El poema invita al lector a quedarse con el grupo ya que está cayendo la tarde, ofreciéndole compartir la mesa y el vino. Argumenta que si no comparten juntos, no podrán conocerse como iguales ni mantener la luz del espíritu entre ellos. Pide al lector que limpie su imagen con los demás y encienda en ellos las brasas del espíritu.