María Pérez García
2. LA SITUACIÓN COMUNICATIVA
El esquema tradicional basado en la Teoría de la Comunicación y la Información con
algunos elementos introducidos por Jakobson no es no es suficiente para describir la
comunicación, pues arroja una imagen fija y sencilla de esta, cuando en realidad está
condicionada a elementos variables e ignora los casos en los que el código es ambiguo.
Ej. Casco. Además, el emisor y el receptor no son simples codificadores y
descodificadores, sino que también actúa los factores de su conocimiento previo y su
relación con el interlocutor.
Un elemento fundamental es la intención, pues solo existe comunicación cuando el
emisor quiere transmitir una cierta información, no cuando esta se obtiene de un proceso
deductivo. Esto deriva en que se diferencie entre actos voluntarios, que denotan
formas de comportamiento, y actos involuntarios, meros actos reflejos.
Otro elemento destacable es el referente, pues es la realidad extralingüística de la que
habla el mensaje, y es necesario que la visualicemos interiormente para poderla
codificar.
Ej la cerveza está caliente, el biberón. 6º 7º grados 30º
Desde la pragmática las cosas se ven desde otra perspectiva. El entorno (contexto o
situación espacio-temporal) es el soporte físico, el decorado donde se realiza la
enunciación e incluye las coordenadas de espacio y tiempo. Pero es algo más que un
mero escenario: las circunstancias que imponen el aquí y ahora influyen decisivamente
en toda una serie de elecciones gramaticales que se reflejan en la forma del enunciado
y a la vez constituyen la base de su interpretación.
Uno de los mayores problemas con que se enfrenta cualquier aproximación pragmática
al discurso es la resolución de la cuestión de cómo se adecuan los enunciados a la
situación.
Hacia un nuevo modelo de comunicación.
Debido a las características fijas y simples del esquema clásico, se diferencian nuevas
categorías en la comunicación:
• Elementos materiales: que son las entidades físicas de la comunicación:
el emisor,quien produce una señal con la intención de comunicarse; el
receptor, a quien va dirigida la señal; y la señal, una alteración notoria del
entorno para transmitir una información.
• Representaciones internas: que son el conjunto de ideas a partir de las que
estructuramos nuestro entorno, las relaciones sociales, etc. Se dividen en
individuales ycompartidas, pues una gran parte de nuestra concepción del
mundo es individual, pero la otra la compartimos con los demás al poseer el
mismo conocimiento.
• Procesos: que son el conjunto de operaciones que intervienen en el
tratamiento de lainformación. Se pueden dar dos tipos:
• Codificación y descodificación: basadas en una
convención previaentre señales y mensajes, la codificación
es el proceso que permite transmutar el contenido que se
quiere comunicar en una señal, y la descodificación el que
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permite recuperar la información codificada.
• Ostensión e inferencia: la ostensión es la capacidad
intencional de producir indicios, es decir, señales
comunicativas no convencionales;mientras que la inferencia
es la capacidad de interpretarlos.
Grice, defiende la existencia de una serie de normas conocidas tanto por el hablante
como por el oyente que guían la conversación, y hacen posible que las inferencias
deducidas sean exactamente lo que el hablante ha querido comunicar. A este tipo de
inferencias Grice las llama implicaturas (conversacionales) y para indentificarlas
propone cuatro máximas de conversación englobadas en El principio de cooperación
(LEVINSON 1995).
• La máxima de cantidad
• La máxima de cualidad
• La máxima de relación
• La máxima de modo
Por supuesto, el hablante real no siempre sigue estas máximas, sino que las viola
en muchas ocasiones sin que ello deje de comunicar implicaturas.
Además de las implicaturas conversacionales, Grice habla de implicaturas
convencionales, que son inferencias no derivadas de las máximas, sino asociadas
por convención a ciertas expresiones o lexemas: pero, no obstante, aunque…
De todo esto se puede concluir que comunicarse es tomar parte en una forma de
comportamiento determinada por pautas estables por el que se trata de originar
determinadas representaciones en la mente de alguien y al ser la comunicación un
comportamiento, tiene carácter intencional.
La situación y el medio
Las circunstancias circundantes al acto comunicativo determinan muchos de sus
rasgos, tanto de forma como de contenido. Estas circunstancias se pueden dividir en
marcos o guiones de actuación que dependen de cada cultura.
El criterio empleado para identificar diferentes categorías de situaciones es el grado
de institucionalización de esta; cuantas más restricciones sociales se impongan en una
situación, mayores restricciones tendrá el acto comunicativo.
El grado de institucionalización viene determinado, de mayor a menor, por actos
ritualizados, en los que las palabras que se deben pronunciar están ya fijadas,
situaciones institucionales, situaciones públicas y situaciones privadas, en las que no
hay ningún tipo de restricción en el lenguaje. Estas situaciones están íntimamente
relacionadas con las variedades diafásicas de la lengua, que de mayor a menor serían:
solemne, elevado, casual, informal e íntimo.
Las diferencias de registro suelen reflejarse en el grado de control sobre la elección
de la forma lingüística, dando lugar a dos parámetros: control previo y control durante
la producción.
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La lengua hablada y la lengua escrita se suele diferenciar por el canal, pero no es la
única forma de distinguirlas, también están ligadas a la situación.
Del medio se pueden obtener ciertos detalles paralingüísticos, como el estado de
ánimo o la edad, mediante la inferencia.
Capítulo 4: La distancia social
Al adaptarnos a las circunstancias comunicativas, adaptamos también nuestra
lengua a la distancia social existente entre emisor y receptor, la cual se caracteriza
por el conocimiento entre ambas partes y su posición social. Esto da lugar a dos ejes,
el de familiaridad y jerarquía.
