Tántalo fue invitado a la mesa de los dioses pero reveló sus secretos y robó su ambrosía y néctar. Más tarde descuartizó y sirvió a su hijo Pélope a los dioses en un banquete. Zeus lo castigó atormentándolo eternamente en el Tártaro con sed y hambre eternas, siempre fuera de su alcance el agua y la fruta bajo la amenaza de una roca.