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Autobiografía
Índice:
1. Introducción _ 2
2. Autobiografía_3
2.1 Comparación_9
2.2 Preguntas_10
3. Referencias_12
4. Anexos_13
4.1 Entrevista_13
4.2 Fotografía_ 16
Jennifer Caballero Rodríguez, Grupo1 de pedagogía, 2ª curso.
2
1. Introducción:
Por lo general se puede decir que el paso por la escuela es una parte fundamental en la vida de cada
persona. Sea más larga la formación (bachiller, estudios universitarios) o más corta (educación
obligatoria) las vivencias, aprendizajes, amistades, experiencias, que cada uno vive en el periodo de
la educación marcan y forjan su personalidad. Cada una de estas etapas posee anécdotas buenas,
regulares o malas, mayor o menor sacrificio, resultados mejores o peores, pero todas ellas ayudan a
que cada uno se vaya preparando para adentrarse en la sociedad adulta de la mejor manera posible.
Creo profundamente que la educación desde la más tierna infancia es como un cuento para niños
con moraleja final, en el que hasta los juegos infantiles, que parecen diversión sin más, encierran
aprendizajes que uno no alcanza a comprender hasta que es ya adulto.
Esta es, por tanto, la historia de mi paso por ese cuento con moraleja, desde mis primeros pasos en
preescolar hasta llegar a la etapa universitaria en la que me encuentro. Trataré de recordarlo lo
mejor posible, aunque no soy un prodigio memorístico, y contar lo más destacado e importante de
mi educación, según mi criterio claro está. Con todo ello lo que pretendo es que se observe a través
de mi relato la importancia que tiene la educación en la vida de un individuo.
3
2. Autobiografia
Nací el 1 de noviembre de 1992 en Santa cruz de Tenerife. Soy la pequeña de dos hermanos
acostumbrada a la atención permanente de mis padres y familiares, cada gracieta que hago provoca
las delicias de cuantos me rodean. Yo era esa niña de tres años que todavía no había comenzado a ir
al colegio, pero mi madre ya me había comunicado que esa etapa de estar bajo sus faldas a todas
horas llegaba a su fin.
Ese primer día de colegio fue horroroso, casi traumático, no dejé de llorar en todo el trayecto desde
que mi madre me bajó del coche hasta que entré en aquel edificio que se me antojaba gigantesco, en
cuyas puertas se amontonaba una infinidad de niños con sus padres, algunos con el mismo disgusto
que yo. Cuando mi madre me dejó a las puertas del aula que me correspondía, una mujer (mi
profesora) me recibió y me invitó a sentarme en una mesa con unas ocho sillas alrededor. Entré
temerosa, aún con una lágrima corriéndome por la mejilla y me senté. Es curioso contemplar como
hoy recuerdo ese momento, y sobre todo la percepción que tiene un niño tan pequeño de su primer
día en la escuela. Quizá sea el acontecimiento que mejor recuerdo de esa etapa de mi infancia, ya
que por mucho esfuerzo que haga no consigo acordarme de cosas concretas de esos años. Por otra
parte pienso que es lógico, ya que era muy pequeña y ya mencioné además que mi memoria no ha
sido nunca espectacular ni mucho menos.
Mi primer colegio fue el "Verodes" de los Gladiolos, era un edificio grande con forma de ele, con
dos plantas si mal no recuerdo, cada planta estaba atravesada por un largo pasillo con aulas
ubicadas a cada lado, y en la parte derecha de la edificación se hallaba el patio. Mi aula en concreto
estaba en la primera planta y era bastante amplia, con mesas redondas donde cabíamos unas ocho
personas. Teníamos un tablón donde colgábamos los dibujos que hacíamos semanalmente.
Recuerdo con especial cariño a dos compañeras llamadas Bárbara y Patricia, siempre que nuestra
profesora planteaba juegos en grupo procurábamos ir las tres en el mismo. Puedo decir por tanto,
que una vez pasados esos primeros días de acoplamiento, disfruté de verdad del colegio. Hacíamos
dibujos, teníamos juguetes, ¿a qué niño pequeño puede no gustarle? Y a eso le sumamos que
cualquier cosa que aprendíamos, como las vocales, se realizaba con juegos, así que sí, fue una
buena época, sin más preocupaciones que jugar, disfrutar e ir asumiendo inconscientemente una
serie de normas básicas de comportamiento.
Poco antes de cumplir los 6 años pasé de preescolar a primaria lo que supuso un cambio de colegio,
de los “Verodes” al “Fray Albino”. Todo cambio suele llevar aparejado un tiempo de adaptación, y
en mi caso más, ya que soy una persona tímida, por lo que llegar una vez más nueva a un sitio y
empezar de cero me costó lo mío.
En el primer curso tenía un profesor al que me resultará difícil olvidar algún día. Era un hombre
4
mayor (desde el punto de vista de una niña de 6 años claro), serio en exceso y extremadamente
estricto. No era malo en realidad, pero cada vez que se dirigía a mí con ese semblante serio, con esa
voz grave y fuerte, me moría de los nervios. Ahora bien, tengo que reconocer que sus métodos
educativos funcionaban, por lo menos en lo que respecta a llevar hecha la tarea y a comportarse
bien en clase. Solía poner deberes casi todos los días y yo por lo menos tenía muy claro que no
quería provocar bajo ningún concepto la ira de ese docente. Pero a lo largo de mi estancia en la
educación primaria también conocí profesores que me marcaron positivamente, como fue mi
profesora de música en 3º y 4º de primaria. Era una persona muy cordial, y sobre todo muy cercana
a sus alumnos. No le importaba explicar una y otra vez la lección, jamás perdía la paciencia.
Además se le veía una mujer muy implicada y comprometida con su trabajo. Tengo que destacar
que hace pocos meses me encontré con esta profesora. Me sorprendió descubrir que estaba tal y
como la recordaba del colegio, coqueta y presumida como siempre, y con ese brillo y esa calidez en
la mirada que ofrecen al que trata con ella una paz y una familiaridad infinita.
En cuanto a la relación con los compañeros era realmente buena, hice buenas amistades en este
colegio. Recuerdo que con 10 años aproximadamente éramos un grupo de siete niños (Laura, Angy,
Guillermo, Aarón, Rosa y Adrián) los que mejor nos llevábamos, y solíamos turnarnos para ir a
jugar a casa de uno u otro cuando salíamos de clase, y en ocasiones hacíamos las tareas todos
juntos. Nos encantaba echar partidos de fútbol en la plaza del barrio, siempre íbamos en el mismo
equipo y jugábamos al “equipo fuera” contra los demás. El “equipo fuera” consistía en que el
equipo que ganaba continuaba jugando y el perdedor tenía que salir para dejar paso al siguiente que
quisiese jugar. Se puede decir que éramos bastante buenos, y pocas veces nos tocaba abandonar la
pista.
El colegio “Fray Albino” quería fomentar el aprendizaje de sus alumnos y el buen ambiente entre
ellos organizando excursiones por la isla, como la que se hizo al Teide, y la que mejor recuerdo por
lo bien que me lo pasé: la excursión al Loro Parque. Siempre que había excursión me sentía feliz, y
no solo por ir a conocer sitios con mis compañeros, sino porque era un día sin clase, de romper con
la rutina, distinto en definitiva. El colegio además tenía un coro formado por los alumnos que más
afinaban en la clase de música. Yo formaba parte de él, y en una ocasión, como premio a nuestro
esfuerzo, nos llevaron a cantar al Teatro Guimerá, junto con otros colegios, en lo que fue una
especie de concurso, aunque ni siquiera recuerdo como quedamos clasificados. También existían
diversas actividades extraescolares, mis padres me apuntaron a kárate y a dibujo, aunque a mí
personalmente me gustaba más el fútbol.
En líneas generales fue una etapa feliz, el colegio “Fray Albino” me aportó amistades, educación,
etc… y yo a él el haber sido una buena alumna, sobretodo en comportamiento, ya que no era
charlatana, ni inquieta, sino más bien todo lo contrario. En cuanto a estudiar puedo añadir que
5
siempre me ha costado mucho ponerme a ello. Pienso que a la mayoría de los niños, incluso a la
mayoría de las personas en general, no les gusta estudiar, pero es que para mí ya no es que fuera un
esfuerzo sino que rozaba el suplicio. Fui por lo tanto una estudiante más, iba aprobando todo pero
sin destacar, y siempre con la idea en mente de cómo iba a hacer yo cuando cursara secundaria, con
lo difícil que era. Me parecía imposible superar ese escollo con mi memoria de pez y mi
concentración limitada. Además siempre se me ha dado fatal el inglés, y ha sido un quebradero de
cabeza que me ha perseguido en toda mi etapa educativa.
Otra de las anécdotas que permanece en mi mente, que guardo con más cariño, y que ponen fin a
esta etapa, fue el día de la graduación, cuando terminé 6º de primaria. Fue una fiesta en toda regla.
Familiares, alumnos y profesores se juntaron en el salón de actos del colegio para observar unos y
participar otros en el final de este ciclo escolar. Resultó ser una celebración muy emotiva, llena de
experiencias y recuerdos que quedarían para siempre en nuestra memoria. Después del acto todos
bajamos al patio, donde el colegio dispuso unos quioscos con bebidas y comida para la
concurrencia, había también música por lo que la fiesta se alargó hasta la tarde-noche.
El siguiente paso en mi recorrido académico fue la enseñanza secundaria. Como el Fray Albino no
tenía para cursar la secundaria, mis padres decidieron matricularme en el colegio “La pureza de
María” de Santa Cruz de Tenerife.