• En el eje jerárquico, la relación puede ser simétrica o asimétrica, y se caracteriza
por cualidades inherentes como la edad o el sexo y por los roles funcionales.
• El eje familiar se divide en dos dimensiones, el grado de empatía y el grado de
conocimiento mutuo.
La distancia social está estrechamente relacionada con la distancia lingüística: las
formas detratamiento empleadas para marcar distancia entre desconocidos, son las
mismas para marcar que el interlocutor es jerárquicamente superior. Las cosas son más
complejas cuando hay mucha distancia en el eje vertical, pero muy poca en el eje
horizontal o viceversa. Ante este problema, se evita el uso directo de fórmulas de
tratamiento y se recurre a expresiones impersonales.
Capítulo 5: Los objetivos comunicativos
Clave pragmática, un acto de habla es una unidad intencional, con un objetivo único.
La finalidad es esencial porque regula la conducta.
Una buena parte de la investigación pragmática ha girado en torno a dos nociones
diferentes aunque muy relacionadas: la fuerza ilocutiva y el acto de habla. Cuando
el emisor produce algún enunciado, se puede hablar de acto de habla; la fuerza ilocutiva
es la intención con la quese lleva a cabo dicho acto.
Es también esencial reconocer la INTENCIÓN COMUNICATIVA. Eje preparados
listos ya – instrucción de salida.
Te vas a sentar sobre el mando a distancia – advertencia
¿Me traerías un baso? - Petición
Según la clasificación de Searle, se puede dividir la comunicación en el aspecto de
actividad en:
• Asertivos: Refleja el estado de cosas del mundo: afirmar, referir…
• Directivos: El emisor pretende que el destinatario lleve a cabo una
determinada acción;ordenar, pedir, rogar, aconsejar…
• Compromisivos: El emisor manifiesta su compromiso de realizar una
determinadaacción: asegurar, prometer, ofrecer, garantizar….
• Expresivos: El emisor manifiesta su estado de ánimo con respecto a algo:
felicitar,agradecer, perdonar, insultar…
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• Declarativos: El emisor produce cambios en el mundo en virtud de la
autoridad que leha sido otorgada: bautizar, casar, inaugurar, dictar, contratar,
sentenciar…
No existe una correspondencia constante entre tipos de expresiones lingüísticas y
fuerzas ilocutivas. Esto confirma que la fuerza ilocutiva no es una propiedad ligada
exclusivamente a laforma lingüística utilizada, sino el producto de la combinación de
varios factores: es la interacción entre el conocimiento lingüístico y el conocimiento
extralingüístico lo que permite caracterizar la contribución como perteneciente a un tipo
u otro de acto de habla.
La dimensión social. El principio de cortesía.
Hay que entender que compartir un mismo idioma no significa compartir los mismos
componentes culturales (por esta razón, a veces los españoles, frente a los
latinoamericanos, pueden “sonar bruscos”, o “excesivamente directos”, provocando
conflictos de cortesía). Con frecuencia se ha dicho que nuestra cultura es latina, cuando
en realidad está mucho más cerca de la mediterránea (italiana, griega, incluso libanesa en
algunos casos) a pesar de no compartir el idioma. Esto se debe, posiblemente, a que el
componente cultural y el social van muy ligados, y nuestra estructura social es similar a
la de los países de la franja del Mediterráneo.
Esto se relaciona de manera especialmente directa con los estudios de la cortesía.
En 1983, Leech propone un Principio de Cortesía para mejorar la relación existente
entre los interlocutores. Este Principio determina la forma del enunciado y la
significación última del mismo. Según el autor, los objetivos comunicativos se pueden
manifestar en dos direcciones: o bien se trata de mantener el equilibrio existente; o bien
de modificarlo (disminuyendo o aumentando la distancia social).
Se puede distinguir entre cortesía relativa, que es la que depende de las posiciones
sociales de los interlocutores, y cortesía absoluta, que simplemente es una característica
propia de algunos actos (por ejemplo, las órdenes son inherentemente descorteses y los
ofrecimientos son corteses, como señala Leech). También distingue entre cortesía positiva
y negativa: la primera es secundaria y maximiza la cortesía de las ilocuciones corteses
(“Me encantaría darte un abrazo de felicitación”), la segunda suele ser obligatoria para el
buen funcionamiento de las relaciones sociales ya que minimiza la descortesía de las
ilocuciones descorteses ( en realidad se finge la posibilidad de realizar o no el acto
solicitado, es una orden “disfrazada” de petición: “¿Te importaría llamar al Sr.
Fernández?”, dicho por un jefe a su secretario).
Como explica Leech, la cortesía se evalúa en términos de coste y beneficio. Así, un
enunciado es más cortés cuanto mayor es el coste para el emisor y mayor es el beneficio
para el destinatario. Por ejemplo, una petición es un acto intrínsecamente descortés porque
supone un coste para el destinatario, por lo que requiere el empleo de determinadas
fórmulas de cortesía que lo “mitiguen” (y que suelen dar lugar a actos de habla indirectos),
que hagan que no se deteriore la relación ni aumente la distancia social. Así, no sería
recomendable socialmente decir “Dame dinero”, sino “¿Podrías hacerme el favor de
darme un poco de dinero?”.
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En filosofía del lenguaje, el estudio de la comunicación y los procesos cognitivos le ha
correspondido tradicionalmente a la pragmática. Dentro de este campo, uno de los
objetivos fundamentales es caracterizar los procedimientos involucrados en la
transmisión y el reconocimiento del significado intencional. En efecto, la pragmática
puede explicar la comunicación en términos de dicho significado intencional. Sin
embargo, hay también un fenómeno muy común en el uso cotidiano del lenguaje: el acto
involuntario.
