cualquier otro

sonido, le ordenó a su gente seguir trabajando, aunque se mantenía en estado de alerta.

Como todo ingles de edad avanzada, había tenido su cuota de tragedias a lo largo de su

vida, una de las notorias, fue la de enfrentarse por casi cuatro años a los “hunos”,

como se les decía a los alemanes por aquel entonces, por lo que se le había grabado en

su mente aquellas figuras grotescas que la propaganda hacía de los prusianos, y eso,

debido a su estatus, era extraño de él, muchos de sus colegas se manejaban como

hombres de mundo, variando su actitud de férreos patriotas durante la época de

guerra, a ávidos internacionalistas en los tiempos de paz, pero él siempre se mostró

hostil con los extranjeros, y jamás soportó hacer tratos directos con ellos, aunque

procuraba adquirir negocios con los ingleses que lo hacían. Por ello, estar rodeado de

germanos, y además místicos, le producía una sensación de amenaza que se había

incrementado con el grito.

   Un par de hombres de la sociedad de Thule salieron de la nada, corriendo hacia

donde había salido el grito, pero se detuvieron en seco al ver a Torre saliendo por el

pasillo enfrente de ellos. Con gesto serio les ordenó que se retiraran, y aunque ellos se

mostraban intrigados ante aquella orden, obedecieron de inmediato a su maestro.

   - ¿Qué fue todo eso? – le preguntó Lord Hopkins sin recibir respuesta, viendo

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como Torre solo se movía en leves zigzagueos mientras movía su cabeza de lado a

lado, como buscando algo.

   - ¿Se le perdió algo? – inquirió Hopkins en tono molesto. Torre siguió sin

responder, aunque ahora se dignó a mirarlo y mostrarle una sonrisa. Hopkins se sintió

tanto enojado como extrañado, Torre no era una persona que mostrara aquel gesto

juguetón, casi sincero, y aún menos, era alguien que ignorara preguntas, al menos las

suyas - ¿me está escuchando? – insistió con fuerza.

   - No, no, disculpe, solo estoy buscando algo – respondió Torre, mostrándose algo

distraído - ¿no ha visto de casualidad a una jovencita? –

   - ¿La joven que estaba cargando Hess? - preguntó Lord Hopkins con un espanto

que se lograba filtrar por sus palabras - ¿para qué la quiere?, usted dijo que ella nada

tendría que ver con lo nuestro –

   - Solo quiero saber si la ha visto – respondió Torre.

   - ¡¿Para qué?! – preguntó Hopkins con ira.

   Torre lo miró directamente, haciéndolo retroceder un poco, sus ojos se veían como

siempre, pero algo en ellos parecía exudar una especie de amenaza que Hopkins no

había sentido antes. Pero el viejo recobró rápido su valor y poniendo un pie sobre el

otro, se le acercó sin mostrarse temeroso.

   - ¡Señor, acaso me ha mentido usted!, ¡cómo se atreve!, ¡a mí!, ¡a la persona que ha

financiado toda su ridícula doctrina! – le gritó casi en la cara. Pero antes que pudiera

continuar con su reproche, Torre le agarró del cuello y levantándolo del suelo, lo

sostuvo un instante. Hopkins estaba más aterrado que asfixiado, la rapidez de los

movimientos de Torre, solo le habían permitido tomar el suficiente aire como para

soportar el estrangulamiento, y tras un segundo de suspensión, Torre lo aventó al suelo

con desprecio, casi como arrojando basura.

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   - No, no la ha visto – afirmó Torre con tranquilidad.

   Hopkins se levantó de inmediato, con una velocidad impresionante para un viejo, y

sacando un revolver Mosley de su chaqueta, lo apuntó hacia Torre - ¡miserable huno

traidor!, ¡te has metido con la persona equivocada! -

   Al principio, Torre se mostró sorprendido, pero de inmediato, su rostro cambio a

uno adornado con una simpática sonrisa, la misma que muestran los niños cuando ven

a un perro pequeño gruñéndoles con impotencia, en ella, solo había desdén – vaya –

dijo –creo que no esperaba eso –

   De inmediato, la mitad de los hombres de bata, alzaron sus brazos y mostraron sus

armas, todas apuntándose hacia Torre, quien apagaba su sonrisa de forma forzada.

   - No, no esperaba esto – dijo con voz sombría, descubriendo la incompetencia de

Glauer, y la suya por depender del mismo. Sus supuestos aliados, se habían logrado

colar llenos de armas al corazón mismo de su cubil, eso era un error

sorprendentemente estúpido, incluso para un hombre. Pero aunque Torre había

retirado su leve alegría, Hopkins se empezó a sentir más preocupado al ver como el

llamado maestro, endurecía su rostro.

   Un sonido de golpeteo, salió de debajo de la tarima de metal, distrayendo por un

segundo a los presentes, pero no lo suficiente como para distraerles de Torre y de

cualquier mínimo movimiento que pudiera hacer éste. El maestro dio un paso hacia

atrás, y de inmediato, aquel sonido metálico que hacen las armas al moverse hizo eco

por todo el lugar.

   Torre se mantuvo quieto, serio, esperando no hacer nada que pudiera sobresaltar a

los simios armados que amenazaban su vida. Tal vez podría lanzarse a la carga, pero

con tal ventaja numérica, le era imposible asegurar su propia seguridad, aquellos

hombres parecían saber disparar, y aunque fuera más rápido que cualquiera de ellos,

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definitivamente no era más veloz que sus balas, pero justo cuando todo parecía

tornarse, si bien no en su contra, si como una penosa molestia, un zumbido retumbó

ligeramente en sus orejas, lentamente levantó su cara y volviéndose a mostrar

confiado, dijo – ya era hora –

   Al instante, todas las luces del lugar se apagaron, sumergiendo cada rincón en un

mar de oscuridad. El sonido de las armas en movimiento se desató en medio de un

caos de voces de pánico y gritos de órdenes. Solo Hopkins se mantenía quieto,

congelado en la misma posición, esforzándose por tratar de ver más allá de las oscuras

siluetas que inundaban sus ojos, entrecerrando sus parpados, en un esfuerzo en vano.

Una luz se encendió de repente, proveniente de los faros que habían sido puestos para

iluminar “la campana”, y aunque el aparato estaba recubierto por lozas de cerámica

oscura poco reflejante, la luz refractada era sin duda mejor que la penumbra total.

Hopkins giró su cabeza en dirección a donde había estado Torre antes del apagón,

pero vio el rincón vacío, lleno de pánico empezó a girarse en todas direcciones, igual

que la mayoría de sus hombres, todos excepto uno, que bajando su arma, se quedó

inmóvil, viendo fijamente al techo encima de “la campana”.

   - ¿Qué demonios te pasa Swanson? – le gritó el hombre a su lado, pero al ver el

ligero reflejo de un gota de sudor, dirigió su mirada hacia donde creía que estaba

viendo su compañero. Poco a poco, como un efecto en cadena, todos los presentes

hicieron lo mismo, dejando a Hopkins al último, quien subiendo lentamente su cabeza,

se quedó anonadado al ver una extraña figura de negro con los pies en el techo,

totalmente de cabeza.

   Con un poco de esfuerzo pudo verle mejor la cara, blanca, casi luminosa, cubierta

con largos cabellos dorados, todos arreglados en una cola de caballo.

   - ¡UN ELFO! – gritó uno de los hombres antes de abrir fuego, pero no antes que el

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antiguo se abalanzara a la oscuridad al momento que sacaba una larga espada de una

funda de cuero negro. El sonido de los disparos crearon una cacofonía de golpes y

ecos que lastimaban los oídos, pero dentro del mar de sonidos, se lograba escuchaba

claramente el de un filo de metal raspando el piso. Un rápido tajo en la oscuridad lanzó

un enorme charco de sangre al suelo al tiempo que un par de hombres caían sin vida, y

uno de los faros se tambaleaba violentamente antes de estrellarse contra el oscuro

aparato al que iluminaba. Un segundo tajó dejo un manchón en una de las paredes

mientras los sonidos de los disparos iban perdiendo constancia. Lord Hopkins, lleno

de pavor, se dejó caer en el suelo y de inmediato se puso a gatear en busca de una

salida, la cual según recordada, se encontraba a sus espaldas. Una a una, las luces de la

habitación eran apagadas junto con la vida de los hombres que las rodeaban,

impotentes ante un enemigo al que no podían ver, al final, un único grito se calló al

apagarse la última luz, dejando a Hopkins aparentemente solo, a merced de aquel

monstruo en la oscuridad.

   Al igual que un niño aprendiendo a moverse, Hopkins se movía con torpeza,

tanteando el terreno con sus manos, alargándolas y meneándolas de lado a lado hasta

que se toparon con una extraña elevación metálica, por mero reflejo, empezó a subir la

mano por esta, sintiendo un metal frio, con bordes extraños, al subir más pudo darse

cuenta que estaba siguiendo el contorno de una pierna y sollozando, se rindió ante su

destino.

   - No llores viejo, mejor muestra la dignidad con la que retabas a Glauer, y muere

con ella – le dijo Calanon en la oscuridad, blandiendo su espada por sobre la cabeza de

Hopkins. Pero antes de bajarla de golpe, varios resplandores rojizos aparecieron de la

nada y formaron un semicírculo alrededor de él.

   - ¡Baja tu espada monstruo de mierda! – le gritó Steiner a través de la mira de la

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versión rusa del vampyr, alegrándose por haber previsto una serie de situaciones,

muchas muy poco probables.

   Calanon se dio cuenta que había perdido su ventaja, él podía ver mejor que los

hombres, pero no en la oscuridad, donde sus otros sentidos, todos altamente

entrenados, le eran más útiles, pero ahora, los hombres eran quienes podían ver mejor

que él, además, parecían estar armados con “el arco rápido”, aquella arma del Este que

se había vuelto tan temida entre los guerreros. La situación había cambiado una vez

más, pero eso no significaba su derrota, sin titubeo, se lanzó hacia el hombre más

cercano al pasillo, y zigzagueando rápidamente, en un intento por evitar los disparos

que surgían, logró herirlo en la pierna justo antes de romper el semicírculo y salir

corriendo de la habitación. De inmediato, Steiner ordenó el cese al fuego, y caminando

hacia Hopkins, lo tomó por el brazo y lo levantó con brusquedad.

   - Ahora, usted y todo lo suyo, nos pertenece – le dijo.

   - Señor – gritó Maltés dirigiéndose a Steiner – tenemos un herido.

   Lo que parecía ser un insulto en español se logró escuchar entre el oscuridad -

¡enciendan sus luces! – gritó Steiner, y poco después, varias lámparas encendieron el

lugar lo suficiente como para que Hopkins pudiera ver cómo, a través de su manga, el

brillo de la sangre húmeda recorría su brazo.

   – No – continúo Steiner – tenemos dos –



   Calanon maldecía su suerte, una cosa era haber tenido que soportar la credulidad de

Glauer en un mundo perfecto, o tener que soportar una marea de disparos, pero

aquellos últimos hombres habían sido el colmo. Parecía que el lugar estaba lleno de

sorpresas, de pronto, se dio cuenta de la sensación extraña que ahora recorría su

cuerpo, la misma que tanto había estado buscando. Sin el constante destello de la

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electricidad por todo el edificio, ahora podía sentir el lugar donde emanaba el poder de

la llave, y aunque era débil, era más que suficiente. Pero cuando estaba listo para

lanzarse en su encuentro, una figura se apareció de repente frente a él, y levantando

una lámpara, mostró su sorpresa.

   - ¡Maestro! – exclamó un hombre vestido de negro, un miembro de la sociedad

Thule.

   El rostro de Torre permaneció inmóvil, examinándolo rápidamente al tiempo que

no perdía de vista los ojos del hombre – nos han traicionado – le dijo.

   - ¡¿QUE?! ¡¿QUÍENES?! - gritó el sujeto de negro - ¿los ingleses? ¿Ellos apagaron

las luces? -

   - ¡No son ingleses!, ¡son hispanos traidores! ¡Están donde la campana! ¡Rápido!, ¡ve

y avisa a los demás! Tenemos que matarlos a todos – le ordenó Torre mientras le daba

la vuelta y lo empujaba a través del pasillo. Calanon esperaba que eso significara una

oportunidad para ellos, si lograba que lo hombres se mataran entre sí, podrían

encontrar la llave con menos dificultad, aunque también existía el riesgo de aumentar

el fuego cruzado, además que no sabían con exactitud la posición de todos los que

estuvieran en aquel lugar, pero no le quedaba otra salida, el problema ya estaba ahí, y

solo podían esperar poder sortearlo.



   Philippe estaba peor, la poca luz que había en el pasillo había desaparecido por

completo, tal vez por culpa de Dreadnought, aunque no era seguro, no obstante,

aquello podía significarle una ventaja, él siempre tuvo buena vista en la oscuridad,

además, su experiencia durante los años de la gran crisis, le habían enseñado a caminar

casi en silencio total, porque en aquellos días, era muy común que los antiguos

patrullaran las ruinas y escombros en busca de sobrevivientes que pudieran usar como

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esclavos y como los antiguos parecían mostrar una audición sobrehumana, el silencio

rápidamente se había convertido en una virtud importante. Al girar por una esquina,

creyó ver una silueta moviéndose hacia él, y quedándose completamente quieto, redujo

lo más que pudo su respiración para pasar desapercibido, pero empezó a notar que la

respiración de Elizabeth era fuerte, mucho más de lo que hubiera querido. La silueta se

empezó a mover de forma extraña, directo hacia él, pero avanzando de forma lenta,

con precaución. Philippe se percató que pertenecía a una persona, y de inmediato

pensó en Dreadnought, pero al no escuchar el característico tintineo metálico que

tanto se le había grabado en la cabeza, descubrió que quien fuera, definitivamente no

se trataba del cazador, y eso, por menos significaba un alivio, aunque tal vez no tan

significante como lo hubiera pensado. Con sumo cuidado empezó a caminar de

regreso, por donde había venido, con la esperanza que quien estuviera enfrente, no

pudiera se hubiera percatado de su presencia, y en caso contrario, que no pudiera

seguirle. Pero al primer paso, su pie se posó sobre lo que parecía ser algún tipo de

costal, y al no poder pisar bien, todo su cuerpo cayó al suelo.

   Philippe maldijo dos veces, la primera por la impresión de la caída y la segunda, por

haber maldecido en voz alta. De inmediato, la oscura silueta frente a él, se detuvo y

pareciendo retroceder, empezó a vociferar algo en una extraña lengua. Una débil luz

blanquecina salió de la nada, iluminando a Philippe mientras trataba de levantarse,

quien con horror pudo ver que el saco que había creído golpear, era en realidad un

hombre muerto, con la cabeza completamente destrozada. Lleno de asco, más que de

miedo, Philippe se dio la vuelta, sin darse cuenta que golpeaba a Elizabeth con su giro,

pero al voltear la cabeza se quedó en silencio al ver a Rudolf, quien sostenía en una

mano izquierda una especie de bola de luz blanca, y con la derecha, una pistola.

   - Muchacho – le dijo - ¿cómo pudiste ser tan estúpido? –

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   La cara de Rudolf había cambiado, ya no parecía un perro simplón, y su

imperecedera sonrisa había sido sustituida por unos labios secos, tan cerrados entre sí

que había perdido cualquier rastro de color, sus ojos parecían rodeados por una

especie de aros oscuro, pero a pesar de todo el conjunto de rasgos malignos, para

Philippe, el nuevo aspecto de Hess, le parecía más una copia a color del monstro de

Frankenstein, de la película de 1931, graciosa, aunque el momento no le dada

oportunidad de reír, porque si bien no conocía en su totalidad los poderes mágicos de

Hess, la pistola con la que lo apuntaba, era sin duda suficiente como para acabar con

su vida. Pero a diferencia del pánico que lo invadió con respecto al cazador, ahora se

sentía más confiado, más ligero. Conocía los hábitos de Rudolf, y sabía que podía

explotarlos a su beneficio.

   - ¿Para que la quieren? – respondió Philippe mientras se orillaba de tal forma, que

las sombras ocultaban la pistola que sujetaba.

   - Te repito que no la queremos a ella, solo queremos el medallón que porta –

replicó Hess.

   - El medallón parece estar pegado a ella, así que lo que quieran con esa cosa, la

incumbe, tú lo sabes, ¿acaso es tanto el fervor que tienes por las ridiculeces en las que

crees, que puedes sacrificar gente inocente sin la menor culpa? –

   - No, no es eso. Es decir… – empezó Rudolf con cierto tartamudeo – no creas que

estoy contento con esto. Pero si supieras lo que… ¡tú no tienes derecho a decirme

nada!, ¡tú eres un maldito mercenario!, ¡eres nuestro perro!… – le dijo sin ver como

Philippe levantaba su pistola, y tratando de enfocarse en su objetivo, apretó el gatillo

con fuerza.

   Un solitario disparo hizo su aparición en el cuarto, y todo rastro de luz desapareció

con él. Philippe no pudo decir que tan certero había sido su tiro, pero el sonido que

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había escuchado era el de una bala que golpeaba carne. La respiración de Elizabeth era

ahora el único sonido que se escuchaba mientras Philippe la levantaba con cuidado, y

al sostenerla de nuevo bajo sus hombros se preguntaba en el extrañamente pesado

sueño que poseía la muchacha. Disparos, golpes, sacudidas, gritos, nada parecía

despertarla, Philippe pensó que tal vez no se encontraba bien, pero al escuchar un

ligero ronquido se dio cuenta que sus preocupaciones quizá eran exageradas.

Esperando un poco, tratando de recobrar un poco de visión, empezó a caminar hacia

donde había estado parado Rudolf, y al llegar allí, puso su pie sobre algo que se sentía

igual a un costal, supo entonces que Hess se encontraba muerto, y sin detenerse en

examinar al cuerpo siguió caminando, sin escuchar como un leve gemido empezaba a

salir del bulto tirado en la oscuridad.



    - ¿Quiénes son ustedes? – preguntó Hopkins sobresaltado.

    - Gente armada – respondió Steiner – y eso es todo lo que ocupas saber viejo –

    - Eso, y que hiciste tratos con quien no debías – añadió Maltés, quien dirigiéndose a

Steiner, le dijo en voz baja – señor, ¿qué era eso? -

    Steiner volteó hacia él, y bajando la mirada le respondió con seriedad – hay elfos

aquí –

    Las murmuraciones empezaron a brotar hasta que Maltés ordenó silencio - ¿cree

que esto nos lo haga más complicado? –

    - ¡Por Dios Maltés!, ¡realmente crees que nos lo hará más fácil! - le respondió su

superior con enojo – pero la campana es nuestro objetivo principal y tenemos que

encontrar la forma de transportarla al norte, todo lo demás es secundario, ¿entienden?

–

    - ¿Y Torre? – preguntó uno de los hombres.

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   - Está muerto, creo que lo mató el viejo –

   Pero mientras hablaban, Maltés encendió una bengala y la arrojó hacia una de las

esquinas de la habitación, descubriendo el matadero en el que se había convertido todo

el lugar. Cuerpos sangrantes por todos lados, pedazos de piso y vidrio regados por

doquier, junto con los rastros de infinidad de disparos, todo era un caos, sin embargo

algo parecía faltante, y Steiner fue el primero en notarlo. Ignorando a sus compañeros,

corrió hacia un claro en la habitación y empezó a girar su cabeza en todas direcciones.

   - ¡No está! – exclamó con enojo.

   - ¿Qué? – preguntó uno de los presentes.

   - ¡Torre!, ¡no está! –repitió con más excitación. Siempre evitaba las cuestiones

personales en su trabajo, pero durante años, se había topado con el sol negro, y al paso

del tiempo, había desarrollado una especie de deseo por acabar con Torre, casi

llegando al grado de una obsesión.

   - Igual que en Varsovia – le dijo Maltés desde la distancia, pero su compañero no le

respondió, es más, se sentía casi molesto por ese comentario. En aquel entonces

estuvo más que cerca que nunca de haber matado al hombre encargado de toda la

sociedad Thule, una sociedad mística que había sido proscrita de Alemania bajo las

órdenes de Von Seeckt, y que había sido causante de una infinidad de actos terroristas

durante los años anteriores a la gran crisis tanto en Europa como en Rusia y Argentina.

   Maltés se giró en dirección a la campana, y hablando en voz alta continuó – dudo

que funcione, no está terminada, entonces, ¿qué haremos si no podemos sacarla? –

   Steiner se dirigió a él, y dándole una fuerte palmada en la espalda le dijo – entonces

deberemos de limpiar este lugar para después comunicarnos con el centro. Ellos

vendrán después –

   Varias risas intervinieron después de las palabras de Steiner, mientras algunos de los

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hombres levantaban sus armas con gusto, quizá Alemania era considerada como un

modelo a seguir, más cuando fueron los inmigrantes alemanes quienes ayudaron a la

creación de los ideales de superioridad argentina, pero los miembros de Thule no eran

considerados como alemanes ya por ninguno de los presentes, de hecho, ya por

ninguna de las naciones pro germanas del mundo.

   Steiner recargó su arma, y ordenándole a la mitad de sus hombres que lo siguieran,

se internó en uno de las salidas de la habitación, el pasillo por donde haba visto huir al

elfo. Era curioso, para él y seguramente para sus hombres, era más importante

terminar los asuntos pendientes con Thule, que en enfrentarse a los antiguos, esa era

una ventaja de su unidad, mientras la misión principal fuera cumplida, el alto mando

les otorgada libertad de acción con respecto a cualquier detalle secundario.

   Lord Hopkins se había mantenido callado, escuchando pacientemente las pláticas

de aquellos hombres, que curiosamente combinaban tanto español como inglés, intuyó

que se trataban de descendientes británicos, o de fascistas ingleses que habían huido al

supuesto paraíso de Perón, cuando este tomó el poder mediante unas elecciones cuasi

democráticas en el 46. Aunque aquello era solo una suposición, bien podría tratarse de

mercenarios de habla inglesa, como los irlandeses que luchaban con los Estados

Soviéticos. Mientras pensaba en las opciones, Maltés se movió al centro de la

habitación, caminando de un lado a otro, examinando la campana. Después de un rato,

detuvo su inspección y subiendo a la tarima, le gritó algo a sus compañeros, quienes

moviéndose en su dirección, bajaron sus armas, tomaron herramientas y empezaron a

trabajar en el enorme aparato.

   Lord Hopkins, se levantó con cuidado, caminando hacia Maltés sin mostrarse

preocupado, creía que por su forma de hablar, sería menos hostil que el tal Steiner, y

con gusto se dio cuenta que Maltés lo miraba con calma. Hopkins se quedó a su lado,

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en silencio, viendo como trabajaban en la campana como si nada además del fallo de

las luces hubiera pasado - ¿quiénes son ustedes? – preguntó al fin, empujado por la

curiosidad.

   Maltés se volteó hacia él, pero no le respondió, sin embargo levantaba ligeramente

su arma, como si quisiera decir algo con ella. Hopkins no sintió agresión de su parte,

así que pensó que aquel gesto era más una respuesta que una amenaza, lentamente

miró el arma, tratando de deducir algo en ella, y de inmediato pudo ver en su diseño

algo que no había visto antes, parecía ser una especie de rifle automático, pero más

avanzado que ningún otro que hubiera visto antes, aún más que el Mondragón M1944

que usaban los soviéticos, el cual se había ganado la fama de ser la mejor arma en el

frente. Eso significaba que quienes fueran aquellas personas, tenían la importancia

suficiente como para portar armas clasificadas fuera del frente. Con rapidez, la mente

de Hopkins empezó a divagar en las divisiones y grupos armados de cualquier bastión

fascista, desde Rusia hasta Sudamérica, desde el ejército, hasta los grupos guerrilleros

de extrema derecha que fueron asesinados en masa en España y Brasil, pero no daba

con una opción viable, el Barón loco era demasiado disciplinado como para ocuparse

de algo que no fuera los asuntos del frente, así que las personas que estaban allí, las

que contrató creyendo que eran ingleses, eran parte de cuerpos extra militares, por

otro lado, tampoco podían ser simples espías, ya que se movilizaban más como una

unidad militar que como simples informantes, y como un golpe, la respuesta apareció

en su cabeza.

   - Cuerpo de gendarmes especiales – dijo sorprendido, refriéndose a la organización

policiaca rusa, que desde mediados del siglo XIX se habían dedicado a la seguridad del

estado ruso, y desde el ascenso de Ungern, a la consolidación de un estado de terror en

los países que el Imperio ruso se anexaba, aprovechando que las demás naciones

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humanas estaban ocupadas con la guerra.

   Maltés se mostró algo complacido y animándose a responderle le dijo – casi viejo,

casi – y guardando silencio, le dio la espalda y siguió observando el trabajo en “la

campana”.

   Hopkins levantó la cabeza mientras reconocía su estupidez. Obviamente aquellos

hombres no podían ser rusos, si lo fueran no estarían hablando español, por un

instante se llamó a sí mismo un ignorante, pero al bajar la mirada pudo ver la banda de

brazo que portaban los miembros de su nueva compañía, y lo entendió todo de

inmediato, era gente del primer Imperio Argentino.



   Calanon se dirigía con rapidez hacia donde emanaba la energía de la llave,

sintiéndola cada vez más fuerte. Había decidido ir primero tras ella, sin avisar a su

señor, después de todo no sabía por cuánto tiempo disfrutaría de aquella calma tensa,

ya que los romanos estaban también en el edificio, y aunque era improbable que los

Thule descubrieran la traición, no era imposible. Eso los dejaría en medio de un

enfrentamiento con desventaja numérica, lo mejor era esperar que su treta hubiera sido

suficiente y que ambos bandos se mantuvieran ocupados. Pero al dar vuelta en una

esquina se encontró ante una pared. Calanon se dio cuenta que la energía de la llave era

más fuerte de lo que había creído en un principio, por lo que viajaba

ininterrumpidamente, traspasando paredes y cuerpos como si nada, podría esperar a

sentir más fluctuaciones, o buscar alguna piedra en la que pudiera poner algún hechizo

guía, pero eso le tomaría más tiempo que el solo buscarla. Pero antes que pudiera

ponerse en marcha de nuevo, la luz de una bengala y una serie de voces que se

escuchaban a la distancia le llamaron la atención, cuando se acercaron más, se dio

cuenta que se trataba de alemán, por lo que se dirigió hacia ellas, encontrándose con

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

un grupo de hombres vestidos de negro, tomando de inmediato la forma de Torre.

Cuando lo vieron, los hombres se inclinaron en señal de respeto, mostrando ser de los

rangos más bajos de la sociedad.

   - Gran maestro, ¿qué ha sucedido? – le preguntaron, aún con las cabezas bajas.

   - Eso no importa – les dijo – solo me importa encontrar a la joven que Hess llevó al

altar – continuó, pensando que era más importante encontrar de una vez por todas a la

llave. Pero todos los hombres se quedaron callados, viéndose entre ellos, mostrándose

ignorantes de lo que decía su maestro.

   - ¿Qué joven? – preguntó uno de ellos.

   Calanon bufaba por dentro, enojado por perder el tiempo con aquella basura, pero

antes que pudiera dar la media vuelta, una vara de metal cayó en medio del grupo.

Calanon la miró por solo un segundo antes de lanzarse hacia el suelo y cubrirse detrás

de un escudo, que brotaba de una luz de uno de los cristales que tenía incrustados en

sus guantes.

   Una explosión de metralla salía disparada a todos lados, matando a todos los

hombres de negro, Calanon había sobrevivido, pero un trozo de metal había chocado

contra su pierna, y aunque no la había herido de gravedad, si le había atravesado la

armadura y se le había quedado incrustada en el muslo. Sin mostrar su dolor,

simplemente se quitó la placa de la pierna, viendo como un hilo de sangre bajaba hasta

el suelo. La herida, a pesar de la sangre, parecía ser superficial, podía fácilmente hacer

algún hechizo de curación, o solo vendarse con una banda de hierbas medicinales,

pero consideraba que ya había perdido demasiado tiempo, así que optó por ignorarla,

después de todo, dejaría de sangrar en poco tiempo. Pero al estar pensando en su

pierna, no notó como una silenciosa figura salía por el mismo lugar que la granada, y

corriendo hacia él lo embestía con un hacha.

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—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

   Calanon lo vio con el tiempo suficiente como para dar un salto hacia atrás, y

sacando su espada, se le abalanzó de inmediato. La persona del hacha pareció titubear

un momento, pero logró reaccionar a tiempo para detener el primer ataque del elfo

con su arma, pero al tratar de quitarse al antiguo de encima, Calanon aprovechó el

forcejeo para lanzarlo con una patada. Aquel hombre rodó por el suelo, soltando su

hacha, Calanon no perdió un segundo, y saltando hacia él, empuño su espada hacia el

suelo, con la intención de clavarlo, pero el sonido de una recarga lo hizo alargar su pie

en un esfuerzo por detenerse antes de caerle encima. El disparo de una escopeta logró

penetrarle parte del peto, y tras soltar un grito de dolor, logró caer sobre sus piernas,

utilizando su espada como un tercer soporte.

   - ¿De qué joven estabas hablando? – le dijo el hombre al acercarse.

   Calanon se mantuvo quieto y en silencio, esperando que su atacante se acercara

más, y al ver que la distancia era la indicada, levantó su espada y se le lanzó con todas

su fuerzas, pero el esfuerzo hizo que la herida de su pierna empezara a dolerle, y

limitando su velocidad, vio como la persona de la escopeta lograba esquivar la estocada

y le daba un golpe con la culata de su arma. Calanon volvió a caer, ahora de espaldas,

dándose la vuelta trató de levantarse, pero de inmediato un pie cayó sobre él con

fuerza.

   - ¡¿De quién estabas hablando?! – le dijo el hombre mientras la luz de la bengala en

el suelo le iluminaba la cara con rojo. Calanon se llenó de un extraño susto al ver las

facciones de aquella persona, sus ojos, su boca, su cara, todo evocaba la imagen de un

lobo rabioso. No respondió, más por el miedo que por cualquier otra cosa, pero a Vlad

no le importaba la razón, a él solo le interesaba que el antiguo parecía saber algo de

Elizabeth, y aun cuando prefería encontrarla por él mismo, y matar a todo mundo

durante el proceso, no le venía mal un poco de orientación.

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

   Pero al ver que el antiguo bajo sus pies permanecía en silencio, Vlad no volvió a

preguntar una tercera vez, solo levantó su escopeta sobre la cabeza del antiguo y

apretó el gatillo.



   - Esta muerto –

   Dramorion se detuvo al escuchar esas palabras, pues sabía a lo que se referían.

   - Es mejor acabar con esto de una vez – replicó uno de ellos.

   - Aefaradien – le dijo al elfo cubierto - ¿sigues sin sentir la llave? –

   - La siento señor, pero su energía es demasiado fuerte como para poder ubicarla en

este laberinto –

   - Señor… - dijo otro, pero antes que pudiera decir algo más Dramorion alzó la voz

con potencia.

   - ¡Sepárense!, maten a todo animal que vean, encuentren la llave y nos reuniremos al

amanecer en el círculo de transferencia –

   Todos asintieron, sin añadir algo, sin cuestionar algo, solo aceptaron la voluntad del

caballero al mando, y coordinándose sin emitir palabra alguna, cada uno salió hacia un

corredor distinto. Solo Dramorion se quedó en el mismo lugar, en silencio, apretando

las manos en un intento fallido por llorar a su hermano de armas, pero al cabo de un

rato, la tristeza se convirtió en odio hacia quién hubiera acabado con Calanon, hacia la

impotencia de no haber podido ayudarle, hacia sí mismo por ser incapaz de llorar por

él. A diferencia de con los hombres, él sabía que las almas de los antiguos no

desaparecían de este mundo, sino que se dispersan en él, volviendo a la fuente de vida

que da orden y vitalidad a la Gaia, pero eso no implicaba que se les podía volver a

sentir, o ver, tal y como fueron en vida. Ni la magia, ni siquiera la prohibida, podía

revivir a los muertos, y ese es el verdadero infierno de los inmortales, una promesa de

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vivir para siempre que tarde o temprano se traducía en la desgracia de vivir sin nadie, y

para ellos, la gracia de la muerte no significaba el inicio de una nueva vida, y en eso

radicaba su odio por la humanidad, quien sin ser meritoria de algo, solo

manteniéndose viva a costa de la salud del mundo, era la que gozaba de la mayor

promesa de este, la promesa del goce eterno. Los hombres lloraban por sus hermanos

caídos con tanta facilidad como el respirar, pero los antiguos no podía hacerlo, su

propia fortaleza les impedía expresar su dolor, y a la larga, eso se convertía en una

carga demasiado insoportable.

   Y por eso, la orden era la única verdad, si era cierto que lo hombres no pertenecían

al mundo, que solo existían en él por un breve momento y que al morir regresaban a

su lugar de origen, entonces, el mundo estaría mejor sin ellos, sin caos, sin muerte sin

sentido, sin destrucción sin motivo. Un mundo solo para quienes pertenecieran a él,

una Gaia de antiguos, feliz y perpetua.

   “Al final, solo la Gaia y sus hijos” pensó mientras sacaba la espada de su funda. A él

no le gustaba guardarla mágicamente como a algunos de sus compañeros, él prefería

sentir siempre su peso a su costado, saber que existía físicamente en todo momento,

como un recordatorio de su propia naturaleza. La miró por un momento viendo el

poco brillo que podía reflejar en aquella penumbra. Miró en ella sus ojos, o creyó

hacerlo, y por un momento, recordó la risa que sentía en su infancia a causa de su

propio nombre, en aquel entonces jamás se imaginó que terminaría como un reflejo de

su propio padre, pero dejando su mente en blanco, se lanzó a la oscuridad.



   Cubierto totalmente con una túnica negra, Sadron corría con la mayor velocidad

que podía, no ocupaba sus ojos, solo con sus oídos era más que suficiente para

encontrar la llave, sus reflejos eran excelentes, incluso dentro de su gente, y sus manos,

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

siempre se mantenían ocultas, listas para presentar ataque contra cualquier resistencia.

Al igual que sus compañeros, también se lamentaba la muerte de Calanon, pero él

sentía vergüenza por preocuparse por la pérdida de un amigo mientras los guerreros

regulares vivían en un clima de constante frustración. Ellos perdían hermanos cada día,

cada hora, y sin embargo, seguían luchando por el imperio. ¿Quién era él para creer

que su pesar era superior a los de los guerreros de casta inferior?, ellos, quienes habían

ya demostrado desde hacía tiempo ser la verdadera fuerza de Ávalon. El último Merlín

lo sabía, pero Saerwen se impedía por todos los medios posibles el reconocerlo, para

ella, la casta representaba un orden inquebrantable, una especie de valor social superior

a cualquier merito individual. Pero de todo ese pensar, para Sadron, lo que más

ocupaba su mente era el sentir la presencia de la llave, pero por aquella sensación, tarde

se dio cuenta de la distracción en la que se encontraba, hasta que al doblar un pasillo,

una serie de disparos empezaron a llegar desde el final del siguiente corredor.

   Sadron no detuvo su velocidad, solo se lanzó contra la pared y con el impulso,

regresó hasta la esquina. Con gusto se dio cuenta que no presentaba ninguna herida,

pero eso había sido más por suerte que por cualquier otra cosa, al escuchar voces

humanas, se dio cuenta que no se trataban de los hombres de Thule, sino de romanos.

Aquello sin duda era una mala señal, más cuando se percató que aquellos hombres

podían ver en la oscuridad. Pero pensando con rapidez, lanzó un conjuro sobre sí

mismo, y al dar la vuelta se lanzó directo hacia sus nuevos adversarios.

      En espera de algo que se moviera, los hombres de Steiner, aguardaban en silencio,

sus aparatos de visión nocturna aún podrían seguir prendidos por unas cuantas horas

más, pero eso era solo en teoría. Uno de ellos dio un paso al frente, pero fue detenido

de inmediato por su superior, quien sabía que era mejor asegurarse de cada

movimiento con tal de evitar caer en una emboscada, además, a pesar de pertenecer a

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—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

cuerpos altamente entrenados, ninguno de ellos había estado en combate contra un

elfo, por lo que desconocían de primera mano, la magia que usaban. Hubiera sido

mejor haber mandado veteranos de guerra, pero la secretaría de defensa siempre

trataba a sus divisiones militares como sus soldados de juguete, por lo que era muy

celosa de prestarlos para cualquier cosa fuera del frente. Solo Steiner era la excepción,

pero en todos sus años de servicio, solo tuvo que enfrentarse a hombres, soldados,

mercenarios, brujos y caudillos, pero humanos todos al fin, sin embargo, sentía que dar

cualidades superiores a su enemigo, solo aumenta la fuerza del mismo, por lo que

permanecía confiado de sus hombres, su entrenamiento, y sus armas. Pero de pronto

uno de ellos se desplomó en el suelo, y de inmediato los hombres sujetaron mejor sus

armas, acercando sus rostros a sus visores nocturnos, ninguno dijo algo, o exclamo

algo, pero a través de la luz rojiza se podía ver terror en sus rostros.

   Un segundo hombre cayó al suelo después de apenas exclamar un gritito de dolor, y

en ese instante, sus compañeros empezaron a disparar sin poder ver nada fuera de lo

normal. Uno a uno empezaron a caer ante la nada, pero fue Steiner el primero en notar

una mancha de sangre que parecía moverse rápidamente en el aire. Sin perder tiempo

empezó a dispararle, y vio tanto con gusto como con terror, como una serie de brillos

y sonidos de impacto parecían aparecer de la nada, como si existiese una especie de

muro invisible rodeando al asesino de sus hombres. Pero a pesar de los impactos

iníciales, apuntar le era extremadamente difícil, y con un último tiro fallido, su cargador

quedó vacío. Casi en medio del pánico, trató de cargar su arma lo más pronto posible,

pero cuando por fin lo hizo, se dio cuenta que era el único del grupo que quedaba.

Steiner se giraba de lado a lado, tratando de ver cualquier cosa fuera de lo normal, pero

en vano. Sin darse cuenta, empezó a ceder ante el pánico, su respiración iba en

aumento y el sudor hacia que sus ropas quedaran empapadas, le costaba ver cualquier

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

cosa que no fuera la estática de su visor, o escuchar otra cosa fuera de su propia

respiración.

   Un extraño resplandor apareció de la nada, rápido como un rayo, atravesando el

aire hasta llegar hasta Steiner, pero éste logró reaccionar a tiempo como para dejarse

caer y esquivar lo que parecía ser una estocada de aire. Rápidamente se lanzó hacia uno

de los cadáveres de sus compañeros, y tomando su arma, sujetó un fusil en cada mano

y empezó a disparar hacia todos lados. Pero antes que se le terminaran las balas, un

golpe, como una patada, lo golpeó en el pecho, y antes de caer, sintió como un golpe

en la espalada lo lanzaba contra la pared. Steiner quedaba inconsciente, sin percatarse

de cómo la figura de Sadron aparecía de la nada, tocándose un hombro lleno de

sangre. El último intento del hombre había dado un pequeño éxito, pero tan patético

que merecía quedar ignorado. El elfo miró a su alrededor, viendo la ausencia de

respuesta de los hombres, observando a Steiner por un momento, pero al considerarlo

menos que una simple molestia, decidió dejarlo vivir, no había honor en matar a

alguien dormido, e ignorando el resto de la matanza, siguió su camino.



   Maltés los había escuchado, disparos de la AR-47, silenciados en segundos. Eso no

era una buena señal, y dándose cuenta que quizá él tendría que tomar el mando tarde o

temprano, se dio la vuelta y señaló a las entradas.

   - ¡Quiero que sellen los accesos! – gritó a sus hombres.

   - Capitán – respondió uno – el mayor aún no ha regresado –

   Maltés calló por un momento, y dirigiéndose hacia el soldado que había objetado, le

dijo con una voz lenta y furiosa, que hiciera lo que él acababa de ordenar – bajo mi

responsabilidad – terminó.

   Por un segundo todos parecieron vacilar, pero se dieron cuenta que el capitán sería

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incapaz traicionar al mayor, ambos eran buenos amigos, e incluso con las diferencias

de rangos siempre se trataban como iguales, y algo tendría que estar sucediendo para

que el capitán hubiera tomado aquella decisión. Sin decir nada más, varios hombres

tomaron unos paquetes y corriendo hacia los accesos, los pusieron en varios lugares de

las paredes y debajo de unas tarimas de metal que pasaban por encima de ellas. Tras

colocar las cargas, conectaron el detonador y regresaron hacia el centro de la

habitación. Maltés ordenó que se replegaran hasta el corredor trasero, y poco después

dos explosiones lanzaban escombro por todos lados antes de dejar que parte de la

estructura colapsara sobre ella misma, sellando con lámina y concreto los dos

corredores principales. Ahora, solo quedaba la salida trasera, la cual sería más fácil de

defender en todo caso.



                                         XVII

                                 ROJO AMANECER



   Philippe había sentido una sacudida, así como el sonido de una explosión, pero no

pudo determinar ni su causa ni su ubicación, creyó que aquello le terminaría afectando,

pero sin pensar mucho en el asunto, siguió caminando. Al llegar a lo que parecía ser

una pequeña sala de enfermería, encontró un catre en el que acostó a Elizabeth,

dejándose caer después él mismo en una silla al lado. La luz aún no volvía, pero sus

ojos ya se habían acostumbrado lo suficiente como para disfrutar de una idea bastante

precisa de lo que lo rodeaba. Miró a Elizabeth por un momento, pensando una vez en

lo extraño de su sueño, jamás en toda su vida, se había encontrado con alguien que

poseyera semejante sueño pesado, pero era lo mejor, así podría buscar algún lugar

donde dejarla y ella ni cuenta se daría de las penurias por las que casi tuvo que pasar.

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Eso era bueno y al menos para él, envidiable. Al recargarse en el asiento, empezó a

sentir como la tensión de sus manos se iba perdiendo y con una buena sacudida,

volvió a sentirlas como siempre. Sus piernas, por otro lado seguían igual, duras, pero a

la vez, temblorosas, pero para el caso no importaba mucho, al menos se encontraba

sentado, el silencio reinante lo calmaba aún más, convirtiendo cualquier molestia física

en un asunto de poco importancia, aquella era la costumbre de los refugiados, dormir

cuando se encontraba cualquier oportunidad para hacerlo.

   Sin percatarse del todo, sus ojos se empezaron a cerrar, cada vez con menor ritmo,

pero los pensamientos en su mente seguían aún demasiado activos como para dejarlo

dormir. Sus compañeros no eran sus amigos, sino más bien como una especie de

séquito del cual tenía que cuidarse de vez en cuando, más cuando se les subían las

copas, por lo que aun con el cansancio, ya estaba acostumbrado a siempre mantener

un ojo abierto, pero de entre ellos, Antón era diferente, desde que lo había conocido se

había convertido en un hermano, como el que siempre había deseado, aunque con el

paso del tiempo notaba como este lo miraba de forma extraña, quizá era demasiado

obvio, pero para mantener aquella unión tan fraternal, él disimulaba no percatarse. No

se conseguiría nada bueno de lo contrario, él no sentía lo mismo, ciertamente tenía

poco libido, y las mujeres en muchas ocasiones le eran indiferentes, pero eso no

significaba que no le gustaran. Además, si Antón le había salvado la vida en varias

ocasiones, pues de alguna manera debía de agradecerle, y hacerse el loco a sus manías,

por más repulsivas que le parecieran, era la mejor forma de hacerlo. Al menos sus

demás compañeros no lo sabían, de lo contrario, ambos estarían ya muertos, uno por

raro y el otro por parecer raro. Sin embargo, no podía negar que deseaba volver a

verlo, con él, siempre se sentía protegido, por lo menos lo suficiente como para no

haberse orinado, pensaba lleno de vergüenza.

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—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

   En eso, levantó la cabeza de nuevo, mirando a Elizabeth una vez más. No sabía por

qué, pero algo en ella lo intrigaba, no era su físico, era muy delgada para su gusto, tenía

poco busto y poca cadera, además sus dientes eran grandes y bastante notorios, es

decir, no era fea, pero definitivamente no era su tipo. No, lo que le llamaba la atención

era algo más, algo que lo obligaba a mantenerse a su lado, como una especie de

llamado a protegerla, poco a poco empezó a elevar más su cabeza, con la intención de

poder verla mejor, pero al inclinarse en la silla, se quedó en silencio al ver como una

figura de pie junto a la ventana, también la miraba a ella.

   Lentamente levantó su arma, pero antes que pudiera apuntar, la ventana se rompía

en pedazos y una persona enorme se abalanzó sobre él a gran velocidad, y con un

tremendo golpe en la cara, lo mandó rodando casi hasta al otro lado de la habitación.

De manera sorprendente, Philippe logró incorporarse, y viendo como la silueta se

acercaba a Elizabeth, reconoció los rasgos de uno de los elfos con lo que había

chocado antes del apagón, con esto, levantó por segunda vez su arma, solo para recibir

un segundo ataque.

   Dramorion apenas tenía que ver a aquel joven, sus movimientos eran demasiado

bruscos y sonoros como para delatarlo y eso lo evidenciaba, no era un verdadero

antiguo, tal vez ni siquiera poseía su sangre, quizá se trataba solo de un hombre de

orejas extrañas, además según recordaba, entre los antiguos no existían lo ojos verdes

de los hombres. En todo caso, eso le convenía, si no era un soldado humano, ni un

traidor, no tendría por qué matarlo.

   - Quédate quieto joven hombre, esta guerra no es contigo – le dijo al señalarlo con

su espada, mostrándole lo que podría ser una última estacada si no lo obedecía.

   Philippe bajó las manos y se quedó de rodillas, pero sus ojos no mostraban derrota

alguna y Dramorion supo que no debía bajar la guardia aún. Los hombres eran

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traicioneros, por lo que siempre esperaban la mínima oportunidad para recobrar la

ventaja, esa era para Dramorion la razón de su victoria, pues había visto como la

terquedad de los hombres los empuja a seguir luchando hasta conseguir el éxito, al

menos, los verdaderos hombres. Pero él seguía sintiéndose algo culpable, las facciones

que veía no eran humanas, eran demasiado simétricas y lisas para serlo. Sin nada que

perder conjuro un pequeño hechizo, y al hacer brillar la punta de su espada vio como

la cara de Philippe parecía brillar junto con ella. Entonces lo supo, aquel joven era sin

duda un antiguo, en mayor o menor medida, quizá mezclado, pero al final, el brillo

natural de su gente era la prueba de la pureza de su sangre. Lentamente bajó su espada

y le dijo –hermano mío, es una pena que hayas olvidado a tu gente, pero tu gente no

olvida a los suyos. Vete de aquí y encuentra tu verdad –

   - ¡Fils de pute! no soy tu maldito hermano, elfo de mierda. Yo soy un humano –

respondió Philippe con enojo, y justo después de terminar tomó un frasco que se

encontraba a su alcance y se lo arrojó a la cara. Dramorion esquivó el ataque sin la

menor dificultad, pero descuido lo suficiente a Philippe como para que este corriera

hacia Elizabeth y tratara de tomarla, pero apenas la sujetaba en sus brazos, una

estocada luminosa paso por encima de su cabeza y pasando como un rayo tajó toda la

pared frente a él.

   - No conviertas esto en una muerte vana – le dijo Dramorion al acercársele – deja la

llave y sal de aquí, te estoy dando una segunda oportunidad –

   - Oportunidad, ¿para qué? - respondió Philippe – para unirme a la basura de la

sociedad de Thule, ¡para convertirme en un esclavo de Ávalon otra vez! –

   El elfo lo miró con burla cortés – Thule no es nuestra aliada, es solo un montón de

locos que creyeron que eran parte de algo a lo que no pertenecían. Creyeron que

nuestra raza era la misma que la suya, y traicionaron a su propio pueblo bajo esa

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premisa absurda –

   - Malditos, solo usan a la gente como instrumentos – respondió Philippe

sintiéndose agredido. Thule le era despreciable, pero al escuchar las palabras del elfo,

no pudo evitar sentir pena por los hombres de aquella sociedad, eran los culpables,

pero seguían siendo humanos, y eso era más importante para Philippe que muchas

cosas.

   - ¿Usarlos?, ¿crees que de alguna manera los hemos traicionado?, fueron ellos

quienes se dirigieron a nosotros, nos llamaban los “Vril”, y creían que pertenecíamos a

una raza humana antigua. Nosotros no les mentimos, solo les seguimos su juego – le

contestó el elfo, pero Philippe parecía no prestar atención, su mirada seguía siendo de

hostilidad pura, y su porte parecía estar listo para lanzarse al ataque una segunda vez.

Dramorion volvió a levantar su espada, dispuesto a conseguir la llave, aún si tuviera

que herir a un hermano, pero por lo menos se aseguraría de salvarle la vida. Con fuerza

apretó la empuñadura de su espada, y arqueando su cuerpo alargó su otra mano hacia

la punta de su arma, pero antes de poder asestar su golpe, un disparo salió de la nada y

golpeó la punta de la espada, golpeando a su vez la mano de Dramorion.

   El elfo y el joven giraron sorprendidos en dirección del disparo, viendo como una

sombra negra iba creciendo poco a poco hasta hacerse más grande.

   - He escuchado más que suficiente - dijo la sombra con voz familiar y Philippe

sintiéndose menos a salvo, preguntó con voz temerosa - ¿Rudolf? -

   La sombra rió de tal forma que de inmediato confirmó las sospechas de Philippe –

muchacho, lárgate de aquí. Solo llévate a la niña y lárgate de aquí – le dijo.

   Dramorion dio un leve giro, pero su respuesta fue un segundo balazo, ahora al

pecho, el elfo gimió un poco, el impacto no había sido letal, no había atravesado su

armadura, pero le había oprimido el pecho.

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   Philippe miraba toda la escena sin mover un musculo, por lo que Hess volvió a

insistirle con un grito, y el joven pareció reaccionar – esto no significa una amistad

entre los dos Hess – dijo mientras levantaba a Elizabeth.

   Rudolf hizo un extraño sonido, algo que parecía ser más una tos que una risa, pero

la misma parecía demostrar que no importaban las palabras de Philippe – muchacho,

solo lárgate – le dijo con voz calmada. Philippe empezó a caminar con cierta cautela, ya

que el elfo lo seguía con la mirada en cada paso que daba, pero por lo menos, parecía

que Hess se había convertido en su aliado, y justo antes de salir, Philippe miró hacia

Rudolf – sigo creyendo que eres un estúpido insoportable – le dijo antes de salir

corriendo. Rudolf rió con satisfacción, quizá lo que decía Philippe era cierto, por años

solo vivió por lo que decían los demás, creyendo cada palabra que salía de sus amigos,

y ya era muy tarde para saber cuáles eran verdades y cuales mentiras, tal vez toda su

vida se basó en mitos, pero por lo menos ahora tendría la oportunidad de hacer algo

que él mismo creía correcto, por él y por nadie más. Además, el muchacho le seguía

agradando, pero ya no le recordaba su propia vida, ahora lo veía como alguien

totalmente diferente a él, mejor a él.

   - Rudolf – le dijo Dramorion – baja tu arma, esta situación ya no te incumbe… -

   - ¡Cállate! - le gritó Hess enfurecido – por supuesto que me incumbe, te estuve

escuchando fuerte y claro maldito imbécil ¡sé lo que piensan de nosotros!, y voy a ser

yo quien termine con esto – y al decir esto, disparó una y otra vez, pausando solo lo

suficiente para asegurar que sus disparaos fuesen certeros en la oscuridad. Dramorion

subió el brazo a su cabeza, cubriéndola de cualquier disparo, intentó lanzar un hechizo,

pero sintió como los impactos parecían debilitar su poder mágico. Su armadura era una

de la mejores de todo el imperio, forjada para soportar los fuegos de los dragones

durante la gran guerra de los reinos, en el tiempo anterior a la unificación de la Ávalon,

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por lo que las balas de una simple pistola no representaban una gran amenaza, pero

parecía que las balas tenían trozos de hierro, por lo que no podía detenerlas con magia.

Ante esto, se impulsó con todas sus fuerzas, alargando su espada lo más que pudo en

único salto hacia Hess, quien a su vez, sujetaba la pistola con ambas manos, en su

último tiro.

   Un grito horrible cruzó por todo el lugar, haciendo temblar los pedazos de vidrio

que aún quedaban en sus marcos desechos. Dramorion había tenido éxito, había

atravesado a Hess de lado a lado, pero había algo que no sentía bien, las manos de

Rudolf tocaron su rostro, y a pesar de apenas ser traspasado, se sentían demasiado

frías. Dramorion subió la mirada, y vio con sorpresa como el rostro de Rudolf estaba

casi blanco, y por la forma en la que jadeaba se notaba que ya había sido herido de

gravedad, de inmediato se percató de una herida de bala en el pecho de Hess, justo

arriba de la entrada de su espada.

   - Se te adelantaron imbécil – le dijo Hess al tiempo que sus manos hacían presión

en la cabeza del elfo, y se inclinaba con fuerza para darle un fuerte cabezazo.

   Dramorion apenas tuvo tiempo para ser consciente de su dolor cuando Hess le

soltó un segundo cabezazo. Dramorion entonces hizo un intento para sacar la espada,

pero esta estaba atorada en el pecho del hombre, de inmediato, un tercer golpe salido

del mismo lugar le rompió la nariz, y un cuarto pareció abrirle la cabeza, pero al querer

dar un quinto golpe, Hess fue detenido por el puño del elfo que subía en gancho, y

aprovechando que Hess perdía el control, Dramorion subió su espada aún dentro del

cuerpo de Hess. Con un fuerte movimiento, el cuerpo del hombre se abrió en dos,

desde la base del pecho hasta el hombro, y con un fuerte alarido, Hess caía sin vida. El

elfo tuvo un respiro, pero de inmediato recordó que no tenía tiempo que perder y

saliendo por donde lo había hecho Philippe, fue tras él, pero antes de cruzar por

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completo la puerta, se detuvo solo un segundo para ver el cadáver de Rudolf, y se

arrepintió por haber llegado a creer que ningún Thule sería capaz de morir como un

guerrero, soltó un rezo, pequeño pero sincero y después fue tras la llave.

   Philippe llevaba un buen rato corriendo, pero empezó a escuchar las rápidas pisadas

del elfo detrás de él, y haciendo un esfuerzo extra, empezó a correr con más velocidad

de la que jamás hubiera recordado, pero no fue suficiente, en pocos segundos,

Dramorion le alcanzó, y soltando un golpe preciso, tiró a Philippe al suelo, el joven

intentó levantarse, pero el elfo lo sujeto de la ropa, y como si se tratar de un trozo de

trapo, lo levantó de una sacudida hasta el techo y después lo arrojó al suelo, lejos de

Elizabeth. Philippe, apenas pudo levantar la cabeza para ver como el elfo cargaba a la

joven con sumo cuidado, más como si tratara de un tesoro que de una persona, y sin

poder hacer más, intento gritar, pero el dolor se lo impedía, solo podía gemir y toser

con esfuerzo.

   Dramorion no volteó a mirarle, decidió mantener su palabra y dejarlo vivir, él por

lo menos tendría un futuro asegurado cuando el Paladín lograra despertar a la gran

Diosa madre. Pero al ver la cara de la joven que llevaba en sus brazos, sintió un

remordimiento extraño, aquella creatura se veía tan serena, y mantenerla tan ignorante

de su destino le parecía como un crimen, sin embargo sabía que no eran momentos de

reflexión, así que subió su mirada, y tratando de endurecer su corazón, se lanzó en una

carrera hacia el lugar de reunión, pronto amanecería, y sería el momento de regresar al

imperio.



   Aefaradien fue el primero en sentir como la energía de la llave se movía ahora con

rapidez y cause, muy diferente al patrón que había tenido antes, y suponiendo que

alguno de sus compañeros la había encontrado y la llevaba al círculo de transferencia

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—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

se dio la vuelta. Y justo a tiempo, pues el acceso ante el que se encontraba había sido

cubierto con escombros, y los trozos de acero le hubieran impedido utilizar magia

poderosa. Aunque antes de moverse, logró escuchar voces en romance, lo que le hizo

darse cuenta que aún había romanos en el complejo. “Ya no importa” pensó, y se

regresó caminando, ya sin prisa.

   Los demás elfos se movieron de regreso al círculo, esperando encontrase con

buenas noticias, pero al llegar, se vieron sin el menor rastro de su líder, y de la llave.

Pero Aefaradien fue quien les dijo que la sentía cerca, y que pronto podrían regresar a

casa. La alegría de los caballeros fue igual que en un grupo de niños bien portados, en

silencio y llenos de sinceridad. Pero la calma les impidió ver como de una puerta al

otro lado del claro, un hombre salía despacio, levantando una enorme escopeta.



   Vlad se encontraba en medio de un espacio despajado, un claro entre dos edificios

del complejo, parecía no haber alguien, pero sabía que había escuchado voces, por lo

que se movía con cautela, con cuidado levantó su arma y caminaba al tiempo que la

apuntaba a lo que tuviera en frente, y su alegría fue enorme al encontrar un conjunto

de posibles blancos, todos dándole la espalda. Se detuvo un rato, tratando de ver

cuántos de ellos eran, pero el sol apenas empezaba a mostrarse en el horizonte y no se

les podía ver con claridad, aún menos por el hecho que tenía ropa oscura. Sin

embrago, Vlad se percató que por la forma de las ropas y la manera en que se paraban,

tan firmes y gráciles, debían de ser los compañeros del elfo al que había matado, por lo

que haciéndose para atrás, sacó una granada y se esperó a tenerlos en buena posición

para lanzarla.

   Tras un instante de calma vio como todos bajaban la cabeza, como si estuviesen

orando, y dándose cuenta que era la oportunidad perfecta, lanzó la granada en medio

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del círculo, pero sus manos se tensaron cuando de la puerta que tenía en frente, vio

salir a un elfo enorme, con Elizabeth en sus brazos.

   - ¡ILSE! – gritó desesperado al momento que el grupo de elfos se giraba y lo miraba

con sorpresa. La granada, tal y como había planeado al principio, cayó en medio del

círculo, pero esta vez, había algo que no esperaba, Elizabeth quedaría justo dentro de

la explosión, y sin pensar en su propia vida, Vlad corrió hasta el círculo, viendo con

sorpresa como el elfo que traía Elizabeth se daba la vuelta y entraba a la puerta por la

que había salido al tiempo que sus compañeros se abrían en todas direcciones. Vlad

logró reaccionar, y dándose media vuelta se tiró al suelo, escuchando el sonido de la

explosión un segundo después. De inmediato, se dio la vuelta y trató de levantarse,

pero viendo como uno de los elfos se movía rápidamente hacia él, empezó a buscar de

forma instintiva cualquier cosa que pudiera servirle de arma, y sujetando una vara de

metal, mantuvo su brazo en el suelo, esperando que el elfo se encontrara a buena

distancia. Un segundo después, el antiguo se acercaba lo suficientemente y Vlad

estiraba su brazo con fuerza, enterrándole la vara en el ojo.

   - ¡Aradan! – gritó Aefaradien al ver a su compañero caer al suelo, sintiendo un alivio

amargo al verlo moverse, aunque lleno de dolor, pero por lo menos estaba vivo.

   Vlad se levantó lo más rápido que pudo, y corriendo hacia su escopeta, la tomó y

levantó de tal forma que los antiguos apenas pudieron reaccionar - ¡suéltenla! – les

gritó con una voz sumamente áspera, creando miedo entre los elfos.

   Aquel hombre no se movía como tal, sino que parecía una bestia rabiosa, sus ojos

eran grises como la luna llena, dejando ver con claridad unas pequeñas pupilas negras.

Dramorion dejó a la joven cerca de la puerta y asomándose por el borde vio al hombre

con el arma. De inmediato les ordenó a sus compañeros alejarse, pues no quería que

ninguno de ellos pudiera arriesgar su vida con aquel demonio de aspecto humano.

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   - ¡LES DIJE QUE LA SOLTARAN! – volvió a gritar con aquella voz espantosa, y

al no recibir respuesta bajó su arma, apuntándola hacia el elfo al que le había

destrozado el ojo. Al ver esto, Aefaradien pensó seriamente en ignorar las palabras de

su señor y tratar de detener al hombre, pero en el último momento, se retractó de

hacerlo, no por respeto a Dramorion, sino por el miedo a aquellos ojos grises que se

movían rápidamente, pasando de un elfo a otro, siguiéndoles en cada movimiento.

   El hombre ya estaba al punto de la desesperación, se encontraba casi rodeado, pero

no se sentía en desventaja, de hecho era difícil saber su estado de ánimo, por un lado,

su pecho se sentía agitado, preocupado por la salud de Elizabeth, deseoso de volver a

tenerla cerca, pero su mente se encontraba en un planos distintos, uno de ellos trataba

de ver las opciones dentro de su situación, pero la otra solo le gritaba, le imploraba

encontrar satisfacción a su sed de sangre, la necesitaba urgentemente, casi como si la

ocupara para vivir. Al otro lado del claro, justo enfrente de él, lo miraba Dramorion,

serio, pálido, como si pudiese leerle la mente y saber que no era un hombre lo que

estaba mirando.

   Vlad no volvió a hablar, pero apretando su arma, les indicó su impaciencia.

Ninguno de los elfos hizo movimiento alguno, salvo para ver de vez en cuando a su

señor, quien a su vez solo les miraba con disimulo aparente, pero Vlad notó como la

cabeza del elfo asintió de forma casi imperceptible. Tal vez fue solo su imaginación,

pero al ver como los dos elfos que tenía más cerca hacían crujir el piso de tierra bajo

sus pies, supo que estaban tensando sus piernas, preparándose para atacarlo. El

cazador torció su boca de forma extraña, casi como si tratara de forzar una sonrisa, y

sorprendiendo a los presentes, pareció bajar por completo su arma.

Aefaradien se relajó un poco, y antes de poder arrepentirse de ello, el cazador meneó

su brazo izquierdo con rapidez, y sacando una escuadra le descargó varias rondas

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encima. Una bala logró llegar a su cabeza, matándolo de inmediato, sin poder ver

como sus compañeros se aterraban ante el espectáculo de verlo arrodillándose, antes

de desplomarse por completo. Vlad aprovechó la sorpresa, y levantando su escopeta

con una mano, apretó el gatillo, siendo empujado por el culatazo. El otro elfo apenas

tuvo tiempo de reaccionar, y recibiendo el disparo, dio un paso hacia atrás, pero al

llevarse la mano a la herida, notó con gusto como el tiro no había sido fatal. Sin perder

tiempo, sacó un par de espadas cortas y se lanzó hacia el cazador.

   - ¡Señor, váyase con la llave, yo me ocuparé del hombre! – le gritó al llegar hasta

Vlad y meterle la estocada, pero el cazador logró verla a tiempo, y lanzándose de

espaldas recargó la escopeta y le disparó una segunda vez, pero en esta ocasión, el elfo

se encontraba demasiado cerca, y aun cuando recibió el disparo de lleno, logró

enterrarle una de sus espadas en la pierna derecha. Vlad respondió con un enorme

grito, maldiciendo mil veces por haber recibido una segunda herida en el mismo lugar

y lleno de ira, levantó la escopeta y le metió un golpe al elfo con la culata de esta.

Mientras ocurría todo esto, Dramorion tomaba a Elizabeth y se posicionaba en medio

de un círculo de extraño diseño pintado en el suelo, había decidido escuchar a su

siervo y abandonarlo a su suerte, no quería hacerlo, pero sabía que al arriesgarse,

arriesgaba también a la llave, corriendo el riesgo de convertir sus muertes en un

sacrificio en vano. Sin embargo, al ver como Aradan seguía moviéndose en el suelo,

decidió ir por él. Dejó a Elizabeth en el suelo y dando salto llegó hasta él, sujetándolo

con fuerza y regresando hacia el círculo, después se arrodillo, y empezó a recitar un

cántico mágico, pero al terminar de conjurar el hechizo se quedó helado al ver que no

servía, sus ojos rápidamente inspeccionaron el diseño, y vieron con espanto como la

granada que el hombre había lanzado al principio, había borrado parte del mismo.

Sabía que no tenía tiempo para completarlo, para que funcione un círculo de

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transferencia nuevo, se debía de tener un receptor realizando otro en el lugar de

destino, y para hacerlo de forma correcta, se requería, en el mejor de los caso, de varias

horas. Thule había tardado un día entero en seguir las indicaciones para el círculo en

donde estaba, pero no podía quedarse parado sin hacer algo. Al final se dio cuenta que

no tenía otra opción, debía de intentar terminar parte del diseño, al menos lo suficiente

como para llegar a alguna parte del imperio, una que con suerte no estuviera en manos

del hombre. Sabía que muchos círculos aún se mantenían abiertos para casos de

emergencia, y esperaba que con el sacrificio de toda su energía mágica, pudiera llegar a

uno.

   Vlad y el elfo forcejeaban ferozmente, ambos luchando por su vida, y también por

la de alguien más, pero Vlad parecía tener más ventaja, sus heridas no eran tan grandes,

y la adrenalina que corría por sus venas, aumentaban sus ansias de sangre. El elfo

intentaba presionar la escopeta que Vlad utilizaba como una simple vara, para

acercársele a la cabeza y darle un golpe, pero el cazador leyendo las intenciones de su

enemigo, dejó caer sorpresivamente la escopeta. El elfo perdió la concentración por un

momento, pero al recobrarla, solo pudo sentir como la boca del cazador sujetaba su

cuello, clavándole los dientes con fuerza.

   Dramorion no se encontraba mejor, los horribles gritos de dolor de su compañero

le rasgaban el alma, provocándole un estado de pánico que aún podía mantener

controlado, sin embargo sentía como si el piso se empezara a mover, dándose cuenta

que en realidad eran sus manos las que se sacudían con frenesí. Con todo su pesar,

logró ignorar los gemidos de dolor de su buen siervo, y apretando las manos terminó

el diseño. Pero en ese momento, Dramorion cometió el error de levantar la mirada y

ver como el cazador se quitaba el cuerpo que tenía encima, levantándose antes de

escupir un gran trozo de carne roja mientras trataba de mantener el calor de la sangre

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en sus labios. Sin poder articular palabra, se quedó entumecido por el terror. El

cazador lo miraba extasiado, sintiendo como la sangre de su cuerpo se enervaba con

cada gota que salía del rio de sangre de su boca. Levantó la escopeta y apuntando a la

cabeza de Dramorion apretó el gatillo, pero en ese instante, una mano se arrastró

desde atrás, y sujetándole la pierna con fuerza lo jaló hacia el suelo, haciéndole fallar el

tiro. Dramorion recobró la fuerza, y poniendo sus manos en el suelo, concentró toda

su energía en un único hechizo.

   - No lo harás – le dijo una voz, dulce y melodiosa, pero a la vez amenazadora. Y

girando para todos lados vio a Elizabeth, con los ojos completamente abiertos

mirando fijamente al cielo. De inmediato ella lo miro a él, cambiando el semblante de

su cara, justo antes de que se pudiera ver como todo en ella sufría una transformación.

Su cabello se volvió más largo, oscureciéndose poco a poco, su cara se volvía más fina,

y sus rasgos tan perfectos y claros, que parecía más una estatua de mármol que una

persona, sus dulces ojos dorados, mostraban una frialdad indescriptible, y su estatura

misma pareció reducirse notablemente. La nueva persona que ahora era Elizabeth se

levantó con calma, y poniendo sus manos sobre Dramorion le repitió – no lo harás –

   En ese momento, Dramorion sintió como todas sus fuerzas le eran arrancadas de

su ser, pero en vez de pánico o dolor, empezó a sentir una gran calma, al punto que

comenzó a llorar de alegría. La nueva Elizabeth entonces miró al cazador, pero al ver

como el rio de sangre que salía de su boca y su rostro pálido lleno de ira, le habían

transformado la cara en la de una bestia, empezó a sentirse extraña. La voz de

Elizabeth surgió entonces - ¡no!, ¡aléjate!, ¡no te acerques! – le gritó a Vlad mientras

alzaba sus manos en desesperación.

   Dramorion se despertó de su estado de éxtasis, viendo como la joven del medallón

se movía de forma extraña, como si estuviese tratando de no desmayarse – no me

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estorbes. Quiero quedarme – se decía a sí misma con aquella armoniosa voz – no, no,

no – se volvía a gritar, ahora con una voz sencilla y llena de pánico.

   El cazador apenas podía ver lo que ocurría, pues se encontraba más ocupado

tratando se zafarse de la última explosión de energía del elfo detrás de él. Una y otra

vez le metía patadas en la cara, o donde podía, pero parecían no servir de algo, y harto

hasta el cansancio, se dio la vuelta para tomar su arma y empezar a golpear al elfo con

todas sus fuerzas. Tras un par de golpes, logró liberar sus pies y de un salto se puso de

pie, quedándose quieto ante el extraño espectáculo que llenaba sus ojos.

   De una especie de líneas brillantes en el suelo, una extraña luz salía de la tierra,

formando una columna de luz azulada que parecía elevarse hasta el cielo, y dentro de

ella, una hermosa figura moviéndose de forma errática. Usaba las ropas de Elizabeth,

pero sus rasgos apenas se le parecían. El cazador no supo qué hacer, pero al ver el

rostro de Dramorion, le apuntó y empezó a disparar, solo para ver cómo cada tiro

terminaba por golpear la pared de luz, y nada más. Vlad se empezó a desesperar,

disparando una y otra vez a pesar que veía como los perdigones eran inútiles, hasta que

se quedó sin balas, pero su cuerpo se encontraba atorado en una repetición de

movimientos, apretaba el gatillo sin respuesta y recargaba una escopeta vacía solo para

volver a disparar inútilmente.

   La joven en el interior de la columna brillante se detuvo, mirando al cazador con

una mirada tan fría como el hielo, parecía maldecirlo, culpándolo de algo, de algo que

Vlad ni entendía, ni percibía. De pronto, la misteriosa joven desapareció, dejando ver

de nuevo a Elizabeth, quien miraba al cazador, pero ahora con asco y miedo. Los dos

se quedaron mirando por un momento mientras Vlad parecía vivir una eternidad de

culpa, su rostro cambio de inmediato, seguía siendo demacrado y débil, agotado y

pálido, pero ya no mostraba enojo, ira o locura, solo quedaba la cara de un hombre de

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cansados ojos oscuros, arrepentido de un pecado que no reconocía, pero que si sentía.

Pero ante esto, la mirada de ella no cambió en lo absoluto.

   Lentamente, Elizabeth cerró los ojos y se desmayó, cayendo en una especie de

cámara lenta, quedando depositada en el suelo con suma suavidad.

   - ¿La llave? - exclamaba Dramorion lleno de excitación – es ella –

   Vlad vio como la cortina de luz empezaba desaparecer pero no hizo nada. Su

interior estaba destrozado, creyó que podía soportar la mirada de Elizabeth una vez

más, pero no pudo. Su organismo entero había perdido todo rastro de fuerza, dejó

caer la escopeta y se quedó quieto. Parecía que fácilmente podría estar así hasta el final

de los tiempos, pero el ruido de la respiración de Dramorion le despertó. Al principio

solo lo miró con los mismos ojos llenos de rabia con los que se habían conocido, y

lentamente se levantó. Pero el elfo ya no sentía la misma sensación de antes, por

alguna razón se sentía lleno de energía, miró al cazador y diciendo una palabra en

lenguaje antiguo, hizo que la columna de luz se levantara de nuevo. Vlad ahora

caminaba hacia él, pero al llegar a la columna, chocó de la misma forma con la hubiera

golpeado una pared de piedra. Vlad, puso las manos en ella, tratando infantilmente de

empujarla, no comprendía la situación, no podía entender cómo era posible que

aquella cosa pudiera detenerlo de esa forma, y cerrando sus puños empezó a golpearla,

cada golpe era más fuerte que el anterior, pero solo sus manos parecían ceder ante su

fuerza.

   Los gritos no tardaron en aparecer, y entre cada uno, el cazador apretaba sus

dientes de tal forma que un nuevo hilo de sangre, ahora suyo, empezaba a salir de su

boca. Lleno de desesperación trataba de aferrarse a la columna de luz, pero esta se

sentía tan lisa y resbalosa como dura. Ante la impotencia, se quedó quieto, arrimando

todo su ser a la columna, intentando ver lo que pasaba. Dentro, Dramorion terminaba

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de recitar las palabras y dirigiendo una última mirada al cazador vio un rio de lágrimas

que bajaba por su cara, fundiéndose con el polvo y la sangre, cayendo al suelo en

forma de gotas rojizas.

   - Por favor, no te la lleves. Por favor – gemía Vlad de una manera tan conmovedora

que parecía tragarse todo rastro de pecado en su cara.

   Pero el elfo no lo escuchaba, el sonido era lo único que la barrera no dejaba pasar.

El elfo solo bajó la cara, mirando a Elizabeth, intentando convencerse a sí mismo de

estar haciendo lo correcto, pero al ver al único compañero que regresaba con él, pudo

sentir la poca paz de alma que necesitaba para el momento.

   Un estallido de luz tremendamente poderoso resplandeció de repente, cegando al

cazador en el acto, obligándolo a cubrirse la cara, primero con las manos y luego, al

hincarse, con todo el cuerpo, tras lo cual se irguió con urgencia, viendo cómo, donde

había estado la torre de luz, ahora había nada. Él no supo qué hacer, había fallado, la

había perdido para siempre y lo último que vio de ella fue su desprecio. Se hincó con la

calma del derrotado, y cubriéndose la cara, empezó a llorar.



   Una mano se levantó despacio, abriendo una maltrecha puerta de metal, la misma

que había estado atrancada hacia tan solo poco tiempo, la explosión efectivamente le

había afectado, había abierto una salida, pero muy tarde. Philippe salía con lentitud,

presionado su costado con su brazo, posiblemente tenía las costillas rotas, aunque era

difícil saberlo, pues las horas de tensión y pánico habían debilitado tanto su cuerpo que

cualquier herida, por más leve que fuera, le provocaba dolores increíblemente agudos.

Pero el poder sentir el poco calor del sol de la mañana, le hizo recobrar una sensación

de alivio, algo que en verdad necesitaba. Paso a paso intentó llegar hasta su automóvil,

buscándolo con afán, pero al doblar una esquina, se encontró con una continuación

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del infierno de adentro. Justo enfrente de una puerta completamente destrozada, yacía

inmóvil un enorme camión maltrecho, con las luces prendidas y el motor todavía en

marcha, al principio no le pareció la gran cosa, solo un desastre más en aquel caos de

porquería, pero cuando se acercó in poco más, reconoció con horror el camión de

Antón. Ignorando su dolor, caminó entre tumbos y al acercarse pudo confirmar sus

sospechas, no había duda, ese era el vehículo de su amigo. Trató de calmarse, pero sus

ojos se fijaron en una pañoleta, rápidamente la sujetó y la jaló hacia él. El mundo

entero se detuvo de inmediato, lo que tenía entre sus manos no era sino un pedazo de

tela roto y lleno de sangre seca. Todo quedaba claro ahora, ya sabía cómo el cazador

había podido encontrarlo.

   Philippe no dijo nada, no maldijo, no lloró, simplemente se subió al camión en

silencio, cerró la puerta y empezó a conducir hacia la reja destrozada. Llorar no le

devolvería a sus hombres, y maldecir no resucitaría a su amigo, eso lo había aprendido

hacer años, cuando aún creía en la bondad del mundo. Su rostro no mostraba ningún

sentimiento, pero había perdido todo su color, y sus ojos todo su brillo, lo único en él

que aún denotaba vida eran sus manos, apretando el volante con tal fuerza que sus

venas parecían salírsele de la piel.



   El cazador no sabía cuánto tiempo había pasado, quizá segundos, quizá medio día.

El tiempo le parecía tan irreal en ese momento que prefirió no pensar en ello, qué

importancia tendría de todas formas. Bajó sus manos, dejando ver sus ojos cansados y

rojos, sus piernas le empezaron a doler, y haciéndose un poco para atrás, se sentó en el

suelo mientras levantaba la cabeza al cielo, suspirando con calma. Pudo fácilmente

quedarse así por el resto del día, ignorando el hambre y el sueño, pero un leve gemido

llamó su atención. Lentamente bajó la mirada hasta el elfo a su espalda, quien

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sollozaba lastimeramente con la cabeza en el suelo, respirando el polvo que lograba

elevarse de la tierra empapada de sangre a su alrededor. El cazador lo miró por un rato,

esperando que hiciera algo, pero después de varios minutos sin ver nueva actividad, se

levantó con dificultad, girando la cabeza de lado a lado. Los horribles graznidos de los

cuervos volando sobre su cabeza le hicieron pensar en hacer algo bueno para variar, y

dando varias vueltas en lentos círculos se detuvo frente a una vara gruesa, larga y

oxidada.



   La tarde empezaba a caer, haciendo que toda la tierra se iluminara con los tintes

anaranjados de un sol que se despedía. Tras una cortina de polvo, un pequeño auto

negro se movía con rapidez, dirigiéndose hacia donde se ocultaba el sol, como si

tratara de alcánzalo antes de que éste despareciera en la distancia. Vlad había pasado

casi todo el día en aquel lugar, deteniéndose solo para limpiarse la boca y para escuchar

lo extraños movimientos de gente detrás de unos escombros de roca. Su interior

estaba en calma, entendía que no era el tiempo para desesperarse, sino para pensar con

serenidad. Su sed estaba saciada, y aunque ser la bestia ya no le era un problema, sino

una satisfacción, el último esfuerzo que hizo le había consumido toda su energía, y por

el momento solo quería descansar.

   Con gusto miró hacia el horizonte, entrecerrando sus ojos grises ante la luz del sol

moribundo, la noche sería fría, pero abrió la ventana un poco, para sentir aquella brisa

halada que tanto le gustaba. Y allá, en la distancia, donde un viejo edificio yacía en

silencio en medio de la nada, se lograba ver aún en la distancia, la grácil forma de una

vara larga, elevándose desde el techo, y en ella, con los cuervos jugando por encima, la

silueta de una persona atravesada.



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                                         XVIII

                               UNA SIMPLE NOTICIA



   Cugedhion salía del castillo por la puerta grande, descubriendo que el aire de la

capital, se mantenía tan suficientemente libre del olor de la muerte que la caminata le

parecía agradable, al menos a aquella hora, justo en medio de la noche, cuando la

humedad de la neblina hacia desaparecer toda visión sombría de la ciudad. Su bestia

alada trotó hacia él, bajando la cabeza con respeto, en espera de ser montada, pero él,

viendo al cielo, prefirió mantenerse en tierra. Debía llegar a su castillo lo más pronto

posible, y ponerse al mando de la defensa de la cuidad. Como Velador de la misma, era

su deber, independientemente de lo que dijera o no el Paladín. Aprovechando su

rango, levantó la mano en pos de demanda y no pasó mucho tiempo antes que un

caballero se le acercara y le preguntara que se le ofrecía. Él lo miró levantado la cara,

denotando posición, pero lo hacía por costumbre, no por prepotencia, y con voz

amable, le informó que necesitaba de un caballo, o alguna otra bestia de tierra.

   El caballero se mostró complacido de servirle, pero le informó que todas las bestias

de uso púbico se encontraban dentro del castillo, en las partes bajas. Cugedhion se

enfadó un poco, pero no con el caballero, sino por la idea de tener volver a meterse en

aquella fría estructura, pero regresando la mirada al cielo por un instante, empezó a

caminar sin decir nada.

   - ¿Hay algo en el cielo señor? – preguntó el caballero.

   Cugedhion lo miró con sorpresa, descubriendo como la comodidad podía

emblandecer la mente de los jóvenes con suma facilidad. ¿Tanto era su encierro que ya

ni escuchaba los bombardeos nocturnos?, o las paredes del castillo eran tan gruesas

que cegaban incluso la más mínima percepción del mundo exterior, aunque tal vez era

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así.

       – Aún no – le respondió con sencillez, dándose cuenta que tratar de explicarle el

mundo a un joven tan engañado sería difícil y muy posiblemente infructífero, además,

no tenía ni el tiempo ni las ganas de hacerlo. Una vez más entraba al castillo, pero

ahora trataba de ver cualquier otra cosa que no fuera el deprimente escenario, pero lo

encontró muy difícil, lo único que pudo hacer fue bajar la mirada, viendo los detalles

de las losas, muchas de ellas rotas, y la mayoría sucias. Pero el caballero que lo guiaba

se mostraba sereno, como si la situación del castillo fuera el orden natural de las cosas,

la forma en que todo debería de estar.

   Los primero años de vida son los más importantes, tanto para los elfos como para

los hombres, pero los elfos duran más tiempo que los hombres en un estado receptivo,

y todo lo que les rodea durante sus dos primeras décadas, se marca de por vida, y esa

era la cruel verdad de aquellos tiempos, donde muchos de los jóvenes no habían

conocido sino la locura y la muerte, viéndola ya como algo no solo natural, sino loable.

Cugedhion podía determinar las consecuencias de eso, pero determinar los culpables le

era más difícil. Para los viejos es simple culpar a los jóvenes del presente, pero olvidan,

o pretenden olvidar, la razón de las deficiencias en ellos, pues como con un padre, las

deficiencias del hijo son solo la respuesta por los errores del primero, y si los jóvenes

mantenían aquel orden corrupto de cosas, eso había sido por que los viejos habían

perdido la vergüenza de sus actos. Nuevo Orden era una orden nueva, y aunque sus

fundadores y patrocinadores habían sido principalmente elfos de corta edad, asustados

del mundo que cambiaba ante sus ojos, deseosos de reclamar un pasado tan arcano

que ya había sido casi borrado por el tiempo, también era cierto que los elfos de edad

avanzada, no les habían otorgado opciones que respondieran a esa necesidad de

seguridad que tanto se necesitaba en aquellos tiempos y si Saerwen era la

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

representación máxima de la locura, ella era solo la continuación de la debilidad del

último Merlín, y de la gente de su generación, a quienes ahora se le veía como víctimas

de la locura, más que como los causantes de la misma.



   - Los movimientos del hombre en el frente sur se han mantenido lentos,

principalmente por el frio, pero en cuanto entre la primavera, perderemos la capacidad

para defendernos – expuso un caballero, rodeado de pies a cabeza de una armadura

extremadamente robusta y de diseño complicado, toda ella, brillando en tonos dorados

bajo las luces de los pequeños fuegos que flotaban por toda la sala.

   Saerwen lo miró sin inmutarse, como si aquello no significara nada para ella.

   - Gran Paladín – continuó el caballero – tenemos que hacer algo… -

   - El sur no es tan importante general – le interrumpió un sacerdote, vestido

completamente de negro, a excepción de los adornos plateados que rodeando todas

sus ropas, dibujaban el contorno de un árbol blanco – por lo menos no más que el

este, allí es donde estamos perdiendo más guerreros, no lo olvide –

   - Pero los ingleses… - expuso el general de la armadura dorada, callándose de

inmediato, asustado, como si hubiera dicho algo que no era debido. Saerwen torció un

poco la boca, un gesto que se había vuelto tan característico en ella, que no siempre

simbolizaba enojo, pero si una especie de alerta, y el general pareció entender la idea,

continuando de forma más sumisa – los sajones tienen armas extrañas, y los romanos

del águila roja no se están quedando atrás –

   - ¡Por Frey, Hérion!, cada luna dices lo mismo – replicó el sacerdote.

   - Es porque cada luna inventan algo nuevo. ¡No te das cuenta que en cualquier

momento podrían utilizar cosas más poderosas!, ¡lo que enseñan puede ser solo la copa

del árbol! –

440
—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

   - No seguirás con eso de “Clipperton”, ¿o sí? –

   - ¡Vi la luz de la explosión! ¡Aun con la distancia, vi la luz! – respondió el general

con enojo, cansado de ser tratado como un principiante a manos del sacerdote, un

mero títere sin carácter real. El sacerdote exhaló ligeramente, burlándose de la

estupidez del general, sabiendo que gente como él, había sido la misma que se creyó el

truco de la desaparición de “la ciudad de Alexandros”.

   - ¡Fue un mito!, un montón de habladurías animales para mantener la voluntad de

sus tribus – exclamó el sacerdote.

   - ¡Tu no estuviste ahí!, yo sentí como se movían las energías, el mismo polvo de los

dioses fue fracturado ¿entiendes? –

   El sacerdote alzo la cabeza indignado – ¡Hérion!, eso es una blasfemia, será mejor

que cuides tu boca o tu cuello será el que flaqueé -

   Hérion apretó los puños, y por un instante estuvo a punto de lanzarle un golpe al

sacerdote, pero la mirada del paladín lo detenía. A diferencia de cualquiera de su

sequito, el Gran Paladín le provocaba un extraño tipo de respeto. Algo en ella le

parecía sobrenatural, más que simplemente mágico, algo así como un aura maligna. No

sabía por qué, pero cuando le veía a los ojo, se sentía tan reducido, igual a un lobo en

presencia del líder de la manada, y parecía que Saerwen no solo lo sabía, sino que le

gustaba aprovecharlo.

   - General – empezó ella, silenciando a todos de inmediato – entiendo su posición,

pero olvida que al estar solo en un frente, pierde de vista el panorama total. Lo que

dice el sacerdote es cierto, en estos momentos las hordas sanguinarias del Kan son

nuestro mayor problema, sin embargo, sé que al final, todo frente merece atención… -

   - Gran Paladín, yo solo… - intentó exponer el general, pero Saerwen levantó la

mano, indicándole que debía de guardar silencio mientras ella hablaba.

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

      - Por lo que ordene que Erlos, el Negro, dirija un ataque a las líneas del sur –

terminó ella.

   El general se quedó sin habla, sin poder replicar algo más. Estaba por completo

sorprendido por la respuesta, pero sorprendido en dos aspectos, por supuesto que le

parecía magnifico escuchar que el frente sur no estaba siendo ignorado, y la idea de

tener a semejante guerrero con la ofensiva era inclusive mejor que tener una nueva

caballería, pero también estaba el hecho que Erlos era un vetado de los cuerpos de

guerreros, y la decisión de mandarlo al sur era sospechosa. Saerwen no era del tipo de

personas que aceptaban sus errores, y Erlos tampoco era de esos que aceptaban perder

su honor, pero el general sabía que aquel momento y aquel lugar no eran los indicados

para exponer sus dudas, por lo menos de forma tan explícita.

   - ¿A quién dirige Erlos? – preguntó el general, esperando que la respuesta le fuera

útil para esclarecer sus sospechas.

   Saerwen bajó la cabeza, mirando el enorme mapa con detenimiento, fijando sus

ojos en las líneas del sur, justo en la frontera con el territorio central, al norte del

bosque de Ar Duen y tras un momento de silencio, miró de nuevo al general y le

respondió sin trabas – a trescientas mil tropas de la guardia imperial –

   “¡trescientos mil de la guardia imperial!”, pensó el general con desconcierto,

preguntándose cómo era ella capaza de desprenderse de sus amados protectores. Sin

duda, la respuesta del Paladín lo había dejado aún más extrañado que antes, si Erlos

estaba junto con la guardia imperial, eso significaba que no lo enviaba como carne de

sacrificio, sino como una verdadera fuerza ofensiva. Pero eso también significaba que

el gran Erlos había agachado la cabeza, y que respondería más al Paladín que a sus

hermanos guerreros. De una u otra forma, él y sus guerreros parecían llevarse la peor

parte, pero en vez de demostrar su desencanto, el general esbozó una sonrisa de

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—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

satisfacción, enfocándose en las ventajas que representaba tal decisión, como si la

noticia del Paladín hubiera sido un mensaje de esperanza.

   Saerwen también se mostró satisfecha con la reacción de Hérion, asintiendo

levemente como agradeciendo la alegría de sus generales, y dirigiéndose al sacerdote, le

entregó un pequeño papiro, cuidadosamente enrollado. El sacerdote lo abrió en ese

momento, leyéndolo en voz baja y después de un rato lo volvió a enrollar, se disculpó

con el general, saliendo inmediatamente de la habitación y dirigiéndose hacia un

sacerdote menor, el encargado de las listas de asistencia y ubicación.

   - ¿Dónde se encuentra Voronwë, el hijo del salvaje? -



   Al llegar ante una gruesa puerta de metal, Cugedhion se sintió más en presencia de

una entrada humana que de una antigua, pero también se dio cuenta que con los

nuevos capullos de fuego de los hombres, aquellos que podían perforar los pisos, lo

mejor era dejar la estética de lado, y concentrarse solo en forjar lo que fuera más

resistente. Esa era la ironía, eran ellos mismos quienes consumían todo rastro de su

cultura, en aras de soportar una guerra que había sido producido para defender a la

misma a toda costa. ¿Qué defendían ahora?, solo sus vidas, reducidas a niveles

animales de supervivencia y corrupción.

   Después de ver como la puerta se abría de forma pesada y lenta, chirriando con

cada centímetro que se movía, entró en un enorme salón, quedando de frente a un

enorme establo de varios niveles, el cual cubría un espacio de posiblemente doscientos

metros de largo y estaba lleno con toda clase de bestias, dragones, aves fénix,

serpientes aladas, pegasos, caballos blancos, unicornios grises, lagartos corredores,

todas y cada una de las especies representativas del continente en un solo lugar,

haciéndole recordar a Cugedhion la fábula de un extraño libro del hombre, una donde

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

el cielo mandaba una inundación que duraba cuarenta días, y donde se tuvo que salvar

a dos de cada animal, para evitar su extinción. Ante esto, no pudo evitar pensar que el

castillo se había convertido en un arca de salvación contra un nuevo diluvio, uno de

fuego y humo, donde el hombre había dejado de ser la víctima, para convertirse en la

marea. El caballero se le adelantó, dirigiéndose hacia unos caballos blancos, una raza

de animales que habían sido criados a partir de los caballos del hombre, pero aplicando

sabiduría y magia antigua, produciendo animales no solo más bellos, sino también más

resistentes y más poderosos.

   - Pero señor, ¿no sería mejor irse en una bestia lada?, sin se va por tierra tardara

años en llegar… - replicó el caballero al presentarle un hermoso animal, el más alto y

garboso de todos los caballos que parecían tener.

   - No – interrumpió el velador mientras miraba con detenimiento la forma en que se

movía el animal – los cielos van a estar saturados esta noche, es mejor rodear la ciudad

e ir por tierra. Aunque tarde aún más – y sin explicarle mejor, se subió al caballo y lo

dirigió por una rampa larga al final del salón, evidentemente la salida. Pero a la primera

pisada, Cugedhion pudo sentir de nuevo la emoción por montar un caballo, no había

mejor bestia de montar que esa, claro que había bestias más rápidas, en especial las

voladoras, pero la forma en que los caballos se movían le producía un despliegue de

energía. Era una lástima que la orden hubiera prohibido su uso por casi una década,

esto, por qué los caballos al haber sido llevados a Ávalon por los hombres, se les debía

considerar un símbolo de la degradación humana al mundo, pero al irse agravando la

situación en el frente, y al encontrar a las demás bestias más difíciles de mantener, se

decidió reintroducir al caballo dentro de algunas de sus antiguas tareas. Escuchar eso

había sido para él la alegría del momento, pues había aprendido primero a montar un

caballo que un dragón, y estos últimos le parecían demasiado estorbosos.

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   Pero al salir por la rampa, se encontró rodeado por un bullicio atronador, cientos

de personas moviéndose de un lado a otro, subiendo y bajando paquetes de alimentos

y cristales, flechas, espadas, mantas y piezas de armaduras. Otros revisaban bestias de

todo tipo, principalmente dragones negros, pero lo más impresionante eran las

enormes armaduras postradas a lo largo de una línea de piedra, todas, de alrededor de

siete metros de alto, y todas carentes de los diseños élficos de los que tanta gala hacían

sus dueños en otros tiempos, ahora sus diseños solamente consistían en meras piezas

robustas, como trozos de metal remachado, la constitución de las mismas también

había cambiado, durante los primeros años de la guerra se podían ver relieves entre las

placas, pero ahora ya no existían y los bordes en los petos también habían

desaparecido, junto con una construcción más ligera que ahora daba paso a pesados

armatostes fuertemente blindados, de silueta tosca y poco elegante. Sus colores

también habían sufrido una transformación, ya no se veían aquellas bellas

combinaciones brillantes de metales preciosos, sino que ahora solo estaban decoradas

con diseños entremezclados de tonos pardos, verdes y pálidos todos cubiertos por

infinidad de puntos, patrones que habían sido copiados de las bestias metálicas en

Europa, cuyo fin era desdibujar la enorme figura cuando se encontraba oculta entre las

malezas.

   La mayoría de los presentes pertenecían a la guardia imperial, pero a diferencia de

los custodios del castillo, estos parecían conocer el campo de batalla, en sí, solo el

estandarte del brazo denotaba su pertenecía, lo demás de la armadura era muy similar a

aquellas que los cuerpos de guerreros ya habían adaptado a las nuevas condiciones de

lucha contra los hombres. El yelmo dejaba descubierta la boca, pero era más grueso a

los lados y en la parte superior, modificado con base a los cascos del hombre, grandes

porciones de la armadura se habían desechado, reforzando solo lo que se consideraba

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necesario, el peto, y las placas sobre los hombros, las piernas, por su parte, solo

estaban protegidas por una serie de placas que salían a los costados del peto, pero nada

más. Desde que los hombres habían empezado a utilizar puntas de hierro en sus saetas,

los grandes hechizos de protección se habían hecho inservibles, y con la llegada de

ballestas de carga más pesada, la mayor parte de la protección corporal también se

había vuelto inútil de la noche a la mañana.

   Cugedhion los estuvo mirando un rato, viendo determinación en sus ojos, pero

también nerviosismo, demostrando que no eran iguales a los soñadores del castillo,

quienes cerraban sus ojos y tapaban sus oídos a la verdad de la guerra, creyéndose las

mentiras y locuras del Paladín.

   Las gigantescas armaduras dieron un cuarto de vuelta, y formando dos inmensas

columnas, bastante separadas la una de la otra, empezaron a caminar con tremendas

pisadas, el resto de los presentes, se posicionaron detrás y en medio de la formación,

moviéndose a paso ligero. Pero todos manteniéndose en tierra, incluyendo los

dragones, quienes bajo las órdenes de sus amos, cesaron sus gruñidos de queja. Uno a

uno, se empezaban a unir a la fila, engrosándola cada vez más. Cugedhion pensó que

lo mejor sería irse por otro camino, por si algún hombre lograba distinguirlos en

medio de la noche. Algunos lo hacían. Pero cuando se aprestaba a continuar, de puro

reojo pudo ver una figura conocida entre los últimos que se añadían a la columna de

guardias.

   “No puede ser”, pensó al momento de ordenarle a su caballo que corriera hacia la

masa de armaduras que se movía, deseaba haberse equivocado, pero estaba seguro de

no haberlo hecho. En menos de un segundo se encontraba el final de las filas, pero el

atravesarlas se les estaba volviendo más complicado, incluso si su bestia era más

pequeña que las del resto. Poco a poco se fue metiendo entre los guerreros, mostrando

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su rango de vez en cuando para lograr mejor acceso, y al poco tiempo se encontró

justo detrás de un hermoso dragón rojizo, adornado con la característica corona de dos

cuernos de los dragones de caverna.

   - ¡Voronwë! – le gritó al jinete con desesperación.

   El jinete giró su cabeza sin detener la marcha de su dragón, confirmando las

sospechas de Cugedhion– maestro, que sorpresa verle de nuevo – le contestó con una

voz llena de tristeza y arrepentimiento.

   - ¿Qué demonios estás haciendo aquí? - le preguntó Cugedhion forzando una voz

baja – te dije que encontraras la forma de irte al norte –

   El joven bajó los ojos en signo de vergüenza, ¿qué podría decirle a su maestro?, que

sencillamente le habían ordenado ir dentro de la avanzada hacia el sur, como parte de

la representación de la orden. Si él ya sabía la verdad, entonces con más razón la sabia

su maestro, o por los menos, la sabría una vez que se le pasara la sorpresa – lo siento

maestro, pero esto es algo que me veo forzado a hacer –

   Cugedhion apretó los dientes al instante mismo que se estiraba en un intento de

alcanzarle, pero el joven anticipándose a esto, retrocedió un poco y sujetando la mano

de su maestro con suavidad lo miró a los ojos – por favor entienda, esto es necesario.

Es por mi familia – después de esto, lo soltó y serenamente siguió su camino.

Cugedhion dejó de seguirle, ahora solo lo veía alejarse, fundiéndose con la

peregrinación de quienes probablemente no volverían. ¿Por qué él?, ¿acaso Saerwen no

tenía ya un ejército de lobos a su merced?, o era por el afecto que tenía por él, ¿era esta

la forma en que el Paladín lo castigaba por cuestionar su mando?, por desgracia eso era

lo más seguro. Para la orden, Voronwë no era sino una prueba, un recordatorio

viviente de la supuesta inferioridad de los elfos grises, un simple escape a la mano para

utilizar cuando mejor les conviniese, y no podía dejar de sentirse culpable. Su dignidad

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había matado a otro de sus hijos, al que más amaba, y era triste saber que solo en ese

momento supo lo que significaba para él. Apretó con fuerza las riendas de su caballo, y

volteando hacia el castillo, deseo verlo arder con ella adentro.



                                             …



    Dramorion había visto el resplandor de luz, pero al recobrar la vista, vio un piso de

piedra bellamente lijado, en ese momento supo que se encontraba en su tierra. Y tras

sonreír lleno de gusto, lentamente cerró los ojos y se quedó inconsciente.



    - Gran caballero, me alegra ver que se encuentra bien–

    Dramorion escuchaba la voz de una fata mientras la luz del sol atravesaba sus

parpados, pero aun cuando estaba despierto y sentía curiosidad por saber de quién era

la voz, prefirió descansar los ojos - ¿Quién está ahí? – preguntó con delicadeza.

    - Se encuentra en mis tierras, en las montañas grises, a las afueras del bosque Ar

Duen. Soy Alassëa hija de Taurhassdorie el Grande – respondió la voz al otro lado de

la habitación.

    - El gran Taurhassdorie, el señor de las tierras altas – respondió Dramorion con

respeto y admiración por quien era considerar uno de los últimos héroes de las grandes

batallas arcanas.

    - Ya no más – respondió ella secamente – ahora yo soy la señora de las tierras altas

–

    Dramorion se sintió mal, avergonzado por su ignorancia, pero también consternado

por la noticia. Recordaba que durante su niñez, su madre le leía las historias de los

grandes héroes, y en más de una ocasión, las de Taurhassdorie, quien dirigiéndose al

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sur había derrotado al gran dragón oscuro de Rahannwyn, por lo que el gran Alberich

le había otorgado los dominios que poseyó por tres mil años - ¿cómo…? - preguntó

sin poder aguantar la intriga, pero silenciándose de inmediato por su falta de respeto,

arrepintiéndose por incomodar a la hija del gran héroe con recuerdos dolorosos – lo

siento – continuó, no quise hacerlo –

   - No importa – ella contestó sin escucharse incomoda – es fácil olvidar que para

muchos significaba un símbolo de grandeza. Y quizá para ellos su pérdida haya sido

más importante que para mí –

   El caballero abrió los ojos con lentitud, pero solo para ver un manchón

transparente, al acostumbrarse a la luz, vio que solo era un pañuelo sobre su cabeza,

tan ligero que era casi imposible sentirlo. Con suavidad acercó la mano e intentó

quietárselo, pero una mano se lo impidió.

   - Por favor no lo haga, gran caballero, la tela esta bordada con un hechizo de

curación muy especial, hecha para hacer descansar la mente más que al cuerpo. Creo

que la necesita –

   Dramorion entendió, y quiso hacerle caso, pero al recordar de donde había venido,

se levantó bruscamente, retirándose el pañuelo de una sacudida. La señora de las

tierras altas se retiró con sorpresa, viendo como el caballero cambiaba a un estado de

agitación profunda, buscando delirantemente algo con la mirada, pero al parecer no

encontrarlo, se dirigió a la puerta. Alassëa lo siguió tratando de alcanzarle, pero las

pisadas de Dramorion eran más largas y veloces que las de ella, y en poco tiempo la

dejó atrás. Pero el caballero se encontraba perdido en un mar de pasillos blancos y

paredes con columnas de piedra, en medio de su desesperación empezó a abrir

frenéticamente toda puerta, en un intento por encontrar a la joven del medallón, pero

al llegar hasta una puerta de plata, y abrirla de un golpe, se encontró ante la presencia

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de Aradan, acostado en medio de una enorme cama y cubierto casi en su totalidad con

vendajes curativos y cristales mágicos. Dramorion lo veía consternado, sintiendo la

culpa por todo el infierno que tuvieron que pasar en las tierras del Ganges, culpándose

quizá más de lo que en realidad había sido su verdadera falta, pero el haber tenido la

responsabilidad total por la misión también le confería todo el peso del fracaso.

   - Su herida ha dañado parte del cerebro. Por el momento está bien, pero lamento

decir que tal vez no verá el día de mañana – le dijo Alassëa al entrar a la habitación.

   Dramorion recibió aquellas palabras con el mismo dolor con el que se recibe una

flecha en el pecho, y cediendo ante toda su frustración, se dejó caer al suelo,

sollozando en silencio. La señora de las tierras altas se le acercó por detrás,

inclinándose junto a él y abrazándolo ligeramente. Solo en pocas ocasiones los elfos se

consolaban de esa forma, pero en esos momentos, el calor de otro cuerpo significaba

un apoyo más profundo que cualquier palabra.

   - ¿Dónde está ella? – preguntó él con una voz ligeramente temblorosa.

   Alassëa pareció dudar sobre qué respuesta podía darle, pero su silencio en sí

denotaba que conocía el paradero de la joven que había llegado con ellos. Dramorion

insistió una segunda vez, haciendo su voz más fuerte, y ante la petición de un caballero

de la Nueva Orden, ella no tuvo más remedio que contestar sus preguntas.

   - Ella está descansando en mis aposentos – respondió ella con cautela, viendo como

Dramorion se levantaba tanto con seriedad como con un dejo de calma, y con una voz

serena le dijo – por favor, podría llevarme con ella –

   Ante la renovada buena actitud del caballero, la fata perdió el nerviosismo, ella

había creído que podría llegar a tener problemas por haber cuidado de un hombre, y

más, por haberle tenido consideraciones, pero aún con el aumento de amenazas hacia

toda actitud contra el imperio, y a pesar del decreto imperial que concedía suspensión

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de juicios por cargos de traición, ella no podía simplemente ignorar a aquella figurita

pálida y evidentemente desnutrida. Cierto que su padre nunca le había permitido cargar

nada más pesada que una almohada, o que jamás le había instruido sobre las artes de

combate, pero eso no implicaba que no la hubiese criado para ser alguien lleno de

integridad. Pero por alguna razón, el caballero se mostraba complacido al saber que la

hombre se encontraba en buenas condiciones, por lo que parecía improbable que le

fuera a hacer algo malo, en cualquier caso, hubiera preferido enterarse de las razones

por las cuales un caballero de la Nueva Orden hubiera llegado a su castillo en mal

estado y acompañado de una humana. Quizá era como algunos rumores que había

escuchado, un amorío entre su señor y su esclava, aunque si ese fuera el caso, a él

jamás se le hubiera ocurrido volver a la isla.

   El camino a su habitación fue largo y silencioso, pero a pesar de la renuencia del

caballero por hablarle, la caminata no se sintió pesada, al cabo de unos minutos se

encontraron ante un puerta de plata, que aunque bien elaborada, no estaba mejor

adornada que las del resto del castillo, y al abrir la puerta se encontraron con un

esquema similar de lujo.

   - Ella se encuentra en la cama, descansando – le dijo ella mientras él la observaba,

poniendo atención en su larga cabellera dorada, adornada con bellas flores del campo y

en su túnica blanca, que aunque hermosa, era bastante sencilla. De hecho, su palabra

era lo único que la confirmara como señora de aquellas tierras, en todo lo demás, era

como cualquier cortesana, o alta sierva de una corte local. Y a pesar de pertenecer a la

nobleza, y de vivir en un castillo de semejante arquitectura, Alassëa parecía

comportarse con modestia, por lo menos dentro de su estatus.

   Él caminó hacia la cama, esperando encontrar una mejor vista de la portadora del

medallón, pero al ver una maraña de sabanas rodeando una extraña combinación de

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brazos y melena dorada, se sintió algo tonto. Un sonoro ronquido le ratificó su sentir,

pero sin mostrarse decepcionando, salió de la habitación con calma. La señora de las

tierras altas volvió a seguirle, pero ahora lo encontró en el pasillo, de pie, y sin

quedarse atrás una segunda vez se la acercó.

    - Gran caballero, ¿puedo preguntar qué sucede aquí?, ¿Qué tiene que ver esa niña

con usted? – preguntó sin esperar una verdadera respuesta, en parte porque entendía

que algo horrible le había pasado. Él la miró lleno de agradecimiento, e hincándose

ante ella le dijo – gran señora de las tierras altas, por su hospitalidad le estaré

eternamente agradecido, pero me temo que tendré que pedirle un último favor,

necesitare utilizar su círculo de transferencia una vez más –

    Alassëa le devolvió la mirada, pero en vez de mostrarse complacida, su rostro

mostraba pena – no tiene nada que agradecer gran caballero, porque me temo que el

dibujo del círculo ha sido borrado por completo –

    - ¿Cómo es que…? –

    - Al parecer, la magia con la que llegó aquí fue tan poderosa que arrasó todo el

diseño del suelo – respondió ella – la verdad, nunca vi algo semejante en toda mi vida

–

    Dramorion permaneció hincado, y dirigiéndose una vez más a la joven noble le dijo

– entonces debo pedirle algún medio de transporte… -

    - Gran caballero – lo detuvo ella – para mí sería un placer ayudarle, pero debo

insistir en que descanse, su siervo se encuentra en muy mal estado, y la joven humana

no parece estar aun completamente saludable. Además según siento, se aproxima una

tormenta fuerte –

    - ¿Siente? –

    Ella sonrió un poco – cuando se vive muchas lunas en la montaña, uno empieza a

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prestarle atención a esta y al viento que juega con ella – le dijo.

   El caballero no añadió algo más, pero levantándose pareció entender a posición de

Alassëa. Era cierto que su compañero ocuparía tiempo para descansar, podría dejarlo

mientras él intentaba volver a la capital, pero no quería hacerlo, además, tenía que

aceptar que él tampoco se sentía del todo recuperado y en esas condiciones no podría

realizar conjuros complejos. Y aun cuando trabajara toda la noche, quizá no tendría a

tiempo un círculo de transferencia.

   - Mi señora, debo decirle algo sobre la niña - le dijo al ver los bellos ojos de

Alassëa, azules y claros como los mares internos, mientras aceptaba su ofrecimiento.



   La taza de té caía al suelo, sin romperse, pero derramando todo el contenido en el

bello piso de piedra, y quedando todo en silencio solo el sonido de las aves adornaba el

balcón donde el caballero terminaba de contar su experiencia.

   Alassëa se agachaba con calma, levantando la taza con delicadeza mientras trataba

de entender las palabras del caballero, debían de ser verdad, no tendría ninguna razón

para mentirle, pero entonces, aquello significaba la mayor revelación en la guerra, el

posible cambio de balance que el Paladín seguía prometiendo.

   - No puedo confirmarlo, pero eso es lo que vi, y siento que es verdad – repuso

Dramorion mientras veía el denso bosque a la distancia.

   Alassëa parecía desconcertada, hubiera deseado cualquier otra causa para que un

caballero viajase con una hombre, cualquiera. Había logrado mantenerse lejos de la

guerra, utilizando la muerte de su padre como medio para obtener perdón imperial,

pero esto cambiaba por completo la situación.

   - Entonces ¿el Paladín realmente planea despertarlo? - exclamó Alassëa.

   - Y la niña es la llave – respondió secamente el caballero.

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   - No dudo de sus palabras gran caballero, pero no siento nada especial dentro de

ella, o en el pendiente –

   Dramorion parecía meditar sus respuestas, en realidad, también estaba tan intrigado

como su compañera de té – los grabados en el pendiente son los signos de la llave,

pero cuando la vi levantarse sentí aquella energía tan especial. Si ella es la llave, sigue

todavía dormida, y lo que vi fue solo un rápido abrir de sus parpados -

   - Entonces las profecías arcanas si son metafóricas – asintió Alassëa al tiempo que

recordaba sus antiguas lecciones de historia y meditación - entonces, ¿ese medallón

que sería? – preguntó ella.

   Dramorion movió la cabeza en signo de ignorancia. Podría hablar de teorías, o de

suposiciones, pero carecía de toda prueba para cualquiera de ellas. Alassëa también

guardaba silencio mientras su mente repasaba una y otra vez la historia del caballero,

en un intento por encontrar detalles que fueran de importancia, pero sin haber podido

ver de primera mano el suceso, no podía hacer más que imaginar situaciones. Sin darse

cuenta, se quedó viendo al caballero y la forma en que el viento de la montaña hacia

bailar sus largos cabellos negros, pero fue la horrible marca de su nariz lo que en

realidad le llamó la atención.

   - Su nariz – le dijo ella en confianza – también eso se lo hizo el hombre que mató a

su gente –

   Dramorion levantó su mano y empezó a tocar levemente su nariz, sintiéndola aún

inflamada – no – le dijo – la persona que mató a mis compañeros no parecía un

hombre, sino una bestia. Esto me lo hizo alguien que encontró la dignidad al momento

de morir –

   Mientras ambos miraban al horizonte, y cada uno perdido en sus pensamientos, una

elfo gris apareció de la nada, y arrodillándose junto a Alassëa, empezó a limpiar el té

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—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

del suelo. Dramorion la vio al momento en que se levantaba y mostrándose curioso

preguntó – señora, ¿acaso tiene a estos salvajes en su castillo? –

   Alassëa miró a la joven de cabello plateado, solo para regresar la mirara a

Dramorion con disgusto, de inmediato se levantó y con furia golpeó la mesa -

entiendo que usted pertenezca a la orden, pero debe saber que en mi castillo no

permitiré ese tipo de comentarios, y menos en mi presencia -

   El caballero se levantó y pidió sinceras disculpas, no había hecho más que expresar

su parecer, sabía por experiencia que los elfos grises no poseían las mismas

capacidades que ellos, y que por lo tanto eran menos dignos, pero al mismo tiempo,

entendía que no todas las personas del imperio comprendían o aceptaban tales

afirmaciones, incluso si estas eran respaldadas con pruebas, además, la señora de las

tierras altas tenía razón, estaba en su castillo y no podía ofenderla de ninguna manera.

Alassëa, por su parte, aceptó las disculpas, aunque no de buena gana y aprovechando la

ruptura del buen ambiente, se dirigió al caballero – si lo que usted me ha contado es

verdad, debo entonces preguntarle, ¿Por qué me lo ha contado a mí? –

   Dramorion le esquivó la mirada, y tomando un respiro le contestó de forma directa

– es porque, como le he dicho mi señora, no puedo confirmar la naturaleza de lo que

vi, ni tampoco la verdadera naturaleza del medallón –

   - Usted quiere utilizar mi biblioteca ¿no es cierto? – inquirió ella con brusquedad.

   Él asintió, y viendo como la señora del castillo se retiraba en silencio, se volvió a

sentar. La fata gris se le acercó después, e inclinándose en señal de respeto le dijo – la

señora ha aceptado que usted revise su biblioteca. Y que la perdone si no lo acompaña

durante la cena –

   El caballero asintió con cortesía, pero al mismo tiempo sentía pena por su

comportamiento. Era una pena el haber tenido que romper la simpatía con Alassëa,

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

pero había algo bueno en ello. Su misión como caballero le era más importante y todo

aquello que le estorbara o distrajera, no podía caber en su cabeza.



   Alassëa caminaba por el pasillo con incomodidad, las palabras del caballero la

habían hecho enojar, más porque no creía realmente que él fuera mala persona. Pero

también porque aquella escena le había hecho recordar un poco la forma de ser de su

padre. El antiguo señor de las tierras altas no había sido una mala persona tampoco,

pero siempre se mostraba renuente a ver a los elfos grises como seres dignos, para él

siempre habían sido, en el mejor de los casos, salvajes semi educados, y en el peor,

simples animales domesticados. Mientras aumentaba el paso, una fata gris, la misma

que había entrado al balcón, la alcanzó corriendo.

   - Mi señora – le dijo – le he dicho al caballero lo que me ha pedido –

   - Gracias Melda – respondió Alassëa – ¿y qué ha dicho él? –

   - Nada mi señora, solo asintió y se fue a la biblioteca después de terminar su té –

   La señora del castillo se mostró complacida, pero sintiendo vergüenza por el

comportamiento de su invitado, tomó a su sirviente por los hombros y le dijo con

cariño – pido disculpas por eso Melda. En serio –

   Melda entrecerró los ojos, tomando las manos de su señora con confianza y

sonriéndole un poco le contestó – no debe disculparse mi señora, entiendo que afuera

de este castillo, los tiempos han cambiado muy poco – y retirando su mano, se

disculpó con Alassëa antes de retirarse. Pero al regresar al balcón y empezar a recoger

las cosas, otra elfo de cabellos plateados se le acercó con indignación.

   - ¿Cómo puedes seguir soportando ese trato madre? – le replicó la joven sirvienta.

   - La señora me ha defendido – dijo Melda sin prestarle mucha atención a los

reproches de su hija.

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—————————————————————————––— LAS LAGRIMAS DE LA LUNA

   - La señora, siempre ella ¿no?, para esa maldita no somos nada, igual que con el

señor – repuso la joven, pero apenas terminaba la frase, la mano de Melda se alzó con

fuerza, asestándole una sonora cachetada en la boca.

   - ¡Alassiel! - le dijo su madre – nunca te atrevas a comparar a la señora con el

antiguo señor. Ella es diferente –

   Su hija retrocedió llena de lágrimas, por el sufrimiento que sentía al ver a su madre

entregar su vida a un linaje que solo les pagaba con desprecios, y eso le dolía más que

cualquier pena física. Pero pronto acabaría todo, ella se encargaría de eso, aún si su

madre le había encontrado gusto a su servidumbre, ella no podría aguantar ni siquiera

un año más en lo que su madre había aguantado mil, resignada, dócil, incluso leal con

sus dueños. Alassiel entendía que ella había visto la devastación de clan, y que por

cientos de años, la única forma de garantizar su vida y la de su familia había sido la de

bajar la cabeza, pero ella sabía que tenía que existir algo más, una opción de vida

mejor. Había escuchado los rumores y sabía que la antigua casta de amos podía ser

vencida, derrotada por los seres del mundo exterior. Si, para ella, los hombres no eran

sino una voluntad de liberación y de justicia, ellos habían logrado presentar resistencia

ante el poderío de Ávalon, tanto, que ahora lo estaban poniendo de rodillas.

   Los hombres libres conseguirían la venganza que habían jurado todos quienes

habían vivido bajo la mano del Imperio; enanos, elfos grises, duendes, hombres

arcanos. Y viendo a su madre con coraje y decepción, se retiró del cuarto sin terminar

sus deberes. En poco, ya no debería tener excusa para ello.

   Después de moverse hasta la parte baja del castillo, pasó por los establos, poniendo

poca atención en los bellos animales que la veían pasar con calma. Aquellas bestias

siempre le sirvieron de apoyo y consuelo en sus momentos difíciles, pero ya no podía

verlas de la misma manera, no ahora que por fin sentía haber encontrado una luz real

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

de esperanza. Al poco rato entró en un cuarto pequeño, hecho completamente de

bloques de piedra, pero puestos en bruto en comparación con el resto del castillo, y

con casi ningún tipo de decoración. Una cama sencilla se encontraba en el medio de la

habitación, acompañada solo por un buró y un pequeño escritorio de madera en donde

se asomaba un simple banquillo. Con cierta brusquedad sacó el banco de debajo del

escritorio, y se sentó en él, dejando caer su rostro sobre sus hombros, cubriéndose las

lágrimas que ahora se desbordaban de sus ojos, pero al poco tiempo, levantó la cara,

mostrando rasgos más fuertes, llenos de la determinación ajena al esclavo y caminando

hacia el único cuadro que adornaba la habitación, una pintura del bello paisaje de las

montañas, puso su mano en el borde del marco y aplicando fuerza en una pequeña

palanca oculta, lo levantó.



   Alassëa perdía el impulso de caminar deprisa, tanto porque ya veía su destino, como

por sentir un poco de nerviosismo por llegar a él, pero sin buscar ningún pretexto para

no hacerlo, puso sus manos sobre la puerta y la abrió con lentitud.

   Dentro, se encontraba una joven humana, reposando aún en un sueño tan

profundo y sereno que parecía que iba a durar por mil años o más, y en cierto modo,

eso era ya cierto. Sin esperar a que se despertara, se sentó en la cama, viéndola respirar

plácidamente, roncando de vez en cuando. Por un instante quiso verla dormir para

siempre, así ninguna de las dos se encontraría cara a cara, enfrentando lo que podría

ser una verdad incómoda, pero por otro lado, lo mejor sería adelantar la situación,

encontrándose con la incomodidad de una vez, y superarla lo más pronto posible.

Optando por la segunda opción, la tomó el hombro y la empezó a sacudir ligeramente.

Al principio pareció funcionar, Elizabeth se movía de tal forma que parecía despertar

en cualquier momento, pero al cabo de unas cuantas sacudidas más, Alassëa se dio

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cuenta que con lo que estaba haciendo se lograría poco más que nada. Así que con un

poco más de fuerza, la agitó de lado a lado, sin llegar a tanta brusquedad, pero ante

esta nueva estrategia, su única respuesta fue que Elizabeth tomara una de las

almohadas que rodeaban la cama, y se la estampara a Alassëa en la cara.

   Con un grito de sorpresa, la señora de las tierras altas se levantó de la cama, y con el

sonido, la joven hombre abría sus ojos al fin. Al principio, Elizabeth no prestó

atención al lugar donde estaba, de hecho, parecía no recordar nada fuera de caminar

por las escaleras del hotel en New Delhi. Y ante la luz que le llegaba por todos lados,

lo que hizo fue tomar las sabanas y cubrirse el rostro, intentando volver a conciliar el

sueño, pero a diferencia de su resistencia consiente, su mente trabajaba afanosamente

en ordenar la serie de sucesos que siguieron a su último recuerdo.

   La mirada lastimera de Isaac fe lo primero en aparecer, y eso detonó de inmediato

una línea escenas que surgían en una sucesión tan rápida, que apenas podía ser

consciente de ella, rostros, decenas de ellos, todos desconocidos, parecían y

desparecían justo antes de ver el frente de un camión seguido por el humo y el

movimiento de una explosión. Luego movimiento, continuo y constante justo antes de

ver un par de ojos verdes seguirle, subiendo y bajando antes de sentir un jalón, luego

un golpe, luego el par de ojos verdes de nuevo, luego otro golpe. Una y otra vez se

repetían las escenas, pero todo se detuvo al final con la mirada de Isaac, la misma que

había visto al principio, pero el lugar cambiaba, el fondo era diferente, pero tras un

momento de ver aquel recuerdo, quieto, el movimiento volvió, más y más caótico, más

errático. El rostro de Isaac perdía forma, cambia a lapsos de tiempo dispares,

mostrándose pálido por momentos, y cambiando una y otra vez su postura. Al final,

todo se detuvo de nuevo, pero Isaac la miraba con otra cara, una donde un par de ojos

grises la miraban de forma penetrante al tiempo que un rio de sangre brotaba por su

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

boca, goteando a chorros mientras caminaba hacia ella.

   Todo pasó por su mente en un segundo, y ante el retorno de sus recuerdos,

Elizabeth retiraba las sabanas en medio de un grito seco, sus ojos ya no veían aquellas

escenas, y su mente ya nos las mostraba de nuevo, pero la reacción había sido tan

rápida que su cuerpo había quedado entumido ante aquella sensación de terror.

Jadeando con fuerza, su pecho subía y bajaba frenéticamente mientras sus ojos

buscaban instintivamente un foco conocido, pero al ver donde estaba, empezó a sentir

el pánico de la incertidumbre.

   De inmediato, la joven hombre empezó a girar la cabeza de lado a lado mientras

miraba a todas partes y a ninguna, pasando de largo la figura de la hermosa fata que se

encontraba de pie frente a ella, pero ante el gentil saludo de esta, Elizabeth se detuvo

en seco, mirándola fijamente, sin decir palabra alguna. La tensión aun no bajada, y

aunque el jadeo disminuía con prontitud, su boca aún se mantenía trabada en un gesto

de horror, tanto así, que no pudo evitar que un hilo de saliva se deslizara hasta las

sabanas.

   - Lamento despertarte - le dijo Alassëa – pero espero que hayas tenido un sueño

placentero –

   - ¿Qué es esto? – preguntó Elizabeth con brusquedad, pasando de su estado de

completa confusión a una agresividad instintiva.

   Alassëa notó la desesperación en el rostro de Elizabeth, y tratando de tranquilizarla

se le acercó lentamente, pero Elizabeth tomó una almohada y levantándola un poco se

preparó para utilizarla como arma, Alassëa retrocedió un paso, obviamente no se

sentía intimidada ante aquella amenaza, pero con aquel gesto pudo disminuir la

agresión de la joven. Elizabeth bajó la almohada con suavidad y al poder ver con

mayor calma a la persona frente a ella, empezó a notar la gracia de su silueta, y la forma

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en que le sonreía. Se dio cuenta que aquella mujer no parecía representar peligro

alguno y sintiéndose cada vez más calmada empezó a respirar con más lentitud,

haciendo más profundas sus exhalaciones e inspiraciones - ¿qué es esto? – preguntó

por segunda vez, pero apaciguando un poco su voz.

   Alassëa no respondió, pero porque no parecía entender del todo la pregunta ¿A qué

se estaba refiriendo la humana?, ¿estaba preguntando sobre en donde se encontraba?,

¿o le estaba preguntado a ella su identidad?, pero sin poder determinar lo que busca

Elizabeth, simplemente respondió lo primero que pasó por su mente – es una

almohada – le dijo con cierta vergüenza.

   Elizabeth entrecerró los ojos, ahora más confundida que antes, pero también

ofendida, aquella persona aún sin conocerla más de un simple minuto, la trataba ya

como si fuera una imbécil, y sin esperar alguna respuesta complementaria, le arrojó la

almohada a la cara. Alassëa esquivó el segundo ataque con facilidad, moviéndose

ligeramente hacia un lado, quizá no era una guerrera, pero siempre gusto del ejercicio y

se jactaba de poseer buenos reflejos, así que no le permitiría una segunda a la joven,

aunque la forma en que se defendía le era simpática. Elizabeth buscó algún otro objeto

que lanzarle, pero al girarse, la vio alzar las manos en señal de paz, pero ante esto

Elizabeth levantó la mano y le respondió alzando los dos dedos que formaban la señal

de la victoria, al principio había pensado en solo levantar el dedo anular, pero creyó

que para un antiguo, la señal que se había vuelto famosa en la propaganda le sería más

desafiante. Alassëa no se mostró agredida, aun cuando pareció comprender de

inmediato el significado y la intensión de la seña, y con lentitud se le fue acercando una

vez más.

   - Por favor, no quiero hacerte daño – le dijo con una amabilidad que rayaba en lo

tierno, y con una voz casi angelical, aumentaba el efecto de apaciguar a Elizabeth.

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

   - ¿Cómo puedo estar segura? - preguntó Elizabeth con una sospecha reacia a

desaparecer del todo.

   - Si hubiéramos querido hacerte algo malo, no te hubiera puesto a descansar en una

cama tan cómoda ¿no es cierto? – respondió Alassëa, claro que aquella respuesta no

era en si una explicación completa, pero ella miraba en su invitada a una simple niña, y

sin quererlo, la trataba como tal. Y con gusto pudo ver como Elizabeth consideraba su

respuesta como una prueba válida.

   - ¿Qué es todo esto? – preguntó de nuevo Elizabeth, mirando a Alassëa de tal

forma que la fata no pudo resistir aquella pregunta más de lo que hubiera resistido la

mayor de las culpas. Y ahora entendía la magnitud de lo que pedía Elizabeth, su

pregunta se refería a todo, absolutamente todo lo que ocurría en lo concernientemente

a ella.

   Pero ¿cómo responder semejante petición?, Alassëa no podía hacerlo de manera

fácil, y sabiendo esto, optó por hacerlo de la manera correcta - ¿sabes algo de cómo los

antiguos perciben el mundo?, nuestra cosmogonía – preguntó la fata mientras se

acomodaba la larga túnica al sentarse.

   Elizabeth la miraba fijamente, sin saber que responder, y sin entender porque

Alassëa le hablaba de ese tema. Pero la fata la miraba con unos ojos tan calmos, que

entendió que de alguna manera aquello de lo que estaba hablando tenía relación con su

estancia en aquel lugar, además, algunas veces había pensado sobre como veían el

mundo las creaturas mágicas, y principalmente en cómo estas veían a los hombres, y

una creciente curiosidad empezó a gestarse en ella, al menos por esta vez, alguien le

respondería una pregunta que jamás nadie quiso, o pudo responderle. Elizabeth se

mantuvo callada en espera de la respuesta, pero la hermosa persona frente a ella

también se mantenía en silencio, solo observándola. Después de unos diez segundos,

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más o menos, Alassëa levantó la mano y la movió de forma que le dio a entender a la

joven que quería escucharla, pero Elizabeth se mantuvo en silencio, solo movió la

cabeza hacia atrás y levantó los hombros.

   - El típico comportamiento de los hombres. A nosotros se nos enseña que la

ignorancia es una enfermedad, tanto del individuo como de la comunidad en la que

vive, pero su cura consiste en tener el valor de estudiar, de ver más allá, de forzarse a

conocer. Pero los hombres solo presentan dos reacciones ante la duda, algunos abren

la boca y dicen la primera cosa que les viene a la mente, los demás se quedan callados

en espera que alguien más les responda, sin siquiera haber hecho primero un esquema

mental de sus propias incógnitas – expuso Alassëa, pero ante el silencio que mantenía

Elizabeth, añadió – para nosotros el silencio en una plática o discusión es una ofensa

muy grave, ¿sabías? –

   Elizabeth pareció entender y de inmediato respondió aunque de manera entre

cortada – s...si –

   - ¿Y? – preguntó la elfo con tono de maestra.

   - ¿Qué? – respondió Elizabeth.

   - ¿Qué más se dice cuando se comete una falta de educación? –

   - ¿La… cagué? – respondió Elizabeth con duda.

   Alassëa abrió su boca un poco, sorprendida por la respuesta, no podía aceptarla,

pero al mismo tiempo tenía que aguantarse ciertas ganas de reír, pero tratando de

mantener el rumbo de conversación, cambió la expresión de su rostro y aunque siguió

mostrando aquella amabilidad, también empezó a mostrar cierta molestia en su mirada,

pero lo que en realidad impresionó a Elizabeth, fue el porte de frialdad que ahora

presentaba, como si aquella mujer se hubiera vuelto una estatua.

   - ¿No? – preguntó Elizabeth, esperando no molestarla más.

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   Una mueca de desilusión apareció en la boca de la fata al tiempo que desviaba su

mirada al bello paisaje de bosque nevado, que se asomaba por la ventana, tras un

segundo de silencio se levantó y tomándola con suavidad la llevó por el pasillo que se

encontraba a sus espaldas. Desde el momento en que salió del cuarto, Elizabeth

empezó a mirar en todas direcciones. Estaba fascinada con el hermoso conjunto de

pinturas y relieves que se encontraban en todo el lugar, incluso en el piso. Retratos de

personas hermosas, algunas bailando, otras sentadas, leyendo o hablando con gente a

su lado, la perfección de los detalles hacía que las imágenes superaran fácilmente

cualquier pintura o fotografía que hubiera visto antes, pero lo más curioso, lo que le

más le llamó la atención, era que ninguna de las personas tenia las orejas puntiagudas

de los antiguos, algunos de hecho, tenían barbas y bello corporal, cosa que jamás había

visto entre los elfos.

   - Estos son los Dioses – le dijo Alassëa al ver como Elizabeth miraba los diseños

del pasillo.

   - ¿Dioses? –

   - Si, quienes dan orden a lo existente –

   - ¿Los creadores del mundo? – dijo Elizabeth, tratando de seguir el hilo.

   - No, para nosotros no existe la idea de la creación. Algunos incluso la consideran

ridícula. Entiendo que los hombres la defienden porque consideran que, como ellos,

todo debe de tener un límite. Pero nosotros creemos que lo que existe siempre ha

existido, y no puede dejar de existir, si algo muere no desaparece, solo disgrega su

fuerza y su energía de nuevo al universo, y son los Dioses quienes deciden como

reorganizarlas. Y cuando algo nace, solo posible porque existen las energías correctas,

las mismas que se juntan de una forma determinada para dar una vida determinada… –

   - Pero la magia crea cosas de la nada, solo ¡puff! y ya – interrumpió Elizabeth

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haciendo los ademanes que haría un mago en un espectáculo.

   - Mi niña, solo los hombres podría creer algo semejante. Más porque no conocen la

magia – respondió Alassëa, esbozando una bella sonrisa – la magia no es sino la

herramienta misma de la verdadera voluntad, la magia necesita la energía propia del

individuo para canalizarse, sin una mente sana, un cuerpo fuerte, una voluntad firme y

un corazón férreo, es imposible realizar bien cualquier encantamiento, y quienes lo

hacen sin cumplir con aquellos requisitos solo terminan por degenerarse, se vuelven

locos o enferman. La magia responde al orden universal, no trata de crear, sino de

ordenar lo existente, las energías disponibles. El uso de la magia fue la forma en que

los Dioses nos formaron, a ti, a mí, a todo a tu alrededor. Por desgracia, los hombres

no comprenden esto, ni siquiera los que pueden experimentar la magia, es como si

nunca hubieran abierto los ojos. Lo que ellos llaman ciencia es una perversión de la

vida. He leído algunos de sus libros, en uno, leí algo que ellos llaman “ley de la

conservación de la materia”, eso me dio a entender que poseen la capacidad para

entender parte de la verdad, o por lo menos de aceptarla; que lo que existe no puede

destruirse. Pero al mismo tiempo tratan de violar aquellos principios, forzando las

energías de formas antinaturales, produciendo desequilibrios en el mundo. Sus tribus

no hacen sino pelear con otras, a veces contra sí mismas, sus cuerpos se enferman, sus

mentes son débiles y sus llamadas civilización se sustentan solo en la destrucción de las

verdades y creencias de otras. Desde el principio, así como la vida ocupa el agua para

poder existir, las civilizaciones del hombre ocupan el fuego para desarrollarse, y al final

para colapsar –

   Elizabeth dio un paso hacia atrás llena de asco, por supuesto que se sentía ofendida,

aunque no sabía bien el por qué, la explicación sobre la magia le había sido fácil de

entender y las verdades que aquella mujer exponía sobre los hombres eran, por

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desgracia, muy ciertas, pero ella era parte de la humanidad, y aceptar los errores se

vuelve difícil cuando son expuestos por otros.

      – Entonces, ¿qué quieres decir? - dijo – que todo lo que hacemos, está mal, que

nuestra existencia daña el curso de las cosas. Quizá no te des cuenta, tú, aquí, metida

en tu casota, pero nosotros, la gente, la humanidad, no tenemos ninguna de sus

capacidades especiales, nosotros tenemos vidas cortas, llenas de altibajos, llenas de

amenazas, ¿cómo crees que sobreviviríamos sin alterar el medio?, ¿crees acaso que

podemos vivir bien, plenos y felices si nos reducimos al nivel de animales? –

   Alassëa se acercó a ella, y con delicadeza, puso su mano en su mejilla - ¿es que no

lo ves?, los hombres son animales –

   - ¡Por Dios!, ¡¿cómo te atreves?! - respondió Elizabeth al tiempo que se quitaba la

mano de Alassëa de un jalón - ¿me estas llamando animal? –

   Alassëa la miró llena de pena, por un momento no supo que decir, creyó que ella lo

entendería de forma más sencilla, aunque sabía que esperar eso había sido un tanto

infantil. Pero creyó que si lo que decía Dramorion era cierto, entonces le sería fácil

entender su verdadera naturaleza, o ¿cómo podría un ave ignorar que tiene alas? así

que aspiró un poco, la miró con detenimiento y le dijo al fin – mi niña, ¿no te has dado

cuenta aún? –

   Elizabeth no entendía nada de lo que fata decía, de hecho, empezaba a sentir una

vez más hostilidad hacia ella, pero de alguna manera, algo en su rostro la obligaba a

detenerse y escuchar más de lo que tenía que decir. No sabía porque, pero era una

especie de inclinación, como si aquello representara una oportunidad, o un deber.

Alassëa se preparó para hablar, pero escuchó como alguien se acercaba, y esperando

ver a alguien amistoso para adquirir valor, se encontró con Dramorion, quien la miraba

detenidamente, callado y tras ver a Elizabeth, nervioso.

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   Alassëa también lo miraba, esperando ver en él, algo que le indicara que había

encontrado algo importante en los libros, pero al ver como simplemente asentía con

calma, se dio cuenta de inmediato que lo que había pensado en un principio y lo que le

había dicho, era cierto. Elizabeth miraba al elfo que había aparecido, quien parecía ser

un completo contraste con la fata, mientras todo en ella se veía blanco y reluciente, él

parecía estar cubierto de penumbra, su porte era digno, su túnica y cabello eran negros,

y su cara mostraba una frialdad amenazadora. Lentamente se giró para ver de nuevo a

Alassëa, pero su mirada volvía ante el elfo cada vez que lo intentaba, solo cuando la

fata le empezó a hablar, ella pudo desviar la mirada y sentirse a salvo de nuevo.

   - ¿Nunca has sentido algo raro en ti? - continuó la señora de las tierras altas – como

si algo en tu vida no encajara con lo que te rodea, como si fueras distinta al resto de las

personas con las que convives.

   Pero Elizabeth no respondió, aun cuando sabía bien que responder, claro que

siempre había sido la idiota del pueblo, y a veces lo disfrutaba, pero jamás se había

sentido fuera de lugar, al contrario, siempre gustó de su aburrida vida en Inglaterra, y

de su aún más tediosa estancia en New Exeter, entonces empezó a recordar a su

hermana, sus pinturas y las cervezas que tomaba en el bar de Macbeth, y mirando a

Alassëa negó con la cabeza, con ligereza, pero de tal forma que no dio lugar a dudas

sobre su respuesta.

   Alassëa pareció ponerse incomoda, en principio mostraba inquietud, pero también

parecía desorientada por la respuesta de Elizabeth. Si ella hubiera actuado de cualquier

otra manera, se le hubiera hecho más fácil continuar, pero con la rotunda negativa de

la joven había perdido toda base sobre la cual trabajar. Sin poder hacer algo, o por lo

menos sintiéndose de esa manera, miró a Dramorion, quien al entender la penosa

situación de Alassëa, se giró hacia Elizabeth, y sin mostrar titubeo de alguna clase, le

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dijo directamente – tú no eres humana -



                                          XIX

                               SUEÑOS DE PODER



   La noche se asomaba de nuevo, oscureciendo todo en su presencia, incluyendo las

esperanzas de Alice de un final feliz, aunque era gracioso, por un lado pensaba que

todo estaba lejos de terminar, pero al mismo tiempo ya estaba condenando todo a una

triste fatalidad. Para ella no había otra opción, siempre creyó que el esfuerzo de uno

era el determinante más importante para resolver cualquier problema, pero ahora se

encontraba ante un panorama que excedía por completo sus capacidades, y frente al

cual, lo único que podía hacer era confiar una vez más en terceros. El cazador había

sido una decepción y los soviéticos seguramente serian otra, y por desgracia, aquello

era la única certidumbre a la que podía aferrarse. Por lo menos Federico se

comportaba amable con ella.

   Al otro lado de la puerta, las personas pasaban de vez en cuando, caminando hacia

oficinas ubicadas en espacios esporádicos, como si aquel lugar estuviera ocupado a la

mitad. Un par de mujeres, ambas vestidas con aquel uniforme verde oscuro de los

Estados Soviéticos comentaban anécdotas personales, riéndose como si aquello fuera

lo más relevante en sus vidas, y nada fuera de aquella diversión, importara en el

mundo. Otro uniformado corría presuroso hacia algún destino desconocido, pero todo

parecía tan ajeno de la habitación donde Alice meditaba en silencio. Se encontraba

cansada, no había podido dormir bien, y algunos fragmentos del diario aún rondaban

por su cabeza, pero lo que más la agotaba era el no tener nada que hacer, quizá porque

a través de los años, la constante actividad la habían convertido en una adicta al

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trabajo, y el tener que soportar aquella inactividad le era de un tedio asesino. En su

situación actual, prefería mil veces tener la compañía de Federico, con él, por lo menos

podía discutir hasta cansarse un poco y tenía que aceptar, que le parecía buen mozo, al

menos para ser un rojo fanático.



   El teléfono parecía sonar con violencia, como si vaticinara un mal mensaje, pero a

Federico pareció no importarle y contestándolo como siempre, habló con voz fuerte y

tranquila - ¿sí?, ¿diga? –

   - ¿Qué demonios te pasa De Aragón? - respondió una voz a través del auricular –

dos días y no me has avisado de nada con respecto a tu investigación –

   - ¿A qué te refieres Heydrich?, te mande un reporte completo sobre los

sospechosos… -

   - ¡Eso no me sirve de nada! - interrumpió Heydrich con fuerza – lo que me importa

es la ubicación o las actividades actuales de Thule. Tú solo envías datos sobre cosas

que ya conocemos, o sobre conjeturas absurdas… -

   - No me interrumpa, Herr Direktor – respondió Federico con energía – ¿quién

crees que soy?, ¿Canaris? La información que te envié es más que útil en cuanto a lo

que podemos hacer. Y mis suposiciones no son absurdas –

   Heydrich se mantuvo callado, solo bufando por el teléfono, enojándose con

Federico cada vez más, principalmente por tener que tratar con él como un semejante

más que como un superior, pero también por no tener en él, el mismo poder de

intimidación que poseía con quienes le rodeaban. En lo personal, odiaba a los rojos,

más por tener aquellos ideólogos judíos, pero al mismo tiempo aceptaba la capacidad

de De Aragón para encontrar respuestas, por lo que trataba de tragarse su enojo en

espera de más información. Aunque eso no le quitaba su derecho a exigir un mejor

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

trabajo – no están basadas en hechos reales, son puras creencias sin fundamentos –

replicó al fin.

   - Sí claro, igual que creer en hadas y duendes ¿no? - respondió De Aragón con

ironía, pero tratando de suavizar la tensión, continuó en mejor tono – mira, sé que los

reportes tienen brechas, pero no nos ha sido fácil encontrar nada más -

   - La Okhrana está rondando el área, ¿lo sabías? - expuso Heydrich con agresión –

por lo que sé, puede que estén más cerca que nosotros de obtener cualquier dato sobre

las pruebas de la energía “Vril”, además de las cuentas que maneja Thule –

   Federico se calló, asustado por la revelación de Heydrich.

