El documento habla sobre las maldiciones que podemos atraer con nuestras palabras. Explica que Jesús advirtió que daremos cuenta de cada palabra ociosa en el juicio final y que seremos juzgados por lo que decimos. A menudo hablamos sin pensar y pronunciamos maldiciones sobre nosotros mismos que pueden hacerse realidad. El documento recomienda que nos arrepintamos de hablar sin pensar, revoquemos cualquier maldición dicha y la reemplacemos por confesiones positivas para liberarnos del poder de las palabras.