Muchas veces, con muy buenas razones, el oyente interpreta que el enunciado del
hablante evoca ciertos significados que poco o nada tienen que ver con la intención. A
este fenómeno tan cotidiano lo podemos llamar comunicación no intencional. El análisis
filosófico permite pues explicar que, por ejemplo, un acto fallido es un hecho
comunicativo en el cual los significados que interpreta el oyente a partir del enunciado
son muy diferentes de (y hasta incompatibles con) el significado intencional del hablante.
Una de las hipótesis fundamentales de la pragmática filosófico-cognitiva sostiene que el
significado del hablante cuenta como una intención mutuamente manifiesta para el
hablante y para el oyente. En otras palabras, hay comunicación si el oyente identifica con
claridad el significado que el hablante quiso transmitir (esto es, el significado
intencional).
En este sentido, los grandes autores de la pragmática siempre han señalado que, en pos
de reconocer el significado intencional del hablante, el oyente se ve guiado por la
expectativa de que los enunciados son consistentes con alguna norma racional y
universal: He aquí otra hipótesis fundamental de la pragmática. Así, las condiciones
de fortuna de Austin, el Principio Cooperativo de Grice, las reglas constitutivas de
Searle, el Principio de Relevancia de Sperber y Wilson, cuentan como (conjuntos de)
normas racionales y universales en virtud de las cuales los oyentes pueden entender lo
que los hablantes quisieron decir.
Teoría de la RELEVANCIA. Significados no intencionales
Sperber y Wilson proponen que para comunicarse no son necesarias las máximas
de Grice, sino el principio de relevancia.
Grice explica que para que la comunicación tenga éxito los hablantes damos por
sentado que el otro interlocutor está siendo cooperativo (al igual que lo somos
nosotros). La cuestión está en saber por qué razón somos cooperativos. Según
Sperber y Wilson, el motivo es que tenemos algo que ganar: a cambio de nuestra
atención, de nuestra memoria, de nuestros esfuerzos, recibimos conocimiento del
mundo. Dicho de otro modo, esperamos que nuestro interlocutor sea relevante y que
aumente nuestro conocimiento del mundo sin que por ello tengamos que hacer un
esfuerzo interpretativo descomunal, siguiendo la tendencia a equilibrar “ganancia” y
“esfuerzo”
Una misma frase puede tener distintos significados. En este sentido, la teoría de la
relevancia pretende ofrecer un mecanismo deductivo explícito que explique los procesos
y estrategias que nos llevan del significado literal a la interpretación pragmática.
Veamos un ejemplo. Si estamos en un bar y una persona se lleva la mano a la frente,
probablemente no le prestemos ninguna atención (ese estímulo ostensivo no va dirigido
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a nosotros, la persona no pretende comunicarse con nosotros), pero si ese mismo gesto lo
hace una persona que está en nuestra casa, pensaremos que quizá le duele la cabeza y que
deberíamos preguntarle si se encuentra bien. Sin embargo, si el gesto es muy exagerado,
esté en la calle o esté en nuestra casa, podríamos pensar que realmente necesita ayuda, es
decir, que el estímulo ostensivo, la señal que lanza, no va dirigida a nadie en concreto
sino a todo el mundo: está pidiendo ayuda. Del mismo modo, no es lo mismo toser cuando
está hablando un amigo (quizá es un aviso para que deje de hablar) que toser en una
consulta médica.
Debemos puntualizar, sin embargo, que las diferencias culturales a veces desencadenan
dificultades en el funcionamiento de determinados estímulos ostensivos: los gestos se
pueden interpretar de muy diferentes maneras, y lo mismo pasa con los tonos de voz, las
palabras o los silencios.
Así, “qué mono” en español no siempre es entendido por los hispanohablantes no
españoles como “qué bonito” (no siempre infieren o deducen que significa eso). Por eso,
durante es estos procesos de inferencia (es decir, mientras deducimos qué se nos quiere
comunicar), no necesariamente se siguen las leyes de la lógica clásica, porque:
a) Nunca se tiene absoluta certeza de la intención del emisor, ni de si lo inferido es lo
correcto.
b) hay diferentes grados de veracidad en los supuestos, aunque normalmente el interlocutor
se decanta por la opción más verosímil. Por ello, si la persona que señalando a un niño
dice “qué mono” lo hace con una gran sonrisa y un gesto amable, interpretaremos que
está queriendo decir algo agradable, aunque quizá no sepamos exactamente qué.
¿Cómo es el mecanismo que genera estas inferencias? Sperber y Wilson establecen un
sistema formal de deducciones basado en diferentes capacidades, proponiendo así tres
formas de ampliar el contexto:
i. La memoria
ii. La capacidad de escribir, leer, almacenar, borrar datos de la memoria.
iii. El acceso a la información de las entradas léxicas de un diccionario.
iv. La capacidad de comparar propiedades formales.
Supongamos que alguien nos dice en un tono muy molesto: “No vuelvo a quedar con
Luis”. En este caso, de los distintos contextos relativos a Luis, elegimos el subconjunto
de supuestos pertinentes para ese momento determinados:
I. La madre de Luis es francesa.
II. Luis siempre llega tarde.
III. A Luis le encanta dormir.
IV. Luis ayer quedó con Ana.
V. Luis tiene 22 años.
VI. Luis tiene un perro (depende...quizá sabemos que tuvo que llevar al perro al veterinario
por una urgencia...).
