La virgen de caacupé
Upcoming SlideShare
Loading in...5
×
 

Like this? Share it with your network

Share

La virgen de caacupé

el

  • 423 reproducciones

 

Estadísticas

reproducciones

reproducciones totales
423
reproducciones en SlideShare
419
reproducciones incrustadas
4

Actions

Me gusta
0
Descargas
0
Comentarios
0

1 insertado 4

http://introtic2011.blogspot.com 4

Accesibilidad

Categorias

Detalles de carga

Uploaded via as Microsoft PowerPoint

Derechos de uso

© Todos los derechos reservados

Report content

Marcada como inapropiada Marcar como inapropiada
Marcar como inapropiada

Seleccione la razón para marcar esta presentación como inapropiada.

Cancelar
  • Full Name Full Name Comment goes here.
    ¿Está seguro?
    Tu mensaje aparecerá aquí
    Processing...
Publicar comentario
Edite su comentario

La virgen de caacupé Presentation Transcript

  • 1. La Virgen de Caacupé
  • 2. Leyenda
    En el pueblo de Caacupé, fundado hacia el 1600, vivía un escultor guaraní de nombre desconocido. Había sido convertido al cristianismo por los misioneros jesuitas Era un indio guaraní, converso de la misión franciscana de Tobatí, En una ocasión, al volver de las selvas del Valle Ytú con un gran trozo de madera de muy buena calidad, dijo que se había encontrado involuntariamente ante indios de la tribu mbayá (tribu que había decidido pelear contra la colonización española y portuguesa), a los que consideraba muy peligrosos. Dijo haberle prometido a la Virgen María que si los mbayás no lo atrapaban, esculpiría una imagen de ella y la veneraria. Entonces dijo que se le apareció la propia Virgen María en persona, que le gritó en guaraní: ¡Caaguý cupe-pé!, que significa ‘¡[vete] detrás de los arbustos de yerba mate!’ (Planta muy usuada como infusión en Paraguay, y que es uno de los principales productos que exporta el país). El indio corrió, y encontró un grueso tronco tras el cual se escondió. En ese momento prometió que con la madera del árbol protector tallaría la imagen de la Virgen, si es que llega a salir con vida del trance. Efectivamente los mbayás siguieron de largo sin advertir su presencia, y el indio, agradecido, en cuanto pudo regresar, tomó del árbol la madera que necesitaba para esculpir la estatua de madera.
    El tronco le alcanzó para esculpir dos estatuas; la mayor fue destinada a la Iglesia de Tobatí y la más pequeña la conservó el indio en su poder, para su devoción personal.
  • 3. Segunda parte de la leyenda
    Los misioneros jesuitas decían que en el sitio preciso de la aparición había brotado agua milagrosa, y que esa agua había ayudado a los guaraníes a sobrevivir el calor del verano.
    Años después, la gran inundación que creó el lago de Ypacaraý amenazaba a destruir los poblados cercanos. Los frailes franciscanos, acompañados de los habitantes de la región, organizaron rogativas pidiendo la tranquilidad de las aguas. El padre Luis de Bolaños bendijo las aguas y —como cada año— éstas retrocedieron hasta sus límites actuales. Pero en esta ocasión apareció flotando la imagen de la Virgen, que los misioneros dijeron que era la de la misión de Tobatí, la misma que el indio desconocido tallara años atrás. Desde entonces el pueblo la llamó la Virgen de los Milagros.
    El indio desconocido se había instalado con su familia en ese sitio. Construyó un humilde oratorio, que como un imán atrajo a los supersticiosos pobladores de su entorno, constituyéndose un poblado conocido primeramente como Los Ytuenses.
    En el año 1765, la zona ya era conocida como el valle de Caacupé, costumbre que iba arraigándose, por el significado de Caacupé, (en castellano "detrás del monte"). El fervor iba creciendo, construyéndose un templo más amplio, y terminada el 4 de abril de 1770, durante la gobernación del Capitán General de Granaderos Carlos Murphy (Charles Murphy), irlandés al servicio del Rey Carlos III de España; a quien también le cupo la tarea de la expulsión de los jesuitas del Paraguay.
    El 4 de abril de 1770, se toma como referencia la fundación de Caacupé
  • 4. Descripción de los simbolismos de la imagen
    Los tres círculos de estrellas, como enseña la Iglesia, representa a María "virgen antes, durante y después del parto".
