La plaza de toros La Santamaría en Bogotá, construida en 1931 y considerada monumento nacional, simboliza la dualidad entre los aficionados a la tauromaquia y quienes abogan por el bienestar animal. El documento también aborda la amenaza que enfrentan tanto la fauna como la flora debido a la actividad humana, destacando la falta de acciones gubernamentales efectivas para proteger el medio ambiente. A través de imágenes y simbolismos, se refleja la lucha por la defensa de la naturaleza y una crítica a las prácticas de violencia hacia los animales.