Es decir, elegimos la información que necesitamos para que la frase sea relevante. Así,
de todos los estímulos que recibimos, procesamos sólo los que nos parecen relevantes
para poder entender qué nos quiere decir el otro. Por ello, “ser relevante” no es una
característica intrínseca de los enunciados, sino una propiedad que surge de la relación
entre el enunciado y el contexto en un momento determinado.
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Así, si todos estamos en un despacho y alguien dice esa frase y yo ni siquiera conozco a
Luis, interpreto que ese comentario no va dirigido a mí (no recojo el estímulo ostensivo)
y no lo consideraré relevante. ¿Por qué? Porque aunque todo enunciado cuente con una
inicial presunción de relevancia, al evaluar los efectos (a mí me da igual que ese tal Luis
llegue tarde o no) en relación con el esfuerzo (es enorme: preguntar quién es Luis, cómo
es, qué relación tiene con el hablante, qué relación puede tener conmigo...), vemos que
no merece la pena procesar el enunciado porque no va dirigido a nosotros. Si realmente
iba dirigido a nosotros, al haber fallado el estímulo ostensivo, la otra persona optará por
decirlo más alto o hacernos un gesto.
A partir de todo esto, podemos explicar el principio de relevancia: todo acto de
comunicación ostensiva comunica la presunción de su propia relevancia óptima. Es decir,
que percibimos que se nos quiere decir algo porque esa información es relevante para
nosotros: el esfuerzo es pequeño y la información que obtenemos nos interesa.
La pragmática clásica, entendida en términos rígidamente griceanos, superpone
intención y comunicación. Luego, sin abandonar la rica corriente de la pragmática
filosófico-cognitiva, la teoría de la relevancia se anima también a buscar la explicación
de ciertos fenómenos de comunicación no intencional.
1(a) Susana: ¿Te gustaría tener un Audi?
(b) Claudia: Yo nunca manejaría un auto caro.
(2) Claudia no quiere tener un Audi.
(3) Un Audi es un auto caro.
(4) Un Mercedes Benz es un auto caro.
(5) Una Ferrari es un auto caro.
(6) Claudia no quiere tener un Mercedes Benz.
(7) Claudia no quiere tener una Ferrari.
(8) Las personas que no quieren tener autos caros desaprueban el lujo y el boato.
(9) Claudia desaprueba el lujo y el boato.
(10) Las personas que no quieren tener autos caros tampoco quieren usar joyas.
(11) Claudia no quiere usar joyas.
Se sigue del Principio Comunicativo de Relevancia que una respuesta indirecta como
(2b) le permite al hablante esperar que el oyente obtenga efectos
cognitivos/contextuales que no obtendría por medio de una respuesta directa
como No, no quiero tener un Audi, el cual no requeriría el esfuerzo adicional de
procesar (2b) en relación con la premisa implicada (4) para obtener (3) como
conclusión implicada.
11b IMPLICACIÓN CONTEXTUAL.
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Si recorremos el sendero abierto por la teoría de la relevancia, entonces podemos
aceptar que el oyente puede hacerse responsable de sus interpretaciones, que estas
interpretaciones a veces se alejan del significado individualmente intencionado del
hablante y que, por ello, hay implicaturas débiles (y muy débiles). Aquí ya no es del todo
necesario decidir si una implicatura muy débil no tiene del todo que ver con la intención
del hablante, porque a mayor responsabilidad de la interpretación del oyente, menor
fuerza de la implicatura.
No obstante, hay interpretaciones que se escapan del camino trazado por el
reconocimiento de la intención comunicativa. Ergo, el Principio Comunicativo de
Relevancia podría no tener alcance universal.
De todos modos, sigue siendo muy importante el hecho de que para entender ciertos
significados no hace falta identificar la intención del hablante (más allá de que los
significados no intencionales puedan desde luego guardar alguna conexión con el
significado intencional).
CONCLUSIÓN:
Una cuestión importante es porqué estudiar la comunicación en clase de lengua. Se
estudia para conseguir que los alumnos tengan cada vez mejor dominio del idioma, y
para proporcionarles un conocimiento explícito de cómo funciona el lenguaje en general
y su lengua en particular.
Entender la comunicación nos ayuda, pues, a adquirir conocimientos imprescindibles
para contar con las bases teóricas y los instrumentos de descripción y explicación
necesarios para desarrollar la adecuación comunicativa, tanto en su vertiente activa (en la
producción), como en su vertiente receptiva (en la interpretación) y para contar con los
conocimientos necesarios para entender cómo funciona nuestra actividad lingüística.
La gramática es nuestra herramienta para determinar las reglas gramaticales y su tarea
acaba donde terminan los mecanismos sintácticos, mientras el cometido de la pragmática
es analizar los factores extralingüísticos que condicionan el uso de la lengua, y explicar
los principios a los que está sometido su funcionamiento. Ambas disciplinas estudian el
mismo objetivo, pero lo hacen desde enfoques diferentes. El punto de vista que adopta la
pragmática es complementario del de la gramática.
Entender cualquier muestra de comunicación, independientemente de su longitud y su
complejidad, se basa principalmente en ser capaces de representar su contenido de manera
que las partes encajen adecuadamente, a partir del supuesto de que existe un objetivo
común a todas ellas.
El objetivo de la comunicación permite establecer el vínculo necesario entre la visión
general de esta y la tipología del texto: lejos de ser dos temas independientes de
reflexiones hechas sobre el objetivo comunicativo nos proporcionan las herramientas
necesarias para diferenciar y caracterizar las clases principales; y su combinación con
otros factores hace posible identificar sus clases menores.
Gracias a este enfoque, se abren puertas a un tratamiento integrado de todas las
formas de comunicación, independientemente de que en ellas se use código o no.
