La LSD es un potente alucinógeno sintético descubierto en 1938 que induce estados alterados de conciencia comparables a la esquizofrenia o experiencias místicas. Provoca alucinaciones, cambios en la percepción y distorsiones sensoriales que pueden durar varias horas. Aunque no es adictiva físicamente, los efectos son impredecibles y pueden incluir crisis de pánico, "viajes malos" o "flashbacks" posteriores que causan recurrencias de la experiencia.