Este documento describe los cuatro rostros de las criaturas vivientes que Ezequiel vio en su visión: hombre, león, toro y águila. Explica que estos representan las cualidades que debe tener un danzar: humanidad y sensibilidad (hombre), liderazgo y autoridad (león), fortaleza (toro) y visión (águila). Además, señala que un danzar debe moverse guiado por el Espíritu Santo y no mirar hacia atrás, manteniendo siempre la mirada fija en su objetivo