El origen del conejo de Pascua se remonta a tradiciones paganas alemanas donde el conejo simbolizaba la fertilidad y la renovación de la tierra. Más tarde, los cristianos adoptaron esta tradición y desarrollaron la leyenda de que un conejo presenció la resurrección de Jesús. Según la leyenda, el conejo comenzó a dejar huevos pintados para contar a los niños sobre la resurrección de Jesús cada Domingo de Pascua.