Incrustar presentación
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La parábola del trigo y la cizaña enseña que no debemos arrancar la cizaña (mal) prematuramente porque podríamos arrancar también el trigo (bien), y que ni los intransigentes que quieren acabar con el mal de inmediato ni los indiferentes que no distinguen el bien del mal tienen la razón definitiva, pues ninguno de nosotros es el juez final de la historia.