    Su rostro moreno (cruza entre la raza indígena guaranï y la raza blanca europea) es típico de la mujer paraguaya. En berazategui, el rostro es inspirado e idealizando el de una muchacha de esa localidad.
    La mirada maternal de la virgen, cuida a sus hijos. En Berazategui, La imagen de cualquier lado que se la observe, se dirige a cada uno de sus fieles.
    La estrella brillante de la corona recuerda a María “Estrella de la mañana”: anuncia que la noche termina y amanece un nuevo día.
    El pelo largo que cae por la espalda es propio de la mujer aborigen.
    Ella viste una lujosa túnica blanca y lleva sobre sus hombros un exquisito manto azul celeste.
    El manto está adornado con figuras de la flor originaria de las zonas tropicales: “pasiflora”. Los aborígenes, en sus migraciones, reconocían la fertilidad de la tierra por la presencia de esta flor.
    La imagen de la Virgen está de pie, pisando una serpiente, sobre el globo terráqueo azul con tres estrellas doradas, y la cinta con los colores de la bandera paraguaya. El simbolismo es múltiple:
    Por un lado, María vence a la maldad (la serpiente: figura mítica del mal que amenaza a la humanidad), y supera los ídolos paganos (las tres estrellas).
    Por otro lado, la cinta representa a María protegiendo al pueblo paraguayo.
  • 5. El pozo de la Virgen (TupasyYcuá)
    Hablar del Pozo de la Virgen es hablar del antiguo Ycuá Rivas, que paulatinamente fue convirtiéndose en famoso centro de atracción para creyentes y no creyentes ya en los años de la Guerra Grande, gracias a hechos y comentarios de ropaje milagroso acaecidos en él y su entorno; la creencia popular desparramaba fervorosamente esos comentarios a lo largo y ancho de la geografía nacional. El relato de los hechos cautivaba la imaginación y la esperanza de un pueblo, diezmado y desesperanzado, y profundamente afectado en cuerpo y alma por aquella guerra cruel.
    los niños del lugar disfrutaban a sus anchas del manantial, y según refieren, en ocasiones se sentían acompañados desde cierta distancia por una mujer muy hermosa, rubia y resplandeciente, que parecía no pisar el agua pero que usaba el cristalino ybú para refrescarse y mojar su reluciente cabellera. La mujer no hablaba, pero cuando los niños se acercaban para verla de cerca, con una tierna y maternal sonrisa les aconsejaba que quieran a Dios, que lo respeten, que vayan siempre a la iglesia a agradecerle con rezos y cánticos, porque para salvarnos él envió a su hijo, el que entregó su vida por nosotros.
  • 6. Fue así que el pocho comenzó a ser "De la Virgen", y de manera a evitar que los niños chapotearan en él, la matrona hizo poner como vallas de contención, unas piedras a su alrededor. Con el tiempo, hizo levantar una humilde bóveda para que el agua esté totalmente libre de ser ensuciada en su naciente. La bóveda tenía forma del Tatacuá (horno autóctono) hecho con ladrillo y argamasa. En la parte frontal fue colocado un rústico caño hecho de frágil metal para la salida del agua. La cripta sufrió diversas reparaciones y remodelaciones durante el transcurso del tiempo, según la gravedad del deterioro. Conviene señalar que a esas alturas nadie dudaba de que la mujer que iba a solazarse en la fuente, era idéntica a la imagen que está en la iglesia.
    Desde aquel entonces el sitio de visita obligado para el peregrinante que llega junto a la Madre Común es el Pozo de la Virgen, para llevar el agua bendita como símbolo de purificación y fuente de vida. Los feligreses creyentes aseguran que les produce alivio sicológico, espiritual y muchas veces físico.
    Hoy día, el sitio obligado para el peregrinante nacional o extranjero que llega junto a la Virgen es el pozo consagrado por Ella misma. Para los devotos de la Madre de Dios visitar este lugar, refrescarse con el agua bendita y orar en la réplica de la iglesia erigida en 1770, es la forma de conseguir la paz espiritual para retornar a sus hogares.
    Esta práctica de la religiosidad popular cada vez es más fuerte entre los fieles católicos que llegan hasta el altar de la Virgen de los Milagros, para renovar su vida y enfrentar sus quehaceres diarios con nuevas esperanzas.