   - Esto ya no puede seguir así – continuó la voz del teléfono – estamos perdiendo

capacidad de acción, si las Naciones Unidas logran el acercamiento con Ungern, el

Duce también terminara por ceder ante sus presiones. No podemos permitir que esos

malditos terminen por apoderarse de todos los beneficios, recuerda que es posible que

la guerra termine este año, y qué crees que seguirá luego, cuando ya no exista un

frente, las Naciones Unidas empezaran por relevarnos de los asuntos internos –

   - Ya los sé – replicó Federico – pero no podemos hacer nada más, el testigo que

encontré no sabe más de lo que nosotros ya sabemos, a excepción de que al parecer, el

blanco primario de Thule es una joya o medallón de plata, perteneciente a una joven

de origen inglés, una tal Elizabeth Harker –

   - Eso no es importante –

   - Tal vez sí, que tal si ella representa algo para los antiguos –

   Heydrich se mantuvo en silencio, probablemente para escuchar algo que refutar,

aunque también porque su atención había sido captada - ¿cómo? – preguntó al fin.

   - Según los reportes de Rangel, los “súper soldados” antiguos habitan en cuerpos o

recipientes físicos. Quizá el medallón que tiene la joven es uno, o quizá es la clave del

470
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“codex Arturo” –

   - Ese codex es solo una suposición De Aragón – dijo Heydrich.

   - Si, tal vez, pero sabemos por interrogatorios que ellos también lo buscan, y

algunos de los nuestros han encontrado partes que parecen ser del codex – expuso

Federico con emoción en su voz, pues aunque sabía que lo que estaba diciendo se

encontraba lleno de suposiciones, también sabía que a lo largo del conflicto, varias de

las cosas que habían parecido locuras, se habían confirmado con el tiempo, cosa que

Heydrich también conocía.

   Heydrich entendía los puntos de De Aragón, pero no podía permitirse trabajar con

expectativas con tal grado de incertidumbre, debía tener por lo menos algún dato de

validez, algo por dónde empezar. Y el tiempo se le estaba acabando, en esos

momentos ya estaba enfrentando presiones por parte de organismos internacionales,

quienes estaban buscando chivos expiatorios para utilizar después de la guerra, y sabía

que al haber permitido los experimentos de Mengele, o al haber ordenado las

ejecuciones de Praga, lo tendrían en la mira. De Aragón se encontraba más a salvo, los

Estados Soviéticos poseían suficiente fuerza como para soportar reproches

internacionales, pero todas las instituciones y organismos europeos se encontrarían en

medio de una guerra de influencias entre ingleses, rusos y posiblemente también los

soviéticos, y toda actividad que fuese fácilmente explotable de culpa, sería utilizada

para imponer directivos leales a aquellos bloques. Quizá había escogido mal el bando,

pero sabía que lo ingleses jamás lo aceptarían, y el tener que trabajar con los rusos le

repugnaba, por lo menos si algo salía mal, con los latinoamericanos tenía la opción de

vivir libre de culpa o castigo, como muchos de los nacionalsocialistas que habían

logrado escapar después de la purga de Weimar – entonces ¿Qué?, nos sentamos a

esperar o nos movemos en la oscuridad – preguntó con enfado.

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

   - Ninguna de las dos – respondió De Aragón – en primera, tenemos que encontrar

los nexos de la Okhrana en la India –

   - ¿Y luego? –

   - Luego tomar todo lo que nos mandan del frente –

   Heydrich rió con enfado - ¿aún sigue vivo ese marica tuyo? –

   - ¿Fierro?, ¡por supuesto que sigue vivo!, ese cabrón es casi inmortal –

   - ¿Y que pasara cuando los aliados anglosajones se enteren que trabaja para

nosotros?, deberías de encontrar más de un solo proveedor –

   - ¿Quién dijo que es el único? –

   - Simplemente no puedo trabajar así, tengo que tener al menos algo de valor, ¿sabes

que de Gaulle ya me está empezando a presionar para conseguir información útil?, y

darle nombres de colaboracionistas ya no es suficiente. Los anglo-americanos ya

consiguieron restaurar con éxito una armadura antigua, además poseen el programa de

“vitalización humana”, y los rusos ya superaron sus armas – exclamó Heydrich

cambiando el tema.

   - ¿De qué te preocupas Herr Direktor?, todo adelanto estadounidense es

patrocinado directa o indirectamente por nosotros, así que no pueden hacer algo sin

que lo sepamos, además, el pacto franco-soviético te permitirá compartir los hallazgos

con de Gaulle –

   - Siguen siendo solo promesas De Aragón – refutó Heydrich – desde la invasión a

Ávalon, no hemos obtenido beneficios del pacto, además Von Kahr tampoco se

mantiene callado. Mussolini lo hace, pero sabemos que juega sus cartas con las

potencias extra europeas. Ocupo que compartas cualquier hallazgo de inmediato, y que

te pongas a trabajar más –

   - ¿Nos acusas de poca cooperación?, nosotros también hemos visto un recorte con

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respecto a tu ayuda, la Interpol ya no nos comparte información como antes, de

hecho, sé que tratas a muchos de los compañeros casi como vasallos – le respondió

Federico, quien no iba a permitir que lo trataran como un simple socio, a él, cuya

organización empezaban a armar un esquema de inteligencia igual o incluso superior a

la OSS, y cuya cooperación con la Interpol hacia que esta fuera solo especie de filiar

internacional con respaldo legal.

   Heydrich no supo cómo responder, por el momento no tenían la capacidad de

maniobrar solos, y la inteligencia soviética era su menor soporte, principalmente en

cuanto a información de todo adelanto o política inglesa en territorio americano –

entonces quedamos en seguir investigando – dijo con aquel tono con el que tragan las

malas noticias.

   - Por favor, principalmente lo relacionado con el medallón que porta la joven –

explicó Federico, y después de hacer una pausa continuó – y también todo lo que

tenga que ver con la tal Elizabeth Harker, historial, vida, obra, cualquier cosa. Quiero

saber hasta sus gustos, incluso si tiene mascota. Todo, quiero todo –

   - Si, todo de ella, capto, ¿y en cuanto a ustedes? – preguntó Heydrich como última

oportunidad de forcejeo.

   - Haremos una investigación completa en cuanto a la red rusa en India. Eso y

cualquier cosa que podamos sacar con respecto al sol negro y su Thule –

   - Bien – respondió Heydrich antes de colgar, quedándose con la última palabra

como siempre. Federico permaneció un rato con el teléfono en repique, y lentamente

lo colgó, mirándolo un rato, casi como si el aparato fuera el mismo Heydrich en

persona.

   - ¿Era el verdugo? – le preguntó a Federico un oficial sentado en el banquillo de la

esquina.

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

   - El mismo –

   - ¿Qué quería? – inquirió el oficial en tono burlón.

   - Que me enterara que lo están presionando, principalmente eso –

   El oficial rió un poco, burlándose del egocentrismo del verdugo, anunciando cada

problema personal como si tuviera la misma importancia que las cuestiones militares.

Pero Federico, intuyendo el motivo de la risa, la detuvo – si Heydrich pierde el cargo,

perdemos un nexo importante, no lo olvides, no es nuestro hombre, pero trabaja con

nosotros, y no podemos confiar en que su sucesor sea tan eficiente ni tan cooperativo

como él -

   - Pero ¿por cuánto tiempo? - expuso el oficial – dudo que nos vea siempre como

primera opción de ayuda. Los alemanes son muy cumplidores, eso sí, pero eso no les

quita que a veces apuñalen por la espalda -

   - Más vale malo conocido que bueno por conocer – respondió De Aragón mientras

se ajustaba los lentes – además, no podemos ser exigentes, la situación europea se nos

volverá más difícil de manejar cuando termine la guerra, en primera los europeos han

estado tramando un resurgimiento desde el principio. Lograron meter a varios de sus

generales como partes fundamentales de la estructura aliada, y aun cuando gente como

Rommel no posea intereses políticos, también es cierto que aquellas personas son en

su mayoría férreos patriotas, y no van a dudar en ceder sus victorias a sus países, ni los

beneficios que estas representan. Y desde el final de la guerra en España, Inglaterra se

ha fortalecido en el continente. Irlanda y Europa del Este todavía nos sirven para

guardar guerrilleras, con las cuales podemos interferir en la estabilidad europea. Pero el

mayor problema es la “triple fuerza”, ten eso en mente – respondió Federico

refiriéndose a la unión tácita entre Italia, Francia y Alemania, quienes siendo los países

libres más poderosos de Europa, habían resistido eficientemente toda intrusión

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extranjera en el ámbito político.

   El oficial asintió a las afirmaciones de Federico y añadió - y con la alianza entre

Mussolini y Ungern, ya no se puede considerar la opción de intromisión militar –

   - Además – asintió De Aragón – pero recuerda que aun cuando sea posible un

resurgimiento europeo, no va a ser en el corto plazo. Los rusos están con esa política

de enclaustramiento, así que solo queda Japón y el Gran “Commonwealth” como

rivales futuros. En todo caso, lo mejor sería quedar bien con el viejo continente. Con

Francia por lo menos, es la que mantiene más colonias y beneficios económicos. Ya

vimos que una alianza con Alemania no es productiva –

   - Se termina una y empieza otra ¿verdad? - añadió el capitán refiriéndose a la

interminable lista de conflictos por venir, como si la humanidad olvidara rápidamente

toda lección aprendida en la guerra, como si estas sirvieran solo para aumentar el ansia

de poder entre las naciones. El capitán guardó silencio un rato, meditando las palabras

de Federico en su cabeza, cuando dirigiéndose a él, le dijo – eso que dijo, ¿realmente

confías en Fierro? -

   - Su inteligencia es superior al promedio… –

   - Yo no pregunte eso, aunque creo que por eso es peligroso, recuerda que llegó a

ser coronel nada más por andar sobornando a medio mundo, y ahora la mitad del

directorio de defensa obtiene dinero de él –

   - Precisamente por eso confió en él, puede comparar autonomía, así de simple y

mientras la tenga, se puede mover con toda libertad por el territorio antiguo, se mueva

más, encuentra más. Así funciona –

   - Es un burgués – refutó el capitán - su padre era dueño de fábricas en el norte y de

haciendas en México y Jalisco, lo perdieron todo a causa de la revolución, odian a los

sovietos… –

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

   Federico esbozó una sonrisa de burla - ¿y eso qué?, claro que es un engreído, es un

típico hijo de terrateniente burgués, pero es muy listo como para odiar al gobierno.

Sabe que es mucho mejor trabajar con este -

   - Como que te agrada, ¿verdad? – afirmó el capitán con ironía.

   - Siento la misma fascinación por él, que la que sentiría por un tiburón. No me

agrada, pero es como con Heydrich, aprecio su eficiencia. Eso, y que si logramos

utilizarlo de forma correcta, se convertiría en nuestra carta de triunfo, lo único que

tenemos que hacer es mantenerlo en nuestro cause. Además, Rommel dijo una vez

que, los hombres son, básicamente, listos o tontos, y vagos o ambiciosos. Los tontos y

ambiciosos son peligrosos, y se debe uno librar de ellos. A los tontos y vagos se les

debe de asignar tareas mundanas. A los listos y ambiciosos ponerlos en el estado

mayor. Y a los listos y vagos hacerlos comandantes, y déjame decirte que no vas a

encontrar a alguien, ni más listo, ni más vago que el Fierro –

   - ¿Y tú de cuál eres? – preguntó el capitán entre risas.

   - Todo depende de que tan peligroso me veas – respondió Federico – pero el punto

es que no me importa quien sea, mientras saque los recursos de Ávalon – al decir esto,

se reclinó en su asiento, exhalando con fuerza. Sabía que la isla de los antiguos sería la

base del nuevo campo de batalla entre las potencias por venir y quien lograra obtener

las mejores porciones, lograría obtener la mayor ventaja a futuro. Ávalon estaba repleta

de nuevos recursos, minerales, petróleo, mano de obra, todo lo necesario para duplicar

la capacidad industrial de cualquier nación - creo que vamos por buen camino, somos

la única nación que ha invertido tiempo en los verdaderos recursos de esa isla –

   El capitán también reclino la cabeza, quizá cansado de la palabrearía del

comandante – no lo sé Federico. No lo sé, si me lo preguntas, creo que sería mejor

seguir obteniendo información sobre el proyecto de “vitalización humana” –

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  - ¿Quién te dijo que no estamos trabajando en eso? –

  - ¿Y? –

  - Los resultados son peores que los que tuvieron los americanos. Todos y cada uno

de los sujetos terminaron muertos o deformes. Ninguno de ellos pareció aportar

información de valor –

  - ¿Cuántos llevan los gringos? –

  - Uno – respondió Federico, pero de tal forma que parecía referirse a una ventaja

abrumadora.

  - ¿Cuál crees que sea la razón? – preguntó Gautier.

  - No lo sé. Suerte tal vez, o quizá sean menos idiotas que nosotros –

  - No – lo detuvo el oficial – no el éxito, sino los fracasos –

  Federico empezó a mover su mano con pereza, buscando algo entre las hojas de su

escritorio, cuando de pronto, se detuvo en lo que parecía ser un reporte médico –

según Rangel es porque el material genético no es suficiente como para soportar los

cambios, es como sobrecargar un aparato –

  - Entonces ¿qué?, la respuesta es encontrar gente con más genes ¿O qué? -

  - Ni siquiera sé si eso existe – respondió Federico con indiferencia mientras leía las

hojas del informe, ahora tan arrugadas que evidenciaban que habían sido repasados un

sinfín de veces, pero al llegar a la última página sus ojos perecieron cerrarse del

cansancio y bajando las hojas con calma se reclinó en su silla – búscame toda la

información que tengamos sobre el caso exitoso de los americanos –

  - No creo que tengamos mucha – replicó Gautier solo por la mera intención de no

tener que levantarse por el momento.

  - Tú dijiste que ese programa era una opción más viable que la mía. Así que pon a

trabajar tus opiniones y muévete. Considerarlo tu tarea mundana – le ordenó Federico

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

de forma tajante.

   El capitán se levantó de mala gana, y sin decir nada más salió de la habitación de

mal humor, quizá llenando mentalmente a Federico de las perores groserías que se le

ocurrían, pero mientras no los dijera en voz alta no habría ningún problema. Todos en

el lugar lo hacían, y el comandante lo permitía de manera tácita, no quería ni ocupaba

agradarles, con el solo hecho de tener autoridad, el liderazgo le venía sobrando.

Además, el ser visto como el imbécil común facilitaba la mejor convivencia del

personal, y esa era una táctica que valía la pena soportar.



                                           XX

                         LOS JINETES DEL APOCALIPSIS



   El humo del habano salía disparado de la enorme boca del hombre que reía lleno de

ganas, mientras sus subalternos lo miraban extrañados. Él casi nunca reía de aquella

forma, tan llena de vida y desinteresada, era como si se tratara de un simple viejo en

lugar del Gran Primer Lord del almirantazgo de la Gran mancomunidad de naciones,

cargo que le confería un estatus y un poder más alto que el del Primer Ministro.

   - Entonces, ¿en serio dijo eso de un cuento de hadas? – replicó Churchill.

   El general, mostrando una vez su “encanto” Texano mostró una enorme sonrisa y

repitió el final de su historia – en serio, cuando el presidente vio la fotografía dijo que

eran puros cuentos de hadas –

   Churchill se agachó un poco, evitando dar el salto de risa de la última vez, pero

seguía riéndose tan fuerte que el constante sonido de su garganta resonaba por toda la

habitación, haciéndolo el centro de atención del toda la concurrencia, que si bien

entendía la historia pocos en ella le habían encontrado la misma gracia. Sin embargo,

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todos miraban al viejo del habano con cierta empatía, gozando más de sus risas que de

las palabras del general.

   Todos excepto uno. Sentado en uno de los asientos de honor, fijando su mirada en

todos y cada uno de sus pares, seco, frio, con los ojos negros como el carbón y con la

expresión de un toro embravecido, Calles, el mismo Jefe Máximo de los Estados

Soviéticos se encontraba en aquel estado extraño que presentaba cuando era él quien

no hablaba, en silencio, meditando y analizando a todos como meros libros. Pero

cuando la risa se aplacó lo suficiente, sin mover ninguna otra parte de su cuerpo más

que la boca, levantó la voz de tal forma que de inmediato acabó con toda la alegría del

lugar.

   - No ha habido más avances con respecto a la bomba –

   El Primer Lord del almirantazgo lo miró con sobresalto, escuchando el horrible

acento con el que hablaba inglés, aunque era posible que solo lo hiciera para llamar

más la atención. De cualquier modo, él lo seguía viendo como a un mero maestro rural

de país de tercera, aunque al mismo tiempo reconocía en Calles a alguien peligroso, tan

frio y brutal, como sensato – Mr. Calles, la isla antigua es un territorio desconocido

para cualquier nación, y con el transcurso de la guerra los territorios ocupados han

aumentado. No veo necesario el uso de aquella arma antes de conocer más sobre los

recursos que podemos encontrar en la isla –

   Calles empezó a asentir levemente, moviendo la cabeza mientras hacia un zumbido

extraño – y por cuánto tiempo más cree que se pueda avanzar libremente por aquel

nuevo territorio ¿eh? Lo mejor es terminar con este asunto de una vez y por todas,

matar a todos los elfos restantes y dividir el territorio conquistado con base a la

ocupación actual –

   - Los antiguos ya no presentan mucha resistencia, en menos de medio año

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

podremos disfrutar de la victoria Mr. Calles, de eso estoy seguro – expuso Eisenhower

con beneplácito. Pero el Jefe notaba aquel resentimiento interno que aún sentía el

general por no haber conseguido el mando supremo de los aliados occidentales, por lo

que siempre trataba de aplazar las cosas bajo su mando, en un intento por demostrar

su capacidad militar, que aunque en bastantes ocasiones mostraba ser altamente

satisfactoria, todos también tenían muy presente el fiasco del día D, una de las victorias

más costosas de la guerra. Además, aunque poseía más capacidad estratégica que

Rommel, su presencia y fama no se podía siquiera comparar con la de este, quien ya

era visto como un símbolo de la resistencia y la venganza de los hombres.

   - Mr. Calles tiene razón – dijo un hombre al levantarse con energía, mostrando su

uniforme en perfectas condiciones, como recién salido de la tintorería – nuestro

problema ahora es la avanzada rusa. Nosotros avanzamos un kilómetro mientras ellos

avanzan diez –

   - Monty – le dijo uno de los generales – hacemos lo mejor que podemos –

   Pero aquella respuesta fue recibida por Montgomery como un insulto. Él ya estaba

harto de aquellas reuniones absurdas, las cuales habían degradado de planes militares a

solo palabrería política, y a veces menos que eso. Eisenhower y Churchill había sido al

principio mentes guerreras, pero ahora solo pensaban en obtener o mantener cargos

políticos, y la guerra solo les estaba sirviendo como una especie de propaganda

electoral, por el otro lado estaban los soviéticos, para él simples perros sucios, todos a

excepción de dos, uno, el general Ávila Camacho, quien si bien desde el principio

mostraba sus pretensiones políticas, nunca las mezclaba con los asuntos militares, y el

otro, el Jefe de los E.S.S.U. quien parecía carecer casi de manera natural de todo

encanto político y capacidad militar, pero no de una de visión objetiva sobre cada

tema, y que a diferencia de sus demás pares, otorgaba mayor libertad a sus generales,

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siempre y cuando le aseguraran victorias a corto o largo plazo. A esas alturas, envidiaba

a Rommel cada día más, ya que no solo había conseguido el mando más envidiado por

todos, sino que podía permanecer en el campo de batalla y en círculos meramente

militares, algo con lo que soñaba más y más entre más se atoraba en aquel nido de

intereses pseudo públicos. Y aunque todos, incluyendo Rommel, sabían que solo

utilizaban la fama “del Führer” como estrategia psicológica contra los elfos, ser una

herramienta de guerra era mejor que estar sentado allí, escuchando tonterías más

acordes a un salón de clases en receso que a una junta militar – Zhukov hace más que

nosotros, y Ungern no pierde el tiempo en historias bobas – replicó antes de sentarse.

   Sus pares se sintieron avergonzados, principalmente Churchill, quien veía la razón

en las palabras de su general, pero la situación con los miembros del Gran

Commonwealth no era tan fácil como para permitir que un solo país se hiciera cargo

de un arma tan poderosa. El problema había sido la pérdida de capacidad industrial

durante la gran crisis, por lo que un esfuerzo tan grande, como lo implicaba la

fabricación de la bomba, necesitaba forzosamente la participación económica,

industrial e intelectual de cualquier nación que lograra comunicarse con las demás. En

aquel tiempo parecía, y era de hecho una buena estrategia, pero en ese entonces todo

mundo estaba desesperado y nadie contaba con que la resistencia del Afrika Corps o

las renovadas fuerzas de los ejércitos rusos o la coalición norteamericana lograran

detener el avance antiguo. Y por eso, ahora, la información y la capacidad de

fabricación de la bomba había sido separada entre las naciones socias, y cualquier

avance logrado por alguna potencia la obligaba al mismo tiempo a compartir la

información con las demás, esto, por el tratado de avance conjunto firmado entre los

países participantes del llamado “Proyecto Pandora”. La única ventaja era saber que

por lo menos, el Gran Commonwealth controlaba la mayor parte de las instalaciones

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de investigación, pero Hoover, quien fungía como presidente de los EEUU,

comenzaba ya a mostrar resistencia a una cooperación inglesa. Y él, a quien Churchill

miraba en ese preciso instante, sentado delante de él, con aquel aire prepotente y

traicionero, parecía convertirse en principal elemento de freno hacia el logro y control

de la bomba.

   “Joto asqueroso” pensaba Churchill mientras le daba una bocanada más a su

habano, “¿Quién se cree ese qué es?, si no hubiera sido por nosotros, sus compatriotas

ya lo hubieran colgado por dictador. Es un “Duce” sin el encanto”

   - Señor – le dijo a Churchill un hombre mientras se le arrimaba, pero al ver como el

Gran Lord del almirantazgo permanecía absorto en su mundo, le insistió de forma más

elevada al momento de acercársele más.

   - Un Ungern sin pelotas – dijo Churchill en voz alta, girando de inmediato hacia la

persona que la hablaba, quien se mostraba intrigada por aquellas palabras. Churchill se

mostró completamente normal, como si no hubiera dicho algo, y acercándosele al

hombre, escuchó que le esperaban al teléfono, una supuesta llamada de importancia,

sin decir más, Churchill se levantó de su silla, disculpándose con todos los presentes,

quienes solo veían la rechoncha figura del “ingles de acero” moverse graciosamente

hacia el pasillo.

   - Seguro que ha de ser el rey – le dijo al Jefe uno de sus generales.

   - ¡Na! seguro es su vieja – respondió Calles con su gruesa y monótona voz.



   Mientras Churchill caminaba por el pasillo, seguía meditando sobre alguna salida a

la presente situación, pero una y otra vez a su cabeza solo le venían los recuentos de

los problemas. Por si fueran pocas las complicaciones con respecto a la terminación y

posible uso de la bomba, todavía quedaba su costo. Si la guerra terminaba pronto,

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gastar millones de libras en la fabricación de un arma tan poderosa como inútil sería un

despilfarro peligroso, más cuando se tomaba en cuenta que el mismo dinero serviría

mejor para aplacar todas las riñas que empezaban a surgir en las colonias. Seguramente

Japón terminaría por ocupar toda China, incluyendo los territorios que pertenecen a

Inglaterra, y la India seguía lenta, pero segura en sus reclamos por independencia. Y

cuando todo aquello se ponía en perspectiva, el uso de la bomba seria indudablemente

más desastroso para Inglaterra que para el maltrecho imperio élfico. La única solución

sería dejar que los Estados Unidos la fabricaran y la arrojaran, absorbiendo los gastos

de ello, pero eso también implicaría otorgarle el arma más poderosa del planeta a un

tirano, y a uno que amenazaba en convertirse en un problema más grande que Calles,

Perón, o el mismo Ungern.

   “Ungern, aquel maldito demente” pensó, sin duda él era una razón de peso para

utilizar la bomba, si lograba adentrarse aún más en el territorio antiguo, sería casi

imposible sacarlo después, y con su fascinación por lo místico, lo más seguro era que

ya estuviera sacando provecho de cualquier descubrimiento que hiciera en la isla. En

cualquiera de los dos escenarios, los tiranos terminarían dominando el mundo, y eso

era algo que por mero principio no podía permitir, claro que él mismo se había

convertido para fines prácticos en un dictador, pero aún seguía bajo el régimen de la

carta magna, y con la figura del rey y la de los primeros ministros como líderes

formales, su poder estaría siempre limitado, y eso era algo que disfrutaba, ya era viejo y

por menos que fuera, había adquirido algún tipo de sabiduría, y sabía que el goce del

poder ilimitado terminaría por destruir su obra, así que eso era lo mejor, mandar lo

mejor que pudiera, sabiendo que solo podría hacerlo por poco tiempo.

   Cuando terminó de cavilar, se encontró delante de un mayordomo que le sostenía el

teléfono, por su expresión, el Lord del almirantazgo supo que llevaba un buen rato así,

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pero sin pedir perdón o siquiera mirarlo con pena, tomo el teléfono y respondió

haciendo gala de su famosa y carrasposa voz – ¿bueno? - pero después de eso, sus ojos

se abrieron tanto como su boca, y dejando caer el habano al suelo replicó al aire lleno

de sorpresa - ¿en serio? -



   Las voces en el lugar empezaban a fragmentarse en diálogos cerrados entre

pequeños grupos, algunos hablaban de los temas que habían dominado las intrigas de

los últimos días, otros, sobre los nuevos paradigmas que la victoria representaría, pero

no faltaba quien solo regresara a las vanas platicas de cantina. Pero nadie quería

continuar con la discusión en voz alta, algunos por respeto al hombre faltante, otros,

por no decir algo que representara desventaja, pues esa era la verdad para muchos

militares, quienes sabían poco del trasfondo político que podían tener sus palabras.

Patton mismo reflejaba ese temor, a pesar de ser un táctico brillante, su ignorancia

sobre la arena política casi le había costado el mando del tercer ejército americano.

Muchos como Rommel y Montgomery aborrecían aquella decisión, pero el primero,

aún con el peso del mando, tuvo que ceder ante las peticiones infantiles de Eisenhower

y los reclamos de de Gaulle, quien veía los comentarios de Patton como una prueba de

las intenciones anglosajonas de posguerra. Pero de entre todos los murmullos, los más

bajos pertenecían al círculo alrededor del Jefe Máximo.

   - ¿Cómo siguen entonces los trabajos en el IPN? – preguntó Calles mientas

observaba cualquier mirada que le fuera dirigida, estudiando las voces y tonos con los

que hablaban los presentes al tiempo que jugaba con su bastón, girándolo de lado a

lado, siguiendo un ritmo constante, casi como el péndulo de un reloj.

   - Las pruebas de fisión son exitosas señor, pero, hay problemas con respecto a

conseguir más uranio, podríamos aptar por la de plutonio, pero aún no tenemos los

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dispositivos necesarios – respondió Álvaro Obregón, ahora un viejo general de bigote

espeso y grisáceo. Quien sentado al lado de Calles, mostraba orgulloso un sinfín de

galardones casi reflejando la figura de Díaz, a quien muchos aún rendían un respeto

comparable a los héroes de la revolución.

   - Sandoval Vallarta le dio control Moshinsky y Brody para que asumieran toda la

investigación. Son jóvenes, pero prometen mucho – explicó Ávila al tiempo que leían

una lista de recomendaciones.

   Calles asintió y la mirarle le dijo – sí. He mirado el trabajo, y según ellos, podremos

encontrar una forma de soportar la contaminación radioactiva –

   - ¿Soldados inmunes a la radiación? - preguntó Obregón con incredulidad – que los

van a cubrir con plomo ¿o qué? -

   - Aun cuando se logre eso, no representa la ventaja que buscamos – expuso Calles –

supongamos que conseguimos el uranio, ¿qué otro problema surgiría después? –

   Ávila se rasco la barbilla con clama y lentamente dijo – no tenemos la misma

capacidad aérea que los ingleses o gringos y menos que los argentinos. Tenemos

infinidad de aviones, pero son cazas, bombarderos ligeros y aviones de ataque, nada lo

suficientemente grande como para llevar una carga tan peligrosa, así que estamos

limitados con respecto a donde podríamos usar la bomba –

   - Eso, y que aún no hemos fabricado ninguna versión que pueda ser

aerotransportada – añadió Obregón.

   Todos ellos sabían que los americanos estaban trabajando ya en pruebas de fusión

nuclear, lo cual suponía el desarrollo de armas aún más poderosas que la bomba

atómica, pero sin algo de valor que pudieran cambiar con ellos, no podrían acceder a

aquella información tan fácil, y con toda investigación atómica formalmente en

suspensión, no podían arriesgarse a que se terminara la guerra ya que aquello

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terminaría con los convenios del tratado de avance conjunto. Ciertamente la economía

mexicana se estaba recuperando con rapidez, pero ni remotamente podían solventar el

gasto de producción de la bomba ellos mismos. Calles por lo menos agradecía que los

rusos no hubieran participado en el proyecto inicial, de lo contrario estarían atorados

con negociadores más toscos, pero al final, eso solo representaba un alivio de

consolación.

   - ¿Qué me dicen de Von Braun? –preguntó Calles, casi volando su imaginación a

posibilidades extraña.

   Uno de sus adjuntos empezó a hacer el sonido que se hace cuando no se puede

determinar la mejor forma de dar una respuesta negativa, y al darse cuenta que lo

estaban mirando como a un emisario de la decepción, trago rápidamente saliva y dijo al

fin – no creo que sea posible trabajar con él, hace poco salió de Argentina y parece que

se regresó a Alemania - De inmediato todos reaccionaron de la misma manera,

maldiciendo entre dientes, sin embargo, uno de ellos, el mismo que trataba de salir de

su papel de informante de desgracias, vislumbro una posibilidad, quizá no la mejor,

pero por lo menos la única – ¿y lo de González Camarena? –

   - ¿Ese que tiene que ver? – preguntó Ávila molesto.

   - No él precisamente, pero según sé, los ingleses estuvieron desarrollando un

sistema de guía a larga distancia, pero lo dejaron de lado cuando los primeros intentos

fallaron –

   - ¿Y? –

   - Camarena trabaja con sistemas de transmisión avanzada –

   Ávila miro a todos lados antes de acercársele y bajando la voz lo más que pudo dijo

a los más cercanos – ponerle la bomba a un avión de control remoto –

      La idea parecía rara, y deficiente en muchos aspectos, pero valía la pena esforzarse,

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además requería de instrumentos y tecnología disponible para los Estados Soviéticos.

Además, si no se lograba obtener el uranio necesario, aún quedaría algo que podría

derivar en armas cohete. A fin de cuentas era algo que se podría hacer y si alguien con

la frialdad de cálculo de Calles lo veía posible, nada evitaría que se intentase. El Jefe no

reaccionó, y por experiencia todos sabían que aquella era su forma de aceptar la

apuesta.



   - Los soviéticos parecen ocupados señor – dijo Tolson mientras miraba las

reacciones de Hoover.

   - Yo no me preocuparía demasiado, esos indios salvajes no podrían representar una

amenaza real más allá de saquear trigo o maíz en las fronteras – respondió quien se

había convertido en el dictador no oficial de los Estados Unidos después del

fallecimiento de Roosevelt, durante la retirada de 1944. Al principio había obtenido el

control por medio de un mandato extraoficial, ordenado por el remanente del

congreso para utilizar las fuerzas del FBI en un intento desesperado por controlar el

caos interno, pero después de ordenar el cese de elecciones hasta pasada la crisis,

terminó por convertirse en la figura ejecutiva más importante del país, asumiendo el

cargo de presidente provisional. Y para él, no había existido mejor situación en mejor

momento. Los Estados Unidos no estaban ni remotamente preparados para una

guerra de tal magnitud, y menos dentro de su territorio, y ese factor en sí, fue la clave

para la estructura policiaca sobre la cual se basaba el gobierno de Hoover, pero su

esquema poseía una brecha fatal, ya que gran parte del país subsistía con

financiamiento inglés, y la falta del mismo podría fácilmente provocar una tensión

social importante, además existía el problema de una intervención soviética profunda,

aunque para esto último, Hoover ya estaba preparando una política de vigilancia

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intensiva en las fronteras.

   - Yo no estaría tan tranquilo señor – recalcó Tolson, quien sabia de la renovaba

capacidad industrial en la frontera sur, una situación que ya se había previsto para

inicios del siglo XX, cuando la dictadura porfiriana había producido un estadio de alto

crecimiento económico, aunque a un costo social altísimo. En aquel entonces se había

previsto pagar a subversivos mexicanos para mantener al país en un estado de guerra

civil profunda, pero al morir Díaz, y al alternarse el gobierno de manera pacífica, se

redujo el descontento social. La revolución de 1919 dio las esperanzas para frenar el

crecimiento del sur, y aun cuando esta solo había durado cuatro años, convirtió a

México un estado aislado, vetado de toda inversión extranjera. Todo hubiera salido

perfecto, pero con la caída de la bolsa en 1931, solo los nuevos Estados Soviéticos se

mantuvieron libres de devaluación. Aquella fue la ironía del momento, el capitalismo

había terminado por traicionar a su más férreo defensor, y había otorgado la victoria a

quienes lo despreciaban.

      – Sabe que está aumentado el flujo de espías, a muchos los hacemos agentes

dobles, pero por cada uno que atrapamos puede haber dos o más que no descubrimos,

simplemente nos es imposible saber la cantidad de información que se ha colado –

   - Los centros de investigación más importantes están libres de intervención

extranjera – rezongó Hoover con impaciencia – aun cuando esos “bandidos” puedan

meter gente en otros lados, la información importante sigue en nuestra manos –

   Tolson sabía que su jefe nunca hablaba sin bases, y el haber sido director del viejo

FBI, ahora convertido en la Agencia Federal de Defensa, le había otorgado una

experiencia invaluable con respecto a todo tipo de espionaje y contrainteligencia.

Ahora por lo menos, había recobrado la calma, lo que decía Hoover podía ser cierto,

lo máximo que los mexicanos pudieran estar consiguiendo eran rumores sobre los

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adelantos nucleares, pero nada más, y por lo tanto, nada útil.

   - El problema más importante ahora son los grupos de hechiceros. Algunos actos

de sabotaje son producidos por ellos –

   - Supongo que ese el problema por no querer trabajar con la Interpol –

   - ¡Bah! – exclamó Hoover denotando el desprecio que sentía por aquella basura

europea – no ocupamos a esos débiles mentales para hacer el trabajo, solo estorban

con eso de sus pruebas y nexos, además tienen mucho miedo de sus patrocinadores.

Mussolini ya los tiene muy vigilados, además están perdiendo presencia en Europa del

este, y entre más avance la guerra la perderán en otros lados –

   - Las Naciones Unidas también tienen sus problemas, la Sociedad de Naciones la

está presionando para crear un cuerpo de vigilancia internacional en los campos de

concentración. Según ellos, algunos de los supuestos brujos son gente común y

corriente, incluso algunos son solo charlatanes y médiums baratos –

   Hoover miró a Tolson con una extraña sonrisa – ese es su problema, es su premio

por vivir vidas llenas de engaños hacia los ilusos e idiotas, ahora pagan con creces por

todo lo que robaron. Simplemente es justicia –

   Tolson empezó a negar con la cabeza – pero debemos separar a los verdaderos de

los falsos, si la Sociedad de Naciones empieza a conseguir la liberación de las personas

en los campos, no sabremos si alguno de los que salen, es o no un brujo de verdad.

Además, los que salgan va a empezar a hablar –

   Hoover empezó a entender la situación, pero ceder ante las exigencias de los

organismos internacionales no era la solución, en primera, muchos de los encarcelados

eran disidentes políticos, miembros de KKK, o miembros de los grupos de liberación

afroamericana, que en caso de salir, se convertirían en una bomba de escándalos

políticos. En todo caso sería mejor desaparecerlos, pero aquello también tendría sus

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desventajas. Hoover intentó explicar su situación, pero antes que pudiera empezar a

hablar, Churchill entraba de nuevo en la sala, caminando con una mezcla de

entusiasmo y aspecto meditabundo, como si acabara de enterarse de algo que se

debatía entre lo bueno o lo malo.

   Al sentarse todos lo miraban, callados, esperando que dijera cualquier cosa, pero

este solo se sacó el habano de la boca y lo puso con suavidad en el cenicero, signo que

tendría algo importante que decir.

   - Me han informado de algo que de todos modos, todos ustedes sabrán dentro de

poco; las fuerzas terrestres del Sacro Imperio Ruso-mongol han detenido su avance, y

que toda orden de su alto mando ha ordenado solo mantener una línea defensiva –

   En ese momento todas la miradas empezaron a estallar en todas sus formas, miedo,

sorpresa, felicidad, pero en todas se apreciaba la incertidumbre.

   - ¿Por qué razón alguien como Ungern ordenaría un alto tan precipitado?, y más

cuando son el ejército más cercano a la capital antigua – preguntó Tolson a su jefe.

   Los políticos empezaron a cuestionar cualquier razón posible, y los militares

estaban seguros que los rusos habían interceptado mensajes antiguos, quizá el supuesto

contraataque del que tanto se había hablado por fin se había llevado a cabo, o tal vez,

Ungern había encontrado una de las míticas reliquias que había estado buscando por

tanto tiempo, y esta última posibilidad era lo que más aterraba a los presentes.

   Ribbentrop, el representante de la República alemana, un hombre delgado de traje

gris, con gesto frio, lleno de arrogancia y de pretensiones falsas, se levantó de su silla y

mirando a todos los presentes dijo – entonces, el uso, o no de la bomba sigue como la

cuestión importante –

   Churchill lo miró con desconfianza, odiaba a toda esa calaña de locos que se habían

unido a los partidos radicales de la Alemania de la posguerra, los mismos que

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terminaron traicionándolos, cuando Von Kahr había logrado presionar al gobierno

para condenarlos por el intento fallido de golpe de estado. Pero en ese tiempo,

Hindenburg ya no era sino un pobre viejo senil, y sin poder real de sobre su país

terminó por permitir que muchos de aquellos locos sobrevivieran la purga. Von Seeckt

hizo lo mismo, solo que este, incluso permitió que el gobierno se llenara de radicales

nacionalistas, tanto, que el “diablo de sombrero de copa” ya no podía deshacerse de

ellos.

   - Ya está decidido ¿no? - expuso Hoover – si decidimos abrir la caja de Pandora

ahora, podríamos aprovechar este súbito paro ruso para evitar que Ungern siga

avanzando – y al decir esto, tanto Calles como Churchill se mostraron desconcertados,

ellos habían jurado que los Estados Unidos evitarían por todos los medios posibles

utilizar la bomba en aquel momento, con lo que evitarían compartir cualquier avance

que realizaran o que ya tuvieran con respecto a su pruebas de fusión nuclear. Pero la

propuesta del presidente parecía ser un vuelco total a las primeras expectativas.

   - En ese caso, nosotros podríamos conseguir una si se nos otorga el uranio –

expuso Calles ante el momento, aun cuando siguiera desconfiando de la actitud de

Hoover –

   Churchill frunció el ceño a tal extremo, que los presentes que lo miraban pudieron

ver como su frente hacia desaparecer sus ojos ante las arrugas de su frente. Si las

Naciones Unidas aprobaban la propuesta de Hoover, el Reino Unido estaría obligado a

financiar la producción ya no de una, sino de dos, o más bombas. Era posible que la

jugada de Hoover consistiera en debilitar al Gran Commonwealth y así poder salirse de

este, pero si lo hacía, también se exponía a perder el respaldo financiero e industrial de

todos los miembros del estado común, además de perder a su mayor aliado en cuanto

a su lugar en la presidencia, así que cualquier cosa que tramara aquel pequeño travesti

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debía de superar por mucho las desventajas que traía aquel plan. Ligeramente miró a

Calles, quien también se mostraba cauteloso con respecto a aquella decisión, pero si

bien el Jefe era más difícil de descifrar, la situación presente hacía que sus planes

fueran más obvios; si los americanos armaban la bomba, los mexicanos se aseguraban

de tener otra, y con ello mantener su esfera de poder relativamente segura.

   - ¡Perfecto! - exclamó Montgomery con gusto – ahora quedaría por determinar su

tiempo de producción y el lugar óptimo para lanzarla, para coordinar los movimientos

de tropas con la… -

   Pero antes que pudiera terminar, Churchill estiró su mano, dando a entender que la

discusión aún no estaba resuelta – ciertamente lo que expresa el presidente Hoover

parece una buena decisión, pero no sabemos por cuánto tiempo más los rusos se

quedaran quietos, y si la fabricación de la bomba se vuelve demasiado tardada ellos

podrían retomar su antigua velocidad, y el dinero invertido se volvería un mero

derroche. Además, no sabemos a ciencia cierta si los antiguos pueden o no, convertir

la radiación residual en un arma contra nosotros, así como lo hicieron con las bombas

de gas en Francia. Lo mejor sería invertir todo el capital financiero y humano en una

estrategia conjunta de invasión total, con lo que creo, se podría llegar al corazón de

Ávalon más rápido que los rusos –

   Al terminar, Churchill miró con cierta alegría como sus palabras imponían la duda

sobre los presentes, los europeos estaba ansiosos por las reparaciones que traerían

consigo la victoria, pero por lo mismo, tampoco estaban tan gustosos de tener que

invertir dinero en programas que no fueran para la reconstrucción de sus países. Por

su parte, Hoover parecía impermeable a cualquier alternativa, pero tampoco parecía

expresar esa posición, y Calles, aunque parecía haber optado por una acción inmediata,

aquello bien podía ser pura apariencia, pues se le conocía por meditar siempre a largo

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plazo.

   Sin embargo, cuando parecía que Churchill había logrado dividir opiniones, un

hombre bajo de tez bronceada, se levantó y con voz profunda calló al salón entero con

su primer palabra – Mr. Churchill ha expresado bien una posibilidad, pero no

podemos pasar por alto que desconocemos las razones por las cuales los rusos han

detenido su avance. Sabemos desde el incidente en la colina, durante la operación

Overlord que los antiguos aun posen a su disposición armas increíblemente poderosas,

por lo que no podemos arriesgarnos a mantener una invasión tanto tiempo, ¿qué

pasaría si la guerra se prolonga un año más?, el costo sería tal vez igual que la

fabricación de una, o dos bombas. No, yo digo que terminemos con esto de una sola

vez y para siempre –

   Uno a uno, a excepción de Churchill, empezaron a golpear la mesa en signo de

acuerdo con las palabras del Duce, quien, dentro del panorama político mundial había

conseguido gran respeto al haberse convertido en unos de los pilares de la reconquista

europea. Además, por ser uno de los pocos con quienes los rusos tenían acuerdos, por

lo que su palabra con respecto a los movimientos militares de estos poseía un peso que

ninguno de los presentes podía emular.

   Churchill lo comprendió en ese instante, la decisión no podía ya ser revocada, y al

parecer, solo Inglaterra saldría perdiendo con ella, y aunque esta podía fácilmente

competir contra cualquier nación en solitario, en conjunto le hacían perder toda

capacidad de réplica - conseguir el fondo de inversión será difícil – explicó en un

último intento por aplazar la decisión.

   - Que lo saquen de lo que le sobró de las gallinas – respondió Calles entre dientes

mientras hacía reír a sus generales, haciendo gala de su falta de tacto político,

refiriéndose a la indemnización que habían tenido que pagar a las compañías petroleras

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durante la “nacionalización del petróleo” de 1936, cuando la movilización social había

sido tan grande que incluso las sectores más pobres de México habían cedido parte de

sus pocas pertenecías para pagar la deuda contraída con Inglaterra, siendo la fotografía

más famosa del momento, la de una anciana llevando sus gallinas al centro de

recopilación nacional.

   Pero aquellas palabras habían sido más sonoras de lo esperado, y solo hicieron

enfurecer más al Primer Lord del almirantazgo, esto, porque fue el mismo respaldo

social el que terminó por convencer al gobierno inglés de ese entonces, que una guerra

contra los Estados Soviéticos terminaría dando los mismo resultados que obtuvo

Francia. Y sin poder hacer nada más, Churchill levantó la mano y la azotó en la mesa,

mostrando su inconformidad por la decisión tomada, y al mismo tiempo, el apoyo a la

misma - bajo este esquema, la información de cualquier detalle de la producción de la

bomba tendrá que ser puesta bajo los archivos conjuntos - explicó al final,

asegurándose de poderse llevar la mayor cantidad de beneficio posible.

   Por lo menos.

   - En todo caso se tiene que determinar que cualquier gasto no puede afectar los

movimientos de personal o suministros en el frente, y que toda operación previamente

preparada no puede, ni debe, alterarse – añadió Montgomery en un intento por apoyar

la renuencia de inversión por parte de Churchill, pues si bien creía que el lanzamiento

de la bomba constituía la mejor opción, también se daba cuenta de la posición de su

gobierno, y por más eficiente que quisiera ser bélicamente, también era un patriota y

jamás se pondría en contra del imperio por ninguna razón.

   Los militares de todas las naciones presentes se mostraron de acuerdo con las

palabras de su homologo inglés, y los políticos no hicieron algo por contrariarlas.

Calles sabía que mientras se fabricara la bomba, lo mejor sería continuar con la

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estrategia anterior, así como mantener constante los suministros a los “informantes

internos”, quienes se habían convertido en un excelente canal de información, además

de que ya se estaba previendo su uso intensivo como guerrillas. Hoover, por otro lado,

tenía ya todo planeado, con una hoja de presupuesto esperándole en su oficina, y aun

cuando la réplica de los Estados Soviéticos era una sorpresa inesperada, no

representaba un revés tan grande.

   Ante la derrota, Churchill ahora volvía a ocuparse de la decisión rusa. El

aislamiento de Ungern era tanto una ventaja como un obstáculo, lo primero porque se

podían tomar decisiones fuera de las exigencias rusas, y lo segundo, porque toda

ventaja rusa no podía ser explotada tan fácilmente por las demás potencias aliadas, solo

Mussolini tenía acceso abierto a la patria rusa, pero el Duce era un político astuto, y

sabia mantener la alianza con Ungern porque le respondía bien, tanto en información

dada, como en secreto correspondido, pero incluso él tenía cierta desconfianza hacia el

Barón sangriento, de otra manera no hubiera expresado aquella preocupación,

disfrazándola de miedo hacia los antiguos.



   El automóvil llegaba con prontitud, como a él le gustaba, aun cuando la mayoría de

las veces este terminaba esperándolo en pleno pórtico por más de una hora, pero

ahora había sido diferente. Churchill salía puntual, caminando pesadamente hacia la

puerta abierta de su vehículo, maldiciendo entre dientes, tratando de escupir el amargo

sabor de la derrota en su nueva arena de combate, pensando que hubiera preferido mil

Galípolis a aquello, pues en la batalla real, las alianzas y los enemigos poseen rostros

más claros, pero en estos enfrentamientos de interés, las negociaciones se hacen en

medio de un clima nebuloso, donde quienes parecen aliados son en realidad los

verdaderos enemigos, y quienes parecen los enemigos, terminan siendo eso y más. Al

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subir al auto con dificultad, pensaba en lo viejo que se estaba volviendo, ya no poseía

la fuerza de antes, y por desgracia, eso era algo que jamás recuperaría.

   - Por lo menos Monty terminó contento – le dijo su secretario después de subirse.

   Churchill lo miró enojado, pero bajando la mirada le respondió – es un buen

militar, pero no puede ver como las ventajas bélicas pueden estorbar en las decisiones

políticas –

   - Y viceversa señor –

   - Veo que te gustó la decisión final. No te das cuenta que terminaremos por perder

todo si se efectúa – respondió Churchill con enojo.

   - ¿Señor? –

   - Gran Bretaña solo cuenta con menos de la mitad de la población con la que

contaba antes de la guerra, la mayoría de los ciudadanos ahora viven en las colonias, y

muchos de ellos ya han formado vidas allí, y aún con las ofertas de trabajo y los

subsidios del gobierno, dudo que regresen en grandes cantidades. Si nos vemos

obligados a invertir en la maldita bomba, perderemos mucha de la capacidad para

aplacar rebeliones en las colonias –

   - Podríamos rehusarnos a invertir –

   - Por supuesto, y contaríamos con el apoyo del Commonwealth, excepto de

Estados Unidos claro está, pero si los latinoamericanos, europeos y asiáticos logran

invertir lo necesario para las dos bombas, y es muy posible que lo hagan sin nosotros,

entonces nos quedaríamos fuera del tratado de vinculación de avance conjunto, y por

lo tanto, terminaríamos quedándonos rezagados militarmente, y Dios sabe que no

quiero a Hoover, Perón o a Calles como dueños del mundo, aunque mil de ellos serían

mejores emperadores que un solo Ungern –

   - Si obtenemos una bomba para nosotros podríamos utilizarla de disuasorio contra

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los grupos antibritánicos –

   Churchill empezó a negar con la cabeza - con algunos sí, pero si se empiezan a

asentar en zonas civiles o industriales, solo podríamos responderles de la manera

tradicional, una bomba de esa naturaleza sería inútil. Y te apuesto a que ese maldito

Gandhi solo está esperando que termine la guerra para empezar otra vez con sus

marchas. Además el asunto en Irlanda está lejos de acabar, ojala nunca les hubiéramos

dado armas a los grupos de liberación para usarlos como carne de cañón. Que estúpida

decisión, esos irlandeses son más difíciles de matar que las ratas, simplemente no se

mueren –

   El secretario se dio la vuelta, mirando el camino a través del parabrisas,

mordiéndose el labio inferior ligeramente, preocupado por el futuro del imperio – Al

menos Egipto es estable –

   - ¿Egipto? - respondió Churchill con acento burlón – ya deberían de llamarlo

Nueva Gran Bretaña –

   - ¿Y si hacemos que las colonias participen con más inversión a cambio de más

autonomía? – preguntó el secretario.

   - Y ¿qué?, arriesgarnos a perder toda la industria en esos lugares, ¡jamás! además la

población británica en las afueras también quedaría más desprotegida. Nuca creí que

tener un imperio tan vasto se tornaría en nuestra contra –

   - ¿Y si lo hacemos solo con España? –

   Churchill pareció asentir con gusto, aquello no era mala idea, y de cualquier manera

no había mucho que perder, la península ibérica casi no tenía ciudadanos ingleses, y no

existía todavía una base productiva tan grande en aquel lugar, pero eso podría

convertirse en un fortalecimiento de la unidad europea, sin embargo, era la mejor

opción que hubiera escuchado en toda la noche - podría ser - dijo con cierto animo -

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pero debemos tener algo preparado por si no aceptan, o por si eso termina

convirtiéndose en un problema, según sé, las guerrillas rojas siguen activas,

principalmente en las montañas -

   - Esto implica que solo tenemos pocos días para empezar a prever algún plan de

emergencia –

   - Ya lo estuve pensando. Lo mejor sería apostar por una repatriación forzada, y

principalmente rápida. Tendríamos problemas, pero sería mejor que esperar a que

estalle una revolución por todo el imperio –

   - Eso nos dejaría fuera del juego de la posguerra –

   - No, porque en ese caso si nos convendría obtener la bomba para nosotros,

además todavía podríamos seguir controlando la industria estadounidense –

   - Solo quedaría Calles, Perón y Ungern –

   - Ungern es un loco medieval, se rehúsa a emplear de cualquier armamento

moderno como los cohetes, por eso no aceptó entrar al proyecto Pandora cuando se le

ofreció la oportunidad, sin embargo posee divisiones muy bien entrenadas, y en una

cantidad muy grande. Además no le importa sacrificar dos millones de personas si

puede enviar a otras dos el día siguiente. Calles es otra historia, en primera, no posee

ninguna ideología real y puede utilizar cualquier política de izquierda o derecha sin el

menor remordimiento, además siempre posee planes de respaldo. Recuerdas la

nacionalización del petróleo, recuerdas de cómo habíamos movilizado parte de las

tropas hacia cuba con la esperanza de hacerles creer que atacaríamos su territorio y

obligarlos a gastar dinero en armamento, ocasionando temor social y desconfianza en

el gobierno –

   - Si, y no resultó como se había pensado –

   - No solo eso, ese maldito manejó el asunto de tal manera, que toda la respuesta de

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la gente fue a favor de la nacionalización. Entonces optamos por aceptar la

indemnización para después declarar un boicot. Y logramos que la mitad del mundo

les dejara de comprar, solo para descubrir que ya estaban vendiéndole petróleo a la

otra mitad, principalmente a Mussolini, a Seeckt, y a Japón, la cual también empezó a

levantarse del boicot estadounidense. Quizá los mexicanos son en su mayoría los

mismos ignorantes de hace quinientos años, pero desde Díaz, ya no se les puede tomar

a la ligera, además Calles es un estadista bien hecho, todo el maldito sistema político

que creó es demasiado estable, aún si lo mataran mañana su partido podría durar

fácilmente cincuenta años o más en el poder –

   - ¿Perón? –

   - Ese no es tanto problema, el hombre es muy racional y sabe negociar en paz, su

mujer es más asesina que él. Además su “proyecto Huemul” es una ficción, su

científico especial es solo un pobre loco y en todo caso solo tendríamos que secuestrar

a su gato para que este termine suicidándose –

   Con esto, el secretario se rió un poco mientras Churchill continuaba - yo creo que

Hoover es la principal amenaza –

   - Hoover no es ningún tonto, y sabe que nuestro respaldo lo mantiene en el poder –

   - Por ahora, pero cuando su gente demande más autonomía, él no dudara en

atacarnos, o incluso podría utilizarnos de excusa para explicar todas las limitaciones de

derechos civiles que ha autorizado. Aunque creo que solo quiero jodernos por gusto –

   Churchill permaneció en silencio una buena parte del viaje, viendo las siluetas de los

arboles pasar velozmente por la ventana mientras daba bocanadas lentas y profundas a

su largo habano, su secretario no continuó, dejó que su jefe meditara en calma al

tiempo que confiaba en que su buen criterio le daría la respuesta una vez más, pero al

dar la vuelta en una esquina, Churchill se quitó el habano de la boca y dijo con tono

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sombrío – voy a extrañar los buenos tiempos –

   - ¿Señor? –

   - Cuando se podía saber quién era el enemigo con solo mirarle las orejas –

respondió Churchill con el mismo tono.

   El secretario reclinó su cabeza, y dejando de lado los papeles que traía en la mano

dijo con pesimismo – parece que la noche se hace más y más oscura -



   Eisenhower tomó una carpeta y con unos cuantos golpecitos acomodó cualquier

papel dentro antes de levantarse de la mesa y dirigirse a una pequeña sala de baile al

fondo de un largo pasillo de madera, pero antes de entrar al salón, pudo mirar de reojo

a su presidente provisional y con una mirada de asco continuó su camino. Al entrar,

pudo mirar en el fondo de la habitación a un viejo general, reconociendo de inmediato

a una de las manos derechas tanto de Carranza como ahora de Calles, el general

Obregón, uno de los veteranos más odiados y respetados de la guerra de trincheras.

Los mexicanos le desagradaban, pero si incluso alguien como Patton podría

soportarlos un rato, no había razón alguna para que él no pudiera hacerlo también,

además le gustaba aquella sala, bien decorada, bien acomodada y silenciosa, lejos de

todo bullicio, igual a su despacho.

   Con paso constante, se dirigió hacia la barra, sentándose en el primer asiento que

encontró y pidiéndole un whisky al mozo, brindó en nombre de la victoria, pero se

sorprendió de no recibir respuesta, así que repitiendo su brindis por segunda vez y con

voz más alta, terminó molesto al seguir en las mismas. Hubiera esperado aquel

comportamiento de Montgomery, a quien consideraba un mojigato religioso y

aburrido, completamente absorto en cuestiones de disciplina estricta, sin entender que

la disciplina militar solo sirve para mantener a los bajos mandos firmes. Aunque tenía

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que admitir que había quedado sorprendido al verlo por fin actuar como un verdadero

general, dejando de lado esa excesivamente estúpida cautela.

   - El general esta sordo de un oído – respondió el cantinero con calma, llamando la

atención de Eisenhower, quien se dio la vuelta con un poco de interés – yo creí que era

medio grosero – dijo justo antes de pedir otro vaso al tiempo que se levantaba y se

cambiaba de lugar, para sentarse al otro lado de Obregón, repitiendo el brindis. De

inmediato, Obregón se dio la vuelta sorprendido, y al reconocer a Eisenhower le

contestó haciendo el saludo militar antes de estirarle la mano para saludarlo.

   - Viejo loco, ¿hace años que no lo veo cara a cara? – dijo Eisenhower antes de darle

un trago a su bebida.

   Obregón mostró una sonrisa amistosa - ¿usted estuvo en el armisticio del paso? –

   - Si estuve, aunque solo era un mayor en ese entonces, general –

   - Discúlpeme, no recuerdo haberlo visto – dijo Obregón con cortesía – aunque la

verdad prefiero olvidar aquellos días, es curioso, a mi edad la mayoría de los hombres

se deprimen por olvidar su pasado, yo lo hago por qué no puedo hacerlo –

   - No es tan viejo general – replicó Eisenhower tocándole el hombro mientras se

tomaba su trago – es más joven que el “tío Elías” –

   Obregón rió de la misma forma en que uno lo hace ante la impotencia - ese zorro

cabrón – dijo - en el fondo me odia. Estoy seguro que si hubiera seguido con mis

ambiciones políticas me hubiera matado, es una pena que tengamos ese tipo de gente

manejando el gobierno –

   - “El mundo se ha roto” – respondió Eisenhower – creo que eso fue lo que dijeron

cuando se perdió Europa, pero el problema es que el mundo no va para mejor, ustedes

no son los únicos, los Estados Unidos tiene sus problemas también –

   - ¿Hoover? – preguntó Obregón.

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EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

   - Nuestro pequeño Calles – respondió Eisenhower alzando su vaso.

   - ¿Y por qué no se hizo la reunión en Brynnwyn como se había acordado? -

preguntó Obregón después de varios minutos de silencio, a lo que Ike, empezó a negar

con molestia.

   – A mí me hubiera gustado que se hubiese realizado allí, pero algunos aún tienen

miedo de pisar territorio antiguo, por eso de los hechizos que se dicen siguen ahí. Me

sorprende que con esa actitud tan cobarde estemos ganando la guerra –

   - Bueno, si yo fuera quien estuviera al mando de las fuerzas aliadas, también sería

un maldito cauteloso. Quizá más que el “Monty”, pero supongo que es por qué

nuestros muchachos no tienen miedo que estamos ganando este desmadre -

   Ike asintió con beneplácito, estaba orgulloso de cada soldado que veía, pues sentía

que en ellos eran la verdadera fuerza de su país, pero al mismo tiempo le dolía ver

como el presidente provisional y su gabinete solo los miraba como recursos sin rostro,

solo números más - me importan mucho todos mis muchachos. Realmente me

dolieron las bajas del desembarco. Pero qué otra cosa podía hacer, no se conocía nada

del terreno de esa maldita isla, aún desconocemos la mitad de ella. El ataque directo

era la única opción, y si tan solo hubiéramos tenido un mapa, hubiéramos podido crear

una distracción y desembarcar en otro lugar. Fue mi culpa, no lo niego, y lo único que

puedo hacer para honrar a esos jóvenes es asumirme como el responsable -

   - Todos los somos. Pero es bueno no olvidar que el mando no implica mayores

derechos, sino mayores culpas – respondió Obregón con calma, aunque no sabía lo

que Eisenhower estuviera pensando realmente, los americanos tenían la costumbre de

creerse santos al mismo tiempo que se le pasaban jodiendo a medio mundo. Solo

tenían que decir que algo era en nombre de la “libertad” y de pronto, nada de lo que

hicieran era malo.

502
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   El joven tras la barra los veía con disimulo, sin asentir o participar en la

conversación, parecía estar más ocupado limpiando los vasos y tarros sucios, aunque

prestaba atención a cada una de sus palabras.

   De pronto, de la puerta se asomó un general con uniforme estadounidense - ¡el

presidente ya se va!, ¡mejor despídete! – le gritó al encontrar a su compañero, sin poder

notar su estado. Eisenhower balbuceó algo, como una especie de insulto y le dio unas

palmadas en la espalda de Obregón antes de levantarse molesto, se acomodó el

uniforme y dejó el vaso en la barra al tiempo que adquiría una compostura

sorprendente, como si no tuviera ninguna copa encima – que presidente ni que nada.

Es un puto dictador y nada más – dijo al salir por la puerta, pensando en lo que debía

de hacerse con aquel hombre en cuanto se terminara la guerra.



   Hoover se levantó con garbo, acomodándose la corbata y el traje, los dos

completamente pulcros y asintiendo frente a los soviéticos se despidió de ellos –

caballeros, es tarde, me despido deseándoles una buena noche –

   Calles también se levantó, con porte encorvado y caminado con lentitud mientras

se apoyaba en su bastón, asintiendo con la misma cortesía hipócrita que ya tanto

caracterizaba a aquellas reuniones – muchas gracias señor presidente pero con estos

fríos irlandeses es difícil, además a nosotros aún nos faltan un par de horas para

descansar – le dijo.

   - Extraño horario –

   - Es fácil acostumbrarse con un poco de esfuerzo, de hecho, la mayoría de los

hombres en el partido poseen el mismo horario –

   - Ah ¿sí? - respondió Hoover con descrédito.

   Calles lo miró fijamente, como siempre, y con un gesto de mal humor y una voz

                                                                                     503
EL CORAZON NEGRO———————————————————————————

seca le dijo – de cinco a diez de la mañana señor presidente –

   - Hay que trabajar duro ¿no?, la gente no se vigila sola, supongo –

   - Tiene razón, es más difícil motivarla que encerrarla, pero esa es la opción que

elegimos – respondió Calles con fuerza.

   Hoover mostró su enfado – no lo crea, estar tras un sistema económico dinámico

es una tarea difícil, más cuando se le añaden elecciones libres periódicas – dijo antes de

darle la espalda y salir del salón con trote ligero.

   - ¡Libres! - rió Cárdenas, un general alto al lado de Calles, pensando en cómo un

país como los Estados Unidos podían cerrar los ojos de forma tan miserable. La gente

vivía cada día con menos libertades, incluso las elecciones habían sido suspendidas por

tiempo indefinido, y hasta las pláticas telefónicas eran monitoreadas constantemente.

Claro que él no podía presumir de vivir en un país democrático, pero por lo menos

nadie en su país lo veía de esa forma, además, el partido había descubierto el éxito del

sistema estable; dejando la mayor cantidad de libertades civiles intactas, la gente no se

