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IDEARIO, OBJETIVOS Y MEDIOS PARA UN PROYECTO DE VIDA SACERDOTAL EN EL
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y en relación a ella" (PDV n.71).
El Directorio ha recogido estos datos indicando las líneas básicas:
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Proponemos, a modo de punto de referencia, esta síntesis de los
documentos (PO, PDV, Directorio):
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La personalidad humana y cristiana se desarrolla armónicamente por la
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ministerio (profético, litúrgico, de dirección y servicio), en la pastoral
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- Poner en práctica y animar las orientaciones del Obispo respecto al
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Proyecto vida-presb

  1. 1. 1 IDEARIO, OBJETIVOS Y MEDIOS PARA UN PROYECTO DE VIDA SACERDOTAL EN EL PRESBITERIO 1. Invitación de "Pastores dabo vobis" y del "Directorio". 2. Ideario: síntesis de PO, PDV, Directorio. 3. Objetivos. 4. Medios y programación. 1. Invitación de "Pastores dabo vobis" y del "Directorio" Siguiendo las indicaciones del Concilio (PO 19; CIC can 279), la exhortación postsinodal y el Directorio han querido recalcar la importancia de la formación permanente, señalando unos caminos de profundización que abarquen toda la vida y todo el ministerio sacerdotal (PDV cap. VI; Directorio cap. III). Todos los temas sacerdotales, también la formación permanente, deben analizarse a la luz de la caridad del Buen Pastor. "Alma y forma de la formación permanente del sacerdote es la caridad pastoral" (PDV 70). Esta formación ha de entenderse como "opción consciente y libre que impulse el dinamismo de la caridad pastoral y del Espíritu Santo. En este sentido la formación permanente es una exigencia intrínseca del don del ministerio sacramental recibido, que es necesaria en todo tiempo, pero hoy lo es particularmente urgente... por la 'nueva evangelización'" (ibídem). El capítulo final de PDV, si se lee en el contexto de todo el documento, es la parte que compromete más. Porque no se trata sólo de organizar unos cursos para ponerse al día, sino de estructurar toda la vida del Presbiterio, de suerte que el sacerdote encuentre los medios necesarios para vivir su identidad sacerdotal con todas las exigencias de "vida apostólica" en el Presbiterio de la Iglesia particular. Si es verdad que hay que elaborar "programas capaces de sostener... el ministerio y vida sacerdotal" (PDV n.3), entonces habrá que "programar y llevar a cabo un plan de formación permanente, que responda de modo adecuado a la grandeza del don de Dios y a la gravedad y exigencias de nuestro tiempo" (PDV n.78). En este campo "es fundamental la responsabilidad del Obispo y, con él, la del Presbiterio" (PDV n.79). Las estructuras del Presbiterio deben orientarse a una puesta en práctica de las orientaciones conciliares y postconciliares. El documento postsinodal compromete a todos. "Esta responsabilidad lleva al Obispo, en comunión con el Presbiterio, a hacer un proyecto y establecer un programa, capaces de estructurar la formación permanente no como un mero episodio, sino como una propuesta sistemática de contenidos, que se desarrolla por etapas y tiene modalidades precisas" (PDV n.79). Los números 80-81 de "Pastores dabo vobis" indican unas pautas generales sobre los momentos, las formas y los medios de la formación sacerdotal permanente en el sentido indicado de proyecto global de vida. Se podrán indicar pautas para los cuatro niveles: humano, espiritual, intelectual (nn.71-72). Pero debe quedar claro que se trata de toda la vida sacerdotal en el Presbiterio. La formación permanente tiene esta finalidad: "Debe ser más bien el mantener vivo un proceso general e integral de continua maduración, mediante la profundización, tanto de los diversos aspectos de la formación -humana, espiritual, intelectual y pastoral-, como de su específica orientación vital e íntima, a partir de la caridad pastoral
