El texto analiza el papel del tercio de labradores y quinteros en la Revolución de Mayo, destacando su participación en las jornadas decisivas de 1806 y su composición social diversa, que incluye peones y propietarios rurales. Se concluye que la revolución involucró enfrentamientos de clases que alcanzaron a las clases más desposeídas, desafiando la idea de que fue un fenómeno exclusivamente urbano. Se argumenta que este grupo debe ser visto como una organización política y no simplemente como una milicia, representando dos fuerzas sociales en conflicto.