Se caracteriza porque es un colegio dirigido por la orden religiosa “La pureza de María” la
directora y muchas de sus profesoras eran monjas. Es un colegio concertado por lo que mis padres
tuvieron que pagar por primera vez por mi enseñanza. Valoro enormemente este esfuerzo porque
son personas que no estudiaron en su juventud, pero a pesar de ello decidieron gastar en su hija el
dinero que fuera necesario para lo que ellos consideraron la mejor opción de educación posible en
ese momento. Por mi parte me costó acostumbrarme a otro colegio con unas normas tan rígidas y
diferentes, además con la peculiaridad de que por aquel entonces era femenino.
Note una gran diferencia entre mi anterior etapa y la secundaria, ya que para aprobar las
asignaturas no era suficiente con hacer las tareas y atender en clase sino que empezaba a ser
necesario ser muy constante y memorizar lo que para mí era una gran cantidad de datos. Los
profesores de este centro tenían fama de estrictos y de exigir un nivel educativo elevado, lo que
pude comprobar en primera persona a lo largo de mi estancia en este centro. Entre algunas de las
normas más llamativas estaba el no poder ir maquillada, los “piercing” estaban prohibidos, no se
permitían pendientes que superasen el lóbulo de la oreja, la falda del uniforme no podía ir por
encima de la rodilla. En Educación Física, con el chándal del colegio, era obligatorio llevar calzado
de color blanco. Llegar tarde a clase suponía ser penalizado con lo que los profesores llamaban un
“retraso”, y si se acumulaban tres en una semana el alumno era castigado yendo al colegio una tarde
de las que tenía libres. Una de las cosas que más me llamó la atención fue que cuando comenzaba el
6
año cada clase tenía que escoger una frase y con ella realizar un mural1
que la representara. Después
se hacía una especie de concurso en el que votaban todos los alumnos y se elegía el mejor mural.
Tanto me costó acoplarme a esta nueva forma de estudio que recuerdo como si fuera hoy mi
primera clase de inglés en la Pureza. La profesora comenzó repasando el verbo “To Be”, un verbo
del que yo no había oído hablar en mi vida, por lo que me pase toda la clase agobiada pensando en
cómo iba a ser capaz de superar esa asignatura, la que si ya de por si se me daba mal, encima iba
notablemente retrasada. A todo esto se unía que soy una persona sumamente vergonzosa lo que me
hace rememorar una anécdota graciosa para mis compañeras pero muy embarazosa para mí. Creo
que fue por tercero de la ESO, en clase de religión. Mi profesora, una monja de mediana edad y
cara de poco amigos, me dijo que me pondría un positivo si era capaz de nombrarle un país que
empezase por la letra “E”. En ese instante toda la clase se giró para mirarme, la profesora tampoco
me quitaba ojo, yo me quede fría, se me nubló la mente y fui incapaz de pensar algo con claridad, la
clase seguía mirándome y la profesora me apremiaba para que contestara, por lo que toda decidida
respondí:” Alemania”. Mis compañeras estallaron en carcajadas, y la cara de mi profesora era un
poema, totalmente desencajada. Evidentemente me quede sin el positivo y pasé el peor rato de mi
vida.
En cuanto a las amistades forjadas a lo largo de estos años destaco sobre todo la de Yesenia, a la que
conocí en preescolar pero no había vuelto a saber de ella hasta que entré en la Pureza, y aún hoy en
día la considero mi mejor amiga. Junto a ella estaban también Beatriz, Laura y Ana, las cinco
formábamos una pandilla que se mantuvo unida durante los años que estudié en la Pureza. Con ellas
viví los mejores momentos en este colegio.
La Pureza de María no solo destacaba por sus estrictos métodos de estudio y de comportamiento,
también fomentaba la tolerancia, el respeto, la convivencia y el buen ambiente entre alumnos y
profesores con diversas actividades que se celebraban anualmente. Entre estas actividades estaban
las convivencias que se realizaban en el colegio de la Pureza de María de los Realejos. Duraban un
fin de semana entero, y el profesorado organizaba juegos que iban desde partidos de fútbol hasta la
visualización de películas. Otro día especial era lo que llamaban “el retiro”, que consistía en ir hasta
un complejo que cedían al colegio para pasar allí la mañana entera. Al igual que en las
convivencias se organizaban juegos, y al final del día antes de volver, nos ponían por grupos y nos
daban una hoja con un relato sobre un tema determinado y unas preguntas a las que debíamos
responder. Los temas de los relatos eran muy variados pero todos ellos trataban de inculcar a los
alumnos valores importantes como la tolerancia, el respeto, la amistad, la generosidad, etc…
Entre el resto de celebraciones destacadas estaban el día de navidad y de carnaval. En navidad cada
1
Ver parte Anexos, 4.2 Fotografía.
7
clase tenía que inventarse un villancico y cantarlo en el salón de actos ante el resto del colegio. En
carnaval cada clase escogía a cuatro alumnos que eran sus representantes, para hacerles entre todos
un disfraz. Los disfraces no podían ser de tela sino que se empleaba papel, cartón y materiales
semejantes y normalmente eran de un personaje de dibujos animados. Pero la festividad que más
gustaba a todos los alumnos era la que tenía lugar en el mes de abril, y que se conoce con el nombre
de “Día de Kafacumba”2
. Este festejo era siempre un sábado, cada curso tenía que hacer un baile y
actuar después delante de todo el colegio y de los familiares asistentes. Yo bailé un par de años ya
que era obligatorio hasta 3º de la ESO, a partir de ahí era optativo por lo que decidí ser espectadora
únicamente. Las horas para inventar aquel baile y ensayar se sacaban de la asignatura de Educación
Física generalmente. El “Día de Kafacumba” duraba todo ese sábado, empezaba por la mañana
temprano con las actuaciones de baile y continuaba a mediodía en el patio, en el que el colegio
organizaba diferentes actividades para entretener a los asistentes y había quioscos para el que
quisiera comer o beber algo. Se trataba de pasar allí todo el día, el colegio incluso contrataba a una
orquesta. Era una forma espléndida de fomentar el acercamiento entre los alumnos, las familias de
éstos y el profesorado. Los familiares que participaban en esta fiesta pagaban simbólicamente un
euro, que era donado por el colegio a una ONG, de la que no recuerdo el nombre.
En cuanto al estudio en sí, puedo decir sin avergonzarme que me resultó duro e incluso difícil
aprobar toda la secundaria. Es cierto que había asignaturas que se me daban especialmente bien
como Educación Física y Matemáticas, aunque ésta más bien a partir de 3º de la ESO, pero otras
como el Inglés o Física y Química, me tuvieron en vilo hasta el final de la ESO. Pienso que mi peor
momento fue el año que repetí curso, concretamente 3º de la ESO. Puede que fuera falta de
constancia o bien de dedicación lo que provocó este suceso, pero lo que sí es cierto es que me sirvió
como periodo de madurez y valoración de la importancia del estudio.
Después de este bache tonto y de aprobar 4º de la ESO, llegó el momento de decidir si continuaba
estudiando o no. En un principio mi idea era hacer un grado superior relacionado con la educación
infantil, para esto te pedían el Bachiller o en su defecto realizar unas pruebas de acceso, así que
pensé que sería mejor terminar el bachiller y después hacer el grado.
Comencé el Bachiller en el IES. Teobaldo Power de Santa Cruz de Tenerife. Tengo que decir que no
continué en La Pureza de María porque esos dos años de Bachiller suponían al mes una cantidad de
dinero considerable para los ingresos económicos de mis padres. El Teobaldo era un instituto
público y muy familiar. Se veía que los profesores estaban muy unidos entre ellos, daba la sensación
de que había muy buen ambiente, y eso se transmitía a sus alumnos. Además puedo decir que
2
“Día de Kafacumba”: Esta fiesta se celebra todos los años en honor a la primera misión de Pureza de María que fue
fundada en la región de Kafacumba, en el Congo, en abril de 1975.
8
siempre estaban dispuestos a ayudarnos en cuantas dudas o problemas tuviésemos. La primera
decisión importante para mi futuro académico fue la de escoger la opción de letras o ciencias. Mi
elección fueron las letras, ya que pensaba que tenían más que ver que las ciencias con el grado que
quería realizar cuando pasasen esos dos años.
Primero de Bachiller sirve, en mi opinión, para que uno se introduzca en una nueva etapa de
independencia, por decirlo de alguna forma, ya que por ejemplo, ir a clase o no es una decisión
personal, no existía el control exhaustivo como sucedía en La Pureza, y debe ser el propio alumno,
al que de repente se le dota de una libertad de la que carecía, el que decida ser responsable con sus
estudios. Yo elegí ser responsable y saqué el curso con menos dificultad de la que esperaba en un
principio, sin contar con Inglés, como no, que me tuvo unas cuantas noches en vela y supuso una
vez más un hueso duro de roer.
El primer año de bachiller, supuso para mí otra vez ser la nueva. No era la primera vez que llegaba
nueva a un sitio, pero como siempre, sufrí debido a mi vergüenza aunque no me costó tanto
adaptarme a este entorno, tan diferente al anterior de la Pureza de María.
Una de las cosas que cambiaba con respecto a la Pureza fue volver a tener compañeros chicos en
clase. Allí conocí a Eduardo, el chico que sería mi pareja durante los dos siguientes años. Todo
comenzó al poco tiempo de empezar el curso, surgió de manera natural, con esas miradas fugaces
pero cargadas de contenido en clase. Como yo soy muy vergonzosa agradecí que fuera él el que dio
el primer paso invitándome a tomar algo. A partir de ahí fuimos inseparables. Íbamos a clase juntos,
hacíamos las tareas, estudiábamos. A pesar de no estar hoy en día con Eduardo me siento
agradecida por el tiempo que pasamos juntos, creo que nos aportamos ambos muchas cosas
positivas. Él era un chico estudioso, que sacaba buenas notas, y yo, que era un poco más regular en
los estudios, resulté beneficiada en este aspecto. Preparamos juntos todos los exámenes, incluida la
PAU.