quejaba de la falta de libertades políticas. Y para calmar más l
Las lagrimas de la luna
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  • 1.
    LAS LÁGRIMAS DELA LUNA, EL CORAZON NEGRO Número de registro INDAUTOR; 2009-120114035900-14 Género: Novela fantástica, Fantasía oscura - Historia Alternativa
  • 2.
  • 3.
    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA Al principio fueron los apagones, cientos de ellos por todo el mundo, primero en Europa, luego en Asia, y ahora en las Américas. Luego, esa neblina, blanca y espesa, bajando lentamente desde el cielo como un ángel de la muerte. Las noticias en la radio, los periódicos, incluso nuestros líderes y nuestros ejércitos estaban tan ignorantes como nosotros, pero en lugar de unirnos, lo único que hicimos fue empezar el juego de las culpas y las acusaciones mientras las armas de las naciones se volvían contra sus vecinos, esperando una simple orden para iniciar una segunda gran guerra. Cuando Irlanda cayó, nadie escuchó su grito de auxilio, y fue solo cuando Inglaterra le siguió, cuando los hombres detuvieron sus máquinas de guerra, guardando silencio, intentando escuchar, cualquier cosa. Viendo como la incertidumbre se alzaba como un demonio, infundiendo el terror en sus corazones y la paranoia en sus mentes. Pero al final de nada sirvió, Alemania se lanzó contra Francia justo cuando esta se ahogaba en un mar de refugiados ingleses, Japón se lanzó contra el Asia y Rusia contra todo el mundo. Todo mientras el verdadero enemigo se abalanzaba desde el norte, destruyendo todo a su paso, penetrando nuestros territorios, aprovechando nuestra división. Ahora veo que todo fue nuestra culpa, fuimos tan ciegos, siempre, aún desde antes de la invasión, nos centramos tanto en los gustos y los problemas de la humanidad que olvidamos que el mundo era más grande que nuestras vidas. Nunca nos dimos cuenta que vivíamos sobre un mundo distinto al nuestro, explotándolo, agrediéndolo, destruyéndolo Muy tarde nos hemos empezado a arrepentir de nuestra sordera a los llantos del mundo, tal vez ahora solo estamos cosechamos la muerte que hemos llevado a cada rincón del planeta. Es posible que sea nuestro merecido, quizá la humanidad merezca la extinción. Pero si eso es cierto, también nos corresponde a nosotros y solo a nosotros el decidirlo. Winston Thomas H. Enero 5, 1944 3
  • 4.
    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— I LA COLINA SILENCIOSA El cansancio casi acababa con ella. Pero tenía que seguir, tenía que verlo con sus propios ojos. Pudieron haber tomado todo el mundo del hombre, pero, desde el principio y aun cuando nación tras nación caían ante su poder, algo estaba mal. La nueva era precisaba la victoria los antiguos y después de ciento veinte mil lunas de preparación el triunfo era casi palpable. Los dos primeros años los ataques sorpresa les dieron la ventaja total, casi la mitad de las naciones del hombre fueron conquistadas. Pero cada vez, el avance se volvía más lento, las batallas más largas y pesadas. En Tsaritsyn se vivió la primera derrota en casi media década de combates y casi de inmediato les siguieron otras por todo el mundo; El Cairo, Ciudad de México, Tokio, Shanghái. Con la recuperación de Estados Unidos se engrosaron los ejércitos del hombre y con la liberación de Europa se perdió toda posibilidad de revivir las glorias pasadas. Irlanda fue el último territorio en ser rescatado y con ello la posibilidad de una invasión humana a la sagrada isla de las manzanas pasaba de ser un pensamiento absurdo a una temible posibilidad. El desembarco en Brynnwyn puso fin a las dudas. Pero una vez más se cometió el error, se subestimó al enemigo, ¿o es que acaso un ataque frontal era realmente una posibilidad nula?, por supuesto que no, de hecho era lo más lógico del mundo, pero la lógica pierde valor cuando la sobrevaloración propia crece sin sentido alguno de lo que nos rodea. Y el error ahora era fatal, pues nadie esperó semejante escenario. 4
  • 5.
    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA Menos aquella madrugada, aquel día, el décimo de la luna 79 de la Nueva Era. Durante la noche los reportes de bombardeos masivos y de los lanzamientos de tropas aerotransportadas al interior del imperio dejaron una sensación de peligro en todas las costas de Ávalon. Ya casi amanecía cuando se recibió la alerta masiva en las defensas costeras de Rahannwyn. Pero ella seguía sin creerlo posible. Nunca había visto a un hombre de frente, pero los había estudiado durante más de diez años y sostenía con una fe inquebrantable que todos ellos no eran sino animales estúpidos incapaces de usar la verdadera magia y por ende inferiores a la belleza y poder de su propia raza. La ciencia humana le parecía ridícula, absurda, solo un compendio infinito de pruebas y errores, conocimientos incompletos que eran sustituidos indefinidamente cada año. Como si todo lo que descubrieran fuera un sueño cobarde condenado a quebrarse con la salida del sol. En cambio la magia era estable, siempre respetuosa de su pasado y origen, siempre armoniosa con los milenarios dioses de la naturaleza, siempre en equilibrio y perfeccionamiento. Pero si bien ella creía que la ciencia le mostraba la debilidad del hombre, sentía verdadero terror con su literatura, su arte, su historia, su religión, pues veía en ellas algo que consideraba impropio del hombre; un alma superior a la cualquier criatura, capaz de una inmortal expansión de posibilidades. Aquellas ideas penetraron su mente mientras corría desesperadamente a la cima del acantilado. Al llegar ahí sus ojos se llenaron de pavor. Quiso gritar, pero de su boca solo salió un pequeño suspiro. Los sonidos del mar callaron mientras barcos tan enormes como castillos ahogaban el horizonte con repulsivas e inertes figuras, como si millones de inmensos cadáveres nadaran hacia Ávalon llevando la muerte consigo. Los cielos quedaron obscurecidos con las siluetas 5
  • 6.
    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— deincontables aviones semejantes a grandes aves muertas y cohetes que rugían a manera de dragones agonizantes. Las lágrimas recorrieron sus mejillas hasta llegar al suelo. La realidad ahora le golpeaba el pecho igual que una daga, a partir de aquel instante el anhelo de la victoria total quedaría reducido a la nada. Solo quedaría el anhelo por sobrevivir. El hombre había llegado a Ávalon. … Los cañones abrieron fuego y por toda la costa se levantó el suelo en medio del fuego. Cientos de cohetes disparados desde los aviones golpearon la gigantesca muralla que impedía el acceso a la playa al tiempo que los barcos recargaban para un segundo disparo. Cientos de bombarderos ligeros lograron penetrar el fuego antiaéreo dejando caer su carga sobre toda figura bajo ellos. A lo largo del muro y desde una impresionante fortaleza, inmensos rayos de luz y bolas de fuego salían disparadas en interminables ráfagas hacia los miles de botes que se acercaban a la ahora débil barrera. Las defensas del continente antiguo eran formidables, pero no suficientes. Los primeros años de la guerra habían cobrado su precio, la perdida de pertrechos y guerreros se hacía sentir y ante un enemigo de tal magnitud, el resultado era obvio. Dentro de las lanchas de desembarco los soldados aguardaban el combate con estoicismo. Muchos de ellos eran veteranos, habían peleado por todo el frente occidental, pero pocos se acostumbran al infierno de la guerra. La tensión los obligaba a aferrarse a cualquier cosa que les diera fuerza, recuerdos, religión, fotografías sucias e 6
  • 7.
    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA ilusiones de alegrías futuras, todas sintiéndose tan reales que casi podía tocarlas y olerlas, casi del mismo modo con el que podían oler la sal del mar y el vómito del suelo, tratando de ignorar que lo único seguro para todos ellos era la masacre que se aproximaba. - ¡Treinta segundos! – gritaba un hombre en la popa de la lancha al tiempo que el joven soldado a su lado se posicionaba detrás de un pequeño cañón de 20 mm. Complejos diagramas de luz se formaron en el agua seguidos de tremendas explosiones que hundían a todo barco alrededor. Las demás embarcaciones aceleraron su avance, no podían hacer nada por aquellos desafortunados y entre más rápido tomaran la costa, más de ellos sobrevivirían. Sin embargo, aún después de años de guerra, la magia seguía siendo un arma letal, algo que la mayoría de los hombres se había grabado ya en la cabeza en letras de sudor y sangre. Toda una sección maltrecha del muro occidental cayó cuando una pequeña flota se estrelló con él. Al instante cientos de barcos hicieron lo mismo a lo largo de toda la muralla y con el sonido de cadenas chocando con piedras la proa de cada barco cayó al suelo, formando pequeñas rampas por las que salieron tanques y soldados que se fundían en un mar sonidos sin forma, de disparos y gritos. Lancetas, hechizos y metrallas mataban a cuanto soldado tocaban, pero por cada uno que caía otros dos lograban cubrirse en los niveles más bajos del complejo defensivo y con ellos, minuto tras minuto, la muerte ampliaba su terreno en aquella sagrada playa. La primera línea de defensa había sido aplastada, pero aún quedaban dos líneas más sin contar con el castillo en lo alto de la playa. Sin embargo solo era cuestión de tiempo para que todo el complejo sucumbiera. Un gran grupo de enormes dragones negros aparecieron de repente, montados con jinetes de temple frio, atacando sin demora a los aviones de ataque, solo para sucumbir 7
  • 8.
    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— enmedio de un esfuerzo en vano. Los escuadrones de caza ya se encontraban presentes para presentarles batalla y los pilotos humanos disparaban a tal ritmo que convertían el cielo en una pared de plomo y hierro. Los antiguos trataban de mantener la calma, pero ante cada contraataque los aliados respondían con más fuerza, como si toda la humanidad estuviera presente para tomar venganza después de siete años de muerte. Enormes puertas se abrían por toda la segunda línea y gigantescas armaduras de cinco metros de alto salieron como rayos hacia los tanques. Sus enormes espadas traspasaban a las divisiones blindabas como si fueran de yeso, pero la superioridad numérica daba al hombre la ventaja. El lodoso suelo temblaba con cada explosión y los gritos de los soldados lanzados al ataque retumbaban por las grandes construcciones hechas pedazos. Por donde quiera que se mirara solo se encontraba muerte y destrucción. Los obscuros muros solo se iluminaban con las columnas de fuego provenientes de enormes armaduras destrozadas y tanques destruidos. Ávalon, orgullo de los antiguos por más de diez mil años ahora se ahogaba en un mar de escombros. El sonido de rotores casi silenciaba el sonido de los disparos y explosiones al acercase un centenar de trasbordadores. Fieles descendientes de los primeros autogiros varios de ellos permanecieron estáticos en el aire asemejando a libélulas verde oscuro mientras el resto de adentraba a la oscura espesura del bosque por delante. Deslizándose por largas cuerdas, una gran cantidad de hombres bajaron de los impresionantes aparatos, todos armados y listos para apoyar el esfuerzo de invasión al tiempo que los transbordadores abrían fuego hacia las posiciones del enemigo. Un solitario soldado, pesadamente armado, bajó del último de los aparatos, enseñando un rostro joven de una inquietante inexpresión, el cual contrastaba con unos cansados ojos azules llenos de furia. Tomó una larga metralleta y corrió hacia lo 8
  • 9.
    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA que hasta hace poco eran unas hermosas columnas de mármol decoradas con bellos símbolos élficos mientras todos los demás soldados le brindaban fuego de protección. Varios antiguos solo vieron como la gran figura humana cubierta de insignias de oficial llegaba ante ellos por el flanco izquierdo a gran velocidad al tiempo que disparaba una ráfaga de su pesada arma, matando al primero de los antiguos que tuvo a su vista y con una formidable fuerza levantó el cadáver restante para usarlo como escudo, mientras en medio de una lluvia de balas, eliminaba toda resistencia con una tétrica rapidez. Al caer el último de los defensores aquel hombre aventó su lúgubre protección y alzando su brazo grito para señalar a sus compatriotas que la zona estaba asegurada. Pero apenas terminaba de bajar su mano una tremenda explosión lo golpeó por la espalda, lanzándolo hacia unas ruinas. Un tremendo haz de luz salió de entre el humo y las cenizas, haciendo trizas a tres de los trasbordadores en un segundo. Un segundo haz proveniente del mismo lugar salió disparado hacia la barricada provisional donde se encontraba la mayor cantidad de soldados y con un inmenso estallido, una docena de cuerpos salió volando por los cielos. El soldado se levantó sintiendo un terrible zumbido que recorría sus oídos y un hilo de sangre que bajaba por su cabeza. Apenas tuvo tiempo de entrar en razón, cuando logro distinguir el sonido de enormes pisadas detrás de él. Al dar vuelta por completo, pudo ver con terror una colosal figura brotar del humo que quedaba. Aquella cosa era una enorme armadura de más de siete metros de altura, bellamente adornada en negro y dorado, blandiendo una espada colosal, plateada y reluciente. En la parte alta, girando con una gracia natural, estaba el yelmo, dentro del cual solo se apreciaba el vacío y era eso precisamente lo que más aterraba a los hombres, la capacidad de uno y solo un antiguo, encerrado en lo profundo de aquella aberración, para mover tales monstruos. 9
  • 10.
    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— Aquel coloso tomó su gigantesca espada, llena de pequeños rayos que la recorrían sin cesar y blandiéndola con una facilidad impresionante descargó un tercer haz de luz que retumbó como un trueno mientras surcaba el aire. Cientos de disparos aparecieron de todas direcciones haciendo poco o ningún efecto sobre el hermoso gigante cuando de pronto una pequeña estela de humo apareció a la izquierda del brillante titán seguida por una explosión que lo hizo tambalear, pero nada más. El mismo soldado que hasta hace poco había controlado el campo de batalla había disparado con un arma anti tanque y ahora la dejaba caer, humeante e inerte. “Mierda” fue la única cosa que pasó por su mente al ver lo inútil de su intento justo antes de mirar al monstruo metálico alzar su espada para propinarle un golpe mortal, pero menos de un segundo después, una ráfaga de estallidos golpeaba a la inmensa armadura, que ahora caía como una gran columna de basura quemada. Al instante, un par de veloces aviones cruzaron el cielo a manera de ángeles protectores, produciendo con sus turbinas el sonido más hermoso que cualquiera de los presentes hubiera escuchado jamás. La segunda línea había caído. La sacerdotisa Saerwen se encontraba llorando en la sala de meditación al interior del castillo. Lo que había visto en la cima del acantilado le dejó sin esperanza. Ella había logrado el título de sacerdotisa a la increíble edad de diecisiete años, cosa sorprendente para un antiguo. Y todo gracias a una perseverancia e inteligencia sin precedentes en la historia. Había nacido dentro del seno de la aristocracia élfica, dotada desde muy pequeña de gran potencial, jamás mostró miedo por nada y aquella actitud daba confianza a todo aquel que la rodeaba. Su gran capacidad la hizo merecedora de 10
  • 11.
    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA puestos importantes dentro de la guardia imperial, cosa que aprovechó para ordenar las masacres de miembros de la resistencia en Berlín y en Ottawa, así como la destrucción de zonas civiles e industriales en Jalisco e Hiroshima durante los años de la gran expansión. Pero siempre a distancia, pues el miedo a la muerte era para ella una compañera siempre presente, como si ésta la estuviera esperando en cada rincón de un mundo que se negaba a mostrarse por completo. Su fama ahora le pesaba, gracias a ella ahora sería colgada por crímenes contra la humanidad. “Aquellos que nacen para ser inmortales no deben morir, y menos tan jóvenes” pensaba una y otra vez mientras sujetaba su cabeza con ambas manos. El llanto se convirtió en pánico cuando le fue informada la imposibilidad de mandar refuerzos pues toda la línea costera se encontraba bajo ataque. Lo que ella había visto en el risco era solo la punta de iceberg de una invasión masiva. Con un enorme lamento se dejó caer al suelo, dejando que sus hermosos cabellos negros le cubrieran la totalidad del rostro, pero sus suspiros se escuchaban tan claros como los sonidos de las cercanas explosiones. Una y otra vez trataba de encontrar alguna solución, pero era imposible, si bien la fortaleza podía soportar los indiscriminados cañonazos, en breve, las hordas sajonas y romanas lograrían penetrar la tercera línea hasta llegar la fortaleza central. Su desesperación llego al límite cuando se encontró a sí misma en una posición fetal al tiempo que suplicaba a los dioses por una salida… y de pronto su mente se esclareció, recibiendo la respuesta; los dioses. Según las antiguas tradiciones, los dioses y sus guardianes podían ser invocados. Ya todo aquello no era sino una leyenda, pero ya no tenía nada que perder, realmente sentía que la desesperación ya no podía causarle más estrés que el que tenía en esos momentos y cualquier cosa, por extraña o improbable que fuera, que pudiera convertir el caos reinante en una victoria valía la 11
  • 12.
    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— penaser intentada. Sin más demora corrió hacia el centro de la fortaleza, donde se encontraba un brillante orbe, fuente de la protección que rodeaba al castillo. Pero al intentar tomarlo una hermosa fata, cubierta con la sucia armadura del frente, la detuvo. - Señora, ¿Qué intenta hacer?, si lo quita todos moriremos – - ¡MALDITA SEA, MORIREMOS DE TODAS MANERAS! ¿Acaso crees que esos malditos simios mostrarán misericordia por alguno de nosotros?, ¡deja de molestarme y quítate! esto es nuestra única esperanza – respondió la sacerdotisa al tiempo que removía el orbe de un pequeño pilar. Un segundo después, toda la fortificación se sacudió violentamente al recibir de lleno los disparos de los acorazados. Aquel castillo servía para la defensa costera, pero no siempre fue así, al principio fue construido para honrar a Woden, el gran protector de la entrada a Ávalon. Y Saerwen conocía el lugar donde aún se encontraba el altar. Dos hermosos pilares tronaron al caer al suelo mientras un muro de balas atravesaba el polvo tras la destrucción, los defensores de la fortificación buscaron protección y devolvieron el ataque con todas sus fuerzas, solo para sentir como toda su resistencia caía por los suelos al escuchar el sonido de máquinas del hombre acercándose. Dos tanques modelo Mamut, que deteniéndose, apuntaron cañones de 150 mm hacia el fondo del inmenso corredor que conducía a la entrada principal del castillo. - ¡Fuego! – gritaban al unísono los dos comandantes de tanque segundos antes de sentir como las bestias mecánicas que montaban retrocedían por la inercia de sus disparos. Y con el humo apenas disipándose, decenas de soldados corrieron hacia la improvisada entrada de la fortaleza con sus mentes sumergidas en la violencia reinante 12
  • 13.
    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA y sus pensamientos enclaustrados solo en continuar con la matanza. - ¡La entrada está limpia capitán! – gritó un sargento con un notorio acento irlandés. - ¡Chécala bien Mac Cárthaigh!, ¡no queremos sorpresas! - respondió el soldado herido mientras se acercaba. El dolor en su cabeza se empezaba a sentir más fuerte cada minuto, quizás por la disminución de adrenalina en el corto momento de tranquilidad. Mientras colocaba su mano junto a su cabeza en un reflejo de dolor, su miraba bajó, hacia aquel suelo manchado en sangre, pero los cadáveres de antiguos regados por todos lados no le produjeron mi la más mínima perturbación. No era un psicópata, no disfrutaba con toda esa muerte, pero la maldita guerra casi le había quitado todo lo que amaba y no iba a permitir que los cabrones que la habían iniciado se quedaran impunes. Sin ningún obstáculo a la vista, los soldados entraron a lo que parecía ser un jardín interno lleno de hermosas flores y árboles nunca antes vistos por ninguno de los presentes. Y entre estos, tres líneas de bellos pilares de piedra rodeados por ramas y vegetación sostenían un techo que producía el brillo de una serena mañana. - Niñas, no hay tiempo de contemplar las flores – expuso el capitán en tono severo – quiero que los ingenieros derriben aquellas puertas – dijo señalando al final del gran jardín, hacia dos portones de roca grácilmente decorados con plata. – Mac Cárthaigh y Hill – continuó – llévense a sus hombres por la de la izquierda, yo iré con Gray por la otra y comuníquense con los barcos para que apunten a otro lado, no nos vayan a matar los nuestros. Recuerden, busquen una esfera con brillo y destrúyanla a como dé lugar, es posible que otras compañías ya hayan entrado al castillo por otros lados, así que tengan cuidado a que le disparan. No intenten tomar prisioneros, no por ahora y tengan sus señales de humo a la mano, cuando terminemos con esto den la señal a los aviones para que tiren esta porquería – 13
  • 14.
    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— - ¡Bien infelices, ya oyeron al capitán, muévanse maldita sea! - gritó el sargento, y acercándose rápido al capitán le dijo – señor acaban de avisar que “el arlequín” también ha entrado al fuerte – El capitán le miró a los ojos y con una mueca nerviosa asintió la cabeza. Ya todos habían escuchado sobre el arlequín, una especie de lunático con uniforme, con una tendencia por volar todo en pedazos, sin embrago la razón por la que aún un ejército como el mexicano siguiera permitiendo la presencia de gente así en sus filas sin castigo o juicio era sin duda el misterio que rodeaba al hombre. Los ingenieros terminaron pronto de colocar las cargas de explosivos y todos se prepararon para continuar el ataque. Un par de explosiones tumbaron los grandes portones en medio de pequeñas sacudidas, pero una Infinidad de bolas de fuego salieron disparadas a velocidad de bala apenas la última de las puertas tocaba el suelo. Un joven soldado de no más de veinte años tomó un par de granadas y con gran destreza las lanzó a través de la puerta, corriendo inmediatamente hacia su antigua posición para agacharse junto a sus compañeros. Gritos de terror se retumbaron a través de todo el pasillo, siendo silenciados de repente por una tremenda explosión. Sin perder tiempo, el primer grupo se levantó y se preparó para entrar por el pasaje izquierdo, siendo Mac Cárthaigh quién se ponía al frente de la tropa – muev… - empezó a decir, cuando de la nada, una solitaria esfera de fuego se le vino encima. Todo su cuerpo salió disparado hacia el suelo al tiempo que la luz de la esfera atravesaba su pecho. Todos se quedaron en silencio al verlo desplomarse y quedándose inmóvil sobre un charco de sangre - ¡¡ MAC CÁRTHAIGH, MAC CÁRTHAIGH!! – gritaba uno de los soldados 14
  • 15.
    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA esperando en vano obtener una respuesta. El rostro del capitán perdió su inmutabilidad y su expresión se volvió una con su mirada de ira. Su pesado cuerpo se movió con urgencia hacia aquel pasillo asemejando un enorme toro presto a matar todo frente a él. No tardó ni tres segundos en llegar a un cuarto maltrecho al final del amplio túnel cuando de entre todas las siluetas se alzó una, sosteniendo una especie de báculo largo con una luz rojiza que parpadeaba su punta. El brillo se tornó de pronto más intenso y una corta ráfaga de esferas llameantes salió directo hacia el capitán, quien por pura suerte lograba echarse al suelo al tiempo que apuntaba y disparaba directo hacia su atacante. Un solo impacto bastó para que la figura soltara su arma y cayera al suelo, de inmediato el capitán se levantó, todavía apuntando su arma mientras la sostenía con fuerza, como si esperara alguna respuesta del cadáver que ahora se encontraba frente a él, pero cuando se acercó lo suficiente pudo distinguir las infantiles facciones en el rostro de su enemigo. El rostro de un niño con hermosos ojos violeta y cabello oscuro le hizo recordar su propia vida, cuando corría a través de explosiones en medio de un Londres devastado y cubierto por el fuego, llevando armas y municiones a los soldados y a la resistencia. Pero incluso en ese entonces, él ya había dejado su infancia hacía mucho tiempo. La ira en sus ojos disminuyó y bajando su arma se acercó hacia su obra para admirar más de cerca lo que ahora se sentía como su último pecado. Su mente empezó a descargar recuerdos y su pecho se contraía cada vez más, agitándole la respiración. “!Un niño¡ ¡he matado a un niño¡” se repetía a sí mismo en su mente, sintiendo como con cada palabra una daga se le enterraba en el pecho, como se despertaba de un largo bloqueo mental, dándose cuenta de cómo la guerra lo había automatizado y como había perdido la capacidad de pensar en la vida como un valor. 15
  • 16.
    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— Sus hombres empezaron a llegar a través del pasillo y vieron con gusto como su oficial seguía vivo, quedándose quietos y en silencio a su alrededor, esperando, igual que un grupo de perros fieles, a que esté dijera o hiciera algo. Ante la demora uno de los soldados se le acercó y le preguntó - ¿señor, está todo bien? – y ante la ausencia de respuesta le volvió a preguntar. Un ligero empujón hizo reaccionar al capitán, que dándose la vuelta se paró frente a su hombre y le dijo mientras le tomaba el hombro – estoy bien Gray – pero el cabo pudo notar algo raro en el rostro de su oficial, como si algo se hubiera roto dentro de él. Aquel cabo le debía mucho al capitán. Aquel era apenas un par de años mayor que él, y ya le había salvado la vida en más de una ocasión, siempre con la misma expresión de fuerza. Pero no podía quitarse de la cabeza aquella escena de hace una semana, durante la celebración por la liberación de las islas británicas, cuando lo vio sentado, solo y en silencio en un “pub”. Pensó que solo trataba de relajarse con un buen trago y no quiso molestarle, así que paso de largo, pero notó como las lágrimas bajaban de unos ojos rojos y cansados mientras murmuraba una y otra vez cosas sin sentido. No pudo perderle el respeto, tampoco la admiración, pero desde entonces ya no pudo mirarlo de la misma manera, ya no como aquel súper hombre de piedra. Quizá no podía tolerar la idea de ver a su superior como alguien débil y por ello una y otra vez pensaba que solo habían sido los efectos del alcohol los responsables de lo que Gray no podía dejar de ver como patetismo. Pero al mismo tiempo tampoco sabía porque no podía tolerar aquella manifestación de humanidad, como si ello fuera sinónimo de debilidad. - Y ustedes señoritas, ¿qué esperan? ¿El recreo? muévanse, que todavía falta mucho para un descanso – gritó el capitán al resto de sus hombres. Por un segundo, su mirada 16
  • 17.
    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA se posó sobre el distante cadáver de Mac Cárthaigh. Había peleado con la mayoría de los presentes por casi dos años y creía sentir por cada uno de ellos lo que se siente por un hermano. Sus compañeros eran casi la única familia que le quedaba y no quería perderlos, por eso, ganar la guerra era lo importante, pues era lo único que podía hacer para asegurar que sus muertes no hubieran sido en vano y no podía permitirse lamentaciones, pero al ver a lo que fue Mac Cárthaigh no pudo pensar en algo que no fuera la imagen de sí mismo en la misma posición que su antiguo compañero. Casi podía creer que su destino era morir rodeado de todos aquellos que había asesinado. Su mente volvía a sumirse en la vaguedad y solo al darse cuenta que la muerte de un enemigo lo estaba afectando más que la muerte de sus propios hombres le hizo ubicarse por completo en lo que todavía faltaba por hacer. - ¿Ya tomaron lo necesario? – preguntó con pena, refiriéndose al sargento caído. - Sí, señor – respondió Hill con seriedad. El capitán solo asintió con la cabeza y le ordenó a Gray tomar el lugar de Mac Cárthaigh y continuar con el plan trazado. Todos aceptaron y dejaron en el suelo todo aquello que no fuera sus armas o munición. Ya se había perdido mucho tiempo y partir de ahora el avance debería de ser lo más rápido posible. La mitad del grupo continuó desde donde se encontraban, mientras la otra parte regresó al gran jardín para tomar el camino del segundo portón. Al final de la segunda puerta se encontraron con una larga escalera que subía hasta un conjunto de cuartos y salas adornadas con la historia del reino de las hadas, pero ninguno de los soldados prestó atención a algo que consideraban igual a la mierda. Pero lo que les preocupaba era la falta de una fuerte resistencia en un lugar tan importante como el centro de la defensa costera de todo Rahannwyn. Por lo que asumieron de inmediato que alguna emboscada les debía de estar esperando en 17
  • 18.
    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— cualquiermomento. Al final de una hermosa sala se divisaba una gran entrada cerrada con dos puertas hechas de un extraño material parecido al hierro, pero más brilloso; una extraña luz, demasiado limpia y blanca como para ser la del sol salía por los delgados bordes. Al acercarse más a ella, lograron escuchar una armoniosa voz que cantaba una especie de himno en la lengua de las hadas. Aquel cántico, sin embargo, se escuchaba demasiado leve como para que su autor estuviera cerca. Al abrir una de las puertas se encontraron ante un extenso corredor cubierto totalmente de mosaicos luminosos, el brillo que producían era casi insoportable, así que decidieron moverse rápidamente, escuchando en cada paso como aquel extraño salmo se hacía más y más fuerte. El brillo se volvía cada vez más intenso cuando de pronto, se encontraron ante una segunda puerta, más estrecha que la anterior, pero igual de alta. - Vamos a necesitar más explosivos – replicó un soldado ante una primera inspección. Pero al acercarse uno de sus compañeros, notó que la puerta, aun cuando parecía trabada, solo necesitaba un jalón fuerte para abrirse. Sin decir más puso sus manos en la puerta y empezó a hacer presión, pero de inmediato el capitán lo detuvo. - ¿Qué haces estúpido? - le dijo al quitarla las manos de la puerta - ¿qué no ves que pueden haber elfos esperándonos? – Pero menos de un segundo después, las puertas de abrieron de par en par llenando todo el pasillo con esferas de fuego y flechas resplandecientes. Varios soldados cayeron muertos en el acto mientras los demás buscaban protección en cualquier lugar. Pero lo angosto del corredor impedía ocultarse sin poder encontrar alguna posición donde pudieran responder al ataque y el capitán apenas podía ver como sus hombres se arrinconaba casi detrás de las puertas abiertas. Los disparos continuaban de forma 18
  • 19.
    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA ininterrumpida, impactando el pasillo hasta llenar todo de pedazos de loza rota y varas de flechas y saetas incrustadas en cada rincón visible. A través de la delgada abertura entre la puerta y la pared, el capitán pudo ver una área que le pareció familiar, semejante al enorme jardín por el que habían entrado al castillo, pero aunque las columnas y el techo eran iguales, no parecía haber ninguna flor alrededor, solo árboles grises y viejos ubicados en círculos desde los cuales antiguos pesadamente armados continuaban disparando. Pero a pesar del ruido y el movimiento, pudo ver como el piso de aquella habitación estaba repleto de armaduras y espadas rotas y viejas, pero lo extraño era su origen, ninguna de ellas se parecía a las que usaban los antiguos, sino que parecían ser de romanos y vikingos. Como si aquel lugar fuera el último destino de quienes llegaron antes que ellos, por un instante casi se podía imaginar los restos de su equipo, cascos y rifles oxidándose y pudriéndose en aquella habitación, haciendo compañía a los hombres que quizá también quisieron vengar en épocas antiguas los crímenes de aquellos monstruos. Pero fue al subir la mirada cuando se quedó quieto ante una escena parecida a una antigua misa pagana. Decenas de antiguos formaban un círculo alrededor de lo que parecía ser un prisma tan alto como dos hombres, del cual brotaba una luz tan preciosa que durante un momento logro tranquilizarlo. De pronto vio como frente al extraño prisma una joven con un largo cabello negro y compleja túnica blanca levantaba las manos mientras recitaba el coro que venían escuchando desde hace rato, pero lo que más les llamó la atención, fue la esfera blanca que sostenía entre sus manos. Ella conocía a la perfección todas las leyendas, pero solo el deseo de la victoria y la imagen de su muerte le pudieron hacer creer en ellas. No podía perder nada 19
  • 20.
    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— intentándoloy si daba resultado la balanza de la guerra podía cambiar a su favor de manera definitiva. Sostuvo el orbe con ambas manos mientras contemplaba su gran brillo, ya había terminado de orar a los dioses y ahora solo quedaba decir la invocación. Oh, gran Woden, protector de Ávalon Oh, tu dueño de los vientos gélidos Imploro tu venida, imploro que nos muestres tu poder Que tú olvido se vuelva tu fuerza Que tu ira aplaste a nuestros enemigos Muéstrate Woden ¡Muéstrate Odín! El orbe en sus manos empezó a brillar con más intensidad que nunca y todo el suelo alrededor del prisma se agitó de tal manera que largas grietas aparecieron por todos lados, la respiración de Saerwen aumentó en un ansia de que ocurriera algo maravilloso, su corazón empezó a latir más rápido y sus ojos se enfocaban en el prisma. Pero todas sus esperanzas se desmoronaron cuando la sacudida terminó y el orbe regresó a su estado original. Todo quedó en silencio y solo Saerwen parecía estar sorprendida. Estuvo a punto de gritar de la desesperación mientras volteaba de un lado para otro en espera de una respuesta de sus propias soldados cuando un par de pequeños objetos oscuros salieron de la nada y cayeron exactamente en medio del circulo de antiguos, justo delante del enorme prisma, solo Saerwen reaccionó con prontitud y con una carrera abrazó el orbe y se cubrió detrás del gran prisma. Dos explosiones siguieron al ínfimo lapso de sorpresa al tiempo que desde un par de vitrales en la parte alta de la habitación varios cañones de arma aparecieron, 20
  • 21.
    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA abriendo fuego contra todo lo que se moviera abajo. Aprovechando el lapso de distracción, el capitán y sus hombres salieron corriendo del pasillo, abriendo fuego en el acto, reduciendo la resistencia del castillo, arrinconándola en el terreno más alto. Los antiguos restantes tomaron de inmediato posiciones defensivas y respondieron el ataque. Saerwen, muerta de miedo, trataba de mantener su mente en calma, no quería repetir el mismo teatro que hizo en la sala de meditación, pero su cuerpo parecía sucumbir de forma natural ante el peligro. Debía proteger aquella esfera y tratar de enmendar su error. Si bien la fortaleza ya no contaba con la protección que le daba la energía del orbe, este aún mantenía sumergidos los muelles que tanto ocupaban los hombres para poder concretar la invasión. Los soldados sintieron un temblor a sus espaldas y vieron con gusto como toda una sección de aquella estancia caía para permitir la entrada a más de los suyos. Un par de pistolas eléctricas fueron postradas a lo largo de una gruesa barda de piedra tras los árboles y sus disparos acabaron con toda resistencia en pocos segundos. Un soldado de complexión rolliza corrió hacia el prisma con su rifle en alto. - ¡De pie puta! ¡DE PIE! – gritó a la sacerdotisa desde una distancia segura, la cual se levantó mostrando la luminosa esfera entre sus brazos. Con un brusco movimiento el soldado estiró su brazo izquierdo, logrando tomar el orbe al mismo tiempo que empujaba a la fata. Saerwen logró mantenerse de pie y con una rápida inclinación puso sus dos manos sobre el brillante objeto mientras trataba de resistir la fuerza del humano. En medio del forcejeo, el soldado pateó a la molesta muchacha, no sin que esta lograra quitarle su preciosa posesión, pero la fuerza del impacto le impidió sostener el orbe con la fuerza necesaria y todo mundo pudo observar como la esfera quedaba reducida a polvo al momento que se estrellaba contra el suelo. 21
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— La alegría empezó a vislumbrase en el rostro de todos los invasores al momento que a lo largo de toda la costa enormes plataformas de piedra surgían desde el fondo del mar hasta el interior de la playa, claro que algunas lanchas de desembarco se volcaban mientras las columnas y las rampas brotaban del lecho del mar, pero el resultado obtenido valía las molestias. La misión había sido cumplida, después de casi dos horas de lucha, el puerto más importante de Ávalon había sido tomado. Por su parte, Saerwen fue levantada a la fuerza, se le amarraron las manos y se le empezó a llevar hasta el interior del castillo. Todo parecía acabado, pero de pronto, una luz, tan brillante que no permitía ver nada más, emergió desde el fondo del enorme prisma momentos antes de que este explotara con una fuerza tal que todos aquellos dentro de la sala fueron arrojados con al suelo con facilidad. Una segunda explosión salió desde el interior del suelo, despedazando el techo de la estancia seguido por un enorme relámpago que partió lo que quedaba del techo, cayendo justo donde se habían originado las explosiones. El destello del rayo pasó rápidamente y una enorme figura se levantó de entre el cuarteado suelo. No parecía ser un antiguo, pero tampoco parecía humano. Su piel no tenía coloración alguna y a excepción de unas largas barbas plateadas, sus facciones parecían las de un hombre joven. Un casco del cual salían un par de alas doradas adornaba su cabeza y a través de este se podía notar que donde debería de estar su ojo izquierdo solo había un negro agujero por el que emanaba una brisa similar a un viento invernal. Una pesada armadura hecha de metal y cuero le cubría el cuerpo y sobre ésta, descansaba una pesada capa, tan larga que llegaba al suelo con facilidad. Sobre sus hombros dos cuervos, negros como la noche, se posaban en sus hombros, uno de cada lado, girando sus cabezas con gracia y graznando a la multitud de forma amenazadora. 22
  • 23.
    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA Todos los soldados quedaron en silencio, no sabían si era miedo o asombro lo que sentían en ese momento, pero solo se quedaron viendo a aquel ser que se movía lentamente hacia ellos, dejando una delgada capa de hielo con paso que daba. Con una perturbadora tranquilidad aquel extraño levantó su mano hacia quienes lo miraban y un sonido similar al de un gigantesco trombón surgió de alrededor del extraño ser al tiempo que todo aquello frente a él se hacía pedazos. En medio de la destrucción, uno de los soldados lanzó un grito de horror segundos antes de empezar a presionar el gatillo de su arma con toda su fuerza, de inmediato todos sus compañeros hicieron lo mismo. El extraño guerrero retrocedió un poco ante el ataque, pero las balas no parecían producirle un daño considerable, de hecho, si no hubiera sido por las pequeñas quejas que se lograban escuchar de entre los impactos de bala, nadie hubiera creído que se lograba algo con las descargas. De repente, el guerrero lanzó un grito horrible, similar al sonido de las sirenas que anunciaban a los ataques aéreos, y con éste, el impacto psicológico a los hombres fue inmediato, cada uno de ellos pudo sentir como un sudor frio empezaba a bajar por sus rostros junto con un terrible escalofrío que recorría sus venas, sin embargo ninguno de ellos dejó de disparar, el miedo ya no podía detenerlos y menos ahora que habían logrado capturar la playa. Un segundo grito aún más fuerte que el anterior retumbo del extraño ser y de pronto un viento gélido cayó del cielo a una velocidad impresionante, formando una pared de hielo entre el guerrero y los ataques de los soldados, haciéndose más y más sólida con cada segundo, haciendo que las balas rebotaran ante el grueso de la pared. A través del enorme bloque de hielo se podía ver una silueta sin rostro, inmóvil, tan distorsionada, que casi se fundía con el grueso hielo frente a ella. El contorno de una mano empezó a definirse a través del translucido muro y con la fuerza de un cañón 23
  • 24.
    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— naval,miles de cuchillas de hielo fueron lanzadas, destruyendo todo lo que se les atravesara. Los impactos de las cuchillas retumbaban como fuego de morteros y de forma casi inmediata los sonidos de los disparos fueron remplazados por llantos y gritos de agonía. Una sola lágrima recorrió el rostro de Saerwen mientras sus labios formaban poco a poco una sonrisa dulce y sincera como la de una niña, contrapuesta a la muerte que la incitaba. La línea costera aún tenía salvación, el esfuerzo del hombre podía ser detenido y su victoria les podía ser arrancada. De pronto la formidable figura de un capitán se levantó de entre los caídos y corrió hacia una de las pistolas eléctricas que todavía se encontraban sobre las rocas. Woden se movió pesadamente, quedando frente al capitán y sacando una larga espada hizo un lento moviendo horizontal en forma de arco. Enormes bloque de hielo, afilados como espadas, surgieron de la tierra, siguiendo la línea trazada por la espada. El capitán escucho un extraño sonido detrás de él y sin detener su paso dio una pequeña mirada hacia atrás, de inmediato su sangre se heló al ver una cortina de hielo surgir del suelo y dirigirse hacia él y con un tremendo esfuerzo acelero su marcha, solo para dar un desesperado salto hacia su objetivo. Las pistolas eléctricas eran demasiado pesadas, habían sido diseñadas para proporcionar alrededor de dos mil disparos por minuto, sacaban su nombre de una batería eléctrica que hacia girar rápidamente un juego de seis cañones para evitar el sobre calentamiento. Además las municiones que usaba eran de buen calibre, aumentando su peso con cada cartucho. Pero, y como si el peso no importara, el capitán levantó aquella pesada arma y siguió corriendo para evitar ser alcanzado por el hielo con la esperanza de encontrar una base firme y el tiempo suficiente para usar su 24
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA nueva adquisición. Por su parte Woden volvía a empuñar su espada, pero antes de lanzar un segundo ataque, una sección de la larga muralla de hielo se desplomó ante el avance de un Mamut. La pesada torreta del tanque giró hacia Woden y le apuntó con su cañón al tiempo que el guerrero volvía a levantar su arma, ahora hacia el tanque, y con un veloz movimiento la dejó caer al suelo al instante que la bestia mecánica hacia su disparo. Una tremenda explosión hizo temblar el suelo acompañada de una onda expansiva que salió emitida a la velocidad del sonido, haciendo que el capitán perdiera el equilibrio aun encontrándose a más de veinte metros del estallido. La espesa nube de humo empezó a disiparse dejando ver un tanque completamente destruido, como rebanado a la mitad y cubierto en su totalidad de fuego y humo y directamente en frente de todo ese desperdicio de material estaba la serena figura de un guerrero; Woden se encontraba ileso. El capitán se levantó rápidamente y utilizó ese tiempo para posicionarse detrás de Woden y recargar su arma. Pero el sonido de la recarga alertó a uno de aquellos sombríos cuervos, quien de inmediato graznó para alertar a su señor. El capitán no esperó a perder su ventaja y empezó a disparar su pesada arma, pero la descarga resultó insoportable, con cada tiro sentía como sus brazos se entumían de malestar, sus dientes estaban tan apretados que de no haber dado un grito de dolor se hubieran quebrado, sus piernas empezaron a temblar y pudo sentir como las venas de su cuello se inflamaban. Habían pasado solo cuatro segundos desde el primer disparo, pero cada uno le parecía como una eternidad. Al principio Woden no pareció recibir daño, pero poco a poco se podía notar como pequeños pedazos parecidos a cristales astillados empezaban a salir de su espalda con cada disparo. Con un grito de enojo el guerrero dio la vuelta bruscamente al tiempo que blandía su pesada espada hacia el único hombre, el último soldado que quedaba de 25
  • 26.
    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— pieen toda la colina. El capitán solo vio un haz de luz diagonal viajar hasta él a una velocidad tan grande que le fue imposible esquivar y solo pudo escuchar como las ruinas que se encontraban detrás de él estallaron al unísono justo antes de sentir un extraño hilo de sangre que empezaba a deslizarse por su rostro. Un segundo después una enorme presión se sintió en todo su cuerpo al instante que un dolor increíblemente fuerte le cruzó desde arriba de su ceja izquierda hasta su mejilla derecha, todo seguido por el impacto de un golpe invisible. En medio de un horrible grito de agonía, el cuello del capitán se dobló hacia su espalda mientras un enorme chorro de sangre se elevaba desde su cabeza. Todo le parecía dar vueltas, pero milagrosamente logró mantenerse de pie, solo para terminar vomitando. Se sentía demasiado mal, su cuerpo ya no reaccionaba como él quería, solo se balanceaba de un lado a otro en un patético intento por seguir luchando. El dolor le impedía siquiera abrir los ojos pero con sus manos aún sostenía con fuerza la pistola eléctrica. Con un último esfuerzo logró levantar su arma hacia donde había estado disparando momentos antes. Pero al apretar el gatillo toda la pistola eléctrica explotó en sus manos. Con todo su cuerpo hecho pedazos, se dejó caer de rodillas. Todo tipo de sensación empezó lentamente a desaparecer de su cuerpo y con la perdida de dolor pudo abrir sus ojos. Hubiera jurado que ambos ojos se encontraban abiertos pero solo podía ver con el derecho y lo que vio le hizo sentir un vacío en su estómago; un par de manos maltrechas, llenas de carne muerta y humo. En medio del shock pudo sentir vagamente un aire fresco que se enfriaba cada vez más. Una pesada bota de piel se le apareció en frente y al verla, con un tembloroso y lento movimiento, alzó su mirada. 26
  • 27.
    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA La expresión de Woden era similar a la de un niño que se sorprende de no haber matado a un ave después de la primera pedrada, como si todo el dolor que el capitán padecía no fuera suficiente para satisfacerle. Woden alargó su brazo derecho y con una mano tan fría como el hielo tomó al maltrecho hombre por el cuello. Con una fuerza sobrehumana lo levantó y apretándolo lentamente veía como aquel humano respiraba con dificultad. Por un instante, un extraño malestar recorrió el brazo de Woden hasta llegarle al cuerpo, aquella sensación era muy distinta al dolor ocasionado por las balas, era como si su propia existencia fuera poco a poco disolviéndose en la nada, como si con cada respiro un pedazo de su alma le fuera arrancado por la fuerza para nunca más volver. Sin embargo aquella incomodidad pasó demasiado pronto como para impedirle terminar su trabajo. A pesar de la agonía, el capitán trató de ver con más detalle el rostro de su enemigo. Su piel era parecida a la piedra de rió, o al hielo que se forma en las ramas de los árboles de las montañas, pero fue el vació de su mirada lo que le hizo sentir la patética calma de la derrota, solo él había quedado con vida y ahora estaba a punto de morir en las manos de un maldito monstruo. El capitán empezaba a creer que no solo era su final, sino que este ere el merecido por todas las vidas que había tomado. Sin embargo dos figuras se aparecieron en su mente, una era Mac Cárthaigh, tirado, lleno de sangre y con los ojos fijos en él, como recriminándole el poco intereses en lo que debió haber sido una pérdida importante, la otra era una imagen rara; el niño elfo a quien le había arrebatado toda una vida, a este último casi podía verle en la distancia como esperándolo. Pero la imagen tomó otra forma, pareciéndose cada vez a él, pero más joven mostrando o que fue su vida. Entonces recordó que todavía había alguien esperándolo, alguien que necesitaba de él y se dio cuenta que no importaba todo lo que 27
  • 28.
    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— habíahecho o si merecía morir por ello, su deber era continuar con vida aunque fuera para proteger otra más. El lejano sonido de los aviones le hizo volver en sí, decidido a vivir, o por lo menos, a no morir en vano y con lo poco que le restaba de fuerza tomó una de las señales de humo de su cinturón y con un increíble esfuerzo logró clavarlo en la cuenca izquierda de Woden. De inmediato una gran nube de humo verde salió del pequeño tubo enterrado en la cara del guerrero que en medio de su dolor dejó caer al capitán, el cual aprovechó el momento para prender otra señal y meterla en el cinturón de Woden. Un poderoso brazo salió de entre el humo directamente hacia el pobre soldado y con un poderoso golpe lo mando a volar hasta un pequeño grupo de árboles a medio derribar. Un delgado árbol se quebró al impacto del cuerpo humano lanzado hacia él y el sonido de la madera partiéndose se confundió con el de los huesos quebrándose. Woden se giró con la mirada llena de ira, pero antes que pudiera quitarse la señal de su ojo una explosión a su lado, tan fuerte que le desprendió su armadura, le hizo gritar de agonía. Una segunda y una tercera explosión acompañaron a la primera y con cada una se descubría más un cuerpo que se agrietaba como el cristal. Unos bombarderos ligeros aparecieron en el cielo, seguidos de escuadrones caza que disparaban hacía el origen de la señal de humo, arrancaban trozos del cuerpo de Woden con las descargas de sus cañones, sin que este pudiera hacer algo al respecto. Durante medio minuto aquella bestia con forma humana pudo sentir un infierno, que para desgracia del capitán, terminó tan rápido como empezó. Después de la tormenta de fuego, Woden, cojeando y sangrando, intentaba acercarse al capitán y si bien cada paso le producía un terrible dolor, en su mirada claramente se podía distinguir un odio tan grande como su determinación. Él solo existía para defender a 28
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA Ávalon, sin embargo realmente quería asesinar con sus propias manos al responsable de su humillación. Entre más se acercaba al mar de ramas muertas más notaba el rostro de un humano agonizante, pero aún consiente a pesar de sus heridas. Las miradas de ambos parecían estar fijas en el otro, pero de pronto una sonrisa apareció en el rostro del capitán y su mirada quedó llena del gozo de la victoria. Woden se quedó helado ante esa expresión, por un segundo no comprendió el significado de aquel gesto pero de inmediato, como si toda la angustia del mundo le cayera encima, éste le hizo detenerse. No sabía qué hacer, sentía que en cualquier momento algo más aparecería para provocarle más y más dolor y casi podía sentir la sonrisa de su enemigo como un arma más, apuntándole. Su inquietud se acrecentó cuando se dio cuenta que el soldado no lo estaba viendo a él, sino a algo más, algo detrás suyo y sintiendo un gran peligro volteó hacia donde miraba el capitán y notó un avión, un solitario avión volando de manera semejante al buitre que rodea tranquilamente a un cadáver fresco. El capitán sabía de qué clase de maquina se trataba, era un C-47 modificado, de fabricación soviética, pesado y lento en comparación con los demás aviones, pero en eso radicaba su fuerza, no había sido modificado para el combate ni para el bombardeo, sino para despedazar blancos en tierra. Su enorme estructura estaba llena de un conjunto de tres cañones eléctricos de 30 y uno simple de 60mm, que en conjunto destrozaban a un objetivo en cuestión de segundos. Dentro del enorme avión toda la tripulación preparaban las armas para destruir el blanco señalado. Ya tenían experiencia con blancos móviles, aunque jamás habían apuntado a algo tan pequeño, pero sin dudar de su buena puntería abrieron toda su capacidad de fuego. Todo bajo las miras de los cañones se despedazaba con los interminables impactos que a diferencia de las bombas, lograron golpear directamente 29
  • 30.
    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— elcuerpo de Woden. Cada uno le reventaba alguna parte del cuerpo, cada uno le producía más dolor que el anterior, cada uno le acercaba más y más a la impensable muerte de un inmortal. Incluso el sonido de sus llantos quedaba reducido ante el estruendo de los disparos, y solo un último grito, lleno de la misma desesperación que la un niño al perder a su madre, resonó hasta cubrir cada centímetro de la playa. - ¡¡MORGANA!! - Un último disparo pegó directamente en su pecho, penetrándolo por completo, haciendo que la agonía lo consumiera por completo cuando su torso se empezó a fragmentar en miles de pedazos que volaron por el aire en una hermosa nube de brillantes tonos blancos y azules. Todo el ataque duró menos de diez segundos y ahora todo escándalo desaparecía dejando solo el sonido de las olas golpeando las ruinas de una muralla armonizado con las lejanas pisadas de los invasores. Gotas de sangre caían al suelo mientras una lastimera figura se acercaba hacia donde se encontraban los restos de la criatura que casi pudo destruir todos los sueños de venganza de todas y cada una de las naciones del hombre. El dolor ahora palpitaba por todos y cada uno de los nervios de aquel único hombre en la cima de la costa, pero ahora bien valía la pena tratar de soportar el malestar. Un gesto de satisfacción apareció en la cara del joven soldado al tiempo que lograba levantar un poco la cara, disfrutando la fresca brisa marina y dejando relajar los músculos, tal vez moriría, pero por lo menos podía alegrarse en el tiempo que le quedaba, a fin de cuentas todo el sufrimiento no había sido en vano. Se había obtenido la victoria. Pero al bajar la mirada, su expresión se llenó de desconsuelo al darse cuenta que todos sus hombres habían muerto y ya ni siquiera podía distinguirlos entre la enorme mancha de sangre y carne muerta en la se había convertido toda la colina, eso le produjo un dolor más intenso que el de cualquiera de sus heridas. Sentía que ya no 30
  • 31.
    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA podía ni llorarles. Cientos de veces se habían jurado a sí mismo no volver a llorar, pero le era imposible, no podía olvidar los rostros de todos aquellos que lo habían acompañado y con esto, una vez más quedaba solo. Recordó que alguna vez pensó que con ellos sería diferente, no eran civiles indefensos, sino veteranos capaces de soportar más de lo que soportaron su padres y ella… ¡ella!, ella todavía estaba viva y una vez más casi la olvidada. La había recordado hace apenas tan poco e incluso fue ella su razón para vivir, pero por alguna razón la realidad de la guerra se la arrancaba de la cabeza. De pronto un leve sonido llamó su atención, y casi de inmediato se percató de una extraña silueta desapareciendo velozmente hacia la lejanía. Sus ojos se llenaron de una rabia indescriptible cuando distinguió la figura de Saerwen. De todo su cuerpo brotó sangre al tiempo que desenfundaba un pesado revolver Webley calibre .455. Disparo tras disparo trataba de mantener su arma lo bastante firme para asegurar su objetivo, pero le era demasiado difícil y cada segundo que pasaba Saerwen se alejaba más y más. Con todo el odio del mundo apuntó lo mejor que pudo antes de disparar su última munición y vio con desesperación su falló, pero de repente una parte del lejano antiguo se le desprendió de su cuerpo justo al momento de desplomarse, todo antes de continuar su precipitada carrera casi de manera milagrosa. La maldita había logrado escapar, pero en eso, varios disparos más salieron por detrás del capitán, todos dirigidos hacia Saerwen, y todos en vano. El capitán trató de recargar su arma, pero todo su cuerpo se derrumbó con fuerza hacia el suelo mientras un rio de sangre se le escapaba por borbotones de su boca. Inútilmente intentó levantarse, pero poco a poco su conciencia se desvanecía y toda su mente se quedó en un negro vacío. Un último recuerdo le cruzó la mente; el rostro de una joven que le miraban con hermosos ojos azules y encima de ella, un sol tan 31
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— radianteque hacía que sus bellos cabellos castaños brillaran como el oro. En ese entonces el cielo se veía tan claro y azul. … - ¿Qué demonios pasó aquí? – preguntó un soldado al acercarse al montón de escombros y pedazos de cuerpos que rodeaba al capitán. - Cállate y sigue disparando – respondió con una extraña y suave voz un hombre que subía lentamente la colina, irguiéndose de tal forma que desarmonizaba el ambiente de caos a su alrededor, como si se encontrara en un paseo veraniego y no en las costas del hades. Y con toda la calma del mundo retiraba de su boca una larga boquilla y la movía ligeramente para quitar la ceniza del cigarrillo en la punta, sus ojos color sangre se veían aún más tétricos por las cicatrices negras que sobresalían como líneas por arriba y por debajo de ellos, creando el efecto de maquillaje de circo y torciendo su boca con disgusto dijo mientras volvía a colocarse la boquilla en la boca – esa cosa se escapó. Pero por lo menos le volamos un brazo – Un suspiro proveniente del maltrecho hombre en el suelo alertó a los presentes, que con apuró rodearon al capitán – ¡Dios mío, esté sigue vivo! – dijo uno de ellos con preocupación. Con lentitud la mano del capitán se alzó al cielo, como buscando algo, solo para regresar al suelo un segundo después - hermana – dijo antes de suspirar por última vez. El hombre de las cicatrices se quedó mirando al hombre en el suelo por un rato, fumando lentamente como siempre, al cabo de unos segundos lo movió con el pie, lentamente al principio y luego aumentando la velocidad, tratando de hacerlo reaccionar, pero al no ver respuesta se inclinó y se le acercó, alargando su mano y 32
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA metiéndosela en el pecho buscando algo. Los demás soldados miraban en silencio cuando el hombre de las cicatrices le arrancaba algo del cuello al hombre muerto y abriendo su mano mostraba una placa de metal con algo inscrito en ella. HARKER, WINSTON T. Un suspiro, como un leve lamento salió de la nariz del hombre, ahora arrodillado ante alguien que fue un simple soldado, olvidado a su suerte en el infierno, como él y como todos aquellos que ahora subían por toda la maldita playa. - ¿Compañero Mayor?, ¿Qué hacemos con él? – preguntó un soldado al acercarse al hombre cicatrizado. Éste solo los miró con ojos somnolientos y les dijo con calma – el tipo está muerto, no podemos hacer nada. Pero nosotros aún tenemos trabajo que hacer – y dicho esto se puso de pie, aun mirando el cadáver. Con un suspiro más cerró sus ojos, para abrirlos justo cuando su cabeza se alzó al cielo. Y en ese momento lo supo. El cielo jamás volvería a ser azul. II SOLO UNA RECOMPENSA “El cielo sigue azul” Isaac pensaba mientras levantaba la cabeza con tranquilidad. No era muy aficionado a meditar, prefería solo vivir sin pensar demasiado en ello; además cada vez que lo hacía terminaba por recordar su pasado, pero ahora con los nuevos eventos 33
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— mundialesno podía dejar de pensar sobre el futuro, él, a quien jamás le había importado la guerra ni nada referente a cualquier cosa fuera de su propia vida. Hacía tres meses se había enterado junto con el resto del mundo de la liberación total del continente europeo y del desembarco de Rahannwyn, con el que se había dado inicio a la invasión del territorio de los antiguos, pero nunca sintió verdadero interés por ello. Ahora era diferente, no podía creer los rumores del súper bombardero estadounidense hasta que fue confirmado oficialmente hacía tan solo tres días. Al principio lo había leído en uno de tantos periodicuchos británicos alrededor de las colonias que tanto detestaba, pero al leerlo en uno de nacionalidad rusa sintió que debía de ser completamente verdad. El Imperio Ruso-mongol de Ungern era excesivamente cerrado, casi nunca publicaba cosas fuera del interés ruso, además de ser muy dado a publicar discursos metafísicos y oraciones a dioses extraños, pero también era muy cuidadoso de informar sobre los avances bélicos o científicos, más cuando se trataba de alabar proezas extranjeras. Aunque hacía un par de años sus periódicos también cometieron el error de creer los rumores de la súper arma probada en la isla Clipperton. Tal vez aquella mentira dio esperanzas a muchos, les permitió seguir viviendo, pero Isaac siempre supo la verdad, en primera, que solo los débiles e idiotas ocupan de ilusiones y fantasías para obtener fuerzas y en segunda, que ninguna bomba podía tener semejante poder destructivo, al final la noticia era evidentemente falsa, aun cuando fue adornada con fórmulas matemáticas y teorías locas sobre la posibilidad de una fisión de átomos. Pero con la victoria ya como un hecho físicamente alcanzable las noticias se volvieron más reales, por lo menos la de moda, el B-49 era real. A estas alturas, incluso en ese rincón perdido, las noticias de guerra llegaban rápido. - Gracias - dijo un hombre de baja estatura y robusta complexión, interrumpiendo 34
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA sus pensamientos mientras se acercaba de manera precipitada, aunque revelando cierta timidez en su rostro -nosotros nunca hubiéramos podido habernos desecho de esta… bueno, de este problema - Isaac volteó hacia el hombre, enseñando una mirada fuerte y de penetrantes ojos oscuros, mostrando un aire de confianza que, según él, mantenía la profesionalidad del trabajo. Al cabo de un momento de silencio se levantó tranquilamente, revelando la cabeza del monstruo que hacía tan solo unos pocos minutos aun escupía fuego sobre él. - Los dragones de este tipo no son tan inteligentes como los de China, o los del este de Europa, no fue tan difícil – dijo mientras sus ojos parecían brillar ante los rastros de sangre que brotaban por los enormes agujeros de bala en el cráneo del animal, lentamente acercó la mano hacia ellos, pero las palabras del hombre parecieron sacarlo de su extraño trance. - ¿E...E…En serio? - preguntó el hombre, con timidez. Isaac no respondió, solo se limitó a verle con los ojos y la boca abierta mientras afirmaba con la cabeza, dando a entender que al menos para él la anterior pregunta tenía una respuesta obvia. - Creo que tiene razón, digo… para alguien de su reputación – - En cuanto a mi pago, me gustaría lo más pronto posible – expuso Isaac extendiendo la mano. La expresión del hombre cambió del asombro a una especie de incomodidad. - ¿Algún problema señor? – preguntó Isaac con seriedad, mientras que con la otra mano se acomodaba un par de gafas de tinte azulado. - N... n... no, ninguno – El hombre sacó un costal de tamaño considerable de una maleta que llevaba 35
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— consigoy se lo entregó al joven, quien lo tomó de una manera rápida para evitar incómodos forcejeos con el pequeño sujeto. Mientras caminaba hacia una semioruga, recargaba su viejo rifle, pensando en lo irónico que fueron para él los tiempos de la gran crisis; cuando la mitad del mundo se encontraba en medio de la desesperación, cuando los ataques de los antiguos provenían de todos lados y los ejércitos más poderosos del hombre se habían reducido a meras guerrillas. Que maravillosos tiempos aquellos, cuando los refugiados pagaban lo que fuera por encontrar lugares con al menos un poco de paz y lo hacían sin queja alguna. Si, aquellos eran los tiempos de gloria, donde se podía cobrar lo que fuera y vivir como rey matando bestias, pero ya no más, esos tiempos habían acabado ahora que los países ocupados habían recobrado su libertad y muchas personas trataban de regresar a sus antiguos hogares. Ya no importaban los campos de refugiados, ni las pequeñas aldeas con sus alcaldes mediocres, sino el hecho de regresar a la madre patria, fuera cual fuera. “Imbéciles, Como si sus casas siguieran ahí” pensó con cierto desprecio. Pero su mente siempre volvía a la misma idea; que el cambio era solo superficial, vano. No importaba quien dominaría el mundo por venir, la Gran Mancomunidad de Naciones, los rusos, o incluso los Estados Soviéticos, ni adonde se movieran las masas; lo seguro era que el hombre había recuperado su trono como dueño del mundo, y volvería a ser el mismo de siempre, poderoso y patético. Como un niño con escopeta. … Las luces del pueblo empezaban a encenderse y las calles se encontraban vacías a excepción de una pequeña figura que caminaba lentamente al tiempo que miraba como el perfil de la calle parecía cambiar con el juego de luces y sombras intercalándose. 36
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA - Creo que ya es hora de cenar – decía una joven para sí, subiendo el tono mientras continuaba - maldita sea, ¿por qué tuve que perder mi reloj?... no sé qué será peor, eso o que huelo a cigarro. Si Alice se da cuenta que sigo fumando a escondidas me va a matar… eso y por llegar tarde - en ese instante, una segunda figura se asomó por la calle; era un caballero de edad avanzada y vestimenta elegante, que volteaba a ver con cierto interés la escena de la hermosa joven hablando al viento. Ciertamente no era lo más extraño que él hubiera visto, pero la jocosidad de la situación ameritaba ser contemplada. Al darse cuenta que estaba siendo observada, la grácil muchacha miró fijamente al hombre con una curiosa expresión de serenidad, como si estuviera viendo más a un perro que a un Lord. - ¿Qué horas son? – le gritó al caballero. El hombre, en lugar de sentirse extrañado o molesto por la falta de formalidad en la pregunta, la cual rayaba en la grosería, sintió ternura por aquella extraña al ver con más detenimiento la agraciada figura de cabellos y ojos dorados que le miraban fijamente, en espera de una respuesta. - ¡Son las siete cuarenta y cinco de la noche! – le gritó el hombre con tranquilad y ciertamente con más formalidad que la recibida. - ¡NOO!… ¡ME MUERO! – gritó la joven y dando un brinco dio la media vuelta y empezó a correr. La joven dama empezó una carrera, pero a solo un segundo de comenzarla paró en seco y casi tropezándose por la inercia de sus movimientos miró de nuevo al caballero mientras movía la mano, agradeciéndole por la cortesía – ¡muchas gracias abuelo!, ¡le debo una!– le gritaba mientras el señor sonreía tratando de aguantar una carcajada – ¡no hay de qué señorita!, ¡no hice gran cosa! – replicó el hombre callando por un 37
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— momentoantes de continuar - ¡ya puede empezar a correr! – La jovencita le sonrió mostrándose aliviada y de inmediato retomó su precipitada carrera. La sonrisa del caballero se acentuaba, pensando en cómo la vida de las personas más jóvenes era tan diferente a como había sido la suya, tanto, que algunas personas de más edad ya empezaban a criticar lo que consideraban la pérdida de valores en la juventud, pero el anciano consideraba que aquellas actitudes no eran peores que las que había sufrido la generación posterior a la gran guerra. No, por el contrario, él veía como la llamada “generación de las ruinas” mostraba cierto grado de responsabilidad a pesar de mostrar rebeldía por las instituciones que sentían los habían abandonado. Pero lentamente su sonrisa se desvaneció y sus ojos se tronaron tristes; “ahora ella tendría su edad” pensaba el hombre al tiempo que apretaba sus puños con fuerza. El haber pensado en los tiempos pasados le traía a colación recuerdos tristes que se fundían con el dolor presente. Él había participado en la última guerra, cuando el enemigo era humano y aún se conservaba la cortesía militar, pero esta guerra era tan distinta, el ataque sorpresa devastó la totalidad de Europa en solo un año. Y aun cuando él había logrado escapar, los recuerdos habían escapado consigo, como clavos en su cabeza. Fue por eso que había decidido nunca volver a Inglaterra, los recuerdos le atormentaban pero no podría soportar la realidad. Sentía que a su edad ya no sería posible rehacer su vida, solo le quedaba morir con la mayor calma posible, el dinero no sería un problema, para su familia nunca lo fue, pero ya no tenía con quien compartirlo. La muerte de su hija antes de la guerra le infringió un gran dolor, pero en ese entonces todavía tenía a su nieta, pero cuando ella murió en los primeros días del ataque sobre Londres solo quedó en él, el odio sobre aquellas malditas criaturas, que a pesar de su belleza solo le producían repulsión, con toda seguridad sabía que hubiera 38
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA preferido verla crecer en la lejanía de los susodichos valores ingleses que en solo poder verla en recuerdos cada vez menos definidos, pero siempre igual de punzantes. La única alegría que podía encontrar eran las noticias de la avanzada aliada, sentía orgullo al saber que los componentes y el dinero invertidos en los B-47 y en el ala voladora B- 49 habían sido británicos a pesar que los aviones habían sido construidos en suelo mexicano por una compañía americana. Por su parte, él todavía podía poner su grano de arena y poder así disfrutar de una venganza que sentía más que personal, aun cuando tuviera que juntarse con gente extraña o necesitara conseguir contactos con aquellos a quienes había matado hace tantos años. Si, nada de eso tenía relevancia ya, solo la satisfacción de su último deseo era lo importante. Todavía podía soñar y desear vivir lo suficiente para ver a todo el maldito imperio de las hadas sumergido en el fuego, mientras los hijos de Frey eran pisoteados por las botas inglesas. El reloj daba las ocho cuando una cansada Elizabeth llegó por fin a su casa. Apenas había abierto la puerta cuando una joven apareció de repente frente a ella, con profundos ojos azules, cabello largo y castaño y una figura agraciada que era fácilmente pasada por alto ante la mirada fría y molesta que presentaba. - ¿Dónde carajos estabas? ¿Ya viste la hora que es?- le preguntó. - Quise llegar antes pero no me di cuenta que anochecía, y cuando quise ver la hora me di cuenta que no tenía mi reloj y…¡¡¡¡y!!!!- - ¡¿Por qué no tenías tu reloj?! ¡No lo habrás vuelto a perder! ¿O sí? – interrumpió la joven con tono molesto. - Si, pero fue porque… - - ¡No lo puedo creer, es el tercero que pierdes!, ¿Qué pasa contigo?, es como si no 39
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— tetomaras nada en serio ¡Dios!, que voy a hacer contigo, hechas a perder todo lo que se te pide… – Elizabeth no quiso interrumpir, si bien sus oídos y sus piernas ya se habían acostumbrado a tener que escuchar de pie lo que podían llegar a ser horas y horas de gritos y regaños y si bien su cerebro ya empezaba a desarrollar una especie de cayo mental que le impedía llenarse de culpa y remordimiento, aún seguía sintiéndose mal por todo lo que su hermana le decía, porque sabía que era cierto. Alrededor del pueblo Elizabeth tenía la fama de ser desobligada, grosera y manualmente torpe, pero era una fama que ella se había ganado a pulso y no podía negarlo. La vida para ella era como un juego que la mantenía en un estado de eterno soñar despierto y por más que lo intentaba no lo podía remediar, esto hacia que siempre tuviera dificultad de concentrarse en cualquier cosa importante y que se confundiera con facilidad. Aunque su mente podía perderse durante horas viendo a una oruga subir una pared, cosa que ya había hecho varias veces. Pero su forma de ser también la convertía en una persona totalmente honesta, aunque no de una manera virtuosa, si bien era incapaz de mentir siempre decía la verdad de la forma menos diplomáticamente posible, esto hacia que nadie dudara de su palabra ni de su buena fe, así que hasta cierto punto no le era tan difícil conseguir trabajo, lo difícil consistía en mantenerlo. Alice notó que los ojos de su hermana se empezaban a ver vidriosos y pudo ver la forma en que se abrazaba a sí misma tratando de tranquilizarse, con esto sintió como el enojo que la había invadido desaparecía con rapidez. Ella realmente quería a su hermana y desde la muerte de su padre tuvieron que depender la una de la otra para poder resistir las penurias y salir adelante. Nunca fueron de una familia rica, pero la herencia que les fue dejada no era poca cosa y aunque Alice sabía que sin trabajo su situación podría volverse pesada, más que nada buscaba que Elizabeth se 40
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA responsabilizara, su hermana menor no era una persona mala e incluso en las peores situaciones siempre parecía tratar de dar lo mejor de sí, sin embargo nunca lograba hacer nada bien. - De acuerdo, hablaremos de esto mañana, primero vamos a cenar o se van a enfriar las empanadas – dijo Alice después de un silencio tranquilizador. - ¿Empanadas? – preguntó Elizabeth con cierta repugnancia. - No me vengas con tus malditas quejas y come de una maldita vez – respondió Alice con autoridad – pequeña vagabunda apestosa, acabo de tranquilizarme y ya quieres volverme a hacer enojar – Alice no había terminado de hablar cuando Elizabeth empezaba a caminar hacia la cocina, limpiándose el rostro de manera disimulada mientras una pequeña sonrisa se formaba en su rostro. Pero antes de abandonar completamente el recibidor Elizabeth sintió un jalón y girándose un poco vio cómo su hermana sujetaba su brazo con fuerza, obligándola a voltearse por completo. Alice la miraba de manera penetrante, su nariz aspiró de forma rápida y profunda al tiempo que su hermana se daba cuenta de lo que eso significaba. - ¡¿Estuviste fumando?! – … La neblina ya comenzaba a bajar por las montañas cuando en los puestos de defensa empezaba la rotación de los vigías. El ambiente se sentía pesado y los soldados no sabían que era mejor, estar a la expectativa de un ataque cada noche o estar en el frente donde el infierno es tan habitual que se convierte en una horrenda rutina. Un militar de aspecto sombrío entraba en el cuarto de mando, sus largas manos 41
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— preparabansu pipa mientras tranquilamente tomaba asiento para escuchar la radio. Los minutos pasaron rápido y a más de media hora desde su llegada ningún comunicado se había recibido, aquello ya no era cosa de preocupación, la mayoría de las comunicaciones ahora eran más por protocolización que por cuestiones importantes. Así que su tranquilidad era comprensible. Sin embrago un extraño sentir de consternación se iba acrecentando con el paso del tiempo. - Comuníquense con el bloque A – dijo al fin con un tono sereno. Uno de los operadores radiales tomó en seguida el micrófono y haciendo las conexiones correctas se comunicó con la única línea defensiva frente a ellos. Las razones de tal silencio radial eran demasiadas, y no todas serian el resultado de catástrofes, sin embargo aquel hombre sabía que hacer caso a las corazonadas o preocupaciones irracionales era siempre una de las razones para la supervivencia en el combate. Un vigía bajó corriendo hacia el cuarto de mando, su rostro denotaba desconcierto, pero recobró la formalidad al saludar a sus superiores. - Jackson, ¿Qué hace aquí?, ¿Qué ocurre? – preguntó un capitán a lado suyo. - Señor, no hay luces hacia el norte, ni siquiera la de la antena del bloque A – - Esto no está bien – pensó el capitán en voz alta, - ¿mayor? – continuó, dirigiéndose hacia el hombre de la pipa. - ¡Comuníquense inmediatamente con el bloque central! - dijo el mayor de forma determinante – esto no está bien – continuó mientras dejaba la pipa sobre su escritorio y se dirigía al capitán - esto no está bien – le repitió. El escenario fue el mismo; silencio total. De pronto todo tomó una nueva dimensión dentro de sus cabezas; sintiendo cómo si se encontraran en otro tiempo y en otro lugar. Como si se ubicaran en la Inglaterra de finales de 1942, cuando se 42
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA habían perdido las comunicaciones con el norte de Irlanda. En ese momento nadie en el mundo se hubiera imaginado las causas de tal suceso, ni que lo ocurrido ahí seria el inicio de una guerra que estaba durando casi siete años. Pero lo peor en ese entonces y ahora, era la incertidumbre. Combatir contra un enemigo siempre es peor cuando no se le ve y es incluso peor cuando no se le conoce. Y aun cuando al menos ya se tenía una idea de las cosas que ocultaba el mundo, todavía la mente humana no estaba preparada para ver aquellos secretos tan seguido. Desde la rendición de las tropas élficas en el Asia, los aliados habían decidido mandar la mayor cantidad de recursos para lo que sería la invasión de Ávalon, pero el miedo a los ataques aéreos o sorpresa había quedado tan grabado en el corazón de todo europeo, que hizo que se postraran líneas de defensa a lo largo de regiones de importancia comercial, política o social. Si bien la mayoría de los ataques fueron aéreos, nunca se presentaron muchos ataques terrestres en la mayoría de ellas, a lo mucho, algunas escaramuzas con grupos nómadas, o intentos de saqueo, principalmente al sur de Persia, pero la situación al norte de India había sido muy distinta. Cuatro años atrás, una incursión antigua había logrado atravesar Rusia, solo para cambiar de curso y dirigirse rápidamente al sur en un intento de crear una división temporal entre los suministros rusos provenientes de Siberia y su frente de combate en el Cáucaso, esto a fin de permitirle al alto mando élfico concentrar sus fuerzas en Egipto el tiempo suficiente para conseguir la rendición o la aniquilación del Europäisches Afrika Korps. La incursión tuvo un éxito sorprende y llegó tan al sur que penetró el norte de la India con suma facilidad, deteniéndose en la ciudad de Agra, donde una fuerza conjunta anglo-japonesa pudo contenerles por más de cinco meses aun cuando escaseaban los pertrechos. De hecho, de no haber sido por que la táctica élfica fue explotada por el mariscal Zhukov, para lograr crear su propio bloqueo 43
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— temporala través de una rápida ofensiva que atravesó de Turquía a los Balcanes, la India hubiera terminado en manos de Ávalon. Pero después de la retirada antigua, el uso de las bombas químicas por parte de Japón, provocó un ambiente tenso en los bosques y las montañas del Asia central, ya que se empezaron a correr rumores de enormes bestias que huían de las selvas contaminadas hacia los poblados cercanos en un intento desesperado para encontrar comida o refugio. El mismo mayor llegó a escuchar de los soldados japoneses y rusos dichos rumores, de enormes monstruos parecidos a los dragones, pero más grandes y carentes de inteligencia, capaces de matar a un elefante de un solo mordisco, pero jamás les había creído aun cuando durante las últimas semanas los rumores provenían de soldados ingleses que salían a patrullar los bosques. Ahora, por alguna razón, aquellas cosas venían a su cabeza, como una especie de advertencia. Pero sabía que no podía permitirle a su mente el estar divagando, distraerse provocaba la toma de decisiones equivocadas y en esos momentos no contaban con los refuerzos suficientes para subsanar errores. Logró calmarse por completo, guardando silencio y despejando su mente, logrando poner atención en la calma que reinaba el ambiente, no solo por parte de sus hombres sino también del bosque. E inmediatamente se percató de la importancia de ello. - ¡SAQUEN LOS 88 Y DISPAREN AL BOSQUE! – gritó el mayor con terror en sus ojos. Fuera lo que fuera que estuviese en el bosque, había logrado asustar a todo animal en las cercanías y el mayor Johnson sabía que no era fácil asustar a muchas de aquellas bestias. Cinco enormes torretas salieron del suelo delante de la enorme muralla provocando un enorme estruendo al abrir fuego, frente a ellos el bosque volaba hecho pedazos en 44
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA un mar de llamas. El fuerte tuvo un segundo de tranquilidad, solo un segundo, antes de ver como una gran masa obscura surgía de entre los escombros y se dirigía directamente hacia ellos. Las torres de ametralladoras disparaban ininterrumpidamente sin lograr efecto alguno sobre la gran mole que avanzaba como un tren fuera de control. Ninguno de los presentes jamás había visto nada semejante. Aquella criatura media alrededor de cinco metros de alto y con la excepción de un hocico lleno de dientes, asemejaba a una enorme ave a medio desplumar, moviendo sus enormes piernas a una velocidad increíble para sus dimensiones. Parecía que nada pudiera detenerla, derribaba las torres frente a ella sin detener en lo más mínimo su marcha. El capitán Smith logró ver como del costado de la bestia goteaba sangre y supo que los primeros disparos de los cañones si bien no pudieron detenerla si habían logrado herirla. - ¡RECARGUEN MALDITA SEA, RECARGUEN! - gritó el capitán con desesperación. En ese mismo momento, el monstruo derribó el último de los postes de concreto, golpeando directamente contra una de las torretas, inutilizarla y hundiéndola en el suelo tras un segundo golpe Las demás torretas giraron inmediatamente para dar un segundo tiro, sin embargo, fue inútil, la enorme bestia ahora embestía contra el muro principal, derrumbándolo en pocos segundos. Johnson cayó al suelo con el primer impacto y quedó paralizado cuando vio una enorme cabeza cruzar rápidamente el espacio que antes ocupaba el puesto de mando. Un enorme ojo rojizo, fijo y sin alma cruzó por su campo de visión y pudo sentir el terror a través de su cuerpo al imaginar los pueblos cercanos a merced de aquel animal. Pero aquella sensación fue lo último en su vida antes de ver como un pedazo del techo caía sobre él. 45
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— Tras el humo y los escombros un hombre se levantó de manera tambaleante, su cara llena de sangre impedían distinguirlo pero sus insignias denotaban el rango de un capitán. Smith movía la cabeza de forma rápida tratando de recobrar el sentido y al recuperarse, sus ojos se fijaron en los cuerpos de los soldados muertos a su alrededor, poniendo especial atención en una figura inmóvil que se encontraba bajo un bloque de concreto. - ¿Mayor?... ¿MAYOR? – gritó el capitán sin recibir respuesta. Al verse solo, Smith buscó comunicarse con los poblados, pero la radio había quedado destrozada. Estuvo a punto de caer en la desesperación cuando su mano tocó la caja metálica que contenía las bengalas. Él sabía que en New Exeter vivían muchos viejos soldados y que era seguro que las señales fueran bien interpretadas, así que cargó la pistola con una bengala y la disparó al cielo. Sus ojos no dejaban de ver aquella luz, ahora, su última esperanza. … Empezaba la madrugada y en las tabernas las sillas empezaban a escasear y los tarros sucios empezaban a amontonarse. Las cosechas habían sido buenas y a producción mejor y junto con las últimas noticias del avance aliado se daba la perfecta ocasión para celebrar un poco en el pueblo. New Exeter era sin lugar a dudas uno de los lugares que más había prosperado desde su fundación como una fábrica de municiones, atrayendo a tantos trabajadores, granjeros y transportistas, que las personas que vivían ahí comúnmente dudaban en ser repatriadas. Ya no había nada para ellos en las islas. Los cantos de hombres ebrios acompañando a la música, junto con la radio 46
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA sintonizando la BBC de Nueva Londres, producían una jungla de sonidos que no permitían distinguir las órdenes de los clientes y en medio de esta cacofonía de alegría la puerta se abrió con lentitud mientras un individuo entraba en el local, una pesada capucha verde cubría su cabeza y obscurecía su rostro, pero se le llegaba a apreciar un aspecto cansado y descuidado. Nadie lo había visto jamás en el pueblo, pero con el crecimiento de los pueblos vecinos era normal ver extraños. - Estoy de paso en el pueblo y quisiera saber si hay alguna posada de buena calidad por aquí – preguntó el forastero al acercarse a la barra. - Chamberlain´s es la mejor que puede encontrar, esta dos calles adelante. Pero es algo cara, así que lleve dinero amigo – respondió un viejo tabernero de alegre semblante, bastante activo para su edad. - El dinero no es problema, al menos por ahora – sonrió el joven mientras hablaba. - Entonces que prisa tiene amigo, quédese a celebrar un poco, ¡la victoria ya está cerca y la cerveza está a mitad de precio! – De un solo movimiento el extraño se quitó su capucha y la puso arriba de la barra, al tiempo que descubría su cuerpo y su rostro. No era muy corpulento o musculoso, pero si algo alto. Su apariencia era fría e inspiraba cierto espanto. Tenía la nariz aguileña, fosas nasales dilatadas, un rostro rojizo y delgado y unas pestañas muy largas que daban sombra a unos grandes ojos casi negros y bien abiertos; las cejas negras y tupidas le daban aspecto amenazador. No llevaba bigote pero mostraba rastros de una barba mal rasurada y sus pómulos sobresalientes hacían que su rostro pareciera aún más enérgico. Una cerviz de toro le ceñía la cabeza, de la que brotaban como púas cabellos oscuros mal peinados para atrás. - ¡Amigo!, de veras que se ve cansado, pero nada que un buen trago no pueda curar 47
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— –dijo el hombre detrás de la barra al notar las ojeras que colgaban debajo de cada uno de sus ojos. - Al diablo, ¿Por qué no?... Deme una cerveza, tanto trabajo amerita un descanso. ¿No creé usted? – dijo al viejo tabernero. - ¡Ah!, así se dice. Por cierto, ¿cómo se llama amigo? – - Solo llámeme Isaac – respondió el extraño al tomar el tarro con calma. Al pasar los minutos, Isaac notó que realmente disfrutaba aquel lugar. No era por ningún factor físico, pues ciertamente el olor a humanidad concentrada y el excesivo sonido difícilmente relajan a alguien. No, era algo más, algo social, el contacto humano, la tranquilidad de estar rodeado de personas y no tener ninguna responsabilidad ante ellos más que la de reír por cualquier tontería que a los borrachos se les ocurriera, o la de brindar por la victoria de Inglaterra, fusionando su voz con la de todos a su alrededor. Una parte de él seguía viendo a sus anfitriones como solo un montón de asnos u otros animales de granja, imaginándoselos revolcándose en un lodazal justo antes de ser llevados al matadero, pero por lo menos ahora eran simpáticos y podía sentirse, o al menos fingir, que era igual a ellos, un cerdo más entre iguales. Qué diferente hubiera sido el contacto con ellos hace tan solo unos cinco años, justo antes de que empezara a lucrarse con la muerte. De pronto, una hermosa joven entró en la taberna, y aunque en su rostro se mostraba tranquilidad, todos perdieron la serenidad con solo verla. - ¿Alice?, que sorpresa. ¿Que se te ofrece? – le preguntó una de las camareras. - ¿No creo que vengas por un trago verdad? – añadió un ebrio. - Disculpen, pero hay algo que creo que deberían ver – Muchos de los hombres presentes dejaron sus tarros en las mesas y se levantaron 48
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA para averiguar el motivo de la visita. Ellos sabían que Alice era una mujer responsable, muy diferente de su hermana y que por ningún motivo los hubiera interrumpido por una pequeñez, menos para hacerles perder el tiempo. Al salir notaron de inmediato una luz blanca que se caía desde las montañas al norte del pueblo. - Una bengala – dijo un anciano – posiblemente haya sido disparada desde el fuerte que se encuentra a 10 Km. de aquí – - Es una señal de ataque, como las que se daban en la guerra de trincheras – Expuso un caballero al bajar su tarro, sin importarle tirar su contenido, denotando más su preocupación, como si supiera lo que le esperaba al pueblo. - Un ataque, eso es ridículo – refutó una señora – los antiguos ya están muy lejos, no han vuelto desde que las sacamos del Taj, a lo mejor esa bengala es solo por entrenamientos o algo así… - Pero desde la lejanía, un terrible rugido rompió la tranquilidad de la oscuridad, callando todo su paso mientras despertaba a todos los habitantes de New Exeter. - ¡ALGO CRUZO LAS LINEAS DEFENSIVAS! - gritó de inmediato la mujer que hasta hace poco se mostraba llena de seguridad – ¡ES UN DRAGON, ES UN DRAGON! - continuó chillando con terror al tiempo que los murmullos de las personas se convertían ahora en voces de pánico. - No es un dragón – exclamo el extraño joven de taberna. Todo mundo calló durante un momento, quizás esperando que aquel desconocido siguiera diciendo algo, pero no lo hizo, solo se limitó a dase vuelta e irse caminando hasta un extraño armatoste de metal al final de la calle. La pequeña multitud quedó extrañada, volviendo a las murmuraciones, solo el sonido de una puerta de metal cerrándose atrajo de nuevo la atención de la gente hacia el forastero, que ahora avanzaba hacia ellos cargando una gran funda en su espalda y una maleta en cada 49
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— mano.Su serena postura infundía un poco de tranquilad, pero no era suficiente como para disipar los temores. - ¿Quién es usted? – preguntó por fin una camarera. - Soy Isaac Dreadnought, mata dragones – dijo al soltar el par de pesadas maletas al suelo. - He oído de ese tal Dreadnought, y déjeme decirle, caballero, que no creo que usted sea él – empezó a decir el respetable tabernero – según se dice, Dreadnought es un sujeto enorme – - Tan enorme como William Wallace, compatriota – respondió Isaac con sarcasmo. - Y se dice que viaja en un formidable tanque ruso – intervino un joven después de pasarse precipitadamente un trago de cerveza. - Es en una semioruga y es yanqui – respondió al tiempo que señalaba hacia el viejo aparato que había visitado hace unos momentos - también dicen que soy guapo y encantador, pero lo mismo dicen de Zaytsev y déjenme decirles que ninguna mujer lo consideraría como su primera opción, así que por favor no hagan caso a rumores estúpidos de gente ignorante. Dense un poco más de dignidad por favor – confesó el examinado La mirada de la gente alrededor suyo seguía siendo de desconfianza, pero Isaac estaba más que acostumbrado a aquello. De hecho, disfrutaba de los cambios de actitud que tenían, o tendrían, a la hora de cobrar su dinero. - 30,000 libras es la tarifa habitual – explicó Isaac - ¡Has de estar pero si bien imbécil! - gritó la camarera - ¿De dónde carajos crees que vamos a sacar ese dinero? – El pequeño gentío empezó a crecer con la gente que salía a la calle para enterarse de la situación y murmurar entre sí con los que llevaban más tiempo en presencia de lo 50
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA ocurrido. Dentro de lo más comentado estaba la posición de la camarera, pues si bien era cierta la queja de la mujer, la forma de expresarla no era quizá propia de la ocasión. Isaac por su parte no se inmutó, sabia por experiencia que responder de la misma manera no provocaría sino una larga e infructífera discusión que terminaría con burlas y sarcasmos de su parte, pudiendo pasar a los insultos o en algo peor… – tomen una decisión rápida, por favor – dijo mientras se quitaba sus lentes para colocarse un par de goggles como los que usan los tripulantes de tanques. - Lo mejor sería llamar a la guardia local para que se hagan cargo de esa cosa – dijo un anciano tratando de recuperar la calma. - Eso no serviría de nada – refutó Alice con severidad – a estas alturas la guardia local ya debe estar enterada y si no han llegado aún significa que no vendrán, lo mejor será despertar a todos los conductores y tratar de salir de aquí lo más pronto posible… – - ¡Silencio! – interrumpió el tabernero al tiempo que todos callaron en espera de algo. Por más de cinco segundos los presentes no dijeron nada, solo sus ojos empezaron a delatar su preocupación cuando entendieron la importancia de la quietud de la noche. Todo, absolutamente todo estaba en silencio, ningún animal, ninguna brisa, igual que el segundo de afonía que tienen las sinfónicas antes de iniciar su música, pero antes que cualquiera pudiera decir algo, el sonido de un árbol golpeando el suelo atravesó el pueblo de lado a lado seguido por la repentina aparición de cientos de aves asustadas surcando el cielo a toda velocidad. Toda la imagen era impresionante, pero el suspenso que traía consigo empezó por provocar pequeños shocks entre algunas de las personas. - Esta cerca – señaló secamente Isaac. 51
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— - Tenemos que salir de aquí lo más pronto posible – dijo Alice con tal calma que pudo impedir, solo un poco, el creciente pánico entre la multitud. - No - respondió Isaac - lo mejor será que busquen los refugios subterráneos y se oculten ahí, todo movimiento extenso solo atraerá a esa cosa directo hacia ustedes – Alice vio directo a los ojos de Isaac y asintió con respeto – de acuerdo, pero ¿qué harás tú? – - Iré a las granjas cercanas, esa cosa va a estar buscando comida fácil. El silencio es solo signo de que esta acechando – - ¡Si claro!, lo más seguro es que este vagabundo aproveche nuestra ausencia para entrar a nuestras casa y robarse nuestras cosas - dijo una señora al resto de la gente al tiempo que se colocaba junto a la camarera, como si con este simple hecho sus palabras obtuvieran mayor peso - pero déjeme decirle algo, muchos de nosotros no somos campesinos ignorantes sino miembros de familias importantes de Inglaterra – continuó volviéndose hacia Isaac. Aunque esto no fue bien recibido por el general de la concurrencia. - El riesgo existe, usted podría tener razón y yo podría ser un ladrón bastante astuto, pero aquel rugido fue muy real, así que son ustedes los que deciden que es mejor, la posibilidad de ser embaucados o la de ser devorados. Lo que me recuerda, que si optan por mi ayuda, deben pagarla – Alice miraba a Isaac con los ojos fijos, sin embargo su mente pensaba en lo gracioso que es el ser humano, discutir de una manera tan vulgar ante una situación tan importante era demasiado patético, tanto, que incluso hacía reír. Realmente habían olvidado todo lo que habían sufrido para lograr sobrevivir, como si los cientos de miles de familiares muertos hubieran perecido en vano, solo para que los suyos dieran más importancia a lo material que a su pellejo. Pero si bien esto le producía cierta 52
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA repugnancia por sus conocidos, jamás expondría su punto en circunstancias que pudieran favorecer al extraño visitante. Favorecer a un materialista externo acosta de los propios no hubiera sido lo correcto. Entonces pensó en su hermana, quizá la única persona en todo el pueblo con la suficiente integridad para ser salvada. “Gracioso” pensó. Quizá la humildad y la bondad ocupen un espacio en el cerebro, acosta de la agilidad mental por supuesto. - Esta bien, pagaremos por tus servicios. Yo me hago responsable de ello – dijo Alice, callando al gentío. - Y no me hago responsable de los daños ocasionados – respondió Isaac casi de inmediato. Alice entrecerró los ojos - no me estás ayudando- repuso antes de caminar hacia uno de los camiones estacionados a lo largo de la calle, dejando a todos, salvo a Isaac, con un gesto de exclamación insonoro. El caza dragones asintió con beneplácito y sacando un enorme rifle de su maleta lo abrió de la pate de abajo para insertarle un pesado cargador mientras los habitantes del pueblo avanzaban con velocidad hacia sus hogares para recoger lo necesario y despertar a los pocos residentes de sueño pesado. Los movimientos de la gente eran sumamente precisos y veloces, todo producto de las trágicas experiencias de evacuación que habían sufrido millones de civiles alrededor del mundo durante casi siete años. Carretas, autos e incluso camiones militares se llenaron con gente y de una manera al más puro estilo inglés, con notable sequedad y orden, iniciaron su viaje hacia los centros de resguardo civil. A la cabeza de la fila de vehículos se encontraba un camión de dos y media toneladas bastante bien cuidado, que avanzaba velozmente hacia una hermosa casa más propia de la vieja campiña inglesa que de uno de los nuevos pueblos 53
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— británicosal norte de la India. De manera brusca, el camión se detuvo frente a ella mientras su conductor se bajaba velozmente. - ¡Alice! - gritó uno de los hombres sentados en la parte posterior del camión - ¿A dónde vas? – - ¡Tengo que ir por mi hermana! - respondió Alice sin siquiera voltear. Elizabeth tenía demasiados defectos, pero su hermana jamás pensó que su sueño de piedra pondría sus vidas en peligro, durante el tiempo de la evacuación era, de hecho, reconfortante verla dormir tan plácidamente en las peores condiciones. El sonido del mar, junto al ruido de una vieja barcaza armonizando con la monótona voz del océano, era lo único que se escuchaba y sobre esta, una delicada silueta extendió su hermosa mano al tiempo que una voz, quizá demasiado bella como para ser real, entonaba una canción en un lenguaje de tonos casi angelicales, Elizabeth se encontraba frete a ella, mirando sus alrededores, dándose cuenta que se encontraba de pie sobre un pequeño borde de piedra. La silueta de un vasto bosque a su espalda y el mar frente a ella se mezclaban con una tenue neblina produciendo un paisaje de indescriptible serenidad, pero Elizabeth solo sentía una incomodidad que se iba incrementando entre más se le acercaba aquella bella mano. Elizabeth trató de calmarse lo suficiente para poder ver mejor a quién se le estaba acercando, pero la niebla le impedía ver con claridad cualquier cosa a excepción de un penetrante par de increíbles ojos violeta, cuya mirada atravesaba todo obstáculo hasta ella. El miedo en ella fue creciendo, intentó alejarse, pero entonces notó que su cuerpo no reaccionaba como ella quería. Antes que sucumbiera a la desesperación, aquella mano tocó su mentón de una forma tan suave que le provocó una tranquilidad absoluta, casi de inmediato. La mano se extendió hacia su mejilla izquierda y con un 54
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA suave movimiento descendió hasta su cuello. Ahora, tranquilizada, Elizabeth pudo ver mejor el rostro de tan misteriosa persona y con extraña sorpresa notó que a excepción del color de los ojos, era igual al de ella en todo aspecto posible. Una leve sonrisa se formó en la boca de su extraña gemela al tiempo que cerraba sus ojos y formaba un gesto de notable ternura - me estorbas – le dijo con una pavorosa frialdad al instante que sujetó el cuello de Elizabeth con fuerza, con toda la intención de matarla. Con un rugido seco, Elizabeth se irguió llena de terror. Pensaba en qué demonios había sido todo eso. Ella nunca soñaba o nunca se acordaba de hacerlo, es decir, las personas como ella solo caen cual rocas en una cama, pero ahora había sido diferente y en medio de un mar de lágrimas, tomaba su cabeza entre sus manos, meciéndose levemente en la cama, tratando de encontrar algún alivio para sus nervios al tiempo que se decía una y otra vez que estos eran irracionales. Ella sabía que solo había sido un sueño, increíblemente real, terriblemente real, pero aun así, solo un maldito sueño. Una y otra vez se repetía eso en la cabeza, refugiándose de la pesadilla en un esquema de interminables mantras, sin darse cuenta de lo que acontecía afuera en el pueblo. - ¡Vaga!, ¡despiértate! - gritó Alice al abrir la puerta de su cuarto, pero al verla despierta le ordenó que se levantara y aventándole un abrigo verde obscuro, le pidió que se lo pusiera y que la acompañara hacia el camión de carga enfrente de la casa. En medio de confusión, Elizabeth solo tuvo tiempo de tomar un hermoso pendiente de plata que se encontraba en la cómoda de su cuarto al tiempo que se ponía el abrigo. La emergencia de la situación hacia que todas las peticiones se volvieran órdenes, impidiéndole a Alice siquiera notar la expresión de terror y angustia de su hermana. En menos de un minuto desde que Alice entrara a la casa, ella salía corriendo de la misma, 55
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— jalandoa otra muchacha de la mano y subiéndola consigo. Con esto, el pesado camión continuaba su recorrido. Isaac corría en busca de un buen lugar para disparar sin ser avistado. Había dejado la semioruga cerca de la entrada principal del pueblo, su vehículo era bueno, pero hacia demasiado ruido, más que suficiente como advertir su presencia, lo mejor siempre era ir a pie y disparar a una distancia considerable, esto aumentaba la dificultad del tiro pero también incrementaba la seguridad del tirador. Además, en caso de fallar el primer disparo tendría mayores posibilidades de hacer un segundo o un tercero. Muchos animales se habían despertado por los rugidos, sin embargo su comportamiento seguía siendo tranquilo, signo que aún no había ocurrido ningún ataque, cosa que Isaac tenía muy en mente, pues aquella cosa podría estar en cualquier lado, aunque no estaría escondida por mucho tiempo, ya que si había sido capaz de llegar hasta ahí había sido a causa por el hambre, siendo lo más probable que comiera lo más pronto posible. Por fin encontró un pequeño peñasco al extremo sur del complejo de granjas, detrás de un conjunto de árboles, oculto como lo haría un lobo enorme. Sin perder tiempo se subió a él haciendo el menor ruido posible y una vez arriba sacó una especia de mira telescópica bastante robusta y la colocó sobre el enorme rifle PTRS-41, en cuyo costado se encontraba una inscripción en letras doradas; “Saint George”, fijando además un par de cables a un pequeño bulto al costado del arma, después se recostó en la parte superior del peñasco y apuntó su rifle a la espera de cualquier cosa que pudiera pasarle por enfrente. La expectativa ya no le era ninguna molestia, ya estaba acostumbrado a ella, además había aprendido que entre más tiempo transcurriera antes de la acción más oportunidad tenia para memorizar el terreno en caso que sucediera 56
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA cualquier inconveniente que le obligara a escapar con rapidez. No pasaron siquiera cinco minutos cuando en la lejanía se vio algo demasiado grande como para ser un animal de granja, de hecho como para ser cualquier animal conocido, tenía la altura de una casa y una longitud mayor a la de un vagón de tren, no se movía a una gran velocidad y eso le hizo pensar a Isaac que ese trabajo seria quizá demasiado fácil. Él había sido capaz de matar dragones rojos, en incluso un par de dragones negros, por lo cual estaba orgulloso. Además entre mejor fama tuviera, más seguridad daba a sus clientes y por lo tanto, más podría cobrarles y a decir verdad eso era lo importante. Pasando uno segundos, aquella cosa ya se encontraba lo bastante cerca como para que Isaac lo pudiera distinguir mejor. Su vista era buena, pero no superior a la de todo hombre y ciertamente no era mejor a la de un elfo cualquiera, pero para eso era el extraño dispositivo que había colocado encima de su rifle, se trataba de un sistema infra-rojo ZG 1229, mejor conocido como “Vampir”, creado por los alemanes en 1945 y perfeccionado por los franceses en el 47, justo en medio de la urgencia para igualar a los antiguos en los combates nocturnos. Aquel sistema era un milagro tecnológico, permitía al usuario poder ver en la obscuridad, capacidad que ni los antiguos poseían. Por supuesto que no era perfecto, existía cierta estática en la mira, no se podían distinguir colores y además era un aparato frágil, pero era lo suficientemente funcional como para poder ver claramente su objetivo a la luz de luna y lo que vio le heló la sangre. Dientes más grandes que los de cualquier dragón, un cuerpo demasiado robusto, incluso para algo de ese tamaño, piernas largas parecidas a las de un ave, pero tan gruesas como un par de troncos, brazos diminutos que parecían encogerse aún más en presencia de una enorme cabeza, alargada en su punta pero musculosa entre más se 57
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— acercabaal cuello, semejante a la de un pitbull sacado del mismo infierno. Aquel monstruo era una horrenda mezcla de caracteres de reptil, ave y perro, no parecía como algo que Isaac hubiera matado antes y con el primer vistazo casi pudo sentir que aquello, fuera lo que fuera, parecía superar sus expectativas. Pero las apariencia podían engañar, esa cosa no necesariamente debía ser tan temible como parecía, o por lo menos esto era lo que Isaac se decía a sí mismo, aunque al mismo tiempo casi se maldecía por haber creído que dos trabajos en dos días era el inicio de una racha de buena suerte. Al acercarse más, la presencia del monstruo ocasionó pánico entre los animales, provocando que la enorme bestia rugiera con fuerza al darse cuenta que había sido descubierta. Isaac no lo pensó dos veces y motivado por la presencia de tal sonido, apretó el gatillo. Aquel último rugido había ocurrido demasiado cerca y sin embargo se había detenido casi de inmediato, como si algo, o alguien, hubieran cerrado la boca de la bestia. Alice pensó que el mata dragones había cumplido con su misión, sin embargo no existía una seguridad tal que le hiciera detener el camión y regresar al pueblo. Llegando a un pequeño camino de concreto que terminaba en una entrada de acero a las orillas del pueblo, Alice detuvo el vehículo y con firmeza hizo señas a los conductores detrás de ella y a la gente a bordo de los camiones para que bajaran de inmediato y entraran al refugio. El eco de un tiro cruzó el cielo nocturno antes de ser acompañado por un segundo y luego un tercero, todo seguido por el rugido más terrible que se hubiera escuchado en aquella parte del mundo. Parecía que la bestia no solo no estaba muerta, sino que además estaba realmente encabronada. Sin perder un segundo, Alice tomó a su 58
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA hermana del hombro y la empujó hacia el interior de la puerta de metal firmemente empotrada en una diminuta ladera. Mientras regresaba a su camión a toda velocidad sus vecinos le preguntaron qué sucedía, que a donde se dirigía. - ¡Tengo que ayudar al cazador, el monstruo sigue vivo! - dijo antes de meter la reversa de su vehículo y dando un giro fuerte metió el acelerador a fondo, con dirección a las granjas. Isaac corría como si estuviera escapando del mismo diablo en persona. Nunca pensó que sus disparos terminarían siendo tan inútiles, mientras en su mente se preguntaba cómo era posible que algo así pudiera existir sin que alguien lo hubiera visto antes, es decir, aquel animal no solo resistió los disparos de un arma antitanque, sino que lo había hecho con lo que parecían ser heridas previas. Y ahora, la enorme bestia detrás de él se encontraba meneando bruscamente la cabeza de un lado a otro tratando de sacudirse los ríos de sangre que salían de ella y que le impedían ver con claridad a Isaac. A pesar de esto, la rabia brutal que le invadía le impulsaba igual que el calor a un tren, haciéndole poner un pie delante del otro, impulsando la enorme masa animal hacia el cazador. Por otro lado, la adrenalina que corría a través de las venas de Isaac le daba las energías que necesitaba para llegar a su semioruga y en específico, a un arpón ballenero fijado en la parte posterior de la misma. Pero a solo unos metros de su objetivo, sintió como uno de sus pies lo traicionaba, haciéndolo caer al suelo y a la humillación. Su terror pasó a segundo plano mientras su propia misantropía le orillaba a encontrar las ironías de su propia muerte. Denotando la simpleza y hueca existencia de su vida entera simplemente dio la vuelta hacia el animal, mostrando una extraña sonrisa y una mirada fija en la sangre que brillaba a la luz de luna, como si esta le provocara 59
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— fascinación. – ¡VEN MALDITA MIERDA!, ¡VEN Y TRATA DE MÁTARME! – le gritó con desprecio, esperando que el maldito cerdo capitalista que él era, le provocara vómito a la creatura. Una enorme mandíbula, como la de un perro de pelea, se abrió delante de él y avanzado con rapidez mostraba la obscura muerte dentro. Pero Isaac no cerró sus ojos, no mostró miedo por la muerte, para nada, lo único que mostraba era aquella sonrisa casi como de una alegría maniática y una mirada perdida en el rojo que empapaba el rostro del animal, por un segundo su mente se perdió en una imagen olvidada y se vio a sí mismo frente a un espejo, con la cara y sus manos llenos de sangre y su mirada fija en el reflejo de sus ojos. El rojo de la sangre era ya todo lo que le importaba, quería sentirla, olerla, saborearla, no importaba si al final era la propia. De pronto, de entre los arboles un camión de carga se abalanzó hacia las piernas del monstruo y dando un quiebre brusco de sus llantas, golpeó de costado al enorme animal, haciendo que el camión quedara volcado en el acto, con la bestia encima de él, gimiendo con furia en lo que intentaba levantarse. El mata dragones vio la escena desde el principio, pero solo cuando la bestia cayó al suelo, su mente empezó a trabajar a un ritmo normal, obligándole a volver en sí. Pudiendo ahora apreciar la totalidad del choque, no podía creer lo que estaba viendo, no solo lo habían arrancado de las manos de un muerte segura, sino que alguien había sido lo bastante idiota como para haber destrozado un camión en el proceso, aunque no podía negar que se sentía sorprendido del arrojo de quien hubiera sido el conductor, quizá incluso llegando al respeto, fuera quien fuera debía tener agua helada en las venas, o por lo menos estar alcoholizado hasta las orejas. No paso mucho tiempo para que desde adentro de la cabina del camión destrozado se irguiera una 60
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA figura cubierta de polvo, que en medio de tos y quejas caminó hacia Isaac con torpes trotes. Para Isaac la sorpresa fue más que grande al reconocer la cara de Alice. - Muévete – le dijo Alice al verlo de pie, totalmente quieto y sorprendido – esa cosa no se quedara en el suelo toda la vida – Isaac no pudo evitar sentirse humillado, haber sido salvado por una mujer era quizá el punto más bajo al que había caído desde que empezó con su trabajo de cazador, pero tratando de priorizar las cosas que tenía que hacer, puso su machismo de lado y sin perder tiempo la tomó de la mano y recobrando la postura le dijo – vamos, corre hacia mi chatarra – señalando la dirección con su carrera. - ¿Qué? – respondió Alice en medio de una mezcla de sordera y sorpresa mientras era conducida con jaloneos hacia un vehículo de color verde oscuro, con una especie de signo raro pintado en el costado y con un par de cuernos de toro montados en la parte superior del cofre, como una especie de tributo al mal gusto. Isaac dio un rápido vistazo a sus espaldas y se congeló al ver como la bestia comenzaba a erguirse detrás de ellos, poniendo una pierna delante de la otra con movimientos pesados, lentos pero firmes, irguiendo la cabeza mientras se escuchaba como se iba agitando su respiración, poco a poco abría los parpados, fijando los ojos en los autores de su dolor y del retraso de la satisfacción de su hambre. - ¡Con mil demonios! – exclamó Isaac al parecer dividido entre dos opciones, la de conducir o la de arriesgarse con el arpón, en cualquiera de los dos casos quedaría con posibilidades de perder. Alice notó el dilema de Isaac, viendo como giraba su cabeza hacia una especie de cañón montado en alto en la parte posterior del vehículo y hacia la cabina este. Pero a diferencia de él, ella pudo tomar una decisión rápida. - Tu dispara, yo conduzco – dijo sin vacilar. 61
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— Isaac la miró con sorpresa y le dijo con voz quejumbrosa - ¡Olvídalo perra!, ya vi como manejas y has de estar operada del cerebro si crees que voy a permitir… - -¡Cállate de una vez imbécil y haz lo que te digo! – le interrumpió Alice mientras corría hacia la cabina del pesado vehículo y se subía en ella. Entre maldiciones y lamentos internos, Isaac subió por detrás y tomó el mango del lanzador arpones, en espera de un buen tiro. Ya sabía a qué se enfrentaba y no permitiría perder la ventaja otra vez. - ¡Si realmente quieres conducir!, ¡Hazlo de una maldita vez! - gritó Isaac al ver como la miserable bestia empezaba a correr hacia él. Con el sonido de un poderoso motor, las orugas del aparato comenzaron a moverse con rapidez, produciendo un fuerte empujón en los dos ocupantes. Isaac tenía que admitir que de una u otra manera Alice era una buena conductora, no cualquier persona puede manejar un vehículo militar con aquella maestría y aún menos a la primera. Después de aquel primer arrancón, el vehículo adelantó velozmente a la bestia y el mata dragones pudo por fin obtener un buen respiro. - ¡Ve más despacio, entre más lejos estemos más me costará darle! - gritó Isaac, justo antes de ver como la figura del animal aumentaba de tamaño de forma peligrosa, acercándose cada vez más a la semioruga - ¡VE MÁS RÁPIDO MALDITA, NOS ESTÁ ALCANZANDO! – “Cretino” pensó Alice, pero al ver la demoniaca figura tras ellos tragó saliva y pisó a fondo el acelerador. Un segundo empujón golpeó a los ocupantes, pero al ser más ligero que el primero Isaac pudo apuntar su arma hacia el hocico de la bestia. Quizá se tardó apuntando más tiempo del debido, pero ya no estaba seguro de la potencia necesaria para poder matar al monstruo, así que no quería dejar nada a la fortuna. Trató de mantener la calma, 62
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA esperando el momento justo, pero al entrar en la calle principal del pueblo la bestia tomo fuerza y con un tremendo empuje, impulsó su pesada cabeza hacia adelante, mostrando todo el interior de su boca, Isaac supo que era el momento oportuno y apretando el gatillo con fuerza sintió el culatazo al tiempo que apenas pudo apreciar al arpón saliendo con fuerza del lanzador. Un estallido salió por detrás de la cabeza del animal, haciendo saltar una pequeña lluvia de sangre al momento en que el disparo hizo impacto en el interior de su boca, con esto, la bestia paró en seco, tensando un cable que salía del final del arpón y se sujetaba en la semioruga, forzando a ésta a detenerse también. Mientras trataba de mantener el control del vehículo, Alice pisaba el acelerador a fondo con la esperanza de zafarse de la incómoda unión con el monstruo. Por otro lado, Isaac trataba de mantener su posición, pero las sacudidas de su propio vehículo le impedían, además, ver la situación con precisión. Finalmente, con un fuerte tirón, Isaac cayó al piso de la semioruga y al levantar los ojos pudo ver como la bestia se erguía y chillaba de dolor mientras el arpón penetraba la base de su mandíbula superior. La punta explosiva ya había hecho su trabajo pero increíblemente la creatura seguía viva, aunque ahora ya mostraba signos de extrema debilidad, contoneando su cabeza de lado a lado mientras trataba de mantenerse de pie, pero lo que llamó la atención de Isaac era que por ningún lado se veía la punta del arpón, aquello solo significaba una cosa, que este se encontraba a medio camino entre una cabeza y la superficie. - ¡Mete la reversa! – le gritó Isaac a la conductora. - ¿¡Que!? – respondió Alice en un tono que no se distinguía entre la sordera o el asombro. - ¡QUE TE HECHES PARA ATRÁS MUJER! – 63
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— Quizá fue la tensión, o un sentir honesto de confianza hacia Isaac, pero Alice no tardó siquiera un segundo en poner la reversa y metiendo toda su fuerza en el pie, se lanzó directamente hacia atrás. Hacia la enorme bestia a sus espaldas. Isaac, al ver a la semioruga dirigirse hacia la bestia, tomó su rifle y lo apuntó hacia enfrente, en espera del momento oportuno. Con una gran fuerza el pesado aparato impactaba sobre las piernas de la enorme creatura al momento que Isaac disparaba dos rápidos tiros hacia las rodillas del animal. Y en el momento justo, cuando el vehículo pasaba por sobre una gran mole a medio caer, Isaac saltó hacia los arbustos que se asomaban como temerosos al lado de una casa. Como si todas las energías de su interior le hubieran colapsado de tajo, el monstruoso animal caía bajo el peso de sus terribles heridas. Justo al momento del impacto, el arpón golpeo el suelo y con un sonido semejante al romper de una calabaza, salió por la parte superior de su cabeza, atravesándosela por completa. Los ojos de la bestia se abrieron de manera tal, que se distinguieron las pequeñas pupilas agonizantes, solo segundos después, el cable, aun sujeto tanto al arpón como a la semioruga, jaló a la bestia mientras detenía el retroceso del vehículo. Con un último y lastimero rugido, la cabeza del monstruo fue arrastrada violentamente hacia atrás justo cuando Alice detuvo al blindado. La conductora ahora bajaba de la cabina mientras Isaac se acercaba al animal, por fin, claramente derrotado. Entre llantos como los de un perrito herido, la enorme creatura era bañada en los riachuelos de su propia sangre, que le brotaban de todas partes, especialmente de su cabeza. Alice se acercó a la bestia, poniendo atención en sus ojos lastimeros, sintiendo cierta pena por la creatura. Ella se dio cuenta que aquella cosa era simplemente un animal y solo eso, por supuesto que era en verdad horrible, pero no había forma que se le pudiera clasificar como culpable de sus actos, al menos no del mismo modo en que 64
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA se juzga a los hombres, al final no era otra cosa, sino un lobo, o un tigre gigantesco. Mataba, vivía de matar, pero el hambre era una razón muy diferente a las que utilizaban los antiguos o los hombres para justificar las matanzas que en esos momentos se llevaban a cabo. Pero al mismo tiempo, ella también sabía que si bien inocente de su propia naturaleza, algo de ese tamaño era realmente una amenaza para cualquier poblado. Por otro lado, empezaba a sentir algo de respeto y admiración por el hombre que ahora se acercaba a la bestia para dar el tiro de gracia, pero no hacia su persona, para nada, sino más bien hacia el trabajo que había realizado. Tenía que admitirlo, el cazador había puesto a prueba su fama y de una u otra manera la había confirmado. - Tengo que decir que estuvo bien – dijo Alice con calma. - Si te soy honesto, no puedo decir que haya tenido trabajos peores – respondió Isaac mientras recargaba su rifle - ¿y tú qué?, ¿dónde aprendiste a conducir así? – le preguntó. - Manejo camiones de carga. A veces llevo suministros y municiones a las líneas de defensa que se encuentran al norte, era eso o ser remachadora. Es por la demanda de hombres en el frente, ahora no es nada raro que las mujeres hagamos trabajos de ese tipo – Isaac solo la vio a los ojos antes de bajar la cabeza y sentarse a un lado del inmenso cadáver. Sin hacer nada más, puso sus manos detrás de su cabeza y estirándose dijo con ironía – todo sea por la gloria de Inglaterra ¿verdad? Dios salve a la reina, ¿no? – Pero sin decirle cualquier cosa, Alice se limitó a volver a la semioruga. - ¿A dónde crees que vas? – preguntó Isaac con seriedad, sin siquiera voltear a ver a Alice. - Solo voy por los demás, vuelvo en un momento. No te preocupes por tus cosas, 65
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— nopienso robármelas – respondió Alice en el mismo tono. Después que la semioruga desapareciera en la obscuridad, Isaac se quitó los goggles y los guardó en su bolsillo mientras observaba con más detalle al animal muerto a sus espaldas, levantó el puño derecho y le dio un golpe cerca de la cabeza, dándose cuenta de la dureza del cráneo del animal, “con razón” pensó de inmediato. A lo largo de los años había aprendido bastante sobre los animales y monstruos a los que mataba por dinero, incluso cosas apenas conocidas o estudiadas por los biólogos y paleontólogos supuestamente motivados por la búsqueda de conocimiento sobre la nueva gama de especies del continente antiguo, como por ejemplo, que los dragones a pesar de su fama de poseer cuerpos duros como el acero y a pesar de su aspecto sólido, en realidad poseían en la mayoría de los casos, un cuerpo de complexión compacta y de solo presentar una coraza similar a la de los cocodrilos y ésta, ubicada únicamente en la parte superior del animal, además de tener huesos huecos, muy similares a los de las aves, esto, suponía Isaac, para facilitar el vuelo del animal, aunque los dragones terrestres también presentaban dicha estructura ósea. Por otro lado, todos los tipos de dragones que conocía, tenían cráneos que presentaban una configuración muy liviana, con los dientes muy reducidos y casi fusionados al cráneo, esto porque según el cazador, al tener la habilidad de cocinar la carne de sus presas podían masticarla, tragarla y digerirla con mayor facilidad, quitándose la necesidad de tener complejos sistemas digestivos que aumentarían, aunque fuera un poco, su peso. Pero el animal que acababa de matar era totalmente diferente, en primera sus huesos eran increíblemente macizos, casi tan duros como una piedra, eso explicaba porque un arpón ballenero de punta explosiva no había logrado penetrarle el cráneo por completo, cuando al de a un dragón lo hubiera hecho pedazos, además era obvio que se trataba de una creatura terrestre y por lo tanto la pérdida de peso tal vez le era 66
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA menos importante que para un animal volador, pero cuando empezó a fijarse más en los detalles que tenía cerca, observo la enorme cantidad de heridas y cicatrices que portaba el animal, pero de entre todas ellas, unas en especial le llamaron la atención, parecían ser una serie de quemaduras en el hocico de la bestia, alineadas de manera bastante peculiar, casi como si alguien las hubiera hecho con un soplete, pero en este punto, sentía como la tensión acumulada por la cacería no desparecía con la suficiente rapidez como para dejarle pensar de una forma relajada, así que mientras empezaba con un par de ejercicios de respiración, sacaba una pequeña licorera plateada de su bolsillo, dándole un par de tragos al contenido mientras veía hacia donde se había dirigido Alice. - Idiotas – dijo mientras pensaba en los lugareños que vendrían en poco tiempo, los cuales por cierto deberían entregarle su dinero. … El refugio era sombrío y algo pequeño para el grueso de las personas ahí reunidas, las capas de lámina de hierro puestas entre capas de hormigón y alambres, daban al lugar no solo una estructura de paredes gruesas y complexión maciza, sino además una buena protección contra la magia, pero sobre todo eso, su mejor cualidad era que poseía la característica de hacer aterrizar a las personas a la realidad. En un lugar de esa naturaleza era muy difícil fantasear. Y así estaba Elizabeth, volviendo completamente en sí, recobrando poco a poco la noción de lo que estaba ocurriendo a su alrededor, arrinconada, sentada en el suelo, abrazando sus piernas y ocultando la mitad de la cara detrás de sus rodillas mientras una línea de lágrimas secas pintaba brillo en su cara, desde sus ojos hasta su cuello. Se preguntaba del porqué de la ausencia de su hermana, 67
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— nodebería de haberla abandonado, pero lo hizo. Si bien ya se había acostumbrado hasta cierto punto a estar en lugares similares después de meses de reubicaciones y huidas rápidas, ahora sentía una especie de depresión al verse sola, sin la compañía que siempre había estado a su lado en todas esas ocasiones. Casi todo el resto del mundo le era indiferente, pero lo que tenía que ver con Alice era distinto, ella era la única persona cuyas críticas o halagos realmente le importaban, pues después de todo, parecía que se le había desarrollo algún tipo de dependencia, ahora, solo al lado de Alice podía sentirse segura. Movía sus ojos de un lado a otro, tratando de encontrarla, pero por más que buscaba no la veía por ningún lado, como si solo la hubiera dejado allí, sentada, olvidada, sin otra cosa que hacer más que el estar pendiente de su regreso, una parte de su cerebro trataba de calmarla diciéndole que no se preocupara, que Alice regresaría pronto para juntas volver de nuevo a la casa. - ¿Por qué tan sorprendida?, ¿acaso no sabes que a nadie le importas? – le decía una voz en su interior, una voz muy distinta a la suya y a la vez demasiado propia. Elizabeth quería evitarlo, pero de alguna manera, aquellas palabras volvían y se repetían en su cabeza de manera constante, deprimiéndola una y otra vez al tiempo que trataba de pensar en cualquier otra cosa, pero al darse cuenta que la inactividad solo le facilitaba a aquellas voces el provocarle tristeza, decidió levantarse y caminar. - ¿Alice aún no ha regresado? – preguntó un hombre casi en el otro extremo del refugio, haciendo que Elizabeth corriera hacia él para escuchar mejor cualquier cosa que dijeran sobre su hermana. - ¿A dónde fue mi hermana? – preguntó Elizabeth al llegar con quien había hecho la primera pregunta. No hubo sorpresa en la ignorancia de la joven, su fama le precedía, pero tampoco hubo respuesta, quizá por el miedo de expresar la propia ignorancia. Desde atrás, una 68
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA cálida mano tocó el hombro de Elizabeth haciéndola voltear hacia un caballero vestido con una bata color vino y de aspecto fino, quién la miraba fijamente. A través de sus bigotes se denotaba una sonrisa sincera y en sus cansados ojos se podía ver la aquella ternura que solo proviene de los abuelos. Elizabeth tardó solo un instante en reconocerlo, era el viejo a quien le había preguntado la hora cuando apenas estaba anocheciendo. - Parece pequeña, que tu hermana es la persona más valiente en todo el pueblo – le dijo con calma al tiempo que elevaba un poco la voz para que todos lo escucharan - no te preocupes, estoy seguro que volverá pronto – continuó. Elizabeth se tranquilizó por aquellas palabras y con una dulce sonrisa dio las gracias. Un par de jóvenes, motivados tal vez por la culpa expuesta, se levantaron con todas las ganas de salir y hacer algo. Pero al abrir la puerta del refugio se encontraron con la imagen de un blindado ligero avanzando hacia ellos, seguido por la impresión de ver a Alice bajar del mismo. Por su parte, ella solo se dignó a verlos sin expresar gusto o sorpresa alguna y con toda la clama del mundo procedió a entrar al refugio. Una vez dentro, caminó directo hacia un pequeño peldaño al fondo y con una voz fuerte dio a conocer que el pueblo era seguro. - Al parecer, si era un cazador de dragones después de todo – dijo a la mujer que se encontraba sentada delante de ella, la misma que hace un par de horas había expresado sus dudas sobre la identidad de Isaac y sin más que decir bajó del peldaño y dio una exhalación de alivio, justo antes de volverse a subir al escalón, ahora con una expresión llena de angustia, girando la cabeza en todas direcciones, buscando la figura de su hermana. - ¿A quién buscas? – le preguntó Elizabeth mientras se le acercaba por detrás, 69
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— llamandola atención de Alice, quién llena de gusto dio la vuelta para encontrase cara a cara con hermana. Sus ojos se llenaron de lágrimas, pero su semblante y su voz permanecieron serios cuando se le acercó y le dijo lo preocupada que estaba y tras un segundo de mirarse, las dos simplemente se abrazaron. Con gestos alegres, la multitud salía a través de la puerta del refugio, subiéndose a los vehículos, listos para volver a sus casas. La salida del sol aún se encontraba lejos cuando las dos hermanas salieron juntas del refugio. Elizabeth empezaba a recobrar su habitual estado de alegría sin bulla, pero al mismo tiempo empezó a recordar la angustia que había sufrido al despertar, las imágenes de pesadilla volvieron a su mente en apariciones rápidas, primero el mar, luego el bosque, después la figura sobre la barcaza y al final, aquellos ojos violeta, fijos en ella, clavados en ella, como intentando penetrarle el alma. La respiración de Elizabeth se agitaba más y más, pero no lo suficiente como para llamar la atención, lentamente se llevó la mano al cuello, acariciándolo suavemente con sus dedos, de la misma forma en que lo había hecho aquella mano en su sueño, casi sintiendo una vez más su calidez y su ternura, las mismas que fueron reemplazadas por una horrible sensación de frio y terror cuando pareció convertirse en una garra, aferrando sus uñas a la carne, tratando de estrangularla. El recuerdo se estaba empezando a volver demasiado real, al punto que sentía como le estaba faltando la respiración, giró la cabeza bruscamente hacia Alice, pero cuando vio la sonrisa que ésta le presentaba empezó a calmarse, viendo como las imágenes en su cabeza perdían su fuerza, quedando ahora solo como malestares que parecían pequeños ante la incomodidad que sentía su cuerpo por la falta de sueño. Al principio quiso contarle a Alice sobre ellas, pero decidió que sería mejor guardárselas por un tiempo, al menos hasta que todo recobrara su curso normal, o hasta que las mismas ya no le produjeran semejante 70
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA tensión. En cualquier caso, pensó ella, solo ocupaba una buena taza de té para relajarse por completo. Una caravana de camiones y otros vehículos se acercaba tranquilamente al pueblo, donde todo parecía estar tranquilo y con las casas y demás edificios totalmente intactos, muchos habitantes sintieron que habían hecho el ridículo al salir del pueblo ya que evidentemente no nada malo había ocurrido allí. Pero esta primera impresión cambió repentinamente al ir avanzando y encontrarse al horrendo animal muerto, tirado al costado del camino. Quienes vieron al cadáver se sintieron más que aliviados de saber que habían optado por la decisión correcta. Al ver la gran cantidad de transportes que regresaban al pueblo, moviéndose por el camino igual que una gigantesca serpiente, Isaac se levantó, mostrándose no solo digno, sino victorioso, con una macabra sonrisa de éxito recorriendo su boca de lado a lado y levantando uno de sus pies, lo puso sobre la cabeza de la bestia muerta al tiempo que sujetaba su inmenso rifle, parecía que la pose de Isaac era más por reflejo o costumbre que por llamar la atención, aunque esto último también podía ser el motivo principal ya que la fama le atraía trabajo, sin embargo aquella postura, que en cualquier otra circunstancia pudiera haber sido fácilmente descrita como ridícula, ahora era digna de una fotografía y de hecho no paso mucho tiempo para que el viejo tabernero apareciera con una cámara y tomara un par de fotos, capturando lo que tal vez sería recordado en todo el pueblo como una “victoria en el frente casero”. - ¡Usted realmente es Dreadnought! – le dijo el hombre al bajar la cámara. Otro caballero se acercó al cazador y extendiéndole la mano se presentó como el alcalde de New Exeter, tras lo cual le dio un enorme abrazo. Isaac no pudo disimular el asco, que por suerte no fue percibido por los presentes, mientras un par de personas también le abrazaban, algunas más salieron de sus casas con cámaras y otra más salió 71
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— paradarle una botella de vino al cazador y darle una sarta de agradecimientos en francés. Todo aquello no era raro, la combinación de odio y miedo que había producido la guerra se equilibraba con las exageraciones que producía cualquier sentimiento de triunfo o venganza hacia el maldito Ávalon. Una semioruga se acercaba serenamente, deteniendo su paso ligero al llegar junto a Isaac. Alice bajaba con calma mientras Elizabeth se apresuraba para ver a la creatura muerta, buscando alguna vara con la cual pudiera picarle. Isaac se movió rápidamente hacia Alice y con un leve movimiento se posicionó entre ésta y su vehículo y Alice, retirándose pacíficamente, sonrió al pensar en lo infantil que podía ser la actitud del cazador. - Hice el trabajo – dijo Isaac señalando el cadáver – así que quiero mi dinero tal y como se acordó - continuó al tiempo que ahora extendía su palma hacia la multitud. La actitud de toda la gente cambió un poco, si bien no mostraron un gesto de enojo o incomodidad, este definitivamente ya no era de alegría, todos a excepción del tabernero, quién por su parte le pidió a Isaac que se quedara un tiempo más, por lo menos en lo que le preparaba una pequeña celebración en su pub, con cerveza gratis para él por supuesto. Isaac, con una amabilidad mecánica, respondió al hombre que esto no podía ser, ya que no acostumbraba a quedarse donde había realizado un trabajo, aunque en realidad lo hacía como un medio para evitar reclamaciones indeseables por propiedad destruida. Pasando unos minutos de silencio, el alcalde del pueblo se acercó a Isaac con un maletín de piel y el rostro de Isaac mostró una sonrisa de satisfacción casi de inmediato, su dinero no solo estaba listo, sino que además le era entregado en una maravillosa presentación y con la ausencia de quejas, esto daba como resultado que Isaac empezara a creer que era el mejor de sus trabajos. Dando una mirada de reojo al 72
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA cielo pensó en agradecerle, por primera vez en su vida, al mismo Dios en persona al tiempo que se reía de cualquier concepto de equilibrio universal. Todo había salido más que bien, dinero y tranquilidad, sumado a la oferta de conseguir un par de cervezas gratis. Pero las buenas ironías de la vida siempre ocupan ser precedidas de un poco de suerte para surtir el efecto desmoralizante que tanto las caracteriza. - ¡Espera un momento cazador! - le dijo enérgicamente Alice – te recuerdo que tú no hiciste el trabajo solo – Por un momento los ojos de Isaac se abrieron con espanto, solo para centrase de inmediato en Alice con notable rencor – ¿cómo? – preguntó con voz áspera. - ¿Tú qué crees?, lo acordado fue que se te darían 30,000 libras por matar a esa cosa, pero yo te ayude, además mi camión salió dañado cuando te salve la vida, así que creo que soy más que merecedora de recibir la mitad de la paga – - ¡Dije desde el principio que no iba a ser responsable de daños colaterales! – refutó Isaac con una voz que se volvía en exceso agresiva, podía sentir como la ira se le iba acumulando en su interior su cuello y en como todo su cuerpo se tensaba, pero no era consciente de como su mano derecha se movía con una extraña lentitud hacia atrás, pero justo cuando sus dedos empezaban a enrollarse en el mango de una bayoneta que guardaba en su espalda, sintió como el alcalde se le acercaba por detrás, ansioso de escuchar la respuesta de Alice mientras abrazaba con fuerza al maletín, indeciso de qué hacer con él. - Nadie te esta cobrado el camión, idiota – respondió Alice con una sonrisilla maliciosa mientras la gente cerca de ella se sorprendía de escucharla hablar de esa manera – lo que te estoy diciendo es que mi ayuda fue tan valiosa como la tuya, a la bestia la matamos los dos, por lo que merezco una parte proporcional del pago – La mano de Isaac se seguía tensando y deslizándose por el mango de la bayoneta, 73
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— apretándolacada vez más con más fuerza, pero antes de sacarla de su funda, el cazador sintió el temblor de sus brazos, lo que le hizo recuperar la conciencia de sí, al menos lo suficiente como darse cuenta de lo que estaba haciendo, de inmediato trató de relajarse, viendo como sus manos seguían temblando por la ira, la cual poco a poco comenzó a ceder ante el miedo. Con mucho cuidado alejó la mano de la espalda y alargándola hacia Alice la señaló con furia mientras exclamaba - ¡si no hubiera sido por mi esa cosa seguiría viva! - - Y si no hubiera sido por mí, tú ya estarías muerto. Acaso vas a hacer un escándalo de esto, ¿o es que el famoso Dreadnought no pose el valor suficiente para aceptar que necesitó de la ayuda de una hermosa señorita? – indicó Alice de manera rápida y tranquila, sin notar siquiera como el rostro y la voz de Isaac se volvían tensas, casi iracundas. “Hermosa la tu puta madre” pensaba él. - Creo que la señorita Harker tiene razón – dijo el alcalde a Isaac. - Cállate imbécil - respondió Isaac con un tono muy bajo, como si estuviera hablando consigo mismo. Hacia lo mejor que podía, pero la constante avalancha de voces le irritaba. Bajó las manos y apretó los puños, fijando su mirada en cualquier cosa que no fueran los rostros de las personas e intentó mantener una postura calmada, pero Elizabeth, que había dejado de jugar con el cadáver y ahora se encontraba de pie junto a la multitud, notó como boca del cazador se torcía ligeramente y el parpado inferior de su ojo izquierdo brincaba erráticamente casi al ritmo del temblor de sus manos. Quizá la falta de luz le impedía a los demás ver lo mismo, Elizabeth creyó ser la única, pero al ver a su alrededor vio como el tabernero también fijaba sus ojos en la cara del cazador, mostrándose nervioso, como si algo malo estuviera sucediendo y sin 74
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA perder un segundo más dio un paso largo y se puso delante de Isaac - ¡compañeros, esto no nos está llevando a ningún lado!, así que ¿por qué no continuamos con lo que dejamos pendiente y volvemos a la cantina? – Por supuesto que el comentario del hombre era recibido con desdén, por decir algo, algunos lo vieron como un comentario totalmente fuera de lugar, aunque otros parecieron recibir la propuesta con bastantes ánimos. Sin embargo, al tabernero eso le importaba un bledo, él solo aprovechó el momento de sorpresa para darse la vuelta y tomar a Isaac por los hombros – ¡muchacho cálmate! – le dijo en voz baja - ¡el dinero no es más importante que tu salud! – Isaac lo miró con detenimiento, poniéndose claramente más tranquilo, pero rápidamente se quitó las manos del tabernero de encima, lo cual pareció no molestarle al hombre y dándose vuelta, abrió la puerta de su vehículo, pero en lugar de subirse, alargó la mano izquierda, arrojó su rifle al interior y volteando después hacia la multitud asintió. Alice asintió también, en señal de aceptación y sin añadir cualquier otra cosa, caminó hacia su hermana, la tomó del brazo con suavidad y se la llevó en dirección a su casa, Elizabeth solo volteó un segundo, centrando su vista en el cazador, nerviosa por lo que había visto, sintiendo además, curiosidad por aquel extraño hombre, quieto, de pie, silencioso, totalmente contrastante al ambiente que lo rodeaba, como si fuera un elemento extraño en una pintura ajena. Isaac tomó un poco de aire y dirigiéndose al tabernero bajó los hombros y le dijo con voz derrotista – creo que si me quedare un rato más - a lo que el ancho señor respondió con una amplia sonrisa. 75
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— III LA NUEVA PRESA Continuaba la noche siguiente y en la taberna, las sillas empezaban a escasear y los tarros sucios empezaban a amontonarse y en medio de la barra, el joven cazador se encontraba con un tarro en la mano y una sensación de deja vú en la cabeza. “Malditos ebrios” pensaba para sus adentros mientras levantaba su cerveza y le daba un enorme trago seguido de un ruidoso eructo que era silenciado por el océano de voces y risas al interior del lugar, mientras todo hombre, mujer o niño que se le acercaba, era ahuyentado por su extrañamente pasiva y diabólica mirada, por lo que era de esperarse su eterna soledad. Pero a pesar de esto, la cerveza estaba surtiendo su efecto e Isaac ahora ya se encontraba más tranquilo, casi sereno, pero aún sentía como si vida fuera un mal intento de novela, del cual quería matar al autor. El tabernero, quién terminaba de servir una ronda más a un grupo de feligreses, aprovechó el breve momento de descanso para acercarse al cazador - ¿Cuánto tiempo estuviste en el frente hijo? - le preguntó, pero al no recibir respuesta insistió - huiste del ejercito ¿verdad muchacho? – Isaac siguió sin responderle, es más, ni siquiera se dignó a devolverle la mirada. - Puedes decírmelo, no andaré con el chisme. ¿Sabes?, cuando era joven deserté una vez – insistió el tabernero, tratando de sacarle al menos un par de palabras a Isaac. - Bien hecho, solo un imbécil pelea por alguien más que no sea él mismo – respondió Isaac al fin. - Dime hijo ¿hace cuánto tiempo que te saliste? – Isaac lo miró al fin, esbozando una mirada burlona y le dijo – te equivocas viejo, jamás he estado en servicio – 76
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA El tabernero asintió, pero al mismo tiempo se mostraba intrigado. Tal vez el muchacho mentía, si lo hacía tendría sus razones, eso podía entenderlo, pero el comportamiento que el cazador había mostrado durante la discusión, era muy común entre los hombres que habían resultado traumatizados en la guerra, muchos incluso terminaban suicidándose, esto por supuesto era escondido del conocimiento público por el ministerio de propaganda, pero un viejo soldado como él reconocía aquellas cicatrices que solo quedan en la mente de los hombres, como daños que permanecen grabados de forma permanente en el alma, mutilándola para siempre, cambiando la manera en se vive y se ve el mundo. Pero, ¿y si no?, que tal si el joven en la barra decía la verdad y jamás hubiera estado en combate, en ese caso, cuáles serían las razones de tal comportamiento, “tal vez la guerra no era la única forma de marcar tan profundamente a un hombre” pensó el tabernero antes de mirarlo una vez más y darse la vuelta para seguir satisfaciendo la demanda de tragos. Isaac continuaba bebiendo, aislado de todo contacto humano, cuando de entre la multitud una delicada figura de cabellos dorados se le acercó y para su propia sorpresa, se sentó a su lado. Isaac volteó con la mirada habitual, pero en lugar de ver la también habitual huida, lo que recibió fue una sonrisa de amabilidad y una exclamación de admiración. - ¡¿Tu eress el cazzador de ddragones?! - le preguntó la joven, esbozando un cierto acento de ebriedad. - Si – respondió Isaac con el mismo tono con el que se dicen maldiciones, con la esperanza de alejar a la molesta compañía. - ¡Guau!, eress grand…ioso. Es decir, yo nunca prodia hacer algo tan genial… es decir, una vezz intente matar a unaraña, pero me ssaltó a la cara. Y otro día, golpie a un shivo en la cara, y ezte me empezó a perseguir… – la chica hizo una leve pausa y 77
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— luegocontinuó – pero me alcanzzó – En medio una inaguantable carcajada, Isaac se quedó asombrado, poca gente le había dado tanta gracia como aquella joven, en realidad ya había conocido a un sin fin de idiotas pero la mayoría de ellos carecía de aquella gracia natural, en su lugar mostraban más bien una especie de idiotez forzada, algo así como el producto de una desinformación institucionalizada, casi como un diploma de bestialidad por parte de una buena universidad - ¿cómo te llamas? – le preguntó entre risas. - Me shamo Elizzabeth – respondió la joven con un gesto tan bellamente dulce que hizo que Isaac se abochornara un poco – a mí me gustaría ser tan fuerte como tú, para poder cazar monstruos y balear a medio mundo, así hubiera podido haber ayudado a mi padre – continuó con un tono de tristeza. Isaac sintió cierta afinidad por su nueva compañía, misma no se permitiría mostrarla, pues creía que andar enseñando emociones era el tipo de cosas que solo las mujeres o los maricas hacían, sin embargo no pudo notar como su voz y su semblante se tornaban más tranquilos, casi amistosos al lado de Elizabeth. - ¿Qué le pasó a tu padre? – preguntó. - Murió por los ataques sobre Inglaterra, buenos, no por ellos, no directamente, sino que se quedó cansado y luego murió en un barco, mientras huíamos. Es como si alguna parte de él se hubiera muerto en las islas y al viajar, lo hubiera hecho con medio cuerpo. Lo único que me quedó de él fue este colguije de plata. Era de mi madre – decía mientras tomaba un pequeño objeto brillante con mucho cariño. - Parece valioso – señaló Isaac antes de tomar otro trago de su cerveza. - Si, mi papá se lo regaló con mucho cariño – respondió Elizabeth antes de bajar la cabeza y quedarse en silencio mientras Isaac bajaba el tarro, pensando en que aquella era una respuesta a una pregunta que nadie había hecho. 78
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA Las puertas de la taberna se abrieron y entre aplausos y gritos de felicitación, Alice avanzaba entre la concurrencia. Ella hubiera querido ir a los cuarteles de la guardia local para averiguar el motivo de su ausencia, pero con su camión destrozado y con la presencia de varios voluntarios que amablemente se ofrecieron para hacerse cargo del cometido, ella decidió que ya había tenido demasiada acción para un día, por lo que era merecedora de un buen descanso. Uno de los presentes le pasó un gran tarro con cerveza mientras colgaba su abrigo, pero ella lo rechazó amablemente. En ese momento todos recordaron que Alice no bebía, ni siquiera ante la insistencia de todo el pueblo, pero ante un ambiente tan jovial decidió pedir un café para unirse al brindis, tras lo cual se acercó a Isaac. - ¿Y? – Isaac le preguntó apenas avanzaba hacia él. - Y qué ¿Qué? – - ¿Qué harás con mi dinero? – reiteró el caza dragones con cierta energía. - Reparar mi camión y el resto se lo devuelvo al pueblo – contestó Alice con calma antes de darle un sorbo a su café – es mi dinero y hago con él lo que quiero - - Vaya, estoy ante una verdadera altruista, entregas tu dinero al pueblo y tu tiempo a Inglaterra. Hubiera jurado por un momento que eras más inteligente, por lo menos más que el resto de estos pendejos con los que compartes el aire – Alice no respondió nada, ni siquiera se inmutó ante lo dicho, así que Isaac no pudo determinar si su silencio era por enojo o porque ella simplemente no daba importancia a lo que él decía. Isaac agachó la cabeza y arremedó a Alice antes de terminarse su cerveza, mirándola fijamente mientras empinaba el tarro, pero sin sentir aquellas ansias que había sentido hace rato. Paradójicamente, le era más fácil controlarse cuando se encontraba bajo los efectos del alcohol, quizá por eso procuraba tomarlo con regularidad. 79
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— Alice, sin moverse de su lugar, terminó su café y pidió un segundo - ¿y tú, que vas a hacer ahora?, si me ayudas a reparar el camión te devuelvo parte del dinero, sé que lo quieres, así que no me vayas a decir que la mecánica no es lo tuyo – Isaac no contestó y Alice intuyó que su negativa correspondía a una venganza de proporciones patéticas, así que sin decir nada más se retiró de la barra y se dirigió hacia un grupo de hombres que jugaban dados. El cazador por su parte, había logrado controlar su tensión ante ella, así que en una especie de minúscula celebración dio otro trago a su cerveza, disfrutando su sabor. Al bajar el tarro volteó a su derecha y vio a la muchacha de cabellos rubios con la cabeza todavía agachada, aún en silencio. Intrigado se le acercó un poco, notando de inmediato como un leve sonidillo brotaba de ella con un ritmo curioso. Al arrimarse un poco más pudo escuchar claramente, a pesar del ruido del lugar, unos leves ronquidos. La joven se había quedado dormida. Isaac sonrió levemente, pensando como aquella muchacha era como una especie de comedia ambulante, todo lo que hacía poseía gracia y lo mejor del asunto era que parecía no importarle, de hecho actuaba totalmente libre, como si lo que dijeran o pensaran los demás le valiera pura basura. - Chica rara – le dijo al tocarle el hombro, moviéndola ligeramente - ¡Ilse! – continuó con un tono más fuerte al ver que la muchacha no despertaba. Pero al ir aumentando la fuerza del movimiento, Elizabeth abrió los ojos y con un movimiento brusco levantó la cabeza, girándola hacia todas direcciones, como si buscara algo, pero al voltear hacia Isaac le sonrió y le saludó antes de volver a agachar la cabeza. Isaac, molesto consigo mismo por el fallido intento, repitió el procedimiento anterior, logrando que Elizabeth despertara de manera muy similar, pero antes que se pudiera dormir de nuevo la giró hacia él, la tomó por los hombros y le pidió que se fuera a dormir a su casa. Elizabeth pareció escucharle con atención, con su perpetua 80
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA sonrisa movió la cabeza en signo de aceptación y levantándose entre tumbos caminó hacia la puerta. Isaac no le despegaba sus ojos, ya que una parte de él realmente deseaba que llegara con bien a su casa, así que cuando ella desapareció de su campo visual, Isaac pudo regresar la mirada hacia el frente de la barra, solo para escuchar un golpe en la ventana del bar y ver, a través de un espejo, la silueta de una joven inmóvil, recargada en el vidrio. Con cierta expectativa de lo que habría de encontrar, Isaac salió de la taberna para confirmar sus sospechas; Elizabeth era quien, dormida, había golpeado la ventana. El cazador se acercó a la bella durmiente, moviendo la cabeza en signo de negación y con un suave movimiento la despertó al tiempo que la recargaba sobre sus hombros. - ¿Dónde está tu casa? – le preguntó con suavidad. Ella, sin alzar la cabeza, respondió levantando la mano hacia el frente y con esto, ambos empezaron una caminata que duraría un rato, mientras Isaac sostenía a Elizabeth y Elizabeth era despertada de vez en cuando para señalarle el camino. Al llegar a una hermosa casa al lado del camino, Elizabeth indicó que esa era su destino, por lo que procedieron a entrar, después de que con movimientos lentos y algo torpes la muchacha pudiera abrir una puerta de madera decorada con bellos arreglos. El interior de la casa era bastante elegante, no por la fineza de los arreglos, sino por la dedicación con la que habían puesto las cosas en su lugar. Todo estaba en orden, limpio y arreglado. Al subir por la escalera Isaac notó un conjunto de fotografías, una de ellas mostrando a un caballero vestido de explorador delante de las pirámides de Egipto, en otra, el mismo hombre acompañado de una hermosa mujer y en las últimas una imagen familiar, donde si bien la mujer faltaba, se añadían dos niñas, una de las cuales poseía un parecido extraordinario con Elizabeth, lo cual no era ninguna sorpresa, la otra niña sin embargo, le produjo a Isaac una extraña sensación de 81
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— repulsión,que no pudo describir al momento, aun así, el retrato de lo que evidentemente era un familia feliz le hizo recordar a su propio padre, aquel hombre tosco y sombrío, tan carente de emociones y amor. Intentó centrarse en cualquier recuerdo feliz, pero solo pudo recordar a aquella figura hablando sobre un montón de tonterías, sobre las cuales él no entendía nada, sobre el futuro de Europa y de cómo al igual que su familia había librado al cristianismo del yugo otomano hace cientos de años, aquel austríaco pudo haber librado Alemania del jugo rojo. “Pobre loco” pensaba Isaac sobre su padre, perdido en discursos y libros de revoluciones que nunca llegaron, al final, el hombre jamás había hecho algo productivo en toda su vida, había terminado escapando de Alemania, llevándose a su hijo y arriesgando la vida de su esposa enferma mientras intentaba proteger la propia, para al final, acabar perdiéndola en medio de la podredumbre y la pestilencia. Ahora, Isaac pensaba en como aquella actitud de su padre había culminado en la condena de su hijo a una infancia rastrera en medio de un agujero de mierda. Aunque tal vez aquella vida era la razón por la cual él había logrado sobrevivir tanto tiempo solo, quizá, si el padre de Ilse la hubiera tratado de la misma manera, ella hubiera sido capaz de ser alguien más responsable, o por lo menos, más autosuficiente. Pero no, lo que él tuvo que vivir no era algo que se deseara al resto de las personas, al menos no ha alguien como ella. Con un último despertar Elizabeth señaló una habitación como la suya y procediendo a entrar, Isaac la depositó boca arriba en lo que suponía debía ser su cama, después de esto dio la vuelta y miró con más detalle el lugar, viendo como éste contrarrestaba enormemente con el resto de casa, estaba desordenado, como si un pequeño huracán hubiera entrado y hubiera dejado todo patas arriba. Un enorme cartel de guerra se encontraba en la pared frente a él, al lado de un mapa que indicaba los movimientos de las tropas aliadas en el año, junto a estos, un bello librero de madera 82
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA contenía un notable colección de libros y revista, algunos de ellos, principalmente los libros, en muy estado, “quizá por la usencia de uso” pensó Isaac viendo la diferencia con un conjunto de historietas estadounidenses, principalmente del General América y del Súper Soldado, todas en un estado de desgaste bastante notorio. Todo alrededor parecía dar cuenta de la extraña personalidad de su nueva amiga. Un solitario ronquido quebró el silencio e Isaac pensó que sería mejor que se quedara un rato en aquel lugar, para evitar que a la chica le pasara algo, ya que la ebriedad trae consigo una serie de posibilidades extrañas. Isaac esperó un rato, pero ante la quietud, decidió tomarse un momento para recargar energías, bajó las escaleras y al entrar a la cocina tomó un vaso de la alacena y se dispuso a abrir el refrigerador para servirse cualquier cosa que le pudiera refrescar. Al recibir el ligero aire frio en la cara se dio cuenta que aquella casa estaba muy bien equipada, más bien no solo la casa sino el pueblo entero, luz, radios, refrigeradores, todo en conjunto daban la apariencia de un poblado en muy buen estado de desarrollo, tanto, que de no ser por el clima, hubiera pensado que se encontraba en las islas. “En menos de siete años” pensaba mientras subía de nuevo. New Exeter no era más viejo que los demás pueblos llenos de refugiados y sin embargo había alcanzado mejor desarrollo en el mismo tiempo, al menos, más que las demás villas en las que había estado, quizá por eso la gente era más celosa de sus pertenecías. Al llegar arriba, entró con calma al cuarto de Elizabeth, se acercó al librero para buscar algo bueno que leer y encontrando un pequeño almanaque, lo tomó junto con una silla, para luego salir de la habitación y sentarse junto a la puerta y ponerse a leer. Ya eran casi las doce de la noche cuando un camión paró en frente de la taberna, donde adentro, Alice había juntado alrededor de cien libras en los dardos y para ella ya 83
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— eramás que suficiente, no era el dinero el incentivo, sino el mantener su buena puntería, ya había tenido que disparar antes y no podía asegurar que no lo fuera a hacer de nuevo. Un hombre de edad madura entró a la taberna con apariencia de cansado y varios de los presentes lo recibieron amablemente, reconociéndolo como uno más de los habitantes del pueblo. Alice por su parte tomaba su abrigo, ya era muy tarde y quería regresar a su casa y dormir un rato, pensaba que su hermana posiblemente estaría despierta y enojada con ella por no haberla dejado ir al pub, pero habérselo prohibido era la mejor, Elizabeth no era alguien que supiera tomar. Pero al pasar por el recién llegado, se esperó un rato más al escuchar sobre las noticias de los desastres ocurridos en varias aldeas, aparentemente los cuarteles de la guardia local habían sido arrasados por el vencimiento de una presa cercana, la cual había terminado destruyendo varios caminos principales e inutilizado las comunicaciones, además, con la destrucción de los puestos principales de las líneas defensivas A y B muchas bestias habían atacado los poblados al sur de estas. Con todas aquellas noticias, todo parecía dar a entender que New Exeter había tenido demasiada suerte, aun cuando aparentemente, había atendido la visita de la mayor del mayor de los monstruos. Sin embargo, la magnitud del desastre consistía en la dispersión de los pequeños siniestros, con lo que la capacidad de respuesta de la guardia quedaba ahora casi suspendida. Aquel hombre que había entrado a la taberna, era de hecho, el único que había vuelto del grupo que había salido a averiguar lo ocurrido, el resto se había quedado para ayudar a los soldados en los caminos o en los cuarteles. Ya habían pasado casi un día desde el incidente con la bestia y a pesar de saber sobre todos los desastres ocurridos en las cercanías, parecía que por el momento no habría porque preocuparse de la aparición de otra, al menos eso era lo que parecía, “en todo caso el cazador aún seguía en el pueblo” pensó Alice al ver la semioruga a la 84
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA salida de la taberna, cualquier incidente podría ser resuelto, claro, siempre y cuando se pagara el precio de otro servicio - ni modo, a caminar - dijo en voz baja al empezar a avanzar hacia su casa, ya mañana empezaría a reparar su camión. Estuvo caminando un rato, pensando en el coste total de las reparaciones o si sería mejor comprar un nuevo vehículo, en todo caso si hacia un trato con los militares podría conseguir uno barato, siempre y cuando continuara sus servicios con ellos. No odiaba a los militares pero preferiría tener que trabajar para alguien más, aunque solo con ellos podía conseguir buen dinero, a menos que aceptara trabajar para los traficantes, pero en ese caso el riesgo aumentaría enormemente, para ella y para Elizabeth, lo cual no justificaba el dinero ganado. La caminata no fue tan pesada como ella supuso, más bien fue algo bueno, tuvo tiempo de pensar en sus posibilidades futuras y en cómo conseguir las formas para viajar de nuevo a Inglaterra. Quizá la vida era mejor en New Exeter, pero ¿por cuánto tiempo más?, las islas se estaban reconstruyendo rápidamente, absorbiendo los recursos de las provincias, además el trabajo sobraba en Inglaterra y era bien pagado. Ella pensaba en futuro, pues si bien la mayoría de los habitantes del pueblo pensaban seriamente en quedarse, esto era también porque la mayoría de ellos tenían más de cuarenta años, por otro lado, ella aún era joven, solo tenía veinticuatro años y sabía que tarde o temprano Inglaterra se levantaría y con ella una nueva serie de oportunidades. Al llegar a su casa abrió la puerta y de inmediato notó pisadas en el piso. Era común verlas, ya que su hermana rara vez recordaba limpiarse los zapatos, pero ahora eran dos pares y los segundos eran de pies mucho más grandes que los de Elizabeth. Trató de guardar la calma y con dos veloces pasos entró a la cocina sin hacer el menor ruido posible, no se dio cuenta que la luz de la cocina se encontraba prendida y que un figura 85