Ejemplo: comunicación audiovisual (publicidad, cine, televisión…)
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Hemos visto que somos capaces de interpretar adecuadamente contenidos que se
nos comunican sin que para ello medie una conversación preestablecida; los
interpretamos inferencialmente, estableciendo relaciones con otras realidades.

PRAGMÁTICA.pdf

  • 1.
    María Pérez García 2.LA SITUACIÓN COMUNICATIVA El esquema tradicional basado en la Teoría de la Comunicación y la Información con algunos elementos introducidos por Jakobson no es no es suficiente para describir la comunicación, pues arroja una imagen fija y sencilla de esta, cuando en realidad está condicionada a elementos variables e ignora los casos en los que el código es ambiguo. Ej. Casco. Además, el emisor y el receptor no son simples codificadores y descodificadores, sino que también actúa los factores de su conocimiento previo y su relación con el interlocutor. Un elemento fundamental es la intención, pues solo existe comunicación cuando el emisor quiere transmitir una cierta información, no cuando esta se obtiene de un proceso deductivo. Esto deriva en que se diferencie entre actos voluntarios, que denotan formas de comportamiento, y actos involuntarios, meros actos reflejos. Otro elemento destacable es el referente, pues es la realidad extralingüística de la que habla el mensaje, y es necesario que la visualicemos interiormente para poderla codificar. Ej la cerveza está caliente, el biberón. 6º 7º grados 30º Desde la pragmática las cosas se ven desde otra perspectiva. El entorno (contexto o situación espacio-temporal) es el soporte físico, el decorado donde se realiza la enunciación e incluye las coordenadas de espacio y tiempo. Pero es algo más que un mero escenario: las circunstancias que imponen el aquí y ahora influyen decisivamente en toda una serie de elecciones gramaticales que se reflejan en la forma del enunciado y a la vez constituyen la base de su interpretación. Uno de los mayores problemas con que se enfrenta cualquier aproximación pragmática al discurso es la resolución de la cuestión de cómo se adecuan los enunciados a la situación. Hacia un nuevo modelo de comunicación. Debido a las características fijas y simples del esquema clásico, se diferencian nuevas categorías en la comunicación: • Elementos materiales: que son las entidades físicas de la comunicación: el emisor,quien produce una señal con la intención de comunicarse; el receptor, a quien va dirigida la señal; y la señal, una alteración notoria del entorno para transmitir una información. • Representaciones internas: que son el conjunto de ideas a partir de las que estructuramos nuestro entorno, las relaciones sociales, etc. Se dividen en individuales ycompartidas, pues una gran parte de nuestra concepción del mundo es individual, pero la otra la compartimos con los demás al poseer el mismo conocimiento. • Procesos: que son el conjunto de operaciones que intervienen en el tratamiento de lainformación. Se pueden dar dos tipos: • Codificación y descodificación: basadas en una convención previaentre señales y mensajes, la codificación es el proceso que permite transmutar el contenido que se quiere comunicar en una señal, y la descodificación el que
  • 2.
    María Pérez García permiterecuperar la información codificada. • Ostensión e inferencia: la ostensión es la capacidad intencional de producir indicios, es decir, señales comunicativas no convencionales;mientras que la inferencia es la capacidad de interpretarlos. Grice, defiende la existencia de una serie de normas conocidas tanto por el hablante como por el oyente que guían la conversación, y hacen posible que las inferencias deducidas sean exactamente lo que el hablante ha querido comunicar. A este tipo de inferencias Grice las llama implicaturas (conversacionales) y para indentificarlas propone cuatro máximas de conversación englobadas en El principio de cooperación (LEVINSON 1995). • La máxima de cantidad • La máxima de cualidad • La máxima de relación • La máxima de modo Por supuesto, el hablante real no siempre sigue estas máximas, sino que las viola en muchas ocasiones sin que ello deje de comunicar implicaturas. Además de las implicaturas conversacionales, Grice habla de implicaturas convencionales, que son inferencias no derivadas de las máximas, sino asociadas por convención a ciertas expresiones o lexemas: pero, no obstante, aunque… De todo esto se puede concluir que comunicarse es tomar parte en una forma de comportamiento determinada por pautas estables por el que se trata de originar determinadas representaciones en la mente de alguien y al ser la comunicación un comportamiento, tiene carácter intencional. La situación y el medio Las circunstancias circundantes al acto comunicativo determinan muchos de sus rasgos, tanto de forma como de contenido. Estas circunstancias se pueden dividir en marcos o guiones de actuación que dependen de cada cultura. El criterio empleado para identificar diferentes categorías de situaciones es el grado de institucionalización de esta; cuantas más restricciones sociales se impongan en una situación, mayores restricciones tendrá el acto comunicativo. El grado de institucionalización viene determinado, de mayor a menor, por actos ritualizados, en los que las palabras que se deben pronunciar están ya fijadas, situaciones institucionales, situaciones públicas y situaciones privadas, en las que no hay ningún tipo de restricción en el lenguaje. Estas situaciones están íntimamente relacionadas con las variedades diafásicas de la lengua, que de mayor a menor serían: solemne, elevado, casual, informal e íntimo. Las diferencias de registro suelen reflejarse en el grado de control sobre la elección de la forma lingüística, dando lugar a dos parámetros: control previo y control durante la producción.
  • 3.
