BIOGRAFIA 
Un niño de diez años se acerca a su padre y le enseña un manuscrito. Mira lo que 
escribí papá. El viejo lee las letras en el papel, avanza línea por línea, mientras el 
asombro, el respeto y el cariño se expanden como un río caudaloso a través de toda 
su geografía interior. ¿En serio tú escribiste esto?, le pregunta el viejo -algo 
contrariado y muy emocionado- al concluir de leer la hoja del cuaderno. El niño 
Andrés Caicedo asiente y vuelve corriendo a su habitación. Cierra la puerta, 
garrapatea letras, llena cuadernos, escribe con frenesí. Andrés sabe que la vida es 
corta y lo más importante (para él) será morir joven y dejar obra. 
Si Andrés Caicedo no hubiese muerto a los 25 años, hoy tendría 61, habría escrito 
varios libros más, escrito para cine y televisión, sería columnista permanente de 
varias publicaciones, pero no sería la leyenda urbana que es hoy, 36 años después 
de su suicidio. Andrés Caicedo anunció su temprana desaparición. Vivir más de 25 
años es una insensatez, dijo el escritor caleño, que a la edad de 14 ya dirigía y 
montaba obras de Eugene Ionesco, mientras escribía sus primeros cuentos y piezas 
de teatro con una vocación extraordinaria.
Si Andrés Caicedo no hubiera tenido grandes amigos, la mayoría de 
su obra habría quedado inédita, sepultada en aquel baúl mítico de 
su habitación, en la casa de sus padres de Ciudad Jardín. Si Andrés 
Caicedo no hubiera confiado en esos pocos buenos amigos, los 
libros de cuentos Cali calabozo, Angelitos Empantanados, el 
grandioso Ojo al Cine (la recopilación de sus diarios y cartas cine 
sifilíticas), la multitud de poemitas y cuentos sueltos, y la 
novela Noche sin Fortuna no habrían visto la luz de la publicación. 
En las líneas finales de ¡Que Viva la Música!, María del Carmen 
Huerta se deja ir en un monólogo en el que su voz se confunde con 
la de Andrés Caicedo. Andrés despidiéndose del mundo, 
anunciando que el cochero negro de la silla "colora" ya viene por él, 
diciéndonos que una vez se publique su novela insigne, le pondrá 
punto final a su vida y obra con el acto premeditado de su muerte.
Los Rolling Stones son un referente permanente en la obra de Andrés Caicedo. Sus 
letras sirven como epígrafe a algunos de sus cuentos ("El Pretendiente", "En las 
garras del crimen"), o en ocasiones además de servir como epígrafe, constituyen la 
banda sonora de las obras de Andrés Caicedo, como sucede con Street fichingo 
man en "El atravesado". 
En ¡Que viva la música! Los Rolling Stones dominan la primera parte del libro, en 
cada una de las líneas que nos relata María del Carmen Huertas -la heroína de 
Caicedo- podemos escuchar las guitarras de los Stones y asistimos junto a ella a 
fiestas donde oímos por completo Moon ling miles mientras Ricardito "El miserable", 
se la traduce al oído. Hay todo un apartado en ¡Que viva la música! dedicado a los 
Stones, en el que María del Carmen Huerta cuenta su versión de la muerte de Brian 
Jones y el distanciamiento con la banda. 
Incluso, Andrés Caicedo entrevistó al primer manager de los Rolling Stones, una 
tarde de diciembre de 1976, después de un misterioso y peculiar encuentro con 
Andrew Log Oldham en la ciudad de Bogotá.
diapositiva del portal
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  • 1.
    BIOGRAFIA Un niñode diez años se acerca a su padre y le enseña un manuscrito. Mira lo que escribí papá. El viejo lee las letras en el papel, avanza línea por línea, mientras el asombro, el respeto y el cariño se expanden como un río caudaloso a través de toda su geografía interior. ¿En serio tú escribiste esto?, le pregunta el viejo -algo contrariado y muy emocionado- al concluir de leer la hoja del cuaderno. El niño Andrés Caicedo asiente y vuelve corriendo a su habitación. Cierra la puerta, garrapatea letras, llena cuadernos, escribe con frenesí. Andrés sabe que la vida es corta y lo más importante (para él) será morir joven y dejar obra. Si Andrés Caicedo no hubiese muerto a los 25 años, hoy tendría 61, habría escrito varios libros más, escrito para cine y televisión, sería columnista permanente de varias publicaciones, pero no sería la leyenda urbana que es hoy, 36 años después de su suicidio. Andrés Caicedo anunció su temprana desaparición. Vivir más de 25 años es una insensatez, dijo el escritor caleño, que a la edad de 14 ya dirigía y montaba obras de Eugene Ionesco, mientras escribía sus primeros cuentos y piezas de teatro con una vocación extraordinaria.
  • 2.
    Si Andrés Caicedono hubiera tenido grandes amigos, la mayoría de su obra habría quedado inédita, sepultada en aquel baúl mítico de su habitación, en la casa de sus padres de Ciudad Jardín. Si Andrés Caicedo no hubiera confiado en esos pocos buenos amigos, los libros de cuentos Cali calabozo, Angelitos Empantanados, el grandioso Ojo al Cine (la recopilación de sus diarios y cartas cine sifilíticas), la multitud de poemitas y cuentos sueltos, y la novela Noche sin Fortuna no habrían visto la luz de la publicación. En las líneas finales de ¡Que Viva la Música!, María del Carmen Huerta se deja ir en un monólogo en el que su voz se confunde con la de Andrés Caicedo. Andrés despidiéndose del mundo, anunciando que el cochero negro de la silla "colora" ya viene por él, diciéndonos que una vez se publique su novela insigne, le pondrá punto final a su vida y obra con el acto premeditado de su muerte.
  • 4.
    Los Rolling Stonesson un referente permanente en la obra de Andrés Caicedo. Sus letras sirven como epígrafe a algunos de sus cuentos ("El Pretendiente", "En las garras del crimen"), o en ocasiones además de servir como epígrafe, constituyen la banda sonora de las obras de Andrés Caicedo, como sucede con Street fichingo man en "El atravesado". En ¡Que viva la música! Los Rolling Stones dominan la primera parte del libro, en cada una de las líneas que nos relata María del Carmen Huertas -la heroína de Caicedo- podemos escuchar las guitarras de los Stones y asistimos junto a ella a fiestas donde oímos por completo Moon ling miles mientras Ricardito "El miserable", se la traduce al oído. Hay todo un apartado en ¡Que viva la música! dedicado a los Stones, en el que María del Carmen Huerta cuenta su versión de la muerte de Brian Jones y el distanciamiento con la banda. Incluso, Andrés Caicedo entrevistó al primer manager de los Rolling Stones, una tarde de diciembre de 1976, después de un misterioso y peculiar encuentro con Andrew Log Oldham en la ciudad de Bogotá.