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— salíade la misma al momento que ella entraba. Toda la casa quedó cubierta con un grito de terror al instante que Alice se detuvo al ver a un extraño joven con un cuchillo en el cinturón y un vaso de jugo en la mano. - ¿Qué demonios haces aquí? – preguntó Isaac con cierto espanto en su mirada. - ¡YO!, ¿TU QUE HACES AQUÍ?, ¿QUIÉN TE DEJO ENTRAR? – gritó Alice al reconocer con todo el disgusto del mundo al invitado sorpresa. - Hice el favor de acompañar a la muchacha que vive aquí – respondió Isaac. - Eso es una mentira, Elizabeth no ha dejado la casa desde que regresamos de matar a la bestia – - ¡Ella estaba tomando en la taberna, justo a mi lado, se durmió ahí, así que la ayude a llegar a casa! ¿Tú, qué?, ¿Quién te crees gritándome de esa forma? – replicó Isaac con porte altanero, tras lo cual se llevó el vaso a la cara, disfrutando al máximo su bebida gratis. Alice dando una larga inhalación, se tranquilizó lo suficiente para responder. - Yo vivo aquí, esta es mi casa, imbécil – Un sorbo de jugo bajo por el lugar equivocado haciendo que Isaac tosiera. Su sorpresa era grande, si solo la rubia de la taberna fuera la dueña de la casa no habría habido ningún problema, de hecho, hubiera preferido mil veces encontrarse con el padre resucitado o con la fantasma malpensada de la madre, que encontrarse a quien él consideraba la persona más molesta del pueblo, y peor, encontrársela bajo una posición de ventaja. - ¿Tu casa? - preguntó con voz sumisa - Vete ahora mismo si no quieres que llame a la policía – dijo Alice con una voz tan firme que hizo pensar en una orden militar. – Mira, no quiero más problemas contigo, solo hice lo que creí correcto, además del 86
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA hecho de haber tomado cinco vasos de jugo y usado tu baño, no he hecho nada malo – terminó Isaac, pero al ver la cara de Alice, desistió de cualquier otro intento por arreglar la situación y tranquilamente salió de la casa, caminando en dirección a su vehículo. Habían pasado solo un par de minutos cuando recordó que su capucha seguía aún en la casa y dando media vuelta regresó por donde venía, con la esperanza de ser recibido lo suficientemente bien para recobrar lo suyo, pero al encontrase con la casa de frente, bajó su mirada para ver su capucha tirada en el suelo, justo delante de la puerta. No dijo nada y tampoco pensó en nada incorrecto, una parte de él sentía como si hubiera cometido algún error, pero empezó a reflexionar sobre algo más, por alguna razón no se había sentido iracundo y no fue por auto control, es más siquiera sintió una pizca de la ira que normalmente sentía cuando alguien le gritaba, no sabía el porqué, pero tampoco le importaba saberlo, ahora se sentía tan tranquilo, tanto, que incluso pensó en llevarse bien con Alice, no porque ella le simpatizara, más bien por Elizabeth. Había algo en ella. Realmente quería volver a verla. … Los gallos empezaban a cantar y en medio de maldiciones hacia ellos, Isaac despertaba. El interior de la semioruga era muy cómodo, para alguien acostumbrado dormir ahí, pero lo que Isaac no podía soportar era el sonido de los animales de granja, por alguna extraña razón. Ya había pasado cerca de una semana desde que llegó al pueblo y a la gente del 87
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— lugarle gustaba tenerlo cerca, como si con su presencia las amenazas disminuyeran, como si las bestias tuvieran miedo de acercarse, ciertamente aquello era un sentir psicológico, ya que en toda la historia de New Exeter solo había habido un ataque. - Un día más – pensaba al levantarse y con un chorro de agua fresca del pozo cercano, abría bien los ojos. Tomó una larga caja de herramientas y caminando a través del pueblo llegó a la casa de las hermanas Harker. - Llegas temprano – le dijo Alice asomándose por la ventana y sin decirle algo, solo levantando la mano en forma de saludo, caminó hacia la parte trasera de la casa, hacia un camión en reparación. Pasando una hora, Alice salió por la puerta trasera con un sándwich en un pequeño plato, lo dejó sobre el capo del camión y le preguntó a Isaac como estaba quedando la reparación. Isaac se limpió un poco de sudor y le informó que el motor estaba quedando muy bien. En realidad, el camión había quedado más dañado por fuera que por dentro, pero Isaac no quería decírselo para recuperar un poco más del dinero, que sentía le pertenecía. Además, se tomaba su tiempo, no quería terminar demasiado pronto ya que sentía ganas de ver un poco más a Elizabeth. - Algo me dice que vas más lento de lo necesario – dijo Alice en forma suspicaz. Isaac no hizo ningún gesto, pero en su interior gritaba de enojo, preguntándose qué clase de poderes malignos poseía aquella mujer, que parecía poder leerle la mente de tal forma, que no importaba por donde se defendiera o lo que dijera, nunca poseía ventaja contra ella en ninguna discusión. - Si tal vez. De hecho sí, me estoy tomando mi tiempo para que tu porquería quede bien – respondió Isaac con una calma exterior que contrastaba fácilmente con su intranquilo interior y sin añadir algo más continuo trabajando. Por su parte, Alice se sentía con cierta pena hacia el cazador, Elizabeth le había contado que, 88
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA desobedeciéndola, había ido a la taberna para celebrar junto con todos y que había sido Isaac, quien amablemente, le había ayudado a llegar sana y salva a la casa, así que a fin de cuentas el hombre no había hecho nada malo, al contrario, se había comportado de manera ejemplar. Sin embargo, ni Alice, ni Elizabeth le informaron a Isaac que todo estaba dicho y que todo malentendido estaba arreglado y como por su parte Isaac parecía no querer mencionar el asunto de nuevo, Alice utilizaba esa ventaja para evitar intercambiar insultos y gritos con el cazador. Elizabeth salió de pronto de la casa, con su sonrisa particular y dando largos pasos llegó hasta Isaac y lo saludó. Para ella Isaac era simplemente grandioso, cazaba dragones, tenía armas increíbles y también leía los comics del Súper Soldado, pero quizá lo más importante, era que la escuchaba y aunque se reía a carcajadas con lo que le decía parecía que no era de ella de quien se reía, sino con ella, o al menos eso era lo que sentía. Él era como el amigo que nunca tuvo, ya que New Exeter casi no poseía gente de su edad y los pocos que había trabajaban casi todo el día. Por su parte, ella se encontraba en un constante estado de tensión-relajación, su hermana trabajaba muy duro y ella, por ayudarle, buscaba trabajo muy a menudo, pero su falta de “habilidad laboral” la condenaba a perder su trabajo casi de forma automática, lo cual la llevaba a tener una cantidad enorme de tiempo libre, el cual ocupaba para pintar, dibujar o simplemente caminar por ahí, fumando, pensando, perdiéndose en sueños y en detalles insignificantes. Los tres estuvieron juntos un rato, Elizabeth hablaba haciendo carcajear a Isaac de vez en cuando y provocándole vergüenzas a su hermana, hasta que desde la casa, el sonido de un reloj señalaba las nueve en punto, inmediatamente Alice se disculpó y regresando a la casa llamó a Elizabeth. - Tengo que ir a trabajar, te quedas aquí, pero no me gusta que hables con ese 89
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— sujeto– dijo mientras se ponía un saco verde con su nombre. - ¿Trabajar?, pero si tu camión esta hecho m… está inhabilitado - exclamó Elizabeth con incertidumbre sobre la respuesta de su hermana. - Conseguí que me prestaran otro en la fábrica, por lo menos hasta que el mío se encuentre en buenas condiciones – Después de subir un instante, Alice bajo las escaleras y dando un beso a su hermana cerró la puerta, solo para volver a abrirla un segundo después – te repito; no estés hablando con él y no dejes que entre en la casa – le dijo antes de irse, ahora de forma definitiva. Elizabeth estaba algo molesta, su hermana seguía desconfiando de Isaac a pesar que no había hecho algo malo y lo peor es que la obligaba a desconfiar de él también. Sin otra cosa que hacer y con cierta molestia, Elizabeth decidió obedecer a su hermana, después de todo, ella nunca le hubiera deseado algo malo. Prendió la radio y sacando un caballete del armario se dispuso a pintar, esperando que eso la distrajera un rato, pero cada pincelada era menos atinada que la anterior y en un intento por encontrar inspiración, terminó cambiándose de lugar, pasando de cuarto en cuarto, de arriba abajo y de perspectiva en perspectiva. En menos de dos minutos se encontraba afuera, con todo lo necesario para poder pintar con tranquilidad y para desobedecer a su hermana de forma monumental, aunque esto último no había sido de manera intencional. Atrás de su casa el escenario era muy bello, los árboles, las colinas las pequeñas granjas en el horizonte y a su lado Isaac, arreglando un auto descompuesto. - ¿Qué haces? – le preguntó Isaac. - Voy a pintar un rato, me gusta hacerlo, me ayuda a despejar la mente - - ¿En serio? – pregunto él con extrañeza, pensando que alguien como ella ya debería de tener la mente más que despejada. 90
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA - Sí. Es decir, cuando empiezo a pintar me empiezo a sentir más relajada, siento como si pudiera esparcir mis pensamientos con cada pincelada y pudiera seleccionar solo aquellos que me ayudan a relajarme, desechando todos los demás, aquellos que solo me deprimen o todos aquellos recuerdos tristes – dijo mientras Isaac le miraba, guardando silencio, concentrándose en cada palabra que salía de su boca - después empiezo a sentir como si todo tuviera un orden, como si tuviera un sentido y veo como las cosas que no entiendo se desglosan fácilmente en mi cabeza – terminó Elizabeth con tal serenidad que al principio Isaac sentía que era otra persona la que estaba hablando, pero tras mirar a la joven a su lado con mayor detenimiento, empezó a creer que aquellas palabras eran una nueva parte de ella, su verdadera persona, como si se revelara su verdadero ser, diferente a aquella parte que utilizaba con tanto entusiasmo aquella careta de payaso. - A mí no me gustan esas cosas de arte, ni pintura ni nada, para mí son puras mariconadas – respondió Isaac, sintiéndose inmediatamente como un completo idiota por decir cosas tan burdas y volteando a ver a Elizabeth esperó no haberla incomodado, pero ella solo le miraba con un gesto amable, como si sus palabras no hubieran estado para nada fuera de lugar. El cazador le devolvió la sonrisa, como una forma de pedir disculpas por su insensibilidad y con alivio siguió trabajando, sintiendo como con cada minuto que pasaba junto a ella se sentía más alegre, más tranquilo y esto a su vez, le hacía querer pasar más tiempo a su lado. Pensaba en ello mientras la observaba con más detalle. En realidad no era la mujer más hermosa que hubiera visto, su rubio cabello brillaba como oro, pero estaba acomodado de tal manera que parecía más el peinado de un perro rizado, su figura era grácil y esbelta, pero quizá demasiado delgada pues apenas podía verse algo de busto, además era bastante alta, lo que le daba el aspecto de un joven flaco, por lo menos a la distancia. Su cara era más atractiva, de 91
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— rasgosfinos y adornada con una nariz pequeña y respingada, sus ojos eran casi del mismo color que el cabello, pero eran grandes y expresivos y su boca era pequeña y de bellos tintes rojizos, pero al momento de reír, esta se abría tanto que enseñaba por completo un conjunto de dientes coronados por un par de incisivos superiores grandes y cuadrados, además, su risa le sonaba igual a la de un retrasado mental. Pero no era su físico lo que llamaba la atención del cazador, era la manera en que ella se expresaba hacia el mundo exterior, su forma de ser y sobre todo, la forma en que ella le tranquilizaba, y en cómo, casi de forma hipnótica, le hacía olvidar su ira. Al principio vio en ella a una simple y simpática idiota del pueblo, aunque bastante peculiar, pero entre más la conocía más veía en ella una personalidad amable, sin malicia, llena de vida y alegría. Y las estupideces que cometía solo servían para aumentar su encanto, la hacían ver tan real, tan humana. Con todo esto, no recordaba que hubiera sentido algo así por alguna mujer, por supuesto que había desahogado sus impulsos en cabarets y distritos de prostitutas, sin embargo este caso era por completo distinto, la mujer a su lado era diferente a cualquiera que él hubiera conocido, aun así, él no era un hombre romántico, ni buscaba serlo. Para bien o para mal, su padre había muerto antes de enseñarle cualquier cosa sobre las mujeres, o por lo menos, no recordaba que lo hubiera hecho, pero la falta de caballerosidad, a fin de cuentas, era algo que le brotaba con naturalidad y quizá, junto con el desprecio por la gente, aquello era el único legado de su padre. - ¿Y es difícil cazar dragones? – preguntó Elizabeth después de un momento de cómodo silencio. Su cabeza no cambiaba de dirección, pero movía los ojos, como un intento de ver a Isaac sin que este lo notara. - Algo, de hecho, en los primeros años estuve a punto de morir muchas veces, pero entonces comencé a entender algunas cosas y aprendí algunos trucos – respondió Isaac 92
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA sin pensar mucho en la respuesta. - ¿Trucos?, ¿Hay trucos?, no sería más fácil solo sacar tu espada y matarlos – volvió a preguntar Elizabeth. - ¡Por Dios!, ¡esa es pura mierda! - respondió él de inmediato, pero azotando la cabeza en el aire, trago saliva y compuso sus palabras – quiero decir, esas son mentiras, cuentos para niños… “bobos”, es decir solo un… “bobo” trataría de matar dragones con una espada o una lanza – respondió Isaac – ya estamos en el siglo XX, si siguiéramos utilizando esas cosas ya estaríamos todos muertos – - ¿Entonces?... – - Es una cuestión más técnica, se tiene que buscar un buen lugar y disparar a buena distancia, entre más lejos del dragón mejor – - Entonces eres un francotirador – - Lo dices como si fuera algo fácil – refutó Isaac. Elizabeth no añadió nada más, solo movió la cabeza, pareciendo comprender el asunto, quizá su imagen de Isaac cambiaba en cuanto a su forma, pero no en cuanto a su fondo, después de todo, seguía siendo un matadragones. Ahora, esto no quería decir que por un momento realmente ella hubiera creído que los caza dragones mataban a esas bestias usando espadas y armadura, pero las imágenes románticas son difíciles borrar de la mente. - ¿Crees que alguien como yo podría llegar a matar dragones? – preguntó Elizabeth sin poder aguantarse la curiosidad, sin saber realmente qué tipo de respuesta daría Isaac. Ciertamente ella no se imaginaba a sí misma como una cazadora, pero tampoco veía en eso una imposibilidad absoluta. Isaac la miró por un segundo sin emitir sonido alguno, su mirada estaba fija y su rostro no mostraba ninguna expresión, sin embargo en sus ojos se distinguía el trabajo 93
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— mentalde no decir algo ofensivo. Sabía perfectamente que contestar, lo que en realidad le costaba trabajo era el modo en que debía hacerlo, ya que tenia de medir sus palabras más de lo que lo había estado haciendo, por lo menos lo suficiente como para encontrar maldiciones no tan ofensivas, si es que existiera algo así. - No… sé – respondió al fin con lentitud - ¿qué tan paciente eres? – le preguntó. - ¡Ya!, no me des rodeos y contéstame de una vez – respondió ella de inmediato. Isaac volvió a guardar silencio, dudaba sobre aquella respuesta, acaso había sido una broma o algo así, en cuyo caso era graciosa, o en verdad le estaba contestando sin pensar en lo que estaba diciendo. - Bueno – continuó Isaac sin aclarar lo de la respuesta - ¿sabes disparar? - - No – respondió Elizabeth – mi hermana dice que las armas son peligrosas, aunque creo que lo dice por miedo a que toque alguna – continuó con cierta pena – pero creo que con un buen maestro cualquiera puede aprender, ¿me enseñarías? – - No creo que sea buena idea – respondió Isaac con honestidad. Él sabía por experiencia que un arma en manos torpes se convierte en una amenaza potencial, tanto para el usuario como para cualquier cosa que se encontrara delante del cañón. - Vamos, si tú me enseñas a disparar, yo te enseño a pintar – dijo Elizabeth, queriendo demostrar que ella, igual que él, tenía capacidades que no cualquiera posee, en mayor o menor medida. - ¿Y yo para que carajos querría pintar?- respondió Isaac con brusquedad, a lo que Elizabeth se quedó con la boca abierta, sorprendida de lo que parecía ser un insulto para lo que ella consideraba una de sus mejores habilidades. Por su lado, Isaac no lo había hecho con la intención de agredir, por supuesto que no, pero sabía que lo mejor que podía hacer era mantenerse firme y negarse rotundamente a que a Elizabeth se expusiera a una posibilidad indeseada, pero una vez más la falta de trato humano le 94
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA impedía expresarse con la suficiente diplomacia. Sin embargo, no podía evitar sentirse, una vez más, como un completo idiota, por sobre todas las cosas estaba la cuestión de quién se lo estaba pidiendo, ya que si dentro de todas las posibilidades todo resultaba bien, lograría acercarse más a Elizabeth. Es curioso como el interés romántico de una persona no romántica puede abrirle un sin número de puertas al desuso del cerebro. - Está bien – dijo Isaac al fin - pero primero tú debes enseñarme a pintar – Elizabeth dudó por un momento y respondió - ¿Por qué primero no me enseñas tú a disparar? – - Porque deje mis cosas en la semioruga y no quiero estar dando vueltas – respondió Isaac de inmediato. Elizabeth empezó a creer que aquello era una forma de librarse del trato, pero hasta ese momento él se había comportado muy bien con ella, exceptuando lo del lenguaje y su falta de tacto, así que pensó que su temor era infundado, además, de una u otra manera ella se aseguraría de sacarle las lecciones al cazador, así que solo caminó hacia él, lo tomó de la mano y lo llevó hasta el caballete. El corazón de Isaac latía con fuerza, sentía como si todo lo que hubiera hecho en el pasado no importara, como si sus ambiciones, sus pecados y su dinero quedaran reducidos a meras cosas sin beneficio o consecuencia. Aquello se sentía como la cúspide de la vida. Indudablemente, jamás se imaginó a sí mismo en una situación parecida, pero no le importaba, se sentía feliz y eso era lo que le importaba, se dio cuenta que tratar de analizar aquella felicidad solo le pondría peros a su disfrute, así que solo optó por mandar cualquier tipo de reflexión al diablo y dejarse llevar por la alegría de estar junto a la personita que sujetaba su mano con delicadeza. Elizabeth empezaba a explicar las formas de trazos, los tipos de pinceles y en cómo 95
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— plasmaren el lienzo la profundidad y la perspectiva de forma correcta, se notaba que sabía mucho de pintura, su historia y su técnica, pero más que nada, la forma en que esta expresa lo que se encuentra en la mente y el corazón del pintor, pero Isaac apenas prestaba atención a sus palabras, el solo estaba perdido en sus propios pensamientos, fijándose en la manera en que ella movía sus brazos y en el brillo de sus labios, depositando la mirada de sus oscuros ojos en cualquier detalle de su movimiento, convirtiéndola en el centro de su mundo. - Esto te parecerá tonto, pero me siento contenta contigo – dijo Elizabeth después de hacer una pausa. Isaac no podía creer lo que estaba escuchando, de alguna manera el destino parecía sonreírle al fin, y sin pedirle algo a cambio. Podía sentir como sus manos empezaban a ponerse sudorosas, como el pánico empezaba a crecer dentro de él, impidiéndole decir o pensar cualquier cosa que no fuera la imagen de sí mismo bailando en un prado de flores, justo como la perfecta imagen de la idiotez. Elizabeth le gustaba, no solo no podía negarlo, no podía pelear contra ello y evidentemente no quería hacerlo, por más que un pequeño y sombrío misántropo renegara en su interior. - Siempre quise tener un hermano mayor – continuó ella mientras seguía viendo a la distancia, hablando con su inmortal sonrisa y sus alegres movimientos, denotando la sinceridad de sus palabras. Quizá se sentía algo tonta compartiendo aquellas cosas con él, pero Isaac tenía algo que la animaba a hablar con libertad, por alguna razón le inspiraba confianza, no solo porque él era en parte, algo que ella siempre había querido ser, alguien totalmente libre, alguien que solo vive bajo sus propias reglas, sino también porque por algún motivo se sentía segura a su lado, protegida de lo que el mundo pudiera mandarle, pero ella no se percataba en la forma en que el rostro de Isaac se transformaba, de meditabundo a uno lleno de sorpresa, mientras todo dentro de él se derrumbada. 96
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA Isaac se sentía tan mal, como si un millón de cuchillas le atravesaran la garganta, justo antes de degollarle. Empezó a maldecir al mundo entero, pasando por su vida, su suerte, al mismo Dios, a quien se refería después de tantos años como “el cabrón cósmico”, pero cuando llegó a ella, no pudo continuar, por lo que se maldijo a sí mismo por segunda vez, culpándose por su propia debilidad. Pero al mismo tiempo, algo en él despertó; una determinación más fuerte que ninguna otra. Su cerebro ahora recobraba el dominio de su cuerpo y de inmediato se percató de la situación, en primera, nunca le había dicho lo que empezaba a sentir por ella y nadie, salvo él, sabía la verdad de aquellos sentimientos, por otro lado, ella si le había revelado su sentir, con lo cual comprendió de inmediato la ventaja que poseía. Así que se dio cuenta que no todo estaba perdido, ahora que sabía que existía suficiente confianza entre los dos, podría acercársele más y más de manera constante. Isaac sabía que él era una persona carente de casi todas las virtudes conocidas, pero la paciencia y la tenacidad eran la excepción, como cazador, las había desarrollado en cantidades más que suficientes. “Esto es solo una cacería más” pensó al tiempo que una macabra sonrisa se formaba en una de sus mejillas; la presa revela su posición mientras el cazador le espera, oculto, aguantando el momento perfecto para asestar el tiro ideal, la presa cae y el cazador celebra su triunfo. Pero si bien su cerebro ideaba un éxito futuro, su pecho se sentía débil, derrotado. El amor tiene ese efecto en la gente, de convertir lo que parece poderoso en algo patético. Pero aun cuando el amor puede llegar a describirse como una patología, nadie puede negarse a caer en aquella debilidad si con ello se consigue la felicidad. El tiempo había pasado rápido, el sol ya se acercaba al horizonte, despidiéndose lentamente de quienes le observaban. Elizabeth había decidido dejar trabajar al cazador 97
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— ysin recibir queja se disculpó, cargando el enorme caballete mientras entraba a la casa. Apenas acababa de meter sus cosas en el armario, escuchó el motor de un camión apagándose al lado de la casa y en menos de un minuto, Alice entraba con actitud cansada, sintiendo descanso en el sonido de la radio que su hermana había dejado encendida por horas. Con pesadez hizo para atrás una de las sillas de la cocina y se dejó caer en ella. Elizabeth apareció de la nada y con una rapidez asombrosa le sirvió un plato de panes y un vaso de leche a su hermana al tiempo que se alistaba para preparar la cena. Alice sabía que su hermana poseía cualidades para todo lo que pareciese un tipo de arte, pero por desgracia no se encontraban en un lugar donde lo artístico tuviera un valor real. Por otro lado, una de las cosas que también podía realizar sin ocasionar problemas era la cocina, incluyendo cada aspecto de la misma, buena presentación, variedad, buen sabor, tanto así que en varias ocasiones el mismo Macbeth le había ofrecido trabajo en la taberna, la cual era en realidad lo más parecido a un restaurante en todo el pueblo, pero Alice se lo había impedido, aun cuando fuera el único trabajo en el cual ella hubiera podido desempeñarse con habilidad, conocía a su hermana y sabía que ponerle una cerveza en frente era el preludio de un drama, solo ocupaba darle un pequeño sorbo para terminar con diez tarros vacíos. - Huele bien – dijo Alice al levantar la cabeza. A Elizabeth le gustaba cocinar tanto como el recibir cumplidos, así que levanto un poco la tapa de una cacerola para que un poco del aroma lograra esparcirse con más facilidad. - Perdón por empezar con la comida tan tarde, pero estaba ocupada pintando – dijo Elizabeth. - No hay problema, no estoy tan hambrienta como parezco, además aunque lo 98
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA estuviera, puedo soportar un poco de espera si tú eres la que cocina. No todo mundo cocina también como tú – respondió Alice - Tú con tus empanadas, por ejemplo – respondió Elizabeth con cierta burla en su voz – por cierto, todavía hay un par en el refrigerador, ¿gustas? – Alice respondió con una solitaria risa, sin decir nada más. - Entonces, ¿Qué hacemos con ellas? – preguntó Elizabeth ante la respuesta de su hermana. - No sé. Hay que dárselas al cazador, si sigue aquí debe de tener hambre, aunque no sé por qué, la verdad no creo que se esté esforzando demasiado con las reparaciones, es muy lento en su trabajo. Si no fuera porque me está saliendo más barato que traer un mecánico no lo vería ni en foto – - ¿Por qué te cae tan mal?, no es una mala persona, me agrada y debería de agradarte a ti también, le hizo un gran favor al pueblo – dijo Elizabeth defendiendo al cazador sin importarle demostrar sus simpatías por él. - Hizo bien su trabajo, sobre eso no tengo que decir nada malo, aun cuando haya ocupado mi ayuda no creo que cualquiera haya tenido la capacidad para acabar con semejante monstruo. Pero hay algo raro en él, algo que no me da confianza, debo de admitir que durante la discusión que tuvimos por el dinero de la cacería, sentí que iba golpearme o algo así – expuso Alice, pero después de exhalar con profundidad continuó - pero, creo que tienes razón cuando dices que no es una mala persona, aunque no es la mejor que conozco – Elizabeth sabia de la habilidad de su hermana para conocer a las personas, tanto, que hasta ahora no había fallado ni una sola vez en determinar la naturaleza oculta o pública de las gentes, pero en esta ocasión, sencillamente no podía aceptar aquella cruda descripción. Alice por su parte, se levantó y sacó las empanadas del refrigerador, 99
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— llevándolashacia donde Isaac. - Toma – le dijo sin alegría ni ofensa. - Gracias – respondió Isaac con calma, una que Alice nunca hubiera esperado de él. - ¿Ocurre algo con el camión? – - No, no. Todo está bien – Entonces, Alice notó en el cazador un expresión extraña, como de cansancio o una pesadez extrema, como si algo le molestara por dentro, sus ojos estaban fijos en el camión, pero al mismo tiempo estaban como faltos de aquella fuerza con la que los había visto la primera vez, su cuerpo se veía relajado, pero no en el buen sentido, estaba más bien como sumergido en una depresión. Se le quedó mirando un par de segundos sintiendo una creciente pena por él, además de un asombro, aun con el poco tiempo que llevaba de conocerle jamás se hubiera imaginado verlo así, tranquilo y quieto, casi meditabundo, en realidad era difícil describir lo que emanaba de él, parecía ser una especie de tristeza, aunque con los hombres es difícil hablar de sentimientos complejos, la mayoría de las veces todo aquello que pareciera ser una emoción profunda se reduce solo al hambre o al sueño, como si todo el género respondiera no a la razón o al sentimiento, sino al estadio del estómago. - ¿Sabes qué?, estas cosas ya están frías, mejor te las caliento – dijo Alice, sin saber bien porque lo decía, quizá al verlo tan pasivo, tan pensante, le hizo pensar que no tenía derecho a juzgarle. No sabía por cuánto tiempo hubiera estado viajando solo, o si alguien le esperaba en algún sitio, ciertamente eso no significaba que le empezaba a simpatizar, pero tal vez su hermana tenía razón y lo que ella sentía por el cazador nada tenía que ver con su verdadero ser. No necesariamente las buenas personas nos simpatizan. Cuando volvió a entrar a la casa, vio a su hermana servir la comida, sonriéndole en cuanto le vio, lo cual le hizo pensar que tal vez ella era más parecida al 100
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA cazador de lo que se hubiera imaginado, que si no hubiera sido por tener que proteger a su hermana y que si ésta no le hubiera demostrado su amor a través de tanta penuria, tal vez ella sería igual a Isaac, alguien consumido por el trabajo, sin más vida que el vivir sin sueños para el futuro. Durante la noche la neblina había bajado a través de las laderas produciendo una imagen de inframundo por todo el pueblo. Caminar hasta su vehículo había sido toda una experiencia de meditación y el ambiente producía la sensación de extra corporeidad necesaria para una buena reflexión. La mañana había sido muy diferente, fría y cruda, dando un perfecto e incómodo despertar a la maldita realidad. Isaac mostraba los signos de una noche de insomnio, sus parpados, pesados como rocas, caían suavemente y eran levantados con tremendas muestras de esfuerzo. Había decidido llegar un poco tarde a lo de la reparación del camión, ya había hecho lo posible para retrasar el trabajo, pero el aparato ya estaba casi listo, solo faltaba un nuevo parabrisas, cosa que a él no le competía, quisiera o no. La taberna del pueblo abría desde temprano, para todos aquellos trabajadores que quisieran una buena taza de café antes de la faena. Y arrastrando los pies, Isaac entró, sentándose en la misma banca de la primera vez, después solo le pidió un café al tabernero de siempre mientras que con su mano se acomodaba el cabello. - Por fin he revelado la foto – le dijo el viejo Macbeth . - Bien por usted – respondió Isaac con burla, en lo que alzaba su café señalando una victoria en lo inútil. - Me gustaría que la firmara, pienso ponerla donde todos puedan verla – continuó el tabernero, pasándole una fotografía de mediado tamaño y una pluma, ambas de notable calidad. Isaac, que pareció dudar por un segundo, tomó la pluma y firmó la 101
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— fotografía,inmortalizado un momento de triunfo. - ¿Y qué pasó con la cosa que maté? - preguntó Isaac sin mostrar un verdadero interés - ¿no me diga que lo cocinaron o algo así? – aquello no era en si una broma, ya que de una u otra manera aun tenia gravado en la mente las cosas de las que refugiados eran capaces, esto, porque durante los años que estuvo viajando en los peores momentos de la gran crisis vio como comunidades enteras sobrevivían en condiciones infrahumanas, hombres y mujeres trataban de construir refugios con desperdicios mientras comían ratas o demás basura como último recurso alimenticio, todo en medio de un sentimiento compartido de derrota inminente. De hecho, de no haber sido por Rommel y sus maquis europeos quizá aquellas escenas hubieran constituido los últimos actos de la civilización humana. - No, algunos militares llegaron y entre todos lo subimos a un camión, creo que se lo van a llevar para Calcuta, a unos expertos en biología extraña o algo así. Espero que tengan suerte en descubrir que era esa cosa, porque la verdad aquí nadie sabía que carajos era. Por cierto, ¿cree usted que haya más de esos allá en la selva? – - No lo sé, pero si los hay, espero que me paguen bien a la hora de matarlos – respondió Isaac con gesto sombrío mientras observaba a Macbeth colocar su foto en un portarretratos y colgarla en una pared atiborrada de fotografías, algunas viejas y otras bastante nuevas, aunque la mayoría parecían ser de la gran guerra, pero de todas, una en particular atrajo su mirada, una donde varios hombres vestidos de beduinos se mantenían de pie, con un mar de dunas a sus espaldas. Uno de ellos llamó su atención, uno bajito vestido con túnicas blancas. - Me dijeron que posiblemente se va del pueblo esta noche, ¿es cierto?- preguntó el tabernero con cierta pena. Para él todos eran personas interesantes y rara vez alguien le disgustaba, pero Isaac era especial, le recordaba su propia vida, de cuando viajaba días 102
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA enteros por las arenas de Persia y si bien sus días de viajero y espía habían terminado, al ver al cazador sentía que los aventureros aún recorrían el mundo, haciéndolo suyo. - Sí, creo que ya hice mucho por aquí – dijo Isaac, - Te veo bastante mejor que cuando entraste aquí el primer día. Casi sé lo que me vas a responder, pero ¿acaso te da gusto dejar el pueblo? - - Este lugar es solo un hoyo asqueroso – respondió Isaac de inmediato. Macbeth soltó una enorme carcajada, tan grande que hizo vibrar a su prominente barriga, como si aquella respuesta hubiera sido una broma y no un insulto a todo el pueblo, y si lo fue, la verdad no le importaba, tampoco la forma horrible de contestar del cazador, de una u otra manera, el tabernero parecía ser de aquellas personas que difícilmente se molestaban con quienes le agradaban. Isaac le miró con calma, recordando las palabras que la había dicho la noche que mataron a la bestia, pensó que tal vez no era el único que había tenido problemas en el pasado y el hecho de haber conocido a una mujer tan especial como Elizabeth, le hacía sentir que el pasado debía permanecer enterrado, dándole la oportunidad, no de solo vivir el presente, sino de disfrutarlo. Aun así… - ¿has matado a alguien? – preguntó, callando al tabernero de forma brusca, rompiendo de repente todo ambiente de armonía que pudiese haberse generado en aquel lugar. Macbeth lo miró fijamente, bajando la mirada un segundo después, haciendo que el cazador no pudiera descifrar lo que pasaba por su cabeza y tras un momento de silencio dijo – entonces era eso, ¿querías matar a Alice?, ¿verdad? – – No, no. No matarla – respondió Isaac alzando las manos, como tratando de defenderse de una pregunta acosadora, pero al bajar la mirada, sus manos se tensaron como si estuviera intentando apretar algún objeto invisible al momento que las miraba con profundidad y su voz se volvía más tensa - no necesariamente. Solo quería callarla 103
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— –al decir esto, su mirada cambio ligeramente, mostrando cierto temor por la deducción del cantinero, pero permaneció quieto, esperando que el hombre continuara. Cuando el silencio se mantuvo por un tiempo más, el cazador aventó unas monedas a la barra, pagando por lo que en realidad era una bebida gratis, y se levantó de su asiento. - Muchos – le dijo Macbeth antes de que cazador abriera la puerta por completo, con lo que Isaac se daba la vuelta de nuevo. - ¿Disculpa? – - Tu pregunta, sobre si he matado. Si, lo he hecho y mucho – continúo Macbeth con seriedad – de una u otra forma todos lo que tuvimos vidas difíciles terminamos odiando al mundo, pero no puedes dejar que el odio o la ira terminen consumiéndote hijo, si se los permites vas a terminar como un cantinero gordo en medio de un hoyo asqueroso – Isaac se mantuvo en silencio por un momento, dejando ver una ligera sonrisa que crecía poco a poco mientras se hacía evidente que entendía el chiste del viejo, por su parte, el tabernero volvió a mostrar un rostro amigable, aunque ya no tan jovial, luego dio la vuelta y se agachó en busca de algo en la parte baja de la barra, después de unos momentos se alzó y sin moverse de su lugar, levantó algo envuelto en un pañuelo y se lo arrojó al cazador. Isaac alargó la mano por instinto, agarrando el extraño objeto, solo para ver en el envoltorio una serie de hermosos patrones del medio oriente, al mover el pañuelo, descubrió a un cuchillo árabe, dorado, adornado con lo que parecía ser un conjunto de piedras preciosas, al sacarlo de su funda notó la buena calidad de la hoja y a una inscripción en ella, T.E.L. - ¿Esto para qué es? – preguntó Isaac sin querer sonar mal agradecido. - Consérvala muchacho, esa daga perteneció a un gran hombre, alguien que vivió 104
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA las decepciones más grandes de la vida, pero que nunca se dejó vencer por ellas. Esa daga le salvó la vida, espero que haga lo mismo por ti – le dijo el hombre. Isaac sujetó el cuchillo con fuerza, guardándoselo de inmediato en el bolsillo - gracias, pero no me gustaría que mi vida necesitara ser salvada – contestó Isaac con verdadero agradecimiento, sintiendo un auténtico aprecio por aquel buen hombre al tiempo que empezaba a creer que ahora todo podía superarse. La caminata hacia la casa de las Harker se sintió corta, quizá demasiado, pero una vez llegando a su destino, caminó hacia donde se encontraba el camión, deteniéndose en seco al encontrarse frente a Alice y aún sujeto vestido con un mono color gris obscuro, algo extrañado se les acercó y notó que estaban poniendo el parabrisas faltante. - ¿Qué pasa aquí? – preguntó Isaac, como si no supiera lo que pasaba. - Quería darte la sorpresa – contestó Alice – el camión ya está listo, todo está en su lugar. Ah y ya tengo tu dinero listo – Isaac se mostró complacido, casi alegre, pero en su interior sentía la presión de la sorpresa, sabía que con eso ya no tendría más oportunidad de ver a Elizabeth y por supuesto que no podría pedir verla, aquello delataría el interese que sentía por ella. De pronto empezó a crecer en él cierta tristeza, pues sabía que ahora solo le quedaba volver a la vieja rutina; la de vagar solo. Pero ahora, a diferencia de antes, estaría bajo el sentimiento de una soledad que recordaba nunca haber sentido, ya que nunca había estado ligado a alguna cosa, persona o lugar. Ahora sabía que extrañaría algo, mejor dicho a alguien, pero aun con todo ese pesar, sentía que todavía no estaba listo para quedarse en un solo lugar, por un lado quería seguir siendo un cazador, había buen dinero en ello y el sentimiento de libertad que se ganaba en aquel oficio era en verdad 105
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— unalimento para su alma, el movimiento constante lo mantenía calmado y el saber que solo tenía que conocer personas de forma esporádica le servía como terapia para empezar a desarrollar mejores habilidades sociales, además, también estaban aquellas “mareas rojas”, las mismas que seguían llamándolo con tanta insistencia, aquellas que tanto desea ver, oler y sentir, corriendo en cada uno de sus dedos, aquellas mareas que lo alimentaban con aquel sabor penetrante, cuyas ansias apenas podía saciar con la caza. Aquel deleite que tanto odiaba y amaba, lo anhelaba cada vez menos, pero la sensación de adicción seguía en él al tiempo que lo corroía, pues su deleite iba de la mano con un fuerte sentimiento de repulsión a sí mismo, de un asco profundo por cada centímetro de su ser. Sin embargo, también sabía que en ningún otro sitio encontraría a alguien como Elizabeth, ante esto, su mente empezó a divagar sobre escenarios posibles, uno de ellos era volverse sedentario, asentarse en el lugar y convertirse en alguien más de la comunidad, pero aquello sería imposible, al menos por ahora. El mejor escenario seria por supuesto que ella lo acompañara en sus viajes, pero aquello era poco más que sueño imposible, simplemente jamás iba a ocurrir, e Isaac lo sabía, “si tan solo ella sintiera lo mismo”, pensó. Solo le quedaba el volver algún día, después de terminar todo lo que sentía que debía hacer, regresar y tratar de acercarse más a ella. Pero mientras su mente se distraía con un sinfín de pensamientos, Alice se le acercó con una bolsa grande, dándosela en sus manos, Isaac, despertando de su ligero trance, procedió a abrirla. Los billetes se veían bien, como si estos también lo hubieran estado esperando, pero el dinero no era suficiente como para animarlo. En esos momentos, lo que hubiera sido el inicio de un buen día, simplemente se sentía como el final de la historia. - ¿Y tu hermana? – preguntó sin poder soportar un momento más, mandando al 106
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA diablo cualquier preocupación. - Sigue dormida, anoche se quedó despierta pintando – Ambos se quedaron mirándose por unos segundos mientras un silencio incomodo hacia una presencia cada vez más grande. - Creo que es todo – dijo Isaac al fin, extendiéndole la mano. - Sí. No puedo decir que fue un placer, pero es posible que algún día te extrañemos – contestó Alice dándole un fuerte apretón de manos. Al dar la vuelta, Isaac empezó el camino de regreso a su vehículo, el último que daría desde la casa de las Harker, pensaba en que si hubiera sabido la decepción que le esperaba, mejor hubiera traído su semioruga, así por lo menos no hubiera dado vueltas en vano. Alice, al ver como se alejaba poco a poco, solo le deseo buena suerte. Mientras caminaba, Isaac pensaba en cómo conciliar su vida y sus sueños, cuando de pronto apareció una perfecta posibilidad, si seguía con el mismo trabajo un par de años más y mantenía los costos al mínimo, podría juntar el suficiente dinero para comprar un buen terreno y posiblemente hacer una tienda o algo parecido, de esa manera podría quedarse cerca de Elizabeth y si bien con esto se convertiría en otro pueblerino idiota más, al menos seguiría siendo su propio jefe, de esa forma podría mantener la libertad que tanto le gustaba. - Al menos podre dispararle a las ratas – se dijo al mismo tiempo que se daba cuenta que eso no era sino otro sueño tonto, no importaba a donde fuera o por cuánto tiempo se quedar allí, él seguiría siendo el mismo y mientras no pudiera encontrar la forma de asegurar el completo control de su persona, no podría arriesgarse a repetir aquella pesadilla de hace diez años. Llegando a su blindado, bajó sus cosas y acomodando un estuche con el rifle adentro, recordó que le había prometido a Elizabeth enseñarle a disparar. “Al diablo 107
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— contodo” pensaba al cerrar la puerta y encender su vehículo, al final, solo había terminado sintiéndose mal, peor de lo que se había sentido en mucho tiempo, había encontrado algo a lo que quería, a lo que anhelaba aferrarse, solo para ver como la realidad le arrancaba todas las posibilidades de ello. Encendió el vehículo y miró por el retrovisor, solo para quedarse fijo ante el reflejo de su propia cara y en específico, de sus ojos, notando como estos se mostraban tristes y débiles y ahora, para colmo de males, creía que toda aquella experiencia no solo lo fatigaba al quitarle algo que había empezado a desear, sino que había terminado convirtiéndolo en alguien más vulnerable, más débil, más patético que la persona que había llegado a New Exeter. Con un último reojo al retrovisor se dispuso a largarse de ahí lo más pronto posible, pero de pronto, a través del espejo, pudo ver una distante y familiar figura corriendo hacia él, para su sorpresa se trataba de ella, a quién tanto había deseado ver y sin pensarlo dos veces, Isaac apagó el motor y con movimientos rápidos, bajó del mismo, en espera de lo que el destino le guardaba. Cuando Elizabeth llegó hasta él, se encontraba cansada, respirando agitadamente mientras se sostenía en sus propias rodillas, un objeto de buen tamaño se asomaba por debajo de su brazo, pero éste siquiera llamó la atención de Isaac, para él, lo único que importaba era el verla una vez más. Pasando alrededor de un minuto, Elizabeth recuperó la suficiente fuerza para ponerse derecha y tomando lo que tenía bajo el brazo, se lo dio a Isaac con una sonrisa. - ¿Qué mierdas es esto? – preguntó Isaac. Elizabeth lo movió hacia ella y quitándole una tela que tenía como envoltura, se dio la media vuelta para enseñarle una hermosa pintura. En ella estaba la vista desde una habitación, de la cual, a través de una ventana, se podía ver por un lado unas lejanas 108
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA colinas y por el otro la chimenea de una fábrica, junto a la ventana estaba un hermoso florero sobre un escritorio, en el que se encontraban un par de libros y junto a estos, un pendiente de plata, igual al Elizabeth le había mostrado la primera vez que se conocieron. - Es lo que se ve desde mi habitación, quiero dártelo para que recuerdes al pueblo – dijo Elizabeth con una sonrisa que no pudo disimular cierta tristeza. Isaac no supo cómo reaccionar, sentía que tenía que dar las gracias, pero no por la pintura, ya que en principio el pueblo significaba nada para él, aun así, mostró una gran sonrisa, que resultaba extraña en su cara, por su poca naturalidad – gracias, pero no tenías por qué, volveré pronto – le dijo, convenciéndose a sí mismo de aquellas palabras. Y por supuesto que quería hacerlo, ahora que había recuperado las esperanzas, nacía en él la necesidad de cumplir aquella afirmación, costara lo que costara. - ¿De veras? – exclamó Elizabeth con alegría. - Claro, me dan bebidas gratis en el pub y aún me deben una noche gratis en Chamberlain´s. Eso y que no te he enseñado a disparar – respondió Isaac, dándose cuenta de la facilidad en que se había convertido charlar con ella. - Creo que le quieren cambiar el nombre a W.C.´s, pero no sé si eso me lo dijeron de broma…espera… ¡¿de veras me vas a enseñar a disparar?! – preguntó Elizabeth con entusiasmo. - Solo espérame – contestó el cazador al tomar la pintura con mucho cuidado, justo antes de arrojarla al interior de la cabina con una inapropiada brusquedad, volteándose hacia Elizabeth para darle la mano, despidiéndose de ella, pero no de forma permanente. Él se aseguraría que no. 109
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— IV A LA BOCA DEL LOBO Un largo peregrinaje se asomaba por el inicio de la enorme calzada, igual a una serpiente de armaduras sucias y dañadas, casi como una parodia de aquellas glorias de hacia tan solo pocos años. Los rostros que desfilaban ya no mostraban aquel fulgor de fuerza y determinación, sino la sobriedad del miedo, pero no a la incertidumbre, al contrario, sino a un futuro que ya se podía casi palpar como oscuro. Algunas pocas caras parecían todavía brillar, no por la esperanza, ésta ya se había perdido, sino por la inexperiencia de saber lo que era el hoyo de la guerra, aquel caldo de caos y desesperación que solo se logra tragar a cambio del alma. Unas cuantas personas se mantenían a los lados de la fila de guerreros, quietas, como simples pilares demacrados, todas ellas levantaban las manos, no para pedir, sino para ofrecer comida y bebida a aquellos que todavía simbolizaban un poder roto, casi inútil, pero al final, suyo. Ávalon se encontraba en sus manos y por ellos valía la pena sacrificar parte de sus raciones de comida. Ellos eran sus hijos e hijas, sus padres y madres, sus ancestros, sus descendientes, sus familias. Todos sabían que muchos no volverían, pero si se quedaban sin hacer algo lo más seguro es que todo se perdería. Los hombres avanzaban por el sur y por el este, moviéndose como lobos, devorando ciudad tras ciudad, quemándola con sus aves y sus bestias de hierro, escupiendo sus flechas de fuego con sus extrañas armas, superando la fuerza de Ávalon con sus números superiores, como si una hermosa ave fuera devorada por miles de voraces hormigas. Los veteranos ya sabían a lo que se enfrentaban y eran ellos quienes más lograban 110
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA ver la importancia de su sacrificio. Si el hombre seguía con su marcha de destrucción, todo lo que se había forjado por ciento cincuenta mil lunas desaparecería en semanas. Al fondo, un solitario castillo se levantaba de entre los escombros y aunque solo parcialmente, sus cicatrices eran menores que las de las torres a su alrededor. En sus puertas, una serie de caballeros se movían de un lado a otro, cargando piezas de enormes armaduras, aunque la mayoría eran levitadas. Sus cotas y arneses no se parecían a las de aquellos de la columna en movimiento, sino que se mantenían brillantes, impecables, como si aquellos guardias se encontraran en un plano diferente de realidad, ignorando por completo la terrible situación que los circundaba, al mismo tiempo que eran ignorados por una solitaria figura que se dirigía al castillo. Enorme, pesada, muy distinta a todas las delgadas y gráciles siluetas en su entorno, vestía con un largo y grueso abrigo negro que casi duplicaba el ya de por si impresionante tamaño de su portador, un cabello largo y negro le cubría la cara, aunque con cierta elegancia. Sus pasos, a pesar de sentirse pesados, eran rápidos y coordinados, con mucha gracia y su porte poseía un garbo impactante, tanto, que el primer guardia que lo vio acercarse dio un paso para atrás, asustado por su presencia. - Vine a ver al Gran Velador de la ciudad – dijo con una voz demasiado grave, fría y leve, pero también potente. El guardia se hizo a un lado, reconociendo de inmediato al invitado. Sin más, el enorme guerrero cerró su puño y se lo llevó al pecho en señal de respeto y saludo, tras lo cual avanzó al interior del castillo, donde una serie de jardines aún se mantenían verdes, con hermosas enredaderas cubriendo cada pilar del interior y en medio, adornando el centro del lugar, un bello robre, enorme como un obelisco. El guerrero se asqueó, sintiendo las ganas de azotar al primero de la orden que se le presentara. Se preguntaba, aun cuando sabía bien la respuesta, como era posible mantener aquella 111
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— coreografíade engaño por sobre el bienestar de su pueblo, el último Merlín se habían mostrado más leal y comprometido con su gente y aunque no se le podía excusar por los errores que ahora resentían, era la orden y su camarilla de asesinos quienes debían de ser considerados los únicos culpables del presente estadio de cosas. Él siempre los odió, no podía entender aquel afán de cambiar su supuesto destino, como si este ya estuviera escrito en piedra y si así lo fuera, realmente no hubiera tenido sentido iniciar todo eso. Al final todo terminaría igual. Un solitario joven se apareció caminando hacia él, mostrando un hermoso peto, negro y brillante, con grabados en plata, despreocupado, como si nada fuera de sí mismo importara o como si aquella fortaleza de mentiras fuera el mundo real, o una impenetrable fortaleza a la verdad. El enorme guerrero mantuvo su paso, ni se adelantó, ni se detuvo. Solo continúo igual, pero al llegar a la misma altura del joven, dio un leve giro de su cadera, y levantando el brazo se giró hacia el otro lado, azotando su antebrazo en la cara del joven, tirándolo al suelo en medio de un grito que más que de dolor era de sorpresa. El guerrero siguió caminando sin mostrar satisfacción o disgusto, no se detuvo a ver como el joven se llevaba las manos a la cara o si alguien más lo había visto, no le importaba, eso sería darle valor a algo que no lo merecía. Al final de la glorieta, se encontró delante de una enorme puerta metálica, rodeada de una corona de piedra, adornada con hermosos poemas grabados. La miró un rato, tratando de apreciar algo en esta, pero por más que lo intentaba, no podía sentir aquella paz que tanto le había inundado la primera vez que estuvo frente a ella, como si la belleza que había visto entonces se hubiera esfumado, quedado solo una carcasa sin valor, sin vida, sin un significado real. Por un instante quiso regresarse, pero sabía lo que perdería si se retiraba, así que tomó un respiro y de forma pausada dijo su nombre a la puerta. Por un segundo nada pasó, pero de pronto, la pared hizo un fuerte crujido y 112
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA lentamente se abrió la enorme puerta. Adentro, solo una escalinata de mármol hizo su presencia, subiendo hacia lo que parecía ser un piso en lo alto de la torre y el gran guerrero puso un pie delante de otro, siguiendo el camino que esta mostraba. El pergamino era hermoso, bellamente decorado con grabados de los tiempos arcanos y en esos días de miseria, nada era mejor que la ilusión del bienestar, pasado o futuro, real o ficticio. Con lentitud subía y bajada el papiro, gozando con los movimientos del grabado, en el suave baile del aire y en el danzar de las olas que estos representaban. Cugedhion se sentía orgulloso de su colección, más bien la de su familia, pues cada uno de los pergaminos, tanto de arte como de magia, habían sido realizados por algún miembro de su familia aún desde antes del pacto con la Atlántida, de cuando los hielos aún gobernaban el norte del mundo. Pero un conjunto de pisadas le hizo salir de su meditación y poniendo el pergamino sobre una enorme mesa de tonos metálicos se puso de pie, viendo de frente a la puerta, esperando que se abriera. De forma rápida, aunque no precipitada, la puerta se abrió en su totalidad, dejando ver la enorme figura del guerrero de abrigo negro. - Erlos, que alegría verte de nuevo – exclamó Cugedhion mientras se acercaba al guerrero – han pasado muchas lunas – - Sin duda amigo mío, malas lunas. Y muchas – respondió el guerrero, con cierta tristeza en su voz. Quería mucho a Cugedhion, no había sido su único amigo, pero ahora era el único que quedaba con vida, pero su relación se había deteriorado con el tiempo. Cugedhion se había unido a la orden casi al momento de su fundación, mientras que él se había convertido en uno de sus más grandes opositores, pero sabía que su amigo era bueno, eso no había cambiado, aun cuando la orden poseía el efecto de pervertir a las personas. Sin embargo, Cugedhion también parecía tan ciego a la 113
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— realidadde la orden, siempre negando lo que cualquiera veía como una locura en masa. - Y todo parece que se pondrá peor – respondió Cugedhion con la misma tristeza. Erlos no dijo nada, no creía que la perspectiva de su amigo hubiera cambiado, incluso con el avance de la guerra, así que realmente dudaba a lo que se refería. - La situación empieza a derrumbarse – continuó Cugedhion – estamos... simplemente estamos contra la pared. Los hunos están tomando el este de una manera demasiado rápida y los sajones, vikingos y romanos se encuentran en el sur. Avanzan más lento, pero se detienen a hurgar nuestras cosas, eso es lo que me preocupa. Es una pena que ya no peleemos contra los galos o los pintados, al menos ellos tenían mejor sentido del honor guerrero – Erlos se llevó la mano a la boca y tosiendo disimuladamente le dio a entender a Cugedhion que no estaba allí para escuchar lo que todos, a pesar de la prohibición contra murmuraciones, sabían. Cugedhion entendió de inmediato lo que Erlos trataba de decirle y buscando respaldo en una hermosa silla, que parecía ser de piedra aunque ligera y delgada, le dijo – supongo que leíste mi carta – - ¿Lo que decía en ella es cierto?, y si lo es, tu decisión entonces tiene el respaldo de la orden – Cugedhion lo miró fijamente - ¿cuándo te he mentido?, lo que te dije en ella es cierto. Sin importar las circunstancias futuras, tu familia será transportada sana y salva al norte, quizá hasta Lastrnnwyn si es necesario – Erlos no se movió, y su rostro no cambió, pero sus ojos mostraron un profundo brillo de alegría, como si la esperanza en su ser apareciera después de una eternidad de oscuro desconsuelo. Después de un rato de contemplación mutua, Erlos le sonrió con sinceridad, sin embargo, Cugedhion se mostraba más seco - por desgracia este favor tiene un precio – le dijo. 114
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA - Eso no importa. Cuando lo acepté supe de inmediato que mi vida podría verse sumergida en el peor pozo de la guerra – respondió Erlos con calma, sabiendo muy bien que lo que Cugedhion llamaba favor, no era sino un trueque de vidas. - Los dices con mucha calma amigo mío – - He visto más cosas que tú y he aprendido que la calma es un arma poderosa – - Siempre fuiste el más sabio de los dos, aun cuando solo sea un joven impertinente – le dijo Cugedhion en forma de una suave burla, aunque no tan fuerte como para romper la tensión que todavía sentía por dentro. De una u otra manera, estaba traicionando a su mejor amigo, su mejor discípulo. Cugedhion se dio la media vuelta para evitar ver la cara de Erlos, como un último recurso para adquirir la fuerza necesaria para enterrar la daga en la espalda de éste – se te mandara al sur, al bosque “Ar Duen”, al mando de una pequeña unidad – - ¿Al frente? y con pocos guerreros. Sabía que la orden había evitado matarme por la utilidad que me podían encontrar. Pero desperdiciarme de esa forma no tiene sentido – replicó Erlos, sin tratar de vanagloriarse, solo decía lo que a fin de cuentas era la verdad. - Si, al frente, pero deberás guardar posición hasta que comience una ofensiva – respondió Cugedhion. - Entonces no seré el único allí, ¿Cuántas divisiones serán mandadas? – El velador negó con la cabeza lentamente – no tengo idea, esa información no nos ha sido revelada aún – - ¿Y cuál será mi contribución en eso?, si existe ya un plan de ataque no soy tan necesario ¿verdad? - - Tu deber consistirá en destruir a los manípulos de los hombres que se han asentado en las ciudades al sur de la gran raíz, principalmente uno que lleva la bandera 115
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— de“Éireann hasta el fin de los tiempos” – - ¿Pintados? – preguntó Erlos. - Romanos del águila roja, aunque en realidad desconozco la razón de porque habrán elegido aquella insignia. Pero no son los únicos, hay muchas unidades que además están fungiendo como la punta de lanza de la avanzada del sur - respondió el velador aún sin darle la cara. Erlos supo que la forma de actuar de su antiguo mentor, era la única forma en que éste podía mostrar su vergüenza y el miedo que sentía de no volver a verlo jamás. Quizá esa era el único defecto de Cugedhion, la incapacidad de poder ver sus errores aun cuando los enfrentaba, pero sin poder reprocharle aquella actitud, solo se dio la media vuelta - no te das cuenta que su sueño se ha convertido en nuestra pesadilla – le dijo al acercarse a la puerta. - Debemos mantener las esperanzas. Aún creo que tenemos la fuerza necesaria para dar un giro favorable a toda esta situación – respondió Cugedhion – además, mientras ella siga al mando, esto no podrá terminar tan fácilmente – - ¿Ese es tu consuelo? – respondió Erlos al abrir la puerta, pero antes de salir por la ella, Cugedhion se dio la vuelta y le pidió que le mirara – por favor cuídate, esto no será como las demás batallas que has tenido, por lo que sé, hay gente en ese lugar que es peor que Skorzeny – dijo refiriéndose a aquél a quien los elfos habían llamado “el fantasma de Europa”, siendo éste el único hombre, junto con Maskelyne, que había logrado engañar a los ejércitos antiguos, por lo menos en Europa y África. - Sé a lo que me enfrento, los hombres no pueden sorprenderme – respondió Erlos, pero antes que pudiera continuar, Cugedhion levantó un poco la voz, lo suficiente para que su susurro atravesara la habitación – entre Londinium y Viroconium se perdió todo. ¿O es que lo haz olvidado? - 116
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA Erlos se detuvo en el acto, pero solo por un instante y sin responderle a su amigo, siguió su paso, saliendo serenamente de la habitación, caminando el largo pasillo hasta las escaleras de mármol, colocando su mano en la pared, moviéndola con cada paso que daba hacia la salida. Saerwen aún trataba de engañar a todos a su alrededor, igual que el último Merlín, aunque no contaba con el carisma de éste. De cualquier forma ya no lograba tergiversar la realidad de los demás tan fácilmente, solo la de ella, aunque esto no significaba un alivio en sí. De entre una nube de escombros, un par de jovencitas, ambas vestidas con piezas sueltas de armaduras, salieron corriendo de una vieja torre a medio derrumbar hacia uno de los tantos muros que se habían improvisado a lo largo de la ciudad, puestos allí para evitar, aunque fuera de manera incipiente, la avanzada de los hombres hacia la Annwyn, la gran capital. Al verlas, Erlos se daba cuenta en realidad de lo afortunado que había sido al haber aceptado la oferta de reinserción en los cuerpos de guerreros, de lo contrario, su esposa e hijo aún seguirían atascados en lo que en definitiva, ya era el centro del infierno. Aunque al mismo tiempo se preguntaba por cuánto tiempo soportarían los suyos aquellas condiciones. Había sido bendecido, tardíamente, pero afortunado al final. Con más de veintitrés mil lunas, había sido en otros tiempos considerado un joven, pero ahora, en aquellos días de insensatez, era uno de los pocos elfos de edad envidiable. Y aun así, la existencia le parecía demasiado corta. Durante la mayor parte de su vida, nunca conoció la verdadera felicidad sino hacia tan solo ciento ochenta lunas, cuando conoció a la nieta del que había sido alguna vez su superior. Su segundo amor. Ella tan solo tenía seiscientas lunas, pero a veces parecía aún más madura que él, aunque la mayor parte del tiempo solía reír y contar historias llenas de humor y alegría. Después de conocerse poco tiempo, ninguno dudo en entregar su vida al otro, en compartirla por la eternidad, para su gente era extraño ver una relación 117
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— tanfuerte surgida tan rápido, pero no les importó cualquier percepción ajena, menos con la llegada de su hijo. Un pequeño trozo de cielo que llegó a solo nueve lunas de haberse unido con ella. Lo veía en cada rincón, todo se lo recordaba, y aun cuando no siempre podía pasar tiempo con él, tenía memorizado cada uno de sus rasgos, sus cabellos, dorados como los de su madre, sus ojos, fuertes como los suyos. Y si aquello era su razón para vivir, su motivo para volver al campo de batalla, con gusto aceptaría todo eso como su excusa para soportar el contacto con aquellos a quienes tanto había atacado públicamente. No había marcha atrás, si Nuevo Orden era la única forma de conseguir la protección de lo que más amaba en el mundo, no le importaba venderles su alma. Mientras pensaba en esto, un enorme dragón negro se le acercó y bajando la cabeza cerca de él, mostró una hermosa silla de montar arriba de sus hombros. Con pesados pasos puso sus botas sobre el brazo de la creatura y sentándose, sereno y digno como un rey ante los suyos, le susurró a la creatura que emprendiera la marcha. Piedra tras piedra era colocada en cada rincón que pareciera demasiado débil, arqueros subían por las torres, esperando a cualquier cosa que se les presentara en su campo de visión, todo mientras tumultos de personas se movían en enormes líneas mal formadas hacia el norte de la ciudad. Lo que antes fue verde, ahora se veía gris, lo que antes resplandecía bajo el cielo nocturno, ahora se mimetizaba con el negro de las noches sin luna. Lo que antes fue la gran plaza pública, la enorme biblioteca de los siglos, el bosque milenario, incluso el segundo castillo de Auberon, ahora era solo un interminable mar de escombros, despojado de cualquier cosa que pudiera haber sido belleza. Y encima de aquel sombrío paraje, un solitario dragón oscuro volaba lentamente hacia el sur, con su jinete quieto, firme, con los ojos sostenidos en el horizonte. 118
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA El día era triste, como lo eran la mayoría en aquellos tiempos. No sabía que esperar del futuro y su pasado aunque largo y lleno de recuerdos, no le servía para nada, al menos así lo creía él. Había conocido hombres antes, algunos valientes, algunos cobardes, pero la mayoría insignificantes. Sin embargo, los “pintados” habían sido como sus hermanos, naturales, libres, adoradores de la magia, ¿acaso ellos también terminarían igual?, vencidos, derrotados, borrados de la faz de la tierra por sus enemigos. Si los hombres se comportaban como los celtas, a ellos les esperarían siglos de vasallaje, aunque de cohorte no tan dura, pero eso sería casi imposible. Los hombres del Este no eran sino hunos, salvajes y despiadados, los del norte de Europa o América eran sajones y vikingos, salvajes, ignorantes y asesinos, quizá los godos eran mejores pero sus números eran reducidos, pero por encima de todos ellos estaban los romanos, los peores de todos, dispersos por el mundo a través de los años, eludiendo su extinción al crear nuevos imperios con cada conquista, algunos débiles, otros poderosos, pero todos provenientes de la misma Roma imperial que tanto había azotado al mundo con su despotismo y crueldad. Sí, los hijos del águila romana aún conservaban su naturaleza, la misma que había acabado con la hermandad de elfos y humanos en toda Europa, la misma que permitió llevar a cada rincón del mundo la primera y verdadera cultura humana. Al ver el horizonte, pudo ver las sombras de su pasado, tan claras que casi podía sentirlas hablando, susurrándole sus logros y pecados, pero dos figuras le miraron más profundamente que cualquier otra, la primera, con sus largos cabellos rojizos y alta figura, fuerte de brazos, fuerte de piernas y fuerte de mirada. Su sonrisa, tierna y madura, soportando unos ojos tristes, cansados de no poder cumplir la promesa que se habían hecho. Aún la recordaba, su primer amor, su primer pecado. La segunda figura era muy distinta, lejana y sombría, de silueta y tamaño ligero, pero más poderosa que 119
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— cualquieraque hubiera visto antes o después, con ojos oscuros, poderosos y crueles, fijos en él, igual que los del león al ver a su presa y una boca delgada, fuertemente cerrada, como para evitar que hasta el más mínimo suspiro se le escapara, todo cubierto con una armadura color ocre y una capa tan roja que la hacía parecer vestirse con sangre. Esa última silueta era sin duda lo único que podía volver a esperar. Entre los hombres aun había muchos así y seguramente estarían allí de nuevo, silenciosos y poderosos, esperando, intrigando sus próximos golpes. Por supuesto que ellos se habían vuelto más fuertes, más que desde la firma del pacto al final de la era de los grandes hielos, pero los hombres también se habían fortalecido y más que ellos. Ya no podía hacer nada más, llorar o lamentarse sería absurdo, quejarse o resistirse, inútil, lo que quedaba por hacer era enfrentar el destino con todo su ser, aun cuando tuviera que asumir la responsabilidad de otros, con los pecados de aquellos quienes ya se les veía como los únicos culpables. Una solitaria lagrima salió por uno de sus ojos, desvaneciéndose rápidamente por el frio aire que soplaba a su marcha, pero apenas la notó, la razón de la misma también desapareció, simplemente no había tiempo para perderse en cualquier cosa que no fuera su misión. Levantó su lanza y apretando con fuerza la rienda de su dragón, se lanzó al infierno con gesto estoico y corazón frio. Solo esperando volver a ver la razón de su existencia. Y esperando que ellos también pudieran volver a verlo. En tierra, Cugedhion lo veía partir, deseándole algo más que solo buena suerte, para él y para su causa. Elros siempre fue uno de los mejores guerreros que jamás hubiera visto, pero su único defecto era pensar como un anciano, con demasiada calma. Aunque también fue su edad y su posición, lo único que lo salvó de un 120
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA enfrentamiento severo con la orden. Aun cuando se la pasaba atacándola públicamente. En aquellos tiempos, incluso Saerwen era más sabia, menos impulsiva que ahora cuando todo lo que alguna vez ayudó a crear se encontraba derrumbándose. - ¡Velador! - gritó un guerrero mientras se acercaba rápidamente. - Almog, ¿Qué sucede? – preguntó Cugedhion con calma. A esas alturas, las malas noticias ya no eran extrañas y ya de nada servía preocuparse o incluso, ocuparse de ellas. - Los hombres han encontrado el último pergamino – respondió el guerrero en medio de la agitación. - ¿Qué pergamino? ¿De qué estás hablando? – respondió el Velador con enfado, molesto por no poder entender bien la voz del guerrero entre sus respiraciones frenéticas. - ¡El pergamino!, ¡el sello para invocar a la primera! – Cugedhion abrió la boca, pero de ella no salió nada más que una extraña aspiración de asombro, de inmediato recobró la postura mientras pensaba las cosas de forma más detenida. Por más que los hombres hayan estudiado o por más que conocieran la naturaleza de su último trofeo, era casi imposible que lograran realizar el ritual de invocación o que siquiera conocieran el sitio correcto para hacerlo. Cugedhion dio la media vuelta y dirigiéndose al establo de bestias, se montó en un animal parecido a un dragón, pero sin cuernos y sin las enormes púas que tanto adornan a aquellos animales. - ¿Señor?, ¿A dónde va?, todavía… - añadió el guerrero mientras le veía emprender el vuelo. - Lo más seguro es que “el Paladín del Imperio” haya ordenado una junta de emergencia – interrumpió Cugedhion - ¿no es cierto? – El guerrero se quedó en silencio, quieto, tratando de organizar sus palabras hasta 121
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— quecon un simple movimiento de cabeza, asintió. - Solo voy al castillo del Alberich, quiero llegar temprano, antes que cualquiera de los demás veladores – y sin decir algo más, dio un hermoso silbido y su bestia levantó las alas, empezando un vuelo que más parecía un baile en el cielo. Sabía que la ciudad quedaba desolada, con su mejor guerrero dirigiéndose a lo que pudiera ser su muerte y el único velador del lugar en fila a una reunión vana, llena más de protocolos que de decisiones. Pero no le quedaba más remedio, solo el rezar porque la joven que ahora controlaba sus destinos mostrara una última vez aquella voluntad e inspiración que les hicieron, por un breve respiro en el tiempo, los dueños de sus destinos. … El castillo ya no poseía la belleza que alguna vez adornó a cada rincón, a cada columna y a cada puerta. Ya no brillaban los marcos de la ventanas, y ya no se podía ver la forma en que el verdor de los árboles de fundía con los tonos pétreos de las paredes. Lo único que quedaba ahora era una enorme construcción, todavía imponente, pero más parecida a una inmensa montaña de piedras colocadas casi al azar, solo encima la una de la otra. Auberon, el gran y único Alberich del imperio aún se encontraba allí, enfermo por la destrucción de su tierra, incapaz ahora, incluso para levantar sus brazos, aunque no hubiera servido de algo. Desde tiempos inmemorables, cuando las siete raíces de Ávalon formaron el imperio, el Merlín y el Alberich se habían repartido la responsabilidad de guiar al pueblo de las hadas, aun cuando la mayor parte del poder recaía en el primero, sin embargo, el último Merlín había sido asesinado por supuestos traidores y la falta de tiempo no habían permitido la elección de uno nuevo, por lo que Saerwen se había proclamado la tercer Paladín del imperio, 122
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA uniendo las funciones de un Merlín con las potestades de un sustituto del rey. Cugedhion recordaba sus pasos por la orden mientras más se acercaba al castillo imperial, viendo como éste reflejaba la realidad del nuevo imperio que la orden había creado. Algunos de sus integrantes aún creían en el liderazgo de la orden, en su nuevo Paladín, otros como él, veían solo una autoridad formal, carente de toda capacidad de convencimiento o motivación, pero nadie otorgaba ya ambas capacidades al régimen imperial. Mientras giraba su cabeza a todas direcciones, tratando de encontrar cualquier rasgo de vitalidad en aquella fortaleza de roca sin alma, su bestia descendió sobre lo que alguna vez fue un hermoso piso de lozas, ahora rotas todas y cada una de ellas. Sin perder un segundo de tiempo, Cugedhion bajó de su silla con un salto y corrió hacia el interior del castillo, solo para encontrarse con una comitiva de guerreros, todos pertenecientes a la nueva élite de la guardia imperial. Vestidos de pies a cabeza con imponentes armaduras plateadas, todas adornadas con bellos arreglos e intrincados diseños, pesados yelmos que les cubrían casi la mitad de la cara y en algunos casos, la cabeza entera y enormes lanzas que complementaban a magnificas espadas, todas enfundadas. La nueva guardia parecía en verdad poderosa, casi invencible, pero a la vez se denotaba a la vista como inexperta, ya que era compuesta por integrantes de una élite que en un principio significó la grandeza del imperio, pero que ahora era solo un montón de ornatos de plata y oro, elfos y hadas educados desde su nacimiento en proezas guerreras o religiosas que raramente lograban llevar a cabo. Cugedhion los veía sin mostrar lo patético que los sentía. Todos ellos eran los primeros en haberse jactado de las primeras victorias, sintiéndose como los autores de las mismas, cuando los verdaderos guerreros pertenecían a la casta gremial o a la campesina, quienes de hecho aún seguían luchando en el frente, muriendo solo para que la basura que lo recibía en el castillo siguiera gozando de sus fantasías. Deteniendo 123
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— supaso, se quedó quieto ante ellos, cerrando su puño y llevándose hacia su pecho mientras se erguía. Uno de los guardias se le acercó y con un tono despótico le pidió que se le presentara. - Soy Cugedhion de la Nueva Orden, hijo de Algrim de la Orden del Dragón Blanco – respondió, tratando de soportar la indignación. El guardia se mostró sorprendido y avergonzado y dando un giro, se quitó de su paso y ordenó con voz potente que abrieran las puertas. El interior sorprendió a Cugedhion más que el exterior, a diferencia de su propia torre, donde aún se podían ver aquellos arreglos de los tiempos de gloria, el interior del castillo imperial armonizaba perfectamente con su lúgubre exterior, la gran escalinata se encontraba compuesta por enormes trozos de mármol agrietado y las paredes se encontraban atiborradas con enormes armazones de metal y postes de madera, todo sostenido por una red de cables y cuerdas, el panorama era en sí un enorme rompecabezas, la parte superior parecía apenas estarse construyendo, las paredes y columnas parecían una selva de telarañas oscuras y el piso, lleno de costales de arena y paja, parecía como un viejo almacén, o una simple granja abandonada. Solo las pinturas en las paredes y las molduras del pasamano seguían relativamente intactas, aunque cubiertas con demasiado polvo. Ante tal espacio, se olvidó de la prisa con la que tanto había llegado, deteniéndose en medio del salón para verlo en todo su estado. Al dar la vuelta, vio la ciudad a la distancia, oscura, derrumbada, solo el humo ocasional que sobresalía de los techos dejaba ver que aún existía actividad en ella, aunque Cugedhion pensaba que aquello bien podía ser solo los residuos de los incendios que provocaban los ataques aéreos del hombre. ¿Cómo había podido pasar por alto la condición de la ciudad?, acaso el castillo poseía aún aquel magnetismo, en ese caso, tal vez era algo bueno, de esa forma los hombres concentrarían la mayoría 124
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA parte de sus ataques en este y no en el resto de la ciudad. Un elfo entró por otra de las puertas, llevaba los adornos propios de un capitán de guardia y al verlo, Cugedhion volvió en sí, preocupado por ni siquiera saber el tiempo que había perdido en contemplar la ruina en la que se había convertido la capital. Sin perder más tiempo subió la escalinata, llegando a donde estaba todavía el gran salón del consejo, desde hacía varias lunas vacío, ya que la existencia del castillo como blanco primario de los hombres había obligado al consejo a trasladarse al norte, lejos de los ataques, pero al final, eso era solo un gesto vano, desde el triunfo de la orden, el consejo solo había servido como un eco de los deseos del último Merlín, y ahora, del tercer Paladín. Al final de aquel salón, en la pared del fondo, el estandarte imperial aún se mantenía inmaculado, casi luminosos, como una isla de luz en medio de un océano demacrado y gris. Una mano se levantó a lo lejos, saludándolo, invitándolo a acercársele y caminar hacia ella, y al hacerlo vio con gusto la cara conocida de un joven de cabellos grises y ojos azules. - Voronwë, es bueno ver que aún estas con vida – le dijo Cugedhion con gusto. - Me he mantenido lo más lejos posible del frente – - Muchos te llamarían cobarde – - Preferiría el término de oportunista, aunque la verdad no me importa, mi madre cada día se siente peor y mi hermana no puede hacer mucho en su condición – respondió Voronwë con una extraña calma. - Creí que la orden le conseguía buenos sacerdotes de curación a los suyos, ¿acaso no te han ayudado como se debe? – le preguntó Cugedhion al joven, que si bien no había sido jamás uno de sus mejores aprendices, si era uno de los que más estimaba, no por sus habilidades de combate, las cuales eran bastante mediocres para un elfo, sino por la extraña e increíble capacidad que tenía para mantenerse siempre sereno, 125
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— tratandode ver lo bueno de la vida. Eso lo había sacado de su padre, el cual había sido un elfo gris, quién también le había legado aquella melena platinada, además de una serie de problemas por el origen, pero la familia de su madre pertenecía a una de las élites de la ciudad, por lo que pasaron por alto su ascendencia cuando pidió entrar a la orden. - Si, lo han hecho, pero un sacerdote no puede hacer mucho por un brazo faltante y aunque pudiera… - respondió el joven, aun conservando su serena mirada. - Pesadillas, ¿no es cierto? – preguntó Cugedhion. Voronwë bajó la cabeza y asintió con pesar, pero de inmediato la levantó, mostrando un gesto lleno de esperanza y de gusto por platicar de nuevo con su viejo maestro. Pero Cugedhion no le devolvió el gesto, sino que se mostraba aún más preocupado y alargando su mano la puso sobre su hombro – por favor, toma a tu madre y a tu hermana y has todo lo posible por ir al norte, los espíritus del tiempo me han hablado en mis sueños y he visto a la gran ciudad de la niebla cubierta por el fuego y a todas las banderas del hombre ondeando en lo alto del castillo – le dijo. - Pero… ¿eso cuando sucederá? – preguntó Voronwë. - En seis lunas, tal vez más, tal vez menos – le respondió su maestro. - ¿Usted lo sabía?, ¿desde hace cuánto tiempo? – - Toda la última luna he estado teniendo visiones, al principio supuse que solo eran pesadillas, como las de tu hermana, como las de muchos otros. Pero ahora creo que son imágenes del destino – - ¿No se las ha dicho al alto consejo? – - Crees que no lo saben – le replicó Cugedhion con una desganada desesperación - si yo le he visto, con más razón lo ha visto el Paladín – - Pero… si los hombres vienen, no abra mucha diferencia con irme al norte, tarde o 126
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA temprano también llegaran allí – reclamó el joven, incrédulo de las palabras de Cugedhion, aunque también renuente a pasarlas por alto. - Cuando terminen con la ciudad, la guerra habrá acabado – le explicó Cugedhion – en el norte no hay nada, dudo que les interese - - ¿Y eso cambiará la actitud de los hombres? - - No – respondió Cugedhion con sequedad – pero ellos están tan cansados como nosotros, así que también creo que dejaran sus armas de lado. Seguirán buscando venganza, pero su sed de muerte se apagara por un momento – y diciendo esto, Cugedhion apretó el hombro del joven con dulzura y siguió su camino. - Ella no está allí – le dijo Voronwë, impidiéndole continuar. - ¿Disculpa? – - El salón interno del gran consejo se encuentra vacío. El Paladín ha ordenado que todas las juntas se realicen en el salón de meditación – Cugedhion supo de inmediato que eso era lo más lógico, el salón del gran consejo se encontraba protegido por una magia muy poderosa, pero desde que los hombres habían empezado a poner puntas de hierro a sus lanzas y rocas de fuego, lo único que cubría a aquella estancia era una cúpula de cristal con marco de plata, lo más seguro era que ya ni siquiera se encontrara en condiciones para una junta, por otro lado, el salón de meditación era grueso y estaba localizado en las partes bajas del castillo. Voronwë esperó a que Cugedhion se adelantara un poco y sujetándolo del hombro, lo acompaño hasta la entrada de los niveles más bajos. Pasaron los minutos y el par de elfos aún no llegaban hasta su destino, el nuevo corazón del imperio. El castillo en sí, era enorme, diseñado a finales de la última era de la luna para albergar a toda la población de la zona, de hecho, en aquellos días, el 127
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— castilloera la capital en sí y durante todo ese tiempo, jamás se le habían hecho modificaciones, ni reparaciones, toda la estructura era originaria de sus primeros días, pero jamás fue diseñada para soportar la clase de guerra que estaba viviendo, aunque los cimientos para tal construcción eran más que suficientes para soportar con relativa tranquilidad los castigos a los que era sometido el mundo de la superficie. Después de un tiempo, Cugedhion vio una enorme puerta al final de un largo pasillo, adornada con el relieve de un gigantesco árbol blanco, con detalles más pronunciados en las raíces del mismo, dando a entender que aquella era la entrada a los niveles más bajos. Rodeando el portón estaban un par de pilares tan altos como tres pisos y los pies de estos, dos guardias de la élite, pero muy distintos a aquellos que vio cuando había llegado al castillo. Estos eran guardias de verdad, veteranos originarios de cientos de batallas a lo largo de innumerables lunas. No les prestó atención, en cualquier caso pensaba que eran peores que los novatos de los niveles más superiores, al menos ellos creían estar cooperando con la guerra, mientras que estos, quienes podían realmente aliviar el dolor de al menos un guerrero común, se mantenían encerrados allí, solo alimentando el patético sentimiento de seguridad del Paladín. Voronwë se adelantó un poco, gritando el nombre del velador a la puerta, la cual solo se abriría al escuchar el nombre de quienes deberían atravesarla. Muy lentamente, la puerta comenzó a abrirse, revelando su interior, con lo que Cugedhion, al acercarse y tomando a Voronwë del brazo, entró. - Pero señor, yo no fui invitado – replicó el joven. - Si vienes conmigo la puerta te dejara pasar – le explicó el velador. El pasillo al principio se parecía mucho al que habían estado recorriendo, pero las paredes empezaban a mostrar diferencias, por ejemplo, que las luces tomaban más fuerza entre más avanzaban y que las paredes y columnas se encontraban en mejores 128
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA condiciones que en cualquier parte del resto del castillo, por lo menos, en las que ellos habían estado. Poco a poco se iba revelando mejor el lugar donde se encontraba, en una sala blanca, similar a aquellas pinturas que representaban la morada de los dioses, Cugedhion nunca había estado en aquel lugar, por lo que no podía saber si aquello había sido construido así desde el principio o si había sido el deseo de la orden el haber arreglado el lugar con aquellas especificaciones, aunque al ver mejor aquel lugar, comenzó a creer que la segunda opción era la más probable, poco a poco se empezó a llenar de cierta indignación, pero lo que le molestaba en realidad, era la forma en que Saerwen trataba a la gente, ella siempre presumía de tener un sentido muy alto de la estética, pero en realidad su concepción de la belleza llegaba a niveles molestos de exageración, él estaba seguro que todo el paseo había sido diseñado para que cualquiera que hubiera sido llamado, estuviera obligado a tener que recorrer todo el complejo para, según ella, ver la belleza en la se rodeaba. “Eso lo esperaría de un hombre, incluso de un enano”, pensaba él mientras recordaba las horribles construcciones del hombre, todas diseñadas para verse a lo lejos y dar absurdas ideas de grandeza, claro que algunas de ellas le llegaron a gustar, como el bello arco que los romanos de Galia le habían construido a uno de sus líderes, a un pequeño César de porte bravo y ojos indomables, pero la mayoría le parecían carentes de toda gracia, como el horrible armatoste mecánico que se encontraba en la antigua isla de los pintados, o la horrible torre de hierro en las tierras galas, oscura y sin vida, como si algún demonio enorme hubiera dejado una pieza de ajedrez en medio de los verdes campos de la naturaleza. - Gran Velador Cugedhion, supongo – dijo una fata, vestida con los ropajes de una sacerdotisa del templo – por favor sígame, el Paladín la espera – - Creí que todos los sacerdotes se habían marchado al norte, junto con los grandes 129
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— consejerosy el consejo mismo – le dijo Cugedhion, queriendo saber la razón de aquella presencia, aunque también lo hacía con tono de incidía, buscando molestarla. Ella se rió un poco, sintiendo gracia en lo que el velador le decía, o realmente creía que todos los cuidadores del templo serían tan cobardes como los ancianos del consejo, claro que algunos se quedaban por que sentían mayor protección en el interior del castillo que en las tierras de Lastrnnwyn, pero ella era una sacerdotisa completa, sabia más que a la perfección la mayoría de los hechizos de curación y allí podría servir de algo, por lo menos más que para solo legitimar el poder de la orden a distancia – me gusta estar aquí, gran señor – respondió ella con ironía. El velador no le contestó nada, de hecho no había entendido bien su respuesta, por un lado sabía que ella decía más que lo que sus palabras expresaban, pero para él, siempre le fue más fácil entender mapas y formaciones de guerra que a las mujeres de su raza, aunque era posible que aquella condición fuera una generalidad en todas las especies, quizá incluso en los hombres, donde las mujeres parecían mantenerse en la raya de toda actividad política o religiosa, aunque tal vez no por gusto. Giró la cabeza para ver a su acompañante, pero Voronwë parecía tan desconcertado como él. La fata levantó su mano y le indicó al velador por donde debería de continuar, apuntando hacia otro pasillo, uno mucho más pequeño que el anterior y sin descifrar todavía los pequeños secretos de su guía, Cugedhion y su joven acompañante, continuaron su ya fastidiosa caminata, aunque parecía que por fin llegarían a su destino, pues apenas se internaron en el pasillo escucharon las pisadas de la gente y lo que parecía ser una innumerable cantidad de voces, todas hablando al mismo tiempo. Un caballero, vestido con la armadura de general, salió cuando ellos estaban por entrar por una lujosa puerta de plata. - Gran Velador Cugedhion, es por aquí – le dijo. 130
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA El velador se mostró algo desorientado, dándose apenas cuenta que el pasillo por en el que se encontraba era solo parte de un largo complejo de pasajes y habitaciones, pero sin mostrar su sorpresa, caminó hacia donde lo estaban llamando. Al dar la vuelta en la esquina se encontró dentro de una habitación enorme, acondicionada para tener varios sub pisos. Todo el lugar se encontraba atestado de gente, guerreros de toda clase, desde los caballeros comunes hasta los generales, de guardias de ciudad, hasta la élite de la guardia imperial y todos en movimiento, hablando y discutiendo igual que un patio de recreo, haciendo evidente que el Paladín aún no se había presentado. - Eres uno de los primeros veladores que llega, aunque por fin te han ganado en ser el primero, gran Cugedhion – le dijo una voz a su espalda y al dar la vuelta, el velador pudo ver al general que los había guiado. De primer momento no pudo recocerlo y no por el yelmo que traía puesto, sino más bien por la cantidad de suciedad en su cara y armadura así como por todas las cosas que llevaba encima, bolsas, fundas y paquetes de cristales y rollos, todas abultando lo que parecía ser una figura delgada, pero después de unos segundo, la brillante sonrisa del general le abrió la memoria como por arte de magia. - ¿Authiel?, ¿eres tú? – preguntó Cugedhion con sorpresa. El general se quitó el yelmo y mostrando unas lindas facciones a través de las manchas de sudor y suciedad le dijo – que ya no me reconoces, ¿has olvidado a tu querida sobrina? – - ¡Muchacha!, por Frey que has cambiado, pareces más un elfo que la linda fata que conocía – exclamó Cugedhion lleno de alegría, viendo como su sobrina aún conservaba los rasgos femeninos de su madre, pero con un cuerpo que parecía el de un caballero, alto y fuerte, por lo menos en comparación con el propio. - Es la armadura y todo esto que llevo alrededor. Lo único que tengo de mi padre es 131
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— laestatura – respondió Authiel con alegría. - Veo que ahora eres general, es bueno ver que los cuerpos de guerreros aún mantienen a gente útil en ellos, es una pena que la guardia no piense igual – le explicó Cugedhion – pero dime ¿cuánto tiempo llevas aquí? – - Todo el día, pero no me he aburrido demasiado, los rumores y comentarios me mantienen ocupada. Sin embargo – Authiel hizo una pausa antes de continuar, viendo a todos lados para asegurarse que nadie la estuviera viendo o escuchando - ¿es cierto que se planea una ofensiva hacia el sur? – Cugedhion asintió en silencio. - ¿Cuándo se decidió eso?, ¡nunca se le informó a los cuerpos de guerreros…! - gimió Authiel elevando la voz. El velador la tomó de los hombros y le indicó que bajara el tono, con lo que ella continuó – mis guerreros se están muriendo por millones en el sureste, los hunos están más cerca que nunca de Annwyn y ¡ahora me salen con esto!, llevo lunas pidiéndole refuerzos y durante todo ese tiempo solo me dicen que no hay reservas – la fata apretó su yelmo con fuerza, solo para azotarlo en el suelo en medio del silencio de asombro que había producido en todos los presentes. El velador los miró de forma incriminatoria y esperando a que todo mundo regresara a lo suyo, miró a alta joven con cariño. - Debes bajar la voz, no es prudente que te escuchen ese tipo de comentarios – - ¡Pero lo que digo es cierto! – refutó ella con energía. - Por eso mismo no debes de hacerlo – Ella apretó sus labios a la vez que sus ojos comenzaban a mostrar los deseos de llorar ante una terrible impotencia. Por fin le era evidente todo, el alto mando no estaba tomando decisiones precipitadas, sino que planificaba todo en un contexto oscuro. Los cuerpos de guerra estaban divididos en dos parte, una era los cuerpos de 132
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA guerreros, integrados por gente proveniente de todas las raíces y de todos los estatus, siempre y cuando supieran pelear y la otra, era la guardia imperial, la cual estaba compuesta únicamente por personas pertenecientes a las élites de la orden, que a su vez estaba compuestas por fanáticos pomposos, carentes de todo sentido de responsabilidad civil. Y ella ya no podía soportarlo, los guerreros, salvo casos excepcionales, habían sido los responsables de todas las victorias importantes a lo largo de la guerra, mientras la guardia solo se encargaba de disfrutar dichas victorias al mismo tiempo que llevaban a cabo los sometimientos de remanentes humanos, pero lo peor era que el alto mando trataba a la guardia por sobre los guerreros y que las decisiones de su movilización no eran compartidas por los jefes guerreros, eso daba como resultado un mando altamente ineficiente, pues no se mantenía unidad con respecto a los cuerpos de guerra. Pero no podía hacer nada, su tío decía la verdad – es horrible ¿verdad? - dijo con pesimismo – hoy día es más peligroso hablar que pelear – Cugedhion la miró con la misma tristeza en sus ojos, compartía su dolor, pero estaba en condiciones aún peores que ella. Él era parte de la orden, por lo que si bien podía conseguir beneficios, también estaba más atado que muchos con respecto al alto mando, en otras palabras, su vida pertenecía a la orden y por lo tanto, al Paladín. Antes que le pudiera decir cualquier cosa, una puerta al fondo de la enorme habitación se abrió de forma sonora y todo el mundo se quedó callado cuando una pequeña corte de guardias avanzó en dos columnas, deteniéndose frente al conglomerado de gente, con el puño cerrado se golpearon el pecho, dejando su brazo en aquella posición. De inmediato, todos los presentes hicieron lo mismo, se llevaron los puños al pecho, manteniéndose erguidos y callados ante la pequeña figura que salía de la puerta. El tercer Paladín del imperio. 133
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— V EL CORAZON DEL IMPERIO Sus ojos azules se veían cansados, aun en la distancia y su paso era lento, sin gracia ni presencia, ella solo los miró, girando la cabeza con lentitud, como tratando de verlos a todos como parte de una sola panorámica, no como un conjunto de individuos y sin regresar la cortesía del saludo siguió caminado hacia el centro de la habitación. Todos los presentes bajaron sus brazos, pero nadie regresó a sus actividades previas, solo siguieron de pie y en silencio, esperando que ella dijera o hiciera algo. Aunque las tres personas que seguían más cercanas a la entrada se miraban entre sí, sorprendidas de aquella actitud. Ni siquiera Authiel, quien ya llevaba tiempo en aquel lugar, había sido testigo de la peculiar forma en que Saerwen respondía o trataba a los suyos, pero Cugedhion era quien se sentía más insultado, quizá hasta humillado. Había sido velador por mucho más tiempo que lo que ella tenía de vida y sentía que aunque tuviera un cargo demasiado importante, eso no le daba derecho para comportarse de aquella manera, o es que había olvidado que los cargos más altos no confieren sino una mayor responsabilidad. Ni siquiera el gran Auberon se comportaba de esa forma, siendo él, el único Alberich, así como tampoco lo había hecho el último Merlín, quien al haber sido elegido por el consejo y por el pueblo, tenía más derecho que ella para mandar. Pero al final, ¿qué podía hacer?, ¿regañarla?, ¿o solo tragarse su propia dignidad?, por más que le molestara, le segunda opción era la más sensato y sin quitarle sus ojos de encima, caminó hacia ella. - Ah, Cugedhion – le dijo ella al verlo – es bueno ver que pudo venir – - Se me ordenó que viniera, así que lo hice gran Paladín – respondió él de forma 134
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA mecánica. Evitando cualquier tono en cualquier modo. - Bien – respondió Saerwen sin bajar la cabeza, pero al mismo tiempo rehuyéndole la mirada, enfocándola sobre algo encima de la cabeza del velador. Cugedhion se dio la vuelta de inmediato, hacia donde el Paladín ponía los ojos, pero solo vio el estandarte imperial en una pared y al regresar la mirada vio como Saerwen seguía igual, pero el velador no podía entender del todo aquel gesto. No podía saber si ella miraba aquella insignia para adquirir valor, para poder hablar llena de energías de nuevo, o porque en verdad aún sentía devoción por su causa, pero ella no le dio el tiempo para que pudiera averiguarlo, sin más, se dirigió hacia el tumulto de presentes y empezó a saludar a los primeros de cada fila. Durante dos horas, Cugedhion y sus acompañantes estuvieron de pie, inactivos, solo escuchando un sinfín de propuestas de movimientos que en su mayoría resultaban, o atrevidos o simplemente inútiles, ya fuera por la irrealidad de los mismos o por buscar oportunidades imposibles. Lo único que valía la pena ver era la cantidad de gente que llegaba cada cierto tiempo, la mayoría eran capitanes, pero también llegaban generales, veladores y caballeros de la orden. Al llegar a la tercera hora, Saerwen levantó la cabeza y viendo que la comitiva que había mandado a traer se encontraba presente, por menos en su mayoría, levantó la mano y dijo – es hora de empezar con la reunión, me retirare al salón interior y quiero que vengan conmigo solo los generales, capitanes y los veladores – Todos se quedaron callados, sorprendidos de aquellas palabras. Al Paladín se le conocía por siempre dar mayor prioridad a los caballeros de la orden, o a la guardia élite y dejar siempre de lado a los demás cuerpos del imperio, como si estos fueran solo grupos auxiliares. 135
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— Saerwen dio un leve vistazo a las caras que tenía frente a ella y mostrando cierto gusto en sus expresiones empezó a caminar hacia la pequeña puerta a sus espaldas. Todos se quedaron inmóviles un rato más, siendo Cugedhion el único en animarse en seguirla, pidiendo primero a Voronwë que lo esperara hasta que saliera. Al verlo moverse, todos los demás lo siguieron como si fueran los miembros de una manada. Al entrar por la puerta, Cugedhion se sintió de inmediato en otro mundo al verse en una habitación oscura, completamente circular, rodeada por varias luces a manera de velas y con un techo increíblemente alto, el lugar no le inspiraba confianza, parecía como un sitio sagrado, pero el lugar en sí, no se sentía sagrado. En medio de la habitación se encontraba Saerwen, quieta, viéndolos fijamente. - Por favor, siéntense – les dijo al señalar un conjunto de sillas de piedra alrededor de ella. Uno a uno, todos se sentaron, todos a excepción de Cugedhion, quien mantenía todavía cierta aversión por el lugar, aunque más por la anfitriona. - Gran Velador Cugedhion, por favor – le dijo un general – algunos venimos de muy lejos y no nos gusta estar perdiendo tiempo - Cugedhion lo miró con cierto enfado, pero haciéndole caso, tomó asiento, aunque siguió poniendo más atención en los detalles del lugar que en sus compañeros. Al girar la cabeza hacia abajo, se quedó mirando un extraño símbolo, muy diferente al símbolo del imperio; dos círculos negros, uno dentro del otro y una combinación de cuatro cruces gamadas en ellos, formando una especie de rueda extraña. “Esto es un símbolo del hombre” pensó, pero su mirada cometió el descuido de subir, quedándose fija en los ojos de Saerwen, quien lo veía fijamente con aquellos ojos azules, penetrantes como los de un lobo hambriento. Cugedhion empezó a sentirse temeroso, como si aquella fata pudiera leerle el corazón, como si supiera lo que él pensaba y sentía de ella, 136
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA trató de mantenerse confiado, pero descubrió que le era más difícil de lo que hubiera deseado, solo pudo cerrar los ojos y esperar que cuando los abriera, ella estuviera viendo a otro lado, pero cuando lo hizo, ella seguía mirándolo. Por un instante pudo ver un extraño fulgor saliendo de sus ojos, pero al instante perdió el miedo, al menos lo suficiente como para verlo mejor, Saerwen entonces giró la cabeza hacia el otro extremo del círculo, pasándola rápidamente por todo el lugar, asegurándose que estuvieran todos los que debían de estar. - ¿Por qué los he llamado?, no es eso lo que se preguntan – les dijo y cuando todos esperaban la respuesta, ella se mantuvo en silencio, como si quisiera torturarlos con la espera, o flagelarlos con una respuesta no grata. - Gran Paladín, por favor, díganos la razón – preguntó Authiel, hablando por todos los presentes. Saerwen levantó la cabeza y después de guardar silencio un rato más, empezó a hablar como si se estuviera dirigiendo a ella misma, como si la rotonda de presentes no estuvieran más vivos que un retrato – el nuevo mundo que he buscado se ve cada día más distante, más lejano y pareciera que se ha vuelto inalcanzable, o quizá nunca existió la oportunidad de crearlo. A estas alturas es lo único que invade la mente del Imperio, mi mente y la de todos los que conozco… - - Gran Paladín – interrumpió Cugedhion con energía - ¿a qué hemos venido? – - ¡A CONSEGUIR LA VICTORIA! - le gritó Saerwen al bajar la cabeza con brusquedad – el triunfo de nuestro pueblo no está perdido, es solo que ustedes no lo ven. El humo de las bestias de hierro han opacado su visión, pero no la mía, ¡no la mía! – y al decir esto, volvió a quedarse en silencio, como si toda la energía se la hubiera acabado con aquellas palabras. - Los aliados se mueven desde el sur y el este con suma velocidad, es posible que el 137
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— inviernolos haga más lentos, pero falta un cuarto de luna para que empiece y es probable que ya hayan entrado en los límites de la primera raíz para ese entonces – replicó un general. - No hay forma de pararlos, en tierra aún tenemos oportunidad de ganarles, pero cada día muestran nuevas armas y en mayores cantidades. Además tienen los cielos repletos de aves de hierro y sin el dominio de los cielos no podemos recuperar los territorios perdidos – expuso otro. - Entonces ¿qué? ¿Rendirnos? - dijo un velador al levantarse con fuerza – tengo doscientos mil habitantes en mis tierras y no se los pienso dejar a esas bestias – - ¡¿Vas a sacrificarlos?! ¡¿Para ti es mejor que se mueran en combate que garantizar sus vidas con una rendición?! - gritó Cugedhion – los campesinos o gremiales sin preparación no tienen la menor oportunidad contra los hombres, ¡morirían en minutos! – - ¡No voy a rendirme! – le contestó el otro velador con el mismo tono. - Nadie se rendirá – exclamó Saerwen con voz calma, dejando una vez más en un completo silencio a toda la habitación. - Pero ya no tenemos capacidad para organizar ningún ataque – replicó Authiel – mis guerreros se encuentran muy cansados y ya no contamos con la cantidad suficiente de elementos para avanzar – - No lo harán general – respondió Saerwen. - ¿Es ese el plan?, ¿quedarnos quietecitos? – preguntó Cugedhion. Saerwen lo miró con enfado y caminando hacia él le dijo – ustedes, los veladores, no se moverán de sus ciudades y en cuanto a los generales se les ordena mantener las guarniciones más cercanas a las que se encuentren, si dos o más ejércitos terminan juntándose mejor – 138
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA - ¿Y entregar más territorios a los hombres? – exclamó un general de tal forma que pareció como si lo hubieran herido. - Usted mismo acaba de decir que es imposible recuperar los territorios perdidos. Lo repetiré una vez más, ustedes se convertirán en el último escudo del imperio – - Un escudo, ¿y la lanza?, supongo que solo la arrojamos sin pensar en ella – le dijo Cugedhion a todos los presentes. - ¿A qué se refiere Gran Velador? – preguntó Authiel, quien trataba de ver a su tío dentro de su cargo, no como parte de la familia, por lo menos dentro los asuntos formales. - Hace tan solo poco tiempo se me ordenó mandar a Erlos, de la Orden de la Luna Negra, a territorio aliado – respondió el capitán - ¿o es que leí mal las indicaciones? – - ¡¿Erlos, el negro?! – gritaron sorprendidos algunos de los presentes, pues veía eso casi casi imposible. Desde que Erlos había atacado a la orden en una sesión del consejo, se le había prohibido participar activamente en cualquier actividad de los cuerpos guerreros, así como también de la guardia, aunque esta última era menos que basura para él. - Te gusta adelantar las cosas Cugedhion, ese es tu problema – le respondió Saerwen, aumentando el tono entre más hablaba, sacando toda la tensión que se empezaba a concentrar en su interior – me tratas sin respeto, como si fuera aún aquella sacerdotisa, pero olvidas que ahora yo soy la protectora suprema del Imperio – - Gran Paladín – replico él – no busco molestarla, solo quiero quedar sin duda con respecto a lo que usted ha decidido hacer con nosotros. Quiero conocer su plan. Eso es todo – Ella pareció aceptar la explicación del velador y caminando hacia atrás, se alejó de él, quedándose una vez más en medio de todos – ustedes serán el escudo del imperio, 139
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— perocomo explicó antes de tiempo el velador, aún tendremos la lanza – - Pero los guerreros van a estar defendiendo las torres y ciudades – expuso un capitán. - Los caballeros de la orden y la guardia imperial serán la nueva lanza del imperio – respondió Saerwen. - ¡Pero ellos no tienen la fuerza para…! – - Erlos y sus caballeros estarán allí para apoyarlos – interrumpió ella. - Pero… - - ¡SOLO NECESITO UN ÚLTIMO ATAQUE! - gritó el Paladín- ¡ya saben que hacer!, váyanse y cumplan con su deber – dijo antes de darse la vuelta y quedarse en silencio, mirando un asiento vacío. Todos entendieron que sería imposible tratar de contradecirla, en ese aspecto era igual al último Merlín, aunque éste todavía permitía la exposición de alternativas, aunque fuera solo para refutarlas. Uno a uno, todos salieron de la habitación totalmente cambiados, si al entrar algunos mostraban ciertas esperanzas, ahora todos salían derrotados. El último Merlín había sido asesinado y si bien algunos pensaban en repetir el acto, ya no lo veían como una buena posibilidad, según se decía, fue la misma orden quien lo había asesinado, y todo porque él había pensado en reducirle poder a ésta y darle más peso a un consejo guerrero, pero ahora, Saerwen manejaba tanto al consejo como a la orden, la cual mantenía a todo el imperio vigilado. Matarla ya no era la solución, al hacerlo podrían acentuar las divisiones internas, lo cual era una excelente oportunidad para los aliados y era seguro que no la desaprovecharían. Era cierto que las decisiones de Saerwen estaban deteriorando todas las oportunidades que tenían para sobrevivir, habían roto ya cualquier nexo con los enanos y según se decía, los elfos grises ya habían empezado a unirse a los hombres, pero el imperio no podía permitirse cometer cualquier acto que 140
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA lo debilitara aunque fuera un poco. Solo se mantenía por su propia unidad. Cugedhion fue el último en salir, dándole una última ojeada a la sala, evitando mirarla a ella. Al cerrar la puerta, miró a Authiel, quien se le acercó con una mirada llena de preocupación. - ¿Qué significa todo esto? – le preguntó ella. - No lo sé – le respondió – sé que ella no nos considera indispensables, al menos con respecto a la guardia imperial, pero en ese caso hubiera sido mejor mandarnos a nosotros como la punta de lanza. A menos que lo que busque sea tan importante que cree que nosotros lo echaríamos a perder – - ¿Crees que sea a Aranhil lo que busque? – preguntó ella. Él la miró un instante antes de responderle con cierta burla – mi niña, no creo que sea por él. Realmente dudo que esos rumores hayan sido ciertos, las personas como ella son incapaces de sentir amor real por cualquiera fuera de sí mismas – - No lo creo, ¿no viste como miraba la silla?, era la misma que él siempre ocupaba. La verdad, creo que se ha convertido en alguien perdido entre sus sueños y sus pesadillas, pero también creo que aún busca alguien en quien aferrarse – Cugedhion recordó lo poco que entendía a las fatas y por momentos olvidada que Saerwen también lo era. Quizá era por su cargo, o por el asco que sentía por ella, que siempre la veía como una especie de enferma, con solo pensar en su cara recordaba aquellas antiguas leyendas donde se decía que el hombre había nacido inmortal, pero que se había condenado a morir al volver su corazón negro y su mente enferma. El problema era que Saerwen no moriría sola, de poder hacerlo, se llevaría a todo el imperio con ella. Sus pensamientos lo distrajeron lo suficiente como para sorprenderse cuando una mano lo sujetó del brazo, haciéndolo girar con estrepito. - Señor, creo que es mejor retirarnos – le dijo Voronwë. 141
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— - Sí, creo que sí – le respondió mientras sujetaba su hombro. Ella seguía viendo el asiento, tratando de imaginarlo de nuevo, su sonrisa, su voz. Pero por más que lo intentaba no podía. Era como si al irse, toda imagen suya, todo recuerdo suyo también se hubiera escapado. Por un instante quiso terminar con su vida, estaba segura que lo hombres ya había acabado con la de él, así que la única forma de poder verlo de nuevo era en el gran salón blanco, donde los espíritus de la Gaia se reunían cuando sus vidas se habían extinto, allí podrían estar en paz hasta el final de los tiempos. Tomó una pequeña daga entre sus manos y apretándola con todas su fuerza la subió hacia su garganta muy lentamente, descubriendo como sus manos temblaban ante su incapacidad, ante su debilidad. - ¡No! – dijo con firmeza antes de bajar la daga y dejarla caer en el suelo, justo al momento en que la puerta se abría y un caballero de la orden entraba por ella. - Gran Paladín, ¿hago entrar a los caballeros? – preguntó. - No, solo a Ortherion y a Dramorion, los demás que esperen – - Si Gran Paladín – respondió antes de cerrar la puerta, solo para abrirla casi un segundo después. Un par de guardias entraron por la puerta, ambos vestidos con armaduras negras, casi sin brillo y adornadas con caracteres élficos en plata que formaban un antiguo cántico. El canto del árbol resuena en el campo Donde solo yo escucho tu nombre He orado por ti, he llorado por ti Pero no he hecho nada por ti 142
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA Solo tú sabes lo que siento Solo tú sabes de mi dolor Perdóname, desde tu tumba, perdóname - ¿Nos ha llamado Gran Paladín? – dijeron al unisonó al tiempo que se arrodillaban ante ella. Quién solo se dignó a mirarlos, sin regresarles el saludo. - He ordenado una ofensiva masiva al norte de Rahannwyn, en el bosque de “Ar Duen” donde los romanos y sajones han formado una avanzada, quiero que tú, Ortherion el conquistador, hijo de Turin, me asegures la recuperación del pergamino del sueño del rey – le dijo a uno de los presentes. – Si gran paladín, lo haré – respondió lleno de confianza. - ¿Y yo que haré gran paladín? – preguntó el otro caballero. - Dramorion el explosivo, tú iras a las tierras de Ganges – respondió ella. - ¡Pero eso es en las tierras del hombre! - dijo él, levantando la cabeza con temor - ¿Qué puede haber allá que sea tan importante? – Saerwen sonrió con dulzura, mostrando un gesto que ninguno de los caballeros había visto, ni esperaban ver de ella y acercándosele a Dramorion le pidió que se pusieran de pie. Él lo hizo de inmediato, mostrando sus enormes proporciones en comparación con su Paladín, mostrando también su nerviosismo, pues no sabía que esperar de aquella sonrisa. Pero ella solo lo tomó de la mano y mostrando todavía aquella sonrisa le dijo – la llave de la victoria del Imperio – El caballero asintió con respeto, lleno de confianza en aquellas palabras– partiré de inmediato Gran Paladín – - No es necesario Dramorion, lo que esperamos estará listo en algunos días – 143
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— Los dos caballeros se miraron tan llenos de duda como de incomodidad por no poderse sentir con la suficiente confianza de preguntar sobre aquella afirmación. Pero Saerwen no esperó a que ellos tomaran la iniciativa y sentándose en una las sillas de piedra los miraba con aquella ternura casi maternal – se me ha permitido ver, por eso, pido que no duden de mi palabra – - No he dudado, ni dudaré, mi Paladín – respondió Ortherion al llevarse el puño al pecho, pero su compañero seguía mostrando sus dudas. Pero mirando a Saerwen repitió las señas de Ortherion, sin decir nada más. Ella empezó a desdibujar su sonrisa, pero no dijo nada, solo esperaba con paciencia a que él dijera algo. Sentía su duda con respecto a lo que había dicho, pero no sentía duda con respecto a su lealtad por ella ni por la orden. Pero se mostraba indeciso en expresar sus vacilaciones, así como también en mostrar su determinación. - ¿Dramorion? – preguntó ella con seriedad. Él bajó la cabeza de inmediato y con voz decidida, pero baja, respondió – tampoco me invade la duda mi Paladín – - Bien - respondió ella antes de darse la vuelta e indicar con su mano que se retiraran, ellos obedecieron en el acto, caminando con pasos rápidos pero silenciosos, dejando al Paladín solo, con sus pensamientos como única compañía. - ¿Qué fue eso? – preguntó Ortherion a su compañero. - ¿A qué te refieres? – - Tu silencio. A eso me refiero – Dramorion desvió la mirada del otro caballero, pero cuando este lo sujetó con fuerza del brazo, no tuvo más remedio que voltear y responderle – lo que dije fue cierto, pero… - 144
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA - Pero ¿qué? – - Solo los dioses otorgan el don del augurio y ella jamás lo había poseído antes – Ortherion soltó el brazo de su compañero y adelgazando su voz le contestó – eso no lo sabemos – - ¿Crees que ella haya visto todo esto desde el principio? – preguntó Dramorion buscando una respuesta en su compañero, pero este movió la cabeza de lado a lado, sin negar o analizar la situación. - No lo sé – respondió con calma. Dramorion sonrió con enojo – ves como todos dudan – le dijo. - Dudo del modo que toma su fuerza, no de sí la tiene o no – respondió Ortherion de la misma forma – somos caballeros de la Nueva Orden, juramos lealtad tanto al Merlín como al Paladín, eso jamás debe ponerse en tela de juicio – Dramorion lo miró por un instante, antes de empezar a caminar al tiempo que sus labios mostraban una sonrisa de burla – dudar es dudar, lo que digas no cambia ese hecho – le dijo al darse una ligera vuelta, dejando a Ortherion con media bufada en las narices antes de desaparecer de la habitación. VI VALORES SUBJETIVOS El camino era un asco, lleno de barro y arboles a medio tirar y la noche era aún peor, con todo el cielo nublado, tirando aquella brizna que solo sirve para acentuar el frio nocturno. Y con la poca luz que salía de los faros se podía apreciar realmente la fuerza con la que el agua de la presa se había liberado, arrasando todo a su paso. Isaac 145
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— pensabaen lo afortunado que era, de haber seguido de largo en lugar de haberse quedado esa noche en New Exeter le hubiera tocado la peor parte del desastre. Ya había estado conduciendo toda la noche y empezaba a sentir los estragos de todos los descansos que había dejado incompletos. Se había estado dirigiendo al oeste, pero la verdad, no sabía bien donde estaba, algunos caminos habían sido borrados y otros estaban en tan mal estado que eran irreconocibles, sin embargo un conjunto de luces se asomaban a la distancia, anunciándose como el único rastro de civilización en kilómetros a la redonda y sin tener un lugar a donde llegar, Isaac optó por dirigirse hacia ellas. Al acercarse más se vio al final de una larga cola de vehículos que se amontonaban unos contra otros, todos esperando su turno para avanzar. Parecía que la destrucción había dejado su cuota de damnificados y ahora todos ellos buscaban refugio en los campos militares, aquello en era realidad una buena oportunidad para Isaac, por supuesto que no ocupaba refugio y sus provisiones eran suficientes, pero había aprendido que siempre que se presentaba la ocasión de comerciar o reabastecerse, ésta debía de tomarse sin duda y quizá lo más importante, por fin tendría un descanso cómodo, claro que bien pudo quedarse en la selva, o incluso quedarse al lado de la carretera, ya lo había hecho muchas veces, pero siempre había que mantener un ojo abierto, lo mejor en todo caso, era quedarse en los pueblos, por otro lado quedarse junto o en los campos militares daba más seguridad, pero entonces se debía de tratar con los soldados, cosa que detestaba. Al avanzar la fila, notó la cantidad de soldados que estaban en la caseta, todos fuertemente armados, moviéndose de un lado para otro, como si estuvieran esperando algo, o mejor dicho como si no supieran que esperar de los recién llegados, al llegar su turno, un grupo de soldados rodeo la semioruga con cierta sorpresa en sus rostros, 146
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA aquello era un vehículo militar y definitivamente no era británico, de hecho, no había ningún tipo de insignia o marca que indicara la procedencia del mismo, a excepción de un extraño dibujo de dos rifles en equis debajo del cráneo de un animal, pero lo más importante era que esa cosa no tenía que estar haciendo algo por aquellos rumbos. El encargado de la caseta se acercó con cierta precaución hasta Isaac y le pidió que se identificara, pero sin responder algo Isaac solo se limitó a sacar una pequeña cartera verde y abrirla frente al soldado, dentro estaban dos tarjetas, la primera era un permiso real para la portación de armas de fuego, la segunda era una credencial diplomática por parte del gobierno francés. Ambas eran reales, las había conseguido al mismo tiempo al salvarle la vida a un “traficante de influencias” ingles, justo cuando se había iniciado el ataque sobre Agra, el mismo día en que los antiguos lanzaban su última ofensiva masiva en el norte de África, en un intento de sitiar el Cairo y tomar control del canal de Suez. Al recordar todo, se dio cuenta de la cantidad de suerte que había tenido para haber logrado sobrevivir, en aquellos días aún no poseía los recursos con lo que ahora contaba, pensaba que quizá todo había sido cuestión de suerte, o quizá, simplemente había sido el momento oportuno para los hombres, de cualquier forma y como si hubieran sido reflejos, Montgomery y Rommel habían tenido la misma cantidad de pertrechos que él, comparativamente hablando y también terminaron convirtiendo todo el asunto en un victoria, la segunda sobre Ávalon, y en la base de lo que sería la liberación de Europa. Por supuesto que su victoria personal no había significado nada para alguien fuera de un par de corruptos, él incluido, ¿pero que importaba?, al final es uno mismo quien debe velar por su propia seguridad, después de todo, la amistad y la caridad eran mitos que Isaac había aprendido a despreciar desde su infancia, aunque ahora se daba cuenta que hace tan solo un par de semanas también hubiera colocado la palabra amor en la misma categoría, pero ahora ya no quería estar tan seguro. 147
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— El joven soldado no supo cómo reaccionar, al principio volteó a todos lados, como buscando a alguien que le dijera que hacer, pero al ver que la fila continuaba detrás de la semioruga y que las credenciales que le mostraban parecían, o eran reales, tuvo que permitir el paso del extraño, moviendo su brazo con la señal de avanzar. Isaac volteó a ver al soldado – “mercy” – le dijo al pasarle de largo, mientras seguía las indicaciones hacia un largo prado al lado de un camino de concreto, al acercarse vio una serie de vehículos estacionados cerca de la esquina del campo y haciendo lo mismo se estacionó junto a ellos, aunque guardando su distancia, prefiriendo quedarse más cerca de un bloque de barracas. Un uniformado que pasó a su lado pareció reconocerle y con disimulo lo miró con desprecio, a Isaac esto no le importaba, que algunos militares lo consideraran como un oportunista, o incluso como un desertor, le era la menor de sus preocupaciones, siempre y cuando no se metieran con él. La verdad era que al alto mando le convenía tener alguien por ahí matando dragones y otras cosas, de esa manera el ejército podía centrase mejor en la guerra, él era, a fin de cuentas, un mal necesario. - ¿Tu que me ves? – le dijo al soldado mientras se acomodaba sus lentes con el dedo de en medio levantado. El soldado solo dio media vuelta y siguió su camino, ignorando las risas del cazador. Isaac por su parte, se subió a la parte trasera de su blindado para sacar una tienda, si bien dormir en el interior de su vehículo le era más cómodo, también estaba ya harto de la rutina, además así podría sentir un poco de aire, aunque esperaba que la brizna no le impidiera cerrar los ojos, pero apenas se acostó, estos se cerraron casi de inmediato, haciéndole caer en el reino del sueño. 148
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA En la mañana siguiente se despertó temprano, lleno de la energía que tanto le había faltado por días enteros y se levantó rápidamente para ser el primero en la fila de alimento, por supuesto que su porte despótico contrastaba enormemente con los cansados damnificados, pero esto le permitía tener a cualquier extraño a raya. Con su plato en mano, Isaac volteaba a ver a todos los que pasaban con caras tristes y de pronto se preguntó del porque estaría toda esa gente siendo transportada la noche anterior, si la presa había sido destruida hacia más de una semana, eso no tenía sentido. Aquello le intrigaba un poco, no lo suficiente como para tomarse la molestia de preguntarle a un soldado, pero para pasar el rato, decidió preguntarles a los exhaustos viajeros, aún si corría el riesgo de no conseguir buena información. Sin más, vio a un grupo de jóvenes que charlaban entre sí, tranquilos, incluso bromeando, como si nada malo hubiera ocurrido en algún lugar y decidió dirigirse ellos cuando de pronto un par de autos militares pasaron a gran velocidad distrayéndolo un momento antes de continuar su camino. - Oigan, ¿ustedes saben por qué tanto tumulto? – preguntó al llegar junto a ellos. - ¿Qué no sabes nada de los ataques? – le respondieron con cierto asombro, como si todo el mundo, excepto él, supiera lo que ocurría – ya van muchas villas donde se les ha visto – - ¿A quiénes? – preguntó Isaac con una curiosidad ya motivada. - Nadie lo sabe bien, pero yo escuche de algunos soldados, que se trataban de separatistas indios – respondió uno de los hombres. - No pueden ser los indios, desde que el gobierno firmó con la India las cartas de gobierno conjunto y soberanía compartida ya no andan haciendo escándalos, ni ellos ni los musulmanes. No ves que ya ni siquiera ese Gandhi anda haciendo sus marchas ni nada. Te digo que no son los indios, yo estoy seguro que se tratan de espías antiguos, 149
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— via uno sacando fuego con la mano – respondió otro de los presentes, tratando de callar a su compañero. Isaac dio la media vuelta en lo que los hombre se empezaban a pelear y a callarse el uno al otro, pensó que tal vez alguno más de los civiles presentes sabría algo, pero después de un rato preguntando solo recibió respuestas increíblemente variadas, las cuales iban desde bandidos o hasta conspiraciones contra el primer ministro o la reina por parte de comandos rusos. Todo ello le parecía una sarta de tonterías, por lo que arrepintiéndose por su estupidez, decidió dejar todo por la paz, de cualquier forma no existía una buena probabilidad de obtener buena información, además, fuera lo que fuera lo que le estaba sucediendo a los poblados, no le competía. Pero al regresar a la cabina de su vehículo, vio la pintura de Elizabeth y comenzó a preocuparse por ella, pensando como tal vez New Exeter podía ser la siguiente en ser atacada, con esto, la curiosidad sobre los ataques volvió hacia él, así que se decidió por obtener información útil a como diera lugar, se quitó los lentes y la capucha para no ser identificado con tanta facilidad y salió del vehículo por segunda vez, dirigiéndose hacia los soldados ya que pensaba solo ellos podrían darle la certidumbre que buscaba. - Disculpen – dijo con una amabilidad tan falsa como bien fingida – hace rato vi a unos autos salir con mucha prisa, ¿acaso ocurrió algo? – Los soldados lo voltearon a ver, serenos, casi amables, signos de que no lo habían reconocido y le respondieron con calma. - Han atrapado a uno de los que estaban atacando las villas, se cree que es el jefe del grupo, lo va a traer aquí para interrogarlo, eso es todo lo que podemos decirle por el momento – - Gracias – dijo Isaac y dándose la media vuelta continúo sin ser escuchado - imbéciles - 150
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA No había pasado más de diez minutos cuando un pequeño convoy de vehículos militares se dejó ver en el horizonte, dirigiéndose hacia el campo con impresionante velocidad. Aparentemente tenían prisa por llegar al cuartel y empezar en serio con los interrogatorios lo más pronto posible. Los ingleses no tenían la misma fama que los rusos o los japoneses en cuestiones de obtención de información, pero eso no quería decir que no tuvieran sus propios métodos de consulta. Al cruzar la caseta de entrada, todas las víctimas se acercaron para ver con mayor claridad al responsable de los ataques, tomando en cuenta que la marea de desinformación que se había producido provocaba aún más incertidumbre con respecto a la apariencia del mismo. Pero todos los civiles quedaron sorprendidos cuando al pasar un par de jeeps y aparecer un camión totalmente descubierto en su parte posterior, se dejó ver a un hombre simple y delgado, de tez blanca y cabello oscuro de peinado ridículo, vestido totalmente de negro y cuyos ojos cansados se levantaban para mirar a la multitud a través de unos lentes de armazón fino. Parecía saludarlos con una sonrisa burlona formada en su boca seca, y su nariz grande y puntiaguda, parecía arquearse con aquella extraña sonrisa, la cual también hacia sobresalir sus huesudos pómulos. Cuando el camión entró en una pequeña bodega todos los presentes se pusieron inmediatamente a discutir entre ellos, algunos aseguraban que aquel personaje no podía ser la misma persona que habían visto, pero otros juraban que había más de una persona implicada, mientras tanto, Isaac pensaba en lo extraño de aquel sujeto, ciertamente no era indio, ni tenía la fachada de militar de algún país, aunque lo segundo no era más que una simple opinión, pero lo más extraño era que a pesar de haber sido alguien que se había estado ocultando por varios días en el interior de la selva, se veía bastante pulcro, eso implicaba que en algún lado tendría que haber tenido 151
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— algúnrefugio, aunque también existía la posibilidad de que simplemente se hubiera alojado en alguna posada. Sin embargo, lo que más le había inquietado eran aquellos ojos, claros, grisáceos en extremo, casi blancos y no pudo evitar sentir que anunciaban algo malo. Después del transporte del sospechoso, el resto de la mañana transcurrió sin nada de importancia, por lo que Isaac aprovechó la tranquilidad para conseguir alimentos y reabastecerse de municiones con algunos de los encargados de los depósitos, él sabía que nunca faltaban aquellos, que aunque usaran uniforme, no dejaban de ser unos oportunistas igual que él, ya que la ambición era un incentivo más poderoso que el deber y con los salarios tan bajos que recibían los soldados en las colonias, ni siquiera había que buscar mucho para encontrar al hombre indicado. Además ahora se encontraba en una circunstancia favorable, la inundación había provocado la movilización de suministros a otros campos en medio de un ambiente de prisas y con la presencia de preocupaciones de mayor índole, era seguro que aún no se habían llevado a cabo los inventarios adecuados. - Una no es ninguna – dijo un soldado al recibir un pequeño fajo de billetes por parte de Isaac. - Y dos son una – respondió Isaac. - Y como una no es ninguna – contestaron los dos casi al unisonó, riéndose justo antes de meterse en uno de los depósitos para sacar una caja cada uno y subirla con rapidez en la parte trasera de la semioruga del cazador, junto a un paquete de explosivos de poca densidad. - ¿Y qué pasó con el loco que trajeron en la mañana? – preguntó Isaac mientras acomodaba sus nuevos “artículos de oficina”. 152
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA - Lo tienen en un pequeño cuarto haciéndole preguntas, pero parece que no quiere hablar, lo único que hemos podido averiguar es que se llama Edward Salem y que estuvo presente cuando sucedieron los ataques, aunque yo no sé si en realidad sea o no el líder del grupo – - ¿Entonces hay más de uno? – - Eso parece – respondió el soldado. Isaac pensó por un momento y luego preguntó – ¿Salem?... jamás había escuchado ese nombre – - Según algunos archivos se trata de un estudiante de literatura de Oxford o Cambridge, la verdad no recuerdo, pero sé que se le declaró desaparecido después de la evacuación a Francia - - A mí me puso nervioso, tiene cara de loco – expuso Isaac. El soldado volteó a ver a todas direcciones, cerciorándose que nadie le estuviera viendo y acercándose a Isaac continuó - te voy a decir algo, este no es el único caso raro desde que se cayó la presa, en New Exeter apareció una especie de súper monstruo, según los reportes forenses se dice que se trataba de un dinosaurio o algo así, eso y que en New Delhi han estado ocurriendo muchos incendios, como si todo los males hubieran escapado junto con el agua, creo que el mundo se ha vuelto loco – - El mundo siempre ha estado loco – contestó Isaac con pesimismo. Una vez que todo estuvo en su nuevo lugar, Isaac le dio la mano a su nuevo contacto y éste se retiró, alejándose rápidamente de la semioruga. Ya en compañía de su soledad, Isaac trató de relajarse, tomó el cuadro que le había hecho Elizabeth, viendo cada pincelada con más detalle, dándose cuenta que si bien no era una pieza de museo, era una de las mejores pinturas que hubiera visto, aunque cabría decir que no había visto muchas en su vida. Los detalles eran tales, que el pendiente mismo parecía 153
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— poseerel brillo del original y en la ventalla se podían distinguir los reflejos que se producen ante el cristal. Era una verdadera pena, quería colocar la pintura en un buen lugar, pero en un vehículo militar no había espacio para ese tipo de lujos. Sin una mejor opción decidió colocarla en el techo de la cabina, así por lo menos la vería cada vez que quisiera, cuando se levantara y cuando se fuera a dormir. Isaac salió del vehículo, dando una rápida inspección a su alrededor, tratando de pensar o de recordar que otra cosa podría hacer estando allí, pero al ver cómo la tarde transcurría con la misma calma que el resto de la mañana, pensó que ya había hecho todo lo que tenía que hacer en aquel lugar y que ya sería tiempo de marcharse, recogió todo lo que tuviera fuera de lugar y subió a la cabina de su blindado, cuando de repente, le llegó un olor a quemado, lo que lo hizo voltear de manera automática y al mirar a la distancia pudo ver el humo saliendo de una barraca momentos antes de que las sirenas del complejo empezaran a sonar. Varios camiones pasaron rápidamente frente a él, llevando mangueras y tropas. En solo segundos la tranquilidad de la tarde daba paso a un ligero averno. Todas las bocinas del lugar empezaron a dar información e indicaciones a todos los que se encontraran dentro de la base. El prisionero había escapado y a todos los civiles que se encontraran en el área se les pedía que guardaran la calma y que dadas las circunstancias, no se les permitiría salir hasta haber verificado el paradero del sospechoso. - ¡Maldita sea! – gritó Isaac golpeando el volante antes de apagar el motor del vehículo, se bajó de mala gana, insultado su suerte, ahora se tendría que quedar en aquel lugar por tiempo indefinido, justo cuando había decidido largarse, de haberse decidió cinco minutos antes ya estuviera lo bastante lejos como para que todo aquel asunto le volviera a importar nada. 154
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA Ya habían pasado más de tres horas y no existían rastros del sospechoso, todos creían que seguía dentro de la base pues ninguno de los vigías había visto nada fuera de las cercas, aunque existía la posibilidad de que ya se encontrara en la selva, pero la duda era demasiada y con ella, el comandante de la base solo pudo autorizar la salida de no más de veinte hombres para que buscaran por los alrededores, el resto buscarían dentro del perímetro. Cada edificio era revisado, cada salida y cada esquina se encontraba bajo vigilancia, pero parecía que al prisionero se lo había tragado la tierra, ahora solo quedaba revisar donde se encontraban los civiles. Casi llegando la noche, un grupo soldados se apareció por las cuatro esquinas del improvisado campo de damnificados y solo el oficial a cargo de la revisión se presentó ante los civiles antes que sus hombres empezaran a buscar en cada casa de campaña, cada auto y cada baúl. Al llegar con Isaac, la expresión de varios de los hombres cambió de una de cansancio a una de repulsión, a lo que el cazador respondió con indiferencia, realmente no le importaba el sentir de aquellas personas, solo se retiró lo suficiente para dejar a los soldados hacer su trabajo, pero para su desgracia la revisión fue exhaustiva, como si aquellos hombres hubieran tomado de pretexto la desaparición del prisionero para hacer un inventario de todo lo que Isaac pudiera poseer. El cazador aparentaba serenidad, sin embargo, se sentía preocupado de que uno de los soldados revisara la parte trasera y que las cajas que había comprado en la mañana se le presentara como un problema, no le importaba la posibilidad de que fuera acusado de traficante, o de posible separatista, sus credenciales le otorgaban la suficiente protección contra ese tipo de acusaciones, pero los soldados del Gran Commonwealth tenían la costumbre de retener cualquier arma de uso militar fabricada por ellos, bajo el pretexto de la guerra. Claro que su rifle era ruso, pero sus escuadras, cartuchos y 155
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— explosivoseran estadounidenses y como estos estaban ya bajo la administración conjunta de la Gran Bretaña, Inglaterra tenia dominio sobre toda mercancía que procediera de los Estados Unidos y eso le significaría a Isaac la perdida de dinero. El tiempo pasaba y cada vez más los soldados buscaban lo que pudieran y por donde pudieran, tratando de encontrarle algo que le provocara problemas, el nerviosismo en el interior de Isaac empezaba a crecer, pero seguía mostrándose tranquilo, por lo menos hasta que uno de los hombres le gritó algo a su superior, un capitán que se acercó rápidamente hacia el soldado, quien sostenía una caja metálica que de inmediato fue reconocida por Isaac, “todo menos eso” pensó mientras el oficial la tomaba y la abría. Adentro, brillando como un oscuro tesoro, se encontraba una pistola Welrod, la cual era revisada con cuidado al tiempo que Isaac perdía cualquier rastro de serenidad. Esa arma era considerada un secreto militar y cualquier civil que la poseyera seria inmediatamente arrestado, sin embargo, las identificaciones que portaba, las mismas que tanta protección le habían dado, ahora se podrían tornar en su contra, una de ellas le reconocía como auxiliar del gobierno francés ante la Sociedad de Naciones y debido a que muchos diplomáticos y representantes aún se encontraban dispersos alrededor de todo el mundo, era casi imposible descubrir si era o no verdad, pero ahora no tenía escapatoria, si decía que era un simple ciudadano inglés sin ningún tipo de relaciones con el gobierno francés le arrestarían por la Welrod y por falsificación de documentos, pero por otro lado, si se consideraba cierta la credencial diplomática podrían acusarlo de espionaje y posesión de material de guerra clasificado, lo cual era todavía peor. Hace tan solo un par de años atrás, el asunto hubiera sido más fácil, en ese entonces, aun cuando se estaba saliendo de la gran crisis, los países estaban más dispuestos a compartir secretos y ayuda civil o militar, pero con la llegada de la victoria también se 156
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA empezaba a incrementar la paranoia internacional y todos los lazos de hermandad entre las naciones rápidamente estaban siendo sustituidos por los recelos de poder. El oficial con la caja, corrió inmediatamente hacia Isaac, esperando alguna reacción suya, pero ante la impavidez que mostraba el cazador se dirigió de nuevo hacia sus hombres, ordenándoles que lo arrestaran. Isaac supo lo que debía de hacer, si bien ser acusado de espionaje era peor que cualquier otra opción, también era cierto que sería un cargo más difícil de probar, además de constituir un proceso largo y cansado para sus acusadores, así que sin titubear sacó su cartera verde, se acercó al oficial y poniéndosela en su cara afirmó ser representante diplomático y estar protegido por el gobierno francés y que por lo mismo no podría ser agredido por ninguna autoridad militar hasta que se demostraran los cargos en su contra. - E incluso si se demuestra que soy culpable de algo se deberá informar de inmediato a mi país – terminó Isaac con energía. Los soldados no supieron que hacer por un momento, pero el oficial, sin inmutarse siquiera un poco, sujetó por el hombro a Isaac y dándole vuelta lo esposó, después ordenó a un policía militar que se lo llevara detenido y al resto de sus hombres que siguieran buscando al presunto responsable de los ataques. El agua sabía realmente mal, con ese sabor característico de los sistemas de purificación, Isaac hubiera preferido arriesgarse a contraer alguna enfermedad que a tener que estar tomando aquella porquería, pero ya llevaba un buen rato en aquel cuarto sin ventanas y sin relojes, solo con una mesa metálica y un par de sillas en sus extremos, una frente a la otra, todo bajo una lámpara de tonos amarillentos y todo sumergido ante un insoportable calor que hacía más que bienvenida a cualquier fuente de líquidos. 157
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— Pensó que en ese lugar se llevaba a cabo los interrogatorios, pero fue el largo tiempo de espera, que tanto utilizan los interrogadores para aumentar la tensión, lo que le confirmó sus sospechas. Fuera de eso, el cuarto se encontraba bastante limpio y en condiciones bastante buenas, como recién hecho, excepto por una pequeña y casi imperceptible grieta en la pared posterior, bastante fina pero muy larga, abriéndose desde el piso hasta la mitad de la pared, por un instante Isaac vio algo salir de ella, una línea tenue y blancuzca, al acercarse más vio un rastro de humo que se elevaba por toda la grieta, pero justo cuando alargó la mano hacia la misma, la puerta provocó un chirrido increíblemente molesto al momento de abrirse, obligando a Isaac a volverse, a mirar al hombre que entraba al cuarto, un viejo oficial de aspecto siniestro que ahora se sentaba justo delante de él y quien sin decir nada, buscó en sus bolsillos un paquete de cigarrillos y con movimientos sumamente lentos sacó uno para prenderlo mientras un par de delgados labios lo sujetaban, después de darle el golpe un par de veces lo apagó y se quedó mirando a Isaac fijamente, notando como los ojos del cazador mostraban enojo e intranquilidad, pero no miedo. - ¿Sabes porque estás aquí? – preguntó al fin el oficial. - La verdad no lo sé – respondió Isaac con brusquedad. - ¿En serio no lo sabes? – insistió el hombre con burla. - No he hecho nada que se pueda considerar motivo de arresto, así que si fuera tan amable de explicarme la razón de mi estancia en este lugar se lo agradecería profundamente – respondió Isaac ahora con tranquilidad, casi como se tratara de otra persona, sin embargo en su voz se lograba colar un tono desafiante. - La razón. Bueno, tengo una barraca totalmente quemada, varios archivos posiblemente robados y un par de tipos extraños que llegan casi el mismo día, uno siendo sospechoso dirigir ataques a centros civiles y militares, y el otro montado en un 158
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA carrito de combate lleno de suministros ingleses y armas clasificadas – contestó el oficial con tono severo. - Las armas son yanquis, no inglesas – expuso Isaac. - En estos tiempos es lo mismo, esos malditos granjeros le deben millones a la corona como para seguir creyendo que son un país aparte, pero el punto es que tú tenías semejante arsenal - - Yo no creo que eso sea razón suficiente para tenerme aquí, además mi país… - - ¡Escucha estúpido, tu y yo sabemos que mis bolas son más representantes de Francia que tú! - interrumpió el oficial mientras señalaba a Isaac con fuerza - así que no empieces con tus malditas mentiras, porque nadie aquí te las va creer, ¿entendiste?, lo que quiero es que me digas que relación tienes con ese tal Salem – Isaac bajó la cabeza, tratando de huir de la mirada del oficial, no por miedo, menos por vergüenza, sino por la sensación de ira que crecía en él, pero ahora se sentía diferente que cuando discutió con Alice por el maletín de dinero, ahora podía tratar de controlarse, quizá era aquella mujer un detonante para su furia. Sin embargo, el control que creía empezaba a tener no era lo suficientemente bueno como para tranquilizarlo del todo, pues sus manos no dejaban de temblar, así que dejando de prestarle atención al hombre que tenía enfrente solo deseaba distraerse lo suficiente como para que cualquier palabra, gesto o sonido que le irritara simplemente fuera pasada por alto. - ¡Te estoy hablando pendejo!, ¡o me respondes o te rompo el hocico!, ¿entiendes? – gritó el oficial e Isaac empezó a sentir como las ganas de romperle el cráneo aumentaban, pero para su suerte no tan rápido como hubiera esperado, y eso le ayudaba a mantener la calma. Ante el silencio del cazador, el oficial azotó su mano en la mesa y lo insultó una tercera vez, pero antes que Isaac pudiera decir cualquier cosa, la puerta se abrió de 159
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— nuevoy un hombre joven, de figura delgada, caminó hacia el oficial con una mirada concentrada en un par de hojas que ahora le entregaba. El enojo en la mirada del oficial, acrecentado un instante por la interrupción del interrogatorio, fue disminuyendo a medida que sus ojos recorrían las misteriosas páginas, de vez en cuando miraba a Isaac por un segundo o dos solo para regresar al documento y seguir leyendo, al cabo de cinco minutos de lectura, el oficial puso las hojas en la mesa y con desconsiento en su voz dijo – ¡Me llevan todos los diablos!, parece que las credenciales son auténticas, el permiso y la identificación, aunque faltaría verificar esta con el gobierno francés - aquello no era una disculpa en la forma, pero el tono ciertamente mostraba un dejo de pena. - Pero en cuanto al nombre, no hay ninguna concordancia única en los reportes; Isaac Eduard Dreadnought, doctor profesor Jacques Man Morshtock, capitán C. M. Rasputín, Wolfgang Hitler todos ellos parecen concordar con su descripción – continuó el oficial, callando inmediatamente después, como si quisiera escuchar lo que Isaac tuviera que decir. Ante la nueva actitud del hombre, Isaac se sintió totalmente relajado, incluso rió para sus adentros, ya que inclusive le habían empezado a hablar de usted – parece que los viajeros compramos la ropa en las mismas tiendas – respondió al fin. Ambos soldados voltearon a verse, ya no sabían a quién tenían enfrente, espía, terrorista o mata dragones, pero el punto era que no podían culparlo de algo. Europa estaba reconstruyéndose rápidamente, pero bajo la fachada de edificios nuevos y ofertas de trabajo, se encontraba un desastre de vacíos burocráticos y aun cuando se pudieran contactar con las autoridades francesas, o con la sede de la sociedad de naciones en Estambul, no existían posibilidades reales de probar conexiones de 160
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA espionaje, además, lo más probable era que hubiera conseguido el arma en el mercado negro, en cuyo caso no le podían arrestar solo denunciar por corrupción. Sin nada más que decir, el oficial se levantó y con un movimiento de la mano pidió a Isaac que saliera, la tranquilidad del caza dragones irritaba al oficial, pero no había nada que éste pudiera hacer en su contra. Isaac solo se limitó a caminar, quería provocar al hombre pero no era un idiota y sabía que con la suerte no se jugaba, cualquier insulto o agresión innecesaria podrían provocar que sus nuevos amigos fueran motivados a contactar con todas y cada una de las autoridades de Francia, sin importar el tiempo o el desgaste, eso o que simplemente lo agarraran a golpes, lo cual sería más probable, pero más importante, no quería jugar con su propia paciencia, ya no estaba de humor para forzarse a calmarse y solo quería un poco de tranquilidad. - Infeliz – dijo el oficial al ver como Isaac se alejaba. Casi al final del pasillo, Isaac fue tranquilamente detenido por un par de soldados, quienes lo guiaron hacia un cuarto en el que se encontraban todas sus cosas, acomodadas de forma bastante descuidada, el cazador, molesto, volteó hacia quienes lo habían conducido, los cuales se mostraron nerviosos ante su mirada. Unos instantes después, apareció el mismo hombre que le había presentado la información al oficial en la sala de interrogatorios. Su cara, a diferencia que la de los demás uniformados, era como una escultura de piedra, fría y carente de cualquier cosa que se pudiera llamar expresión - el coronel le informa que todo lo que se encuentra aquí es suyo y puede llevárselo cuando guste, pero que el armamento clasificado se queda aquí bajo la ley de protección de secretos de guerra – le dijo a Isaac mientras le entregaba un registro con el inventario de todo lo que se había retirado de la semioruga, con enfado, Isaac le arrebató la lista, asegurándose que todo lo que estuviera inscrito en ella se encontrara también frente a él, verificando que no se hubiera perdido nada. 161
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— Solo el sonido de las manecillas de un reloj hacía eco constante en la habitación, mientras, el par de soldados cerca de la puerta se veían el uno al otro de vez en cuando, guardando silencio total. Todo siguió así por un cuarto de hora hasta que Isaac, bajando el registro, se acercó al uniformado cerca de él y le informó que todo se encontraba en orden, inmediatamente este le ordenó al par de escoltas a que ayudaran al cazador a regresar todo a su lugar, quienes con queja silenciosa comenzaron a cargar las cosas, saliendo por una puerta doble al final del pasillo, moviéndose hacia la semioruga. Isaac, tomando ventaja de la situación solo cargaba la pintura de Elizabeth la cual colocó firmemente donde había decido que sería su lugar. El proceso de entrar y salir cargando cajas, paquetes y armas, se repitió varias veces hasta llegar a un punto en el que se tardaban más en acomodar todo como se encontraba antes, que en ir por más cosas. Solo un par de horas habían transcurrido desde el arresto y aun cuando la noche era joven, Isaac se sentía cansado, como si hubiera terminando una jornada difícil. Apenas notó el movimiento al interior de la base y a los soldados corriendo como desquiciados, hasta que un solitario disparo se anunció en la distancia. Todo cansancio que pudo haber habido se desvaneció casi de forma instantánea y dominado por una curiosidad riesgosa, corrió hacia donde se había escuchado la descarga, pero al llegar a una esquina vio como una figura obscura se movía rápidamente hacia él, tumbándolo en el acto, pero Isaac, acostumbrado al dolor, se dio la vuelta rápidamente en el suelo, viendo como la figura que lo había empujado seguía avanzando a una velocidad extrañamente veloz ya que sus piernas parecían no tocar el suelo, solo hacían movimiento lánguidos que contrastaban con la aceleración que producían, cuando Isaac pudo notar que la silueta se dirigía hacia su semioruga, se levantó e inmediatamente comenzó una decidida carrera hacia la cabina de su vehículo, 162
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA a la protección de los suyo. Casi sintió una leve desesperación al ver como el misterioso corredor se le adelantaba cada vez más, pero al ver como éste se movía de un lado al otro, como tratando de hacer funcionar el blindado, Isaac tomó fuerza y con un último esfuerzo saltó con los brazos extendidos hacia él. Un enorme empujón por parte de Isaac tumbó al misterioso sujeto, poniéndolo de espalda al asiento mientras el cazador ponía sus manos alrededor de su cuello, sin percibir como aumentaba la fuerza en sus brazos al punto de empezar a estrangularlo. - ¿Quién te crees maldito? - le gritó Isaac mientras sus ojos trataban de ver a través de la obscuridad y del movimiento. Un destello de luz, proveniente de uno de los reflectores de la base que se movían frenéticamente en todas direcciones, alcanzó a la semioruga lo suficiente como para alumbrar el interior de ésta, dejando ver la cara del hombre bajo Isaac. - ¿Salem? – dijo al distinguir las facciones del ladrón. Pero los ojos del hombre de negro parecían absortos en cualquier cosa que no fuera el cazador, girando de forma errática, como perdidos y confundidos en la búsqueda de un horizonte ficticio, abriéndose casi de forma increíble - ¡la llave! – dijo antes que sus ojos se quedaran quietos, posándose en dirección a Isaac, dejando todo su cuerpo totalmente quieto, como si hubiera muerto de repente, solo sus labios daban indicio que aún existía vida en su interior al abrirse lentamente – ¡te encontré! – dijo con una voz de ultratumba al tiempo que abría más los ojos y afinaba una mirada sumamente extraña, provocándole una terrible sensación de escalofrió al cazador, quien por la sorpresa, aflojó las manos lo suficiente para que Salem pudiera quitárselas de su cuello con un rápido movimiento, justo antes de poner sus manos sobre la cabeza del cazador al tiempo que empezaba a recitar una extraña frase, una especia de oración corta. 163
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— Un tremendo empujón lanzó de inmediato al cazador, despidiéndolo de la cabina a gran velocidad y haciéndolo chocar con un montón de botes vacíos, dejándolo tirado, casi inmóvil, con solo su cabeza moviéndose de lado a lado, armonizando con aquel ritmo sus gemidos de dolor. Tosiendo, sangrando y sintiendo como su cabeza palpitaba de sufrimiento, el cazador escuchó las risas de Salem mientras se acercaba. - No te preocupes por el dolor, pronto dejaras de sentirlo – le dijo Salem mientras se detenía a un par de metros de distancia. Isaac levantó la mirada, viendo como de su espalda, Salem sacaba algo pequeño y brilloso, un tipo de guante metálico, el cual se tornaba rojizo al momento que lo levantaba y lo dirigía hacia él. Un halo de algo que parecía ser fuego se formaba alrededor del guante cuando de repente, una bala cruzó el aire e impactó en la mano de Salem, haciendo que la bajara de golpe mientras daba un grito de dolor, y de inmediato fijó sus ojos en los soldados que corrían hacia su posición, armados y listos para detenerlo una vez más, pero antes de que estos pudieran acercarse lo suficiente, Salem, casi como volando, dio un sorprendente salto, esquivando los siguientes disparos y cayendo sobre la semioruga se movió tan rápido, que Isaac solo pudo distinguir una mancha obscura y translucida desapareciendo a lo lejos. Al llegar los soldados hacia donde había estado Salem, notaron la presencia de Isaac, tirado junto a los botes metálicos, mostrando una cara de dolor y espanto mientras que él, por su parte, trataba de entender, de racionalizar lo ocurrido, por alguna razón había sido fácilmente lanzado a los cielos por alguien que difícilmente lograba llegar a su peso, alguien que además se movía de forma increíble, casi mágica y se dio cuenta, que de alguna manera aquel individuo era una especie de mago, uno de los pocos que habían logrado sobrevivir a los arrestos y ejecuciones que la Interpol ya 164
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA había empezado a realizar aun durante la gran crisis, pero mientras pensaba en esto, un par de soldados le ayudaban a levantarse, preguntándole sobre lo ocurrido. - Intente detenerlo cuando vi que estaba robándose mi vehículo, pero de alguna forma logró empujarme – respondía Isaac mientras ponía su mano sobre su cabeza y movía sus dedos en un intento de apaciguar el dolor. Los presentes inmediatamente continuaron la persecución, todos a excepción de un teniente que se quedó en el lugar mientras llegaba un médico. - ¿No recuerda algo más? – le preguntó el doctor después que Isaac contara una vez más sobre lo ocurrido. - No, nada – contestó Isaac, aunque recordaba con claridad cada aspecto de aquel hombre, sus facciones, el extraño guante que había utilizado y sobre todo sus palabras, pero no quería que nadie supiera lo había escuchado. El saber que alguien como Salem lo buscaba, le producía en primera instancia, duda sobre las razones por la cuales querría encontrarlo y en segunda y más importante, una horrible incertidumbre sobre cuál sería su suerte si volvían a verse. Sobre lo primero había una brecha enorme de intriga, no había nada en sus recuerdos que le hiciera recordar a alguien como Salem en lo más mínimo, pero eso no indicaba que no tuviera algo que ver con él. Por años estuvo huyendo de su pasado, pero siempre volvía a encontrase con las consecuencias de sus errores, teniendo durante años, que sufrir constantemente por ellas, con sudor y sangre, y a pesar que hacía ya bastante tiempo desde que no volvía a sus viejas manías, lo que había hecho en sus peores años, terminó no solo por marcarlo a él para siempre, sino también por dejar marca en muchas personas, de las cuales Salem podía ser una de ellas. Desde que había empezado en el oficio de matar bestias, creyó que había escapado bastante de lo peor de su viejo historial y si bien no existía posibilidad 165
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— depagar sus cuentas ni siquiera en un sentido mínimo, por primera vez en su vida había logrado adquirir la tranquilidad suficiente como para pensar en un futuro. Pero lo que en realidad le preocupaba, era no saber lo que Salem era capaz de hacer y este pensamiento asaltaba su mente al punto de mantenerlo constantemente asustado, pero sin mostrar su miedo, Isaac preguntó si podía quedarse un rato más en lo que se le quitaba el malestar, a lo cual recibió el consentimiento del teniente que se encontraba cerca. Al ver que se le aceptaba su propuesta, se dispuso a descansar, así como también a no decir nada que hiciera que los militares volvieran a sospechar de él, ahora no le convenía andarlos molestando ya que podría utilizarlos como ojos y armas extras, todo en aras de garantizarse una mejor protección. Rara vez confiaba en terceros y menos aún para cuestiones que afectara su vida, pero por más que quisiera negarlo sentía miedo y bajo aquellas circunstancias todo apoyo era más que bienvenido. El sol se empezaba a asomar por el horizonte y aún con la neblina, sus rayos lograban llegar hasta su cara. Toda la noche la había pasado en vela, envuelto en un conjunto de mantas y capucha que le cubrían todo, a excepción de los ojos hacia arriba. Él se mantenía quieto, solo girando sus ojos hacia cualquier cosa que le pareciera extraña, mientras, en lo oculto, sujetaba un par de escuadras con fuerza, como si se aferrara a la vida misma. Durante toda la noche solo había visto uno que otro militar moviéndose de una dirección a otra, nada fuera de lo ordinario. Parecía que Salem había escapado de la base, pero sabía que no sería la última vez que lo vería, había encontrado lo que estaba buscando, pero ahora su presa estaba alerta, lista para prestar resistencia y ya no cometería el error de la última vez, ya no lo dejaría vivir. 166
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA Cuando la neblina empezó a disiparse, los rayos del sol le permitieron ver con más claridad el panorama de tranquilidad que reinaba en la base, como si todo lo ocurrido el día y la noche anteriores, no hubieran sido más reales que una película que había sido proyectada en la pared, pero para Isaac, las consecuencias del insomnio se hicieron más reales cuando se bajó de la semioruga y se dirigió hacia donde servían la comida. Envuelto en su pesada capucha, aún mantenía las manos alrededor de los mangos de sus pistolas, listo para sacarlas en cualquier momento. - Mira, creo que ese sujeto es la “caperucita roja” – le dijo un hombre a su amigo al reconocer a Isaac mientras pasaba de largo, haciendo que éste volteara de inmediato, mostrando una mirada fuerte, llena de cansancio y desprecio, el hombre que había hablado ahora se daba la media vuelta, tratando de pasar desapercibido mientras Isaac le seguía viendo, esperando cualquier otra reacción de su parte, pero al no recibir una de respuesta, continuó su marcha hacia el alimento gratis. Odiaba aquel apodo con cada fibra de su cuerpo, irónicamente se lo había puesto una persona al haberse quedado sorprendida por su trabajo, una tarde hacia dos años, cuando después de una cacería toda su capucha había quedado salpicada con la sangre roja brillante de un dragón. Pero ni ese entonces, ni ahora, podía hacer algo más allá de enojarse cada vez que escuchaba esas palabras. De pronto, la misma risa maldita que había escuchado la noche anterior, se alzó de entre los tumultos de la gente y al oírla, Isaac volteó hacia ella mientras sus ojos se abrían de terror y el sudor empezaba a bajar por toda su cara, de manera frenética sus ojos se empezaron a mover en todas direcciones, tratando desesperadamente de ver a Salem, pero terminaron en un hombre joven que se reía con sus amigos mientras tomaba su sopa. Isaac estaba quieto, tratando de rehacer una expresión serena que engañara a si mismo más que a cualquier otra persona. El cansancio lo estaba 167
