Árbol y poesía
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
EL CEREZO
 
Tiembla el cerezo en flor ante tu presencia, perfumándolo de tu fragancia con el viento, caen sus pétalos rosados, cubriendo tu aislamiento, embalsamando y adormilando tu esencia. Caminando voy por senderos perfumados olores a frutas y árboles floridos, una figura, creo que es mujer dormida bajo un cerezo, con ropa tejida de pétalos rosados.
Una flecha de cupido me traspasa al instante, sus ojos se clavan en los míos, ha nacido el amor, una princesa de ojos radiantes como perlas, como salida de un cuento de hadas y elfos. En los bosques verdes ha nacido una estrella bajo un cerezo rosado de perfumadas flores, los animalillos corren a dar la buena nueva, y yo ensimismado no logro dar un paso hacia ella.
Con algo que parecía una melodía saliendo de su garganta, acudieron en masa toda clase de seres y animales, en efecto era una princesa, todos se agachaban mostrándole pleitesía con una reverencia. En cuanto a mí, un juglar recitando versos de amor, a un castillo en el centro del bosque fui a parar enamorado de una princesa que no era mortal casándonos más tarde en su feudo real.
 
 
EL CIPRÉS
 
A Ángel del Río Enhiesto surtidor de sombra y sueño que acongojas el cielo con tu lanza. Chorro que a las estrellas casi alcanza devanado a sí mismo en loco empeño. Mástil de soledad, prodigio isleño, flecha de fe, saeta de esperanza. Hoy llegó a ti, riberas del Arlanza, peregrina al azar, mi alma sin dueño. Cuando te vi señero, dulce, firme, qué ansiedades sentí de diluirme y ascender como tú, vuelto en cristales, como tú, negra torre de arduos filos, ejemplo de delirios verticales, mudo ciprés en el fervor de Silos. Gerardo Diego
 
Del ciprés enhiesto en la llanura los días afilan las sombras. La soledad, agachada, lo ve. Y huye sin querer que se lo nombren. Hector Rosales
 
 
EL PINO
Verde pino, verde pino, vengo a tu sombra a jugar, a la orilla del camino quiero una acequia formar. El agua, agüita de plata, pronto correrá hasta aquí, y una dulce serenata dirá sólo para mí. Verde pino, verde pino,  ¡qué hermosa y dulce canción!: los pájaros del camino están en tu corazón.
Al alba, pino de oro; verde, en el atardecer; de noche -blanco tesoro- de plata pareces ser. Verde pino, verde pino, los gnomos te cuidarán, y las ranas del camino de noche te dormirán Fermín Estrella Gutiérrez
 
EL NARANJO
 
 
 
 
EL HAYA
 
 
 
 
 
 
 

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    Tiembla el cerezoen flor ante tu presencia, perfumándolo de tu fragancia con el viento, caen sus pétalos rosados, cubriendo tu aislamiento, embalsamando y adormilando tu esencia. Caminando voy por senderos perfumados olores a frutas y árboles floridos, una figura, creo que es mujer dormida bajo un cerezo, con ropa tejida de pétalos rosados.
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    Una flecha decupido me traspasa al instante, sus ojos se clavan en los míos, ha nacido el amor, una princesa de ojos radiantes como perlas, como salida de un cuento de hadas y elfos. En los bosques verdes ha nacido una estrella bajo un cerezo rosado de perfumadas flores, los animalillos corren a dar la buena nueva, y yo ensimismado no logro dar un paso hacia ella.
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    Con algo queparecía una melodía saliendo de su garganta, acudieron en masa toda clase de seres y animales, en efecto era una princesa, todos se agachaban mostrándole pleitesía con una reverencia. En cuanto a mí, un juglar recitando versos de amor, a un castillo en el centro del bosque fui a parar enamorado de una princesa que no era mortal casándonos más tarde en su feudo real.
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    A Ángel delRío Enhiesto surtidor de sombra y sueño que acongojas el cielo con tu lanza. Chorro que a las estrellas casi alcanza devanado a sí mismo en loco empeño. Mástil de soledad, prodigio isleño, flecha de fe, saeta de esperanza. Hoy llegó a ti, riberas del Arlanza, peregrina al azar, mi alma sin dueño. Cuando te vi señero, dulce, firme, qué ansiedades sentí de diluirme y ascender como tú, vuelto en cristales, como tú, negra torre de arduos filos, ejemplo de delirios verticales, mudo ciprés en el fervor de Silos. Gerardo Diego
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    Del ciprés enhiestoen la llanura los días afilan las sombras. La soledad, agachada, lo ve. Y huye sin querer que se lo nombren. Hector Rosales
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    Verde pino, verdepino, vengo a tu sombra a jugar, a la orilla del camino quiero una acequia formar. El agua, agüita de plata, pronto correrá hasta aquí, y una dulce serenata dirá sólo para mí. Verde pino, verde pino,  ¡qué hermosa y dulce canción!: los pájaros del camino están en tu corazón.
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    Al alba, pinode oro; verde, en el atardecer; de noche -blanco tesoro- de plata pareces ser. Verde pino, verde pino, los gnomos te cuidarán, y las ranas del camino de noche te dormirán Fermín Estrella Gutiérrez
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