En bachiller empiezas afrontando los dos cursos que te esperan con la palabra PAU grabada a fuego
en la mente. Desde el primer instante que comienzan las clases profesores y compañeros te
recuerdan casi constantemente esa prueba de acceso a la que debes hacer frente si finalmente
decides estudiar una carrera universitaria. Cuando empecé el bachiller tenía claro que quería hacer
el grado superior de educación infantil, pero a medida que avanzaba el 2º curso de bachillerato,
alentada también por Eduardo, fui abriendo la puerta a otra posibilidad, hacer Magisterio en
Educación Primaria, por eso decidí que haría la PAU, y con esa decisión marqué sin saberlo el
camino que me ha llevado hasta donde estoy hoy.
Así pues, terminé segundo de bachiller con muchísimo esfuerzo y en junio llegó el momento de
afrontar ese obstáculo en el que llevaba pensando los dos años anteriores, la PAU. Los días
anteriores al examen estuvieron cargados de nervios y tensión, pero al final obtuve mi premio
9
aprobando la prueba. Si bien estaba loca de contenta por haber aprobado, la sensación se tornó
agridulce ya que la nota no me llegaba para estudiar Magisterio en Educación Primaria. Tras
informarme un poco del resto de carreras ofertadas por la Universidad de la Laguna de la rama de
educación, decidí finalmente matricularme en Pedagogía.
De este modo llegó el momento de afrontar la etapa universitaria. La primera vez que fui a la
Universidad de La Laguna, a la presentación del curso 2011-2012 de Pedagogía, me impresionaron
aquellas instalaciones. El conjunto de edificaciones que corresponde al módulo B donde yo asistiría
a mis clases se me antojó gigantesco en comparación con mi antiguo instituto. Las enormes puertas
de acceso, los infinitos pasillos, las escaleras y la amplitud en general que mostraba su interior
repleto de gente ese día, hizo que me sintiera muy pequeña, me recordó a aquella niñita de tres años
que tanto tiempo atrás se alteró sobremanera en su primer día de colegio.
Cuando empecé las clases fui descubriendo poco a poco los objetivos de la carrera y sobre todo qué
es y a qué se dedica en concreto un pedagogo. Así fue transcurriendo el curso con suerte dispar en
las diferentes asignaturas, aunque la valoración global del año fue aceptable. Suspendí dos
asignaturas de primero, por lo que este curso me va a tocar esforzarme mucho más, especialmente el
primer semestre, en el que tendré que ir a clase todos los días por la mañana y por la tarde.
En definitiva este es el relato de mi vida académica, he tratado de redactarlo según lo recuerdo,
destacando los acontecimientos más importantes y curiosos que me han sucedido en estos años, que
me han llevado a ser lo que soy y a estudiar esta carrera. A partir de aquí la historia no está escrita
pero sé que el futuro, mi futuro, depende de mí y de lo bien que aproveche la formación que estoy
recibiendo.
2.1 Comparación3
:
Antes las niñas y los niños eran separados en aulas diferentes y a partir de cierta edad recibían
además una educación distinta, a la mujer se le formaba para ser ama de casa y al hombre para
trabajar fuera de ella, sin embargo la educación de hoy en día busca inculcar los mismo valores y
enseñanzas a los niños y a las niñas, formarlos por tanto igualitariamente para que sean ellos los
que decidan en el futuro a qué quieren dedicarse. Es obvio que otra diferencia se basa en los
numerosos cambios que ha sufrido el sistema de estudios, desde el antiguo bachiller elemental y
superior con reválidas, pasando por la LOGSE y la LOE, ya más actuales. La figura del docente de
hace años dista mucho también de lo que representa hoy en día, se ha pasado de un maestro
autoritario, rígido y recto que imponía los conocimientos al alumno por las buenas o por las malas,
empleando incluso los castigos físicos, a un profesor más abierto, más tolerante y que imparte las
materias de una forma menos drástica. Por otra parte en la actualidad los niños tienen para cada
3
Ver parte Anexos, 4.1 Entrevista.
10
materia un libro de texto, mientras que antes se conformaban con una especie de gran enciclopedia
que reunía todos los conocimientos necesarios para que el docente impartiese las diferentes
asignaturas. En cuanto a la forma y al contenido de las materias a estudiar, antaño se le daba más
importancia a la memorización por encima del entendimiento, mientras que ahora los alumnos
tienen infinidad de clases prácticas, unidas eso sí a las también necesarias teóricas. Años atrás la
educación no era obligatoria, los padres podían tomar la decisión de no llevar a sus hijos al colegio
con total impunidad, pero en el presente la educación es obligatoria hasta los 16 años y los padres
deben enviarlos al colegio como mínimo hasta esa edad. A pesar de todo esto existen similitudes
entre la enseñanza de antes y la de ahora, por ejemplo se mantienen las asignaturas básicas como
Matemáticas, Geografía, Historia, Lengua, etc. También se puede decir que la educación tenía y
tiene los mismos objetivos, formar al alumnado de la mejor manera posible para introducirse en la
sociedad adulta, lo que cambia en realidad al respecto es la sociedad en sí, ya que ésta evoluciona
constantemente y no se puede comparar el pensamiento, los valores, ni siquiera las circunstancias
que vivía nuestro país hace aproximadamente 50 años, con las de nuestros días.
2.2 Preguntas:
¿Qué cambia y que permanece en la experiencia de la escolaridad?
En la experiencia de la escolaridad permanece primordialmente que la escuela es fundamental para
un niño, bien para fomentar una serie de valores y normas que más adelante, cuando sea adulto,
pueda desarrollar en la sociedad (relacionarse debidamente con los demás), bien para formarse
adecuadamente y sobrevivir de forma autónoma en la etapa adulta (ser capaz de encontrar un
trabajo). Permanece también que la escuela intenta inculcar la ideología del momento histórico en
que se desarrolla, es decir, lo que vive la sociedad en ese momento concreto, pero claro está, eso
provoca cambios en sí mismo, ya que por ejemplo en la época de nuestros abuelos era impensable
educar a una mujer para que llegara a ser una importante empresaria, simplemente porque era una
sociedad machista en la que el hombre debía ser el cabeza de familia y llevar dinero a casa, y por
contra la mujer dedicarse a las tareas del hogar y a criar a los hijos, cosa que hoy en día no sucede.
No obstante cambia la forma de enseñar de los profesores, ya que ahora tratan de conseguir que el
alumno sea más autónomo, que piense por sí mismo, en definitiva que se pregunte el porqué de todo
lo que le dicen. Esto se consigue a través de clases más prácticas, inclusive de las excursiones y
visitas que organizan los colegios, porque aunque para el alumno sean una manera amena de pasar
un día en la escuela, en realidad encierran enseñanzas y aprendizajes importantes.
¿Hasta qué punto nuestra percepción de la educación hoy está condicionada por la experiencia que
11
hemos vivido?
La experiencia vivida por cada uno en la etapa escolar puede hacer que cambie notablemente, y de
hecho cambia, la percepción que tenemos de la educación a día de hoy. Es decir, no es lo mismo la
percepción de una persona que haya tenido una mala experiencia, desde malos profesores o
docentes que pasan olímpicamente del alumnado, compañeros crueles, malas instalaciones en el
colegio que no permiten desarrollar bien las actividades físicas o los juegos en el recreo, malos
consejos o información pobre a los alumnos acerca de qué hacer cuando se termine la enseñanza
obligatoria, hasta Gobiernos que cambian sin ton ni son el sistema educativo, recortan en ayudas
para estudiantes y centros docentes, o radicalmente no se preocupan de lograr una enseñanza
pública de calidad; que otra persona que haya tenido una experiencia satisfactoria y placentera al
respecto. Evidentemente todos vivimos buenas y malas experiencias a lo largo de nuestra etapa
educacional, pero al terminarla, una vez hecho el balance final, que pesen más las cosas positivas o
negativas va a condicionar totalmente la percepción que tengamos de la educación.
¿Hasta dónde llega la influencia de la experiencia de la escuela en la sociedad y en nosotros
mismos?
La influencia de la experiencia de la escuela en la sociedad es muy profunda, ya que se da por
hecho que la escuela pretende preparar a cada alumno para que se desenvuelva como pez en el agua
en la sociedad de su época. Por tanto las enseñanzas que reciben los alumnos no son conocimientos
sin más, no son meros datos para memorizar, son los conocimientos necesarios para que formen
parte de su sociedad, son auténticas normas de comportamiento para convivir con los demás seres
sociales, y marcan el futuro de cada uno, y de la sociedad en general, pues queda patente que cuanto
mejor se formen las personas en la escuela mejor se adaptarán a las pautas de la sociedad y ésta
evolucionará en consecuencia mucho más. Para uno mismo la influencia de la escuela es
enriquecedora, se aprende a relacionarse con los demás, a convivir, a solventar los conflictos
mediante el diálogo, a adquirir conocimientos tanto prácticos como teóricos para aplicarlos en la
vida diaria y en el futuro, de esta forma cuanto mejor sea la experiencia personal de cada uno en la
escuela, cuanto más se aproveche positivamente su paso por ella, más posibilidades hay de
desenvolverse bien y de ocupar un escalón importante en la sociedad.
12
Referencias:
 Link de: La Autobiografía. Conceptos, características, ejemplos.
http://reglasespanol.about.com/od/tiposderedaccion/a/Autobiograf-Ia.htm
 Link de: Autobiografía de Gloria Fuertes (escritora de literatura infantil):
http://www.gloriafuertes.org/autobio.htm
 Link de: Autobiografía escolar:
http://residenciadeartes.blogspot.com.es/2009/11/biografia-escolar.html
 Link de: Didáctica. Biografía escolar:
http://enladidactica.blogspot.com.es/2011/05/biografia-escolar.html
 Link de: Día de Kafacumba:
http://es.slideshare.net/ats54/las-misiones-de-pureza-de-maria
13
Anexos:
2.1 Entrevista:
Manuel Merillas Almazán, Inspector Jefe del Cuerpo Nacional de Policía, leonés de nacimiento y
actualmente afincado en Galicia, es el padre de una buena amiga, y se prestó gustosamente a
contestar a las preguntas de esta entrevista para ayudarme en este trabajo, gracias a que se
encontraba disfrutando de unos días de vacaciones en nuestra isla.
