Santa Cecilia pertenecía a una familia tradicional de Roma y se había educado en el cristianismo. El día de su boda, convenció a su marido Valeriano de convertirse al cristianismo, y poco después también convenció al hermano de Valeriano, Tiburcio. Los dos hombres y Santa Cecilia se dedicaron a predicar el cristianismo en una época de persecución, por lo que fueron arrestados y martirizados. A Santa Cecilia se le exigió renunciar a su fe, pero se negó y fue condenada a morir