Daniel interpretó el sueño de Nabucodonosor sobre una gran estatua de diferentes metales que representaba los sucesivos imperios mundiales. La cabeza de oro era el imperio de Babilonia, el pecho y brazos de plata el imperio persa, el vientre y muslos de bronce el imperio griego, y las piernas de hierro el imperio romano. Los pies de hierro y barro representaban el futuro imperio dividido. Finalmente, una piedra destruiría todos los imperios y establecería un reino eterno de Dios.