Agradezco enormemente su colaboración, su paciencia y el esfuerzo que supone recordar una etapa
que para él quedó tantos años atrás. Manuel es un hombre culto, de buen carácter, ese tipo de
personas con las que nada más entablar conversación te da la sensación que conoces de toda la vida.
Nació el 2 de octubre de 1949 en Navianos de la Vega, León, en los años de la posguerra de la
Segunda Guerra Mundial y aporta en esta entrevista una visión de la educación muy diferente a la
que tiene la gente de mi generación.
-Yo: Hola Manuel, buenas tardes.
-Manuel: Hola, buenas tardes. (Manuel se muestra tranquilo).
-Yo: A continuación voy a hacerte algunas preguntas y me gustaría que me relataras tu etapa
educativa y cómo la viviste.
-Manuel: Sí, por supuesto, tú pregunta lo que quieras (sonríe).
-Yo: ¿Cómo se organizaba el sistema educativo de tu época, es decir la educación primaria,
secundaria, etc.?
-Manuel: Si mal no recuerdo la educación primaria comprendía desde los seis años hasta los doce.
A los seis años se empezaba en la escuela y los niños y las niñas recibían clases en aulas diferentes.
Los primeros años, hasta los 12 más o menos la educación que se daba a niños y a niñas era igual. A
partir de esa edad las niñas tenían asignaturas enfocadas al mantenimiento del hogar y de la familia,
como corte y confección. Los niños sin embargo recibían clases sobre la falange. La educación
secundaria iba de los 12 hasta los 18 y se dividía a su vez en bachiller elemental, que tenia de
primero a cuarto curso, y en bachiller superior, con dos cursos, quinto y sexto.
Después del bachiller elemental los alumnos tenían que pasar una reválida. Al terminar el sexto
curso del bachiller superior se hacia otra revalida, de quinto y sexto. Los alumnos que aprobaban la
reválida podían acceder directamente a ciertas carreras universitarias, y los que quisieran hacer una
carrera superior, como medicina o arquitectura, debían estudiar lo que se llamaba el
preuniversitario, que consistía en un curso de un año.
-Yo: Manuel, ¿podrías explicarme que era la reválida?
-Manuel: La reválida era un examen que se hacía después de pasar los cuatro cursos de bachiller
elemental, y al terminar el bachiller superior. La que se hacía después de bachiller elemental
14
comprendía preguntas de los cuatro primeros cursos y la reválida del superior era un examen sobre
lo que se había dado durante quinto y sexto curso, una especie de selectividad vamos.
-Yo: ¿Cuál es la historia de tu paso por la escuela?
Manuel: Empecé la escuela en Navianos de la Vega, el pueblo en el que nací, con seis años. Se le
llamaba escuela rural por aquel entonces. Teníamos un maestro único que daba todo tipo de
asignaturas como escritura, lectura, matemáticas, historia, etc. (Ante la mención del maestro de
escuela rural, decido preguntarle a Manuel cómo eran esos docentes).
-Yo: ¿Cómo eran los maestros de las escuelas rurales?
-Manuel: Por lo general, o por lo menos el mío era así, muy estricto y aplicaba la máxima de “la
letra con sangre entra” (en este instante me quedo descolocada porque no sé el significado del
refrán, Manuel ve mi cara de desconcierto y me lo explica sin necesidad de que le haga la pregunta).
Es decir que utilizaban la violencia física para castigar al niño que no se sabía la lección o que se
portaba mal. Algún niño recibió autenticas palizas pero en esa época a ningún padre se le ocurría ni
de broma cuestionar la autoridad y los métodos del maestro. (Tras la explicación Manuel retoma su
historia).
Como libro de texto se usaba una especie de enciclopedia que contenía la materia que había que
estudiar de todas las asignaturas. Me parece que solo era ese libro, que era muy grueso, el que se
usaba en todo el periodo de primaria. A los nueve años mis padres decidieron enviarme junto a mi
hermano Teo, un año mayor que yo, a la escuela preparatoria para el seminario, que estaba en
Astorga. En aquella época aunque los padres quisiesen que los niños estudiasen, no era habitual que
una familia de ambiente rural mandara a sus hijos a estudiar fuera. Pero mis padres, y sobre todo
mi madre, siempre tuvieron la ilusión de que sus hijos llegasen a ser algo en la vida, y por mi parte
me apetecía emprender esa etapa con mi hermano, del que no me separaba nunca, aunque al mismo
tiempo iba un poco temeroso porque no sabía que nos íbamos a encontrar.
En Astorga vivíamos en una especie de pensión con la familia que la regentaba. Teníamos derecho a
una habitación, y la mujer del dueño nos hacia la comida. En la escuela preparatoria se daban la
mismas asignaturas que en primaria. Allí estuve hasta los once años que, también con mi hermano,
ingresé en el seminario de La Bañeza, donde estudié hasta los catorce años. Los estudios en el
seminario no estaban bien homologados por lo que al pasar al instituto tuve que repetir un año.
Así empecé segundo curso de bachiller elemental en el instituto de Astorga con catorce años.
Recuerdo que las asignaturas que mejor se me daban eran la Historia, las Ciencias Naturales y la
Química, es curioso porque la asignatura era Física y Química, y la física me costaba aprobarla
mientras que en la parte de química tenía muy buenos resultados. Las Matemáticas se me daban
horrible pero al final siempre las aprobaba. Y así termine el bachiller elemental y empecé el
superior. Después hice la reválida de quinto y sexto curso y la aprobé también.
15
-Yo: ¿Qué decidiste hacer una vez terminado el bachiller superior?
-Manuel: Pues cuando termine el bachiller superior decidí hacer una carrera universitaria. A mí
siempre me han gustado mucho los niños y la enseñanza, y por eso me fui a León y me matriculé en
Magisterio para el que solo pedían el bachiller superior.
-Yo: ¿Cómo era Magisterio en esa época, tenia especialidades como infantil, primaria...? y ¿Cuantos
años duraba la carrera?
-Manuel: La carrera de Magisterio en mi época no tenia especialidades, era una única carrera que
servía para trabajar de maestro. La carrera era de dos años y salíamos titulados como maestros. Los
que consiguieran una media de siete puntos obtenían una plaza directa, y los mandaban al pueblo
donde hiciera falta un maestro.
-Yo: ¿Cuál fue su calificación y por qué no termino siendo maestro?
-Manuel: La calificación exacta no la recuerdo pero durante los dos cursos de Magisterio me costó
horrores la asignatura de música, de hecho la suspendí en los dos cursos y no la aprobé hasta la
siguiente convocatoria. Por eso no conseguí la media que hacía falta para tener plaza directa y
después de eso pedían una reválida para conseguirla, así que decidí preparar la oposición, en 1972,
para el Cuerpo General de Policía.
-Yo: Para un hombre como usted al que le gustaba la enseñanza ¿qué tiene que ver la policía con ser
maestro? ¿Cómo decidió hacer algo tan diferente?
-Manuel: La primera opción era la de maestro, pero desde muy pequeño también me gustaba mucho
todo lo relacionado con el ejército y la policía. Recuerdo incluso la primera vez que fui al cine con
mi hermano Teo a ver una película en la que el protagonista aparecía en el cartel con un uniforme y
lo que nosotros creíamos que era una escopeta (sonríe), pensamos que se trataba de una película
sobre un policía, pero resultó que la escopeta era una guitarra y la película de acción un musical en
el que nos aburrimos muchísimo (se ríe abiertamente)
-Yo: ¿Recuerdas alguna anécdota de tu época escolar? (Manuel se mantiene serio y pensativo
durante un momento).
-Manuel: Recuerdo que cuando empecé en la escuela rural de mi pueblo había mucha necesidad de
alimentos en España ya que la Segunda Guerra Mundial había terminado unos años atrás, y los
americanos por un acuerdo con el Gobierno aportaban alimentos. Por este motivo en la escuela nos
obligaban a tomar un vaso de leche por la mañana y un trozo de queso en la merienda. Era un queso
amarillo, de sabor fuerte, que a muchos niños no les gustaba y por eso me lo daban a mí que me
encantaba y todas las meriendas comía tres o cuatro trozos (se ríe).
También me acuerdo de otra que siempre les contaba a mis hijos cuando eran pequeños. Un día en
el recreo del colegio me subí a un árbol que tenía una especie de hueco donde parecía, por los
graznidos que se oían, que un pájaro había hecho su nido. Con la ayuda de mi hermano Teo y de
16
otro niño de la escuela me encaramé a una de las ramas superiores del árbol y vi que efectivamente
había un nido con dos polluelos dentro, por lo que decidí meter la mano para cogerlos, pero no
calculé bien, ya que cuando traté de retirar la mano con el pajarito no fui capaz de sacarla y cuanto
más tiraba más se me atrancaba la mano y más nervioso me ponía yo. Mi hermano tuvo que avisar
al maestro para que me rescatara, el hombre fue a una de las casas de los alrededores y volvió con
una escalera, pero cuando tiró de mi mano ésta no cedía ya que yo seguía agarrando con fuerza el
pájaro. Estuvimos un buen rato el maestro y yo intentando sacarme la mano del hueco hasta que él
se dio cuenta de que yo no soltaba al animalito y por eso no me salía el brazo. Al final solté el bicho
y conseguí retirar la mano dolida, hinchada y toda arañada. Me llevé encima un castigo del maestro,
unos azotes que me dejaron el culo más rojo que la mano lesionada (ambos reímos a carcajadas).
