Incrustar presentación
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Después de todo al poner en balance esta vida con la otra, podemos concluir que no es un tonto el que pierde lo que no puede retener para poder ganar aquello que nunca podrá perder. No debe sorprendernos cuando la muerte toca nuestra puerta. Así nos hizo Dios. Como la hierba que aparece y después no existe, y las flores del campo florecen para marchitarse unos días después, así también nuestra vida es algo que se deteriora y llega a su fin (Isaías 40:6-8). Dios no diseñó nuestros cuerpos para que duraran más de unas cuantas décadas. En Salmos 90:10 se nos recuerda que “los días de nuestra edad son setenta años; y si en los más robustos son ochenta años . . .”. Con los adelantos médicos y logros tecnológicos de los últimos años, nuestro promedio de vida es aproximadamente el que era cuando este salmo fue escrito, hace miles de años. Algunos vivirán más, otros menos, pero esto es lo que podemos esperar. La vida es corta, demasiado breve para desperdiciarla en cosas que a fin de cuentas no son tan importantes.






















