El documento presenta una visión cristocéntrica de los milagros de Jesús como signos que revelan y testifican su identidad como Hijo de Dios. Los milagros manifiestan el poder y amor de Dios, anuncian la llegada del Reino mesiánico, y revelan el misterio trinitario. Son símbolos de la gracia divina y de las transformaciones escatológicas, y manifiestan la gloria de Cristo como signo supremo de Dios entre los hombres.