La constitución de 1836 en México eliminó el sistema federal y centralizó el poder en el Supremo Poder Conservador, el cual tenía facultades por encima de los otros tres poderes. Estableció siete leyes que definían aspectos como la ciudadanía, la división de poderes y la creación de departamentos en lugar de estados. Sin embargo, las leyes no lograron resolver los conflictos entre centralistas y federalistas ni cambiar la realidad económica.