El profeta Elías le pide comida a una viuda en Sarepta durante una sequía. A pesar de que solo le queda un poco de harina y aceite, la viuda accede a alimentar a Elías. Tal como Elías había predicho, la harina y el aceite no escasean. Más tarde, cuando el hijo de la viuda enferma y muere, Elías ruega a Dios y revive al niño, lo que lleva a la viuda a reconocer a Elías como un hombre de Dios.