    María Pérez García Lalengua hablada y la lengua escrita se suele diferenciar por el canal, pero no es la única forma de distinguirlas, también están ligadas a la situación. Del medio se pueden obtener ciertos detalles paralingüísticos, como el estado de ánimo o la edad, mediante la inferencia. Capítulo 4: La distancia social Al adaptarnos a las circunstancias comunicativas, adaptamos también nuestra lengua a la distancia social existente entre emisor y receptor, la cual se caracteriza por el conocimiento entre ambas partes y su posición social. Esto da lugar a dos ejes, el de familiaridad y jerarquía. • En el eje jerárquico, la relación puede ser simétrica o asimétrica, y se caracteriza por cualidades inherentes como la edad o el sexo y por los roles funcionales. • El eje familiar se divide en dos dimensiones, el grado de empatía y el grado de conocimiento mutuo. La distancia social está estrechamente relacionada con la distancia lingüística: las formas detratamiento empleadas para marcar distancia entre desconocidos, son las mismas para marcar que el interlocutor es jerárquicamente superior. Las cosas son más complejas cuando hay mucha distancia en el eje vertical, pero muy poca en el eje horizontal o viceversa. Ante este problema, se evita el uso directo de fórmulas de tratamiento y se recurre a expresiones impersonales. Capítulo 5: Los objetivos comunicativos Clave pragmática, un acto de habla es una unidad intencional, con un objetivo único. La finalidad es esencial porque regula la conducta. Una buena parte de la investigación pragmática ha girado en torno a dos nociones diferentes aunque muy relacionadas: la fuerza ilocutiva y el acto de habla. Cuando el emisor produce algún enunciado, se puede hablar de acto de habla; la fuerza ilocutiva es la intención con la quese lleva a cabo dicho acto. Es también esencial reconocer la INTENCIÓN COMUNICATIVA. Eje preparados listos ya – instrucción de salida. Te vas a sentar sobre el mando a distancia – advertencia ¿Me traerías un baso? - Petición Según la clasificación de Searle, se puede dividir la comunicación en el aspecto de actividad en: • Asertivos: Refleja el estado de cosas del mundo: afirmar, referir… • Directivos: El emisor pretende que el destinatario lleve a cabo una determinada acción;ordenar, pedir, rogar, aconsejar… • Compromisivos: El emisor manifiesta su compromiso de realizar una determinadaacción: asegurar, prometer, ofrecer, garantizar…. • Expresivos: El emisor manifiesta su estado de ánimo con respecto a algo: felicitar,agradecer, perdonar, insultar…
  • 4.
    María Pérez García •Declarativos: El emisor produce cambios en el mundo en virtud de la autoridad que leha sido otorgada: bautizar, casar, inaugurar, dictar, contratar, sentenciar… No existe una correspondencia constante entre tipos de expresiones lingüísticas y fuerzas ilocutivas. Esto confirma que la fuerza ilocutiva no es una propiedad ligada exclusivamente a laforma lingüística utilizada, sino el producto de la combinación de varios factores: es la interacción entre el conocimiento lingüístico y el conocimiento extralingüístico lo que permite caracterizar la contribución como perteneciente a un tipo u otro de acto de habla. La dimensión social. El principio de cortesía. Hay que entender que compartir un mismo idioma no significa compartir los mismos componentes culturales (por esta razón, a veces los españoles, frente a los latinoamericanos, pueden “sonar bruscos”, o “excesivamente directos”, provocando conflictos de cortesía). Con frecuencia se ha dicho que nuestra cultura es latina, cuando en realidad está mucho más cerca de la mediterránea (italiana, griega, incluso libanesa en algunos casos) a pesar de no compartir el idioma. Esto se debe, posiblemente, a que el componente cultural y el social van muy ligados, y nuestra estructura social es similar a la de los países de la franja del Mediterráneo. Esto se relaciona de manera especialmente directa con los estudios de la cortesía. En 1983, Leech propone un Principio de Cortesía para mejorar la relación existente entre los interlocutores. Este Principio determina la forma del enunciado y la significación última del mismo. Según el autor, los objetivos comunicativos se pueden manifestar en dos direcciones: o bien se trata de mantener el equilibrio existente; o bien de modificarlo (disminuyendo o aumentando la distancia social). Se puede distinguir entre cortesía relativa, que es la que depende de las posiciones sociales de los interlocutores, y cortesía absoluta, que simplemente es una característica propia de algunos actos (por ejemplo, las órdenes son inherentemente descorteses y los ofrecimientos son corteses, como señala Leech). También distingue entre cortesía positiva y negativa: la primera es secundaria y maximiza la cortesía de las ilocuciones corteses (“Me encantaría darte un abrazo de felicitación”), la segunda suele ser obligatoria para el buen funcionamiento de las relaciones sociales ya que minimiza la descortesía de las ilocuciones descorteses ( en realidad se finge la posibilidad de realizar o no el acto solicitado, es una orden “disfrazada” de petición: “¿Te importaría llamar al Sr. Fernández?”, dicho por un jefe a su secretario). Como explica Leech, la cortesía se evalúa en términos de coste y beneficio. Así, un enunciado es más cortés cuanto mayor es el coste para el emisor y mayor es el beneficio para el destinatario. Por ejemplo, una petición es un acto intrínsecamente descortés porque supone un coste para el destinatario, por lo que requiere el empleo de determinadas fórmulas de cortesía que lo “mitiguen” (y que suelen dar lugar a actos de habla indirectos), que hagan que no se deteriore la relación ni aumente la distancia social. Así, no sería recomendable socialmente decir “Dame dinero”, sino “¿Podrías hacerme el favor de darme un poco de dinero?”.
  • 5.
