Los siete sacramentos son signos eficaces de la gracia instituidos por Cristo para dispensar la vida divina a lo largo de la vida del cristiano. El Bautismo nos da el nacimiento a la vida divina. La Confirmación fortalece la vida divina. La Eucaristía alimenta la vida divina. La Reconciliación nos devuelve la vida divina perdida por el pecado. La Unción de los Enfermos mantiene la vida divina en los sufrimientos. El Orden perpetúa los ministros que transmiten la vida divina.