  2. 2. 2 y en relación a ella" (PDV n.71). El Directorio ha recogido estos datos indicando las líneas básicas: principios y niveles de formación permanente (humana, espiritual, intelectual, pastoral), organización y medios, responsables, necesidades y situaciones especiales (cap. III). No deja de señalar la necesidad de una programación. "La existencia de un plan de formación permanente significa que éste sea no sólo concebido o programado, sino realizado" (Directorio n.86). Las pautas de este "proyecto" no serán nuevas obligaciones, sino indicaciones que recojan todo lo contenido en el concilio y postconcilio, para que el sacerdote pueda "desempeñar su función en el espíritu y según el estilo de vida de Jesús Buen Pastor" (PDV n.73). Es la respuesta a "un sígueme que acompaña toda la vida" (PDV n.70). Para que estas indicaciones sean realidad práctica, es necesario que el plan o proyecto de formación permanente se concrete a nivel personal, grupal (por ejemplo, en el decanato en asociaciones) y diocesano (en el Presbiterio). Las pautas concretas que el Directorio ofrece para el proyecto de vida personal, pueden servir para los demás niveles comunitarios (cf. nn.76 y 86). Si el proyecto llega a ser realidad en el Presbiterio, entonces los sacerdotes y futuros sacerdotes podrán encontrar una gran ayuda para vivir su sacerdocio generosamente al servicio de la comunidad eclesial: "el Presbiterio es el lugar privilegiado en donde el sacerdote debiera poder encontrar los medios específicos de santificación y de evangelización" (Directorio n.27). 2. Ideario: síntesis de PO, PDV, Directorio Se trata de presentar un "proyecto" o "propuesta", un "itinerario" y "programa" formativo, que abarque toda la vida desde el despertar de la vocación (PDV 2-3; cf. n.79). La figura sacerdotal delineada debe ser clara, sin dejar espacio para las dudas, aunque siempre habrá lugar para la aplicación de nuevas gracias en las nuevas situaciones. Se necesita "dirigir a las nuevas generaciones una nítida y valiente propuesta vocacional" (PDV 2) y trazar unos "programas capaces de sostener el ministerio y la vida sacerdotal" (PDV n.3). Esta "propuesta" es el deseo y "la voz de las Iglesias particulares" corroborada por el Papa y dirigida a los sacerdotes como de corazón a corazón (PDV 4). El ser sacerdotal, su obrar y su vivencia, deben aparecer como participación en el ser, en el obrar y en la vivencia de Cristo Buen Pastor. De este modo se conseguirá "motivar y apoyar a todos los ministros ordenados para una formación permanente estructurada conforme a las orientaciones del magisterio pontificio" (Santo Domingo 73). El ideario de un proyecto de vida sacerdotal puede redactarse fácilmente, seleccionando las ideas básicas, teniendo en cuenta las preferencias y situaciones locales. Podrían recordarse estos elementos fundamentales: A) configuración con Cristo o consagración como participación en su ser sacerdotal, B) misión como prolongación del actuar salvífico de Cristo a nivel local y universal, C) comunión eclesial que se concreta en diversos niveles y especialmente en el Presbiterio, D) vivencia o espiritualidad propia de quien comparte la misma vida de Cristo.
  3. 3. 3 Proponemos, a modo de punto de referencia, esta síntesis de los documentos (PO, PDV, Directorio): A) Configuración con Cristo o consagración: PO 1-3: participar del sacerdocio de Cristo Cabeza y Pastor. PDV cap. II: configuración (n. 20-22) con Cristo Sacerdote, Cabeza, Pastor, Siervo (n.48), Esposo (n.22). Consagración por el Espíritu Santo:PDV 1, 10, 27, 33, 69. Can.1008. Directorio: Identidad: cap. I (dimensiones). B) Misión sacerdotal: PO 4-6: equilibrio de ministerios. PDV cap. II: la misma misión de Cristo (prolongarle). Can. 259. 273- 275. Directorio: ministerios: cap. II, nn.45-56 Misión universal: PO 10-11; PDV 2, 4, 14, 16-18, 23. 31-32, 59, 74-75, 82. Directorio 14-15. C) Comunión: En la "Iglesia misterio, comunión, misión": PDV 12, 16, 59, 73. Directorio: 20-33. "Sucesión apostólica": PDV 4-5, 15-16, 22, 24, 42, 46, 60. Con el Papa: PDV 16, 18, 28. Directorio 22. Con el Obispo: PO 7; PDV 31, 74, etc. (ChD 15-16,28; can. 273, 275, 384. Directorio 22, 62. En el Presbiterio: PO 8; PDV 31, 74-80, etc. LG 28; ChD 28; can. 245; Puebla 663. Directorio 25-28. Con la comunidad eclesial: PO 9; PDV 12, 14, 17-18, 31, 66 Vida comunitaria: PO 8; PDV 17, 29, 44, 50, 74-81. Can. 278, 280. Directorio 28-29. Como "diocesano": PO 8; PDV 17, 31-32. 68, 74. Directorio 26. D) Santidad y espiritualidad en el ejercicio del ministerio: PO 12-14: "instrumentos vivos de Cristo Sacerdote", "en el ministerio", "unidad de vida", "ascesis del pastor de almas". PDV III: "Vida según el Espíritu", santidad "específica"... Caridad pastoral: 15, 19-24, 27-33, 41, 48-49, 57, 65, 70ss En los ministerios: 23-25, 72.