    María Pérez García Enfilosofía del lenguaje, el estudio de la comunicación y los procesos cognitivos le ha correspondido tradicionalmente a la pragmática. Dentro de este campo, uno de los objetivos fundamentales es caracterizar los procedimientos involucrados en la transmisión y el reconocimiento del significado intencional. En efecto, la pragmática puede explicar la comunicación en términos de dicho significado intencional. Sin embargo, hay también un fenómeno muy común en el uso cotidiano del lenguaje: el acto involuntario. Muchas veces, con muy buenas razones, el oyente interpreta que el enunciado del hablante evoca ciertos significados que poco o nada tienen que ver con la intención. A este fenómeno tan cotidiano lo podemos llamar comunicación no intencional. El análisis filosófico permite pues explicar que, por ejemplo, un acto fallido es un hecho comunicativo en el cual los significados que interpreta el oyente a partir del enunciado son muy diferentes de (y hasta incompatibles con) el significado intencional del hablante. Una de las hipótesis fundamentales de la pragmática filosófico-cognitiva sostiene que el significado del hablante cuenta como una intención mutuamente manifiesta para el hablante y para el oyente. En otras palabras, hay comunicación si el oyente identifica con claridad el significado que el hablante quiso transmitir (esto es, el significado intencional). En este sentido, los grandes autores de la pragmática siempre han señalado que, en pos de reconocer el significado intencional del hablante, el oyente se ve guiado por la expectativa de que los enunciados son consistentes con alguna norma racional y universal: He aquí otra hipótesis fundamental de la pragmática. Así, las condiciones de fortuna de Austin, el Principio Cooperativo de Grice, las reglas constitutivas de Searle, el Principio de Relevancia de Sperber y Wilson, cuentan como (conjuntos de) normas racionales y universales en virtud de las cuales los oyentes pueden entender lo que los hablantes quisieron decir. Teoría de la RELEVANCIA. Significados no intencionales Sperber y Wilson proponen que para comunicarse no son necesarias las máximas de Grice, sino el principio de relevancia. Grice explica que para que la comunicación tenga éxito los hablantes damos por sentado que el otro interlocutor está siendo cooperativo (al igual que lo somos nosotros). La cuestión está en saber por qué razón somos cooperativos. Según Sperber y Wilson, el motivo es que tenemos algo que ganar: a cambio de nuestra atención, de nuestra memoria, de nuestros esfuerzos, recibimos conocimiento del mundo. Dicho de otro modo, esperamos que nuestro interlocutor sea relevante y que aumente nuestro conocimiento del mundo sin que por ello tengamos que hacer un esfuerzo interpretativo descomunal, siguiendo la tendencia a equilibrar “ganancia” y “esfuerzo” Una misma frase puede tener distintos significados. En este sentido, la teoría de la relevancia pretende ofrecer un mecanismo deductivo explícito que explique los procesos y estrategias que nos llevan del significado literal a la interpretación pragmática. Veamos un ejemplo. Si estamos en un bar y una persona se lleva la mano a la frente, probablemente no le prestemos ninguna atención (ese estímulo ostensivo no va dirigido
  • 6.
    María Pérez García anosotros, la persona no pretende comunicarse con nosotros), pero si ese mismo gesto lo hace una persona que está en nuestra casa, pensaremos que quizá le duele la cabeza y que deberíamos preguntarle si se encuentra bien. Sin embargo, si el gesto es muy exagerado, esté en la calle o esté en nuestra casa, podríamos pensar que realmente necesita ayuda, es decir, que el estímulo ostensivo, la señal que lanza, no va dirigida a nadie en concreto sino a todo el mundo: está pidiendo ayuda. Del mismo modo, no es lo mismo toser cuando está hablando un amigo (quizá es un aviso para que deje de hablar) que toser en una consulta médica. Debemos puntualizar, sin embargo, que las diferencias culturales a veces desencadenan dificultades en el funcionamiento de determinados estímulos ostensivos: los gestos se pueden interpretar de muy diferentes maneras, y lo mismo pasa con los tonos de voz, las palabras o los silencios. Así, “qué mono” en español no siempre es entendido por los hispanohablantes no españoles como “qué bonito” (no siempre infieren o deducen que significa eso). Por eso, durante es estos procesos de inferencia (es decir, mientras deducimos qué se nos quiere comunicar), no necesariamente se siguen las leyes de la lógica clásica, porque: a) Nunca se tiene absoluta certeza de la intención del emisor, ni de si lo inferido es lo correcto. b) hay diferentes grados de veracidad en los supuestos, aunque normalmente el interlocutor se decanta por la opción más verosímil. Por ello, si la persona que señalando a un niño dice “qué mono” lo hace con una gran sonrisa y un gesto amable, interpretaremos que está queriendo decir algo agradable, aunque quizá no sepamos exactamente qué. ¿Cómo es el mecanismo que genera estas inferencias? Sperber y Wilson establecen un sistema formal de deducciones basado en diferentes capacidades, proponiendo así tres formas de ampliar el contexto: i. La memoria ii. La capacidad de escribir, leer, almacenar, borrar datos de la memoria. iii. El acceso a la información de las entradas léxicas de un diccionario. iv. La capacidad de comparar propiedades formales. Supongamos que alguien nos dice en un tono muy molesto: “No vuelvo a quedar con Luis”. En este caso, de los distintos contextos relativos a Luis, elegimos el subconjunto de supuestos pertinentes para ese momento determinados: I. La madre de Luis es francesa. II. Luis siempre llega tarde. III. A Luis le encanta dormir. IV. Luis ayer quedó con Ana. V. Luis tiene 22 años. VI. Luis tiene un perro (depende...quizá sabemos que tuvo que llevar al perro al veterinario por una urgencia...). Es decir, elegimos la información que necesitamos para que la frase sea relevante. Así, de todos los estímulos que recibimos, procesamos sólo los que nos parecen relevantes para poder entender qué nos quiere decir el otro. Por ello, “ser relevante” no es una característica intrínseca de los enunciados, sino una propiedad que surge de la relación entre el enunciado y el contexto en un momento determinado.