-Yo: Bueno Manuel, muchas gracias por atenderme tan pacientemente.
-Manuel: De nada, la verdad que he pasado un buen rato recordando algunos momentos de mi
infancia.
-Yo: Hasta pronto.
-Manuel: Adiós.
4.2 Fotografía:
*Mural Pureza de María.

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Autobiografía, didáctica

  • 1. 1 Autobiografía Índice: 1. Introducción _ 2 2. Autobiografía_3 2.1 Comparación_9 2.2 Preguntas_10 3. Referencias_12 4. Anexos_13 4.1 Entrevista_13 4.2 Fotografía_ 16 Jennifer Caballero Rodríguez, Grupo1 de pedagogía, 2ª curso.
  • 2. 2 1. Introducción: Por lo general se puede decir que el paso por la escuela es una parte fundamental en la vida de cada persona. Sea más larga la formación (bachiller, estudios universitarios) o más corta (educación obligatoria) las vivencias, aprendizajes, amistades, experiencias, que cada uno vive en el periodo de la educación marcan y forjan su personalidad. Cada una de estas etapas posee anécdotas buenas, regulares o malas, mayor o menor sacrificio, resultados mejores o peores, pero todas ellas ayudan a que cada uno se vaya preparando para adentrarse en la sociedad adulta de la mejor manera posible. Creo profundamente que la educación desde la más tierna infancia es como un cuento para niños con moraleja final, en el que hasta los juegos infantiles, que parecen diversión sin más, encierran aprendizajes que uno no alcanza a comprender hasta que es ya adulto. Esta es, por tanto, la historia de mi paso por ese cuento con moraleja, desde mis primeros pasos en preescolar hasta llegar a la etapa universitaria en la que me encuentro. Trataré de recordarlo lo mejor posible, aunque no soy un prodigio memorístico, y contar lo más destacado e importante de mi educación, según mi criterio claro está. Con todo ello lo que pretendo es que se observe a través de mi relato la importancia que tiene la educación en la vida de un individuo.
  • 3. 3 2. Autobiografia Nací el 1 de noviembre de 1992 en Santa cruz de Tenerife. Soy la pequeña de dos hermanos acostumbrada a la atención permanente de mis padres y familiares, cada gracieta que hago provoca las delicias de cuantos me rodean. Yo era esa niña de tres años que todavía no había comenzado a ir al colegio, pero mi madre ya me había comunicado que esa etapa de estar bajo sus faldas a todas horas llegaba a su fin. Ese primer día de colegio fue horroroso, casi traumático, no dejé de llorar en todo el trayecto desde que mi madre me bajó del coche hasta que entré en aquel edificio que se me antojaba gigantesco, en cuyas puertas se amontonaba una infinidad de niños con sus padres, algunos con el mismo disgusto que yo. Cuando mi madre me dejó a las puertas del aula que me correspondía, una mujer (mi profesora) me recibió y me invitó a sentarme en una mesa con unas ocho sillas alrededor. Entré temerosa, aún con una lágrima corriéndome por la mejilla y me senté. Es curioso contemplar como hoy recuerdo ese momento, y sobre todo la percepción que tiene un niño tan pequeño de su primer día en la escuela. Quizá sea el acontecimiento que mejor recuerdo de esa etapa de mi infancia, ya que por mucho esfuerzo que haga no consigo acordarme de cosas concretas de esos años. Por otra parte pienso que es lógico, ya que era muy pequeña y ya mencioné además que mi memoria no ha sido nunca espectacular ni mucho menos. Mi primer colegio fue el "Verodes" de los Gladiolos, era un edificio grande con forma de ele, con dos plantas si mal no recuerdo, cada planta estaba atravesada por un largo pasillo con aulas ubicadas a cada lado, y en la parte derecha de la edificación se hallaba el patio. Mi aula en concreto estaba en la primera planta y era bastante amplia, con mesas redondas donde cabíamos unas ocho personas. Teníamos un tablón donde colgábamos los dibujos que hacíamos semanalmente. Recuerdo con especial cariño a dos compañeras llamadas Bárbara y Patricia, siempre que nuestra profesora planteaba juegos en grupo procurábamos ir las tres en el mismo. Puedo decir por tanto, que una vez pasados esos primeros días de acoplamiento, disfruté de verdad del colegio. Hacíamos dibujos, teníamos juguetes, ¿a qué niño pequeño puede no gustarle? Y a eso le sumamos que cualquier cosa que aprendíamos, como las vocales, se realizaba con juegos, así que sí, fue una buena época, sin más preocupaciones que jugar, disfrutar e ir asumiendo inconscientemente una serie de normas básicas de comportamiento. Poco antes de cumplir los 6 años pasé de preescolar a primaria lo que supuso un cambio de colegio, de los “Verodes” al “Fray Albino”. Todo cambio suele llevar aparejado un tiempo de adaptación, y en mi caso más, ya que soy una persona tímida, por lo que llegar una vez más nueva a un sitio y empezar de cero me costó lo mío. En el primer curso tenía un profesor al que me resultará difícil olvidar algún día. Era un hombre
  • 4. 4 mayor (desde el punto de vista de una niña de 6 años claro), serio en exceso y extremadamente estricto. No era malo en realidad, pero cada vez que se dirigía a mí con ese semblante serio, con esa voz grave y fuerte, me moría de los nervios. Ahora bien, tengo que reconocer que sus métodos educativos funcionaban, por lo menos en lo que respecta a llevar hecha la tarea y a comportarse bien en clase. Solía poner deberes casi todos los días y yo por lo menos tenía muy claro que no quería provocar bajo ningún concepto la ira de ese docente. Pero a lo largo de mi estancia en la educación primaria también conocí profesores que me marcaron positivamente, como fue mi profesora de música en 3º y 4º de primaria. Era una persona muy cordial, y sobre todo muy cercana a sus alumnos. No le importaba explicar una y otra vez la lección, jamás perdía la paciencia. Además se le veía una mujer muy implicada y comprometida con su trabajo. Tengo que destacar que hace pocos meses me encontré con esta profesora. Me sorprendió descubrir que estaba tal y como la recordaba del colegio, coqueta y presumida como siempre, y con ese brillo y esa calidez en la mirada que ofrecen al que trata con ella una paz y una familiaridad infinita. En cuanto a la relación con los compañeros era realmente buena, hice buenas amistades en este colegio. Recuerdo que con 10 años aproximadamente éramos un grupo de siete niños (Laura, Angy, Guillermo, Aarón, Rosa y Adrián) los que mejor nos llevábamos, y solíamos turnarnos para ir a jugar a casa de uno u otro cuando salíamos de clase, y en ocasiones hacíamos las tareas todos juntos. Nos encantaba echar partidos de fútbol en la plaza del barrio, siempre íbamos en el mismo equipo y jugábamos al “equipo fuera” contra los demás. El “equipo fuera” consistía en que el equipo que ganaba continuaba jugando y el perdedor tenía que salir para dejar paso al siguiente que quisiese jugar. Se puede decir que éramos bastante buenos, y pocas veces nos tocaba abandonar la pista. El colegio “Fray Albino” quería fomentar el aprendizaje de sus alumnos y el buen ambiente entre ellos organizando excursiones por la isla, como la que se hizo al Teide, y la que mejor recuerdo por lo bien que me lo pasé: la excursión al Loro Parque. Siempre que había excursión me sentía feliz, y no solo por ir a conocer sitios con mis compañeros, sino porque era un día sin clase, de romper con la rutina, distinto en definitiva. El colegio además tenía un coro formado por los alumnos que más afinaban en la clase de música. Yo formaba parte de él, y en una ocasión, como premio a nuestro esfuerzo, nos llevaron a cantar al Teatro Guimerá, junto con otros colegios, en lo que fue una especie de concurso, aunque ni siquiera recuerdo como quedamos clasificados. También existían diversas actividades extraescolares, mis padres me apuntaron a kárate y a dibujo, aunque a mí personalmente me gustaba más el fútbol. En líneas generales fue una etapa feliz, el colegio “Fray Albino” me aportó amistades, educación, etc… y yo a él el haber sido una buena alumna, sobretodo en comportamiento, ya que no era charlatana, ni inquieta, sino más bien todo lo contrario. En cuanto a estudiar puedo añadir que