  4. 4. 4 Santidad en el ministerio: Directorio cap. II. Virtudes del Buen Pastor: PO 15-17:Humildad, obediencia (can. 245, 273, 275), castidad (can. 247-248, 277): "signo y estímulo de la caridad". Pobreza (can. 282, 287) PDV:Consejos Evangélicos (27-30), "sequela Christi" (8-10, 13, 20, 30, 34, 36, 40, 60, 63-66, 70, 71, 81-82), dimensiones de la obediencia (28), virginidad (22, 29, 44, 50), pobreza (30). Directorio 57-67. La "identidad" (la propia razón de ser) no se presenta como duda, sino como profundización en los aspectos evangélicos de: llamada, encuentro, seguimiento, fraternidad eclesial y misión. Para formar "signos personales del Buen Pastor", hay que partir de la configuración con el ser sacerdotal de Cristo, que capacita para prolongar su misma misión y que hace posible y urge a vivir su mismo estilo de vida. La configuración con Cristo, en cuanto al ser, al obrar y a la vivencia, es una acción permanente del Espíritu Santo, como consecuencia de la "consagración" obrada por medio del sacramento del Orden. En esta base teológica se apoya la exhortación postsinodal para pasar a la descripción de la figura del sacerdote que hay que delinear y construir para servir a la Iglesia y al mundo de hoy. El concilio Vaticano II ha trazado la fisonomía sacerdotal de hoy, que encuentra en el rostro de Cristo el modelo acabado que hay que imitar y actualizar en cada época. "Presbyterorum Ordinis", respecto al sacerdote, y "Optatam totius", respecto a la formación inicial, habían dejado una pauta de trabajo. La fisonomía sacerdotal de hoy es una tarea inacabada, es decir, es una tarea de todos los días. El hecho de ser signo de Cristo Sacerdote y buen Pastor, y de participar en la "consagración y misión" del Señor, hace que el sacerdote pueda obrar "en nombre de Cristo Cabeza" (PO 2) y prologarle en su Palabra, sacrificio, acción salvífica y pastoral (PO 4-6). Ahora bien, esta realidad del ser y del obrar sacerdotal, comporta una exigencia de "espiritualidad" o de "santidad", al estilo de vida del buen Pastor (PO 7ss). La situación actual de la sociedad (PDV cap. I) hace recordar que el sacerdote es un hombre "tomado de entre los hombres" (Heb. 5,1). En medio de nuevas dificultades y nuevas posibilidades, el Señor sigue llamando a personas que deben ser formadas para estas circunstancias. La naturaleza y misión del sacerdote, es decir su identidad (cap. II), se presenta a partir de la consagración y misión de Cristo comunicadas al sacerdote ministro: "Me ha ungido y me ha enviado" (Lc 4,18). El sacerdote queda configurado con Cristo Sacerdote y Buen Pastor, para prolongarle en la Iglesia. La espiritualidad o vida espiritual del sacerdote (cap. III) se explica como vida en el Espíritu: "El Espíritu del Señor sobre mí" (Lc 4,18). Es el mismo estilo de vida del Buen Pastor y del "seguimiento evangélico" de los Doce. La persona de Jesús es el punto de referencia para comprender el
