El movimiento obrero del siglo XIX surge como respuesta a las malas condiciones laborales, logrando avances como la jornada de ocho horas y la prohibición del trabajo infantil y femenino en minas. Se organizaron en sindicatos y emplearon huelgas como herramienta para mejorar sus condiciones. A medida que se unieron internacionalmente, los trabajadores buscaban la igualdad a través de la revolución y la reestructuración del estado.