El documento discute la importancia de la biodiversidad agrícola y los cultivos tradicionales en la adaptación de la agricultura al cambio climático, destacando su rol en el aumento de la productividad y la tolerancia al estrés. Se subraya la necesidad de diversificar los sistemas de producción y mantener bancos de semillas para garantizar la resiliencia de los agricultores. También se presentan estrategias y políticas para promover el uso sostenible de recursos fitogenéticos en la agricultura de Mesoamérica.