  5. 5. 5 sentido de la vida y del ministerio sacerdotal. La consagración y misión de Jesús hacen ver su realidad de Sacerdote y Víctima, Cabeza, Pastor, Siervo y Esposo. Todos estos títulos se van repitiendo en el documento postsinodal (y en PO), aunque son más numerosas las frases que hablan de "Cabeza y Pastor". En las explicaciones, prevalece el tono de "Pastor" (caridad pastoral), "Siervo" (autoridad de servicio), "Esposo" (donación de amor esponsal a la Iglesia). "La referencia a Cristo es, pues, la clave absolutamente necesaria para la comprensión de las realidades sacerdotales" (PDV 12). La "representación sacramental de Jesucristo Cabeza y Pastor" (PDV 15), arranca del hecho de participar en su ser o consagración, para prolongar su misma misión (Lc 4,18-19; Is 61,1-2). En quien ha recibido la imposición de manos por el sacramento del Orden, hay una acción permanente del Espíritu Santo que modela el ser, el obrar y el estilo de vida: "Nuestra fe nos revela la presencia operante del Espíritu de Cristo en nuestro ser, en nuestro actuar y en nuestro vivir" (PDV 33). Esta "representación sacramental" de Cristo se puede calificar también de "personificación", puesto que el sacerdote, por ser "instrumento vivo de Cristo Sacerdote", "personifica de modo específico al mismo Cristo" (PDV 20, citando a PO 12). La expresión "imagen viva" se va repitiendo, en referencia a Cristo Esposo (PDV 22), Cabeza y Pastor (PDV 42). La representación de Cristo es precisamente en vistas al servicio eclesial. Es una inserción peculiar "en" la Iglesia y, al mismo tiempo, "al frente" de la Iglesia: "El sacerdote, en cuanto que representa a Cristo Cabeza, Pastor y Esposo de la Iglesia, se sitúa no sólo en la Iglesia, sino también al frente de la Iglesia" (PDV 16, citando la "proposición" 7). Esta representación de "autoridad", como configuración con Cristo "Cabeza", tiene el sentido de servicio, a imitación de "Cristo Siervo": "Jesucristo es Cabeza de la Iglesia su Cuerpo. Es 'Cabeza' en el sentido nuevo y original de ser 'Siervo', según sus mismas palabras... (Mc 10,45)" (PDV 21). Es la línea de servicio acentuada por el Vaticano II: "Son promovidos para servir a Cristo Maestro, Sacerdote y Rey" (PO 1; cfr. LG 24). La figura del sacerdote queda descrita en una "eclesiología de comunión", que "resulta decisiva para descubrir la identidad del presbítero, su dignidad original, su vocación y su misión en el Pueblo de Dios y en el mundo" (PDV 12). El sacerdote es el servidor de la Iglesia misterio, comunión y misión. No se trata de la Iglesia en abstracto, sino en cuanto "signo" o "sacramento", es decir, "esencialmente relacionada con Jesucristo" (ibídem). La Iglesia, como "misterio", es un conjunto de signos de la presencia activa de Cristo resucitado. "Es en el misterio de la Iglesia, como misterio de comunión trinitaria en tensión misionera, donde se manifiesta toda identidad cristiana, y por tanto también la identidad específica del sacerdote y de su ministerio. En efecto, el presbítero, en virtud de la consagración que recibe con el sacramento del Orden, es enviado por el Padre, por medio de Jesucristo, con el cual, como Cabeza y Pastor de su pueblo, se configura de un modo especial, para vivir y actuar con la fuerza del Espíritu Santo al servicio de la Iglesia y por la salvación del mundo" (ibídem). Es, pues, un "misterio de comunión" que se expresa en la "misión" del anuncio, celebración y comunicación de la persona y del mensaje de Jesús a todos los hombres.