  • 5. 5 siempre me ha costado mucho ponerme a ello. Pienso que a la mayoría de los niños, incluso a la mayoría de las personas en general, no les gusta estudiar, pero es que para mí ya no es que fuera un esfuerzo sino que rozaba el suplicio. Fui por lo tanto una estudiante más, iba aprobando todo pero sin destacar, y siempre con la idea en mente de cómo iba a hacer yo cuando cursara secundaria, con lo difícil que era. Me parecía imposible superar ese escollo con mi memoria de pez y mi concentración limitada. Además siempre se me ha dado fatal el inglés, y ha sido un quebradero de cabeza que me ha perseguido en toda mi etapa educativa. Otra de las anécdotas que permanece en mi mente, que guardo con más cariño, y que ponen fin a esta etapa, fue el día de la graduación, cuando terminé 6º de primaria. Fue una fiesta en toda regla. Familiares, alumnos y profesores se juntaron en el salón de actos del colegio para observar unos y participar otros en el final de este ciclo escolar. Resultó ser una celebración muy emotiva, llena de experiencias y recuerdos que quedarían para siempre en nuestra memoria. Después del acto todos bajamos al patio, donde el colegio dispuso unos quioscos con bebidas y comida para la concurrencia, había también música por lo que la fiesta se alargó hasta la tarde-noche. El siguiente paso en mi recorrido académico fue la enseñanza secundaria. Como el Fray Albino no tenía para cursar la secundaria, mis padres decidieron matricularme en el colegio “La pureza de María” de Santa Cruz de Tenerife. Se caracteriza porque es un colegio dirigido por la orden religiosa “La pureza de María” la directora y muchas de sus profesoras eran monjas. Es un colegio concertado por lo que mis padres tuvieron que pagar por primera vez por mi enseñanza. Valoro enormemente este esfuerzo porque son personas que no estudiaron en su juventud, pero a pesar de ello decidieron gastar en su hija el dinero que fuera necesario para lo que ellos consideraron la mejor opción de educación posible en ese momento. Por mi parte me costó acostumbrarme a otro colegio con unas normas tan rígidas y diferentes, además con la peculiaridad de que por aquel entonces era femenino. Note una gran diferencia entre mi anterior etapa y la secundaria, ya que para aprobar las asignaturas no era suficiente con hacer las tareas y atender en clase sino que empezaba a ser necesario ser muy constante y memorizar lo que para mí era una gran cantidad de datos. Los profesores de este centro tenían fama de estrictos y de exigir un nivel educativo elevado, lo que pude comprobar en primera persona a lo largo de mi estancia en este centro. Entre algunas de las normas más llamativas estaba el no poder ir maquillada, los “piercing” estaban prohibidos, no se permitían pendientes que superasen el lóbulo de la oreja, la falda del uniforme no podía ir por encima de la rodilla. En Educación Física, con el chándal del colegio, era obligatorio llevar calzado de color blanco. Llegar tarde a clase suponía ser penalizado con lo que los profesores llamaban un “retraso”, y si se acumulaban tres en una semana el alumno era castigado yendo al colegio una tarde de las que tenía libres. Una de las cosas que más me llamó la atención fue que cuando comenzaba el
  • 6. 6 año cada clase tenía que escoger una frase y con ella realizar un mural1 que la representara. Después se hacía una especie de concurso en el que votaban todos los alumnos y se elegía el mejor mural. Tanto me costó acoplarme a esta nueva forma de estudio que recuerdo como si fuera hoy mi primera clase de inglés en la Pureza. La profesora comenzó repasando el verbo “To Be”, un verbo del que yo no había oído hablar en mi vida, por lo que me pase toda la clase agobiada pensando en cómo iba a ser capaz de superar esa asignatura, la que si ya de por si se me daba mal, encima iba notablemente retrasada. A todo esto se unía que soy una persona sumamente vergonzosa lo que me hace rememorar una anécdota graciosa para mis compañeras pero muy embarazosa para mí. Creo que fue por tercero de la ESO, en clase de religión. Mi profesora, una monja de mediana edad y cara de poco amigos, me dijo que me pondría un positivo si era capaz de nombrarle un país que empezase por la letra “E”. En ese instante toda la clase se giró para mirarme, la profesora tampoco me quitaba ojo, yo me quede fría, se me nubló la mente y fui incapaz de pensar algo con claridad, la clase seguía mirándome y la profesora me apremiaba para que contestara, por lo que toda decidida respondí:” Alemania”. Mis compañeras estallaron en carcajadas, y la cara de mi profesora era un poema, totalmente desencajada. Evidentemente me quede sin el positivo y pasé el peor rato de mi vida. En cuanto a las amistades forjadas a lo largo de estos años destaco sobre todo la de Yesenia, a la que conocí en preescolar pero no había vuelto a saber de ella hasta que entré en la Pureza, y aún hoy en día la considero mi mejor amiga. Junto a ella estaban también Beatriz, Laura y Ana, las cinco formábamos una pandilla que se mantuvo unida durante los años que estudié en la Pureza. Con ellas viví los mejores momentos en este colegio. La Pureza de María no solo destacaba por sus estrictos métodos de estudio y de comportamiento, también fomentaba la tolerancia, el respeto, la convivencia y el buen ambiente entre alumnos y profesores con diversas actividades que se celebraban anualmente. Entre estas actividades estaban las convivencias que se realizaban en el colegio de la Pureza de María de los Realejos. Duraban un fin de semana entero, y el profesorado organizaba juegos que iban desde partidos de fútbol hasta la visualización de películas. Otro día especial era lo que llamaban “el retiro”, que consistía en ir hasta un complejo que cedían al colegio para pasar allí la mañana entera. Al igual que en las convivencias se organizaban juegos, y al final del día antes de volver, nos ponían por grupos y nos daban una hoja con un relato sobre un tema determinado y unas preguntas a las que debíamos responder. Los temas de los relatos eran muy variados pero todos ellos trataban de inculcar a los alumnos valores importantes como la tolerancia, el respeto, la amistad, la generosidad, etc… Entre el resto de celebraciones destacadas estaban el día de navidad y de carnaval. En navidad cada 1 Ver parte Anexos, 4.2 Fotografía.
  • 7. 7 clase tenía que inventarse un villancico y cantarlo en el salón de actos ante el resto del colegio. En carnaval cada clase escogía a cuatro alumnos que eran sus representantes, para hacerles entre todos un disfraz. Los disfraces no podían ser de tela sino que se empleaba papel, cartón y materiales semejantes y normalmente eran de un personaje de dibujos animados. Pero la festividad que más gustaba a todos los alumnos era la que tenía lugar en el mes de abril, y que se conoce con el nombre de “Día de Kafacumba”2 . Este festejo era siempre un sábado, cada curso tenía que hacer un baile y actuar después delante de todo el colegio y de los familiares asistentes. Yo bailé un par de años ya que era obligatorio hasta 3º de la ESO, a partir de ahí era optativo por lo que decidí ser espectadora únicamente. Las horas para inventar aquel baile y ensayar se sacaban de la asignatura de Educación Física generalmente. El “Día de Kafacumba” duraba todo ese sábado, empezaba por la mañana temprano con las actuaciones de baile y continuaba a mediodía en el patio, en el que el colegio organizaba diferentes actividades para entretener a los asistentes y había quioscos para el que quisiera comer o beber algo. Se trataba de pasar allí todo el día, el colegio incluso contrataba a una orquesta. Era una forma espléndida de fomentar el acercamiento entre los alumnos, las familias de éstos y el profesorado. Los familiares que participaban en esta fiesta pagaban simbólicamente un euro, que era donado por el colegio a una ONG, de la que no recuerdo el nombre. En cuanto al estudio en sí, puedo decir sin avergonzarme que me resultó duro e incluso difícil aprobar toda la secundaria. Es cierto que había asignaturas que se me daban especialmente bien como Educación Física y Matemáticas, aunque ésta más bien a partir de 3º de la ESO, pero otras como el Inglés o Física y Química, me tuvieron en vilo hasta el final de la ESO. Pienso que mi peor momento fue el año que repetí curso, concretamente 3º de la ESO. Puede que fuera falta de constancia o bien de dedicación lo que provocó este suceso, pero lo que sí es cierto es que me sirvió como periodo de madurez y valoración de la importancia del estudio. Después de este bache tonto y de aprobar 4º de la ESO, llegó el momento de decidir si continuaba estudiando o no. En un principio mi idea era hacer un grado superior relacionado con la educación infantil, para esto te pedían el Bachiller o en su defecto realizar unas pruebas de acceso, así que pensé que sería mejor terminar el bachiller y después hacer el grado. Comencé el Bachiller en el IES. Teobaldo Power de Santa Cruz de Tenerife. Tengo que decir que no continué en La Pureza de María porque esos dos años de Bachiller suponían al mes una cantidad de dinero considerable para los ingresos económicos de mis padres. El Teobaldo era un instituto público y muy familiar. Se veía que los profesores estaban muy unidos entre ellos, daba la sensación de que había muy buen ambiente, y eso se transmitía a sus alumnos. Además puedo decir que 2 “Día de Kafacumba”: Esta fiesta se celebra todos los años en honor a la primera misión de Pureza de María que fue fundada en la región de Kafacumba, en el Congo, en abril de 1975.
