El aguador llevaba dos vasijas, una perfecta y otra agrietada. A pesar de sus grietas, la vasija agrietada regaba flores a lo largo del camino, permitiendo que el aguador recolectara flores para decorar un altar. El aguador le explicó que sus grietas habían permitido crear belleza, y que todos, incluso con defectos, podemos aprovechar nuestras limitaciones para lograr cosas buenas.