El documento explora la creciente adquisición de tierras agrícolas en África por parte de países y empresas extranjeras para garantizar la soberanía alimentaria y la producción de agrocombustibles, destacando la controversia y el riesgo de neocolonialismo. A pesar de las potenciales oportunidades de desarrollo, se alerta sobre la falta de transparencia y el despojo de tierras a comunidades locales, lo que podría agravar la crisis alimentaria en el continente. Ejemplos notables incluyen acuerdos en Madagascar y Mozambique, y la crítica conciencia sobre su impacto en la población africana depende de su implementación.