Miguel se siente triste al ver a sus compañeros participar alegremente en las prácticas religiosas mientras él se siente como un "pillo" que no puede unirse. Habla con un amigo sobre sus remordimientos y tristeza, y el amigo lo anima a confesarse para encontrar paz. Aunque Miguel está dispuesto a hacerlo, siente que tiene demasiados "demonios" dentro y no puede recordar sus pecados pasados. El amigo le asegura que el confesor lo ayudará a resolver cualquier cosa en su conciencia.