Santa Clara escucha el sermón de San Francisco y decide dedicar su vida a la pobreza, la oración y la penitencia. Funda la orden de las Clarisas y lidera a otras mujeres en vivir de acuerdo con los ideales franciscanos de desapego material y entrega a Dios. Su humildad, devoción y ejemplo de vida santa la convierten en guía espiritual admirada.