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— afectando,jugándole bromas a sus sentidos, trató una vez más de recuperar la postura y con la mayor calma con la que pudo, soltó los mangos de sus armas, dejando caer sus brazos. Parecía que Salem realmente había desaparecido. La sopa estaba caliente y cada sorbo que daba le tranquilizaba un poco más. Ya pasaban de las diez y no había ningún rastro de que quisieran atacarlo nuevamente. Al caminar de regreso a la semioruga, Isaac se quedó viendo a la caseta que protegía la salida de la base, sabía que ya no tenía excusas, que pronto tendría que salir de ahí y volver a su estilo viajero, pero ahora ya no estaba tan seguro de su suerte, las ideas se amontonaban en su cabeza, algunas le decían que podía alargar su estancia, otras le aconsejaban escapar lo más lejos y rápido posible, y otras se erguían como frágiles pilares de yeso, levantando un optimismo basado en su habilidad, pero al final, todas le recordaban el miedo que sentía y que lo distraía de tal forma, que ni siquiera se dio cuenta que se había terminado la sopa hasta que vio su distorsionado reflejo en el fondo del plato. La tensión ahora disminuía un poco y a su cuerpo le llegaba un punto de relajación indeseable, de comodidad forzada, pero su mente hacia esfuerzos increíbles para evitar cualquier descanso que pudiera conducirlo al sueño. Ya un poco harto de su situación, Isaac encendió una pequeña radio que se encontraba en la parte baja del vehículo y sacando una pequeña antena se estuvo un rato ajustando la frecuencia, se disponía a escuchar cualquier cosa que los militares pudieran decirse, normalmente utilizaba ese sistema para escuchar en donde había problemas con posibles presas, pero de vez en cuando las transmisiones militares se cruzaban y ahora con la situación actual, lo más probable es que si encontraran a Salem informarían de ello, estaba cerca de una antena de radio en un campo de tamaño considerable, si los militares daban algún comunicado, él lo estaría escuchando. 168
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA Después de un momento de estática seguido por comunicaciones de poco interés, Isaac escuchó lo que estaba esperando. - Salem fue visto en la intersección de las rutas ferroviarias de Logan y North Scotchville – Toda la tensión que Isaac había estado acumulando por la noche cayó al suelo hecha pedazos, por alguna razón todo el peligro que le representaba aquel sujeto se alejaba de manera misteriosa, por alguna razón Salem había desistido en terminar con su objetivo, por supuesto que todavía era posible que regresara para terminar el trabajo, pero por lo pronto, esto le daba la posibilidad de largarse y perderse un tiempo. Con una gran felicidad, Isaac sujetó su cabeza y echándola para atrás dio un gran suspiro de tranquilidad mientras la presión de su pecho disminuía y casi podía ver como el miedo se alejaba junto con quien buscaba ser su verdugo, su mente se relajó lo suficiente, dejándole determinar que por la posición donde se le había visto por última vez y el tiempo transcurrido, que si Salem decidía regresar, le tomaría al menos cinco horas, siempre y cuando siguiera yendo a pie. Sin perder su nueva confianza, Isaac se acostó en el asiento con la intención de relajarse un instante antes de partir nuevamente hacia el oeste, alejándose aún más, por fin todo parecía girar en buena dirección y la vista del cuadro de Elizabeth arriba de él le animaba, le hacía creer en que todo mejoraría, no importaba que un loco lo quisiera muerto por motivos extraños. Su mente ahora jugaba con sus pensamientos, sus fantasías y sus recuerdos, pensando en la situación de anoche y en como ahora él se encontraba en la misma posición que Salem cuando estaba siendo ahorcado, trató de imaginarse a sí mismo, de ver su propio rostro frente a frente y por simple inercia se quedó viendo una vez más la pintura del pueblo al que prometió volver, observando las pinceladas y algo que no había visto antes, lo que parecía ser la firma de Elizabeth, 169
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— unextraño garabato que asemejaba la figura de una mariposa y a su lado, lo que parecía ser el título de la obra; vista de New Exeter. Su cuerpo se entumeció de la manera más horrible y sus ojos se abrieron al tiempo que sus pulmones arrastraban el aire con frenética lentitud, mientras se daba cuenta de lo estúpido que había sido, de cómo su propio egocentrismo le había cegado de una manera tan peligrosa; no había sido su rostro lo que Salem había mirado con tanta alegría enfermiza, sino la pintura, algo en ella, era por eso que se dirigía hacia el este, había leído las letras en la pintura y ahora se dirigía a New Exeter, hacia Elizabeth. Sin pensar en nada más, se levantó y tomó el volante con fuerza, encendió el motor de su vehículo y con decidida desesperación pisó el acelerador a fondo. Los guardias en la puerta apenas lograron quitarse antes de ver como una semioruga se abalanzaba sobre la salida sin ningún titubeo, destrozando todo lo que tuviera de frente, detrás de ella un par de jeeps cruzaron la reja, avanzando lo bastante rápido como para que Isaac viera como sus imágenes crecían rápidamente en el retrovisor, pero le importaba un verdadero carajo lo que le hicieran, ya ni siquiera el miedo de lo que pudiera pasarle a él mismo le importaba ahora, que Salem fuera un hechicero o que el ejército le viniera pisando los talones, en esos momentos todo aquello le perecía tan insignificante, tan poco relevante, lo único importante era llegar a New Exeter lo más pronto posible. Antes que Salem. VII MENTE FRÍA 170
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA Los jeeps habían desaparecido en la distancia, pero eso no indicaba que lo hubieran dejado de perseguir, seguramente el comandante de la base se encontraba maldiciéndolo y ordenando que lo capturaran, además lo más probable era que se hubiera comunicado con las guarniciones cercanas, porque estaba seguro que en la mente del comandante, su huida y la de Salem, en tiempos similares y hacia la misma dirección era cualquier cosa menos una coincidencia, Isaac pensaba en esto al tiempo que se daba cuenta de que quizá eso podría ser una ventaja a su favor, la presencia de soldados podría reducir el riesgo para New Exeter, no, al demonio el pueblo, a él solo le interesaba la pequeña mujer de risos dorados, la joven que había nublado toda su ira, la que lo había hecho sentirse como un verdadero ser humano de nuevo. Casi una hora después que iniciara su desesperada carrera, Isaac logró observar un par de enormes troncos en medio del camino, puestos ahí seguramente por los militares, pero sin perder la aceleración, Isaac metió toda la semioruga en la maleza adyacente, después de todo, el vehículo que usaba estaba hecho para situaciones de aquella calaña. … El pueblo se encontraba demasiado tranquilo para su gusto, sin ruidos, sin accidentes, sin aquellas travesuras infantiles que producen alegría para todos excepto para la víctima. Ya había habido infinidad de días así, pero después de haber conocido al cazador ahora eran más aburridos. Sin nada que hacer, Elizabeth buscó entre el librero algo que le produjera interés, por lo menos en lo que le llegaba la inspiración correcta para pintar algo, en eso, un solitario pajarillo llegó volando a su ventana, cantando y brincando con alegría y ella, tras un segundo de verlo, alargó su mano hacia 171
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— él,estirando su dedo índice, apuntando un imaginario rifle y disparándolo al tiempo que imitaba de forma burda el sonido de la bala rozando el viento, imaginado al pequeño pájaro volar en pedazos y caer al suelo, recordando las lecciones de tiro que habían quedado pendientes. Pero después de aquel pensamiento, regresó al librero y mientras sus dedos pasaban por los libros y sus ojos se fijaban en los títulos de los mismos, notó un espacio vacío, pequeño, pero no lo suficiente como para pasar desapercibido, sin saber lo que faltaba evitó darle importancia, la lectura no era lo suyo, pero por el momento no quería escuchar la radio, al final tomó un libro de historia antigua que había pertenecido a su padre. Con lentitud abrió la portada y encontró uno de tantos tréboles de cuatro hojas que su padre siempre buscaba en sus tiempos libres, un leve suspiro de tristeza salió de Elizabeth, extrañar a su padre no era peor que olvidarlo, sin embargo lo segundo parecía inevitable al pasar de los años, la imagen de su madre por otro lado nunca le produjo melancolía ya que no se puede extrañar lo que nunca se conoció, ella había muerto al año de su nacimiento, debilitada por el parto que había traído a su segunda hija al mundo. Nunca se sintió culpable por ello y ni su padre ni su hermana la acusaron de algo, toda su vida recibió el cariño suficiente para compensar la pérdida, sin embargo, de vez en cuando veía a Alice sentada en la chimenea, observando una vieja fotografía, de ella y su madre y a veces sentía culpa por haberle quitado algo tan importante a su hermana. Mientras pasaba las hojas del libro, su mirada era desviada de vez en cuando para ver las imágenes de los descubrimientos arqueológicos o de las recreaciones de la vida de los antiguos egipcios, babilonios, griegos, chinos o mayas, algunas de esas escenas no le eran totalmente desconocidas, ya un par de veces había acompañado a su padre a sus expediciones, la última vez habían ido a Egipto, solo para terminar jugando en el desierto mientras él examinaba lo que se suponía era la imagen en roca de una especie 172
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA de pluma, adornada con lo que parecía ser un símbolo similar a los naipes, al menos así lo pensó ella, aquel jeroglífico era supuestamente el símbolo de un extraño objeto que había llegado del cielo, otorgándole grandes poderes al portador del mismo, claro que aquello sonaba raro, pero no era extraño que los antiguos pueblos otorgaran explicaciones divinas o mágicas a eventos hoy día conocidos, al menos así se pensaba antes de la invasión a Irlanda. La llegada de los antiguos cambio todo y tan rápido como de la noche a la mañana, hablar de hadas y elfos había pasado de ser pláticas infantiles a temas que traían consigo temor y llanto, hablar de magia ya no podía ser considerado como un tópico trivial, sino como tema de importancia militar o incluso un pretexto de arresto y eso era lo curioso, todo aquello pareció conjugarse de una forma bastante peculiar, su padre, uno de los mayores eruditos en mitología céltica y folclor escandinavo, había sido reclutado a la fuerza por los militares cuando se perdieron las comunicaciones con Escocia, solo unos días después de haber llegado de Egipto, de no haber sido interrumpido por el ejército tal vez hubieran tenido más tiempo para salir de las islas y así, tal vez él no se hubiera desgastado tanto y tal vez seguiría vivo. Estas cosas pasaban por la mente de Elizabeth pero ya no tenían el impacto de antes, era raro, ella se sentía a veces tan alegre, pero en ocasiones cambiaba a una actitud melancólica con demasiada brusquedad, no podía evitarlo, era como si tuviera dos caras turnándose la una a la otra constantemente, impidiendo que cualquiera de ellas se afianzara con fuerza, pero a pesar de esa constancia, nunca prestaba atención a esa sensación, solo se dejaba llevar, eso le era más fácil, así no se preocupaba de la alegría perdida o de olvidar las razones de su tristeza. A medio libro de aburrimiento, su cabeza ya solo se mantenía erguida por la acción de sus manos como soporte, sus ojos ya se empezaban a quedar fijos en el atardecer y 173
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— sumente pedía algo que la despertara, que trajera algo de diversión al menos en lo que terminaba el día. Cuando de pronto, la casa entera se sacudió y las manos de Elizabeth dejaron de sostener la cabeza, la que acabó golpeando la mesa de forma súbita. Ya sin sueño y pidiendo no lamentarse de su petición, abrió la ventana y se asomó por ella, solo para ver una columna de humo saliendo de la fábrica justo cuando una segunda sacudida acompaño a una fuerte explosión que sacó humo por toda la estructura. Completamente asustada, Elizabeth vio como los trabajadores salían corriendo del infierno producido, pero su escape se volvía inútil cuando por alguna razón el fuego apareció en las casas alrededor de la fábrica, parecía que todo el pueblo seria consumido por las llamas. La gente salía de sus casas en medio de gritos de terror mientras algunos hombres pudieron sacar un par de mangueras y apuntándolas lo mejor que pudieron, trataban de apaciguar el fuego. El temor quiso invadirla, paralizarla, pero sorprendentemente recuperó el control de sí misma y se calmó lo suficiente como para salir de la casa y tratar de ayudar a todo aquel que le fuera posible, corrió hasta la entrada de la fábrica, donde algunas personas trataban de sacar otra manguera, cuando por pura casualidad vio el camión de su hermana estacionado junto a otros vehículos. Un grupo de hombres aparecieron de la nada y corrieron hacia el interior de la fábrica, llevando extintores y hachas, Elizabeth entonces comprendió lo que pasaba, todavía había personas dentro y su hermana era una de ellas. Su mente se quedó totalmente en blanco, pero sus piernas no tardaron un segundo en moverse y llevarla a toda velocidad al interior del edificio. En solo pocos minutos comprendió la dificultad de la misión que se había propuesto, la fábrica era enorme y si bien eso se apreciaba desde afuera, el estar en el interior de la misma producía la sensación de estar atrapado en un laberinto de fierros 174
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA doblados y escombros por todos lados, jamás había entrado en ella y ahora se lamentaba por la falta de interés en la mayor fuente de prosperidad del pueblo. - ¡¡ALICE, ALICE!! – gritaba con todas sus fuerzas en espera de una respuesta, pero cuarto tras cuarto, sección tras sección, el único sonido reinante era el de las llamas saciándose con la destrucción producida. Algunas áreas se encontraban repletas de un humo grueso, pero aun cuando el mismo le quemara los ojos y le rasgara la garganta no la detenían en su pesada búsqueda. Cada minuto que pasaba la iba desgastando más y más, sus ojos antes listos a cualquier detalle ahora estaban nublados por el lagrimeo, tanto, que a los cinco minutos de iniciada su empresa no podía distinguir cosas que no fueran luces y sombras. Un extraño sonido pareció asomarse de entre la nada, como un leve silbido, subiendo de tono cada vez más, produciendo algo semejante a una dulce voz. En un principio Elizabeth pensó que se trataba de voces lejanas, pero se percató que se iba haciendo más clara, como si se estuviera acercando - eres débil – dijo finalmente aquel susurro, repitiéndose una y otra vez, cada vez más con una desmoralizadora claridad – eres débil – Las lágrimas en los ojos de Elizabeth ya no eran solo efectos del humo, ahora se sentía tan desamparada, tan inútil, no había buscado ser un héroe solo quería ayudar a su hermana y sentía como se le desplomaba el mundo al haber fallado miserablemente. - ¡¡AQUÍ!! – gritaron extrañas voces, desesperadas y lejanas, llegando a los oídos de Elizabeth con una potencia que contradecía su distancia. Entonces, sus ojos se abrieron con fuerza, su mente le decía que no podía darse por vencida, que aquello no era lo peor por lo que había pasado y por ende no la podía vencer. Tos tras tos salían de la boca de Elizabeth, pero aun cuando su pecho sentía una presión en aumento su voluntad la obligó a ponerse de pie y continuar. Los gritos se escucharon una vez más, señalando hacia donde se encontraba su fuente, atrayendo a 175
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— todoaquel que se encontrara a su alrededor. Paso tras paso, sus fuerzas seguían constantes, no iba permitirse dejarse caer como hace tan solo unos momentos. Cuando llegó hasta unas escaleras, se aferró a ellas utilizando el pasamano como un largo bastón, el hierro estaba caliente y su temperatura subía a medida que Elizabeth ascendía, sin embargo al llegar al siguiente piso se encontró en un largo pasillo de ladrillos, libre del fuego y el humo que tanto la habían asfixiado, pero el dulce receso solo duro un instante antes de escuchar una vez más los gritos de auxilio que le daban fuerza. Sus delgadas piernas adquirieron la potencia para hacerla correr hasta una puerta de madera, obstruida por una pesada tubería de agua rota, posiblemente por la primera explosión y tras un grueso vidrio Elizabeth pudo notar las siluetas de personas moviéndose, golpeando la puerta con energía. - ¡Aquí estoy! – grito Elizabeth y corriendo hasta la tubería la sujeto con toda su fuerza tratando de moverla en vano, un segundo intento reveló la imposibilidad para una sola persona de remover el estorbo. Sintiendo como la presión la apresuraba, Elizabeth miraba para todos lados en busca de algo que pudiera servirle para desbloquear la salida y con satisfacción vio un hacha tras un vidrio cuarteado, corrió hacia ella, pateó el vidrio en su parte superior y una vez roto sacó el hacha sin hacerle caso a las cortadas que el remante de vidrio le hacían a sus delicadas manos, pero al regresar a la puerta, pudo ver mejor el grueso de la tubería, dándose cuenta que ella no lograría romperla. El vidrio de la puerta se rompió tras un par de golpes desde adentro, dejando ver los rostros de varias personas, de inmediato, Elizabeth se acercó con la esperanza de ver a su hermana y una enorme sonrisa apareció en su cara cuando Alice se asomó al mismo tiempo. Alice no podía creer lo que estaba viendo, su hermana no solo había ido con el objeto de ayudarla, sino que efectivamente lo estaba haciendo. 176
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA - No te preocupes – dijo Elizabeth llena de confianza – voy a sacarte de ahí – y tomando el mango del hacha dio un golpe con todas sus fuerzas en el tubo, produciendo solo un horrendo sonido. - ¡No hagas eso!, que no ves que el tubo es muy grueso. Pásame el hacha, rápido – dijo Alice ante el intento de su hermana. - ¿Qué vas a hacer? – - Voy a golpear la puerta desde adentro, si la quitamos no importa que el tubo esté ahí – Rápidamente Elizabeth pasó el hacha y haciéndose para atrás vio como la puerta se movía al recibir los hachazos, al final, con menos de seis golpes, la puerta era removida de su lugar, dando el suficiente espacio para que todos aquellos adentro pudieran salir por sobre o debajo del tubo del agua. En total cinco personas, más Alice, logaron salir sanas y salvas. Elizabeth no pudo esperarse y corriendo hacia su hermana le dio un tremendo abrazo de alegría. - Gracias – le dijo Alice al regresarle el gesto. Todos se dispusieron de inmediato en salir de ahí, pero al regresar por donde Elizabeth había llegado, se encontraron con que el mismísimo infierno se erguía como el escenario reinante, todo lo que se podía apreciar eran llamas y humo, Alice volteó a ver a su hermana con sorpresa, pensando en cómo era posible que ella hubiera logrado atravesar semejante escena, pero viendo la imposibilidad de un regreso seguro por aquella ruta, los presentes empezaron a ceder ante el pánico mientras sus ojos no podían dejar de ver lo que tanto les asustaba, aterrándolos aún más. -Vamos - gritó Alice al ver el círculo vicioso que se estaba formando - ¿Vamos?, ¿por dónde? – preguntó con asombro un caballero de facciones indias. 177
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— - Solo hay una ruta de salida. No tenemos otra opción que tomarla antes que todo el edificio colapse – respondió Alice con firmeza mientras tomaba las manos de su hermana y comenzaba a caminar junto con ella. Aquel gesto de seguridad alimento la confianza de todos y con pasos aún temerosos empezaron a seguir a las hermanas. Un par de pisadas se escucharon frente al grupo que avanzaba entre el humo y bajo la creencia de encontrar a un nuevo sobreviviente, o guía, todos apresuraron el paso. Una silueta apareció de repente, no solo se encontraba entre las llamas, sino que estas parecían brotarle de los costados. Poco a poco se definió la figura de un hombre totalmente vestido de negro, su blanco rosto contrastaba además con su cabellera negra pero hacia desvanecer el color de sus ojos grisáceos, su extraña mirada estaba concentrada en el grupo y una macabra sonrisa se formó en su delgado rostro al detenerse frente a ellos. - ¿Quién lo diría?, primero ese vago en la base Williams y ahora ustedes, parece ser que la gente ya no es tan fácil de matar como antes – dijo al levantar su mano hacia ellos. La gente ya había controlado el fuego en distintos lugares, pero la fábrica y sus alrededores seguían estando en su mayoría bajo las llamas, como si el interior de la misma se negara a ayudar en los esfuerzos de los habitantes. Pero todo mundo seguía tan ocupado tratando de evitar que el siniestro siguiera devorando sus propiedades, que no notaron cuando una semioruga pasó por la calle principal a toda velocidad. Al llegar a la casa que tanto le vio durante una semana, Isaac puso toda su fuerza en el freno de su pesado aparato, haciendo que las orugas de este rechinaran horriblemente antes de pararse por completo, con rapidez, Isaac bajó del vehículo y corrió hacia la casa, pero al llegar hasta la puerta y verla sin seguro sintió un lapso de pánico. 178
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA - ¡Ilse! – gritó al abrir la puerta, cuando no recibió respuesta subió rápidamente por las escaleras y entrando en la habitación de Elizabeth su mirada quedó fija en el pendiente que ella tanto protegía, de inmediato Isaac pensó en la peor de las posibilidades, para que aquel colguije estuviera solo, algo tuvo que haberle sucedido a Elizabeth. Con el pendiente en sus manos Isaac bajó las escalera de forma precipitada, sin reparar un segundo al momento de casi caerse y sin prestar atención a los cuadros que tiraba de la pared, al salir vio como el humo de la fábrica se licuaba con la obscuridad creciente de la noche, donde ahora, solo las llamas daban luz al pueblo. Lleno de desesperación buscó por los alrededores a Elizabeth o a su hermana, pero ante el ajetreo de la población y la confusión de sus ojos, se agravaron sus preocupaciones, a donde mirara solo había anarquía de movimientos. Casi hundiéndose en un shock notó que de su mano se desprendía una extraña luminiscencia, creyó estar cayendo en la locura, pero al abrir su mano pudo ver una extraña luz azulada que salía del pendiente, poco a poco la luz se volvió más blanca hasta llegar a un punto en el que, por un segundo, pareció brillar tanto como el sol, justo antes de lanzar un haz de luz directo a la fábrica. En medio de su desconcierto, Isaac dio la vuelta solo para notar como la línea de luz se mantenía constante, en dirección de algún punto en específico, como una especie de brújula señalando hacia el mismo lugar y sin ningún otra forma de apaciguar su preocupación decidió ir hacia donde llegara la luz, con la esperanza de encontrarse con Elizabeth. Otro más de sus compañeros caía carbonizado, destrozando su ropa y carne con el impacto, ya solo quedaban tres de ellos, incluyendo a Alice y a su hermana, pero el horror en sus caras solo parecía aumentar las ganas de su atacante de quemarlos a 179
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— todos.Una marea de llamas salió disparada de la mano del extraño hombre pero los tres sobrevivientes restantes se movieron rápidamente esquivando el ataque. El humo ya les estaba provocando mareo, respirar cada vez les era más difícil y el calor del aire hacia mucho que era insoportable, pero a pesar de la distorsión, Alice pudo ver como los ojos de aquel sujeto se mantenían fijos en ellos, parecía que en cualquier momento podía terminar con su angustia pero por algún motivo prefería disfrutar la forma en que sus víctimas alargaban sus vidas, como si todo eso fuera solo un juego para él. Cuando el manipulador de las flamas volvió a levantar su mano hacia ellos, Alice se preparó para dar un salto una vez más, pero cuando quiso mover a su hermana notó que esta se sentía más pesada, resistiéndose a su movimiento. Al verla, vio como sus ojos se encontraban cerrados y su cuerpo inmóvil, solo una respiración lenta le hizo ver que seguía con vida. - Hay que detenerlo – dijo el hombre a su lado. - ¿Qué hacemos?, no hay nada que podamos hacer – respondió Alice con angustia en su voz, su buen juicio nunca la había abandonado, aun en aquellos días cuando debía permanecer casi en vela día tras día cuidando a su hermana y a su padre enfermo, pero esta situación era más de lo que hubiera podido manejar, su cuerpo se encontraba en condiciones extremas y su mente se ahogaba en la idea de ver morir a su hermana mientras una especie de hombre demonio disfrutaba con su agonía. Con fuerza, el caballero al lado de Alice tomó un ladrillo y lo lanzó hacia el extraño hombre de las llamas, quien sorprendido, se movió rápidamente para esquivarlo, dando una pequeña oportunidad a Alice y su acompañante, que de inmediato sostuvieron a Elizabeth por los brazos y corrieron al final del amplio pasillo, desapareciendo del alcance de su enemigo, por lo menos un rato, pero su preocupación estaba lejos de terminar, ellos se iban sintiendo cada vez peor, más 180
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA cansados, pero aquel sujeto parecía no solo no ser afectado por las condiciones en las que se encontraba la fábrica, sino que algo en él parecía animarse ante el infierno que los rodeaba. Después de varios obstáculos llegaron a la parte baja del complejo, a una larga bodega llena de suministros para los camiones, donde solo la presencia de las llamas en una de las paredes, evidenciaba el siniestro en el resto del edificio. Una amplia puerta de metal cerrada al final de la gran habitación se anunciaba como la salvación para los tres afortunados sobrevivientes, que suficientemente libres de humo corrieron hacia ella. - ¡No! – gimió Alice al ver como la puerta se encontraba cerrada, con desesperación la empezó a agitar con fuerza, deseando no haber perdido el hacha, aun cuando sabía que esta no hubiera servido de mucho. Ya sin opciones, se dejó caer sobre sus rodillas, sucumbiendo ante la derrota. Le había fallado a su hermana, había convertido todo su esfuerzo en una muerte horrible, pero sacándola de su silencioso llanto, un familiar sonido hizo su entrada desde las escaleras y pisada tras pisada el extraño hombre vestido de negro apareció frente a ellos. El hombre que acompañaba a las hermanas se puso delante de ellas con los brazos abiertos, Alice sabía que aquello era solo un inútil intento por protegerlas, pero ya nada se podía hacer, al menos aquella se veía como una forma digna de morir. Un fuerte golpe impactó la puerta, seguido por un segundo y un tercero, de pronto todos los presentes miraron como una triada de abolladuras sobresalían de ella, un cuarto impacto voló la cerradura y uno quinto la abrió de par en par, haciendo que una de las secciones de la puerta chocara contra los tres sobrevivientes, que con la vista bloqueada, solo pudieron ver entrar una figura cubierta con una capucha obscura. 181
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— Isaac sostenía una Colt .45 en cada mano, listas para matar a todo aquel que tuviera enfrente, mientras un par de gotas de sudor le recorrían de la cabeza hasta el cuello, no por el calor que pudiera haber en ese lugar, sino por el miedo de ver una vez más, los ojos sin alma de Salem. - Te ves bien, ¿también te sientes bien? – preguntó Salem sin perder su porte confiado, como si la presencia de Isaac no significara ninguna amenaza para él ni ningún cambio para sus planes, sin embargo, Isaac pudo notar como las piernas de Salem habían dado un leve movimiento hacia atrás, preparándolo para una huida. Sin dar respuesta, Isaac apretó los gatillos justo en el momento que Salem daba un gran salto hacia su izquierda, protegiéndose entre el conjunto de refacciones y estantes de metal, una segunda ráfaga golpeó donde parecía asomarse la cabeza del brujo y una tercera pasó cerca de su pierna al seguirle el movimiento. “¿El cazador?” pensó Alice mientras trataba de confirmar sus sospechas y al ver mejor la cara de su salvador una nueva esperanza renació en el interior de su pecho – ¡Isaac! – gritó con entusiasmo al momento que el cazador la volteaba a ver rápidamente, justo antes de regresar la mirada hacia el frente. Un movimiento lejano le hizo disparar una vez más antes de caminar hacia atrás y ordenarle a los sobrevivientes que salieran de la habitación, todos le obedecieron inmediatamente, lo hubieran hecho con cualquiera que hubiera llegado con aquellas nuevas ilusiones de rescate. Pero no dieron ni dos pasos, cuando Salem salió de su escondite y se posicionó justo en la única ruta de salida con tal velocidad que pareció haberse solo formado de la nada, con un rápido movimiento sujetó las manos de Isaac y recitando aquella extraña frase, la misma que había dicho en la base, lanzó los brazos del cazador hacia atrás, haciéndole perder sus armas. 182
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA Con un segundo movimiento, puso sus manos justo delante del abdomen del cazador, pero no se dio cuenta como Isaac giraba su cadera bruscamente para poner su mano izquierda sobre una de las vistas de la puerta, cerrándola inmediatamente con un fuerte movimiento. El golpe de la puerta desvió las manos de Salem hacia una de las paredes, produciendo grietas en la misma, con esto, la expresión de Salem se llenó de ira, el cazador ya había escapado de su muerte dos veces y no iba a permitirle una tercera, pero cuando dirigió la mirada hacia Isaac, vio con ridícula sorpresa como el cazador sujetaba una vez más la puerta que había rebotado en sus brazos y cerrándola con más fuerza lo golpeó en la cara. Los lentes de Salem caían rotos mientras su mirada había perdido el foco, el dolor le recorría todas sus facciones y la sangre salía de su nariz, ante esto solo pudo encorvarse de dolor, cuando de pronto un tercer y último golpe le impactó de lleno en una cabeza a medio agachar, tumbándolo y dejándolo dando vueltas en el piso, en un estado semiconsciente de dolor. Tirado, sangrando, débil, a merced de cualquiera, así estaba Salem ahora, Isaac podía verlo, acercándose con lentitud, casi saboreando… pero ¿qué?, ¿la victoria?, no, ¿la venganza?, tampoco, solo el simple hecho de que alguien a quien despreciaba iba ser por fin retirado de su existencia, solo eso, saborear la simple calma después de eliminar un problema. Se acercó más, quedándose de pie justo al lado de Salem, levantó su pierna y la dejó caer sobre la espalda del brujo que empezaba a levantarse, el cual se desplomó en el suelo, quedándose tendido, Isaac levantó de nuevo su pie y lo dejó caer por segunda vez, ahora sobre la cabeza de Salem, el sonido del golpe fue horrible, más cuando se mezcló con la agonía del hechicero, Isaac ahora se disponía a terminar el trabajo, lentamente sacó una bayoneta de su funda, sujetándola con fuerza, centrando su mirada en el cuello del hombre bajo su pie, deleitándose en su sufrimiento, en la sangre que salía de su cara, fascinándole, hipnotizándole, llamándole, 183
  • 184.
    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— casiordenándole que sacara más. Alargó la mano empuñando su arma, pero antes que pudiera enterrarla, la mano de Alice le sujetó el brazo – ¡vámonos, la fábrica está a punto de explotar! – le gritó. La reacción de Isaac fue instantánea, retrajo su brazo y lo lanzó con fuerza, empujando a Alice, Salem había cometido el error de haberse metido con él y no iba a dejar que aquel maldito brujo viviera un segundo más. Alice hizo un segundo intento, sujetó su brazo con ambas manos y le gritó con más fuerza - ¡ESTO ESTA APUNTO DE EXPLOTAR! – El sonido de las llamas empezó a ganar terreno, haciendo que Isaac girara su cabeza en todas direcciones, como si apenas estuviera enterándose de lo sucedido y tras un segundo de desconcierto se volvió para mirar a Alice y preguntarle asustado - ¿explotar? – - ¡Es una fábrica de municiones! ¡En cualquier momento el fuego las hará explotar a todas y todos moriremos si no salimos de aquí! – le respondió Alice. Isaac volvió a mirar todos lados con sorpresa, como esperando que sucediera algo, pero definitivamente no deseándolo. Con mirada tensa, quitó su pie de la cabeza del brujo, se dio la media vuelta y empujó a cada uno de los sobrevivientes, señalándoles el camino que había tomado para entrar, esperando que la ruta estuviera al menos igual que cuando la vio por última vez. - No puedes quedarte aquí, este sujeto no lo vale – le dijo Alice Isaac no podía creer que ella, quien tanto enojo le había producido, ahora se preocupaba por su seguridad – al diablo con él, voy por mis pistolas – respondió Isaac con prisa en el momento que regresaba al interior de la bodega, había decido no matar a Salem, al menos no de forma directa, solo se aseguraría de dejarlo lo suficientemente quieto como para recibir de lleno la explosión, por su parte, Alice, Elizabeth y el 184
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA hombre que las acompañaba corrieron sin esperar que Isaac volviera a aparecer, confiando en que todo resultaría bien para él. Salem recobraba el control de su cuerpo poco a poco, escupiendo sangre y un trozo de diente se dio la vuelta, poniendo sus manos contra el suelo, tratando de incorporarse lentamente, no podía creer lo estúpido que había sido, más cuando tenía que reconocer que el cazador definitivamente no era alguien fácil de matar. Un constante riachuelo de sangre caía desde su nariz, sus manos temblaban por el dolor y su mirada apenas recobraba el foco cuando vio las botas del cazador moverse rápidamente hacia él, deteniéndose a pocos centímetros de su presencia, con sorpresa, Salem volteó hacia arriba solo para ver la cara de Isaac justo antes de sentir una fuerte patada en la cara, obscureciéndose todo, solo dejando escuchar las pisadas que se alejaban y sentir el calor creciente de la habitación contigua. Manteniendo una velocidad endemoniada, Alice y sus compañeros de infierno lograron salir por una de las puertas de mantenimiento, el aire se encontraba lleno de cenizas y estaba extremadamente caliente, pero era mil veces mejor que estar en el interior de aquella agonizante estructura, condenada a explotar, sin perder más tiempo, siguieron avanzando hacia donde no llegaban la marea de llamas y se dejaron caer sobre el montón de adoquines que adornaban la calle. Elizabeth aún no habría los ojos, pero su respiración se hacía menos forzada y con alegría, Alice lo iba notando. Por un instante todo pareció estar arreglado, pero se dieron cuenta que habían olvidado por completo a Isaac, quien seguía dentro del edificio, pero su preocupación desapareció al ver como de la puerta salía una figura a gran velocidad, estrellándose en el barandal que rodeaba una parte de la salida, casi cayéndose. La silueta del cazador se hizo más definida a medida que se acercaba a ellos, agitado, lleno de sudor y con una 185
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— pistolaen cada mano, poco a poco redujo su marcha, deteniéndose delante de ellos y respirando de forma agitada, tratando de calmarse. Alice se mostraba contenta, no le importaba la idea de tener que pagar de nuevo por los servicios de Isaac, esta vez realmente se lo merecía. - ¿Qué pasó con ese sujeto, el de las llamas? – preguntó el hombre al lado de Elizabeth, esperando recibir una buena respuesta, cuando de pronto una tremenda explosión los lanzó a todos al suelo. Todos giraron o se levantaron para ver la destrucción del lugar y como de entre las columnas de humo que se levantaban, solo podía distinguirse una chimenea inclinada mientras todo lo demás, lo que alguna vez fuese el símbolo de progreso y bienestar de New Exeter, se encontraba hecho pedazos. - Creo que está muerto – respondió Isaac con beneplácito y tras un instante de quietud su cabeza se movió repentinamente, como si hubiera recordado algo, metió su mano en el bolsillo de su capucha y sacándola la estiró hacia Alice – esto es de tu hermana ¿verdad? – le dijo al enseñarle el hermoso pendiente de plata que misteriosamente lo había guiado hacia ellas. Alice le sonrió y tomándolo le dio las gracias, ella sabía que Elizabeth nunca hacia nada sin primero tomar su pendiente, iba y hacia todo con él, así que el que la hubiera estado buscando e intentando rescatar sin su colguije, demostraba el amor que le tenía a ella, bueno, al menos demostraba que tenía un conjunto de prioridades bien establecidas. Por otro lado, se preguntaba cómo era posible que Isaac lo tuviera, estaba casi segura que había entrado a la casa, pero eso realmente no le importaba, de cualquier forma ellas le debían la vida y eso era lo único que importaba por ahora. Alice levantó a su hermana y le colocó el pendiente, a lo que Elizabeth respondió con un sonoro ronquido, al parecer el cansancio le había ganado. 186
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA VIII UNIÓN DE RIESGO Los hombres del pueblo seguían corriendo de un lado para el otro, si bien el fuego como un todo ya estaba menguando, aún quedaban algunas llamas que buscaban seguirse propagando. Cansados y adoloridos, los sobrevivientes de la fábrica se movieron lentamente hacia la calle, Isaac sentía que ellos ya no eran necesarios para salvar al pueblo, estaba además, agradecido por eso ya que no se sentía con la fuerza necesaria para hacer más acciones de tipo heroico y menos si debían ser gratis. Entre Alice e Isaac cargaron a Elizabeth hasta su casa y con alegre cansancio la llevaron hacia una entrada de arco a la derecha de la entrada principal, para finalmente dejarla descansando en el cómodo sillón de una pequeña sala. Isaac buscó otro asiento que se viera igual de cómodo y se sentó un rato, estirando el cuello y dejando caer su cabeza hacia atrás, sobre el respaldo del asiento. Por su parte, Alice solo aclaraba su garganta, ahora que estaban calmados podía prestar atención a las incomodas repercusiones de haber estado en una maldita hoguera. - ¿No tienes hambre? – preguntó Isaac. - Creo que deberíamos salir y ayudar con el incendio – respondió Alice mientras observaba por la ventana. - ¿Para qué?, el fuego ya está controlado, además ya no hay muchas cosas que salvar y supongo que sin la fábrica le economía del pueblo se va a ir directo al demonio – dijo mientras mantenía su cabeza pegada al respaldo del asiento y después de un rato de silencio continuó - estoy cansado, sé que tú también – - Arthur si está ayudando – expuso Alice. 187
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— - Arthur es un pendejo – añadió Isaac. - ¿Qué dijiste? - - Pregunte qué ¿quién es ese? – respondió él. - El hombre que estaba con nosotras cuando llegaste, era uno de los dueños de la fábrica – - Por eso mismo está ayudando, es solo un maldito burgués que quiere salvar lo suyo, nosotros le ayudamos y no tenemos que sentirnos mal por no seguir cooperando. Ya hicimos más que suficiente – respondió Isaac con serenidad y continuó mientras se levantaba y caminaba hacia la cocina – me empezó un hambre enorme, ¿hay algo que pueda comer?, digo, si no te importa que coma aquí – La mirada de Alice volvía a tomar aquella forma que tanto recordaba Isaac, el agradecimiento no pareció desaparecer pero de eso a aceptar la forma en que el cazador se expresaba y comportaba había un abismo de distancia. Sin embargo, Alice tuvo que aceptar algunos de los puntos que Isaac exponía, por más que deseara ayudar su cuerpo no le obedecería como era debido, quizá terminaría estorbando más que ayudando, así que consintiendo, para su desgracia de buena gana, con lo dicho por Isaac, lo acompaño a la cocina. Al estar frente a las escaleras vio un conjunto de retratos tirados en el suelo y en los escalones, pensó que quizá se habían caído con la explosión o que tal vez habían sido tumbadas por el cazador, en silencio los tomó uno por uno, apilándolos en una mesa, con la intensión de colgarlos después, pero uno de ellos tenía el marco roto, la foto de uno de los viajes de su padre, el primero en que ellas lo habían acompañado, llena de nostalgia la tomó y la contempló un rato, tratando de recordar detalles de su padre, pero las escenas le parecían borrosas, algunas veces extrañas, sabía que Elizabeth se la había pasado bien, pero no podía imaginársela en aquel lugar, tampoco recordaba muchas cosas que sabía que ella misma había 188
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA hecho. Lentamente pasó sus dedos por la imagen de su padre y poco a poco empezó a recordar la voz del hombre, grave pero tranquila, siempre amorosa, sus ojos se empezaron a humedecer, pero el sonido del refrigerador cerrándose con fuerza la sacó de su débil trance, se guardó la fotografía en el bolsillo y bajó por las escaleras, encontrándose con que el cazador había comenzado su cena sin ella. Sorbo tras sorbo iba perdiendo el gusto a cenizas, además la frialdad del jugo le devolvía el ánimo. El aroma de lo que fuera que estuviera en la cacerola era delicioso, aunque tal vez solo por el efecto del hambre. Tras unos minutos, un par de platos bien servidos hacían gala frente a un par de hambrientos comensales, uno de ellos, sirviéndose su segunda ronda. - Dios, nunca creí que me gustaría tanto la comida inglesa – dijo Isaac después de la primera gran bocanada, tragando rápido para no hacer esperar a la segunda. - Deberías de comer más despacio – le dijo Alice – no es bueno comer tan deprisa - - Ocúpate de lo tuyo – respondió Isaac, pero de inmediato, al ver que su respuesta había sido demasiado agresiva trató de retractarse -deberías de verme comer en el campo, donde no hay tiempo para buenos modales – añadió tratando de lograr mayor simpatía con su compañera de mesa – y ¿por qué tan tranquila de tenerme en tu casa?, creí que no querías que volviera a poner un pie en ella – continuó diciendo al ver la expresión sin humor de Alice. - Elizabeth me contó todo, de cómo tú la trajiste y la cuidaste. Además, sé que te metiste una segunda vez y sacaste el pendiente de mi hermana, pero nos salvaste de morir en la fábrica y estoy más que agradecida contigo por eso – explicó Alice mientras comía. 189
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— - Supongo que situaciones desesperadas ameritan recompensas desesperadas – dijo el cazador mientras mostraba una ligera sonrisa a Alice. Alice lo miró y con el mismo tipo de sonrisa le dijo – supones bien – Isaac inclinó la cabeza un poco, tanto por la fatiga como por un gesto de confianza – además, creo que también tienes un poco de culpa, no debiste haber dejado que tu hermana fuera a un pub. No sabe beber – Alice lo miró seriamente y le dijo – yo le dije que no fuera y se lo remarqué varias veces – - ¿Entonces por qué no le dijiste que se regresara? – preguntó Isaac extrañado. - No la vi – respondió Alice de inmediato – de haberla visto me la hubiera llevado en el acto - Isaac la miró con cierta sospecha y acercándose le dijo – yo estaba hablando con ella cuando entraste, estaba a mi lado – Alice levantó un poco la cabeza mientras trataba de recordar aquel día, pero cuando las imágenes vinieron a su cabeza, Elizabeth no se encontraba en ellas, ciertamente su memoria no era sobrehumana, pero estaba segura de no haber visto a nadie al lado de Isaac y recordaba esto porque había pensado en sentarse al lado del cazador antes de optar por evitarlo. Isaac la miraba en silencio, era obvio que trataba de recordar algo de ese día, así que para ayudarle le dijo – sí, parecía que se había tomado varias cerveza cuando llegó conmigo, después empezó a hablar de un montón de cosas y se quedó dormida – - No, pero quizá la pasé por alto cuando trataba de ignorarte – respondió Alice dejando el tema de lado, era posible que al estar agachada el brillo de la barra se hubiera confundido con el tono de su cabello, haciendo que Elizabeth desapareciera si se le veía de reojo, al menos eso sonaba como lo más posible. 190
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA El cazador se rio ligeramente – lo sabía – dijo al darle otro sorbo al jugo. Afuera, los gritos poco a poco se iban silenciando y las luces de las llamas desaparecerían dando paso a la vista de restos chamuscados. Adentro, la calma de no tener que pelear con Alice era lo mejor de la noche y con la poca confianza desarrollada, Isaac preguntó por la ubicación del baño. Al dirigirse a éste, pudo notar lo cerca que habían estado de haberse quedado sin un hogar, la casa donde se encontraba desprendía cierta tranquilidad, además las paredes limpias y los pisos brillantes le hacían sentir la pena de ser un nómada. Sin tardarse más de dos minutos, Isaac salía del baño con fuertes deseos de dormir, supo que pedir posada en aquel lugar sería algo demasiado riesgoso así que pensó en regresar y dormir en su semioruga, pero pronto recordó que los militares debían estar buscándolo y tomando en cuenta el tiempo que llevaba en ese lugar sabía que llegarían en cualquier momento. “Maldita sea, no ahora, estoy cansado” pensaba mientras se dirigía de nuevo a la cocina, no quería tener que desvelarse más, su cuerpo ya le exigía descanso, pero sabía que no era posible. Tendría que salir lo más pronto de ese lugar o corría el riego de pasar varios días, semanas o incluso meses bajo las presiones de pesados interrogatorios. Su mirada era de sumo pesar al entrar en la cocina, ojos tristes enmarcados por una expresión de extremo cansancio, Alice volteó a mirarle y pareció comprender lo sucedido - ¿ya te vas? – le preguntó con suavidad, buscando no agredirlo en ninguna forma posible. Isaac solo asintió con la cabeza. Los ojos de Alice se tornaron comprensivos y levantándose de su asiento, caminó hacia él con una caja en sus manos – son sobras calentadas, sé que no es mucho, pero espero que te gusten – le dijo al entregársela. 191
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— Isaac sonrió al momento de tomarla, aunque lo más seguro era que sin un hambre similar a la que lo estuvo invadiendo hace casi una hora, la comida de Alice no le sabría tan bien. Por un instante quiso decírselo, pero creyó que sería grosero o por lo menos fuera de lugar y lo último que quería era volver a quedar en malos términos con ella. No quería volver a caer en las mismas ansias que lo habían invadido la primera vez que la conoció, las que lo pudieron haber llevado a un escenario completamente distinto al que ahora medio disfrutaba. En silencio, los dos caminaron hasta la puerta. - No le digas que vine, inventa algo de cómo salieron de la fábrica – dijo Isaac al quedarse un momento inmóvil, con la mirada fija hacia la sala donde se encontraba Elizabeth. A esas alturas creía que Alice tendría idea de lo que él sentía por su hermana, nada podía hacer para evitarlo, pero ella tampoco podía hacer algo al respecto. - Te extraña, aun cuando solo te haya conocido por una semana – respondió Alice con voz baja y acercándose a Isaac continuó con un tomo más suave – por favor, regresa algún día – Isaac no pudo decir nada más, por el momento le sería imposible regresar y quizá podrían pasar años antes que todo se calmara lo suficiente como para volver con total seguridad. Al tomar la perilla, sus ojos se enfocaron en una delgada grieta que se asomaba al lado de la puerta, demasiado delgada como para no haber sido producto de la explosión pero su mete se mantenía intranquila, sentía como si la hubiera visto antes. Entonces sus ojos se abrieron y sus manos empezaban a temblar casi de manera imperceptible para cualquier testigo, tanto, que solo él podía sentir los pequeños saltos que hacia su muñeca cuando vio un pequeño rastro de humo salir de la grieta, igual al que vio en la sala de interrogatorios. La boca se le secó en segundos – Salem está aquí 192
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA – dijo con voz tímida. En seguida volteó a ver a Alice con miedo en sus ojos, justo antes que ella notara el creciente olor a quemado proveniente de la sala. El temor les impidió moverse con rapidez, pero paso tras paso entraron a la obscura sala. Sus miradas se giraron hacia Elizabeth, quien dormía plácidamente en el sillón del fondo y detrás de ella pudieron observar una silueta obscura poniendo lentamente sus manos sobre el respaldo del sillón, asomando su cabeza hacia su bella ocupante. - Pensar que hace tan solo una semana estuve tan cerca de este lugar – dijo la silueta con voz macabra, como si su garganta se encontrara aún llena de ceniza. Isaac rápidamente sacó una pistola de una sobaquera pero Salem encendió su mano y la acercó a Elizabeth – adelante cazador, veamos quien es más rápido – dijo en voz baja. Por su parte Isaac no podía arriesgar la vida de Elizabeth en ese tiro, pero no podía quedarse solo viendo, sabía que Salem sería capaz de matarlos a todos en cualquier momento. - ¿Qué quieres Salem? – preguntó Isaac sin bajar la pistola. - Creí que ya lo habías descubierto. Bueno, al menos al verte aquí eso fue lo que pensé – contestó Salem mientras su otra mano se acercaba al cuello de Elizabeth y con delicadeza sujetaba el pendiente de plata, levantándolo hacia Isaac – la vi en la pintura, casi brillando, como llamándome. Era increíble, casi imposible, no podía ser solo una coincidencia. Después de estarla buscando por años, es ella la que se me presenta… – - Así que tu trajiste a la bestia aquí, ¿verdad?, mientras alguien más destruía la presa y se aseguraba de destruir los caminos, ¡¿tanto mierda solo por esa porquería?! – interrumpió Isaac con enojo, recordando las marcas que había visto en la cabeza del monstruo el primer día que había llegado al pueblo. 193
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— - Solo sabíamos que estaba por aquí, la energía que despide no se emite de forma tan continua como nos gustaría, pero sabemos que reacciona ante el peligro, por eso tuvimos que empezar algunos ataques – Los dientes de Isaac rechinaron mientras su boca se abría un poco, estaba al borde de un ataque de ira y todo por no poder entender la serenidad del asesino - ¿¡y para qué chingados ocupas esa mierda!? ¡RESPONDEME! – gritó mientras apretaba el mango de su arma con ambas manos, temblando casi al ritmo en que una gota de sudor frio bajaba por su frente. - Cálmate, te ves ridículo. En primera tú no tienes idea de lo que es esto. Esto, esto es la llave para un poder superior – respondió Salem mientras concentraba todo su campo visual en lo que sujetaba con sus manos, como si aquella cosa fuera el centro de todo su ser, de toda su existencia. El cazador se maldecía una y otra vez, pudo haber matado a este sujeto allá en la fábrica, pero prefirió haber contentado a la hermana de quien ahora estaba en peligro, de haber cedido ante el gusto por la sangre, ahora estarían totalmente a salvo. - Dispara ahora – dijo Alice con voz baja. Isaac no podía creer lo que estaba escuchando, ¿acaso no le importaba poner en peligro la vida de su hermana?, ella, quien había permitido que el maldito de Salem hubiera tenido una segunda oportunidad, o era acaso que lo único que le importaba era su propia vida y sus estúpidos valores. Primero le obligó, de una u otra manera, a no matar a un hombre miserable ¿y ahora sacrificaría la vida de su única familia para asegurar la propia? - La matará de todos modos, ahora esta distraído – continuó Alice – confía en mí por favor, si no hacemos algo la matará de todos modos – 194
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA Su cara se tornaba pálida, no sabía qué hacer. Sus manos empezaban a temblar un poco más y su boca se sentía llena de arena. La solitaria gota de sudor llegó hasta su barbilla y rápidamente se resbaló hasta el suelo. Tratando de mantener cierta calma volteó a ver a Alice, solo un instante antes de regresar la mirada, pero con solo eso momento entendió sus palabras. Notó que ella se encontraba en las mismas circunstancias, su voz se mantenía serena, pero su rostro reflejaba tensión pura, toda su piel había perdido su color y sus ojos temblaban casi como si fuera a desmayarse en cualquier momento. Isaac supo entonces que no era el único que se preocupaba por Elizabeth, pero a diferencia de él, su hermana estaba tratando de encontrar la manera de salvarla, ella trataba de ver las opciones, no solo el problema. Isaac tomó aire, tensó sus brazos lo mejor que pudo para evitar el movimiento y justo cuando el rostro de Salem se levantó hacia ellos, apretó el gatillo. Un solitario disparo pasó cerca de la cara de Salem, en ese instante, Alice corrió hacia Elizabeth y tomándola con fuerza la jaló hacia ella. Soportando milagrosamente el jalón, la cadena del colguije se soltó de la mano de Salem, alejándose junto con Elizabeth. La fuerza del impacto despertó a Elizabeth, solo para ver como su hermana la sujetaba de los hombros y la empujaba a la puerta al instante que impactaba su cuerpo contra ésta y la abría con fuerza. Salem permanecía tirado en el suelo, rodeado por la obscuridad de la habitación, pero el balbuceo que salía de su boca mostraba que no estaba muerto. Isaac no disparó una segunda vez, solo se quedó quieto, respirando con agitación, tratando de recobrar la calma. Escenas de sangre y gente muerta pasaron en flashes en su cabeza, y con cada una sus dedos y manos daban un espasmo muscular, pero el gatillo seguía sin apretarse de nuevo, jamás en su vida le había apuntado a alguien que significara algo para él y justo por esa razón ahora no sabía cómo reaccionar, se había quedado congelado, 195
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— repitiendoen su mente la imagen de haber tenido a Elizabeth del otro lado del cañón. Poco a poco recobraba la noción de lo sucedido, vio como Alice había salvado a su hermana y como Salem se desplomaba en el suelo y ahora notaba como la habitación se iluminaba lentamente en tonos rojizos. Sus oídos ponían atención en los balbuceos de Salem y lleno de terror se dio cuenta que estaba hablando de la misma manera que cuando empujaba objetos con sus manos. Salem estaba recitando conjuros. Isaac se le acercó, con la pistola siempre por delante, pero antes que pudiera efectuar un segundo tiro, una incandescente ola de fuego surgió de Salem e hizo que Isaac diera un salto hacia atrás para evitar ser chamuscado. Una segunda ola logró golpearlo de la cintura para abajo, haciendo que soltara la pistola mientras intentaba apagar su capucha, pero ante la imposibilidad de hacerlo decidió quitársela rápidamente, acto seguido, sacó un revólver de cañón largo Magnum .357 de una funda en su cintura, pero cuando lo alzó hacia Salem, este ya se encontraba de pie, con los ojos encolerizados rodeados de fuego. - ¡YA ME TIENES HARTO MATA DRAGONES! – gritó Salem mientras caminaba hacia Isaac, expandiendo más las llamas por la sala con cada paso que daba. Sin repetir la impavidez que mostró cuando Elizabeth corría peligro, Isaac apuntó su revólver directo a la cabeza de Salem, solo para ver como la figura de éste se movía tan rápido hacia él que le hizo perder el foco y antes de que pudiera hacer un disparo pudo sentir como una mano se posaba sobre su pecho, seguido por una conocida y descomunal energía que lo empujó con fuerza hacia la ventana que tenía detrás. Afuera, Alice y Elizabeth vieron con horror como Isaac era lanzado a través de la ventana de su casa mientras Salem reía en su interior, gestando un nuevo infierno. Increíblemente Isaac recuperó la postura, levantándose mientras sujetaba su pecho con 196
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA fuerza, un hilo de sangre bajaba de su boca y sus oídos retumbaban, pero aun así logró mantener un movimiento constante y con notable esfuerzo corrió hacia la semioruga. - ¡Rápido, súbanse! – les gritó a las hermanas Harker al verlas quietas y asustadas de pie junto al vehículo. Volviendo en sí, Alice tomó a Elizabeth y con un fuerte empujón la metió al interior de la cabina, justo antes de subirse ella misma. Isaac subió de último, cerrando la puerta con fuerza y encendiendo la semioruga pisó el acelerador con tal fuerza que se escuchó el golpe del metal contra el metal. Un grupo de personas que se movían con una manguera se hizo de lado para evitar ser atropellados por el desesperado conductor, algunos lograron distinguir al vehículo, sorprendiéndose de ver una vez más al cazador, pero su sorpresa se transformó en el más puro horror cuando al voltear, algunos de ellos vieron una marea de fuego avanzando detrás de una figura sonriente, con ojos blanquecinos llenos de locura. En solo un instante todo el pueblo quedó sumergido de nuevo bajo un mar de llamas. A través del espejo, Elizabeth vio como todo lo que se había convertido en su hogar era arrasado por las llamas y su boca se abrió por completo mientras las lágrimas se acumulaban en sus ojos, dejando salir todo su llanto en medio de un grito de dolor. - ¡¿QUIÉN DEMONIOS ES ESE?! – gritó Alice en medio de un horror que ya se sentía perpetuo. - ¡ES EL DIABLO! – respondió Isaac sin quitar la vista del camino. Por alguna razón Salem se había vuelto más fuerte y definitivamente no se iba a quedar para ver cuál sería el límite de sus nuevas energías. El camino se encontraba en pésimas condiciones, pero aun así nada parecía detener a la semioruga que avanzaba como un caballo desbocado. Nadie en el interior de la 197
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— cabinahabía tomado el tiempo que llevaban dentro, Alice e Isaac llevaban relojes pero por el momento no pensaban en ello. Sus cuerpos y mentes se hallaban confusos; todo parecía haber ocurrido en un solo segundo, pero trascurrido hacia tanto tiempo que les parecía imposible recordar cada detalle con precisión, por otro lado, cada instante que pasaba, cada segundo presente les era tan largo y pesado como las horas del atardecer. Elizabeth se encontraba en silencio, como si el tremendo gritó de dolor que había lanzado le hubiera sacado todo de adentro, toda palabra y todo suspiro, sus ojos rojos llenos de lágrimas eran la única evidencia de su desesperación interior. Alice tragaba saliva mientras cerraba sus ojos en un esfuerzo de concentrase, de evitar perder la conciencia de la realidad, e Isaac, sujetando el volante como si este fuera su alma queriéndosele escapar, se empapaba en sudor frio, quería despegarse un rato de la realidad, pero parecía como si una súper conciencia de lo sucedido le impidiera ver o sentir otra cosa que no fuera el saber la prisa que tenia por salvar su vida. Sus vidas. El fuego que consumía al pueblo iluminaba la noche en hermosos tonos que desgarraban la paz de quien los estuviera viendo y a través de los espejos de la cabina se podía observar el horizonte brillante, como un adorno del fin del mundo. Tras unos minutos de manejo nada parecía calmarse, dentro de la semioruga todos sentía como si el peligro estuviera todavía justo detrás suyo, aun cuando Salem se les hubiera perdido de vista. Alice empezó a voltear a todos lados, esperando ver algo, cualquier cosa que le redujera la tensión, y tras unos instantes de auscultación giró hacia Isaac y llena de nerviosismo preguntó - ¿lo perdimos? – - ¡Aún no! – gritó alguien arriba del vehículo, justo antes de que sus ocupantes pudieran ver las manos y la cabeza sonriente de Salem asomarse desde la parte alta del parabrisas. 198
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA Isaac y Alice pudieron sentir como su respiración se detenía y como sus corazones daban un brinco tan fuerte que casi parecía pegarles en la base del cuello. Isaac pisó los frenos al mismo tiempo que giraba bruscamente el volante hacia la izquierda, de inmediato, el pesado vehículo dio un giro tan cerrado que sin titubeo se lanzó con toda fuerza de costado, quedándose quieto por un instante antes de caer sobre su lado derecho y empezar a girar sobre él mismo igual que un animal desquiciado. Dentro de la cabina, el mundo parecía despedazarse rápidamente y hacer mezclar el daño físico de los cuerpos chocando contra todo con el desgaste mental producido por la desesperación y la falta de descanso. Un último golpe puso fin a los giros del vehículo. En la cabina, Isaac trataba de soportar el dolor, al menos lo suficiente como para salir rápidamente por la ventana de su aparato y para percatarse de todo el cuadro de destrucción del que era parte. La semioruga había caído cuesta abajo de una pequeña ladera y ahora se encontraba de cabeza, reclinada sobre un árbol que había impedido que continuaran las horribles vueltas. Con la cabeza girándole por dentro, logró ponerse de pie, pero dando dos pasos mal trechos cayó sobre sus manos y cediendo ante todo intento por soportar los mareos terminó vomitando. Desde el camino que se encontraba arriba, Salem bajaba lentamente, sus pasos eran firmes, pero lentos, sus ropas se encontraban intactas y solo los moretones en su rostro enseñaban su falta de inmunidad - parece que por fin todo acabara con paz, con la calma con la que debió de haber terminado hace tiempo – dijo al acercarse más y tras una pausa continuó - ¿acaso tenías que alargar tu agonía?, supongo que fue mala suerte, si Williams hubiera estado bajo una línea de vida todo hubiera acabado más pronto – El pequeño discurso de Salem dio un poco de tiempo al cazador para recuperar la postura mientras, sin llamar la atención, buscaba un arma en su cinturón. Sus manos 199
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— sintieronun mango y tomándolo con fuerza dirigió su mirada hacia Salem, quien ahora le estaba viendo con una expresión llena de seguridad, pero fueron sus piernas lo que llamaron su atención; se encontraban un poco encorvadas, tensas, como en espera de algo. Con sus fuerzas de reserva, Isaac se levantó al tiempo que sacaba algo de su funda, alargando su mano hacia un Salem que previendo el movimiento del cazador dio un movimiento rápido hasta posicionarse detrás de él. Todo en menos de un segundo. - ¿Eso es todo? – preguntaba Salem con desprecio antes de percatarse de cómo el cazador movía rápidamente sus brazos hacia atrás mientras se lanzaba de espaldas. De entre la oscuridad Salem distinguió el brillo de un cuchillo saliendo debajo de la axila de Isaac justo antes de sentir el frio metal penetrando en su abdomen y acercándosele a las costillas. En medio de la luz de la luna, un solitario chorro de sangre surgió de la boca Salem, manchando el hombro de Isaac. Con un movimiento brusco, el cazador dio un giro en sí mismo, sin dejar de tocar el mango del cuchillo y cuando ambos quedaron de frente, volvió a sujetar con fuerza la empuñadura y subió el cuchillo lo más posible antes de sacarlo con fuerza. Una cortina de sangre salió disparada hacia el suelo y con lentitud Salem se llevaba sus manos hacia la enorme herida, viendo como ambas eran teñidas de rojo en segundos, con esto, empezó a sentir como la vida se le empezaba a escapar, rápida y dolorosamente. Isaac vio como Salem se movía cada vez con más dificultad, hasta que al final solo pudo quedar de pie al recargarse en el costado del vehículo, su mirada estaba perdida, por alguna razón lograba mantenerse consiente, pero era obvio que ya no lo estaría por mucho tiempo. A esas alturas su ropa negra brillaba por la cantidad de sangre en la que estaba empapado y solo sus ojos quedaba como algo lo suficientemente claro como 200
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA para seguir notándose en la oscuridad reinante. Del otro lado de la semioruga Alice y Elizabeth habían logrado salir con el suficiente tiempo como para ver como el verdugo de New Exeter agonizaba en silencio, en medio de una escena que desgarraba el corazón de la menor de las hermanas. Lentamente Salem volteaba a verlas mientras ellas caminaban hacia Isaac, manteniendo la distancia con el moribundo, viendo como sus ojos se fijaban en cada uno de sus pasos, como si quisiera todavía acercárseles y hacerles más daño. Al llegar a Isaac los ojos de Salem se empezaron a llenar de rabia – ¿acaso crees que todo esto ha acabado?, no tienes ni idea de quienes están buscando la llave – dijo de forma pausada. - ¿Por qué no solo te mueres? – respondió Isaac con desprecio, centrando su mirada en la sangre, alegrándose con el sufrimiento del pobre diablo frente a él, disfrutando mientras la muerte le abrazaba cada vez con más fuerza, si bien eso no era suficiente como para justificar todo el esfuerzo y aún menos el sufrimiento, era mil veces mejor que el simplemente haberlo matado en la fábrica, allí solo le habría visto dar un grito y quedar en silencio de forma inmediata, pero aquí podía ver y escuchar por más tiempo su agonía y su debilidad, aunque el ansia de verlo morir, de verlo dejar de respirar, de verlo desplomarse sin vida, ganaba rápidamente terreno a cualquier otro deseo. Realmente quería muerto a Salem y ya se estaba aburriendo de verlo tardarse demasiado, quería lanzársele, quería enterrarle el cuchillo una y otra vez, empaparse con su sangre y ver su rostro de dolor al momento de introducirle el frio filo en el cuello, pero sus piernas apenas podían mantenerlo en pie y sus brazos, lánguidos y cansados, colgaban a sus costados, solo meciéndose por el ansia de la muerte. La respiración de Salem se aceleraba y sus manos empezaron a brillar poco a poco, llevando lentamente el destello por todo su cuerpo, sus ojos dementes se fijaron en el rostro de Isaac - ¡NO TIENES NI IDEA DE CON QUIENES TE HAS METIDO! 201
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— –gritó mientras el fulgor alrededor de su cuerpo se incrementaba, produciendo fuego alrededor de él, expandiéndolo hasta cubrir toda la semioruga. - ¡Mierda! – gritó Isaac justo antes de tomar los brazos de ambas hermanas y jalarlas para empezar una carrera mientras el miedo le hacía olvidar el dolor de su cuerpo y la tensión parecía comerse todo el cansancio. - ¿Qué está pasando? – preguntó Elizabeth ante la emergencia. - ¡Hay una caja de explosivos en la parte trasera de la oruga, si el fuego llega hasta ella estamos muertos! – respondió Isaac sin detenerse, sin siquiera voltear para ver como el fuego se expandía por el vehículo. Salem ya sentía como toda su vida se le consumía, pero con un último esfuerzo, logró levantar su mano hacia quienes huían, concentrando toda su magia en una gloriosa despedida. Su mano destellaba con más fuerza de la que jamás hubiera visto, como si las líneas de vida le entregaran todo su poder a cambio de su corta vida. Sus ojos se abrieron más y sus manos temblaban de emoción ante la realización de su venganza, por un instante todo dolor y agonía desaparecieron de su cuerpo, haciéndolo concentrarse en su objetivo. Una última frase salió de su boca, pero antes de terminarla sus oídos quedaron sordos y su visión se vio ahogada en una luz cegadora justo en el instante en que su cuerpo se hacía pedazos ante la explosión de todo el vehículo a sus espaldas. En el mismo momento de escuchar la explosión, los tres corredores cayeron al suelo, viendo como un pedazo del vehículo pasaba girando a su lado, mostrando una brillante cobertura de fuego. De inmediato, Isaac se levantó, llenando sus ojos de asombro e ira; su semioruga, su cuasi hogar por más de cinco años, sus armas sus billetes todo eso habían desaparecido en un mar de fuego – mis cosas – decía en voz lastimera mientras caminaba lentamente de regreso. Tras una pausa sintió un leve 202
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA malestar que rápidamente se elevó a tal punto que le hizo vomitar de nuevo, pero poco a poco se le desvanecía lo suficiente como para recobrar la maltrecha postura. Su mirada estaba llena de enojo al regresar hacia sus dos acompañantes – espero que estés contenta – le dijo a Alice al acercarse – gracias a ustedes me quedé sin cosas – Alice quedó perpleja ante la acusación del cazador, quedó en un silencio total antes que sus dientes empezaran a rechinar con furia y dando un grito como desquiciada respondió con fuerza - ¿CÓMO TE ATREVES MALDITO IMBÉCIL?, ¡POR SI NO LO HAS NOTADO, NOSOTRAS TAMBIÉN NOS HEMOS QUEDADO SIN NADA, NI SIQUIERA TENEMOS UN PUEBLO AL CUAL REGRESAR! – - ¡A MÍ QUE CHINGADOS ME IMPORTA TU VIDA MALDITA ESTÚPIDA!, ¡ES POR USTEDES QUE AHORA ESTOY EN MEDIO DE LA NADA Y SIN NADA EN QUE LARGARME! – gritó Isaac mientras movía la cabeza y se acercaba a Alice apuntándola con un dedo. Con un rápido movimiento, Alice se quitó el dedo de Isaac de encima, solo para ver como éste se le quedaba viendo como si siguiera culpándola de su situación. Alice se encontraba en un estado casi postraumático y aun así estaba a punto de explotar, de decirle a Isaac que se fuera al demonio junto con todas sus cosas. Una pequeña parte de Isaac sabía lo que habían perdido las hermanas, que sus vidas ya no volverían a ser iguales, pero por alguna razón desquitaba su coraje en Alice. Estaba iracundo, quizá porque no había podido ver la cara de Salem al momento de morir, o por no saber qué hacer en aquel momento, pero su cuerpo estaba demasiado agitado como para poder controlarlo, incluso sentía como sus venas se tensaban y sus nervios parecían saltar dentro de si - ¡YA CÁLLENSE! - gritó Elizabeth al no poder soportar más la situación, con tal enojo, que hizo que ambos quedaran sorprendidos en un silencio total, viéndola 203
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— fijamente- ¡ACASO NO VEN QUE LOS TRES ESTAMOS JODIDOS! - continuó - ¿NO SE DAN CUENTA QUE HEMOS PERDIDO TODO?, ¡TODO EL PUEBLO ESTÁ DESTRUIDO!, ¡Y TODOS ESTÁN MUERTOS! ¡MUERTOS! – gritó antes de caerse al suelo y empezar a llorar desconsolada. Alice no pudo soportar la escena y corriendo hacia ella la abrazó con todas sus fuerzas – aún me tienes a mí, yo no te abandonare – le dijo de la manera más amorosa posible. Elizabeth rodeó a su hermana con sus brazos, sujetándola como si quisiera aferrarse a ella para siempre. Isaac empezaba a sentir remordimiento, se sentía peor con ver así a Elizabeth que de haber visto la destrucción de toda New Exeter, lo segundo ni le importaba. Con una especia de hueco en el estómago trató de calmarse dando unos cuanto pasos y al ver la columna de humo que salía de su viejo vehículo creyó ver la mano de Salem siendo consumida por el fuego, aunque aquella visión bien podría ser más un producto de la sugestión. Su pensamiento era ligeramente sacudido con imágenes que se le habían quedado grabadas en la memoria, sobre todo lo que había vivido esa misma noche, la urgencia por llegar al pueblo, el posible inicio de una tolerancia amistosa con Alice, y Salem, sus ojos de locura, su presencia y sus palabras, con esto último Isaac empezaba a sentirse más nervioso, recordando aquella última frase del brujo, repitiéndola en su cabeza palabra por palabra, letra por letra y de pronto volvió a sentir como la sangre se le helaba. Dio un trago de saliva y trató de ordenar sus pensamientos antes de decir con firmeza - tenemos que largarnos ahora – Por un momento las hermanas parecieron no haberle escuchado y al menos ese era el caso de Elizabeth, pero Alice, aun de espaldas, mostró en cambio a una actitud más tensa. Después de unos segundo Alice se puso de pie, levantando a su hermana entre sus brazos y al dar vuelta, sus ojos expresaron el sentimiento de coraje propio para la 204
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA ocasión, realmente pocas personas podrían haber aceptado recibir órdenes de quien les acaba de insultar - ¿disculpa? – dijo sin cambiar de expresión. - Salem dijo que había más como él, ¡y no quiero quedarme aquí para esperarlos! – contestó Isaac con preocupación y temor en sus ojos. La expresión de Alice cambió de inmediato, girando la cabeza a todos lados como si tratara de relajarse con esa rutina, sus ojos se fijaban en cualquier cosa que tuvieran en frente, tratando en vano de enfocarse en una sola cosa a la vez - ¿y a dónde diablos vamos a ir? – preguntó finalmente. - Al sur, a New Liverpool, ahí encontraremos un lugar donde quedarnos y luego nos largaremos de la India - - Espera un momento – dijo Alice - no nos vamos a ir del país así como así, es decir, teníamos planeado regresar a Inglaterra pero ahora no tengo dinero ni cosas que vender, no podría costear un viaje, además no pienso llevar a mi hermana a quien sabe dónde a bordo de un carguero apestoso - - ¡¿ENTONCES QUÉ?! – gritó Isaac lleno de furia, alzando los brazos al cielo – ¡se van a quedar aquí y esperar que algún otro maldito brujo de mierda venga por ustedes!, ¡yo no pienso morir aquí y menos por ti! – continuó al momento de acercarse a Alice y gritarle casi en la cara. Alice, harta ya hasta el cansancio de la forma en que Isaac explotaba, solo esperó dos segundos antes de lanzarle una cachetada, pero después del impacto, el cazador lejos de calmarse, le miró con una expresión totalmente diferente a cualquiera que ella hubiera visto antes. Sus ojos estaban fijos en ella y su parpado inferior izquierdo empezaba a temblar rápida y ligeramente, ante esto, Alice dio un paso hacia atrás, pero antes que pudiera dar un segundo, el cazador alargó los brazos, sujetándole la cabeza con fuerza, casi enterrándole los dedos. Alice no gritó, no respondió, no reaccionó, solo permaneció quieta, congelada por la sorpresa y 205
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— elmiedo ante la mirada de Isaac. Los ojos del cazador, fijos en los suyos, la detenían, casi hipnotizándola, sus uñas casi penetraban su carne y su rostro parecía perder sus rasgos, como si dejara de ser un hombre y se volviera una clase de animal. - Perra estúpida – le dijo Isaac al acercársele mientras apretaba con más fuerza la cabeza de Alice, como si quisiera reventársela, pero antes que pudiera hacer o decir algo más, sintió un golpe seco en la cabeza y girando vio como Elizabeth se le lanzaba para sujetarle el brazo derecho en un intento para hacerlo a soltar a su hermana, su fuerza física era ridícula, para nada la necesaria para siquiera lastimarle, pero fue la cara de odio y desprecio que ahora le mostraba las que le hicieron soltar la cabeza de Alice, haciéndole retroceder lleno de miedo, no por Elizabeth, menos por su hermana, sino porque por segunda vez había estado a punto de cometer algo de lo que terminaría por arrepentirse el resto de su vida. Miró a todas direcciones, como si en realidad hubiera efectuado el crimen, asustado de que alguien más lo hubiera visto y después bajó la mirada, tratando de calmarse, recordó la muerte de Salem paso por paso en un intento por pensar en algo bueno, en algo que lo calmara, pero al subir la mirada vio la forma en que la miraban las hermanas, Alice estaba aterrada, pálida, aún más que cuando vio a Salem, por su parte, Elizabeth lloraba, pero sus ojos estaban llenos de repulsión. - Cálmate, solo la asuste – dijo Isaac, mintiendo en sus palabras y el modo en que las decía con una tranquilad forzada, como si lo que dijera fuera cierto, tratando de calmar un poco la situación y a sí mismo – sé que no estuvo bien hacerlo, pero estoy tenso y cansado, no quise… - - ¡¿Quién te crees?! - interrumpió Elizabeth mientras abrazaba con más fuerza a su hermana - ¡¿qué demonios intentabas hacer?! – Isaac empezó a sentir como toda su persona colapsaba ante la presión, lo peor era que había disfrutado el haber callado a Alice, el haberla tenido en sus manos, el haberla 206
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA podido incluso matar, pero precisamente eso también era lo que lo aterraba. ¿Por qué?, ¿por qué le pasaba esto?, su padre, su abuelo, todos los que le precedieron, todos habían sido como él, todos habían sido maldecidos desde el momento de su nacimiento por aquella horrible necesidad, la que se había convertido en el verdadero sello su familia. Alice aún respiraba con agitación, apenas comprendía la totalidad de la situación, el cazador había pasado de un comportamiento molesto pero normal, a una especie de locura canalizada. Trataba con fuerzas de concentrarse, de recuperar la serenidad y empezar a pensar en todo con calma, quería llorar, pero no se permitiría el hacerlo, una vez más intentó buscar algo en lo que pudiera enfocarse y lo encontró en los restos de la semioruga, tragó aire y dijo con la mayor tranquilidad que pudo, lenta y pausadamente – él tiene razón, tenemos que salir de aquí – tenía que aceptarlo, Isaac tenía razón en cuanto al peligro que significaba las palabras de Salem, sus amigos, seguidores, fanes, o lo que fueran, irían tras de ellos ya que lo que buscaba el brujo también lo seguirían buscando ellos y mantenerse juntos era la mejor posibilidad para sobrevivir, aunque tal vez no para ella. Había visto la verdadera cara de Isaac y había sentido parte de la furia que vivía en él, pero también había visto la forma en que miraba a su hermana, ya se había dado cuenta antes, no era estúpida, ya había sospechado de la existencia de algún sentimiento por parte suya y al ver como el cazador había retrocedido ante la mirada de Elizabeth, lo comprendió, Isaac no era sino una bestia con forma humana, pero una bestia incapaz de lastimar a Elizabeth y por lo mismo no importaba que la seguridad de su hermana se mantuviera a costa de la suya, eso era un riesgo que estaba dispuesta a tomar - cuanto se dé a conocer lo que sucedió aquí, los amigos de Salem sabrán a donde llegar – continuó. 207
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— Elizabeth la miró sorprendida, la forma en que hablaba parecía mostrar poca importancia al hecho que el cazador la había lastimado, pero no supo que responder, las palabras de Alice decían la verdad, además correr el riesgo de emprender un viaje con todo y sus pesares era mejor que asegurar un segundo encuentro con alguien como Salem. Ante el silencio, Isaac volteó hacia Alice, su cara estaba firme, pero sus ojos eran los de un perro asustado, ella le devolvió la mirada, pero no el gesto, al contrario, lo miraba con asco, totalmente decepcionada de él como ser humano. El silencio se mantuvo por más de un minuto, cada uno de los presentes seguían de vez en cuando las posturas de los otros, como si trataran de hacerlos reaccionar, pero en realidad, cada uno solo estaba absorto en sus pensamientos, los demás eran para ellos solo como espectadores de sus propias vidas, en esos momentos, ninguno en realidad esperaba nada de alguien, ni de ellos mismos. Isaac fue el primero en moverse, se dio la vuelta y caminó de regreso a lo que quedaba de la semioruga. Al llegar a ésta, buscó rápidamente cualquier cosa que hubiera sobrevivido a la explosión. La reducción del fuego y el humo le permitieron ver lo que parecía ser un enorme cuadrado oscuro lleno de mugre y al acercarse más para confirmar, sus ojos se llenaron de gusto al distinguir su maleta de armas, casi en buen estado. Sin dudarlo un segundo, Isaac se arriesgó a recibir daño de las pocas flamas que aún ondeaban a lo largo del vehículo destruido y moviéndose lo más rápido que pudo se agachó para tomarla y alejarse rápidamente de ahí. En silencio abrió la maleta y sacando su rifle lo revisó, checando que por lo pronto, todo pareciera estar bien, además, haber encontrado un par de escuadras en buen estado se convertía en una placentera bonificación. “Al menos tenemos algo” se dijo mientras sacaba las pistolas de la maleta. Al acomodárselas en las fundas se quedó mirando el cuchillo que le había ayudado a matar a Salem, el mismo que el viejo cantinero le había regalado. Con un sentimiento 208
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA de tristeza se lo aseguró al cinturón. Aquel hombre parecía entender lo que sentía, quizá él también lo había vivido y en ese caso lo habría superado, ahora deseaba haber pasado un poco más de tiempo con él, tal vez le hubiera servido de algo. Mientras seguía pensando en esto, regresó con Alice y su hermana. Alice se sentó en el pasto, esperando que el cazador regresara, pero Elizabeth estaba confundida, había perdido el hilo de la realidad, comprendía la postura de su hermana, pero no entendía la calma de esta, ella se encontraba llorando, casi al borde de caer desmayada, pero Alice estaba a su lado, sentada, tranquila, como si nada malo hubiera sucedido y el cazador, el mismo a quien tanto había extrañado y deseaba volver a ver, ahora se mostraba como una figura horrible, al punto que cuando éste se acercó más, pudo distinguir como aquellos rasgos, los cuales al principio ella creía que denotaban fuerza, ahora le parecían las facciones de un monstruo. - ¿Nos vamos? – preguntó Isaac. Alice no respondió, solo se levantó con lentitud, sujetó a su hermana con suavidad y la empujó con calma, de esta manera los tres empezaron a caminar hacia el risco por el que había caído la semioruga. Al llegar a una elevación empinada, Isaac subió primero y alargó la mano para ayudar a Elizabeth, pero ante esto, la joven retrocedió con asco – no me toques – le dijo. Isaac sintió como todo cambiaba, antes no podía verla, pero aun con la distancia geográfica estaba más cerca de ella de lo que estaría de ahora en adelante, la brecha entre ambos se había hecho más grande, ella simplemente había visto una parte de su verdadero ser, le había visto a través de la máscara de humanidad que débilmente mostraba y de forma natural se había alejado de él. Aquello era comprensible, era la forma noble, casi pura lo que le había llamado la atención de ella, lo que le había cautivado y aquella naturaleza sencillamente era incompatible con la suya. Ahora 209
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— estabanlos tres atados a un destino único, no se separarían por un tiempo, pero sus corazones, sus mentes y sus sueños ahora se mantendrían más distanciados que nunca, todos lo sabían, pero Isaac era el único que lo lamentaba, sintió un temblor en su boca, creyó que empezaría a llorar, pero sus ojos apenas lagrimearon un solo segundo antes de secarse de nuevo. Alguien dijo una vez que los hombres se vuelven monstruos solo cuando sus lágrimas se secan para siempre, Isaac había escuchado esas palabras, pero nunca creyó que estas le serían más dolorosas que una daga en el pecho. IX EL PRIMER VUELO DE LA MARIPOSA - ¿Hace cuánto tiempo que paso esto? – preguntó el mayor McDowell con enojo y terror, al ver lo que por más de cinco años se había considerado el símbolo de la perseverancia británica en toda la India. - Más o menos como hace dos horas señor – respondía un capitán mientras leía un par de reportes preliminares de lo ocurrido, sin mostrar signos de alguna preocupación o asombro en su rostro – la evidencia recolectada indica que el incendio empezó en varios lugares de forma casi simultánea, solo hay un par de construcciones en un considerable buen estado, una cantina, parte de las instalaciones de la fábrica, lo cual es raro y la casa de un tal Lord Hopkins, quien además no se encontraba al momento del siniestro, el recuento de sobrevivientes no llega siquiera a quince - El rostro del mayor palideció ante los datos de la tragedia, nunca esperó ver esa clase de desastres otra vez y menos fuera de Europa. Poco a poco su respiración se iba poniendo más tensa en un intento para evitar explotar de coraje. El capitán por su 210
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA parte, notó la actitud de su superior y con la misma calma que había mostrado trató de llamarle la atención de la mejor forma posible – señor, creo que debe calmarse, aún hay que darle la información al coronel – La mirada del mayor se tensó aún más, solo por un momento, antes de relajarse de forma casi mágica. Ambos oficiales, así todos los hombres y mujeres que trabajaban en la base Williams, sabían que el coronel era la persona más intratable e irritable del mundo, incapaz de escuchar o entender razones por parte de cualquier otro ser humano, solo los informes u órdenes escritas parecían entrar directamente su cerebro y hacerle razonar. - Hay que hacer el informe Kowalsky – dijo el mayor ya con aire de tranquilidad. - En eso estoy señor – respondió inmediatamente el capitán. Mientras el capitán se retiraba, el mayor movía la cabeza en todas direcciones, como si esperaba que algo cambiara en cualquier momento, como saliendo de las ruinas o cayendo del cielo. Pero después de un rato de silencio, se quitó la gorra y lentamente empezó a caminar hacia la cantina que estaba todavía de pie, rodeada de construcciones casi desplomadas, casi como un solitario monumento al vicio. Pasando alrededor de unos quince minutos, Kowalsky entraba al pub, buscando a su superior y al verlo sentado frente a la barra caminó directamente hacia él con informe en mano. - ¿Señor, se encuentra bien? – le preguntó al verlo totalmente quieto, sosteniendo un vaso en la mano mientras veía fijamente las fotografías en la pared, pasando sus ojos de lado a lado, buscando cualquier detalle en cada una de ellas. - Sabias que yo conocí al mismo Thomas Edward Lawrence en persona – dijo el mayor y continuó sin esperar respuesta – era un gran hombre, no me refiero a la estatura, en eso era más pequeño que el mismo Führer. No, me refiero a la energía que 211
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— tenía,a la forma de hacer que cualquier percance pareciera una prueba más a desafiar. Hijo, no tienes idea del tiempo que he vivido entre escombros – El capitán se mantenía callado, justo detrás del mayor. Él, a diferencia de su superior, mantenía la calma en toda circunstancia, como el perfecto oficial, estoico y eficiente, siempre al servicio del alto mando y nunca comprensivo con los niveles inferiores, sin embargo, por dentro, la historia era otra, odiaba perder el tiempo por cuestiones sin sentido o cosas sin valor como el sentimentalismo, fuese cual fuese la intensidad o el origen del mismo, de hecho, para él el mayor no era sino un hombre débil, siempre cambiante de ánimos, voluble y poco consistente, por lo que en más de una ocasión había intentado superarle de puesto, pero por algunas razones el mando superior no lo consideraba lo suficientemente bueno para ello. - La guerra de trincheras fue un asco tras otro. Por cuatro años me estuve cubriendo de lodo y cadáveres por todo el maldito frente occidental, tratando de llegar a Alemania y darle unas patadas al káiser ¿y después qué?, ¿eh?, te lo voy a decir, me mandaron por más de un año al frente americano para ayudar a los yanquis a sacar a Obregón y a sus malditos perros irlandeses de Dallas. Hijo, yo solo he servido para matar. Pero Lawrence era completamente diferente, él también estaba hasta el cuello en la inmundicia y la muerte, pero a diferencia de mí, él tenía sueños, él estaba en la guerra por algo, algo más grande que él. El ejército nos destrozó a los dos Kowalsky, a mí, a mí me convirtieron en un perro, pero a Lawrence lo mataron porque buscaba cumplir sus ideales. No me importa que alguien me escuche, sé que lo mataron los nuestros, nadie me va a convencer que murió por un maldito accidente de moto, eso es ridículo. Lo mataron, yo lo sé, supe lo del auto negro – - Señor, creo que ya bebió suficiente – dijo el capitán ya sin poder resistir un segundo más, apenas entendía lo que decía el mayor y no era por la profundidad de sus 212
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA palabras, o la falta de esta, sino porque las mismas le importaban poco menos que nada. McDowell permaneció en silencio, se logró escuchar un ligero suspiro salir de su boca, pero el resto del cuerpo permanecía en total quietud – pareciera que tú no tienes alma hijo – dijo al fin, antes de levantar el vaso y terminarse el contenido de un solo sorbo. - Señor, si me permite debo decirle que encontraron el vehículo de Dreadnought – - ¿Dónde? – respondió inmediatamente el mayor mientras se levantaba del asiento. - Lo encontraron a unas nueve millas de aquí, estaba totalmente destruido pero pudimos identificarlo con algunos pedazos de documentos que se encontraron. Además el número de serie concuerda con el del vehículo de Dreadnought – - ¿Algo más? – - Un cuerpo, mejor dicho, partes de un cuerpo. Creo que el muerto se encontraba junto al vehículo al momento de la explosión. Aún no se ha podido identificar con precisión, pero es posible que se trate de Salem, aunque… – el capitán calló al ver que el interés del mayor por el reporte, había cedido de nuevo ante las fotografías de la pared - ¿Señor? – preguntó al fin. - Mira nada más Kowalsky – respondió el mayor al señalar una de la fotografías, justo antes de acercarse y tomarla de la pared – parece que encontramos algo interesante – - ¿Señor? – - Dreadnought está en esta foto – dijo McDowell mientras mostraba a su capitán una fotografía firmada del cazador junto a la cabeza de un monstruo. … 213
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— Una colección de pinturas se asomaba por el rincón más lejano visible, justo al lado de un armario abierto lleno de ropa civil y militar. Un conjunto de postales, cuchillos y cinturones se amontonaban en la repisa donde un hombre obeso comía de una lata de conservas del ejército, a la izquierda, una enorme columna de latas tapaba la única ventana del cuarto. La tienda parecía tener de todo, aunque nada en la mejor condición. Elizabeth fue la primera en entrar, dando solo unos pasos antes de dar un ligero salto hacia un sillón marrón lleno de polvo. Sus pies estaban destrozados, sus parpados como entumidos y sus manos frías, sin sensación alguna de los dedos, inmediatamente después entró Alice, dirigiéndose hacia su hermana, haciéndola a un lado para poder sentarse ella también, Isaac entraba en tercero, dirigiéndose directamente al mostrador. El hombre gordo bajó el tenedor y sin moverse de su lugar les preguntó con brusquedad que buscaban, al tiempo que les informaba a las hermanas que los muebles en la tienda estaban a la venta y que por lo mismo no se permitía sentarse en ellos, pero ellas hicieron caso omiso de sus quejas, estaban muy cansadas y para nada iban a perder una oportunidad para relajarse, si bien el sillón estaba duro y sucio, para las hermanas, en sus condiciones actuales, era casi como la más cómodas de las camas. Por su parte, Isaac se paraba frente al hombre e inclinándose hacia él le preguntó en voz baja - ¿aquí dan crédito? – El hombre gordo le miró por un momento, dudando, pero al ver la seriedad del cazador respondió - depende, ¿Quién los manda? – - Conozco a Sadler – respondió Isaac. El hombre calló un rato y examinando a Isaac una segunda vez se le acercó - ¿eres Jacques? – le preguntó, a lo que Isaac asintió levemente. El vendedor levantó su cabeza 214
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA - Lo siento muchacho, pero a Sadler lo arrestaron hace dos días, así que cualquier cuenta que manejes con él está congelada hasta que lo suelten – - ¡Por Dios! – dijo Isaac mientras descargaba su puño en la vitrina. - ¡Oye!, se prohíbe golpear la vitrina, la última vez hubo lluvia de cristales, con muchas bajas y heridos - Isaac mantuvo la mirada hacia el suelo, pero después de unos segundos sin decir algo, levantó su mano izquierda y mostrando una larga maleta la puso frente al vendedor – al menos podrías aceptarme un trueque – El vendedor no respondió, ni siquiera volteó a mirar a Isaac, solo se limitó a extender sus grasosas manos y abriendo la maleta sacó el rifle de su interior. - ¿Qué es esto?, ¿un PTRS-41? - preguntó, aún sin mirar al cazador - ¿Qué quieres por ella? – continuó. - Necesitamos algo en que movernos más rápido – - ¿Qué carajos está pasando ahí? – gritó Alice mostrándose completamente impaciente, porque aun cuando la imagen de las manos del cazador en su cabeza seguía muy latente, también era cierto que el cansancio la volvía agresiva y por más que quisiera, no podía evitarlo. Isaac aspiró con fuerza y volteándose con languidez le gritó mientras abría las manos con tensión – ¡cállate, estoy tratando de conseguir un auto! - - ¡Un auto!, ¡JA! Por esto solo puedo darte una moto muchacho – respondió el vendedor de inmediato. - ¡Pero tiene un sistema de Vampyr!, ¡maldita sea!, ¡esa cosa vale más que el mismo rifle! – - ¿Y?, aún con eso no alcanzas para más, aunque tal vez te pueda añadir un par de sombreros – 215
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— Entendiendo su situación, Isaac buscó entre sus cosas cualquier objeto de valor, lo que fuera. Vio sus armas, pero pensó que aun cuando con ellas alcanzara el monto necesario no sería muy inteligente quedarse sin protección, aunque bien podría dar una. Mientras sus manos se movían por todo, tratando de encontrar alguna cosa que pudiera dar, su cuerpo se topó con la daga que lo había ayudado a matar a Salem, realmente no hubiera querido deshacerse de ella, pero no estaba en posición de dar prioridad a lo sentimental, así que solo la sacó de su cinturón y se la arrojó al vendedor. - ¿Y con esto? – preguntó Isaac. El hombre, que al principio pareció no mostrar mucho interés, bajó la cabeza hacia el objeto que le había entregado el cazador y con los ojos tan abiertos como un portón de iglesia le empezó vuelta tras vuelta al cuchillo. - Dios, ¿esta cosa es de verdad?, ¿dónde la conseguiste? – - Eso no importa, pero supongo que ahora alcanzamos el precio del auto, ¿no? – respondió Isaac. El vendedor pareció darse cuenta que su emoción lo había delatado y con disimulo levantó la cabeza, mirando con cierta sorpresa al cazador mientras éste solo esbozaba una simple sonrisa. … - Esta es la conexión – exclamó el coronel con cierta emoción mientras sus manos sostenían la fotografía del cazador. Los hombres a su alrededor solo se miraban los unos a los otros, esperando que su superior continuara, solo el mayor McDowell se mantenía con la vista fija en la 216
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA fotografía, pensando en la sucesión de eventos y después de un rápido tragado de saliva dijo – Señor, creo que podría ser solo una coincidencia – El coronel bajó las manos y volteó a ver al mayor con una mirada que combinaba la incredulidad con el enojo, pero no dijo nada, solo ladeó la cabeza un poco, como dando a entender que quería seguir escuchando lo que el mayor tuviera que decir. - Vera señor – continuó el mayor – según los pocos testigos, Dreadnought llegó al pueblo entre media y una hora antes del amanecer, justo antes de los ataques a los bloques de defensa A y B, así que por la distancia y el tiempo es imposible que hubiera podido estar presente en los desastres de la línea de defensa. Por otro lado, sabemos que el cazador estuvo alrededor de una semana en el pueblo, sin comunicarse con alguien de afuera, por lo que dudo de una relación de complicidad con Salem. Además Dreadnought fue atacado por Salem en la base Williams – - ¿Y eso qué?, pudo haber sido todo una charada ¡por Dios! – respondió uno de los hombres en el círculo de oficiales. - Creo que Smith tiene razón George. Dos hombres aparecen en un lugar, el cual es atacado, solo para encontrarse dirigiéndose al mismo lugar al mismo tiempo, justo antes de que éste explote. Además tú me entregaste la fotografía, ¿o es que acaso te vas a contradecir? - respondió el coronel. - Creo que el cazador estaba enterado de algo importante, pero de eso, a ser el autor de lo que paso aquí… es decir, me refiero a que tratemos de pensar con más lógica, no solo a buscar culpables. Dreadnought se regresó a New Exeter después de Salem, horas después. Además su vehículo se encontró destruido y con los restos de un hombre desconocido, el cual suponemos puede ser Salem, aunque bien pudiera ser alguien más – el mayor hizo una pausa en lo que tragaba saliva y movía sus brazos tratando de organizar sus ideas, pero después de un rato empezó a detener la mayoría 217
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— desus movimientos y continuó - no, si me preguntan, estoy casi seguro de dos cosas, la primera, Dreadnought es directamente inocente de la destrucción de New Exeter pero tiene conocimiento de lo que paso aquí y la segunda, es que ahora está huyendo, eso claro siempre y cuando el cadáver que se encontró junto a su semioruga no sea el suyo - - Entonces, supongamos que lo que dices es cierto, ¿Qué propones que hagamos? – preguntó el coronel. McDowell miró de manera rápida a cada uno los presentes, pero notó como la mirada de todos denotaba sus dudas, tanto de sus palabras como de lo que hubieran estando pensando antes, todos menos la de Kowalsky, quien miraba fijamente a McDowell, como burlándose, no de su planteamiento, sino de algo más, como si hubiera una inutilidad intrínseca en cualquier propuesta que dijera. - Deberíamos de mandar gente vestida de civil en busca de Dreadnought, que en caso de encontrarlo habrían de avisarnos de inmediato para asegurar su captura, si lo agarramos podemos sacarle información o utilizarlo de carnada para atraer a quienes quieran matarlo o secuestrarlo, que en cualquier caso es muy probable que tengan relación con Salem. Los demás tenemos que dividirnos, entre los que tienen que regresar a Williams, los que tienen que ayudar aquí y a los que les toca rotar con la ayuda a las líneas de defensa – terminó McDowell, dirigiéndose solo al coronel, tratando de conseguir su apoyo, y a Kowalsky, para ver su reacción hacia su propuesta. - Si, es posible – respondió el coronel – mandar solo unos pocos no nos adelgazaría mucho - - ¿Quiénes serían los elegidos señor? – preguntó Kowalsky al mayor. - Eso te lo dejo a ti hijo. Creo que deberías ser tu quien se encargue de la misión de búsqueda – 218
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA Kowalsky quedó en silencio, por primera vez era el mayor quien le había dejado la mente en blanco, solo con ráfagas fugaces de pensamiento sin claridad. Rápidamente logró ubicar sus pensamientos sin poder esclarecer la razón de tal designación, ¿era por venganza? O el mayor por fin había llegado al límite de soportar los delirios de superioridad por parte de su subordinado, dando por fin un mensaje que le recordara para quien trabajaba, aunque también podía ser una prueba para poner de manifiesto sus capacidades, de cualquier forma, tenía que reconocerlo, había subestimado al viejo y ahora estaba bajo su merced. - ¿Entendido capitán? – preguntó el mayor, fijando la mirada en Kowalsky, penetrándole su mente, como buscando impedirle cualquier concentración o intento de priorizar cualquiera de las causas de su elección. - Si señor – respondió Kowalsky con tono bajo, casi mostrando de sobremanera una derrota que tal vez solo existía en su mente. Sin embargo, lo real era que ahora estaba a prueba directa y que su juez y posible verdugo era el mayor. El mayor McDowell entonces volvió la mirada al coronel, poniendo atención en toda palabra que saliera de su boca, solo al final de la reunión se acercó a Kowalsky y en tono paternal le dijo - vamos a ver si tienes la fuerza para sobrevivir fuera del capullo muchacho - … El auto era un kubelwagen tipo 82 color caqui, sencillo y eficiente. Diseñado por Ferdinand Porsche hacia casi diez años para la guerra que el viejo Von Seeckt ya preparaba contra toda Europa. Con un motor refrigerado por aire, era particularmente efectivo en las llanuras de la India, lugar que recordaba un poco al norte del África, 219
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— dondeel agua también era escasa para los radiadores, cosa que no había impedido un avance rápido de las tropas del “cuerpo africano europeo” del general Rommel, ni le impediría a tres solitarios viajeros salir de la India. Isaac caminaba de un lado hacia otro, buscando desperfectos o cualquier otro detalle que pudiera convertirse en un problema en el corto o largo plazo, por su parte, Alice, sin preguntar algo, abrió la pequeña puerta del vehículo y se sentó en la parte del copiloto, inclinado su cuerpo para reposar la cabeza en el respaldo. - Creo que esto es mejor que nada – dijo Isaac. - Podría conseguirte un modelo 276, pero creo que no te serviría de mucho sin la munición. Además parece que lo que quieren es mantener un perfil bajo, ¿no es así? - Isaac volteó a mirar a Alice, quien solo se limitó a asentir con lentitud despreocupada, porque aunque el cazador no ocupaba, ni buscaba la aprobación de alguien para tomar sus decisiones, sí sentía que tenía que estar en correspondencia de aceptación con quién fuera a viajar con él, la culpa que aun sentía lo obligaba a hacerlo. Mientras los dos hombres discutían los términos del trato, nadie notó la ahora tétrica figura de Elizabeth, moviéndose en las cercanías, aun mostrando un par de líneas luminosas que salían de sus ojos, bajando por toda su cara, recordando los momentos pasados de llanto y remarcando el cansancio presente. Con movimientos lentos, hacia avanzar un pie delante del otro siguiendo una línea imaginaria que llevaba desde la puerta trasera de la tienda, hacia donde media docena de jeeps y otros autos estaba estacionados en espacios relativamente reducidos. Su cabeza se mantenía baja, pero sus ojos se movían en todas direcciones, siguiendo una inercia sin motivo real, cuando de pronto se quedó mirando una pieza de gis que pareció alzarse de entre las rocas, como saludándola. Elizabeth no lo pensó dos veces, es más, siquiera lo pensó, solo tomó 220
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA aquella varita blanca sin preguntarse de donde había salido y sujetándola con fuerza entre sus delicados dedos se acercó al tipo 82. - De acuerdo, esto está bien. Solo faltaría la ropa que te encargue – dijo Isaac al vendedor. - Claro. La dejé en la repisa, junto a mi nuevo rifle – respondió el vendedor y sin decir nada más, trotó hacia el interior de la tienda y saliendo con una bola de ropaje sin forma se la entregó al cazador, quien negándose a recibirla le obligó a solo aventarla al interior del auto. Sin más que decir, Isaac se subió a su nuevo vehículo, encendió el motor y metió la reversa, pero justo antes de pisar el acelerador vio con susto como Elizabeth se encontraba justo detrás del tipo 82, inclinada, quieta, con los ojos fijos en la parte posterior del carro. Con un rápido movimiento hizo sonar el claxon y sacó a Elizabeth de su trance con tal brusquedad, que la pobre dio un gritito de terror antes de ver a Isaac con cara molesta asomándose desde el interior del vehículo, justo antes de bajarse del mismo y acercársele. - ¿Qué esperas?, sube – le dijo con tono seco, fijando sus obscuros ojos en los de ella, tratando de ver su reacción. De inmediato Elizabeth se levantó, seria, pero con los ojos tristes, no podía evitar sentir cierta pena por su situación, el cazador había sido alguien que le había agradado demasiado y ahora no podía ni verle sin sentir odio, se sentía tan estúpida. Su hermana le había advertido hablar con él, pero ella no la había escuchado, prefirió hacerle caso a su curiosidad infantil. Con cierta rapidez rodeó el auto y de un brinco saltó por encima de la puerta trasera derecha, directo al asiento de atrás del kubelwagen, todo esto mientras Isaac le seguía, dándose cuenta como ella evitaba mirarle a los ojos, dio un leve suspiro, se acomodó los lentes para ocultar sus ojeras y subiéndose al auto, dirigió 221
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— sunueva adquisición por una pequeña vereda entre unos arbustos, hacia un pequeño camino de tierra que pasaba por enfrente de la tienda, justo donde un solitario letrero en inglés, árabe, urdú e hindi señalaba la dirección hacia su nuevo destino; New Delhi, la anterior capital de la India antes que el gobierno inglés decidiera regresarla una vez más a Calcuta, cuando las incursiones aéreas de los antiguos todavía ahogaba el norte de Persia en un mar de llamas. Aquella ciudad también era conocida por otra razón, por todos los alrededores no existía ningún otro lugar donde se pudiera encontrar semejante aglomeración de pobres diablos, pordioseros y asesinos, eso la convertía en uno de los peores hoyos del mundo, explotada y brutalizada por los británicos desde la derrota mogola, el antiguo paraíso se había convertido por más de dos siglos en una zona libre para cualquier negocio, lícito o ilícito. Con duda sobre su futuro y el de sus acompañantes, Isaac miró el letrero un segundo, sellando su destino, que por peor infierno que fuera, seguía siendo la vía más rápida para llegar a New Liverpool. Apretó sus manos en el volante y fijó su camino hacia el sur, acelerando lenta pero decididamente un vehículo pequeño pero de porte digno, casi espartano, esto, de no ser por la parte de atrás, donde se asomaba el dibujo en gis de una mariposa. X UN GRITO EN LA OSCURIDAD La noche era silenciosa, como muchas antes de la guerra, pero como casi ninguna desde que las orugas de los tanques habían dado paso a las de las máquinas de construcción. Lyon era una de las ciudades con mayor recuperación de todo el mundo, y por la importancia que había jugado durante la recuperación de Europa, ahora se 222
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA había convertido en el centro burocrático y capital no oficial de todo el continente, sin embargo, aún después de dos años de trabajo intenso, la mitad de la ciudad todavía parecía estar en zona de guerra. Un solitario automóvil negro se movía rápidamente, como mostrando una alta preocupación por llegar a su destino, en segundos se detuvo frente a una construcción parecida a un hotel, excepto por el tono grisáceo y lúgubre de su fachada. Contrastando su apresurada carrera, la puerta trasera del auto se abría con toda la calma del mundo, dejando ver a un caballero de ropa negra que salía con serenidad, sus ojos azules y somnolientos se veían aún más pequeños en comparación con su larga nariz, su boca, como una línea pálida, enseñaba un extraño gesto que no podía ser otra cosa sino una sonrisa y sus manos, rodeadas de finos guantes de piel, caían por sus costados como simples cuerdas, sin señal de vida en ellas hasta que levantándose con lentitud, se acercaron al cuello para acomodar una corbata color vino antes de dejarse caer de nuevo a su posición anterior. Después de un rato de silencio, en que aquel caballero contemplaba el edificio de lado a lado de la misma forma en que un rey observa su castillo, éste dio un leve giro en sí mismo y orientándose hacia su auto se inclinó para sacar una delgada pila de carpetas. - ¡Señor! - gritaba un hombre al momento de salir por la puerta principal del edificio – tenemos un comunicado de India - El caballero del auto solo se limitó a levantarse con aire distinguido mientras clavaba sus ojos en los del mensajero y movía ligeramente su boca para indicar un gesto de desprecio y sin decir algo, pasó rápidamente su mano derecha por el costado de su cabello y se dirigió al interior de la estructura, - Pero señor, el comunicado lo envía De Aragón – replicó aquel hombre mientras le seguía igual que un perro faldero. 223
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— De repente, el caballero de negro apresuró su paso, como si aquel aviso detonara una alerta dentro de su cuerpo y con saltos casi atléticos se adentró en la primera puerta a su alcance. - Comuníquenme con In002 rápido – dijo con un claro acento alemán inmediatamente después de levantar el auricular de un teléfono, callando un leve momento antes que sus ojos se llenaran de un fulgor casi diabólico y las venas de su cuello se marcaran - ¡maldita sea, está hablando Heydrich!, ¡REINHARD HEYDRICH! - … Un pequeño auto aparecía en la distancia, mezclando su color con el del terreno mientras se acercaba más y más y el rastro de polvo detrás de él se iba haciendo más grande. Su conductor mostraba una mirada fuerte, con sus ojos fijos en el horizonte, solo levantándolos de vez en cuando para mirar por el retrovisor a la joven durmiente, que tranquilamente roncaba en el asiento trasero del auto. Por el otro lado, la compañía en el asiento del copiloto, si bien no era menos placentera, si se mostraba más silenciosa. Después de unos minutos, Isaac por fin pudo divisar el cúmulo de luces que anunciaban a New Delhi, el primer y último lugar en el que deseaba estar. Con un rápido reojo vio como el rostro de Alice se mostraba cada vez más preocupado y por desgracia, se dio cuenta que por dentro, él empezaba a sentirse de la misma forma, porque aunque jamás había tenido que interesarse o proteger a alguien más allá de sí mismo, la realidad era que la seguridad por su propia persona era lo que lo tenía más nervioso, lo cual no era nada raro después de pasar más de diez años ocupándose solo 224
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA en su persona. Pero no era su vida en si lo que quería conservar, sino más bien su postura, su integridad, ¿cómo podía decirles que no era la primera vez que había estado en aquel abismo?, solo de recordar las cosas que habían sucedido en aquel lugar se aterraban y de inmediato sus ojos se centraron en la cabeza de Elizabeth al tiempo que una solitaria gota de sudor bajaba por su cabeza, ¿qué pasaría si ella, a quien tanto quería volver a acercase, le viera tal y como era su verdadero ser?, ella había visto una parte, solo una parte, nada en comparación con la verdadera persona que trataba de contener en su interior, pero no, aún con sus altibajos, había cambiado bastante, por lo menos lo suficiente como para hacerse pasar por un ser humano la mayor parte del tiempo, pero ¿por cuánto tiempo más?, ya dos veces estuvo a punto de zacear aquella maldita sed y las dos, con Alice y ella a su lado, como si el destino le preparara una tercera y tal vez la definitiva. Por un instante su mente recordó lo bien que se sentía la calidez de la sangre en sus manos, la sensación de poder sobre alguien más, aquel gusto, casi como el agua fría para la garganta de un sediento, por siete años lo había olvidado, pero ahora volvía. Su boca se entumió, sus ojos también, ¿cómo podía pensar en eso?, su pasado era eso, algo superado, algo ocurrido en una especia de vida anterior, algo que ya se había convertido en solo una pesadilla lejana y absurda, como una imagen ficticia producto de alguna lectura de su infancia, si bien se había desquiciado, todavía no perdía por completo el control, todavía podía moderarse, sabía que podía. Alice miraba las luces de forma casi hipnótica, viendo como algunas de ellas parpadeaban tan erráticamente como el vuelo de los insectos a su alrededor. La suciedad de la casas y el camino que se le presentaban, más la extensión de la ciudad que ahora les recibía, le hacía pensar en la desgracia de su situación y que aquello no 225
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— erasino la antesala de la miseria, igual que si infierno mismo se levantara con los brazos abiertos para darles la bienvenida con toda su horrible inmensidad. - El nido del diablo – dijo Alice Isaac la escuchó perfectamente, sintiendo como la piel de sus brazos se le erizaba. Pero no se atrevió a añadir algo más, tal vez por la vergüenza que sentía con ella, reconocía su daño y más que nada quería resarcirlo. De pronto, desde la parte posterior del vehículo un par de manos se sujetaban de los asientos delanteros para dar impulso a Elizabeth, que se inclinaba hacia el frente para ver mejor la ciudad, su aspecto despeinado combinaba con una mirada entrecerrada a la vez que daba un profundo bostezo - ¿Dónde estamos? – preguntó sin consternación alguna. - New Delhi – respondió Isaac de inmediato. - Pero, solo estaremos aquí un momento. Es más, solo vamos a tomar la carretera hacia New Liverpool y ya – dijo Alice en un intento de quitarle a su hermana cualquier posibilidad de tensión al tiempo que intentaba tranquilizarse a ella misma, aunque lo segundo no le fue más fácil al ver el silencio de Elizabeth. - Tal vez tengamos que quedarnos más de un rato – expuso Isaac mientras evitaba fijarse en la expresión de Elizabeth. Alice se quedó mirando al cazador de forma acusadora, tratando de hacer que este cambiara de opinión, o ¿acaso no sabía hacia donde se dirigían?, tal vez solo quería asustarlas, no, ya sabía la clase de persona que era y sabía que aquellas palabras no era una broma, de hecho, ahora dudaba que hubiera algo de humor en él. La piel se le puso de gallina al tiempo que una horrible sensación de escalofrió subía por su cuello, su respiración empezó a agitarse, pero ante lo que se sentía como un ataque de pánico, logró mantener la calma, al menos lo necesario para no llamar la atención de los demás 226
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA pasajeros. Pero se dio cuenta que si Isaac volvía a internar cualquier cosa con ella no ocuparía de un lugar como Delhi para hacerlo, bien podría atacarla en cualquier lugar, así que lo que él decía tenía que ver con descansar, tenía que ser eso. Miró a Elizabeth y recordó que había decidido asegurarle un futuro y el perro a su lado, se decía una y otra vez, era el mejor seguro de vida. Aun así, seguía esperando que la posibilidad que exponía Isaac fuera una broma de mal gusto y no una horrible afirmación. - ¿Cómo? – pregunto Elizabeth asustada. - New Liverpool aún se encuentra muy lejos y aquí podríamos reabastecernos para el viaje – respondió Isaac con la mirada fija en el camino, aunque después de dar una rápida mirada a Alice continuó – no creas que me gusta la idea de estar en este lugar, pero me han dicho dé lugares relativamente decentes para pasar una noche o dos - - ¿Ya has estado aquí antes? – preguntó Alice con cautela, si bien aún en la tienda logró mostrar confianza, incluso desafío ante la figura del cazador, al tenerlo tan cerca ya no se sentía con el suficiente valor como para poder repetir el tono. La garganta de Isaac se sintió tan seca que incluso con todas sus fuerzas solo pudo juntar un miserable trago de saliva para humedecerla. Pero mientras sentía como la presión le carcomía por dentro, su porte no mostró consternación, solo sus parpados se abrieron ligeramente al momento de responder. - No – dijo con voz baja. Las calles estaban saturadas de imágenes deprimentes, niños golpeándose, ancianos a medio morir tirados en las calles, perros famélicos y buitres aún distinguibles en el cielo a medio obscurecer. - Este lugar es horrible – chilló Elizabeth al ver por la ventana. 227
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— “Horrible lo que la maldita Inglaterra le hizo a estos lugares, arrinconándolos en la miseria, orillando a la gente a vivir como animales” pensó Isaac, pero la cara que aparecía en su mente era la de su padre, como si en él viera la razón misma de su desgracia, como si este fuera un símbolo de Inglaterra y él un reflejo de la India, una tierra a la que no amaba, pero de la que ya se sentía parte. El kubelwagen dio un giro cerrado en una glorieta de abobe y aumentando la velocidad se dirigió hacia lo que parecía ser una vía que llevaba al centro de la ciudad, mientras sus ocupantes no daban cuenta que por la ventana de un edificio cercano, un hombre mayor de tez obscura y turbante azul los observaba mientras tipiaba un telégrafo. Lentamente aquel hombre se levantó y caminó hacia un pequeño buro de madera junto a su cama y abriéndolo sacó un teléfono y una pequeña agenda de cuero azulado con unas letras en su portada; INTERPOL. Isaac manejaba tanto con velocidad como precaución, sabía que si iba muy lento inmediatamente denotaría que eran forasteros, pero si conducía sin cautela corría el riesgo de golpear a uno de los tantos hombres o animales que se amontonaban de forma irregular en las calles. Por su lado, Elizabeth se sorprendía de lo que veía, todo era tan diferente de New Exeter, era mucho más grande y más iluminado y las calles parecían estar sumergidas en un caos constante, pero las vestimentas y las caras no le eran para nada familiares, ni siquiera en sus rasgos, se sentía como si se encontrara en un país diferente, como si las zonas inglesas se hubieran construido lo más lejos posible de los centros hindúes, como si todo hubiera sido decidido así para crear una especie de muro invisible entre pueblos, casi de la misma forma en que los elfos se había asentado en Europa y Norteamérica, construyendo enormes castillos y ciudadelas en los bosques y dejando a las ciudades humanas en las peores condiciones posibles, solo ocupándolas como almacenes de esclavos y materiales de segunda mano. 228
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA Durante años, las historias de los que lograron escapar le llenaban de horror, pero ahora se sorprendía de que la gente le hiciera lo mismo a su propia raza, pensaba en cómo era posible que la humanidad condenara la forma en la que había sido tratada, exigiendo además, venganza por ello y al mismo tiempo justificara de la manera más hipócrita las condiciones en que se auto flagelaba. Pensaba que tal vez los antiguos no hacían ese tipo de cosas con los suyos, tal vez habían cometido crímenes horribles contra la humanidad pero no contra ellos mismos, su mente empezó a dar vueltas sobre los mismos temas una y otra vez, como si aquella repetición le mostrara detalles que había pasado por alto las veces anteriores, o quizá solo los olvidaba antes de verlos otra vez, encerrándose en un círculo de pensamientos que le impedía ver su propia realidad, como si pensar en una realidad lejana le sirviera mejor como escape que la más radical de las imaginaciones. Pero cuando su mente estaba por dar otra vuelta y sus pensamientos se empezaban a profundizar, el tipo 82 se detuvo de pronto frente a un edificio, en el que ondeaba una pequeña bandera francesa. - ¿Qué es este lugar? – preguntó Alice. - No te preocupes, este lugar lo conozco por recomendaciones de algunos clientes. Aquí se hospedan traficantes y mafiosos, pero es uno de los lugares más seguros en esta ciudad, todo mundo ahí dentro se cuida de no llamar la atención de los otros – Sin más preguntas, Alice alargó su mano hacia los asientos de atrás y tomando el primer abrigo que encontró se bajó del auto al mismo tiempo que Isaac. Aunque antes de avanzar un solo paso, un hombre vestido de blanco y gesto servil se les acercó velozmente. - Disculpe Monsieur pero no le está permitido estacionarse en frente – - Vengo por parte de Sadler – respondió Isaac. 229
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— El hombre sonrió de repente y haciendo una sencilla caravana mostró la entrada a los viajeros. Elizabeth salió por la puerta trasera, siguiendo el rumbo que había recorrido Isaac pero manteniéndose lejos de él, dirigiéndose hacia el interior de lo parecía ser un hostal de alguna clase, por su parte Alice aún observaba el edificio desde afuera y se daba cuenta que, de hecho, tenía pinta de ser un lugar corriente, aunque también parecía ser relativamente grande, la fachada era de un estilo bastante simplista y la construcción en sí, se mantenía en bastante mal estado, más si es que se trataba de una obra nueva. Pero sintiéndose un poco menos tensa dio un paso justo antes de sentir que alguien la observaba, de forma instintiva volteó hacia una de las ventanas del edificio y vio a un hombre de lentes con los ojos fijos en ella, vestía un traje color beige claro y aunque la distancia y la iluminación no ayudaba a distinguir con precisión los detalles, parecía tener el cabello y los ojos claros, su porte no era amenazador y parecía que le estaba sonriendo con amistad, pero había algo inquietante en la forma en que la miraba. Lentamente y sin perderlo de vista, Alice ingresó al edificio, solo para desconcertarse del interior del mismo, con un juego de pequeñas columnas a cada lado de una bella escalinata, paredes y cuadros de bellos paisajes en buen estado y todo bajo un sencillo pero elegante diseño francés, todo parecía pertenecer a una realidad diferente del bullicio exterior. Mientras contemplaba el paisaje, caminó hacia Isaac cuando éste dio media vuelta y se le quedó mirando. Alice se mostró algo tensa con la mirada del cazador, pero tratando de mantener la calma y motivada por la curiosidad se le acercó y le preguntó - ¿Quién carajos es ese Sadler?, ya lo has mencionado al menos un par de veces – - No es nadie – respondió Isaac con voz baja, tratando de no llamar la atención de cualquiera que pudiera estar escuchando. Alice puso una cara de desconcierto, 230
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA esperando que el cazador terminara con la explicación, a lo que el Isaac, entendiendo el mensaje, continuó – Sadler es un nombre código. Se refiere a una red de traficantes – - Recuerdo escuchar que al que nos vendió el auto, que Sadler estaba en la cárcel – - Eso significa que se encuentran reduciendo actividades, para evitar investigaciones, en cuyo caso clientes como yo quedamos con menos posibilidades de obtener crédito o mercancías – Alice asintió en silencio, dándose cuenta que desde el principio, el cazador se mantenía tras una red de mentiras, viajaba de un lado a otro tal vez con identidades falsas, parecía conocer gente y lugares del bajo mundo y su comportamiento actual solo ocultaba sus personalidad real, por un momento empezó a arrepentirse de la decisión de mantenerse juntos, sin embargo, también era evidente que Isaac se mostraba diferente, sus respuestas eran más cortadas, pero su voz se había vuelto sumisa, incluso con un tono lastimero, quizá se sentía mal por cómo se había comportado, pero aquella posibilidad era remota, al menos ella lo sentía así, pero de una u otra forma, el cazador ya no se movía ni respondía con el mismo brío, algo había ocurrido en él, algo le había afectado profundamente. Por su parte, lejos de sus compañeros, Elizabeth, como en un mundo aparte, subía por las escaleras sin perder un segundo, tenía curiosidad por ver qué otras cosas se hallaban en aquel lugar, su nueva energía ciertamente contrastaba su anterior estado meditabundo pero apenas pisaba el último escalón se detuvo en seco, congelándose en el acto al casi chocar con un caballero de traje claro que bajaba lentamente desde el tercer piso. - Oh, discúlpeme por favor señorita – dijo el hombre mientras se acomodaba sus lentes y mostrando una sonrisa de oreja a oreja se dirigió hacia el final del pasillo, 231
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— acercándoseal extremo derecho para entrar en una puerta después de despedirse de ella con una seña y de desearle buenas noches. Elizabeth seguía en su estado semi catatónico. No había ninguna seña particular en aquel hombre, de hecho su cara era amigable y su forma de hablar bastante agradable, no obstante algo en él le había provocado una horrible sensación, como si aquella persona le hubiera agredido de alguna manera. Con un ligero movimiento de su pie izquierdo se disponía a bajar de inmediato, cuando de repente, una mano surgió desde atrás y sujetó su hombro, provocándole tal susto, que la hizo saltar hacia enfrente, dando una vuelta y manteniéndose un segundo en una extraña posición antes de dar un horrible sentón en el suelo, el dolor del golpe la hizo cerrar los ojos y al abrirlos vio a su hermana y al cazador sorprendidos por su mal intento de acrobacia. - ¿Qué carajos te pasa? – preguntó Isaac al tiempo que se le acercaba y le extendía la mano para ayudarla a levantarse, pero ella se mantuvo en el suelo, dándole a entenderle que no buscaba, ni quería su ayuda, Isaac mantuvo la mano extendida por un momento antes de erguirse y desviar la mirada al final del pasillo, cuando ella se levantó iba a preguntarle una vez más lo que había sucedido, pero al verle la cara y observar en sus ojos una extraña sensación de desconcierto y temor, prefirió permanecer en silencio, optando por hacerse a un lado y dejar que Alice se le acercara, quien sujetándola del brazo, la condujo hacia una puerta casi al final del pasillo. - ¿Qué es esto?, ¿A dónde vamos? – preguntó Elizabeth con una voz apagada pero asustada, casi chillona. - A tu cuarto - - ¿Mi cuarto?, ¿vamos a quedarnos aquí? – preguntó con un tono que tomaba más fuerza y preocupación. 232
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA - Claro, que esperabas, ¿Qué durmiéramos en el pasillo?, ¿o en el auto? - respondió Alice, intentando bromear para calmar a su hermana, pero el tono de su voz no producía ninguna gracia, de hecho se mostraba un más preocupado que el de Elizabeth. - Entonces, ¿vamos a pasar toda la noche aquí? – - ¿Vamos?, no. Tu hermana y tu van a pasar toda la noche en este cuarto, yo me quedare en el de al lado. No hay por qué preocuparse, ya dije que el lugar es seguro, solo no hables con alguien más, aquí hay gente rara y es mejor no entablar contacto con cualquiera ¿Entiendes? – respondió Isaac haciendo énfasis en la última parte. - Entonces, este lugar es malo – le respondió Elizabeth, tan preocupada, que olvidó por un momento el creciente desprecio que sentía por Isaac. - Es mejor que estar afuera en la noche – le dijo Alice, tanto para tratar de calmarla como para también relajarse ella misma. Se sentía algo extraña en aquel lugar y recordar al hombre de la ventana no le estaba ayudando a calmarse, pero al ver las luces de la calle a través de la delgada rendija de la ventana de frente, pudo confirmar su afirmación. Ahora estaban en New Delhi y era preferible quedarse en aquel lugar, que por lo menos estaba bastante limpio y ordenado. Al menos eso pensaba antes de abrir su habitación y encontrase con la desilusión de estar frente a un pequeño cuartucho de dos camas, todo en condiciones si bien no asquerosas si bastante contrastantes al moderado lujo del pasillo exterior. En un reflejo de queja, giró la cabeza hacia Isaac intentando incomodarle lo más posible con la mirada. - No iba a gastar el poco crédito que conseguí en una habitación de lujo. Aunque la verdad a mí que carajos me importa si no le encuentras el gusto, de todos modos no puedes hacer algo al respecto – respondió Isaac sin siquiera mirarla. - Esta habitación ni siquiera tiene ventanas – denotó Alice. 233
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— - Mejor, así no tendrás que ver la calle. Y quien quiera que se encuentre afuera no podrá verte a ti, ni a tu hermana. No llamaran la atención – expuso Isaac antes de tomar uno de los abrigos, el de color negro y salir por la puerta, dando un rápido salto y entrar rápidamente al último cuarto del pasillo, cerrando la puerta con brusquedad. Su habitación era sin lugar a dudas mejor en todo sentido a la de sus compañeras de viaje, era en principio bastante más grande, tenía paredes en buenas condiciones, sin manchas de humedad, ni el olor de las mismas, la alfombra parecía estar en buenas condiciones y la cama era matrimonial, además de contar con una ventana la cual ofrecía la opción de refrescar el maldito calor Indio, el cual se negaba a ceder incluso con la cercanía del invierno. Isaac se sentía en la gloria, por fin dejaría de dormir en un espacio diseñado para dos personas sentadas. Ciertamente un dejo de arrepentimiento se gestaba en su interior, pero al mismo tiempo se excusaba a sí mismo. Que otra cosa podía hacer sino darles el cuarto con dos camas mientras él ocupaba la de una, no había nada malo en eso, era cuestión de “lógica”. “Tú sabes que eso es pura mierda, bien pudiste darles este cuarto” le decía un lado de su cerebro, pero Isaac estaba acostumbrado a actuar más acorde en cuanto a sus deseos y para él, la oferta de convertirse en un caballero era igual a la oportunidad de trabajar gratis. “Además, si voy a tener que andarlas protegiendo, entonces debo ser yo quien se encuentre en la mejores condiciones posibles. ¿O acaso ellas serán las que manejen, o disparen? Claro que esa Alice pudo ayudarme con el trabajo de New Exeter, pero esperar a que eso se repita sería una ridiculez. Ninguna mujer va a salvarme de nuevo” le decía la otra mitad de su cabeza, la parte que más estaba acostumbrado a escuchar, la parte que siempre le recordaba que la vida no era sino una asquerosa lucha por la supervivencia, en la que cada persona debía velar, única y exclusivamente por su propio bienestar, que al final, 234
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA queramos o no, todos nos encontrábamos solos y que la amistad y el amor no eran sino palabras bobas que los homosexuales y mariquitas habían inventado para vender sus porquerías en navidad. Aquellos pensamientos no lo perturbaban, ni mucho menos lo molestaban, le eran demasiado habituales en su cabeza como para que le impidieran un relajado descanso mientras se recostaba en la cama, aunque una vez que su cuerpo empezó a disfrutar el reposo, su mente más y más se sumergía en sus preocupaciones, su verdaderas preocupaciones, en el tratar de analizar la situación en la que ahora estaba atascado. Mientras tuviera el tiempo de hacerlo debía hacerlo, quién sabe qué cosa pudiera surgir en cualquier momento. Sin embargo, su mente regresaba a los pensamientos negativos, sobre el infortunio que significaba tener que estar al pendiente de un par de mujeres que a la larga le servirían para nada. - ¿Que acaso olvidas que sientes algo por Ilse? - se dijo a sí mismo con voz de mando, casi como dándose una orden. Era cierto que jamás había tenido esa clase se sensaciones al estar cerca de una mujer y cuando estaba junto a ella solo podía desear estar aún más tiempo con ella, quizá lo que quería era perder la hombría por ella y volverse un mísera oveja a su merced. “Ser un esclavo feliz, o un libre infeliz”. La risa de Salem crecía junto con el mar de llamas que rodeaba al brujo, pero Isaac no tenía miedo, al contrario, quería acercársele mientras apuntaba la escopeta que sostenía con fuerza en sus manos. Tiro tras tiro Salem era arrancado de las manos de la vida al tiempo que se desplomaba en un charco de su propia sangre. - ¡Ríete ahora pendejo! - gritaba Isaac justo antes de ponerse arriba de Salem, justo antes de sujetar la escopeta como si fuera un garrote y dejársela caer con todas sus 235
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— fuerzasen la cabeza mientras le gritaba tan fuerte, que sentía como se le desgarraba la garganta - ¡QUE TE RÍAS MALDITO PENDEJO!, ¡RÍETE! – Unas gotas de sangre cayeron al suelo al tiempo que el pequeño buro junto a la cama salía disparado hacia la puerta y con un grito de dolor Isaac retraía su puño derecho hacia su pecho mientras lo sujetaba con fuerza en un intento instintivo de mitigar el dolor. De inmediato Isaac se levantó y corrió hacia el baño de la habitación, lavándose la mano y mirándose fijamente su reflejo. - Solo cálmate – se dijo mientras bajaba la cabeza y subía las manos para darse un pequeño remojón en el rostro, pero al alzarse de nuevo, vio como una solitaria gota con un ligero tinte rojo se deslizaba por su cara, volviéndose más obscura con cada centímetro ganado, con la mirada fija en la gota sus ojos se llenaron de asco, sus dientes se expusieron mientras rechinaban unos con otros al tiempo que con su puño, aún teñido de sangre, daba un violento golpe al espejo, dejándolo cuarteado y cubierto de rojo. Sin más, envolvió su mano con una pequeña toalla al lado del espejo destrozado, caminó de regreso a la cama casi como en cámara lenta y se sentó en ella. Su rostro había cambiado una vez más, sus ojos parecían carecer de brillo y su aspecto pálido le hacía lucir demacrado. La ciudad era la única explicación, el volver a ella le sacaba lo peor de sí. Creyó que podía controlarlo, pero fue demasiado estúpido al volver. No se dio cuenta que la razón de su éxito no provenía de su fuerza, sino en el haber dejado a la bestia encerrada, encarcelada en un lugar del que no podría escapar jamás, a menos que el carcelero volviera por ella. Las pequeñas rabietas de New Exeter eran nada comparado a su pasado en Delhi, allí, su verdadera cara le había estado esperando, le aguardaba y solo ocupaba un momento de debilidad para volver a mostrarse. 236
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA Tenía que salir de ahí. Tenía que huir de nuevo, no le importaba que aquello pudiera ser su verdadero ser, tenía que largarse lo más pronto posible. Debía huir de sí mismo. Pero al levantar la mirada, vio las luces de la ciudad, fijas y parpadeantes en un fondo casi negro, igual que estrellas en la tierra, en esos momentos pensó que lo mismo pasaba con la vida, al verla de lejos, sin prestar atención a los detalles, parece tan hermosa, tan tranquila, pero al acercarse y verla mejor, uno empieza a percibir toda la suciedad y porquería en la que se hunde. Pensó que quizá los problemas deberían de abordarse de la misma manera, desde una distancia prudente, evitando quedar tan cerca de ellos, que terminaran impidiéndole ver cualquier otra cosa, tal vez lo que debería de hacer era mantener su preocupación en un segundo plano y pensar más en el viaje, en llegar a New Liverpool sanos y salvos – suena tan fácil – dijo antes de cerrar los ojos y desearse buenas noches. Un pequeño, rápido y constante golpeteo, similar al sonido de una máquina de escribir, llenaba la habitación entera, creando un tipo de armonía de fondo dedicada a un solo espectador, sentado en un escritorio al fondo del cuarto. Solitario, manteniendo su cabeza en las sombras, fijando su vista en el conjunto de papeles que movía de vez en cuando con sus largas manos. Pero la concentración del hombre desapareció con solo dos golpes en la puerta. - Monsieur, tiene una visita en la recepción – dijo una voz detrás de la puerta. Bajando las manos, el hombre permaneció callado, todavía sentado. - Monsieur, parece ser importante – insistió la voz. Pero sin recibir respuesta. Solo cuando el golpeteo mecánico paró en seco, el misterioso hombre se levantó y caminó hacia lo que en realidad parecía una máquina de escribir, arrancando un gran 237
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— pedazode hoja y guardándoselo en el saco después de darle una rápida hojeada, luego abrió la puerta justo cuando el mozo estaba punto de tocar por tercera vez. - Disculpe, estaba en el baño – dijo el hombre mientras se acomodaba el cuello del saco y con trote ligero, empezó a bajar por las escaleras. Al llegar al vestíbulo quedó cara a cara con un hombre alto, de mirada taciturna, piel oscura y un turbante azul que no hacía juego con sus vestimentas blancas, aunque el grueso y canoso bigote que decoraba su cara, fácilmente desviaba la mirada de sus ropas. Al acercársele sacó la hoja doblada del interior de su traje y se la entregó con cordialidad. - ¿Algo que informar? – preguntó el hombre de traje. - Solo que han visto al tal “ajenjo” rondando por las cercanías, ¿cree que tengamos problemas con él? – respondió El hombre de traje, meditó un poco, dando algunos pasos de forma errática, solo después de quitarse los lentes y limpiarlos, pareció definir su respuesta – es curioso tener a más de un objetivo en el mismo lugar y en el mismo tiempo. Supongo que es cosa de suerte – - ¿Dos? – preguntó el hombre moreno. - Hay un hombre aquí que cuadra con la descripción de “la caperucita roja”, el mismo que salió vivo del incidente de New Exeter, lo viste llegar en el tipo 82 – respondió el hombre del traje – ya le avise a Heydrich – - ¿Entonces si era él? – - No dudes de tu buen ojo mi amigo – respondió el hombre de traje. El hombre del turbante dio un rápido vistazo a la hoja de papel y se la guardó de inmediato en la funda de su cinturón antes de dar media vuelta y caminar hacia a 238
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA puerta - por cierto De Aragón, ¿desde cuándo empezaste a creer en la suerte? – preguntó antes de salir por completo. - Desde que los cerdos empezaron a volar – respondió el hombre del traje con una sonrisa. XI LA MESA DEL DOCTOR - No quiero imaginármelo, ¡no quiero! - dijo un guerrero, mostrando su reluciente armadura mientras se levantaba - ¿cómo puedes siquiera considerarlo? – Aranhil levantó la cabeza y con frialdad lo miró detenidamente, molesto - siéntese – le respondió. Y aquellas palabras produjeron un horrible silencio en todo el lugar al tiempo que todos les miraban, en espera del inicio de una confrontación que no deseaban ver, como si aquellas personas fueran ahora los protagonistas de una tragedia. Ante esto, la persona de pie no pudo continuar y agachando la cabeza volvió a tomar asiento. - La situación es imperante, la guerra, sin importar lo que digan los reportes públicos o los concilios comunales, será más larga y difícil de lo que se había planeado… y es hora de enfrentar la realidad de la situación, no podemos esperar más tiempo para empezar nuestro destino – - Pero ellos se mantienen a la raya de todo, no se meten con… - - ¡Nos estorban! – gritó Aranhil, sacudiendo la cabeza y moviendo sus largos cabellos dorados. Las manos del guerrero empezaron a temblar y su boca empezó a sentir un sabor amargo, casi seco, lentamente sus ojos se llenaron del brillo que anticipa las lágrimas y 239
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— bajandola cabeza dijo, casi susurrante – me gustaría verte en el mismo infierno que estas creando – … En medio de un pánico, Aranhil levantó la cabeza llena de sudor, jadeando una y otra vez, demostrando el pavor que por tantas noches le azotaba, aun cuando éste ya se hubiera convertido en su única compañía. Lentamente empezó a recobrar la calma, girando la cabeza de lado a lado, fijándose en los detalles del cuarto que ya se tenía memorizado, su única vista en lunas. No quería, por ningún motivo, darles a aquellos animales la oportunidad, el gusto de verlo mentalmente acabado, pero cada día se le hacía más y más duro poder cumplir con aquella condición. Pero eso era ya lo único que le quedaba, escapar ya le era imposible. Sumergido entre sus pensamientos, poco a poco comenzó a notar el sonido de las horribles cacofonías humanas, sonidos burdos, carentes de una bella entonación o ritmo, peor que ladridos. Claro que las entendía, aún antes de que lo capturaran en lo que había sido su primer y única presencia en el frente, ya que había estudiado todas y cada una de las principales lenguas del hombre por años, pero jamás les encontró algo que pudiera llegar a gustarle, más bien, él creía que aquella variedad solo demostraba la falta de coherencia y orden que poseía el hombre como raza. Pero antes que pudiera seguir perdiéndose en los mismos pensamientos de siempre, la puerta de su celda se abrió ocasionando un horrible crujido que duró solo al principio, como si aquella habitación no se hubiera abierto en mucho tiempo. Una silueta sin rostro empezó a caminar hacia él, mostrando cada vez más una simpática sonrisa. Aranhil sintió como el miedo empezaba a congelar su cuerpo, por un instante casi pudo sentir la 240
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA respiración de aquella pequeña persona, así como sus ojos negros, fijándose en cada gota de sangre que brotaba de las cortadas que le hacía. A través del movimiento de una bata blanca, una mano se extendió hacia él y antes que pudiera darse cuenta levantó los brazos, pero solo para abrazarse a sí mismo. - ¡Nein! – gritó en medio de un pánico seco. - ¡Reaccione! – le gritó la silueta mientras empezaban a tomar forma los rasgos de un hombre de piel apiñonada y de una espesa barba grisácea – recuerde dónde estás – Aranhil le miró con sorpresa, regresando después la mirada al suelo, sintiéndose derrotado por haber tirado en un solo segundo, todo aquel castillo de cartas que era la confianza en su propia cordura – Dr. Rangel, veo que se ha tomado la molestia de visitarme, ¿a qué debo el placer? – El hombre de pie lo miró sin decir nada y tras una leve pausa le dijo – creo que deberíamos subir la dosis – - Estoy bien – le respondió Aranhil casi como una queja. - No estoy tan seguro, parece que aún sueña con eso. Aún lo ve ¿verdad? – Aranhil apretó las manos en sus hombros – no quiero hacerlo, pero no puedo evitarlo. Sus manos es lo que más recuerdo, la forma en la que se movían al seleccionar a sus víctimas, a los niños. Casi siempre gemelos – - Todos hemos sufrido con esta situación, no lo olvides, jamás lo olvides – le interrumpió Rangel con severidad. Personalmente no tenía nada contra aquel individuo, era uno de los mejores prisioneros con los que había tratado, inteligente, calmado, lleno de información importante, como médico casi podía sentir pena por él, pero como soldado, no podía sino mantener vivo el desprecio que sentía por cada uno de ellos, aun cuando lo hiciera de forma pasiva. 241
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— El elfo recordó que no podía jugar a la víctima, ni siquiera cuando realmente se sentía de aquella manera. Y aun cuando estaban llenos de aspectos y características que él no podía sino catalogar como inferiores, los hombres habían mostrado una inteligencia demasiado compleja, incluso confusa para él, pero su astucia era lo que más le impresionaba. Los primeros días había creído que en base a la cantidad de información que les daba, podía conseguir de ellos cierto favoritismo, pero mientras más pasaban los días más se daba cuenta que los hombres eran quienes estaban jugando con él, utilizándolo como herramienta clave en el juego de encontrar los sitios más importantes de almacenamiento de estudios mágicos o para encontrar a quienes fueron sus antiguos colaboradores. - Pero no vine para dialogar sobre sus pesares, no ahora, sino para seguir nuestra conversación sobre la esencia mágica – expuso el doctor. - Creí que eso ya no era importante, que sus superiores ya lo consideraban como una blasfemia o algo así – respondió Aranhil. - Algunos sí, no todos pueden entender razones – respondió Rangel – pero todos están de acuerdo en que aquella información puede ser valiosa para todos, incluso para usted – terminó diciendo con un tono sugestivo, invitándolo a comprender que la situación en la que se encontraba podía mejorar aunque fuera un poco, esto siempre y cuando les siguiera dando lo que querían. El elfo mantuvo la mirada en el suelo, tratando en vano de no expresar su melancolía, su desgaste físico y mental, su desesperación por encontrarle sentido y control una vez más a su vida. Pero el doctor solo se llevó la mano cerrada a la boca y fingiendo una leve tos, mostró su impaciencia. El tiempo es oro, más para los hombres, que a diferencia de los antiguos no pueden acceder a la inmortalidad solo 242
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA quedándose sin hacer algo y en el caso de los hombres mayores, el apuro aumenta cuando aún existe trabajo por hacer. Ante la tácita y fuerte presión, Aranhil dio una larga aspiración en un intento por encontrar la calma de espíritu que su cuerpo tanto le exigía - la magia funciona en base a las esencias y energías existentes – dijo al fin, aumentando lentamente el tono de su voz - por lo que la presencia de las mismas, conjugado con la energía y voluntad interna de quien realice el hechizo, determinará la potencia de éste. Eso es bastante lógico – explicó y luego de tomar un sorbo de agua de un vaso sobre una mesita, continuó – pero que diría si le dijera que el detonante de un hechizo, es decir, el ignitor de la reacción en cadena, la energía canalizada por la voluntad del recitante, fuera de antemano atraída hacia el objetivo, o hacia algo a su alrededor – Rangel no pudo evitar mostrarse complacido, de una u otra manera extrañaba dar clases allá en la Universidad de Hidalgo y la forma en que hablaba el antiguo le recordaba a algunos de sus mejores estudiantes, los cuales por cierto, llegaban a ser igual de petulantes que un elfo - suena como un científico, ¿acaso ha leído ciencia humana?, creí que con su experiencia habría encontrado aversión por todo concepto de conocimiento humano – preguntó Rangel mientras mantenía la mirada en el pequeño taburete que se encontraba en frente, donde se encontraban varios libros, principalmente de medicina y filosofía, entregados a Aranhil con el fin de que mejorara su manejo del idioma y tal vez para molestarlo con el amargo gusto de la visión del vencedor, como una forma de hacerle ver, de recordarle constantemente, que el mundo al que había querido aniquilar ahora era el dueño de su vida. - Si, la he leído – respondió el elfo – y la verdad tengo que decir que me parece bastante interesante, sobre todo de la forma en que ustedes la usan. Nosotros estamos siempre bajo el perfeccionamiento del mismo, como dirían ustedes, paradigma. Lo 243
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— hemosestado por milenios. Pero ustedes dicen una cosa, defendiéndola como una verdad incorruptible, pero solo por un tiempo, luego llega alguien más y dice algo que se contrapone a aquella verdad y de pronto todos empiezan a defender el nuevo concepto. Es como repetir de manera indeterminable un ciclo ridículo. Me perece enfermizo – - Vaya – expuso Rangel – en serio que aprende rápido, algunos tardan años en comprender aquel bello absurdo – - ¿Bello?, ¡¿qué demonios podría haber de bello en el caos?! ¡¿Acaso gozan con este estado de cosas?! ¿O es que ignoran la propia futilidad de sus logros? – respondió Aranhil con cierto desprecio. Desde que había empezado a leer aquellos libros, una y otra vez se preguntaba sobre las motivaciones de los hombres. Por instantes parecían tan sugestionados de sus propias estupideces, pero al mismo tiempo las cuestionaban con la misma fuerza, como si en verdad estuvieran convencidos de que todo lo que saliera de sus mentes no fuera sino mentiras. - Es por nuestra mortalidad, simple y llanamente – respondió Rangel sin titubeos, como si ya se hubiera encontrado con ese tipo de planteamientos antes. El elfo lo miró con sorpresa, más por la forma tranquila y serena en que se mostraba el doctor con aquella afirmación, que por la respuesta en sí - ¿cómo es eso? – preguntó con curiosidad. - Es fácil, uno pensaría de primera impresión que nosotros, al ser mortales, nos obsesionaríamos con la perpetuación del modo de vida que conocimos, de hecho, algunos lo hacen y que ustedes, al poseer la potencialidad de una vida terrenal inmortal, mantendrían sus ansias de evolución constantes para sacarle mayor provecho a la eternidad, pero la realidad es totalmente contraria – 244
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA Aranhil estaba molesto, pero al mismo tiempo se quedó intrigado. Ya había sentido algo similar antes, en las antiguas discusiones que había tendido con su maestro, donde hablaban sobre la naturaleza de la voluntad y cuando él todavía rechazaba el principio de creación y destrucción. – Lo que usted doctor, quiere decir – dijo – es que el hombre, cuando empieza a vivir, se da cuenta de su propia muerte y por esa misma razón vive con más intensidad – - Respóndame, cuando un elfo no es asesinado, o no fallece por un accidente, ¿Cómo muere? – preguntó Rangel, no por duda, sino como una forma dinámica de corroborar su posición. La explicación de una teoría siempre cobra mayor fuerza cuando se hace a través de la participación de a quienes se les está exponiendo, en cuyo caso, si se confirma se hará de una forma más rápida y si se refuta, la discusión producida ocupara menos tiempo para la introducción del tema. - Solo acepta su muerte – respondió Aranhil sin pensar demasiado. - Es decir, que lo que en realidad lo mata, es la depresión de saber que su vida se vuelve vacía. Cuando un elfo ve la muerte lo único que ve es el recuerdo de una vida sin trascendencia en el mundo y esto, porque su vida entera se la pasó solo repitiendo y defendiendo de lo que le dijeron que era la única forma de vida. La verdad, su raza posee una estremecedora incapacidad para la innovación – - ¿Cómo saben ustedes que lo que niegan ahora es mentira? – - ¿Y cómo aseguran ustedes que lo que han defendido por milenios es verdad? Nosotros simplemente superamos los paradigmas porque ya no nos parecen adecuados, porque son destruidos bajo nuevos enfoques más evolucionados, más útiles. Tal vez la magia sea un pilar de conocimiento, pero la ciencia, aun con todo sus errores, no tiene límites, y precisamente allí radica su fuerza y su superioridad, en su 245
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— capacidadde renovarse una y otra vez de forma indefinida. Lo que la magia explica ahora no es superior a lo que explicaba hace mil años, y claro que es posible que la ciencia aún se encuentre en un nivel más bajo de explicación que esta, pero ¿Por cuánto tiempo más? La magia está estancada, esa es su naturaleza. La ciencia no – Aranhil bufó casi en silencio, no podía entender la capacidad de aquel hombre para analizar las cosas, inclusive su propia mente, claro que físicamente él lucia más joven, pero con cien años de edad era fácilmente el doble de viejo que su compañía. Sin embargo, la forma en que el doctor platicaba parecía demostrar una mayor experiencia, aunque tal vez era solamente una muestra más de la capacidad humana para distorsionar la percepción del mundo. Ya lo decía el libro de los siglos; "de entre todo lo existente, solo el hombre puede ver luz en la oscuridad y oscuridad en la luz, y decir que lo que sus ojos ven y su corazón siente, son ilusiones, así como volver las ilusiones realidad al tiempo que las alcanza, o se pierde en ellas". Aranhil giró la cabeza lentamente y viendo directamente a la cara del doctor le dijo – supongo que conoce nuestra literatura – - También su historia, su filosofía y los principios sobre los cuales se fundamenta su magia, como si esta fuera la razón de su existencia misma. Y debo decir que he encontrado bases para varios esquemas que he estado desarrollando, por ejemplo, que los elfos solo tratan de cambiar las cosas cuando sienten que la vida pierde sentido, principalmente cuando sienten que son viejos. Esto es una diferencia brutal con nosotros, quienes tratamos de cambiar las cosas cuando pensamos que la vida empieza a tener significado – El elfo apretó sus manos y lanzó una acusación hacia el doctor - ¡Eso es absurdo¡, ¡la Orden trataba de crear algo nuevo¡, ¡algo mejor¡ - 246
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA - Pero solo en base a los viejos ideales ¿no es cierto? - interrumpió el doctor de forma tajante – es imposible comparar su ridículo esquema de renovación con nuestra revolución, por ejemplo. Sí, quizá ambos esquemas terminaron en gobiernos similares, debo decirlo – dijo con ironía - pero el fondo, la ideología sobre la cual se manejan es muy distinta, ustedes buscaron traer el viejo ideal del guerrero elfo, darle vida de nuevo al sentir que las decisiones de sus líderes estaban destruyendo aquel ideal, mientras nosotros buscamos crear a un hombre nuevo, libre de las ataduras de la explotación y el misticismo. Renovar todo, crear una nueva sociedad – - ¡Ja! - rió Aranhil con desprecio – no existe el “hombre nuevo”. Usted ha leído y comprendido parte de nuestra naturaleza al revisar nuestra historia, pero parece que ignora la de su raza. Los hombres son siempre los mismos, la naturaleza esencial de ustedes es siempre igual, quizá solo cambian un poco con respectos a sus tribus, pero de entre todas ellas, ustedes los romanos son los peores. Necios y corruptos, convencidos de poseer una superioridad intrínseca mientras se revuelcan en la porquería de sus vicios – Rangel buscó una silla en donde sentarse y una vez acomodado, esperó a que Aranhil lo mirara para empezar a reírse en su cara. Quería ver su reacción, la forma en que entendería lo que él estaba haciendo, aunque también reía por las conclusiones idiotas del elfo – ya había dicho que los resultados son otra cosa, yo estoy hablando del motivo, de la razón de ser que busca nuestra gente para dirigir sus acciones… - Pero antes que pudiera continuar, un oficial entró a la habitación y quedándose de pie junto a la puerta, se mantuvo en silencio. Rangel, al verlo, no dijo nada, pero se irguió de inmediato, como mostrando respeto – le presento al mayor Moisés Arriola Levi, el nuevo integrante de la dirección de investigación y desarrollo - dijo mostrando una enorme formalidad. 247
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— - Creo que más que integrante, lo correcto sería decir co-comandante ¿no? – dijo el mayor con cierta burla mientras daba un paso adentro de la habitación. - Bueno, creo que esos son tecnicismos, la verdad, espero que sea usted quien tenga que informar de todo al mando supremo – añadió el doctor. Después que ambos hombres se intercambiaron una leve sonrisa, el mayor miró al elfo sentado en la cama, encorvado, ocultando la mitad de la cara entre sus manos y sin dejar de mirarlo se dirigió al doctor – discúlpeme por llegar tarde doctor, espero que no hayan ya abarcado mucho – - Descuide mayor, apenas estábamos por empezar los temas importantes – respondió Rangel al tiempo que sacaba un folder de una vieja carpeta negra. El elfo aún mantenía la cabeza baja, pero de forma disimulada, miraba cada movimiento del doctor, tratando de adivinar cuales serían los siguientes puntos que en los que le tocaría participar, todo, mientras su mente aún se mantenía inquieta con las palabras del doctor, claro que había cosas interesantes en aquellas afirmaciones y aunque le parecían, la mayoría de ellas, solo discursos tendenciosos, tuvo que reconocer que lo que aquel hombre decía poseía, en mayor o en menor medida, cierta verdad. Y eso era lo que más empezaba a molestarlo, ya que eso era lo que hacía sentir que confirmaba su teoría. A pesar de sus canas, sus manos arrugadas y sus ojos cansados, aquel hombre solo tenía a lo mucho cincuenta años, edad en la que la mayoría de los de su raza eran férreos defensores de los textos sagrados, claro que con aquellos años un hombre es comparativamente mayor, pero un antiguo es considerado apenas un joven. De hecho el mismo Nuevo Orden había sido fundado con el apoyo de las masas jóvenes, obsesionadas hasta el fanatismo con la conservación de lo establecido, más que con el soporte de los viejos concejales, quienes buscaban una renovación de los rituales. Quizá era cierto, el hombre vive, mientras el elfo solo existe. 248
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA Mientras Aranhil empezaba a desconectarse a su propio mundo, el doctor alargó su mano hacia él y le dijo - creo que nos estamos desviamos del tema principal, sé que fue por mi culpa, por lo que le pido perdón. Pero por favor, continúe con lo que estaba diciendo, antes de que lo interrumpiera – pero al ver como el elfo parecía absorto en su mundo, se levantó un poco de la silla, e inclinándose hacia él, lo tocó con el filo del folder, esperando despertarlo de su trance. Aranhil reaccionó sorprendido, como si lo hubieran sacado a la fuerza de un sueño profundo – si… si…. – respondió rápidamente pero al darse cuenta que había perdido el hilo de la conversación miró hacia los hombres, intercalando su mirada en uno a la vez - ¿en que estaba? – preguntó al fin, sin poder disimular su propia vergüenza. - Sí, claro – respondió Rangel. Sabía que Aranhil era como el antiguo promedio, inteligente, rápido de mente y sorprendentemente racional, sin embargo, sus mentes eran como las piezas de diamante, duras, casi irrompibles, pero una vez que se sobrepasa el límite de resistencia, simplemente se quebraban sin esperanzas de volverse a juntar. Aranhil había estado por meses bajo la atención personal del mismo Mengele, quien se había convertido en uno de los mejores investigadores de la biología del continente antiguo, aunque también era famoso por sus procedimientos inmisericordes y experimentos brutales, así que no era sorpresa que el elfo mostrara una mente confundida, desesperanzada en el caos del miedo que le habían obligado a sentir, que le habían grabado en la cabeza para siempre. En lo personal, respetaba los resultados de Mengele, pero no podía dejar de sentir asco en su metodología, al punto que siempre estaba renuente de considerarlo un verdadero médico, lo único que le producía más repulsión era el hecho que las Naciones Unidas apoyaran sus experimentos, de haberlos hecho con un humano ya lo estarían poniendo en el cadalso. Aunque por el otro lado, algunos antiguos eran más que merecedores de los 249
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— tratamientosde aquel hombre – me estaba diciendo sobre el detonante de un hechizo, sobre una especie de reacción mágica en cadena, como si la energía que surge del hechicero fuera de antemano atraída hacia su objetivo – - Cierto – respondió Aranhil con cierta alegría - como iba diciendo, la magia puede ser atraída hacia un objeto, incluso si este carece de la capacidad de canalizarla por sí mismo, esto quiere decir, por ejemplo, que un individuo de naturaleza no mágica puede atraer la magia, pero sin poder usarla – - Si eso es cierto, también quiere decir que lo contrario puede ser posible – - Es una posibilidad – respondió Aranhil con seriedad. - Yo creo que es más que una posibilidad, he estado leyendo varias traducciones de sus textos mágicos, los cuales no puedo decir que entendí a la perfección. Pero con ayuda de sus propias anotaciones he podido determinar una clasificación sobre el fenómeno del que está hablando – - ¿Mis anotaciones? – preguntó Aranhil lleno de sorpresa, ya que no recordaba haber escrito algo desde su estancia como prisionero de los hombres. - ¿No recuerda sus notas durante el tiempo que estuvo como encargado de los territorios ocupado del Rin? – le contestó Rangel. "No puede ser" pensó Aranhil con cierto temor. La mayoría de lo que había escrito en aquellos años había sido solo una especie de bitácora de actividades, pero unas cuantas páginas estaban repletas de par de resúmenes, que había realizado sobre una serie de explicaciones que los sabios habían hecho durante los estudios de los textos mágicos, así como de sus propias observaciones en el campo de batalla y de los secretos que había descubierto en los conjuntos de antiguos altares germánicos. Pero todo eso creyó haberlo perdido durante la batalla de Berlín y esperaba que se hubieran destruido, aunque por ese entonces aún creía que los hombres eran demasiado 250
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA estúpidos, solo idiotas con suerte. Sin darse cuenta, sus manos empezaron a ponerse sudorosas mientras oraba porque no todas las páginas hubieran sido descubiertas, pero al ver la cara del doctor, se dio cuenta que sus esperanzas eran en vano. - Algunas páginas aún están por ser traducidas, la caligrafía de las mismas es atroz, quizá por ser escritas en medio de un ataque, aunque algunas de las que se pueden leer me parecieron bastante importantes para el estudio que estamos realizando – El elfo rió con ganas, quizá como un último consuelo, tal vez porque así sentía que al menos tendría algún tiempo antes que los hombres descubrieran los secretos que había revelado. Pero el doctor se mostró confundido y se mantuvo en silencio hasta que todo rastro de risas desapareciera de Aranhil. - ¿Se siente bien? – le preguntó cuándo lo vio entrar en calma. - No lo recuerdo – respondió Aranhil mientras se llevaba las manos a la cabeza, sujetándola con fuerza, tratando de exprimirle cualquier recuerdo, cualquier pensamiento coherente - simplemente no lo recuerdo – El mayor se acercó al doctor – sigue mostrando comportamiento errático, sería mejor drogarlo – le susurró al oído. - Recuerda que no siempre funciona, los antiguos no parecen compartir toda nuestra química. Aún estamos descubriendo el porqué de su resistencia a los patógenos y a algunos tipos de venenos – respondió Rangel mientras ojeaba su carpeta, más por repetición que por buscar algo dentro de ella. - Entonces solo nos quedamos esperando que mágicamente recuerde todo. Cada vez está peor – refutó el mayor, aumentando el tono. Rangel miró al mayor y le asintió de manera cortés, claro que entendía a la perfección su postura, pero de ninguna manera consideraba en volver a las viejas prácticas de interrogación. Aquellas eran definitivamente la razón de la aparente 251
