El autor reflexiona sobre la transformación de París, que solía ser un símbolo de cultura y arte, pero ha sido afectada por el terrorismo y el turismo masivo. La ciudad ha perdido su esencia bohemia y se enfrenta a la realidad del siglo XXI, donde el terror internacional ha ganado terreno. La falta de respuesta adecuada por parte de la sociedad ante estos cambios ha llevado a un debate sobre el control de fronteras y la integración social.