Este documento describe la importancia de las infraestructuras como soportes vitales para la economía y cómo su naturaleza inmaterial y cambiante ha evidenciado su fragilidad ante la rápida transformación de los hábitos y formas de consumo. También señala que durante gran parte del siglo XX la arquitectura representó heroicamente las infraestructuras pero que en los 60-70 esta concepción se puso en entredicho. Finalmente argumenta que es momento de repensar un modelo infraestructural más resistente a la obsolescencia.