El documento reflexiona sobre la creciente descomposición moral en la sociedad, argumentando que la falta de Dios en escuelas y vidas personales ha contribuido a problemas como la violencia y la falta de conciencia en los jóvenes. Se critica la permisividad social hacia comportamientos negativos, como el aborto y la pornografía, y se cuestiona por qué los niños no distinguen entre el bien y el mal. Concluye enfatizando la importancia de la moralidad y la fe en la formación de una sociedad más responsable.