CONDUCCION DEL NIÑO



Seccion xv El Atavio Adecuado.

La vestimenta para la iglesia.

Nadie deshonre el santuario de Dios por un atavío
ostentoso (Joyas de los Testimonios, tomo 2, pág. 202).
Debe enseñarse a todos a ser aseados, limpios y
ordenados en su indumentaria, pero sin dedicarse a los
adornos exteriores que son completamente impropios para
el santuario. No debe haber ostentación de trajes; porque
esto estimula la irreverencia. Con frecuencia la atención
de la gente queda atraída por ésta o aquella hermosa
prenda, y así se infiltran pensamientos que no debieran
tener cabida en el corazón de los adoradores. Dios ha de
ser el tema del pensamiento y el objeto del culto; y
cualquiera cosa que distraiga la mente del servicio
solemne y sagrado le ofende. La ostentación de cintas y
moños, frunces y plumas, y adornos de oro y plata, es una
especie de idolatría, y resulta completamente impropia
para el sagrado servicio de Dios (Id., tomo 2, págs. 201,
202).
Algunos tienen la idea de que a fin de realizar la
separación del mundo que requiere la Palabra de Dios,
deben ser descuidados en su atavío. Hay algunas
hermanas que piensan que están llevando a cabo el
principio de no conformarse con el mundo al usar un
sombrero ordinario y el mismo vestido usado por ellas
durante la semana, el sábado cuando aparecen en la
asamblea de los santos para participar en el culto divino.
Y algunos hombres que profesan [403] ser cristianos
consideran el asunto del vestido de la misma manera.
Estas personas se reúnen con el pueblo de Dios el sábado
432 CONDUCCIÓN DEL NIÑO
con sus vestidos empolvados y sucios y aun con roturas en
la ropa que visten de una manera descuidada.
Estos mismos, si tuvieran una cita con un amigo
honrado por el mundo, de quien desearan obtener un favor
especial, se afanarían para presentarse ante él con el
mejor atavío que les fuera posible; pues ese amigo se
sentiría insultado si ellos llegaran a su presencia con el
cabello despeinado y las ropas sucias y en desorden. Sin
embargo, esas personas piensan que no importa en qué
forma se presenten o en qué condición está su persona
cuando en el día sábado se reúnen para adorar al gran
Dios (Review and Herald, 30-1-1900).
No ha de hacerse del vestido un tema de controversia.
No hay necesidad de hacer del asunto del vestido el
punto principal de vuestra religión. Hay algo más valioso
de lo cual hablar. Hablad de Cristo, y cuando el corazón
está convertido, todo lo que no está en armonía con la
Palabra de Dios, se eliminará (Evangelismo, pág. 202).
Nuestro vestido no nos hace de valor a la vista del
Señor. Lo que vale ante Dios es el adorno interno, las
gracias del Espíritu, las palabras bondadosas, la
consideración atenta hacia otros (Counsels on
Stewardship, pág. 301).
Nadie ha de ser conciencia para otros, pero debe ejercer
un ejemplo digno.
No se debe dar alas a quienes centralizan su religión en
el vestido. Estudie cada uno las claras enseñanzas de las
Escrituras en cuanto a la sencillez y la sobriedad en el
vestido y, mediante la fiel obediencia a esas enseñanzas,
