El toreo surgió cuando la nobleza abandonó las corridas a caballo y el pueblo tomó su lugar en la arena. A partir de 1733, los matadores a pie se hicieron populares entre el público. Durante el reinado de Carlos III en el siglo XVIII, la monarquía trató de acercarse al pueblo tolerando las corridas de toros, las cuales se convirtieron en eventos reales importantes. Las plazas de toros más antiguas de Sevilla y Ronda se construyeron durante este periodo.