  6. 6. 6 La Iglesia necesita presentar "modelos creíbles" (PDV 8), "sacerdotes formados que sean ministros convencidos y fervorosos de la 'nueva evangelización', servidores fieles y generosos de Jesucristo y de los hombres" (PDV 10). Se siente la "absoluta necesidad de que la nueva evangelización tenga en los sacerdotes sus primeros 'nuevos evangelizadores'" (PDV 2). "Hemos recibido 'la fuerza del Espíritu Santo' (cf. Hech 1,6) para ser testigos de Cristo e instrumentos de vida nueva" (Santo Domingo 67). "Juan Pablo II nos ha recordado que la Iglesia necesita presentar modelos creíbles de sacerdotes que sean ministros convencidos y fervorosos de la Nueva Evangelización" (ibídem, 72; cf. PDV n.8 y cap. 6). El sacerdote está llamado a ser "transparencia" de Cristo. "Por tanto, los presbíteros son llamados a prolongar la presencia de Cristo, único y supremo Pastor, siguiendo su estilo de vida y siendo como una transparencia de el en medio del rebaño que les ha sido confiado" (PDV 15). El decreto conciliar sobre el sacerdote había señalado unas líneas de fuerza: comunión (PO 7-9), misión (PO 10-11), santificación al estilo del Buen Pastor (PO 12- 17). Concretamente se pueden subrayar tres afirmaciones clave: ser "instrumentos vivos de Cristo Sacerdote" (PO 12), "ascesis propia del pastor de almas" (caridad pastoral) (PO 13), "conseguirán la santidad ejerciendo sincera e incansablemente sus ministerios en el Espíritu de Cristo" (PO 13). Es siempre la caridad pastoral que se expresa concretamente en las virtudes del Buen Pastor (humildad, obediencia, castidad, pobreza) (PO 15-17), y que necesita la puesta en práctica de unos medios comunes y particulares (PO 18ss). "El Buen Pastor conoce sus ovejas y es conocido por ellas (cf. Jn 10,14). servidores de la comunión, queremos velar por nuestras comunidades con entrega generosa, siendo modelos para el rebaño (cf. 1Pe 5,1-5). Queremos que nuestro servicio humilde haga sentir a todos que hacemos presente a Cristo Cabeza, Buen Pastor y Esposo de la Iglesia" (Santo Domingo 74; cf. PDV 10). 3. Objetivos Se podrían delinear los objetivos del proyecto de vdia sacerdotal, teniendo en cuenta las pistas de los cuatro niveles de formación permanente: - humano: compartir, convivencia, amistad, colaboración, descanso, salud... - espiritual: oración, seguimiento evangélico, virtudes... - intelectual: estudio, actualización, profundización... - pastoral: ministerio, disponibilidad, dedicación, conocimiento de la realidad, evaluación, compromisos... Si se habla de formación humana (PDV 72, 43-44; Directorio 75), es para desarrollar la personalidad (con sus criterios, valores y actitudes) como "imagen viva" de Cristo. "En el trato con los demás hombres y en la vida de cada día, el sacerdote debe acrecentar y profundizar aquella sensibilidad humana que le permite comprender las necesidades y acoger los ruegos, intuir las preguntas no expresadas, compartir las esperanzas... Sobre todo conociendo y compartiendo, es decir, haciendo propia, la experiencia humana del dolor... el sacerdote enriquece su propia humanidad y la hace más auténtica y transparente, en un creciente y apasionado amor al hombre" (PDV 72)
  7. 7. 7 La personalidad humana y cristiana se desarrolla armónicamente por la capacidad de pensar (criterios), valorar (escala de valores), amar (actitudes de donación), obrar, conocerse, compartir, convivir, colaborar, a la luz de las bienaventuranzas y del mandato del amor. "Mucho ayudan para conseguir esto las virtudes que con razón se aprecian en el trato social, como son la bondad de corazón, la sinceridad, la fortaleza de alma y la constancia, la asidua preocupación de la justicia, la urbanidad y otras cualidades que recomienda el Apóstol Pablo cuando escribe 'Pensad en cuánto hay de verdadero, de puro, de justo, de santo, de amable, de laudable, de virtuoso, de digno de alabanza' (Fil., 4,8)" (PO 3). La formación espiritual (PDV 72, 45-50; Directorio 76) es ciertamente el "centro vital que unifica su ser sacerdote y su ejercer el sacerdocio" (PDV 45), pero precisamente por ello reclama los otros niveles de formación. Esta formación apunta a una relación profunda con Cristo (aspecto contemplativo), que se hace seguimiento (opción fundamental) y misión. "La formación del presbítero en su dimensión espiritual es una exigencia de la vida nueva y evangélica a la que ha sido llamado de manera específica por el Espíritu Santo infundido en el sacramento del Orden. El Espíritu, consagrando al sacerdote y configurándolo con Jesucristo Cabeza y Pastor, crea una relación que, en el ser mismo del sacerdote, requiere ser asimilada y vivida de manera personal, esto es, consciente y libre, mediante una comunión de vida y de amor cada vez más rica, y una participación cada vez más amplia y radical de los sentimientos y actitudes de Jesucristo. En esta relación entre el Señor Jesús y el sacerdote -relación ontológica y psicológica, sacramental y moral- está el fundamento y a la vez la fuerza para aquella 'vida según el Espíritu' y para aquel 'radicalismo evangélico' al que está llamado todo sacerdote y que se ve favorecido por la formación permanente en su aspecto espiritual... 