El programa Pro-Huerta, iniciado por el INTA en los años 90 y apoyado por el MDS, busca mejorar la seguridad alimentaria en población vulnerable a través de la autoproducción y comercialización de huertas y granjas agroecológicas. Ha logrado una cobertura significativa en el país, con miles de huertas familiares y comunitarias, y tiene un impacto internacional, como en Haití, fortaleciendo las capacidades locales a través de capacitación técnica. A pesar de sus éxitos, enfrenta desafíos en la comercialización de excedentes y la dependencia de insumos.