  • 8. 8 siempre estaban dispuestos a ayudarnos en cuantas dudas o problemas tuviésemos. La primera decisión importante para mi futuro académico fue la de escoger la opción de letras o ciencias. Mi elección fueron las letras, ya que pensaba que tenían más que ver que las ciencias con el grado que quería realizar cuando pasasen esos dos años. Primero de Bachiller sirve, en mi opinión, para que uno se introduzca en una nueva etapa de independencia, por decirlo de alguna forma, ya que por ejemplo, ir a clase o no es una decisión personal, no existía el control exhaustivo como sucedía en La Pureza, y debe ser el propio alumno, al que de repente se le dota de una libertad de la que carecía, el que decida ser responsable con sus estudios. Yo elegí ser responsable y saqué el curso con menos dificultad de la que esperaba en un principio, sin contar con Inglés, como no, que me tuvo unas cuantas noches en vela y supuso una vez más un hueso duro de roer. El primer año de bachiller, supuso para mí otra vez ser la nueva. No era la primera vez que llegaba nueva a un sitio, pero como siempre, sufrí debido a mi vergüenza aunque no me costó tanto adaptarme a este entorno, tan diferente al anterior de la Pureza de María. Una de las cosas que cambiaba con respecto a la Pureza fue volver a tener compañeros chicos en clase. Allí conocí a Eduardo, el chico que sería mi pareja durante los dos siguientes años. Todo comenzó al poco tiempo de empezar el curso, surgió de manera natural, con esas miradas fugaces pero cargadas de contenido en clase. Como yo soy muy vergonzosa agradecí que fuera él el que dio el primer paso invitándome a tomar algo. A partir de ahí fuimos inseparables. Íbamos a clase juntos, hacíamos las tareas, estudiábamos. A pesar de no estar hoy en día con Eduardo me siento agradecida por el tiempo que pasamos juntos, creo que nos aportamos ambos muchas cosas positivas. Él era un chico estudioso, que sacaba buenas notas, y yo, que era un poco más regular en los estudios, resulté beneficiada en este aspecto. Preparamos juntos todos los exámenes, incluida la PAU. En bachiller empiezas afrontando los dos cursos que te esperan con la palabra PAU grabada a fuego en la mente. Desde el primer instante que comienzan las clases profesores y compañeros te recuerdan casi constantemente esa prueba de acceso a la que debes hacer frente si finalmente decides estudiar una carrera universitaria. Cuando empecé el bachiller tenía claro que quería hacer el grado superior de educación infantil, pero a medida que avanzaba el 2º curso de bachillerato, alentada también por Eduardo, fui abriendo la puerta a otra posibilidad, hacer Magisterio en Educación Primaria, por eso decidí que haría la PAU, y con esa decisión marqué sin saberlo el camino que me ha llevado hasta donde estoy hoy. Así pues, terminé segundo de bachiller con muchísimo esfuerzo y en junio llegó el momento de afrontar ese obstáculo en el que llevaba pensando los dos años anteriores, la PAU. Los días anteriores al examen estuvieron cargados de nervios y tensión, pero al final obtuve mi premio
  • 9. 9 aprobando la prueba. Si bien estaba loca de contenta por haber aprobado, la sensación se tornó agridulce ya que la nota no me llegaba para estudiar Magisterio en Educación Primaria. Tras informarme un poco del resto de carreras ofertadas por la Universidad de la Laguna de la rama de educación, decidí finalmente matricularme en Pedagogía. De este modo llegó el momento de afrontar la etapa universitaria. La primera vez que fui a la Universidad de La Laguna, a la presentación del curso 2011-2012 de Pedagogía, me impresionaron aquellas instalaciones. El conjunto de edificaciones que corresponde al módulo B donde yo asistiría a mis clases se me antojó gigantesco en comparación con mi antiguo instituto. Las enormes puertas de acceso, los infinitos pasillos, las escaleras y la amplitud en general que mostraba su interior repleto de gente ese día, hizo que me sintiera muy pequeña, me recordó a aquella niñita de tres años que tanto tiempo atrás se alteró sobremanera en su primer día de colegio. Cuando empecé las clases fui descubriendo poco a poco los objetivos de la carrera y sobre todo qué es y a qué se dedica en concreto un pedagogo. Así fue transcurriendo el curso con suerte dispar en las diferentes asignaturas, aunque la valoración global del año fue aceptable. Suspendí dos asignaturas de primero, por lo que este curso me va a tocar esforzarme mucho más, especialmente el primer semestre, en el que tendré que ir a clase todos los días por la mañana y por la tarde. En definitiva este es el relato de mi vida académica, he tratado de redactarlo según lo recuerdo, destacando los acontecimientos más importantes y curiosos que me han sucedido en estos años, que me han llevado a ser lo que soy y a estudiar esta carrera. A partir de aquí la historia no está escrita pero sé que el futuro, mi futuro, depende de mí y de lo bien que aproveche la formación que estoy recibiendo. 2.1 Comparación3 : Antes las niñas y los niños eran separados en aulas diferentes y a partir de cierta edad recibían además una educación distinta, a la mujer se le formaba para ser ama de casa y al hombre para trabajar fuera de ella, sin embargo la educación de hoy en día busca inculcar los mismo valores y enseñanzas a los niños y a las niñas, formarlos por tanto igualitariamente para que sean ellos los que decidan en el futuro a qué quieren dedicarse. Es obvio que otra diferencia se basa en los numerosos cambios que ha sufrido el sistema de estudios, desde el antiguo bachiller elemental y superior con reválidas, pasando por la LOGSE y la LOE, ya más actuales. La figura del docente de hace años dista mucho también de lo que representa hoy en día, se ha pasado de un maestro autoritario, rígido y recto que imponía los conocimientos al alumno por las buenas o por las malas, empleando incluso los castigos físicos, a un profesor más abierto, más tolerante y que imparte las materias de una forma menos drástica. Por otra parte en la actualidad los niños tienen para cada 3 Ver parte Anexos, 4.1 Entrevista.
  • 10. 10 materia un libro de texto, mientras que antes se conformaban con una especie de gran enciclopedia que reunía todos los conocimientos necesarios para que el docente impartiese las diferentes asignaturas. En cuanto a la forma y al contenido de las materias a estudiar, antaño se le daba más importancia a la memorización por encima del entendimiento, mientras que ahora los alumnos tienen infinidad de clases prácticas, unidas eso sí a las también necesarias teóricas. Años atrás la educación no era obligatoria, los padres podían tomar la decisión de no llevar a sus hijos al colegio con total impunidad, pero en el presente la educación es obligatoria hasta los 16 años y los padres deben enviarlos al colegio como mínimo hasta esa edad. A pesar de todo esto existen similitudes entre la enseñanza de antes y la de ahora, por ejemplo se mantienen las asignaturas básicas como Matemáticas, Geografía, Historia, Lengua, etc. También se puede decir que la educación tenía y tiene los mismos objetivos, formar al alumnado de la mejor manera posible para introducirse en la sociedad adulta, lo que cambia en realidad al respecto es la sociedad en sí, ya que ésta evoluciona constantemente y no se puede comparar el pensamiento, los valores, ni siquiera las circunstancias que vivía nuestro país hace aproximadamente 50 años, con las de nuestros días. 2.2 Preguntas: ¿Qué cambia y que permanece en la experiencia de la escolaridad? En la experiencia de la escolaridad permanece primordialmente que la escuela es fundamental para un niño, bien para fomentar una serie de valores y normas que más adelante, cuando sea adulto, pueda desarrollar en la sociedad (relacionarse debidamente con los demás), bien para formarse adecuadamente y sobrevivir de forma autónoma en la etapa adulta (ser capaz de encontrar un trabajo). Permanece también que la escuela intenta inculcar la ideología del momento histórico en que se desarrolla, es decir, lo que vive la sociedad en ese momento concreto, pero claro está, eso provoca cambios en sí mismo, ya que por ejemplo en la época de nuestros abuelos era impensable educar a una mujer para que llegara a ser una importante empresaria, simplemente porque era una sociedad machista en la que el hombre debía ser el cabeza de familia y llevar dinero a casa, y por contra la mujer dedicarse a las tareas del hogar y a criar a los hijos, cosa que hoy en día no sucede. No obstante cambia la forma de enseñar de los profesores, ya que ahora tratan de conseguir que el alumno sea más autónomo, que piense por sí mismo, en definitiva que se pregunte el porqué de todo lo que le dicen. Esto se consigue a través de clases más prácticas, inclusive de las excursiones y visitas que organizan los colegios, porque aunque para el alumno sean una manera amena de pasar un día en la escuela, en realidad encierran enseñanzas y aprendizajes importantes. ¿Hasta qué punto nuestra percepción de la educación hoy está condicionada por la experiencia que
  • 11. 11 hemos vivido? La experiencia vivida por cada uno en la etapa escolar puede hacer que cambie notablemente, y de hecho cambia, la percepción que tenemos de la educación a día de hoy. Es decir, no es lo mismo la percepción de una persona que haya tenido una mala experiencia, desde malos profesores o docentes que pasan olímpicamente del alumnado, compañeros crueles, malas instalaciones en el colegio que no permiten desarrollar bien las actividades físicas o los juegos en el recreo, malos consejos o información pobre a los alumnos acerca de qué hacer cuando se termine la enseñanza obligatoria, hasta Gobiernos que cambian sin ton ni son el sistema educativo, recortan en ayudas para estudiantes y centros docentes, o radicalmente no se preocupan de lograr una enseñanza pública de calidad; que otra persona que haya tenido una experiencia satisfactoria y placentera al respecto. Evidentemente todos vivimos buenas y malas experiencias a lo largo de nuestra etapa educacional, pero al terminarla, una vez hecho el balance final, que pesen más las cosas positivas o negativas va a condicionar totalmente la percepción que tengamos de la educación. ¿Hasta dónde llega la influencia de la experiencia de la escuela en la sociedad y en nosotros mismos? La influencia de la experiencia de la escuela en la sociedad es muy profunda, ya que se da por hecho que la escuela pretende preparar a cada alumno para que se desenvuelva como pez en el agua en la sociedad de su época. Por tanto las enseñanzas que reciben los alumnos no son conocimientos sin más, no son meros datos para memorizar, son los conocimientos necesarios para que formen parte de su sociedad, son auténticas normas de comportamiento para convivir con los demás seres sociales, y marcan el futuro de cada uno, y de la sociedad en general, pues queda patente que cuanto mejor se formen las personas en la escuela mejor se adaptarán a las pautas de la sociedad y ésta evolucionará en consecuencia mucho más. Para uno mismo la influencia de la escuela es enriquecedora, se aprende a relacionarse con los demás, a convivir, a solventar los conflictos mediante el diálogo, a adquirir conocimientos tanto prácticos como teóricos para aplicarlos en la vida diaria y en el futuro, de esta forma cuanto mejor sea la experiencia personal de cada uno en la escuela, cuanto más se aproveche positivamente su paso por ella, más posibilidades hay de desenvolverse bien y de ocupar un escalón importante en la sociedad.
