Dios se revela a sí mismo a través de Cristo, permitiendo a los hombres conocerlo y amarlo, y este designio se realiza gradualmente mediante acciones y palabras. Desde el inicio, Dios busca la salvación de la humanidad, comenzando con la creación y continuando con las alianzas como la de Noé y Abraham, formando así su pueblo elegido, Israel, y preparando el camino para la redención universal. La revelación divina incluye una pedagogía particular que permite a los hombres entender y aceptar el misterio de Dios a lo largo del tiempo.