La erupción del Vesubio en el año 79 d.C. fue una de las más mortíferas en los últimos 4,000 años. Cubrió la ciudad de Pompeya con hasta 1 metro de ceniza volcánica, aplastando tejados y forzando a algunos habitantes a huir. Aquellos que se quedaron murieron principalmente por la caída de una oleada piroplástica, una nube de cenizas ardientes que derribó todo a su paso. Los cuerpos fueron preservados como huellas vacías en la ceniza solidificada