'Si así lo hacemos, tendremos la fuerza para engendrar a Cristo en nosotros y en los demás'... también se necesita, y de modo especial, reanimar la búsqueda continuada de un verdadero encuentro personal con Jesús, de un coloquio confiado con el Padre, de una profunda experiencia del Espíritu" (PDV 72) La formación intelectual (PDV 72, 51-56; Directorio 77) es "base de la entrega personal total a Jesús y a la Iglesia" (PDV 52) y "opera una relación personal del creyente con Jesucristo" (PDV 53). Hay que aprender a estudiar, renovándose continuamente, para responder a los nuevos problemas que surgen en la Iglesia y en la sociedad. "El sacerdote... está llamado a revelar a los hombres el rostro de Dios en Jesucristo, y, por ello, el verdadero rostro del hombre. Pero esto exige que el mismo sacerdote busque este rostro y lo complete con veneración y amor (cf. Sal 26,8; 41,2)" (PDV 72) La formación pastoral (PDV 72, 57-59; Directorio 78) tiene también una prioridad, puesto que se trata de formar pastores, en sintonía con los "sentimientos de Cristo Buen Pastor" (PDV 57; cf. Fil 2,5), a la luz de la palabra contemplada y estudiada, a la luz de la celebración de los misterios y para construir la comunidad en la caridad (PDV 57; cf. OT 4). La formación pastoral debe abarcar todos los niveles: profético, litúrgico, hodegético (di animación y dirección). "El aspecto pastoral de la formación permanente... Para vivir según la gracia recibida, es necesario que el sacerdote esté cada vez más abierto a acoger la caridad pastoral de Jesucristo, que le confirió su Espíritu Santo con el sacramento recibido. Así como toda la actividad del Señor ha sido fruto y signo de la caridad
  8. 8. 8 pastoral, de la misma manera debe ser también para la actividad ministerial del sacerdote. La caridad pastoral es un don y un deber, una gracia y una responsabilidad, a la que es preciso ser fieles, es decir, hay que asumirla y vivir su dinamismo hasta las exigencias más radicales" (PDV 72). Estos cuatro aspectos se relacionan estrechamente haciendo que la persona del sacerdote se sienta, a la luz de la fe, plenamente realizado. "El camino hacia la madurez no requiere sólo que el sacerdote continúe profundizando los diversos aspectos de su formación, sino que exige también, y sobre todo, que sepa integrar cada vez más armónicamente estos mismos aspectos entre sí, alcanzando progresivamente la unidad interior, que la caridad pastoral garantiza" (PDV 72). Los cuatro aspectos indican el camino de una formación permanente "sistemática" y "personalizada" (Directorio 79- 80). 4. Medios y programación La programación concreta del ideario y de los objetivos, no puede olvidar los medios e incluso las etapas a seguir. Será difícil presentar una lista armónica de esos medios, tal distribuidos por niveles o etapas. Intentamos dar unas indicaciones útiles. Se trata de medios relacionados esencialmente con los ministerios. Por esto, pueden verse en un doble nivel: personal y ministerial; Contemplar la Palabra para predicarla: estudio y relación personal con Cristo. Celebración y adoración de la Eucaristía para vivirla y ayudar a vivirla. Fraternidad y comunión vivida y construida: vida comunitaria, asociaciones, revisión de vida en grupo... La oración de Cristo en nombre de la comundad y por ella (Liturgia de las Horas). La conversión vivida y anunciada : retiros, Ejercicios, sacramento de la reconciliación, consejo y dirección espiritual... Como María y con ella: Fiat, Magnificat, Stabat. Caná, Cruz, Cenáculo. Gal 4,19. Estos medios pueden distribuirse según diversos niveles de vida personal, comuntiaria, pastoral: - vida personal: contemplativa (oración, celebración litúrgica, estudio), de seguimiento (entrega, renuncias, virtudes evangélicas, medios concretos), de misión (disponibilidad, preparación, dedicación...) - vida comunitaria: arciprestazgo (decanato, zona, vicaría), revisión de vida, convivencia, amistad, solidariedad, ayuda mutua, dirección espiritual, asociaciaciones, instituciones...
