La revolución rusa de 1917 marcó el fin del régimen zarista y el establecimiento de un gobierno socialista que nacionalizó la tierra y los medios de producción. A raíz de una crisis económica y la ineptitud del zar Nicolás II, los bolcheviques liderados por Lenin tomaron el poder, conduciendo a la creación de la URSS. La era de Stalin implicó purgas y centralización del poder, lo que transformó a Rusia en una potencia mundial a través de la industrialización y un sistema político único.