  • 12. 12 Referencias:  Link de: La Autobiografía. Conceptos, características, ejemplos. http://reglasespanol.about.com/od/tiposderedaccion/a/Autobiograf-Ia.htm  Link de: Autobiografía de Gloria Fuertes (escritora de literatura infantil): http://www.gloriafuertes.org/autobio.htm  Link de: Autobiografía escolar: http://residenciadeartes.blogspot.com.es/2009/11/biografia-escolar.html  Link de: Didáctica. Biografía escolar: http://enladidactica.blogspot.com.es/2011/05/biografia-escolar.html  Link de: Día de Kafacumba: http://es.slideshare.net/ats54/las-misiones-de-pureza-de-maria
  • 13. 13 Anexos: 2.1 Entrevista: Manuel Merillas Almazán, Inspector Jefe del Cuerpo Nacional de Policía, leonés de nacimiento y actualmente afincado en Galicia, es el padre de una buena amiga, y se prestó gustosamente a contestar a las preguntas de esta entrevista para ayudarme en este trabajo, gracias a que se encontraba disfrutando de unos días de vacaciones en nuestra isla. Agradezco enormemente su colaboración, su paciencia y el esfuerzo que supone recordar una etapa que para él quedó tantos años atrás. Manuel es un hombre culto, de buen carácter, ese tipo de personas con las que nada más entablar conversación te da la sensación que conoces de toda la vida. Nació el 2 de octubre de 1949 en Navianos de la Vega, León, en los años de la posguerra de la Segunda Guerra Mundial y aporta en esta entrevista una visión de la educación muy diferente a la que tiene la gente de mi generación. -Yo: Hola Manuel, buenas tardes. -Manuel: Hola, buenas tardes. (Manuel se muestra tranquilo). -Yo: A continuación voy a hacerte algunas preguntas y me gustaría que me relataras tu etapa educativa y cómo la viviste. -Manuel: Sí, por supuesto, tú pregunta lo que quieras (sonríe). -Yo: ¿Cómo se organizaba el sistema educativo de tu época, es decir la educación primaria, secundaria, etc.? -Manuel: Si mal no recuerdo la educación primaria comprendía desde los seis años hasta los doce. A los seis años se empezaba en la escuela y los niños y las niñas recibían clases en aulas diferentes. Los primeros años, hasta los 12 más o menos la educación que se daba a niños y a niñas era igual. A partir de esa edad las niñas tenían asignaturas enfocadas al mantenimiento del hogar y de la familia, como corte y confección. Los niños sin embargo recibían clases sobre la falange. La educación secundaria iba de los 12 hasta los 18 y se dividía a su vez en bachiller elemental, que tenia de primero a cuarto curso, y en bachiller superior, con dos cursos, quinto y sexto. Después del bachiller elemental los alumnos tenían que pasar una reválida. Al terminar el sexto curso del bachiller superior se hacia otra revalida, de quinto y sexto. Los alumnos que aprobaban la reválida podían acceder directamente a ciertas carreras universitarias, y los que quisieran hacer una carrera superior, como medicina o arquitectura, debían estudiar lo que se llamaba el preuniversitario, que consistía en un curso de un año. -Yo: Manuel, ¿podrías explicarme que era la reválida? -Manuel: La reválida era un examen que se hacía después de pasar los cuatro cursos de bachiller elemental, y al terminar el bachiller superior. La que se hacía después de bachiller elemental
  • 14. 14 comprendía preguntas de los cuatro primeros cursos y la reválida del superior era un examen sobre lo que se había dado durante quinto y sexto curso, una especie de selectividad vamos. -Yo: ¿Cuál es la historia de tu paso por la escuela? Manuel: Empecé la escuela en Navianos de la Vega, el pueblo en el que nací, con seis años. Se le llamaba escuela rural por aquel entonces. Teníamos un maestro único que daba todo tipo de asignaturas como escritura, lectura, matemáticas, historia, etc. (Ante la mención del maestro de escuela rural, decido preguntarle a Manuel cómo eran esos docentes). -Yo: ¿Cómo eran los maestros de las escuelas rurales? -Manuel: Por lo general, o por lo menos el mío era así, muy estricto y aplicaba la máxima de “la letra con sangre entra” (en este instante me quedo descolocada porque no sé el significado del refrán, Manuel ve mi cara de desconcierto y me lo explica sin necesidad de que le haga la pregunta). Es decir que utilizaban la violencia física para castigar al niño que no se sabía la lección o que se portaba mal. Algún niño recibió autenticas palizas pero en esa época a ningún padre se le ocurría ni de broma cuestionar la autoridad y los métodos del maestro. (Tras la explicación Manuel retoma su historia). Como libro de texto se usaba una especie de enciclopedia que contenía la materia que había que estudiar de todas las asignaturas. Me parece que solo era ese libro, que era muy grueso, el que se usaba en todo el periodo de primaria. A los nueve años mis padres decidieron enviarme junto a mi hermano Teo, un año mayor que yo, a la escuela preparatoria para el seminario, que estaba en Astorga. En aquella época aunque los padres quisiesen que los niños estudiasen, no era habitual que una familia de ambiente rural mandara a sus hijos a estudiar fuera. Pero mis padres, y sobre todo mi madre, siempre tuvieron la ilusión de que sus hijos llegasen a ser algo en la vida, y por mi parte me apetecía emprender esa etapa con mi hermano, del que no me separaba nunca, aunque al mismo tiempo iba un poco temeroso porque no sabía que nos íbamos a encontrar. En Astorga vivíamos en una especie de pensión con la familia que la regentaba. Teníamos derecho a una habitación, y la mujer del dueño nos hacia la comida. En la escuela preparatoria se daban la mismas asignaturas que en primaria. Allí estuve hasta los once años que, también con mi hermano, ingresé en el seminario de La Bañeza, donde estudié hasta los catorce años. Los estudios en el seminario no estaban bien homologados por lo que al pasar al instituto tuve que repetir un año. Así empecé segundo curso de bachiller elemental en el instituto de Astorga con catorce años. Recuerdo que las asignaturas que mejor se me daban eran la Historia, las Ciencias Naturales y la Química, es curioso porque la asignatura era Física y Química, y la física me costaba aprobarla mientras que en la parte de química tenía muy buenos resultados. Las Matemáticas se me daban horrible pero al final siempre las aprobaba. Y así termine el bachiller elemental y empecé el superior. Después hice la reválida de quinto y sexto curso y la aprobé también.
  • 15. 15 -Yo: ¿Qué decidiste hacer una vez terminado el bachiller superior? -Manuel: Pues cuando termine el bachiller superior decidí hacer una carrera universitaria. A mí siempre me han gustado mucho los niños y la enseñanza, y por eso me fui a León y me matriculé en Magisterio para el que solo pedían el bachiller superior. -Yo: ¿Cómo era Magisterio en esa época, tenia especialidades como infantil, primaria...? y ¿Cuantos años duraba la carrera? -Manuel: La carrera de Magisterio en mi época no tenia especialidades, era una única carrera que servía para trabajar de maestro. La carrera era de dos años y salíamos titulados como maestros. Los que consiguieran una media de siete puntos obtenían una plaza directa, y los mandaban al pueblo donde hiciera falta un maestro. -Yo: ¿Cuál fue su calificación y por qué no termino siendo maestro? -Manuel: La calificación exacta no la recuerdo pero durante los dos cursos de Magisterio me costó horrores la asignatura de música, de hecho la suspendí en los dos cursos y no la aprobé hasta la siguiente convocatoria. Por eso no conseguí la media que hacía falta para tener plaza directa y después de eso pedían una reválida para conseguirla, así que decidí preparar la oposición, en 1972, para el Cuerpo General de Policía. -Yo: Para un hombre como usted al que le gustaba la enseñanza ¿qué tiene que ver la policía con ser maestro? ¿Cómo decidió hacer algo tan diferente? -Manuel: La primera opción era la de maestro, pero desde muy pequeño también me gustaba mucho todo lo relacionado con el ejército y la policía. Recuerdo incluso la primera vez que fui al cine con mi hermano Teo a ver una película en la que el protagonista aparecía en el cartel con un uniforme y lo que nosotros creíamos que era una escopeta (sonríe), pensamos que se trataba de una película sobre un policía, pero resultó que la escopeta era una guitarra y la película de acción un musical en el que nos aburrimos muchísimo (se ríe abiertamente) -Yo: ¿Recuerdas alguna anécdota de tu época escolar? (Manuel se mantiene serio y pensativo durante un momento). -Manuel: Recuerdo que cuando empecé en la escuela rural de mi pueblo había mucha necesidad de alimentos en España ya que la Segunda Guerra Mundial había terminado unos años atrás, y los americanos por un acuerdo con el Gobierno aportaban alimentos. Por este motivo en la escuela nos obligaban a tomar un vaso de leche por la mañana y un trozo de queso en la merienda. Era un queso amarillo, de sabor fuerte, que a muchos niños no les gustaba y por eso me lo daban a mí que me encantaba y todas las meriendas comía tres o cuatro trozos (se ríe). También me acuerdo de otra que siempre les contaba a mis hijos cuando eran pequeños. Un día en el recreo del colegio me subí a un árbol que tenía una especie de hueco donde parecía, por los graznidos que se oían, que un pájaro había hecho su nido. Con la ayuda de mi hermano Teo y de
  • 16. 16 otro niño de la escuela me encaramé a una de las ramas superiores del árbol y vi que efectivamente había un nido con dos polluelos dentro, por lo que decidí meter la mano para cogerlos, pero no calculé bien, ya que cuando traté de retirar la mano con el pajarito no fui capaz de sacarla y cuanto más tiraba más se me atrancaba la mano y más nervioso me ponía yo. Mi hermano tuvo que avisar al maestro para que me rescatara, el hombre fue a una de las casas de los alrededores y volvió con una escalera, pero cuando tiró de mi mano ésta no cedía ya que yo seguía agarrando con fuerza el pájaro. Estuvimos un buen rato el maestro y yo intentando sacarme la mano del hueco hasta que él se dio cuenta de que yo no soltaba al animalito y por eso no me salía el brazo. Al final solté el bicho y conseguí retirar la mano dolida, hinchada y toda arañada. Me llevé encima un castigo del maestro, unos azotes que me dejaron el culo más rojo que la mano lesionada (ambos reímos a carcajadas). -Yo: Bueno Manuel, muchas gracias por atenderme tan pacientemente. -Manuel: De nada, la verdad que he pasado un buen rato recordando algunos momentos de mi infancia. -Yo: Hasta pronto. -Manuel: Adiós. 4.2 Fotografía: *Mural Pureza de María.