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— condicióndegenerativa que padecía Aranhil. Él prefería arriesgarse con la psicología y la buena terapia, aunque estas mostraba un avance muy escaso, pero de cualquier modo, parecía hacerle menos daño que cualquier otro método – ¿seguro que no lo recuerda? – insistió a pesar que sabía que sería un esfuerzo inútil. Sin contestar a la pregunta, Aranhil se dio cuenta que aún podía lograr algo con la información que los hombres tenían, ya sabía que mentirles era riesgoso, pero contarles todo sería un error aun mayor, seria asegurar la condena de todo el Imperio, o lo que quedaba de él. No, lo mejor sería decirles la verdad, aunque de forma parcial. Claro que les daría cosas útiles, información que pudieran utilizar, pero que al mismo tiempo los mantuviera alejados de los verdaderos secretos importantes. Pero en ese momento se dio cuenta que existía otra opción, una que aseguraría, no la victoria del Imperio, esa ya era casi un sueño de antaño, sino las bases del resurgimiento de la grandeza de su pueblo, de un nuevo Ávalon. Después de una larga pausa y antes que los hombres se mostraran agresivos con él, continuó - si bien la magia posee efectos en cualquier sistema físico y químico conocido, en realidad no siempre les afecta de manera directa, muchas veces lo que hace es alterar el objeto por el efecto de haber influido en el medio que le rodea – Rangel se mostró un poco satisfecho con la renovaba participación del elfo y continuando lo que éste estaba diciendo, añadió –es cierto, por eso he empezado a dividir a los seres en base a la forma en que reaccionan al flujo de energías, sobre las cuales la magia se mueve, y por la forma en que afectan dicho flujo. En un primer orden encontramos a las creaturas cuya naturaleza es en sí, mágica – - ¿Su naturaleza? - preguntó el mayor – no es acaso la magia algo sobrenatural, algo que altera el orden de las cosas – 252
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA - ¡Solo para ustedes! – se dijo Aranhil a sí mismo. Pero su comentario fue percibido por el mayor, quien considerando aquello como un insulto, bufó de disgusto. - Bueno, solo estoy considerando las razones de ser de cada creatura – respondió el doctor – y cuando digo esto, quiero decir que me refiero a los seres que no solo surgen de aquel flujo mágico, por llamarlo de alguna manera, sino que además su vida y esencia dependen del mismo, por esta misma causa, son las creaturas que pueden manejar el flujo de la forma más eficiente, porque en realidad es como si solo movieran una parte de ellos mismos. Lo que se encuentre en este orden también posee la mayor capacidad para atraer los movimientos del flujo, ya que para sobrevivir se deben de mantener inmersos en las energías mágicas. La mayoría de los seres en este orden deberían ser, de hecho, incorpóreos o presentar una composición física demasiada hetera, y la diferencia entre los seres de este nivel radicaría en la presencia o no de una voluntad consiente, de un raciocinio avanzado – - ¿Te refieres a esas cosas a las que nos hemos estado enfrentando desde el incidente del día D? – preguntó el mayor. - Ah sí, ellos. Es posible, me parecen que ustedes los llaman dioses, ¿no es cierto? – respondió Rangel mientras miraba a Aranhil en busca de una respuesta de su parte, pero ante una nueva ola de comportamiento distante del elfo, se limitó a continuar - en un segundo plano, tenemos seres que si bien no poseen una necesidad total a la magia, si tiene una dependencia funcional a la misma, es decir, que para poder mantener niveles óptimos de funcionalidad, ocupan alimentarse continuamente del flujo, aquí encontramos además una subdivisión, la cual depende de la capacidad que posean los seres en este nivel para atraer la magia, ya que algunos carecen de esa capacidad por lo que presentan desplazamientos de tipo migratorio. En un tercer rublo, están los entes que si bien no dependen de la magia para sobrevivir, si la pueden canalizar, aquí se 253
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— debensubdividir, entre quienes pueden atraerla de forma natural, como los antiguos o algunos humanos, y entre quienes solo pueden canalizar parte del flujo presente, como en el caso de la mayoría de los hechiceros humanos. En un cuarto orden se encuentran la mayoría de los hombres, los animales, plantas y los elfos grises, los cuales son formas de vida independientes al flujo, por lo que no dependen del mismo para sobrevivir, funcionar o desarrollarse y la subdivisión en este nivel se basaría en la capacidad, en este caso involuntaria, para atraer la magia y ser por lo tanto, afectada por ella – Aranhil se giró hacia el doctor y enseñando sus dientes le alzó la voz - ¡solo los hombres podrían considerar semejantes blasfemia! – pero antes que pudiera continuar, el mayor sacó la pistola de su funda y acercándosele le metió un golpe en la parte superior de la cabeza, tirándolo al suelo. - ¡Cálmate Moi! – le gritó Rangel antes que el mayor soltara el segundo golpe. - ¡Es este estúpido!, cuando se le pide que hable se niega, o dura horas tratando de ordenar esa chingada cabeza. ¡Solo habla cuando se le da la chingada gana! – respondió el mayor al tiempo que se retiraba a la puerta, quedándose en el borde de esta. El doctor lo miró por un momento, por una parte entendía la reacción del mayor, era más que justificable para un hombre que había estado en medio de la guerra. Pero en aquel lugar no se podía tratar a los prisioneros de aquella manera, al menos no mientras tuvieran información que pudiera se valiosa, por más poca que fuera. Sin decirle algo más, se volteó con elfo, el cual se agarraba la cabeza con fuerza, y le dijo con voz calma – por favor, disculpe la reacción del mayor, pero debe de entender que por momentos su forma de dirigirse a nosotros no es la aceptable – Aranhil sentía como la ira le carcomía por dentro, pero era una ira dirigida principalmente hacia él mismo, ¿cómo pudo el gran "lobo gris" acabar tan bajo?, 254
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA ¿acaso no había sido criado para siempre mostrarse digno?, ¿acaso su raza no era la más fuerte mental, física y espiritualmente?, pero todas esas preguntas tenían su respuesta. Aún después de haber visto la realidad del mundo y la naturaleza de la guerra, nada se comparaba con las horribles risas de aquel pequeño hombre, tarareando su infernal música mientras movía su escalpelo por la piel de su pierna. Una sola lágrima bajó por su rostro, la primera en días, como un símbolo innegable de una voluntad abatida. Vencida. Rangel vio aquella gota brillante caer por la cara de Aranhil, pero no le importó, una cosa era mantener cierta consideración con los prisioneros, pero otra muy distinta era considerarlos merecedores de ella. Así que solo se limitó a acomodarse los lentes y continuar - al borde de este nivel, encontramos a los dragones, ya que todas las especies conocidas son inmunes a los efectos directos del flujo, pero no lo repelen…- - Entonces, ¿esa es la característica principal del siguiente orden? – preguntó el mayor. El doctor mostró una enorme sonrisa al mismo tiempo que Aranhil se volteaba hacia ellos con el rostro lleno de terror. – Precisamente – respondió el doctor - según lo que he leído, la existencia de un quinto orden consistiría en todo aquel ser que además de no depender del flujo y de ser inmune a él, lo mantendría alejado, impidiéndole además influir en su entorno próximo – - ¿Un repelente de magia? – respondió mayor en tono de burla, pero la forma en que lo miraban tanto el doctor como el elfo, denotaba la atención que el tema había despertado. Si lo que decían las notas de Aranhil era cierto, habría alguna forma de asegurar los experimentos futuros en las especies que, hasta el momento, se habían convertido en las espinas de los laboratorios, y eso solo para empezar. 255
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— - Que te lo diga él – respondió el doctor, refiriéndose al elfo en el suelo. Aranhil empezó a girar sus ojos de forma desesperada, hasta que se detuvo en la mirada del doctor, quien lo miraba con una serenidad penetrante, aun cuando en su gesto se percibía cierta contradicción. Como si aún no estuviera totalmente convencido de sus palabras y buscara algo que pudiera verificarlas. Por un momento dudó sobre lo que pasaba por la mente del doctor, los hombres, de entre todas las creaturas, poseen la mayor flexibilidad de pensamiento, pueden pensar miles de cosas a la vez y concentrarse en varias realidades y por lo mismo, actuar de formas increíblemente contradictorias, y lo peor, era que parecían poder utilizar aquella característica a voluntad. – Si, dicho de una manera simple, si – respondió Aranhil, con una voz seca, carente completamente de vida. - ¿Qué tan teórica es tu clasificación? - preguntó el mayor, ignorando por completo la presencia del elfo – bueno, te pregunto en caso que sea tuya y no solo una mera traducción lo que estás diciendo – - Mitad y mitad – contesto el doctor - un 50% se basa en la capacidad o características individuales de cada ser, sin quitar que en muchos casos, son géneros o especies enteras las que presentan dichas características, eso lo saqué yo en base a la observación. Lo que no es mío, son las nociones de flujo mágico de la cual se desprende todo lo que he dicho, aunque falta traducir una gran parte del texto. En todo caso, lo importante sería realizar algunas pruebas – El mayor pareció sobresaltado y de inmediato dijo - ¿pruebas?, esa palabra no me dice mucho, ¿de qué tipo de pruebas estás hablando exactamente?, ¿encuestas?, ¿muestreos?, ¿o utilizas la palabra del mismo modo en que la usa Mengele? Porque sabes que aquí no tenemos el equipo necesario para ese tipo de cosas – 256
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA El elfo pareció estremecerse un poco, girando su cabeza hacia el suelo, tratando de pensar en cualquier otra cosa, no necesariamente en algo feliz, solo en algo diferente. Pero su esfuerzo era en vano, poco a poco la imagen de aquel doctor se iba formando en su mente, volviéndose tan real que casi sentía como desplegaba un par de alas negras sobre él, casi como un ángel de la muerte. - Mengele – respondió Rangel con un suspiro – por él estas así ¿no es cierto? – le preguntó a Aranhil y sin esperar respuesta se dirigió de nuevo hacia el mayor – no, no soy capaz de realizar los mismos métodos que él, lo intenté pero no pude, solo lo hice con animales y tejidos, nunca con prisioneros o seres consientes, la verdad, no sería capaz de ir a una iglesia después de eso - terminó con ironía. - Es fácil dejar de creer en los dioses, solo se ocupa ver al mundo tal y como es – respondió Aranhil. - Bien, entonces, si solo se ocupan pruebas para confirmar esa clasificación, ¿dónde está la razón de esta visita? – preguntó el mayor, mostrándose cada vez más impaciente. - El primer y el quinto nivel – respondió el doctor. - ¿Qué? – - El primer y el quinto nivel – - ¿Por qué?, ¿Qué tienen? – - Porque no hay sujetos de estudio, ni casos reales conocidos, los mal llamados “dioses” con los que se han encontrado los ejércitos humanos, son más probablemente seres pertenecientes al segundo orden, ya que cuando pierden contacto con el flujo de magia, no dejan de existir, solo se debilitan, incluso muestran sus formas originales – explicó el doctor. - ¿Por qué no lo dijiste antes? – preguntó el mayor. 257
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— - Quería ver la reacción de nuestro amigo – respondió el doctor con una extraña sonrisa. El mayor dio la media vuelta, solo para dar un giro y regresar a su antigua posición - ¡perfecto!, eso está claro, pero lo que me mantiene intrigado son tus fuentes. Mencionas que no hay casos reales, pero las notas del elfo deben de mencionar casos, o algo parecido, como leyendas o mitos – - Los textos más antiguos hablan de la esencia creadora… – interrumpió Aranhil, levantando la cara. - ¡¿De qué demonios estás hablando?! ¡¿Qué tiene que ver eso con esta maldita mierda?! – preguntó el mayor, casi exasperado, pero el doctor levantó la mano en señal de paciencia - Creí que los antiguos rechazaban el concepto de creación universal – dijo para conocer la posición de Aranhil. El elfo se movió lentamente y se sentó en el suelo - en realidad, empezó a ser rechazada de manera oficial cuando Nuevo Orden asumió el control, antes de eso, era considera dentro de las discusiones religiosas, pero era evitada porque contrariaba a las percepciones de los textos sagrados. Aunque los mismos afirman que solo la conciencia universal es eterna, no todo lo existente – - ¿Dios? – inquirió el mayor. - Así de simple le llaman ustedes, nosotros la consideramos tan basta, tan hetera, tan misteriosa, que nunca nos atrevimos a nombrarla, claro que tenemos deidades, pero estas actúan más como fuerza naturales que como verdaderos dioses, dentro de lo que sé que significa el término para ustedes. Sin embargo, ustedes no solo se han atrevido a nombrar dicha conciencia, sino que aseguran haberla conocido, platicado con ella, incluso servirle – explicó el elfo, llevándose la mano a la cabeza mientras 258
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA empezaba a reírse - eso me intriga, porque al mismo tiempo muchos de ustedes la niegan, y solo por no haberla visto, ¡que idiotez!, ¡sería como negar al sonido! – - Disculpe mi intromisión, mi señor elfo – interrumpió el mayor con sarcasmo - pero aunque me encanta, mejor dicho, me fascina escuchar platicas filosóficas, me temo que estamos perdiendo el tiempo una vez más, sé que las mentes brillantes no pueden concentrarse en un solo tema, pero yo, al ser un mero mortal, tengo prioridades más prácticas. Y eso lo digo también por usted mi buen doctor – - No soy tan brillante como dices Moisés – respondió Rangel. - Por favor Rangel, te fascina que te besen el culo – El doctor soltó una pequeña carcajada mientras asentía ligeramente, ¿para qué negar algo que era demasiado evidente?, mejor era disfrutar su vanidad, después de todo siempre es mejor ser un sinvergüenza que un hipócrita. Aranhil vio todo en silencio, pero como si nada hubiera pasado y de la manera más concisa que podía, obedeciendo de manera inconsciente las reglas de etiqueta de su gente, continuó – los textos antiguos, donde se menciona la conciencia creadora, también mencionan la existencia de seres cuyo habitad es el flujo de magia, del cual se nutren y al cual regulan, pero ahora creo que son solo leyendas – - Como dije antes, no hay casos reales registrados – expuso el doctor, complementando las palabras del elfo. - ¿Y en cuanto al quinto orden? – preguntó el mayor, mostrándose una vez más interesado en el tema, aunque quizá, solo como consecuencia de la condescendencia que surge después de un disgusto. - Según algunas leyendas, principalmente en los relatos poéticos de las guerras arcanas, se menciona la existencia de hombres que de manera casi demoniaca, se mantenían de pie ante los hechizos de los más grandes sabios y merlines, a los que 259
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— dejabandébiles con solo mirarlos. Se les conocía como “los Señores del hierro” – respondió el elfo de manera mecánica, casi automática al tiempo que la cara del doctor empezaba a mostrar una extraña mezcla de gusto y pesar. Ya lo había visto antes con otros prisioneros, todos antiguos, los cuales después de años o meses de tortura continua, parecían sufrir lapsos auto inducidos de trance, en los cuales respondían a cualquier pregunta que se les hiciera, casi como si estuviesen bajo el efecto de los fármacos, aunque al final, siempre mostraban un colapso mental, como una especie de depresión degenerativa, la cual parecía ser incurable. - ¿Quizá estén relacionados con las leyendas humanas, donde se dice que el hierro forjado aleja a los hechizos? – señaló el mayor, dirigiéndose al doctor. - ¡Va!, eso no es leyenda, se comprobó al inicio de la resistencia europea. El hierro mantiene su forma, resistencia y temperatura ante los hechizos de cualquier tipo, además de impedir su paso, casi como el plomo con la radicación. Lo interesante aquí, es la existencia de gente con dichas capacidades, supongo que en una sociedad humana promedio, y más en la moderna, es casi imposible y de hecho inútil, encontrar personas con las características que mencionan esas leyendas, ya que somos sociedades no mágicas. Si los señores del hierro existen, no se les puede distinguir hasta que ocurren sucesos como esta guerra – comentó el doctor - Es como encontrar alguien que pueda vivir en el sol sin poder llegar al mismo ¿no? – añadió el mayor, viendo como Rangel se mantenía en silencio, frotándose la barba con la mano, concentrándose en algo. El doctor se encontraba navegando en su mente, trataba de recordar algo que su cerebro le decía haber visto antes, algo que era importante. Pero no lograba visualizarlo con claridad. 260
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA - ¿Qué pasaría entonces, si alguien del quinto orden y algo del primero se encuentran? - preguntó el mayor al aire, esperando que cualquiera de sus dos compañeros respondiera. - Eso es obvio ¿no? - respondió el doctor. - El ser del primer orden seria sencillamente aniquilado en el acto, y el del quinto orden tal vez ni siquiera lo note – añadió Aranhil. Rangel se dio la vuelta y salió del cuarto sin decir algo más. El mayor le vio y de inmediato trató de seguirle, pero justo antes de salir, regresó su mirada a Aranhil, examinándolo de lado a lado, viendo como empezaba a menear la cabeza de arriba abajo, golpeándola ligeramente contra la pared de vez en cuando. La mano del mayor empezó a subir hasta su cinturón, quedándose quieta sobre la funda de su pistola, golpeteándola ligeramente con su dedo, deseando tener el permiso de acabar con la patética cosa a la que miraba con desprecio, pero se dio cuenta que aquello solo era cuestión de tiempo, cada día les era más inútil y no faltaría mucho para que el Directorio de Defensa ordenara una nueva purga de prisioneros. Así que solo sonrió un poco y cerrando la puerta con brusquedad, corrió en dirección hacia el doctor. - Rangel, ¿qué te pasa? - le preguntó al alcanzarle – solo saliste del cuarto así como así, normalmente te despides del elfo – - Ya no importa mucho, su mente se ha vuelto demasiado caótica, ya ni siquiera se acuerda de ti, cada vez tengo que volver presentarte – respondió Rangel sin detener su paso. - ¿Es por lo que le hizo Mengele? – preguntó el mayor. - Seguro, recuerda lo que pasó con el "sabueso blanco", simplemente terminó catatónica, y en solo un mes – respondió el doctor sin mucho interés por el tema – pero lo que dijo tiene sentido. Sé que lo tiene – 261
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— - ¿Qué? – - Gente, gente que repele la magia, sé que he escuchado de casos así – contestó Rangel justo antes de detenerse en seco y dar la media vuelta - ¡por supuesto! - le dijo al mayor al instante que le ponía sus manos en sus hombros - ¡encuéntrame en los archivos! – El mayor lo miró con poca sorpresa, no supo que decir, el doctor era un hombre meditabundo, tanto, que incluso parecía grosero al nunca mirar a la gente mientras esta le hablaba, pero ahora estaba demasiado efusivo, más que nunca. Pero antes de que pudiera preguntarle la razón, solo vio como Rangel se alejaba corriendo. El mayor entró en una hermosa sala, soportada en medio por una única columna, decorada de arriba a abajo con relieves en roca de enredaderas y signos desconocidos para él. El resto de la habitación estaba compuesta por lo que parecía ser una especie de bosque artificial, donde los árboles y ramas habían sido manipulados para haberlos hecho crecer alrededor de moldes invisibles de paredes, puertas y pasillos. Aquella enorme sala había sido ocupada por los anteriores dueños como una biblioteca y aunque aún mantenía una enorme colección de papiros y libros élficos, la mayor parte de los estantes, repisas y cajones, ahora se mantenían vacíos, y la mayor parte de los documentos que se encontraba allí, pertenecían a archivos militares y documentos médicos, los cuales eran en su mayoría para uso del doctor. Sin embargo, aún con todos los espacios desocupados, el lugar se sentía repleto, como un enorme laberinto de ramas y troncos alrededor de galerías huecas y adornos inútiles. El mayor se sentía raro en aquel lugar, por lapsos creía estar perdido en algún bosque, pero las losas de piedra en el suelo y la hermosa cúpula en el techo lo devolvían a las entrañas de aquel castillo casi derrumbado. En general, no le gustaba ese lugar, prefería rondar las zonas 262
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA de investigación o incluso las celdas, ya que todo eso había sido reconstruido con base a estándares humanos y para él, poseían la estética correcta, simple, llana, dura, tal y como debían de ser los dominios de un militar. En lugares así se sentía seguro, indivisible, lejos de los reproches de una madre religiosa y de un padre comunista, allí solo estaba rodeado de gente cuyo único interés en él, recaía en su trabajo, no en sus orígenes ni en su ideología, eso era lo bueno de su patria, un lugar donde uno podía alcanza su libertad por propio esfuerzo, irónicamente, lo contrario al ideal revolucionario. Tras un par de vueltas, vio por fin al doctor, sentado en una mesa, rodeado de papeles y carpetas a las que movía de forma veloz y errática, apenas leyéndolas, pero al ver al mayor, se detuvo y se irguió, invitándolo amablemente que se sentara en frente. - ¿Qué es todo esto Rangel? – le preguntó al tomar asiento. El doctor le miró de manera alegre y de inmediato le pasó una simple hoja. El mayor la tomó, pero sus ojos seguían en el doctor, el cual le pidió que la leyera, pero tras unos momentos de lectura rápida no encontró algo que pudiera ser importante, por lo que volviendo la mirada a Rangel, mostró su ignorancia. - ¿Recuerdas el incidente en la colina?, durante el día D – le preguntó Rangel. - Si, un gran número de soldados ingleses fueron asesinados por una especie de súper guerrero místico, o algo así, ¿pero qué tiene que ver eso, con esto? - respondió el mayor levantando la hoja – esto es un reporte forense – - Si, de uno de los muertos ese día. Un capitán de los cuerpos aerotransportados – - Sí, ¿y? – - ¿La leíste bien?, no te das cuenta de su importancia – - La verdad doctor, no encuentro nada especial en esto – replicó el mayor. 263
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— - Bien, y que te parecen estos – respondió Rangel al pasarle una carpeta repleta de hojas, todas de reportes forenses de distintas personas muertas ese día. Al principio, el mayor se mostró renuente a leer todo eso, pero la mirada de invitación que el doctor le mostraba, le dio a entender que no le diría nada hasta que lo hiciera. Eso era lo malo del doctor, aún se sentía como en una escuela, tratando a sus compañeros como simples alumnos, a veces resultaba simpático, ayudaba a mantener ocupada la mente, pero cuando se trataban de cuestiones médicas, solo él mantenía el dominio de los temas. Después de una inspección rápida, el mayor empezó a notar un patrón interesante y poco a poco comenzó a leer con más detalle, tratando de encontrar más correlaciones importantes – ¡Por Dios!, a todos se les encontró rastros de congelamiento en piel y algunos órganos internos – - A todos menos a uno, el primero que te di – añadió Rangel con gusto. - Pero también murió – - Y en el mismo lugar – añadió Rangel - pero no por efectos de algún hechizo, sino por contusiones; costillas rotas, ruptura de órganos internos, pérdida masiva de sangre – - ¿Crees que de alguna forma era invulnerable a los hechizos? – preguntó el mayor. - Si, si lo creo. De hecho estoy seguro que estos documentos sirven de prueba para ello – - No lo sé – replicó el mayor - las cicatrices de la cara, parecen cortes de algún tipo, bastantes finos. Dudo que realmente haya tenido una "capacidad especial" – - Si, pero según otros reportes, el ser que hizo esas cortadas pudo partir un tanque con un solo movimiento de su espada, pero no pudo cortar a este hombre. Algo en él impidió que la potencia del corte tuviera el mismo efecto – señaló el doctor. El mayor levantó la primera hoja y dijo entre risas - pues no le sirvió de mucho – 264
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA - Ciertamente alguien del quinto nivel no sería invencible, pero con el entrenamiento adecuado, representaría una ventaja increíble para cualquier ejército, y no solo en esta guerra – - Pero ¿para qué?, los antiguos están perdiendo y sin necesidad de tener súper gente – El doctor se mostró impresionado por la falta de visión de su amigo - ¿acaso crees que la magia va a dejar de usarse para fines bélicos cuando todo esto acabe?, tu eres militar, debes de darte cuenta de las ventajas bélicas de las brujas y hechiceros – El mayor bajó la hoja y miró al doctor mientras su cara se llenaba de emoción, como si entendiera por completo lo que aquello significaba. – Los Señores del hierro son reales – explicó Rangel. – Y por el momento solo nosotros lo sabemos – continuó el mayor entre risas. Rangel lo miró con una extraña sonrisa y le dijo – no, el Jefe ya lo sabe también, ya le envié el comunicado – El mayor pareció asombrado por la noticia, sorprendido por la rapidez con la que el doctor trabajaba. El doctor soltó una carcajada y se reclinó en el asiento mientras miraba a su compañero de forma amistosa pero burlona- a veces caminas muy lento Moisés – le dijo. XII MUROS INFRANQUEABLES “Otro cafecito no hará daño” pensaba un pequeño sujeto mientras le hacía señas a su camarero, indicándole que quería una probada más de aquel sabor fuerte y 265
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— concentradodel café turco. El ambiente era calmo y sereno, con pocas personas alrededor, tal y como le gustaba, tal vez no era el mejor café de la ciudad, pero para su gusto conscientemente corriente era más que suficiente. La segunda taza llegó al mismo tiempo que se abrían las puertas del restaurante, si así se le podía llamar a aquel lugar, y un hombre alto vestido totalmente de negro se dirigía hacia la persona que admiraba con ojos verdes el negro contenido de su pequeña taza. Vestido con un saco militar verde y un ghutra blanco sostenido con un agal de color dorado y negro, aquella persona asemejaba, tanto por la vestimenta como por el porte, a un jefe guerrero de los desiertos de arabia. - El “hada verde” supongo. Un gusto conocerle en persona, por su parte puede llamarme Rudolf – dijo el hombre de negro mientras tomaba asiento y pedía un café. - Mi nombre es Philippe y me gusta más ser llamado de esa forma. Si usted quiere hacer referencia a mi fama, entonces preferiría el sobrenombre de “absente”. Es menos ridículo – respondió el joven del ghutra, mirando fijamente a su nueva compañía mientras daba un sorbo de su café. - ¿Ajenjo?, por favor, de veras le gusta ese nombre. Me refiero a que como puede usted andar por ahí bajo la definición de tan sucia bebida. Su otro alias si es algo raro, pero al menos tiene cierto velo de misticismo, tiene más elegancia – expuso el caballero de negro, pero al ver cierto fastidio en la cara de Philippe cambió inmediatamente de tópico – los demás han encontrado la llave y lo hemos traído hasta aquí, para que sea usted quien tenga el honor de entregárnosla – - Bien – contestó Philippe bajando la cabeza - ¿de cuánto es la paga? – - ¿Paga? - preguntó el hombre con tono de sorpresa, como si aquella pregunta estuviese totalmente fuera de lugar – no actúe como si esto fuera un trabajo más, esto 266
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA es vital para el renacimiento del mundo y usted lo sabe – replicó Rudolf, tratando de sacarle cierta motivación a su compañero de mesa. - Rudolf, no me gusta el trabajo de caridad y en cuanto a sus creencias, ya has de saber que no las comparto - - No quería llegar a esto, pero recuerde que usted es nuestro aliado en esta empresa, le guste o no. Su única paga será el que nadie se entere de quién es usted en realidad y eso incluye a sus hombres – respondió Rudolf con cierta pena. El rostro de Philippe cambió por completo, su ceño se frunció con rabia y su nariz se arrugó junto con una leve torsión de su labio superior. Su postura ahora parecía la de un perro furioso, pero atado y él se sabía igual de impotente. - Lo que si podemos darle es información valiosa. Nos enteramos que un tal capitán Kowalsky, del ejército británico, está buscando a un sujeto de nombre Dreadnought, y gracias a una interferencia de nuestra parte ahora sabe exactamente dónde encontrarlo, y usted también. Dreadnought se encuentra en el hostal del viejo Renald, me parece que usted conoce el lugar – - ¿Estoy aquí para conseguirte un pendiente o para conseguir una cita con ese tal Dreadnought? ¿Eh?, ¿qué tiene que ver ese tipo con lo que tengo que hacer? – preguntó Philippe con impaciencia. - Calma, aún no acabo. En el hostal también está lo que parece ser un agente de la Interpol… - - ¡Mierda!, ¿qué carajos supones que haga con él también? – - No me interrumpa por favor, le dije que todavía no acababa. La cuestión no es Dreadnought en sí, sino quien viaja con él. Una muchacha, y es ella quien tiene el pendiente de plata. Sin embargo, como no tenemos fotos o testigos directos de cómo es ella, tendrá que guiarse en su acompañante. Donde esté Dreadnought es seguro que 267
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— estaráella y por lo tanto, la llave – y diciendo esto, sacó una fotografía de su saco y la arrojó en la mesa, justo delante de Philippe. Philippe tomó a fotografía y la revisó con calma, examinando los rasgos de Dreadnought. Había tenido muchos trabajos, algunos muy difíciles, pero la mirada del hombre en la fotografía le provocaba una sensación de peligro que nunca había sentido antes, o al menos una que no recordaba, sin embargo tenía mucho que perder en caso de fallar en este trabajo, por lo que un sentimiento de incomodidad no era causa mayor para impedirle realizar su misión. - ¿Y Kowalsky?, ¿y el tipo de la Interpol? ¿Qué con ellos? – - Bueno, creí que alguien con su capacidad podría fácilmente sacar ventaja de una pequeña escaramuza entre ellos para acercarse al objetivo, aunque esto es solo una sugerencia, usted haga lo que crea necesario. Además no serán difíciles de quitar del camino, en todo caso ninguno de ellos es peligroso – - Entonces, ¿Por qué no se encargan ustedes del asunto? – preguntó Philippe. - Recuerde que tenemos que mantener un perfil bajo, de por sí ya tenemos bastantes problemas con la Okhrana de von Sternberg como para echarnos más enemigos, los mismos que de hecho usted ya tiene – expuso Rudolf - Raro, hubiera jurado que alguien tan loco como Ungern estaría más que dispuesto a recibirlos con los brazos abiertos – dijo Philippe con acento burlón. Rudolf pareció tomarse el comentario de Philippe como un insulto, pues se irguió de repente y golpeó la mesa con furia – Ungern es un indigno, un untermenshen, un caucásico inferior y nada más. Sus supuestos caballeros teutones nada tienen que ver con la verdadera tradición del verdadero orgullo germánico ¡Ungern es un traidor a su propia sangre! Traicionó la verdadera fuerza de sus antepasados por un montón de locuras asiáticas… – 268
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA - Cálmate no hagas una escena, no eres el único que odia al barón loco, pero no tienes que estarlo gritando – respondió Philippe en un intento de bajarle el sonido a su compañía. Rudolf pareció entender el mensaje de llamado “ajenjo”, bajó la cabeza en señal de calma y haciendo más taciturna su voz, continuó - además Dreadnought ya mató a uno de nuestros hermanos – - ¿Mató?, dijiste que ninguno de ellos era peligroso – replicó Philippe. Rudolf levantó la cabeza, mostrando una enorme sonrisa - para usted no lo serán. Sabe que nuestros procedimientos son muy diferentes de los suyos, y como los nuestros han fallado… bueno es obvio que intentaríamos nuevos enfoques – - ¿Cuánto tiempo tengo para esto? – - Tiene exactamente veinticuatro horas, al terminar ese tiempo le estaremos esperando en el lugar acordado, pero como sugerencia personal, le recomiendo que se lo tome con calma, espere a que amanezca y que se presente Kowalsky – respondió el caballero de negro, levantando sus espesas cejas y dejando ver un par de ojos azules de aspecto melancólico – por lo pronto termínese su café – dijo al tiempo que daba un largo vistazo al lugar en el que se encontraban - sabe, este lugar me recuerda mi infancia en Alejandría, que ciudad tan bella, aún la extraño, por supuesto no tanto como a Múnich, pero… – tomó una pausa para suspirar y continuó – supongo que a cada lugar que visito le encuentro algo bello para recordar – y diciendo esto, se levantó y extendió la mano en espera de recibir el mismo gesto de Philippe, pero ante la indiferencia de este, Rudolf se limitó a dar una sonrisa incomoda antes de salir por la puerta, siguiendo los pasos por los que había entrado, pero justo antes de dar el último paso hacia la salida dio una media vuelta y le gritó a Philippe en tono alegre – y si todo 269
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— salecomo hemos planeado, su linaje ya nunca más será cuestión de vergüenza, sino de orgullo - Por su parte, Philippe lo miraba, observando cada aspecto en él, su forma de caminar, su velocidad, la forma en que empujaba las puertas estilo cantina, pensando como todo en él le molestaba. Tenía que admitir que era más simpático que la mayoría de sus compañeros, pero no lo suficiente como para soportarlo más de diez minutos, y las cosas que decía y en las que creía, por Dios que era puras estupideces. Aunque hace tan solo siete años cualquiera que hubiera creído en la existencia de dragones y hadas hubiera sido considerado un pobre loco, así que quizá Rudolf y sus amigos de negro tenían razón. En cualquier caso, eso era secundario, el llamado “sol negro” era ahora dueño de su vida y él era únicamente un perro a su merced, no podía sino agachar la cabeza y mover la cola cuando le hablaran. Afuera del local, Rudolf caminaba con confianza, casi seguro de la victoria final, del nacimiento de un nuevo mundo. Philippe les sería bastante útil y en lo personal le simpatizaba, es más, casi envidiaba su ascendencia, su libertad, al tiempo que sentía pena que en un mundo tan enfermo y débil, se despreciaran las mayores virtudes de la sangre. … El tumulto en las calles siempre era continuo, incluso de noche, pero en la mañana parecía agarrar la fuerza suficiente como para despertar e irritar a Isaac de sobremanera, aunque aún permanecía tirado en la cama, boca arriba, viendo como las aspas del ventilador giraban con lentitud. El dolor de su mano aún se sentía, pero las 270
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA extrañas sensaciones que lo habían asaltado la noche anterior habían dejado en él un efecto tal, que empequeñecían cualquier otro malestar físico. El sonido de las manecillas de un reloj en la pared parecía aumentar la intensidad de su molestia, fastidiándolo cada segundo. Isaac se dio cuenta que tarde o temprano debería levantarse, pero fue la posibilidad de largarse de aquella maldita ciudad, lo que le introdujo una energía tan arrolladora que hizo que sus movimientos se asemejaran a los de una persona alegre de empezar cada mañana. Lo primero tendría que ser, por supuesto, tomar un baño, el aroma a sudor y cierto olor a vómito ya eran suficientes, incluso para él. El agua de la regadera había sido demasiado fría para su gusto, pero era mejor que los rápidos y no siempre tan efectivos baños de esponja que se tenía que dar mientras andaba de errante, pero lo verdaderamente difícil, era el tener que ponerse la misma ropa apestosa que había traído puesta desde aquella noche de pesadilla. Justo antes de ponerse sus botas sacó un par de pistolas calibre 45, solo para colocarlas de nuevo junto a sus tobillos, ya que no era conveniente viajar desarmado, pero tampoco el andar caminando con las armas de afuera y menos con la pérdida de sus credenciales diplomáticas. Solo quedaba ponerse el abrigo que le ayudaría a soportar la ligeramente fría mañana, pero apenas lo tomó, notó de inmediato la talla pequeña del mismo – una más – se dijo como maldiciendo la sumatoria de su malas suertes. Antes de cualquier otra cosa, un trió de golpes en la puerta de la habitación le hicieron darse vuelta y quedar en silencio, solo una nueva serie de golpes le hizo avanzar y abrir la puerta. Con una cara de sorpresa total, vio a Elizabeth, de pie, frente a él, con su cabello sin forma y sus ojos medio cerrados, en definitiva la muchacha aún estaba entre una batalla campal entre el reino de los sueños y el crudo despertar. - ¿Se te ofrece algo? – preguntó Isaac. 271
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— Elizabeth le miró con detenimiento, aparentando buscar algo en la cara del cazador, pero al abrir la boca, ésta empezó a crecer lentamente hasta que un largo y profundo bostezo salió de ella, tras lo cual Elizabeth quedó de nuevo en silencio. Isaac imitó su silencio, pero porque no sabía que decir, era como si ella se esforzara de manera sobrehumana en ser un chiste tan bien contado que de hecho absorbía todo a su alrededor, incluyendo a las personas, en la trama de su comedia personal y sabiendo que no podría jamás contra aquel misterioso poder solo le quedó el hacerse a un lado y espera a que Elizabeth entrara. De inmediato, y con un paso ridículamente rápido, Elizabeth entró a la habitación y se dirigió al baño, cerrando la puerta del mismo con fuerza y abriendo la llave de la regadera. Isaac estaba atónito ante lo fugaz del suceso, girando la cabeza de lado a lado buscando a alguien que lo estuviera observando, pero volviendo a actuar como si nada hubiera pasado, se limitó a salir de la habitación. Lo más increíble de todo, pensaba Isaac, era la facilidad que tenía aquella linda personita de hacer que todo pareciera tan absurdamente sencillo y alegre, quizá era eso lo que tanto le atraía de ella. Fuera cual fuera la razón, Elizabeth había logrado que toda la frustración que lo había sofocado hace tan solo unas cuantas horas atrás, se hubiera esfumado como por arte de magia, sin embargo, la alegría se presentaba de forma agridulce, ella seguía sin hablarle de la misma forma que lo había hecho cuando la conoció. Por más de una semana, la relación con ella había cambiado bastante, si bien al principio se logró una base de simpatía y amistad por parte de ambos, ahora solo existía una tolerancia difícil, donde solo una de las partes sufría en silencio, el dolor del silencio. No la culpaba, como podría hacerlo, ella vio como había intentado matar a su hermana y aun cuando no hubiera percibido la intención, el solo haber intentado lastimar a su única familia era escusa suficiente como para no volverle a hablar jamás. 272
  • 273.
    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA Pero la persona que ahora veía le provocaba sentimientos muy diferentes. Con la mitad de su cuerpo aún dentro de la habitación, Alice movía la cabeza de un lado a otro buscando a su hermana. - Está en mi habitación - le dijo Isaac mientras caminaba hacia las escaleras, intentando no verla directamente, sin darse cuenta como la vergüenza aún lo mantenía en un cierto estado de sumisión con ella, quizá realmente estaba arrepentido, tal vez, incluso deseaba volver a tener aquella relación tranquila con ella, la cual, si bien era muy diferente que la que deseaba con Elizabeth, era ya igual de imposible. Elizabeth le hacía sentirse feliz, bobo y ridículo hasta el abismo mismo del patetismo, pero feliz a fin de cuentas, con Alice era otra cosa, le irritaba, pero en los pocos momentos en que logró conversar con ella, se sintió como una persona normal, ni mejor ni peor que el resto, solo un hombre más, además, le gustara o no, ella era más inteligente que su hermana, por lo que su charla era, aunque menos divertida, más interesante. Al oír esto, Alice volteó a mirarlo con una mirada acusadora al momento que Isaac, bajando la guardia, la miraba también. - Deja de hacer eso, ya me está empezando a molestar – replicó Isaac al momento que pensaba que, por otro lado, era mejor mantener a Alice a raya, jugar con su miedo, ahuyentar cualquier posibilidad de una plática compleja, y así, evitarle pasar de nuevo por otra situación como la de la carretera. - ¿Qué cosa?- preguntó Alice, sin darse cuenta como su cuerpo se empezaba a tensar. - Mirarme de esa manera, ya van como cuatro o cinco veces que lo haces. Solo te quedas callada y te me quedas mirando de esa forma, como esperando que te explique las cosas o te pida disculpas – 273
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— - ¿Por qué mi hermana esta en tu habitación? – preguntó Alice dando un ligero retroceso al tiempo que sus manos apretaban la puerta con fuerza, esperando cualquier reacción por parte del cazador para cerrarla de inmediato, pero ante un casi imperceptible resbalón de su mano izquierda, notó por fin la tensión de su cuerpo y se percató de cómo perdía la capacidad para mantenerse tranquila. En momentos se mostraba tan fuerte, pero ya no podía ver a Isaac o hablar con él igual que antes. Tenía que admitirlo, el cazador la aterraba, y no podía predecir el momento en que volvería a estallar. Isaac notó el cambio de porte de Alice, pero comprendiendo su sentir, le respondió con una amabilidad mecánica, fría y calma – solo se metió al momento en que yo me salí, creo que ahora se está dando un baño – ahora se daba cuenta que mantenerla temerosa no serviría, de una u otra forma ella le seguiría hablando, era imposible evitarlo, quizá era él quien debía mantenerse pasivo y retraído, o al menos, hacer el intento. Alice lo miró con calma, su boca se contrajo un poco y su cabeza se movía como asintiendo ligeramente una y otra vez, y si bien Isaac no pudo definir lo que la pasaba por su mente, si pudo intuir que cualquier mal entendido o falsa acusación sobre él perdía fuerza, pero antes de continuar su marcha, vio como la ceja de Alice se levantaba y su cabeza se detenía a la vez que su voz de mostraba fuerte y denunciante. - ¿Tu cuarto tiene baño? – El sol seguía su lenta caminata por el cielo, y en la tierra, cada minuto parecía como otro clavo en la tumba de la paciencia de Isaac. La habitación en la que estaba ahora, le deprimía al punto de sentir que estaba obligado a pedirle perdón a las Harker por 274
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA haberlas hecho dormir allí. Aunque lo más probable era que aquel sentimiento desapareciera tan rápido como se originó, para esto solo ocuparía salir de aquel cuarto. Por su parte, Alice se encontraba en lo más parecido al cielo que podía ofrecer aquella ciudad, disfrutando la vista que ofrecía la ventana mientras esperaba su turno para utilizar el baño, y era precisamente eso lo único que la incomodaba, el sufrir la ironía de por primera vez ser la última en levantarse y el tener que ver como su hermana hacía de la ducha su dominio milenario. A solo unos segundos de azotar la puerta del baño para apresurar a su hermana, esta se abría, dejando escapar una pared de vapor, que le golpeaba de lleno el rostro al minuto que salía una Elizabeth llena de alegría y vida, la cual caminaba a la cama distendida sin prestar atención a su hermana y tomando el abrigo que se encontraba allí se lo puso tras examinarlo un mero segundo. - ¿Ya tan rápido? – preguntó Alice, con sarcasmo. Elizabeth dio un grito de horror a la vez que contraía sus brazos en un gesto de sorpresa pura - ¡por Dios Alice!, ¡me asustaste! – dijo al ver a su hermana, de pie, quieta como estatua. - No, por favor, regrésate al baño y quédate ahí todo el día – continuó Alice con el mismo tono. - No, está bien. Ya terminé – respondió Elizabeth sin comprender el reproche de su hermana. Al ver la reacción de Elizabeth, Alice solo bajó la cabeza y se metió al baño, deseosa de limpiarse un poco la suciedad del cuerpo y las preocupaciones de la cabeza. Elizabeth, por su cuenta, al verse sola en la habitación, decidió recostarse un poco en la cama, la cual ahora podía apreciar mejor, viendo cómo a diferencia de catre apestoso en el cual estuvo durmiendo toda la noche, esta era bastante cómoda, limpia y suave. Un ligero olor a vómito llego a su nariz, pero creyó que se trataba de uno de 275
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— lostantos aromas que lograba filtrase desde la calle, sin embargo, levantó su brazo y se cubrió la cara con la manga del saco, prefiriendo soportar el calor, que aquel ligero mal olor. Lentamente fue cerrando los ojos, perdiendo la conciencia poco a poco, pero antes que pudiera realizar su pequeña siesta, se levantó de repente, sintiendo cierta ansiedad como si alguien la estuviese mirando - da la vuelta – le dijo un voz salida de la nada, casi como proveniente de un susurro en el viento y sin saber qué hacer, empezó a mirar a todos lados, por un instante se quedó concentrada en el buró junto a la cama, más específicamente, en el golpe que tenía a un costado y en las manchas oscuras que lo rodeaban, lentamente se acercó un poco, viendo unas gotas secas en la alfombra, pero la voz volvió a presentársele - sigue buscando – le dijo justo cuando ella levantó la mirada, quedándose frente a la ventana, caminando lentamente hacia ella, se quedó de pie, en completo silencio, esperando ver algo en específico, pero afuera todo era una anarquía de movimientos y personas, una enorme masa de tumulto que le impedía enfocarse en una sola cosa a la vez, pero cuando estaba a punto de dar la media vuelta, una figura, diminuta a la distancia, le llamó la atención, una persona de paso ligero y armonioso, que caminaba a un ritmo distinto a todos los demás, despreocupado, con las manos en los bolsillos y la cabeza en alto, no le podía ver bien el rostro por la sombra del pañuelo blanco con el que se cubría la cabeza, pero daba le impresión de estar silbando. Le siguió con la mirada por aproximadamente medio minuto antes de ver como se detenía en el edificio de enfrente, recargándose en la pared, tranquilo y alegre, sacando un reloj de bolsillo del interior de su chaqueta verde, examinándolo con calma mientras se le agrandaba la sonrisa al ver el horizonte. Con una curiosa sonrisa en la boca, Elizabeth se dio por fin la vuelta sin ver el par de jeeps británicos que se acercaban al edificio. Salió de la habitación, gustosa de ver como aún existía la felicidad en el mundo, incluso el pasillo le resultaba diferente a 276
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA como lo había visto a noche anterior, ahora lo veía iluminado y alegre, acorde a su propia alegría, una alegría que dio un leve retroceso ante al asco, al ver la expresión de fastidio de Isaac mientras salía de la habitación de al lado. Isaac le miró y de inmediato su rostro tomó otra forma, más tranquila y amigable, aunque seguía conservando cierta tensión en la mirada – no me gusta estar en este lugar – le dijo con voz baja. - Bueno, en ese caso, ¿Por qué no te largas? – le respondió ella con desprecio. Isaac abrió los ojos, sintiendo una sacudida en todo su cuerpo, deseaba que la le volviera a dirigir la palabra, pero no de esa manera - no, lo mejor será esperar a tu hermana y largarnos de aquí todos juntos - respondió con sequedad al tiempo que se dirigía las escaleras. Elizabeth le miraba con tristeza, lo odiaba por lo que la había hecho a su hermana, pero lo odiaba más por haberla decepcionado, por haberle destruido su ilusión, por un lado sabía que lo que le había hecho a Alice era algo mucho peor que cualquier sueño roto, pero a medida que pasaba el tiempo, no podía evitar sentirse más mal por lo que le pasaba a ella, después de todo, Alice parecía no mostrarse tan enfadada con el cazador por lo que le había hecho, aunque eso era un pretexto para darle prioridad a su propio dolor. El cazador ya no sería para ella nada más que un pobre diablo, alguien sin valor, y precisamente eso era lo que la molestaba, porque una parte de ella aún quería acercársele, escucharle, y sobre todo hablarle. Elizabeth no insistió más, lo mejor sería dejar de darle vueltas al asunto y concentrase solo en mantener la misma postura, la del desprecio, la de la distancia, física, y emocional, pero al ver la figura del cazador desapareciendo en las escaleras, no pudo soportarlo, debía escucharle, quería saber que estaba mal en él, quería saber por 277
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— quéla había desilusionado, y sobre todo, quería decirle lo que ahora sentía por él, hacerlo sufrir como ella había sufrido. Isaac se sentía peor, aún más que en la noche, posiblemente porque ahora se encontraba despierto y más consiente de sí mismo que antes, probablemente, el descanso le había despertado el cerebro de una forma que había ya olvidado. Apretó sus puños, maldiciéndose por haber tenido esperanzas en algo. El dinero, la fama, todo eso era vano, siempre lo fue, pero lo mantenían alienado, lejos de cualquier responsabilidad, conciencia o contacto con alguien más. Ahora ya ni sabía que odiaba más, la esperanza, o el haberla perdido. Al bajar el último escalón vio como una pequeña rata se movía rápidamente junto a la pared, corriendo graciosamente antes de detenerse en seco, levantando la cabeza y moviéndola de un lado a otro, sin percatarse de la presencia de Isaac, quien la miraba con calma mientras sacaba una pequeña daga de su bolsillo y colocaba su pie izquierdo delante de su cuerpo con delicadeza, tratando de no hacer ruido, sin más, solo alargó su brazo con fuerza y lanzó la daga hacia el pequeño animal, atravesándolo de lado a lado y clavándolo justo en la parte donde la pared se une con el piso, no era muy bueno lanzando cuchillos, pero de vez en cuando tenía suerte. La rata gemía de dolor, produciendo chillidos demasiado fuertes para una creatura tan pequeña, Isaac se le acercó con calma, disfrutando cada sonido al tiempo que ponía su pie derecho sobre ella, solo para dejarle caer todo su peso, en ese instante sentía como su cuerpo se llenaba de una ligera alegría, justo lo que necesitaba. Al ver la sangre saliendo de su bota, se sintió contento, así de simple, no tenía por qué analizar sus sentimientos, ¿para qué hacerlo?, realmente no había utilidad en ello, así que ignorando sus pensamientos, se agachó lentamente, y sin quitar el pie del pequeño cadáver, sujetó la daga y la retiró con fuerza. 278
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA - ¿Por qué lo haces? – le preguntó Elizabeth horrorizada, más por el cúmulo de desprecio que sentía, que por la rata muerta. Isaac se levantó y se dio la vuelta, centrando su mirada en la dulce cara frente a él. Se quedó quieto, no sabía que responderle, ¿qué podía decirle?, que simplemente no le gustaban las ratas, aquello era cierto, pero no era estúpido, sabía que el animal muerto en su zapato no era la razón de aquella pregunta, sino otra cosa, algo más importante, algo que ahora ella estaba sacando de una sola vez, resumiéndolo todo en una cuestión, sencilla y corta, pero más penetrante que la daga que sujetaba en su mano. De un rápido reojo, Isaac vio la punta del arma que sostenía, viendo la mancha roja oscura que la adornaba al final, y sintió como si aquella sangre fuera suya, goteando en el extremo de la voz de Elizabeth mientras su cuerpo era atravesado por ella. Elizabeth lo miraba con un par de ojos fríos, algo que Isaac jamás pensó ver en ella, pero ante aquella escena de juicio, ninguno de los dos continuó, no hubo reacción alguna. Ambos estaban en una especie de limbo, en un estado de conciencia tan cerrado que el resto del mundo solo era percibido a través de una sucesión de imágenes y sonidos en cámara lenta, de gente moviéndose en todas direcciones, de aves trinando, de un pequeño convoy deteniéndose frente al edificio, de un grupo de soldados subiendo los escalones hacia la entrada principal y de un oficial de lentes parándose delante de ellos, gritándoles. Todo era visto con sumo detalle, incluso sus mentes empezaban a comprender la urgencia de la situación, pero aún se mantenían demasiado abotargadas, sumidas en sus mundos propios, impidiéndoles responder de la manera correcta y con la prontitud necesaria. Todo se sentía tan real, pero a la vez tan ajeno a ellos, como si pertenecieran a un contexto de categoría más baja y fue solo 279
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— cuandovieron un enorme camión salir de la nada y dirigirse directo hacia ellos, sus cuerpos y mentes lograron sincronizarse con la realidad que les rodeaba. Isaac fue el primero en reaccionar, sujetó a Elizabeth con fuerza e instintivamente la cubrió con su cuerpo mientras la empujaba con fuerza al fondo del pasillo principal, hacia lo que parecía ser la ruta a una salida trasera justo al instante cuando el camión se estrellaba de lleno en la entrada del hostal, llevándose consigo a uno de los jeeps. El grueso de los soldados apenas se recuperaban cuando de entre las ruinas del desastre, un cúmulo de figuras salían de todos lados y habrían fuego a todas direcciones, gritando todos al unisonó - ¡muerte a los perros ingleses!, ¡muerte a Inglaterra!, ¡libertad a la India! – todo, mientras un solitario individuo de ghutra blanco salía por la parte trasera del camión y corría hacia la parte trasera del edifico, pensando en que diría Jung sobre la percepción de falta de sincronización en actos que eran deliberadamente causales. Alice había durado un buen rato frente al espejo y apenas había empezado a desvestirse, cuando el edifico se sacudió con violencia, seguido por una serie de disparos que resonaron por todo el lugar. De forma automática, salió de la habitación y se tiró al suelo, como si la amenaza se hubiera originado en el baño. El tiempo se transformaba en cuanto a su paso, lapsos que parecían eternos era solo segundos, mientras los ruidos de la calle se transformaban en gritos de horror o de apoyo, según fuera el caso, y el techo y las paredes se sacudían ahora de formas esporádicas y ligeras, como si los disparos le causaran dolor a la estructura misma. Armándose de valor Alice dio un salto hacia la puerta de la habitación, pero al salir se encontró cara a cara con el hombre de traje claro que tanto le había llamado la atención la noche anterior. El hombre, por su lado, le miró con sorpresa, acercándosele a ella mientras de su saco 280
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA sacaba una enorme "red 9". Alice se congeló por el miedo, al recordar la mirada de locura que brotaba de los ojos de Isaac aquella noche, cuando su vida pendió de hilo una y otra vez, tanto que ni siquiera reaccionó cuando el hombre la sujetó el brazo y la empujó a la pared - tenemos que salir de aquí – le dijo con increíble calma. Alice empezaba a moverse de nuevo, cuando un soldado que subía por las escaleras les apuntaba con su rifle y empezaba a disparar de forma errática. El hombre de la Máuser, disparó apenas se dio cuenta y tras una serie de tiros mató al soldado, pero al ver como algunos de los compañeros de este empezaban a subir por el mismo lugar, tomó a Alice con más fuerza y la jaló al final del pasillo, hacia su cuarto. En menos de un segundo, cruzaron todo la habitación, pero Alice logró ver como todo el lugar parecía un pequeño centro de comunicaciones, casi como los de las películas, había un par de radios en cada lado, una serie de mapas, principalmente de la India y un escritorio lleno de papeles al fondo, justo al lado de una puerta metálica a la que se dirigían. El hombre de traje claro abrió la puerta de una patada y empujó a Alice hacia adentro mientras el daba un giro y se agachaba detrás del escritorio, tomando una pequeña caja, casi escondida y sacando una botella de alcohol, la cual tenía pegada un parche con ácido sulfúrico, después, la arrojó con fuerza hacia el centro de la habitación justo antes de casi aventarse al interior de la puerta a sus espaldas. Del otro lado de la puerta, había una larga escalera de metal que bajaba hacia un abismo de obscura incertidumbre, pero con la presión que el hombre de traje le imponía a cada segundo, Alice no tuvo más remedio que bajar hacia lo desconocido. Después de pocos segundos llegaron hacia lo que parecía ser una pequeña bodega subterránea, pero la contemplación del lugar fue breve, ya que justo arriba de una serie de escalones, una puerta doble se abrió dejando ver un hombre de turbante azul. 281
  • 282.
    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— - Federico, ¡por aquí! – gritaba el hombre del turbante mientras le hacía señas al hombre de traje, quien acercándosele, sujetó a Alice del brazo mientras la hacía subir por los escalones y la sacaba a lo que parecía ser un pequeño callejón. Alice no entendía bien lo que estaba sucediendo, solo sabía que aquel hombre, por alguna razón, la estaba sacando de lo que parecía ser una zona de guerra. Sin oponerse al constante jaloneo, siguió al caballero de la Máuser, el cual era guiado a su vez por el hombre del turbante hacia un automóvil Citroën 2 CV. Con un rápido empujón, encarreró a Alice hacia el asiento del copiloto mientras él corría hacia la parte trasera del vehículo. El hombre del turbante dio un salto y deslizándose por sobre el cofre del auto hasta llegar al otro lado, abrió el vehículo y lo arrancó aún con las puertas abiertas. El automóvil salió disparado hacia una calle repleta de gente corriendo y gritando hacia todas direcciones, algunos fueron golpeados por el vehículo, pero este no detuvo su marcha mientras se alejaba de lo que era la parte trasera del hostal, el cual ahora empezaba a convertirse en un mar de llamas. - ¿Qué demonios está pasando?, ¿Quiénes eran esos? – preguntó Federico, el cual parecía ser el nombre del misterioso caballero de traje claro. - Parece que un grupo de rebeldes indios atacaron a un grupo de soldados británicos que llegaban al hostal – respondió el hombre del turbante - ¿y tú?, ¿qué hiciste con los archivos? – - Quemé todo, no te preocupes por eso - Alice aún se encontraba agitada, respirando como nunca en su vida al tiempo que examinaba al par de hombres que hablaban entre sí en español, pensando que tal vez no había sido buena idea en seguirles sin resistencia, pero también pensó que si fueran los compañeros del sujeto de New Exeter, ella ya estaría muerta. Miró por el espejo 282
  • 283.
    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA retrovisor el humo que salía del edificio y pisando el freno del auto, aun cuando este estaba casi debajo del pie del conductor, lo detuvo en seco. Los otros dos ocupantes, completamente sorprendidos vieron como Alice abría la puerta solo para correr hacia el caos del que habían huido. Sin esperar un segundo más, Federico se lanzó fuera del auto, corriendo de tras de Alice, sujetándola mientras trataba de calmarla - ¿qué demonios te pasa? – le preguntó en medio del forcejeo. - ¡MI HERMANA!, ¡MI HERMANA ESTA AHÍ ADENTRO! – gritó Alice, justo antes de ver como una sección del edificio era arrojada a todas direcciones a causa de una tremenda explosión en su interior. - ¡Dios!, ¡los indios deben de haber llevado explosivos consigo! – gritó Federico al tiempo que soltaba a Alice, pero ella ya no gritaba, ni se estremecía, solo se dejó caer sobre sus rodillas con la misma intensidad con la que las lágrimas de sus ojos bajaban por su rostro. Ahora estaba en shock. El estallido había sido demasiado fuerte, les había arrojado al suelo y hacia que sus oídos zumbaran horriblemente al momento de levantarse, para seguir buscando la forma de alejarse de ahí. Habían tenido suerte, salieron de aquella masacre justo antes de que toda la construcción empezara a quemarse, pero no lo bastantemente pronto como para evitar la onda expansiva. Isaac estaba en mejores condiciones que Elizabeth, al menos eso parecía, aun cuando se le notaba cierta cojera del lado izquierdo. Sin embargo, estaba desorientado, creía recordar el lugar donde había estacionado el tipo 82, pero lo que el humo dejaba ver de las calles, lucía muy diferente de lo que recordaba de la noche anterior. Su brazo sujetaba fuertemente la cintura de Elizabeth – estas herida, déjame ayudarte – le dijo mientras trataba de levantarla y colocaba su brazo izquierdo entrono a su cuello, pero ella retiró su brazo y dándole un 283
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— leveempujón lo colocó en frente de ella al tiempo que lentamente abría la boca, pero en vez de decir algo, solo la movía, entrecerrándola y abriéndola una y otra vez mientras ponía su mano junto al oído. Parecía que se había quedado sorda por la explosión, además de mostrarse tan desorientada como el cazador, pero aun así, no parecía querer tener contacto con este. Un disparo salió de la nada y chocó contra la pierna izquierda de Isaac, haciéndole dar una serie de pasos como entre tropiezos, antes que el dolor le obligara a caer entre gritos y maldiciones. Elizabeth, totalmente descubierta, se dio la vuelta, viendo como el tirador seguía apuntando su arma mientras se les acercaba con rapidez, pero a solo tres pasos de ella, Isaac logró levantarse casi de milagro, sus ojos obscuros ahora parecían tener un halo endemoniados alrededor y sus dientes crujían con fuerza. Inmediatamente se posicionó frente a Elizabeth, tratando de cubrirla, al tiempo que levantaba rápidamente una escuadra que recién había sacado de su bota al estar tirado. Pero antes de poder cobrarse la herida, el atacante disparó una segunda vez y le hirió en el hombro derecho, obligándole a tirar su arma mientras se cubría la herida con su mano izquierda. El tirador dio los últimos pasos con más calma, levantando ligeramente su arma y golpeando a Isaac con fuerza, todo frente a una Elizabeth que solo reaccionaba lo suficiente para dar un grito ahogado, el cual se callaba tan rápido como el sujeto frente a ella la empujaba y le abría el saco en busca de algo, solo con un segundo forcejeo logró abrirle la camisa, descubriendo al pequeño colguije de plata que se anunciaba ahora como un tesoro. Sin esperar un segundo más, el extraño sujetó el pendiente, jalándolo con fuerza, esperando la ruptura de la cadena, pero en un fastidioso giro de suerte, la cadena soportó el jalón. Un segundo y tercer intento con mayor fuerza solo provocaron daño en el cuello de Elizabeth, la cual entre lágrimas e insultos, empezaba 284
  • 285.
    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA a presentar resistencia mientras sujetando el medallón con una mano, trataba de golpear a su agresor. La escena ya no parecía una ataque, sino una especie de pelea infantil, donde los contendientes solo buscan arrebatarse un juguete o un chocolate, pero cuando el hombre sintió como la mano de Elizabeth tomaba el pañuelo con el que se cubría la cabeza, creció en él la desesperación por detener el forcejo, y dándose cuenta que no le quedaba más remedio, la golpeó de la misma forma en que lo había hecho con Dreadnought, silenciándola en el acto. Elizabeth solo pudo mirarle sorprendida justo antes de desplomarse sobre su peso. Una vez noqueada el extraño la recargó sobre su espalda, listo para llevársela consigo, aunque medio arrastrándola. En todo caso aquello le parecía mejor que arrastrar un cadáver. - ¡Philippe!, ¡¿Qué demonios esperas?! – gritó un hombre alto y atlético con un paliacate rojo en la cabeza. - ¡Cállate y ven a ayudarme Antón! – respondió el sujeto que cargaba a Elizabeth igual que a un bulto cualquiera. Antón obedeció de inmediato, corriendo y colocándose detrás de su compañero, sujetando a Elizabeth entre sus brazos, cuando de pronto una mano se alargó y le sujetó con fuerza el tobillo. Antón se espantó a la vez que giraba la cabeza hacia atrás y hacía abajo, viendo como un sujeto herido usaba todas sus fuerzas para detenerlo. - Quieto perro – le dijo Antón antes de darle una patada en la cara y comenzar la carrera. Un par de siluetas desaparecían entre el polvo y la ceniza que todavía dominaban la calle, al tiempo que los gritos empezaban a convertirse en los sonidos dominantes ahora que los disparos iban silenciándose y las personas por fin empezaban a desechar el frenesí y el terror que hace tan poco habían dominado sus vidas. Entre la poca quietud que empezaba a surgir, un par de manos se movían lentamente, aferrándose 285
  • 286.
    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— confuerza a cualquier cosa que se encontrara a su alcance, arrastrando por el suelo la figura ensangrentada de un hombre, hacia lo que en medio de la nada, parecía ser un pequeño automóvil color caqui. … - Ha estado muy silenciosa, es posible que el trauma haya sido muy fuerte para ella – dijo el conductor refiriéndose a Alice, ahora en el asiento trasero del automóvil, mientras se quitaba el turbante de la cabeza de un solo movimiento. - Por ahora hay que dejarla descansar, ya nos ocuparemos de ella cuando lleguemos y descansemos un poco – respondió su copiloto y añadió – lo que me preocupa es lo del ataque - - Te digo que lo más seguro es que hayan sido solo uno de tantos grupos anti británicos. Cada vez hay menos, pero se han vuelto más extremistas este último año - - Analiza lo que estás diciendo, no te parece raro que supieran exactamente cuando y donde atacar, me refiero a que llegaron justo después que los británicos. Es como si ya los hubieran estado esperando – replicó Federico. - Ellos también tienen sistemas de información… - - De acuerdo, eso es posible, pero aun así no estoy del todo convencido. Me refiero a que atacaran a un pequeño grupo de soldados ingleses, ese es un blanco poco significativo. Lo importante, mejor dicho, lo que me intriga es que atacaron el lugar donde se encontraban las únicas tres personas que lograron salir de New Exeter, dos de ellas, ahora tal vez muertas - - ¿Crees que tenga que ver con lo de “el sol negro”? – preguntó el conductor. 286
  • 287.
    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA Federico le miró como si la pregunta fuera absurda, fijando sus ojos mientras bajaba la cabeza ligeramente - obvio – le dijo pasando un rato. El recorrido fue largo, más de tres horas por un camino de tierra en medio de la nada, en total silencio, como si los dos hombres de adelante tuvieran muy poco en común además del trabajo, sin embargo nadie pareció estar molesto, en especial Alice, que de no ser porque mantenía los ojos abiertos, hubiera parecido estar sumergida en el más profundo de los sueños. Al final, llegaron al pie de una pequeña ladera dando vuelta en lo que parecía ser una antigua pared de origen mogol, ahora en ruinas y aunque el camino ya no era de tierra, sino de un conjunto de lozas, estas se encontraban en un estado bastante malo, salteándose de vez en cuando y algunas rompiéndose por el peso del auto sobre ellas, porque aun cuando habían sido diseñadas para soportar el peso de un elefante, nunca pudieron contra el peso del tiempo. Al final del camino, detrás de un conjunto de árboles secos, casi blancos, una serie de luces se asomaban tímidamente, alumbrando pobre y esporádicamente la penumbra que prevalecía a su alrededor. Cuando el auto se acercó lo suficiente, se notó la fuente de las mismas, una mansión, de estilo totalmente europeo, tan bella como maltratada, olvidada por su señor como si hubiera sido otorgada a la India como parte de una ofrenda personal. El auto dio una pequeña vuelta y se detuvo paralelo a la puerta principal del edificio, un segundo después, el par de hombres bajaban de este y caminando hacia le entrada, dieron una serie de golpes. La puerta se abrió de par en par, en medio de un rechinido suave, casi armonioso. Un par de hombres, ambos vestidos con gabardinas, salieron y se colocaron frente al par de caballeros que acababa 287
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— debajar del auto, pero al reconocerlos dieron un giro y colocándose igual que un par de columnas se mantuvieron inmóviles. - Hay una joven en la parte trasera del auto, por favor llévenla lo más pronto posible a mi oficina – dijo Federico antes de entrar por la puerta con cierto aire déspota. El lugar era fresco, sin mucha humedad y la iluminación tenue y tranquilizadora, en sí, en lugar parecía estar diseñado para calmar a la gente, como para asegurar que nadie se desquiciara por el tener que estar demasiado tiempo allí. Todo estaba adornado de bellos relieves y las ventanas mostraban patrones sencillos y simétricos, pero todo se veía sucio, no tanto como el exterior, pero demasiado si se tomaba en cuenta los detalles del interior. Alice se encontraba en un cuarto relativamente grande y de aspecto romano, de fachada oscura, con pisos marmolados y columnas de piedra alrededor de hermosas puertas de madera, como si todo aquello hubiera sido construido en el interior de una montaña. La habitación entera, a pesar de la fina capa de polvo que la cubría, era por decir poco, elegante, lo único que se mostraba fuera de la armonía del lugar, era una enorme bandera en una de las paredes, la que le quedaba de frente de ella, donde había una imagen de un globo terráqueo rodeado por ramas de olivo y atravesado por una espada. Alice sabía que había visto aquel símbolo en alguna parte, aunque no recordaba donde, y la ausencia de letras no le ayudaba, parecía que esto último había sido hecho con el único propósito de intrigarla. Pero al final, incluso eso le parecía sin importancia, si bien ya se estaba recuperando del shock, empezaba a surgir en ella una especie de depresión profunda, haciéndole ver que ya todo en el mundo había perdido su valor y que hiciera lo que hiciera nada cambiaria, así que para que luchar o resistirse, 288
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA lo mejor era simplemente dejarse llevar por todo lo que sucediera ahora. Apenas podía generar cualquier pensamiento profundo en su mente. De una de las puertas salió Federico con un plato en la mano y un aspecto totalmente renovado, peinado y con un traje nuevo e impecable, aunque exactamente igual al que le había visto antes. Al verla, se le acercó con paso firme y bajando el plato le mostró un par de rebanadas de pan tostado – come, te hará bien – le dijo. - Gracias, pero lo que tengo es sed – respondió Alice, quien a pesar de su estado, hablaba con normalidad, aunque presentaba un aspecto en extremo pálido, además de una boca reseca que temblaba continuamente. - Hazme caso, mi madre decía que después de un buen susto, lo mejor era comer algo seco, al agua no es buena – explicó Federico y al ver como Alice seguía su consejo, continuó – por favor sígueme, tengo que hablar contigo – Alice lo siguió sin queja, como una oveja sin alma y apenas entraba a la habitación buscó el asiento más cercano y se sentó, imitando la posición que había lucido en la estancia anterior. - El recuento de daños allá en Delhi – le dijo Federico mientras tomaba un folder y se lo daba en las manos, pero viendo como ella apenas lo miraba, decidió continuar explicando el punto al que quería llegar – con todo los registros de lo dañado o destruido, no hay reportes de ningún kubelwagen tipo 82, color caqui, que se haya encontrado después del incidente – Alice pareció entender un poco el significado de lo que quería decir Federico, pero al mismo tiempo, su rostro revelaba que su mente aún trabajaba en amarrar todos los cabos para darle forma y sentido a lo que les estaban diciendo. Al ver esto Federico prosiguió - me parece que ustedes llegaron a ese hostal en un automóvil que responde a dicha descripción ¿no es así?, en todo caso, si bien esto se 289
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— tratade un reporte preliminar, tampoco se han identificado los cuerpos de con quienes viajabas – De un brinco, Alice se levantó de su asiento, su cara era ahora totalmente diferente, llena de vida, pero lo más importante, de esperanza - ¡¿ella está viva?! – preguntó entusiasmada. Federico quiso tranquilizarla, pero creyó que lo mejor era mantener cierto grado de objetividad, el suficiente por supuesto, para no esperanzarla demasiado – no estamos cien por ciento seguros, pero creo que es muy probable que tus compañeros hayan logrado escapar en buen estado. En ese caso, si aún no se les ha podido localizar, es tal vez porque se han estado moviendo a través de las rutas rurales – Mientras volvía a sentarse, la mente Alice ya no consideraba las posibilidades en contra, solo se aferraba a la esperanza y a las evidencias circunstanciales como si fueran verdades incuestionables, y si alguna parte de ella le recomendaba no animarla demasiado, esta era inmediatamente callada por la alegría de su corazón. Esto, por otro lado, le permitió a su cerebro empezar a evaluar su propia situación, ya que si su hermana estaba viva, solo podría volver a verla saliendo de aquel lugar. - ¿Dónde estoy? – preguntó por fin. Federico se mostró motivado, había conseguido lo que buscaba, por lo menos a corto plazo y ahora podría empezar con lo que más le gustaba de su trabajo, recopilar información. - Veo que ya te sientes más animada, eso es bueno. Aunque me pesa decirte y creo que es conveniente que lo sepas de una vez, que existe la posibilidad de que pases un buen rato aquí con nosotros. Pero no te preocupes, podemos ser buenas compañías – - ¿Dónde estoy?, y ¿quién eres tú? – reiteró ella. 290
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA - Disculpa mis modales, es que me gusta mucho hablar y por alguna razón tengo la manía de desviarme del tema, así que si en algún momento me empiezo a extender o a aburrirte, por favor házmelo saber. Mi nombre es Federico De Aragón y Castilla, un humilde funcionario atorado en este rincón alejado del mundo, aunque algunas partes de estos lugares me recuerdan a mi bello Chihuahua – - ¿Federico? – preguntó ella, justo antes de ver la bandera que se encontraba en el fondo de la habitación, detrás del escritorio, adornada por un par de luces que salían de la parte baja de una repisa, casi como si aquello fuera una especie de altar, el culto de una religión civil, donde la profundidad del rojo de la tela resaltaba la silueta de un águila dorada con las alas abiertas, que formando un semicírculo del cual salía los extremos de una corona de olivo, rodeaban el símbolo de aquella nueva corriente que durante un tiempo se anunció como el peligro del mundo; la hoz y el martillo, serenamente cruzados debajo de la estrella roja. La luz de la revolución obrera. – Por Dios, ¡eres un soviético! – exclamó ella con preocupación. Ella había nacido después del inicio de la llamada revolución mexicana, pero en su infancia, había llegado a leer sobre cómo aquel país había terminado sumido en una guerra terrible, en la cual más de dos millón de personas habían muerto de forma horrible y donde el gobierno democrático había sido destituido por un conjunto de hombres locos y desalmados, motivados por las ideas y discursos de los inmigrantes rusos que había logrado escapar del Barón sangriento. También había escuchado sobre la forma en que el famoso “Jefe Máximo”, de quien se decía, había llegado al poder por medio del asesinato y la traición, planeaba ya desde los veintes, despojar a Inglaterra de su petróleo, así como de prepararse junto con Seeckt, al inicio de una segunda gran guerra. Por supuesto que aunque todas aquellas noticias y rumores le impactaban, nunca los creyó importantes, ni siquiera los reportes de ejecuciones en masa, o de las torturas a las que eran 291
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— sometidaslas personas, en lo que ahora se denominaba en conjunto con centro América; los Estados Socialistas Soviéticos Unidos. Posiblemente había sido por culpa de la impresión, pero Alice se levantó después de haber terminado de hablar y se le quedó mirando a Federico, como si esperara de él, las barbaries que se le adjudicaban al mismo Partido Revolucionario, pero él la siguió mirando de la misma forma en que lo había estado haciendo, aunque ahora mostraba con más profundidad una sonrisa alegre. - Bueno, en realidad les llegamos decir “sovietos” de vez en cuando, quizá por la costumbre de castellanizar a lo bestia todo término extranjero, aunque ya es menos frecuente – respondió el hombre mientras daba la vuelta y caminaba hacia su escritorio - ¿pero acaso hay algún problema con que yo sea uno? – continuó al sentarse. Alice no respondió, solo se mantuvo en silencio, esperando que Federico continuara o algo. - Ya sé que te pasa, te tragaste toda esa propaganda que mostraban en tu país, donde nos pintan como unos indios salvajes destructores de iglesias, o como un montón brutos asesinos de extranjeros – dijo el hombre - no esperaba que los ingleses fueran tan ignorantes como esos estadounidenses. Miserables grajeros, creyéndose todavía el centro del mundo aun cuando su país está totalmente en ruinas. Pero bueno, qué se puede esperar de un pueblo que prefiere invertir su dinero en películas, cuando todas sus demás industrias, patentes, incluso sus gobernantes, son comprados lenta y meticulosamente por los demás países - - Los americanos serán ignorantes, pero fueron sus barcos y sus provisiones los que nos permitieron salir con vida de Inglaterra y de Europa, o es que acaso no fueron los yanquis, quienes los salvaron a ustedes al mover sus tropas y fabricas al sur – replicó Alice en tono severo. Tal vez en otras circunstancias no estaría defendiendo a los 292
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA americanos, ya que si bien, su ayuda en los primeros meses de la invasión fue de vital importancia para millones de personas, por el otro lado, fueron los mismos soldados estadounidenses quienes terminaron saqueando medio territorio británico con la excusa de estar haciendo un reconocimiento del terreno. - Eso lo hicieron para endeudar a Europa y de paso a nosotros, olvidas que al mismo tiempo que mandaban tropas, también forzaron a los gobiernos europeos a firmar tratados comerciales, pero jamás creyeron que su territorio sería el siguiente en la lista de los antiguos. Es gracioso ¿sabes?, a diferencia de ellos, nuestra larga historia de miseria y guerra nos preparó lo suficiente como para sobrevivir otra invasión. En lo particular, encuentro eso más que irónico, como una justicia poética - - Entonces, cuando los Estados Soviéticos decidieron vender petróleo barato al hemisferio sur, a cambio de permitirles poner industrias ¿no era también una táctica de dominio regional con base a un dominio económico? – - Por supuesto que no – respondió el hombre sin dudarlo un segundo – eso era para asegurar rutas y emplazamientos militares en otros países en caso de una segunda guerra contra Inglaterra. Caray, solo los sajones podrían reducir todo tipo de poderío nacional a una ridícula tipología de economía especulativa. Es más, de no haber sido porque Von Seeckt parecía preparar ya una ofensiva contra toda Europa, el “bendecido rey” no hubiera dudado en mandarnos media flota con todas las ganas de borrarnos del mapa. Además, fueron ustedes quienes intentaron boicotearnos. De no haber corrido con suerte, habríamos terminado como España, sumida en la deuda y gobernada por un parlamento pusilánime, que no es sino un mero títere inglés, aunque dudo que el perro fascista de Ungern hubiera sido un mejor gobernante. Hasta me da pena pensar que por entonces ustedes y nosotros nos hubiéramos juntado para sacarlo de allí - 293
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— - Entonces teníamos un enemigo en común – añadió Alice, tratando de enfatizar que el pasado común de dos naciones, no justificaría la alianza presente de dos personas. - ¡Uno!, teníamos varios. Aunque lo más seguro es que ni te hayas enterado de las guerrillas en Italia, justo antes de que Mussolini se convirtiera en el mecenas de la resistencia europea, o en el intento conjunto que hicimos con ustedes para fracturar a las organizaciones fascistas en la Argentina. Estoy de acuerdo en que en ese entonces, ambas naciones tuvimos que forzarnos mutuamente a trabajar juntos, pero ahora, tú y yo estamos en una situación similar, tenemos algo que queremos quitarnos del camino. Un enemigo en común – respondió Federico, sacando un segundo archivo de un cajón y aventándoselo a Alice, continuó - a los mexicanos nos interesa la creación de una potencia mundial, como a cualquier país medianamente ambicioso, pero a diferencia de ustedes, nos preocupa más hacerlo hacia adentro y desde adentro, no a través de la invasión, ésta, a la larga, debilita solo al invasor por que lo hace dependiente de quienes ha conquistado. Si bien el “espacio vital”, es la necesidad básica que mueve a los pueblos, nosotros tenemos suficiente, quizá por eso los antiguos empezaron esta guerra, supongo que ocupaban terrenos- - ¿Es por eso que se la pasan destruyendo todo lo que encuentran? - preguntó Alice con ironía - ¿así quieren ganar y conservar su “espacio vital”?, eso es una locura, me refiero a que ni siquiera en la gran guerra se hacían las brutalidades que ellos hacen. Además, pareciera que los estas excusando, ¿cómo puede alguien justificar semejantes actos? - - Lo dices como si nosotros fuéramos diferentes a ellos, y hablo de la humanidad en general. No creo que ellos sean los demonios malvados que anuncian en los carteles, y por supuesto que nosotros no somos los salvadores de la vida y la rectitud – 294
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA - ¡Pero atacar ciudades enteras, llenas de gente inocente! – interrumpió ella. - ¡Por favor! Todos hacen eso. No olvides que el primer bombardeo británico a Ávalon, fue a Brynnwyn, una isla repleta de civiles, con casi ningún blanco militar. La guerra de terror es una estrategia efectiva, además, no estamos aquí para hablar de eso, por favor, lee lo que te acabo de entregar, en lo personal, me gusta pasar el tiempo charlando con cualquiera, pero en estos momentos, para mi desgracia, el tiempo apremia, además, de cualquier forma, los ingleses no tienen la calidad moral para juzgarnos – - ¿Qué quieres decir? – preguntó Alice mostrándose ofendida, ya que lo importante en aquella afirmación, era quien lo decía. Tal vez era cierto que la propaganda era tendenciosa, negarlo sería una necedad, pero aunque los estereotipos reducen la verdad de forma absurda, rara vez mienten. Los soviéticos habían sido los más grandes patrocinadores de guerrillas en el mundo anterior a la gran crisis y a diferencia de lo que aseguraba Federico, durante la guerra habían convertido al Caribe y a la mitad de América del sur en su dominio particular. En el norte, Estados Unidos y Canadá habían logrado mantenerse relativamente a salvo de su influencia, y esto, solo porque Inglaterra se había convertido de nuevo en su señor, y en el sur, solo Brasil, gracias la gran cantidad de capital japonés, y Argentina, aunque esta última estaba aún peor, oprimida bajo un régimen excesivamente nacionalista y racista. Además, eran los principales proveedores en Europa y Asia, de armas y doctrina anti anglosajona. Por supuesto que el dominio mundial de los Estados Soviéticos era nada si se comparaba con el de Inglaterra, y esto, por la ausencia de colonias a las cuales explotar, pero al haber mantenido su territorio durante la invasión, a diferencia del Reino Unido, habían asegurado una base industrial más estable que la de las islas, además que habían terminado con los problemas civiles que en esos momentos estaban abrumando 295
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— demasiadoal imperio inglés. Era claro que el mundo estaba por cambiar y que se crearía un mapa dominado por nuevas potencias, las cuales, después de la derrota de los antiguos, terminarían por volverse la una contra la otra. Y el hombre en el escritorio parecía aterrizar ese sentimiento, no solo había puesto atención en ella y en su hermana, sino que además parecía querer utilizar todo a su favor, la información, e incluso a su invitada, como meros instrumentos en planes desconocidos. Sin embargo, con Isaac había decidido velar primero por su hermana y con Federico, debería de volver a realizar aquel juramento, los soviéticos eran despiadados, se les conocía por no tomar prisioneros, pero podía utilizarlos como parecía que ellos buscaban utilizarla a ella, por lo menos le serían más útiles que Isaac, aunque eso no aseguraba que le empezaran a simpatizar, ni ellos, ni sus estúpidos y ridículos reproches supuestamente antiimperialistas. - Quiero decir que Inglaterra ha empobrecido a la mitad del mundo sin dar nada a cambio. Defienden el principio de democracia al mismo tiempo que esclavizan el Asia y el África en busca de materiales y trabajadores baratos, tratando a la gente como mera mercancía, justo como los elfos – respondió Federico mientras con sus dedos hacia girar lentamente un globo terráqueo frente a él. - ¿Acaso dices que nosotros somos iguales a los antiguos? – Alice replicó llena de asco. Pero su mente pareció ponerse del lado del hombre que hablaba frente a ella igual que un catedrático, al recordar imágenes sobrepuestas de todo lo que había visto en los últimos días, de la prosperidad de New Exeter contrapuesta a la miseria de New Delhi, de los rostros ingleses rosados y sonrientes contrastados a las caras demacradas de los hindúes. Esto hacía que creciera en ella una culpa extraña al saberse como uno de tantos millones de refugiados, que de manera directa o indirecta habían sobrevivido a costa de parasitar a la mitad del mundo. 296
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA - Cálmate, no te equivoques. Lo que quiero decir es que ni los elfos son mejores a nosotros ni nosotros a ellos. La moral no tiene nada que ver con la victoria, si los ingleses logran esclavizar a medio mundo mientras los elfos fracasaron en el intento, es porque ustedes han sido fuertes. No debe haber vergüenza en ello, lo que si critico es la hipocresía sajona, suya y de los gringos – explicó Federico, pero cuando pareció que iba a continuar, un hombre vestido con un pantalón negro y camisa sudada entró al cuarto y le avisó que todo estaba listo. Federico mostró cierto desagrado, en lo personal le hubiera gustado continuar, aunque también agradecía la interrupción – ¡por Dios! parece que hemos pasando mucho tiempo hablando de cosas sin sentido ¿no te parece?, al menos esto nos sirve para cambiar de tópico y volver a los temas de interés, como el de hacerte notar que sigues sin leer lo que te pasé – - Sería mejor si primero me dijeras que estoy haciendo aquí – replicó ella, aunque creía ya tenía una idea sobre lo que quería Federico. De alguna forma, su hermana y lo que les sucedió en New Exeter estaba conectado, y quizá ella también tenía algo que ver, más que en el solo haber sido una desafortunada espectadora. Federico solo se le quedó mirando y después de dar un suspiro le hizo señas, como si moviera unas páginas imaginarias, invitándola a que de una vez por todas se pusiera a leer la carpeta en sus manos. Ella entendió que las respuestas a sus preguntas estaban en aquellas hojas, pero aunque no eran muchas, no estaba con mucho humor de leerlas, así que con cierto fastidio abrió la carpeta y de inmediato sus ojos se centraron en un par de palabras que parecían sobresalir de la página; NEW EXETER, al instante, otra serie de letras saltó hacia su mirada; INCENDIO, BRUJO, SOBREVIVIENTES, SOL NEGRO. Todo en la hoja se refería a aquella noche de horror, pero lo sorprendente era el detalle con el que se describían horas, lugares y 297
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— secuencias,y aunque estas últimas eran más una reconstrucción de posibilidades, eran demasiado precisas. - Sé de su terrible encuentro con Salem. Sé que salieron de New Exeter justo antes de que esta fuera carbonizada. Sé que compraron un kubelwagen tipo 82 en una tienda que posee conexiones con los traficantes de armas, e intuyo que se dirigían a New Liverpool cuando sucedió lo de ésta mañana, ¿estoy en lo correcto? – dijo Federico con voz fría, metódica, más como solo completando sonidos que expresando ideas. Alice quedó atónita, por alguna razón aquel hombre parecía tener más información de la hubiera esperado, casi como si los hubiera estado siguiendo desde aquella noche - ¿quién eres? – preguntó con cierto temor de la respuesta. - Ya te lo dije, o acaso crees que es estoy utilizando un alias, mi nombre es real, no tendría por qué mentirte en eso, en cuanto mi nacionalidad, bueno, eso era obvio, ya lo descubriste. Con respecto a mi trabajo, creo que tampoco tendría por qué engañarte – respondió mientras se levantaba de su asiento y caminaba hacia una mesa en el centro de la habitación, sirviéndose una taza de café, dándole unos sorbos a la vez que miraba a Alice y le sonreía casi como si estuviera hablando con una vieja conocida – pero sería mejor que te lo mostrara – y al decir esto caminó hacia la puerta y la invitó a salir. Ella dudó por un segundo, pero ante la imposibilidad que tenia de resistirse y motivada por una curiosidad resignada, decidió ir hacia donde el hombre la llevara, no podía hacer nada más en aquel lugar. Tras pasar por la hermosa sala en la que había esperado al principio, empezó a notar la falta de personas que parecía haber en todo el lugar, ya había visto un par de hombres, pero parecían como salir de la nada. Al pasar por una serie de pasillos, los cuales, si bien eran más sencillos y menos elegantes que la sala de mármol, si se encontraban en condiciones más limpias, se detuvieron frente a una puerta de madera, sencilla, con nada de especial más que una placa de metal, vieja 298
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA y rota, donde solo podía verse un león y una serpiente. Sin decir algo, Federico la abrió, esperando que ella pasara primero, pero ante la quietud de Alice, él terminó tomando la iniciativa, caminando hasta el final del cuarto. Al entrar Alice, lo primero que vio fue un enorme ropero de madera, firmemente colocado en la pared y nada más. El lugar entero, salvo por el mueble y el hombre a su lado, estaba completamente vacío. - ¿Qué es eso? – preguntó desorientada. - Esto – respondió Federico mientras apretaba un pequeño botón oculto en la pared, al instante que todo el ropero se abría como si fuera una gruesa puerta – es solo una puerta – El piso vibraba, no fuerte, pero sí de manera constante a medida que el pesado mueble giraba lentamente, revelando un sencillo pasillo de madera, donde al final de éste, apenas podía distinguirse una extraña silueta cubierta por el sonido de miles de pequeños golpeteos. Alice empezó a caminar por aquel pasaje, manteniendo su porte derecho, mostrándose segura mientras se movía de forma lenta pero decidida, después de los primeros pasos, se dio cuenta que el pasillo era más largo de lo que había parecido en un primer instante y al llegar a lo que parecía ser el final del camino, trató de acercarse a una extraña sombra en medio de la habitación, pero antes que pudiera enfocar mejor, una serie de focos se prendieron de repente revelándole un par de enormes dientes. Ante la sorpresa, Alice dio un salto para atrás, chocando con el pecho de Federico, al girarse vio como éste tenía sus dedos en un interruptor de luz y al dar de nuevo la media vuelta, pudo ver, ahora a detalle, la figura de un castor disecado, bastante grande y bastante bien hecho, semi erguido, con las patas delanteras despegadas de un pequeño pilar de madera, sus ojos negros, muy brillantes como para 299
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— serlos de un animal vivo y su boca, ligeramente arqueada, como saludándola con una sonrisa - ¿Qué demonios es esto? – preguntó ella aún sobresaltada, aunque también con enojo. - Es un castor – respondió Federico con simpleza. Ella se dio la vuelta y lo miró fijamente, frunciendo el ceño y abriendo los parpados – eso ya lo sé, lo que quiero saber es que hace ahí – - Ya estaba ahí cuando encontramos éste lugar, lo dejamos porque nos divierte ver la reacción de la gente cuando lo ve, además parece como si estuviera allí para saludar a los visitantes, pero lo mejor sería continuar – le dijo antes de sujetarla del hombro y dirigirla hacia otro pasillo, uno que se encontraba de forma perpendicular al que habían entrado. Al dar solo un par de pasos, se encontraron ante un escenario completamente distinto al resto de la mansión, varias mesas llenas de radios y telégrafos, todos funcionando al mismo tiempo, sumergiendo al caótico movimiento de personas en un sinfín de sonidos mecánicos y ruidos ininterrumpidos de pisadas. Gente, toda la que fácilmente hubiera cabido alrededor del edificio, estaba concentrada en un cuarto que se sentía demasiado pequeño ante tal aglomeración. Cuando entraron nadie les prestó atención, solo continuaron con su tranquilo ajetreo, Federico la empujó con suavidad y la dirigió hacia una tarima en la parte posterior de la habitación. - ¿Te gusta? – preguntó Federico al abrirse de brazos, como queriendo abarcar la totalidad del lugar, pero ella no respondió, aunque sí miraba con asombro todo el lugar, poniendo énfasis en un enorme mapa de la India, donde una serie de puntos marcados con rojo pasaban desde New Exeter hasta New Delhi, por supuesto que había más lugares marcados, pero estos no le importaban. - ¿Qué es todo esto? - preguntó ella - ¿dónde estoy? – 300
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA Él la miró y con una enorme sonrisa le dijo – este, es el mundo mágico detrás del ropero - El mismo escudo que había visto en la sala de piso de mármol, ahora aparecía por segunda vez, grabado en cada columna de la habitación, pero ahora, por fin se le revelaba a Alice su significado. Se dio cuenta de lo tonta que era, durante todo este tiempo había tenido la respuesta en sus natrices, aunque el haber resuelto el enigma no era un gusto en sí. Ahora se daba cuenta de la magnitud de la situación y que todo el asunto parecía ir mucho más allá de los soviéticos. Ahora se encontraba en la esencia misma de la guerra. - La Interpol – dijo ella con los ojos bien abiertos. - Así es, por mi parte y la de muchos aquí, somos del servicio de inteligencia soviético, pero en estos momentos estamos trabajando de manera conjunta con la Interpol - - Eso quieres decir que trabajas para “el verdugo”…– respondió Alice con preocupación y desprecio. - Ah sí, Heydrich. Veo que eres tan lista como hermosa. Pero no, no trabajo para él. Sino con él. Además, ¿Por qué tanto enfado?, ¿acaso te hizo algo?, porque dudo que lo conozcas en persona - interrumpió Federico sin mostrar inconveniente. - Heydrich es un monstruo… mando matar a millones de personas solo por ser sospechosas de brujería, sin juicio ni nada – - Veo que eres rara. Primero condenas a los antiguos por atacar ciudades y ahora a los humanos por sacarle provecho a alguien como Heydrich – respondió Federico, aunque para no volver a caer en una nueva serie de debates continuó de inmediato – por supuesto que el hombre es un maldito, además de que es un perro manipulador, 301
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— peroeso no le niega que es en verdad eficiente y sin él, tendríamos más problemas en casa que en el frente – - Eso no cambia en nada las cosas – empezó ella – primero descubro que eres un maldito rojo y ahora vienes con que estas con Heydrich, acaso es esta la forma en que quieres convencerme de ayudarte, ¡mostrándome la clase de escoria con la trabajas! – dijo casi en medio de un grito, haciendo que toda la sala se detuviera en el acto y que todos los presentes se le quedaran mirando sorprendidos. Federico quitó la sonrisa de cara y con una simple mirada indicó a todos seguir con lo suyo – escucha – le dijo – no me importa en qué concepto nos tengas, pero en lo personal me gustaría que pudiéramos trabajar bien. Ambos podemos obtener beneficios del otro, todas las personas inteligentes lo hacen, simplemente aprenden a trabajar sin que sus sentimientos o creencias los molesten. Si un compañero como Anielewicz puede soportar a un puerco racista como Heydrich, entonces creo que tú y yo, estamos en mejores posibilidades – - ¿En eso resumes todo?, utilidad, veo que eres más capitalista de lo que dices. Acepté arriesgar mi vida con una bestia, pero porque su propia irracionalidad le hacía menos malvado, ustedes son diferentes. Con ustedes no hay garantía de un acuerdo real, o me dirás que realmente me aseguran la protección de mi hermana y la mía, ¿acaso nos llevaran sanas y salvas cuando todo esto termine? – - Tienes idea de lo que estás hablando, o solo estas conjeturando cosas, eres muy lista, pero tu mente se aferra a la primera idea que se le presenta. En verdad dudo mucho que conozcas la magnitud del problema… - - ¡Eso no me importa! – gritó ella, provocando la misma reacción del personal que hace rato, lo que Federico arregló con una segunda mirada – el punto es que yo no sería sino una herramienta, de una forma u otra… - 302
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA - Es mejor tenernos de tu lado, que en tu contra, ¿no lo crees? – le interrumpió Federico con brusquedad. Alice calló en seco, dándose cuenta que no podía hacer nada en sus condiciones. Ya había pensado en las ventajas de tener más gente a su alrededor, la seguridad aumentaba, para ella y para Elizabeth, pero no podía evitar su comportamiento. La Interpol cambiaba todo el panorama. La organización había empezado como un sistema de coordinación de entidades policiales en el mundo, pero durante la gran crisis sirvió como un aparato de espionaje, primero en Europa y luego en otros continentes. En la actualidad, mientras las Naciones Unidas mantenían los esfuerzos coordinados de los Aliados en el frente, la Interpol mantenía la seguridad en los territorios libres, pero todo, acosta de brutales ejecuciones y de violaciones a los derechos de las personas. ¿Realmente valdría la pena trabajar con ellos?, pensaba Alice, ¿o los beneficios a corto plazo no serían los suficientes como para justificar todo eso? Ante el dilema, bajó la cabeza, y abrazándose a ella misma, asintió en silencio. Federico suspiró y tras acompañarla en su quietud un rato, le dijo - dime ¿has escuchado sobre las sociedades esotéricas y aquelarres de brujas y hechiceros que se estuvieron realizando en Europa, durante la década de los treinta y principios de 1940? - Alice asintió – todo mundo ha escuchado de eso, pero creí que solo habían sido cuentos fabricados para condenar a los colaboracionistas, así como también a todo aquel se opusiera a los nuevos señores feudales de Europa oriental - – Por desgracia, en parte tienes razón, pero eso no quiere decir que todo haya sido mentira. Las sociedades fueron reales, de hecho, las centrales de inteligencia de varios países ya conocían centros de reunión, líderes, ritos, absolutamente todo de aquellas asociaciones, incluso antes de la guerra, pero solo hasta después de la invasión antigua, 303
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— seconsideró que las mismas representaban un peligro hacía los diferentes estados y organizaciones internacionales. Así que cuando se empezó con la liberación de Europa también se dio inicio a la cacería de brujas, literalmente hablando. La prioridad era eliminar rápida y eficientemente la mayor cantidad de posibles amenazas a las nuevas administraciones aliadas en el continente, es por eso que no se ocuparon juicios, solo hoyos en la tierra – la naturalidad don la que hablaba Federico, hacía que Alice se llenara más y más de asco, al punto que estuvo cerca de mandarlo al demonio, pero se repetía a si misma que, aún a su pesar, aquel hombre era quizá el boleto más seguro para ver de nuevo a su hermana - lo único que es mentira es que todos los grupos y todos los brujos fueron ejecutados, muchos escaparon. Los hemos estado cazando desde entonces, pero como se han reducido en número y han aprendido a mantener un perfil bajo, bueno, se nos ha hecho cada vez más difícil encontrarlos – - ¿Y eso me afecta por…? – preguntó Aluce, no por ignorancia, sino para comprender mejor el papel que ejecutaría de ahora en adelante. - Por Salem. Después de varios meses por fin encontramos rastros de actividad del sol negro y ustedes parecen ser los blancos que buscan, la razón, eso no lo sé con exactitud. Al principio decidimos solo seguirles, pero después de esto, lo mejor sería hacernos cargo de su seguridad – - Entonces soy solamente una carnada – - Precisamente – respondió él con brutal sinceridad – pero eso no tiene nada de malo, de hecho garantizas tu seguridad y que ¿no era eso lo que querías? – - ¿Y mi hermana? – - Esa es la cuestión. No estamos seguros de a quién quieren, aunque lo más seguro es que no seas tú, lo que nos deja a tu hermana y a Drachesohn - - ¿Dreadnought? – 304
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA Federico torció la boca con pesar y hablándole con suavidad le dijo - odio decírtelo, pero no existe nadie que se llame así. Su verdadero nombre es Drachesohn, Vlad Draculea Drachesohn, nacido en Baviera en enero de 1923, es hijo de Helmut Drachesohn, miembro del Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei hasta su disolución en 1924, este fue acusado de asesinato en primer grado en 1927 y huyó a la india con su hijo. Eso no es de extrañar, después del fallido golpe de estado, en el que murió el líder del partido, varios de sus miembros fueron perseguidos por toda Alemania después de cometer actos de violencia extrema, principalmente contra comunidades judías, empresas extranjeras y miembros de los partidos conservadores, por lo que terminaron refugiándose en el exterior, primordialmente en Argentina, Italia o Rusia – le dijo Federico, tanto como para practicar su memoria como para ganar más a confianza de Alice, esto último le sería vital si todo salía como se había planeado – por desgracia, el hijo salió aún peor – - ¿Qué quieres decir? – preguntó ella. - Vlad D. Drachesohn, es acusado de homicidio múltiple. A los diez años, torturó y mató a una familia musulmana en New Delhi, además de cometer varios asesinatos durante los siguientes siete años, aunque nunca se le pudo demostrar su participación en dichos crímenes. Tuvo suerte, de haber matado a un europeo, ahora tendría a medio mundo encima - Todo tomó un horrible sentido en la cabeza de Alice, la forma en que él la había mirado aquella noche, su manera de ver a la gente, incluso la forma en que había intentado matar a Salem en la fábrica. Su nombre, sus contactos, todo. Isaac no era solo alguien agresivo, o un oportunista, ni siquiera una bestia, como ella había creído, era peor, era un homicida y su hermana estaba con él. Llegó a pensar que él sentía algo por ella, y que eso le impediría hacerle daño, pero esta revelación cambiaba todo. 305
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— Heydrich,la Interpol, los soviéticos, todos también eran unos asesinos, pero por cuestiones de poder o política, incluso, por la guerra, pero no por necesidad. No como Isaac. - Tengo que encontrarla. A Elizabeth, ¡tengo que encontrarla! – dijo en voz alta mientras se maldecía una y otra vez por haber sido tan ciega y estúpida, creyó que había hecho lo correcto, aún a costa de su vida, pero al final había ocurrido lo contrario, ella había logrado mantenerse a salvo y había condenado a su hermana a una suerte horrible, a morir a manos de los brujos, o morir a manos de quien se suponía debía protegerla. - Por eso estas aquí – le dijo Federico al tiempo que ponía sus manos en sus hombros con suavidad, tranquilizándola con su voz – ayúdanos a encontrar a esos malditos, ayúdanos a encontrar a tu hermana y te prometo que todo resultara bien para todos – Alice bajó los brazos en medio de un llanto silencioso, sintiendo como la culpa invadía cada pedazo de su cuerpo y cada respiro de su alma. Ante el rio de lágrimas que crecía a cada instante, se llevó las manos a los ojos, en un intento vano por tratar de detener el lloriqueo. Federico se dio la vuelta y tomando un asiento lo puso al lado de Alice, tomándola con una delicadeza más propia de un padre y la ayudó a sentarse. Lentamente abrió la boca, solo para cerrarla de inmediato, pensó que sería más conveniente no añadir nada, eso podría afligirla más, y la necesitaba entera, y pronto. Sin decir algo más, se irguió y dando la vuelta miró a todos lados, fijándose que todos estuvieran trabajando, evitando poner atención en lo que no les incumbía, pero antes de dar el primer paso sintió como una mano le jalaba la manga del saco 306
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA - Te ayudaré en todo lo que pueda, solo ayúdame tú a salvar a mi hermana – le dijo Alice al verle a los ojos, mientras mostraba una expresión llena tanto de desesperación como de determinación, una combinación peligrosa a la hora de tomar decisiones. - Te prometo que recuperemos a tu hermana sana y salva. Por ahora, solo descansa – le dijo antes de bajar de la tarima y dirigirse a la salida. Alice le vio partir, sereno y confiado, y espero no estar cometiendo el mismo error que había cometido con el cazador, al cambiar una bestia por otra, sin embrago también se repetía a si misma que debía tener confianza, no le quedaba otra cosa. Pensaba mientras oraba, por primera vez en años, poniendo atención solo a sus pensamientos, viendo como Federico se alejaba más y más, sin poder ver la sonrisa de satisfacción que recorría su rostro, ni sus sombríos ojos brillando con tintes oscuros. Pero de nada hubiera servido, el pacto podía haber sido solo verbal, pero ya estaba sellado. XIII LOCURA DE AMOR La luz del sol iba decreciendo al tiempo que las pocas luces eléctricas se empezaban a encender por toda la ciudad, que por ahora permanecía muy en calma, esto, a causa de los ataques ocurridos en la mañana, donde murieron cinco soldados ingleses y otros seis resultaron heridos, entre ellos el capitán del grupo, esto sin contar el número de muertos y heridos entre los no británicos, pero de cualquier forma los últimos no serían sino números de poca importancia para el gobierno Inglés, que aún controlaba a la India como un títere a pesar de los acuerdos de soberanía conjunta firmados en el 48. Pero el verdadero problema para la población de New Delhi sería más palpable e inmediato que cualquier acuerdo político. Las represalias británicas no tardarían en 307
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— suceder,porque si bien la mayor parte de la tarde, las autoridades del gran Commonwealth solo se habían limitado a cercar y controlar a la población cercana al área del ataque, todo mundo sabía que en cualquier momento, se determinarían las identidades de los responsables del mismo y con ello, las redadas, los arrestos y las ejecuciones serían los siguientes movimientos del gobierno marioneta de su majestad. Pero en los lugares más marginados de la ciudad, la realidad era más constante, siempre girando entre la miseria y la subsistencia, una franja de vida donde los intereses del mundo exterior importaban muy poco y donde las amenazas de muerte tenían un efecto casi nulo en la mayoría de la población. - Sirve más infeliz – le gritaban los hombres de un cantina, a un pobre muchacho con un parche en el ojo, quien tímidamente se les acercaba sosteniendo los tarros de cerveza. - Hay, pobrecito, no tienes un ojo – se burlaba uno de ellos - ¿dónde lo perdiste?, ¿en una apuesta? – - Era minero – respondió el joven camarero. - No, lo que pasa es que eras pendejo – respondió otro de los presentes haciendo reír a todos sus compañeros, a todos menos a un solitario hombre, sentado en una esquina oscura, casi apartado del resto de los suyos. - Vamos anímate Antón – le dijo uno de los hombres, el más cercano a él. - No me parece gracioso lo que le hacen el pobre muchacho, o es que ya olvidaron como estábamos muchos de nosotros antes de unirse al grupo - respondió Antón, haciéndolos callar de inmediato, no necesariamente arrepentidos pero si respetuosos de las palabras que venían de quien parecía ser su jefe. - ¿Por qué no te fuiste con Philippe?, así hubieras estado menos tenso – preguntó uno de los presentes. 308
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA - Él no quería que nadie lo acompañara. Cree que es mejor que nosotros no tengamos contacto directo con esos sujetos – - ¿Y por qué se llevó entonces a la muchacha esa? – - Fácil – respondió Antón – no quiere dejar a semejante señorita rodeada de un montón de animales como nosotros – Todos empezaron a gritar y a quejarse de las afirmaciones de Antón, convirtiendo el lugar en una sala de gritos sin forma ni coherencia, aunque graciosamente, era el mismo Antón el único en quedar fuera del griterío y el debate. Todos sabían que después de Philippe no había alguien a quien se le pudiera llamar un segundo al mando, sin embargo Antón funcionaba como una especie de hermano mayor para los presentes, aunque también podía fácilmente tomar el cargo de un brutal defensor del orden cuando las cosas se indisciplinaran demasiado y con esto se entendía a algo más que solo aullidos en una cantina. Al otro extremo del lugar, varios parroquianos se encontraban arrinconados, casi aplastados unos con otros, temerosos de molestar a quienes parecían ser asaltantes o asesinos, ya que la experiencia de tratar gente de esa calaña les había enseñado que mientras se mantuvieran invisibles a sus ojos nada malo resultaría, el único que se atrevía a verlos era un pobre anciano de ropas y aspecto demacrado, de barba larga y sucia, tal vez los miraba por estar confundido por el sonido y la poca luz que brotaba del nido de ladrones más que por una actitud de temeridad, sin embargo, a través de su turbante roído y sus cejas pobladas, se podían percibir un par de penetrantes ojos grises, fijos y sin brillo alguno de bondad, casi como los ojos de un demonio. El anciano se levantó después de un rato, acomodándose una manta sucia que parecía usar de abrigo y cojeando de forma graciosa, salió del lugar mientras susurraba lo que parecían ser maldiciones e improperios. Antón era el único que se fijó en él, 309
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— devolviéndolela mirada, aunque de forma más discreta, sentía que había algo inquietante en el viejo, aunque tal vez era solo por el efecto de los tragos, ya que si bien conservaba buena postura ya sentía un leve mareo y un casi imperceptible cabeceo, sin embargo siguió bebiendo por un rato más, disfrutando el que ya habían terminado con éxito un trabajo más, del cual, ya tenían la mitad del dinero prometido y Philippe regresaría pronto con el resto, además el golpe estuvo tan bien orquestado que los británicos estarían desquiciados, culpando a los grupos de liberación indios y en todo caso tendrían el tiempo suficiente para salir de los territorios ingleses y disfrutar un año sabático en una de esas regiones de pronta recuperación y relativamente poca opresión, como la Europa occidental, o los dominios coreanos del Japón. Minuto a minuto, se iban tomando trago tras trago de bebidas embriagantes mientras la mesa principal de los mercenarios, mutaba con salidas y entradas de hombres borrachos, hasta que llegó el turno de Antón de despegarse de su asiento, quien con calma y poco tumbos, salió por la puerta trasera del lugar para desahogar su vejiga y volver a la felicidad del nido, pero al salir notó la oscuridad que llega a reinar en la tierra cuando una sola nubecita osa cubrir la luna, y ante tal negrura sintió una leve incomodidad, como si la misma penumbra lo amenazara, o como si le diera vida una vez más al temor olvidado de aquellos meses, cuando tuvo que estar sobreviviendo entre asesinos y prostitutas mientras trataba de salir de Francia a como dé lugar, solo para darse cuenta que el medio de escape se había convertido en su medio de vida. Con esto, sintió un extraño remordimiento por los rostros de gente que jamás conoció y que solo vio morir, pero un trabajo es precisamente eso y nada más. Jamás mató o hizo algo malo por razones personales, jamás buscó venganza, pero por otro lado, jamás buscaría el perdón del Dios que había olvidado o de una sociedad que 310
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA lo había olvidado a él. El único sentimiento que pensaba valía la pena sentir, era la entrega por el hombre que le había salvado la vida, dándole una segunda oportunidad de disfrutarla. “Al final, no soy culpable, ni soy asesino, solo soy una herramienta a la disposición de los verdaderos asesinos” pensó mientras desahogaba su cuerpo y se subía los pantalones. Pero al dar el primer paso de regreso con sus compañeros, se le vino un terrible mareo, perdió el equilibrio de manera inmediata y se dio un sólido golpe en el suelo, sintiéndose completamente mal, trató de recargarse en cualquier cosa que tuviera al alcance y por suerte encontró algo metálico a su lado que le sirvió de soporte, algo que tomó una forma más conocida cuando la luz de la luna logró despegarse de su obstáculo en el cielo nocturno, con un pequeño tamaño y un estacionando terrible se revelaba un pequeño automóvil caqui, ladeándose igual que un perro pidiendo perdón. - Que auto tan feo – dijo al verlo con más detalle, pero de inmediato, empezó a sentir aquel extraño mareo de nuevo. Se acercó al pequeño automóvil, sentándose en él por un momento, tratando de recobrarse lo suficiente para volver a entrar, pero solo logró levantar la cabeza lo suficiente para ver una extraña figura que salía de las sombras y se le acercaba de manera amenazante, cada vez más rápido. Lleno de un temor irracional trató de buscar su pistola, pero con cada movimiento, por más ligero que fuera, se sentía peor y apenas pudo tomar el mango cuando sintió un fuerte impacto en la parte posterior de la cabeza, haciéndolo caer por segunda vez. Todo rastro de conciencia se le desvanecía de inmediato, sus miembros perdieron sus fuerzas y sus ojos ya no podían enfocar nada con precisión. Solo logró escuchar al hombre ante él, quien le hablaba con voz fúnebre. - Quieto perro – 311
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— - Despierta – Escuchó Antón antes de abrir rápidamente los ojos y empezar a girar la cabeza de forma frenética, solo para darse cuenta que estaba en un lugar diferente a la cantina, o a la calle detrás de ella. Trató de moverse, pero con terror se dio cuenta que se encontraba con las piernas amarradas a un poste y sus manos, detrás del mismo, atadas entre ellas. El miedo lo despertaba ahora por completo, dejándolo soportar el malestar que todavía lo invadía y haciéndolo lo bastante consiente como para poder distinguir detalles y figuras con relativa precisión. Intentó seguir forcejeando, pero unos pasos detrás de él le hicieron detenerse y poner atención en lo que sucedía a su alrededor, una sombra en la pared le confirmó que no se encontraba solo, pero se dio cuenta que tal vez aquello era peor. - ¡¿Quién está ahí?! – le gritó a quien fuera la persona a sus espaldas, pero al no recibir respuesta volvió a insistir con más fuerza una segunda vez y al cabo de unos segundos volvió a preguntar una tercera al tiempo que entraba en un estado de completa desesperación, de inmediato, la cara de un anciano se le asomó desde atrás del poste. - No me grites, o me voy a poner molesto – le dijo el viejo, con voz de mando. - ¡Vete al demonio maldito anciano de mierda! - respondió Antón lleno de ira - ¿quién mierdas eres…? - pero antes de terminar, soltó un horrible grito de dolor al sentir como un objeto puntiagudo y delgado, se le enterraba en las manos. - Te dije que no me gritaras – le dijo el anciano mientras se quitaba el turbante, luego el manto, luego la barba y las cejas y al final, el color de piel, revelando el rostro de Isaac, ahora demacrado y pálido por la pérdida de sangre y la falta de descanso, pero principalmente por las horas de angustia que, para desgracia de Antón, 312
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA terminaron por carcomerle cualquier rastro de paciencia o autocontrol. Caminando lentamente se puso frente a Antón, cojeando todo el camino, demostrando que al menos algo en él parecía no ser parte de un disfraz. Al avanzar un poco más, se le pudo ver como su rostro se movía de forma extraña, temblando erráticamente como si tuviera frio al mismo tiempo que parecía estar cubierto de sudor, pero sus ojos grises no se movían, sino que se mantenían fijos en el joven del poste. - Drea… Dre… ¿Dreadnought? – dijo Antón, tartamudeando y totalmente sorprendido de verlo, recordando la cara en la fotografía que Philippe les había entregado. Pero también recordando, que durante el ataque al hostal, había decidido no matarlo, viendo al mismo tiempo como la maldita ironía había convertido a la única persona a la que había perdonado la vida, en el vocero de aquellos a quienes había silenciado para siempre. - Veo que me conoces, eso quiere decir que el que nos atacaran y el que se llevaran a Elizabeth fueron actos deliberados y planificados ¿no es cierto? – respondió Isaac. Antón permaneció callado por un momento, resistiéndose a caer en un shock, pero ante la negativa de una respuesta, Isaac sacó un picahielos y se lo clavó en la pierna izquierda, hundiéndolo y moviéndolo solo para provocarle el mayor dolor posible. - Ahora habla y dime todo lo que quiero saber – le dijo, justo antes de sacarle la punta metálica, provocándole un momento de sufrimiento antes de una ligera liberación de tensión – tu jefe, ¿A dónde se fue?, y ¿dónde está ella? – Pero Antón seguía sin contestar, por ningún motivo traicionaría a Philippe, además debía de ganar el tiempo suficiente para que sus compañeros notaran su ausencia y fueran a auxiliarle, confiaba en ellos, ya que aun estando ebrios seguían siendo peligrosos. 313
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— - Sigues sin hablar, ¿Por qué?, ¿acaso crees que va a venir alguien a rescatarte? – la mirada de Antón se llenó de espanto ante las palabras de Isaac, pero este solo continuaba - ¿por qué crees que de pronto te sentiste tan mal?, fue por la bebida, la misma que noté que tomabas muy poco. A diferencia de tus demás compañeros. Le pagué al muchacho del parche para que les pusiera un somnífero, era de mala calidad, pero sirvió bien. En estos momentos tus compañeros ya deben estar muertos, no por la sustancia, sino por todos los ladrones y mendigos que supongo ya han aprovechado la oportunidad, recuerda que es más fácil robarle a alguien que ya ésta muerto – De los ojos de Antón empezaron a bajar una serie de lágrimas, aunque Isaac no pudo distinguir si estas eran por el dolor que sentía, por el destino de sus compañeros, o por la desesperación sobre su propio futuro, pero a fin de cuentas eso era lo que menos le importaba – si te estoy diciendo esto, es para que te des cuenta que tu vida ahora depende única y exclusivamente de mí, solo de mí, así que te conviene complacerme, ¿dónde está ella? – volvió a insistir. - No te lo voy a decir – respondió Antón, fijando su mirada al suelo, lejos de los ojos de su torturador. Por su parte, Isaac estaba llegando a un punto de insoportable impaciencia, sentía ya el impulso por azotarle un machete en la cabeza, pero sabía que sin la información necesaria no podría rescatar a Elizabeth. Así que decidió quedarse en un punto intermedio, y empuñando el picahielos se lo enterró a Antón una vez más, ahora en el hombro derecho, como reflejando sus propias heridas. Los gritos de agonía siguieron por media hora mientras Isaac intercalaba instrumentos y partes del cuerpo de Antón, pasando de instrumentos punzantes a cortantes, de fósforos a pinzas y de martillos a serruchos, todo con una horrible precisión, con el único objetivo de provocar dolor mientras dejaba un daño 314
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA lejanamente letal, como si el cazador hubiera hecho todo aquello muchas veces y le hubiera encontrado el arte. - Si no me respondes, puedo asegurarte que empezaré a ponerme creativo, voy a hacerte muchas cosas, excepto matarte, y puedo asegurarte que serán cosas que no te van a gustar ¿Dónde está ella? – - ¿La amas? – preguntó Antón con una voz casi irreconocible. - ¿Dónde esté ella? – - ¿La amas? – insistió Antón. Isaac calló, aumentando el ritmo de su respiración, fijándose en el desperdicio de carne que ahora estaba frente a él – sí. Si la amo. Quizá apenas la conozca, pero la amo lo suficiente como para salvarle la vida aun si tengo que arriesgar mi humanidad - Antón levantó la mirada y dijo – entonces sabes que no se puede traicionar a la persona que amas – Al escuchar esto, cualquier rastro de humanidad que pudiera haber surgido en el rostro de Isaac se desvaneció en el aire, y por primera vez desde que la brutal escena de tortura había comenzado, una sonrisa apareció en el rostro del cazador, seguida por una carcajada macabra - ¡mira nada más!, ¡ahora resulta que eres marica!, ¡eres un maldito asesino y también un puto marica! - Antón empezaba a sentir mayor temor que él hubiera recordado en su vida. Empezó a llorar una vez más, orinándose en sus pantalones cuando vio como Isaac levantaba las pinzas que tenía en sus manos y se le acercaba poco a poco mientras su cojeo le hacía lucir más diabólico - veamos qué dirá tu novio cuando te vea sin dientes – le dijo Isaac al acercarle las pinzas a la cara. - ¡No!, ¡no!, ¡por favor Dreadnought!, ¡por amor de Dios ya no sigas! – gemía Antón, tanto a Isaac como al Dios al que había negado. 315
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— - Dreadnought no existe, pendejo, nunca existió, ni siquiera es un apellido real, es el nombre de un puto acorazado de la gran guerra. Él que está frente a ti, no es otro sino uno de los hijos del diablo – respondió Isaac antes de empezar a apretar las pinzas en el primer diente a su alcance, pero antes de continuar, pareció recobrar un leve esbozo de calma y retrocediendo un poco, tiró las pinzas al suelo. Antón, totalmente empapado de sudor lo veía alejarse con porte sereno, pero aun esbozando aquella sonrisa macabra. - ¿Sabes?, me estoy empezando a dar cuenta que esto no va a ninguna parte, así que mejor te digo que vamos a hacer. Primero te arrancare las uñas que faltan, luego te arrancare los dientes y posiblemente los otros dedos, pero todo eso será solo para perder el tiempo, solo mientras esperó a que regrese tu amorcito – dijo Isaac, dándose cuenta que seguir con la tortura física solo era una pérdida de tiempo – y en cuanto ti, te puedo asegurar que te dejaré vivo el tiempo suficiente, para ver como destazo a tu jefe con la mayor lentitud posible. A menos que hables de una maldita vez – En este punto, Antón no pudo resistir más, simplemente la idea de ver a Philippe en las mismas condiciones que él, de tener que verlo ahogarse en su propia sangre mientras rogaba por la muerte, había sido demasiado. No, simplemente no pudo resistirse más. Levantó la mirada lo más que pudo, dejando ver, a través del sudor, un rostro lleno de angustia y desesperación, totalmente desmoralizado y a merced de su captor, sus ojos llenos de sangre se pusieron en contacto directo con los de Isaac, quien había retirado su sonrisa. - Te diré lo que quieras, pero deja en paz a Philippe, por favor déjalo en paz – dijo Antón, desesperado por escuchar la respuesta de Isaac. - Entonces habla, ¿dónde está ella? – respondió Isaac con una voz ahora tranquila, casi dulce. 316
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA Antón reunió todas sus fuerza y trató de responder con la mayor claridad posible - Philippe se la llevó a una subestación de energía, que se encuentra a veinte kilómetros al sur de la ciudad – - Se más específico, ¿cómo llego ahí? – - Por la carretera a New Liverpool. Hay un camino de tierra, que empieza como a tres kilómetros de terminada la ciudad, al lado de unas columnas en ruinas… – - Si, ya lo recuerdo, crecí en esta maldita ciudad, se dónde está ese camino – le interrumpió Isaac antes de acercársele y meterle la mano en el bolsillo derecho de su pantalón, sacándole un par de llaves y enseñándoselas en la cara – solo estaba buscando esto, no vayas a creer otra cosa, pervertido de mierda – después se dio la media vuelta y caminó hacia una esquina oscura, moviendo cosas, buscando algo. Después de un minuto se volvió hacia Antón, cargando una vieja hacha. - ¡¿Qué vas a hacer?! – le gimió Antón. - ¿Tu qué crees? – respondió Isaac con frialdad. - ¡Te dije todo lo que querías saber!, ¡Por déjame en paz! – gritó Antón lleno de desesperación. Isaac se detuvo a medio metro de él, mirándolo profundamente con su rostro lleno de una expresión de odio - eso no fue parte del trato, imbécil – le dijo justo antes de levantar el hacha y dejarla caer en medio de unos pobres ojos llenos de impotencia. XIV CUANDO RESUENA LA CAMPANA Una sacudida fue más suficiente para despertar a la joven que estaba roncando en la parte de atrás de un oscuro automóvil Volkswagen tipo 1, mientras, adelante, el 317
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— conductormiraba como sus ojos dorados se abrían, lentamente al principio, y de manera brusca la final. Elizabeth estaba asustada, pero más que nada, confundida. No sabía dónde estaba, no reconocía nada a su alrededor, ni el auto ni el paisaje y viendo al frente, ni siquiera al conductor. Quiso moverse pero sus manos y pies se encontraban atados, sin embargo y de forma sorprende, no se dejó llevar por la desesperación, sino que empezó a sentirse enojada e incómoda por la picazón que le provocaban las cuerdas. Con esfuerzo levantó las piernas y doblándolas un poco, descargó su fuerza en forma de una patada al respaldo del conductor. - ¿QUÉ DEMONIOS TE PASA? – le gritó el conductor después de casi darse un golpe con el volante, justo antes de recibir una segunda sacudida por parte de la molesta pasajera. - ¿Quién eres tú?, ¿y dónde estoy? – preguntó Elizabeth con enfado, mientras lograba incorporarse lo suficiente para poder sentarse con propiedad y acercar la cabeza al joven chófer, que ahora detenía el auto. - ¡No vuelvas a hacer eso!, ¡podrías matarnos! – le replicó el conductor, tratando de recobrar la respiración después del susto. Elizabeth no escuchaba sus quejas, solo lo miraba con el ceño fruncido y los labios apretados, su típica cara de enojo, que de hecho resultaba ser más un gesto jocoso, que una verdadera señal de amenaza. - ¿Quién eres? – volvió a preguntar. El conductor pareció dudar un poco antes de voltearse y empezar a manejar de nuevo, ignorando las preguntas de Elizabeth, pero la muchacha no se rindió tan fácilmente, se reclinó en el asiento y levantando los pies una vez más, le dijo – si no 318
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA quieres que te vuelva a patear será mejor que me respondas - pero ante la rotunda negativa continuó – a la una… - - Mi nombre no importa, de cualquier forma pronto pasaras a ser problema de otro – respondió el joven al volante. - A las dos… - El conductor seguía sin responder. - Y a las… - - ¡Me llamo Philippe Thule!, ¡¿de acuerdo?! Bien, ya te dije mi nombre, así que ya cálmate – - ¿A dónde me llevas? – preguntó Elizabeth, pero Philippe volvía a su silencio habitual. - A la una…- empezó Elizabeth por segunda vez, creyendo que tendría que repetir lo mismo una y otra vez hasta que le respondieran todas sus dudas. Pero esta vez, Philippe detuvo el auto y bajándose de este, hizo su asiento hacia adelante, tomando a Elizabeth por el abrigo y jalándola hacia él con fuerza. - ¡Te vas a estar quieta! ¡¿O qué?! – le gritó en la cara. Pero Elizabeth, en lugar de mostrarse asustada simplemente hizo la cabeza un poco hacia atrás y empujándola con rapidez, le metió un inesperado cabezazo a Philippe, quien de inmediato la soltó para llevarse las manos a la cabeza. - ¡¿Qué demonios te pasa?! ¡¿Qué estás loca?! ¡¿O qué?! – le gritó Philippe, tan pronto recobraba la noción. Pero cuando bajó las manos, vio a Elizabeth sentada en el suelo, moviendo la cabeza de un lado a otro mientras apretaba los parpados y abría y cerraba la boca, en un claro gesto de dolor. Philippe no supo que decir, estaba ante la persona más extraña que jamás hubiera conocido, ella era como una mezcla de rareza e infantilismo, pero también de una especie de tenacidad fastidiosa que claramente 319
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— constatabancon un tipo de belleza que anunciaba dulzura. Pero aun cuando le hubiera sido más fácil, el solo matarla, no hubiera podido hacerlo, no a una mujer, y menos a una que tenía semejante cara de ángel. Por otro lado, era seguro que algunos de sus hombres fácilmente lo hubiera podido hacer, pero de todas maneras, él seguiría teniendo la culpa por haberlo permitido. Pero a fin de cuentas, no le importaba mantener cierto tipo de debilidad por las mujeres, después de todo, sus compañeros le seguían por su eficiencia en el trabajo y por respeto a sus capacidades de mando, aun cuando al mismo tiempo lo consideraban el más blando del grupo. Además, todos en el equipo tenían sus defectos y el suyo no era ni el peor, ni el más criticado, en ese rubro estaba Antón y sus gustos, aunque nadie se atreviera a juzgarlo en su cara. Dándose cuenta del tiempo que estaba perdiendo, levantó a Elizabeth por el cuello de su saco y zarandeándola un poco trató de hacerla reaccionar. Poco a poco Elizabeth empezaba a recobrar la compostura y con ella, el tener que darse cuenta de la estupidez que había realizado, es decir, nunca creyó que le saldría tan mal su intento de rudeza. - ¡¿Qué demonios te pasa?! ¡¿Qué eres estúpida o qué?! – le gritó al tiempo que Elizabeth abría y cerraba los ojos con rapidez, tratando de dejar de ver los pequeños destellos que nublaban su vista, pero el resto de su cuerpo ya encontraba la suficiente coordinación como para retomar la patética resistencia y dando una fuerte sacudida, logró quitarse las manos de Philippe, el cual, sorprendió por segunda vez, dio un paso hacia tras para evitar un segundo cabezazo, pero en lugar de eso, ella se encorvó un poco antes de dar un extraño saltito y caer con todo su peso en el pie de Philippe. Con un gritó agudo, Philippe levantó el pie y lo agarró con ambas manos, apretándolo con fuerza, como si aquello pudiera disminuirle el dolor, aunque recuperándose con rapidez, pudo enfocarse en la joven mujer que se había convertido en un molestia, solo 320
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA para ver como esta se alejaba de forma ridícula, dando salto tras salto con pésimo ritmo aunque con sorprendente velocidad. Sin perder tiempo, Philippe se lanzó contra Elizabeth, dando un salto largo, abalanzándosele y tirándola en el acto. Elizabeth azotaba en suelo con fuerza, justo antes que un par de lágrimas salieran de sus ojos, pero en vez de empezar un lloriqueo, se dio la vuelta y lanzando la cabeza hacia su atacante, le mordió la mano derecha. Ante esto, Philippe dio un gemido y apretando el puño logró soltarse de Elizabeth, solo para regresar la mano con velocidad y estrellársela en la cara. Era la segunda vez que la golpeaba, y lo había odiado tanto como la primera, pero Elizabeth no le había dejado otra opción, y eso había sido culpa de ella, o que acaso le era tan difícil mantenerse tranquila, el sol negro solo buscaba el colguije, así que lo más seguro es que a ella la dejaran en paz, muy probablemente en buenas condiciones, esto siempre y cuando no siguiera comportándose como una lunática. En todo caso, él se aseguraría de su bienestar, no le costaba nada, además no le gustaba la idea de verla muerta, aun cuando tenía las marcas de sus dientes en su mano, pensó que en otras circunstancias, él hubiera hecho lo mismo. Quizá era la edad que parecía tener, o por los rasgos delicados que él tanto odiaba en sí mismo, pero algo en ella le recordaba su propia vida, y más que nada le hacía pensar que su propia situación era similar a la de ella, siendo prisionero de alguien más, y con las mismas posibilidades de huida. Ahora, por lo menos volvía a ser tierna, silenciosa, como durmiendo serenamente, al menos eso parecería de no ser por un horrible moretón en la mejilla izquierda, y aun sintiéndose mal por habérselo hecho, la cargó con brusquedad y la colocó de nuevo en el asiento trasero del vehículo, justo antes de subirse de nuevo y ver el oscuro horizonte, pesando como aquella tonalidad armonizaba con lo que creía era su destino incierto. Sin más, encendió el auto lleno de un sentimiento de vacío en el estómago, parte por la 321
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— culpade golpear a una mujer y parte por saber que pronto estaría en el mismísimo nido de la locura. … Rastro tras rastro, olfateada tras olfateada, todo parecía vacío e inútil para un pequeño y famélico perro que buscaba cualquier cosa para satisfacer su hambre. Tanta era su concentración, que no notó el par de luces que se le acercaban con gran velocidad, hasta apenas un par de metros antes de encontrase cara a cara con un enorme camión, levantando su pequeña cara solo para sentir de lleno un horrible golpe en todo su cuerpo. El golpe había sonado simplemente fantástico, como una fruta de cascara gruesa rompiéndose tras un fuerte golpe y con las energías aún más desbordadas, el cazador pisaba el acelerado hasta el fondo. Aquel vehículo era lo mejor que hubiera podido encontrar, no solo el peso y la potencia del mismo le recordaba la sensación que sentía al conducir su semioruga, sino que la parte trasera se encontraba repleta de armas, ropas y explosivos, lo necesario para empezar una pequeña guerra, o para terminar una gran venganza. Lo que se le presentara primero. Su mente recorría una y otra vez las escenas posibles con las que se encontraría, pero todas terminaban igual, con él, en medio de una laguna de sangre y gente muerta, con esto, sus ojos se abrían llenos de ansia mientras empezaba a bufar lleno de ira y emoción, y sus labios pasaban de una macabra mueca de alegría, a un gesto de absoluta ira. La bestia había sido completamente desatada, y no se iba a detener hasta que lograra matar a todos y cada uno de quienes habían osado perturbarla. 322
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA … Sin la constate amenaza de una violenta interrupción, la última parte del trayecto había sido más tranquila, aunque eso no quitaba que Philippe se diera vuelta de vez en cuando, para revisar que todo siguiera en orden en la parte de atrás. A la distancia, una enorme silueta empezaba a definirse levemente de entre las sombras, aquello era una subestación inaugurada un día antes del martes negro, el inicio oficial de la crisis económica de 1931, cuando todavía el mundo consideraba de forma infantil, que una caída de las bolsas, por más importantes que fueran, era algo tan grande e impactante como para ser definido con la palabra “crisis”, cuando ahora el significado de la misma palabra había cambiado, o tal vez, había recobrado su verdadera acepción; “la gran crisis financiera” era ya solo un término con el que se referían aquellos quienes trataban de abrir posibles mercados entre los países beligerantes, humanos o no. Pero para el resto de la población, “la crisis” se refería a una de las peores etapas de sus vidas, un tiempo en el que todo se perdía, desde posesiones, hasta familiares y amigos, y todo de forma tan horriblemente caótica y veloz, que parecía que todo el mundo se desgarraba. Tal vez hubiera alguien en el mundo, en alguna parte olvidada del globo, que no hubiera sentido aquellas pesadillas en carne y hueso, pero ese no era su caso, él había estado en el epicentro de la invasión; Europa, el continente con mayor porcentaje de bajas, la perla misma de la conquista antigua, y la primera parte del mundo desgarrado que ahora volvía a sentirse completo de nuevo. Rusia poseía un muy buen crecimiento, pero en materia de desarrollo, seguía siendo uno de los países más atrasados del mundo, y las Américas por su parte, invertían muy poco en muchos rublos, desde los gastos que eran para calmar las tensiones sociales como películas, canciones y drogas, como en Estados Unidos, o en investigaciones locas de patentes 323
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— europeas,principalmente en Argentina, y en un punto extraño, los Estados Soviéticos, como uno de los principales soportes de la guerra, produciendo la mayor cantidad de armas y municiones a nivel mundial, satisfaciendo tanto a los ejércitos y a las resistencias, así como a los grupos terroristas, alimentándose de la división del mundo, intentando levantarse como un imperio mundial en medio del caos que fomentaba. Quizá los que mejor utilizaban su potencial eran los japoneses, ya desde el 38 se habían convertido en la única nación asiática que podía rivalizar con los europeos, y desde entonces, empezaron la expansión de sus modelos culturales alrededor de los países vecinos. Claro que le parecían extraños, eran como maquinas, pero hechos así de forma voluntaria a través de una disciplina y una voluntad demasiado férrea, insoportable para cualquier occidental. En cualquier caso, Europa, su Europa, seguía siendo en él, el sueño dorado y pronto tendría le suficiente dinero como para volver y empezar una nueva vida, una digna y honesta, aunque también creía que ese era ya un sueño imposible, sin embargo, le servía como una excusa para seguir viviendo, así como para soportar la deprimente forma de vida de la cual se alimentaba. Él, en cuyas venas corría la sangre de reyes, se había degradado a vivir como las ratas. Un par de luces se encendieron de repente, girando de manera brusca y concentrándose en el pequeño automóvil que se acercaba al tiempo que las puertas se abrían de par en par, como ansiosas de recibir visitantes después de tanto tiempo de evidente abandono. Tras unos instantes, el Volkswagen entraba de manera tranquila, deteniéndose a pocos metros de una extraña pared de personas, todas, vestidas de negro y cubiertas con largos mantos que les tapaban las caras. Al unisonó sonrieron cuando vieron a Philippe bajarse del auto y cargar a Elizabeth. 324
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA - ¡Muy bien!, ¡muy bien! – dijo un hombre alto que se le acercaba con claro entusiasmo, y quitándose la capucha descubrió el rostro alegre de Rudolf. Philippe lo miró a la cara, pero siguió avanzando sin detenerse, no quería pasar siquiera un minuto escuchándolo de nuevo. Una vez había sido más que suficiente pare él, aunque lo peor sería el tener que estar de frente a quien ahora se le presentaba a lo lejos, esperándolo igual que la trampa al oso; Erwin Torre. Con cabellos blancos y rostro robusto, de pie, erguido como un árbol, impávido, sin gesto alguno y con un par de ojos azul celeste fijos en cada uno de sus movimientos, Philippe se sentía nervioso ante él, como si aquel hombre pudiera leerle la mente, o arrancarle el corazón con sus ojos, pero mantuvo el paso, incluso se mostró calmado, casi digno, por lo menos más que todos los extraños monjes a su alrededor. Con un último paso quedó junto a Torre, de pie, en el filo de la entrada a las instalaciones, su figura se veía diminuta comparada con la persona de negro, aún más por su ligero encorvamiento pues se encontraba sujetando a Elizabeth por el brazo y la cadera. Tras un instante de silencio, Torre se dio la media vuelta y con pasos largos entró en el largo pasillo que estaba a sus espaldas, seguido por sus hombres, casi como si estos fueran solo ovejas, o perros tras su dueño. Philippe se quedó quieto y en silencio, ya había visto antes a Torre, y sabía que aquel no era su verdadero hombre, solo el que usaba ante él, aunque en realidad casi no habían compartido muchas palabras. Decidió esperar un poco antes de seguirles, pero antes de dar su primer paso, sintió un ligero golpe en su hombro al tiempo que vio como Rudolf levantaba el otro brazo de Elizabeth y la ayudaba a cargarla. Philippe le aceptó la ayuda, creyó que era lo mínimo que merecía después de todo aquel cansancio, aunque al mismo tiempo aceptaba que Rudolf, tal vez era menos molesto de lo que había pensado, al menos por ahora, mientras se mantenía callado. 325
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— - Sabia que podías lograrlo, en realidad estamos muy agradecidos con lo que has hecho… – le dijo Rufolf a un Philippe, que lamentaba profundamente tener que empezar a escuchar aquel parloteo. Después de un lento caminar, que se sintió aún más largo por la incesante platica de Rudolf, los dos hombres llegaron ante un salón impresionante, rodeado de un conjunto de pisos abiertos, los cuales formaban un enorme cuadrado en el centro, donde una especie de enorme campana negra se erguía como un monumento extraño. Alrededor de esta, un conjunto de hombres, todos vestidos con batas blancas, la revisaban constantemente y de forma tan meticulosa que apenas notaron cuando Torre y su sequito hicieron su aparición. Philippe, por otro lado, estaba sorprendido, por afuera, toda la estructura parecía estar en pésimas condiciones, pero por dentro, todo, o al menos esa parte de las instalaciones, parecía nueva, casi reluciente, como si aquel lugar no hubiera sido abandonado durante los años de la crisis económica, es más, era como si ésta jamás la hubiera azotado, como si simplemente la hubiera pasado por alto. Al avanzar un poco más, vio a otra persona, una que no armonizaba con lo que parecía el ritual de adoración de los científicos por la industria, o la marcha de peregrinación de los monjes de Torre; era un hombre alto y de edad avanzada, vestido con ropas sumamente elegantes, esmoquin negro, abrigo largo y un reluciente sombrero de copa, sosteniéndose en un bastón de cabeza plateada mientras contemplaba el ir y venir de los hombres de bata, con un garbo lleno de orgullo. - Lord Hopkins, usted que siempre anda tan bien vestido, ahora decidió arreglarse aún más, ¿por qué tanta pompa? – le dijo Torre con gentileza al acercársele. 326
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA - Quise estar presentable para cuando la hagan funcionar. Debo de admitir, que no recuerdo haberme sentido así de emocionado que desde que era un niño – respondió el caballero de esmoquin. - No hay nada raro en eso, todos nos sentimos así en estos momentos - le respondió Torre, pero el Lord apenas lo escuchaba, él solo seguía concentrado en lo que estaba seguro, significaba el fruto de su inversión, la forma de su venganza, la última arma de guerra. Diseñada a partir de los miles de planos y teorías alemanas sobre levitación, construida a través de miles de gastos en personal y material, todo, consagrándose a un único fin, algo que la sociedad del sol negro compartía con él, algo que le habían jurado conseguir; un mundo como el de antes. La venganza y la esperanza, el odio y la ilusión llenaban su corazón y mente mientras recorría cada milímetro del aparato con sus ojos, saciándose en lo único que le quedaba, pero al girar un poco la cabeza, dio un salto de sorpresa al ver al par de hombres al lado de la joven desmayada, mientras sus ojos oprimían las arrugas a su alrededor al momento de abrirse, de inmediato, soltó el bastón y empujando a Torre, dio unos pasos inesperadamente rápidos para alguien de su edad, hasta llegar hacia Elizabeth. - ¡Por la Virgen María!, ¿Qué demonios pasó aquí?, ¡¿Qué hace ella aquí?! – le preguntó lleno de indignación a Philippe mientras lo sujetaba del saco con fuerza. - ¡Suéltame viejo! – le gritó Philippe al quitárselo de un movimiento. El viejo, sin seguirle replicando, se dio la media vuelta, y mirando directamente a Torre le gritó - ¿qué se supone que está pasando aquí?, quiero una explicación y de inmediato – aquello realmente era una sorpresa para él, por supuesto que había escuchado de la desgracia que había sacudido a New Exeter, por lo que suponía que aquella jovencita ya estaría muerta. Ciertamente aquello le había afectado, no tanto como para quietarle el sueño, o distraerlo de sus planes, pero al verla en ese lugar y en esas condiciones, sus 327
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— reprochesinternos estallaron por dentro. Se suponía que el sol negro traería “la llave”, un supuesto artefacto arcano que serviría como fuente de energía para “la campana”, la cual había sido construida gracias a una millonaria inversión de su parte, pero en lugar de cumplir con su parte, Torre y los suyos no habían hecho sino llevar al reflejo de lo que él sentía, era una imagen de lo que hubiera sido su nieta. - ¿Explicación? - le contestó Torre con extrañeza – pero si ahí está la llave, ¿acaso no fue eso lo que acordamos? – - ¡La llave!, ¡ella! – respondió Hopkins, aterrándose con solo decirlo, llenando su mente de escenas de horribles posibilidades. Torre se le quedó mirando y acercándosele con calma lo tomó del hombro y le señaló a la muchacha – Lord Hopkins, ¿en qué concepto nos tiene?, por supuesto que no, la llave está en el cuello de la señorita. Es aquel pendiente de plata – La mirada de Hopkins se calmó de repente, y dando un ligero suspiro dejó salir toda la tensión, a excepción de un último rastro de preocupación que volvió a salir en forma de una última pregunta - ¿y ella?, ¿qué pasara con ella? – Torre giró la cabeza y miró a Rudolf fijamente, como acusándolo de algo que él tampoco sabía bien, como tratando de encontrar una respuesta inmediata. Rudolf, asustado, levantó la cabeza e inclinándola un poco, fijo sus ojos en Philippe. - No fue mi culpa, por más que lo intente, no pude quitárselo. Era como estuviese pegada a ella – respondió Philippe mientras veía fijamente a Torre, tratando de mostrarle lo poco de la dignidad que su maldita sociedad aún no había podido arrebatarle. Pero Torre se acercó a la joven, moviéndose como si no escuchara las palabras de Philippe, y tomando el pendiente, lo miró con cuidado. Sus ojos azules se abrieron tanto como dos limones, al tiempo que su boca se quedaba entre abierta, en suma, toda su cara ahora mostraba la expresión de cualquier retrasado. 328
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA - ¡Por todos los dioses!, ¡esto es mejor de lo que pensé! – decía Torre una y otra vez en voz baja, casi repitiendo aquella frase como una especie de oración. - ¿Entonces qué va a pasar con ella? – dijo Lord Hopkins, interrumpiendo el trance de Torre, pero ante el silencio de este, le sujetó el hombro con firmeza. De inmediato, Torre se dio la vuelta, su rostro ahora mostraba la serenidad habitual y mostrando una leve sonrisa le contestó – ella estará bien, solo le quitaremos la llave y la dejaremos donde debe de estar – - ¿Pues qué espera?, ¡quítesela! – insistió Hopkins. - Por desgracia no es tan fácil, parece que el joven “ajenjo” tiene razón, el colguije presenta una especie de conjuro de enlace, lo que impide a cualquiera retirarlo de donde este ha decidido quedarse – respondió Torre, pero antes que el viejo pudiera añadir algo, continuó – pero no hay de qué preocuparse, hemos traído expertos en el tema, en pocos minutos tendremos la llave a nuestra completa disposición – Lord Hopkins se mostró un poco incrédulo ante la confianza que mostraba su supuesto asociado, desde el principio desconfió de ellos, pero entre más pasaba el tiempo, más se daba cuenta que el sol negro mantenía sus secretos en el más férreo recelo, y a pesar de que él se había convertido en el mecenas de la organización, aún lo trataban como a un extraño, como a alguien a quien se le debía de mantener en el misterio. ¿Acaso no eran socios?, no, claro que no, nunca lo fueron, sin embargo, un hombre de su experiencia, sabía que en las negociaciones importantes siempre se guardan reservas entre las partes, cuidándose la una de la otra, porque como se dice, entre dos asociados, siempre sobra uno. Por su parte, a él lo que le molestaba era que lo trataran como a un idiota, aunque sabía sacarle provecho a eso, así que mientras ellos parecían exprimirle cada centavo, él los había investigado. Sabía que el verdadero nombre de Torre era Adam Alfred Rudolf Glauer, un alemán nacido en Turquía, 329
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— fundadorde varias órdenes y grupos esotéricos, de los cuales solo este quedaba. Al final, no era sino solo un loco con suerte, aunque no se podía negar las supuestas capacidades mágicas del hombre, en aquellos tiempos, ya no se podía estar seguro de que aquellas afirmaciones fueran solamente tonterías o locuras, sin embargo, él también tenía ases bajo la manga, los científicos que había contratado también tenían entrenamiento en tiro, y todos, como buenos ingleses, eran más que buenos en ello, además, las pistolas que usaban poseían los interiores de alfileres de hierro, los mismos que utilizaba el ejército contra la hechicería antigua, así que de una u otra forma, podría resolver los problemas que pudieran surgir con sus disque amigos - ¿expertos? - preguntó con curiosidad – creí que ustedes eran los más expertos en el tema – - Aún hay mucho que desconocemos del mundo mi querido Lord Hopkins, de lo contrario no hubiese fundado la orden – respondió Torre de forma inmediata. Hopkins rió un poco, como si aquello hubiera sido un buen chiste, aunque dando un leve reojo, miró a uno de los hombre de bata, el cual le respondió con un leve asentir – bueno, me informan que el aparto no tiene ningún cable suelto, así que por mi parte, todo está completo. Solo faltaría la suya, mi querido señor Torre – dijo con complacencia. Torre asintió y regresando la mirada a Rudolf, le ordenó que llevara a la joven a la sala de ceremonia, una parte de Hopkins quiso oponerse a eso, pero creyendo que aquello solo provocaría tensiones, se mantuvo callado, esperando que las palabras que le había dicho Torre fueran ciertas, esperando que en verdad nada malo le sucediera a la pequeña joven de risos dorados. Con esto, un enorme sentimiento de culpa empezó a crecer rápidamente en su pecho, ¿realmente sería capaz de poner en peligro a una persona inocente solo por su venganza?, aquella joven había sido lo único que había logrado hacerle sentir alegría en años, aunque hubiera sido solo por unos momentos, 330
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA casi como si su nieta hubiera regresado de entre los muertos solo para sacarle una última sonrisa a su abuelo, para al final, ser entregada a las manos de un montón de miserable. - Le digo que todo estará bien – le dijo Torre mientras lo tomaba del hombro. Lo que Hopkins entendió de inmediato como una advertencia, de la capacidad de aquel hombre de leer las emociones ajenas, así que rápidamente se dio la vuelta y recuperando el porte, se tragó toda su preocupación y culpa y regresó caminando por su bastón. - Unos minutos más y todo volverá a como era antes – dijo mientras se levantaba y miraba de nuevo la obra de su vida. - Todo volverá a ser como debió de haber sido desde un principio – complemento Torre, viendo el artefacto en forma de campana, como si acompañara a Hopkins en sus pensamientos y deseos – como debió haber sido – repitió en un suspiro lleno de una pasiva emoción, leve, como invocando un sueño. - ¿Qué demonios fue todo eso? – le preguntó Philippe a Rudolf mientras caminaban hacia un conjunto de corredores, todos dirigidos hacia lo que parecía ser una especie de cafetería, aunque adornada con velas y cortinas oscuras, casi como si fuera un templo, donde en la parte superior, un enorme símbolo circular, en el que se encontraban un conjunto de líneas rectas, como si aquello fuese el dibujo de una rueda, colgaba en una enorme bandera. Rudolf giró la cabeza y le miró fijamente, pero no le respondió, tal vez porque no sabía bien lo que estaba sucediendo, o quizá tenía miedo de contarlo, a esto, Philippe dejó de insistir, prefirió concentrarse en lo último que quedaba de su trabajo, pensando solo en lo poco que le faltaba para largarse de ahí. Tras unos cuantos pasos, llegaron 331
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— hastauna especie de altar central, en el que recostaron a Elizabeth, la cual empezaba a moverse ligeramente, como si estuviera en su cama, soñando plácidamente con cualquiera de las cosas con las que pudiera soñar semejante ángel de oro. Philippe posó sus ojos en ella y en sus leves movimientos. En un principio, sentía curiosidad de saber por qué Torre había reaccionado así cuando la vio, claro que se había centrado en el colguije, la supuesta llave hacia un poder más grande, o algo así, pero por un segundo la miró a ella como si se tratara del premio mayor. Quizá solo eran las manías de un viejo pervertido, una de las cosas que empezaban a creer que eran comunes entre los alemanes, pero quisiera o no, sabía que Elizabeth no era sino una pobre inocente, la cual no tendría por qué estar en aquel lugar, y menos con aquellos hombres. Un poco de culpa empezó a subírsele hasta más allá del pecho, clavándosele con más fuerza a medida que avanzaba por su garganta, pero en ese momento, mientras desviaba la mirada en un intento por huir de la culpa, se quedó mirando una enorme lienzo, en el que una especie de círculo gamado aparecía en el centro, justo detrás de la imagen de una espada parecida a las romanas, pero lo que le sorprendió eran las palabras que aparecían abajo; Thule-Gesellschaft. - ¿Thule? - se dijo a sí mismo, pero Rudolf, al escucharle, se le acercó y sujetándolo del hombro le dijo – la patria original de los arios, la isla del norte del cual proviene toda nuestra raza, el hombre superior – Philippe lo miró con cierta sorpresa, ya que no se esperaba ningún tipo de respuesta – ¿Gesellschaft?, ¿Quién es ese? – le preguntó. Rudolf se mostró extrañado, pero de inmediato se dio cuenta de lo tonto que sería suponer que todo mundo hablaría alemán, por lo que se limitó a traducir la expresión – ahí dice; sociedad Thule, mi amigo – 332
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA - Thule – repitió un Philippe desconcertado, evidentemente no sabía nada de alemán, pero si sabía que por alguna razón, su apellido aparecía en aquella lona como si perteneciera a alguna marca. Durante mucho tiempo se le dijo que sus ancestros poseían sangre de las mejores casas de Francia, y el resto de Europa, aquello siempre le gustó, principalmente de niño, pero al ver aquella palabra, allí, y de esa forma, no pudo pensar que se trataba solo de una coincidencia. La guerra, los antiguos, el sol negro, su apellido, su secreto, todo tenía que encajar de alguna manera – no puede ser una coincidencia – se dijo. - Las coincidencias no existen – le dijo Rudolf – es más, quizá Thule sea Ávalon, tal vez los arios solo somos antiguos perdidos, elfos que solo desean volver a su tierra, olvidados en un mundo gobernado por creaturas inferiores, las cuales han deteriorado nuestra sangre al punto de casi haber destruido nuestra verdadera naturaleza – Philippe escuchaba cada palabra, pero no podía comprenderlas en su totalidad, no por su significado, sino por el momento, de alguna manera su mente aún permanecía concentrada en las palabras del lienzo, como si aquella frase le hipnotizara de algún modo, sin embargo, su cuello se giró con lentitud y con un gesto de completa confusión miro a Rudolf, quien le sonreía amistosamente. - No te preocupes, pronto volveremos a nuestro verdadero hogar, pronto todo volverá a ser como era antes, como debería haber sido – le dijo sin quitar la alegría de su rostro. De inmediato Philippe se dio cuenta de todo, y lleno de una horrible sorpresa se quitó la mano de Rudolf de encima y dando un paso hacia atrás, se giró rápidamente, en un claro intento por corriendo de ahí. Rudolf, por su parte, comprendió demasiado tarde su estupidez, sin querer, había dejado que las simpatías que sentía por Philippe le hubieran aflojado la lengua y en un intento por arreglar todo, alargó su mano y 333
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— sujetándolocon fuerza del brazo, le dijo – no, espera, creo que no me entendiste – sin embargo, Philippe ya se había encarrerado lo suficiente como soltarse con facilidad, y sin perder un segundo de tiempo, se lanzó corriendo hacia el pasillo por el que había entrado. Adentro de su mente, las ideas danzaban erráticas, chocando unas con otras en un caótico intento por organizarse, por tratar de comprender la situación, pero con cada paso, con cada respiro, todo lo que se había logrado enlazar, era rápidamente sacudido. Por alguna razón se sentía como si encontrara en un lugar conocido, corriendo entre calles sucias, bajo un cielo nocturno gobernado por el humo y las ráfagas de millones de balas surcando el cielo. Rostros sin vida amontonados en cada ventana, en cada pilar destruido, en cada pared derrumbada, y las pisadas, si, las pisadas eran lo más aterrador de todo, siempre avanzando en un ritmo indetenible, haciéndose más fuertes cada vez. Todo cambiaba a su alrededor, los recuerdos sustituían al presente mientras aceleraba la carrera hacia lo que parecía ser un destino imaginario. Por un instante pareció recobrar el sentido de donde se encontraba, pero solo para caer más en la desesperación al verse perdido, de inmediato, los recuerdos, aquellas escenas de muerte y destrucción le alcanzaron de nuevo, empujándolo, obligándolo a correr otra vez, a tratar de perderse una vez más de la realidad, cuando la vio, una inmensa mano metálica, brillante, saliendo de la nada, rompiendo todo a su alrededor, lanzándose contra él. El golpe había sido muy fuerte, casi tanto como la sorpresa de haberse encontrado contra un obstáculo salido de la nada. Philippe trataba de ponerse de pie, pero entre jadeos, giraba la cabeza de forma frenética, buscando la inmensa mano que lo había atacado, pero lo único que pudo ver, fue un conjunto de siluetas a su alrededor, todas rodeadas a su vez, por las frías paredes del lugar, pero ninguna mano, ningún cielo en 334