  9. 9. 9 - vida pastoral (equipo apostólico, pastoral de conjunto en el campo profético-litúrgico-caritativo...), etc. Los documentos conciliares y postconciliares invitan a vida fraterna y comunitaria (PDV 17, 29, 44, 50, 60, 73-74, 76-77, 81 (cf. PO 8; Can. 278, 280; Directorio 28-29). Tanto para el seguimiento evangélico como para la vida comunitaria, los sacerdotes que forman parte del mismo Presbiterio pueden encontrar diversas posibilidades: iniciativa privada (grupos, equipos, "cenáculos"), equipo de trabajo pastoral y vida espiritual (v.g. arciprestazgos o decanatos), asociaciones sacerdotales, asociaciones de vida apostólica, Institutos seculares, Instituciones religiosas, etc. (PDV 81, 31, 74). En cuanto a las "asociaciones" sacerdotales, hay que recordar que la "Unión Apostólica" es un servicio de intercambio de experiencias de "vida apostólica" en el Presbiterio, a partir de la iniciativa de los mismos grupos o equipos de nivel territorial (pastoral) o de amistad (revisión de vida, etc.), y siempre en dependencia espiritual y pastoral respecto al carisma episcopal. A nivel de Presbiterio: La vida comunitaria, según diversas posibilidades, es esencial para la vida sacerdotal ("vida apostólica") en el Presbiterio. Este debe ser siempre "una verdadera familia", que "se concreta en las formas más variadas de ayuda mutua, no sólo espirituales, sino también materiales". Y aunque esta fraternidad "no excluye a nadie", no obstante "puede y debe tener sus preferencias" o modalidades (PDV 74). Siempre es posible "la vida común o fraterna entre los sacerdotes" o, como dice el concilio, "alguna manera de vida común" o de tipo asociativo (PO 8). "Hay que recordar las diversas formas de vida común entre los sacerdotes, siempre presentes en la historia de la Iglesia, aunque con modalidades y compromisos diferentes" (PDV 81; cfr. ChD 28; LG 28; PO 7-8; Directorio 29, 82, 88). "El Presbiterio es el lugar privilegiado en donde el sacerdote debiera poder encontrar los medios específicos de santificación y de evangelización" (Directorio n.27). La programación prestará atención a los medios concretos de: - potenciación humana: conocerse, convivir, cooperar, madurez afectiva, descanso, ayuda económica (solidaridad, compartir) - relación personal con Cristo: oración-contemplación de la Palabra, celebración litúrgica, vivencia gozosa y de "unidad de vida" en la acción (PO 13-14) - seguimiento evangélico: virtudes evangélicas ("consejos") a partir de la caridad pastoral - vida fraterna y comunitaria ("forma comunitaria" PDV 17): en grupo geográfico, grupo funcional, grupo de amistad, de asociación etc., en el arciprestazgo (vicaría, decanato), con el Presbiterio en general, con la comunidad eclesial, dinámica interna (encontrarse, compartir, ayudarse) - potenciación intelectual: para responder a las cuestiones actuales (culturales, sociológicas...) y especialmente a las nuevas gracias que el Espíritu Santo comunica a la Iglesia. Profundizar los documentos magisteriales. - acción y disponibilidad misionera local y universal: en cada
  10. 10. 10 ministerio (profético, litúrgico, de dirección y servicio), en la pastoral de conjunto, en la misión "ad gentes" y ayuda entre Iglesias hermanas. Entre estos medios o "momentos privilegiados", "hay que recordar también los encuentros del Obispo con su Presbiterio", que pueden ser litúrgicos, pastorales, culturales, etc. Existen también "encuentros de espiritualidad sacerdotal": encuentros de espiritualidad, retiros, Ejercicios... Y hay también "encuentros de estudio y de reflexión común", para conseguir una síntesis entre espiritualidad, cultura y acción pastoral, y poder responder "a los nuevos retos de la