El documento propone un enfoque de salud pública para abordar la complejidad de la violencia en México, reconociendo la necesidad de atender a las víctimas en diversas fases como la emergencia y a mediano y largo plazo. La Iglesia se compromete a acompañar a las víctimas para prevenir el odio y la venganza, fortaleciendo sus capacidades de atención a través de la articulación de la profesionalización y la misericordia.