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA llamas, ningún cadáver, nada. Lentamente, su jadeo empezó a ceder ante el despertar a la realidad, y aunque su miedo seguía latente, logró obtener la suficiente calma como para intentar levantarse, aunque al primer esfuerzo, pudo escuchar los horribles sonidos que aún le despertaban en sus pesadillas, melodiosos, como susurros de sirena; voces en lengua élfica. Sus parpados casi se entumecieron en el acto, al igual que sus manos, fundiéndose con el frio del lugar y ahora, todo su cuerpo se volvía tan inmóvil como una estatua de granito, solo sus ojos se mantenía en movimiento, girando, posándose en cada una de las figuras que se encorvaban ante él, una de ellas movió su mano, y tras desprender una especie de resplandor, sacó una reluciente espada y la colocó tan cerca de él, que la punta se veía demasiado borrosa, como un manchón irreconocible. - ¡ALTO! - gritó alguien al final del pasillo, corriendo de forma precipitada, colocándose justo al lado de Philippe y levantándolo con cuidado, manteniéndolo lejos de la punta de la espada – él es uno de los nuestros – Aún con la garganta seca del susto, Philippe giró para ver la cara de Rudolf, sereno, aunque en sus ojos se percibía cierto nivel de miedo, pero de inmediato, la giró de nuevo, viendo las caras de quienes estaban enfrente de ellos, quietos, con aquellos ojos claros, fijos, como animales de presa, todos con caras pálidas y rostros inexpresivos. - Hess, supongo. Es un placer verle, veo que ya se ha desocupado de sus asuntos en Persia – habló uno de ellos, un elfo alto, de cabello negro y ojos grises, su cara, su porte, incluso su voz parecía emular la idea de un enorme lobo al mismo tiempo que se mostraba distante, como renuente a cualquier contacto con un hombre. - ¿Uno de los nuestros? – preguntó otro elfo, el mismo con el que había chocado Philippe. 335
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— Ante esto, Hess movió su brazo y con un rápido movimiento retiró el ghutra de la cabeza de Philippe, pero antes que este pudiera siquiera reaccionar, el elfo se le acercó con cuidado, observando el par de orejas puntiagudas que sobresalían de los cabellos del joven asustado. Al retirarse un poco, miró a Rudolf por un instante, pero volviéndose a Philippe le dijo unas palabras en idioma antiguo. Ante el silencio del joven, volvió a preguntar, pero al ver como se quedaba sin respuestas, se le acercó una vez más y le pregunto en inglés - ¿quién eres muchacho? – Philippe no respondió, se quedó helado, perdido ante la fría mirada del elfo. Rudolf no supo que contestar, la pregunta no estaba dirigida a él, y sabía por experiencia, que los antiguos no toleraban respuestas que pertenecieran a terceras personas, así que solo se acercó por la espalda, y con un ligero movimiento de hombro, empujó a Philippe. Pero este permaneció en silencio. Un segundo empujón pareció despertarlo, pero la reacción que provocó no fue la esperada. Con pasos temblorosos, Philippe se dirigió hacia la pared, solo para quedarse quieto un segundo y regresarse corriendo por donde había venido. - Linda forma de entretenernos, Hess – le dijo el enorme elfo a Rudolf mientras veía la silueta del joven perderse en una esquina. Rudolf no lo escuchó, solo pensaba en que todo aquello era sin duda su culpa, muchos de sus compañeros, incluso el gran maestro le había advertido de su impulsividad, y sobre todo, de su incapacidad para mantener secretos, y él sabía que no pasaría mucho tiempo antes que todo eso le provocara verdaderos problemas. - Señor Dramorion, créame, ese joven es de confianza, fue él quien nos trajo la llave, pero en todo caso debo disculparme por su actitud – replicó Hess al elfo, tratando de dejar las cosas en claro. Los elfos, en su mayoría, siempre eran precavidos, y ver gente desconocida no ayudaba a mantener las cosas en un estado apacible. 336
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA Dramorion puso su puño sobre su pecho y dando una ligera inclinación le dijo a Rudolf – para nada amigo Hess, nosotros debemos de disculparnos por llegar tan de repente – Rudolf sonrío, sintiéndose aliviado que todo se hubiera resulto sin mayores complicaciones, había escuchado que los caballeros eran personas difíciles de tratar, sin embargo cuando se encontraban tranquilos eran bastantes condescendientes. Pero cuando parecía calmarse, miró al pasillo por donde había llegado, por donde Philippe se había ido y como volviendo a su agitación, se despidió de Dramorion y corrió hacia Philippe, con la idea de alcanzarlo de nuevo. Los elfos lo vieron correr sin decir nada, aunque todos pensaban en lo absurdo de la figura humana. Hess era alto, del tamaño de un elfo bajo, pero carente de su gracia. En comparación con ellos, era solo un barril muy grande. - ¿El joven? – preguntó un elfo. - Es probable que se trate de uno de esos desertores, o hijo de uno – contestó Dramorion, refiriéndose a aquellos elfos que habían salido de Ávalon para emigrar a las tierras del hombre, aunque si bien durante miles de años la migración no había sido desconocida, desde el ascenso de la orden, había aumentado. - Era uno de esos creyentes de Erutulcien, el hijo de Dios, el crucificado. Vi una cruz dorada colgando de su cuello – replicó otro elfo, uno alto de semblante sombrío y ropajes largos que cubrían casi todo su cuerpo. - No - respondió otro – noté algunos rastros de vello facial rasurado. Es un semihombre. Y por cómo nos vio, dudo que haya sabido del imperio antes de la guerra – Dramorion bufó un poco. Era solo un presentimiento, pero sentía que todo terminaría mal. Los Thule eran solamente humanos, creyentes de una falacia en la que 337
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— loshombres y los elfos pertenecían a una sola raza, los llamados “hipérboles”. Claro que hubo hombres en Ávalon, de hecho, todavía los había, pero ellos nunca habían pertenecido a su pueblo. Pero que importaba si lo que creyera Thule era cierto o no, después de todo, una vez que consiguieran la llave, dejarían de serles útiles. Quizá les perdonaría la vida. Después de todo, nunca se sabe cuándo se pueden llegar a necesitar más esclavos. Todo había sido planeado, el sol negro, no, la sociedad de Thule y los antiguos habían estado trabajando juntos, quien sabe desde hace cuánto tiempo, de alguna forma habían evitado a la inteligencia aliada. Y él los había ayudado. Eso era lo peor de todo, podía aguantar haberse convertido en un perro, pero esto ya se había convertido en algo demasiado grande como para soportar, no lo podía saber, no conocía sus planes a detalle, pero sentía como si su aportación en los designios de la sociedad Thule no hubiera sido poca cosa, y era posible que por su culpa, algo terrible sucediera. Philippe corría como loco y con cada paso que daba, le costaba más trabajo para mantenerse fijo, sin caerse, pero no podía darse el lujo de detener la carrera. Sabía que tenía que hacer algo para resarcir su error, aun cuando el peso de su secreto amenazara con destruirlo. De niño, jamás creyó que lo que entonces consideraba como un simple rasgo gracioso, se convertiría en un sello de muerte, ¿por qué tuvo que nacer con aquella característica?, ¿acaso su familia era antigua?, por supuesto que no, todos los varones de su familia habían nacido con aquellas orejas, y todos, siempre fueron desde tiempos remotos, nada más que simples humanos. Solo humanos. Eso era un hecho. Pero, ¿acaso importaba?, si la gente lo veía con eso, simplemente lo matarían, sin la más mínima oportunidad de poder exponer la verdad, por supuesto que hubiera sido todo más fácil si se hubiera cortado las orejas, pero entonces como podía llamarse a sí 338
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA mismo un Thule. Quizá el apellido era lo único que quedaba, de lo que una vez fue una poderosa dinastía, pero no era por eso que se mantenía completo, sino por una extraña sensación, solo eso le mantenía el recuerdo de su familia, tal vez era una estupidez, pero no podía explicarlo, no quería hacerlo, solo quería mantener vivo cualquier recuerdo de ellos. Después de varios pasos mal dados, se dio cuenta que había regresado al mismo lugar que había identificado como un comedor, a donde la bandera de la sociedad de Thule le había hecho empezar su extraña carrera, por un momento empezó a agitarse al verse de nuevo en el punto de partida, pero al ver a Elizabeth en el fondo, quieta, aún dormida, ignorante de todo lo que pasaba a su alrededor, por un instante tuvo envidia de ella, de su lejanía por los problemas que azotaba su cabeza, pero al mismo tiempo creció en él un sentimiento diferente, una responsabilidad con respecto al mundo. Si los antiguos querían el medallón que portaba aquella figura de rizos dorados, él se aseguraría que no la obtuvieran. ¿Qué importaban ahora sus recuerdos?, ¿qué valor tendría su vida?, ¿cómo podría considerarse a sí mismo como un hombre si no hacía algo al respecto de su suerte?, una vez más pensó en lo infantil de su postura, de cómo aquel valor bien podría ser solo un berrinche voluntarioso, pero la verdad, él sentía que al final de cuentas, solo importaba el resultado. Si podía arrebatarles a los antiguos su supuesta carta de triunfo, si lograba salvar a aquella joven, y si podía vengarse, valía la pena arriesgarse. Decidido, se acercó a ella y levantándola con fuerza, notó como parecía sentirse más ligera que las otras veces, sin embargo pensó que aquello no podía ser sino algo bueno y sin sobre analizarlo demasiado, solo empezó a trotar hasta lo que parecía ser salida, manteniendo su frente en alto y la férrea esperanza de no equivocar el camino otra vez. 339
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— - Esos ingleses tardan mucho en activar “die glocke”. Supuestamente era científicos de calidad – dijo un hombre en una de las puertas del complejo mientras encendía un cigarrillo. - Solo buscan asegurar que todo esté bien hecho, como nosotros, Ulrich, buscan la perfección de los detalles – respondió su compañero. - ¿Cómo nos camparas con ellos?, esos sajones solo se tardan porque tiene una noción del protocolo demasiado absurda, son simples marionetas de sus horarios ridículos – - ¡Ulrich, ya supera la gran guerra! – le respondió su compañero con cierto reproche – si sigues viendo todo eso como un asunto personal vas a terminar loco – Ulrich giró la cabeza y se le quedó mirando con desdén - ¿acaso olvidas las palabras del Führer?, ese laxismo moral no es sino el camino al relativismo Weber, no lo olvides – Su compañero se le acercó y colocando una pesada mano sobre su hombro, apretó la carne de Ulrich y le dijo – niño, no olvides que yo estuve en aquellas malditas trincheras por más de cinco años, tres en Europa, y dos en México, así que empieza a darte cuenta de lo que dices. Si yo puedo ver más allá de mis propias experiencias, no dejes que lo que apenas conoces por los libros, terminé por consumirte. El Führer lo sabía, pero no lo practicaba – ante esto último, Ulrich lo miró con acusación, pero intuyendo esto, Weber se dio la vuelta y concluyó – aunque eso no le quitaba que era un gran hombre – ciertamente lo creía, pero no se dejaba cegar como la mayoría de los miembros del partido a los que conoció. Aquellos no podían imaginarse el nacionalsocialismo sin la figura de “Adi”, claro que era una persona simpática, al menos en el tiempo que lo había tratado, pero reducir todo aquel movimiento a una sola persona, aun cuando se trataba de su fundador y máximo pensador, no era una 340
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA estrategia conveniente. Al final se demostró su punto, sin el Führer, todo el partido cayó en la anarquía al cabo de un año. Quizá fue para bien, en el tiempo que había estado en México, había conocido al mismo secretario general, un hombre llamado Madero, alguien que como “Adi”, parecía tener la capacidad para empezar grandes proyectos, pero no para consagrarlos. De haber seguido todo por el mismo cauce, tal vez Alemania no se encontraría con aquella promesa de resurgimiento, así que quizá, el fin del partido había sido para bien, “al menos muchos compañeros lograron llegar al gobierno”, pensó mientras volvía a colocarse en su puesto. “Maldito débil”, pensaba Ulrich, viendo a su compañero de ronda, poniendo sumo interés en la forma en la que agachaba la cabeza al quedarse completamente quieto, como un perro sumiso a su destino. Aún dudaba de cómo el partido pudo haber estado lleno de semejantes inútiles, miembros de la vieja guardia prusiana, reaccionarios natos ante los principios revolucionarios de la izquierda nacionalsocialista. Para él, era más que una pena la muerte del Führer, sin su liderazgo, Alemania estaría condenada a una esclavitud de servicio a los especuladores judíos y a las compañías inglesas, condenada a una fachada de crecimiento económico que solo disfrazaba la pérdida de los valores alemanes. Al final, se decía, el capitalismo voraz del imperio inglés, terminaría por consumir todo rasgo de desarrollo. De Europa, solo Italia había escapado del servicio a su majestad, y era una lástima que Alemania no hubiera podido seguir su ejemplo. Pero mientras Ulrich mantenía la cabeza en su mundo, su compañero alzó el brazo y en medio de un gritó de advertencia, lanzaba un hechizo hacia le enorme mole que se le venía encima. Solo cuando lo tuvieron a pocos metros, el joven pudo despertar ante lo inesperado, pero para ese entonces, su compañero salía disparado hacia la reja de metal, solo para ser impactado entre ésta y la defensa de un enorme camión, que, sin 341
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— detenersu velocidad, arrasó el portón de metal hasta detenerse en el interior del complejo, arrastrando las llantas con un horrible chirrido. Ulrich se quedó anonadado, no supo qué hacer, en un instante estaba platicando con el viejo reaccionario que tanto llegaba a detestar y ahora estaba frente a una escena de desastre, ante una situación para la cual no estaba preparado. Rápidamente su sistema empezó a ordenar sus movimientos, pero su cuerpo reaccionaba lentamente a los comandos de su mente, poco a poco, comenzó a levantar su mano, concentrando en ella el primer hechizo que recordaba, pero un solitario disparo salió de la cabina del camión y antes que pudiera maldecir su suerte, su cabeza era perforada por una serie de perdigones, lanzándose ligeramente hacia atrás, solo para desplomarse junto con el resto del cuerpo, en silencio. La puerta se abrió con una patada, y una figura bajaba de la cabina con sumo cuidado, haciendo sonidos metálicos mientras movía su inusual silueta, abultada en una cintura llena de armas, sujetando con fuerza una pesada escopeta, caminaba con un paso extraño hacia la única puerta iluminada que se podía ver entre la oscuridad del lugar. Lentamente se empezaban a distinguir sus facciones a través de la poca luz, un par de pupilas grises brillaban mientras eran adornadas por una corona de venas rojas, casi palpitantes, saliendo como raíces de sangre de ojeras oscuras. Su boca, se movía de forma frenética, como temblando, tal vez por el frio de la noche, o quizá por estar maldiciendo en voz baja, repitiendo un mantra de preparación, como una oración para abrir las puertas del infierno. Vlad había llegado. 342
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA XV EL ROSTRO DE MI ENEMIGO Alice no sabía que más decir, ya les había contado todo lo que ella recordaba, pero sabía que aún quedaban detalles que su mente omitía, quizá para protegerla a si misma de malos recuerdos, pero la importancia de cada fragmento, por más pequeño que fuera, era vital. Las luces parpadeaban de vez en cuando, pero en sí, nada en la habitación le parecía molesto, el mueble era cómodo, y el café era bueno, el café mexicano siempre lo era, pero aún con todo, se sentía incomoda, como fuera de lugar, pensaba en que no les estaba ayudando mucho a sus nuevos amigos y que en cualquier momento utilizarían otro tipo de tácticas para sacarle información, eso, o que darían por terminado su trato por no encontrarle ya nada de utilidad, pero por el momento todos se mostraban tranquilos. - Es difícil recordar cada detalle – le dijo Federico mientras se sentaba junto a ella y le daba un sorbo a su café – creo que lo mejor sería que descansaras, en la mañana podríamos seguir hablando – - Estoy bien – le contestó Alice. - Creo que tu mente está cansada. Hazme caso – le respondió al tiempo que ponía su mano sobre la de ella. Alice sintió que aquello ya era un gesto exagerado, como si buscaran ganarse su confianza de una forma demasiado plástica, aunque, por el mismo lado, no sintió hipocresía por parte de Federico, de una y otra forma, él se había mostrado bastante honesto, si bien utilitarista, e incluso ventajoso, honesto a fin de cuentas. Sin decir algo, Alice solo asintió y después de que le trajeron un par de sabanas, las 343
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— tomóy se recostó en el sofá, cerrando sus ojos en un intento de conciliar el sueño. Federico tomó la grabadora y ordenándole al guardia que se retirara, lo acompañó a la salida, cerrando la puerta con cuidado de no hacer mucho ruido. Los grillos cantaban constantemente, llenado la noche con su peculiar bullicio de sonidos, y la luz de la luna entraba por una abertura en las cortinas, iluminando lo que parecía un archivero al lado de una planta de sombra. Entre movimientos, Alice se dio cuenta que dormir no le sería tan fácil, aún sentía todo aquel peso en su pecho, pero su cabeza aún daba vueltas entre escenas salteadas de sucesos que parecían fantasías. Después de un par de giros más, se dio por vencida, si tenía que pasar toda aquella noche en vela, lo mejor sería hacer algo, caminó hacia la lámpara y la prendió, viendo hacia todos lados, esperando encontrar algo que la distrajera, o la cansara. Después de un par de segundos inspeccionando, su vista se posó en una mesa llena de papeles y sin encontrar algo mejor se acercó a ella, esperando ver algo de su agrado, pero tras un instante de revisión se llenó de decepción al ver hoja tras hoja de escritos, todos en español, pero a un momento de rendirse, abrió un archivo grueso, y con sorpresa vio como todo estaba escrito en inglés. Después de un momento de hojear todo el paquete, se dio cuenta que lo que tenía en sus manos era una especie de traducción de documentos antiguos, los cuales, estaban también siendo traducidos al español, y tras pasar unos conjuntos de páginas, empezó a poner más atención en lo que estaba escrito en ellas. Prisionera AVL912647… de los diarios… trasladada al campo de prisioneros nivel A en la Habana… información contenida… a los encargados permitentes se les concedió luz verde para el proceso de interrogación… texto completo… 257 344
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA páginas… revisión por parte del comando aliado supremo en coordinación con las Naciones Unidas, bajo el número de folio 22455… Aquello parecía ser un diario, y de un antiguo. No sabía que el comando aliado se pusiera a recopilar ese tipo de cosas, pero en realidad eso no le parecía fuera de lo común, claro que no se imaginaba a Rommel leyendo semejantes cosas, pero definitivamente a alguien como Federico sí. Después de pasar hoja tras hoja de lo que parecía ser un conjunto de descripciones y detalles de órdenes, pareció encontrarse con lo que era el diario en sí, sin darse cuenta como el poco cansancio se empezaba a desvanecer de su cuerpo sustituyéndose por una creciente curiosidad. Veinticinco de la luna 119620 (15 de abril de 1912) “¿De 119620?” pensó, acaso los antiguos contaban el tiempo de una manera distinta a la humana, realmente aquello no era en sí sorprendente, ellos eran una cultura distinta, incluso una especie diferente, pero considerar un número tan grande de unidades refería a una cronología muy antigua, en todo caso se podía deducir que ellos poseería una civilización demasiado arcana. Los humanos empezaron la historia alrededor del siglo IL antes de Cristo, eso significaba que los antiguos reconocían su era actual en un periodo más largo que los hombres, además, que la cronología humana actual se basaba en el nacimiento de Cristo. Tal vez, a diferencia de lo hombres, los elfos no habían tenido diferentes sistemas de medición de su tiempo y desde el principio se habían mantenido en una cuenta única. Alice ya no sabía que era más sorprendente, poseer eras largas, o una única unidad histórica, en cualquiera de los dos casos, los antiguos demostraban ser muy diferentes de los hombres. 345
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— Veinticinco de la luna 119620 (15 de abril de 1912) Todo ha mejorado, nos sentimos mejor cada día que pasa, padre se ha reunido con el consejo y me han aceptado en el salón de instrucción. Ni yo puedo creer lo feliz que estoy, al fin podré salir de Brynnwyn, no es que no me guste la isla, pero desde hace mucho tiempo que quiero ver el continente con mis propios ojos. Por la luna misma que estoy emocionada. Sé que aún soy muy joven, pero oportunidades como esta son muy importantes como para dejarlas pasar de largo. Todos siempre me han visto como alguien demasiado eufórica, a veces yo misma pienso que soy demasiado alegre para mi gente, pero dudo que sea la única. Padre siempre ha dicho que nunca hay que confundir el vivir mucho con el vivir bien. A veces pienso que solo lo dice porque él no es tan viejo como la mayoría en la isla, y de hecho me he enterado que él era mucho peor que yo. Diez de la luna 119626 (20 de septiembre de 1912) Las pruebas han sido duras, pero no me voy a dejar ganar, he soñado con esto casi toda mi vida y no me voy a dar por vencida. Este año han aceptado a muchos, y las pruebas han sido bastante tendenciosas, todas fueron sobre guerra, como si quisieran que todos fuéramos guerreros. No tiene sentido, hace siglos que no hemos tenido problemas, ni con los enanos, ni siquiera con los orcos, son tan asquerosos, comedores de cadáveres. Aunque en lo personal, creo que los peores son los elfos de bosque, claro que son más limpios que todo aquel relleno con el que vivimos, pero su supuesta cercanía con nosotros es lo que me molesta de ellos. ¿Cómo pueden decir que nos parecemos?, ellos ni siquiera tienen ciudades, solo se mueven de aquí para allá en sus caravanas llenas de mugre. 346
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA No, me equivoco, lo peor son ellos, “los devoradores”, hace mucho que decidimos que lo mejor sería separar nuestras existencias, nosotros en el centro del mundo, ellos en la periferia. Sin embargo, según he leído, algunos sabios consideraron que fue mala decisión, ellos nos han olvidado y han empezado a desgastar al mundo. ¿Y qué?, aun cuando nos hubiéramos mantenido en contacto, ellos hubieran seguido siendo unos parásitos, solo saben vivir a costa de la muerte. Toda su civilización se centra en el fuego, viven del sol mientras huyen de la luna. La noticia de su “súper barco” no ha interesado demasiado, pero es satisfactorio saber que sin nuestra ayuda muchos de ellos hubieran sufrido una muerte bastante cruel en el agua helada. La cuestión importante está en si estuvo bien nuestra intromisión en su mundo. Sabemos que ellos ni cuenta se dieron de nuestra presencia, pero algunos sabios discuten sobre nuestro papel en la Gaia, dicen que debemos darnos a conocer y una vez más tener contacto con ellos y que la mejor manera de hacerlo es lenta y amigablemente. A mí no me parece buena idea, lo mejor es mantenernos aparte, si ellos no nos molestan con sus tonterías, nosotros no debemos presentarnos. Creo que me preocupo demasiado por cuestiones sin sentido, lo más importante ahora son las pruebas y pensar en otras cosas no traerá nada bueno. Pero desde que empezamos a ver la historia del mundo, y de cómo el pacto fue firmado, me es difícil concentrarme en algo más. Aunque cuando lo veo me siento en un mundo diferente. Me gusta tanto su sonrisa. Diecinueve de la luna 119630 (25 de enero de 1913) Me siento feliz, he recibido felicitaciones por parte de los instructores, me han dicho que poseo talento y que podré acceder a los siguientes dos niveles de la gran biblioteca. Aunque este día no han 347
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— permitidoentradas, parece que el consejo se ha reunido en la misma para meditar el (libro de los siglos). Cada año lo hace en Annwyn, pero parece que ahora buscaron cambiar de ambiente. Algunos creemos que en una falta de respeto a las tradiciones. Trece de la luna 119635 (17 de julio de 1913) Me siento exhausta, pareciera que nos están entrenando para una guerra o algo así, este año han sido muy severos. Por poco pierdo el acceso a la biblioteca, y ya es la segunda vez que me pasa. Me enteré que el consejo mismo ha solicitado la presencia del maestro para una audiencia, para amonestarlo por el tipo de entrenamientos a los que nos ha sometido. Qué bueno, así tendremos unos días de tranquilidad, por lo menos algo bueno ha salido de esto. En este punto Alice notaba la forma en que parecía cambiar la percepción que tenía sobre los antiguos, por momentos parecía solo estar leyendo un simple diario, como el de cualquier persona, y hoja tras hoja no percibía nada importante, de hecho ya empezaba a aburrirse de nuevo, pero al dar vuelta a un par que parecían insignificante, vio una anotación marcada con un par de letras más oscuras que el resto; G.W, “gran guerra” Diez de la luna 119649 (1 de agosto de 1914) Hoy llamaron a todo el salón a un anuncio que, según ellos, era importante, aunque ni a mí, ni a mis compañeros nos lo pareció, al menos en un principio. 348
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA ¿Cómo podríamos considerarlo así?, parece que ellos han empezado una serie de combates entre sí, según el gran concejal, esto podría detonar en una especie de guerra masiva en sus tribus, al principio no lo creí, pero las palabras del concejal tuvieron mucho sentido, al menos así me parecieron, aunque siempre he dicho que él posee mucha preparación. Como es posible que se le haya dado el mundo a semejantes brutos. Por lo que he escuchado, todo esto empezó por haber matado a un noble, es que no pueden ni respetar a sus líderes, o caso son sus líderes quienes no pueden respetar la ley. La ley hace al imperio, todos lo saben, todas las creaturas inteligentes lo aceptan, incluso las más primitivas. Y ahora, a causa de toda esa guerra tribal ridícula, se ha anunciado que se han suspendido las excursiones de meditación. ¿Por qué?, pregunto yo, acaso nuestros hechizos no nos ha protegido por milenios contra sus ojos, incluso contra su presencia. Somos los hijos de la luna, los primogénitos de la naturaleza, nuestra raza ya existía, ya escribía grandes obras de hechicería, ya danzaba y adoraba a los dioses cuando ellos apenas se erguían de entre las bestias Decir maldiciones es malo, así que solo las pienso. Diez de la luna 119650 (30 de agosto de 1916) Ya llevan más de dos años matándose unos a otros, y hoy han anunciado que han llevado los combates a (las grandes planicies entre los mares) pareciera que quieren llevar a todo lo que conocen a la destrucción. Últimamente he estado leyendo sobre ellos en mis tiempos libres, y me he dado cuenta que son tan contrastantes, crean y destruyen bajo los mismos pretextos. Me sorprende. Como pudieron llegar tan lejos siendo tan débiles, tan frágiles y enfermizos. Tan inferiores. Incluso sus lenguas me parecen graciosas, tan carentes de armonía, y su música es tan estridente. Sus bailes 349
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— soloconsisten en movimientos erráticos, como los temblores de los animales agonizantes. Son sucios, como todos los simios, roban, mienten, viven solo por deseos sin perspectiva. Claro que no se nos permite llamarlos así, supuestamente ellos también tiene el aliento del alma, pero al verlos no puedo dejar de pensar que no son sino monos rasurados. Simplemente se comportan de forma más compleja. Aunque debo de admitir que quedé algo fascinada con la piedra que utilizan para mandarse sonidos, Erín la consiguió de un mercader, el cual, según ella, lo consiguió de un barco que se hundía. Al principio creí que los símbolos en ella eran solo decorativos, pero al mandarle algo de energía, empezaron a brillar. Justo cuando una extraña voz empezó a salir de una especie de telaraña oscura. Es increíble lo que pueden lograr sin magia. El alto consejo se ha reunido en torno a Auberon mismo, parece que quieren decidir qué hacer, su guerra ha empezado a afectar a las líneas de vida, y a la misma Gaia, y ya han empezado a quemar más del agua sucia. No quisiera que nuestra gente tuviera que lidiar con ellos, cada vez que tenemos contacto suceden problemas. Desde siempre. Son demasiado salvajes. Como cualquier simio. Cinco de la luna 119714 (28 de octubre de 1919) Parece que su guerra ha acabado en la mitad de sus territorios, incluso aquellas batallas que se libraban en los territorios nevados, aunque se dice, que estas nada tenían que ver con las demás, sino que eran batallas surgidas en el seno de una sola tribu. “Guerra civil”, que concepto tan estúpido, ninguna guerra se lleva a cabo con civiles, todo aquel que entra en ella, se conviene de inmediato en un guerrero, sin importar el estatus que otorgan sus líderes. 350
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA “Soldado” es otro concepto ridículo, como es que pueden formar cuerpos militares basados solo en la utilidad práctica y en la “ciencia” de la guerra, sin poner siquiera un énfasis en la tradición o cultivo del honor. Pero la palabra que más detesto es “revolución”, cambio, innovación, mejora, todo eso no puede ser sino una idea enfermiza, producto de una mente comunal degenerada. De un conjunto de animales que sueñan con ser una sociedad, engañándose repetidamente, tratando de convencerse a sí mismos que poseen algo a lo que pueden llamar cultura. Rebeldes a su propia naturaleza, algunos de ellos que afirman la inexistencia de todo lo que no se puede ver, sentir o escuchar. Ridículos, solo entre ellos podría gestarse tal negligencia y tal contraposición de ideas; combinar bajo la misma bandera la libertad y la esclavitud. La hoz y el martillo, y el grillete. Lo peor es que aquellas ideas, si es que se les puede llamar así, se han empezado a dispersar. El cáncer se ha expandido una vez más entre sus tribus. Aunque quizá el cáncer no son sus ideas, sino ellos mismos. Lo que me sorprende, es cuanta importancia han adquirido sus vidas para las nuestras, los mayores dicen que antes no era nada común estar tan a la expectativa de lo que hicieran, pero con su dominios creciendo sobre los de la naturaleza, las cosas han cambiado. Su maldad es ahora el eje central de nuestras vidas. De una y otra forma, siempre terminamos hablando de ellos, como si nos acecharan desde las sombras, esperando el momento para devorarnos. Por cuánto tiempo más podremos mantenernos ocultos, ellos siguen expandiéndose. Pero seguir pensando en eso no hace más que entristecerme. No todo es malo, perece ser que por fin se podrán llevar a cabo las peregrinaciones que se tenían programadas. Eso es una buena noticia, lo suficiente como para animar a cualquiera. Hace casi cuatro años que no nos hemos dirigido a las (piedras del sueño) para meditar en paz. Los entrenamientos y lecciones se han suspendido una semana para que podamos meditar como es debido, además hay que prepararnos para la (fiesta de los espíritus). 351
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— Once de la luna 119714 (3 de noviembre de 1919) Todo se veía tan triste, los árboles se lamentaban, los animales se mostraban tan asustados y los cielos lloraban de tristeza. Con su maldita guerra han destruido la salud del mundo. Acaso han olvidado que la naturaleza está viva. No, por supuesto que no, he leído sus libros, incluso su maldita ciencia les revela algunas verdades, lo que pasa es que no quieren aceptarlas. Oyen pero no escuchan, ni siquiera a ellos mismos. A padre no le gustan estos comentarios, él conoció a varios de ellos hace algún tiempo. Dice que nunca hay que subestimar sus deseos de hacer lo correcto. Que hay que tenerles paciencia, que son como niños a los que hay que enseñar. Si padre estuviera aquí, no seguiría pensando igual, todo ha quedado manchado por su maldad y su odio, incluso el santuario se veía tan sucio, tan falto de su belleza. Según padre, se suponía que debían ser los guardianes, pero se han convertidos en los portadores de la muerte. Y justo cuando empezábamos a pensar en otra cosa, su maldad nos vuelve a encerrar la mente. Tal vez es lo que quieren, volvernos locos. Alice se dio cuenta que leer todo el documento le sería imposible, menos en una noche, pero rápidamente notó como las partes más interesantes del texto venían previamente marcadas, seguramente por quien lo había leído antes. Sin embargo, no pudo dejar de notar como entre más avanzaba el diario, más se amontonaban aquellas marcas, como si entre más avanzaba la vida de aquella persona, más se le iba concentrando en lo que terminaría siendo la guerra. 352
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA La guerra. Ellos la empezaron, pero jamás se supo el por qué, y si bien sabía que lo que tenía en sus manos no era sino una percepción personal, su padre le había enseñado que la historia es a fin de cuentas, solo una recopilación de percepciones personales, donde cada autor pone su visión, su sentir, sus pensamientos de cada acontecimiento que vivió, o le fue contado. La historia es solo una larga lista de opiniones, todas personales, pues la diferencia entre las que son válidas y las que no son aceptadas como tal, radica solo en el conjunto de personas que fungen como editores de cada versión de la misma. Acaso no sería distinta la percepción del diario en manos de otro antiguo, o si estos estuvieran ganando, no serían los periódicos, libros y diarios humanos un conjunto de pies de páginas para la nueva versión de la historia escrita por los antiguos. Con este último pensamiento, sus dedos empezaron a moverse de nuevo entre las páginas, al minuto que sus ojos se enfocaban en las palabras que iban apareciendo frente a ella. Veintidós de la luna 119720 (10 de mayo de 1920) Todo se ha llenado de alegría porque han acabado sus batallas y no podía ser un mejor día, el día de la celebración de (diosa madre). Y para celebrar esta fecha se han elegido dos nuevas sacerdotisas. Yo espero también, algún día, estar en su lugar. Ambas parecían bastante aptas, pero nos han pedido que oremos por el futuro, que pidamos por ellos, para que aprendan de su error y no vuelvan a causar semejante masacre. Yo no lo haré, no deseo desperdiciar mi tiempo, ellos son los causantes de la condición actual del mundo. Lo que si espero y pido, es que no vuelvan a cometer sus tonterías. 353
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— Veintiuno de la luna 119763 (30 de octubre de 1923) El mundo ha quedado peor de lo habíamos pensado, los mares se encuentran llenos de muerte, y el cielo sigue triste. Y al parecer no han aprendido nada, ni siquiera con la peste que ellos mismo desataron al desequilibrar la Gaia, ni aun cuando con ésta murieron más de los que ellos mismos mataron con su guerra. Esos años, debo de admitir, llegue a sentir pena por ellos, sentía que todo era un desastre no provocado directamente por ellos, y que por lo mismo se les abrirían sus ojos, que milagrosamente seria curados de su miopía. Pronto perdí la esperanza. Recuerdo cuando padre me contó de la serpiente de hierro, una horrible oruga de metal construida por ellos, que funcionaba quemando carbón. Siempre lo he dicho, solo existen para quemar. Y lo peor aún falta, hemos escuchado las noticias de tensiones entre ellos y siento miedo que comiencen otra guerra. Se dice que algunos caballeros y constructores han formado una nueva orden con el nombre de (Nuevo Orden) parece que quieren forzar al consejo para evitar nuestra negativa a interferir en los asuntos del mundo exterior. Mi padre dice que los caballeros están locos, que nosotros pertenecemos a la naturaleza y a diferencia de ellos, no podemos alterar nuestro propio destino. Es como si padre dijera que nuestro futuro fuese morir bajo sus errores, junto con el resto de la naturaleza y que debemos solo mantener la cabeza baja en espera de ese final. Si ese es el caso, reniego de mi padre y reniego de nuestro destino. Se nos ha informado que entre ellos hay grupos que buscan producir más muerte, algunos los han visto en desfiles, caminando con signos solares negros en banderas color sangre, mientras un pequeño orador les gritaba locuras, llamando a toda su tribu a recobrar su dignidad y honor a costa de la vida 354
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA ajena. Y sé que aquellas muestras de locura no son las únicas, Roma, la vieja asesina de los niños de la luna, fue la primera, vistiéndose de negro, levantando sus banderas de guerra, eligiendo a su nuevo César en medio de vítores de alegría. Aunque la escena me pareció más que graciosa, aquel hombre parecía un simio enojado, gesticulando con fuerza, hablando de forma ronca y pausada, casi igual que un perro grande ladrando, de pie, sin ritmo, al son de movimientos ridículos de sus brazos. Pero no puedo negar que, por un momento, vi nuestra situación reflejaba en ellos, desesperados por nuestra condición, quizá tomando una decisión equivocada que creemos correcta. Nueve de la luna 119799 (15 de septiembre de 1926) Hoy estuve escuchando a un caballero del (Nuevo Orden) en el centro de la plaza, sus palabras entraron en lo más profundo de mi pecho. Tenía tanta razón, ellos están matando al mundo, lenta pero decididamente. No podemos permitir que nos destruyan con sus malditos errores. He decidido entrar a la orden, porque es mi deber defender la naturaleza y protegerla de ellos. Padre se ha molestado mucho conmigo, dice que esto me convertirá en una asesina. Padre se equivoca, la orden enseña a tener fuerza pero también sabiduría y paciencia, en caso de otra guerra, nosotros solo los detendremos, no los exterminaremos. No somos como ellos. Trece de la luna 119801 (17 de noviembre de 1926) La primera presentación pública de la orden en el consejo fue un éxito, filas enteras de apoyo desfilaron por toda la gran ciudad con perfecta sincronía y precisión, el consejo tuvo al fin que comprender nuestra fuerza, nuestra presencia. El mismo Auberon, Alberich de nuestro pueblo durante 355
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— mileniosha callado sus débiles comentarios. Y el nuevo Merlín ha entrado triunfante, llevando nuestras voces, las voces de todo Ávalon, hasta el centro mismo de nuestra tierra. Nuevo Orden traerá paz al mundo, nosotros seremos ahora los nuevos guardianes y ellos serán reducidos a lo que son, simples animales, que bajo nuestro cuidado podrán disfrutar de una felicidad y tranquilidad duradera. El tan necesitado cambio por fin llegó, ya no viviremos con miedo de nuestro destino, por fin tendremos la fuerza para enfrentarlo, para cambiarlo, para decidir por nosotros mismos lo que deberá de ser nuestro futuro. Ya casi no pienso en el pasado, ya ni siquiera en Artus, a veces me preguntó si estaré tomando el camino correcto, me refiero a mi vida. Solo pienso en el futuro, lo que deberá ser y creo que realmente será, pero olvidar el pasado no ha sido fácil. Aún le veo, mirándome con sus ojos tristes, ya no regañándome, sino tratando de alejarme de la orden, igual que mi padre. Las decisiones de la vida son difíciles, cada vez que se toma una, deben de dejarse una infinidad de cosas atrás, arrinconadas, condenadas a convertirse en recuerdo que volverán a la mente solo en los mejores, o peores momentos de la noche, sueños o pesadillas, solo eso. Solo eso. Esos ojos, viéndome como si me estuviera embarcando en un viaje del cual no regresaría jamás. ¿Por qué? Por el momento, ya ni siquiera puedo recordar su sonrisa, solo recuerdo que me hacía sentir tan feliz. Veinte de la luna 119807 (20 de mayo de 1927) 356
  • 357.
    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA La situación en el mundo exterior ha empezado a empeorar, sus estúpidas divisiones han empezado a armar una tribu en contra de la otra. No puedo negar que aquello siempre me ha sorprendido de ellos. Pareciera que supieran que su existencia no es sino perjudicial para el mundo y se esforzaran de todo corazón en aniquilar a todo su raza. Eso no me molestaría bajo otras condiciones, el problema es como lo hacen ahora. Durante siglos, sus masacres solo producían un montón de cadáveres, que a la larga, servían para el equilibrio de la tierra, por lo menos. Que daño podían causarle al mundo, primero con sus piedras, luego con sus espadas y lanzas, y al final, con sus dardos de hollín o sus bestias de metal escupidoras de fuego. Pero lo que nos afecta es su consumo, su hambre insaciable por los recursos del mundo, utilizan el agua sucia para darle vida a sus abominaciones, sin darse cuenta del veneno que liberan. Aquello es como una parte de la sangre de la Gaia, su sistema interno de limpieza, pero ellos la queman, y liberan todo el veneno en el aire con demasiada rapidez, no podemos permitirles eso, si solo les afectara a ellos, no sería problema, pero el punto es lo que nos hacen a nosotros, a la Gaia. Murieron millones de ellos, pero la cantidad de seres naturales que mataron en su idiotez rebaza el límite. El consejo no pierde la esperanza en ellos. ¡Qué digo esperanza!, es su propia debilidad lo que les impide actuar, de no ser porque los radicales del mundo exterior han sido detenidos por sus propias tribus, en estos momentos ya estarían matándose unos a otros en otro de sus homicidios mundiales. Es decir, que valor poseen sus vidas, si ellos mismos las condenan. La mitad de su mundo se esclaviza en ideas falsas de libertad, encadenándose a una existencia reducida al consumo de artesanías sin valor real, al mismo tiempo que la otra mitad se mata por la idea de un orden y progreso que aniquila todo valor real de la vida misma, del pensamiento mismo. En cualquier momento empezaran otra matanza, solo es cuestión de tiempo. Lo sé. Cinco de la luna 119810 (2 de agosto de 1927) 357
  • 358.
    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— El Merlín ha sido acusado de incitar a la muerte. Acaso los idiotas del consejo no se dan cuenta que poner el imperio bajo estado de alerta no es sino una medida de precaución. Ahora quieren llevar al Merlín a juicio. Y ¿por qué?, solo por hablar a favor de la supervivencia de su propia gente, solo por defender los principios más elementales de nuestra existencia. Claro que los defensores del consejo argumentan la importancia del respeto a nuestro pacto de paz, a aquel maldito pergamino de vergüenza. Es cierto que el Merlín ha hablado con una fuerza excesiva, pero el tono de sus palabras es definitivamente superado por la verdad de éstas. Además, creo que el estado de alerta nos prepara para la horrible verdad que se aproxima; la posible destrucción de nuestro pueblo. No nos quedaremos quietos mientras ellos arman sus malditas bestias de destrucción masiva. No podemos permitir eso. Dieciséis de la luna 119815 (8 de enero de 1928) Las audiencias y los juicios han terminado. Como perteneciente a la orden, debo sentir felicidad, pero me doy cuenta que las cosas han cambiado desde entonces. Se ha impedido el acceso a la orden. Eso puedo entenderlo de las órdenes más antiguas, aquellas que se fundaron sobre cuestiones de estatus o consanguineidad. Pero esta orden se suponía iba a sr distinta diferente. Además acaban de meter iniciativas de expansión al mundo exterior. Quiero que sean solo pensamientos míos, pero pareciera que hemos perdido el control de nuestro nuevo destino. Realmente estaremos tomando la decisión correcta, y si es así, la llevaremos bien a la práctica. Es tan difícil lograr a cabo un sueño sin que este muera o se corrompa. 358
  • 359.
    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA Claro que siempre he estado a favor de la defensa del imperio, pero empezar un ataque es una cuestión diferente, Quizá Artus ya previa todo esto, es posible que tuviera las mismas facultades que hicieron famoso a su abuelo, uno de los grandes augures de Ávalon. O quizá sea yo la que he cambiado, quizá el viaje a los territorios internos me ha dado una nueva perspectiva, quizá el pasar aquel invierno con los elfos del bosque me mostró lo que realmente es nuestra naturaleza. Tal vez, tal vez no. Es posible que todo sea una muestra de debilidad de mi parte, como una especie de parasito mental, un gusano que se alimenta de mi fuerza y mi seguridad, devorando todo rastro de certeza de mi cuerpo. Ya no sé qué pensar, intenté contactarme con Artus, pero pareciera que la tierra se lo hubiera tragado. También pasó por mi mente hablar con padre, pero no quiero terminar sentada, escuchando sus largos sermones. Aún no estoy tan desesperada. Seis de la luna 119881 (30 de abril de 1933) Esto es inaudito, la figura del Merlín jamás se había atrevido a alzarse sobre la figura del rey. Pero porque me enojo tanto, hace varias lunas yo también estaría contenta con la noticia, celebrando con los ordenados. Las cosas han cambiado demasiado, y demasiado pronto. Los ritos de iniciación se han vuelto a realizar, pero la gente que aceptan ahora es distinta a lo que fue hace años. Sus ojos parecen los de bestias ansiosas de sangre. Por un momento sentí como si estuviera frente a un grupo de ellos. Pido a la diosa madre nos impida perder nuestra cordura. Diecisiete de la luna 119932 (25 de junio de 1937) 359
  • 360.
    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— Mi retiro temporal de la orden me ha llevado a pensar sobre nuestras vidas. Creo que nos hemos convertido en lo que odiamos. Aún creo en los primeros ideales de la orden, aún creo en los principios del Merlín. Pero todo lo demás son sueños de ambición. La toma de ciudades de enanos, hace un año se convirtió en la expresión de una locura que no tendrá marcha atrás. Lo peor fue la elección de las sacerdotisas. Nuevo Orden se ha vuelto demasiado poderoso, casi al punto de poder manipular al consejo, ha convertido la ceremonia en una proclama más de odio y ansias de expansión, las nuevas sacerdotisas reflejan ese sentimiento de locura, incluso una joven de tan solo doscientos cuatro lunas, mostraba en sus ojos un frio helado que paralizó cada musculo del cuerpo. Nunca creí que podría ver aquella expresión de maldad en alguien de nuestro pueblo. Por supuesto que advertí al consejo sobre la elección de aquellas candidatas, y por supuesto que lo hice con precaución, solo dije que no sería conveniente elegirlas tan jóvenes, pero creo que mis intenciones fueron descubiertas, no por todos, pero si por ella. Saerwen. Sus ojos penetran como dagas. Veinte de la luna 119993 (3 de junio de 1942) Solo estamos a menos de una década lunar del inicio de la nueva era. Y todo en mi ha muerto. Fui tan ciega, tan ingenua. Todo fue mi culpa. La orden debe volver a lo que era antes, el Merlín no debe seguir siendo aconsejado por aquellos locos. Él aún tiene la fuerza y la sabiduría para realizar el sueño en el que fue fundada la orden. Las presiones en el mundo exterior siguen creciendo cada día, y el temor de que ellos sigan creando sus máquinas de muerte es usado por el nuevo consejo para asustarnos más y más. 360
  • 361.
    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA Se aproxima una guerra. Diez de la primera luna de la Nueva Era (17 de diciembre de 1942) ¿Cómo empezar?, ¿Qué decir?, mi cabeza no puede organizar ideas de una forma adecuada. Estoy tan sorprendida como la mayoría de los que conozco, claro que sospechaba de algo grande, quizá no dijeron nada, pero fue eso lo que me puso en alerta. Ha empezado la nueva era y lo hemos celebrado con el inicio de una masacre. Se han sacado grandes anuncios informando las razones de los ataques. Son pocos los que dudan del resultado de tal incursión en el mundo exterior. Yo solo espero lo mejor para mi pueblo. Pero temo por nuestro destino. Según sé, nadie en el mundo exterior tiene idea de lo que está sucediendo. Eso es bueno, al menos en el sentido práctico. Si todo se mantiene así el tiempo preciso, podremos avanzar de forma ininterrumpidamente rápida. No puedo negar que deseo aquello. Pero mi corazón duda. Una vez más soñé con los ojos de Artus. Los Dioses lo protejan, esté donde esté. Veinte de la luna 3 de la Nueva Era (25 de marzo de 1943) La primera de sus tribus ha caído, la que ocupaba las antiguas zonas de meditación, al menos sus señores feudales. Esto se ha convertido en todo un triunfo simbólico. Una peregrinación, más grande de lo que se haya tenido registro se ha movilizado a las antiguas islas. Espero que esto sea un signo de buena fortuna. Sin embargo también he escuchado de rumores de resistencia en la isla, parece que no son sus cuerpos guerreros con los que nos estamos enfrentando, o estos se han refugiado en sus ciudades. 361
  • 362.
    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— No puedo dejar de verlos como ratas, ocultándose entre los escombros, desesperados, esperando la oportunidad para mordisquear nuestros pies cuando estemos dormidos. Hoy vi a un guerrero, tomando el té en un claro del bosque, me dijo que el frente era extraño, fuera de orden y la disciplina con la que se habían luchado las grandes batalles arcanas. Parecía algo perturbado, pero al mismo tiempo hablaba con mucha energía y mucho entusiasmo. Sin embargo, su descripción de las bestias metálicas del hombre fue lo que más me ha tenido ocupada, al parecer se mueven de maneras más rápidas de lo que habíamos esperado, y sus aves de humo son más difíciles de tumbar. A todo, el ambiente general sigue igual, lleno de auges de victoria. Curioso, acabo de leer lo que escribí, y me parece tan vacío, casi como una noticia. Siento que poco a poco se va apagando el brío de mi alma, siento que si mi “yo” de hace treinta años me viera ahora, no me reconocería, tal vez, incluso, sentiría aversión por mí. Ya he perdido mi alegría. Los que me rodean se deprimen conmigo. Tengo miedo que me tachen de derrotista, pero eso no tendría sentido, solo digo lo que siento, y siento lo que veo como una posibilidad, trato de ver la realidad, nada más. Solo eso. Veintiuno de la luna 3 de la Nueva Era (26 de marzo de 1943) El consejo y la sala de guerra han dado a conocer las decisiones tomadas. Seguirán con la expansión del imperio. No lo puedo creer, esto ya fue suficiente, hemos recuperado los santuarios, ya no hay necesidad de seguir avanzando. Ellos han de saber ahora quiénes somos y lo que buscamos. Ya dimos a conocer 362
  • 363.
    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA nuestra fuerza, y por los Dioses que los hemos vencimos, a todos ellos, a todo un ejército, a toda la isla en solo cuatro lunas. Cuatro lunas. Se debe declarar la paz antes que se produzca una reacción en nuestra contra. Cometí el error de decir lo que sentía en una de las sesiones del consejo, me insultaron y abuchearon, culpándome de traidora y débil, solo el historial que poseo en la orden me ha salvado de agresiones más grandes. Pero no puedo dejar de pensar en mi propia seguridad. Quince de la luna 15 de la Nueva Era (9 de marzo de 1944) Más de doce lunas de guerra, un año, y aún seguimos en esto. Sus ejércitos se muestran demasiado débiles, se mueven con demasiada lentitud, con tanta falta de disciplina, con tanta falta de voluntad, tanto, que ahora uno de sus “continentes”, se encuentra casi bajo nuestro dominio. La Iberia y las Galias ya han caído por completo, la tierra del Rin también, solo queda Roma. Al menos es lo que informa el consejo, sin embargo los reportes muestran una desaceleración de nuestros avances. En estos días, he empezado a recordar tanto de las lecciones de guerra que tanto me cansaban en el salón de instrucción, veo los reportes y casi puedo sentir el movimiento de tropas en un tablero, como piezas que se mueven contra el enemigo. Pero los rumores de resistencia siguen aumentando. Sus ejércitos son derrotados, pero su población empieza a mostrarse demasiado violenta, al menos en algunos lugares. Nueve de la luna 18 de la Nueva Era (30 de mayo de 1944) 363
  • 364.
    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— Han aceptado mi solicitud a los cuerpos de guerreros, quizá mis quejas sociales han sido olvidadas, o quizá la urgencia de nuevos elementos es un signo de debilidad del imperio. O tal vez la situación en el frente es tan terrible que saben que se desharán de mí en poco tiempo. Quizá me dan la oportunidad de morir en medio de la gloria, dándome el cuchillo, esperando que sea yo quien lo entierre en mi propio cuello. Ya he empezado a perder la esperanza en las decisiones de la orden, pero aún amo al imperio, aún siento una responsabilidad con él, ¿Cómo podría quejarme de lo que sucede si no lo amara?, simplemente no podría, no me atrevería. Quiero tratar de mejorar la situación y creo que al estar en el frente podría evitar que se llevaran prácticas indebidas. O por lo menos recibiré un poco del mal que ayude a causar. No me merecería otra cosa. Dos de la luna 19 de la Nueva Era (22 de junio de 1944) Esto es demasiado, apenas llevo una luna aquí y ya siento como el sueño se ha convertido en una especie de ilusión, ya no puedo cerrar los ojos con calma, apenas lo hago, empiezo a sentir como uno de ellos se me acerca. En el tiempo que he permanecido aquí, todo ha sido un infierno tras otro. Salen por todos lados, de las casas, de las torres, de los matorrales. Han convertido sus ciudades en enormes barricadas. Cada edificio, cada habitación, cada ventana presenta resistencia. Los rumores son apenas unos cuentos sin gracia comparados con la realidad de todo esto. A veces siento que no podré aguantar un segundo más. Ayer intente matarme. Por un momento ansié tanto la muerte. No soy la única, cada rostro que miro presenta el mismo gesto que yo. 364
  • 365.
    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA Los hombres no han sido fáciles de socavar, sus ejércitos fueron derrotados en este continente, pero cada tribu se han hecho una resistencia, niños, mujeres y ancianos siguen peleando. Las peores son las del Este. Veintidós, luna 20 N E (10 de agosto de 1944) Rommel, Rommel, Rommel, es lo único de lo que se habla aquí. Los hombres han empezado a llamarlo el Führer, “el guía”, “el guerrero supremo” o algo por el estilo. Así de fuerte se ha vuelto el maldito. Odio a ese simio. Odio a todo su mundo. Odio a mi propia gente por iniciar todo esto. Me odio a mí misma por entrar a este maldito infierno. En que me he convertido, ya nada tiene sentido. No importa cuánto le hagamos retroceder, no importa cuántas de sus bestias inutilicemos, él nos sigue deteniendo, haciendo nuestro avance más y más lento. Ayer logró destruir cerca de 6 (armaduras). ¿Por qué se hacen esto?, Ya deberían de haber entendido nuestra superioridad. ¿Por qué siguen peleando? Nada tiene sentido. Debo terminar con esto, mi vida ya dejó de tener sentido, de tener importancia. Odio, odio, odio Catorce, luna 21 N E (1 de septiembre de 1944) 365
  • 366.
    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— Se abrieron frentes en demasiados lugares. ¿Por qué la sala de guerra es tan estúpida?, abren otro frente cada vez que somos detenidos en uno. El consejo ha empezado a castigar los rumores, pero estos siguen llegando. Las tribus de la (las grandes planicies entre los mares) se han replegado a las tierras de “el fénix”, el “águila roja”. Y aquí, la situación no mejora, al parecer, al sur, la tribu de (las cruces rojas) ha traído refuerzos de sus dominios al otro lado mundo. Veintiocho, luna 24 (13 de diciembre de 1944) Para continuar con las “grandiosas victorias”, los mandos de las siete raíces de Ávalon pasaran a ser un mando unificado en la capital. Además, Saerwen ha sido nombrada auxiliar del Merlín. No sé qué decir, si maldiciones o llantos de desesperación, todo menos oraciones, los Dioses nos han abandonado. Nos han dejado solos a nuestra merced. ¿Dónde está su misericordia?, ¿acaso Frey nos ha olvidado?, maldito estúpido. Malditos Dioses, girando, bailando en las líneas de vida. Burlándose de nosotros. Cada día estamos peor. Ocho, luna 30 de la Nueva Era (19 de mayo de 1945) Creímos obtener por fin una victoria cuando logramos sacar a Rommel del continente, pero solo para enterarnos que asumió el mando unificado de las fuerzas de todas las tribus de Europa en el (continente negro). No me importa que se haya prohibido el uso de su nombre, todos aquí pensamos en él cuando nos enfrentamos a los hombres. Y sé que no es el único, Montgomery se le ha unido. 366
  • 367.
    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA También los nombres de Patton y Obregón en (las grandes planicies entre los mares). Y Zhúkov en (la tierra del Volga). Cada vez son más fuertes, aprenden demasiado rápido de nuestras fallas y su pragmatismo es increíble, he visto como utilizan perros para llevar explosivos, colocan cañones en lugares casi imposibles, dejan ciudades llenas de (fuegos durmientes). Convierten nuestra estancia en cualquiera de sus tierras en un verdadero infierno. Ya no quiero seguir aquí. Quiero salir. Pido a los Dioses que me saquen… lo pido cada día... Diez de la luna 31 de la Nueva Era (19 de junio de 1945) Estoy sorprendida. Todos lo estamos. Los hombres lograron llegar a nuestras tierras, lograron “bombardear” los templos en Brynnwyn y los salones de herrería al sur de Rahannwyn. Están a la ofensiva, ahora ya están atacando. No he recibido noticias de mi padre, pero dentro de mí sé que no lo volveré a ver. Le fallé, me fallé. Culpo a los hombres, pero también culpo a mi gente. Me culpo. Los avisos del consejo afirman que aquello fue solo una pequeña incursión por parte de los hombres, con daños mínimos a territorio imperial. Tal vez lo sea, pero el rostro del Merlín mostraba algo más que enojo, estoy segura de haber visto un poco de miedo en él. No me sorprende. Yo siento lo mismo. 367
  • 368.
    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— Dieciséis de la luna 33 de la Nueva Era (23 de agosto de 1945) Hemos detenido un carguero que se dirigía a (continente negro), no tenía refugiados, no tenía soldados, no tenía suministros ni nada. Solo había cientos de comunicados, miles de hojas con diseños e instrucciones codificadas. Hay intranquilidad en el ambiente. Parece que ellos siguen maquinando sus planes, lenta y decididamente contra nosotros. Simplemente no se dan por vencidos. No lo harán. Me puse en contacto con otros miembros de la orden alrededor de los frentes, mandaremos una petición al consejo para arreglar los términos de una negociación de paz. Aún seguimos teniendo ventaja, pero me temo que esta no durara por mucho. Todo se ve tan mal, pero me siento mejor, todos nos sentimos mejor. Han mandado sacerdotisas para aliviarnos con hechizos de curación. También han empezado a hablar sobre las ventajas que representa cada territorio ganado y sobre lo que significa el Nuevo Orden para nosotros, para el mundo entero. Asentimos a todo lo que nos dicen, pero solo en apariencia. Claro que nos han levantado un poco moral, pero no lo suficiente. Al menos aquí pueden esperar algo de nuestra poca voluntad. En el Este todo está peor, el pasado invierno nos permitió un avance sostenido, pero los hombres de aquellas tierras parecen temer más a sus señores feudales que a nosotros. Hemos escuchado de un hombre terrible, de un supuesto sacerdote que disciplina a los capitanes y generales que no obedecen los órdenes del “barón sangriento”; Soselo Koba, nuestras fuerzas en el este lo llaman “el que fue hecho de acero”. ¿Qué clase de dioses permitirían tener sacerdotes así? Pero que digo, los nuestros permiten a Saerwen. Al menos Ungern tiene la excusa de estar loco, dudo que exista verdadera maldad en él. 368
  • 369.
    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA Tal vez la “sacerdotisa de sangre” también este loca, pero entonces pienso en los resultados, ¿realmente cambia en algo el hecho que nuestros dirigentes sean locos y no malvados?, por supuesto que no, el resultado sería el mismo. En ese caso la locura también sería un pecado, una falta. No del loco, sino de quienes no ven su enfermedad. Quienes hacen eso, quienes lo permiten, son los verdaderos culpables. La orden permitiría que se escucharan todas las opiniones, no solo las de los sabios, pero ahora solo se pueden escuchar los discursos de los locos. Todas las voces racionales han callado. Y si me escuchan, ¿acaso eso significa que también me he vuelto loca?, tal vez, a veces lo deseo, me quitaría un peso de encima. Doce de la luna 35 de la Nueva Era (17 de octubre de 1945) Los rumores eran ciertos, los hombres han mejorado sus (aves de humo), ya muchos de nuestros guerreros han muerto en los cielos. Nuestros escribas han descifrado ya parte de los comunicados y planos. La coincidencia con lo visto por los jinetes es sorprendente. Esas cosas ya no tienen aquellos bigotes giratorios, sino que parecen impulsarse con la fuerza del viento mismo, he visto hechizos similares, pero no mantienen la misma fuerza por el mismo tiempo. ¿Qué los impulsa a desarrollarse de esa manera?, antes de la primera luna de la Vieja Era, usaban magia, inferior, casi incipiente, pero magia al fin. Después la rechazaron por seguir nociones extrañas, “estudios naturales”. Ridículo. Ridículo, al menos así lo pensaba antes. Sus metales siguen siendo inferiores a la magia, pero cada una de sus bestias ocupa menos dedicación que nuestras armaduras. Eso es un punto a su favor en cuanto a este tipo de guerra. 369
  • 370.
    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— Quizá ocupen dos o tres “sagittarii” de metal para tirar a una armadura, la cual puede destruir fácilmente a diez de sus “tortugas”, pero cada día traen más, las duplican en una forma horrible. Por cada una que destruimos, dos la remplazan al día siguiente. Y lo peor aún está por venir. Extraño, casi me siento como un augur vaticinando el futuro, pero no hay nada de adivinación en esto, es más que obvio. Los he visto correr, pero ya no lo hacen como antes, ya no huyen despavoridos, sino que ahora parecen jugar con nuestra voluntad, nos dejan entrar demasiado a sus territorios solo para adelgazar nuestras formaciones, y en más de una ocasión caemos en la trampa. Sé que traman algo, sus bayonetas disparan dardos con trozos de hierro adentro. Los campos de protección han empezado a ser inútiles, pero lo que me preocupa no es eso. ¿Qué esperan?, sé que eso no es todo lo que tienen. Sé que planean algo. Lo sé. Y nosotros seguimos cayendo, nunca tomamos la precaución de mandar los papiros por medios seguros, creímos que ellos no podían leerlos, al menos nadie aquí ya lo siente de eso modo, pero los estúpidos del consejo aún creen que nuestras preocupaciones son vanas. ¿Cómo pueden ignorar los hechos?, ¿Cómo pueden creer que la perdida de papiros y los nuevos movimientos del hombres son coincidencias? El libro de los siglos advierte sobre la astucia del hombre. También nos advierte del riesgo del orgullo. Pareciera que hemos olvidado como leer. Seis de la luna 37 de la Nueva Era (10 de diciembre de 1945) 370
  • 371.
    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA Una maquina pensante, todo este tiempo estuvimos siendo burlados por una maquina pensante. Como es posible que pudieran crear semejante abominación, pero lo peor es la utilidad que le dan. Con ella, pudieron saber en solo minutos, todos nuestros movimientos en el continente “africano”, hemos mandado la información al consejo y a la sala de guerra, pero parece que subestiman la importancia de sus máquinas. Nada les cuesta a esos malditos necios venir al frente y ver con sus propios ojos las situaciones infernales que vivimos aquí. Primero sus (aves de humo), luego su (mente metálica), que sigue, realmente no quiero creer los rumores de la explosión en “Clipperton”, pero… No sé qué pensar ya. Todo empeora cada año. Y sin embrago, se dieron las ordenes de una avanzado total por “Egipto”, pereciera que se han decidido por dejar los ataques y empezar una invasión a gran escala. Tengo miedo, creo que es un decreto demasiado riesgoso. El César de Roma sigue aun dando órdenes desde la “isla de las sirenas”, primero deberíamos ir por él, antes que empezar a perseguir zorros en el desierto. 28, luna 37 (1 de enero de 1946) Yo maté a mi padre. Diecinueve, luna 39 N E (20 de febrero de 1946) 371
  • 372.
    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— Lo sabía, lo sabía, pudimos entrar en las costas de África con facilidad, pudimos llegar al corazón mismo de su nueva capital, y todo para ser detenidos en seco. Ya no es como antes, las viejas tácticas ya no funcionan. En una sola semana perdimos más guerreros que en la última luna. ¿Qué pasó con el plan?, se nos dijo que se cortarían las fuerzas del Este para que pudiéramos concentrarnos aquí, que eso nos facilitaría el trabajo. Pero llegó el día. “Tsaritsyn”, la ciudad del César del Volga, pudo sobrevivir, y pusieron nuestra estrategia en nuestra contra, entraron por todo el territorio del “Magno”, nos dividieron como se supone que ellos quedarían divididos. No he podido escribir en mucho tiempo, fui herida en “el Cairo” y todo ese tiempo no quise arriesgarme a dictarle a alguien. Han empezado a arrestar a quienes hablan con la verdad, acusándolos de traidores. Ya he recibido visitas de rangos altos de la orden, y me han dicho que no puedo hablar de los rumores del frente. Rumores, mentiras, eso es para ellos el sufrimiento de su pueblo en el frente. No sé cuánto tiempo podré durar aquí, nos han empezado a rodear, por todos lados escuchó las noticas de la guerra, la incursión ha sido todo un desastre. Oigo que gritan mi nombre pero… 29, luna 41(30 de abril de 1946) Por fin pude hablar ante un emisario del consejo. Perdí mi tiempo. 2, luna 42 (02 de mayo de 1946) 372
  • 373.
    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA El Cairo 25, luna 42 (25 de mayo de 1946) Hombres ante el consejo. Los rumores son fuertes, y si son verdad no sabría qué pensar. Acaso mi voz y la de cientos como yo, ha sido escuchada, habrán empezado negociaciones de paz, o acaso los hombres se han dividido. Estuve horas tratando de encontrar respuestas en los registros, pero la mayoría de ellos han sido trasladados a la biblioteca del salón de guerra. ¿Qué ocultan? ¿Acaso temen decir la verdad a su propio pueblo? Mentira, tras mentira. Creí que no estaba en nuestra naturaleza mentir. Al menos ya no después de perder el “África”. La situación aquí es tensa. No sabemos que esperar, las tribus del Este regresaron por donde vinieron. Sé que volverán, pero ¿cuándo? y ¿dónde? 18, luna 43 (17 de junio de 1946) Esto es el preludio del fin, aún no hemos sido derrotados, pero sé que esto no puede durar ya más tiempo. Toda ventaja que hubiéramos tenido ha desaparecido. Ahora la muerte regresara por donde vino. Los del Este se juntaron con las fuerzas de Europa al norte del África. Entraron por el sur, y por el oeste. Nos tienen rodeados. El imperio nos ha exigido aguantar, nos dicen que mandaran más 373
  • 374.
    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— fuerzas,pero todos sabemos que eso es una mentira. El frente “América” se ha perdido también, las fuerzas del “águila roja” avanzan hacia el centro. (El sol rojo) también avanza hacia el norte. Ya han tomado todo el territorio de los Qin. 27, luna 48 (20 de noviembre de 1946) Ya son más de cien las ciudades destruidas. Sus “aviones” caen, pero no más rápido que nuestras fuerzas. Ya no podemos más, hemos querido abarcar una ambición demasiado grande. Todos moriremos. Moriremos bajo sus “botas”. 29, luna 48 (22 de noviembre de 1946) Logre salir de Europa, pero de todos (…) solo yo fui invitada. La orden no debe de saberlo. El Merlín debe de ser removido de su cargo. Su sola presencia limita nuestras posibilidades. Sé que es un riesgo escribir esto, pero en caso de fallar, necesitamos dejar la mayor cantidad de evidencia posible. Para que nuestra verdad dure. No importara si la orden lo lee o no, si fallamos no ocuparan ninguna prueba para acabar con mi vida. Morir seria también un alivio. Me mostraron imágenes de los campos. Supe cuando estaba en “Europa”, que los hombres arrestaban a sus brujos y los mandaban a zonas especiales, los rumores decían que los mataban, que los exterminaban sistemáticamente para evitar un levantamiento interno. Siempre tuvieron miedo de la magia, negándola como si fuera una aberración. ¡Aberración lo que ellos hacen! 374
  • 375.
    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA Pero nosotros ya no podemos decir que somos mejores. Algunos lograron escapar, llegaron con nosotros. El consejo les permitió vivir, solo para utilizarlos. Hoy vi la otra realidad de nuestra causa, imágenes de asesinato. Imágenes de miles, tal vez cientos de miles de cadáveres, elfos grises y elfos del eclipse, enanos, dragones y disidentes, humanos provenientes de todas las tribus del mundo exterior y de las pocas del mundo oculto. Es acaso esta la base de nuestro nuevo destino. Si lo es, ahora ya es tarde para evitarlo, seremos recordados como asesinos. Sé que el Merlín no conoce su existencia, solo algunos dentro de la orden lo saben. Y muchos ya se han arrepentido. Nos han usado desde el principio, tal vez, también al Merlín, cubriéndose bajo su imagen para cometer sus crímenes. Pero eso no lo convierte en un inocente, si desconoce la verdad, entonces también es culpa suya. Él sigue siendo un obstáculo. Ya no nos escucha. 26, luna 54 (16 de mayo de 1947) Los aviones han tirado cajas con armas y alimentos. Acaso la humanidad conoce nuestras divisiones, o nuestros aliados piensan en traicionarnos. A estas alturas todo escenario es posible. El consejo ha informado que el suceso fue debido a una confusión de los hombres. Ya hay burlas públicas hacia la “ineptitud de la mente animal”. Pero hoy, un niño pasó por mi ventana, jugando con un casco. Se juntó con otros para jugar a la guerra, cuando vi claramente cómo se levantó y dijo que él era “Rommel, el invencible”. Su ineptitud está logrando más cosas que nuestra sabiduría. 375
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— 16, luna 57 (2 de agosto de 1947) Los grandes castillos han sido rodeados, ya no pueden regresar a Ávalon, si son destruidos, perderemos toda nuestra capacidad ofensiva. 17, luna 59 (1 de octubre de 1947) El Valhöll ha sido destruido, y no importa cuánto intenten convertir esto en un símbolo de resistencia contra las hordas hambrientas del hombre. Esto implica un revés total para el imperio. Ya todos lo sabemos, ya nos han pedido movernos hacia el interior de la isla, ya han empezado a construir ciudades subterráneas como las de los enanos, y en el peor de los casos, se han ocupado las de ellos. No falta mucho para que los demás habitantes del mundo interno se pongan en nuestra contra. Aunque dudo que apoyen al hombre. Eso nos daría un tiempo para poder organizarnos mejor. Hace mucho que perdí la fe en la orden, en el Alberich, en el Merlín. Incluso en los dioses. Pero aún me preocupo por mi gente. Simplemente no importa que los hombres pudieran estar en lo correcto, jamás me pondría de su lado en contra del imperio. No podría. Vi lo que hacen con sus prisioneros, y sé que las tribus del Este y las de “América” son las peores. No quiero terminar como otro “trofeo de guerra”. Ese miedo me domina más que el “patriotismo” que digo defender, es verdad que me amo más a mí misma que a mi pueblo. No puedo negarlo. 28, luna 82 (20 de septiembre de 1949) 376
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA Más de tres lunas desde que los hombres llegaron a Ávalon. Una parte de mí se encuentra llena de alegría. Ahora lo veo todo de manera diferente, la orden estuvo llena de dementes desde el principio, por mi parte no puedo negar mi participación, fui responsable de la creación de un monstruo. Estuve dentro de quienes lograron matar al Merlín, creímos que con eso la guerra adquiriría un escenario de negociaciones más que de combates. Pero la muerte del Merlín solo acrecentó el radicalismo de nuestro pueblo. Saerwen ha tomado el mando de nuestros cuerpos guerreros, ha usurpado el poder del consejo y se ha nombrado “Paladín del imperio”. El Merlín estaba siendo engañado, incluso la orden solo servía como plataforma pública para un puñado de asesinos. Ahora, con la muerte del Merlín solo ha quedado un pueblo que debe de responsabilizarse de sus acciones. Ahora estamos bajo el mando de un amoral, de alguien a quien no le importa sino su propia visión retorcida de un mundo perfecto. Esa miserable es más enemiga de nuestro pueblo que los hombres. Si todo sigue así, definitivamente habrá un mundo perfecto, sin gente de ninguna raza, sin pecadores, sin pecado. Solo la tranquilidad de inmensos cementerios. Irónico. Tuve que huir de la capital. Me están cazando como un animal y si encuentran estos documentos ya no habrá duda sobre mi participación. Habré muerto sin poder haber reparado mis pecados. No sé por cuánto tiempo estuve caminando, escondiéndome entre las filas de refugiados. Cada hombre nos veía de maneras diferentes, algunos mostraban ojos llenos de odio, un odio que por desgracia estaba acostumbrada a ver en mi propia gente. Otros, sin embargo, me veían de formas 377
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— extrañas,como si no fuera alguien, o algo. Un par de ellos se acercaron a mí y me coquetearon, no pude entender a la perfección su lengua, pero aquel comportamiento me dejó tan extrañada. Sin embargo, pareció que nadie me reconoció, para ellos soy solo una figura más dentro de un interminable mar de vergüenza, un derrotado más. La fama del “sabueso blanco” ha terminado. Logré quedarme en un pueblo ocupado por una tribu distinta de hombres, la de (las trece franjas). Aún sin su estandarte es fácil reconocerles, no son solo sus uniformes y símbolos los que los distinguen, sino la forma en que se comportan en lo que antes fueron los salones de banquetes, comportándose de forma sucia, aullando, quedándose ebrios, tan carentes del poco orden que pude ver en las tribus de “Europa”. Al parecer la zona estaba ocupada por las tribus de la (las grandes planicies entre los mares). La mañana siguiente logré moverme más al sur, si bien ya estaba en territorio de hombres, no estaba segura que la orden me hubiera dejado de seguir. Aún ahora temo por mi vida. Fue sorprendente lo que vi, una serie de enormes maquinas estaban moviéndose en línea, hacia el norte, por la cantidad que vi de ellas, supe que no se habían encontrado con una fuerte resistencia. Las seguí por unos días, hasta que me encontré ante un conjunto de gritos de la tribu de (el águila roja), la cual parecía celebrar algo ese día. Intente acercarme sin ser vista, pero no sirvió de mucho, de inmediato me descubrieron y me llevaron con un hombre de apariencia horrenda. Su rostro estaba cubierto enteramente por vendajes, pero lo que se podía ver a través de ellos era una cara sin piel, con sus dientes asomándose de forma permanente, fijos en una encías de carne viva, rojas como la sangre. Con manos llenas de llagas, me sujetó con fuerza y con una voz seca me empezó a hacer preguntas en su idioma. Yo solo supe responderle en la antigua lengua de Roma, la última de sus tribus que logró entrar sin permiso a Ávalon. Al principio se mostraron agresivos, pero después de escuchar las palabras de alguien detrás de una tienda, parecieron cambiar de actitud. Además, pareció que me entendieron lo suficiente como para darle importancia a lo que poseía entre mis manos. Estuve un día con ellos antes que unos de sus insectos metálicos bajara entre un claro y me llevaran al sur, hacia un 378
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA puesto de mando que habían hecho en las costas de Rahannwyn, justo en el castillo que servía como santuario a Woden, el protector de la entrada a Ávalon. He estado siendo interrogada varias veces. Sus modos son brutales, y nunca creí que preferiría eso a estar con mis semejantes. 10 de octubre de 1949 Creí que estrían mejor organizados, pero cada tribu que conozco se muestra hostil con las otras, parecía que no confían en ellos. Es curioso, apenas empiezo a notar el estado del castillo, parece como si un enorme terremoto hubiera azotado la costa. Por fin entiendo la razón, la causa de nuestra derrota. Ellos son como langostas, simplemente no puedes vencer sus números. Hubiera sido mejor haberlos puesto uno contra el otro, aunque a la larga todo hubiera acabado igual. Son demasiado corruptos como para creer que se tragarían nuestra amistad. Ya no sé en que confiar, estoy sola. Ellos no me dejan tranquila, me interrogan una y otra vez, aun cuando ya les he dicho todo. ¿Qué quieren?, ya les he dado incluso la historia de mi vida. Ya no puedo soportarlo, mi gente me matará, de eso no hay duda. Pero los hombres también lo harán, solo me dejan viva para que pueda servirles de algo. Pero ¿qué?, ya que utilidad puedo tener para ellos. Solo juegan conmigo. Solo somos juguetes de los Dioses. Todos y cada uno de nosotros, pero hoy conocí a uno de los que juegan a ser el titiritero. 11 de noviembre de 1949 379
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— Pequeño, pelo negro y ojos penetrantes. Habla tan calmado que uno apenas puede imaginar de lo que es capaz. Te da palmaditas en la cabeza mientras te corta. Te corta, pero te da dulces… se siente bien. 20nov dos cero, nov Picor… comezón… sueño. Mucho sueño. Dos cero, nov Esta era el final, la última anotación de un conjunto de páginas que iban perdiendo la coherencia al tiempo que terminaba el documento. Pero todo parecía tan distinto a lo que hubiera creído en un principio, jamás se había imaginado ver a un antiguo con esos ojos, se sentía tan humano, tan real, y al mismo tiempo tan extraño y lejano. Alice sostenía el archivo con sus manos, pero ya no lo leía, sus ojos ya no estaba fijos en algo en específico, su mirada solo levitaba en un punto imaginario al azar. - ¿Qué te pareció? – le preguntó Federico. Al instante, Alice se dio la vuelta, completamente asustada, apretando el documento contra su pecho con fuerza. - ¿Te asuste?, perdóname, no quería hacerlo – le dijo al tiempo que se le acercaba con un tono de disculpa, aunque sus labios mostraban un tinte de gusto, como si 380
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA hubiera disfrutado de aquello, igual que si hubiera sido una broma. - ¿Qué haces aquí? – le preguntó ella antes de darse la vuelta y poner de nuevo el documento donde lo había encontrado. - Supuse que estarías despierta, ya que cuando pase hace dos horas vi la luz apagada y hace rato la vi prendida – - ¿Tú no tienes sueño?, ¿acaso los rojos no duermen? – preguntó ella con cierta ironía, quizá porque estaba molesta por el susto. Probablemente porque había empezado a sentir de nuevo aquel cansancio sin sueño, el mismo que la había obligado a levantarse hace una hora. - Normalmente me duermo hasta las cinco de la mañana, es una mala costumbre que tengo. Desde chico – respondió Federico con una increíble naturalidad. Alice le escuchaba, pero ahora volvía a concentrarse en el diario que acababa de leer, la última anotación era del año pasado, y después nada. Además, ahora se preguntaba contra quien estaban peleando, realmente eran todos los antiguos aquella especie de masa malvada, de individuos uniformes, como los presentaba la propaganda, o ellos mismos eran víctimas de alguien más, gente aprisionada por quienes debían de dirigirles. De protegerlos. En ese caso serían iguales a los rusos o soviéticos, quienes tampoco parecían ser como los había imaginado. Después de una leve exhalación volvió a darse la vuelta y con calma le preguntó a Federico - sus lunas, ¿son meses para nosotros? – - Algo así – contesto él de inmediato – al parecer utilizan el calendario lunar, además, creen que Ávalon es el centro del mundo y que la tierra es el centro del universo, por lo que “una luna” es el tiempo que tarda la luna en darle una vuelta a la tierra. Pero la conversión no es perfecta, es posible que algunas fechas estén erradas… – 381
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— - ¿Qué pasó con ella? – - Las Naciones Unidas se la llevaron, como parte de un intercambio de prisioneros. La verdad, no sé lo que le sucedió después de la última anotación, lo siento – - ¿Sentir? - respondió ella – yo ya no puedo sentir lo mismo. Me era más fácil ver todo en blanco y negro, creo que a todos nos es más fácil de esa manera. Sé que es una forma simplista de ver al mundo, pero era más fácil – - Nuestro enemigo tiene rostro, no lo olvides. Si se tiene eso en mente, será más fácil tratar con ellos cuando se rindan – - ¿Qué sientes tú de todo esto? – le preguntó ella mientras lo veía caminar hacia el escritorio y tomar los diarios. - Es una pena, los diarios originales presentan un tipo de escritura más compleja, un lenguaje más poético y melodioso, lo que leíste fue una traducción burda, como las palabras de un escritor mediocre – expuso él. - No me refiero a eso – replicó ella – es decir, cuando lees algo así, recuerdas los tiempos en los que vives. Hasta este momento, había estado más preocupada por lo que pasaba a mí alrededor, en el presente, que casi he olvidado las angustias que tanto me había agobiado por años. Me encerré en mi vida, y olvidé lo que sucedía fuera de ella, la guerra misma se había convertido solo en una especie de conjunto de filmes y noticias, sabía que eran reales, incluso las sentía importantes, pero por alguna razón ya no las podía ver como parte de mi propia realidad, ya no las sentía propias. No quiero sonar mal, pero mientras leía esto, por un momento olvide mis preocupaciones, incluso a mi hermana – - Durante un tiempo estuve pidiendo al alto mando que pusiera parte de la traducción de diario a manos de los soldados u oficiales en el frente, pero rechazaron la propuesta – 382
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA Alice lo miró, esperando que continuara, aun cuando ella ya intuía la razón de ello. Como ya había dicho, a todos les era más fácil ver la realidad en tonos de blanco y negro, y en una guerra, no hay cabida a nada que atente contra lo práctico, contra la victoria final. - Eso hubiera provocado posibles problemas en el desempeño de los soldados – continuó él – ahora solo importa una cosa con respecto a esto, que los antiguos, aun cuando tengan causas, aun cuando sientan que todo esto es provocado por un móvil justificable, siguen siendo el enemigo - Ella caminó de regreso al sofá y se sentó con calma, pensando en todo aquello que pasaba lejos de aquel cuarto, en el continente antiguo, donde miles de personas, hombres y creaturas mágicas morían cada día, cada minuto, incluso cada segundo. - Es bueno que hayas visto el diario – le dijo él – de esa forma se aumenta el criterio de esto, de lo que estamos haciendo, de lo que estamos buscando – - ¿Qué buscas tú? – le preguntó ella. - Los E.S.S.U. se han propuesto la misión de erradicar todo rastro de misticismo y tiranía del mundo…- - No te pregunté eso – le interrumpió Alice – te estoy preguntando sobre lo que tú quieres de todo esto. Ya no creo que seas uno de esos asesinos comunistas de los periódicos, pero… - calló sin terminar su frase, porque su mente aún seguía nadando entre ideas salteadas. Por un lado, podía ver a Federico ya como una persona, incluso, quizá como una buena persona, pero aún veía en él, un rastro de misterio que seguía sin darle confianza. Federico la miraba en silencio, tratando de encontrar la mejor respuesta para una situación así, aun cuando eso implicara no decir la verdad, al menos por ahora – todos hemos sufrido con esto, algunos más que otros. En ese aspecto tal vez soy afortunado, 383
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— yoperdí a mis seres queridos antes de la invasión, lo único que me ayudó a superarlo fue el servir al nuevo estado que formamos los trabajadores. Supongo que eso es todo, yo simplemente busco servir a mi país, sean cuales fueran las decisiones que éste tome – Ella suspiró un par de veces antes de recostarse en el sofá, tratando de encontrar el sueño que tanto se le había escapado, esperando encontrarlo en el siguiente parpadeo – somos iguales ¿verdad? – Él sonrió un poco, y poniendo el diario sobre el escritorio con mucho cuidado, se acercó al sillón al lado del sofá y se sentó en él, reposando su cabeza en el respaldo – Sí, yo también pensé en las cosas en las que me parezco a ella – le dijo. XVI LA BELLEZA DEL CAOS - ¿Por qué tardan tanto caballeros?, creí que ya estaba todo listo – replicó con seriedad el viejo lord Hopkins al conjunto de hombres de bata que rodeaban a “la campana”. - Solo estamos ajustando algunos detalles señor – respondió uno de ellos. - Llevan haciendo eso por horas – expuso Hopkins. - Aún no se han probado todos los sistemas señor, este tipo de tecnología es nuevo para cualquiera. No sabemos qué clase de problemas podrían surgir con ella – respondió uno de los técnicos en una tarima de metal. - Además, el diseño mismo del aparato es muy vago, menciona más nociones que parecen esotéricas que parámetros técnicos – añadió el hombre a su lado. Lord Hopkins entendía a la perfección la situación por la que estaba pasando su 384
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA equipo, sabía que aquellas notas no eran sino un conjunto de suposiciones raras, casi teóricas, aunque, a diferencia de ellos, también sabía de las pruebas secretas que se habían realizado un par de años atrás, en Polonia, por lo que no dudaba tanto de las propiedades de aquel aparato, de otra manera, no hubiera invertido en él. El viejo asentía, imaginado lo que sería su futuro cercano, su último deleite, pero la cara de su nieta se le aparecía constantemente en su mente, desviándolo de sus sueños de justicia, pero poco a poco aquellos rasgos eran sustituidos por otros bastantes similares; los de Elizabeth. Una incomodidad empezó a gestarse dentro de Lord Hopkins, si bien había aceptado la palabra de Torre con respecto a la seguridad de la jovencita, solo lo había hecho por razones de practicidad, no porque realmente confiara en aquella persona, que en más de una ocasión se había descubierto como un mero charlatán. Poco a poco su mente empezaba a cuestionar sus razones, así como sus acciones, ¿realmente valía la pena arriesgar a esa jovencita solo por sus deseos?, la victoria aliada ya era como un hecho seguro, Churchill, el Primer Lord del Almirantazgo había prometido que llegaría junto con la primavera. Aunque era posible que exagerara un poco. Además, su aporte pudiera ser poco más que insignificante, a pesar de las fortunas que había gastado en el mismo. El viejo empezó a ponerse tenso, una pequeña voz en su interior lo acusaba de miserable, de un mero instrumentalista, ya no sabía qué hacer, así que optó por mantenerse callado, inmutable, tal y como lo hacía ante las acusaciones de maltrato a las que lo sometían sus empleados, pero ahora era distinto, sentía que se lo estaba haciendo a aquella a quien tanto había amado. Con un movimiento brusco estiró sus brazos al suelo, al tiempo que lanzaba un grito al aire y lanzaba su bastón con fuerza, no podía permitirse flaquear ahora, si a ella le pasaba algo, que pena, ella no era su nieta, esta estaba muerta y nada de lo que hiciera la 385
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— devolveríaa la vida, solo podía vengarse en su nombre, costara lo que costara. Ya lo había decidido, y poco faltaba para cumplirlo. Los hombres de bata blanca, miraban fijamente a su patrón, pero uno de ellos se diferenciaba del resto, uno que parecía no estar sorprendido por la repentina explosión del viejo. Solo lo miró de la misma forma en que se ve un perro ladrando a la distancia, y sin ponerle mucha atención, continuó trabajando. - ¿Cómo vas con eso Manuel? – le preguntó un hombre de blanco a su espalda. - El cableado es una maldita telaraña. No estoy acostumbrado a trabajar en cosas tan complicadas – respondió el hombre de bata, dándose la vuelta, mostrando una expresión de humor en un rostro que más parecería de un boxeador que de un ingeniero. - Todos estamos igual, estos malditos diseños alemanes son puras estupideces. De todos los que he visto, solo un puñado realmente han servido, aun no puedo entender el por qué el presidente esta tan obsesionado con este tipo de cosas – Steiner se rio un poco – por lo menos sacamos al Pulqui ¿no?, además no estés hablando de esas cosas aquí, podrían escucharte – dijo mientras se secaba la frente con su pañuelo. Su compañero solo levantó sus hombros ligeramente, y Steiner rio aún más, sorprendido por la extraña actitud. A él, en sí, no le importaba mucho, pero estaban rodeados por gente que les vigilaba constantemente, y sabía que cualquier comportamiento sospechoso, podría provocar malos ratos. De cualquier forma, habían logrado convencer al viejo de quienes decían ser, y al parecer no llamaban mucho la atención de la sociedad Thule, pero en el tiempo que llevaba allí, habían escuchado de una comitiva muy importante, la cual despertaba su interés. Lo importante, y lo sabían, era que pronto llegaría su momento, y él lo esperaba particularmente con ansias. - Maltés vete por un refresco ¿quieres? – le dijo Steiner a su compañero. Maltés se 386
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA quedó quieto, como ignorándolo al principio, pero sin decir nada se le acercó. - ¿De qué sabor? – le preguntó después de un momento de silencio. - No sé, solo tengo sed. Me siento con mucho calor – contestó Steiner dándose la vuelta, metiendo las manos de nuevo en la pequeña abertura en la que había estado trabajando. Su compañero puso las manos en su cabeza, estirándose levemente, rio un poco y se fue silbando hacia el pasillo que conducía a las habitaciones improvisadas de los ingenieros. Sus esperanzas había parecido en vano, por más que trataba de encontrar puntos de referencia, todo parecía nuevo, al menos en el sentido que jamás lo había visto antes. Philippe respiraba aún con agitación, pero no por tener que moverse con el peso extra de Elizabeth, sino por el miedo que parecía estarse apoderando de él. No solo debía salir de aquel lugar, sino que tenía que hacerlo sin que lo descubrieran, pero eso se presentaba como lo más difícil de todo, quizá no había demasiados hombres en aquel enorme lugar, pero no sabía en qué lugar podría encontrarse con algún guardia, o peor, con otro elfo. Una serie de pisadas se oyeron a lo lejos, muy espaciadas la una de la otra, algo leves, pero bastante claras, y él, sintiéndose desesperado, giró la cabeza en todas direcciones, buscando una ruta por la cual moverse, pero lo único que pudo ver era una pequeña puerta de metal a su lado. Sin otra opción trató de abrirla, pero al encontrarla cerrada empezó a sentirse al límite del colapso. Después de un par de segundos supo lo único que le quedaba por hacer, el extremo del pasillo estaba muy lejos, por lo que aun corriendo, seria visto en seguida por quien se acercaba, así que tenía que quedarse y enfrentar a quien fuera que se le apareciera. Lentamente sacó la pistola que portaba en su espalda, una vieja escuadra calibre 45, la M1911, diseñada 387
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— paralos soldados americanos después de las experiencias en la guerra en Filipinas y aunque se seguía fabricando en toneladas, la que él poseía era casi una reliquia de la guerra de trincheras, al sujetarlo con fuerza, se dio cuenta como su mano temblaba con avidez, pero ¿por qué?, él se había encontrado en situaciones similares, y si bien era difícil acostumbrase a ellas, ya tampoco le afectaban de la misma forma en que lo habían hecho las primeras veces, pero ahora estaba extrañamente alterado, y su mente no lograba calmarse, mientras le repetía una y otra vez en lo que se había metido. Esto no era lo que él había supuesto, no era solo un trabajo más para algún rico en busca de algún tesoro estúpido, o el asesinato de algún mafioso, no, ahora estaba en medio de una maldita conspiración. Y lo peor había sido descubrir, que a pesar de todos esos años viviendo como un simple pirata, aún seguía siendo solo un niño llorón, sin la fuerza necesaria para sobrevivir por su cuenta. Su boca se movía incesantemente, sin emitir sonido alguno, aunque él podía escuchar claramente como recitaba una y otra vez los nombres de sus compañeros, llamándolos, deseando que estuvieran a su lado. Un par de gotas de sudor frio cayeron al suelo, y otras a la pistola que aún mantenía apuntando hacia abajo, otro tipo de gota les hizo compañía, una de sangre, proveniente del labio que se mordía para recuperar el control de sí mismo. Pero en vano. Inconscientemente abrazó el cuerpo de Elizabeth con fuerza, como si buscara refugio de su dolor en los recuerdos de su madre, aferrándose a ellos. También en vano. Las pisadas empezaron a escucharse más cercanas, pero mantenían su lenta secuencia, y cuando parecía que nada podía sacar a Philippe de aquella situación, un rápido y potente fulgor salió del pecho de Elizabeth, como una poderosa chispa que se apagaba tan pronto como se había iniciado. Philippe soltó a la muchacha al tiempo que retiraba la vista, cegado, pero al recobrar un poco de visión, pudo ver como la puerta de metal ahora se encontraba abierta, como por arte de magia. Él no se ocupó en 388
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA averiguar lo sucedido, lo único que le importaba era que había encontrado su ruta de escape y sin detenerse un solo segundo más, tomó a Elizabeth y empujándola delante de él, la metió al cuarto, cerrándolo de inmediato. Una serie de ventanas sucias conectaba lo sucedido en el pasillo, con el interior del cuarto en el que un joven oraba en silencio mientras sujetaba la figura durmiente de una joven, serena, ajena al pesar de su compañero. El cuarto estaba totalmente oscuro, y la poca luz del pasillo de afuera no era lo suficientemente fuerte como para definir las inertes siluetas que se encontraban adentro, pero si para mostrar como una espectral figura se movía lentamente por el pasadizo. La sombra que se proyectaba desde afuera parecía distorsionada al pasar entre los contornos de la habitación, pero Philippe casi la podía ver como un ente vivo más que como el reflejo de algo afuera. Poco a poco, los sonidos de metal se escuchaban armonizando junto con las lentas pisadas que atormentaban a Philippe, y un leve sonido logró penetrar la puerta junto ellos, áspero, lúgubre, casi como un gruñido. Philippe se empezó a calmar, sintiéndose seguro en aquel lugar, pero su respiración se mantenía agitada, produciendo un sonido, quizá demasiado alto para su gusto, sin poder controlar su respiración, sujetó su manga con la boca, tratando de reducir el volumen, pero al ver como la silueta se detenía justo detrás de la ventana más cercana a la puerta, su respiración se empezó a agitar más y más. Con un golpe seco, la figura pareció chocar contra la ventana, quedándose inmóvil. Philippe trató de pegarse lo más que pudo a la puerta, queriendo casi fusionarse con ella, pero sus ojos, como moviéndose por sí mismos, giraron hacia la figura en la ventana. Un hombre miraba a través de la poca luz que podía pasarse a la habitación, viendo hacia todos lados con un par de ojos penetrantes, su respiración empañaba la ventana de forma notable, como si aquella persona se encontrara bufando con fuerza. 389
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— Philippeno vio nada que pudiera ser de otro mundo, aquel era solo un hombre, pero al verle mejor, sintió como se le helaba la sangre, quien estaba en la ventana no era otro sino Dreadnought, justo como si hubiera salido del infierno solo para buscarlo. Pero la cara del cazador ya no era como antes, sus facciones eran las mismas, pero por alguna razón parecía ser otra persona, su piel había perdido color, casi se veía grisácea, y sus ojos, fijos como los de un animal, eran excesivamente claros, pero entre más lo miraba más se daba cuenta que ahora casi ni parecía una persona como tal, como si todo rasgo humano que hubiera existido antes, le hubiera sido arrancado de tajo, dejando solo una especie de molde vacío, sobre el cual, se hubiera colocado una careta, casi como si un demonio estuviera mirando el mundo a través de una máscara de hombre. El sudor de Philippe le había empapado la camisa, aumentando aquel sentir helado del cuerpo mientras Dreadnought permanecía en la ventana. Cada segundo, su corazón parecía salírsele del pecho, y su cuerpo ceder ante un colapso seguro, pero antes que perdiera la razón, el cazador se retiró de la ventana y siguió su camino, dando paso tras paso con una enloquecedora lentitud. Una eternidad pareció pasar hasta que las pisadas dejaron de escucharse, pero para Philippe, estar bajó esa expectativa era como un edén. Con sus manos, aún temblorosas, pudo sujetar su cara, apretándola como si con esto recuperara el habla, lentamente se puso de pie, solo para ver como su camisa parecía haberse dejado en medio de una lluvia fría, y ver como el terror había mojado también sus pantalones. Con todo el esfuerzo del mundo miró a través de la ventana, para ver con alegría como todo volvía a verse sereno, con esto, se dejó caer al suelo, respirando agitadamente y sollozando, pero no de miedo, sino con una especie de alegría amarga. Por fin se sentía a salvo. 390
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA Hess estaba en medio del cuarto, viendo fijamente a la mesa donde habían puesto a Elizabeth, ahora vacía. Sus manos se cerraron con tal fuerza, que sus nudillos y dedos empezaba a perder su color. Él sabía que lo más seguro era que Philippe, se hubiera llevado a la joven, y más importante aún, al medallón, la llave, pero por increíble que pareciera, no lo culpaba a él, sino a sí mismo por haber sido un estúpido y haberle permitido a un extraño, entrar hasta el corazón de lo que se convertiría en el origen del nuevo mundo. Supo que ya no habría marcha atrás, lo importante era la llave, y si tenía que matar a uno de los pocos que según él, eran dignos, no dudaría en hacerlo, sabía que cualquiera que se pusiera contra el destino que les aguardaba, debía de ser eliminado. Entonces recordó a Drachesohn, su viejo compañero del partido, a quien había acusado de cruel y asesino, y quien a su vez lo había acusado a él de débil e ingenuo, jamás creyó que llegaría el día en que desearía ser como él, inmisericorde, casi fanático de la muerte y la destrucción, el perro favorito de Hitler. Pero a pesar de todo, el gran maestro no aceptaría explicaciones, y toda la culpa recaería únicamente en Hess, y él entendía que ya no se podía hacer otra cosa que aceptar su responsabilidad. Ya había ocurrido antes, cuando se atrevió a defender a su buen amigo Haushofer, cuando el matrimonio que tenía con una judía había ocasionado que los miembros de la sociedad se pusieran en su contra, pero en aquel entonces aún contaba con la protección de Adolf, cuya voluntad poseía mayor fuerza que todo los maestros juntos, incluso la del gran maestro. Pero ahora era diferente, sin Karl, ya no tenía aquel apoyo moral, y sin el Führer, ya no tendría aquella valiosa protección. Lamentarse no servía de nada, ni para evitar el presente, ni para volver al pasado, tenía que afrontar la realidad, no tenía otra opción. Su mentón se alzó mientras se alistaba a cumplir su tarea, sabía que sus habilidades mágicas eran deficientes, pero contaba con algo más simple y quizá más efectivo, con pasos pesados caminó hacia 391
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— unapequeña cómoda en un rincón oscuro, casi imperceptible a simple vista, la abrió y sin buscar mucho sacó una Walther P38, cargada y lista, de forma instintiva la alzó, apuntando hacia un blanco imaginario, recordando el cómo se debía de disparar, cerró levemente su ojos izquierdo y se imaginó un disparo. Con un suspiro, dejó caer su brazo, con la pistola en mano, su rostro se endureció y sus gruesas cejas oscurecieron aún más sus ojos, y con ellos, todo su rostro. Con unas cuantas bocanadas de un cigarro, aquel solitario hombre se sentía más tranquilo, a algunos de sus compañeros les molestaba fumar con calor, pero para él, no había nada mejor que el simple hecho de fumar, en cualquier situación y con cualquier compañía, incluso si ésta era solo en constante ruido del generador. Pero aquel gusto no era lo más extraño en cuanto a sus compañeros, él parecía ser el único que pensaba constantemente en su vida presente más que en la promesa del nuevo mundo perfecto, claro que también creía en él, y lo esperaba con ansias, pero eso no le quitaba que gozara de su vida actual, con su esposa e hijos, a los cuales habían empezado a extrañar desde el primer día en que se retiró de su lado. Otro golpe salió por su boca mientras disfrutaba el constante zumbido de las maquinas a su alrededor, cuando un golpeteo metálico se escuchó a su espaldas, de inmediato levantó su arma al instante en que se daba la vuelta, solo para ver nada. Un suspiro de sorpresa salió de su boca. Tenía que aceptarlo, estaba nervioso. “Tal vez fue solo una rata, hay demasiadas en este lugar” pensó al momento de regresar a su antigua posición, pero al darse la vuelta, un brillo salió de la nada y se le estrelló en la cabeza, oscureciéndole todo al momento de escuchar levemente un golpe. Un guardia caía con la cabeza reventada, en silencio, como debía de ser, y el 392
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA instante mismo del golpe había sido una satisfacción en sí, por lo menos hasta que encontrara al enano cabrón que se había llevado a Elizabeth. No quería perder tiempo, pero la sangre que lograba brotar a través del hacha atorado en la cabeza del hombre a sus pies, lo hipnotizaba, para él, era como la más dulce agua de manantial que un sediento podía beber. ¿Cómo pudo haber sido tan necio?, ¿Cómo había podido rechazar aquella necesidad tan poderosa?, aquel disfrute, aquel deleite. Al ver como la mancha oscura crecía en el piso, Vlad se daba cuenta de aquel gozo interno en el que se encontraba, no tanto por la sangre en sí, sino por sentirse una vez más dentro de su propia carne, Isaac solo había sido una actuación, necesaria para vivir una mentira que al final el mismo terminó por creerse, pero siempre supo que dentro de aquella fachada de “mata ratas”, su verdadero rostro gritaba por ser libre. Su mano se alargó hacia el mango del hacha y con un solo movimiento, la sacó de la cabeza del muerto. Ahora podía verlo, podía sentir como aquellos temblores ridículos habían desaparecido. Ahora estaba completo, pero no como antes. Elizabeth seguía moviéndose por su cabeza, su risa, su voz, su cara, y aun sabiendo que ella lo despreciaría, debía de salvarla. La misma idea de volver a verla, aunque fuera solo por un momento, la idea de asegurar que aquella figurita blanco y oro tuviera una vida, era más que suficiente como para alegrarlo, quizá más que en el haberse despertado de lleno. Con una sacudida, el hacha quedó lo bastante seca como para volver a guardarla, aunque en realidad no le molestaba ensuciarse un poco, al contrario, en cierta forma, quería sentir la sangre llegando a su cuerpo, manchando su ropa, llenado su mente como una maldita droga. Antes de darse la vuelta, vio el cadáver una vez más, dándose cuenta de la forma que aquellos sujetos le recordaban a Salem, tras una patada al cuerpo, se aprestó a salir, pero unos pequeños bultos le llamaron la atención, lentamente se inclinó y tomando el cinturón del muerto, le retiró una especie de mazos 393
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— altiempo que su cara se adornaba con una leve sonrisa. - ¿Qué significa todo esto señor Glauer? – preguntó Dramorion, que aunque permanecía serio, y aunque su voz no mostraba enojo, algo en su porte indicaba una especie de ira pasiva. Torre miraba la mesa vacía, el lugar donde se suponía que debía de estar la joven con el medallón, pero además de que faltaba ella, también faltaba Hess, o era que acaso ese pobre imbécil se la había llevado a otro lado, Torre consideraba esa opción ridícula, pero también conocía la poca capacidad de Hess para hacer cualquier cosa bien. - ¿Y bien? – insistió Dramorion. - Ella debería estar aquí, yo mismo lo ordené – contestó Torre. El elfo se volteó hacia él, en silencio, esperando que continuara con su explicación, pero Torre no lo hizo, en vez de eso, se dio la media vuelta y salió de la habitación como si nada hubiera pasado. Los antiguos lo veían retirarse serenamente. Dramorion ya se estaba cansando de aquella actitud, los hombres de Thule eran demasiado prepotentes, se creían merecedores de virtudes y recompensan de las cuales no eran ni remotamente dignos, pero lo peor era que los trataban como si fueran iguales. Aquel derecho no lo podían tener ni los más grandes héroes del hombre, aquellos que peleaban en el frente. - Señor, no se deben confiar en los traidores, ni siquiera cuando trabajan para uno – le dijo uno de los caballeros a Dramorion. - El mismo Gran Paladín nos ha encargado esta misión – expuso Dramorion – no importa que nos tengamos que quedar en este lugar por días, semanas, o lunas, o que tengamos que hacer tratos con estas bestias, tenemos que regresar con la llave – y 394
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA callándose de pronto, salió de la habitación en dirección hacia donde se había ido Torre. No le importaba caer en el juego de aquel hombre, tampoco el tener que alimentarle el orgullo, él estaba dispuesto a hacer cualquier cosa para asegurar lo que le había sido encomendado. A los pocos pasos lo alcanzó, viéndolo moverse de un lado a otro en un pasillo sin salida, en su rostro ahora se percibía la preocupación, y en sus pasos, la impotencia. En ese momento Dramorion entendió lo sucedido, la llave si había sido traída a aquel lugar, aunque no podía sentirla, pero Torre había perdido el control de la situación y era por lo tanto, un estorbo. Sin dudarlo, se le acercó, y sacando una daga de un delgado resplandor de su guante, se la enterró en el cuello. Un grito de dolor salió disparado a todo rincón dentro del complejo, llenando cada espacio, cada habitación y cada oído en las cercanías. Torre ahora se desplomaba en el suelo, mirando fijamente a Dramorion, preguntándole con la mirada, la razón de su muerte mientras sus ojos se llenaban de terror y confusión. Él creyó que al cerrarse el intercambio, ellos recibirían su lugar en el mundo nuevo, pero ahora, mientras todo a su alrededor se volvía borroso, y el terrible dolor de su cuello se desvanecía, se daba cuenta de quienes eran en realidad lo ganadores del acuerdo. Los antiguos nunca tuvieron la intención de negociar, solo la de robar. - La llave, no la siento – dijo Dramorion. - Creí haberla sentido hace un rato, pero estas malditas corrientes eléctricas me mantienen confundido. No puedo detectarla – respondió el antiguo más retirado del grupo, el que se mantenía más cubierto. - Primero debemos de apagar sus luces – dijo Dramorion, y al ver el cuerpo de Torre, miró hacia atrás – Calanon encárgate de esto – Un elfo de cabello largo y cola de caballo, se adelantó a su señor, poniendo sus manos sobre el cadáver de Torre, el cual se mantenía con la misma expresión de 395
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— horribledecepción. Y diciendo un hechizo en élfico, una luz empezó a brillar, tras lo cual su señor asintió mientras sus demás acompañantes se mantenían serenos. - ¿Qué demonios fue eso? – preguntó Lord Hopkins ante el horrible grito que había llegado a sus oídos. Los técnicos e ingenieros también se detuvieron, todos excepto Steiner, quien bajando de la tarima de metal con un solo brinco, salió de la habitación, corriendo hacia donde había mandado a su amigo. Encontrándose con que Maltés ya se encontraba a medio del pasillo, cargando una maleta metálica de aspecto pesado. - ¿Qué pasó? – le preguntó Maltés al tenerlo más cerca. - ¿Escuchaste el grito? – preguntó Steiner. - Creí escuchar algo, pero no estaba seguro de que era – - Esto está a punto de hervir – dijo Steiner mientras buscaba algo en el interior de su bata - ¿los hombre están listos? – Maltés abrió el maletín, sacando varias piezas de metal, que rápidamente armó en una Avtomat Romanov modelo 1947, un arma secreta que el imperio ruso-mongol solo habían compartido con sus aliados italianos. Steiner tomó el arma, y sacando por fin un cargador de su espalda, se alistó para el trabajo. Maltés armó rápidamente un segundo fusil, y ambos hombres se quitaron las batas blancas, revelando una banda de roja en el brazo, en medio de la cual un símbolo solar negro se encontraba inclinado sobre un círculo blanco. - ¿Empezamos? – preguntó Maltés a su compañero. - Ya casi – respondió Steiner – primero ve por los hombres, júntalos y espérame en el pasillo con ellos, yo me esconderé detrás de las escaleras que dan a “la campana” – - ¿Por qué tanta espera? – - Idiota – le respondió Steiner en tono de burla –tenemos que esperar a que Torre y 396
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA sus principales cerdos estén en la habitación – Maltés sonrió, y levantando su brazo le dijo – ¡Salve Perón! – después corrió por donde había venido. Al cabo de unos segundos, se encontró en medio de unas tiendas de campaña, donde un hombre de mono azul se fumaba un cigarro, pero al verle, lo soltó y poniéndose firme hizo el saludo romano - ¡Salve Perón! – gritó justo antes que varios hombres salieran de las tiendas e hicieran lo mismo. - Ya es hora – dijo Maltés. Philippe salió del cuarto con precaución, incluso aun después de haber pasado varios minutos sin escuchar nada en el pasillo, muy lentamente sacó a Elizabeth, colocando su brazo por encima de sus hombros. Con cada paso que daba, volvía a encontrar un poco de la confianza que tanto necesitaba, y al llegar al final del pasillo, ya se sentía lo suficientemente bien como para soportar lo que quedaba de aquella sensación de pánico. Al final de túnel, vio con gusto un ligero resplandor al final, el cual parecía provenir de la luz de la luna que se filtraba por alguna puerta mal cerrada, quiso tomarse las cosas con calma, pues no quería emocionarse demasiado, pero no podía evitar sentir una alegría que lo empezaba a invadir desde adentro, y sin darse cuenta, comenzó a acelerar su paso, sin ver como la cabeza de la joven se sacudía de lado a lado con fuerza. Al llegar al final, puso sus manos en lo que efectivamente era una puerta, una salida. Un aire silbante entraba por los contornos de la misma como un canto melódico que anunciaba la libertad, Philippe, al escucharlo, empezó a llorar de felicidad, pero al intentar abrirla, sus lágrimas se volvieron un llanto de horror. La puerta estaba cerrada, la manija había sido arrancada y el conjunto en sí, estaba atrancado por una vara de metal. Dreadnought se había asegurado que nadie pudiera salir por aquella puerta, y le había negado su oportunidad de escape, solo dejándole la 397
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— opciónde volver por donde había venido, en busca de alguna otra salida, una que Dreadnought no hubiera encontrado primero. Philippe levantó la mano con la pistola y la azotó un par de veces en la puerta, pero aunque esta se movía levemente, era obvio que no se abriría con eso. Pensó en dispararle, pero se dio cuenta que tal vez tendría que utilizar las balas en algo más importante. Sin otra opción, sujetó a Elizabeth con fuerza y regresó a través del pasillo, con los ánimos por el suelo. Lord Hopkins se había quedado en silencio, y ante la ausencia de cualquier otro sonido, le ordenó a su gente seguir trabajando, aunque se mantenía en estado de alerta. Como todo ingles de edad avanzada, había tenido su cuota de tragedias a lo largo de su vida, una de las notorias, fue la de enfrentarse por casi cuatro años a los “hunos”, como se les decía a los alemanes por aquel entonces, por lo que se le había grabado en su mente aquellas figuras grotescas que la propaganda hacía de los prusianos, y eso, debido a su estatus, era extraño de él, muchos de sus colegas se manejaban como hombres de mundo, variando su actitud de férreos patriotas durante la época de guerra, a ávidos internacionalistas en los tiempos de paz, pero él siempre se mostró hostil con los extranjeros, y jamás soportó hacer tratos directos con ellos, aunque procuraba adquirir negocios con los ingleses que lo hacían. Por ello, estar rodeado de germanos, y además místicos, le producía una sensación de amenaza que se había incrementado con el grito. Un par de hombres de la sociedad de Thule salieron de la nada, corriendo hacia donde había salido el grito, pero se detuvieron en seco al ver a Torre saliendo por el pasillo enfrente de ellos. Con gesto serio les ordenó que se retiraran, y aunque ellos se mostraban intrigados ante aquella orden, obedecieron de inmediato a su maestro. - ¿Qué fue todo eso? – le preguntó Lord Hopkins sin recibir respuesta, viendo 398
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA como Torre solo se movía en leves zigzagueos mientras movía su cabeza de lado a lado, como buscando algo. - ¿Se le perdió algo? – inquirió Hopkins en tono molesto. Torre siguió sin responder, aunque ahora se dignó a mirarlo y mostrarle una sonrisa. Hopkins se sintió tanto enojado como extrañado, Torre no era una persona que mostrara aquel gesto juguetón, casi sincero, y aún menos, era alguien que ignorara preguntas, al menos las suyas - ¿me está escuchando? – insistió con fuerza. - No, no, disculpe, solo estoy buscando algo – respondió Torre, mostrándose algo distraído - ¿no ha visto de casualidad a una jovencita? – - ¿La joven que estaba cargando Hess? - preguntó Lord Hopkins con un espanto que se lograba filtrar por sus palabras - ¿para qué la quiere?, usted dijo que ella nada tendría que ver con lo nuestro – - Solo quiero saber si la ha visto – respondió Torre. - ¡¿Para qué?! – preguntó Hopkins con ira. Torre lo miró directamente, haciéndolo retroceder un poco, sus ojos se veían como siempre, pero algo en ellos parecía exudar una especie de amenaza que Hopkins no había sentido antes. Pero el viejo recobró rápido su valor y poniendo un pie sobre el otro, se le acercó sin mostrarse temeroso. - ¡Señor, acaso me ha mentido usted!, ¡cómo se atreve!, ¡a mí!, ¡a la persona que ha financiado toda su ridícula doctrina! – le gritó casi en la cara. Pero antes que pudiera continuar con su reproche, Torre le agarró del cuello y levantándolo del suelo, lo sostuvo un instante. Hopkins estaba más aterrado que asfixiado, la rapidez de los movimientos de Torre, solo le habían permitido tomar el suficiente aire como para soportar el estrangulamiento, y tras un segundo de suspensión, Torre lo aventó al suelo con desprecio, casi como arrojando basura. 399
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— - No, no la ha visto – afirmó Torre con tranquilidad. Hopkins se levantó de inmediato, con una velocidad impresionante para un viejo, y sacando un revolver Mosley de su chaqueta, lo apuntó hacia Torre - ¡miserable huno traidor!, ¡te has metido con la persona equivocada! - Al principio, Torre se mostró sorprendido, pero de inmediato, su rostro cambio a uno adornado con una simpática sonrisa, la misma que muestran los niños cuando ven a un perro pequeño gruñéndoles con impotencia, en ella, solo había desdén – vaya – dijo –creo que no esperaba eso – De inmediato, la mitad de los hombres de bata, alzaron sus brazos y mostraron sus armas, todas apuntándose hacia Torre, quien apagaba su sonrisa de forma forzada. - No, no esperaba esto – dijo con voz sombría, descubriendo la incompetencia de Glauer, y la suya por depender del mismo. Sus supuestos aliados, se habían logrado colar llenos de armas al corazón mismo de su cubil, eso era un error sorprendentemente estúpido, incluso para un hombre. Pero aunque Torre había retirado su leve alegría, Hopkins se empezó a sentir más preocupado al ver como el llamado maestro, endurecía su rostro. Un sonido de golpeteo, salió de debajo de la tarima de metal, distrayendo por un segundo a los presentes, pero no lo suficiente como para distraerles de Torre y de cualquier mínimo movimiento que pudiera hacer éste. El maestro dio un paso hacia atrás, y de inmediato, aquel sonido metálico que hacen las armas al moverse hizo eco por todo el lugar. Torre se mantuvo quieto, serio, esperando no hacer nada que pudiera sobresaltar a los simios armados que amenazaban su vida. Tal vez podría lanzarse a la carga, pero con tal ventaja numérica, le era imposible asegurar su propia seguridad, aquellos hombres parecían saber disparar, y aunque fuera más rápido que cualquiera de ellos, 400
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA definitivamente no era más veloz que sus balas, pero justo cuando todo parecía tornarse, si bien no en su contra, si como una penosa molestia, un zumbido retumbó ligeramente en sus orejas, lentamente levantó su cara y volviéndose a mostrar confiado, dijo – ya era hora – Al instante, todas las luces del lugar se apagaron, sumergiendo cada rincón en un mar de oscuridad. El sonido de las armas en movimiento se desató en medio de un caos de voces de pánico y gritos de órdenes. Solo Hopkins se mantenía quieto, congelado en la misma posición, esforzándose por tratar de ver más allá de las oscuras siluetas que inundaban sus ojos, entrecerrando sus parpados, en un esfuerzo en vano. Una luz se encendió de repente, proveniente de los faros que habían sido puestos para iluminar “la campana”, y aunque el aparato estaba recubierto por lozas de cerámica oscura poco reflejante, la luz refractada era sin duda mejor que la penumbra total. Hopkins giró su cabeza en dirección a donde había estado Torre antes del apagón, pero vio el rincón vacío, lleno de pánico empezó a girarse en todas direcciones, igual que la mayoría de sus hombres, todos excepto uno, que bajando su arma, se quedó inmóvil, viendo fijamente al techo encima de “la campana”. - ¿Qué demonios te pasa Swanson? – le gritó el hombre a su lado, pero al ver el ligero reflejo de un gota de sudor, dirigió su mirada hacia donde creía que estaba viendo su compañero. Poco a poco, como un efecto en cadena, todos los presentes hicieron lo mismo, dejando a Hopkins al último, quien subiendo lentamente su cabeza, se quedó anonadado al ver una extraña figura de negro con los pies en el techo, totalmente de cabeza. Con un poco de esfuerzo pudo verle mejor la cara, blanca, casi luminosa, cubierta con largos cabellos dorados, todos arreglados en una cola de caballo. - ¡UN ELFO! – gritó uno de los hombres antes de abrir fuego, pero no antes que el 401
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— antiguose abalanzara a la oscuridad al momento que sacaba una larga espada de una funda de cuero negro. El sonido de los disparos crearon una cacofonía de golpes y ecos que lastimaban los oídos, pero dentro del mar de sonidos, se lograba escuchaba claramente el de un filo de metal raspando el piso. Un rápido tajo en la oscuridad lanzó un enorme charco de sangre al suelo al tiempo que un par de hombres caían sin vida, y uno de los faros se tambaleaba violentamente antes de estrellarse contra el oscuro aparato al que iluminaba. Un segundo tajó dejo un manchón en una de las paredes mientras los sonidos de los disparos iban perdiendo constancia. Lord Hopkins, lleno de pavor, se dejó caer en el suelo y de inmediato se puso a gatear en busca de una salida, la cual según recordada, se encontraba a sus espaldas. Una a una, las luces de la habitación eran apagadas junto con la vida de los hombres que las rodeaban, impotentes ante un enemigo al que no podían ver, al final, un único grito se calló al apagarse la última luz, dejando a Hopkins aparentemente solo, a merced de aquel monstruo en la oscuridad. Al igual que un niño aprendiendo a moverse, Hopkins se movía con torpeza, tanteando el terreno con sus manos, alargándolas y meneándolas de lado a lado hasta que se toparon con una extraña elevación metálica, por mero reflejo, empezó a subir la mano por esta, sintiendo un metal frio, con bordes extraños, al subir más pudo darse cuenta que estaba siguiendo el contorno de una pierna y sollozando, se rindió ante su destino. - No llores viejo, mejor muestra la dignidad con la que retabas a Glauer, y muere con ella – le dijo Calanon en la oscuridad, blandiendo su espada por sobre la cabeza de Hopkins. Pero antes de bajarla de golpe, varios resplandores rojizos aparecieron de la nada y formaron un semicírculo alrededor de él. - ¡Baja tu espada monstruo de mierda! – le gritó Steiner a través de la mira de la 402
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA versión rusa del vampyr, alegrándose por haber previsto una serie de situaciones, muchas muy poco probables. Calanon se dio cuenta que había perdido su ventaja, él podía ver mejor que los hombres, pero no en la oscuridad, donde sus otros sentidos, todos altamente entrenados, le eran más útiles, pero ahora, los hombres eran quienes podían ver mejor que él, además, parecían estar armados con “el arco rápido”, aquella arma del Este que se había vuelto tan temida entre los guerreros. La situación había cambiado una vez más, pero eso no significaba su derrota, sin titubeo, se lanzó hacia el hombre más cercano al pasillo, y zigzagueando rápidamente, en un intento por evitar los disparos que surgían, logró herirlo en la pierna justo antes de romper el semicírculo y salir corriendo de la habitación. De inmediato, Steiner ordenó el cese al fuego, y caminando hacia Hopkins, lo tomó por el brazo y lo levantó con brusquedad. - Ahora, usted y todo lo suyo, nos pertenece – le dijo. - Señor – gritó Maltés dirigiéndose a Steiner – tenemos un herido. Lo que parecía ser un insulto en español se logró escuchar entre el oscuridad - ¡enciendan sus luces! – gritó Steiner, y poco después, varias lámparas encendieron el lugar lo suficiente como para que Hopkins pudiera ver cómo, a través de su manga, el brillo de la sangre húmeda recorría su brazo. – No – continúo Steiner – tenemos dos – Calanon maldecía su suerte, una cosa era haber tenido que soportar la credulidad de Glauer en un mundo perfecto, o tener que soportar una marea de disparos, pero aquellos últimos hombres habían sido el colmo. Parecía que el lugar estaba lleno de sorpresas, de pronto, se dio cuenta de la sensación extraña que ahora recorría su cuerpo, la misma que tanto había estado buscando. Sin el constante destello de la 403
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— electricidadpor todo el edificio, ahora podía sentir el lugar donde emanaba el poder de la llave, y aunque era débil, era más que suficiente. Pero cuando estaba listo para lanzarse en su encuentro, una figura se apareció de repente frente a él, y levantando una lámpara, mostró su sorpresa. - ¡Maestro! – exclamó un hombre vestido de negro, un miembro de la sociedad Thule. El rostro de Torre permaneció inmóvil, examinándolo rápidamente al tiempo que no perdía de vista los ojos del hombre – nos han traicionado – le dijo. - ¡¿QUE?! ¡¿QUÍENES?! - gritó el sujeto de negro - ¿los ingleses? ¿Ellos apagaron las luces? - - ¡No son ingleses!, ¡son hispanos traidores! ¡Están donde la campana! ¡Rápido!, ¡ve y avisa a los demás! Tenemos que matarlos a todos – le ordenó Torre mientras le daba la vuelta y lo empujaba a través del pasillo. Calanon esperaba que eso significara una oportunidad para ellos, si lograba que lo hombres se mataran entre sí, podrían encontrar la llave con menos dificultad, aunque también existía el riesgo de aumentar el fuego cruzado, además que no sabían con exactitud la posición de todos los que estuvieran en aquel lugar, pero no le quedaba otra salida, el problema ya estaba ahí, y solo podían esperar poder sortearlo. Philippe estaba peor, la poca luz que había en el pasillo había desaparecido por completo, tal vez por culpa de Dreadnought, aunque no era seguro, no obstante, aquello podía significarle una ventaja, él siempre tuvo buena vista en la oscuridad, además, su experiencia durante los años de la gran crisis, le habían enseñado a caminar casi en silencio total, porque en aquellos días, era muy común que los antiguos patrullaran las ruinas y escombros en busca de sobrevivientes que pudieran usar como 404
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA esclavos y como los antiguos parecían mostrar una audición sobrehumana, el silencio rápidamente se había convertido en una virtud importante. Al girar por una esquina, creyó ver una silueta moviéndose hacia él, y quedándose completamente quieto, redujo lo más que pudo su respiración para pasar desapercibido, pero empezó a notar que la respiración de Elizabeth era fuerte, mucho más de lo que hubiera querido. La silueta se empezó a mover de forma extraña, directo hacia él, pero avanzando de forma lenta, con precaución. Philippe se percató que pertenecía a una persona, y de inmediato pensó en Dreadnought, pero al no escuchar el característico tintineo metálico que tanto se le había grabado en la cabeza, descubrió que quien fuera, definitivamente no se trataba del cazador, y eso, por menos significaba un alivio, aunque tal vez no tan significante como lo hubiera pensado. Con sumo cuidado empezó a caminar de regreso, por donde había venido, con la esperanza que quien estuviera enfrente, no pudiera se hubiera percatado de su presencia, y en caso contrario, que no pudiera seguirle. Pero al primer paso, su pie se posó sobre lo que parecía ser algún tipo de costal, y al no poder pisar bien, todo su cuerpo cayó al suelo. Philippe maldijo dos veces, la primera por la impresión de la caída y la segunda, por haber maldecido en voz alta. De inmediato, la oscura silueta frente a él, se detuvo y pareciendo retroceder, empezó a vociferar algo en una extraña lengua. Una débil luz blanquecina salió de la nada, iluminando a Philippe mientras trataba de levantarse, quien con horror pudo ver que el saco que había creído golpear, era en realidad un hombre muerto, con la cabeza completamente destrozada. Lleno de asco, más que de miedo, Philippe se dio la vuelta, sin darse cuenta que golpeaba a Elizabeth con su giro, pero al voltear la cabeza se quedó en silencio al ver a Rudolf, quien sostenía en una mano izquierda una especie de bola de luz blanca, y con la derecha, una pistola. - Muchacho – le dijo - ¿cómo pudiste ser tan estúpido? – 405
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— La cara de Rudolf había cambiado, ya no parecía un perro simplón, y su imperecedera sonrisa había sido sustituida por unos labios secos, tan cerrados entre sí que había perdido cualquier rastro de color, sus ojos parecían rodeados por una especie de aros oscuro, pero a pesar de todo el conjunto de rasgos malignos, para Philippe, el nuevo aspecto de Hess, le parecía más una copia a color del monstro de Frankenstein, de la película de 1931, graciosa, aunque el momento no le dada oportunidad de reír, porque si bien no conocía en su totalidad los poderes mágicos de Hess, la pistola con la que lo apuntaba, era sin duda suficiente como para acabar con su vida. Pero a diferencia del pánico que lo invadió con respecto al cazador, ahora se sentía más confiado, más ligero. Conocía los hábitos de Rudolf, y sabía que podía explotarlos a su beneficio. - ¿Para que la quieren? – respondió Philippe mientras se orillaba de tal forma, que las sombras ocultaban la pistola que sujetaba. - Te repito que no la queremos a ella, solo queremos el medallón que porta – replicó Hess. - El medallón parece estar pegado a ella, así que lo que quieran con esa cosa, la incumbe, tú lo sabes, ¿acaso es tanto el fervor que tienes por las ridiculeces en las que crees, que puedes sacrificar gente inocente sin la menor culpa? – - No, no es eso. Es decir… – empezó Rudolf con cierto tartamudeo – no creas que estoy contento con esto. Pero si supieras lo que… ¡tú no tienes derecho a decirme nada!, ¡tú eres un maldito mercenario!, ¡eres nuestro perro!… – le dijo sin ver como Philippe levantaba su pistola, y tratando de enfocarse en su objetivo, apretó el gatillo con fuerza. Un solitario disparo hizo su aparición en el cuarto, y todo rastro de luz desapareció con él. Philippe no pudo decir que tan certero había sido su tiro, pero el sonido que 406
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA había escuchado era el de una bala que golpeaba carne. La respiración de Elizabeth era ahora el único sonido que se escuchaba mientras Philippe la levantaba con cuidado, y al sostenerla de nuevo bajo sus hombros se preguntaba en el extrañamente pesado sueño que poseía la muchacha. Disparos, golpes, sacudidas, gritos, nada parecía despertarla, Philippe pensó que tal vez no se encontraba bien, pero al escuchar un ligero ronquido se dio cuenta que sus preocupaciones quizá eran exageradas. Esperando un poco, tratando de recobrar un poco de visión, empezó a caminar hacia donde había estado parado Rudolf, y al llegar allí, puso su pie sobre algo que se sentía igual a un costal, supo entonces que Hess se encontraba muerto, y sin detenerse en examinar al cuerpo siguió caminando, sin escuchar como un leve gemido empezaba a salir del bulto tirado en la oscuridad. - ¿Quiénes son ustedes? – preguntó Hopkins sobresaltado. - Gente armada – respondió Steiner – y eso es todo lo que ocupas saber viejo – - Eso, y que hiciste tratos con quien no debías – añadió Maltés, quien dirigiéndose a Steiner, le dijo en voz baja – señor, ¿qué era eso? - Steiner volteó hacia él, y bajando la mirada le respondió con seriedad – hay elfos aquí – Las murmuraciones empezaron a brotar hasta que Maltés ordenó silencio - ¿cree que esto nos lo haga más complicado? – - ¡Por Dios Maltés!, ¡realmente crees que nos lo hará más fácil! - le respondió su superior con enojo – pero la campana es nuestro objetivo principal y tenemos que encontrar la forma de transportarla al norte, todo lo demás es secundario, ¿entienden? – - ¿Y Torre? – preguntó uno de los hombres. 407
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— - Está muerto, creo que lo mató el viejo – Pero mientras hablaban, Maltés encendió una bengala y la arrojó hacia una de las esquinas de la habitación, descubriendo el matadero en el que se había convertido todo el lugar. Cuerpos sangrantes por todos lados, pedazos de piso y vidrio regados por doquier, junto con los rastros de infinidad de disparos, todo era un caos, sin embargo algo parecía faltante, y Steiner fue el primero en notarlo. Ignorando a sus compañeros, corrió hacia un claro en la habitación y empezó a girar su cabeza en todas direcciones. - ¡No está! – exclamó con enojo. - ¿Qué? – preguntó uno de los presentes. - ¡Torre!, ¡no está! –repitió con más excitación. Siempre evitaba las cuestiones personales en su trabajo, pero durante años, se había topado con el sol negro, y al paso del tiempo, había desarrollado una especie de deseo por acabar con Torre, casi llegando al grado de una obsesión. - Igual que en Varsovia – le dijo Maltés desde la distancia, pero su compañero no le respondió, es más, se sentía casi molesto por ese comentario. En aquel entonces estuvo más que cerca que nunca de haber matado al hombre encargado de toda la sociedad Thule, una sociedad mística que había sido proscrita de Alemania bajo las órdenes de Von Seeckt, y que había sido causante de una infinidad de actos terroristas durante los años anteriores a la gran crisis tanto en Europa como en Rusia y Argentina. Maltés se giró en dirección a la campana, y hablando en voz alta continuó – dudo que funcione, no está terminada, entonces, ¿qué haremos si no podemos sacarla? – Steiner se dirigió a él, y dándole una fuerte palmada en la espalda le dijo – entonces deberemos de limpiar este lugar para después comunicarnos con el centro. Ellos vendrán después – Varias risas intervinieron después de las palabras de Steiner, mientras algunos de los 408
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA hombres levantaban sus armas con gusto, quizá Alemania era considerada como un modelo a seguir, más cuando fueron los inmigrantes alemanes quienes ayudaron a la creación de los ideales de superioridad argentina, pero los miembros de Thule no eran considerados como alemanes ya por ninguno de los presentes, de hecho, ya por ninguna de las naciones pro germanas del mundo. Steiner recargó su arma, y ordenándole a la mitad de sus hombres que lo siguieran, se internó en uno de las salidas de la habitación, el pasillo por donde haba visto huir al elfo. Era curioso, para él y seguramente para sus hombres, era más importante terminar los asuntos pendientes con Thule, que en enfrentarse a los antiguos, esa era una ventaja de su unidad, mientras la misión principal fuera cumplida, el alto mando les otorgada libertad de acción con respecto a cualquier detalle secundario. Lord Hopkins se había mantenido callado, escuchando pacientemente las pláticas de aquellos hombres, que curiosamente combinaban tanto español como inglés, intuyó que se trataban de descendientes británicos, o de fascistas ingleses que habían huido al supuesto paraíso de Perón, cuando este tomó el poder mediante unas elecciones cuasi democráticas en el 46. Aunque aquello era solo una suposición, bien podría tratarse de mercenarios de habla inglesa, como los irlandeses que luchaban con los Estados Soviéticos. Mientras pensaba en las opciones, Maltés se movió al centro de la habitación, caminando de un lado a otro, examinando la campana. Después de un rato, detuvo su inspección y subiendo a la tarima, le gritó algo a sus compañeros, quienes moviéndose en su dirección, bajaron sus armas, tomaron herramientas y empezaron a trabajar en el enorme aparato. Lord Hopkins, se levantó con cuidado, caminando hacia Maltés sin mostrarse preocupado, creía que por su forma de hablar, sería menos hostil que el tal Steiner, y con gusto se dio cuenta que Maltés lo miraba con calma. Hopkins se quedó a su lado, 409
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— ensilencio, viendo como trabajaban en la campana como si nada además del fallo de las luces hubiera pasado - ¿quiénes son ustedes? – preguntó al fin, empujado por la curiosidad. Maltés se volteó hacia él, pero no le respondió, sin embargo levantaba ligeramente su arma, como si quisiera decir algo con ella. Hopkins no sintió agresión de su parte, así que pensó que aquel gesto era más una respuesta que una amenaza, lentamente miró el arma, tratando de deducir algo en ella, y de inmediato pudo ver en su diseño algo que no había visto antes, parecía ser una especie de rifle automático, pero más avanzado que ningún otro que hubiera visto antes, aún más que el Mondragón M1944 que usaban los soviéticos, el cual se había ganado la fama de ser la mejor arma en el frente. Eso significaba que quienes fueran aquellas personas, tenían la importancia suficiente como para portar armas clasificadas fuera del frente. Con rapidez, la mente de Hopkins empezó a divagar en las divisiones y grupos armados de cualquier bastión fascista, desde Rusia hasta Sudamérica, desde el ejército, hasta los grupos guerrilleros de extrema derecha que fueron asesinados en masa en España y Brasil, pero no daba con una opción viable, el Barón loco era demasiado disciplinado como para ocuparse de algo que no fuera los asuntos del frente, así que las personas que estaban allí, las que contrató creyendo que eran ingleses, eran parte de cuerpos extra militares, por otro lado, tampoco podían ser simples espías, ya que se movilizaban más como una unidad militar que como simples informantes, y como un golpe, la respuesta apareció en su cabeza. - Cuerpo de gendarmes especiales – dijo sorprendido, refriéndose a la organización policiaca rusa, que desde mediados del siglo XIX se habían dedicado a la seguridad del estado ruso, y desde el ascenso de Ungern, a la consolidación de un estado de terror en los países que el Imperio ruso se anexaba, aprovechando que las demás naciones 410
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA humanas estaban ocupadas con la guerra. Maltés se mostró algo complacido y animándose a responderle le dijo – casi viejo, casi – y guardando silencio, le dio la espalda y siguió observando el trabajo en “la campana”. Hopkins levantó la cabeza mientras reconocía su estupidez. Obviamente aquellos hombres no podían ser rusos, si lo fueran no estarían hablando español, por un instante se llamó a sí mismo un ignorante, pero al bajar la mirada pudo ver la banda de brazo que portaban los miembros de su nueva compañía, y lo entendió todo de inmediato, era gente del primer Imperio Argentino. Calanon se dirigía con rapidez hacia donde emanaba la energía de la llave, sintiéndola cada vez más fuerte. Había decidido ir primero tras ella, sin avisar a su señor, después de todo no sabía por cuánto tiempo disfrutaría de aquella calma tensa, ya que los romanos estaban también en el edificio, y aunque era improbable que los Thule descubrieran la traición, no era imposible. Eso los dejaría en medio de un enfrentamiento con desventaja numérica, lo mejor era esperar que su treta hubiera sido suficiente y que ambos bandos se mantuvieran ocupados. Pero al dar vuelta en una esquina se encontró ante una pared. Calanon se dio cuenta que la energía de la llave era más fuerte de lo que había creído en un principio, por lo que viajaba ininterrumpidamente, traspasando paredes y cuerpos como si nada, podría esperar a sentir más fluctuaciones, o buscar alguna piedra en la que pudiera poner algún hechizo guía, pero eso le tomaría más tiempo que el solo buscarla. Pero antes que pudiera ponerse en marcha de nuevo, la luz de una bengala y una serie de voces que se escuchaban a la distancia le llamaron la atención, cuando se acercaron más, se dio cuenta que se trataba de alemán, por lo que se dirigió hacia ellas, encontrándose con 411
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— ungrupo de hombres vestidos de negro, tomando de inmediato la forma de Torre. Cuando lo vieron, los hombres se inclinaron en señal de respeto, mostrando ser de los rangos más bajos de la sociedad. - Gran maestro, ¿qué ha sucedido? – le preguntaron, aún con las cabezas bajas. - Eso no importa – les dijo – solo me importa encontrar a la joven que Hess llevó al altar – continuó, pensando que era más importante encontrar de una vez por todas a la llave. Pero todos los hombres se quedaron callados, viéndose entre ellos, mostrándose ignorantes de lo que decía su maestro. - ¿Qué joven? – preguntó uno de ellos. Calanon bufaba por dentro, enojado por perder el tiempo con aquella basura, pero antes que pudiera dar la media vuelta, una vara de metal cayó en medio del grupo. Calanon la miró por solo un segundo antes de lanzarse hacia el suelo y cubrirse detrás de un escudo, que brotaba de una luz de uno de los cristales que tenía incrustados en sus guantes. Una explosión de metralla salía disparada a todos lados, matando a todos los hombres de negro, Calanon había sobrevivido, pero un trozo de metal había chocado contra su pierna, y aunque no la había herido de gravedad, si le había atravesado la armadura y se le había quedado incrustada en el muslo. Sin mostrar su dolor, simplemente se quitó la placa de la pierna, viendo como un hilo de sangre bajaba hasta el suelo. La herida, a pesar de la sangre, parecía ser superficial, podía fácilmente hacer algún hechizo de curación, o solo vendarse con una banda de hierbas medicinales, pero consideraba que ya había perdido demasiado tiempo, así que optó por ignorarla, después de todo, dejaría de sangrar en poco tiempo. Pero al estar pensando en su pierna, no notó como una silenciosa figura salía por el mismo lugar que la granada, y corriendo hacia él lo embestía con un hacha. 412
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA Calanon lo vio con el tiempo suficiente como para dar un salto hacia atrás, y sacando su espada, se le abalanzó de inmediato. La persona del hacha pareció titubear un momento, pero logró reaccionar a tiempo para detener el primer ataque del elfo con su arma, pero al tratar de quitarse al antiguo de encima, Calanon aprovechó el forcejeo para lanzarlo con una patada. Aquel hombre rodó por el suelo, soltando su hacha, Calanon no perdió un segundo, y saltando hacia él, empuño su espada hacia el suelo, con la intención de clavarlo, pero el sonido de una recarga lo hizo alargar su pie en un esfuerzo por detenerse antes de caerle encima. El disparo de una escopeta logró penetrarle parte del peto, y tras soltar un grito de dolor, logró caer sobre sus piernas, utilizando su espada como un tercer soporte. - ¿De qué joven estabas hablando? – le dijo el hombre al acercarse. Calanon se mantuvo quieto y en silencio, esperando que su atacante se acercara más, y al ver que la distancia era la indicada, levantó su espada y se le lanzó con todas su fuerzas, pero el esfuerzo hizo que la herida de su pierna empezara a dolerle, y limitando su velocidad, vio como la persona de la escopeta lograba esquivar la estocada y le daba un golpe con la culata de su arma. Calanon volvió a caer, ahora de espaldas, dándose la vuelta trató de levantarse, pero de inmediato un pie cayó sobre él con fuerza. - ¡¿De quién estabas hablando?! – le dijo el hombre mientras la luz de la bengala en el suelo le iluminaba la cara con rojo. Calanon se llenó de un extraño susto al ver las facciones de aquella persona, sus ojos, su boca, su cara, todo evocaba la imagen de un lobo rabioso. No respondió, más por el miedo que por cualquier otra cosa, pero a Vlad no le importaba la razón, a él solo le interesaba que el antiguo parecía saber algo de Elizabeth, y aun cuando prefería encontrarla por él mismo, y matar a todo mundo durante el proceso, no le venía mal un poco de orientación. 413
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— Pero al ver que el antiguo bajo sus pies permanecía en silencio, Vlad no volvió a preguntar una tercera vez, solo levantó su escopeta sobre la cabeza del antiguo y apretó el gatillo. - Esta muerto – Dramorion se detuvo al escuchar esas palabras, pues sabía a lo que se referían. - Es mejor acabar con esto de una vez – replicó uno de ellos. - Aefaradien – le dijo al elfo cubierto - ¿sigues sin sentir la llave? – - La siento señor, pero su energía es demasiado fuerte como para poder ubicarla en este laberinto – - Señor… - dijo otro, pero antes que pudiera decir algo más Dramorion alzó la voz con potencia. - ¡Sepárense!, maten a todo animal que vean, encuentren la llave y nos reuniremos al amanecer en el círculo de transferencia – Todos asintieron, sin añadir algo, sin cuestionar algo, solo aceptaron la voluntad del caballero al mando, y coordinándose sin emitir palabra alguna, cada uno salió hacia un corredor distinto. Solo Dramorion se quedó en el mismo lugar, en silencio, apretando las manos en un intento fallido por llorar a su hermano de armas, pero al cabo de un rato, la tristeza se convirtió en odio hacia quién hubiera acabado con Calanon, hacia la impotencia de no haber podido ayudarle, hacia sí mismo por ser incapaz de llorar por él. A diferencia de con los hombres, él sabía que las almas de los antiguos no desaparecían de este mundo, sino que se dispersan en él, volviendo a la fuente de vida que da orden y vitalidad a la Gaia, pero eso no implicaba que se les podía volver a sentir, o ver, tal y como fueron en vida. Ni la magia, ni siquiera la prohibida, podía revivir a los muertos, y ese es el verdadero infierno de los inmortales, una promesa de 414
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA vivir para siempre que tarde o temprano se traducía en la desgracia de vivir sin nadie, y para ellos, la gracia de la muerte no significaba el inicio de una nueva vida, y en eso radicaba su odio por la humanidad, quien sin ser meritoria de algo, solo manteniéndose viva a costa de la salud del mundo, era la que gozaba de la mayor promesa de este, la promesa del goce eterno. Los hombres lloraban por sus hermanos caídos con tanta facilidad como el respirar, pero los antiguos no podía hacerlo, su propia fortaleza les impedía expresar su dolor, y a la larga, eso se convertía en una carga demasiado insoportable. Y por eso, la orden era la única verdad, si era cierto que lo hombres no pertenecían al mundo, que solo existían en él por un breve momento y que al morir regresaban a su lugar de origen, entonces, el mundo estaría mejor sin ellos, sin caos, sin muerte sin sentido, sin destrucción sin motivo. Un mundo solo para quienes pertenecieran a él, una Gaia de antiguos, feliz y perpetua. “Al final, solo la Gaia y sus hijos” pensó mientras sacaba la espada de su funda. A él no le gustaba guardarla mágicamente como a algunos de sus compañeros, él prefería sentir siempre su peso a su costado, saber que existía físicamente en todo momento, como un recordatorio de su propia naturaleza. La miró por un momento viendo el poco brillo que podía reflejar en aquella penumbra. Miró en ella sus ojos, o creyó hacerlo, y por un momento, recordó la risa que sentía en su infancia a causa de su propio nombre, en aquel entonces jamás se imaginó que terminaría como un reflejo de su propio padre, pero dejando su mente en blanco, se lanzó a la oscuridad. Cubierto totalmente con una túnica negra, Sadron corría con la mayor velocidad que podía, no ocupaba sus ojos, solo con sus oídos era más que suficiente para encontrar la llave, sus reflejos eran excelentes, incluso dentro de su gente, y sus manos, 415
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— siemprese mantenían ocultas, listas para presentar ataque contra cualquier resistencia. Al igual que sus compañeros, también se lamentaba la muerte de Calanon, pero él sentía vergüenza por preocuparse por la pérdida de un amigo mientras los guerreros regulares vivían en un clima de constante frustración. Ellos perdían hermanos cada día, cada hora, y sin embargo, seguían luchando por el imperio. ¿Quién era él para creer que su pesar era superior a los de los guerreros de casta inferior?, ellos, quienes habían ya demostrado desde hacía tiempo ser la verdadera fuerza de Ávalon. El último Merlín lo sabía, pero Saerwen se impedía por todos los medios posibles el reconocerlo, para ella, la casta representaba un orden inquebrantable, una especie de valor social superior a cualquier merito individual. Pero de todo ese pensar, para Sadron, lo que más ocupaba su mente era el sentir la presencia de la llave, pero por aquella sensación, tarde se dio cuenta de la distracción en la que se encontraba, hasta que al doblar un pasillo, una serie de disparos empezaron a llegar desde el final del siguiente corredor. Sadron no detuvo su velocidad, solo se lanzó contra la pared y con el impulso, regresó hasta la esquina. Con gusto se dio cuenta que no presentaba ninguna herida, pero eso había sido más por suerte que por cualquier otra cosa, al escuchar voces humanas, se dio cuenta que no se trataban de los hombres de Thule, sino de romanos. Aquello sin duda era una mala señal, más cuando se percató que aquellos hombres podían ver en la oscuridad. Pero pensando con rapidez, lanzó un conjuro sobre sí mismo, y al dar la vuelta se lanzó directo hacia sus nuevos adversarios. En espera de algo que se moviera, los hombres de Steiner, aguardaban en silencio, sus aparatos de visión nocturna aún podrían seguir prendidos por unas cuantas horas más, pero eso era solo en teoría. Uno de ellos dio un paso al frente, pero fue detenido de inmediato por su superior, quien sabía que era mejor asegurarse de cada movimiento con tal de evitar caer en una emboscada, además, a pesar de pertenecer a 416
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA cuerpos altamente entrenados, ninguno de ellos había estado en combate contra un elfo, por lo que desconocían de primera mano, la magia que usaban. Hubiera sido mejor haber mandado veteranos de guerra, pero la secretaría de defensa siempre trataba a sus divisiones militares como sus soldados de juguete, por lo que era muy celosa de prestarlos para cualquier cosa fuera del frente. Solo Steiner era la excepción, pero en todos sus años de servicio, solo tuvo que enfrentarse a hombres, soldados, mercenarios, brujos y caudillos, pero humanos todos al fin, sin embargo, sentía que dar cualidades superiores a su enemigo, solo aumenta la fuerza del mismo, por lo que permanecía confiado de sus hombres, su entrenamiento, y sus armas. Pero de pronto uno de ellos se desplomó en el suelo, y de inmediato los hombres sujetaron mejor sus armas, acercando sus rostros a sus visores nocturnos, ninguno dijo algo, o exclamo algo, pero a través de la luz rojiza se podía ver terror en sus rostros. Un segundo hombre cayó al suelo después de apenas exclamar un gritito de dolor, y en ese instante, sus compañeros empezaron a disparar sin poder ver nada fuera de lo normal. Uno a uno empezaron a caer ante la nada, pero fue Steiner el primero en notar una mancha de sangre que parecía moverse rápidamente en el aire. Sin perder tiempo empezó a dispararle, y vio tanto con gusto como con terror, como una serie de brillos y sonidos de impacto parecían aparecer de la nada, como si existiese una especie de muro invisible rodeando al asesino de sus hombres. Pero a pesar de los impactos iníciales, apuntar le era extremadamente difícil, y con un último tiro fallido, su cargador quedó vacío. Casi en medio del pánico, trató de cargar su arma lo más pronto posible, pero cuando por fin lo hizo, se dio cuenta que era el único del grupo que quedaba. Steiner se giraba de lado a lado, tratando de ver cualquier cosa fuera de lo normal, pero en vano. Sin darse cuenta, empezó a ceder ante el pánico, su respiración iba en aumento y el sudor hacia que sus ropas quedaran empapadas, le costaba ver cualquier 417
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— cosaque no fuera la estática de su visor, o escuchar otra cosa fuera de su propia respiración. Un extraño resplandor apareció de la nada, rápido como un rayo, atravesando el aire hasta llegar hasta Steiner, pero éste logró reaccionar a tiempo como para dejarse caer y esquivar lo que parecía ser una estocada de aire. Rápidamente se lanzó hacia uno de los cadáveres de sus compañeros, y tomando su arma, sujetó un fusil en cada mano y empezó a disparar hacia todos lados. Pero antes que se le terminaran las balas, un golpe, como una patada, lo golpeó en el pecho, y antes de caer, sintió como un golpe en la espalada lo lanzaba contra la pared. Steiner quedaba inconsciente, sin percatarse de cómo la figura de Sadron aparecía de la nada, tocándose un hombro lleno de sangre. El último intento del hombre había dado un pequeño éxito, pero tan patético que merecía quedar ignorado. El elfo miró a su alrededor, viendo la ausencia de respuesta de los hombres, observando a Steiner por un momento, pero al considerarlo menos que una simple molestia, decidió dejarlo vivir, no había honor en matar a alguien dormido, e ignorando el resto de la matanza, siguió su camino. Maltés los había escuchado, disparos de la AR-47, silenciados en segundos. Eso no era una buena señal, y dándose cuenta que quizá él tendría que tomar el mando tarde o temprano, se dio la vuelta y señaló a las entradas. - ¡Quiero que sellen los accesos! – gritó a sus hombres. - Capitán – respondió uno – el mayor aún no ha regresado – Maltés calló por un momento, y dirigiéndose hacia el soldado que había objetado, le dijo con una voz lenta y furiosa, que hiciera lo que él acababa de ordenar – bajo mi responsabilidad – terminó. Por un segundo todos parecieron vacilar, pero se dieron cuenta que el capitán sería 418
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA incapaz traicionar al mayor, ambos eran buenos amigos, e incluso con las diferencias de rangos siempre se trataban como iguales, y algo tendría que estar sucediendo para que el capitán hubiera tomado aquella decisión. Sin decir nada más, varios hombres tomaron unos paquetes y corriendo hacia los accesos, los pusieron en varios lugares de las paredes y debajo de unas tarimas de metal que pasaban por encima de ellas. Tras colocar las cargas, conectaron el detonador y regresaron hacia el centro de la habitación. Maltés ordenó que se replegaran hasta el corredor trasero, y poco después dos explosiones lanzaban escombro por todos lados antes de dejar que parte de la estructura colapsara sobre ella misma, sellando con lámina y concreto los dos corredores principales. Ahora, solo quedaba la salida trasera, la cual sería más fácil de defender en todo caso. XVII ROJO AMANECER Philippe había sentido una sacudida, así como el sonido de una explosión, pero no pudo determinar ni su causa ni su ubicación, creyó que aquello le terminaría afectando, pero sin pensar mucho en el asunto, siguió caminando. Al llegar a lo que parecía ser una pequeña sala de enfermería, encontró un catre en el que acostó a Elizabeth, dejándose caer después él mismo en una silla al lado. La luz aún no volvía, pero sus ojos ya se habían acostumbrado lo suficiente como para disfrutar de una idea bastante precisa de lo que lo rodeaba. Miró a Elizabeth por un momento, pensando una vez en lo extraño de su sueño, jamás en toda su vida, se había encontrado con alguien que poseyera semejante sueño pesado, pero era lo mejor, así podría buscar algún lugar donde dejarla y ella ni cuenta se daría de las penurias por las que casi tuvo que pasar. 419
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— Esoera bueno y al menos para él, envidiable. Al recargarse en el asiento, empezó a sentir como la tensión de sus manos se iba perdiendo y con una buena sacudida, volvió a sentirlas como siempre. Sus piernas, por otro lado seguían igual, duras, pero a la vez, temblorosas, pero para el caso no importaba mucho, al menos se encontraba sentado, el silencio reinante lo calmaba aún más, convirtiendo cualquier molestia física en un asunto de poco importancia, aquella era la costumbre de los refugiados, dormir cuando se encontraba cualquier oportunidad para hacerlo. Sin percatarse del todo, sus ojos se empezaron a cerrar, cada vez con menor ritmo, pero los pensamientos en su mente seguían aún demasiado activos como para dejarlo dormir. Sus compañeros no eran sus amigos, sino más bien como una especie de séquito del cual tenía que cuidarse de vez en cuando, más cuando se les subían las copas, por lo que aun con el cansancio, ya estaba acostumbrado a siempre mantener un ojo abierto, pero de entre ellos, Antón era diferente, desde que lo había conocido se había convertido en un hermano, como el que siempre había deseado, aunque con el paso del tiempo notaba como este lo miraba de forma extraña, quizá era demasiado obvio, pero para mantener aquella unión tan fraternal, él disimulaba no percatarse. No se conseguiría nada bueno de lo contrario, él no sentía lo mismo, ciertamente tenía poco libido, y las mujeres en muchas ocasiones le eran indiferentes, pero eso no significaba que no le gustaran. Además, si Antón le había salvado la vida en varias ocasiones, pues de alguna manera debía de agradecerle, y hacerse el loco a sus manías, por más repulsivas que le parecieran, era la mejor forma de hacerlo. Al menos sus demás compañeros no lo sabían, de lo contrario, ambos estarían ya muertos, uno por raro y el otro por parecer raro. Sin embargo, no podía negar que deseaba volver a verlo, con él, siempre se sentía protegido, por lo menos lo suficiente como para no haberse orinado, pensaba lleno de vergüenza. 420
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA En eso, levantó la cabeza de nuevo, mirando a Elizabeth una vez más. No sabía por qué, pero algo en ella lo intrigaba, no era su físico, era muy delgada para su gusto, tenía poco busto y poca cadera, además sus dientes eran grandes y bastante notorios, es decir, no era fea, pero definitivamente no era su tipo. No, lo que le llamaba la atención era algo más, algo que lo obligaba a mantenerse a su lado, como una especie de llamado a protegerla, poco a poco empezó a elevar más su cabeza, con la intención de poder verla mejor, pero al inclinarse en la silla, se quedó en silencio al ver como una figura de pie junto a la ventana, también la miraba a ella. Lentamente levantó su arma, pero antes que pudiera apuntar, la ventana se rompía en pedazos y una persona enorme se abalanzó sobre él a gran velocidad, y con un tremendo golpe en la cara, lo mandó rodando casi hasta al otro lado de la habitación. De manera sorprendente, Philippe logró incorporarse, y viendo como la silueta se acercaba a Elizabeth, reconoció los rasgos de uno de los elfos con lo que había chocado antes del apagón, con esto, levantó por segunda vez su arma, solo para recibir un segundo ataque. Dramorion apenas tenía que ver a aquel joven, sus movimientos eran demasiado bruscos y sonoros como para delatarlo y eso lo evidenciaba, no era un verdadero antiguo, tal vez ni siquiera poseía su sangre, quizá se trataba solo de un hombre de orejas extrañas, además según recordaba, entre los antiguos no existían lo ojos verdes de los hombres. En todo caso, eso le convenía, si no era un soldado humano, ni un traidor, no tendría por qué matarlo. - Quédate quieto joven hombre, esta guerra no es contigo – le dijo al señalarlo con su espada, mostrándole lo que podría ser una última estacada si no lo obedecía. Philippe bajó las manos y se quedó de rodillas, pero sus ojos no mostraban derrota alguna y Dramorion supo que no debía bajar la guardia aún. Los hombres eran 421