EL ATAVÍO ADECUADO 433
esfuércese por dar un ejemplo digno ante el mundo y los
que son nuevos en la fe. Dios no quiere que nadie sea
conciencia para otros. [404]
Háblese del amor y humildad de Jesús pero no se
anime a los hermanos y hermanas a encontrar fallas en el
vestido o la apariencia de otros. Algunos se deleitan en
esto; y cuando su mente se ocupa en ese sentido,
comienzan a sentir que deben convertirse en remendones
de la iglesia. Suben a la silla del juez y tan pronto como
ven a uno de sus hermanos y hermanas, miran para
encontrar algo que criticar. Esta es una de las formas más
efectivas para volverse estrecho de mente y para
empequeñecer el crecimiento espiritual. Dios quiere que
bajen de la silla del juez pues nunca los ha colocado allí
(Historical Sketches of Seventh-day Adventist Foreign
Mission, págs. 122, 123).
El corazón debe estar bien.
Si somos cristianos, seguiremos a Cristo aunque el
camino que debamos seguir sea opuesto a nuestras
inclinaciones naturales. No vale la pena deciros que no
debéis usar esto o lo otro, pues si el amor de esas cosas
vanas está en vuestro corazón, el desprendernos de
vuestros adornos será tan sólo como cortar el follaje de un
árbol. Las inclinaciones del corazón natural se
manifestarán nuevamente. Debéis estar convencidos en
vuestra conciencia (Review and Herald, 10-5-1892).
Donde muchas denominaciones perdieron su poder.
El razonamiento humano ha tratado siempre de evadir o
de poner a un lado las instrucciones sencillas y directas de
la Palabra de Dios. En todas las épocas, una mayoría de
434 CONDUCCIÓN DEL NIÑO
los profesos seguidores de Cristo ha desatendido esos
preceptos que ordenan la abnegación y la humildad, que
requieren modestia y sencillez de conversación, de
conducta y de indumentaria. El resultado ha sido siempre
el mismo: un apartamiento de las enseñanzas del
Evangelio conduce a la adopción de las modas, las
costumbres y los principios del mundo. La piedad vital
cede su lugar a un formalismo muerto. La presencia y el
[405] poder de Cristo, retirados de esos círculos amadores
del mundo, hallan cabida entre una clase de humildes
adoradores que están dispuestos a obedecer las
enseñanzas de la Santa Palabra. Se ha seguido esta
conducta durante generaciones sucesivas. Se han
levantado, una tras otra, diferentes denominaciones que,
abandonando su sencillez, han perdido, en gran medida,
su poder primitivo (Mensajes para los Jóvenes, pág. 352).
La norma es la Palabra de Dios.
En todos los asuntos de la indumentaria, debemos ser
estrictamente cuidadosos y seguir muy de cerca las reglas
bíblicas. La moda ha sido la diosa que ha regido el
mundo, y con frecuencia se insinúa en la iglesia. La iglesia
debe hacer de la Palabra de Dios su norma y los padres
deben pensar inteligentemente acerca de este asunto.
Cuando ven a sus hijos inclinarse a seguir las modas
mundanas, deben, como Abrahán, ordenar resueltamente
a su casa tras sí. En vez de unirlos con el mundo,
relacionadlos con Dios (Joyas de los Testimonios, tomo 2,
pág. 202).