historia y a las nuevas llamadas que el Espíritu dirige a la Iglesia" (PDV 80). Realizar esta espiritualidad en la vida cotidiana presupone una formación inicial y permanente que no olvide ni infravalore los medios concretos. Como punto de referencia, podemos recordar los textos conciliares y postconciliares que presentan medios concretos de vida y ministerio sacerdotal: medios comunes y peculiares (además de los ministerios), Eucaristía celebrada y adorada, oración-contemplación de la Palabra, reconciliación, liturgia de las horas, devoción mariana, sacrificio, dirección espiritual, estudio, retiros y Ejercicios, formación en todos los niveles (humano, espiritual, intelectual, pastoral), asociaciones, etc. (cf. PO 18-21; PDV cap. V y VI; Directorio 39, 45-54, 68, 76, 81-86; CIC can. 246, 255, 276, 280, 533, 545, 548, 550). Cada medio concreto debe ser motivado, para evitar rutinas y formulismos. Los medios de vida personal acentúan la propia responsabilidad e iniciativa en actitud relacional con Cristo. Los medios comunitarios detallan tres posibilidades; encontrarse (por geografía, función, amistad, carisma); compartir (por revisión de vida, compartir el Evangelio...); ayudarse (perseverancia y generosidad en la vocación, pastoral, estudio, problemas personales). Los medios que miran más al ministerio con para reforzar la actuación en el campo profético, litúrgico y diaconal o de servicios. No puede olvidarse la centralidad de la Eucaristía para la vida espiritual y pastoral. La vida sacerdotal se hace oblación "sacrificial" por la "caridad pastoral", que es "principio interior y dinámico capaz de unificar las múltiples actividades del sacerdote" (PDV n.23). En esta línea sacrificial de una vida de donación, la Eucaristía reencuentra su centralidad: "El lugar verdaderamente central, tanto de su ministerio como de su vida espiritual, es la Eucaristía" (PDV n.26; cf. nn. 23, 38, 46, 48; PO 5; Directorio 48-50). El proyecto del Presbiterio debe ser personalizado a modo de poyecto personal o en grupo (especialmente en la vida espiritual), que podría tener estas líneas: - Dedicar diariamente un tiempo determinado a la meditación de la Palabra, - Reservar diariamente un momento de visita a Jesús en la Eucaristía, - Tener periódicamente un encuentro fraterno con otros sacerdotes para ayudarse mutuamente (reunirse para orar, compartir, ayudarse),
  11. 11. 11 - Poner en práctica y animar las orientaciones del Obispo respecto al Presbiterio (proyecto de vida o directorio, formación permanente, pastoral sacerdotal...), - Recitar diariamente una oración mariana para la fidelidad a estos compromisos. Analógicamente y ampliándolo a todos los niveles (humano, espiritual, intelectual, pastoral), podría hacerse el proyecto en grupo apostólico (vicaría, decanato, arciprestazgo) o en la "asociación", etc. (según programas particulares, reglamentos, estatutos, etc.). ------------------- Orientación bibliográfica sobre la formación permanente: J.M. ARANCIBIA, C.M. GALLI, Formación sacerdotal permanente: nuestro camino reciente: Criterio (1992) 655-663. E. BORDA, La formazione pastorale dei sacerdoti nell'esortazione apostolica "Pastores dabo vobis": Annales Theologici 6 (1992) 289-318. CELAM, Las dimensiones de la formación sacerdotal (Bogotá, 1990). (Conferencia Episcopal Colombiana) Formación sacerdotal permanente (Bogotá 1978 y 1990). M. MACIEL, La formación integral del sacerdote (Madrid, BAC 1990). J. de J. MARTINEZ CEPEDA La educación permanente en la Iglesia local (Mexico, Com. Episc. Clero 1982). L. RUBIO, La formación sacerdotal de los sacerdotes en la situación actual (Salamanca, Sígueme 1991).

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