La polis griega se organizaba en torno a tres elementos principales: la acrópolis, que se ubicaba en la parte más alta y albergaba los edificios políticos y religiosos más importantes; el ágora, que constituía el centro de la vida cívica y comercial en la parte baja; y una muralla que rodeaba la ciudad. La polis se diseñaba teniendo en cuenta la perspectiva y la relación con el entorno natural.