El documento describe cómo la falta de signos de puntuación en un testamento llevó a múltiples interpretaciones contradictorias por parte de los posibles herederos. Ante la imposibilidad de determinar el verdadero significado, el juez decidió quedarse con la herencia para el estado. También presenta un poema de amor sin puntuación, lo que llevó a distintas hermanas a creer que iba dirigido a cada una, hasta que el autor aclaró no estar enamorado de ninguna.