La enfermedad altera la vida de una persona y puede provocar diferentes actitudes como la resignación, la rebelión o la aceptación. Jesús curó a muchos enfermos como signo de la salvación que traía. La Iglesia sigue el ejemplo de atender a los enfermos a través de hospitales y órdenes religiosas. El sacramento de la Unción de los Enfermos une más íntimamente al enfermo con la Pasión de Cristo y le otorga fortaleza y perdón de pecados.