El consumo de agua embotellada es significativamente más costoso que el agua de garrafón, y tiene impactos negativos en la salud, medio ambiente y economía, con gastos anuales de $100,000 millones en EE. UU. Además, las botellas plásticas pueden liberar químicos tóxicos y contribuir a la contaminación, ya que el 86% de ellas termina como basura. Reducir el uso de agua embotellada puede beneficiar tanto al bolsillo como al planeta.