La autora describe su experiencia inicialmente nerviosa al cambiar de colegio e ingresar al Loyola, pero cómo con el tiempo llegó a querer mucho la institución. A pesar de faltar a clases antes de los exámenes de admisión, logró ingresar y se sintió feliz al ver su nombre en la lista de admitidos. Una vez en el colegio, conoció nuevas personas que la ayudaron y se adaptó bien a su salón de clases, aunque cambió varias veces de grupo de proyecto debido a problemas con la comunicación y las