Este documento discute la violencia juvenil y cómo comienza a menudo en el hogar debido a la falta de seguridad física, emocional, espiritual y sexual. Argumenta que para prevenir la violencia, debemos crear hogares basados en el amor, la compasión y los atributos del Espíritu como la paciencia y la bondad, en lugar de permitir patrones de agresión, control y privilegio. También enfatiza la necesidad de denunciar el abuso en lugar de permanecer en silencio.