La vasija agrietada se sentía avergonzada por no poder llevar toda el agua debido a sus grietas, mientras que la otra vasija se sentía orgullosa de su perfección. El aguador le explicó a la vasija agrietada que había sembrado flores a lo largo del camino para que ella las regara con el agua que perdía, y así podía recoger flores para decorar el altar de su madre. Cada persona tiene sus propias imperfecciones, pero es posible aprovecharlas para lograr cosas buenas.