Este documento trata sobre un caso en el que un estudiante universitario, Alejandro Pérez, casi fue linchado después de publicar comentarios de odio en Twitter. Aunque los comentarios de Pérez provocaron indignación, la violencia física contra él no estaba justificada. El documento enfatiza que los usuarios de redes sociales son responsables por los comentarios que comparten y deben promover conversaciones respetuosas en lugar de mensajes de odio.