Vestimenta

  • 1.
    CONDUCCION DEL NIÑO Seccionxv El Atavio Adecuado. La vestimenta para la iglesia. Nadie deshonre el santuario de Dios por un atavío ostentoso (Joyas de los Testimonios, tomo 2, pág. 202). Debe enseñarse a todos a ser aseados, limpios y ordenados en su indumentaria, pero sin dedicarse a los adornos exteriores que son completamente impropios para el santuario. No debe haber ostentación de trajes; porque esto estimula la irreverencia. Con frecuencia la atención de la gente queda atraída por ésta o aquella hermosa prenda, y así se infiltran pensamientos que no debieran tener cabida en el corazón de los adoradores. Dios ha de ser el tema del pensamiento y el objeto del culto; y cualquiera cosa que distraiga la mente del servicio solemne y sagrado le ofende. La ostentación de cintas y moños, frunces y plumas, y adornos de oro y plata, es una especie de idolatría, y resulta completamente impropia para el sagrado servicio de Dios (Id., tomo 2, págs. 201, 202). Algunos tienen la idea de que a fin de realizar la separación del mundo que requiere la Palabra de Dios, deben ser descuidados en su atavío. Hay algunas hermanas que piensan que están llevando a cabo el principio de no conformarse con el mundo al usar un sombrero ordinario y el mismo vestido usado por ellas durante la semana, el sábado cuando aparecen en la asamblea de los santos para participar en el culto divino. Y algunos hombres que profesan [403] ser cristianos consideran el asunto del vestido de la misma manera. Estas personas se reúnen con el pueblo de Dios el sábado 432 CONDUCCIÓN DEL NIÑO con sus vestidos empolvados y sucios y aun con roturas en la ropa que visten de una manera descuidada. Estos mismos, si tuvieran una cita con un amigo honrado por el mundo, de quien desearan obtener un favor especial, se afanarían para presentarse ante él con el mejor atavío que les fuera posible; pues ese amigo se sentiría insultado si ellos llegaran a su presencia con el cabello despeinado y las ropas sucias y en desorden. Sin embargo, esas personas piensan que no importa en qué forma se presenten o en qué condición está su persona cuando en el día sábado se reúnen para adorar al gran Dios (Review and Herald, 30-1-1900). No ha de hacerse del vestido un tema de controversia. No hay necesidad de hacer del asunto del vestido el punto principal de vuestra religión. Hay algo más valioso de lo cual hablar. Hablad de Cristo, y cuando el corazón está convertido, todo lo que no está en armonía con la Palabra de Dios, se eliminará (Evangelismo, pág. 202). Nuestro vestido no nos hace de valor a la vista del Señor. Lo que vale ante Dios es el adorno interno, las gracias del Espíritu, las palabras bondadosas, la consideración atenta hacia otros (Counsels on Stewardship, pág. 301). Nadie ha de ser conciencia para otros, pero debe ejercer un ejemplo digno. No se debe dar alas a quienes centralizan su religión en el vestido. Estudie cada uno las claras enseñanzas de las Escrituras en cuanto a la sencillez y la sobriedad en el
  • 2.
    vestido y, mediantela fiel obediencia a esas enseñanzas, EL ATAVÍO ADECUADO 433 esfuércese por dar un ejemplo digno ante el mundo y los que son nuevos en la fe. Dios no quiere que nadie sea conciencia para otros. [404] Háblese del amor y humildad de Jesús pero no se anime a los hermanos y hermanas a encontrar fallas en el vestido o la apariencia de otros. Algunos se deleitan en esto; y cuando su mente se ocupa en ese sentido, comienzan a sentir que deben convertirse en remendones de la iglesia. Suben a la silla del juez y tan pronto como ven a uno de sus hermanos y hermanas, miran para encontrar algo que criticar. Esta es una de las formas más efectivas para volverse estrecho de mente y para empequeñecer el crecimiento espiritual. Dios quiere que bajen de la silla del juez pues nunca los ha colocado allí (Historical Sketches of Seventh-day Adventist Foreign Mission, págs. 122, 123). El corazón debe estar bien. Si somos cristianos, seguiremos a Cristo aunque el camino que debamos seguir sea opuesto a nuestras inclinaciones naturales. No vale la pena deciros que no debéis usar esto o lo otro, pues si el amor de esas cosas vanas está en vuestro corazón, el desprendernos de vuestros adornos será tan sólo como cortar el follaje de un árbol. Las inclinaciones del corazón natural se manifestarán nuevamente. Debéis estar convencidos en vuestra conciencia (Review and Herald, 10-5-1892). Donde muchas denominaciones perdieron su poder. El razonamiento humano ha tratado siempre de evadir o de poner a un lado las instrucciones sencillas y directas de la Palabra de Dios. En todas las épocas, una mayoría de 434 CONDUCCIÓN DEL NIÑO los profesos seguidores de Cristo ha desatendido esos preceptos que ordenan la abnegación y la humildad, que requieren modestia y sencillez de conversación, de conducta y de indumentaria. El resultado ha sido siempre el mismo: un apartamiento de las enseñanzas del Evangelio conduce a la adopción de las modas, las costumbres y los principios del mundo. La piedad vital cede su lugar a un formalismo muerto. La presencia y el [405] poder de Cristo, retirados de esos círculos amadores del mundo, hallan cabida entre una clase de humildes adoradores que están dispuestos a obedecer las enseñanzas de la Santa Palabra. Se ha seguido esta conducta durante generaciones sucesivas. Se han levantado, una tras otra, diferentes denominaciones que, abandonando su sencillez, han perdido, en gran medida, su poder primitivo (Mensajes para los Jóvenes, pág. 352). La norma es la Palabra de Dios. En todos los asuntos de la indumentaria, debemos ser estrictamente cuidadosos y seguir muy de cerca las reglas bíblicas. La moda ha sido la diosa que ha regido el mundo, y con frecuencia se insinúa en la iglesia. La iglesia debe hacer de la Palabra de Dios su norma y los padres deben pensar inteligentemente acerca de este asunto. Cuando ven a sus hijos inclinarse a seguir las modas mundanas, deben, como Abrahán, ordenar resueltamente a su casa tras sí. En vez de unirlos con el mundo, relacionadlos con Dios (Joyas de los Testimonios, tomo 2, pág. 202).