  • 7.
    María Pérez García Así,si todos estamos en un despacho y alguien dice esa frase y yo ni siquiera conozco a Luis, interpreto que ese comentario no va dirigido a mí (no recojo el estímulo ostensivo) y no lo consideraré relevante. ¿Por qué? Porque aunque todo enunciado cuente con una inicial presunción de relevancia, al evaluar los efectos (a mí me da igual que ese tal Luis llegue tarde o no) en relación con el esfuerzo (es enorme: preguntar quién es Luis, cómo es, qué relación tiene con el hablante, qué relación puede tener conmigo...), vemos que no merece la pena procesar el enunciado porque no va dirigido a nosotros. Si realmente iba dirigido a nosotros, al haber fallado el estímulo ostensivo, la otra persona optará por decirlo más alto o hacernos un gesto. A partir de todo esto, podemos explicar el principio de relevancia: todo acto de comunicación ostensiva comunica la presunción de su propia relevancia óptima. Es decir, que percibimos que se nos quiere decir algo porque esa información es relevante para nosotros: el esfuerzo es pequeño y la información que obtenemos nos interesa. La pragmática clásica, entendida en términos rígidamente griceanos, superpone intención y comunicación. Luego, sin abandonar la rica corriente de la pragmática filosófico-cognitiva, la teoría de la relevancia se anima también a buscar la explicación de ciertos fenómenos de comunicación no intencional. 1(a) Susana: ¿Te gustaría tener un Audi? (b) Claudia: Yo nunca manejaría un auto caro. (2) Claudia no quiere tener un Audi. (3) Un Audi es un auto caro. (4) Un Mercedes Benz es un auto caro. (5) Una Ferrari es un auto caro. (6) Claudia no quiere tener un Mercedes Benz. (7) Claudia no quiere tener una Ferrari. (8) Las personas que no quieren tener autos caros desaprueban el lujo y el boato. (9) Claudia desaprueba el lujo y el boato. (10) Las personas que no quieren tener autos caros tampoco quieren usar joyas. (11) Claudia no quiere usar joyas. Se sigue del Principio Comunicativo de Relevancia que una respuesta indirecta como (2b) le permite al hablante esperar que el oyente obtenga efectos cognitivos/contextuales que no obtendría por medio de una respuesta directa como No, no quiero tener un Audi, el cual no requeriría el esfuerzo adicional de procesar (2b) en relación con la premisa implicada (4) para obtener (3) como conclusión implicada. 11b IMPLICACIÓN CONTEXTUAL.
  • 8.
    María Pérez García Sirecorremos el sendero abierto por la teoría de la relevancia, entonces podemos aceptar que el oyente puede hacerse responsable de sus interpretaciones, que estas interpretaciones a veces se alejan del significado individualmente intencionado del hablante y que, por ello, hay implicaturas débiles (y muy débiles). Aquí ya no es del todo necesario decidir si una implicatura muy débil no tiene del todo que ver con la intención del hablante, porque a mayor responsabilidad de la interpretación del oyente, menor fuerza de la implicatura. No obstante, hay interpretaciones que se escapan del camino trazado por el reconocimiento de la intención comunicativa. Ergo, el Principio Comunicativo de Relevancia podría no tener alcance universal. De todos modos, sigue siendo muy importante el hecho de que para entender ciertos significados no hace falta identificar la intención del hablante (más allá de que los significados no intencionales puedan desde luego guardar alguna conexión con el significado intencional). CONCLUSIÓN: Una cuestión importante es porqué estudiar la comunicación en clase de lengua. Se estudia para conseguir que los alumnos tengan cada vez mejor dominio del idioma, y para proporcionarles un conocimiento explícito de cómo funciona el lenguaje en general y su lengua en particular. Entender la comunicación nos ayuda, pues, a adquirir conocimientos imprescindibles para contar con las bases teóricas y los instrumentos de descripción y explicación necesarios para desarrollar la adecuación comunicativa, tanto en su vertiente activa (en la producción), como en su vertiente receptiva (en la interpretación) y para contar con los conocimientos necesarios para entender cómo funciona nuestra actividad lingüística. La gramática es nuestra herramienta para determinar las reglas gramaticales y su tarea acaba donde terminan los mecanismos sintácticos, mientras el cometido de la pragmática es analizar los factores extralingüísticos que condicionan el uso de la lengua, y explicar los principios a los que está sometido su funcionamiento. Ambas disciplinas estudian el mismo objetivo, pero lo hacen desde enfoques diferentes. El punto de vista que adopta la pragmática es complementario del de la gramática. Entender cualquier muestra de comunicación, independientemente de su longitud y su complejidad, se basa principalmente en ser capaces de representar su contenido de manera que las partes encajen adecuadamente, a partir del supuesto de que existe un objetivo común a todas ellas. El objetivo de la comunicación permite establecer el vínculo necesario entre la visión general de esta y la tipología del texto: lejos de ser dos temas independientes de reflexiones hechas sobre el objetivo comunicativo nos proporcionan las herramientas necesarias para diferenciar y caracterizar las clases principales; y su combinación con otros factores hace posible identificar sus clases menores. Gracias a este enfoque, se abren puertas a un tratamiento integrado de todas las formas de comunicación, independientemente de que en ellas se use código o no. Ejemplo: comunicación audiovisual (publicidad, cine, televisión…)
  • 9.
    María Pérez García Hemosvisto que somos capaces de interpretar adecuadamente contenidos que se nos comunican sin que para ello medie una conversación preestablecida; los interpretamos inferencialmente, estableciendo relaciones con otras realidades.