El documento analiza el intento de llevar a cabo una 'revolución de colores' en Venezuela, comparándolo con eventos similares en otros países y argumentando que estos movimientos son manipulados por Estados Unidos para desestabilizar gobiernos no alineados. Se presenta el contexto tras las elecciones presidenciales de 2013, donde la oposición intentó desconocer los resultados y generar caos, siguiendo un guion preestablecido por actores internacionales. Concluye que el fracaso de este intento en Venezuela se debe a la rápida respuesta del gobierno y la necesidad de aprender de esta experiencia para enfrentar futuros desafíos.