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— traicioneros,por lo que siempre esperaban la mínima oportunidad para recobrar la ventaja, esa era para Dramorion la razón de su victoria, pues había visto como la terquedad de los hombres los empuja a seguir luchando hasta conseguir el éxito, al menos, los verdaderos hombres. Pero él seguía sintiéndose algo culpable, las facciones que veía no eran humanas, eran demasiado simétricas y lisas para serlo. Sin nada que perder conjuro un pequeño hechizo, y al hacer brillar la punta de su espada vio como la cara de Philippe parecía brillar junto con ella. Entonces lo supo, aquel joven era sin duda un antiguo, en mayor o menor medida, quizá mezclado, pero al final, el brillo natural de su gente era la prueba de la pureza de su sangre. Lentamente bajó su espada y le dijo –hermano mío, es una pena que hayas olvidado a tu gente, pero tu gente no olvida a los suyos. Vete de aquí y encuentra tu verdad – - ¡Fils de pute! no soy tu maldito hermano, elfo de mierda. Yo soy un humano – respondió Philippe con enojo, y justo después de terminar tomó un frasco que se encontraba a su alcance y se lo arrojó a la cara. Dramorion esquivó el ataque sin la menor dificultad, pero descuido lo suficiente a Philippe como para que este corriera hacia Elizabeth y tratara de tomarla, pero apenas la sujetaba en sus brazos, una estocada luminosa paso por encima de su cabeza y pasando como un rayo tajó toda la pared frente a él. - No conviertas esto en una muerte vana – le dijo Dramorion al acercársele – deja la llave y sal de aquí, te estoy dando una segunda oportunidad – - Oportunidad, ¿para qué? - respondió Philippe – para unirme a la basura de la sociedad de Thule, ¡para convertirme en un esclavo de Ávalon otra vez! – El elfo lo miró con burla cortés – Thule no es nuestra aliada, es solo un montón de locos que creyeron que eran parte de algo a lo que no pertenecían. Creyeron que nuestra raza era la misma que la suya, y traicionaron a su propio pueblo bajo esa 422
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA premisa absurda – - Malditos, solo usan a la gente como instrumentos – respondió Philippe sintiéndose agredido. Thule le era despreciable, pero al escuchar las palabras del elfo, no pudo evitar sentir pena por los hombres de aquella sociedad, eran los culpables, pero seguían siendo humanos, y eso era más importante para Philippe que muchas cosas. - ¿Usarlos?, ¿crees que de alguna manera los hemos traicionado?, fueron ellos quienes se dirigieron a nosotros, nos llamaban los “Vril”, y creían que pertenecíamos a una raza humana antigua. Nosotros no les mentimos, solo les seguimos su juego – le contestó el elfo, pero Philippe parecía no prestar atención, su mirada seguía siendo de hostilidad pura, y su porte parecía estar listo para lanzarse al ataque una segunda vez. Dramorion volvió a levantar su espada, dispuesto a conseguir la llave, aún si tuviera que herir a un hermano, pero por lo menos se aseguraría de salvarle la vida. Con fuerza apretó la empuñadura de su espada, y arqueando su cuerpo alargó su otra mano hacia la punta de su arma, pero antes de poder asestar su golpe, un disparo salió de la nada y golpeó la punta de la espada, golpeando a su vez la mano de Dramorion. El elfo y el joven giraron sorprendidos en dirección del disparo, viendo como una sombra negra iba creciendo poco a poco hasta hacerse más grande. - He escuchado más que suficiente - dijo la sombra con voz familiar y Philippe sintiéndose menos a salvo, preguntó con voz temerosa - ¿Rudolf? - La sombra rió de tal forma que de inmediato confirmó las sospechas de Philippe – muchacho, lárgate de aquí. Solo llévate a la niña y lárgate de aquí – le dijo. Dramorion dio un leve giro, pero su respuesta fue un segundo balazo, ahora al pecho, el elfo gimió un poco, el impacto no había sido letal, no había atravesado su armadura, pero le había oprimido el pecho. 423
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— Philippe miraba toda la escena sin mover un musculo, por lo que Hess volvió a insistirle con un grito, y el joven pareció reaccionar – esto no significa una amistad entre los dos Hess – dijo mientras levantaba a Elizabeth. Rudolf hizo un extraño sonido, algo que parecía ser más una tos que una risa, pero la misma parecía demostrar que no importaban las palabras de Philippe – muchacho, solo lárgate – le dijo con voz calmada. Philippe empezó a caminar con cierta cautela, ya que el elfo lo seguía con la mirada en cada paso que daba, pero por lo menos, parecía que Hess se había convertido en su aliado, y justo antes de salir, Philippe miró hacia Rudolf – sigo creyendo que eres un estúpido insoportable – le dijo antes de salir corriendo. Rudolf rió con satisfacción, quizá lo que decía Philippe era cierto, por años solo vivió por lo que decían los demás, creyendo cada palabra que salía de sus amigos, y ya era muy tarde para saber cuáles eran verdades y cuales mentiras, tal vez toda su vida se basó en mitos, pero por lo menos ahora tendría la oportunidad de hacer algo que él mismo creía correcto, por él y por nadie más. Además, el muchacho le seguía agradando, pero ya no le recordaba su propia vida, ahora lo veía como alguien totalmente diferente a él, mejor a él. - Rudolf – le dijo Dramorion – baja tu arma, esta situación ya no te incumbe… - - ¡Cállate! - le gritó Hess enfurecido – por supuesto que me incumbe, te estuve escuchando fuerte y claro maldito imbécil ¡sé lo que piensan de nosotros!, y voy a ser yo quien termine con esto – y al decir esto, disparó una y otra vez, pausando solo lo suficiente para asegurar que sus disparaos fuesen certeros en la oscuridad. Dramorion subió el brazo a su cabeza, cubriéndola de cualquier disparo, intentó lanzar un hechizo, pero sintió como los impactos parecían debilitar su poder mágico. Su armadura era una de la mejores de todo el imperio, forjada para soportar los fuegos de los dragones durante la gran guerra de los reinos, en el tiempo anterior a la unificación de la Ávalon, 424
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA por lo que las balas de una simple pistola no representaban una gran amenaza, pero parecía que las balas tenían trozos de hierro, por lo que no podía detenerlas con magia. Ante esto, se impulsó con todas sus fuerzas, alargando su espada lo más que pudo en único salto hacia Hess, quien a su vez, sujetaba la pistola con ambas manos, en su último tiro. Un grito horrible cruzó por todo el lugar, haciendo temblar los pedazos de vidrio que aún quedaban en sus marcos desechos. Dramorion había tenido éxito, había atravesado a Hess de lado a lado, pero había algo que no sentía bien, las manos de Rudolf tocaron su rostro, y a pesar de apenas ser traspasado, se sentían demasiado frías. Dramorion subió la mirada, y vio con sorpresa como el rostro de Rudolf estaba casi blanco, y por la forma en la que jadeaba se notaba que ya había sido herido de gravedad, de inmediato se percató de una herida de bala en el pecho de Hess, justo arriba de la entrada de su espada. - Se te adelantaron imbécil – le dijo Hess al tiempo que sus manos hacían presión en la cabeza del elfo, y se inclinaba con fuerza para darle un fuerte cabezazo. Dramorion apenas tuvo tiempo para ser consciente de su dolor cuando Hess le soltó un segundo cabezazo. Dramorion entonces hizo un intento para sacar la espada, pero esta estaba atorada en el pecho del hombre, de inmediato, un tercer golpe salido del mismo lugar le rompió la nariz, y un cuarto pareció abrirle la cabeza, pero al querer dar un quinto golpe, Hess fue detenido por el puño del elfo que subía en gancho, y aprovechando que Hess perdía el control, Dramorion subió su espada aún dentro del cuerpo de Hess. Con un fuerte movimiento, el cuerpo del hombre se abrió en dos, desde la base del pecho hasta el hombro, y con un fuerte alarido, Hess caía sin vida. El elfo tuvo un respiro, pero de inmediato recordó que no tenía tiempo que perder y saliendo por donde lo había hecho Philippe, fue tras él, pero antes de cruzar por 425
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— completola puerta, se detuvo solo un segundo para ver el cadáver de Rudolf, y se arrepintió por haber llegado a creer que ningún Thule sería capaz de morir como un guerrero, soltó un rezo, pequeño pero sincero y después fue tras la llave. Philippe llevaba un buen rato corriendo, pero empezó a escuchar las rápidas pisadas del elfo detrás de él, y haciendo un esfuerzo extra, empezó a correr con más velocidad de la que jamás hubiera recordado, pero no fue suficiente, en pocos segundos, Dramorion le alcanzó, y soltando un golpe preciso, tiró a Philippe al suelo, el joven intentó levantarse, pero el elfo lo sujeto de la ropa, y como si se tratar de un trozo de trapo, lo levantó de una sacudida hasta el techo y después lo arrojó al suelo, lejos de Elizabeth. Philippe, apenas pudo levantar la cabeza para ver como el elfo cargaba a la joven con sumo cuidado, más como si tratara de un tesoro que de una persona, y sin poder hacer más, intento gritar, pero el dolor se lo impedía, solo podía gemir y toser con esfuerzo. Dramorion no volteó a mirarle, decidió mantener su palabra y dejarlo vivir, él por lo menos tendría un futuro asegurado cuando el Paladín lograra despertar a la gran Diosa madre. Pero al ver la cara de la joven que llevaba en sus brazos, sintió un remordimiento extraño, aquella creatura se veía tan serena, y mantenerla tan ignorante de su destino le parecía como un crimen, sin embargo sabía que no eran momentos de reflexión, así que subió su mirada, y tratando de endurecer su corazón, se lanzó en una carrera hacia el lugar de reunión, pronto amanecería, y sería el momento de regresar al imperio. Aefaradien fue el primero en sentir como la energía de la llave se movía ahora con rapidez y cause, muy diferente al patrón que había tenido antes, y suponiendo que alguno de sus compañeros la había encontrado y la llevaba al círculo de transferencia 426
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA se dio la vuelta. Y justo a tiempo, pues el acceso ante el que se encontraba había sido cubierto con escombros, y los trozos de acero le hubieran impedido utilizar magia poderosa. Aunque antes de moverse, logró escuchar voces en romance, lo que le hizo darse cuenta que aún había romanos en el complejo. “Ya no importa” pensó, y se regresó caminando, ya sin prisa. Los demás elfos se movieron de regreso al círculo, esperando encontrase con buenas noticias, pero al llegar, se vieron sin el menor rastro de su líder, y de la llave. Pero Aefaradien fue quien les dijo que la sentía cerca, y que pronto podrían regresar a casa. La alegría de los caballeros fue igual que en un grupo de niños bien portados, en silencio y llenos de sinceridad. Pero la calma les impidió ver como de una puerta al otro lado del claro, un hombre salía despacio, levantando una enorme escopeta. Vlad se encontraba en medio de un espacio despajado, un claro entre dos edificios del complejo, parecía no haber alguien, pero sabía que había escuchado voces, por lo que se movía con cautela, con cuidado levantó su arma y caminaba al tiempo que la apuntaba a lo que tuviera en frente, y su alegría fue enorme al encontrar un conjunto de posibles blancos, todos dándole la espalda. Se detuvo un rato, tratando de ver cuántos de ellos eran, pero el sol apenas empezaba a mostrarse en el horizonte y no se les podía ver con claridad, aún menos por el hecho que tenía ropa oscura. Sin embrago, Vlad se percató que por la forma de las ropas y la manera en que se paraban, tan firmes y gráciles, debían de ser los compañeros del elfo al que había matado, por lo que haciéndose para atrás, sacó una granada y se esperó a tenerlos en buena posición para lanzarla. Tras un instante de calma vio como todos bajaban la cabeza, como si estuviesen orando, y dándose cuenta que era la oportunidad perfecta, lanzó la granada en medio 427
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— delcírculo, pero sus manos se tensaron cuando de la puerta que tenía en frente, vio salir a un elfo enorme, con Elizabeth en sus brazos. - ¡ILSE! – gritó desesperado al momento que el grupo de elfos se giraba y lo miraba con sorpresa. La granada, tal y como había planeado al principio, cayó en medio del círculo, pero esta vez, había algo que no esperaba, Elizabeth quedaría justo dentro de la explosión, y sin pensar en su propia vida, Vlad corrió hasta el círculo, viendo con sorpresa como el elfo que traía Elizabeth se daba la vuelta y entraba a la puerta por la que había salido al tiempo que sus compañeros se abrían en todas direcciones. Vlad logró reaccionar, y dándose media vuelta se tiró al suelo, escuchando el sonido de la explosión un segundo después. De inmediato, se dio la vuelta y trató de levantarse, pero viendo como uno de los elfos se movía rápidamente hacia él, empezó a buscar de forma instintiva cualquier cosa que pudiera servirle de arma, y sujetando una vara de metal, mantuvo su brazo en el suelo, esperando que el elfo se encontrara a buena distancia. Un segundo después, el antiguo se acercaba lo suficientemente y Vlad estiraba su brazo con fuerza, enterrándole la vara en el ojo. - ¡Aradan! – gritó Aefaradien al ver a su compañero caer al suelo, sintiendo un alivio amargo al verlo moverse, aunque lleno de dolor, pero por lo menos estaba vivo. Vlad se levantó lo más rápido que pudo, y corriendo hacia su escopeta, la tomó y levantó de tal forma que los antiguos apenas pudieron reaccionar - ¡suéltenla! – les gritó con una voz sumamente áspera, creando miedo entre los elfos. Aquel hombre no se movía como tal, sino que parecía una bestia rabiosa, sus ojos eran grises como la luna llena, dejando ver con claridad unas pequeñas pupilas negras. Dramorion dejó a la joven cerca de la puerta y asomándose por el borde vio al hombre con el arma. De inmediato les ordenó a sus compañeros alejarse, pues no quería que ninguno de ellos pudiera arriesgar su vida con aquel demonio de aspecto humano. 428
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA - ¡LES DIJE QUE LA SOLTARAN! – volvió a gritar con aquella voz espantosa, y al no recibir respuesta bajó su arma, apuntándola hacia el elfo al que le había destrozado el ojo. Al ver esto, Aefaradien pensó seriamente en ignorar las palabras de su señor y tratar de detener al hombre, pero en el último momento, se retractó de hacerlo, no por respeto a Dramorion, sino por el miedo a aquellos ojos grises que se movían rápidamente, pasando de un elfo a otro, siguiéndoles en cada movimiento. El hombre ya estaba al punto de la desesperación, se encontraba casi rodeado, pero no se sentía en desventaja, de hecho era difícil saber su estado de ánimo, por un lado, su pecho se sentía agitado, preocupado por la salud de Elizabeth, deseoso de volver a tenerla cerca, pero su mente se encontraba en un planos distintos, uno de ellos trataba de ver las opciones dentro de su situación, pero la otra solo le gritaba, le imploraba encontrar satisfacción a su sed de sangre, la necesitaba urgentemente, casi como si la ocupara para vivir. Al otro lado del claro, justo enfrente de él, lo miraba Dramorion, serio, pálido, como si pudiese leerle la mente y saber que no era un hombre lo que estaba mirando. Vlad no volvió a hablar, pero apretando su arma, les indicó su impaciencia. Ninguno de los elfos hizo movimiento alguno, salvo para ver de vez en cuando a su señor, quien a su vez solo les miraba con disimulo aparente, pero Vlad notó como la cabeza del elfo asintió de forma casi imperceptible. Tal vez fue solo su imaginación, pero al ver como los dos elfos que tenía más cerca hacían crujir el piso de tierra bajo sus pies, supo que estaban tensando sus piernas, preparándose para atacarlo. El cazador torció su boca de forma extraña, casi como si tratara de forzar una sonrisa, y sorprendiendo a los presentes, pareció bajar por completo su arma. Aefaradien se relajó un poco, y antes de poder arrepentirse de ello, el cazador meneó su brazo izquierdo con rapidez, y sacando una escuadra le descargó varias rondas 429
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— encima.Una bala logró llegar a su cabeza, matándolo de inmediato, sin poder ver como sus compañeros se aterraban ante el espectáculo de verlo arrodillándose, antes de desplomarse por completo. Vlad aprovechó la sorpresa, y levantando su escopeta con una mano, apretó el gatillo, siendo empujado por el culatazo. El otro elfo apenas tuvo tiempo de reaccionar, y recibiendo el disparo, dio un paso hacia atrás, pero al llevarse la mano a la herida, notó con gusto como el tiro no había sido fatal. Sin perder tiempo, sacó un par de espadas cortas y se lanzó hacia el cazador. - ¡Señor, váyase con la llave, yo me ocuparé del hombre! – le gritó al llegar hasta Vlad y meterle la estocada, pero el cazador logró verla a tiempo, y lanzándose de espaldas recargó la escopeta y le disparó una segunda vez, pero en esta ocasión, el elfo se encontraba demasiado cerca, y aun cuando recibió el disparo de lleno, logró enterrarle una de sus espadas en la pierna derecha. Vlad respondió con un enorme grito, maldiciendo mil veces por haber recibido una segunda herida en el mismo lugar y lleno de ira, levantó la escopeta y le metió un golpe al elfo con la culata de esta. Mientras ocurría todo esto, Dramorion tomaba a Elizabeth y se posicionaba en medio de un círculo de extraño diseño pintado en el suelo, había decidido escuchar a su siervo y abandonarlo a su suerte, no quería hacerlo, pero sabía que al arriesgarse, arriesgaba también a la llave, corriendo el riesgo de convertir sus muertes en un sacrificio en vano. Sin embargo, al ver como Aradan seguía moviéndose en el suelo, decidió ir por él. Dejó a Elizabeth en el suelo y dando salto llegó hasta él, sujetándolo con fuerza y regresando hacia el círculo, después se arrodillo, y empezó a recitar un cántico mágico, pero al terminar de conjurar el hechizo se quedó helado al ver que no servía, sus ojos rápidamente inspeccionaron el diseño, y vieron con espanto como la granada que el hombre había lanzado al principio, había borrado parte del mismo. Sabía que no tenía tiempo para completarlo, para que funcione un círculo de 430
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA transferencia nuevo, se debía de tener un receptor realizando otro en el lugar de destino, y para hacerlo de forma correcta, se requería, en el mejor de los caso, de varias horas. Thule había tardado un día entero en seguir las indicaciones para el círculo en donde estaba, pero no podía quedarse parado sin hacer algo. Al final se dio cuenta que no tenía otra opción, debía de intentar terminar parte del diseño, al menos lo suficiente como para llegar a alguna parte del imperio, una que con suerte no estuviera en manos del hombre. Sabía que muchos círculos aún se mantenían abiertos para casos de emergencia, y esperaba que con el sacrificio de toda su energía mágica, pudiera llegar a uno. Vlad y el elfo forcejeaban ferozmente, ambos luchando por su vida, y también por la de alguien más, pero Vlad parecía tener más ventaja, sus heridas no eran tan grandes, y la adrenalina que corría por sus venas, aumentaban sus ansias de sangre. El elfo intentaba presionar la escopeta que Vlad utilizaba como una simple vara, para acercársele a la cabeza y darle un golpe, pero el cazador leyendo las intenciones de su enemigo, dejó caer sorpresivamente la escopeta. El elfo perdió la concentración por un momento, pero al recobrarla, solo pudo sentir como la boca del cazador sujetaba su cuello, clavándole los dientes con fuerza. Dramorion no se encontraba mejor, los horribles gritos de dolor de su compañero le rasgaban el alma, provocándole un estado de pánico que aún podía mantener controlado, sin embargo sentía como si el piso se empezara a mover, dándose cuenta que en realidad eran sus manos las que se sacudían con frenesí. Con todo su pesar, logró ignorar los gemidos de dolor de su buen siervo, y apretando las manos terminó el diseño. Pero en ese momento, Dramorion cometió el error de levantar la mirada y ver como el cazador se quitaba el cuerpo que tenía encima, levantándose antes de escupir un gran trozo de carne roja mientras trataba de mantener el calor de la sangre 431
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— ensus labios. Sin poder articular palabra, se quedó entumecido por el terror. El cazador lo miraba extasiado, sintiendo como la sangre de su cuerpo se enervaba con cada gota que salía del rio de sangre de su boca. Levantó la escopeta y apuntando a la cabeza de Dramorion apretó el gatillo, pero en ese instante, una mano se arrastró desde atrás, y sujetándole la pierna con fuerza lo jaló hacia el suelo, haciéndole fallar el tiro. Dramorion recobró la fuerza, y poniendo sus manos en el suelo, concentró toda su energía en un único hechizo. - No lo harás – le dijo una voz, dulce y melodiosa, pero a la vez amenazadora. Y girando para todos lados vio a Elizabeth, con los ojos completamente abiertos mirando fijamente al cielo. De inmediato ella lo miro a él, cambiando el semblante de su cara, justo antes de que se pudiera ver como todo en ella sufría una transformación. Su cabello se volvió más largo, oscureciéndose poco a poco, su cara se volvía más fina, y sus rasgos tan perfectos y claros, que parecía más una estatua de mármol que una persona, sus dulces ojos dorados, mostraban una frialdad indescriptible, y su estatura misma pareció reducirse notablemente. La nueva persona que ahora era Elizabeth se levantó con calma, y poniendo sus manos sobre Dramorion le repitió – no lo harás – En ese momento, Dramorion sintió como todas sus fuerzas le eran arrancadas de su ser, pero en vez de pánico o dolor, empezó a sentir una gran calma, al punto que comenzó a llorar de alegría. La nueva Elizabeth entonces miró al cazador, pero al ver como el rio de sangre que salía de su boca y su rostro pálido lleno de ira, le habían transformado la cara en la de una bestia, empezó a sentirse extraña. La voz de Elizabeth surgió entonces - ¡no!, ¡aléjate!, ¡no te acerques! – le gritó a Vlad mientras alzaba sus manos en desesperación. Dramorion se despertó de su estado de éxtasis, viendo como la joven del medallón se movía de forma extraña, como si estuviese tratando de no desmayarse – no me 432
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA estorbes. Quiero quedarme – se decía a sí misma con aquella armoniosa voz – no, no, no – se volvía a gritar, ahora con una voz sencilla y llena de pánico. El cazador apenas podía ver lo que ocurría, pues se encontraba más ocupado tratando se zafarse de la última explosión de energía del elfo detrás de él. Una y otra vez le metía patadas en la cara, o donde podía, pero parecían no servir de algo, y harto hasta el cansancio, se dio la vuelta para tomar su arma y empezar a golpear al elfo con todas sus fuerzas. Tras un par de golpes, logró liberar sus pies y de un salto se puso de pie, quedándose quieto ante el extraño espectáculo que llenaba sus ojos. De una especie de líneas brillantes en el suelo, una extraña luz salía de la tierra, formando una columna de luz azulada que parecía elevarse hasta el cielo, y dentro de ella, una hermosa figura moviéndose de forma errática. Usaba las ropas de Elizabeth, pero sus rasgos apenas se le parecían. El cazador no supo qué hacer, pero al ver el rostro de Dramorion, le apuntó y empezó a disparar, solo para ver cómo cada tiro terminaba por golpear la pared de luz, y nada más. Vlad se empezó a desesperar, disparando una y otra vez a pesar que veía como los perdigones eran inútiles, hasta que se quedó sin balas, pero su cuerpo se encontraba atorado en una repetición de movimientos, apretaba el gatillo sin respuesta y recargaba una escopeta vacía solo para volver a disparar inútilmente. La joven en el interior de la columna brillante se detuvo, mirando al cazador con una mirada tan fría como el hielo, parecía maldecirlo, culpándolo de algo, de algo que Vlad ni entendía, ni percibía. De pronto, la misteriosa joven desapareció, dejando ver de nuevo a Elizabeth, quien miraba al cazador, pero ahora con asco y miedo. Los dos se quedaron mirando por un momento mientras Vlad parecía vivir una eternidad de culpa, su rostro cambio de inmediato, seguía siendo demacrado y débil, agotado y pálido, pero ya no mostraba enojo, ira o locura, solo quedaba la cara de un hombre de 433
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— cansadosojos oscuros, arrepentido de un pecado que no reconocía, pero que si sentía. Pero ante esto, la mirada de ella no cambió en lo absoluto. Lentamente, Elizabeth cerró los ojos y se desmayó, cayendo en una especie de cámara lenta, quedando depositada en el suelo con suma suavidad. - ¿La llave? - exclamaba Dramorion lleno de excitación – es ella – Vlad vio como la cortina de luz empezaba desaparecer pero no hizo nada. Su interior estaba destrozado, creyó que podía soportar la mirada de Elizabeth una vez más, pero no pudo. Su organismo entero había perdido todo rastro de fuerza, dejó caer la escopeta y se quedó quieto. Parecía que fácilmente podría estar así hasta el final de los tiempos, pero el ruido de la respiración de Dramorion le despertó. Al principio solo lo miró con los mismos ojos llenos de rabia con los que se habían conocido, y lentamente se levantó. Pero el elfo ya no sentía la misma sensación de antes, por alguna razón se sentía lleno de energía, miró al cazador y diciendo una palabra en lenguaje antiguo, hizo que la columna de luz se levantara de nuevo. Vlad ahora caminaba hacia él, pero al llegar a la columna, chocó de la misma forma con la hubiera golpeado una pared de piedra. Vlad, puso las manos en ella, tratando infantilmente de empujarla, no comprendía la situación, no podía entender cómo era posible que aquella cosa pudiera detenerlo de esa forma, y cerrando sus puños empezó a golpearla, cada golpe era más fuerte que el anterior, pero solo sus manos parecían ceder ante su fuerza. Los gritos no tardaron en aparecer, y entre cada uno, el cazador apretaba sus dientes de tal forma que un nuevo hilo de sangre, ahora suyo, empezaba a salir de su boca. Lleno de desesperación trataba de aferrarse a la columna de luz, pero esta se sentía tan lisa y resbalosa como dura. Ante la impotencia, se quedó quieto, arrimando todo su ser a la columna, intentando ver lo que pasaba. Dentro, Dramorion terminaba 434
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA de recitar las palabras y dirigiendo una última mirada al cazador vio un rio de lágrimas que bajaba por su cara, fundiéndose con el polvo y la sangre, cayendo al suelo en forma de gotas rojizas. - Por favor, no te la lleves. Por favor – gemía Vlad de una manera tan conmovedora que parecía tragarse todo rastro de pecado en su cara. Pero el elfo no lo escuchaba, el sonido era lo único que la barrera no dejaba pasar. El elfo solo bajó la cara, mirando a Elizabeth, intentando convencerse a sí mismo de estar haciendo lo correcto, pero al ver al único compañero que regresaba con él, pudo sentir la poca paz de alma que necesitaba para el momento. Un estallido de luz tremendamente poderoso resplandeció de repente, cegando al cazador en el acto, obligándolo a cubrirse la cara, primero con las manos y luego, al hincarse, con todo el cuerpo, tras lo cual se irguió con urgencia, viendo cómo, donde había estado la torre de luz, ahora había nada. Él no supo qué hacer, había fallado, la había perdido para siempre y lo último que vio de ella fue su desprecio. Se hincó con la calma del derrotado, y cubriéndose la cara, empezó a llorar. Una mano se levantó despacio, abriendo una maltrecha puerta de metal, la misma que había estado atrancada hacia tan solo poco tiempo, la explosión efectivamente le había afectado, había abierto una salida, pero muy tarde. Philippe salía con lentitud, presionado su costado con su brazo, posiblemente tenía las costillas rotas, aunque era difícil saberlo, pues las horas de tensión y pánico habían debilitado tanto su cuerpo que cualquier herida, por más leve que fuera, le provocaba dolores increíblemente agudos. Pero el poder sentir el poco calor del sol de la mañana, le hizo recobrar una sensación de alivio, algo que en verdad necesitaba. Paso a paso intentó llegar hasta su automóvil, buscándolo con afán, pero al doblar una esquina, se encontró con una continuación 435
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— delinfierno de adentro. Justo enfrente de una puerta completamente destrozada, yacía inmóvil un enorme camión maltrecho, con las luces prendidas y el motor todavía en marcha, al principio no le pareció la gran cosa, solo un desastre más en aquel caos de porquería, pero cuando se acercó in poco más, reconoció con horror el camión de Antón. Ignorando su dolor, caminó entre tumbos y al acercarse pudo confirmar sus sospechas, no había duda, ese era el vehículo de su amigo. Trató de calmarse, pero sus ojos se fijaron en una pañoleta, rápidamente la sujetó y la jaló hacia él. El mundo entero se detuvo de inmediato, lo que tenía entre sus manos no era sino un pedazo de tela roto y lleno de sangre seca. Todo quedaba claro ahora, ya sabía cómo el cazador había podido encontrarlo. Philippe no dijo nada, no maldijo, no lloró, simplemente se subió al camión en silencio, cerró la puerta y empezó a conducir hacia la reja destrozada. Llorar no le devolvería a sus hombres, y maldecir no resucitaría a su amigo, eso lo había aprendido hacer años, cuando aún creía en la bondad del mundo. Su rostro no mostraba ningún sentimiento, pero había perdido todo su color, y sus ojos todo su brillo, lo único en él que aún denotaba vida eran sus manos, apretando el volante con tal fuerza que sus venas parecían salírsele de la piel. El cazador no sabía cuánto tiempo había pasado, quizá segundos, quizá medio día. El tiempo le parecía tan irreal en ese momento que prefirió no pensar en ello, qué importancia tendría de todas formas. Bajó sus manos, dejando ver sus ojos cansados y rojos, sus piernas le empezaron a doler, y haciéndose un poco para atrás, se sentó en el suelo mientras levantaba la cabeza al cielo, suspirando con calma. Pudo fácilmente quedarse así por el resto del día, ignorando el hambre y el sueño, pero un leve gemido llamó su atención. Lentamente bajó la mirada hasta el elfo a su espalda, quien 436
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA sollozaba lastimeramente con la cabeza en el suelo, respirando el polvo que lograba elevarse de la tierra empapada de sangre a su alrededor. El cazador lo miró por un rato, esperando que hiciera algo, pero después de varios minutos sin ver nueva actividad, se levantó con dificultad, girando la cabeza de lado a lado. Los horribles graznidos de los cuervos volando sobre su cabeza le hicieron pensar en hacer algo bueno para variar, y dando varias vueltas en lentos círculos se detuvo frente a una vara gruesa, larga y oxidada. La tarde empezaba a caer, haciendo que toda la tierra se iluminara con los tintes anaranjados de un sol que se despedía. Tras una cortina de polvo, un pequeño auto negro se movía con rapidez, dirigiéndose hacia donde se ocultaba el sol, como si tratara de alcánzalo antes de que éste despareciera en la distancia. Vlad había pasado casi todo el día en aquel lugar, deteniéndose solo para limpiarse la boca y para escuchar lo extraños movimientos de gente detrás de unos escombros de roca. Su interior estaba en calma, entendía que no era el tiempo para desesperarse, sino para pensar con serenidad. Su sed estaba saciada, y aunque ser la bestia ya no le era un problema, sino una satisfacción, el último esfuerzo que hizo le había consumido toda su energía, y por el momento solo quería descansar. Con gusto miró hacia el horizonte, entrecerrando sus ojos grises ante la luz del sol moribundo, la noche sería fría, pero abrió la ventana un poco, para sentir aquella brisa halada que tanto le gustaba. Y allá, en la distancia, donde un viejo edificio yacía en silencio en medio de la nada, se lograba ver aún en la distancia, la grácil forma de una vara larga, elevándose desde el techo, y en ella, con los cuervos jugando por encima, la silueta de una persona atravesada. 437
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— XVIII UNA SIMPLE NOTICIA Cugedhion salía del castillo por la puerta grande, descubriendo que el aire de la capital, se mantenía tan suficientemente libre del olor de la muerte que la caminata le parecía agradable, al menos a aquella hora, justo en medio de la noche, cuando la humedad de la neblina hacia desaparecer toda visión sombría de la ciudad. Su bestia alada trotó hacia él, bajando la cabeza con respeto, en espera de ser montada, pero él, viendo al cielo, prefirió mantenerse en tierra. Debía llegar a su castillo lo más pronto posible, y ponerse al mando de la defensa de la cuidad. Como Velador de la misma, era su deber, independientemente de lo que dijera o no el Paladín. Aprovechando su rango, levantó la mano en pos de demanda y no pasó mucho tiempo antes que un caballero se le acercara y le preguntara que se le ofrecía. Él lo miró levantado la cara, denotando posición, pero lo hacía por costumbre, no por prepotencia, y con voz amable, le informó que necesitaba de un caballo, o alguna otra bestia de tierra. El caballero se mostró complacido de servirle, pero le informó que todas las bestias de uso púbico se encontraban dentro del castillo, en las partes bajas. Cugedhion se enfadó un poco, pero no con el caballero, sino por la idea de tener volver a meterse en aquella fría estructura, pero regresando la mirada al cielo por un instante, empezó a caminar sin decir nada. - ¿Hay algo en el cielo señor? – preguntó el caballero. Cugedhion lo miró con sorpresa, descubriendo como la comodidad podía emblandecer la mente de los jóvenes con suma facilidad. ¿Tanto era su encierro que ya ni escuchaba los bombardeos nocturnos?, o las paredes del castillo eran tan gruesas que cegaban incluso la más mínima percepción del mundo exterior, aunque tal vez era 438
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA así. – Aún no – le respondió con sencillez, dándose cuenta que tratar de explicarle el mundo a un joven tan engañado sería difícil y muy posiblemente infructífero, además, no tenía ni el tiempo ni las ganas de hacerlo. Una vez más entraba al castillo, pero ahora trataba de ver cualquier otra cosa que no fuera el deprimente escenario, pero lo encontró muy difícil, lo único que pudo hacer fue bajar la mirada, viendo los detalles de las losas, muchas de ellas rotas, y la mayoría sucias. Pero el caballero que lo guiaba se mostraba sereno, como si la situación del castillo fuera el orden natural de las cosas, la forma en que todo debería de estar. Los primero años de vida son los más importantes, tanto para los elfos como para los hombres, pero los elfos duran más tiempo que los hombres en un estado receptivo, y todo lo que les rodea durante sus dos primeras décadas, se marca de por vida, y esa era la cruel verdad de aquellos tiempos, donde muchos de los jóvenes no habían conocido sino la locura y la muerte, viéndola ya como algo no solo natural, sino loable. Cugedhion podía determinar las consecuencias de eso, pero determinar los culpables le era más difícil. Para los viejos es simple culpar a los jóvenes del presente, pero olvidan, o pretenden olvidar, la razón de las deficiencias en ellos, pues como con un padre, las deficiencias del hijo son solo la respuesta por los errores del primero, y si los jóvenes mantenían aquel orden corrupto de cosas, eso había sido por que los viejos habían perdido la vergüenza de sus actos. Nuevo Orden era una orden nueva, y aunque sus fundadores y patrocinadores habían sido principalmente elfos de corta edad, asustados del mundo que cambiaba ante sus ojos, deseosos de reclamar un pasado tan arcano que ya había sido casi borrado por el tiempo, también era cierto que los elfos de edad avanzada, no les habían otorgado opciones que respondieran a esa necesidad de seguridad que tanto se necesitaba en aquellos tiempos y si Saerwen era la 439
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— representaciónmáxima de la locura, ella era solo la continuación de la debilidad del último Merlín, y de la gente de su generación, a quienes ahora se le veía como víctimas de la locura, más que como los causantes de la misma. - Los movimientos del hombre en el frente sur se han mantenido lentos, principalmente por el frio, pero en cuanto entre la primavera, perderemos la capacidad para defendernos – expuso un caballero, rodeado de pies a cabeza de una armadura extremadamente robusta y de diseño complicado, toda ella, brillando en tonos dorados bajo las luces de los pequeños fuegos que flotaban por toda la sala. Saerwen lo miró sin inmutarse, como si aquello no significara nada para ella. - Gran Paladín – continuó el caballero – tenemos que hacer algo… - - El sur no es tan importante general – le interrumpió un sacerdote, vestido completamente de negro, a excepción de los adornos plateados que rodeando todas sus ropas, dibujaban el contorno de un árbol blanco – por lo menos no más que el este, allí es donde estamos perdiendo más guerreros, no lo olvide – - Pero los ingleses… - expuso el general de la armadura dorada, callándose de inmediato, asustado, como si hubiera dicho algo que no era debido. Saerwen torció un poco la boca, un gesto que se había vuelto tan característico en ella, que no siempre simbolizaba enojo, pero si una especie de alerta, y el general pareció entender la idea, continuando de forma más sumisa – los sajones tienen armas extrañas, y los romanos del águila roja no se están quedando atrás – - ¡Por Frey, Hérion!, cada luna dices lo mismo – replicó el sacerdote. - Es porque cada luna inventan algo nuevo. ¡No te das cuenta que en cualquier momento podrían utilizar cosas más poderosas!, ¡lo que enseñan puede ser solo la copa del árbol! – 440
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA - No seguirás con eso de “Clipperton”, ¿o sí? – - ¡Vi la luz de la explosión! ¡Aun con la distancia, vi la luz! – respondió el general con enojo, cansado de ser tratado como un principiante a manos del sacerdote, un mero títere sin carácter real. El sacerdote exhaló ligeramente, burlándose de la estupidez del general, sabiendo que gente como él, había sido la misma que se creyó el truco de la desaparición de “la ciudad de Alexandros”. - ¡Fue un mito!, un montón de habladurías animales para mantener la voluntad de sus tribus – exclamó el sacerdote. - ¡Tu no estuviste ahí!, yo sentí como se movían las energías, el mismo polvo de los dioses fue fracturado ¿entiendes? – El sacerdote alzo la cabeza indignado – ¡Hérion!, eso es una blasfemia, será mejor que cuides tu boca o tu cuello será el que flaqueé - Hérion apretó los puños, y por un instante estuvo a punto de lanzarle un golpe al sacerdote, pero la mirada del paladín lo detenía. A diferencia de cualquiera de su sequito, el Gran Paladín le provocaba un extraño tipo de respeto. Algo en ella le parecía sobrenatural, más que simplemente mágico, algo así como un aura maligna. No sabía por qué, pero cuando le veía a los ojo, se sentía tan reducido, igual a un lobo en presencia del líder de la manada, y parecía que Saerwen no solo lo sabía, sino que le gustaba aprovecharlo. - General – empezó ella, silenciando a todos de inmediato – entiendo su posición, pero olvida que al estar solo en un frente, pierde de vista el panorama total. Lo que dice el sacerdote es cierto, en estos momentos las hordas sanguinarias del Kan son nuestro mayor problema, sin embargo, sé que al final, todo frente merece atención… - - Gran Paladín, yo solo… - intentó exponer el general, pero Saerwen levantó la mano, indicándole que debía de guardar silencio mientras ella hablaba. 441
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— - Por lo que ordene que Erlos, el Negro, dirija un ataque a las líneas del sur – terminó ella. El general se quedó sin habla, sin poder replicar algo más. Estaba por completo sorprendido por la respuesta, pero sorprendido en dos aspectos, por supuesto que le parecía magnifico escuchar que el frente sur no estaba siendo ignorado, y la idea de tener a semejante guerrero con la ofensiva era inclusive mejor que tener una nueva caballería, pero también estaba el hecho que Erlos era un vetado de los cuerpos de guerreros, y la decisión de mandarlo al sur era sospechosa. Saerwen no era del tipo de personas que aceptaban sus errores, y Erlos tampoco era de esos que aceptaban perder su honor, pero el general sabía que aquel momento y aquel lugar no eran los indicados para exponer sus dudas, por lo menos de forma tan explícita. - ¿A quién dirige Erlos? – preguntó el general, esperando que la respuesta le fuera útil para esclarecer sus sospechas. Saerwen bajó la cabeza, mirando el enorme mapa con detenimiento, fijando sus ojos en las líneas del sur, justo en la frontera con el territorio central, al norte del bosque de Ar Duen y tras un momento de silencio, miró de nuevo al general y le respondió sin trabas – a trescientas mil tropas de la guardia imperial – “¡trescientos mil de la guardia imperial!”, pensó el general con desconcierto, preguntándose cómo era ella capaza de desprenderse de sus amados protectores. Sin duda, la respuesta del Paladín lo había dejado aún más extrañado que antes, si Erlos estaba junto con la guardia imperial, eso significaba que no lo enviaba como carne de sacrificio, sino como una verdadera fuerza ofensiva. Pero eso también significaba que el gran Erlos había agachado la cabeza, y que respondería más al Paladín que a sus hermanos guerreros. De una u otra forma, él y sus guerreros parecían llevarse la peor parte, pero en vez de demostrar su desencanto, el general esbozó una sonrisa de 442
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA satisfacción, enfocándose en las ventajas que representaba tal decisión, como si la noticia del Paladín hubiera sido un mensaje de esperanza. Saerwen también se mostró satisfecha con la reacción de Hérion, asintiendo levemente como agradeciendo la alegría de sus generales, y dirigiéndose al sacerdote, le entregó un pequeño papiro, cuidadosamente enrollado. El sacerdote lo abrió en ese momento, leyéndolo en voz baja y después de un rato lo volvió a enrollar, se disculpó con el general, saliendo inmediatamente de la habitación y dirigiéndose hacia un sacerdote menor, el encargado de las listas de asistencia y ubicación. - ¿Dónde se encuentra Voronwë, el hijo del salvaje? - Al llegar ante una gruesa puerta de metal, Cugedhion se sintió más en presencia de una entrada humana que de una antigua, pero también se dio cuenta que con los nuevos capullos de fuego de los hombres, aquellos que podían perforar los pisos, lo mejor era dejar la estética de lado, y concentrarse solo en forjar lo que fuera más resistente. Esa era la ironía, eran ellos mismos quienes consumían todo rastro de su cultura, en aras de soportar una guerra que había sido producido para defender a la misma a toda costa. ¿Qué defendían ahora?, solo sus vidas, reducidas a niveles animales de supervivencia y corrupción. Después de ver como la puerta se abría de forma pesada y lenta, chirriando con cada centímetro que se movía, entró en un enorme salón, quedando de frente a un enorme establo de varios niveles, el cual cubría un espacio de posiblemente doscientos metros de largo y estaba lleno con toda clase de bestias, dragones, aves fénix, serpientes aladas, pegasos, caballos blancos, unicornios grises, lagartos corredores, todas y cada una de las especies representativas del continente en un solo lugar, haciéndole recordar a Cugedhion la fábula de un extraño libro del hombre, una donde 443
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— elcielo mandaba una inundación que duraba cuarenta días, y donde se tuvo que salvar a dos de cada animal, para evitar su extinción. Ante esto, no pudo evitar pensar que el castillo se había convertido en un arca de salvación contra un nuevo diluvio, uno de fuego y humo, donde el hombre había dejado de ser la víctima, para convertirse en la marea. El caballero se le adelantó, dirigiéndose hacia unos caballos blancos, una raza de animales que habían sido criados a partir de los caballos del hombre, pero aplicando sabiduría y magia antigua, produciendo animales no solo más bellos, sino también más resistentes y más poderosos. - Pero señor, ¿no sería mejor irse en una bestia lada?, sin se va por tierra tardara años en llegar… - replicó el caballero al presentarle un hermoso animal, el más alto y garboso de todos los caballos que parecían tener. - No – interrumpió el velador mientras miraba con detenimiento la forma en que se movía el animal – los cielos van a estar saturados esta noche, es mejor rodear la ciudad e ir por tierra. Aunque tarde aún más – y sin explicarle mejor, se subió al caballo y lo dirigió por una rampa larga al final del salón, evidentemente la salida. Pero a la primera pisada, Cugedhion pudo sentir de nuevo la emoción por montar un caballo, no había mejor bestia de montar que esa, claro que había bestias más rápidas, en especial las voladoras, pero la forma en que los caballos se movían le producía un despliegue de energía. Era una lástima que la orden hubiera prohibido su uso por casi una década, esto, por qué los caballos al haber sido llevados a Ávalon por los hombres, se les debía considerar un símbolo de la degradación humana al mundo, pero al irse agravando la situación en el frente, y al encontrar a las demás bestias más difíciles de mantener, se decidió reintroducir al caballo dentro de algunas de sus antiguas tareas. Escuchar eso había sido para él la alegría del momento, pues había aprendido primero a montar un caballo que un dragón, y estos últimos le parecían demasiado estorbosos. 444
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA Pero al salir por la rampa, se encontró rodeado por un bullicio atronador, cientos de personas moviéndose de un lado a otro, subiendo y bajando paquetes de alimentos y cristales, flechas, espadas, mantas y piezas de armaduras. Otros revisaban bestias de todo tipo, principalmente dragones negros, pero lo más impresionante eran las enormes armaduras postradas a lo largo de una línea de piedra, todas, de alrededor de siete metros de alto, y todas carentes de los diseños élficos de los que tanta gala hacían sus dueños en otros tiempos, ahora sus diseños solamente consistían en meras piezas robustas, como trozos de metal remachado, la constitución de las mismas también había cambiado, durante los primeros años de la guerra se podían ver relieves entre las placas, pero ahora ya no existían y los bordes en los petos también habían desaparecido, junto con una construcción más ligera que ahora daba paso a pesados armatostes fuertemente blindados, de silueta tosca y poco elegante. Sus colores también habían sufrido una transformación, ya no se veían aquellas bellas combinaciones brillantes de metales preciosos, sino que ahora solo estaban decoradas con diseños entremezclados de tonos pardos, verdes y pálidos todos cubiertos por infinidad de puntos, patrones que habían sido copiados de las bestias metálicas en Europa, cuyo fin era desdibujar la enorme figura cuando se encontraba oculta entre las malezas. La mayoría de los presentes pertenecían a la guardia imperial, pero a diferencia de los custodios del castillo, estos parecían conocer el campo de batalla, en sí, solo el estandarte del brazo denotaba su pertenecía, lo demás de la armadura era muy similar a aquellas que los cuerpos de guerreros ya habían adaptado a las nuevas condiciones de lucha contra los hombres. El yelmo dejaba descubierta la boca, pero era más grueso a los lados y en la parte superior, modificado con base a los cascos del hombre, grandes porciones de la armadura se habían desechado, reforzando solo lo que se consideraba 445
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— necesario,el peto, y las placas sobre los hombros, las piernas, por su parte, solo estaban protegidas por una serie de placas que salían a los costados del peto, pero nada más. Desde que los hombres habían empezado a utilizar puntas de hierro en sus saetas, los grandes hechizos de protección se habían hecho inservibles, y con la llegada de ballestas de carga más pesada, la mayor parte de la protección corporal también se había vuelto inútil de la noche a la mañana. Cugedhion los estuvo mirando un rato, viendo determinación en sus ojos, pero también nerviosismo, demostrando que no eran iguales a los soñadores del castillo, quienes cerraban sus ojos y tapaban sus oídos a la verdad de la guerra, creyéndose las mentiras y locuras del Paladín. Las gigantescas armaduras dieron un cuarto de vuelta, y formando dos inmensas columnas, bastante separadas la una de la otra, empezaron a caminar con tremendas pisadas, el resto de los presentes, se posicionaron detrás y en medio de la formación, moviéndose a paso ligero. Pero todos manteniéndose en tierra, incluyendo los dragones, quienes bajo las órdenes de sus amos, cesaron sus gruñidos de queja. Uno a uno, se empezaban a unir a la fila, engrosándola cada vez más. Cugedhion pensó que lo mejor sería irse por otro camino, por si algún hombre lograba distinguirlos en medio de la noche. Algunos lo hacían. Pero cuando se aprestaba a continuar, de puro reojo pudo ver una figura conocida entre los últimos que se añadían a la columna de guardias. “No puede ser”, pensó al momento de ordenarle a su caballo que corriera hacia la masa de armaduras que se movía, deseaba haberse equivocado, pero estaba seguro de no haberlo hecho. En menos de un segundo se encontraba el final de las filas, pero el atravesarlas se les estaba volviendo más complicado, incluso si su bestia era más pequeña que las del resto. Poco a poco se fue metiendo entre los guerreros, mostrando 446
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA su rango de vez en cuando para lograr mejor acceso, y al poco tiempo se encontró justo detrás de un hermoso dragón rojizo, adornado con la característica corona de dos cuernos de los dragones de caverna. - ¡Voronwë! – le gritó al jinete con desesperación. El jinete giró su cabeza sin detener la marcha de su dragón, confirmando las sospechas de Cugedhion– maestro, que sorpresa verle de nuevo – le contestó con una voz llena de tristeza y arrepentimiento. - ¿Qué demonios estás haciendo aquí? - le preguntó Cugedhion forzando una voz baja – te dije que encontraras la forma de irte al norte – El joven bajó los ojos en signo de vergüenza, ¿qué podría decirle a su maestro?, que sencillamente le habían ordenado ir dentro de la avanzada hacia el sur, como parte de la representación de la orden. Si él ya sabía la verdad, entonces con más razón la sabia su maestro, o por los menos, la sabría una vez que se le pasara la sorpresa – lo siento maestro, pero esto es algo que me veo forzado a hacer – Cugedhion apretó los dientes al instante mismo que se estiraba en un intento de alcanzarle, pero el joven anticipándose a esto, retrocedió un poco y sujetando la mano de su maestro con suavidad lo miró a los ojos – por favor entienda, esto es necesario. Es por mi familia – después de esto, lo soltó y serenamente siguió su camino. Cugedhion dejó de seguirle, ahora solo lo veía alejarse, fundiéndose con la peregrinación de quienes probablemente no volverían. ¿Por qué él?, ¿acaso Saerwen no tenía ya un ejército de lobos a su merced?, o era por el afecto que tenía por él, ¿era esta la forma en que el Paladín lo castigaba por cuestionar su mando?, por desgracia eso era lo más seguro. Para la orden, Voronwë no era sino una prueba, un recordatorio viviente de la supuesta inferioridad de los elfos grises, un simple escape a la mano para utilizar cuando mejor les conviniese, y no podía dejar de sentirse culpable. Su dignidad 447
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— habíamatado a otro de sus hijos, al que más amaba, y era triste saber que solo en ese momento supo lo que significaba para él. Apretó con fuerza las riendas de su caballo, y volteando hacia el castillo, deseo verlo arder con ella adentro. … Dramorion había visto el resplandor de luz, pero al recobrar la vista, vio un piso de piedra bellamente lijado, en ese momento supo que se encontraba en su tierra. Y tras sonreír lleno de gusto, lentamente cerró los ojos y se quedó inconsciente. - Gran caballero, me alegra ver que se encuentra bien– Dramorion escuchaba la voz de una fata mientras la luz del sol atravesaba sus parpados, pero aun cuando estaba despierto y sentía curiosidad por saber de quién era la voz, prefirió descansar los ojos - ¿Quién está ahí? – preguntó con delicadeza. - Se encuentra en mis tierras, en las montañas grises, a las afueras del bosque Ar Duen. Soy Alassëa hija de Taurhassdorie el Grande – respondió la voz al otro lado de la habitación. - El gran Taurhassdorie, el señor de las tierras altas – respondió Dramorion con respeto y admiración por quien era considerar uno de los últimos héroes de las grandes batallas arcanas. - Ya no más – respondió ella secamente – ahora yo soy la señora de las tierras altas – Dramorion se sintió mal, avergonzado por su ignorancia, pero también consternado por la noticia. Recordaba que durante su niñez, su madre le leía las historias de los grandes héroes, y en más de una ocasión, las de Taurhassdorie, quien dirigiéndose al 448
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA sur había derrotado al gran dragón oscuro de Rahannwyn, por lo que el gran Alberich le había otorgado los dominios que poseyó por tres mil años - ¿cómo…? - preguntó sin poder aguantar la intriga, pero silenciándose de inmediato por su falta de respeto, arrepintiéndose por incomodar a la hija del gran héroe con recuerdos dolorosos – lo siento – continuó, no quise hacerlo – - No importa – ella contestó sin escucharse incomoda – es fácil olvidar que para muchos significaba un símbolo de grandeza. Y quizá para ellos su pérdida haya sido más importante que para mí – El caballero abrió los ojos con lentitud, pero solo para ver un manchón transparente, al acostumbrarse a la luz, vio que solo era un pañuelo sobre su cabeza, tan ligero que era casi imposible sentirlo. Con suavidad acercó la mano e intentó quietárselo, pero una mano se lo impidió. - Por favor no lo haga, gran caballero, la tela esta bordada con un hechizo de curación muy especial, hecha para hacer descansar la mente más que al cuerpo. Creo que la necesita – Dramorion entendió, y quiso hacerle caso, pero al recordar de donde había venido, se levantó bruscamente, retirándose el pañuelo de una sacudida. La señora de las tierras altas se retiró con sorpresa, viendo como el caballero cambiaba a un estado de agitación profunda, buscando delirantemente algo con la mirada, pero al parecer no encontrarlo, se dirigió a la puerta. Alassëa lo siguió tratando de alcanzarle, pero las pisadas de Dramorion eran más largas y veloces que las de ella, y en poco tiempo la dejó atrás. Pero el caballero se encontraba perdido en un mar de pasillos blancos y paredes con columnas de piedra, en medio de su desesperación empezó a abrir frenéticamente toda puerta, en un intento por encontrar a la joven del medallón, pero al llegar hasta una puerta de plata, y abrirla de un golpe, se encontró ante la presencia 449
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— deAradan, acostado en medio de una enorme cama y cubierto casi en su totalidad con vendajes curativos y cristales mágicos. Dramorion lo veía consternado, sintiendo la culpa por todo el infierno que tuvieron que pasar en las tierras del Ganges, culpándose quizá más de lo que en realidad había sido su verdadera falta, pero el haber tenido la responsabilidad total por la misión también le confería todo el peso del fracaso. - Su herida ha dañado parte del cerebro. Por el momento está bien, pero lamento decir que tal vez no verá el día de mañana – le dijo Alassëa al entrar a la habitación. Dramorion recibió aquellas palabras con el mismo dolor con el que se recibe una flecha en el pecho, y cediendo ante toda su frustración, se dejó caer al suelo, sollozando en silencio. La señora de las tierras altas se le acercó por detrás, inclinándose junto a él y abrazándolo ligeramente. Solo en pocas ocasiones los elfos se consolaban de esa forma, pero en esos momentos, el calor de otro cuerpo significaba un apoyo más profundo que cualquier palabra. - ¿Dónde está ella? – preguntó él con una voz ligeramente temblorosa. Alassëa pareció dudar sobre qué respuesta podía darle, pero su silencio en sí denotaba que conocía el paradero de la joven que había llegado con ellos. Dramorion insistió una segunda vez, haciendo su voz más fuerte, y ante la petición de un caballero de la Nueva Orden, ella no tuvo más remedio que contestar sus preguntas. - Ella está descansando en mis aposentos – respondió ella con cautela, viendo como Dramorion se levantaba tanto con seriedad como con un dejo de calma, y con una voz serena le dijo – por favor, podría llevarme con ella – Ante la renovada buena actitud del caballero, la fata perdió el nerviosismo, ella había creído que podría llegar a tener problemas por haber cuidado de un hombre, y más, por haberle tenido consideraciones, pero aún con el aumento de amenazas hacia toda actitud contra el imperio, y a pesar del decreto imperial que concedía suspensión 450
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA de juicios por cargos de traición, ella no podía simplemente ignorar a aquella figurita pálida y evidentemente desnutrida. Cierto que su padre nunca le había permitido cargar nada más pesada que una almohada, o que jamás le había instruido sobre las artes de combate, pero eso no implicaba que no la hubiese criado para ser alguien lleno de integridad. Pero por alguna razón, el caballero se mostraba complacido al saber que la hombre se encontraba en buenas condiciones, por lo que parecía improbable que le fuera a hacer algo malo, en cualquier caso, hubiera preferido enterarse de las razones por las cuales un caballero de la Nueva Orden hubiera llegado a su castillo en mal estado y acompañado de una humana. Quizá era como algunos rumores que había escuchado, un amorío entre su señor y su esclava, aunque si ese fuera el caso, a él jamás se le hubiera ocurrido volver a la isla. El camino a su habitación fue largo y silencioso, pero a pesar de la renuencia del caballero por hablarle, la caminata no se sintió pesada, al cabo de unos minutos se encontraron ante un puerta de plata, que aunque bien elaborada, no estaba mejor adornada que las del resto del castillo, y al abrir la puerta se encontraron con un esquema similar de lujo. - Ella se encuentra en la cama, descansando – le dijo ella mientras él la observaba, poniendo atención en su larga cabellera dorada, adornada con bellas flores del campo y en su túnica blanca, que aunque hermosa, era bastante sencilla. De hecho, su palabra era lo único que la confirmara como señora de aquellas tierras, en todo lo demás, era como cualquier cortesana, o alta sierva de una corte local. Y a pesar de pertenecer a la nobleza, y de vivir en un castillo de semejante arquitectura, Alassëa parecía comportarse con modestia, por lo menos dentro de su estatus. Él caminó hacia la cama, esperando encontrar una mejor vista de la portadora del medallón, pero al ver una maraña de sabanas rodeando una extraña combinación de 451
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— brazosy melena dorada, se sintió algo tonto. Un sonoro ronquido le ratificó su sentir, pero sin mostrarse decepcionando, salió de la habitación con calma. La señora de las tierras altas volvió a seguirle, pero ahora lo encontró en el pasillo, de pie, y sin quedarse atrás una segunda vez se la acercó. - Gran caballero, ¿puedo preguntar qué sucede aquí?, ¿Qué tiene que ver esa niña con usted? – preguntó sin esperar una verdadera respuesta, en parte porque entendía que algo horrible le había pasado. Él la miró lleno de agradecimiento, e hincándose ante ella le dijo – gran señora de las tierras altas, por su hospitalidad le estaré eternamente agradecido, pero me temo que tendré que pedirle un último favor, necesitare utilizar su círculo de transferencia una vez más – Alassëa le devolvió la mirada, pero en vez de mostrarse complacida, su rostro mostraba pena – no tiene nada que agradecer gran caballero, porque me temo que el dibujo del círculo ha sido borrado por completo – - ¿Cómo es que…? – - Al parecer, la magia con la que llegó aquí fue tan poderosa que arrasó todo el diseño del suelo – respondió ella – la verdad, nunca vi algo semejante en toda mi vida – Dramorion permaneció hincado, y dirigiéndose una vez más a la joven noble le dijo – entonces debo pedirle algún medio de transporte… - - Gran caballero – lo detuvo ella – para mí sería un placer ayudarle, pero debo insistir en que descanse, su siervo se encuentra en muy mal estado, y la joven humana no parece estar aun completamente saludable. Además según siento, se aproxima una tormenta fuerte – - ¿Siente? – Ella sonrió un poco – cuando se vive muchas lunas en la montaña, uno empieza a 452
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA prestarle atención a esta y al viento que juega con ella – le dijo. El caballero no añadió algo más, pero levantándose pareció entender a posición de Alassëa. Era cierto que su compañero ocuparía tiempo para descansar, podría dejarlo mientras él intentaba volver a la capital, pero no quería hacerlo, además, tenía que aceptar que él tampoco se sentía del todo recuperado y en esas condiciones no podría realizar conjuros complejos. Y aun cuando trabajara toda la noche, quizá no tendría a tiempo un círculo de transferencia. - Mi señora, debo decirle algo sobre la niña - le dijo al ver los bellos ojos de Alassëa, azules y claros como los mares internos, mientras aceptaba su ofrecimiento. La taza de té caía al suelo, sin romperse, pero derramando todo el contenido en el bello piso de piedra, y quedando todo en silencio solo el sonido de las aves adornaba el balcón donde el caballero terminaba de contar su experiencia. Alassëa se agachaba con calma, levantando la taza con delicadeza mientras trataba de entender las palabras del caballero, debían de ser verdad, no tendría ninguna razón para mentirle, pero entonces, aquello significaba la mayor revelación en la guerra, el posible cambio de balance que el Paladín seguía prometiendo. - No puedo confirmarlo, pero eso es lo que vi, y siento que es verdad – repuso Dramorion mientras veía el denso bosque a la distancia. Alassëa parecía desconcertada, hubiera deseado cualquier otra causa para que un caballero viajase con una hombre, cualquiera. Había logrado mantenerse lejos de la guerra, utilizando la muerte de su padre como medio para obtener perdón imperial, pero esto cambiaba por completo la situación. - Entonces ¿el Paladín realmente planea despertarlo? - exclamó Alassëa. - Y la niña es la llave – respondió secamente el caballero. 453
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— - No dudo de sus palabras gran caballero, pero no siento nada especial dentro de ella, o en el pendiente – Dramorion parecía meditar sus respuestas, en realidad, también estaba tan intrigado como su compañera de té – los grabados en el pendiente son los signos de la llave, pero cuando la vi levantarse sentí aquella energía tan especial. Si ella es la llave, sigue todavía dormida, y lo que vi fue solo un rápido abrir de sus parpados - - Entonces las profecías arcanas si son metafóricas – asintió Alassëa al tiempo que recordaba sus antiguas lecciones de historia y meditación - entonces, ¿ese medallón que sería? – preguntó ella. Dramorion movió la cabeza en signo de ignorancia. Podría hablar de teorías, o de suposiciones, pero carecía de toda prueba para cualquiera de ellas. Alassëa también guardaba silencio mientras su mente repasaba una y otra vez la historia del caballero, en un intento por encontrar detalles que fueran de importancia, pero sin haber podido ver de primera mano el suceso, no podía hacer más que imaginar situaciones. Sin darse cuenta, se quedó viendo al caballero y la forma en que el viento de la montaña hacia bailar sus largos cabellos negros, pero fue la horrible marca de su nariz lo que en realidad le llamó la atención. - Su nariz – le dijo ella en confianza – también eso se lo hizo el hombre que mató a su gente – Dramorion levantó su mano y empezó a tocar levemente su nariz, sintiéndola aún inflamada – no – le dijo – la persona que mató a mis compañeros no parecía un hombre, sino una bestia. Esto me lo hizo alguien que encontró la dignidad al momento de morir – Mientras ambos miraban al horizonte, y cada uno perdido en sus pensamientos, una elfo gris apareció de la nada, y arrodillándose junto a Alassëa, empezó a limpiar el té 454
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA del suelo. Dramorion la vio al momento en que se levantaba y mostrándose curioso preguntó – señora, ¿acaso tiene a estos salvajes en su castillo? – Alassëa miró a la joven de cabello plateado, solo para regresar la mirara a Dramorion con disgusto, de inmediato se levantó y con furia golpeó la mesa - entiendo que usted pertenezca a la orden, pero debe saber que en mi castillo no permitiré ese tipo de comentarios, y menos en mi presencia - El caballero se levantó y pidió sinceras disculpas, no había hecho más que expresar su parecer, sabía por experiencia que los elfos grises no poseían las mismas capacidades que ellos, y que por lo tanto eran menos dignos, pero al mismo tiempo, entendía que no todas las personas del imperio comprendían o aceptaban tales afirmaciones, incluso si estas eran respaldadas con pruebas, además, la señora de las tierras altas tenía razón, estaba en su castillo y no podía ofenderla de ninguna manera. Alassëa, por su parte, aceptó las disculpas, aunque no de buena gana y aprovechando la ruptura del buen ambiente, se dirigió al caballero – si lo que usted me ha contado es verdad, debo entonces preguntarle, ¿Por qué me lo ha contado a mí? – Dramorion le esquivó la mirada, y tomando un respiro le contestó de forma directa – es porque, como le he dicho mi señora, no puedo confirmar la naturaleza de lo que vi, ni tampoco la verdadera naturaleza del medallón – - Usted quiere utilizar mi biblioteca ¿no es cierto? – inquirió ella con brusquedad. Él asintió, y viendo como la señora del castillo se retiraba en silencio, se volvió a sentar. La fata gris se le acercó después, e inclinándose en señal de respeto le dijo – la señora ha aceptado que usted revise su biblioteca. Y que la perdone si no lo acompaña durante la cena – El caballero asintió con cortesía, pero al mismo tiempo sentía pena por su comportamiento. Era una pena el haber tenido que romper la simpatía con Alassëa, 455
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— perohabía algo bueno en ello. Su misión como caballero le era más importante y todo aquello que le estorbara o distrajera, no podía caber en su cabeza. Alassëa caminaba por el pasillo con incomodidad, las palabras del caballero la habían hecho enojar, más porque no creía realmente que él fuera mala persona. Pero también porque aquella escena le había hecho recordar un poco la forma de ser de su padre. El antiguo señor de las tierras altas no había sido una mala persona tampoco, pero siempre se mostraba renuente a ver a los elfos grises como seres dignos, para él siempre habían sido, en el mejor de los casos, salvajes semi educados, y en el peor, simples animales domesticados. Mientras aumentaba el paso, una fata gris, la misma que había entrado al balcón, la alcanzó corriendo. - Mi señora – le dijo – le he dicho al caballero lo que me ha pedido – - Gracias Melda – respondió Alassëa – ¿y qué ha dicho él? – - Nada mi señora, solo asintió y se fue a la biblioteca después de terminar su té – La señora del castillo se mostró complacida, pero sintiendo vergüenza por el comportamiento de su invitado, tomó a su sirviente por los hombros y le dijo con cariño – pido disculpas por eso Melda. En serio – Melda entrecerró los ojos, tomando las manos de su señora con confianza y sonriéndole un poco le contestó – no debe disculparse mi señora, entiendo que afuera de este castillo, los tiempos han cambiado muy poco – y retirando su mano, se disculpó con Alassëa antes de retirarse. Pero al regresar al balcón y empezar a recoger las cosas, otra elfo de cabellos plateados se le acercó con indignación. - ¿Cómo puedes seguir soportando ese trato madre? – le replicó la joven sirvienta. - La señora me ha defendido – dijo Melda sin prestarle mucha atención a los reproches de su hija. 456
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA - La señora, siempre ella ¿no?, para esa maldita no somos nada, igual que con el señor – repuso la joven, pero apenas terminaba la frase, la mano de Melda se alzó con fuerza, asestándole una sonora cachetada en la boca. - ¡Alassiel! - le dijo su madre – nunca te atrevas a comparar a la señora con el antiguo señor. Ella es diferente – Su hija retrocedió llena de lágrimas, por el sufrimiento que sentía al ver a su madre entregar su vida a un linaje que solo les pagaba con desprecios, y eso le dolía más que cualquier pena física. Pero pronto acabaría todo, ella se encargaría de eso, aún si su madre le había encontrado gusto a su servidumbre, ella no podría aguantar ni siquiera un año más en lo que su madre había aguantado mil, resignada, dócil, incluso leal con sus dueños. Alassiel entendía que ella había visto la devastación de clan, y que por cientos de años, la única forma de garantizar su vida y la de su familia había sido la de bajar la cabeza, pero ella sabía que tenía que existir algo más, una opción de vida mejor. Había escuchado los rumores y sabía que la antigua casta de amos podía ser vencida, derrotada por los seres del mundo exterior. Si, para ella, los hombres no eran sino una voluntad de liberación y de justicia, ellos habían logrado presentar resistencia ante el poderío de Ávalon, tanto, que ahora lo estaban poniendo de rodillas. Los hombres libres conseguirían la venganza que habían jurado todos quienes habían vivido bajo la mano del Imperio; enanos, elfos grises, duendes, hombres arcanos. Y viendo a su madre con coraje y decepción, se retiró del cuarto sin terminar sus deberes. En poco, ya no debería tener excusa para ello. Después de moverse hasta la parte baja del castillo, pasó por los establos, poniendo poca atención en los bellos animales que la veían pasar con calma. Aquellas bestias siempre le sirvieron de apoyo y consuelo en sus momentos difíciles, pero ya no podía verlas de la misma manera, no ahora que por fin sentía haber encontrado una luz real 457
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— deesperanza. Al poco rato entró en un cuarto pequeño, hecho completamente de bloques de piedra, pero puestos en bruto en comparación con el resto del castillo, y con casi ningún tipo de decoración. Una cama sencilla se encontraba en el medio de la habitación, acompañada solo por un buró y un pequeño escritorio de madera en donde se asomaba un simple banquillo. Con cierta brusquedad sacó el banco de debajo del escritorio, y se sentó en él, dejando caer su rostro sobre sus hombros, cubriéndose las lágrimas que ahora se desbordaban de sus ojos, pero al poco tiempo, levantó la cara, mostrando rasgos más fuertes, llenos de la determinación ajena al esclavo y caminando hacia el único cuadro que adornaba la habitación, una pintura del bello paisaje de las montañas, puso su mano en el borde del marco y aplicando fuerza en una pequeña palanca oculta, lo levantó. Alassëa perdía el impulso de caminar deprisa, tanto porque ya veía su destino, como por sentir un poco de nerviosismo por llegar a él, pero sin buscar ningún pretexto para no hacerlo, puso sus manos sobre la puerta y la abrió con lentitud. Dentro, se encontraba una joven humana, reposando aún en un sueño tan profundo y sereno que parecía que iba a durar por mil años o más, y en cierto modo, eso era ya cierto. Sin esperar a que se despertara, se sentó en la cama, viéndola respirar plácidamente, roncando de vez en cuando. Por un instante quiso verla dormir para siempre, así ninguna de las dos se encontraría cara a cara, enfrentando lo que podría ser una verdad incómoda, pero por otro lado, lo mejor sería adelantar la situación, encontrándose con la incomodidad de una vez, y superarla lo más pronto posible. Optando por la segunda opción, la tomó el hombro y la empezó a sacudir ligeramente. Al principio pareció funcionar, Elizabeth se movía de tal forma que parecía despertar en cualquier momento, pero al cabo de unas cuantas sacudidas más, Alassëa se dio 458
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA cuenta que con lo que estaba haciendo se lograría poco más que nada. Así que con un poco más de fuerza, la agitó de lado a lado, sin llegar a tanta brusquedad, pero ante esta nueva estrategia, su única respuesta fue que Elizabeth tomara una de las almohadas que rodeaban la cama, y se la estampara a Alassëa en la cara. Con un grito de sorpresa, la señora de las tierras altas se levantó de la cama, y con el sonido, la joven hombre abría sus ojos al fin. Al principio, Elizabeth no prestó atención al lugar donde estaba, de hecho, parecía no recordar nada fuera de caminar por las escaleras del hotel en New Delhi. Y ante la luz que le llegaba por todos lados, lo que hizo fue tomar las sabanas y cubrirse el rostro, intentando volver a conciliar el sueño, pero a diferencia de su resistencia consiente, su mente trabajaba afanosamente en ordenar la serie de sucesos que siguieron a su último recuerdo. La mirada lastimera de Isaac fe lo primero en aparecer, y eso detonó de inmediato una línea escenas que surgían en una sucesión tan rápida, que apenas podía ser consciente de ella, rostros, decenas de ellos, todos desconocidos, parecían y desparecían justo antes de ver el frente de un camión seguido por el humo y el movimiento de una explosión. Luego movimiento, continuo y constante justo antes de ver un par de ojos verdes seguirle, subiendo y bajando antes de sentir un jalón, luego un golpe, luego el par de ojos verdes de nuevo, luego otro golpe. Una y otra vez se repetían las escenas, pero todo se detuvo al final con la mirada de Isaac, la misma que había visto al principio, pero el lugar cambiaba, el fondo era diferente, pero tras un momento de ver aquel recuerdo, quieto, el movimiento volvió, más y más caótico, más errático. El rostro de Isaac perdía forma, cambia a lapsos de tiempo dispares, mostrándose pálido por momentos, y cambiando una y otra vez su postura. Al final, todo se detuvo de nuevo, pero Isaac la miraba con otra cara, una donde un par de ojos grises la miraban de forma penetrante al tiempo que un rio de sangre brotaba por su 459
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— boca,goteando a chorros mientras caminaba hacia ella. Todo pasó por su mente en un segundo, y ante el retorno de sus recuerdos, Elizabeth retiraba las sabanas en medio de un grito seco, sus ojos ya no veían aquellas escenas, y su mente ya nos las mostraba de nuevo, pero la reacción había sido tan rápida que su cuerpo había quedado entumido ante aquella sensación de terror. Jadeando con fuerza, su pecho subía y bajaba frenéticamente mientras sus ojos buscaban instintivamente un foco conocido, pero al ver donde estaba, empezó a sentir el pánico de la incertidumbre. De inmediato, la joven hombre empezó a girar la cabeza de lado a lado mientras miraba a todas partes y a ninguna, pasando de largo la figura de la hermosa fata que se encontraba de pie frente a ella, pero ante el gentil saludo de esta, Elizabeth se detuvo en seco, mirándola fijamente, sin decir palabra alguna. La tensión aun no bajada, y aunque el jadeo disminuía con prontitud, su boca aún se mantenía trabada en un gesto de horror, tanto así, que no pudo evitar que un hilo de saliva se deslizara hasta las sabanas. - Lamento despertarte - le dijo Alassëa – pero espero que hayas tenido un sueño placentero – - ¿Qué es esto? – preguntó Elizabeth con brusquedad, pasando de su estado de completa confusión a una agresividad instintiva. Alassëa notó la desesperación en el rostro de Elizabeth, y tratando de tranquilizarla se le acercó lentamente, pero Elizabeth tomó una almohada y levantándola un poco se preparó para utilizarla como arma, Alassëa retrocedió un paso, obviamente no se sentía intimidada ante aquella amenaza, pero con aquel gesto pudo disminuir la agresión de la joven. Elizabeth bajó la almohada con suavidad y al poder ver con mayor calma a la persona frente a ella, empezó a notar la gracia de su silueta, y la forma 460
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA en que le sonreía. Se dio cuenta que aquella mujer no parecía representar peligro alguno y sintiéndose cada vez más calmada empezó a respirar con más lentitud, haciendo más profundas sus exhalaciones e inspiraciones - ¿qué es esto? – preguntó por segunda vez, pero apaciguando un poco su voz. Alassëa no respondió, pero porque no parecía entender del todo la pregunta ¿A qué se estaba refiriendo la humana?, ¿estaba preguntando sobre en donde se encontraba?, ¿o le estaba preguntado a ella su identidad?, pero sin poder determinar lo que busca Elizabeth, simplemente respondió lo primero que pasó por su mente – es una almohada – le dijo con cierta vergüenza. Elizabeth entrecerró los ojos, ahora más confundida que antes, pero también ofendida, aquella persona aún sin conocerla más de un simple minuto, la trataba ya como si fuera una imbécil, y sin esperar alguna respuesta complementaria, le arrojó la almohada a la cara. Alassëa esquivó el segundo ataque con facilidad, moviéndose ligeramente hacia un lado, quizá no era una guerrera, pero siempre gusto del ejercicio y se jactaba de poseer buenos reflejos, así que no le permitiría una segunda a la joven, aunque la forma en que se defendía le era simpática. Elizabeth buscó algún otro objeto que lanzarle, pero al girarse, la vio alzar las manos en señal de paz, pero ante esto Elizabeth levantó la mano y le respondió alzando los dos dedos que formaban la señal de la victoria, al principio había pensado en solo levantar el dedo anular, pero creyó que para un antiguo, la señal que se había vuelto famosa en la propaganda le sería más desafiante. Alassëa no se mostró agredida, aun cuando pareció comprender de inmediato el significado y la intensión de la seña, y con lentitud se le fue acercando una vez más. - Por favor, no quiero hacerte daño – le dijo con una amabilidad que rayaba en lo tierno, y con una voz casi angelical, aumentaba el efecto de apaciguar a Elizabeth. 461
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— - ¿Cómo puedo estar segura? - preguntó Elizabeth con una sospecha reacia a desaparecer del todo. - Si hubiéramos querido hacerte algo malo, no te hubiera puesto a descansar en una cama tan cómoda ¿no es cierto? – respondió Alassëa, claro que aquella respuesta no era en si una explicación completa, pero ella miraba en su invitada a una simple niña, y sin quererlo, la trataba como tal. Y con gusto pudo ver como Elizabeth consideraba su respuesta como una prueba válida. - ¿Qué es todo esto? – preguntó de nuevo Elizabeth, mirando a Alassëa de tal forma que la fata no pudo resistir aquella pregunta más de lo que hubiera resistido la mayor de las culpas. Y ahora entendía la magnitud de lo que pedía Elizabeth, su pregunta se refería a todo, absolutamente todo lo que ocurría en lo concernientemente a ella. Pero ¿cómo responder semejante petición?, Alassëa no podía hacerlo de manera fácil, y sabiendo esto, optó por hacerlo de la manera correcta - ¿sabes algo de cómo los antiguos perciben el mundo?, nuestra cosmogonía – preguntó la fata mientras se acomodaba la larga túnica al sentarse. Elizabeth la miraba fijamente, sin saber que responder, y sin entender porque Alassëa le hablaba de ese tema. Pero la fata la miraba con unos ojos tan calmos, que entendió que de alguna manera aquello de lo que estaba hablando tenía relación con su estancia en aquel lugar, además, algunas veces había pensado sobre como veían el mundo las creaturas mágicas, y principalmente en cómo estas veían a los hombres, y una creciente curiosidad empezó a gestarse en ella, al menos por esta vez, alguien le respondería una pregunta que jamás nadie quiso, o pudo responderle. Elizabeth se mantuvo callada en espera de la respuesta, pero la hermosa persona frente a ella también se mantenía en silencio, solo observándola. Después de unos diez segundos, 462
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA más o menos, Alassëa levantó la mano y la movió de forma que le dio a entender a la joven que quería escucharla, pero Elizabeth se mantuvo en silencio, solo movió la cabeza hacia atrás y levantó los hombros. - El típico comportamiento de los hombres. A nosotros se nos enseña que la ignorancia es una enfermedad, tanto del individuo como de la comunidad en la que vive, pero su cura consiste en tener el valor de estudiar, de ver más allá, de forzarse a conocer. Pero los hombres solo presentan dos reacciones ante la duda, algunos abren la boca y dicen la primera cosa que les viene a la mente, los demás se quedan callados en espera que alguien más les responda, sin siquiera haber hecho primero un esquema mental de sus propias incógnitas – expuso Alassëa, pero ante el silencio que mantenía Elizabeth, añadió – para nosotros el silencio en una plática o discusión es una ofensa muy grave, ¿sabías? – Elizabeth pareció entender y de inmediato respondió aunque de manera entre cortada – s...si – - ¿Y? – preguntó la elfo con tono de maestra. - ¿Qué? – respondió Elizabeth. - ¿Qué más se dice cuando se comete una falta de educación? – - ¿La… cagué? – respondió Elizabeth con duda. Alassëa abrió su boca un poco, sorprendida por la respuesta, no podía aceptarla, pero al mismo tiempo tenía que aguantarse ciertas ganas de reír, pero tratando de mantener el rumbo de conversación, cambió la expresión de su rostro y aunque siguió mostrando aquella amabilidad, también empezó a mostrar cierta molestia en su mirada, pero lo que en realidad impresionó a Elizabeth, fue el porte de frialdad que ahora presentaba, como si aquella mujer se hubiera vuelto una estatua. - ¿No? – preguntó Elizabeth, esperando no molestarla más. 463
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— Una mueca de desilusión apareció en la boca de la fata al tiempo que desviaba su mirada al bello paisaje de bosque nevado, que se asomaba por la ventana, tras un segundo de silencio se levantó y tomándola con suavidad la llevó por el pasillo que se encontraba a sus espaldas. Desde el momento en que salió del cuarto, Elizabeth empezó a mirar en todas direcciones. Estaba fascinada con el hermoso conjunto de pinturas y relieves que se encontraban en todo el lugar, incluso en el piso. Retratos de personas hermosas, algunas bailando, otras sentadas, leyendo o hablando con gente a su lado, la perfección de los detalles hacía que las imágenes superaran fácilmente cualquier pintura o fotografía que hubiera visto antes, pero lo más curioso, lo que le más le llamó la atención, era que ninguna de las personas tenia las orejas puntiagudas de los antiguos, algunos de hecho, tenían barbas y bello corporal, cosa que jamás había visto entre los elfos. - Estos son los Dioses – le dijo Alassëa al ver como Elizabeth miraba los diseños del pasillo. - ¿Dioses? – - Si, quienes dan orden a lo existente – - ¿Los creadores del mundo? – dijo Elizabeth, tratando de seguir el hilo. - No, para nosotros no existe la idea de la creación. Algunos incluso la consideran ridícula. Entiendo que los hombres la defienden porque consideran que, como ellos, todo debe de tener un límite. Pero nosotros creemos que lo que existe siempre ha existido, y no puede dejar de existir, si algo muere no desaparece, solo disgrega su fuerza y su energía de nuevo al universo, y son los Dioses quienes deciden como reorganizarlas. Y cuando algo nace, solo posible porque existen las energías correctas, las mismas que se juntan de una forma determinada para dar una vida determinada… – - Pero la magia crea cosas de la nada, solo ¡puff! y ya – interrumpió Elizabeth 464
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA haciendo los ademanes que haría un mago en un espectáculo. - Mi niña, solo los hombres podría creer algo semejante. Más porque no conocen la magia – respondió Alassëa, esbozando una bella sonrisa – la magia no es sino la herramienta misma de la verdadera voluntad, la magia necesita la energía propia del individuo para canalizarse, sin una mente sana, un cuerpo fuerte, una voluntad firme y un corazón férreo, es imposible realizar bien cualquier encantamiento, y quienes lo hacen sin cumplir con aquellos requisitos solo terminan por degenerarse, se vuelven locos o enferman. La magia responde al orden universal, no trata de crear, sino de ordenar lo existente, las energías disponibles. El uso de la magia fue la forma en que los Dioses nos formaron, a ti, a mí, a todo a tu alrededor. Por desgracia, los hombres no comprenden esto, ni siquiera los que pueden experimentar la magia, es como si nunca hubieran abierto los ojos. Lo que ellos llaman ciencia es una perversión de la vida. He leído algunos de sus libros, en uno, leí algo que ellos llaman “ley de la conservación de la materia”, eso me dio a entender que poseen la capacidad para entender parte de la verdad, o por lo menos de aceptarla; que lo que existe no puede destruirse. Pero al mismo tiempo tratan de violar aquellos principios, forzando las energías de formas antinaturales, produciendo desequilibrios en el mundo. Sus tribus no hacen sino pelear con otras, a veces contra sí mismas, sus cuerpos se enferman, sus mentes son débiles y sus llamadas civilización se sustentan solo en la destrucción de las verdades y creencias de otras. Desde el principio, así como la vida ocupa el agua para poder existir, las civilizaciones del hombre ocupan el fuego para desarrollarse, y al final para colapsar – Elizabeth dio un paso hacia atrás llena de asco, por supuesto que se sentía ofendida, aunque no sabía bien el por qué, la explicación sobre la magia le había sido fácil de entender y las verdades que aquella mujer exponía sobre los hombres eran, por 465
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— desgracia,muy ciertas, pero ella era parte de la humanidad, y aceptar los errores se vuelve difícil cuando son expuestos por otros. – Entonces, ¿qué quieres decir? - dijo – que todo lo que hacemos, está mal, que nuestra existencia daña el curso de las cosas. Quizá no te des cuenta, tú, aquí, metida en tu casota, pero nosotros, la gente, la humanidad, no tenemos ninguna de sus capacidades especiales, nosotros tenemos vidas cortas, llenas de altibajos, llenas de amenazas, ¿cómo crees que sobreviviríamos sin alterar el medio?, ¿crees acaso que podemos vivir bien, plenos y felices si nos reducimos al nivel de animales? – Alassëa se acercó a ella, y con delicadeza, puso su mano en su mejilla - ¿es que no lo ves?, los hombres son animales – - ¡Por Dios!, ¡¿cómo te atreves?! - respondió Elizabeth al tiempo que se quitaba la mano de Alassëa de un jalón - ¿me estas llamando animal? – Alassëa la miró llena de pena, por un momento no supo que decir, creyó que ella lo entendería de forma más sencilla, aunque sabía que esperar eso había sido un tanto infantil. Pero creyó que si lo que decía Dramorion era cierto, entonces le sería fácil entender su verdadera naturaleza, o ¿cómo podría un ave ignorar que tiene alas? así que aspiró un poco, la miró con detenimiento y le dijo al fin – mi niña, ¿no te has dado cuenta aún? – Elizabeth no entendía nada de lo que fata decía, de hecho, empezaba a sentir una vez más hostilidad hacia ella, pero de alguna manera, algo en su rostro la obligaba a detenerse y escuchar más de lo que tenía que decir. No sabía porque, pero era una especie de inclinación, como si aquello representara una oportunidad, o un deber. Alassëa se preparó para hablar, pero escuchó como alguien se acercaba, y esperando ver a alguien amistoso para adquirir valor, se encontró con Dramorion, quien la miraba detenidamente, callado y tras ver a Elizabeth, nervioso. 466
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA Alassëa también lo miraba, esperando ver en él, algo que le indicara que había encontrado algo importante en los libros, pero al ver como simplemente asentía con calma, se dio cuenta de inmediato que lo que había pensado en un principio y lo que le había dicho, era cierto. Elizabeth miraba al elfo que había aparecido, quien parecía ser un completo contraste con la fata, mientras todo en ella se veía blanco y reluciente, él parecía estar cubierto de penumbra, su porte era digno, su túnica y cabello eran negros, y su cara mostraba una frialdad amenazadora. Lentamente se giró para ver de nuevo a Alassëa, pero su mirada volvía ante el elfo cada vez que lo intentaba, solo cuando la fata le empezó a hablar, ella pudo desviar la mirada y sentirse a salvo de nuevo. - ¿Nunca has sentido algo raro en ti? - continuó la señora de las tierras altas – como si algo en tu vida no encajara con lo que te rodea, como si fueras distinta al resto de las personas con las que convives. Pero Elizabeth no respondió, aun cuando sabía bien que responder, claro que siempre había sido la idiota del pueblo, y a veces lo disfrutaba, pero jamás se había sentido fuera de lugar, al contrario, siempre gustó de su aburrida vida en Inglaterra, y de su aún más tediosa estancia en New Exeter, entonces empezó a recordar a su hermana, sus pinturas y las cervezas que tomaba en el bar de Macbeth, y mirando a Alassëa negó con la cabeza, con ligereza, pero de tal forma que no dio lugar a dudas sobre su respuesta. Alassëa pareció ponerse incomoda, en principio mostraba inquietud, pero también parecía desorientada por la respuesta de Elizabeth. Si ella hubiera actuado de cualquier otra manera, se le hubiera hecho más fácil continuar, pero con la rotunda negativa de la joven había perdido toda base sobre la cual trabajar. Sin poder hacer algo, o por lo menos sintiéndose de esa manera, miró a Dramorion, quien al entender la penosa situación de Alassëa, se giró hacia Elizabeth, y sin mostrar titubeo de alguna clase, le 467
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— dijodirectamente – tú no eres humana - XIX SUEÑOS DE PODER La noche se asomaba de nuevo, oscureciendo todo en su presencia, incluyendo las esperanzas de Alice de un final feliz, aunque era gracioso, por un lado pensaba que todo estaba lejos de terminar, pero al mismo tiempo ya estaba condenando todo a una triste fatalidad. Para ella no había otra opción, siempre creyó que el esfuerzo de uno era el determinante más importante para resolver cualquier problema, pero ahora se encontraba ante un panorama que excedía por completo sus capacidades, y frente al cual, lo único que podía hacer era confiar una vez más en terceros. El cazador había sido una decepción y los soviéticos seguramente serian otra, y por desgracia, aquello era la única certidumbre a la que podía aferrarse. Por lo menos Federico se comportaba amable con ella. Al otro lado de la puerta, las personas pasaban de vez en cuando, caminando hacia oficinas ubicadas en espacios esporádicos, como si aquel lugar estuviera ocupado a la mitad. Un par de mujeres, ambas vestidas con aquel uniforme verde oscuro de los Estados Soviéticos comentaban anécdotas personales, riéndose como si aquello fuera lo más relevante en sus vidas, y nada fuera de aquella diversión, importara en el mundo. Otro uniformado corría presuroso hacia algún destino desconocido, pero todo parecía tan ajeno de la habitación donde Alice meditaba en silencio. Se encontraba cansada, no había podido dormir bien, y algunos fragmentos del diario aún rondaban por su cabeza, pero lo que más la agotaba era el no tener nada que hacer, quizá porque a través de los años, la constante actividad la habían convertido en una adicta al 468
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA trabajo, y el tener que soportar aquella inactividad le era de un tedio asesino. En su situación actual, prefería mil veces tener la compañía de Federico, con él, por lo menos podía discutir hasta cansarse un poco y tenía que aceptar, que le parecía buen mozo, al menos para ser un rojo fanático. El teléfono parecía sonar con violencia, como si vaticinara un mal mensaje, pero a Federico pareció no importarle y contestándolo como siempre, habló con voz fuerte y tranquila - ¿sí?, ¿diga? – - ¿Qué demonios te pasa De Aragón? - respondió una voz a través del auricular – dos días y no me has avisado de nada con respecto a tu investigación – - ¿A qué te refieres Heydrich?, te mande un reporte completo sobre los sospechosos… - - ¡Eso no me sirve de nada! - interrumpió Heydrich con fuerza – lo que me importa es la ubicación o las actividades actuales de Thule. Tú solo envías datos sobre cosas que ya conocemos, o sobre conjeturas absurdas… - - No me interrumpa, Herr Direktor – respondió Federico con energía – ¿quién crees que soy?, ¿Canaris? La información que te envié es más que útil en cuanto a lo que podemos hacer. Y mis suposiciones no son absurdas – Heydrich se mantuvo callado, solo bufando por el teléfono, enojándose con Federico cada vez más, principalmente por tener que tratar con él como un semejante más que como un superior, pero también por no tener en él, el mismo poder de intimidación que poseía con quienes le rodeaban. En lo personal, odiaba a los rojos, más por tener aquellos ideólogos judíos, pero al mismo tiempo aceptaba la capacidad de De Aragón para encontrar respuestas, por lo que trataba de tragarse su enojo en espera de más información. Aunque eso no le quitaba su derecho a exigir un mejor 469
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— trabajo– no están basadas en hechos reales, son puras creencias sin fundamentos – replicó al fin. - Sí claro, igual que creer en hadas y duendes ¿no? - respondió De Aragón con ironía, pero tratando de suavizar la tensión, continuó en mejor tono – mira, sé que los reportes tienen brechas, pero no nos ha sido fácil encontrar nada más - - La Okhrana está rondando el área, ¿lo sabías? - expuso Heydrich con agresión – por lo que sé, puede que estén más cerca que nosotros de obtener cualquier dato sobre las pruebas de la energía “Vril”, además de las cuentas que maneja Thule – Federico se calló, asustado por la revelación de Heydrich. - Esto ya no puede seguir así – continuó la voz del teléfono – estamos perdiendo capacidad de acción, si las Naciones Unidas logran el acercamiento con Ungern, el Duce también terminara por ceder ante sus presiones. No podemos permitir que esos malditos terminen por apoderarse de todos los beneficios, recuerda que es posible que la guerra termine este año, y qué crees que seguirá luego, cuando ya no exista un frente, las Naciones Unidas empezaran por relevarnos de los asuntos internos – - Ya los sé – replicó Federico – pero no podemos hacer nada más, el testigo que encontré no sabe más de lo que nosotros ya sabemos, a excepción de que al parecer, el blanco primario de Thule es una joya o medallón de plata, perteneciente a una joven de origen inglés, una tal Elizabeth Harker – - Eso no es importante – - Tal vez sí, que tal si ella representa algo para los antiguos – Heydrich se mantuvo en silencio, probablemente para escuchar algo que refutar, aunque también porque su atención había sido captada - ¿cómo? – preguntó al fin. - Según los reportes de Rangel, los “súper soldados” antiguos habitan en cuerpos o recipientes físicos. Quizá el medallón que tiene la joven es uno, o quizá es la clave del 470
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA “codex Arturo” – - Ese codex es solo una suposición De Aragón – dijo Heydrich. - Si, tal vez, pero sabemos por interrogatorios que ellos también lo buscan, y algunos de los nuestros han encontrado partes que parecen ser del codex – expuso Federico con emoción en su voz, pues aunque sabía que lo que estaba diciendo se encontraba lleno de suposiciones, también sabía que a lo largo del conflicto, varias de las cosas que habían parecido locuras, se habían confirmado con el tiempo, cosa que Heydrich también conocía. Heydrich entendía los puntos de De Aragón, pero no podía permitirse trabajar con expectativas con tal grado de incertidumbre, debía tener por lo menos algún dato de validez, algo por dónde empezar. Y el tiempo se le estaba acabando, en esos momentos ya estaba enfrentando presiones por parte de organismos internacionales, quienes estaban buscando chivos expiatorios para utilizar después de la guerra, y sabía que al haber permitido los experimentos de Mengele, o al haber ordenado las ejecuciones de Praga, lo tendrían en la mira. De Aragón se encontraba más a salvo, los Estados Soviéticos poseían suficiente fuerza como para soportar reproches internacionales, pero todas las instituciones y organismos europeos se encontrarían en medio de una guerra de influencias entre ingleses, rusos y posiblemente también los soviéticos, y toda actividad que fuese fácilmente explotable de culpa, sería utilizada para imponer directivos leales a aquellos bloques. Quizá había escogido mal el bando, pero sabía que lo ingleses jamás lo aceptarían, y el tener que trabajar con los rusos le repugnaba, por lo menos si algo salía mal, con los latinoamericanos tenía la opción de vivir libre de culpa o castigo, como muchos de los nacionalsocialistas que habían logrado escapar después de la purga de Weimar – entonces ¿Qué?, nos sentamos a esperar o nos movemos en la oscuridad – preguntó con enfado. 471
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— - Ninguna de las dos – respondió De Aragón – en primera, tenemos que encontrar los nexos de la Okhrana en la India – - ¿Y luego? – - Luego tomar todo lo que nos mandan del frente – Heydrich rió con enfado - ¿aún sigue vivo ese marica tuyo? – - ¿Fierro?, ¡por supuesto que sigue vivo!, ese cabrón es casi inmortal – - ¿Y que pasara cuando los aliados anglosajones se enteren que trabaja para nosotros?, deberías de encontrar más de un solo proveedor – - ¿Quién dijo que es el único? – - Simplemente no puedo trabajar así, tengo que tener al menos algo de valor, ¿sabes que de Gaulle ya me está empezando a presionar para conseguir información útil?, y darle nombres de colaboracionistas ya no es suficiente. Los anglo-americanos ya consiguieron restaurar con éxito una armadura antigua, además poseen el programa de “vitalización humana”, y los rusos ya superaron sus armas – exclamó Heydrich cambiando el tema. - ¿De qué te preocupas Herr Direktor?, todo adelanto estadounidense es patrocinado directa o indirectamente por nosotros, así que no pueden hacer algo sin que lo sepamos, además, el pacto franco-soviético te permitirá compartir los hallazgos con de Gaulle – - Siguen siendo solo promesas De Aragón – refutó Heydrich – desde la invasión a Ávalon, no hemos obtenido beneficios del pacto, además Von Kahr tampoco se mantiene callado. Mussolini lo hace, pero sabemos que juega sus cartas con las potencias extra europeas. Ocupo que compartas cualquier hallazgo de inmediato, y que te pongas a trabajar más – - ¿Nos acusas de poca cooperación?, nosotros también hemos visto un recorte con 472
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA respecto a tu ayuda, la Interpol ya no nos comparte información como antes, de hecho, sé que tratas a muchos de los compañeros casi como vasallos – le respondió Federico, quien no iba a permitir que lo trataran como un simple socio, a él, cuya organización empezaban a armar un esquema de inteligencia igual o incluso superior a la OSS, y cuya cooperación con la Interpol hacia que esta fuera solo especie de filiar internacional con respaldo legal. Heydrich no supo cómo responder, por el momento no tenían la capacidad de maniobrar solos, y la inteligencia soviética era su menor soporte, principalmente en cuanto a información de todo adelanto o política inglesa en territorio americano – entonces quedamos en seguir investigando – dijo con aquel tono con el que tragan las malas noticias. - Por favor, principalmente lo relacionado con el medallón que porta la joven – explicó Federico, y después de hacer una pausa continuó – y también todo lo que tenga que ver con la tal Elizabeth Harker, historial, vida, obra, cualquier cosa. Quiero saber hasta sus gustos, incluso si tiene mascota. Todo, quiero todo – - Si, todo de ella, capto, ¿y en cuanto a ustedes? – preguntó Heydrich como última oportunidad de forcejeo. - Haremos una investigación completa en cuanto a la red rusa en India. Eso y cualquier cosa que podamos sacar con respecto al sol negro y su Thule – - Bien – respondió Heydrich antes de colgar, quedándose con la última palabra como siempre. Federico permaneció un rato con el teléfono en repique, y lentamente lo colgó, mirándolo un rato, casi como si el aparato fuera el mismo Heydrich en persona. - ¿Era el verdugo? – le preguntó a Federico un oficial sentado en el banquillo de la esquina. 473
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— - El mismo – - ¿Qué quería? – inquirió el oficial en tono burlón. - Que me enterara que lo están presionando, principalmente eso – El oficial rió un poco, burlándose del egocentrismo del verdugo, anunciando cada problema personal como si tuviera la misma importancia que las cuestiones militares. Pero Federico, intuyendo el motivo de la risa, la detuvo – si Heydrich pierde el cargo, perdemos un nexo importante, no lo olvides, no es nuestro hombre, pero trabaja con nosotros, y no podemos confiar en que su sucesor sea tan eficiente ni tan cooperativo como él - - Pero ¿por cuánto tiempo? - expuso el oficial – dudo que nos vea siempre como primera opción de ayuda. Los alemanes son muy cumplidores, eso sí, pero eso no les quita que a veces apuñalen por la espalda - - Más vale malo conocido que bueno por conocer – respondió De Aragón mientras se ajustaba los lentes – además, no podemos ser exigentes, la situación europea se nos volverá más difícil de manejar cuando termine la guerra, en primera los europeos han estado tramando un resurgimiento desde el principio. Lograron meter a varios de sus generales como partes fundamentales de la estructura aliada, y aun cuando gente como Rommel no posea intereses políticos, también es cierto que aquellas personas son en su mayoría férreos patriotas, y no van a dudar en ceder sus victorias a sus países, ni los beneficios que estas representan. Y desde el final de la guerra en España, Inglaterra se ha fortalecido en el continente. Irlanda y Europa del Este todavía nos sirven para guardar guerrilleras, con las cuales podemos interferir en la estabilidad europea. Pero el mayor problema es la “triple fuerza”, ten eso en mente – respondió Federico refiriéndose a la unión tácita entre Italia, Francia y Alemania, quienes siendo los países libres más poderosos de Europa, habían resistido eficientemente toda intrusión 474
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA extranjera en el ámbito político. El oficial asintió a las afirmaciones de Federico y añadió - y con la alianza entre Mussolini y Ungern, ya no se puede considerar la opción de intromisión militar – - Además – asintió De Aragón – pero recuerda que aun cuando sea posible un resurgimiento europeo, no va a ser en el corto plazo. Los rusos están con esa política de enclaustramiento, así que solo queda Japón y el Gran “Commonwealth” como rivales futuros. En todo caso, lo mejor sería quedar bien con el viejo continente. Con Francia por lo menos, es la que mantiene más colonias y beneficios económicos. Ya vimos que una alianza con Alemania no es productiva – - Se termina una y empieza otra ¿verdad? - añadió el capitán refiriéndose a la interminable lista de conflictos por venir, como si la humanidad olvidara rápidamente toda lección aprendida en la guerra, como si estas sirvieran solo para aumentar el ansia de poder entre las naciones. El capitán guardó silencio un rato, meditando las palabras de Federico en su cabeza, cuando dirigiéndose a él, le dijo – eso que dijo, ¿realmente confías en Fierro? - - Su inteligencia es superior al promedio… – - Yo no pregunte eso, aunque creo que por eso es peligroso, recuerda que llegó a ser coronel nada más por andar sobornando a medio mundo, y ahora la mitad del directorio de defensa obtiene dinero de él – - Precisamente por eso confió en él, puede comparar autonomía, así de simple y mientras la tenga, se puede mover con toda libertad por el territorio antiguo, se mueva más, encuentra más. Así funciona – - Es un burgués – refutó el capitán - su padre era dueño de fábricas en el norte y de haciendas en México y Jalisco, lo perdieron todo a causa de la revolución, odian a los sovietos… – 475
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— Federico esbozó una sonrisa de burla - ¿y eso qué?, claro que es un engreído, es un típico hijo de terrateniente burgués, pero es muy listo como para odiar al gobierno. Sabe que es mucho mejor trabajar con este - - Como que te agrada, ¿verdad? – afirmó el capitán con ironía. - Siento la misma fascinación por él, que la que sentiría por un tiburón. No me agrada, pero es como con Heydrich, aprecio su eficiencia. Eso, y que si logramos utilizarlo de forma correcta, se convertiría en nuestra carta de triunfo, lo único que tenemos que hacer es mantenerlo en nuestro cause. Además, Rommel dijo una vez que, los hombres son, básicamente, listos o tontos, y vagos o ambiciosos. Los tontos y ambiciosos son peligrosos, y se debe uno librar de ellos. A los tontos y vagos se les debe de asignar tareas mundanas. A los listos y ambiciosos ponerlos en el estado mayor. Y a los listos y vagos hacerlos comandantes, y déjame decirte que no vas a encontrar a alguien, ni más listo, ni más vago que el Fierro – - ¿Y tú de cuál eres? – preguntó el capitán entre risas. - Todo depende de que tan peligroso me veas – respondió Federico – pero el punto es que no me importa quien sea, mientras saque los recursos de Ávalon – al decir esto, se reclinó en su asiento, exhalando con fuerza. Sabía que la isla de los antiguos sería la base del nuevo campo de batalla entre las potencias por venir y quien lograra obtener las mejores porciones, lograría obtener la mayor ventaja a futuro. Ávalon estaba repleta de nuevos recursos, minerales, petróleo, mano de obra, todo lo necesario para duplicar la capacidad industrial de cualquier nación - creo que vamos por buen camino, somos la única nación que ha invertido tiempo en los verdaderos recursos de esa isla – El capitán también reclino la cabeza, quizá cansado de la palabrearía del comandante – no lo sé Federico. No lo sé, si me lo preguntas, creo que sería mejor seguir obteniendo información sobre el proyecto de “vitalización humana” – 476
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA - ¿Quién te dijo que no estamos trabajando en eso? – - ¿Y? – - Los resultados son peores que los que tuvieron los americanos. Todos y cada uno de los sujetos terminaron muertos o deformes. Ninguno de ellos pareció aportar información de valor – - ¿Cuántos llevan los gringos? – - Uno – respondió Federico, pero de tal forma que parecía referirse a una ventaja abrumadora. - ¿Cuál crees que sea la razón? – preguntó Gautier. - No lo sé. Suerte tal vez, o quizá sean menos idiotas que nosotros – - No – lo detuvo el oficial – no el éxito, sino los fracasos – Federico empezó a mover su mano con pereza, buscando algo entre las hojas de su escritorio, cuando de pronto, se detuvo en lo que parecía ser un reporte médico – según Rangel es porque el material genético no es suficiente como para soportar los cambios, es como sobrecargar un aparato – - Entonces ¿qué?, la respuesta es encontrar gente con más genes ¿O qué? - - Ni siquiera sé si eso existe – respondió Federico con indiferencia mientras leía las hojas del informe, ahora tan arrugadas que evidenciaban que habían sido repasados un sinfín de veces, pero al llegar a la última página sus ojos perecieron cerrarse del cansancio y bajando las hojas con calma se reclinó en su silla – búscame toda la información que tengamos sobre el caso exitoso de los americanos – - No creo que tengamos mucha – replicó Gautier solo por la mera intención de no tener que levantarse por el momento. - Tú dijiste que ese programa era una opción más viable que la mía. Así que pon a trabajar tus opiniones y muévete. Considerarlo tu tarea mundana – le ordenó Federico 477
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— deforma tajante. El capitán se levantó de mala gana, y sin decir nada más salió de la habitación de mal humor, quizá llenando mentalmente a Federico de las perores groserías que se le ocurrían, pero mientras no los dijera en voz alta no habría ningún problema. Todos en el lugar lo hacían, y el comandante lo permitía de manera tácita, no quería ni ocupaba agradarles, con el solo hecho de tener autoridad, el liderazgo le venía sobrando. Además, el ser visto como el imbécil común facilitaba la mejor convivencia del personal, y esa era una táctica que valía la pena soportar. XX LOS JINETES DEL APOCALIPSIS El humo del habano salía disparado de la enorme boca del hombre que reía lleno de ganas, mientras sus subalternos lo miraban extrañados. Él casi nunca reía de aquella forma, tan llena de vida y desinteresada, era como si se tratara de un simple viejo en lugar del Gran Primer Lord del almirantazgo de la Gran mancomunidad de naciones, cargo que le confería un estatus y un poder más alto que el del Primer Ministro. - Entonces, ¿en serio dijo eso de un cuento de hadas? – replicó Churchill. El general, mostrando una vez su “encanto” Texano mostró una enorme sonrisa y repitió el final de su historia – en serio, cuando el presidente vio la fotografía dijo que eran puros cuentos de hadas – Churchill se agachó un poco, evitando dar el salto de risa de la última vez, pero seguía riéndose tan fuerte que el constante sonido de su garganta resonaba por toda la habitación, haciéndolo el centro de atención del toda la concurrencia, que si bien entendía la historia pocos en ella le habían encontrado la misma gracia. Sin embargo, 478
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA todos miraban al viejo del habano con cierta empatía, gozando más de sus risas que de las palabras del general. Todos excepto uno. Sentado en uno de los asientos de honor, fijando su mirada en todos y cada uno de sus pares, seco, frio, con los ojos negros como el carbón y con la expresión de un toro embravecido, Calles, el mismo Jefe Máximo de los Estados Soviéticos se encontraba en aquel estado extraño que presentaba cuando era él quien no hablaba, en silencio, meditando y analizando a todos como meros libros. Pero cuando la risa se aplacó lo suficiente, sin mover ninguna otra parte de su cuerpo más que la boca, levantó la voz de tal forma que de inmediato acabó con toda la alegría del lugar. - No ha habido más avances con respecto a la bomba – El Primer Lord del almirantazgo lo miró con sobresalto, escuchando el horrible acento con el que hablaba inglés, aunque era posible que solo lo hiciera para llamar más la atención. De cualquier modo, él lo seguía viendo como a un mero maestro rural de país de tercera, aunque al mismo tiempo reconocía en Calles a alguien peligroso, tan frio y brutal, como sensato – Mr. Calles, la isla antigua es un territorio desconocido para cualquier nación, y con el transcurso de la guerra los territorios ocupados han aumentado. No veo necesario el uso de aquella arma antes de conocer más sobre los recursos que podemos encontrar en la isla – Calles empezó a asentir levemente, moviendo la cabeza mientras hacia un zumbido extraño – y por cuánto tiempo más cree que se pueda avanzar libremente por aquel nuevo territorio ¿eh? Lo mejor es terminar con este asunto de una vez y por todas, matar a todos los elfos restantes y dividir el territorio conquistado con base a la ocupación actual – - Los antiguos ya no presentan mucha resistencia, en menos de medio año 479
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— podremosdisfrutar de la victoria Mr. Calles, de eso estoy seguro – expuso Eisenhower con beneplácito. Pero el Jefe notaba aquel resentimiento interno que aún sentía el general por no haber conseguido el mando supremo de los aliados occidentales, por lo que siempre trataba de aplazar las cosas bajo su mando, en un intento por demostrar su capacidad militar, que aunque en bastantes ocasiones mostraba ser altamente satisfactoria, todos también tenían muy presente el fiasco del día D, una de las victorias más costosas de la guerra. Además, aunque poseía más capacidad estratégica que Rommel, su presencia y fama no se podía siquiera comparar con la de este, quien ya era visto como un símbolo de la resistencia y la venganza de los hombres. - Mr. Calles tiene razón – dijo un hombre al levantarse con energía, mostrando su uniforme en perfectas condiciones, como recién salido de la tintorería – nuestro problema ahora es la avanzada rusa. Nosotros avanzamos un kilómetro mientras ellos avanzan diez – - Monty – le dijo uno de los generales – hacemos lo mejor que podemos – Pero aquella respuesta fue recibida por Montgomery como un insulto. Él ya estaba harto de aquellas reuniones absurdas, las cuales habían degradado de planes militares a solo palabrería política, y a veces menos que eso. Eisenhower y Churchill había sido al principio mentes guerreras, pero ahora solo pensaban en obtener o mantener cargos políticos, y la guerra solo les estaba sirviendo como una especie de propaganda electoral, por el otro lado estaban los soviéticos, para él simples perros sucios, todos a excepción de dos, uno, el general Ávila Camacho, quien si bien desde el principio mostraba sus pretensiones políticas, nunca las mezclaba con los asuntos militares, y el otro, el Jefe de los E.S.S.U. quien parecía carecer casi de manera natural de todo encanto político y capacidad militar, pero no de una de visión objetiva sobre cada tema, y que a diferencia de sus demás pares, otorgaba mayor libertad a sus generales, 480
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA siempre y cuando le aseguraran victorias a corto o largo plazo. A esas alturas, envidiaba a Rommel cada día más, ya que no solo había conseguido el mando más envidiado por todos, sino que podía permanecer en el campo de batalla y en círculos meramente militares, algo con lo que soñaba más y más entre más se atoraba en aquel nido de intereses pseudo públicos. Y aunque todos, incluyendo Rommel, sabían que solo utilizaban la fama “del Führer” como estrategia psicológica contra los elfos, ser una herramienta de guerra era mejor que estar sentado allí, escuchando tonterías más acordes a un salón de clases en receso que a una junta militar – Zhukov hace más que nosotros, y Ungern no pierde el tiempo en historias bobas – replicó antes de sentarse. Sus pares se sintieron avergonzados, principalmente Churchill, quien veía la razón en las palabras de su general, pero la situación con los miembros del Gran Commonwealth no era tan fácil como para permitir que un solo país se hiciera cargo de un arma tan poderosa. El problema había sido la pérdida de capacidad industrial durante la gran crisis, por lo que un esfuerzo tan grande, como lo implicaba la fabricación de la bomba, necesitaba forzosamente la participación económica, industrial e intelectual de cualquier nación que lograra comunicarse con las demás. En aquel tiempo parecía, y era de hecho una buena estrategia, pero en ese entonces todo mundo estaba desesperado y nadie contaba con que la resistencia del Afrika Corps o las renovadas fuerzas de los ejércitos rusos o la coalición norteamericana lograran detener el avance antiguo. Y por eso, ahora, la información y la capacidad de fabricación de la bomba había sido separada entre las naciones socias, y cualquier avance logrado por alguna potencia la obligaba al mismo tiempo a compartir la información con las demás, esto, por el tratado de avance conjunto firmado entre los países participantes del llamado “Proyecto Pandora”. La única ventaja era saber que por lo menos, el Gran Commonwealth controlaba la mayor parte de las instalaciones 481
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— deinvestigación, pero Hoover, quien fungía como presidente de los EEUU, comenzaba ya a mostrar resistencia a una cooperación inglesa. Y él, a quien Churchill miraba en ese preciso instante, sentado delante de él, con aquel aire prepotente y traicionero, parecía convertirse en principal elemento de freno hacia el logro y control de la bomba. “Joto asqueroso” pensaba Churchill mientras le daba una bocanada más a su habano, “¿Quién se cree ese qué es?, si no hubiera sido por nosotros, sus compatriotas ya lo hubieran colgado por dictador. Es un “Duce” sin el encanto” - Señor – le dijo a Churchill un hombre mientras se le arrimaba, pero al ver como el Gran Lord del almirantazgo permanecía absorto en su mundo, le insistió de forma más elevada al momento de acercársele más. - Un Ungern sin pelotas – dijo Churchill en voz alta, girando de inmediato hacia la persona que la hablaba, quien se mostraba intrigada por aquellas palabras. Churchill se mostró completamente normal, como si no hubiera dicho algo, y acercándosele al hombre, escuchó que le esperaban al teléfono, una supuesta llamada de importancia, sin decir más, Churchill se levantó de su silla, disculpándose con todos los presentes, quienes solo veían la rechoncha figura del “ingles de acero” moverse graciosamente hacia el pasillo. - Seguro que ha de ser el rey – le dijo al Jefe uno de sus generales. - ¡Na! seguro es su vieja – respondió Calles con su gruesa y monótona voz. Mientras Churchill caminaba por el pasillo, seguía meditando sobre alguna salida a la presente situación, pero una y otra vez a su cabeza solo le venían los recuentos de los problemas. Por si fueran pocas las complicaciones con respecto a la terminación y posible uso de la bomba, todavía quedaba su costo. Si la guerra terminaba pronto, 482
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA gastar millones de libras en la fabricación de un arma tan poderosa como inútil sería un despilfarro peligroso, más cuando se tomaba en cuenta que el mismo dinero serviría mejor para aplacar todas las riñas que empezaban a surgir en las colonias. Seguramente Japón terminaría por ocupar toda China, incluyendo los territorios que pertenecen a Inglaterra, y la India seguía lenta, pero segura en sus reclamos por independencia. Y cuando todo aquello se ponía en perspectiva, el uso de la bomba seria indudablemente más desastroso para Inglaterra que para el maltrecho imperio élfico. La única solución sería dejar que los Estados Unidos la fabricaran y la arrojaran, absorbiendo los gastos de ello, pero eso también implicaría otorgarle el arma más poderosa del planeta a un tirano, y a uno que amenazaba en convertirse en un problema más grande que Calles, Perón, o el mismo Ungern. “Ungern, aquel maldito demente” pensó, sin duda él era una razón de peso para utilizar la bomba, si lograba adentrarse aún más en el territorio antiguo, sería casi imposible sacarlo después, y con su fascinación por lo místico, lo más seguro era que ya estuviera sacando provecho de cualquier descubrimiento que hiciera en la isla. En cualquiera de los dos escenarios, los tiranos terminarían dominando el mundo, y eso era algo que por mero principio no podía permitir, claro que él mismo se había convertido para fines prácticos en un dictador, pero aún seguía bajo el régimen de la carta magna, y con la figura del rey y la de los primeros ministros como líderes formales, su poder estaría siempre limitado, y eso era algo que disfrutaba, ya era viejo y por menos que fuera, había adquirido algún tipo de sabiduría, y sabía que el goce del poder ilimitado terminaría por destruir su obra, así que eso era lo mejor, mandar lo mejor que pudiera, sabiendo que solo podría hacerlo por poco tiempo. Cuando terminó de cavilar, se encontró delante de un mayordomo que le sostenía el teléfono, por su expresión, el Lord del almirantazgo supo que llevaba un buen rato así, 483
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— perosin pedir perdón o siquiera mirarlo con pena, tomo el teléfono y respondió haciendo gala de su famosa y carrasposa voz – ¿bueno? - pero después de eso, sus ojos se abrieron tanto como su boca, y dejando caer el habano al suelo replicó al aire lleno de sorpresa - ¿en serio? - Las voces en el lugar empezaban a fragmentarse en diálogos cerrados entre pequeños grupos, algunos hablaban de los temas que habían dominado las intrigas de los últimos días, otros, sobre los nuevos paradigmas que la victoria representaría, pero no faltaba quien solo regresara a las vanas platicas de cantina. Pero nadie quería continuar con la discusión en voz alta, algunos por respeto al hombre faltante, otros, por no decir algo que representara desventaja, pues esa era la verdad para muchos militares, quienes sabían poco del trasfondo político que podían tener sus palabras. Patton mismo reflejaba ese temor, a pesar de ser un táctico brillante, su ignorancia sobre la arena política casi le había costado el mando del tercer ejército americano. Muchos como Rommel y Montgomery aborrecían aquella decisión, pero el primero, aún con el peso del mando, tuvo que ceder ante las peticiones infantiles de Eisenhower y los reclamos de de Gaulle, quien veía los comentarios de Patton como una prueba de las intenciones anglosajonas de posguerra. Pero de entre todos los murmullos, los más bajos pertenecían al círculo alrededor del Jefe Máximo. - ¿Cómo siguen entonces los trabajos en el IPN? – preguntó Calles mientas observaba cualquier mirada que le fuera dirigida, estudiando las voces y tonos con los que hablaban los presentes al tiempo que jugaba con su bastón, girándolo de lado a lado, siguiendo un ritmo constante, casi como el péndulo de un reloj. - Las pruebas de fisión son exitosas señor, pero, hay problemas con respecto a conseguir más uranio, podríamos aptar por la de plutonio, pero aún no tenemos los 484
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA dispositivos necesarios – respondió Álvaro Obregón, ahora un viejo general de bigote espeso y grisáceo. Quien sentado al lado de Calles, mostraba orgulloso un sinfín de galardones casi reflejando la figura de Díaz, a quien muchos aún rendían un respeto comparable a los héroes de la revolución. - Sandoval Vallarta le dio control Moshinsky y Brody para que asumieran toda la investigación. Son jóvenes, pero prometen mucho – explicó Ávila al tiempo que leían una lista de recomendaciones. Calles asintió y la mirarle le dijo – sí. He mirado el trabajo, y según ellos, podremos encontrar una forma de soportar la contaminación radioactiva – - ¿Soldados inmunes a la radiación? - preguntó Obregón con incredulidad – que los van a cubrir con plomo ¿o qué? - - Aun cuando se logre eso, no representa la ventaja que buscamos – expuso Calles – supongamos que conseguimos el uranio, ¿qué otro problema surgiría después? – Ávila se rasco la barbilla con clama y lentamente dijo – no tenemos la misma capacidad aérea que los ingleses o gringos y menos que los argentinos. Tenemos infinidad de aviones, pero son cazas, bombarderos ligeros y aviones de ataque, nada lo suficientemente grande como para llevar una carga tan peligrosa, así que estamos limitados con respecto a donde podríamos usar la bomba – - Eso, y que aún no hemos fabricado ninguna versión que pueda ser aerotransportada – añadió Obregón. Todos ellos sabían que los americanos estaban trabajando ya en pruebas de fusión nuclear, lo cual suponía el desarrollo de armas aún más poderosas que la bomba atómica, pero sin algo de valor que pudieran cambiar con ellos, no podrían acceder a aquella información tan fácil, y con toda investigación atómica formalmente en suspensión, no podían arriesgarse a que se terminara la guerra ya que aquello 485
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— terminaríacon los convenios del tratado de avance conjunto. Ciertamente la economía mexicana se estaba recuperando con rapidez, pero ni remotamente podían solventar el gasto de producción de la bomba ellos mismos. Calles por lo menos agradecía que los rusos no hubieran participado en el proyecto inicial, de lo contrario estarían atorados con negociadores más toscos, pero al final, eso solo representaba un alivio de consolación. - ¿Qué me dicen de Von Braun? –preguntó Calles, casi volando su imaginación a posibilidades extraña. Uno de sus adjuntos empezó a hacer el sonido que se hace cuando no se puede determinar la mejor forma de dar una respuesta negativa, y al darse cuenta que lo estaban mirando como a un emisario de la decepción, trago rápidamente saliva y dijo al fin – no creo que sea posible trabajar con él, hace poco salió de Argentina y parece que se regresó a Alemania - De inmediato todos reaccionaron de la misma manera, maldiciendo entre dientes, sin embargo, uno de ellos, el mismo que trataba de salir de su papel de informante de desgracias, vislumbro una posibilidad, quizá no la mejor, pero por lo menos la única – ¿y lo de González Camarena? – - ¿Ese que tiene que ver? – preguntó Ávila molesto. - No él precisamente, pero según sé, los ingleses estuvieron desarrollando un sistema de guía a larga distancia, pero lo dejaron de lado cuando los primeros intentos fallaron – - ¿Y? – - Camarena trabaja con sistemas de transmisión avanzada – Ávila miro a todos lados antes de acercársele y bajando la voz lo más que pudo dijo a los más cercanos – ponerle la bomba a un avión de control remoto – La idea parecía rara, y deficiente en muchos aspectos, pero valía la pena esforzarse, 486
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA además requería de instrumentos y tecnología disponible para los Estados Soviéticos. Además, si no se lograba obtener el uranio necesario, aún quedaría algo que podría derivar en armas cohete. A fin de cuentas era algo que se podría hacer y si alguien con la frialdad de cálculo de Calles lo veía posible, nada evitaría que se intentase. El Jefe no reaccionó, y por experiencia todos sabían que aquella era su forma de aceptar la apuesta. - Los soviéticos parecen ocupados señor – dijo Tolson mientras miraba las reacciones de Hoover. - Yo no me preocuparía demasiado, esos indios salvajes no podrían representar una amenaza real más allá de saquear trigo o maíz en las fronteras – respondió quien se había convertido en el dictador no oficial de los Estados Unidos después del fallecimiento de Roosevelt, durante la retirada de 1944. Al principio había obtenido el control por medio de un mandato extraoficial, ordenado por el remanente del congreso para utilizar las fuerzas del FBI en un intento desesperado por controlar el caos interno, pero después de ordenar el cese de elecciones hasta pasada la crisis, terminó por convertirse en la figura ejecutiva más importante del país, asumiendo el cargo de presidente provisional. Y para él, no había existido mejor situación en mejor momento. Los Estados Unidos no estaban ni remotamente preparados para una guerra de tal magnitud, y menos dentro de su territorio, y ese factor en sí, fue la clave para la estructura policiaca sobre la cual se basaba el gobierno de Hoover, pero su esquema poseía una brecha fatal, ya que gran parte del país subsistía con financiamiento inglés, y la falta del mismo podría fácilmente provocar una tensión social importante, además existía el problema de una intervención soviética profunda, aunque para esto último, Hoover ya estaba preparando una política de vigilancia 487
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— intensivaen las fronteras. - Yo no estaría tan tranquilo señor – recalcó Tolson, quien sabia de la renovaba capacidad industrial en la frontera sur, una situación que ya se había previsto para inicios del siglo XX, cuando la dictadura porfiriana había producido un estadio de alto crecimiento económico, aunque a un costo social altísimo. En aquel entonces se había previsto pagar a subversivos mexicanos para mantener al país en un estado de guerra civil profunda, pero al morir Díaz, y al alternarse el gobierno de manera pacífica, se redujo el descontento social. La revolución de 1919 dio las esperanzas para frenar el crecimiento del sur, y aun cuando esta solo había durado cuatro años, convirtió a México un estado aislado, vetado de toda inversión extranjera. Todo hubiera salido perfecto, pero con la caída de la bolsa en 1931, solo los nuevos Estados Soviéticos se mantuvieron libres de devaluación. Aquella fue la ironía del momento, el capitalismo había terminado por traicionar a su más férreo defensor, y había otorgado la victoria a quienes lo despreciaban. – Sabe que está aumentado el flujo de espías, a muchos los hacemos agentes dobles, pero por cada uno que atrapamos puede haber dos o más que no descubrimos, simplemente nos es imposible saber la cantidad de información que se ha colado – - Los centros de investigación más importantes están libres de intervención extranjera – rezongó Hoover con impaciencia – aun cuando esos “bandidos” puedan meter gente en otros lados, la información importante sigue en nuestra manos – Tolson sabía que su jefe nunca hablaba sin bases, y el haber sido director del viejo FBI, ahora convertido en la Agencia Federal de Defensa, le había otorgado una experiencia invaluable con respecto a todo tipo de espionaje y contrainteligencia. Ahora por lo menos, había recobrado la calma, lo que decía Hoover podía ser cierto, lo máximo que los mexicanos pudieran estar consiguiendo eran rumores sobre los 488
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA adelantos nucleares, pero nada más, y por lo tanto, nada útil. - El problema más importante ahora son los grupos de hechiceros. Algunos actos de sabotaje son producidos por ellos – - Supongo que ese el problema por no querer trabajar con la Interpol – - ¡Bah! – exclamó Hoover denotando el desprecio que sentía por aquella basura europea – no ocupamos a esos débiles mentales para hacer el trabajo, solo estorban con eso de sus pruebas y nexos, además tienen mucho miedo de sus patrocinadores. Mussolini ya los tiene muy vigilados, además están perdiendo presencia en Europa del este, y entre más avance la guerra la perderán en otros lados – - Las Naciones Unidas también tienen sus problemas, la Sociedad de Naciones la está presionando para crear un cuerpo de vigilancia internacional en los campos de concentración. Según ellos, algunos de los supuestos brujos son gente común y corriente, incluso algunos son solo charlatanes y médiums baratos – Hoover miró a Tolson con una extraña sonrisa – ese es su problema, es su premio por vivir vidas llenas de engaños hacia los ilusos e idiotas, ahora pagan con creces por todo lo que robaron. Simplemente es justicia – Tolson empezó a negar con la cabeza – pero debemos separar a los verdaderos de los falsos, si la Sociedad de Naciones empieza a conseguir la liberación de las personas en los campos, no sabremos si alguno de los que salen, es o no un brujo de verdad. Además, los que salgan va a empezar a hablar – Hoover empezó a entender la situación, pero ceder ante las exigencias de los organismos internacionales no era la solución, en primera, muchos de los encarcelados eran disidentes políticos, miembros de KKK, o miembros de los grupos de liberación afroamericana, que en caso de salir, se convertirían en una bomba de escándalos políticos. En todo caso sería mejor desaparecerlos, pero aquello también tendría sus 489
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— desventajas.Hoover intentó explicar su situación, pero antes que pudiera empezar a hablar, Churchill entraba de nuevo en la sala, caminando con una mezcla de entusiasmo y aspecto meditabundo, como si acabara de enterarse de algo que se debatía entre lo bueno o lo malo. Al sentarse todos lo miraban, callados, esperando que dijera cualquier cosa, pero este solo se sacó el habano de la boca y lo puso con suavidad en el cenicero, signo que tendría algo importante que decir. - Me han informado de algo que de todos modos, todos ustedes sabrán dentro de poco; las fuerzas terrestres del Sacro Imperio Ruso-mongol han detenido su avance, y que toda orden de su alto mando ha ordenado solo mantener una línea defensiva – En ese momento todas la miradas empezaron a estallar en todas sus formas, miedo, sorpresa, felicidad, pero en todas se apreciaba la incertidumbre. - ¿Por qué razón alguien como Ungern ordenaría un alto tan precipitado?, y más cuando son el ejército más cercano a la capital antigua – preguntó Tolson a su jefe. Los políticos empezaron a cuestionar cualquier razón posible, y los militares estaban seguros que los rusos habían interceptado mensajes antiguos, quizá el supuesto contraataque del que tanto se había hablado por fin se había llevado a cabo, o tal vez, Ungern había encontrado una de las míticas reliquias que había estado buscando por tanto tiempo, y esta última posibilidad era lo que más aterraba a los presentes. Ribbentrop, el representante de la República alemana, un hombre delgado de traje gris, con gesto frio, lleno de arrogancia y de pretensiones falsas, se levantó de su silla y mirando a todos los presentes dijo – entonces, el uso, o no de la bomba sigue como la cuestión importante – Churchill lo miró con desconfianza, odiaba a toda esa calaña de locos que se habían unido a los partidos radicales de la Alemania de la posguerra, los mismos que 490
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA terminaron traicionándolos, cuando Von Kahr había logrado presionar al gobierno para condenarlos por el intento fallido de golpe de estado. Pero en ese tiempo, Hindenburg ya no era sino un pobre viejo senil, y sin poder real de sobre su país terminó por permitir que muchos de aquellos locos sobrevivieran la purga. Von Seeckt hizo lo mismo, solo que este, incluso permitió que el gobierno se llenara de radicales nacionalistas, tanto, que el “diablo de sombrero de copa” ya no podía deshacerse de ellos. - Ya está decidido ¿no? - expuso Hoover – si decidimos abrir la caja de Pandora ahora, podríamos aprovechar este súbito paro ruso para evitar que Ungern siga avanzando – y al decir esto, tanto Calles como Churchill se mostraron desconcertados, ellos habían jurado que los Estados Unidos evitarían por todos los medios posibles utilizar la bomba en aquel momento, con lo que evitarían compartir cualquier avance que realizaran o que ya tuvieran con respecto a su pruebas de fusión nuclear. Pero la propuesta del presidente parecía ser un vuelco total a las primeras expectativas. - En ese caso, nosotros podríamos conseguir una si se nos otorga el uranio – expuso Calles ante el momento, aun cuando siguiera desconfiando de la actitud de Hoover – Churchill frunció el ceño a tal extremo, que los presentes que lo miraban pudieron ver como su frente hacia desaparecer sus ojos ante las arrugas de su frente. Si las Naciones Unidas aprobaban la propuesta de Hoover, el Reino Unido estaría obligado a financiar la producción ya no de una, sino de dos, o más bombas. Era posible que la jugada de Hoover consistiera en debilitar al Gran Commonwealth y así poder salirse de este, pero si lo hacía, también se exponía a perder el respaldo financiero e industrial de todos los miembros del estado común, además de perder a su mayor aliado en cuanto a su lugar en la presidencia, así que cualquier cosa que tramara aquel pequeño travesti 491
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— debíade superar por mucho las desventajas que traía aquel plan. Ligeramente miró a Calles, quien también se mostraba cauteloso con respecto a aquella decisión, pero si bien el Jefe era más difícil de descifrar, la situación presente hacía que sus planes fueran más obvios; si los americanos armaban la bomba, los mexicanos se aseguraban de tener otra, y con ello mantener su esfera de poder relativamente segura. - ¡Perfecto! - exclamó Montgomery con gusto – ahora quedaría por determinar su tiempo de producción y el lugar óptimo para lanzarla, para coordinar los movimientos de tropas con la… - Pero antes que pudiera terminar, Churchill estiró su mano, dando a entender que la discusión aún no estaba resuelta – ciertamente lo que expresa el presidente Hoover parece una buena decisión, pero no sabemos por cuánto tiempo más los rusos se quedaran quietos, y si la fabricación de la bomba se vuelve demasiado tardada ellos podrían retomar su antigua velocidad, y el dinero invertido se volvería un mero derroche. Además, no sabemos a ciencia cierta si los antiguos pueden o no, convertir la radiación residual en un arma contra nosotros, así como lo hicieron con las bombas de gas en Francia. Lo mejor sería invertir todo el capital financiero y humano en una estrategia conjunta de invasión total, con lo que creo, se podría llegar al corazón de Ávalon más rápido que los rusos – Al terminar, Churchill miró con cierta alegría como sus palabras imponían la duda sobre los presentes, los europeos estaba ansiosos por las reparaciones que traerían consigo la victoria, pero por lo mismo, tampoco estaban tan gustosos de tener que invertir dinero en programas que no fueran para la reconstrucción de sus países. Por su parte, Hoover parecía impermeable a cualquier alternativa, pero tampoco parecía expresar esa posición, y Calles, aunque parecía haber optado por una acción inmediata, aquello bien podía ser pura apariencia, pues se le conocía por meditar siempre a largo 492
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA plazo. Sin embargo, cuando parecía que Churchill había logrado dividir opiniones, un hombre bajo de tez bronceada, se levantó y con voz profunda calló al salón entero con su primer palabra – Mr. Churchill ha expresado bien una posibilidad, pero no podemos pasar por alto que desconocemos las razones por las cuales los rusos han detenido su avance. Sabemos desde el incidente en la colina, durante la operación Overlord que los antiguos aun posen a su disposición armas increíblemente poderosas, por lo que no podemos arriesgarnos a mantener una invasión tanto tiempo, ¿qué pasaría si la guerra se prolonga un año más?, el costo sería tal vez igual que la fabricación de una, o dos bombas. No, yo digo que terminemos con esto de una sola vez y para siempre – Uno a uno, a excepción de Churchill, empezaron a golpear la mesa en signo de acuerdo con las palabras del Duce, quien, dentro del panorama político mundial había conseguido gran respeto al haberse convertido en unos de los pilares de la reconquista europea. Además, por ser uno de los pocos con quienes los rusos tenían acuerdos, por lo que su palabra con respecto a los movimientos militares de estos poseía un peso que ninguno de los presentes podía emular. Churchill lo comprendió en ese instante, la decisión no podía ya ser revocada, y al parecer, solo Inglaterra saldría perdiendo con ella, y aunque esta podía fácilmente competir contra cualquier nación en solitario, en conjunto le hacían perder toda capacidad de réplica - conseguir el fondo de inversión será difícil – explicó en un último intento por aplazar la decisión. - Que lo saquen de lo que le sobró de las gallinas – respondió Calles entre dientes mientras hacía reír a sus generales, haciendo gala de su falta de tacto político, refiriéndose a la indemnización que habían tenido que pagar a las compañías petroleras 493
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— durantela “nacionalización del petróleo” de 1936, cuando la movilización social había sido tan grande que incluso las sectores más pobres de México habían cedido parte de sus pocas pertenecías para pagar la deuda contraída con Inglaterra, siendo la fotografía más famosa del momento, la de una anciana llevando sus gallinas al centro de recopilación nacional. Pero aquellas palabras habían sido más sonoras de lo esperado, y solo hicieron enfurecer más al Primer Lord del almirantazgo, esto, porque fue el mismo respaldo social el que terminó por convencer al gobierno inglés de ese entonces, que una guerra contra los Estados Soviéticos terminaría dando los mismo resultados que obtuvo Francia. Y sin poder hacer nada más, Churchill levantó la mano y la azotó en la mesa, mostrando su inconformidad por la decisión tomada, y al mismo tiempo, el apoyo a la misma - bajo este esquema, la información de cualquier detalle de la producción de la bomba tendrá que ser puesta bajo los archivos conjuntos - explicó al final, asegurándose de poderse llevar la mayor cantidad de beneficio posible. Por lo menos. - En todo caso se tiene que determinar que cualquier gasto no puede afectar los movimientos de personal o suministros en el frente, y que toda operación previamente preparada no puede, ni debe, alterarse – añadió Montgomery en un intento por apoyar la renuencia de inversión por parte de Churchill, pues si bien creía que el lanzamiento de la bomba constituía la mejor opción, también se daba cuenta de la posición de su gobierno, y por más eficiente que quisiera ser bélicamente, también era un patriota y jamás se pondría en contra del imperio por ninguna razón. Los militares de todas las naciones presentes se mostraron de acuerdo con las palabras de su homologo inglés, y los políticos no hicieron algo por contrariarlas. Calles sabía que mientras se fabricara la bomba, lo mejor sería continuar con la 494
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA estrategia anterior, así como mantener constante los suministros a los “informantes internos”, quienes se habían convertido en un excelente canal de información, además de que ya se estaba previendo su uso intensivo como guerrillas. Hoover, por otro lado, tenía ya todo planeado, con una hoja de presupuesto esperándole en su oficina, y aun cuando la réplica de los Estados Soviéticos era una sorpresa inesperada, no representaba un revés tan grande. Ante la derrota, Churchill ahora volvía a ocuparse de la decisión rusa. El aislamiento de Ungern era tanto una ventaja como un obstáculo, lo primero porque se podían tomar decisiones fuera de las exigencias rusas, y lo segundo, porque toda ventaja rusa no podía ser explotada tan fácilmente por las demás potencias aliadas, solo Mussolini tenía acceso abierto a la patria rusa, pero el Duce era un político astuto, y sabia mantener la alianza con Ungern porque le respondía bien, tanto en información dada, como en secreto correspondido, pero incluso él tenía cierta desconfianza hacia el Barón sangriento, de otra manera no hubiera expresado aquella preocupación, disfrazándola de miedo hacia los antiguos. El automóvil llegaba con prontitud, como a él le gustaba, aun cuando la mayoría de las veces este terminaba esperándolo en pleno pórtico por más de una hora, pero ahora había sido diferente. Churchill salía puntual, caminando pesadamente hacia la puerta abierta de su vehículo, maldiciendo entre dientes, tratando de escupir el amargo sabor de la derrota en su nueva arena de combate, pensando que hubiera preferido mil Galípolis a aquello, pues en la batalla real, las alianzas y los enemigos poseen rostros más claros, pero en estos enfrentamientos de interés, las negociaciones se hacen en medio de un clima nebuloso, donde quienes parecen aliados son en realidad los verdaderos enemigos, y quienes parecen los enemigos, terminan siendo eso y más. Al 495
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— subiral auto con dificultad, pensaba en lo viejo que se estaba volviendo, ya no poseía la fuerza de antes, y por desgracia, eso era algo que jamás recuperaría. - Por lo menos Monty terminó contento – le dijo su secretario después de subirse. Churchill lo miró enojado, pero bajando la mirada le respondió – es un buen militar, pero no puede ver como las ventajas bélicas pueden estorbar en las decisiones políticas – - Y viceversa señor – - Veo que te gustó la decisión final. No te das cuenta que terminaremos por perder todo si se efectúa – respondió Churchill con enojo. - ¿Señor? – - Gran Bretaña solo cuenta con menos de la mitad de la población con la que contaba antes de la guerra, la mayoría de los ciudadanos ahora viven en las colonias, y muchos de ellos ya han formado vidas allí, y aún con las ofertas de trabajo y los subsidios del gobierno, dudo que regresen en grandes cantidades. Si nos vemos obligados a invertir en la maldita bomba, perderemos mucha de la capacidad para aplacar rebeliones en las colonias – - Podríamos rehusarnos a invertir – - Por supuesto, y contaríamos con el apoyo del Commonwealth, excepto de Estados Unidos claro está, pero si los latinoamericanos, europeos y asiáticos logran invertir lo necesario para las dos bombas, y es muy posible que lo hagan sin nosotros, entonces nos quedaríamos fuera del tratado de vinculación de avance conjunto, y por lo tanto, terminaríamos quedándonos rezagados militarmente, y Dios sabe que no quiero a Hoover, Perón o a Calles como dueños del mundo, aunque mil de ellos serían mejores emperadores que un solo Ungern – - Si obtenemos una bomba para nosotros podríamos utilizarla de disuasorio contra 496
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA los grupos antibritánicos – Churchill empezó a negar con la cabeza - con algunos sí, pero si se empiezan a asentar en zonas civiles o industriales, solo podríamos responderles de la manera tradicional, una bomba de esa naturaleza sería inútil. Y te apuesto a que ese maldito Gandhi solo está esperando que termine la guerra para empezar otra vez con sus marchas. Además el asunto en Irlanda está lejos de acabar, ojala nunca les hubiéramos dado armas a los grupos de liberación para usarlos como carne de cañón. Que estúpida decisión, esos irlandeses son más difíciles de matar que las ratas, simplemente no se mueren – El secretario se dio la vuelta, mirando el camino a través del parabrisas, mordiéndose el labio inferior ligeramente, preocupado por el futuro del imperio – Al menos Egipto es estable – - ¿Egipto? - respondió Churchill con acento burlón – ya deberían de llamarlo Nueva Gran Bretaña – - ¿Y si hacemos que las colonias participen con más inversión a cambio de más autonomía? – preguntó el secretario. - Y ¿qué?, arriesgarnos a perder toda la industria en esos lugares, ¡jamás! además la población británica en las afueras también quedaría más desprotegida. Nuca creí que tener un imperio tan vasto se tornaría en nuestra contra – - ¿Y si lo hacemos solo con España? – Churchill pareció asentir con gusto, aquello no era mala idea, y de cualquier manera no había mucho que perder, la península ibérica casi no tenía ciudadanos ingleses, y no existía todavía una base productiva tan grande en aquel lugar, pero eso podría convertirse en un fortalecimiento de la unidad europea, sin embargo, era la mejor opción que hubiera escuchado en toda la noche - podría ser - dijo con cierto animo - 497
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— perodebemos tener algo preparado por si no aceptan, o por si eso termina convirtiéndose en un problema, según sé, las guerrillas rojas siguen activas, principalmente en las montañas - - Esto implica que solo tenemos pocos días para empezar a prever algún plan de emergencia – - Ya lo estuve pensando. Lo mejor sería apostar por una repatriación forzada, y principalmente rápida. Tendríamos problemas, pero sería mejor que esperar a que estalle una revolución por todo el imperio – - Eso nos dejaría fuera del juego de la posguerra – - No, porque en ese caso si nos convendría obtener la bomba para nosotros, además todavía podríamos seguir controlando la industria estadounidense – - Solo quedaría Calles, Perón y Ungern – - Ungern es un loco medieval, se rehúsa a emplear de cualquier armamento moderno como los cohetes, por eso no aceptó entrar al proyecto Pandora cuando se le ofreció la oportunidad, sin embargo posee divisiones muy bien entrenadas, y en una cantidad muy grande. Además no le importa sacrificar dos millones de personas si puede enviar a otras dos el día siguiente. Calles es otra historia, en primera, no posee ninguna ideología real y puede utilizar cualquier política de izquierda o derecha sin el menor remordimiento, además siempre posee planes de respaldo. Recuerdas la nacionalización del petróleo, recuerdas de cómo habíamos movilizado parte de las tropas hacia cuba con la esperanza de hacerles creer que atacaríamos su territorio y obligarlos a gastar dinero en armamento, ocasionando temor social y desconfianza en el gobierno – - Si, y no resultó como se había pensado – - No solo eso, ese maldito manejó el asunto de tal manera, que toda la respuesta de 498
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA la gente fue a favor de la nacionalización. Entonces optamos por aceptar la indemnización para después declarar un boicot. Y logramos que la mitad del mundo les dejara de comprar, solo para descubrir que ya estaban vendiéndole petróleo a la otra mitad, principalmente a Mussolini, a Seeckt, y a Japón, la cual también empezó a levantarse del boicot estadounidense. Quizá los mexicanos son en su mayoría los mismos ignorantes de hace quinientos años, pero desde Díaz, ya no se les puede tomar a la ligera, además Calles es un estadista bien hecho, todo el maldito sistema político que creó es demasiado estable, aún si lo mataran mañana su partido podría durar fácilmente cincuenta años o más en el poder – - ¿Perón? – - Ese no es tanto problema, el hombre es muy racional y sabe negociar en paz, su mujer es más asesina que él. Además su “proyecto Huemul” es una ficción, su científico especial es solo un pobre loco y en todo caso solo tendríamos que secuestrar a su gato para que este termine suicidándose – Con esto, el secretario se rió un poco mientras Churchill continuaba - yo creo que Hoover es la principal amenaza – - Hoover no es ningún tonto, y sabe que nuestro respaldo lo mantiene en el poder – - Por ahora, pero cuando su gente demande más autonomía, él no dudara en atacarnos, o incluso podría utilizarnos de excusa para explicar todas las limitaciones de derechos civiles que ha autorizado. Aunque creo que solo quiero jodernos por gusto – Churchill permaneció en silencio una buena parte del viaje, viendo las siluetas de los arboles pasar velozmente por la ventana mientras daba bocanadas lentas y profundas a su largo habano, su secretario no continuó, dejó que su jefe meditara en calma al tiempo que confiaba en que su buen criterio le daría la respuesta una vez más, pero al dar la vuelta en una esquina, Churchill se quitó el habano de la boca y dijo con tono 499
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— sombrío– voy a extrañar los buenos tiempos – - ¿Señor? – - Cuando se podía saber quién era el enemigo con solo mirarle las orejas – respondió Churchill con el mismo tono. El secretario reclinó su cabeza, y dejando de lado los papeles que traía en la mano dijo con pesimismo – parece que la noche se hace más y más oscura - Eisenhower tomó una carpeta y con unos cuantos golpecitos acomodó cualquier papel dentro antes de levantarse de la mesa y dirigirse a una pequeña sala de baile al fondo de un largo pasillo de madera, pero antes de entrar al salón, pudo mirar de reojo a su presidente provisional y con una mirada de asco continuó su camino. Al entrar, pudo mirar en el fondo de la habitación a un viejo general, reconociendo de inmediato a una de las manos derechas tanto de Carranza como ahora de Calles, el general Obregón, uno de los veteranos más odiados y respetados de la guerra de trincheras. Los mexicanos le desagradaban, pero si incluso alguien como Patton podría soportarlos un rato, no había razón alguna para que él no pudiera hacerlo también, además le gustaba aquella sala, bien decorada, bien acomodada y silenciosa, lejos de todo bullicio, igual a su despacho. Con paso constante, se dirigió hacia la barra, sentándose en el primer asiento que encontró y pidiéndole un whisky al mozo, brindó en nombre de la victoria, pero se sorprendió de no recibir respuesta, así que repitiendo su brindis por segunda vez y con voz más alta, terminó molesto al seguir en las mismas. Hubiera esperado aquel comportamiento de Montgomery, a quien consideraba un mojigato religioso y aburrido, completamente absorto en cuestiones de disciplina estricta, sin entender que la disciplina militar solo sirve para mantener a los bajos mandos firmes. Aunque tenía 500
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA que admitir que había quedado sorprendido al verlo por fin actuar como un verdadero general, dejando de lado esa excesivamente estúpida cautela. - El general esta sordo de un oído – respondió el cantinero con calma, llamando la atención de Eisenhower, quien se dio la vuelta con un poco de interés – yo creí que era medio grosero – dijo justo antes de pedir otro vaso al tiempo que se levantaba y se cambiaba de lugar, para sentarse al otro lado de Obregón, repitiendo el brindis. De inmediato, Obregón se dio la vuelta sorprendido, y al reconocer a Eisenhower le contestó haciendo el saludo militar antes de estirarle la mano para saludarlo. - Viejo loco, ¿hace años que no lo veo cara a cara? – dijo Eisenhower antes de darle un trago a su bebida. Obregón mostró una sonrisa amistosa - ¿usted estuvo en el armisticio del paso? – - Si estuve, aunque solo era un mayor en ese entonces, general – - Discúlpeme, no recuerdo haberlo visto – dijo Obregón con cortesía – aunque la verdad prefiero olvidar aquellos días, es curioso, a mi edad la mayoría de los hombres se deprimen por olvidar su pasado, yo lo hago por qué no puedo hacerlo – - No es tan viejo general – replicó Eisenhower tocándole el hombro mientras se tomaba su trago – es más joven que el “tío Elías” – Obregón rió de la misma forma en que uno lo hace ante la impotencia - ese zorro cabrón – dijo - en el fondo me odia. Estoy seguro que si hubiera seguido con mis ambiciones políticas me hubiera matado, es una pena que tengamos ese tipo de gente manejando el gobierno – - “El mundo se ha roto” – respondió Eisenhower – creo que eso fue lo que dijeron cuando se perdió Europa, pero el problema es que el mundo no va para mejor, ustedes no son los únicos, los Estados Unidos tiene sus problemas también – - ¿Hoover? – preguntó Obregón. 501
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— - Nuestro pequeño Calles – respondió Eisenhower alzando su vaso. - ¿Y por qué no se hizo la reunión en Brynnwyn como se había acordado? - preguntó Obregón después de varios minutos de silencio, a lo que Ike, empezó a negar con molestia. – A mí me hubiera gustado que se hubiese realizado allí, pero algunos aún tienen miedo de pisar territorio antiguo, por eso de los hechizos que se dicen siguen ahí. Me sorprende que con esa actitud tan cobarde estemos ganando la guerra – - Bueno, si yo fuera quien estuviera al mando de las fuerzas aliadas, también sería un maldito cauteloso. Quizá más que el “Monty”, pero supongo que es por qué nuestros muchachos no tienen miedo que estamos ganando este desmadre - Ike asintió con beneplácito, estaba orgulloso de cada soldado que veía, pues sentía que en ellos eran la verdadera fuerza de su país, pero al mismo tiempo le dolía ver como el presidente provisional y su gabinete solo los miraba como recursos sin rostro, solo números más - me importan mucho todos mis muchachos. Realmente me dolieron las bajas del desembarco. Pero qué otra cosa podía hacer, no se conocía nada del terreno de esa maldita isla, aún desconocemos la mitad de ella. El ataque directo era la única opción, y si tan solo hubiéramos tenido un mapa, hubiéramos podido crear una distracción y desembarcar en otro lugar. Fue mi culpa, no lo niego, y lo único que puedo hacer para honrar a esos jóvenes es asumirme como el responsable - - Todos los somos. Pero es bueno no olvidar que el mando no implica mayores derechos, sino mayores culpas – respondió Obregón con calma, aunque no sabía lo que Eisenhower estuviera pensando realmente, los americanos tenían la costumbre de creerse santos al mismo tiempo que se le pasaban jodiendo a medio mundo. Solo tenían que decir que algo era en nombre de la “libertad” y de pronto, nada de lo que hicieran era malo. 502
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    —————————————————————————––— LAS LAGRIMASDE LA LUNA El joven tras la barra los veía con disimulo, sin asentir o participar en la conversación, parecía estar más ocupado limpiando los vasos y tarros sucios, aunque prestaba atención a cada una de sus palabras. De pronto, de la puerta se asomó un general con uniforme estadounidense - ¡el presidente ya se va!, ¡mejor despídete! – le gritó al encontrar a su compañero, sin poder notar su estado. Eisenhower balbuceó algo, como una especie de insulto y le dio unas palmadas en la espalda de Obregón antes de levantarse molesto, se acomodó el uniforme y dejó el vaso en la barra al tiempo que adquiría una compostura sorprendente, como si no tuviera ninguna copa encima – que presidente ni que nada. Es un puto dictador y nada más – dijo al salir por la puerta, pensando en lo que debía de hacerse con aquel hombre en cuanto se terminara la guerra. Hoover se levantó con garbo, acomodándose la corbata y el traje, los dos completamente pulcros y asintiendo frente a los soviéticos se despidió de ellos – caballeros, es tarde, me despido deseándoles una buena noche – Calles también se levantó, con porte encorvado y caminado con lentitud mientras se apoyaba en su bastón, asintiendo con la misma cortesía hipócrita que ya tanto caracterizaba a aquellas reuniones – muchas gracias señor presidente pero con estos fríos irlandeses es difícil, además a nosotros aún nos faltan un par de horas para descansar – le dijo. - Extraño horario – - Es fácil acostumbrarse con un poco de esfuerzo, de hecho, la mayoría de los hombres en el partido poseen el mismo horario – - Ah ¿sí? - respondió Hoover con descrédito. Calles lo miró fijamente, como siempre, y con un gesto de mal humor y una voz 503
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    EL CORAZON NEGRO——————————————————————————— secale dijo – de cinco a diez de la mañana señor presidente – - Hay que trabajar duro ¿no?, la gente no se vigila sola, supongo – - Tiene razón, es más difícil motivarla que encerrarla, pero esa es la opción que elegimos – respondió Calles con fuerza. Hoover mostró su enfado – no lo crea, estar tras un sistema económico dinámico es una tarea difícil, más cuando se le añaden elecciones libres periódicas – dijo antes de darle la espalda y salir del salón con trote ligero. - ¡Libres! - rió Cárdenas, un general alto al lado de Calles, pensando en cómo un país como los Estados Unidos podían cerrar los ojos de forma tan miserable. La gente vivía cada día con menos libertades, incluso las elecciones habían sido suspendidas por tiempo indefinido, y hasta las pláticas telefónicas eran monitoreadas constantemente. Claro que él no podía presumir de vivir en un país democrático, pero por lo menos nadie en su país lo veía de esa forma, además, el partido había descubierto el éxito del sistema estable; dejando la mayor cantidad de libertades civiles intactas, la gente no se quejaba de la falta de libertades políticas. Y para calmar más l