El documento compara países pobres y ricos, señalando que la diferencia no radica en la edad del país o los recursos naturales disponibles, sino en el nivel de conciencia de la gente. Los países ricos tienen poblaciones con valores como la ética, la integridad y el respeto por las leyes. El documento argumenta que transformar la conciencia de los latinoamericanos, comenzando a nivel comunitario, es clave para el desarrollo.