Preparatoria estatal número 8 
“Carlos Castillo Peraza” 
Brenda Estefania Quiroz Marin
Por cada cosa que sabemos, ignoramos infinidades. Y cuantas más cosas nos interesan, 
más desconocimiento nos acompaña. 
Ante la posibilidad de adquirir nuevos conocimientos, no hay actitud más estimulante y 
constructiva que la humildad. El conocimiento acumulado entre todos los humanos es tan extenso, 
profundo y potente que casi cada uno pudiera pesar en una báscula lo que sabe y lo comparase 
con lo que desconoce, el resultado sería que todos, sin excepción, somos unos pobres ignorantes. 
La humildad es la levadura que hace crecer el conocimiento. En cualquier materia, los 
“sabelotodo” que se cierran ante cualquier aportación ajena y desprecian 
cuando no proviene de sus propios criterios, lo único que consiguen es blindar su cerebro al aire 
fresco del exterior: han entrado en un proceso de oxidación y herrumbre de sus neuronas. Sin la 
menor duda, al mayor cambio al que estamos asistiendo y que configura en silencio un mundo 
definitivamente nuevo, es la democratización del conocimiento, un bien supremo que a lo largo de 
la historia siempre estuvo limitado a ciertas elites. Jamás en la historia ha habido tanta gente 
formándose en universidades y escuelas. La enciclopedia quedo sustituida por unas diminutas 
teclas conectadas a Google o Yahoo!, que ya podemos llevar en el bolsillo. El nivel del 
conocimiento medio no para de elevarse en cada una de las ramas del saber. Desde un punto de 
vista de elección de saber, sufrimos un exceso de información. Estamos viviendo en la época más 
fascinante de extensión del saber. Para los que quieren participar activamente en la carrera del 
desarrollo, jamás han tenido enfrente tanta pista. Por eso es tan decisivos estar abiertos y 
absorbentes. Inteligente es aquel que cada vez que desea aprender, toma una intensa conciencia 
de su ignorancia.

Ada 2

  • 1.
    Preparatoria estatal número8 “Carlos Castillo Peraza” Brenda Estefania Quiroz Marin
  • 2.
    Por cada cosaque sabemos, ignoramos infinidades. Y cuantas más cosas nos interesan, más desconocimiento nos acompaña. Ante la posibilidad de adquirir nuevos conocimientos, no hay actitud más estimulante y constructiva que la humildad. El conocimiento acumulado entre todos los humanos es tan extenso, profundo y potente que casi cada uno pudiera pesar en una báscula lo que sabe y lo comparase con lo que desconoce, el resultado sería que todos, sin excepción, somos unos pobres ignorantes. La humildad es la levadura que hace crecer el conocimiento. En cualquier materia, los “sabelotodo” que se cierran ante cualquier aportación ajena y desprecian cuando no proviene de sus propios criterios, lo único que consiguen es blindar su cerebro al aire fresco del exterior: han entrado en un proceso de oxidación y herrumbre de sus neuronas. Sin la menor duda, al mayor cambio al que estamos asistiendo y que configura en silencio un mundo definitivamente nuevo, es la democratización del conocimiento, un bien supremo que a lo largo de la historia siempre estuvo limitado a ciertas elites. Jamás en la historia ha habido tanta gente formándose en universidades y escuelas. La enciclopedia quedo sustituida por unas diminutas teclas conectadas a Google o Yahoo!, que ya podemos llevar en el bolsillo. El nivel del conocimiento medio no para de elevarse en cada una de las ramas del saber. Desde un punto de vista de elección de saber, sufrimos un exceso de información. Estamos viviendo en la época más fascinante de extensión del saber. Para los que quieren participar activamente en la carrera del desarrollo, jamás han tenido enfrente tanta pista. Por eso es tan decisivos estar abiertos y absorbentes. Inteligente es aquel que cada vez que desea aprender, toma una intensa conciencia de su ignorancia.